EL Rincón de Yanka: septiembre 2018

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domingo, 30 de septiembre de 2018

🗽 DECLARACIÓN DE PARÍS: UNA EUROPA EN LA QUE PODAMOS CREER Y QUE SOMOS


UNA EUROPA EN LA QUE PODAMOS CREER
En mayo de 2017, un grupo de intelectuales conservadores europeos se reunió en París. El encuentro fue impulsado por una preocupación común por el estado actual de la política, la cultura, la sociedad europea y, sobre todo, por el estado de la cultura y la creación europeas. En su opinión, mediante el engaño, el autoengaño y la distorsión ideológica, Europa está disipando su gran herencia civilizatoria.
En lugar de caer en una ansiedad infructuosa o en vez de agregar otro tomo a la amplia literatura que diagnostica ya "la decadencia de Occidente", los participantes de París creyeron que era importante hacer una gran declaración, y hacerla públicamente.
El resultado fue este documento: "Una Europa en la que podemos creer". Esta Declaración de París, a la que ahora se suma "La Tribuna del País Vasco", es un llamamiento a una nueva comprensión y apreciación del verdadero genio de Europa. Es una invitación a los pueblos de Europa para recuperar activamente lo mejor de nuestra tradición, y para construir juntos un futuro pacífico, esperanzado y noble.

UNA EUROPA EN LA QUE PODAMOS CREER

Europa es nuestro hogar

1. Europa nos pertenece y nosotros pertenecemos a Europa. Estas tierras son nuestro hogar; no tenemos otro. Los motivos por los que amamos a Europa superan nuestra habilidad para explicar o justificar nuestra lealtad. Es cuestión de historias, esperanzas y amores compartidos. Es cuestión de usos y costumbres, de momentos de pathos y penas. Es cuestión de experiencias inspiradoras de reconciliación y de la promesa de un futuro compartido. Los paisajes y los acontecimientos ordinarios están cargados de un significado especial; para nosotros, no para los demás. El hogar es un lugar donde las cosas son familiares y donde somos reconocidos, por muy lejos que hayamos estado. Ésta es la Europa real, nuestra preciosa e irreemplazable civilización.

Una falsa Europa nos amenaza

2. Europa, con todas sus riquezas y grandezas, está amenazada por una falsa comprensión de sí misma. Esta falsa Europa se imagina a sí misma como la culminación de nuestra civilización, pero en realidad quiere confiscar nuestro hogar. Recurre a exageraciones y distorsiones de las auténticas virtudes de Europa al tiempo que se mantiene ciega a sus propios vicios. Aceptando con complacencia caricaturas parciales de nuestra historia, esta falsa Europa sufre la hipoteca de un insuperable prejuicio contra el pasado. Sus partidarios son huérfanos por elección y pretenden que ser huérfano, no tener hogar, es un noble logro. De este modo, la falsa Europa se felicita a sí misma como la precursora de una comunidad universal que no es ni universal ni comunidad.

La falsa Europa es utópica y tiránica

3. Los patrocinadores de la falsa Europa están fascinados por la superstición de un progreso inevitable. Están convencidos de que la Historia está de su lado y esta fe les hace arrogantes y desdeñosos, incapaces de reconocer los defectos del mundo post-nacional y post-cultural que están construyendo. Además, se muestran ignorantes de las verdaderas fuentes de la decencia humana que ellos mismos valoran, al igual que nosotros. Ignoran e incluso repudian las raíces cristianas de Europa. Al mismo tiempo tienen un enorme cuidado de no ofender a los musulmanes, quienes imaginan que adoptarán alegremente su visión secular y multicultural. Inmersos en el prejuicio, la superstición y la ignorancia, y cegados por vanas y orgullosas visiones de un futuro utópico, la falsa Europa reprime conscientemente el disenso. Y todo esto lo hace, por supuesto, en nombre de la libertad y la tolerancia.

Debemos defender la Europa real

4. Estamos llegando a un callejón sin salida. La mayor amenaza para el futuro de Europa no es ni el aventurismo ruso ni la inmigración musulmana. La verdadera Europa está en riesgo por la asfixiante presión que la falsa Europa ejerce sobre nuestras imaginaciones. Nuestras naciones y cultura compartida están siendo vaciadas por ilusiones y autoengaños acerca de lo que Europa es y lo que debería ser. Nosotros prometemos resistir a esta amenaza a nuestro futuro. Defenderemos, sostendremos y lucharemos por la Europa real, la Europa a la que verdaderamente todos pertenecemos.

La solidaridad y la lealtad cívica animan a la participación activa

5. La verdadera Europa espera y anima la participación activa en el proyecto común de la vida política y cultural. El ideal europeo es de solidaridad basada en el asentimiento a un cuerpo de leyes que se aplica a todos pero es limitado en sus demandas. Este asentimiento no siempre ha tomado la forma de la democracia representativa. Pero nuestras tradiciones de lealtad cívica reflejan un asentimiento fundamental a nuestras tradiciones políticas y culturales, cualesquiera que sean sus formas. En el pasado, los europeos lucharon para hacer nuestros sistemas políticos más abiertos a la participación popular y estamos justamente orgullosos de esta historia. Pero incluso cuando realizaban esta tarea, a veces en abierta rebelión, afirmaban con fuerza que, a pesar de sus injusticias y fallos, las tradiciones de los pueblos de este continente son las nuestras. Esta dedicación a la reforma hace de Europa un lugar que busca siempre una mayor justicia. Este espíritu de progreso nace de nuestro amor y lealtad hacia nuestras tierras patrias.

No somos sujetos pasivos

6. El espíritu europeo de unidad nos permite confiar en los otros en la vida pública, incluso cuando nos resultan extraños. Los parques públicos, plazas centrales y amplios bulevares de las ciudades europeas expresan el espíritu político europeo: compartimos nuestra vida común y la res publica.Asumimos que es nuestro deber responsabilizarnos del futuro de nuestras sociedades. No somos sujetos pasivos sometidos a poderes despóticos, ni sagrados ni seculares. Y tampoco estamos prostrados ante fuerzas históricas implacables. Ser europeo es poseer una voluntad política e histórica. Somos los autores de nuestro destino compartido.

El estado-nación es una marca distintiva de Europa

7. La verdadera Europa es una comunidad de naciones. Tenemos nuestras lenguas, tradiciones y fronteras. Sin embargo siempre hemos reconocido un parentesco común, incluso cuando hemos estado en desacuerdo o nos hemos enfrentado en guerras. Esta unidad en la diversidad nos parece natural. Y sin embargo es excepcional y preciosa, precisamente porque no es ni natural ni inevitable. La forma política más común de unidad en la diversidad es el imperio, que los reyes guerreros europeos intentaron recrear durante los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano. La fascinación de la forma imperial perduró, pero el estado-nación prevaleció como la forma política que une personalidad con soberanía. De este modo el estado-nación se convirtió en el distintivo de la civilización europea.

No apoyamos una unidad impuesta y forzada

8. Una comunidad nacional se enorgullece de gobernarse a sí misma a su modo, a menudo presume de sus grandes logros nacionales en las artes y las ciencias, y compite con otras naciones, a veces en el campo de batalla. Esto ha dañado a Europa, a veces gravemente, pero nunca ha amenazado nuestra unidad cultural. De hecho, ha sucedido justo lo contrario. A medida que los estados-nación de Europa se hacían más sólidos y distintos, una identidad europea compartida se hacía más fuerte. Como consecuencia de la terrible carnicería de las guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX, emergimos incluso con una mayor resolución de honrar nuestra herencia compartida. Esto da testimonio de la profundidad y el poder de Europa como una civilización que es cosmopolita de un modo justo. No buscamos la unidad forzada e impuesta del imperio. Por el contrario, el cosmopolitismo europeo reconoce que el amor patriótico y la lealtad cívica se abren a un mundo mayor.

El cristianismo alienta la unidad cultural

9. La verdadera Europa ha sido marcada por el cristianismo. El imperio espiritual universal de la Iglesia trajo la unidad cultural a Europa, pero lo hizo sin un imperio político. Esto ha permitido que florezcan lealtades cívicas dentro de una cultura europea compartida. La autonomía de lo que llamamos sociedad civil se convirtió en un rasgo característico de la vida europea. Además, el Evangelio cristiano no nos ofrece una ley divina omnicomprensiva, y de este modo la diversidad de las leyes seculares de las naciones puede ser afirmada y defendida sin riesgo para nuestra unidad europea. No es ningún accidente que el declinar de la fe cristiana en Europa haya estado acompañado por renovados esfuerzos para establecer una unidad política, un imperio de dinero y regulaciones, recubierto con sentimientos de universalismo pseudo-religioso, que está siendo construido por la Unión Europea.

Las raíces cristianas alimentan a Europa

10. La verdadera Europa afirma la igual dignidad de cada individuo, con independencia de su sexo, clase o raza. Esto también se deriva de nuestras raíces cristianas. Nuestras suaves virtudes proceden de una inconfundible herencia cristiana: justicia, compasión, misericordia, perdón, pacificación, caridad. El cristianismo revolucionó las relaciones entre hombres y mujeres, dando valor al amor y a la fidelidad mutua de un modo sin precedentes. El lazo del matrimonio permite tanto a los hombres como a las mujeres crecer en comunión. La mayoría de los sacrificios que hacemos los realizamos los esposos por el bien del otro cónyuge y el de nuestros hijos. Este espíritu de autodonación es también otra contribución cristiana a la Europa que amamos.

Las raíces clásicas fomentan la excelencia

11. La verdadera Europa también saca su inspiración de la tradición clásica. Nos reconocemos en la literatura de las antiguas Grecia y Roma. Como europeos, luchamos por la excelencia, el culmen de las virtudes clásicas. En ocasiones, esto nos ha llevado a una violenta competición por la supremacía. Pero en su mejor versión, una aspiración hacia la excelencia, inspira a hombres y mujeres de Europa a crear obras artísticas y musicales de belleza insuperable y a realizar extraordinarios avances en ciencia y tecnología. Las serenas virtudes de los romanos y el orgullo de la participación cívica y el espíritu de indagación filosófica de los griegos nunca han sido olvidados en la Europa real. Este legado es también el nuestro.

Europa es un proyecto compartido

12. La verdadera Europa nunca ha sido perfecta. Los partidarios de la falsa Europa no se equivocan cuando abogan por el desarrollo y la reforma, y hay mucho de lo que se ha conseguido desde 1945 y 1989 que debemos estimar y defender. Nuestra vida en común es un proyecto en marcha, no una herencia fosilizada. Pero el futuro de Europa descansa en una renovada lealtad a nuestras mejores tradiciones, no en un espurio universalismo que exige olvido y auto repudio. Europa no empezó con la Ilustración. Nuestro amado hogar no será llevado a su consumación con la Unión Europea. La Europa real es, y siempre será, una comunidad de naciones inicialmente aisladas, a veces fieramente, y sin embargo unidas por un legado espiritual que, unidos, debatimos, desarrollamos, compartimos y amamos.

Estamos perdiendo nuestro hogar

13. La verdadera Europa está en peligro. Los logros de la soberanía popular, la resistencia al imperio, el cosmopolitismo capaz de amor cívico, el legado cristiano de una vida humana y digna, un compromiso vivo con nuestra herencia clásica… todo esto está desvaneciéndose. A medida que los promotores de la falsa Europa construyen su falsa “cristiandad” de derechos humanos universales, estamos perdiendo nuestro hogar.

Prevalece una falsa libertad

14. La falsa Europa se jacta de un compromiso sin precedentes con la libertad humana. Esta libertad, no obstante, es muy parcial. Se presenta como liberación de todas las restricciones: libertad sexual, libertad de expresión, libertad de “ser uno mismo”. La generación del 68 contempla estas libertades como preciosas victorias sobre un otrora todopoderoso y opresivo régimen cultural. Se ven a sí mismos como los grandes libertadores, y sus trasgresiones son aclamadas como nobles y morales hazañas por las que el mundo entero debería estar agradecido.

El individualismo, el aislamiento y la falta de sentido se generalizan

15. Para las generaciones más jóvenes de Europa, sin embargo, la realidad es mucho menos dorada. El hedonismo libertino lleva a menudo al hastío y a una profunda sensación de sinsentido. El vínculo del matrimonio se ha debilitado. En el turbulento mar de la libertad sexual, los deseos profundos de nuestros jóvenes de casarse y formar familias son frecuentemente frustrados. Una libertad que frustra los anhelos más profundos de nuestro corazón se convierte en una maldición. Nuestras sociedades parecen estar cayendo en el individualismo, el aislamiento y la falta de sentido. En vez de libertad, somos condenados a la vacía conformidad de una cultura guiada por el consumo y los medios de comunicación. Es nuestro deber proclamar la verdad: la generación del 68 destruyó pero no construyó. Crearon un vacío que ahora se llena con redes sociales, turismo barato y pornografía.

Somos regulados y manejados

16. Al mismo tiempo que escuchamos alardes de una libertad sin precedentes, la vida europea está más y más regulada hasta el último detalle. Las normas, a menudo confeccionadas por tecnócratas sin rostro coordinados con poderosos intereses, gobiernan nuestras relaciones laborales, nuestras decisiones empresariales, nuestras calificaciones educativas, nuestros medios de comunicación y entretenimiento. Y ahora Europa busca intensificar las regulaciones existentes sobre la libertad de expresión, una libertad originaria europea, la manifestación de la libertad de conciencia. Los objetivos de estas restricciones no son la obscenidad u otros ataques a la decencia en la vida pública. Por el contrario, las clases gobernantes europeas desean restringir manifiestamente el discurso político. Los líderes políticos que dan voz a las verdades inconvenientes sobre el Islam y la inmigración son arrastrados ante los tribunales. La corrección política impone fuertes tabúes que consideran desafíos al status quo más allá de lo aceptable. La falsa Europa no promueve realmente una cultura de la libertad. Promueve una cultura de homogeneidad de mercado y conformidad políticamente impuesta.

El multiculturalismo es inviable

17. La falsa Europa también se jacta de un compromiso con la igualdad sin precedentes. Afirma promover la no discriminación y la inclusión de todas las razas, religiones e identidades. En estos campos se ha hecho un genuino progreso, pero ha arraigado una utópica indiferencia ante la realidad. Durante la pasada generación Europa ha perseguido un gran proyecto de multiculturalismo. Pedir o promover la asimilación de los recién llegados musulmanes a nuestros usos y costumbres, y mucho menos a nuestra religión, ha sido considerado una enorme injusticia. Nuestro compromiso con la igualdad, se nos dice, nos exige que abjuremos de cualquier pretensión de que nuestra cultura sea superior. Paradójicamente, la empresa multicultural europea, que niega las raíces cristianas de Europa, abusa del ideal cristiano de caridad universal de forma exagerada e insostenible. Requiere de los pueblos europeos un grado de abnegación impropio de la naturaleza humana. Requiere que afirmamos que la colonización real de nuestras patrias y la desaparición de nuestra cultura es el rasgo definitorio de la Europa del siglo XXI, un acto colectivo de auto sacrificio en nombre de una supuesta nueva comunidad global de paz y prosperidad que estaría naciendo.

Aumenta la mala fe

18. Hay una gran parte de mala fe en este modo de pensar. La mayoría de nuestra clase dirigente asume la superioridad de la cultura europea, que no debe de ser afirmada en público de modo que pueda ofender a los emigrantes. Dada esa superioridad, piensan que la asimilación ocurrirá de modo natural y de forma rápida. En un eco irónico del pensamiento imperialista de la vieja clase dirigente europea, asumen que, de alguna manera, por las leyes de la naturaleza de la historia, “ellos” se convertirán necesariamente en “nosotros”, y no conciben que lo contrario pueda ser verdad. Mientras tanto, el multiculturalismo oficial ha sido desplegado como una herramienta terapéutica para gestionar las desafortunadas pero “temporales” tensiones existentes.

La tiranía tecnocrática aumenta

19. Hay aún más mala fe y de un tipo más siniestro. Durante la pasada generación, un segmento cada vez mayor de nuestra clase gobernante decidió que sus propios intereses se basan en una globalización acelerada. Quieren levantar instituciones supranacionales que puedan controlar sin los inconvenientes de la soberanía popular. Está cada vez más claro que el “déficit democrático” en la Unión Europea no es meramente un problema técnico que pueda ser remediado mediante ajustes técnicos. Más bien parece que este déficit es un principio fundamental y es defendido con celo. Tanto si busca su legitimación en unas supuestas necesidades económicas como si lo hace en el desarrollo autónomo de los derechos humanos internacionales, los mandarines supranacionales de las instituciones de la UE confiscan la vida política de Europa, respondiendo a todos sus retos con una respuesta tecnocrática: no hay otra alternativa. Ésta es la suave pero crecientemente real tiranía a la que nos enfrentamos.

La falsa Europa es frágil e impotente

20. La hubris de la falsa Europa se hace ahora evidente, a pesar de los grandes esfuerzos de sus partidarios por apuntalar sus cómodas ilusiones. Por encima de todo, la falsa Europa se revela más débil de lo que nadie hubiera imaginado. Los entretenimientos populares y el consumo material no alimentan la vida cívica. Privadas de altos ideales y desalentada toda expresión de orgullo patriótico por la ideología multiculturalista, nuestras sociedades tienen ahora dificultades para aglutinar una voluntad de autodefensa. Además, ni una retórica inclusiva ni un sistema económico despersonalizado y dominado por gigantescas corporaciones internacionales conseguirán renovar la confianza cívica y la cohesión social. Tenemos que ser, una vez más, francos: las sociedades europeas se están descomponiendo. Si abrimos los ojos, vemos un uso cada vez mayor del poder del gobierno, la ingeniería social y el adoctrinamiento educativo. No es sólo el terrorismo islámico el que provoca la presencia de soldados armados hasta los dientes en nuestras ciudades. La policía antidisturbios es ahora necesaria para reprimir violentas protestas antisistema e incluso para manejar a multitudes ebrias de aficionados al fútbol. El fanatismo de nuestras lealtades futbolísticas es un signo desesperado de la profunda necesidad humana de solidaridad, una necesidad que de otra manera queda insatisfecha en la falsa Europa.

Ha arraigado una cultura del repudio

21. Las clases intelectuales europeas están, lamentablemente, entre los principales partidarios ideológicos de las ideas de la falsa Europa. Sin duda, nuestras universidades son una de las glorias de la civilización europea. Pero donde en el pasado se intentaba transmitir a cada nueva generación la sabiduría de las épocas pasadas, hoy la mayoría en las universidades consideran que un pensamiento crítico es irreconciliable con el pasado. Un faro del espíritu europeo había sido la rigurosa disciplina de honestidad intelectual y objetividad. Pero durante las dos pasadas generaciones, este noble ideal ha cambiado. El ascetismo que una vez buscaba liberar la mente de la tiranía de la opinión dominante se ha convertido en una a menudo complaciente e irreflexiva animosidad contra todo lo que es nuestro. Esta actitud de repudio cultural funciona como una forma barata y fácil de ser “crítico”. Durante la última generación ha sido practicada en las aulas y salas de conferencias, convirtiéndose en una doctrina, en un dogma. Y unirse a quienes profesan este credo se considera signo de “ilustración” y de elección espiritual. Como consecuencia, nuestras universidades son ahora activos agentes de la destrucción cultural en curso.

Las élites exhiben arrogantemente sus virtudes

22. Nuestras clases gobernantes están promoviendo los derechos humanos. Trabajan para combatir el cambio climático. Están construyendo una economía de mercado más integrada globalmente y armonizando las políticas fiscales. Están supervisando los movimientos hacia la igualdad de género. ¡Están haciendo tanto por nosotros! ¿Qué importa cuáles sean los mecanismos por los que han ocupado sus puestos? ¿Qué importa si los pueblos europeos son cada vez más escépticos acerca de su generosa ayuda?

Existe una alternativa

23. Ese creciente escepticismo está completamente justificado. Hoy, Europa está dominada por un materialismo vacío que parece incapaz de motivar a los hombres y mujeres a tener hijos y formar familias. Una cultura del rechazo priva a la próxima generación de sentido de identidad. Algunos de nuestros países tienen regiones en las que los musulmanes viven con una autonomía informal de las leyes locales, como si fueran más bien colonizadores que miembros de nuestras naciones. El individualismo nos aísla a los unos de los otros. La globalización transforma las expectativas de vida de millones de personas. Cuando son criticadas, nuestras clases gobernantes dicen que únicamente están trabajando para adaptarse a lo inevitable. No es posible ningún otro rumbo y es irracional resistirse. Las cosas no pueden ser de otro modo. Los que se oponen son acusados de nostalgia, por lo que se hacen merecedores de condena moral como racistas o fascistas. A medida que las divisiones sociales y la desconfianza civil se hacen más evidentes, la vida pública europea se hace más desagradable, más resentida, y nadie sabe dónde acabará este proceso. No debemos continuar por este camino. Necesitamos librarnos de la tiranía de la falsa Europa. Existe una alternativa.

Debemos dar la espalda a un sucedáneo de religión

24. La tarea de renovación empieza con la reflexión teológica. Las pretensiones universalistas y universalizadoras de la falsa Europa revelan que estamos ante una empresa que es un sucedáneo religioso, con sus inflexibles credos y anatemas. Éste es el potente opiáceo que paraliza el cuerpo político europeo. Debemos insistir en que las aspiraciones religiosas tienen su lugar correcto en la esfera de la religión, no en el de la política, y mucho menos en el de la administración burocrática. Para recuperar nuestra voluntad política e histórica es imperativo que re-secularicemos la vida pública europea.

Debemos restaurar un verdadero liberalismo

25. Esto requerirá que renunciemos al mendaz lenguaje que escapa de la responsabilidad y alimenta la manipulación ideológica. El discurso de la diversidad, la inclusión y el multiculturalismo está vacío. A menudo, ese lenguaje es empleado como una forma de caracterizar nuestros fracasos como si fueran éxitos: la disolución de la solidaridad social es “en realidad” un signo de acogida, tolerancia e inclusión. Esto es un lenguaje de marketing, un lenguaje destinado a oscurecer la realidad más que a iluminarla. Debemos recuperar un permanente respeto por la realidad. El lenguaje es un instrumento delicado y se corrompe cuando es usado como un arma. Deberíamos ser promotores de la decencia lingüística. El recurso a la denuncia es un signo de la decadencia de nuestro momento presente. No debemos tolerar la intimidación verbal, y mucho menos las amenazas de muerte. Necesitamos proteger a aquellos que hablan razonablemente, incluso si pensamos que sus opiniones son erradas. El futuro de Europa debe ser liberal en su mejor sentido, lo que significa el compromiso con un intenso debate público libre de toda amenaza de violencia y coerción.

Necesitamos hombres de Estado responsables

26. Romper el hechizo de la falsa Europa y su cruzada utópica y pseudo-religiosa en favor de un mundo sin fronteras significa fomentar un nuevo tipo de política y un nuevo tipo de político. Un buen líder político cuida del bien común de un pueblo particular. Un buen estadista considera nuestra herencia europea común y nuestras tradiciones nacionales particulares como admirables e inspiradoras, pero también como dones frágiles. No rechaza esa herencia ni se arriesga a perderla por ningún sueño utópico. Estos líderes desean los honores otorgados a ellos por su pueblo y no codician la aprobación de la “comunidad internacional”, que es de hecho el aparato de relaciones públicas de una oligarquía.

Deberíamos renovar la unidad nacional y la solidaridad

27. Reconociendo el carácter particular de las naciones europeas y su identidad cristiana, no tenemos que mostrar perplejidad ante las falsas pretensiones de los multiculturalistas. La inmigración sin asimilación es colonización y debe ser rechazada. Esperamos legítimamente que aquellos que emigran a nuestras tierras se incorporen a nuestras naciones y adopten nuestra forma de vida. Esta expectativa tiene que ser promovida mediante políticas sensatas. El lenguaje del multiculturalismo ha sido importado desde Estados Unidos. Pero la época de mayor inmigración a América fue a los inicios del siglo XX, un periodo de un notable y rápido crecimiento económico, en un país sin virtualmente estado del bienestar y con un sentido muy intenso de identidad nacional a la que los inmigrantes se esperaba que se asimilasen. Después de admitir a un gran número de inmigrantes, Estados Unidos cerró sus puertas durante casi dos generaciones. Europa necesita aprender de esta experiencia norteamericana más que adoptar las ideologías contemporáneas norteamericanas. Esa experiencia nos dice que el lugar de trabajo es una poderosa maquinaria de asimilación, que un generoso estado del bienestar puede impedir la asimilación y que un liderazgo político prudente exige a veces reducciones en la inmigración, incluso drásticas restricciones. No debemos permitir que una ideología multicultural deforme nuestros juicios políticos sobre cómo servir mejor al bien común, lo que requiere comunidades nacionales con la suficiente unidad y solidaridad para considerar su bien como común.

Sólo los imperios son multiculturales

28. Después de la Segunda Guerra Mundial, en la Europa Occidental surgieron vigorosas democracias. Después del colapso del Imperio Soviético, las naciones centroeuropeas restauraron su vitalidad civil. Estos son algunos de los logros más valiosos de Europa. Pero se perderán si no abordamos la inmigración y el cambio demográfico en nuestras naciones. Sólo los imperios pueden ser multiculturales; la Unión Europea lo será si no logramos consagrar una solidaridad renovada y unidad cívica como criterios para encauzar las políticas de inmigración y las estrategias para su asimilación.

Una adecuada jerarquía alimenta el bienestar social

29. Muchos creen erróneamente que Europa está convulsionada sólo por las controversias en torno a la inmigración. En realidad ésta no es más que una dimensión de una mayor confusión social general que debe ser corregida. Tenemos que recuperar la dignidad de las funciones y los papeles dentro de la sociedad. Los padres, los profesores y los catedráticos tienen el deber de formar a aquellos que están bajo su cuidado. Debemos resistir el culto y el dictamen de los expertos en la materia que se impone a costa de la sabiduría, el tacto y la búsqueda de una vida cultivada. No puede haber renovación de Europa sin un decidido rechazo de un igualitarismo exagerado y de la reducción de la sabiduría a conocimiento técnico. Apoyamos los logros políticos de la era moderna. Todo hombre y mujer deben tener igual voto. Los derechos básicos deben de ser protegidos. Pero una sana democracia requiere jerarquías sociales y culturales que animen la búsqueda de la excelencia y honren a aquellos que sirven al bien común. Necesitamos restaurar y honrar adecuadamente un sentido de grandeza spiritual, para que nuestra civilización pueda contrarrestar el creciente poder tanto de la mera riqueza como del vulgar entretenimiento.

Debemos restaurar la cultura moral

30. La dignidad humana es más que el derecho a que nos dejen en paz y las doctrinas de los derechos humanos internacionales no agotan las demandas de justicia, y mucho menos las de bien. Europa necesita renovar un consenso sobre la cultura moral de modo que el pueblo pueda ser guiado hacia una vida virtuosa. No debemos permitir que una falsa visión de la libertad impida el uso prudente de la ley para disuadir el vicio. Tenemos que perdonar las debilidades humanas, pero Europa no puede florecer sin la restauración de una aspiración común hacia una conducta recta y hacia la excelencia humana. Una cultura de la dignidad fluye de la decencia y la asunción de los deberes de cada etapa de la vida. Necesitamos renovar el intercambio de respeto entre las clases sociales que caracterizan a una sociedad que valora las contribuciones de todos.

Los mercados han de ser ordenados hacia fines sociales

31. Al tiempo que reconocemos los aspectos positivos de la economía de libre mercado, debemos resistir las ideologías que tratan de someterlo todo a la lógica del mercado. No podemos permitir que todo esté en venta. El buen funcionamiento de los mercados requiere el imperio de la ley y nuestras leyes no deberían limitarse a vigilar la mera eficiencia económica. Los mercados también funcionan mejor cuando actúan dentro de instituciones sociales fuertes organizadas desde su propia lógica, por principios que no son de mercado. El crecimiento económico, que es beneficioso, no es el bien más alto. Los mercados necesitan ser orientados hacia fines sociales. Hoy, el gigantismo de las corporaciones amenaza incluso a la soberanía política. Las naciones necesitan cooperar para dominar la arrogancia y la falta de mesura de las fuerzas económicas globales. Apoyamos el uso prudente del poder del gobierno para preservar los bienes sociales no económicos.

La educación debe ser reformada

32. Creemos que Europa tiene una historia y una cultura que vale la pena mantener. Nuestras universidades, no obstante, traicionan con demasiada frecuencia nuestra herencia cultural. Necesitamos reformar los planes educativos para fomentar la transmisión de nuestra cultura común y evitar el adoctrinamiento de nuestros jóvenes en una cultura del rechazo. Los maestros y preceptores en cada nivel tienen un deber con respecto a la memoria del pasado. Deberían enorgullecerse de su papel como puente entre las generaciones del pasado y las generaciones que vendrán. Debemos también renovar la alta cultura de Europa haciendo que lo sublime y lo bello sea nuestro patrón común y rechazando la degradación de las artes en un tipo de propaganda política. Esto requerirá el cultivo de una nueva generación de mecenas. Las corporaciones y las burocracias han demostrado ser pobres patronos de las artes.

El matrimonio y la familia son esenciales

33. El matrimonio es el fundamento de la sociedad civil y la base para la armonía entre hombres y mujeres. Es el vínculo íntimo organizado para sustentar un hogar y criar a los hijos. Afirmamos que nuestros roles más importantes en la sociedad y como seres humanos son los de padres y madres. El matrimonio y los hijos son integrales a cualquier visión del progreso humano. Los hijos requieren sacrificios de aquellos que los traen al mundo. Este sacrificio es noble y debe de ser reconocido. Apoyamos políticas sociales prudentes encaminadas a fomentar y fortalecer el matrimonio, la maternidad y la educación de los hijos. Una sociedad que falla al dar la bienvenida a los niños no tiene futuro.

El populismo debe de ser abordado

34. El auge de lo que se ha dado en llamar “populismo” produce hoy día una gran ansiedad en Europa, a pesar de que este término parece no haber sido nunca definido y es usado casi siempre como una invectiva. Tenemos nuestras reservas hacia este fenómeno. Europa necesita recurrir a la profunda sabiduría de sus tradiciones antes que confiar en lemas simplistas y apelaciones emotivas que dividen. Aún así, reconocemos que mucho de lo que hay en este fenómeno político puede representar una sana rebelión contra la tiranía de la falsa Europa, que etiqueta como “antidemocrático” cualquier amenaza a su monopolio sobre la legitimidad moral. El llamado “populismo” desafía la dictadura del status quo, el “fanatismo del centro”, y lo hace con razón. Es un signo de que incluso en medio de nuestra degradada y empobrecida cultura política, la voluntad histórica de los pueblos europeos puede renacer.

Nuestro futuro es la verdadera Europa

35. Rechazamos la falsa pretensión de que no hay alternativa responsable a la solidaridad artificial e impersonal de un mercado unificado, una burocracia transnacional y un entretenimiento superficial. El pan y el circo no son suficientes. La alternativa responsable es la verdadera Europa.

Debemos asumir nuestras responsabilidades

36. En este momento, pedimos a todos los europeos que se unan a nosotros en el rechazo de la fantasía utópica de un mundo multicultural sin fronteras. Amamos, y es justo que así sea, nuestras patrias y buscamos entregar a nuestros hijos todo lo noble que hemos recibido como patrimonio nuestro. Como europeos también compartimos una herencia común y esta herencia nos exige vivir juntos en paz como una Europa de las naciones. Renovemos la soberanía nacional y recuperemos la dignidad de una responsabilidad política compartida para el futuro de Europa.

Debemos asumir nuestras responsabilidades

Philippe Bénéton (France)
Rémi Brague (France)
Chantal Delsol (France)
Roman Joch (Česko)
Lánczi András (Magyarország)
Ryszard Legutko (Polska)
Roger Scruton (United Kingdom)
Robert Spaemann (Deutschland)
Bart Jan Spruyt (Nederland)
Matthias Storme (België)

FIRMANTES ESPAÑOLES

Dalmacio Negro Pavón
Francisco J. Contreras Peláez
Rafael Sánchez Saus
Juan Bautista Fuentes
Elio A. Gallego García
Jerónimo Molina
Serafín Fanjul
Francisco Javier García Alonso
Macario Valpuesta Bermúdez
Emili Boronat
Ignacio Ibáñez Ferrándiz
Pedro Fernández Barbadillo
Javier R. Portella
Arnaud Imatz
Álex Rosal
Ángel David Martín Rubio
Enrique García Máiquez
Jorge Soley Climent
Jorge Sánchez de Castro
Carlos Ruiz Miguel


sábado, 29 de septiembre de 2018

📒📘📕 LIBRO "¿DÓNDE ESTÁ VENEZUELA?" 💔


¿DÓNDE ESTÁ VENEZUELA?
💛💙💔
En la casa de "Papapa" 
en una tradición familiar 
que siempre los domingos, 
todos vengan a almorzar.

Después de la parrilla, 
Alesia usaba la tableta 
cuando entró una llamada 
del otro lado del planeta.

Era su primo José 
que le quería mostrar 
como fuera de su casa 
había empezado a nevar. 

Pero él con mucho frío 
los vio a todos en franela 
y preguntó confundido:
- "¿Dónde está Venezuela?"

Papapa emocionado 
respondió con un grito, 
- "¡Vayamos juntos a viajar
por un país bendito!".

"Estamos en el medio 
del continente americano
y por estar en el Caribe
hay un eterno verano".

"Tenemos muchas playas, 
demasiado divina, 
famosas en el mucho
por sus aguas cristalinas". 

"Tenemos unos médanos
con arena por montón,
y tirarse por sus dunas 
¡es la mejor diversión!"

"Tenemos un lugar
conocido como el llano
por su inmensa sabana
y su horizonte plano".

"Tenemos una gran selva
con ríos muy profundos,
tepuyes y el salto de agua
¡más alto del mundo!"

"Tenemos unas montañas
con picos asombrosos
y entre sus frailejones
se hacen paseos sabrosos".

"Tenemos un súper lago
tan grande y tan bello
que Dios cada rato
le lanza un destello".

"Tenemos un valle mágico 
que rodea una ciudad
donde destaca un cerro
que es un lujo de verdad".

"Pero más que un país
de paisajes imponentes,
VENEZUELA es única
¡por lo especial de su gente!"

"GENTE que siente orgullo
por su tierra y su bandera, 
y el país viven en nosotros
estemos adentro o afuera". 

"La respuesta a la duda
ya estaba a la mano:
VENEZUELA estará siempre
¡donde esté un VENEZOLANO!"

"Muy felices en FAMILIA
se pusieron a SOÑAR
con un futuro juntos
que será espectacular".

"Y mientras llega ese día
recordarán con emoción:
¿DÓNDE ESTÁ VENEZUELA?
¡ESTÁ EN NUESTRO CORAZÓN!"

DEDICADO A LOS QUE LLEVAN 
A VENEZUELA EN EL CORAZÓN 💖



¿Dónde está Venezuela?”, 
escrito por Nacho Palacios 
e ilustrado por Leo Nieves


👉 CREA NUEVOS HÁBITOS Y TEN UNA BUENA ACTITUD



SIEMBRA UN PENSAMIENTO Y COSECHARÁS UNA ACCIÓN.
SIEMBRA UNA ACCIÓN Y COSECHARÁS UN HÁBITO.
SIEMBRA UN HÁBITO Y COSECHARÁS UN CARÁCTER.
SIEMBRA UN CARÁCTER Y COSECHARÁS TU DESTINO.




CREA NUEVOS HÁBITOS 
Y TEN UNA BUENA ACTITUD
Miguel Angel Cornejo



viernes, 28 de septiembre de 2018

👅👄 ENLABIOS: ¿LAS PALABRAS SON SÓLO PALABRAS?

“La Tierra (La Nación) no pertenece a nadie, 
salvo al viento”.
"La Nación (España) es un concepto 
discutido y discutible".

José luis Rodríguez Zapatero (Zapatético), el hijo del pedo

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¿Las palabras son sólo palabras?, 
Las palabras no son inocuas y el gobierno lo sabe por ello procura su desvalorización a fin de eludir los ataques y amenazas frontales que está sufriendo España. Las amenazas al estado español constituyen una verdadera amenaza que no queda subsanada por el hecho de haberse formulado verbalmente.
En los últimos tiempos venimos escuchando con reiteración que las palabras son sólo eso, palabras. Así cuando desde el independentismo catalán se dice que “hay que atacar a España” se relativiza la afirmación y se asegura, por miembros de este gobierno, que realmente no constituyen un ataque, no son una amenaza, simplemente son palabras que no tienen más importancia y valor.
No sorprende, por tanto, que un país con tan peculiar sistema de ‘justicia’ como es Bélgica no acepte la euroorden tramitada por España -tras confirmar el Tribunal Supremo la sentencia condenatoria del conocido rapero mallorquin, quien expresó en sus canciones amenazas de muerte- al considerar tales manifestaciones dentro del ámbito del derecho de libertad de expresión belga y, además, no haberse publicado por escrito: sólo palabras.

Obviamente, parece imposible avanzar en la Unión Europea cuando existe tanta desunión en los ordenamientos jurídicos y cuando, al menos desde Bélgica, demuestran cada día una evidente falta de respeto al estado de derecho español, incluida la acción de nuestra más alta magistratura: difícil Unión donde no se comparten valores ni principios, infracciones ni delitos, tampoco el respeto a los procedimientos judiciales establecidos; es decir, no se comparte lo que es el Derecho.
Pero no quiero detenerme más en tan lamentable cuestión. Lo que subyace cuando se dice que las palabras tan sólo son eso y nada más es la falta a la verdad. Si las palabras no tuvieran importancia probablemente no se dirían; sin embargo, a algunos nos enseñaron su valor: en el País Vasco la palabra dada tenía la fuerza de un contrato, su incumplimiento era impensable, tenía máximo valor y comprometía el honor. Ahora algunos pretenden que valga menos que una moneda de vellón.

De hecho, en los actos más importantes de la vida humana la palabra es esencial no sólo para comunicarnos sino, también, para obligarnos. ¿Acaso en uno de los actos más trascendentes de nuestra vida, el contraer matrimonio (con los derechos y obligaciones que se generan), no lo solventamos con la simple expresión “sí, quiero”?
“Negar el valor de lo que se dice se convierte en una nueva forma de corrupción, cuyo trasfondo político es el intento utópico e inviable de transformar la realidad sin tener que enfrentarme a ella”
De la misma forma, en sentido negativo, el hablar despectiva o falsamente de una persona, o el imputarle la comisión de un delito, tiene efectos concretos: constituyen injurias y calumnias. Y tanto las injurias como las calumnias están tipificadas como delito en nuestro Código Penal, artículos 205 y 208: ¿Son sólo palabras? Si las palabras proferidas son constitutivas de amenazas, el Código Penal las tipifica como delito, cuya pena resulta agravada si lo fueran por escrito, en el artículo 169: verdad, sólo palabras.
Las palabras son elemento de la expresión humana en relación a los demás plantean promesas, emociones, querencias, formulan declaraciones de amor, educan, comprometen al cumplimiento de múltiples cosas, sirven para testificar, también para afear conductas, coartar, injuriar, calumniar e, incluso, amenazar. Todo menos ser consideradas intrascendentes, irrelevantes o sin valor.
En el contexto en que vivimos supone un esfuerzo torticero de quien pretende el engaño, desconfigurar la realidad, quitar valor a lo que lo tiene. Las palabras no son inocuas y el gobierno lo sabe. Por ello procura su desvalorización a fin de eludir los ataques y amenazas frontales que está sufriendo España por parte de los gobernantes de una parte de nuestro territorio, que les han apoyado a llegar a la Moncloa.
Resulta más cómodo sobre todo cuando se pretende fiar todo a un dialogo imposible, a palabras engañosas, ingenuas o bienintencionadas en el mejor de los casos, a desconocer la realidad de las cosas, a negar la fuerza de las palabras y el valor de las amenazas. Con esta posición virtual no se puede afrontar ni combatir lo que se dice y, mucho menos, los efectos negativos que se pueden producir. Si trasladamos esta posición devaluadora del lenguaje cabe preguntarnos, mirando ahora allende nuestras fronteras, si el juez belga hubiera sido sujeto directo de las amenazas en las canciones, objeto de condena en nuestro país, se hubiera reafirmado en ser una manifestación del derecho de expresión o, aun no estando escritas, le hubiera dado su auténtico valor y tales palabras las hubiera considerado delictivas.

Las amenazas al estado español no es que sean frases inaceptables, sin más, constituyen un auténtico ataque, una verdadera amenaza al mismo, que no queda subsanada por el hecho de haberse formulado verbalmente. Al fin, negar el valor de lo que se dice se convierte en una nueva forma de corrupción, cuyo trasfondo político es el intento utópico e inviable de transformar la realidad -por lo que deseo y a mi me conviene- sin tener que enfrentarme a ella ni a sus consecuencias; es decir, desgobierno y vano intento de engañar a la sociedad. Palabras, ¿son sólo palabras?

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La palabra "estado" hace referencia a la organización (como conjunto) que controla o regula cómo se organiza una población humana, típicamente a través de tres vías: ejecutivo, legislativo y judicial (de acuerdo al enfoque clásico de Charles-Louis de Secondat, conocido como Montesquieu). O dicho de forma más sintética, el conjunto de los órganos de gobierno de un país. Así, hablamos de estado de Derecho, estado represivo, estado democrático, estado policial,... Adicionalmente, la palabra "estado" tiene otra acepción: las unidades, que gozan de una relativa autonomía de gobierno (generalmente legislativo y ejecutivo), en las que se subdivide un país federal.

Hay quienes por intereses nacionalistas o de otro tipo, promueven la confusión entre "estado", "país" y "nación" para denominar a lo que es España, Francia, Reino Unido, Alemania, México, Brasil o Estados Unidos de América. Aunque no sea infrecuente en algunos ámbitos, debe evitarse llamarlos "estado" porque no es coherente o lógico, puesto que Alemania, México, Brasil y Estados Unidos (entre otros) son federales y se subdividen organizativamente en unidades llamados estados con cierta autonomía de gobierno (España y Reino Unido se organizan de similar forma, aunque oficialmente no son federales y usan nombres alternativos a "estado" al hablar de su organización interna). Por otra parte, aunque "nación" es en principio buena opción, pues hace referencia al concepto jurídico de nacionalidad (español, francés, británico, alemán, mexicano, brasileño y estadounidense son nacionalidades), tiene el problema de ser la terminología habitualmente usada por quienes buscan subrayar un supuesto sentimiento de identidad de grupo social en función de aspectos raciales, lingüísticos, culturales o históricos, connotación que puede hacer cuestionable el empleo de "nación" de forma general. 

Queda "país", que parece ser la mejor candidata para denominar lo que es España, Francia, Reino Unido, Alemania, México, Brasil o Estados Unidos de América (entre otros). Es ampliamente usada con este sentido, es poco confusa en general y tiene un sentido más propiamente espacial o territorial que "nación". La posible confusión se circunscribe a Europa centro-occidental (Reino Unido, Francia, norte ibérico,...) donde en algunos sitios se usa de forma tradicional la palabra "país" para referirse a regiones o comarcas (que pueden coincidir bien, regular o mal con la división administrativa territorial –caso de la Comunidad Autónoma Vasca-, que no se corresponde con el llamado País Vasco, Euskal Herria en vasco académico (Euskara batua), pues esta expresión hace referencia al territorio donde es tradicional el uso de las lenguas vascas). Por otra parte, una dificultad en español (2, 3, 4) es que no existe un adjetivo establecido para hacer referencia a "país" (no existe "paisal" o "paísico", la única posibilidad que existe es usar la estructura "del país"), así que se recurre a la otra opción antes comentada como posible buena candidata ("nación") y se usa "nacional" como adjetivo para referirse al país (p. ej. la legislación nacional) e "internacional" para cuestiones que afectan a más de un país (p ej. acuerdos internacionales, pruebas deportivas internacionales).
Los Nazionalistas catalanistas, vasquistas o galleguistas, antes se sentían país, ahora que nación, mañana será estado y pasado imperio (con la aceptación silenciosa de la gran mayoría de españoles). El nazionalismo fascista de siempre... Quieren ser cabeza de ratón y no cola de león para así poder robar y tiranizar más... Los nazionalistas catalanistas no son catalanes ni españoles. No tienen la categoría de serlo.

VER+:

jueves, 27 de septiembre de 2018

📒📘📕 LA LITERATURA: ESE JARDÍN DE LIBERTAD 🌲🌳🌷🌸🌹🌺🌻🌼



La literatura: ese jardín de libertad 
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Si la cultura es el principio de la libertad, quizá el anhelo de libertad es un camino para llegar a la cultura. 
Pocas semanas antes de su último viaje a Granada, Federico García Lorca escribió las palabras que bien pueden ser, son, su legado de poesía y de humanidad: «Ni el poeta ni nadie tiene la clave del secreto del mundo y de la libertad. Yo quiero ser bueno. Sé que la poesía eleva y, siendo bueno, con el asno y con el filósofo, creo firmemente que tendré la agradable sorpresa de encontrarme con la libertad y trasladar mi casa a esas estrellas».
Federico, poeta de íntima e inagotable inspiración, hombre dionisíaco y contemplativo, autor de ayer y de hoy, bordó en la bandera de la libertad el amor más grande su vida. Cayó como soldado de las letras luchando por esa causa. No sé si la encontró, pero a mí me enseñó que la libertad está hecha de pequeñas cosas y no de grandes palabras, que se aprende y se conquista, aunque llegue a nosotros como una revelación inesperada y una flor del tiempo. Recuerdo el descubrimiento de los versos de Federico García Lorca con la fuerza de una sensación física. Sus palabras me llamaban a una realidad distinta en la que aprendí a sentirme libre y a volar como los pájaros, sin alas de repuesto.

Conviene escuchar y pensar para convertir los rumores de la vida en actos y en palabras. Decía Antonio Machado que la verdadera libertad no consiste en poder decir lo que se piensa, sino en poder pensar lo que se dice. El mundo, al menos el mío, se hace libre en las palabras que digo. Cabe en todas las letras que se asoman en un cuaderno con borrones y esquinas rotas. La riqueza de la libertad es comprender que el mundo es redondo como una letra O bien hecha y paciente, igual que el pulso de un niño que quiere ordenar las cosas en su caligrafía y escribe árbol con una A que tiene sabor a manzana, y encierra el viento en una V, y al mar que nunca ha visto en una M, y al sol en una S con rayos. Necesitamos repetir, como el niño que aprende a escribir, que la cultura es el principio de la libertad, que la cultura es el principio de la libertad, que la cultura es el principio de la libertad... En el origen de la civilización moderna, como raíz última de cualquier invención y de las esperanzas más nobles, está el pulso esmerado del niño que encierra el sol en una S, y la voz del maestro que le enseña a leer, a sumar o a dividir, para hacerle dueño de su propio destino y responsable de la luz del mundo.

Si la cultura es el principio de la libertad, quizá el anhelo de libertad es un camino para llegar a la cultura. Cervantes, por ejemplo, escribió una parte del Quijote en la cárcel, despojado de libertad y con una visión en sintonía con las ironías de sus circunstancias. También el deseo de libertad es una musa. A Cervantes la tensión entre la libertad y el cautiverio le llevó a traspasar las convenciones literarias de su tiempo y a poner en marcha todas las técnicas y recursos imaginativos que han utilizado escritores posteriores.

Fiódor Dostoievski trató de explorar la condición humana en sus obras. Sus novelas no sólo contienen elementos autobiográficos, también se ocupan de cuestiones morales y filosóficas. Sus personajes presentan puntos de vista conflictivos o ideas acerca de la libertad, la elección, el bien, el mal y la felicidad. «La libertad no es contenerse a sí mismo, sino saber controlarse», dijo. Este autor dio crédito a Don Quijote como precursor de su retrato de un hombre positivamente bueno, el príncipe epiléptico Mishkin de "El idiota". «De los buenos personajes de la literatura cristiana, el más completo es el de Don Quijote», señaló en 1868, mientras trabajaba en la novela. «Pero él es bueno porque al mismo tiempo es ridículo. Ése es el principio de su libertad», añadió. Dostoievski también experimentó un cambio profundo en su experiencia carcelaria. Ya había publicado su primera novela, Pobres gentes, cuando fue detenido en 1849 por su participación en un grupo de intelectuales de izquierda de San Petersburgo. Después de varios meses de encierro, fue condenado a muerte, llevado con otras personas de su grupo a la plaza Semyonovsky y puesto frente al pelotón de fusilamiento. A última hora, el azar detuvo su ejecución, pero Dostoievski pasó cuatro años de trabajos forzados en el gulag de Siberia, donde su condición de persona educada enardecía a otros reclusos. «Se irritan y son demasiado toscos y amargados», le escribió a su hermano. La experiencia carcelaria de Dostoievski dio paso a una conciencia de lo irracional y de un sentido de sufrimiento colectivo. Sus mejores novelas, como Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov, son joyas de la perspicacia psicológica. En ellas y en otras de sus obras dejó escritas lecciones como ésta: 
«Todo el que quiera la libertad suprema debe tener el atrevimiento de matarse. Quien se atreva a matarse ha descubierto el secreto del engaño. Más allá de eso, no hay libertad; ahí está todo; más allá no hay nada. Quien se atreva a matarse es un dios… Pero nadie lo ha hecho hasta ahora».
Mikhail Bakhtin, en su novela Los presidios de Siberia, escrita como ficción desde el punto de vista de un hombre que ha asesinado a su mujer, documenta su propia experiencia carcelaria. El dinero es libertad acuñada y, por lo tanto, es diez veces más valioso para un hombre privado de la libertad. Explica el comercio de vodka y tabaco en la cárcel y la compulsión a robar. Su recluso ficticio sueña sin descanso con la libertad, como su autor.

Este anhelo de libertad, mientras se soporta la dureza de la cárcel, es un hilo de la vida literaria de Aleksandr Solzhenitsyn, detenido en 1945 por hacer comentarios despectivos sobre Stalin en una carta. Después de terminar su condena en 1955, se exilió en el sur de Kazajstán. En la soledad, asediado por los recuerdos angustiosos, escribió su primera novela "Un día en la vida de Iván Denísovich" y dejó escrito: «Ay de la nación cuya literatura es interrumpida por la intrusión de la fuerza. Esto no sólo vulnera la libertad de prensa: significa el sellado por el corazón de una nación, la escisión de su memoria». La esencia de su pensamiento quedó plasmada en el discurso que pronunció al recibir el Premio Nobel de Literatura de 1970: 
«Cada persona se convierte en el personaje principal cada vez que la acción le concierne. No se trata sólo de una técnica, es un credo. La narración se centra en el único elemento humano en existencia, el individuo humano, con igualdad de condiciones entre iguales, un destino entre millones y un millón de destinos en uno. Esta es la totalidad del humanismo, en resumidas cuentas, pues el núcleo es la libertad y el amor del género humano».
El análisis de la relación del individuo con la libertad también fue un tema recurrente para el filósofo y economista escocés John Stuart Mill. En el libro Sobre la libertad expresó su tesis fundamental defendiendo que nuestra libertad individual debe ser protegida como algo sagrado frente a las intromisiones de los Gobiernos o del conjunto social: «La naturaleza humana no es una máquina que se construye según un modelo y dispuesta a hacer exactamente el trabajo que se prescrito, sino un árbol que necesita crecer y desarrollarse por todos lados, según las tendencias de sus fuerzas interiores, que hacen de él una cosa viva».

Curiosa es también la interpretación que Jean-Paul Sartre hace en su primera obra filosófica, "El ser y la nada". Concibe a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. El hombre es libre de elegir lo que es, como condición necesaria de la auténtica existencia humana. La libertad produce angustia porque el hombre debe tomar todo tipo de decisiones, constantemente debe elegir y son esas elecciones la que producen la angustia. Para Sartre «el hombre es esclavo de su libertad» y la libertad tiene como fundamento la nada, como posibilidad para ser sin contar con nada más que uno mismo.

Como estos escritores muchos otros han demostrado que, aunque la reclusión es onerosa, la imaginación humana y el sueño de libertad puede servir de inspiración para crear obras maestras. En España, la unión entre el amor y la libertad tiene nombre propio: Miguel Hernández. Pensar en la libertad es pensar en él. Mitad hortelano, mitad desbordante, fue un poeta que se acechaba a sí mismo. Tenía el ánimo popular y el verso hecho de rastros de Góngora. Miguel Hernández es el poeta del pueblo que ríe y llora, y ama, y gime, y muere en el penal de muerte abandonada, de humillaciones. Miguel Hernández escribía con las herramientas del sudor y el esfuerzo del hombre que empieza a sentir y siente la vida como una guerra. Fue el prisionero que redactó cartas y poesías en trozos de cartón, en el reverso de hojas usadas incluso y muchas veces en papel higiénico mientras la vida se le iba de prisión en prisión. Miguel Hernández era un poeta bien rematado, pero un poeta sin demonio: 
«La libertad es algo que sólo en tus entrañas bate como el relámpago». Hay poetas, pocos, que lanzan las palabras más lejos que la vida. Éste es uno de ellos. Si alguien abre cualquier día una antología de sus poemas y descubrirá, como un milagro, a un ser libre en metáforas: «Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea». 
Antoine de Saint-Exupéry decía que la única libertad es la de la mente. Y Hemingway amó la libertad sin interrogarse sobre los riesgos que implicaba buscarla. Antes de conocer a Federico García Lorca, Espronceda me abrió las puertas de la literatura con la fascinación propia de un pirata capaz de perder la vida por mantener la libertad.
Cultura y libertad. Nada rejuvenece más que la sensación de sentirse libre, de echarse al camino, como escribió Baroja en sus memorias, silbando y con la chaqueta al hombro.
La libertad, la mía, es una librería y la primera página de un libro. Una canción prohibida. Cantar al alba, hacer el amor en los parques. Una forma de amor, la libertad.