EL Rincón de Yanka: julio 2015

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viernes, 31 de julio de 2015

¿POR QUÉ HAY VIDA EN LA TIERRA?


Evolución de la Tierra: 
¿Por qué hay vida?


Una historia visual de la Tierra centrada en 5 momentos clave, en los grandes cambios que han hecho posible la vida en este planeta, tal y como la conocemos: ¿Cómo hemos llegado aquí? Recorre un camino de más de 4.500 millones de años, desde su nacimiento como una bola incandescente hasta el actual planeta azul. Descubre qué ha hecho tan especial a la Tierra, un mundo en constante cambio.

En los últimos años, nuevas investigaciones han cambiado nuestra idea de la historia de la Tierra, que se enfrió mucho más rápido de lo que creíamos. Y nos desvelan nuevas y sorprendentes etapas de un camino tortuoso: la aparición del oxígeno, el motor de la evolución, provocó en un principio una extinción masiva y un brutal cambio climático, que convirtió al planeta en una bola de hielo.

Los nuevos datos dejan también muchas incógnitas abiertas: ¿Cuándo aparecieron realmente los primeros seres vivos en la Tierra? ¿Por qué la vida apenas evolucionó durante 2.000 millones de años?








jueves, 30 de julio de 2015

CONTRAINTELECTUALIDADES: LIBERTAD O NADA: #RESISTENCIAVENEZUELA




Los jóvenes de hoy somos los únicos venezolanos que podemos revertir la desgracia. Solamente los que no tuvimos niñez podemos luchar contra quienes nos la robaron y vencerles. El crecimiento tan fuerte que hemos tenido, nos arrancó de tajo cualquier banalidad típica de las sociedades apoltronadas que se dejan robar el país frente a sus ojos. Por eso, no nos pueden gobernar como estuvieron acostumbrados largo tiempo. No añoramos ni extrañamos por los relatos de pretéritas generaciones, el pasado social ni político de Venezuela. Eso es poca cosa para lo que queremos, que es algo mejor.
Por @RoderickNavarro de @VFutura

Un sabio maestro me dijo, “lee a los intelectuales, escucha la música y mira quienes son los referentes morales de una sociedad, y así verás el rostro de su época”. Desde entonces, esta fórmula me ha servido para comprender a las sociedades, sobre todo, la nuestra.

Vivimos una época en la que los Intelectuales nos obligan a ser obedientes con hipócritas arengas sentimentales. Sus intelectualidades pretenden apaciguar nuestros impulsos libertarios, llamándonos incluso infantiles o imberbes. Premian la moderación ante la esclavitud y del yugo hacen una suave conversa entre seres respetuosos. La educación y la cortesía les son de arrogantes y presumidos. ¿Por qué hay que considerarles como las luces de nuestra era? Estos son apenas los escombros de lo que fue una vez y no volverá a ser nuestro país.

Conozco a muchos jóvenes que con 16, 18 años y más, están haciendo tangible para nuestra descendencia un testimonio de la lucha existencial más fuerte que hemos vivido como civilización por lo más sagrado que existe para nosotros: la Libertad. Juntos nos hemos reconocido en una identidad fraternal como fruto de nuestra historia. Una fraternidad inquebrantable que se compone de cinco elementos: respeto, admiración, aprendizaje, protección y confianza. Este lazo nos hace tener una visión común de hacia dónde queremos estar juntos como Nación.

La Patria significa para nosotros el lugar donde se encuentran nuestras familias, donde se forjó nuestro honor como entidad social, donde están nuestra propiedad, nuestra seguridad y nuestra ley. Es el lugar donde están enterrados nuestros ancestros y que, desgraciadamente, por un virus religioso que nos ha infectado desde Cuba-África ni siquiera estos pueden estar ya seguros. Perder la Patria, es perderlo todo. Si no hay respeto por lo que es sagrado ¿por qué nos obligan a asumir que habrá respeto por cualquier cosa, como el voto?

Vivimos las consecuencias de una visión decadente de la política. Lo que las generaciones pasadas llaman democracia, nosotros le conocemos como causa de todos nuestros sufrimientos. Es la causa de la dolorosa experiencia de perder los mejores años de nuestras vidas resistiendo, experimentando la destrucción de nuestras familias bien sea por la inseguridad, por el hambre o el exilio. Eso que llaman democracia, es puro nombre. Son las huellas de una “élite” política que no cumplió su rol ante la sociedad: populistas y clientelistas desenfrenados llamados a sí mismos demócratas. Gracias a ellos, no existen hoy garantías jurídicas ni políticas para el ejercicio de una democracia. Nuestro concepto de ella, no tiene nada que ver con lo que Venezuela vivió en el siglo XX.

Los jóvenes de hoy somos los únicos venezolanos que podemos revertir la desgracia. Solamente los que no tuvimos niñez podemos luchar contra quienes nos la robaron y vencerles. El crecimiento tan fuerte que hemos tenido, nos arrancó de tajo cualquier banalidad típica de las sociedades apoltronadas que se dejan robar el país frente a sus ojos. Por eso, no nos pueden gobernar como estuvieron acostumbrados largo tiempo. No añoramos ni extrañamos por los relatos de pretéritas generaciones, el pasado social ni político de Venezuela. Eso es poca cosa para lo que queremos, que es algo mejor.

La ignorancia es hoy virtud en Venezuela, ella es promovida por las “élites” ante el miedo que le tienen a los hombres libres e independientes. Esto es algo característico no solo de los comunistas, sino de toda ideología que proviene del marxismo. Por esto, es evidente para nosotros la relación que existe entre la intelligentsia actual y la degradante situación social de nuestro país. El decaimiento de las instituciones, de las ideas políticas, de los valores… No son ejemplos a seguir.


En este contexto, rebelarse a lo que va en contra de uno mismo es una noble declaración de guerra.

Nosotros queremos ser felices, no tristes como esclavos. Nosotros elevamos nuestro espíritu hacia la Libertad mientras que nos quieren siervos de un atroz sistema político. La insistencia en perpetuar la pasividad terrible, hace de la existencia algo tan irreconocible que confunden a la primera vista de los débiles el goce con la obediencia. Mientras tanto, nuestra ardiente vitalidad devuelve la vista a los que se despojan de la ceguera. Antes, los que promovían el amor al prójimo asesinaban a los hombres por “herejes”, hoy lo hacen con perversos consejos y viles sugerencias insinuantes. Nosotros nos volvimos impermeables a esos tipos de enfermedades.

La primavera espiritual que ocurre entre la gente, rompe con la agonizante estructura política y derrumba su cultura. Aquellos conscientes de su potencial y de su honor, son la causa de trascendentales cambios arquetípicos y estructurales. Quienes pensamos así, somos una mayoría que no tolera seguir existiendo dominados por una cultura contraria a nuestra naturaleza, a nuestra esencia, al ADN más primigenio a nivel étnico que nos conforma como venezolanos. Estamos profundamente interesados en ponerle fin a esto confrontándolo a todo nivel.

El porvenir se forja: no caerá del cielo. Le estamos dando vida a un nuevo orden político. Lo mismo que pensaban los jóvenes del siglo pasado no es lo mismo que pensamos los jóvenes de hoy. El pensamiento político de los últimos 50 años, es obsoleto y caduco para la Venezuela Futura a la que aspiramos. Estamos dándole vida a un modelo diferente de República. Por esta razón y por el hecho de no estar alineados con una moral decadente, la intelectualidad no puede utilizar la culpa como instrumento para inducirnos a comportarnos como quieren.

No hay legado en la esterilidad de ideas mortecinas. Han querido hacer de nuestra época un castigo mientras que aspiramos a la vida, al feliz goce de nuestra existencia. Nosotros conquistaremos lo que dicen inconquistable, nosotros haremos brotar la vida donde los decadentes solamente dejan desolación y muerte.

Todo cambio comienza por un comportamiento distinto: sea indiferente a las intelectualidades del siglo XX.

Libertad O Nada





LO QUE SIMBOLIZA NUESTRO PABELLÓN VENEZOLANO: GASTRONOMÍA


El Pabellón Criollo 
representa nuestro mestizaje: 
El arroz, Europa; 
las caraotas, África; 
la carne mechada, Ameríndia; 
los plátanos fritos, la dulzura criolla; 
las arepas, la generosa pureza 
de nuestra tierra: 

VENEZUELA




miércoles, 29 de julio de 2015

LA TRAMA REAL QUE LA PELÍCULA "UNA MENTE MARAVILLOSA" (A BEAUTIFUL MIND) SOBRE JOHN NASH NO CONTÓ


La Trama: la gran mentira entorno a la vida  sobre John Nash que Hollywood se negó a contar...



Por María Hidalgo

La idea esencial de Nash fue la que utilizó con el concepto de equilibrio en su tesis en Princeton con Non-cooperative Games (1950) y el razonamiento que en consonancia con el de Harsanyi y Reinhart, le sirvió en bandeja el Premio Nobel de Economía en 1994 y cambió una de las áreas más importantes de la teoría económica, replanteando incluso algunas de las bases de Smith que se daban por ciertas.

Las finanzas, la ciencia, la política… todas disciplinas que han adoptado la teoría de los juegos y la contribuciones de Nash para el desarrollo de muchas de sus metodologías y análisis estratégicos saltando la barrea de las sociales y entrando de lleno en la ciencias más puras. Esta es la versión “edulcorada” que Hollywood nos hizo de su teoría estratégica:

Matemáticos como John Nash desarrollaron la Teoría de Juegos, cuyas ecuaciones solo funcionaban si los seres humanos se comportaban como criaturas egoístas y aisladas, constantemente sospechando y vigilándose entre sí, siempre tratando de sacar beneficio individual.



La libertad individual es el sueño de nuestra era y es lo que nuestros líderes ofrecen a los ciudadanos. Curiosamente, aunque comprometidos por esta “libertad de elección” han llevado a un aumento en la desigualdad y un colapso dramático en la movilidad social .La creación de un modelo simplificado de los seres humanos como criaturas egoístas, casi robóticas, condujo a la absurda idea actual de “libertad” y la necesidad del control de las masas. En respuesta, el Gobierno ha desmantelado leyes por largo tiempo establecidas diseñadas para proteger nuestra libertad. Difícil encontrar un documental que lo explique mejor que “The Trap” (La Trampa):

Aunque muchas veces la BBC se a comportado como otro instrumento más de manipulación y desinformación, de vez en cuando y, a través de Adam Curtis, se deslizan pequeñas series documentales de 3 episodios, tales como “El poder de las pesadillas” o “El siglo del yo”, en los cuales se nos aporta cierta información que es ciertamente interesante para cuestionar algunas ideas establecidas.






martes, 28 de julio de 2015

LA CASA GRANDE DE LEONARDO PADRÓN


La casgrande


Tiempo de tormenta. Turno de decisiones. 
Clima de borrasca y viento. Luz difícil. 

Desde hace meses no dejo de recibir invitaciones a charlas, conversatorios y tertulias que gravitan alrededor del mismo tema: las razones para seguir apostando por el país, para quedarse y lidiar, para no irnos en desbandada. No es un tema fácil. Es complejo por inédito, por extraño a nuestro hábito, por subjetivo y personal. Es un tema espinoso por el espinoso país que hoy vivimos. Por el caos que nos rodea. Por la violencia de la marea que golpea nuestras certidumbres y ataduras.

Ahora bien, ocurre que habitualmente uno no anda explicando las razones que tiene para no irse de su casa. Uno, simplemente, está, permanece, hace hogar en ella. Construye familia. Teje su día a día. Come allí, duerme en ella, la pasea descalzo, se demora en sus ventanas, erige su biblioteca, pone su música, domestica su almohada, conoce sus ruidos y caprichos. Es el lugar donde pugnas con tus gripes, tus despechos o tus resacas. El espacio donde ocurren tus epifanías y descalabros. Donde más has celebrado la navidad, los pequeños triunfos y cada nuevo centímetro de altura de tus hijos.



Mi casa, si me pongo específico, limita al norte con la fiesta que es el Caribe, al sur con la selva fantástica de Brasil, al oeste con kilómetros de vallenato, cumbia y hermandad y al este con la vastedad del Atlántico y ese litigio histórico, otra vez de moda, que es Guyana. Mi casa tiene el techo azul casi todo el año. Mi casa es un clima de mangas cortas y risa fácil. Mi casa tiene un catálogo de playas irrepetibles. Y si la camino a fondo me topo con la belleza de sus abismos de agua, con la neblina a caballo de sus páramos, con sus árboles redondos, con su sol de tamarindo y papelón. 

Mi casa tiene 30 millones de habitantes. Tiene un océano de mujeres hermosas, nocturnas y sensuales. Mi casa es una geografía vehemente y delirante. La han llamado Tierra de Gracia, Pequeña Venecia, Norte del Sur, El Dorado, Crisol de Razas, Paraíso Perdido. En mi casa se baila en todas las esquinas, se toma cerveza sin piedad, se coleccionan abrazos, se hace el amor en cada vestíbulo, y se hace el humor hasta el amanecer.

En mi casa está mi infancia, mi ventana y mi lámpara, mi postre favorito, mi carro, mi lista de amigos, mi cine recurrente, mi ruta de librerías, mi estadio de beisbol, mi zona de costumbre y apegos. El sol nace y se pone en mi casa.

Resulta que mi razón de ser, lo que me explica y define, limita por todas partes con mi casa. Este es el domicilio de mis entusiasmos y obsesiones.

Tengo una vida entera en ella. Y una vida entera es mucho tiempo. Es todo el tiempo. Una vida amueblada por mis años, mis logros y mis mejores fracasos. 

Y sucede que a pesar de todo eso, tengo que explicar por qué no me quiero ir de mi casa.

Generalmente, cuando no llega el agua a mi casa averiguo, pregunto, resuelvo, compro, instalo un tanque. Cuando aparecen filtraciones busco, llamo, persigo al plomero. Cuando la basura se acumula en el depósito reclamo, toco la puerta, hablo con la junta de condominio. Cuando se agrietan sus paredes, cuando se colma de insectos, cuando la cubre el polvo, cuando se trastornan sus aparatos, cuando la polilla ataca, en todos esos casos, no suelo irme, no desisto, no salto por la ventana. Sencillamente, me ocupo. La lleno de atenciones. Busco prodigios que la sanen. 

Sí, en estos tiempos las goteras se han vuelto absurdas, el techo se ha corrompido, el agua sale negra, la luz es escasa, el tronar de las armas eclipsa el bullicio de las guacamayas, la nevera se ha llenado de vacío y nostalgia, a los insectos se le han sumado alimañas impensables. Mi casa es hoy un tesoro arruinado, malbaratado, saqueado. Pero es mi casa. Me cuesta no atenderla. No procurar remedios. No aportar la cal de mis opiniones, la despensa de mis esmeros, el martillo de mi insistencia y su tanto de ética, perspectiva y confianza.


Mi casa está rota. Y yo me sumo a la reparación. No al adiós. Irme es un verbo posible. Tengo derecho a hacerlo. A veces me intoxico de ganas. Pero entiendo que en cualquier otro confín seré un extranjero. Un emigrante. Un nómada accidental.
Es una opción válida, legítima. En ciertos casos, emocionante, y en otros, atemorizante. Es irresponsable juzgar a quien se va. Irse posee el calibre de las desgarraduras. El exilio es una palabra llena de piedras. Quien parte intenta llevarse el peso existencial de la casa. Busca sostenerla desde la distancia. Toda mudanza es incertidumbre y desvelo. Es una acrobacia espiritual.
Hay vecinos que se han ido, otros que están haciendo maletas, ensayando un nuevo idioma, aprendiendo a usar un GPS. Mis hijos se despiden de sus mejores amigos. Mi pareja se despide de sus mejores amigos. Mis mejores amigos se despiden de sus enemigos.
Le pregunto a mi hija de 13 años por qué no se iría del país. Me suelta una ráfaga de sustantivos: la gente, el clima, el idioma, la comida, el paisaje, los amigos. Y agrega algo inesperado: “Me gustaría estar cuando se arreglen las cosas y ver el cambio”. 
Hace poco leí en el blog de alguien un concepto interesante. Decía Daniel Pratt: “migrar es aceptar que tu lugar y tú no pueden continuar juntos, rendirse, asumir que no hay manera de arreglarlo. Tienes que divorciarte, perder, naufragar (…) Desde el momento que partes eres extranjero siempre, hasta en tu propio país”.

Y, vamos a estar claros, hay mil razones para irse, y quizás solo diez para quedarse. Pero esas diez razones pueden justificar tu vida. 
En estos tiempos los venezolanos estamos viviendo una experiencia inédita. En esta época de ideologías y militancias extremas, el desencanto ha hecho que el país esté advirtiendo el mayor de los éxodos de su historia. Me he topado con la conmovedora circunstancia de ver a una madre hacer todo lo posible por separar a su hijo de ella. Apurándolo para que se vaya a estudiar a Calgary. Lejísimo. Para salvarlo. Para saberlo seguro.
Y, ciertamente, las migraciones son tan antiguas como la especie humana. No debería alarmarnos tanto. Cada ser humano está obligado a vivir sus propios renacimientos.
Pero la casa no puede quedarse sola. Necesita la atención de sus propietarios. Este extrañamiento, este estupor colectivo, nos hace comprometernos aún más con el momento histórico que estamos viviendo. 

¿Es este el fin del país? No. Los países no concluyen. Es este un episodio severo. Amargo. Ruinoso. Se habla de la inflación más alta del mundo. De la escasez más pavorosa que hemos vivido. Del corrimiento del sistema de valores. De una violencia sórdida y copiosa que ha convertido al mapa entero en sangre y luto. Así de grave está la casa, así de extrema la inundación. Sí, hacemos agua por todas partes. Los pronósticos del tiempo anuncian sólo noticias oscuras. Entonces, ¿desertamos?, ¿desmantelamos lo que queda? Es una opción, pero ¿realmente queremos renunciar a nuestra casa?
Si esta es la piedra fundacional de nuestros días, ¿qué estamos haciendo para detener su ruina? ¿Basta con el largo quejido que hoy somos? Si no nos involucramos, toca renunciar, incluso estando adentro. Dejar que otros impongan la ruta de nuestros afanes. 
Es fácil ser ciudadano de un país cuando el viento es benigno, cuando el subsuelo es oro, cuando el peatón ejerce la alegría como contraseña, cuando la comida abunda, cuando el mar es amable y no hay marea alta en el horizonte.

Pero también hay que ser ciudadano cuando el país está enfermo, acosado por la indolencia, atascado en un pantano de errores, cuando es víctima de sus propias contradicciones. El país, nuestra casa mayor, nos necesita en su adversidad, en sus fiebres, en la penuria y la borrasca. Querer a alguien es también lidiar con su infortunio. Si tu pareja se enferma de cáncer, ¿la abandonas?, si tu mejor amigo cae preso, ¿renuncias a visitarlo?; si tu hijo sucumbe a las drogas, ¿le das la espalda?, si tu madre comienza a sufrir de Alzheimer, ¿le sueltas la mano y dejas que camine sola hacia la locura? Supongo que no. Pasa igual con el país. Si los que aquí insistimos no nos comprometemos en buscarle cura a sus desvaríos, en otorgarle coherencia y sensatez, entonces no vale la pena quedarnos.

Los optimistas (dicen que es una raza en extinción en el territorio nacional) saben que toda crisis genera una mina de posibilidades. Repito a Francois Guizot en su afirmación de que los optimistas son quienes transforman al mundo. La lección ante nuestros errores acumulados ha sido amarga. Pero es hora de responder. De apostar duro. De vivir cada día como construcción. De devolverle a esta tierra de gracia todo lo que nos ha dado, empezando por el derecho a existir y crecer en su aire, en su luz, en su maravilla, maravilla que vamos a devolverle con nuestras ganas de seguir perteneciendo a un gentilicio, de seguir viviendo en la casa grande de nuestra existencia.




Dedicado a Glenda, Sthella, Marisol, 
Zeus y Chogüi: 
Mi Venezuela 






MI QUERENCIA

SIMÓN DÍAZ



Lucero de la mañana, 

préstame tu claridad 

para alumbrarle los pasos, 

a mi amante 










que se va. 

Si pasas algún trabajo, 



lejos de 
mi soledad.
 Dile al lucero del alba, 
que te vuelva


a regresar 
Dile al lucero del alba, 




que te vuelva 
a regresar.

Si mi querencia es el monte 
Y mi fuerza un 
cimarrón 


Como no quieres que cante, 





como 
no quieres que cante 
Como canta un corazón. 
Si mi querencia es el monte 
Y la flor de 



Araguaney 
Como no quieres que tenga, 


como no 



quieres que tenga 


yantas ganas de volver 





Si mi 
querencia es el monte 
Y una punta de ganao 





Como 
no quieres que sueñe, 




como no quieres que 
sueñe 

Con el sol de los venaos.
Lucero de la mañana, 
préstame tu 
claridad 

Para alumbrarle los pasos, 

a mi amante 



que se va 
Si pasas algún trabajo, 



lejos de 
mi soledad 

Dile al lucero del alba, 



que te vuelva 
a regresar 

Si mi querencia es el monte 
Y mi fuerza el 
cimarrón 
Como no quieres que cante, 



como 



no quieres que cante 
Como canta un corazón. 

Si mi querencia es el monte 


Y la flor de 




Araguaney 

Como no quieres que tenga, 



como no 
quieres que tenga 


Tantas ganas de volver 

Si mi 
querencia es el monte 









Y una punta de ganao 
Como 

no quieres que sueñe, 


Como no quieres que 
sueñe Con el sol de los venaos.


 

VER+:

¿QUÉ LE PASÓ A MI VENEZUELA? Y DEVUÉLVEME MI PAÍS (CARTA DEL AÑO 2006)

1♥♥ RAZONES PARA LUCHAR POR VENEZUELA


JUAN PABLO POSADA - MÁS LEJOS


"Más Lejos" dedicado a todos los que hemos participado en este éxodo. A nuestras familias que quedaron allá en casa, con la esperanza de volver a vernos, con miles de oraciones para que nos vaya bien en este camino. Ha surgido al recordar aquellos momentos en que me encontraba saliendo de mi casa, con un maleta llena de sueños a buscar nuevos horizontes. A todos ustedes.