EL Rincón de Yanka: VIRTUAL

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viernes, 7 de febrero de 2025

LIBRO "¿ÉTICA O IDEOLOGÍA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL? por ADELA CORTINA


¿Ética o ideología 
de la inteligencia artificial?

El eclipse de la razón comunicativa 
en una sociedad tecnologizada



Adela Cortina, Premio Nacional de Ensayo 2015 y autora del éxito Aporofobia, reflexiona en su nuevo libro sobre los desafíos éticos que plantea la IA y nos alerta de sus peligros para la democracia.
La inteligencia artificial ha nacido cargada de promesas y de amenazas, suscitando a la vez entusiasmos y recelos. Tanto los entusiastas como los temerosos reclaman dotarla de ética para defender y empoderar a los seres humanos y a la naturaleza; algunos incluso aseguran que podremos acabar con las enfermedades, la muerte y crear una especie superior que inaugure un mundo de paz y felicidad.

En el extremo contrario, los entusiastas de la revolución 4.0 aseguraron que la IA ayudaría a resolver los problemas de la vida cotidiana, introduciendo la magia de los algoritmos para tomar decisiones en todos los ámbitos de la vida social, incluso dejando esas decisiones en sus manos, sustituyendo los débiles cerebros humanos por la fuerza de la computación o la conectividad.
Y, yendo aún más allá, un buen número de tecnocientíficos aseguraron que acabaremos con la enfermedad, la vejez y la muerte. Que, incorporando valores morales a las máquinas, como el amor, la compasión y la solidaridad, crearemos una nueva especie superior a la humana conocida. Un mundo de paz y felicidad, que pondrá fin al reinado del Homo sapiens, a la época del Antropoceno, marcada por las guerras y la depredación de la naturaleza.

Ante esta visión tan optimista, ¿hablamos de «ética» o de «ideología»? ¿No se está dando por ciencia lo que no lo es para atraer suculentas inversiones, o incluso ganar en la competencia por el poder mundial? Y todo ello mientras en el espacio público triunfa la razón estratégica y se produce el eclipse de la razón comunicativa. Es ésta una pésima noticia si queremos fortalecer la democracia, que está en peligro en el contexto mundial. Y, por supuesto, en España, Europa y América Latina.
Con la claridad de ideas y los argumentos que caracterizan a Adela Cortina, este libro aborda todos los aspectos clave del debate en torno a la IA: el deber ético de las tecnociencias, la geoestrategia del poder, los desafíos de la robótica, la libertad en la era digital y el control del espacio público por parte de los algoritmos y las tecnologías.
El primer deber de una ética de la ciencia es no engañar
¿Esta segunda opción merece el nombre de «ética» o el de «ideología»? ¿No se está calificando como ciencia lo que no lo es para atraer suculentas inversiones, conformar las mentalidades e incluso ganar en la competencia por el poder mundial? 

El primer deber de una ética de la ciencia es no engañar.

Por desgracia, desde ese afán de veracidad nos encontramos con un obstáculo difícilmente salvable, planteado por la estructura misma de las plataformas, las redes y los algoritmos que nacen de esta nueva revolución. 
La gran pregunta ética es siempre ¿hacia dónde queremos ir?, ¿cuál es la brújula que debe orientar la construcción de mapas de carreteras que habrán de ir cambiando con el tiempo necesariamente?
Somos los seres humanos quienes tenemos capacidad de dialogar y decidir hoy por hoy, pero tomar decisiones conjuntas implica hacerlo desde un «nosotros» sin exclusiones, que, valiéndose de los sistemas inteligentes, busque las respuestas adecuadas. Sin embargo, el aumento de la conectividad, gracias a las redes, que debería llevarnos a poder decidir conjuntamente, deliberando, qué queremos hacer de nuestro futuro, no mejora la comunicación veraz. Por el contrario, triunfa una vez más la razón estratégica, que pasa a ocupar todo el espacio público, y se produce el eclipse de la razón comunicativa. Es esta una pésima noticia si queremos fortalecer la democracia, que es una tarea urgente, porque está en peligro en el ámbito mundial. Y, por supuesto, en España, Europa y América Latina.
PRÓLOGO

La inteligencia artificial (IA) nació en el pasado siglo, cargada de amenazas y también de promesas. Tanto los temerosos frente a las amenazas como los entusiastas de las promesas reclamaron dotar a la IA de una ética.

El monstruo de Frankenstein inspiraba esa frankenfobia que exigió una ética para las máquinas, capaz de defender a los seres humanos frente a sus posibles perjuicios, pero sobre todo capaz también de extraer los grandes beneficios que pueden aportar los sistemas inteligentes cuando se toman como instrumentos al servicio de los seres humanos y de una sostenibilidad justa de la naturaleza.

En el extremo contrario, los entusiastas de la revolución 4.0 aseguraron que la IA ayudaría a resolver los problemas de la vida cotidiana, introduciendo la magia de los algoritmos para tomar decisiones en todos los ámbitos de la vida social, incluso dejando esas decisiones en sus manos, sustituyendo los débiles cerebros humanos por la fuerza de la computación o la conectividad.

Y, yendo aún más allá, un buen número de tecnocientíficos aseguraron que acabaremos con la enfermedad, la vejez y la muerte. Que, incorporando valores morales a las máquinas, como el amor, la compasión y la solidaridad, crearemos una nueva especie superior a la humana conocida. Un mundo de paz y felicidad, que pondrá fin al reinado del Homo sapiens, a la época del Antropoceno, marcada por las guerras y la depredación de la naturaleza.

¿Esta segunda opción merece el nombre de «ética» o el de «ideología»? ¿No se está calificando como ciencia lo que no lo es para atraer suculentas inversiones, conformar las mentalidades e incluso ganar en la competencia por el poder mundial?

El primer deber de una ética de la ciencia es no engañar.
Por desgracia, desde ese afán de veracidad nos encontramos con un obstáculo difícilmente salvable, planteado por la estructura misma de las plataformas, las redes y los algoritmos que nacen de esta nueva revolución. la gran pregunta ética es siempre ¿hacia dónde queremos ir?, ¿cuál es la brújula que debe orientar la construcción de mapas de carreteras que habrán de ir cambiando con el tiempo necesariamente?

Somos los seres humanos quienes tenemos capacidad de dialogar y decidir hoy por hoy, pero tomar decisiones conjuntas implica hacerlo desde un «nosotros» sin exclusiones, que, valiéndose de los sistemas inteligentes, busque las respuestas adecuadas. Sin embargo, el aumento de la conectividad, gracias a las redes, que debería llevarnos a poder decidir conjuntamente, deliberando, qué queremos hacer de nuestro futuro, no mejora la comunicación veraz. Por el contrario, triunfa una vez más la razón estratégica, que pasa a ocupar todo el espacio público, y se produce el eclipse de la razón comunicativa. Es ésta una pésima noticia si queremos fortalecer la democracia, que es una tarea urgente, porque está en peligro en el ámbito mundial. Y, por supuesto, en España, Europa e Hispanoamérica.

Naturalmente este libro se ha escrito en diálogo con una buena cantidad de colegas y amigos, a los que agradezco su valiosa cooperación. No puedo mencionarlos a todos, claro está, pero sería una palmaria injusticia no dar las gracias muy especialmente, una vez más, a Martha Rodríguez Coronel por su ayuda tan cordial como eficiente.

Valencia, abril de 2024
En el tricentenario del nacimiento 
de Immanuel Kant

VER+:




Presentación del libro «¿Ética o ideología de la inteligencia artificial?»

lunes, 25 de noviembre de 2024

LOS ENGRANAJES DE OCCIDENTE: LA CRISIS DE LOS VALORES TRADICIONALES por FABIÁN C. BARRIO 💥 y LIBRO "EL ENGRANAJE Y LA REBELIÓN" por LUCIANO SANGUINETTI

Los engranajes de Occidente  (cap. 11)

LA CRISIS 
DE LOS VALORES 
TRADICIONALES 

Quiero que observen dos imágenes publicitarias separadas por tres décadas: 

- la casa Calvin Klein en los años 90', vendía cuerpos perfectos, esculturales, un canto al triunfo, la vida sana y el ejercicio, modelos fuertes hasta la última célula. 
- En el 2022 esta imagen había cambiado radicalmente y el modelo a seguir según esta misma marca era el de personas que rozan la obesidad mórbida, personas que no pisan el gimnasio ni por casualidad, el hombre ha sido despojado de su masculinidad y se oculta tras la imagen de una mujer que hoy se considera body positive y que no es más que el reflejo de los problemas de salud atornillados a la sociedad moderna. 


- Pasemos ahora a julio de 2024 la izquierda levantisca asalta las calles de Washington y tomando como excusa la visita de Netanyahu, se dedica a vandalizar los monumentos más representativos de la capital, aquellos símbolos que definen Estados Unidos como nación: una turba perfectamente organizada inunda calles, descuelga la bandera, quizá lo sagrado para la inmensa mayoría de la población, la sustituye por la bandera Palestina y quema la norteamericana, sin que se produzca una intervención por parte de los cuerpos de seguridad. Esto es especialmente relevante en un país como Estados Unidos que históricamente ha tenido una veneración casi ciega por los símbolos nacionales. 

Viendo ambos ejemplos cabe preguntarse: ¿existe una guerra contra el concepto de occidente mismo? 

Los engranajes de occidente es una serie dedicada a estudiar los mecanismos psicosociales que están provocando la degradación de la civilización occidental. 

Capítulo 11: La crisis de valores tradicionales 

La identidad de los pueblos se fundamenta en una serie de valores axiales que han sido tradicionales y determinantes en la formación y cohesión de las comunidades a lo largo del tiempo. Estos principios axiales actúan como pilares que dan forma al carácter colectivo y guían el comportamiento social a lo largo del tiempo. Esos valores se han entreverado en el tejido cultural, influyendo las costumbres, tradiciones y normas que definen a una comunidad. Su persistencia y su adaptación a través de los siglos permite mantener una continuidad histórica, mientras que su transmisión de una generación a otra, fortalece los lazos comunitarios. 

Comprender estos valores es por lo tanto esencial para desentrañar la esencia de un pueblo porque revelan sus prioridades, aspiraciones y formas de interpretar el mundo; al mismo tiempo, atacarlos es capaz de razonar y destruir esa cohesión porque en última instancia estos principios axiales no solo reflejan el pasado de una sociedad sino que también moldean su presente y proyectan su futuro, actuando como un hilo conductor que mantiene unida a la comunidad frente a los desafíos del cambio y la modernidad. 

1-.  La lengua es un elemento central de la identidad cultural ya que es el medio a través del cual se transmiten conocimientos tradiciones y formas de pensamiento. 
El idioma es uno de los aspectos más distintivos de la identidad cultural de un pueblo, es el vehículo principal a través del cual se expresan las tradiciones, las historias y los valores de una comunidad. Hemos tratado ya en diversas ocasiones en esta misma acción cómo se emplea el lenguaje para manipular la opinión pública. Hoy me gustaría, sin embargo, enfocar nuestra atención a cómo el lenguaje se utiliza como ariete, cómo se pervierte, como se destruye con el objeto de atacar las bases mismas de la sociedad. 

🟡 LA CRISIS DE LOS VALORES TRADICIONALES -- Los engranajes de Occidente 11

Europa sin fe y sin futuro ❌ Desde mi punto de vista por Constantino de Miguel. 

🔔 En este episodio te traigo una reflexión personal y contundente: Europa ha matado a Dios... y ha perdido el alma. Desde la Reforma y la Ilustración, pasando por la Revolución Francesa y la Unión Europea, el viejo continente ha sustituido lo trascendente por el poder del Estado y la burocracia sin alma. 
🕍 ¿Qué queda de la civilización cristiana que dio origen a catedrales, arte, filosofía, derecho y sentido de vida? Hoy Europa se avergüenza de sus raíces, mientras el islam crece y ocupa el vacío que dejó un cristianismo débil y domesticado.
📉 Las iglesias están vacías. El suicidio, la baja natalidad y la desesperanza lo demuestran: un continente que renunció a la eternidad también ha renunciado al futuro. Pero hay esperanza: la Hispanidad conserva la llama viva. 
👁‍🗨 No te pierdas este análisis histórico, cultural y espiritual. 
 BIBLIOGRAFÍA 
• Rémi Brague – Europa, la vía romana; El futuro de Occidente
• Philippe Nemo – ¿Qué es Occidente? 
• Christopher Dawson – La religión y el origen de la cultura occidental; La crisis de la civilización occidental • Alasdair MacIntyre – Tras la virtud 
• George Weigel – El cubo y la catedral: Europa, América y la política sin Dios 
• Edmund Burke – Reflexiones sobre la Revolución Francesa 
• Augusto Del Noce – El problema del ateísmo; La crisis de la modernidad 
• Juan Donoso Cortés – Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo 
• Juan Vázquez de Mella – Discursos (selección) 
• Eric Voegelin – Las religiones políticas
• Alexis de Tocqueville – La democracia en América
• Hannah Arendt – Los orígenes del totalitarismo
• Carl Schmitt – Catolicismo romano y forma política
• Robert Nisbet – La búsqueda de la comunidad
• Bat Ye’or – Eurabia: The Euro-Arab Axis
• Oriana Fallaci – La rabia y el orgullo; La fuerza de la razón
• Thilo Sarrazin – Alemania se suprime a sí misma
• Douglas Murray – La extraña muerte de Europa
• Francisco de Vitoria – Relecciones (especialmente De potestate civili)
• Juan de Mariana – De rege et regis institutione
• Marcelino Menéndez Pelayo – Historia de los heterodoxos españoles
• Ramiro de Maeztu – Defensa de la Hispanidad
• José Antonio Primo de Rivera – Discursos
• Julián Marías – La España real y la España oficial
• Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) – Sin raíces. Europa, relativismo, cristianismo, islam


El engranaje 
y la rebelión
Tecnología y 
subjetividades digitales
"Esta no es una revisión neutral de significados. Es una exploración del vocabulario de un área crucial de discusión social y cultural, heredado dentro de condiciones históricas y sociales precisas y que debe ser a la vez consciente y crítico, sujeto tanto al cambio como a la continuidad, si se pretende que los millones de personas en quienes es una presencia activa lo vean como tal: no como una tradición que hay que aprender, ni como un consenso que hay que aceptar, ni como como un conjunto de significados que, por ser “nuestro lenguaje”, tiene una autoridad natural; sino como un vocabulario en constante formación y reforma, en circunstancias reales y desde puntos de vista profundamente diferentes e importante; un vocabulario para usar, para encontrar nuestro camino en él, para cambiarlo en la medida que lo encontremos necesario, mientras seguimos haciendo nuestro lenguaje y nuestra historia". Raymond Williams, Palabras Clave
El mundo virtual que prometía mejorar las comunicaciones entre los individuos, acaba formando una sociedad solipsista. Una tecnología que claramente facilita y acelera los contactos, paradójicamente inhibe el diálogo. En consecuencia, las calles se llenan de zombies, los colectivos y trenes de sonámbulos, las plazas y los parques de solitarios. 
¿Pero sólo es eso? ¿Cómo es que las pantallas ya saben lo que estoy buscando? Es evidente, entonces, que además estamos siendo vigilados. ¿Por quién? ¿Para qué? 
Por supuesto que esto tampoco es nuevo, la modernidad, ya sabemos gracias a Foucault, había erigido sobre nosotros otros centros de vigilancia, otros encierros: la familia, la escuela, la fábrica; pero eran instituciones que en general apreciábamos y de algún modo habíamos hecho nuestras (por supuesto como parte de unos “aparatos ideológicos”), aunque por momentos buscáramos estar solos, escabullirnos en ciertos rincones o incluso rechazarlas. Sin embargo, cuando levantamos los ojos de las pantallas de nuestro celular, ¿podremos encontrar ese rincón donde ocultarnos, esa exterioridad a la que salir? Difícil.

LA RELIGIÓN HA FORMADO NUESTRO MUNDO, 
Y EL CRISTIANISMO A OCCIDENTE. PEDRO PEDROSA


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martes, 4 de junio de 2024

LIBRO "DE LA ESTUPIDEZ A LA LOCURA": CRÓNICAS PARA EL FUTURO QUE NOS ESPERA por UMBERTO ECO 👥


De la estupidez 
a la locura
Crónicas para el futuro 
que nos espera

La obra póstuma de Umberto Eco, que el autor entregó a imprenta pocos días antes de morir, es una selección de artículos inéditos en España, seleccionados por él mismo. Una sucesión de pequeños placeres intelectuales. 

«Cuando yo era joven, había una diferencia importante entre ser famosos y estar en boca de todos. La mayoría querían ser famosos por ser el mejor deportista o la mejor bailarina, pero a nadie le gustaba estar en boca de todos por ser el cornudo del pueblo o una puta de poca monta# en el futuro esta diferencia ya no existirá: con tal de que alguien nos mire y hable de nosotros, estaremos dispuestos a todo».

Estas palabras son un buen ejemplo de lo que nos ofrece De la estupidez a la locura, una serie de artículos que Umberto Eco publicó en prensa a lo largo de quince años y seleccionó personalmente poco antes de dejarnos. Por estas piezas se pasean hombres y mujeres de relevancia internacional, pero también algunos de los personajes de ficción más amados por Eco, como James Bond o los protagonistas de algunos de sus cómics favoritos. Y vuelve, como siempre, la nostalgia por el pasado perdido, la reflexión irónica sobre el poder y sus instrumentos, y la crítica a un consumismo que nos deja llenos de objetos y vacíos de ideas. Genio, sabiduría y sentido del humor: de todo hay en este libro, una despedida digna de un gran maestro.

Hay escritores que saben representar la realidad valiéndose de varios espejos, colocados en diferentes ángulos, lo que permite captarla en su complejidad y riqueza. Uno de ellos, el italiano Umberto Eco (1932 -2016), autor de esta selección de artículos publicados en los últimos quince años, inicia el volumen abordando el dilema causado por la rotura del contrato social. 

El mundo está en crisis y no sabemos qué normas sirven para guiar nuestra conducta. Buceará por infinidad de rincones, de la alta cultura hasta Gran Hermano, sopesando respuestas.
El libro se abre con un trabajo sobre la modernidad líquida, la expresión del sociólogo Zygmunt Bauman, quien ya advirtió de esa falta de valores compartidos por grupos de individuos, por lo que “al no haber puntos de referencia, todo se disuelve en una especie de liquidez” (pág. 10). 

Las comunidades sociales clásicas han desaparecido. 

Estos ensayos van dirigidos a concienciarnos de que vivimos en ese estado fluido, y que todavía existen salidas posibles. Resulta esencial entender que Eco jamás se erigió en un guardián de la cultura, de nuestra civilización, en sus hechos imaginados o verificables, como hacen los historiadores del arte y de la literatura, sino en pensador que intenta en cada momento sugerir una experiencia ante la lectura de un texto. Su lectura supone una aventura, no un viaje a lugares conocidos. Algunos temas afloran varias veces.

Por ejemplo, el deseo tan contemporáneo de salir en la foto, que en muchas ocasiones viene complementado por la expresión vía Twitter de opiniones irrelevantes. Otro es la ignorancia de las masas. Una “cuarta parte de los ingleses piensa que Churchill es un personaje de fantasía [...] en cambio, muchos de los encuestados (aunque no se precisa cuántos) habrían incluido entre las personas que realmente existieron a Sherlock Holmes” (pág. 56). 

Son realidades del presente que tejen con filamentos hechos de ignorancia la existencia social. Otros aspectos de la vida actual precarizan la consistencia de la comunidad, como la longevidad de los mayores. Los mayores con posibles, que quedan descolgados de la vida al subirse a la noria del turismo. Con suerte, en la edad madura, gustarán de la lectura de novelas de detectives, negras, que llevan a buscar quién es el culpable. Es decir, a buscar al autor, al hacedor. Vuelven a hacerse la primera pregunta filosófica. ¿Quién nos hizo? La frescura de estos artículos proviene de la mezcla de temas y personajes. 

Es como si Eco hubiera deseado meter el mundo entero en un mismo pote global. Quizás la figura del taxista neoyorquino, que aparece varias veces, resulta ejemplar. Quien haya viajado en taxi por Nueva York reconoce la experiencia de que te lleven conductores de los más diferentes países, empeñados en conversar en un inglés rudimentario. En este caso es un paquistaní. A la pregunta acerca de su nacionalidad, Eco responde que de Italia. 

El paquistaní no acaba de con nadie. Luego subiendo la escalera del hotel se le ocurrió que mejor hubiera dicho que los italianos “están continuamente enzarzados en guerras internas [...] se hacen la guerra entre sí” (pág. 225), con nadie. Luego subiendo la escalera del hotel se le ocurrió que mejor hubiera dicho que los italianos “están continuamente enzarzados en guerras internas [...] se hacen la guerra entre sí” (pág. 225). situarlo, y le pregunta qué quienes son sus enemigos. 

El escritor le respondió que Italia no estaba en guerra con nadie. Luego subiendo la escalera del hotel se le ocurrió que mejor hubiera dicho que los italianos “están continuamente enzarzados en guerras internas [...] se hacen la guerra entre sí” (pág. 225).

La sociedad líquida

Como es bien sabido, la idea de modernidad o sociedad «líquida» se debe a Zygmunt Bauman. Al que desee entender las distintas implicaciones de este concepto le será útil leer Estado de crisis, obra en la que Bauman y Carlo Bordoni debaten sobre este y otros problemas. 
La sociedad líquida empieza a perfilarse con la corriente llamada posmodernismo (término «comodín», que puede aplicarse a multitud de fenómenos distintos, desde la arquitectura a la filosofía y a la literatura, y no siempre con acierto). 
 
El posmodernismo marcó la crisis de las «grandes narraciones» que creían poder aplicar al mundo un modelo de orden; tenía como objetivo una reinterpretación lúdica o irónica del pasado, y en cierto modo se entrecruzó con las pulsiones nihilistas. No obstante, para Bordoni también el posmodernismo está en fase decreciente. Tenía un carácter temporal, hemos pasado a través de él sin darnos cuenta siquiera y algún día será estudiado como el prerromanticismo. Se utilizaba para señalar un fenómeno en estado de desarrollo y ha representado una especie de trayecto de la modernidad a un presente todavía sin nombre.

Para Bauman, entre las características de este presente en estado naciente se puede incluir la crisis del Estado
(¿qué libertad de decisión conservan los estados nacionales frente al poder de las entidades supranacionales?). Desaparece una entidad que garantizaba a los individuos la posibilidad de resolver de una forma homogénea los distintos problemas de nuestro tiempo, y con su crisis se ha perfilado la crisis de las ideologías, y por tanto de los partidos, y en general de toda apelación a una comunidad de valores que permitía al individuo sentirse parte de algo que interpretaba sus necesidades.

Con la crisis del concepto de comunidad surge un individualismo desenfrenado, en el que nadie es ya compañero de camino de nadie, sino antagonista del que hay que guardarse. Este «subjetivismo» ha minado las bases de la modernidad, la ha vuelto frágil y eso da lugar a una situación en la que, al no haber puntos de referencia, todo se disuelve en una especie de liquidez. 
 
Se pierde la certeza del derecho (la magistratura se percibe como enemiga) y las únicas soluciones para el individuo sin puntos de referencia son aparecer sea como sea, aparecer como valor, y el consumismo. Pero se trata de un consumismo que no tiende a la posesión de objetos de deseo con los que contentarse, sino que inmediatamente los vuelve obsoletos, y el individuo pasa de un consumo a otro en una especie de bulimia sin objetivo (el nuevo teléfono móvil nos ofrece poquísimas prestaciones nuevas respecto al viejo, pero el viejo tiene que ir al desguace para participar en esta orgía del deseo).

Crisis de las ideologías y de los partidos: alguien ha dicho que estos últimos son ahora taxis a los que se suben un cabecilla o un capo mafioso que controlan votos, seleccionados con descaro según las oportunidades que ofrecen, y esto hace que la actitud hacia los tránsfugas sea incluso de comprensión y no ya de escándalo. No solo los individuos, sino la sociedad misma viven en un proceso continuo de precarización.

¿Hay algo que pueda sustituir esta licuación? Todavía no lo sabemos, y este interregno durará bastante tiempo. Bauman observa que (desaparecida la fe en una salvación que provenga de las alturas, del Estado o de la revolución) es típico del interregno el movimiento de indignación. Estos movimientos saben lo que no quieren, pero no saben lo que quieren. Y quisiera recordar que uno de los problemas que se les plantean a los responsables del orden público a propósito de los «bloques negros» es que no es posible etiquetarlos, como se hizo con los anarquistas, con los fascistas o con las Brigadas Rojas. Actúan, pero nadie sabe cuándo ni en qué dirección, ni siquiera ellos.

¿Hay algún modo de sobrevivir a la liquidez? Lo hay, y consiste justamente en ser conscientes de que vivimos en una sociedad líquida que, para ser entendida y tal vez superada, exige nuevos instrumentos. El problema es que la política y en gran parte la intelligentsia todavía no han comprendido el alcance del fenómeno. Bauman continúa siendo por ahora una vox clamantis in deserto.

[2015]

         


¿Qué es la estupidez?

No es simplemente falta de inteligencia, sino una renuncia al ejercicio del pensamiento. La estupidez aparece cuando el individuo deja de cuestionar, repite sin comprender y actúa por inercia, comodidad o miedo. No se manifiesta en el desconocimiento, sino en la cerrazón: en la incapacidad de revisar creencias, de escuchar razones o de reconocer límites propios. Por eso, la estupidez puede convivir con el saber técnico, el éxito social o el poder político. Más que un defecto individual, es una disposición peligrosa que se fortalece en contextos de obediencia, dogmatismo y simplificación extrema, donde pensar resulta incómodo y dudar se vuelve una amenaza.


martes, 19 de septiembre de 2023

LIBRO Y PELÍCULA "FAHRENGEIT 451" por RAY BRADBURY y por François Truffaut 🔥📕📗🔥📘📙🔥📚🔥






Ray  Bradbury 
 Fahrenheit  451
¿CÓMO VAS A SER FELIZ 
SI NO ERES INDEPENDIENTEMENTE LIBRE?

“No hace falta quemar libros si el mundo empieza 
a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe.”

“Y por primera vez comprendí 
que detrás de cada libro hay un hombre.”

Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos. 
Son la guardia pretoriana de César, 
susurrando mientras tiene lugar el desfile por la avenida: 
«Recuerda, César, eres mortal»“.

RAY BRADBURY

Una de las distopías más conocidas de la historia de la literatura es este clásico “Fahrenheit 451”, una de las principales obras literarias del escritor de ciencia ficción Ray Bradbury.
En la novela se nos describe un mundo falsamente feliz que se mantiene en este estado confinando desde el poder al ciudadano lejos del pensamiento y la sabiduría, proclamando la ignorancia y la censura como mantenimiento de la placidez mental en un lugar en el que los bomberos en vez de apagar el fuego avivan el mismo con la principal intención de quemar libros (Fahrenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel).
Narrado en tercera persona con un tono fosco, lírico, con algunos pasajes de monólogo interior, el libro, con el protagonismo del bombero Guy Montag, augura muchos de los defectos de la sociedad actual dominada por élites de política y poder:

– El totalitarismo gubernamental
– La manipulación mediática
– El pensamiento global
– La carencia de compromiso y rigor intelectual
– La estandarización de las emociones
– La vacuidad existencial en una sociedad de escasos valores
– La vida frenética y tecnológica
– La falta de incidencia sentimental en las relaciones
– La anulación del individuo con la búsqueda de la idea única y la actitud acrítica…

Esta novela fue adaptada al cine por François Truffaut en el año 1966 con la participación de Oskar Werner y Julie Christie.

👉    Fahrenheit  451    👈
François  Truffaut,  
Francia,  1966

¿Y si no tuvieras derecho a leer? ¿Y si se considerase una de las mayores vulneraciones del código de tu sociedad, penado, en última instancia, con la muerte? Porque si lees, tienes consciencia universal. Tienes argumentos. Tienes, en definitiva, opinión. Fahrenheit 451 es una de las novelas, y films, que mejor representan la sociedad distópica que muchos han avecinado, esperemos, sin acierto.

En este especial de Investigamos estamos haciendo un repaso tanto a films donde el fin de la humanidad es, lo menos, impredecible (véanse los textos de 12 monos, Terminator, o Matrix), como películas donde se aventura el futuro del hombre dirigido por una sociedad controladora, ya sea a nivel totalitario, o como consecuencia de la simple evolución, tanto tecnológica como interracial. Así, hemos visto futuros como el que George Lucas nos mostraba en THX 1158 (1971), con una sociedad que vive debajo de la superficie de la Tierra, controlada a base de drogas y de sumisión a una religión enfermiza, en la que mantener relaciones sexuales está prohibido y muchos humanos trabajan incesablemente haciendo tareas que ni ellos mismos comprenden (esta idea la vimos casi reproducida en la poco afortunada La isla, de Michael Bay, 2005), o 1984 (Michael Radford, 1984), adaptación de la famosa novela de George Orwell, en la que un hombre consigue burlar temporalmente el control del gobierno al encontrar un punto ciego en su casa desde el que no pueden observar lo que hace. Otro tipo de films son Gattaca (Andrew Niccol, 1997), en el que los que integran la sociedad se han autoimpuesto el ser siempre los mejores, escogiendo el ADN de los bebés a partir de lo mejor de sus progenitores (que también han sido seleccionados), y donde un parto natural se censura con el desprecio y la degradación social, o Blade Runner (Ridley Scott, 1982), en el que la evolución de la sociedad ha creado incluso puestos de trabajo de especialistas que capturan a robots tan parecidos a los humanos que casi no se les puede distinguir. En definitiva, ejemplos hay muchos de los tipos de futuros paralelos, unos más pesimistas que otros, eso sí (V de Vendetta, Días Extraños, Soylent Green, Brazil...).

La época dorada de este género, en lo narrativo (y no hay que olvidar que muchos de estos films están basados en novelas de este período) estuvo comprendida entre la década de los 50 y mediados de los 60 con autores que imaginaron, seguramente tras la reciente Segunda Guerra Mundial -viendo que no habíamos aprendido gran cosa-, futuros donde el intento de control y gobierno sobre los otros nos llevarían, en el límite, a la autodestrucción. Así, tenemos novelas como la ya citada 1984, Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932... estamos hablando de un verdadero visionario), El día de los trífidos (John Wyndham, 1951), El hombre demolido (Alfred Bester, 1953), El fin de la infancia (Arthur C. Clarke, 1953), o la famosa Fahrenheit 451.
Como muchos saben, el título hace referencia a la temperatura a la que arde el papel. Y es que Ray Bradbury nos presentaba ya en 1953 la historia de una sociedad donde el trabajo de los bomberos es iniciar incendios para quemar obras literarias, ya que su posesión está en contra de la ley, al defender que la lectura convierte en infelices a las personas. La realidad es más compleja: el gobierno es consciente de que la lectura puede crear pensamientos individualizados, cuando ellos buscan que sea común, pacífico y sumiso.

Todo esto vamos descubriéndolo gracias a Guy Montag (Oskar Werner), uno de estos "bomberos" que, dándose cuenta (gracias a una joven vecina que le hace pensar sobre su trabajo) de que su vida no tiene ningún tipo de aliciente, decide investigar sobre los motivos que llevan a algunas personas a guardar los libros e, incluso, a morir por ellos. Pronto se da cuenta de que él quiere formar parte de esa Resistencia que lucha por conservar el conocimiento, convirtiéndose, después de ser perseguido por el gobierno por defender sus ideas, y una vez encontrada su verdadera pasión, en la personificación de "Cuentos de misterio y de imaginación", de Edgar Allan Poe (para comprender esta parte, lo mejor es ver la película).

Escrita como respuesta a la censura que McCarthy ejercía sobre los libros, la adaptación de la novela por parte de Truffaut, trece años después, supuso su primer film en color y en habla inglesa. La película, que sorprende ya desde un inicio, siendo fiel a la historia que va a explicar (en un mundo donde la lectura está prohibida... el director decidió que los títulos de crédito no apareciesen por escrito, sino que fuesen narrados), está lleno de guiños al autor original (se observa claramente cómo se queman ejemplares de "Crónicas marcianas" e incluso del propio "Fahrenheit 451") y al propio Truffaut, que no pudo estarse de quemar un ejemplar de Cahiers du Cinema. Aunque no está llevada al cine de forma fiel al libro (en el último momento, el director decidió, no se sabe bien por qué, que el personaje de la mujer del bombero y de la chica que le hace abrir los ojos fuese interpretado por la misma actriz, Julie Christie), Truffaut supo dar la importancia que se merecía, como si de otro personaje principal se tratase, a los libros quemados. Recomiendo ver el detalle de estas secuencias, ya que, si se está bien introducido en la trama, ver que se destruyen para toda la eternidad obras como el Don Quijote de Cervantes o Los Hermanos Karamázov de Dostoyevski acaba doliendo de verdad.

Afortunadamente, tanto el libro como el film se muestran esperanzadores: tal y como dice uno de los cabecillas de la resistencia, "somos una minoría de indeseables que claman en el desierto. Pero no será así siempre. Algún día nos llamarán a todos para que recitemos lo que nos aprendimos de memoria, y los libros se volverán a imprimir. Y, cuando llegue otra era de oscuridad, hombres como nosotros volverán a hacer lo mismo". Esperemos, realmente, no tener que acabar memorizando libros como Fahrenheit 451.
 
¿CÓMO SABER SI TE HAN 
COMIDO EL COCO O CEREBRO?
 
VER+:













🟡 Farenheit 451, de Ray Bradbury - Análisis - Club de los lectores muermos


LA RADIO CON "SOBERANÍA," CON "SOBERANÍA CIUDADANA." HOY CON LA TRANSMISIÓN DE JUAN CARLOS VÁZQUEZ

BRADBURY - Fahrenheit 451 by David GM


Bradbury - Fahrenheit 451 -... by AndrésMaldonado