EL Rincón de Yanka: CARTA DE HEATHER BARWICK (HIJA DE DOS LESBIANAS) A LA COMUNIDAD GAY

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viernes, 10 de julio de 2015

CARTA DE HEATHER BARWICK (HIJA DE DOS LESBIANAS) A LA COMUNIDAD GAY



(HIJA DE DOS LESBIANAS) 
A LA COMUNIDAD GAY

Querida comunidad gay: 

vuestros hijos están sufriendo.


Comunidad gay, soy vuestra hija. Mi madre me crió con su pareja allá por los 80 y los 90. Ella y mi padre estuvieron casados muy poco tiempo. Ella sabía que era lesbiana antes de casarse, pero las cosas eran diferentes por aquel entonces. Así como llegué hasta aquí. Fue complicado, como podréis imaginar. Ella le dejó cuando yo tenía dos o tres años, porque ella quería tener la oportunidad de ser feliz con alguien a quien ella quería de verdad: una mujer.

Mi padre no era un gran tipo, y después de que mi madre le dejase, no se molestó en volver a vernos nunca más.

Recordáis aquel libro ‘Heather tiene dos madres’, pues esa es mi vida. Mi madre, su pareja y yo vivimos en una pequeña casita a las afueras en un barrio muy liberal y abierto de mente. Su compañera me trató como si fuera su propia hija. Junto a la compañera de mi madre, también heredé su más cercana comunidad de amigos gays y lesbianas. ¿O quizás me heredaron ellos a mi?

De cualquier forma, todavía siento que las personas homosexuales son mi gente. He aprendido muchísimo de vosotros. Me enseñasteis a ser valiente, sobre todo cuando es difícil. Me enseñasteis empatía. Me enseñasteis cómo escuchar. Y cómo bailar. Me enseñasteis a no tener miedo de las cosas que son diferentes. Me enseñasteis a mantenerme en pie por mi misma, incluso cuando eso implicaba hacerlo sola.

Os estoy escribiendo esto porque quiero salir del armario: yo no apoyo el matrimonio homosexual. Pero no quizás no sea por las razones que pensáis.

No es porque seáis homosexuales. Os quiero, muchísimo. Es porque la propia naturaleza de las relaciones entre personas del mismo sexo.

Mientras crecía e incluso cuando era veinteañera, apoyé y luché por el matrimonio homosexual. Sólo con algo de tiempo y con distancia de mi infancia puedo contar mi experiencia y reconocer las consecuencias a largo plazo que la educación por parte de una pareja del mismo sexo ha tenido en mi. Y es sólo ahora, cuando veo a mis hijos queriendo y siendo queridos por su padre cada día, que veo la belleza y la sabiduría en el matrimonio tradicional y la paternidad.

El matrimonio entre personas del mismo sexo le quita un padre o una madre al niño mientras le dicen que no importa. Que es igual. Pero no lo es. Muchos de nosotros, muchos de vuestros hijos, están sufriendo. La ausencia de mi padre creó un gran vacío en mi, y yo sufría cada día por tener un padre. Yo quería a la compañera de mi madre, pero otra madre no pudo suplantar al padre que perdí.

Crecí rodeada de mujeres que decían no necesitar o querer a un hombre. Pero incluso, siendo una niña pequeña, yo quería desesperadamente tener un padre. Es algo extraño y confuso andar con este profundo dolor por la ausencia de un padre, de un hombre, en una comunidad que dice que los hombres son innecesarios. Había veces que me me enfadaba muchísimo con mi padre por estar ahí para mi, y había veces que me enfadaba conmigo misma por ser la primera en querer un padre. Hay una parte de mi que aún sufre por la perdida de mi padre.

No digo que no podáis ser buenos padres y madres. Podéis. Yo tuve unas de las mejores. Tampoco estoy diciendo que ser criado por una pareja heterosexual implique que todo va a salir bien. Sabemos que hay diferentes formas en las que la unidad de una familia se puede romper y hacer que los niños sufran: divorcios, abandono, infidelidad, abuso, muerte… pero, por goleada, la mejor y más exitosa estructura familiar es en la que los niños son criados por un padre y una madre.

¿Porqué los hijos de parejas homosexuales no pueden ser honestos?
El matrimonio homosexual no sólo redefine el matrimonio, también la paternidad. Promociona y normaliza estructuras familiares que necesariamente nos niegan algo fundamental y precioso. Nos niega algo que necesitamos y que buscamos, pero al mismo tiempo nos dice que no necesitamos lo que buscamos de forma natural. Que estaremos bien. Pero no lo estaremos. Estamos sufriendo.

Niños y niñas de padres divorciados pueden decir: ‘Ey, mamá y papá, os quiero, pero el divorcio me ha destrozado y ha sido durísimo. Ha acabado con mi confianza y me hace sentir como si fuera mi culpa. Es muy duro vivir en dos casas diferentes.’ los niños y niñas adoptados pueden decir: ‘Ey, padres adoptivos, os quiero. Pero estoy es muy duro para mi. Sufro porque mi relación con mis padres biológicos está rota. Estoy confundido y les echo de menos aunque no les haya conocido.’

Pero a los hijos de parejas del mismo sexo no se nos ha dado esa misma voz. No soy sólo yo. Somos muchos más. Muchos los que tenemos miedo de hablar y de hablaros de nuestros dolor y sufrimiento, porque por la razón que sea, parece que no estáis escuchando. Que no queréis oír. Si decimos que lo estamos pasando mal porque fuimos criados por parejas del mismo sexo, o nos ignoráis o nos acusáis de odiar.

Esto no va de odio en absoluto. Sé que entendéis el dolor de no encajar y el dolor de que se os silencia. Y sé que habéis sufrido odio y que os han hecho auténtico daño. He estado con vosotros en las manifestaciones del Orgullo cuando había gente con carteles de “Dios odia a los maricones” y de “el SIDA cura la homosexualidad”. Lloré y me puse de muy mala leche allí, en la calle, con vosotros. Pero esa no soy yo. No somos nosotros.

Sé que esta es una conversación difícil. Pero tenemos que hablarlo. Si alguien puede hablar de cosas difíciles, somos nosotros. Me lo habéis enseñado.