EL Rincón de Yanka: febrero 2026

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CALENDARIO CUARESMAL 2026

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sábado, 21 de febrero de 2026

LIBRO "LOS PELIGROS DE LA MORALIDAD": POR QUÉ LA MORAL ES UNA AMENAZA PARA LAS SOCIEDADES DEL SIGLO XXI por PABLO MALO


LOS PELIGROS
DE LA
MORALIDAD

POR QUÉ LA MORAL ES UNA AMENAZA 
PARA LAS SOCIEDADES DEL SIGLO XXI

PABLO MALO

Una nueva epidemia ha llegado a nuestras sociedades: la hipermoralización. Ha traído consigo linchamientos públicos, tribalismo ideológico y ataques a la libertad de expresión. Y todo ello en un enorme clima de polarización política, en un «ellos frente al nosotros», donde una espiral de virtud imparable nos exige cada vez mayores niveles de corrección, y la cual se ha manifestado en la cultura de la cancelación, la sociedad del victimismo, la indignación continua en redes sociales y el postureo.
Tal y como describe en este libro el psiquiatra experto en biología evolucionista Pablo Malo, la tecnología y sus distintas herramientas, como las redes sociales, se ha convertido en una máquina al servicio de la indignación moral. Las redes sociales se aprovechan de nuestros instintos morales igual que la pornografía en Internet se aprovecha de nuestros instintos sexuales y, por si fuera poco, otros cambios tecnológicos y de estilo de vida han hecho que la religión tradicional haya perdido terreno como marcapasos moral.

Malo estudia la naturaleza de la moral y la moralidad y, como demuestra en este osado y erudito ensayo, explica que el rol antes ocupado por la Iglesia o el sindicato como prescriptor de valores ha sido sustituido por el wokismo a través de nuevos canales como Black Lives Matter, las políticas de identidad, la teoría queer y el feminismo interseccional.
Y ante este punitivismo nos alerta, pues como dice él mismo: «El mundo no consiste en gente buena que hace cosas buenas y gente mala que hace cosas malas, pues las mayores maldades a lo largo de la historia las cometieron gente que creía hacer el bien».

***
Pablo Malo pretende en esta obra abrir los ojos a una mayoría de la población de nuestra infantil sociedad, la cual ingenuamente cree que el mundo se divide en buenas y malas personas haciendo respectivamente buenas y malas acciones, como en las películas de Disney o Hollywood —señala el autor.

Se tocan cuestiones perennes sobre la realidad del ser humano, y muestra cómo éstas se aplican a la actualidad social. Según Malo, los instintos morales tribales, el etnocentrismo de considerar lo de nuestro grupo como bueno y lo de otros grupos como malo, son parte innata de nuestro ser, por nuestra base neurobiológica evolucionada por las reglas de la selección natural darwiniana. Señala además el autor que «parece que no podemos tener una identidad si no es contra alguien, que no podemos vivir sin un Ellos al que oponer un Nosotros.» No obstante, distintas circunstancias derivan en distintos desarrollos del contenido moral con distintos principios, sobre los cuales no hay razones que las soporten sino más bien emociones, o sentido de identidad y pertenencia a un grupo. No son nuestros principios morales deducibles por pura lógica, al estilo Kant. Donde tenemos que mirar para entender la moralidad de cada individuo es al mundo social y a la dinámica de grupos en la que el individuo se encuentra inmerso.

En referencia a la idea de poder discutir sobre moral con algún moralista, cita Malo a Jonathan Swift: «no puedes disuadir con razones a nadie de algo de lo que no fue convencido por razones». También cita a David Hume: «la razón es esclava de las pasiones y no puede pretender otra cosa que servirlas y obedecerlas». Entonces, si no podemos discutir sobre principios morales, ¿cómo se hace para ponernos de acuerdo en los principios comunes de una sociedad tan plural como la nuestra con su múltiples tribus y subtribus, cada una señalando el bien y el mal en direcciones diferentes? La respuesta pesimista de Malo es que no es posible tal acuerdo, y que lo que tenemos es lo único que es posible tener: una guerra civil cultural sin tregua, en la cual, como siempre ha sucedido a lo largo de la Historia, los poderosos han de intentar imponer su moral o bien por el proselitismo que ellos dominan o bien por la fuerza, no por lo convincente de sus argumentos. No es posible que cada cual viva con los suyos con su moral sin interferir con el resto de la sociedad, pues como ilustra Malo con un magnífico ejemplo: «Si yo creo que llevar minifalda es malo moralmente, no me voy a limitar a no llevar minifalda yo, sino que voy a impedir que tú lleves minifalda» y «cuando las personas tienen fuertes convicciones morales ponen los fines por encima de los medios para conseguirlos —su foco principal son los fines— y están dispuestas a aceptar cualquier medio que conduzca al resultado deseado, incluidas la mentira y la violencia» —señala Malo. Ése es el drama de nuestra sociedad actual que plantea el autor.

El mundo no es justo referido a un bien absoluto, el mundo no es un escenario estilo Star Wars en el que las fuerzas del bien luchan contra las fuerzas del mal y al final consiguen su objetivo. La creencia en un mundo justo es solo eso, una mera creencia, un opio del pueblo necesario para mantener el orden y la confianza en el sistema. Lo único que hay son distintas tribus humanas con distintas morales luchando por hacer prevalecer la suya. El bien o el mal es relativo a cada cultura, no hay un bien en términos absolutos. Dice Malo: «La mayoría de las personas necesita creer que el mundo es justo, los necesitamos para salir y para mandar a él a nuestros hijos. Pensar que el mundo no es justo nos desorienta y deprime». Añadiría yo (esto no lo dice Malo) que la mayoría de las personas son incapaces de pensamiento propio y carecen de fortaleza psíquica para afrontar la realidad, necesitan líderes para guiarlos y que les provean de su opio; son plebe para cuestiones intelectuales, y no está hecha la miel para la boca del asno. Nietzsche no escribió Más allá del bien y del mal pensando en convencer a las masas con ello. Lamentable es que aquéllas tengan tanto peso en nuestras sociedades occidentales democráticas de la era internáutica.

Antaño fueron las religiones las defensoras de la moralidad. Hoy prima en Occidente, sobre todo en los países anglosajones, una moralidad laica woke o de Social Justice Warriors: feminismo, LGTBIQ+, teoría crítica de la raza y otros temas progres. Aunque probablemente menos del 10% de la población sostenga estas ideas, están ejerciendo una desproporcionada influencia en cómo se entiende la sociedad a sí misma —asevera Malo. Las herramientas de imposición de este nuevo orden moral pasan por el victimismo (el derecho de los proclamados oprimidos a imponer sus reglas en su condición de víctimas históricas), cultura de la cancelación sobre sus críticos, linchamientos mediáticos y en las redes sociales, despidos por opiniones contrarias a la corrección política, etc. lo que ha llevado en un país como Estados Unidos a que el miedo de expresar ideas y la autocensura se hayan triplicado desde los años 50 del siglo pasado (era McCarthy de la caza de brujas anticomunista) a la actualidad —según indica Malo en su libro. La ciencia, que debiera mantenerse neutral en esta guerra cultural, también hace en multitud de ocasiones prevalecer la moral de ciertas ideas políticas sobre la verdad; ¿de qué extrañarse pues de que cuando cambian las tornas políticas, como con la llegada de Trump en Estados Unidos, se desmantelen muchos programas científicos? Todo un programa post-postmodernista de destrucción de valores ilustrados, en el que el pensamiento libre, la racionalidad, la ciencia y la búsqueda de la verdad dan varios pasos atrás para retornar a la época de inquisidores, quemas de brujas (o, aunque no se queme a nadie, se le fulmina en el plano profesional y personal), masas fanatizadas y los nuevos «curas» de la nueva religión sin Dios soltando sus arengas al populacho para agitarlo.

Son los mismos perros del pasado inquisitorial con distinto collar. Este movimiento de la Justicia Social es cristiano en su esencia —asegura Malo parafraseando a otros autores: «el movimiento #MeToo repite las peticiones de las puritanas de otros tiempos; la muerte de George Floyd —la muerte de un inocente a manos del imperio actual— tiene ecos de la muerte de Cristo; el Dios cristiano siempre ha estado más cerca de los débiles y oprimidos que de los poderosos; (…) sólo hace falta observar las imágenes posteriores a la muerte de George Floyd, a los senadores estadounidenses de rodillas, a la gente postrada en el suelo, a personas blancas lavándoles los pies a personas negras, etc., para darnos cuenta del simbolismo religioso, de la liturgia de purificación y renacimiento, del deseo de limpiar y renovar observables en todos los acontecimientos que hemos presenciado»; «Estos cazadores de herejes de la Inquisición que han existido a lo largo de la historia del cristianismo estarían representados actualmente por los santurrones fanáticos woke que no queman ahora personas en la hoguera, pero sí arruinan sus reputaciones y sus vidas». Cierto que estas situaciones son más extremas en Estados Unidos, país nutrido en sus orígenes por fervorosos puritanos cuyo espíritu fanático todavía pervive, pero dada la influencia y el dominio cultural actual de los EE.UU. llega esto en cierta medida a todo Occidente.

Aunque el autor hace más énfasis en discutir la moralidad woke que otras ideologías, se sobreentiende que todo lo que explica es también aplicable a otros frentes de la guerra cultural. En particular, en lo que respecta por ejemplo a la censura en detrimento de la libertad de expresión, o el uso de las redes sociales como medio de difundir propaganda ideológica y propagar el odio sobre quienes se separan de sus cánones, en todos los sitios cuecen habas. No hay que fiarse de esos medios que se dicen amantes de la libertad y abiertos a la discusión de ideas de cualquier tipo, pues, a nada que se ponga el dedo en la llaga de sus correspondientes vacas sagradas, saldrá a relucir algún ofendidito reclamando que se prohíban las importunas palabras. En mi experiencia, por ejemplo, he conocido medios afines a la izquierda que se ponen muy nerviosos y se cierran de plano cuando se quiere opinar sobre feminismo sin morderse la lengua, cosa que no ocurre con los medios más a la derecha. Sin embargo, y también me consta por experiencia propia, en los medios donde la crítica a lo woke es común, intentar poner a caldo a Israel por el genocidio que está cometiendo en Palestina resulta casi automáticamente en una puerta cerrada en las narices, asunto que sin embargo es bien recibido por los medios progresistas. Estoy de acuerdo con Pablo Malo cuando dice, en el último capítulo de su libro: «Vivimos unos tiempos difíciles para el escepticismo, la razón, la crítica, la duda y los matices. Hoy en día las narrativas se venden en paquetes y sólo hay dos posiciones: comprar el paquete completo o rechazarlo. Como digas: ‘Pues, mira, de tu narrativa me parece bien esto y esto, pero creo que eso de ahí y eso otro no es así…’, automáticamente vas al lado de los negacionistas, conspiranoicos o enemigos que rechazan ese discurso y lo que ello conlleva.»

Quizá —pienso yo— la única solución para mantenerse escéptico y crítico como se requiere en un librepensador es no casarse con ninguna ideología, no ser de derechas ni de izquierdas, ni de ninguna secta, ni de ninguna fundación, ni pertenecer a ninguna escuela de pensadores, ni pertenecer a grupo alguno. Es un camino en solitario que pocos están dispuestos a transitar. Nadie ha dicho que pensar por libre sea fácil, no lo era ni en los tiempos de Galileo ni lo es ahora. Lo fácil (e inútil) es unirse a un grupo de poderosos fariseos y verse arropado por los nuestros al tiempo que se siente la unión que produce poseer enemigos comunes (ellos); la vida vegetal aburguesada del académico o pseudointelectual que se dedica a echar panza y medrar en la jerarquía de su Iglesia; y si el político de turno señala que hay que dar una «perspectiva de género» a la ciencia, de cabeza van sin chistar, porque les importa más el medrar en el sistema que la verdad o la ciencia.

En definitiva, creo que tenemos en Los peligros de la moralidad una obra que refleja y analiza extensamente lo que podría llamarse tema de nuestro tiempo, o al menos uno de los temas más cruciales de la actualidad. Aunque la obra se explaya con disertaciones científicas y filosóficas, pienso que cabe clasificarla más dentro del área de la sociología y de la política.

El sociólogo contemporáneo Erik Olin Wright escribió en una ocasión: «La sociología es una complicada reelaboración de lo evidente». Me parece certera la opinión de Wright, y es que, si leemos cualquier libro de sociología actual, lejos de las grandes teorías globales y sus visiones filosóficas de los pioneros de la disciplina científica, no parece que uno pueda sustraer una visión de la sociedad más allá de lo que se aprende viendo algún telediario de vez en cuando. También esto se aplica al libro de Malo, que pone en negro sobre blanco lo que vemos todos los días ante nuestros ojos. No obstante, no sobra que se haga explícita la problemática y quede plasmada en una obra como ésta, cargada de lúcidas y valientes observaciones.

Aunque el tema da para exaltados e impetuosos discursos, la prosa de Malo es sosegada y alejada de pasiones, próxima a un texto científico o académico con múltiples referencias, pero con desarrollos accesibles al público general no especializado. No pretende su obra guiarnos o exhortarnos hacia un nuevo paradigma social, ni convencernos de ninguna idea política en particular. Malo se presenta aquí como un estudioso de la moral humana tal cual antropólogo o sociólogo. Si bien en su último capítulo indica algunas posibles soluciones para una sociedad mejor (separar moralidad de política; regular las redes sociales para que no promuevan discusiones sobre temas morales; etc.), son meras ideas en el aire sobre las que no se ve posibilidad de llevarlas a cabo en un futuro a medio plazo.


Introducción

La violencia se considera moral, no inmoral: 
por todo el mundo y a lo largo de toda la historia, 
se ha asesinado a más personas para imponer 
la justicia que para satisfacer la codicia.
STEVEN PINKER

Este libro es el resultado de una búsqueda personal. Aunque según esas teo­rías que dicen que el nombre que nos ponen influye en nuestra personalidad e intereses en la vida, mi apellido me predestinaba a ocuparme del tema de la psicología moral; la realidad es que, hasta donde puedo ser consciente de la motivación de mis actos, mi búsqueda tiene que ver en esencia con vivir en el País Vasco y haber sido por ello testigo del terrorismo de ETA y de cómo un porcentaje significativo de la población no sólo no condenaba sino que justi­ficaba esta violencia.

La mayoría de estas personas eran personas con valores, con principios morales, algunos de ellos incluso sacerdotes. Así pues, me pareció desde un principio que la visión de que hay personas buenas (morales) que hacen cosas buenas y personas malas (inmorales) que hacen cosas malas no expli­caba lo que yo estaba observando. Mi problema era explicar cómo personas con una moralidad que funciona de modo correcto podían apoyar actos como el asesinato que moralmente son considerados malos de forma casi universal. El rompecabezas era, por tanto, explicar a qué se debe que actos que suelen ser considerados malos -y que las personas que los llevan a cabo considerarían que son moralmente malos si los sufrieran ellas- son realiza­ dos contra otras personas por gente que cree que está haciendo el bien.

Al inicio de esta búsqueda cayó en mis manos el libro Becoming Evil, de James Waller, cuyo subtítulo es «Cómo la gente normal comete genocidios y asesinatos de masas». El libro trata la inquietante realidad de que todos po­demos hacer el mal y de que las mayores maldades a lo largo de la historia las ha cometido gente que creía que estaba haciendo el bien. Tanto en los genocidios de la era nazi como en los posteriores en la antigua Yugoslavia o en Ruanda participaron altos porcentajes de la población, lo que hace imposi­ble explicarlos culpando a individuos psicópatas o malvados. Gente normal, vecinos -amigos o familiares incluso-, se volvieron unos contra otros en estos terribles acontecimientos. Y en este libro encontré por primera vez la tendencia humana a dividir el mundo en Ellos/Nosotros, que es considerada un universal antropológico, y ahí comenzó mi interés por estudiar la teoría de la evolución para comprender la mente humana. Trataremos la división Ellos/Nosotros y el tribalismo en uno de los capítulos del libro, pero ya des­ cubrí ahí que nuestra moralidad no es universal, no se aplica a todos los seres humanos, sino que su ámbito de aplicación viene marcado por los límites de lo que considero mi grupo. Nuestra moralidad llega hasta los límites de nuestrogrupo, se aplica a nuestra comunidad moral, es decir, no empleamos las mismas normas con los individuos que pertenecen a nuestro grupo (No­sotros) que con los individuos que no pertenecen a nuestro grupo (Ellos).

Pongamos un ejemplo. «No matarás» es una norma moral existente en todas las culturas. Pero en ningún sitio esa norma moral consiste en «No matarás a nadie», así, a secas. Al enemigo, por ejemplo, sí se le puede matar. Y no sólo se le puede matar, sino que se le debe matar, y el que lo haga no será ningún criminal, sino que será considerado un héroe. Así que la misma moralidad que nos conduce a hacer el bien nos puede empujar a hacer el mal, porque la moralidad, como veremos, es una herramienta para la co­laboración de los grupos humanos, y los grupos humanos han colaborado para competir contra otros grupos. Por eso, nuestra moralidad o nuestra mente moral tiene dos caras: una cara brillante que mira al endogrupo (Nosotros) y promueve la colaboración, la compasión, el altruismo y otras facetas positivas. La cara oscura es la que mira a los grupos rivales exteriores (Ellos) y se caracteriza por el tribalismo, el castigo, el odio y el desprecio a los miembros de esos grupos con los que competimos. Veremos en su momento que las fronteras entre comunidades morales pueden venir marcadas por di­ferentes atributos (raza, nación, religión...), pero un marcador cada vez más importante es la ideología. La ideología y las creencias políticas marcan las fronteras de nuestra comunidad moral y aquellos que tienen otras creencias no son considerados como pertenecientes a ella. Los que piensan diferente pertenecen a otra comunidad moral (Ellos) y las normas morales que se deben utilizar no son las mismas.

Un segundo componente de esta búsqueda personal con respecto a la naturaleza de la moral -que fue surgiendo mientras investigaba el primero- fue contemplar con asombro la creciente importancia del lugar que la mo­ralidad ha ido ocupando en nuestra sociedad actual y la necesidad de enten­der este fenómeno. Estamos viviendo una epidemia de moralidad que se ha iniciado en las universidades estadounidenses y se ha extendido ya al resto de la angloesfera (Canadá, Australia y Reino Unido) y por las redes sociales, y está llegando ya a toda Europa y a otras regiones. Se trata de una explosión de moralidad, de una espiral de virtud imparable que nos exige unos niveles cada vez más elevados de santidad para estar a la altura. Se manifiesta en la cultura de la cancelación, en la sociedad del victimismo, en la indignación continua en las redes sociales ante los menores errores o faltas morales de las personas, en linchamientos morales que recuerdan a las cazas de brujas, en despidos de trabajadores por expresar sus ideas, en censura, en retirada de libros considerados herejes, en un ataque a la libertad de expresión, en un miedo a hablar, etc. Debemos estar cada vez más pendientes de nuestra identidad moral y más atentos a demostrar a los demás que uno es una per­ sona virtuosa. El ambiente moral se ha ido haciendo cada vez más punitivo y asfixiante.

Pero, antes de continuar, ya he utilizado varias veces los términos morali­dad y moral por lo que, aunque lo hablaremos más adelante, conviene aclarar desde un principio a qué me estoy refiriendo y cuál es la terminología que voy a manejar a lo largo del libro, que es, creo yo, muy sencilla. En nuestro mundo de habla hispana -a diferencia de la literatura anglosajona que voy a manejar- está muy extendida la división entre ética y moral, y muchas veces cuando hablo de moralidad en el blog o en Twitter aparecen comen­tarios sobre esta diferencia que, dicho sea de paso, me parece muy frágil, aunque no necesitamos entrar en ello. Para los efectos de este libro pedi­ría al lector que, si maneja esta dicotomía, se olvide temporalmente de ella. Cuando me refiera a moral, moralidad, mente moral, sentido moral o instinto moral me voy a estar refiriendo a la capacidad humana de distinguir entre bien y mal, entre actos buenos y malos. Es una facultad o capacidad similar a la del lenguaje, que no existe -por lo menos con la misma extensión- en otros animales. Y hablaré de normas morales cuando me refiera a las reglas sobre las obras o acciones concretas que son consideradas buenas o malas.

Es decir, moralidad sería equivalente a nuestra capacidad para el lenguaje, y las normas morales concretas serían el equivalente a las lenguas que se hablan en cada lugar; todos los seres humanos distinguen entre bien y mal, pero no en todas partes se habla el mismo lenguaje moral; no en todas partes lo que es considerado bueno o malo coincide por completo. La ética, como rama de la filosofía que estudia y sistematiza los conceptos del bien y el mal, y la metaética, como la moral en el sentido de normas y costumbres, se basan en nuestra capacidad humana para distinguir entre bien y mal, y no existi­rían sin esa capacidad humana básica. Con eso es suficiente para nuestros fines. Lo que nosotros vamos a estudiar es cómo surgió esta capacidad moral humana, qué peculiaridades y qué consecuencias tiene.

Adelanto brevemente lo que el lector va a encontrar en cada capítulo. En el capítulo 1 voy a defender que tenemos una explicación naturalista -científica, basada en la selección natural- delorigen de la moral. La moral sería una adaptación y una adaptación es cualquier rasgo o característica- sea física o de comportamiento- que ha sido seleccionada por la selección natural porque aumenta eléxito reproductivo. Nuestra moral es contingente a la evolución que ha seguido nuestra especie. Si nuestra trayectoria evolu­tiva hubiera sido diferente, también lo sería nuestra capacidad moral, que tendría otras características, y nuestras normas morales. La consecuencia es que no hay valores absolutos, lo que no quieredecir que esos valores relativos a nuestra peculiar evolución no sean importantes. También hablaremos de las bases neurobiológicas de la moral en el cerebro, de la existencia de regio­ nes cerebrales que desempeñan un papel en nuestra conducta moral.

En el capítulo 2 veremos las principales teorías evolucionistas sobre el ori­gende la moral y cómo convergen todas en que la moralidad es un conjunto de soluciones culturales y biológicas para resolver los problemas de coope­ración y los conflictos de convivencia en las sociedades humanas. Veremos también la teoría diádica de la moral, que plantea que los seres humanos tenemos una plantilla de las transgresionesmorales, un modelo cognitivo de lo que es una transgresión moral y los elementos claves de este modelo son la intención y el dolor. La esencia de un juicio moral es la percepción de dos mentes complementarias, una díada, compuesta por un agente moral inten­ cional y un paciente moral que sufre (la acción del agente). Según esta teoría, al aplicar esta plantilla, se produce un «encasillamiento moral» que consiste en el fenómeno por el que la gente es catalogada o bien como agentes mora­les o bien como pacientes morales; no se puede ser las dos cosas a la vez.

En el capítulo 3 veremos por qué las creencias morales son muy diferentes a otro tipo de creencias y acarrean consecuencias sociales y políticas que de ninguna manera tienen otro tipo de creencias. Trataremos temas como el fenómeno de la moralización, el proceso por el que algo que antes era neu­tro moralmente (como comer carne o fumar) pasa a ser incluido en la esfera moral. También vamos a estudiar aspectos de nuestra psicología que no son directamente morales, pero que interactúan y tienen una fuerte relación con nuestra mente moral. Nuestra preocupación por el estatus y la reputación está íntimamente relacionada con la moralidad y necesitamos entender el lugar que ocupan en nuestra mente primate para comprender luego fenóme­nos como el «postureo» o «exhibicionismo moral», o los linchamientos y las cazas de brujas en las redes sociales. Una gran parte de nuestro repertorio moral lo interpretamos de cara a la galería, muchas de nuestras acciones sir­ven para señalar a los demás nuestra virtud. Gran parte de nuestras conduc­tas morales son dirigidas a observadores y por ello es importante entender también conceptos como el altruismo recíproco y otros.

En el capítulo 4 trataremos la tendencia humana a dividir el mundo en Ellos y Nosotros y las graves consecuencias que esta tendencia tiene en nues­tro mundo actual, especialmente el tribalismo moral e ideológico. La divi­sión Ellos/Nosotros crea una frontera moral, un límite entre dos territorios morales. Más allá de ese límite ya no se aplican nuestros principios morales o no se aplican de la misma manera: Ellos no tienen la misma consideración moral que Nosotros. Somos moralmente tribales y este tribalismo es uno de los grandes retosde nuestra época: tanto eltribalismo entresociedades como dentro de cada sociedad, cultura o nación. Las sociedades occidentales nos estamos dividiendo en tribus y el motor principal de esas divisiones es en la actualidad la ideología, principalmente la ideología política. Este tribalismo intrasocietal está poniendo en peligro el propio funcionamiento de nuestras instituciones.

En el capítulo 5 haremos un repaso de otros fenómenos de nuestro mundo moral actual que giran alrededor de la indignación moral y de un nuevo vehículo para expresarla -las redes sociales- que no existían hasta hace poco y que lo han cambiado todo. Las redes sociales, Twitter en particular, se han convertido en tribunales morales de los que todo el mundo está pen­diente, más poderosos incluso que los tradicionales tribunales de justicia. Hablaremos de la difamación ritual, la cultura de la cancelación, la cultura del victimismo, el exhibicionismo moral y otros temas. Nadie quiere indig­nar a Twitter, la condena en redes equivale a la excomunión y la muerte social.

En el capítulo 6 veremos la explicación a la hipermoralización de nuestra época que mencionaba. Estamos viviendo un nuevo despertar religioso sin Dios y sin perdón cuyo epicentro se encuentra en Estados Unidos. Allí el co­lapso del protestantismo ha dejado un vacío que ha sido ocupado por una religión laica que es la llamada «Justicia Social Crítica» o «wokismo». Como decía Eric Hoffer: «Aunque la nuestra es una época sin Dios, es justo lo opuesto a no religiosa». 
Es un capítulo un poco denso de leer porque trata­ remos someramente los principios filosóficos del posmodernismo, pero creo que el esfuerzo merece la pena por su poder explicativo para entender la época que estamos viviendo y lo que tenemos por delante.

En el capítulo 7 trataremos los problemas que la moralidad supone en tres aspectos fundamentales. En primer lugar, el peligro de llevamos a la vio­lencia moralista, la violencia más frecuente y grave a lo largo de la historia, una violencia que suele ser masiva y a gran escala. Y junto a ello el peligro que la moralidad encierra para el buen funcionamiento de dos instituciones básicas de nuestras sociedades: la democracia y la ciencia. 

Por último, en el capítulo final daré algunas ideas y propuestas alternativas sobre la forma de neutralizar estos peligros de la moralidad.
El mensaje fundamental de este libro, en resumidas cuentas, es que la moralidad es un arma de doble filo y que tiene un lado oscuro con el que debemos tener cuidado, lo que puede resultar controvertido ya que la visión habitual es que más moralidad es siempre buena. Aquí, sin embargo, voy a defender que necesitamos menos moralidad y no más. Básicamente, lo que hago en el libro es compartir los hallazgos de esta búsqueda personal que co­mento, y tendría dos finalidades fundamentales. 
Por un lado, ayudar al lec­tor a comprender el mundo moral que tenemos ahí fuera y en el que tenemos que desenvolvernos; que el lector salga del libro entendiendo mejor lo que ocurre a su alrededor. 

Y, por otro lado, tiene un objetivo práctico también: hacer recapacitar al lector cuando vaya a utilizar esa capacidad moral de la que hablo, en especial cuando se sienta indignado moralmente y dispuesto a escribir un tuit o a contestar a alguien en una discusión. El objetivo sería conseguir que cada uno de nosotros nos paremos un segundo a reflexionar antes de lanzar ese tuit o esa contestación, que se nos encienda una alarma en nuestro interior: 
«Atención, estás funcionando en modo moral, peligro». La esperanza es que podamos entre todos disminuir el elevado nivel de con­taminación moral actual y conseguir así un mundo más habitable.

¿La Sociedad Ha Perdido La Cabeza? - Pablo Malo

viernes, 20 de febrero de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "MANSIONES VERDES" (GREEN MANSIONS) por W.H. HUDSON y MEL FERRER, RESPECTIVAMENTE

 MANSIONES VERDES (GREEN MANSIONS)

Admirado por maestros como Joseph Conrad, Jorge Luis Borges, Virginia Woolf o Miguel de Unamuno, W.H. Hudson es sin lugar a dudas el gran escritor de la naturaleza y su obra enlaza un cierto espíritu romántico con el interés contemporáneo por el medio ambiente. Publicada originalmente en 1904, Mansiones verdes no sólo es una extraordinaria meditación sobre ese increíble universo que es la selva amazónica, sino también una gran historia de amor entre una india salvaje llamada Rima y Abel, un aventurero venezolano que huye de una fallida conspiración para derrocar al gobierno de su país.

Green Mansions es una película estadounidense de aventuras y romance de 1959 dirigida por Mel Ferrer. Está basada en la novela Green Mansions de 1904 de William Henry Hudson. La película fue protagonizada por Audrey Hepburn (quien en ese momento estaba casada con Ferrer) como Rima, una chica de la selva que se enamora de un viajero venezolano interpretado por Anthony Perkins. También participaron Lee J. Cobb, Sessue Hayakawa y Henry Silva. La banda sonora fue de Heitor Villa-Lobos y Bronislau Kaper.
La película iba a ser la primera de varios proyectos dirigidos por Ferrer y protagonizados por su esposa, pero finalmente fue la única que se estrenó. Fue uno de los pocos fracasos de crítica y taquilla de la carrera de Hepburn. Vincente Minnelli estaba previsto para dirigir la película, pero los retrasos en el proyecto llevaron a Metro-Goldwyn-Mayer a elegir a Ferrer.

Mel Ferrer convenció a la MGM de adaptar la novela de W.H. Hudson con un argumento irresistible: su esposa Audrey Hepburn como Rima, la joven de la selva que habla con los pájaros. Lo que filmó fue un cuento sobre lo que destruimos al intentar poseerlo.


Mansiones verdes - William Henry Hudson by henvelro


jueves, 19 de febrero de 2026

DOCUMENTAL "LIBRES" 2023: VIAJE AL INTERIOR DEL SER HUMANO EN LOS MONASTERIOS DE CONTEMPLACIÓN Y DE ENCUENTRO

LIBRES  (2023)

A veces el mundo se mueve tan rápido que encontrar paz parece algo imposible.
Sin embargo, el sosiego y el silencio son tesoros que se esconden tras los muros de los monasterios.
Si alguna vez te has preguntado cómo sería vivir como un monje en pleno siglo XXI…

El ser humano es una perfecta simbiosis de cuerpo, mente y alma.
Desde hace siglos España ha sido cuna de la Contemplación.
LIBRES es un viaje al interior del hombre en el que hemos logrado el permiso para entrar y hablar con personas que rara vez pronuncian palabra y lugares que permanecen cerrados para el mundo: LOS MONASTERIOS.
Esta es nuestra oportunidad de conocer, qué le lleva a una persona en pleno siglo XXI a decidir encerrarse entre cuatro muros por el resto de su vida. Cómo es su día a día, sus motivaciones, su vinculación con la Naturaleza pura y su vida exterior, que mucho tiene que ver con la interior.

La película «Libres» nace en la trágica pandemia del año 2020. Durante la misma, formé parte de un equipo de profesionales para realizar una campaña de comunicación. El objetivo era recaudar fondos para ayudar a religiosos de clausura que, al no poder vender sus productos, no tenían dinero para comprar alimentos si quiera. Me gusta pensar que de las buenas decisiones que en ocasiones tomamos en la vida, salen cosas grandes e inesperadas.

Cuando pudimos salir, dirigí una campaña publicitaria para la Fundación DeClausura. Esta vez, pasé cuatro días en un monasterio conviviendo con monjes. A mi regreso, empecé a investigar más sobre esta vida oculta tan especial y desconocida en el siglo XXI.
El mundo y la Iglesia os necesita como faros que iluminan el camino de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo». 
¿Qué filosofía de vida o plenitud interior deben tener estas personas para que el Papa les ponga de referentes, de faros que nos iluminan?
Así comienza un camino que culmina con la película «Libres». Ojalá haga descubrir a muchos la verdad de algunos temas que nos afectan a diario y quizá el mundo en el que vivimos nos arrastra en otra dirección.



Desde hace siglos, muchos hombres y mujeres lo dejan todo para entregar su vida a la contemplación. LIBRES es un viaje al interior del hombre. Hemos logrado el permiso para entrar y hablar con personas que rara vez pronuncian palabra, en lugares que permanecen cerrados para el mundo: LOS MONASTERIOS. ¿Qué lleva a una persona a despojarse del mundo que conoce, a retirarse de él para el resto de su vida? ¿Cómo piensa una persona así? LIBRES se acerca a grandes cuestiones de la existencia del hombre, con un solo objetivo: escucharles.


miércoles, 18 de febrero de 2026

LIBRO "Y ERA DE NOCHE": UNA CRÓNICA DE TRAICIONES. BASADO EN UNA HISTORIA REAL por CHARLES THEODORE MURR

Y ERA DE NOCHE

UNA CRÓNICA DE TRAICIONES

BASADO EN UNA HISTORIA REAL


“Y ERA DE NOCHE” (una novela del autor Charles Theodore Murr) aborda la cuestión del efecto psicológico de la traición, no en el traidor, sino en el traicionado. ¿Qué significa para un hombre fundamentalmente bueno ser traicionado por alguien en quien confía implícitamente? Peor aún, ¿ser traicionado por un grupo de antiguos amigos que conspiran juntos, cada uno por sus propios fines egoístas? «Dios te ampare cuando un amigo se propone traicionarte», le dice un mentor a Charlie al inicio de Y Era de Noche. «Tus enemigos no pueden traicionarte, Charlie; solo un amigo puede hacerlo; pero cuando los amigos colaboran en una traición… ¿quién podría salir victorioso contra… toda una compañía de Judas?»

Ambientada en la capital italiana, el centro de México y Nueva York durante las décadas de 1970 y 1980, la intrincada trama de este libro es vasta y laberíntica. Aunque no es para los pusilánimes, la novela contiene una buena dosis de humor. (Un obispo particularmente inepto, por ejemplo, es “la nada hecha carne”; y una excéntrica madre general de Rímini, que se cree destinataria de revelaciones divinas, “no solo habla en lenguas, sino que evidentemente también piensa en lenguas”).

En conjunto, "Y Era de Noche" resulta difícil de clasificar. Como relato de un hombre bueno pero imperfecto en el sacerdocio, que busca su salvación con “temor y temblor” en México, recuerda a El poder y la gloria de Graham Greene. Por su galería de personajes absolutamente extravagantes y sus giros argumentales disparatados, evoca La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Es también un roman à clef, una especie de ajuste de cuentas, una denuncia sin tapujos de la iniquidad humana, cuyo propósito es claramente poner nombres sobre la mesa.

Por encima de todo, sin embargo, es la historia de la vida de un hombre, narrada en forma de novela pero carente de la unidad artificial que una ficción puede lograr, participando así de la rareza y el misterio que caracterizan a toda vida humana. Charlie Murr, junto con el lector, se pregunta por qué Dios, en su providencia, permitió que le sucedieran cosas tan terribles y maravillosas.

En este último aspecto, Y Era de Noche recuerda un episodio de La Divina Comedia. En los cielos de Saturno, san Pedro Damián se adelanta a recibir al peregrino Dante, y este le pregunta por qué Dios lo eligió a él, entre todos los santos de aquel cielo, para ser portavoz. El santo responde: “El alma más iluminada del cielo, el serafín que fija más su mirada en Dios, no podría dar respuesta a tu pregunta”. La respuesta a tales interrogantes, dice, “se halla oculta en lo profundo del abismo de la ley eterna de Dios, de modo que la vista de cualquier criatura que Él creó queda apartada de ella”. Y concluye: si tales cosas son incognoscibles incluso para los bienaventurados en el cielo, ¡cuánto más escaparán a quienes aún habitamos en el mundo mortal!

En Y Era de Noche un hombre se plantea esas mismas preguntas sobre su propia vida y, al aceptar finalmente que de Dios no llegarán respuestas, encuentra en ello una respuesta. Como Job al final de la catástrofe, no queda con preguntas acerca de los cómos y porqués de Dios, sino con las preguntas de Dios hacia él mismo. Y, como Job, llega a comprender que las preguntas de Dios son mucho más saciantes que las respuestas de los hombres.

INTRODUCCIÓN

OTOÑO EN NUEVA YORK, 1994.

Por tercera vez en dos meses, nos reunimos en el mismo restaurante, en la esquina de la calle 61 con la 3a Avenida, y nos sentamos en la misma mesa apartada. Todo en la Isla de Capri era de estilo italiano antiguo, incluido el personal de camareros, todos hombres maduros. «Me gusta mucho este establecimiento», comentó mi nuevo amigo y saludó amablemente con la cabeza a una pareja que le sonreía desde el otro lado de la sala, pintada de rojo intenso. 
«Es un lugar seguro para conversar», me aseguró, también por ter­ cera vez en dos meses.

Yo acababa de terminar de leer "Los jesuitas" y había venido preparado para hacer preguntas, escuchar y aprender y, sobre todo, para deleitarme con la sagaz compañía del doctor Malachi Martín.
Pasamos bastante tiempo discutiendo nuestras opiniones ligeramente dis­tintas sobre los verdaderos villanos del Concilio Ecuménico Vaticano 11 y nos turnamos para destrozar a Pierre Teilhard. Coincidimos en el daño causado por los modernistas, Rahner, Kung, Congar, Schillebeecks y de Lubac, pero discrepamos sobre los principales actores posconciliares que se encargaron de llevar a la práctica de forma ultramoderna, la teoría modernista.

Todavía puedo oír la risa maliciosa de Malachi cuando recité una pequeña canción que había aprendido a principios de los años 70, entre clases, en el Café-Bar Gregoriana:

Schillebeecks, Rahner and Küng, 
Their praises are everywhere süng 
Says Ottaviani: "There'll be no domani, 
Untíl they are, each of them, hüng!" 

Schillebeecks, Rahner and Küng 
sus alabanzas se cantan por todas partes 
Ottaviani dice: "No habrá mañana 
Hasta que a todos los cuelguen!".

Un punto en el que estábamos en completo desacuerdo concernía a dos cardenales de la Curia romana: el francés Jean Cardenal Villot [secretario de Estado bajo Pablo VI, Juan Pablo I y, brevemente, bajo Juan Pablo II] y su aliado más cercano (y leal compañero de logia), el italiano Sebastiano Cardenal Baggio, prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos (dur­ante doce críticos años posconciliares). Villot dominaba y controlaba al papa Pablo VI, mientras que Baggio revolucionaba la Iglesia colocando "vescovi di sinistra" (obispos de izquierda) en prácticamente las 3,000 diócesis católicas en todo el mundo. Una vez más, denuncié el abominable papel de Baggio en la muerte del papa Juan PabloI. Una vez más, Malachi mantuvo que Villot había envenenado al pontífice.

Mientras que a mí me interesaba el notable conocimiento de Martin sobre los acontecimientos anteriores, durante e inmediatamente después del Con­ cilio Vaticano II, a él le interesaba mi conocimiento de las personas y situaciones de los años setenta y ochenta: Los cardenales Giovanni Benelli, Edouard Gagnon, Silvio Oddi, Pietro Palazzini, Darío Hoyos Castrillón; los monseñores Mario Marini, Giuseppe Lobina y Guglielmo Zannoni.

Aunque ambos coincidimos de nuevo en que Villot y Baggio eran los dos mayores villanos de la historia eclesiástica moderna, discrepamos en cuál de los dos era el peor. Hicimos un rápido repaso de nuestras dos últimas conversaciones sobre mi odisea romana/mexicana de 22 años. Justo cuando estaba a punto de atacar un plato humeante de penne arrabiata, Malachi me lanzó el desafío:

«O escribes esa historia o me das permiso y la escribo yo mismo». Le presté toda mi atención. «Ponerlo por escrito es el primer paso», continuó, «Tu his­toria, Charlie, es material para un éxito de taquilla. Veo una película, mejor aún», sus ojos se iluminaron, «una miniserie. "El pájaro espino"», ofreció un ejemplo brillante, «Te das cuenta, ¿no?». Hay suficiente material destacado y momentos culminantes en tu saga para tres, ¡quizás cinco libros!».

Le dije que escribiría mi historia. No obstante, le pedí al gran maestro de la ficción su inestimable ayuda y para mi alivio, Malachi aceptó. De noviem­bre a junio, elaboramos el esquema. Más tarde, añadió un miembro más al equipo, un hombre llamado "Chuck", su amigo de confianza y editor de libros. (Me emocionó descubrir que "Chuck" era el padre Charles Fiore, mi an­tiguo profesor de Cristología en Roma).

En junio de 1995, me fui a Austria a estudiar alemán y psicología. Las comunicaciones a larga distancia eran mucho más difíciles de lo que habíamos previsto. Capítulo a capítulo, envié y recibí «disquetes» a través del Atlántico de Martin y Fiore. Algunos llegaron dañados, otros nunca llegaron. Para com­plicar las cosas, Malachi estaba terminando "Wíndswept House: A Vatícan Novel".

Volví a Nueva York [en 1997) con una sobrecarga de trabajo excesiva, mien­tras continuaba mis estudios de posgrado en psicología en la Universidad de Nueva York. La escritura de mi novela se había detenido por completo.
De vez en cuando, Malachi y yo hablábamos por teléfono. Él terminaba todas las conversaciones con la advertencia: «¡Tienes que terminar tu libro!». 
Solo nos volvimos a ver una vez más para cenar, en la Isla de Capri, por supuesto. Poco después enjulio de 1999, el padre Fiore me llamó por teléfono para informarme de la prematura muerte de Malachi. Unos años más tarde, supe que el padre Charles "Chuck" Fiore también había fallecido.

La inspiración y la motivación para terminar mi libro parecieron morir con ellos.
HASTA QUE...
Hace dieciocho años (2006], recibí una llamada de unos amigos de Gua­dalajara, Jalisco. Pensaron que me gustaría saber de un libro recientemente publicado en México, especialmente porque yo estaba en uno de sus capítu­los, y porque parecía estar generando artículos similares.

El "libro" era el neplus ultra del amarillismo mexicano, un género literario que haría que los tabloides sensacionalistas estadounidenses más bajos, dis­ponibles para "mentes inquisitivas" en la mayoría de las cajas de los super­ mercados Piggly-Wiggly, se leyeran como sonetos shakespearianos. Es más, la única y "fiable" fuente de información del autor sensacionalista era uno de los sociópatas más notorios del centro de México: el infame narco-médico, doctor Jorge Mejía !turbe, alias «El Monje», alias Doctor Jorge Mejía Monje. (Cumpliendo una condena prolongada en una prisión federal mexicana, el doctor Jorge Mejía Iturbe no está disponible para hacer comentarios).

Después de leer varias páginas de la cloaca literaria, llamé por teléfono a dos amigos de toda la vida, ambos profesores de derecho; uno en la Ciudad de México y el otro en la ciudad de Nueva York. Ambos se opusieron a de­ mandar por difamación. Además de la enorme cantidad de tiempo y dinero que supondría una demanda de este tipo, señalaron la evidente futilidad de que un extranjero intentara demandar a una editorial mexicana, en México, bajo el código legal mexicano (napoleónico). Además, si por algún milagro el extranjero ganara, los tribunales mexicanos solo podrían concederle: 

1) una disculpa de sus detractores por escrito, 
y 2) 1,275 pesos mexicanos (11 dó­lares estadounidenses)en concepto de daños y perjuicios.

Seguí el consejo de mis abogados y no presenté la demanda. Sin embargo, eso no significaba que fuera a rendirme y hacerme el muerto. En 2006, volví a mi manuscrito sin terminar. Ocho meses más tarde, con 3,300 pá­ginas mecanografiadas, llamé a un viejo amigo en Roma, el periodista y escritor australiano Desmond O'Grady, quien accedió a editar el manuscrito completo que Malachi Martín me animó a comenzar en 1995. En 2009 se publicó "La sociedad de Judas".

Poco después de publicar La Sociedad de judas, me di cuenta dolorosamente de algunos errores estructurales y de estilo en el libro. La trama no tenía un desarrollo fluido. Había demasiados personajes para que el lector medio pudiera seguirlos. El lenguaje de los diálogos, especialmente el escrito en la lengua vernácula mexicana -aunque auténtico y fiel a la realidad- era a menudo demasiado vulgar y crudo para muchos de mis lectores.

El mayor error, sin embargo, fue haber "suavizado' el abominable estado moral y mental de uno delos personajes principales. El narco médico, "Doctor Jorge Menda", vivía una vida escalofriante, doble y triple llena de extor­siones, secuestros, torturas, violaciones, sodomías, asesinatos e intentos de asesinato internacional. Omití deliberadamente muchas de las escabrosas aventuras del médico y minimicé (o suavicé) muchas otras. Temía que mis lectores encontraran imposible de soportar la verdad completa sobre el mé­dico. Las personalidades de Jekyll y Hyde del "Doctor Jorge Menda" no sur­gieron de forma tan dramática y evidente como deberían haberlo hecho.
En cualquier caso, decidí que "La sociedad de Judas" necesitaba una reesc­ritura seria y, el año pasado, eso es exactamente lo que me propuse hacer, empezando por el nuevo título inspirado en [Juan 13:30]. 
"Y era de noche" está previsto que se publique en Navidad de 2024.
Para aquellos de ustedes que ya leyeron mi libro original, espero que esta novela "nueva y mejorada" no les decepcione.

Charles T. Murr
21 de enero de 2025

 
¿ES DE NOCHE EN LA IGLESIA? EDITADO-ILUSTRADO P. CHARLES MURR

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martes, 17 de febrero de 2026

LIBRO "HISPANOTERAPIA: UN TRATAMIENTO DE CHOQUE PARA VENCER NUESTROS TRAUMAS" por ALBERTO G. IBÁÑEZ

Hispanoterapia

Un tratamiento de choque
para vencer nuestros traumas

ALBERTO G. IBÁÑEZ

El mundo hispano es ese niño atrapado en una infancia de maltratos por parte de unos compañeros de juego crueles y de unos familiares que, ante la pérdida de los padres protectores, lo echan de la casa común de Occidente, lo desprecian, lo dominan, lo convierten en su siervo moral y vasallo cultural
¿Reaccionamos? Este libro pretende ser una mano amiga que nos saque del desánimo, lanzándonos a un proceso de recuperación personal y colectiva para recobrar la Hispanidad como un club de lucha y talento. Historia, psicología y filosofía en una obra pensada para recuperar aquel espíritu descubridor e intrépido que hizo de los hispanos una fuerza imparable en el terreno militar, político y cultural durante siglos.
«Este libro se esfuerza por darnos razones para, en tiempo tan crítico como el actual, transformar nuestro pasado en parte innegociable de nuestro futuro».
En este mundo cada vez más interconectado y amenazado por ideologías globalistas anónimas, es importante conocer y apreciar nuestra herencia común, que podría abrir un futuro de una mayor unidad natural y de prosperidad.
En este mundo que comienza a parecerse a una suerte de aeropuerto internacional, donde las identidades culturales se entrelazan y hacen historia, surge esta obra que busca desentrañar las complejidades de la historia y la geopolítica hispana. El libro nos sumerge en la esencia de una guerra cultural nigrolegendaria que ha definido al mundo hispano por siglos, ofreciendo datos provocadores que buscan redefinir paradigmas arraigados.

«Hay que agradecer al autor que nos muestre cómo recuperar el liderazgo hispano ejercido a lo largo de la Historia»
Magdalena de Pazzis Pi Corrales, catedrática emérita de Historia Moderna en la Universidad Complutense.

«La Guerra de Secesión de España en América generó doscientos años de amnesia histórica. En este libro, Alberto G. Ibáñez, utilizando la historia, la psicología social y la psicología de las profundidades, nos da el programa a seguir para recuperar nuestra Memoria Histórica: saber que somos ciudadanos de la civilización hispana»
Enrique Alí González Ordosgoitti, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad Católica Andrés Bello.

«Cuán aleccionador resulta el recordarnos como los hispanos aquellos de los siglos XV y XVI, nuestros antepasados, gestionaron tan brillantemente la complejidad, lo desconocido, lo incomprensible, lo disruptivo! Justo, lo que se nos pide hoy en día y que Alberto G. Ibáñez nos hace ver de forma atractiva y provocadora»
José María Gasalla, Premio Nacional de Management 2023-2024.


En el corazón de esta obra yace una tesis audaz: el Imperio que sucedió al romano no fue el germánico, como se suele creer, sino el Sacro Imperio Romano Hispánico (SIRH). ¿Por qué llamar Sacro imperio romano germánico a un imperio que ni fue alemán, ni fue sacro, ni fue romano? No fue alemán: Nuestro emperador Carlos I de España y V de Alemania, reinó sobre el Sacro Imperio Romano Germánico (aunque en ese momento Alemania aún no existiera como entidad unificada), y gobernó sobre las Américas como Carlos legadas por sus abuelos los Reyes Católicos, monarcas de España, que ya existía al unirse la corona de Castilla con la de Aragón y recuperar mediante la Reconquista el territorio ibérico. No fue tan sacro, pues se consolidó rompiendo con la Iglesia a partir de Lutero; no fue romano, por la falta de uso del latín.
A diferencia de otros líderes europeos, Carlos V mantuvo una visión de Europa unida y defendió la religión de Roma.
Con esta premisa, Ibáñez invita a reflexionar sobre la identidad hispana y su papel en la historia mundial, subrayando la importancia de reconectar con nuestras raíces comunes, mediante la reivindicación del legado hispánico en la construcción de Europa y el mundo.
A diferencia de otros líderes europeos, Carlos V mantuvo una visión de Europa unida y defendió la religión de Roma, por ello destaca la importancia de Hispania en la comunicación de la fe dentro y fuera del contexto continental. Mientras que otras potencias europeas priorizaban sus intereses nacionales sobre los religiosos, España mantuvo una lealtad firme a Roma, a menudo en detrimento de sus propios intereses. La obra expone cómo España, a pesar de sus contribuciones al catolicismo (o quizá a causa de ellas) y a la civilización occidental, ha sido objeto de una «leyenda negra» que distorsiona su legado.
Las aportaciones del Imperio español

Otro elemento destacable del libro es la recuperación de la Hispanidad. Más de veinte países comparten la misma lengua y coordenadas culturales, pero la falta de conciencia sobre esta unidad ha alimentado divisiones y enfrentamientos. Alberto Gil Ibañez recupera como nadie la relevancia del SIRH como crisol de culturas, incluyendo a indígenas, españoles, criollos, negros, mestizos y mulatos.
El libro señala y data las contribuciones del Imperio español al mundo en el ámbito jurídico (con las «Leyes de Indias» que establecieron normas sociales sin precedentes), en el ámbito social y de infraestructuras (con la construcción de casi mil hospitales, obras hidráulicas y caminos reales); en el del pensamiento, a través de la filosofía salmantina (que sentó las bases morales, intelectuales y económicas del Imperio), con autores americanos que enseñaron en universidades en España, América y Filipinas.

Las aportaciones del Imperio español

Otro elemento destacable del libro es la recuperación de la Hispanidad. Más de veinte países comparten la misma lengua y coordenadas culturales, pero la falta de conciencia sobre esta unidad ha alimentado divisiones y enfrentamientos. Alberto Gil Ibañez recupera como nadie la relevancia del SIRH como crisol de culturas, incluyendo a indígenas, españoles, criollos, negros, mestizos y mulatos.
El libro señala y data las contribuciones del Imperio español al mundo en el ámbito jurídico (con las «Leyes de Indias» que establecieron normas sociales sin precedentes), en el ámbito social y de infraestructuras (con la construcción de casi mil hospitales, obras hidráulicas y caminos reales); en el del pensamiento, a través de la filosofía salmantina (que sentó las bases morales, intelectuales y económicas del Imperio), con autores americanos que enseñaron en universidades en España, América y Filipinas.

El español, con su vasta difusión, expandió el latín. El arte y la cultura florecieron en escuelas como la quiteña y la cuzqueña. En términos económicos, la industria se fortaleció y las relaciones comerciales se ampliaron, dando lugar a la primera globalización económica y consolidando al virreinato de la Nueva España como centro comercial mundial. La obra pone de relieve que España llevó consigo la tradición civilizatoria europea al Nuevo Mundo, configurando sociedades prósperas y pacíficas. Ibáñez argumenta que este imperio fue una operación civilizatoria pionera en la historia, merecedora de reconocimiento y estudio.
En este mundo cada vez más interconectado y amenazado por ideologías globalistas anónimas, es importante conocer y apreciar nuestra herencia común, que podría abrir un futuro de una mayor unidad natural y de prosperidad. Con este libro, Alberto G. Ibáñez nos desafía a mirar más allá de las narrativas convencionales y a redescubrir la grandeza del mundo hispano, instando a los hispanohablantes a abrazar una «hispanoterapia» ilustrada como actitud y como argumento: conociendo nuestro legado compartido y reivindicando su lugar en la historia mundial. Es hora de superar los complejos y reconocer el verdadero alcance del Imperio español, ayer y hoy, yendo siempre más allá. Plus ultra, siempre.

PRÓLOGO

Y cuentan que, un día, el hombre logró construir una máquina perfecta: una inteligencia capaz de responder a todas las preguntas. La rodearon con asombro y respeto, y alguien, con solemnidad, se atrevió a preguntar: ¿qué es un ser humano? La máquina guardó silencio. Sus luces parpadearon, su es­tructura vibró con un ruido profundo y comenzó a emanar un humo tenue. Parecía que la máquina iba a explotar. Después de un largo tiempo, respondió: te contaré una historia...

Efectivamente, los humanos necesitamos significados, historias, y no solo datos fríos. Necesitamos dar sentido, y esto es lo que ha hecho de forma mag­nífica nuestro autor, Alberto G. Ibáñez: dar sentido.
En lo que respecta a su biografía, baste decir que Alberto G. Ibáñez es padre de dos hijos. Y aunque pudiera parecer un dato menor entre nume­rosos títulos académicos y publicaciones, no lo es. La paternidad, cuando es vivida desde la entrega, es uno de los más altos indicadores de generosidad silenciosa y cuidado por el otro. Y esas maneras también se filtran a lo largo de las páginas de este ensayo. Se nota que escribe alguien que ha escuchado preguntas pequeñas con la misma reverencia con la que otros atienden a los grandes discursos geopolíticos.

En la obra y el pensamiento del autor se percibe una voz que, lejos de entregarse al ruido de las modas o al vaivén del relativismo, se centra en el revisionismo histórico: una reinterpretación del pasado que se convierte en un acto de resistencia frente a la amnesia cultural promovida por nosotros mismos. Un análisis que va de lo particular de la psicología a lo global; un discurso lleno de anécdotas, ejemplos inteligentes y algún «improperio» que -supongo- el autor no puede omitir debido a la pasión con la que escribe. Por todo ello, y al igual que le ocurrió al magnífico historiador Juan de Ma­riana, ha recibido muchas afrentas con las que debe lidiar. Sea como fuere, tal situación me recuerda la emotiva cita del diplomático español Julio Cerón: «La verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo».

Alberto nos propone una empresa singular: someter a la Hispanidad a una suerte de psicoterapia global, no para diagnosticarla con ojos altivos, sino para reconciliada con su verdad íntima, como si se tratara de curar a un niño herido. Una dosis de autoestima, sí, pero no de esa autoestima vacía propia de los manuales de autoayuda anglosajones, sino la que nace del reconocimiento honesto de lo que fuimos y de lo que, a pesar de todo, seguimos siendo.
En sus conferencias, el autor suele citar el versículo: «Os envío como ovejas en medio de lobos» (Mateo 10, 16). 
Una frase que resuena con amarga actua­lidad cuando se observa cómo España -a diferencia de otras civilizaciones que protegen, veneran e incluso mitifican hasta el ridículo su legado en un sinfín de autoelogios- ha sido el único pueblo que ha aceptado ser juzgado con criterios ajenos.

El mayor enemigo del mundo hispano no ha sido el foráneo -que también-, sino los complejos e intereses que se inoculan desde dentro, que se trans­ forman en autodesprecio y culpa autoinfligida. Y en psicoterapia ya sabemos que, cuando uno asume la culpa, es muy fácil que lo manipulen y le hagan chantaje. La leyenda negra sigue vigente y se nutre de la ignorancia y de unos hechos históricos burdamente manipulados, aunque se vistan de moderni­dad líquida.

Contra esa desafección, los ensayos de G. Ibáñez levantan una defensa apasionada de la Hispanidad: una apuesta clara por analizar y poner en valor nuestra enorme comunidad espiritual, cultural y política, tejida a lo largo de siglos.
Si este prólogo lo hubiera escrito hace más de diez años, a buen seguro diría que la Hispanidad seguía en horas bajas, deshilachada por narrativas im­puestas, fragmentarias y culposas. Reinarían por todas partes los moderni­zados, afrancesados y americanizados actores del cine español. Seguiríamos cancelados, igual que se canceló a cientos de intelectuales españoles, como al metafísico y jurista Francisco Suárez. Pero hoy la situación es bien distinta. En solo una década, la sociedad civil ha empezado a reaccionar, planteando una interesantísima y potente guerra cultural.

Siempre he defendido que la cultura y el rigor teórico no están reñidos con la diversión, y he de decir que Alberto resuelve con divertida e inspiradora soltura, y no poco sarcasmo, «los inconscientes complejos» de los intelectua­les españoles. Lo trágico -denuncia el autor- no es solo que el enemigo ter­giverse nuestra memoria, sino que nos hayamos creído que la caricatura que han pintado los otros de nuestros padres era real, y lo peor es que ni siquiera intentemos averiguar si dicha caricatura era verdadera o falsa.
Su pensamiento se articula en un combate cultural contralas lógicas disol­ventes del presente: los nacionalismos e indigenismos disgregadores y, por encima de todo, una posmodernidad sin raíces que no entiende algo tan bá­sico como la diferencia entre el endogrupo y el exogrupo.

A través de un enfoque que híbrida historia, filosofía política y cultura - confitado todo ello con no poca intuición-, el autor detecta las numerosas paradojas de nuestra historia, y aboga por una vuelta a los fundamentos: a la tradición como el humus fértil desde el cual proyectar un futuro ético, moral y político. Un reencuentro espiritual y cultural que nos lleve a reconciliamos con nosotros mismos. No se trata de volver atrás, sino de recordar nuestro origen para avanzar de forma auténtica.

En Psicología Social sabemos que es muy importante qué valoración ha­cemos de nuestra historia. No es lo mismo saber que vienes de una familia de criminales y violadores que de una familia de gente inventora, honrada y trabajadora. En este sentido, la sociedad también tiene una memoria social, con sus referentes simbólicos, que pueden ser positivos o negativos.

Esa información se transmitía de forma oral o informal, pero se advertirá pronto que hoy tal información (o propaganda) discurre por otras vías: el cine, Marvel, Disney, Netflix y Hollywood recurren sin alivio alguno a la le­yenda negra antiespañola, un día sí y otro también. Un torrente de mentiras despreciables atraviesa numerosas películas. Son abrumadoras las eviden­cias científicas que muestran que estas películas mienten sobre la historia y sobre nuestra identidad. «Dime quién fabrica tus pensamientos y te diré de quién dependes», sentencia el autor.

Siempre recordaré el comentario de un político británico cuando se supo, por numerosas investigaciones en archivos históricos, que la Armada In­ vencible y la Contra-armada fueron, en gran medida, un éxito español. El político anglosajón dijo: «No vamos a cambiar los libros de historia de los estudiantes británicos; deben saber que fue un éxito nuestro, aunque no sea verdad. Lo demás lo dejaremos para los historiadores».

Pero, a fin de cuentas, lo importante es qué información permanece en nuestra memoria y saber que esos hechos configuran y tienen la importante función de crear nuestra identidad. Si sé que mi país tiene una historia justa y épica, es más probable que mantenga mi autoestima y orgullo, y que quiera pertenecer a ese grupo y, de paso, defienda mi identidad social.
La Hispanidad, como civilización relacional, siempre ha estado entre dos civilizaciones: el islam -religión-política que se basa en la sumisión, dicta cómo pensar, de qué manera debes relacionarte y hacia dónde mirar-y, por otro lado, el mundo individualista y utilitarista anglosajón.

Pero hay preguntas de extrema importancia: ¿por qué la anglosfera, el islam o la cosmovisión china engrandecen hasta el paroxismo sus éxitos y ocultan sus derrotas, mientras que la Hispanidad hace justo lo contrario?
¿Por qué Hispanoamérica es hoy la zona del mundo con menor grado de confianza interpersonal cuando era lo opuesto hace dos siglos? ¿Por qué España es el país con menos autoestima de Europa y, sin embargo, a la mitad de los europeos les encantaría vivir en España si tuvieran que cambiar de país?
Alberto no solo nos resuelve esta compleja paradoja con afán y soltura en este magnífico ensayo, sino que además ofrece un diagnóstico, un puñado de soluciones y una ilusión renovada.

Pasen y lean.
FERNANDO PÉREZ DEL RÍO
Doctor en Psicología, psicoterapeuta 
y profesor de Psicología Social en la
Universidad de Burgos


INTRODUCCIÓN 
«Historia magistra vitae». 
Cicerón 

¡Hispanos, tenemos un problema psicocultural! Y no lo estamos haciendo frente. Cada vez SOMOS MÁS —520 millones de personas tienen al español como lengua materna-común—, pero PODEMOS MENOS porque vivimos divididos, dependientes, enfrentados, acomplejados y a menudo nos equivocamos de enemigo. La corrupción, el caos, la polarización extrema, el conflicto permanente, las tendencias fragmentadoras, la desconfianza, la falta de autoestima colectiva, la ingenuidad galopante, la violencia interna y sistémica de bandas organizadas, el narcotráfico, la dejadez, la mediocridad de nuestras clases dirigentes, la mentira como estrategia consolidada, la irrelevancia geopolítica, el vasallaje entusiasta de nuestras élites a poderes y marcos culturales foráneos… corroen nuestro presente y futuro. Y, sin embargo, nada de esto ocurría cuando estábamos unidos. 

Se dice «cualquier tiempo pasado fue mejor», salvo si eres hispano, donde gran parte de nuestra Historia común se convierte en una pesada sombra o una pesadilla, al auto-aplicarnos una memoria selectiva, sesgada, autodestructiva y tóxica. La historiografía occidental puede verse como una batalla psicocultural permanente para hacer de lo hispano un gran agujero negro que se trague todo lo positivo que juntos fuimos y logramos. Si Occidente proviene en su origen de la península ibérica, y más en concreto de Tartessos, hay que acallarlo; si Hispania fue la provincia más romanizada del Imperio, hay que acallarlo; si el reino visigodo fue el más potente de la Europa occidental y el que mantuvo más fielmente la herencia romana, hay que acallarlo; si la invasión árabe de Hispania tuvo una relevancia igual o mayor para Europa que la caída de Constantinopla, hay que acallarlo; si no pudo haber Sacro Imperio Romano sin Hispania, hay que acallarlo; si Hispania salva a Europa en las Navas de Tolosa y Lepanto, hay que acallarlo; si los trescientos años de la América virreinal y la Escuela de Salamanca constituyen una de las cimas más relevantes de la civilización occidental, hay que acallarlo; si el descubrimiento-conexión con América es la hazaña más prominente, hasta la fecha, de la historia de la humanidad, hay que acallarlo… 

Los Estados Unidos lograron alunizar por primera vez en un satélite natural abandonado con el Apolo XI en 1969. Es decir, fallaron diez veces y poco después desistieron de volver y crear asentamientos permanentes. Pero todo el mundo habla de ello como un gran paso para la humanidad. En 1492, la NASA estaba en Sevilla. Los hispanos, al primer intento, descubrieron nuestro planeta completo, una parte del cual estaba habitada por personas inteligentes que hasta entonces Occidente ignoraba estableciendo inmediatamente un contacto permanente y rutas seguras de navegación. Pero esta hazaña se menosprecia o se cubre bajo toneladas de críticas. 

Esos agujeros negros representan fallos sistémicos colectivos en la Historia de Occidente que, mantenidos con denodada contumacia, permean nuestras mentes para convertirnos en el patito feo del cuento geopolítico, porque hemos olvidado quiénes somos en realidad, un cisne con las alas acartonadas y agarrotadas de tanto creer que no puede volar. El relato cancelador del ser positivo hispano se ha incrustado de tal manera en nuestro inconsciente que nos impide hacer un diagnóstico certero de «todas» las causas de nuestros problemas actuales, determinando con ello que cualquier proyecto o plan de futuro, individual o colectivo, esté condenado al fracaso. 

Este es un libro inspirado y transpirado, fruto de muchas horas de trabajo y reflexión. No es una improvisación, ni copia mimética de lo ya dicho, ni un conjunto de ocurrencias. Su objetivo es eliminar la depresión colectiva y los complejos sistémicos que atribulan al mundo hispano, al menos desde hace dos siglos, porque dificultan e impiden su progreso y desarrollo. También el lector encontrará algunas sorpresas que espero que le hagan parar y reflexionar. Vivimos un mal sueño hispano del que debemos despertar, enfrentando nuestros complejos, para superar el trauma colectivo que lastra nuestro poder mental. A tal fin, debemos profundizar en el autoconocimiento del ser hispano, lo que implica cambiar nuestra mirada hacia el pasado, resignificando acontecimientos y reparando una amnesia colectiva interesada. 

Para ello, en una primera parte, explicaremos en qué consiste la hispanoterapia, analizando la influencia del relato colectivo —con el que estamos conectados o relacionados, nos guste o no— en nuestra psique, autoestima y percepción de cómo nos vemos y valoramos. Exploraremos la relación que se da entre psicología de grupos y la salud mental del individuo, entre autoestima colectiva y autoestima personal, partiendo para ello de los estudios de psicología, terapia o mentoría que existen a nivel individual. Abordaremos todo ello desde las particulares características psicoculturales que singularizan al mundo hispano frente a otros modelos culturales —hasta el punto de que quepa hablar de una psicohispanidad o psicohispanología—, con los que convive y compite día tras día, desde hace siglos. Solo afrontando esta tarea podremos mantener relaciones sanas, constructivas y productivas, con nosotros mismos y con nuestro entorno, porque como dice el refrán: dime con quién andas, y te diré quién eres. 

En la segunda parte, haremos un diagnóstico de la enfermedad psicocultural que aqueja a los hispanos, identificando los cinco síndromes que conforman la distorsión cognitiva que nos aflige. Para hacerles frente, en una tercera parte, ofrecemos cinco sesiones de historioterapia, casi gratuitas —por el precio que cuesta este libro—, que nos permitirán reprogramar nuestra mente para redescubrir y reforzar nuestra fuerza mental. Cada capítulo culmina con un ejercicio práctico «hispanoterapéutico» que, a partir del asunto tratado, pretende ayudarnos a ser más conscientes de lo que nos pasa, al tiempo que desarrollamos nuestro potencial dormido. 

En definitiva, se trata de abandonar el estado de ingenuidad o hispanobobería en el que nos movemos y existimos los hispanos para pasar a comprender cómo funciona el poder político-económico-social-cultural, tanto a nivel macro como a nivel micro, y cómo afecta a nuestra esfera psicológica personal. Si una vez dominamos el mundo, no existe razón alguna para que ahora debamos conformarnos con ser el queso fundido destinado a diluirse bajo la presión de las rebanadas angla y china. Todo ello puede resumirse, como aperitivo, en las siguientes cinco ideas fuerza:


Y todo este análisis hecho con rigor, pero sin caer en el «rigor mortis» que practican los que presumen de rigoristas, pero que en realidad solo persiguen bloquear debates incómodos que puedan poner en cuestión el relato dominante del que viven. 
Para ello le invito a acompañarme en este viaje ligero de equipaje, liberado de pre-juicios y expectativas previas que puedan dificultar que saque todo el provecho posible de la lectura. Si lo hace, incluso podría encontrar el tratamiento que lleva tiempo buscando para cambiar de paradigma cognitivo y por tanto de vida. Porque podría darse que, como dice Carlos D. Fregtman, terapeuta, en su obra Música transpersonal: «Una persona no lee lo que la otra escribe. Lee lo que le gustaría que el otro escribiese. Lee lo que quiere leer. Lee y oye lo que imagina que el otro debe escribir o pensar» (C. D. Fregtman, 1990: 297). 

Por último, como es de bien nacido ser agradecido, debo destacar que este libro no sería el mismo sin la ayuda, colaboración o sugerencias de numerosos amigos y colegas. Para evitar injustos olvidos o redactar una lista interminable, me limitaré a agradecer expresamente sus contribuciones a las personas que figuran: como autor del prólogo, Fernando Pérez del Río; de las frases de la contraportada: José María Gasalla, Enrique Alí González Ordosgoitti, Antonio Hermosa Andújar y Magdalena de Pazzis Pi Corrales; al autor de la portada, Ricardo Sánchez (Risconegro); sin olvidar a mi editor, César Cervera, que ha hecho posible que esta obra viera la luz. Por supuesto, los errores o malinterpretaciones que puedan parecer o aparecer son solo responsabilidad del autor.

 
HISPANOTERAPIA. UN TRATAMIENTO DE CHOQUE PARA VENCER NUESTROS COMPLEJOS.