EL Rincón de Yanka: abril 2018

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lunes, 30 de abril de 2018

OSWALD SPENGLER: 📘 "LA DECADENCIA DE OCCIDENTE". HACE 100 AÑOS QUE NOS LO ADVIRTIÓ


Oswald Spengler 
y la decadencia de Occidente


Oswald Spengler fue un filósofo de la Historia alemana, autor principalmente del libro La Decadencia de Occidente (1918), de gran impacto y alcance mundial en el Periodo de Entreguerras, pero relativamente olvidado desde la segunda mitad del siglo pasado hasta la fecha.

"Desde la publicación en 1918 del primer volumen de La decadencia de Occidente de Oswald Spengler, las profecías sobre la muerte segura de lo que llamó la "civilización fáustica" han sido un tema recurrente para los pensadores y los intelectuales públicos. Se podría considerar que las crisis actuales en los Estados Unidos y en Europa, consecuencia primordialmente de los fallos éticos inherentes al capitalismo de los Estados Unidos y a las deficiencias de funcionamiento de Europa, atribuyen crédito a la opinión de Spengler sobre la insuficiencia de la democracia y a su rechazo de la civilización occidental por estar impulsada esencialmente por una corruptora avidez de dinero."




Ahora, a consecuencia de la interpretación por el historiador norteamericano Samuel Huntington de la pasada guerra de los Balcanes, que llevó a la desmembración de Yugoslavia y de los ataque a la Torres Gemelas de Nueva York por el radicalismo islámico, como un “choque de Civilizaciones”, está volviendo a despertar el interés actual por su concepto de las Civilizaciones como círculos culturales (Kulturkreise) irreductiblemente cerrados, que inevitablemente tienden a chocar entre sí cuando entran en contacto. En España fue introducido por Ortega y Gassetquien impulsó la edición de La Decadencia de Occidente en Espasa Calpe (1923) en la magnífica traducción de Manuel García Morente. Ortega se apoyó entonces en Spengler para decir que la llamada Primera Guerra Mundial no había pasado de ser una guerra entre los imperios occidentales (inglés, francés, alemán, ruso y austro-húngaro). No había por tanto sido realmente mundial o global, como diríamos hoy, pues era una guerra interna de la propia Civilización europea sin afectar seriamente a otras grandes Civilizaciones, como la Hindú o la China.

En el título de su obra se diagnosticaba la decadencia de la gran Cultura europea que, pasada ya su época clásica, comenzaba a declinar ahogándose en terribles guerras intestinas por intereses puramente económicos y pronosticaba por ello el final de su democracia y la llegada de un poder cesarista despótico. Dicho nuevo poder no serían, en su opinión, precisamente los nazis hitlerianos, que lo condenaron a una especie de ostracismo, pues el “socialismo prusiano” de Spengler proponía una aristocracia meritocrática regeneracionista que no encajaba con la dirección del socialismo nazi integrada mayormente por cuadros de partido brutalmente racistas e ignorantes. Dicho poder sería para Spengler más bien Rusia, la llamada Tercera Roma. Su error más importante fue entonces infravalorar a la otra posibilidad de poder que eran los norteamericanos, un pueblo también joven frente a la decadente y envejecida Europa. El pueblo ruso era visto por Spengler como un “pueblo de pueblos” que llevaría la promesa de una nueva civilización, una nueva Roma. En esto creemos que se equivocó, pues otros ven ahora la Tercera Roma naciente en USA.


Pero, quizás lo que todavía puede perdurar y ser actual de Spengler es su Historia comparada de las grandes Civilizaciones, que se han desarrollado a lo largo de la Historia mundial, tratando de obtener algunas leyes históricas que se deducen de las analogías y repeticiones que se extraen de su estudio histórico positivo, según el enfoque que trata de delimitar la “fisionomía” de las grandes Culturas o Civilizaciones históricas. Es lo que podemos constatar en el reciente libro de Carlos X. Blanco, Ostwald Spengler y la Europa fáustica, (Ediciones Fides, 2016) en el que el autor trata de volver a leer a un Spengler que sigue siendo famoso, pero que ha sido relegado y postergado en el actual ámbito universitario español. Un Spengler cuyo: “enfoque fisionómico de las culturas -se trata de delimitar la ‘fisionomía’ de sus formas históricas- nos dice que las civilizaciones son mortales, que pueden morir y que tal es su destino común. No son pueblos o épocas, sino culturas, irreductibles las unas a las otras, los motores de la historia mundial. Estas culturas no son creadas por los pueblos, sino, al contrario, son los pueblos los que son creados por las culturas. La Antigüedad, por ejemplo, es una cultura separada, similar pero totalmente distinta de la cultura fáustica occidental. Todas las culturas obedecen a las mismas leyes orgánicas del crecimiento y de la decadencia. El espectáculo del pasado nos informa, pues, sobre lo que todavía no ha sucedido”.

De este enfoque se deduce que la Civilización Occidental no seguirá progresando indefinidamente como si fuese inmortal, pues ninguna Civilización anterior lo ha conseguido. Lo más razonable es pensar que acabará declinando como las anteriores. Esto no sería un mero pronóstico pesimista, sino un diagnóstico resultado de la observación y el conocimiento histórico, de la misma manera que no nos convertimos en agoreros pesimistas por decir que la vida humana se encamina necesariamente hacia la muerte, pues ello es “ley de vida” a la que no cabe más que resignarse. Más bien nos permite organizar con más realismo nuestro plan de vida y nuestras expectativas futuras de una forma adecuada a la edad en que nos encontramos. El viejo no puede volver a ser joven, pero puede orientar y aconsejar el camino que deberían seguir los más jóvenes.

Pero no nos engañemos: el eurocentrismo y el desmedido orgullo occidental han recibido golpes duros en los últimos años, pero, para quienes en Occidente se sienten vencidos por el fatalismo y las dudas sobre sí mismos, de la "primavera árabe" y de la reanudación en Rusia de la revolución inconclusa que acabó con el comunismo emana ahora un mensaje de esperanza. Tampoco se ha resuelto la incoherencia entre el capitalismo de China y su falta de libertades civiles. No se puede descartar una "primavera china".
Occidente afronta amenazas graves… como siempre, pero los valores de la libertad y la dignidad humanas que impulsan la civilización occidental siguen siendo el sueño de la inmensa mayoría de la Humanidad.

La decadencia de Occidente, cien años después. 
Un libro que nos advirtió del colapso




Hemos echado a Dios de todas partes y después exclamamos con reproche cuando pasa alguna masacre: ¿Dónde está Dios?Bryan Jonathan Fischer: Y esta es la razón: Dios no va donde no lo quieren. Llevamos años, diciéndole a Dios que se pierda. Diciéndole: "No Te queremos en nuestras escuelas; no queremos orarte en nuestras escuelas; no Te queremos orar antes de los partidos de fútbol; no queremos hablar de Ti en las escuelas; no queremos que Tu palabra sea leída en las escuelas. Sacamos las oraciones de las escuelas, pateamos la Biblia de las escuelas, sacamos los diez mandamientos de las escuelas. Sacamos a patadas a Dios de nuestro sistema educativo y creo que Dios nos diría: "Estaría feliz de invitar a sus niños, pero tienen que invitarme de vuelta a su mundo. No voy a ir donde no me quieren. Soy un caballero".
Se cumplen cien años desde la publicación en 1918 del primer volumen del libro La Decadencia de Occidente, de Oswald Spengler.
El segundo volumen se editó cinco años después, en 1923. En esta obra se planteó por primera vez la idea de que nuestra afamada civilización occidental se acerca al ocaso. ¿Qué se puede decir al respecto un siglo después?

La decadencia de Occidente

El gran historiador del siglo XX Arnold J. Toynbee coincidió con Oswald Spengler en su idea fundamental, aunque no en los detalles. Para Toynbee, la civilización Occidental entró en colapso en el siglo XX, cuando las dos guerras mundiales mostraron su incapacidad para seguir enfrentándose a nuevos desafíos. Claro es que, para Toynbee, el colapso de una civilización no significa su desaparición, ni siquiera la preludia. Todavía tendríamos por delante –según él- unos cuantos siglos de lo que Toynbee llama Imperio Universal, ligados, eso sí, a cierto estancamiento cultural. La Decadencia de Occidente


Lo primero que tenemos que reconocer es que, si Spengler logró detectar la decadencia de nuestra civilización, eso significa que dicha decadencia había empezado mucho antes. Los movimientos evolutivos, tanto los biológicos como los culturales, son imperceptibles al principio. Cuando se hacen visibles, están ya muy avanzados en su desarrollo.

En el artículo “El mito de la Ilustración” se explica que en la primera mitad del siglo XVIII se produjo en todo Occidente un descenso cultural importante, un bajón en los avances científicos, literarios y artísticos de los dos siglos anteriores. Señala también que una de las figuras supuestamente importantes de esta época (llamada por quienes la vivieron con el pomposo nombre de Ilustración) fue el filósofo inglés David Hume, padre del escepticismo. Sus teorías filosóficas, basadas en la negación de la posibilidad del conocimiento de la verdad, pueden considerarse responsables de la decadencia fulminante que experimentó la filosofía a partir de mediados del siglo XIX, que se ha extendido a la ciencia desde mediados del siglo XX.

La decadencia de Occidente ha alcanzado hoy un estado muy avanzado, muy superior al que tenía en tiempos de Spengler. Si hacia 1920 las artes plásticas occidentales se estaban disolviendo en un conglomerado de ‘ismos’, con un número de escuelas artísticas casi igual al de practicantes, la música occidental puede considerarse prácticamente muerta desde hace medio siglo. Incluso el cine, la más moderna de las artes, propia en exclusiva de nuestra civilización, después de una corta época de oro que abarcó poco más de un cuarto de siglo, entró en colapso hacia 1965. A partir de esa fecha, el cine ha perdido originalidad y se apoya casi en exclusiva en remakes de éxitos anteriores, sagas galácticas y adaptaciones de obras literarias, modernas o antiguas.

¿Qué podemos decir de la ciencia? En artículos anteriores he mencionado que está perdiendo muy deprisa el contacto con la realidad. La física, la reina de las ciencias experimentales, está en franca decadencia. Cuando esta corriente alcance a la biología, la ciencia que más ha avanzado durante el siglo XX, todo el desarrollo científico de nuestra civilización habrá llegado a su fin. Algunos datos cuantitativos proporcionan indicios significativos de que esta tendencia es real, de que no se trata de simples prejuicios pesimistas.

En un libro reciente (Evolución biológica y cultural en la historia de la vida y del hombre) trata de detectar la causa de la decadencia. Hay razones suficientes para afirmar que nuestra decadencia es paralela con el auge del ateísmo, que empezó con la Ilustración, se extendió a la filosofía en el siglo XIX, provocando la muerte de esta disciplina (al menos, eso afirmó Karl Marx en los Manuscritos) y desde mediados del siglo XX ha invadido la sociedad entera.

La ciencia básica, menos contaminada por esta tendencia, pues no tiene nada que decir en cuestiones religiosas, ha permanecido alejada de la decadencia durante más tiempo, pero la invasión por el ateísmo del entorno social amenaza con poner punto final a su desarrollo. Solo la ciencia aplicada (es decir, la tecnología) mantiene aún la inercia de su avance en los siglos anteriores.

En resumen: La decadencia de Occidente, señalada por Spengler hace un siglo en un libro que provocó una fuerte polémica, es hoy indiscutible. Solo nos queda la duda de cuánto tiempo podremos mantenernos en esta situación.


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domingo, 29 de abril de 2018

💩 CHAVISMO: LA PESTE POPULISTA DEL SIGLO XXI

El ejemplo de la Venezuela Castrochavista: 
cómo el populismo deriva 
en autoritarismo y miseria
💩


Cuando Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela hace casi 20 años, promovió un populismo de izquierda que parecía estar concebido para salvar la democracia. Pero, por el contrario, ha provocado la implosión del modelo democrático en ese país como se evidenció la semana pasada cuando el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) se apropió de las funciones del parlamento.

El futuro de Venezuela es una advertencia: el populismo es un camino que, al principio, puede lucir como una democracia. Sin embargo, cuando se lo analiza hasta su conclusión lógica, puede provocar que la democracia se debilite o incluso se convierta en autoritarismo.

El populismo no siempre termina siendo autoritarismo. El colapso venezolano también fue provocado por otros factores como la caída en los precios del petróleo; además, las instituciones democráticas pueden frenar las tendencias más oscuras del populismo.

El país está sintiendo las tensiones fundamentales entre el populismo y la democracia que se observan en todo el mundo. Si no se detienen, estas tensiones pueden crecer hasta que uno de los dos sistemas se imponga. Aunque los países deben elegir qué sistema seguir, la decisión casi nunca se hace conscientemente y puede que sus consecuencias no sean claras sino hasta que es demasiado tarde.

Destruyendo el antiguo orden
La ola de furor populista que ayudó a que Chávez asumiera el cargo en las elecciones de 1998 fue impulsada por los reclamos sobre el estado de la democracia venezolana.
Cuando Chávez se hizo presidente, el poder judicial era disfuncional y corrupto. Un reporte de Human Rights Watch encontró que la principal corte administrativa de Venezuela “de hecho había establecido cuotas para resolver distintos tipos de casos”.
Menos del uno por ciento de la población tenía confianza en el sistema judicial. Como resultado, hubo mucho apoyo para la primera serie de reformas judiciales de 1999, la cual aumentó la independencia e integridad judicial, según un sondeo de ese año realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Sin embargo, cuando el Tribunal Supremo de Justicia impidió el enjuiciamiento de cuatro generales que, según Chávez, habían participado en un intento de golpe de Estado, llegó a considerar que el sistema judicial era un obstáculo a la voluntad popular y cómplice de las élites corruptas a las que prometió oponerse.

Las tensiones crecieron en 2004 cuando el TSJ determinó que la petición de un referendo para destituir a Chávez tenía las firmas suficientes para convocarse.
Entonces, Chávez se otorgó la autoridad para suspender a los jueces opositores y llenar los tribunales con otros; así destruyó el poder del sistema judicial, que limitaba a su presidencia.
“A lo largo de los siguientes años”, según hallazgos del informe de 2008 de Human Rights Watch, “el renovado Tribunal Supremo de Justicia despidió a cientos de jueces y designó a cientos más”.
Según la retórica de Chávez, esto era igual a un sistema judicial que respondiera más a la voluntad y las necesidades del pueblo. Un mensaje que probablemente le gustó a los simpatizantes que lo apoyaban por sus promesas explícitas de acabar con la vieja élite corrupta que detentaba el poder.


‘El populismo siempre estará en conflicto con la democracia’
Cas Mudde, un politólogo holandés, escribió en una columna de 2015 para The Guardian que “el populismo es una respuesta democrática no liberal al liberalismo no democrático”.
En otras palabras, Chávez, como otros líderes populistas, les dijo a sus simpatizantes que sus problemas eran causados por élites e instituciones indiferentes y poco democráticas. Un líder fuerte, argumentó, era necesario para derribar las fuerzas oscuras e imponer la voluntad del pueblo. Ese mensaje fue popular, así como sus primeras iniciativas.
“Todo eso tiene un precio”, escribió Mudde. Este “extremismo de la mayoría” reformula la democracia no como un proceso negociado con el fin de incluir y servir a todos, sino como una batalla absoluta entre la voluntad popular y quien se oponga a ella… incluyendo a jueces, periodistas, líderes de la oposición o incluso tecnócratas gubernamentales.
Por eso es que Kurt Weyland, un politólogo de la Universidad de Texas, escribió en un artículo académico de 2013 que el “populismo siempre estará en conflicto con la democracia”.

Líderes como Chávez, al arraigar su autoridad en la promesa de defender la voluntad popular, “consideran que cualquier institución fuera de su control es un obstáculo que debe superarse o esquivarse”, escribió Weyland.
Esto revela una contradicción entre cómo se percibe la democracia y cómo funciona en realidad.
“A pesar de toda la retórica democrática, la democracia liberal es un equilibrio complejo de democracia popular y elitismo liberal, que por lo tanto solo es parcialmente democrático”, escribió Mudde en una revista académica en 2004.
Eso requiere otorgar el poder a instituciones que no fueron elegidas y que son necesarias para preservar la democracia a pesar de contradecir la imagen de la voluntad popular pura. Esta contradicción deja un espacio para que los populistas desafíen esas instituciones.
No obstante, cuando los líderes le quitan autoridad a las instituciones para “devolverle el poder al pueblo”, como a menudo dicen, en la práctica están consolidando ese poder para ellos.

“La lógica del personalismo hace que los políticos populistas extiendan sus poderes y discrecionalidad”, escribió Weyland.
Por eso es que los populistas a menudo favorecen el culto a la personalidad. Chávez, además de conducir un programa dominical de televisión, celebró mítines y aparecía constantemente en televisión. Esta práctica suele ser impulsada por algo más que el ego; esos líderes no derivan su autoridad del sistema de reglas que gobierna a las democracias consolidadas, sino del apoyo popular.
Eso solo funciona mientras estos líderes puedan hablar de una relación única con el público que les permita atacar a sus enemigos internos —el poder judicial o la prensa libre, por ejemplo— en su nombre.


Consolidando el poder para el pueblo
Las tendencias autoritarias del populismo se evidencian en las primeras batallas de Chávez con los sindicatos, a quienes en un principio había prometido “democratizar”.
Los líderes sindicales de Venezuela eran corruptos, argumentó, y no podían proteger los derechos de los trabajadores.
Su gobierno creó un sistema paralelo de sindicatos, mientras acababa con otros en los que tenía menos influencia. Pero esto configuró una dinámica en la que los sindicatos chavistas tenían preferencia y los opositores eran castigados.
Chávez también comenzó a ejercer un control más directo sobre Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la poderosa compañía estatal que maneja la explotación del crudo venezolano, con lo que consolidó su mensaje que propone devolverle el poder al pueblo.
Sin embargo, cuando los trabajadores de Pdvsa organizaron una huelga en 2002, Chávez despidió a más de 18.000 de ellos. Para 2004, su gobierno había comenzado a poner a trabajadores en la lista negra e identificó a las personas que no le eran leales, con lo que excluyó a muchos de ellos de empleos y beneficios gubernamentales.
Eso envió un mensaje aterrador: oponerse al presidente era oponerse a su proyecto de “socialismo bolivariano” en nombre del pueblo. Según esa lógica, la oposición era una amenaza a la libertad.
Estos episodios demuestran cómo las primeras medidas populistas —desafiar a las instituciones no elegidas, abrir camino para las reformas aparentemente necesarias— pueden tener su propio impulso, hasta que la lista de enemigos populistas aumenta y termina por incluir a los pilares de la democracia más básica.

Atajos hacia la democracia
En retrospectiva, estas medidas indicaban que se trataba de autoritarismo; lo que culminó la semana pasada con el intento de amordazar la legislatura, que era uno de los últimos límites del presidente Nicolás Maduro, sucesor de Chávez.
Eso se pudo evitar. Los fuertes límites democráticos a veces pueden resistir a las presiones del populismo y mantener controlados a los líderes. En Italia, por ejemplo, Silvio Berlusconi dejó el cargo con una lluvia de cargos de corrupción, pero con la democracia del país intacta.
Pero casi nunca es obvio qué camino tomará un país, y no solo porque los primeros pasos hacia el autoritarismo a menudo lucen o parecen democráticos.
Tom Pepinsky, un politólogo de la Universidad de Cornell, ha argumentado que el autoritarismo es una consecuencia no contemplada de factores estructurales que debilitan a las instituciones —como un conflicto armado o un impacto económico— y de medidas que toman los líderes, quienes podrían creer de verdad que están respondiendo a la voluntad popular.

“Así como las democracias pueden ser gobernadas por líderes autoritarios, quienes de verdad creen en la democracia también pueden establecer las bases del autoritarismo”, escribió el profesor Pepinsky en su blog en febrero. Las decisiones que parecen atajos hacia la democracia —como destituir jueces o atacar a los medios hostiles— a largo plazo pueden tener el efecto contrario.
A lo largo del camino, este proceso puede ser difícil de detectar, pues simplemente se exhibe en el funcionamiento de las instituciones burocráticas a las que la mayoría de los electores no les ponen atención. Las elecciones se llevan a cabo, como ha sucedido en Venezuela, los medios conservan libertad nominal y la mayoría de los ciudadanos pueden continuar con sus vidas normalmente.
Venezuela es el peor ejemplo del resultado de un gobierno populista, en el que las instituciones se han debilitado tanto que el crimen está desenfrenado, la corrupción es casi generalizada y la calidad de vida ha colapsado. Sin embargo, esas consecuencias son evidentes solo después de que el daño está hecho.

CHAVISMO: LA PESTE POPULISTA DE LATINOAMÉRICA

VER+:
COMISIÓN INTERAMERICANA 
DE DERECHOS HUMANOS 
Institucionalidad democrática, 
Estado de derecho 
y derechoshumanos en Venezuela 
INFORME DE PAÍS



🎡 LA RUEDA DE LA VIDA (The Wheel of Life): LA MUERTE NO EXISTE

LA RUEDA DE LA VIDA
🎡
"Las personas más bellas que hemos conocido son aquellos que han conocido la derrota, el sufrimiento, la lucha, la pérdida, y han encontrado su manera de salir de las profundidades. Estas personas tienen una gratitud, sensibilidad y comprensión de la vida que los llena con compasión, dulzura, y una preocupación amorosa. Las personas bellas no suceden por casualidad". Elizabeth Kübler

Elizabeth Kübler autora del grandes ventas "LA RUEDA DE LA VIDA (The Wheel of Life)" (1926-2004) fue una de las primeras personas en estudiar honestamente la relación que tenemos con la muerte, con sus apreciaciones y juicios emitidos más desde un ángulo puramente material, que desde un ángulo espiritual, aunque en sus apreciaciones, sin que ello sea su cometido ni su deseo, invade el ángulo espiritual. Para ella el tema de la muerte, manifestaba que más que un problema de creer, era un problema de saber. Ella ha sido una de las más famosas expertas en materia de la muerte y trabajó con miles de pacientes terminales. Estudió 20,000 casos de gente de todo el mundo quienes habían sido declarados clínicamente muertos y quienes después habían regresado a la vida. Algunos habían hecho naturalmente y otros fueron reanimados.

Para ella, la experiencia de morir es casi idéntica a la experiencia del nacimiento. Es el nacer a una forma diferente de existencia, la cual puede ser probada de forma muy simple, y para ello toma el ejemplo de la metamorfosis de los insectos, es el gusano que se transforma en mariposa. Morir es mudarse de una casa a otra mucho más bella. Lo que nos narran las personas que han tenido esta experiencia, nos cuentan que tan pronto como tu alma deja su cuerpo, te das cuenta inmediatamente de que puedes percibir todo lo que sucede en el lugar donde falleciste. Puedes enterarte de lo que los demás dicen exactamente, de lo que piensan y de cómo actúan. El que ha fallecido, también se dará cuenta de que se encuentra completo nuevamente. Ellos nos dicen que eran unas personas completamente nueva, ya que antes era ciega o sorda y entonces veían y oían. Aquéllos que tuvieron una experiencia "fuera de su cuerpo" y regresaron, te podían contar en detalle qué colores y qué joyería llevabas si estabas presente en el momento.

Cuando uno deja su cuerpo físico, uno no puede hablar más en términos de tiempo, espacio o distancia en el sentido común porque éstos son un fenómeno terrenal. En este sentido, uno se da cuenta de que nadie muere solo porque el difunto es capaz de visitar a quien desee. Además, existe gente esperando por ellos que fallecieron antes que tú, quienes te quieren y aprecian bastante. Es muy frecuente, para aquellos que mantienen una relación espiritual con su ángel de la guarda, el que este le reciba y le guíe en este trance. 

Una paciente mía, ya anciana llegó a decirme: "Él está de nuevo aquí, cuando era niña, él estaba siempre conmigo, pero me había olvidado completamente de que existía". Ella fallece un día después, llena de dicha sabiendo que alguien que la quiere la está esperando…


En general, la gente que está esperando por nosotros en el otro lado son aquéllos quienes más nos quieren. En los casos de niños muy pequeños, cuyos padres, abuelos y otros parientes cercanos todavía viven, son recibidos por sus ángeles de la guarda, o por Jesús o alguna otra figura religiosa. Nunca he conocido ningún niño protestante que sea recibido por la Virgen María, pero si ha sido percibida por muchos niños católicos.
Según la doctora Kübler-Ross nadie muere solo, en general todo el mundo es recibido, por personas significativas para él. Todos encuentran el cielo que han imaginado. Antes de que salgas de tu cuerpo físico para realizar la metamorfosis hacia la forma que tendrás por toda la eternidad, pasas por una etapa que se encuentra totalmente impregnada con imágenes terrenas. Puede ser que te encuentres flotando a través de un túnel, pasando por una gran puerta o cruzando un puente.
Después de que has atravesado este túnel, puente o puerta, te encuentras al final de él rodeado por Luz. Esta Luz, es descrita de gorma admirable ya que, es más blanca que el blanco. Es muy brillante, y cada vez que te aproximas más a ella, te sientes más y más envuelto por el más grande, indescriptible e incondicional amor que te hayas podido imaginar. Si alguien está teniendo una experiencia cercana a la muerte, le es permitido ver esta luz sólo por un breve instante. Después de esto, debe regresar. Pero cuando se muere realmente, después de haber visto plenamente la Luz de la que emana amor, no es posible regresar a tu cuerpo terrenal. Pero tú no querrías regresar a él de cualquier manera, porque después de ver la Luz nadie quiere regresar. En esta Luz, tú experimentarás por primera vez lo que el hombre pudo haber sido. Aquí encontrarás entendimiento sin juzgar, y amor incondicional. En esta presencia, tú sabrás que toda tu vida en la tierra, no fue más que una escuela, a la que tuviste que asistir para poder pasar ciertas pruebas y aprender lecciones especiales. Tan pronto como has finalizado esta escuela y aprendido tus lecciones, será permitido que regreses a casa; a tu casa eterna.

Hay una cosa que todos tienen que aprender antes de regresar y es el amor incondicional. Si tú has aprendido y practicado esto, has aprendido la mayor lección de todas. En esta presencia de Luz, tienes que volver a ver lo que fue de tu vida desde el primer día hasta el último. Conocerás en detalle cada pensamiento que tuviste, recordarás cada palabra, cada acto. Esta recapitulación es sólo una pequeña parte de tu conocimiento porque en este momento también conocerás todas las consecuencias resultantes de cada uno de tus pensamientos, palabras y actos.

Dios es amor incondicional. Durante esta revisión de tu vida terrena no culparás a Dios por tu destino, sino que te darás cuenta de que tú mismo fuiste tú peor enemigo, debido a que te acusarás a ti mismo de haberte negado tantas oportunidades para crecer. Ahora sabrás que hace mucho tiempo, cuando tu casa se quemó, tu hijo murió, tu esposo se lastimó, todas esas tragedias fueron solamente oportunidades para crecer: para crecer en entendimiento, en amor, en todas esas cosas que tenemos que aprender. Todos hemos sido creados para vivir una muy simple, bella y maravillosa vida. Mi más grande deseo, es que comiences a ver la vida de manera diferente. Si aceptas tu vida como algo para lo que fuiste creado, ya no volverás a cuestionar cuáles vidas son prolongadas y cuáles no.

Termina manifestando la doctora Ross: Reparte tus bendiciones… de esta manera, cuando las tormentas azoten tu vida, piensa en aquéllas personas a las que ayudaste como un regalo para ti mismo… por toda la fortaleza que te dieron y las enseñanzas que te transmitieron. Mi deseo es transmitir a cuanta gente sea posible un poco más de amor. Piensa en todos los regalos costosos que regalas en Navidad, realmente dudo que sea necesario… Amor incondicional sería más apropiado.

La Dra. Elizabeth Kübler-Ross, luego que en 1995 sufriera una serie de apoplejías que paralizaron el lado derecho de su cara, falleció en Scottdale, Arizona, el 24 de agosto del 2004. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás, y con el coraje que aprendió de sus pacientes más pequeños. Sólo pidió que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada.

En su lecho de muerte, por cierto, sus amigos y seres queridos le preguntaron si le temía a la muerte, a lo que ella replicó: «No, de ningún modo me atemoriza; diría que me produce alegría de antemano. No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.



“Mis pacientes moribundos me enseñaron 
mucho más que lo que es morirse. 
Me dieron lecciones sobre lo que deberían 
haber hecho y no hicieron 
hasta que fue demasiado tarde…

Contemplaban su vida pasada 
y me enseñaban las cosas que 
tenían verdadero sentido, 
no sobre cómo morir sino sobre cómo vivir”

“Hazlo! No atreverte puede 
ser mucho más dañino 
que atreverte y equivocarte…

Esto último al menos les da 
a los demás algo que perdonar, 
lo primero no les da nada”


“Siempre me preguntan cómo es la muerte. 
Contesto que es maravillosa.
Es lo más fácil que vamos a hacer jamás.
La vida es ardua. La vida es lucha.
La vida es como ir a la escuela, 
recibimos muchas lecciones.
Cuanto más aprendemos, 
más difíciles se vuelven las lecciones.
Cuando se aprende la lección,
el dolor desaparece”

“La vida acaba cuando hemos 
aprendido todo lo que tenemos que aprender”

La madre de Elisabeth Kübler-Ross
murió en una residencia suiza donde pasó
sus últimos 4 años postrada.
Elisabeth maldijo a Dios por su crueldad
al convertir en vegetal a su madre
que “durante 81 años solo había dado amor,
cobijo y afecto”.
Después lo entendió y agradeció.
La última lección de su madre
fue RECIBIR AFECTO y cuidados,
“algo para lo que jamás estuvo dotada”.
¿No os suenan historias similares?

“Aunque el desenvolvimiento 
de la vida es cronológico,
LAS LECCIONES NOS LLEGAN CUANDO 
LAS NECESITAMOS”

“Todo el mundo sufre adversidades en la vida.
Cuanto más numerosas son,
más aprendemos y maduramos.

LA ADVERSIDADES SOLO NOS HACEN MÁS FUERTES”

“Si cubriésemos los desfiladeros 
para protegerlos de los vendavales,
jamás veríamos la belleza de sus formas”

“Todas las penurias que se sufren en la vida, 
todas las tribulaciones y pesadillas, 
todas las cosas que podríamos considerar 
castigos de Dios, 
son en realidad regalos.
Son la oportunidad para crecer, 
que es la única finalidad de la vida”

“El mejor regalo que nos ha hecho Dios 
es el LIBRE ALBEDRIO, la libertad.
Las casualidades no existen.
Todo lo que nos pasa en la vida 
ocurre por un motivo positivo.
He dicho que la libertad es un regalo divino.
Pero esta libertad exige responsabilidad, 
la responsabilidad de elegir lo correcto, 
lo mejor, lo más considerado y respetuoso, 
de tomar decisiones que beneficien al mundo, 
que mejoren la humanidad”

“Las personas más hermosas 
que he encontrado son aquellas 
que han conocido la derrota, el sufrimiento, 
la lucha y la perdida, 
y hallado su camino desde las profundidades.
Estas personas tienen una apreciación, 
una sensibilidad y una comprensión de la vida 
que los llena de compasión, 
amabilidad y solidaridad”

“Cada persona elige si sale de las dificultades 
aplastada o perfeccionada”

“Yo digo que para llevar una buena vida 
y así tener una buena muerte, 
hemos de tomar nuestras decisiones 
teniendo como objetivo el amor incondicional 
y preguntándonos: 
¿Qué servicio voy a prestar con esto”

“Cada uno de los miles de pacientes 
con quienes comenté sus experiencias 
de muerte clínica temporal recordaba 
haber entrado en la luz y oído: 
¿Cuánto amor has sido capaz de dar y recibir?
¿Cuánto servicio has prestado?.
Es decir, se les preguntaba 
cómo habían asimilado la lección 
más difícil de la vida: el amor incondicional”

“Las mayores satisfacciones en la vida 
provienen de abrir el corazón 
a las personas necesitadas.
La mayor felicidad consiste en ayudar a los demás”

“En todo momento debemos 
escoger entre varias posibilidades, 
en lo que decimos, hacemos y pensamos. 
Todas las lecciones son 
terriblemente importantes.
Cada una afecta a todas 
las formas de vida del planeta”

“No se puede contar con el futuro, 
la vida está en el presente.
Hay que vivir cada día como si fuera el último”

“Ningún niño nace tan defectuoso 
que Dios no le dote con algún don especial
Nada está garantizado en la vida, 
fuera de que todo el mundo tiene 
que enfrentarse a dificultades. 
Así es como aprendemos. 
Algunos se enfrentan a dificultades 
desde el momento en el que nacen. 
Esas son las personas mas especiales de todas, 
que necesitan el mayor cariño, 
atención y comprensión, 
y nos recuerdan que la única finalidad 
de la vida es el amor”
(en referencia a una niña ciega de nacimiento 
y a cuya madre se le había aconsejado 
tras el parto que entregase a su hija 
a una institución porque no tenía remedio 
y a quien Elisabeth Kübler-Ross 
aconsejó criar y amar, y no abandonarla. 
Con los años se convirtió 
en una prometedora pianista)

“No se puede sanar el mundo 
sin primero sanarse a uno mismo”

“Si estamos dispuestos para 
las experiencias espirituales 
y no tenemos miedo, las tendremos.
Sin necesidad de un gurú o un maestro 
que nos diga cómo hacerlo”

“Cuando nacimos de la fuente 
a la que yo llamo Dios, 
fuimos dotados de una faceta de divinidad. 
Eso es lo que nos da el conocimiento 
de nuestra divinidad.
Todos somos amados con un amor 
que trasciende la comprensión.
Todos somos bendecidos y guiados”

“Realmente creo que mi verdad 
es una verdad universal que está 
por encima de cualquier religión, 
situación económica, raza o color, 
y que la compartimos todos 
en la experiencia normal de la vida”.

“HAGO LO QUE ME PARECE CORRECTO, 
NO LO QUE SE ESPERA DE MI”

“Es importante que hagamos solamente 
aquello que nos gusta hacer. 
Podemos ser pobres, podemos pasar hambre, 
podemos vivir en una casa destartalada, 
pero vamos a vivir plenamente.
Y al final de nuestros días vamos a 
bendecir nuestra vida porque hemos hecho 
lo que vinimos a hacer”

“No somos inermes partículas de polvo 
llevadas por el viento.
Somos, todos, como hermosos copos de nieve: 
únicos y nacidos con un propósito específico”.

“Durante toda la vida se nos ofrecen pistas 
que nos recuerdan la dirección que debemos seguir. 
Si no prestamos atención, 
tomamos malas decisiones 
y acabamos con una vida desgraciada. 
Si ponemos atención, 
aprendemos las lecciones 
y llevamos una vida plena y feliz, 
que incluye una buena muerte”.

“Las personas son como vidrieras. 
Brillan y relucen cuando hay sol, 
pero cuando se hace la oscuridad, 
su verdadera belleza se puede apreciar 
únicamente si hay una luz 
que proviene del interior.
Cuanto más oscura la noche, 
más luminosas las vidrieras”

“La muerte no es algo que haya que temer.
De hecho, puede ser la experiencia 
mas increíble de la vida.
Sólo depende de cómo se vive la vida 
en el presente.
Y lo único que importa es el amor”

“Cuando hemos aprobado los exámenes 
de lo que vinimos a aprender a la Tierra, 
se nos permite graduarnos. 
Se nos permite desprendernos del cuerpo 
que aprisiona nuestra alma como el capullo 
envuelve a la futura mariposa, 
y cuando llega el momento oportuno 
podemos abandonarlo.
Entonces estaremos libres de dolores, 
de temores y preocupaciones, 
tan libres como una hermosa mariposa 
que vuelve a casa, a Dios, 
que es un lugar donde jamás estaremos solos, 
donde continuaremos creciendo espiritualmente, 
donde estamos con nuestros seres queridos 
y rodeados de un amor 
que es imposible imaginar”

“La muerte es sólo una transición 
de esta vida a otra existencia en la cual 
ya no hay dolor ni angustia”

“LO ÚNICO QUE VIVE ETERMANENTE ES EL AMOR”


VER+:


"Aquí estamos para vivir, no para morir. 
Se muere en la muerte no en la vida". 


 











ELISABETH KUBLER-ROSS - LA MUERTE - LA NUEVA VIDA



sábado, 28 de abril de 2018

📙 SUPERHÉROES DEL IMPERIO, MITO Y REALIDAD DE LOS HOMBRES QUE FORJARON ESPAÑA

Superhéroes del Imperio, 
Mito y Realidad de los hombres 
que forjaron España
La editorial La Esfera de los Libros publica «Superhéroes del Imperio», un intento de separar el mito de la realidad en personajes a los que se les atribuye habilidades más allá de los límites humanos. Un trabajo contra la exageración literaria y, al mismo tiempo, contra la leyenda negra, que nos ha presentado a algunos de los mayores héroes españoles como villanos de la historia.
La historia de España está repleta de personajes con excepcionales cualidades físicas e intelectuales que les proporcionaron un talento por encima del resto. Fuertes, valientes, resistentes, inteligentes… «Superhéroes», al fin y al cabo.
César Cervera rescata, con excepcional agudeza y detalle, el mito y la realidad de aquellos hombres y mujeres que trufaron los campos de batalla de Europa con extraordinarias gestas. Desde Diego García de Paredes al Duque de Osuna, pasando por Julián Romero, Juan del Águila o la Monja Alférez, esta obra pretende ser un recuerdo objetivo y certero, alejado de pasiones desmedidas, de aquellos héroes que los libros de historia borraron de sus páginas con el paso del tiempo.

Superhéroes del Imperio español: de Francisco Pizarro al Mediohombre vasco (Blas de Lezo)
Convivimos a diario con lo extraordinario. En el Mundial de Atletismo de 1991, el norteamericano Mike Powell realizó un salto de longitud de 8,95 metros, el equivalente a saltar quince lavadoras colocadas en fila india. Usain Bolt fue capaz de correr 100 metros en poco más de nueve segundos y medio, suficiente para dejar atrás a una mamba negra o un camello arábigo. El hombre más fuerte del mundo puede levantar más de media tonelada, aunque se conocen casos de personas corrientes que en situaciones extremas han movido pesos aún más elevados. Tres generaciones de una familia italiana, los Marsili, no saben lo que es el dolor. Se pueden romper una pierna o dislocarse el hombro, pero por una extraña mutación genética solo sienten una ligera molestia. En el plano mental, Kim Peek, el hombre que inspiró la película Rain Man, con Dustin Hoffman como uno de los protagonistas, memorizó más de 12.000 libros hasta su muerte en 2009. Rebecca Sharrock es una australiana con autismo capaz de recordar cada instante de su vida desde que tenía menos de un mes.

Los seres humanos fuera de lo común, ya sea por condiciones innatas o debido a las circunstancias extremas, se remontan a lo más hondo del pasado. En el siglo XVI, las crónicas nos narran que un caballero de Jerez de la Frontera recorrió desnudo 18.000 kilómetros de rutas desconocidas y plagadas de elementos adversos a través de lo que hoy es el sur de Estados Unidos. Entre tanto, un extremeño de gran talla al servicio del Gran Capitán causó 500 muertos en una misma jornada con su mandoble. Por no mencionar al hombre que nació sin miedo, al soldado que parecía tener más vidas y heridas que Allan Quatermain, o al viejo que venció a una multitud de samuráis piratas en Filipinas. ¿Son sus hazañas menos creíbles por estar escritas en documentos ya amarillentos?

La historia de España está repleta de personajes asombrosos, cuyas cualidades mentales o físicas les otorgaron talentos por encima del resto de individuos. Fuertes, valientes, resistentes, inteligentes… superhéroes, al fin y al cabo, en la mayoría de los casos relacionados con lo militar, porque era lo que demandaba entonces el país. Los héroes han sido elementos imprescindibles en la memoria colectiva de todas las sociedades occidentales. La proyección del ideal de los ciudadanos de una patria, adaptada así a los tiempos en los que vivieron. No se espera lo mismo de un héroe de la Guerra del Peloponeso que de uno de la Guerra de Vietnam. Los perfiles y las sensibilidades van evolucionando. En la potencia hegemónica de hoy, Estados Unidos, son militares (como George Patton o el Capitán América), científicos (como Thomas Alva Edison o Bruce Banner) o empresarios (como Henry Ford o Bruce Wayne).

Todos ellos, reales o ficticios, encarnan los valores patrióticos propios del siglo XX, pero ¿qué ocurre con un país, como España, que ha carecido de una auténtica ética del patriotismo? Aquí los héroes más cantados han sido el Cid Campeador o Don Pelayo, más ficción ideológica que histórica, cuando no directamente inventados, como Don Quijote. Los verdaderos héroes militares han sido desechados en España, lo que siempre resulta más placentero que aquellos vilipendiados bajo juicios actuales, como en el caso de los conquistadores «genocidas» o del gran duque de Alba, retorcido de forma grotesca por la leyenda negra. El resultado es que los españoles no conocen apenas a los hombres que murieron creyendo que sus descendientes vivirían mejor gracias a sus sacrificios.

El Imperio español tuvo la fortuna de contar con estos seres en sus filas, cuando las ambiciones desmedidas de sus monarcas levantaron la maquinaria militar más calibrada que había conocido el mundo. España podría haber invertido el oro y la plata que llegaba en grandes remesas desde América en obras públicas o en los cimientos de una sociedad mejor. No lo hizo. Por el contrario, la dinastía de los Austrias antepuso sus intereses familiares al fortalecimiento de España y a su proyecto americano. Todo ello en unas fechas en las que la guerra disparó radicalmente su coste. Mientras que los Reyes Católicos apenas tenían tropas propias, a mediados del reinado de Felipe II la maltrecha Hacienda española mantenía un ejército de 86.000 hombres solo en los Países Bajos.

Los muertos, la ruina económica y la caída demográfica dibujaron la cara más terrible de esta inversión en guerra. El mastodóntico esfuerzo militar legó, no obstante, una rica historia que emplaza operaciones españolas en las selvas de Camboya, los desiertos chilenos, la aridez africana o los campos anegados del corazón de Europa, que durante 150 años contuvo la respiración con cada salida desde Italia de los Tercios españoles. Diría de esta infantería uno de sus generales, Francisco de Melo: «Estos son aquellos hombres que fueron tan famosos y temidos en el mundo, los que avasallaron príncipes, los que dominaron naciones, los que conquistaron provincias, los que dieron ley a la mayoría de Europa». Aparte de un continente explorado de arriba abajo. Un océano tan domado que terminó por llamarse el Lago Español. Y guerras simultáneas, en inferioridad numérica, contra Francia, el Imperio otomano, Inglaterra, Holanda, parte de Alemania, Venecia, Saboya, Suecia, Roma… «Todos contra Nos, Nos contra todos», que diría el Conde-Duque de Olivares.

Tan inverosímiles fueron algunas de sus empresas que la memoria de los superhéroes ha acabado a veces trufada de datos exagerados o modulada por el relato que cada España ha necesitado. Si la España conservadora ha requerido montones de defensores del catolicismo, la España progresista se quiso imaginar a héroes románticos como los comuneros o los liberales del levantamiento de Riego. 
Superhéroes del Imperio pretende rescatar del olvido a estos héroes y separar la leyenda de la realidad en la medida de lo posible, siendo consciente de que la historia la cuentan los vencedores, que a veces simplemente son los que sobreviven a expediciones salvajes o a combates hasta el último hombre en pie. Porque detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, pero sobre todo un buen narrador. Los héroes anónimos no permanecen mucho tiempo en los libros de Historia.

Nuestros héroes han sido desfigurados por la leyenda negra en base a mentiras en el extranjero. Mientras que nuestros cronistas, y luego la historiografía romántica, han exagerado las biografías de algunos de estos personajes en base a verdades. Esto segundo no es ninguna anomalía en el mundo. Los superhéroes de las películas no dejan de ser hoy la proyección de americanos excepcionales llevados al extremo. Del mismo modo, en nuestras crónicas se exageraba porque, ya por entonces, lo que se buscaba es que el público las leyera y que fuesen atractivas
Francisco Pizarro sería Ironman, porque tuvo una resistencia mucho más allá de la biología. Parece imposible que pudiera sobrevivir a todas las penurias por las que pasó sin tener algo sobrenatural. Pero así fue. Cruzó el Atlántico, viaje en el que muchísimos morían, y sobrevivió. Posteriormente participó en decenas de expediciones en las que, según las crónicas, murieron más del 50% de sus integrantes. A Juan Pablo de Carrión me gusta compararle con el Lobezno más viejo, un hombre que ya está en el ocaso de su vida y que acomete su última empresa heroica.

Convivimos a diario con lo extraordinario. En el Mundial de Atletismo de 1991, el norteamericano Mike Powell realizó un salto de longitud de 8,95 metros, el equivalente a saltar quince lavadoras colocadas en fila india. Usain Bolt fue capaz de correr 100 metros en poco más de nueve segundos y medio, suficiente para dejar atrás a una mamba negra o un camello arábigo. El hombre más fuerte del mundo puede levantar más de media tonelada, aunque se conocen casos de personas corrientes que en situaciones extremas han movido pesos aún más elevados. Tres generaciones de una familia italiana, los Marsili, no saben lo que es el dolor. Se pueden romper una pierna o dislocarse el hombro, pero por una extraña mutación genética solo sienten una ligera molestia. En el plano mental, Kim Peek, el hombre que inspiró la película Rain Man, con Dustin Hoffman como uno de los protagonistas, memorizó más de 12.000 libros hasta su muerte en 2009. Rebecca Sharrock es una australiana con autismo capaz de recordar cada instante de su vida desde que tenía menos de un mes. 

Los seres humanos fuera de lo común, ya sea por condiciones innatas o debido a las circunstancias extremas, se remontan a lo más hondo del pasado. En el siglo xvi, las crónicas nos narran que un caballero de Jerez de la Frontera recorrió desnudo 18.000 kilómetros de rutas desconocidas y plagadas de elementos adversos a través de lo que hoy es el sur de Estados Unidos. Entre tanto, un extremeño de gran talla al servicio del Gran Capitán causó 500 muertos en una misma jornada con su mandoble. Por no mencionar al hombre que nació sin miedo, al soldado que parecía tener más vidas y heridas que Allan Quatermain, o al viejo que venció a una multitud de samuráis piratas en Filipinas. ¿Son sus hazañas menos creíbles por estar escritas en documentos ya amarillentos? 

La historia de España está repleta de personajes asombrosos, cuyas cualidades mentales o físicas les otorgaron talentos por encima del resto de individuos. Fuertes, valientes, resistentes, inteligentes… Superhéroes, al fin y al cabo, en la mayoría de los casos relacionados con lo militar, porque era lo que demandaba entonces el país. Los héroes han sido elementos imprescindibles en la memoria colectiva de todas las sociedades occidentales. La proyección del ideal de los ciudadanos de una patria, adaptada así a los tiempos en los que vivieron. No se espera lo mismo de un héroe de la Guerra del Peloponeso que de uno de la Guerra de Vietnam. Los perfiles y las sensibilidades van evolucionando. En la potencia hegemónica de hoy, Estados Unidos, son militares (como George Patton o el Capitán América), científicos (como Thomas Alva Edison o Bruce Banner) o empresarios (como Henry Ford o Bruce Wayne). 

Todos ellos, reales o ficticios, encarnan los valores patrióticos propios del siglo xx, pero ¿qué ocurre con un país, como España, que ha carecido de una auténtica ética del patriotismo? Aquí los héroes más cantados han sido el Cid Campeador o Don Pelayo, más ficción ideológica que histórica, cuando no directamente inventados como Don Quijote. Los verdaderos héroes militares han sido desechados en España. Lo que siempre resulta más placentero que aquellos vilipendiados bajo juicios actuales, como en el caso de los conquistadores «genocidas» o del gran duque de Alba, retorcido de forma grotesca por la leyenda negra. El resultado es que los españoles no conocen apenas a los hombres que murieron creyendo que sus descendientes vivirían mejor gracias a sus sacrificios. 

El Imperio español tuvo la fortuna de contar con estos seres en sus filas, cuando las ambiciones desmedidas de sus monarcas levantaron la maquinaria militar más calibrada que había conocido el mundo. España podría haber invertido el oro y la plata que llegaba en grandes remesas desde América en obras públicas o en los cimientos de una sociedad mejor. No lo hizo. Por el contrario, la dinastía de los Austrias antepuso sus intereses familiares al fortalecimiento de España y a su proyecto americano. Todo ello en unas fechas en las que la guerra disparó radicalmente su coste. Mientras que los Reyes Católicos apenas tenían tropas propias, a mediados del reinado de Felipe II la maltrecha Hacienda española mantenía un ejército de 86.000 hombres solo en los Países Bajos. 

Los muertos, la ruina económica y la caída demográfica dibujaron la cara más terrible de esta inversión en guerra. El mastodóntico esfuerzo militar legó, no obstante, una rica historia que emplaza operaciones españolas en las selvas de Camboya, los desiertos chilenos, la aridez africana o los campos anegados del corazón de Europa, que durante 150 años contuvo la respiración con cada salida desde Italia de los Tercios españoles. Diría de esta infantería uno de sus generales, Francisco de Melo: «Estos son aquellos hombres que fueron tan famosos y temidos en el mundo, los que avasallaron príncipes, los que dominaron naciones, los que conquistaron provincias, los que dieron ley a la mayoría de Europa». Aparte de un continente explorado de arriba abajo. Un océano tan domado que terminó por llamarse el Lago Español. Y guerras simultáneas, en inferioridad numérica, contra Francia, el Imperio otomano, Inglaterra, Holanda, parte de Alemania, Venecia, Saboya, Suecia, Roma… «Todos contra Nos, Nos contra todos», que diría el Conde-Duque de Olivares. 

Tan inverosímiles fueron algunas de sus empresas, que la memoria de los superhéroes ha acabado a veces trufada de datos exagerados o modulada por el relato que cada España ha necesitado. Si la España conservadora ha requerido montones de defensores del catolicismo, la España progresista se quiso imaginar a héroes románticos como los comuneros o los liberales del levantamiento de Riego. Este libro pretende rescatar del olvido a estos héroes y separar la leyenda de la realidad en la medida de lo posible, siendo consciente de que la historia la cuentan los vencedores, que a veces simplemente son los que sobreviven a expediciones salvajes o a combates hasta el último hombre en pie. Porque detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, pero sobre todo un buen narrador. Los héroes anónimos no permanecen mucho tiempo en los libros de Historia.