EL Rincón de Yanka: mayo 2016

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martes, 31 de mayo de 2016

NO SON CUENTOS. REDES SOCIALES Y PEDERASTIA: SOS

REDES SOCIALES Y PEDERASTIA 
¿SOMOS CONSCIENTES 
DE LOS PELIGROS 
QUE ACECHAN?
José Carlos Aranda

Importa concienciar a las familias sobre los nuevos riesgos que acechan detrás de las nuevas tecnologías y que exigen nuestra atención y nuestra prevención.

“Mirad, yo os envío como ovejas entre lobos: 
ser prudentes (astutos) como las serpientes, 
sencillos como palomas”. 
Mt, 10, 16

Me sorprende enormemente que no dejemos a nuestros hijos caminar solos por la calle,cómo los cogemos de la mano y les explicamos una y mil veces cómo deben cruzar mirando a uno y otro lado, observando el semáforo, advirtiéndoles de los mil y un riesgos que acechan; cómo les instamos a la prudencia cuando juegan en la calle, se tiran por un tobogán o tratan de escalar por un castillo de cuerdas, cómo los acompañamos sujetando el asiento de su bici hasta que por fin logran mantener el equilibrio el tiempo suficiente como para pedalear… Y, sin embargo, les regalamos un móvil con conexión a Internet, o una tableta cuando tienen seis, siete, ocho años…, les permitimos que se den de alta en las redes sociales, que intervengan en chats y nos enorgullece su habilidad con el teclado y los videojuegos on line, no intuimos ningún riesgo en que poco a poco estos aparatos se conviertan en una prolongación de su brazo. Ellos tampoco. Nos estamos equivocando y los estamos equivocando.

Creemos que esto de las redes de pederastia, los raptos y los abusos y violaciones son cosas que pasan ahí fuera, que les pasan a otros… No es así. Y las redes sociales, Internet, son la puerta de entrada. Pensamos que nuestros hijos son los más listos, los que más nos quieren, los que no caerían en una trampa, que están a salvo. No es así. Para quienes quieran convencerse, vean esta grabación sobre el experimento sociológico conocido como “Persin” y comprenderán que no siempre conocemos a nuestros hijos. Nunca hemos estado más conectados, nunca antes estuvimos más incomunicados que cuando compartimos una misma habitación con la mente sumergida en el ordenador, el ipad, el móvil o la tableta con la televisión encendida, cuando nos olvidamos de algo tan sencillo como hablar mirándonos a los ojos.


En Inteligencia natural. 
Adolescencia (Toromítico, 2016) me ocupo de analizar cómo entran en la pubertad y la adolescencia. Si vuestro hijo ya ha cumplido los ocho años, os recomiendo encarecidamente que lo leáis. Es una etapa apasionada y apasionante en la que rompemos el cordón umbilical con la familia para abrirnos al entorno y sumergirnos en él. La rebeldía y la atracción por el riesgo, por la transgresión, por explorar otras posibilidades forman parte de la evolución natural. Acompañarlos desde la educación depende de nosotros, pero muy especialmente de la familia. No se trata de condenar lo que forma parte de la naturaleza, sino de prevenir desde antes de que llegue ese momento en que las hormonas intervienen para alterar la percepción de la realidad. Es un proceso tan difícil como necesario. Confío en que este libro os ayude.

Colaborad con la Escuela, promoved actividades formativas para el profesorado y los alumnos, la asistencia de Fuerzas de Seguridad que expliquen a los niños la necesidad de salvaguardar la privacidad en las redes sociales, que les expliquen los riesgos que se esconden detrás de un perfil que puede ser falso, que los adiestren para dar la voz de alarma sin sentirse mal por ello, que prevengan también el mal uso para el acoso. Y, si es posible, retrasad todo cuanto podáis el acceso libre a estas nuevas tecnologías, evitad que duerman con el teléfono, el iPad o la Tableta hasta que estéis absolutamente seguros de qué páginas visitan y que lo hacen con responsabilidad. Formaos en las técnicas de control para restringir accesos en Internet y rastrear entradas, y acompañad en su formación como cuando los acompañamos por la calle sosteniéndolos de la mano, o los sujetamos por el jersey cuando se suben al tobogán. Explicadles los riesgos, las técnicas de estos nuevos depredadores, el uso correcto de estas nuevas ventanas al mundo y sed pacientes.

No creo que podamos acabar con la pornografía ni con la pederastia, las cifras son demoledoras, pero sí creo que podemos prevenir y educar, salvaguardar a quienes nos rodean, nuestros hijos, nuestros alumnos, y colaborar cuanto nos sea posible en apoyar los movimientos y leyes, denuncias, que promuevan medidas para acabar con este peligro de ladrones de almas, ladrones de inocencia.






EL BOSQUE
MANUEL VICENT

El bosque era una línea oscura entre el terror y la fantasía. En el lugar donde una doncella había sido violada brotaba un manantial.
El terror suele constituir el elemento esencial en los clásicos cuentos infantiles. En esos relatos los niños siempre corren el peligro de perderse, de ser raptados, maltratados o devorados por algún ogro. En las noches de invierno, alrededor de la chimenea, nos contaban unas historias en las que el bosque era el espacio más fértil para la imaginación. Allí habitaban enanitos risueños, gnomos y elfos que eran criaturas de gran belleza, duendes inmortales, pero el bosque también estaba lleno de lobos disfrazados de torvos leñadores que querían comerse a Caperucita. Allí solía haber una gruta inaccesible donde una princesa encantada se hallaba bajo el poder del dragón, aunque al final siempre llegaba a rescatarla un príncipe a caballo. El bosque era una línea oscura entre el terror y la fantasía. En el lugar donde una doncella había sido violada brotaba un manantial. 
Ningún bosque medieval puede compararse a la intrincada selva de Internet. En ella está toda la magia de la inteligencia humana y también su más sucia perversión. El beso con que el príncipe despertaba a la Bella Durmiente ha derivado en el porno más duro. El bosque digital se ha convertido en un laberinto lúbrico, que rezuma sexo tórrido por todo el teclado. Caperucita ha decidido quedarse el sábado en casa y su abuelita está muy contenta porque la cree a salvo de los malos. La abuelita no sabe el peligro que corre su nieta adolescente en su cuarto si comienza a adentrarse en el bosque de Internet con la tableta. Puede que, de repente, a altas horas de la noche se vea con terror a sí misma posando de forma obscena en la pantalla. 
¿Quién le robó esa foto? Bajo su imagen aparece un mensaje de amor que le manda un desconocido. Así comienza un lobo digital a comerse a Caperucita.

Caperucita y el lobo machista

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado El pequeño hoplita -un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente- le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado. 
Al principio pensaba hacerlo con el cuento de Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina -su número impar complica además el asunto-, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con La soldadita de plomo y ploma; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF -Unidad Legionaria Femenina Feroz-, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: Caperucita Roja. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo. 

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia -dice- contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé "Lobos y Lobas sin Fronteras", subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.







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Cuarto Milenio - Temporada 11- Programa 456

(A partir del minuto 49)
Muchos criminólogos y especialistas policiales aseguran que detrás de la pederastia se esconde una compleja y oscura red de personas muy poderosas sedientas de perversión. El tema se analizará en dos vertientes: como la peor conducta que puede tener el ser humano y como un gran negocio que esconde poderes ocultos y numerosos intereses (29/05/2016).

El entramado de la pederastia 
al descubierto, en 'Cuarto Milenio'

Cada vez son más las personas arrestadas por distribuir y compartir archivos de pornografía infantil de dureza extrema. Desaparecen más de 250.000 niños por año en Europa, de los cuales el 2,5% van a manos de mafias profesionales de explotación sexual. ¿Existen personajes influyentes por detrás de estas tramas? ¿Son cómplices del silencio?

¿Por qué no generan alarma social 
las tramas de pederastia?
Los datos son alarmantes 
pero los medios no hablan de ello

Desaparecen más de 250.000 niños por año en Europa, de los cuales el 2,5% van a manos de mafias profesionales de explotación sexual. El 10% de las víctimas de pedofilia son menores de 2 años. 552 asociaciones reivindican los derechos de los pedófilos. Existen 750.000 pedófilos en EEUU. Con todos estos datos, la pregunta es, ¿por qué los medios no hablan de esto?
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VIVIMOS EN LA ERA DE LA IGNORANCIA: LA ILUSIÓN DE LA TECNOLOGÍA


VIVIMOS EN LA ERA DE LA IGNORANCIA: 
LA ILUSIÓN DE LA TECNOLOGÍA 



¿VIVIMOS EN LA ERA DE LA IGNORANCIA? 
¿ACASO NO LA TECNOLOGÍA PROMETÍA 
ALFABETIZAR AL MUNDO Y LLEVAR 
A TODO EL ORBE LOS FRUTOS DE LA SOCIEDAD TECNOLÓGICA Y CIENTÍFICAMENTE DOCTA?


UN DESTACADO POETA Y PROFESOR UNIVERSITARIO HA NOTADO UNA PREOCUPANTE TENDENCIA: LOS JÓVENES QUE LLEGAN A LA UNIVERSIDAD CADA VEZ SABEN MENOS


Nuestra era ha embanderado la tecnología como una nueva Ilustración. Hace algunos años, la ONU y el MIT lanzaron el programa "Una laptop por niño", en una especie de cruzada mundial de educación bajo el supuesto de que tener una computadora era un derecho universal --casi tan fundamental como la comida-- y el detonador de la liberación de las fuerzas opresoras de la pobreza y la dictadura. La computadora, sugiere el director del Media Lab del MIT y cabeza del proyecto, Nicholas Negroponte, es la herramienta de conocimiento más poderosa de la historia. En esto estaría de acuerdo Steve Jobs, quien en varias ocasiones habló del poder de las computadoras de revolucionar el aprendizaje, y quien, incluso más que Negroponte, se encargó de evangelizar al mundo y hacer que las computadoras fueran ya no sólo deseables sino imprescindibles (al menos para nuestra percepción). 

No hay duda de que la tecnología moderna ha "revolucionado" el conocimiento, pero quizás, a diferencia de lo que supone Negroponte, esta revolución no ha significado una verdadera Ilustración, ni un incremento de un conocimiento capaz de mejorar la vida de las personas y, por qué no, de liberarlas de la opresión política y social --que a fin de cuentas es el sentido esencial del conocimiento: usarse para vivir bien, no sólo para informarse. Quizás ha ocurrido lo opuesto, de la misma manera que la evangelización de la Iglesia Católica significó el yugo y la pérdida de tradición e identidad de los pueblos indígenas de América. Negroponte y la ONU fundamentalmente reparten computadoras en África, pero esta evangelización tecnológica ha ocurrido de manera global, casi sin que nadie se inquiete por lo sucedido. Y es que asumimos que las computadoras y la tecnología no tienen ninguna agenda y son esencialmente bienes materiales de gran valor cultural. (El filósofo anarcoprimitivista John Zerzan sugiere que existe “una intencionalidad en la tecnología… La Revolución Industrial no fue sólo sobre economía. Como dice Foucault, fue más sobre imponer una disciplina”). 

Hace algunos años con la llegada del Internet se decía que vivimos en la era de la información. Esto es indudable, todos hemos escuchado sobre cómo en nuestra época cada 5 años o algo así se duplica la cantidad total de información que generamos. El problema es que más información y más "especialistas" no nos hacen como individuos ni como sociedad más sabios. A fin de cuentas la persona que puede contestar innumerables preguntas de trivia es sólo una curiosidad, la persona verdaderamente admirable es la que puede integrar toda esa información y aplicarla no sólo para producir algo valioso según el mercado --como un nuevo gadget-- sino para aplicarla en su vida diaria y vivir sana y felizmente (independientemente de las presiones de su entorno). Esta es la forma de hacer real la información que de otra manera sólo nos lleva a estar inmersos en un torrente virtual de data, que nunca para, pero tampoco llega a ningún puerto, nunca está en paz.

Es posible que nos estemos apantallando por la cantidad de información que manejamos y confundiéndola con conocimiento cualitativo. Karl Taro Greenfeld escribe en un artículo en el New York Times:
Nunca ha sido tan fácil fingir que sabemos tanto sin verdaderamente saber nada. Elegimos temas y bits relevantes de Facebook, Twitter o alertas de email y los vomitamos después. En vez de ver Mad Men, el Superbowl, los Óscar o el debate presidencial, simplemente puedes navegar los feeds de alguien haciendo live-tweets del evento o leer los encabezados de los diferentes sitios. Nuestro canon cultural está siendo determinado por lo que sea que tenga más clics.
Un estudio reciente sugiere que las personas que dicen ser expertos en realidad no lo son y existe una tendencia innata a exagerar lo que sabemos. Quizás esto está pasando a escala global: una alucinación colectiva de creer o fingir que sabemos. "Nos acercamos peligrosamente a dar un performance de sapiencia que es en realidad un nuevo modelo de no-saber-nada”, agrega Taro Greenfeld. ¿Saber un poco de todo es lo mismo que no saber mucho de nada? O, ¿de toda esta panoplia de trivia, de todas las conexiones de datos superfluos, del agregado hipervinculado surge, como de una gestalt holística, la sabiduría?

En otro ensayo en el New York Times, astutamente titulado “Our (Bare) Shelves, Our Selves” (algo así como "Nuestros libreros vacíos hacen de nuestros seres ceros") , Teddy Wayne escribe:

Los medios digitales nos entrenan para ser consumidores de banda ancha más que pensadores reflexivos. Descargamos una canción, un artículo, un libro o una película instantáneamente, la vemos (si es que no nos quedamos distraídos revisando el infinito inventario que se ofrece) y avanzamos a la siguiente cosa inmaterial.

Esto parece ser lo que está ocurriendo, la simple tesis de que sabemos más datos, sobre muchas más cosas, pero en realidad conocemos menos cosas a fondo, y tenemos menos capacidad de transformar lo que conocemos en algo valioso (y no me refiero a algo con lo que podemos ganar dinero). Somos cada vez más superficiales, adictos a tener cosas, a la pura materialidad, y menos capaces de profundizar y menos interesados por las ideas y los aspectos inmateriales de la realidad. 

El lector podrá claramente argumentar en contra de la tesis de este artículo que, en "la era de la ignorancia", cómo es posible que el autor sepa que no sabemos. ¿Acaso no hay una contradicción? Ciertamente será un buen punto, pero me parece que es posible argumentar, con Sócrates, que el primer paso hacia el conocimiento es aceptar la propia ignorancia y esta humildad no es algo que uno pueda apreciar en la ciencia y en la tecnología modernas que avanzan con una supuesta seguridad inexorable a conquistar la realidad bajo un estrecho paradigma materialista, que poco se pregunta sobre las consecuencias que su "conocimiento" produce en la psique de los individuos y en su búsqueda de significado, y que impone su visión de mundo (de la misma forma que los misioneros religiosos). Por otro lado, más allá de citar estadísticas de lectura, desigualdad, destrucción ecológica o demás cifras que podrían indicar un deterioro cualitativo de nuestra experiencia en el mundo, me remito a la observación del entorno, justamente a la dimensión cualitativa de la realidad y hago una pregunta al lector: si en su entorno nota un incremento del conocimiento que hemos aquí definido como de uso práctico, ético y hasta espiritual (no necesariamente en el sentido religioso, pero que llena de significado la existencia).

En la segunda parte de este ensayo seguiremos la tesis del poeta Charles Simic, quien en 2012 describió nuestra era como "la Era de la Ignorancia", notando que cada vez los jóvenes a los que enseña literatura en la universidad llegan con menos conocimiento y que existe, como si fuere, una estupidización generalizada de la población en Estados Unidos, la cual es sumamente conveniente para la clase política y la élite empresarial. 


En un efusivo artículo de 2012 publicado en el New York Review of Books el poeta Charles Simic declaraba que estamos viviendo en la Era de la Ignorancia. Desencantado por las manifestaciones culturales de su país, donde en algún momento el grueso de la población llegó a creer que Saddam Hussein había sido responsable de los ataques del 11 de septiembre o que Obama era musulmán, Simic denunció lo que considera es una "rebelión de mentes opacas en contra de la inteligencia", por lo cual es acertado concluir "con Sidney Hook que la estupidez es una de las grandes fuerzas de la historia", todo lo cual es bastante conveniente para la clase política que "resiente a todo aquel que muestra la habilidad de pensar de manera seria e independiente".
Lo que más me llamó la atención de leer el artículo de Simic, un destacado poeta amigo de Octavio Paz, es su diagnóstico puntual, basado en su observación como profesor universitario de literatura, de que los jóvenes son cada vez más ignorantes, pasan de la escuela a la universidad sin estar preparados y sobre todo adoleciendo en conocimientos de historia. Esto mismo lo detecta Rushkoff en cierta forma en su libro Present Shock: inundados por enormes cantidades de información noticiosa, perdemos las noción de las grandes narrativas, de la continuidad del tiempo y la memoria. Todo es un perpetuo y atiborrado "ahora". Simic escribe sobre la notable carencia que tienen los jóvenes de las grandes ideas de otros tiempos:
Hemos necesitado muchos años de indiferencia y estupidez para hacernos tan ignorantes como somos hoy. Cualquiera que haya enseñado en una universidad los últimos 40 años, como yo lo he hecho, puede decirte que los estudiantes que salen de la preparatoria cada año saben menos. Primero fue desconcertante, pero ya no sorprende a ningún instructor universitario que los amables y entusiastas jóvenes que se enrolan en las clases no tienen la habilidad de retener la mayoría del material que se enseña. Enseñar literatura inglesa, como yo he hecho, se ha vuelto más difícil cada año, ya que los estudiantes leen menos literatura antes de entrar a la universidad y carecen de la más básica información histórica del período en el que una novela o un poema fue escrito, incluyendo las ideas y los asuntos que ocupaban a las personas de ese momento.

Tengo la impresión de que esto es un fenómeno global. Hablo desde lo que observo en México, pero podemos citar también al exprofesor de Cambridge, Terry Eagleton, quien en un artículo en el mismo tenor que el de Simic denunció la influencia neocapitalista sobre la educación superior, considerando que las universidades son administradas como negocios y que las humanidades están al borde de desaparecer puesto que no pueden competir en la producción de capital con otras carreras. Las impresiones de Simic son sobre los estudiantes en Estados Unidos, el país con la presencia mediática más incisiva del mundo, a la vez también, el país que más influencia tiene el mundo, siendo una especie de oficina central de adoctrinamiento cultural global. Algunos países obtienen lo peor de los dos mundos, son colonizados culturalmente y económicamente, pero no reciben los beneficios materiales de la libre economía y se ven obligados a consumir objetos (como ropa o gadgets) y productos culturales de baja calidad.

Simic hace hincapié en que una de las cosas que se está perdiendo es el conocimiento de la historia --encandilados por el nuevo smartphone que hace desechable todo lo demás (incluyendo nuestra memoria); sin una noción histórica, el pueblo es fácilmente manipulable ya que no tiene el alcance de visión para percibir que los políticos están recurriendo a los mismos trucos o a las mismas falsas promesas que han utilizado antes sin entregar nunca resultados. Como dijo el filósofo George Santayana, "aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo". Me pregunto si, correteando las actualizaciones incesantes que nos hacen llegar nuestros aparatos, no nos estaremos programando para repetir los mismos errores del pasado, pensando que éste ya no existe, que ya lo hemos superado y con él los grandes desafíos de la condición humana. Simic considera que nuestra ignorancia, en el mundo real, nos hace presa fácil de la manipulación política e ideológica. "Para empezar, hay más dinero que ganar de los ignorantes que de las personas educadas, y engañar al pueblo es una de las pocas industrias que seguimos manteniendo en este país. Un pueblo verdaderamente ilustrado sería malo para los políticos y los negocios". 

Cómo explicarnos este incremento en la ignorancia --incremento al menos en lo referente a las bellas artes, a las tradiciones religiosas, a la historia. Simic culpa en Estados Unidos a la educación. "No hay duda de que el Internet y la televisión por cable han permitido que variados intereses políticos y corporativos diseminen desinformación a una escala antes imposible, pero para que eso sea creído es necesaria una población malamente educada y desacostumbrada a verificar las cosas que se le dicen". Me pregunto si no existe una especie de loop de retroalimentación entre los medios electrónicos y la carencia educativa, uno magnificando el efecto de la otra. Pasamos grandes cantidades de tiempo consumiendo contenido electrónico en forma de snack, pedacería diseñada para atrapar nuestra atención y ante este contenido --hecho a la medida de nuestra dopamina-- las películas de cine de arte, los libros de filosofía clásica o las novelas de autores de hace más de 50 años nos parecen aburridas. En inglés se ha creado el término "infotainment" para referirse a la información y al entretenimento como una misma (y ubicua) cosa. Hoy en día todo tiene que ser entretenido, fácil de usar y útil (en el sentido de que nos brinde un capital, algo que podamos presumir que sabemos o que podamos vender). 

Hace unos días me encontré con esta increíblemente popular app llamada Blinkist, la cual tiene cientos de miles de usuarios y decenas de millones de seguidores en las redes sociales. Me pareció sintomática de lo que Simic llama la Era de la Ignorancia a la vez que, paradójicamente, denota un fuerte deseo de saber. Blinkist ofrece resúmenes de miles de libros que puedes leer en 15 minutos, una especie de resumen ejecutivo compuesto de puros "insights" de populares obras de no ficción. Promete hacerte más inteligente y ahorrarte toda la paja y la molestia de tener que realmente leer el libro. En nuestra era todos queremos ser CEOs, todos traducimos el tiempo en dinero y todos nos preparamos para pasar el examen (no para realmente aprender, sino para parecer que sabemos lo suficiente para pasar el punto de control y obtener el beneficio social o económico).

Se podrá argumentar que los jóvenes no saben menos sino que sus saberes están orientados a lenguajes científico-técnicos, como por ejemplo la tecnología de la información, a través de la cual pueden, por ejemplo, extender su memoria a la Red y utilizar la Nube como un almacén de información mucho mayor de lo que las mentes más prodigiosas albergaban en la antigüedad. Y, también, el siempre citado argumento de que las habilidades intelectuales modernas están orientadas hacia el reconocimiento de patrones y no a la memorización de información. Como si fuéramos más ligeros y estuviéramos uniéndonos a una mente global incorpórea. En algún momento esto puede llevar a creer incluso que estamos por manifestar el sueño de Teilhard de Chardin de la noósfera, la evolución de una capa de conciencia inmaterial, una especie de superalma planetaria (al menos los entusiastas editores de la revistaWired así lo creían). El juicio que he querido exponer aquí, sin embargo, es un juicio de valor: una defensa de la calidad de la información y su capacidad de ser transformada en sentido y no de la cantidad de información que podemos manejar como individuos o en colectivo y su capacidad de ser transformada en ventaja o utilidad. A su vez, no tengo reparos en manifestar que el problema de educación que vivimos es un problema de valores, es decir un problema moral y estético. 


Hoy la mayoría de las personas preferirían tener una habilidad que puedan capitalizar fácilmente y no una sensibilidad que sea inútil económicamente pero que alimente al individuo de belleza y de una riqueza que no cotiza en la bolsa. Nuestras prioridades y deseos hoy son determinados en función de la economía, el éxito personal (deseo aspiracional) y el materialismo y no de la estética, la ética ni la espiritualidad. En suma, simplemente digo aquí que para mi forma de ver el mundo --una visión tradicional-- el conocimiento debe estar ligado a principios que trascienden modas y corrientes pasajeras; ideas o valores que pueden encontrarse fundamentalmente en el arte, la religión y la filosofía (también en la ciencia, pero sólo en la ciencia que es capaz de encontrar sentido, es decir, en una ciencia siempre vinculada a la filosofía, como fue en el origen). Más allá de las apariencias y las rápidas descargas del hedonismo, lo que todos deseamos es entrar en contacto con algo más duradero y profundo y lo único que sabemos de cierto que trasciende nuestra corta estancia bajo el Sol son las ideas y los valores. Platón nos hablaría del Bien, de la Belleza, de la Unidad. Buda del Dharma (la ley de la cual el universo mismo es sólo una manifestación). Quizás lo mejor que tenemos actualmente --en un mundo fanáticamente secular-- son intentos como los de Carl Sagan por encontrar belleza y sentido dentro del supuesto azar de la ciega máquina universal e incrustar nuestros procesos dentro de la madeja de la evolución cósmica desde una perspectiva de participación. Sobre lo último habría que recordar que las grandes ideas de Sagan --"somos polvo de estrellas", "somos la forma en la que el universo se conoce a sí mismo"-- son solamente ecos o reformulaciones casi exactas de nociones conocidas a través de una ciencia interna hace miles de años por diversas culturas como la védica, la griega o la egipcia, entre otras. 

Intentando entender esta propagación de la ignorancia o este declive cultural --mayormente desestimado en la cresta del progreso tecnológico, puesto que, ¿cómo es posible que se hable de ignorancia cuando producimos tanta increíble, cuasidivina tecnología?-- me parece ineludible dirigir la mirada a cómo hemos asimilado la tecnología o a cómo no nos hemos percatado de los efectos que tienen los nuevos medios en nuestros sentidos y en nuestra cognición. Marshall McLuhan, un autor al que todos deberíamos regresar en esta época, dijo que la tecnología es una extensión de nuestros sentidos, pero que de la misma forma que los amplifica también los amputa. Un automóvil es una extensión de nuestras piernas (aunque alguno ha bromeado que también del pene), un teléfono de nuestros oídos y de nuestra voz (¿un smartphone es un genio o demonio atrapado en el bolsillo?), el Internet es una extensión de nuestro cerebro. No hay duda que sus alcances son enormes, su potencial maravilloso, pero hay que detenernos a observar si su mismo poder, su fabuloso encantamiento no está obnubilando o inundando algunos aspectos de nuestra percepción o por lo menos modificando algunos hábitos que determinan nuestra relación con el mundo y nuestra capacidad de conectarnos con los demás. 
El sentido de la frase de McLuhan queda claramente ejemplificado en el slogan repetido incansablemente, lo mismo por compañías de telecomunicación que sitios de internet: que nos están conectando donde quiera que estemos, todo el tiempo. ¿Acaso a la vez también no nos están desconectando del mundo real y de nosotros mismos? ¿Si estamos conectados todo el tiempo a la Red podemos estar conectados a nuestro entorno y a lo que sucede fuera de la pantalla? Como dice el anarcoprimitvista John Zerzan: "está claro que las máquinas están conectadas, ¿pero no sé hasta que punto lo están los humanos? Todos están en su teléfono celular todo el tiempo, como zombis, vas por la calle y la gente choca contigo porque está tan embobada viendo sus aparatos". 

Twitter del autor: @alepholo

 




Bertrand Russell:
Un mensaje para el futuro
 


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lunes, 30 de mayo de 2016

HISTORIA DE LA BANDERA ESPAÑOLA Y SU EVOLUCIÓN 🚩


El inicio de la historia de la bandera española, que también es conocida como la “rojigualda”, llegó durante el reinado de Carlos III. Exactamente el 28 de mayo de 1785. No obstante, no fue hasta el año 1843 cuando la reina Isabel II la instauró como bandera nacional española.
Origen de la bandera de España actual

El origen de la actual bandera de España surge básicamente por una problemática naval.
Al acceder al trono español la dinastía de los Borbones, mediante el rey Felipe V, instauró su bandera, que era el escudo de armas en el centro sobre un fondo blanco (característica de la casa Borbón).

El problema era que las banderas de otros reinos gobernados por dicha dinastía como Parma, Nápoles, Francia, Toscana, o Sicilia, además de Gran Bretaña, también empleaban el color blanco como color de fondo.
Esto significaba que había muchas complicaciones a la hora de saber el origen o procedencia de los barcos. Por tanto, la dificultad de diferenciar unas naves de otras, hacía que durante las batallas (por ejemplo) las embarcaciones no pudieran atacar hasta estar bien seguras de que el contrario era enemigo o aliado.
Para dar solución a este problema, el rey Carlos III encargó a Antonio Valdés y Fernández Bazán, Ministro de Marina de la época, que creara una bandera nueva para uso naval. Valdés organizó un concurso y eligió los doce bocetos que más le gustaron. Posteriormente, se los presentó a Carlos III para que escogiese el diseño final.


De entre todos los diseños, el monarca optó por una bandera de colores rojo y amarillo por ser muy llamativa en el mar. No obstante, realizó una modificación en las proporciones de las franjas, haciendo que la central amarilla fuese el doble de ancha que las franjas rojas.

De este modo, mediante el Real Decreto de 28 de mayo de 1785, se oficializó el cambio de bandera española naval.
Con el hijo de Carlos III, el rey Carlos IV, esta bandera también se implantó en el Ejército de Tierra. Con el tiempo se hizo muy popular su empleo, especialmente durante la Guerra de la Independencia Española (1808-1814).
El fervor patriótico del pueblo que surgió durante las batallas contra los franceses, hizo suya esta bandera, pese a tratarse de una bandera del Ejército.
Tal fue el incremento de su popularidad que la reina Isabel II la declaró bandera nacional española en el Real Decreto de 13 de octubre de 1843. Desde ese momento se han mantenido invariables los colores de la bandera española hasta nuestros días, excepto el período de la II República (1931-1936 ).
En estos años el himno nacional y la bandera “rojigualda” se cambiaron. En la bandera republicana española, como homenaje a los comuneros de Castilla que se enfrentaron a Carlos I, la franja roja inferior se cambió por una franja morada.

Evolución en la historia 
de la bandera española

Aparte de la bandera española, Carlos III también cambió el escudo borbónico. Optó por un escudo con un león rampante a la derecha y un castillo de color dorado a la izquierda. Todo ello con una corona en la parte superior.


Y de este modo permaneció hasta la llegada de la I República (1873-1874). Los republicanos eliminaron la corona al escudo, pero dejaron igual el resto de colores y símbolos. No obstante, esto solo se mantuvo por un año, hasta que se instauró nuevamente la monarquía.


Durante la II República, aparte de incluir el color morado como hemos comentado anteriormente, el escudo también sufrió cambios. Se añadieron los reinos de Aragón, Granada y Navarra. También se sustituyó la corona por un castillo en la parte superior del escudo. También se incluyeron las 2 columnas de Hércules con el lema ‘Plus Ultra’, cuyo significado o traducción es “Más allá”.


Una vez finalizada la Guerra Civil española (1936-1939) la bandera española fue modificada nuevamente. Se retomaron los colores originales y se eliminó el castillo que coronaba el escudo, cambiándolo por una corona nuevamente. También se incluyó el águila de San Juan, en homenaje a los Reyes Católicos, especialmente a la reina Isabel, cuyo emblema personal la incluía.


No fue hasta el año 1981, ya dentro del periodo democrático, que el escudo y los colores de la bandera de España toman el aspecto actual. Se mantienen los colores de las franjas y se opta por un escudo parecido al de la II República, pero con una corona en lugar del castillo en la parte superior y se añade el emblema de los Borbones en el centro.


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REGLA NÚMERO 1
Escudo de Su Majestad el Rey

Su Majestad el Rey, Felipe VI, siguiendo la tradición de la Casa Real, y contando con el asesoramiento de la Real Academia de la Historia, ha tenido a bien aprobar las Armas que utilizará durante su reinado, por lo que ha de modificarse el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos, aprobado por Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, con el objeto de crear el guión y el estandarte correspondiente al nuevo Rey.
De acuerdo con el referido dictamen de la Real Academia de la Historia, la ordenación del guión y del estandarte que ha de ostentar como Rey Don Felipe de Borbón y Grecia será la misma que tuvo como Príncipe de Asturias, con la salvedad de desaparecer el lambel diferenciador y timbrarse el escudo con la Corona Real de España, en lugar de la de Príncipe de Asturias. Esta es la práctica generalmente seguida en la heráldica europea cuando un príncipe heredero accede al trono.
Asimismo, se establece que Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, una vez sea efectiva su abdicación, siga usando el guión y el estandarte que ha venido utilizando durante su reinado.
Por último, se adapta al nuevo escudo el distintivo que actualmente utiliza el personal mencionado en el Real Decreto 2157/1977, de 23 de julio, por el que se crea el distintivo de la Casa de Su Majestad el Rey.
En su virtud, a propuesta de la Vicepresidenta del Gobierno y Ministra de la Presidencia y del Ministro de Defensa, y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 20 de junio de 2014,
DISPONGO:

Artículo 1. Creación del guión y el estandarte de Su Majestad el Rey Felipe VI.
Se crea el guión y el estandarte de Su Majestad el Rey Felipe VI, cuya imagen y descripción se insertan en el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos, aprobado por Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero.
Artículo 2. Modificación del Reglamento.
Se modifican las Reglas números 1 y 2 del título II del Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos, aprobado por Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, que quedarán redactadas como sigue:

I. Descripción:
Escudo cuartelado: 1.°, de gules, con un castillo de oro, almenado, mazonado de sable y aclarado de azur, que es de Castilla; 2.°, de plata, con un león rampante de púrpura coronado de oro, lampasado y armado de gules, que es de León; 3.°, de oro, con cuatro palos de gules, que es de Aragón; 4.º, de gules, con una cadena de oro puesta en orla, en cruz y en aspa, con un punto de sinople en abismo, que es de Navarra; entado en punta, de plata, con una granada al natural rajada de gules, sostenida, tallada y hojada de dos hojas de sinople, que es de Granada. Sobre el todo, un escusón de azur con tres flores de lis de oro, bordura de gules, que es de Borbón.
El escudo se timbra con un corona cerrada, que es un círculo de oro, engastado en piedras preciosas en sus colores, compuesto de ocho florones de hojas de acanto visibles cinco, interpolados de perlas en su color, de los que parten ocho diademas de perlas vistas cinco, que convergen en un orbe azul, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz de oro, la corona forrada de rojo y va rodeado del collar del Toisón de Oro.

REGLA NÚMERO 2
Escudo de España

I. Descripción.
El escudo de España es cuartelado y entado en punta. En el primer cuartel, de gules o rojo, un castillo de oro, almenado, aclarado de azur o azul y mazonado de sable o negro. En el segundo, de plata, un león rampante, de púrpura, linguado, uñado, armado de gules o rojo y coronado de oro. En el tercero, de oro, cuatro palos, de gules o rojo. En el cuarto, de gules o rojo, una cadena de oro, puesta en cruz, aspa y orla, cargada en el centro de una esmeralda de su color. Entado de plata, una granada al natural, rajada de gules o rojo, tallada y hojada de dos hojas, de sinople o verde.
Acompañado de dos columnas, de plata, con base y capitel, de oro, sobre ondas de azur o azul y plata, superada de corona imperial, la diestra, y de una corona real, la siniestra, ambas de oro, y rodeando las columnas, una cinta de gules o rojo, cargada de letras de oro, en la diestra «Plus» y en la siniestra «Ultra».
Al timbre, corona real, cerrada, que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpoladas de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en un mundo de azur o azul, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz de oro. La corona, forrada de gules o rojo.
Lleva escusón de azur o azul, tres lises de oro, puestas dos y una, la bordura lisa, de gules o rojo, propio de la dinastía reinante.

II. Usos.
1. Las banderas que ondeen en el exterior o se exhiban en el interior de las sedes de los órganos constitucionales del Estado; los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado; los edificios públicos militares y los acuartelamientos, buques, aeronaves y cualesquiera otros establecimientos de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad del Estado, así como de las unidades de ambas Fuerzas con derecho al uso de la Bandera; los locales de las misiones diplomáticas y de las oficinas consulares, las residencias de sus Jefes y, en su caso, sus medios de transporte oficial.
2. Las Leyes que sancione y promulgue Su Majestad el Rey, así como los instrumentos que firme en relación con los Tratados internacionales.
3. Las placas en las fachadas de los locales de las misiones diplomáticas, oficinas consulares y otras misiones diplomáticas en el extranjero.
4. Los sellos en seco y de lacre de Cancillería, las cartas credenciales y patentes y las credenciales y plenipotencias expedidas por el Ministro de Asuntos Exteriores.
5. Los títulos acreditativos de condecoraciones.
6. Los diplomas y sellos para diplomas de Órdenes.
7. Las publicaciones oficiales.
8. Los documentos, impresos, sellos y membretes de uso oficial con excepción de los sellos de correos.
9. Los distintivos usados por las autoridades del Estado a quienes corresponda.
10. Los edificios públicos y los objetos de uso oficial en los que, por su carácter representativo, deban figurar los símbolos del Estado.

III. Tamaño.
Variable, proporcionado al espacio de que se disponga en el lugar donde se emplee.

REGLA NÚMERO 3
Bandera nacional con escudo de España

I. Descripción.
La bandera nacional con el escudo de España es rectangular, con tres listas normales a la vaina, y escudo en ambas caras, La lista central, de colar amarillo gualda, es de doble anchura que cada una de las otras dos, de color rojo. La relación entre la longitud Y anchura es de tres medios de ésta. La colocación del escudo es centrado sobre la franja gualda, a una distancia de la vaina de media anchura de la bandera y de un tamaño de dos tercios de ésta. La regla número 1 de este título muestra detalladamente la forma y colorido del escudo. El mosquetón se sujetará antes de la terminación de la vaina, de tal forma que coincida la parte superior de éste con la superior de la bandera, la cual estará reforzada en esta esquina para evitar que se doble.

II. Confección.
Tafetán de seda con el escudo bordado en seda, plata y aro (banderas de combate) y en tejido fuerte, de lanilla o fibra sintética, con el escudo estampado o sobrepuesto.

III. Uso.
Buques de guerra, arsenales, plazas marítimas, sus castillos y fortalezas, así como otros cualesquiera de las costas, aeródromos, campamentos, cuarteles y demás dependencias militares.
Ministerios y edificios de la Administración del Estado, incluyendo los situados en el extranjero que gocen de la extraterritorialidad.

IV. Tamaños.
Los especificados en la regla número 20 del título I.

V. Escudos.
El especificado en la regla 2 del título I.
"El Escudo de España tendrá una altura de dos quintos de la anchura de la bandera y figurará en ambas caras de ésta en el centro de la franja amarilla.
Cuando la Bandera de España tenga la proporción normal, de longitud igual a tres medios de la anchura, el eje del Escudo se colocará a una distancia de la vaina de media anchura de la bandera.
Si la longitud fuere menor a la normal o la bandera tuviera la forma cuadrada, el Escudo se situará en el centro de la enseña".

Tríptico de la Hispanidad

Dei gratia Rex Hispaniæ
Castellæ,
Aragonum,
Legionis,
Siciliæ citra et ultra farum,
Hierusalem,
Hungariæ,
Portugaliæ,
Navarræ,
Granatæ,
Toleti,
Valentiæ,
Galiciæ,
Maioricarum,
Hispalis,
Sardiniæ,
Cordubæ,
Corcicæ,
Murciæ,
Giennis,
Algarbi,
Algeziræ,
Gibraltaris,
& Insularum Canariæ,
necnon Indiarum & terræ firmæ Oceani,
Princeps Asturiæ,
Gerundensem,
Capuæ,
et Vivianæ,
dux Mediolani,
Athenarum,
Neopatriæ,
Calabriæ
et Apuliæ
marchiones Oristani,
comes Barchinonæ,
Urgelli,
Bisuldunæ,
Rosilionis,
Empurdano,
Ceritaniæ,
Confluentis,
Cerveræ,
Eusonensem,
Gociani,
Superaruia,
et Ripacurcia,
dominus Biscaiæ,
Molinæ,
Balaguer
et Montispesulani.