EL Rincón de Yanka: 2019

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miércoles, 17 de julio de 2019

📕📒📕 ESPAÑICIDIO: EL SISTEMA POLÍTICO PARTIDOCRÁTICO DE ESTADO ESTÁ PODRIDO


"EL ESPAÑICIDIO"


“El Españicidio”, el cuarto libro de Lucio A. Muñoz, está escrito en clave de economía política y es la segunda parte de su anterior obra “El sistema está podrido”. El citado libro plantea soluciones políticas a los problemas económicos de España. Y todo ello, debido a que el principal hándicap de la economía española tiene un origen causal de índole político. En este sentido, esta obra analiza en primer término y de forma fundamental la antidemocrática herencia política que la Transición dejó a España, y cuyas económicamente ruinosas consecuencias está padeciendo nuestro país en pleno Siglo XXI. Tanto en cuanto, la politización de la Justicia, la corrupción política institucionalizada en la Administración Pública, el despilfarro autonómico, los movimientos independentistas regionales y el desempleo estructural (el resultado de todo lo anterior) amenazan con destruir España a nivel político, social, territorial, económico, etc. Igualmente, el referido libro también desarrolla un profundo análisis en relación a las corruptas razones que impiden al bipartidismo democratizar a nuestra gran nación. Y, además, esta obra aborda la actual problemática que el modelo tetrapartidista está provocando, llegando a la conclusión relativa a que el mismo no es la solución política que necesita España, puesto que esta alternativa es aún más nociva para nuestra pseudodemocracia. Máxime, considerando que Podemos es una formación antidemocrática y el proyecto nacional de Ciudadanos está fracasando estrepitosamente. Consiguientemente, El Españicidio propone a los españoles, como única solución democráticamente regeneradora, conformar una verdadera sociedad civil, al estilo de las sociedades civiles de las democracias occidentales consolidadas, que pueda convertirse en el “quinto poder” y enfrentarse a los abusos de nuestra corrupta partitocracia.

Una tesis permea, desde el prólogo, la obra que tenemos entre manos: la crisis a todos los niveles por la que transita España durante los últimos años y que, lejos de solventarse, se ha agravado. En efecto, Rojo y Muñoz trascienden el mero análisis económico para prestar atención a las raíces sociales, políticas y culturales del problema que no solo escrutan sino que proponen también formas de resolución. Estas últimas tienen un protagonista fundamental (la sociedad civil) que deberá llevar a cabo la compleja misión de la regeneración, tarea de la que excluyen a los partidos tradicionales (PP y PSOE) así como algunos de nuevo cuño (Podemos).
La obra, igualmente, supone un recorrido trepidante por los cambios que se han observado en los principales actores políticos españoles. Al respecto, el hecho de que el libro sea el resultado de una compilación de artículos de opinión escritos por el autor ordenados cronológicamente, nos permite apreciar el hundimiento de UPyD (formación llamada a ser una de las alternativas al bipartidismo de PP y PSOE), la emergencia de Podemos y Vox o la transformación de Ciudadanos en partido de ámbito nacional.

Lucio Muñoz se muestra políticamente incorrecto en su análisis. El resultado es una crítica, mordaz en ocasiones, bien argumentada sobre algunos aspectos que han conformado el panorama político español desde 1978, empezando por el sistema autonómico y siguiendo por la partitocracia de PP y PSOE, a los que acusa de manifestar una peculiar concepción de la democracia (consistente en votar cada cuatro años) y del diálogo con el independentismo catalán (estrategia que entienden como sinónimo de ceder permanentemente ante sus acometidas rupturistas). En este sentido, pone como ejemplo la actuación del Gobierno de la Nación ante la consulta ilegal del 9 de noviembre de 2014, a la que define como “referendo de cartón piedra”.
Asimismo, Lucio Muñoz también nos advierte de algunas soluciones que podrían resultar aún más nefastas que el contexto actual, como por ejemplo otorgar la confianza a la formación liderada por Pablo Iglesias. Podemos, a pesar de sus tretas por disfrazarse de socialdemócrata, supone únicamente una traslación del marxismo-leninismo al siglo XXI. Dicho con otras palabras: persigue imponer en España el modelo de Gobierno de Venezuela e Irán, lo que aumentaría el intervencionismo gubernamental y reduciría la libertad de los ciudadanos (particularmente de los disidentes).

No se trata de una crítica teórica o sectaria, sino avalada por la experiencia. Para ello, desentraña algunas de las iniciativas que las diferentes marcas de Podemos han establecido en los municipios que gobiernan en los cuales cabe apuntar que han reducido a la irrelevancia a IU, partido que hasta hace poco aspiraba a capitalizar el descontento de los votantes del PSOE.
En cuanto a Ciudadanos, aunque le suscita mayor optimismo, también enumera sus limitaciones de cara a realizar exitosamente la regeneración de nuestro sistema y de nuestra democracia. La principal de ellas tiene que ver con su conversión “en tiempo récord” en partido nacional, lo que ha permitido que en sus cuadros dirigentes se hayan instalado oportunistas que en su día militaron en PP o PSOE. Esta afirmación resulta compatible con el reconocimiento de la positiva labor desarrollada en Cataluña combatiendo el nacionalismo.

Finalmente, dentro de los modelos a seguir, el autor propone el de Reino Unido bajo el Gobierno de David Cameron. Las razones de ello descansan en la capacidad mostrada por los conservadores británicos para incentivar la creación de empleo privado (en detrimento del público), revirtiendo la compleja herencia económica que le transmitió el laborismo.

PRÓLOGO DE ALFONSO ROJO

¿El "modelo tetrapartidista" es la solución?

Cuando Lucio, mi amigo y colaborador de Periodista Digital, el periódico que fundé y actualmente dirijo, me pidió que escribiera el prólogo de su cuarto libro, supuse que sería un trabajo extremá­damente fácil porque pensé en un primer momento que para cen­trar el texto bastaría con identificar alguno de los duros mensajes que, de manera común y repetidamente, lanza en todos y cada uno de los capítulos del libro.
Y a partir de la identificación de alguno de estos mensajes, tenía pensado construir un prólogo con un marcado perfil crítico, al objeto de seguir la línea profundamente crítica del libro.

Máxime,tanto en cuanto soy un lector habitual de los artículos que escribe Lucio sobre economía política en Periodista Digital. Y, en este sentido, conozco su enfoque ideológico, su independiente línea de pensamiento, sus estrictas reflexiones de índole so­ciopolítica, sus propuestas económicas para aportar soluciones a los problemas estructurales de nuestra economía y,en definitiva, los análisis político-económicos que habitualmente desarrolla.

No obstante, estructurar y dar vida a este prólogo me ha resultado una tarea más ardua de lo que en un primer momento pude pensar. Puesto que cada capítulo del libro aborda una temática diferente y complicada, evidentemente, relacionada con los problemas políticos, económicos, laborales, sociales, etc., que actualmente tienen en vilo a España. Aunque, en este sentido, y es justo reconocerlo también, cada uno de los capítulos aporta una solución para cada problema planteado.

En consecuencia, y debido a que resumir el libro de Lucio en un breve prólogo también es una labor harto complicada (esta es otra de las opciones que barajaba como estrategia para escribir el prólogo), be seleccionado finalmente un asunto de vital relevancia, que además se trata de uno de los ejes temáticos sobre los que gira el contenido del libro, con el objetivo que el mismo protagonice este prólogo.

Este referido tema no es otro que "la decepción del modelo tetrapartidista como alternativa al tradicional bipartidismo".
En base a ello y tomando como referencia a varios capítulos del libro que analizan este fenómeno político en España, coincido plenamente con Lucio en la siguiente y fundamental idea. Es decir, básicamente en que el modelo tetrapartidista está decepcionando actualmente a gran parte de la sociedad española que, en un principio y en el momento en el que aparecieron los partidos emergentes abanderando la regeneración democrática, estaba ilusionada con las nuevas formaciones políticas. Pero la realidad se está imponiendo y el remedio puede ser peor que la enfermedad.

En virtud de lo anterior y descartando a Podemos, que nunca ha engañado a los españoles de bien porque es una formación clo­nada del chavismo venezolano, la gran esperanza residía en Ciu­dadanos. No obstante, el proyecto nacional del partido liderado por Albert Rivera está fracasando debido, sobre todo, a que los dirigentes de esta formación bao intentado crear una estructura política a nivel nacional en un tiempo récord y el resultado ha sido nefasto.
En definitiva, los partidos políticos o la partitocracia, sea bi­partidista o tetrapartidista, no solucionarán los problemas de España ni de los españoles, porque el único objetivo que persiguen todas las formaciones políticas españolas es lograr el poder y mantenerlo a toda costa.
Por tanto, la única solución que tenemos los ciudadanos es con ­ formar una verdadera sociedad civil que luche verdaderamente por nuestra libertad y nuestra democracia y, paralelamente,ejerza un verdadero contrapoder a los abusos del Estado y del gobierno de tumo,tal como hacen,por ejemplo, los ciudadanos en USA.
Fado. Alfonso Rojo.
Fundador y director de Periodista Digital 
y colaborador en diferentes 
medios de comunicación.

INTRODUCCIÓN

La sociedad civil debe tomar las riendas del destino de España y convertirse en "el quinto poder ".
Mi cuarto libro, titulado "El Españicidio" y escrito en clave de economía política, corresponde a la segunda parte de mi anterior libro "El sistema está podrido".
El titulo del presente libro no ha sido producto de la casualidad ni de la imaginación,todo lo contrario, puesto que el mismo refleja fielmente el terrorífico entorno sociopolítico y económico en el que actualmente se encuentra inmersa España. Y, en base a ello, el citado titulo hace referencia a un supuesto suicidio de nuestro país.
Porque España, sobre todo desde el 11-M-2004, está padeciendo una gravísima depresión que la puede conducir al suicidio político, económico, social, moral, estatal, monárquico, religioso...
No obstante, los primeros síntomas de esta terrible enfermedad política que sufre España aparecieron en la Transición, aunque los mismos pasaron interesadamente desapercibidos.

Debido a ello, las numerosas carencias, tan antidemocráticas como inconstitucionales, derivadas del "Régimen del 78" amenazan en la actualidad con destruir España a todos los niveles y borrar nuestra identidad nacional.
Tanto es así, que nuestro sistema, erróneamente denominado constitucional y democrático, está totalmente podrido en base a que el mismo se encuentra sustentado por una pseudo democracia estrafalaria que ha permitido la politización de la Justicia, la institucionalización de la corrupción política en la Administración Pública, la ruina económica provocada por el despilfarro de 17 au­tonomias deficitarias y endeudadas (algunas de ellas quebradas), el avance de los movimientos independentistas regionales, nuestra alta tasa de desempleo (que es la consecuencia económico-laboral de todos los anteriores problemas políticos), etc.

En función de lo anterior, es factible afirmar que la fuente de donde emanan todos los males político-económicos de España es la Transición. E, igualmente, los españoles también hemos podido comprobar en pleno siglo XXI que los "traidores de la patria" diseñaron un producto político, tan marketiniano como defectuoso, denominado Constitución Española, únicamente con el objetivo de perpetuar en el poder a una oligarquía política corrupta y depravada a través del Estado de las autonomías.
Y aunque es relevante identificar las causas y el origen de las deficiencias de nuestro sistema, más importante aún es intentar buscar soluciones para guiar y reconducir a nuestro país por la senda de la unión nacional, el crecimiento económico, la regeneración democrática, la paz social, la libertad, el respeto a la propiedad privada...

Máxime, tanto en cuanto los españoles estamos percibiendo que el modelo tetrapartidista, que en un principio generó ilusión y esperanzas de regeneración democrática, es tan corrupto e ineficiente como el bipartidismo tradicional o aún más.
Puesto que Podemos, un partido ultra izquierdista y financiado por el narco-Estado de Venezuela, solo aspira a implantar una dictadura comunista en España y sustituir a la actual y corrupta casta política por otra "castuza política podemita" todavía más corrupta.
Y Ciudadanos, abducido por el poder y espoleado por unas encuestas favorables (pero que empiezan a darle la espalda), ha intentado crear una estructura política de implantación nacional en varios meses y el resultado no es otro que la inclusión en casi todas las listas electorales de este partido de oportunistas,aspirantes a políticos profesionales, fracasados que proceden de otras formaciones políticas, corruptos, etc.

Consecuentemente y al objeto de solucionar el problema del independentismo catalán,la entrada de etarras en los gobiernos de las instituciones vascas, la corrupción política institucionalizada, la politización de la Justicia, la alta tasa de desempleo, el asfixiante intervencionismo público en la economía, etc., la sociedad civil tiene que empezar a actuar al modo en el que lo hacen las sociedades civiles de las democracias occidentales y avanzadas.
Al respecto, este libro plantea determinadas soluciones polí­tico-económicas pero que solo pueden implantarse en España si la sociedad civil presiona y se convierte realmente en un "quinto poder" que pueda hacer frente a la corrupción de la partitocracia.


"EL SISTEMA ESTÁ PODRIDO"
EL MODELO ECONÓMICO-POLÍTICO 
PARASITARIO Y CLIENTELAR DE España

  • “La economía española está intervenida por el poder dictatorial y la corrupción de los dos principales partidos políticos”
  • “Las autonomías enriquecen a la casta política y empobrecen a los españoles”
  • “El sistema en España es una cleptocracia disfrazada de democracia estrafalaria”
  • “La crisis es un engaño a los españoles: corrupción política, malversación de caudales públicos y politización de la Justicia”
  • “Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer la farsa que ha supuesto la Transición”
  • “La actual y nueva lucha de clases en España: la oligarquía político- sindical y la élite financiera contra los ciudadanos”
España, en opinión de Lucio A. Muñoz, tiene un sistema parasitario, puesto que, el sector privado y, por tanto, la economía productiva está al servicio, fundamentalmente, de los dos partidos políticos más importantes y de los dos sindicatos de clase. En este sentido, gran parte de la subvencionada casta político-sindical española parasita y, por tanto, vive acomodadamente a costa de convertir a las pymes, los autónomos y las familias en verdaderos esclavos fiscales del SXXI. Casi todos los españoles piensan al respecto que más de la mitad de nuestra casta político-sindical es absolutamente prescindible.
Igualmente, España tiene un sistema clientelar debido a que las empresas y los ciudadanos que no tengan la condición de «clientes económico-políticos» de los dos principales partidos, se encuentran prácticamente fuera del círculo del dinero, de la influencia y el poder. Las subvenciones públicas inyectadas a empresas amigas de los partidos y las famosas «mordidas» cobradas por determinados políticos a empresas a cambio de la concesión de contratos con la Administración retratan la perversa conexión que existe en nuestro país entre economía y política y, del mismo modo, la confusión existente entre la «cosa pública» y la Cosa Nostra.

En el citado libro y en clave de economía política, el autor expone determinadas ideas que reflejan que el problema económico de España es de origen político y, por ende, la recuperación económica de nuestro país depende, sobre todo, de una radical regeneración de nuestro corrupto sistema político.

VER+:

📕 ESPAÑICIDIO: "CUATRIPARTITO KAMPORA"





martes, 16 de julio de 2019

EXISTEN DOS ESPAÑAS, NO LA DE DERECHAS O DE IZQUIERDAS, SINO LA DE LOS POLÍTICOS PARTIDOCRÁTICOS Y LA DE LOS CIUDADANOS ABSTENCIONARIOS


Líderes

Existen dos Españas, no la de derechas o de izquierdas, sino la de los políticos nefastos y la de los ciudadanos con talento

Por organismos internacionales de toda solvencia España ha sido declarado el mejor país del mundo para nacer, el más sociable para vivir y el más seguro para viajar solos sin peligro por todo su territorio. Según The Economist, nuestro nivel democrático está muy por encima de Bélgica, Francia e Italia. Pese al masoquismo antropológico de los españoles, este país es líder mundial en donación y trasplantes de órganos, en fecundación asistida, en sistemas de detección precoz del cáncer, en protección sanitaria universal gratuita, en esperanza de vida solo detrás de Japón, en robótica social, en energía eólica, en producción editorial, en conservación marítima, en tratamiento de aguas, en energías limpias, en playas con bandera azul, en construcción de grandes infraestructuras ferroviarias de alta velocidad y en una empresa textil que se estudia en todas las escuelas de negocios del extranjero. Y encima para celebrarlo tenemos la segunda mejor cocina del mundo.

Frente a la agresividad que rezuman los telediarios, España es el país de menor violencia de género en Europa, muy por detrás de las socialmente envidiadas Finlandia, Francia, Dinamarca o Suecia; el tercero con menos asesinatos por 100.000 habitantes, y junto con Italia el de menor tasa de suicidios. Dejando aparte la historia, el clima y el paisaje, las fiestas, el folklore y el arte cuya riqueza es evidente, España posee una de las lenguas más poderosas, más habladas y estudiadas del planeta y es el tercer país, según la Unesco, por patrimonio universal detrás de Italia y China.
Todo esto demuestra que en realidad existen dos Españas, no la de derechas o de izquierdas, sino la de los políticos nefastos y líderes de opinión bocazas que gritan, crispan, se insultan y chapotean en el estercolero y la de los ciudadanos con talento que cumplen con su deber, trabajan y callan. 

lunes, 15 de julio de 2019

📕📒📕 TRILOGÍA DE "LAS CENIZAS DE HISPANIA": ROMANOS, ALANOS, VÁNDALOS Y SUEVOS




LA NOVELA DE "EL ALANO" se sitúa en el año 438 d.C. La caída del Imperio Romano es inminente; el pueblo alano, diezmado por los suevos, decide buscar un futuro mejor en la lejana África y deja atrás Hispania. Pero Attax, llevado por el ardor de sus amoríos de juventud, elige permanecer en las costas de la Baetica, aunque esto suponga cortar el vínculo que lo une a sus ancestros. Nada sale según esperaba y se ve obligado a construir una vida alejada del campo de batalla, pero esto le durará poco. Los tambores de guerra resuenan de nuevo sobre los campos de Hispalis (Sevilla), los mismos que llevarán a sus oídos las voces de viejos amigos a los que imaginaba luchando más allá del mar.
Desde ese instante, su destino cambiará para siempre. Degustará las añoradas mieles de la batalla, pero también conocerá su cara más amarga: la de la esclavitud. Sentirá la rabia, las ansias de venganza, luchará por recobrar la libertad. Comprenderá el valor de la amistad y el amor, así como el precio de perder ambos, y emprenderá un intenso viaje por la moribunda Hispania, que también será el viaje del propio Attax hacia la madurez que despreció en su juventud.
Las tribus bárbaras: alanos, vándalos y suevos, cobran vida en el escenario de una Hispania convulsa y decadente, abandonada a su suerte por un Imperio Romano que se tambalea. Acompaña a Attax en una aventura vibrante e intensa, repleta de personajes inolvidables, que te sumergirán de lleno en una época tan apasionante como poco conocida de la Península Ibérica.

El Alano es una mezcla explosiva de acción, aventura y ficción histórica. La historia de Attax, uno de los personajes más cautivadores de la narrativa actual. Rebelde, indómito y vividor. Capaz de cambiar su seguridad por un amor incierto. Amigo de sus amigos: hasta la médula.
Hispalis, año 438 d.C.: Ante la alarmante aparición de una horda sueva dispuesta a asolar sus tierras, Attax, un bárbaro alano, decide unirse al ejército de un viejo amigo para luchar por la defensa de su gente. La gloria que él espera, desaparece al ser hecho prisionero y vendido como esclavo.
Tras 11 años de servidumbre, Attax debe emprender una nueva vida tras el asesinato de su amo, con la compañía del hijo de este, Marco.
Attax se sumergirá en un intenso viaje por la moribunda Hispania, que le llevará a comprender el valor de la amistad y el amor, así como el precio de perder ambos. Un recorrido hacia la madurez que despreció en su juventud.
Suevos, vándalos y alanos cobran vida en el escenario de una Hispania convulsa y decadente, abandonada a su suerte por un imperio romano que se desvanece.

"NIEBLA Y ACERO"
Hispania, año 456 d.C.: Teodorico, rey de los visigodos, será el encargado de poner fin al acoso de los suevos sobre el territorio peninsular para instaurar la paz de Roma que el nuevo emperador desea.
Tras la derrota de los suevos, Attax, Marco y su variopinto grupo, se unirán a las tropas del rey Teodorico y, bajo el amparo de su magnífico ejército, encontrarán la seguridad necesaria para saciar sus ansias de venganza.
Pero en una época en la que la única ley válida es la que se escribe con la sangre de los derrotados, y un puñado de tierra en el que asentarse vale más que cualquier palabra, nada es lo que parece, y la amenaza de la traición puede esconderse detrás de cualquier sonrisa. Y, en ocasiones, el precio a pagar por culminar una venganza puede ser tan amargo que marque tu vida para siempre.
Segunda entrega de la trilogía histórica «Las cenizas de Hispania» comenzada por El Alano y continuada por El dux del fin del mundo.

"EL DUX DEL FIN DEL MUNDO"
Las piras aún humean tras la batalla por Coviacum, y el viento esparce las cenizas que recuerdan la derrota visigoda. Con el rey Teodorico ya en la Galia, el tablero de juego de las provincias hispanas deberá reordenarse una vez más, ya libre de la injerencia de fuerzas externas.
Con su venganza ya consumada, para Attax y sus compañeros es tiempo de regresar a Lucus para hacer honor a la palabra dada y tratar de restañar las heridas sufridas. Pero las consecuencias que ha provocado el conflicto armado están lejos de cicatrizar, y es tan solo cuestión de tiempo que la llamada a las armas vuelva a resonar en las ciudades, valles y montañas de una Hispania moribunda.
Comparte con Attax el desenlace de la aventura que le ha permitido ser partícipe de muchos de los acontecimientos que sacudieron Hispania en los convulsos años que precedieron a la desaparición del Imperio romano.
Esta novela es el final de la trilogía Las Cenizas de Hispania compuesta por El Alano y Niebla y acero.

domingo, 14 de julio de 2019

📘 LIBRO "LA MUERTE DE LA CULTURA CRISTIANA"




Se ha dicho que la Cristiandad, si es que va a sobrevivir, debe enfrentar el mundo moderno, debe llegar a un acuerdo con la forma en que están las cosas en su actual deriva. Es completamente al revés: si vamos a sobrevivir, debemos afrontar la Cristiandad. La fuerza reaccionaria más poderosa que impide el progreso es el culto al progreso mismo, que, apartándonos de nuestras raíces, torna imposible el crecimiento y hace innecesaria la elección. Estamos expirando en una impotente y perezosa deriva, en la esponjosa calidez de una absoluta incertidumbre. Donde nada es jamás verdadero, ni correcto, ni equivocado, no hay problemas; donde la vida no tiene significado, nos vemos libres de cualquier responsabilidad, del modo en que es libre un esclavo o un carroñero. La futilidad alimenta la negligencia, y contra ella hay una dura alternativa: frente a la incertidumbre radical de acuerdo a la que ha vivido el hombre moderno –como en el juego de la ruleta rusa, sofocado en un indiferente “ahora” entre un click y una explosión, y viviendo por la sombría gracia de las recámaras vacías–, el riesgo de la certeza. 
John Senior, Ph. D.

John Senior era perfectamente consciente de que para sanar a un enfermo que languidece, antes han de identificarse los motivos que lo condujeron a languidez. Por ese motivo, unos años antes de la publicación de La restauración de la cultura cristiana (1983), escribió el presente ensayo, en el que identifica los orígenes del colapso de nuestra civilización, la católica: el industrialismo deshumanizador, el desprecio de la filosofía realista, la sucia inmoralidad del modernismo, la autosuficiencia racionalista, la mentalidad científico-técnica…
No lo hace, sin embargo, con ese tono decadente que caracteriza al pesimista. En su diagnóstico, que aúna rigor y belleza, exhaustividad y lirismo, subyace un poso de esperanza. Así, Senior está convencido de que todo lo valioso que la modernidad (o sus múltiples subproductos) ha echado a perder puede recuperarse. Y de que hacerlo sólo depende de nosotros.
Rigurosamente, paso a paso, durante los últimos cuatrocientos años, desde el triunfo del racionalismo y del liberalismo, y ahora del modernismo, la persona de Cristo ha sido retirada de nuestra experiencia. Las generaciones crecen en un vacío religioso, en una atmósfera cargada, por así decir, con su ausencia. No sorprende que no sea conocido y que su nombre sea usado sólo como antigualla en comedias musicales vulgares que pretenden ser liturgias en las iglesias. (John Senior).
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA 

Desde una tierra cargada de ausencia 

“Yo pienso, como Dante, 
que en la mitad de la jornada de nuestra vida, 
hemos despertado en un bosque oscuro 
para encontrar el camino perdido” 
La muerte de la cultura cristiana, 
John Senior

Entre los recuerdos familiares de Andrew Senior figuran las muchas veces que de niño oyó hablar a su padre de un tal Tomás. En el hogar de los Senior era frecuente escuchar expresiones como estas: “Tomás dice esto”…“Tomás sostiene esto otro..”…“Habría que ver lo que dice Tomás”. Convencido de que se trataba de un amigo, un amigo sumamente inteligente y con respuestas para todo, tardó tiempo en caer en la cuenta de que aquel Tomás, el sabio compañero que citaba su padre, el venerado maestro que nunca venía de visita a casa (al menos, de forma palpable), era el Aquinate. El respeto, la devoción y el amor de Senior por santo Tomás se grabaron así en la memoria de sus hijos, iluminaron sus días de profesor universitario, dejaron huella en la mente de sus alumnos y están presentes, explícita o implícitamente, en muchas de las páginas que escribió. Ocupan un lugar muy especial también en este libro, La muerte de la cultura cristiana, publicado en 1978, y aún más en el que podríamos considerar su continuación, La restauración de la cultura cristiana, de 1983. Lejos de las listas de éxitos y de las correctas recomendaciones de lectura, seculares o eclesiales, ambas obras se han convertido en textos de culto para una resistencia terca y muchas veces silenciosa, empeñada en conservar la vieja idea de que existe un modo correcto de mirar el mundo, de que es posible contemplar y conocer la creación de Dios. Como recordaba en 1946 Frank Sheed en los primeros párrafos de su Teología y Sensatez, la única forma verdadera de mirar el universo es ver lo que la Iglesia de Cristo ve, ver lo que ha visto siempre, lo que realmente existe y es. La lectura de santo Tomás guió a Senior a través de su particular bosque oscuro hacia su conversión al catolicismo y vertebró también como una firme costura todo su pensamiento posterior. No es una casualidad que La muerte de la cultura cristiana, con su incómoda valentía, su brillantez y su lírica, con todo su crudo realismo y su belleza, describa minuciosamente el avance imparable de la Herejía Perenne, –una expresión con la que se refiere a todas las doctrinas anti realistas, desde las sofocantes filosofías orientales hasta el moderno idealismo–, y el progresivo arrinconamiento de la Filosofía Perenne deudora de Aristóteles y santo Tomás. “Sal a la luz de las cosas”, repetía Senior con frecuencia, citando un verso de Las mesas volcadas de Wordsworth, para advertir a sus alumnos contra todos los falsos credos que ponen en duda la existencia de una realidad objetiva y la capacidad del hombre para conocerla. Si las primeras páginas del libro se ocupan de la caída de la filosofía cristiana, las siguientes narran las múltiples derrotas que han acompañado a esa caída y que han convertido aquel Occidente, que un día manó leche y miel y acogió con generosidad la semilla evangélica, en la oscura tierra baldía que describió T. S. Eliot y que vive de espaldas a Dios. “Durante los últimos cuatrocientos años, desde el triunfo del racionalismo y el liberalismo, y ahora también del modernismo”, escribe Senior, “la persona de Cristo ha sido retirada de nuestra experiencia. Las generaciones crecen en un vacío religioso, en una atmósfera cargada, por decirlo así, con su ausencia”. Como hizo durante los años del Seminario Pearson, cuando fascinaba a sus alumnos hablando sin notas, citando de memoria poemas y textos sagrados, pasando sin esfuerzo aparente de la literatura a la filosofía y de esta a la teología, Senior analiza en este libro cada una de esas derrotas con dolor y claridad proféticas. La irrupción del liberalismo en la religión, la corrupción de la noción de verdad, la manipulación del lenguaje, la defección de la teología, la deshumanización del arte y la literatura, el aniquilamiento del saber en las universidades, el triunfo del sentimentalismo o la destrucción y banalización de la liturgia de la Iglesia son descritos como los frutos amargos de un mundo cuyas estrellas se apagan lentamente. Un viaje en el que nos lleva de la mano de Aristóteles y de Newman, dos de los grandes pilares del libro, pero también de Sócrates, Platón, Homero, Shakespeare, Chaucer, Milton, Boecio, Ruskin, Thackeray y, finalmente, de san Bernardo, san Agustín, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús y, naturalmente, santo Tomás, entre otros muchos. “Señor, crea en mí un corazón puro”, pide el salmista incansablemente al Dios de los Ejércitos. En medio del bosque tenebroso, este libro, que podría haber sido escrito ayer mismo, recuerda que la cultura cristiana es el cultivo de los santos. Y que aunque la oscuridad ha penetrado también en la Iglesia misma, ella sigue siendo el faro eternamente fijo del soneto de Shakespeare, que ve las tempestades sin jamás estremecerse.

“Sin la Iglesia, aún quebrada como está, la oscuridad sería insoportable. Para quienes se hallan al borde de la desesperación, especialmente ahora, es esencial recordar que la Iglesia nunca se parece tanto a Cristo como cuando se ve herida y traicionada desde dentro”. No hay ciertamente hoy, señala Senior, ninguna razón para seguir siendo católico distinta de la que siempre existió: que en la vida invisible de la Iglesia se encuentra el amor de Cristo.

A John Senior le gustaba mucho un relato que san Beda el Venerable narra en su Historia Eclesiástica, en el que un sacerdote pagano explica al rey Edwin de Northumbria que la vida del hombre en la tierra es como el vuelo raudo de un gorrión, que sale de pronto de la noche invernal, atraviesa por un instante una estancia caldeada y acogedora mientras el viento y la nieve arrecian fuera, y se pierde otra vez en la oscuridad de la que salió. “Así que esta vida del hombre aparece por un corto espacio, pero de lo que pasó antes o de lo que va a seguir somos completamente ignorantes”, dice el sacerdote al rey. Y sin embargo, incluso en la oscuridad de la noche, nosotros sabemos que no es verdad. Porque los salmos nos dicen que el gorrión y la golondrina tienen un nido donde criar sus polluelos “en tus altares, oh Dios de los Ejércitos”.
Madrid, Dominica Laetare 2019.

Natalia Sanmartin Fenollera



INTRODUCCIÓN

Es...más fácil destruir que construir... 
T. S. Eliot 

El 21 de mayo de 1972, Laszlo Toth, un geólogo australiano, húngaro de nacimiento, atacó la escultura de la Piedad de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro en Roma. Mientras corría hacia la estatua con un martillo en su brazo en alto proclamaba: “Yo soy Jesucristo, resucitado de entre los muertos”. Cuando terminó el asalto sobre el mármol, había roto el brazo de la Virgen a la altura del codo, había sacado una porción grande de las cejas y aplastado la nariz. No se presentaron cargos contra él, dado que, al mismo tiempo que el mundo miraba horrorizado, las autoridades estaban convencidas de que sólo un loco podía cometer un acto como ése. Pasó dos años en un hospital psiquiátrico italiano y luego fue liberado y deportado a Melbourne, Australia, donde se cree que aún vive. 

Este solo acto contiene en sí toda la locura de los últimos siglos: la creencia de que el hombre se ha convertido en Dios, la afirmación de la primacía de la voluntad individual, una furia ardiente contra las glorias del pasado y el bello arte que las encarnaba, el intento de quitar a la Santísima Virgen y Madre del lugar central que tiene en el plan de Dios para la redención del hombre, la falta de respeto hacia los santuarios sacros y la supuesta inocencia de todos los destructores. Irónicamente, ¿la misma basílica santa no había visto recientemente los trabajos del Concilio Vaticano II y la institución de una nueva liturgia construida por un comité a imagen del hombre? Más de un individuo parece haber golpeado martillos contra las glorias de las tradiciones de la Iglesia Católica y contra la liturgia de sacrificio y adoración divina. 

La destrucción de la cultura cristiana ha tenido lugar durante siglos y los Laszlo Toth han sido demasiado numerosos y muy alabados para necesitar alguna clase de enumeración o nombramiento. La estimulación de la destrucción ha impulsado la barca de la humanidad por el río del orgullo y las cataratas del olvido década tras década. Pocas voces han elevado objeciones o tratado de alertar a los pasajeros para que intentasen evitar la destrucción que espera a la nave. Aquellos que lo han hecho serán apropiadamente honrados algún día. Y uno de los nombres en esa pequeña lista será el del Dr. John Senior, un hombre católico en una era de apostasía y un gran maestro en tiempos de arrogante ignorancia. 

La mayoría de sus años de enseñanza los pasó en la Universidad de Kansas, donde ayudó a fundar el destacable Programa de Humanidades Integradas. Con los años, mientras él y sus colegas plantaban la verdad simple en el terreno de la oscuridad, el programa se convirtió en una simiente de sabiduría, conversión y vocaciones; de hecho, su mismísimo éxito significó su desgracia, ya que el príncipe de este mundo, cuya hora ha llegado, no podía dejar que un programa tal prosperara durante mucho tiempo y ninguna universidad moderna podía permitir que sus estudiantes fuesen educados por un gran maestro. Los aliados de siempre, la envidia, la ignorancia y el odio, derribaron el programa. Aquellos afortunados que pudieron estudiar con el Dr. Senior continúan contribuyendo al mundo y de ese modo su trabajo prosigue. El resto de nosotros, que no tuvimos la fortuna de estar presentes en la Universidad de Kansas en esa edad dorada, pudimos sin embargo tener la posibilidad de estudiar a sus pies en estos últimos años. 

La muerte de la cultura cristiana, libro originalmente publicado en 1978, ha estado agotado por demasiado tiempo. Es más actual que cualquiera de los libros que gozan de los beneficios de un lugar en las listas de bestsellers semanales. Esto sólo es posible porque el libro está lleno de las observaciones del Dr. Senior; y estas observaciones y análisis son grandes verdades que siguen ofreciendo explicaciones acerca del mundo muerto en que vivimos. Todas las ideas que nos cedió a lo largo de estos años se basaban en el supuesto de que la verdad debe fundarse en la realidad. Aparentemente comenzó muchos de sus cursos afirmando con Shakespeare las palabras del personaje Corin, un pastor de Como gusteis: “La propiedad de la lluvia es mojar, y la del fuego, quemar”. Un enraizamiento en la realidad como ése debe inevitablemente llevar a la verdad. (No es accidental que una de las herramientas más importantes que utiliza el diablo actualmente para arrastrar las almas a su reino infernal es la realidad virtual en sus diversos aspectos mecánicos, una falsa realidad que reemplaza el orden de la naturaleza creada por Dios por un sustituto demoníaco.). 

Esa adhesión cercana a la realidad, y por tanto a la verdad, permitió al Dr. Senior lograr análisis especiales acerca de la catástrofe del mundo moderno. Capítulo tras capítulo de esta clásica obra se relatan los errores envenenadores de la mente que han permitido a la humanidad correr como lémur hacia la destrucción inevitable. El análisis atento de la falsa cultura liberal, del abuso del lenguaje y de las mentiras de la literatura moderna, la mortífera seducción de la filosofía oriental, y así a lo largo de las páginas ordenadas por la claridad de una mente sabia que explica lo que un ojo claro ha visto, hace del libro una obra perenne, al menos hasta que la destrucción sea completa. Las próximas generaciones encargadas de la reconstrucción leerán sin poder creer acerca de la locura que atrapó a la edad presente, pero debemos agradecer a John Senior que la haya diagnosticado con tanta precisión y calma. Para nosotros, el libro sigue siendo una bandera roja de advertencia; para el futuro, será un documento histórico de un registro atemorizante, no muy distinto a la dura roca de lava que atestigua la destrucción de Pompeya. 

En uno de sus ensayos, el Dr. Senior dice: 
La civilización no es la creación de sus bandidos sino de los hombres que han trabajado duro con sudor en la frente, construyendo el pasado, contra los bandidos, los inmorales, los defensores de la violencia y la muerte. En obediencia a la ley natural y por la gracia de Dios, unos pocos hombres buenos en cada generación han sido barrera para la marea teñida de sangre, aunque ahora parece que, finalmente, nos estamos hundiendo. 
Ciertamente, casi nos estamos hundiendo, y este libro nos enseña por qué. Pero incluso en estos tiempos desesperantes, unos pocos hombres buenos siguen la lucha, por la gracia de Dios. Lector, tienes en tus manos una obra clásica escrita por uno de estos luchadores. Puede que nos haya dejado, pero la verdad de Dios no puede ser silenciada. El Dr. Senior aún es un gran maestro. Tiene mucho que enseñarte. Lee y aprende. 

David Allen White 
Doctor en Filosofía 

8 de diciembre de 2008 
Inmaculada Concepción 
de la Santísima Virgen María

1. ¿QUÉ ES LA CULTURA CRISTIANA? 


Matthew Arnold fue, un siglo atrás, en el mundo angloparlante, una de las bisagras entre el cristianismo y el modernismo. Fue uno de los exponentes más desinteresados y claros de la idea liberal y, como muchos liberales de hoy, se pensaba a sí mismo –de alguna manera– como cristiano. Pero escribió: 
A pesar de los crímenes y las tonterías en los que se perdió a sí misma, la Revolución Francesa deriva de la fuerza, la verdad y la universalidad de las ideas que tomó como su ley, y de la pasión con la que pudo inspirar a una multitud por estas ideas, un poder único y aún vivo; es –probablemente seguirá siendo– el evento más grande, más animado en la historia. 
Arnold había recibido una educación clásica de un famoso padre cristiano. Tenía el mayor de los respetos por el cristianismo, pero no lo profesaba. La Revolución fue el “evento más grande, más animado en la historia”, dijo –no la Crucifixión. Estaba convencido de que los revolucionarios habían ido demasiado lejos, en la dirección correcta. El “problema religioso”, como lo llama, es cómo concebir un cristianismo puesto al servicio de la revolución. 

Una síntesis fresca de los datos del Nuevo Testamento –sin hacerles guerra, a la manera de Voltaire, sin dejarlos fuera del pensamiento, a la manera del mundo, sino reconstruyéndolos de forma nueva, sacándolos del punto de vista viejo, tradicional y convencional y poniéndolos bajo uno nuevo–, es ésta la verdadera esencia del problema religioso, como se presenta ahora, y sólo se puede encontrar una solución esforzándonos en este sentido. 

La identificación de lo tradicional con lo convencional es, por supuesto, tan vieja como la sofística y siempre sirve como apertura al cambio. Pero Cristo mismo dijo “Omnia mihi tradita sunt a patre meo”. La doctrina cristiana no es el resultado de una convención, aunque sea tradicional: “Todas las cosas me han sido entregadas por el Padre”. El cristianismo nunca puede servir a los tiempos. De acuerdo con la Declaración de los Derechos del Hombre, la libertad es el poder de hacer siempre lo que nos plazca, en tanto no perjudique a otro. En cierto sentido esto puede ser verdad (demostrado que la voluntad esté rectamente formada). Pero, de acuerdo con la idea liberal, “haced lo que os plazca” incluye la voluntad de hacer lo que no debierais. El liberal fija su posición en tierra de nadie, entre “la ley que está en mis miembros” y la “ley que está en mi mente”. En ese lugar precario y autoindulgente, “haced lo que os plazca” está separado del bien. Al hacer el mal a otros, antes que nada nos lastimamos a nosotros mismos, pues hacer el mal es lo peor que puede pasarle a un hombre. Y porque somos miembros de la raza humana, lastimamos a la especie incluso sólo mediante un acto dirigido únicamente contra nosotros. Si otros consienten, el daño recíprocamente daña a cada uno. No existe algo así como un crimen sin víctimas, del mismo modo que no hay nada gratuito. No existe algo así como un cristianismo en que los mandamientos de Dios se acomodan a los derechos del hombre. 

Para salvar las apariencias y asegurar una útil continuidad social, el liberal piensa que la “religión” debe salvarse, aunque al servicio de la revolución y de su nueva cultura, en la que la misma existencia de Dios dependerá de nosotros. “La religión”, escribe Arnold, 
es el mayor y más importante de los esfuerzos mediante los cuales la raza humana ha manifestado sus impulsos para perfeccionarse. 
Pero ningún ente contingente en sí mismo puede ser la causa de su propia perfección; tampoco pueden, dada una infinidad de entes contingentes cada uno dependiente de otro, siquiera todos juntos ser causa de su propia perfección. Más bien, algún ente debe existir necesariamente, si alguno existe en forma contingente. Arnold invierte ese orden. Lo necesario se convierte en dependiente de lo contingente. Y la religión es 
la voz de la experiencia humana más profunda, [que] no sólo impone y sanciona cuál es el gran fin de la cultura, el de permitirnos descubrir lo que es la perfección y hacerla triunfar; sino que también, al determinar en términos generales en qué consiste la perfección, la religión llega a la misma conclusión que...la cultura. 
Para Arnold, la religión obra junto al arte, la ciencia y la filosofía para lograr lo que él llama “perfección”. Desafiando la etimología, define la perfección: 
Es en el hacer interminables adiciones a uno mismo, en la interminable expansión de sus poderes, en el interminable crecimiento en sabiduría y belleza, que el espíritu de la raza humana encuentra su ideal. Para alcanzar este ideal, la cultura es una ayuda indispensable, y es ése el verdadero valor de la cultura. No el tener o el durar, sino el crecer y el hacerse son los caracteres de la perfección. 
Dije “desafiando la etimología” porque la raíz de la palabra perfección –exactamente lo opuesto a “hacerse”– significa “hecho”, “completo”, “en descanso total”, “haberse hecho”: per-facere. “Alcanzar el ideal”, dice Arnold. Pero ¿cómo puede alcanzarse un ideal de “crecimiento interminable”? He aquí un viejo sofisma revestido de un nuevo principio de la religión liberal: que la perfección es hacerse. La tarea histórica actual –la tarea histórica siempre actual en cualquier era– es la revolución, aunque Arnold de forma más sutil insista en que la revolución se logra mejor reinterpretando antes que simplemente destruyendo el pasado. En la raíz metafísica de este error está la incapacidad de Heráclito para resolver el problema de lo uno y lo múltiple. Porque nada nunca es, dicen, no hay nada constante, sólo un flujo continuo. 

A partir de esta falsa idea del “hacerse” se sigue inmediatamente, y Arnold lo pone en el mismo párrafo, que la cultura liberal debe ser colectivista. Ya que en un movimiento sin fin y contradictorio no hay una sustancia permanente. Una persona es una no-entidad sin sentido, por lo que una suma de noentidades coaguladas, por su misma contingencia coagulada, debe de alguna manera crear su ser frente a ellas mismas, digamos. Es una clase de truco, como el de la soga india, en el cual un tejido de noentidades arroja su finalidad hacia el aire y trepa tras ella. Ésta es la base de un evolucionismo religioso –con frecuencia confundido con la idea exactamente contraria de Newman acerca del desarrollo de la doctrina– en el cual toda la creación está para siempre contenida en su propio petardo. Evolución, dice Newman, no es desarrollo. En el desarrollo, lo que es dado de una vez y para siempre al comienzo es meramente explicitado. Lo que fue dado de una vez y para siempre en la Escritura y la Tradición ha sido clarificado en generaciones sucesivas, pero sólo por adición, nunca por contradicción; por el contrario, la evolución funciona mediante la negación. Newman dedica un capítulo entero de su Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana a refutar la idea de que algo contrario al dogma o que no se encuentre en el consenso de los dogmas de los Padres pueda ser desarrollado alguna vez apropiadamente. Concebido positivamente, el desarrollo es radicalmente conservador, permitiendo sólo aquel cambio que ayude a la doctrina a seguir siendo verdadera al definir los errores que aparecen en cada edad. La doctrina crece –así lo pone Ronald Knox en una figura casera– como el casco de un caballo que trota sobre terreno duro y desigual. 

Los mejores de nosotros tendemos al sofisma cuando una verdad obvia contradice un deseo fuerte. Comisiones ecuménicas recientes de varias iglesias han tratado de encontrar vínculos de unidad reconstruyendo los artículos de su fe, como un modo de hacer hueco a los artículos contradictorios de la fe sostenida por otros. Los protestantes y los católicos pueden retener o desechar sus identidades al mismo tiempo. Jacques Maritain, por ejemplo, hablando de una declaración del Concilio de Florencia notoriamente dañina para cualquier clase de convergencia de doctrina¹ , dijo: 
Lo que importa aquí es la declaración en sí misma, no la manera en que ella fue entendida en su época [...] de acuerdo a la mentalidad de la época, sin haber sido conscientes de su ambigüedad [...] Es con el tiempo que la ambigüedad en cuestión apareció –y al mismo tiempo trastocó el verdadero sentido en el que la declaración debe interpretarse. Ha habido una mutación, no respecto a la declaración en sí misma, sino respecto a la manera en la cual aquellos que la formularon la entendieron. La declaración es infaliblemente verdadera (en tanto la comprendemos correctamente). 
Con seguridad ningún protestante cuerdo aceptará un argumento como éste al precio de la paz, porque toda la revelación cristiana, la autoridad de la Iglesia, toda autoridad, la noble mente de Maritain, y la misma razón son aquí desechadas. “Las palabras –decía el sombrerero loco a Alicia– significan exactamente lo que yo digo que significan”. ¡Ve al comienzo! Arranca de nuevo. Estamos aquí en el primero de los primeros principios. Una definición que incluye su contradicción no es ninguna definición. Y cualquier acuerdo de teólogos que piensen de esta manera es una trampa. Estarás firmando un contrato que es un panfleto, de acuerdo a la mentalidad actual, que mañana no valdrá ni el papel en que está escrito. La paz al precio de la propia razón sólo puede ser la “paz demoníaca” a la que se refiere san Agustín cuando habla de la persecución violenta de la injusticia. No. Es más del interés de todos mantener las distinciones claras. La actual defección de los teólogos católicos apartándose de sus propias doctrinas explícitas y siguiendo las puerilidades de la alta crítica es el peor fracaso para los protestantes. Si debemos amar a los otros como a nosotros mismos, es que debemos amarnos los unos a los otros, pero no a nosotros pretendiendo ser otros y, al mismo tiempo, pretendiendo que los otros sean nosotros. Es fácil para gente de buena voluntad (y de mala voluntad) juntarse afirmando contradicciones. “La declaración es infaliblemente verdadera [siempre que se comprenda correctamente]”. Eso es o bien una obviedad –cualquier cosa debe ser entendida correctamente– o bien lo que solía llamarse un “jesuitismo”. ¿Entendido por quién? Los evangelios, las epístolas, la ley y los profetas, los credos, las confesiones, todo esto es infaliblemente verdadero si “se entiende correctamente” de acuerdo con los ideales de la Revolución Francesa y la mente de Maritain... ¿Infalible? Esa música tiene un destino de muerte. La única forma racional para que los protestantes y los católicos se lleven bien es practicar la difícil virtud de la tolerancia, no falsificar los reclamos de ambigüedades. 

“Una síntesis fresca de los datos del Nuevo Testamento”, apura Arnold. “Sin hacerles guerra, a la manera de Voltaire, sin dejarlos fuera de la mente, a la manera del mundo, sino reconstruyéndolos de forma nueva”. Francamente, prefiero a Voltaire; el zorro a la comadreja; el lobo con piel de cordero al lobo disfrazado de pastor. Arnold explica cómo debe involucrarse a la colectividad en esta reconstrucción del Nuevo Testamento: 
La expansión de nuestra humanidad para acomodarse a la idea de perfección que conforma la cultura, debe ser una expansión general. La perfección, como la cultura la concibe, no es posible mientras el individuo permanece aislado. Se requiere del individuo, bajo pena de quedar atrofiado y debilitado en su propio desarrollo si desobedece, que lleve junto consigo a otros en su marcha hacia la perfección, haciendo continuamente todo lo que pueda para agrandar e incrementar el volumen de la corriente humana, arrasando con todo en esa dirección. Y aquí una vez más, la cultura hace recaer en nosotros la misma obligación que la religión; como lo puso admirablemente el obispo Wilson, “promover el reino de Dios es acrecentar y acelerar nuestra propia felicidad”. 
Allí va, erigiendo una nueva construcción sobre el significado llano de las palabras; con seguridad el obispo no pensaba que el reino de Dios fuera la cultura. Para el cristiano, promover el reino de Dios acrecienta nuestra propia felicidad porque en el amor al prójimo como a nosotros mismos acrecentamos nuestro propio amor a Dios, que es participación en la vida eterna. No tiene nada que ver con la perfección de la ciudad secular. Arnold ha identificado el reino de Dios con la idea de Bentham del mayor bien para el mayor número. Ha repetido la estupidez de Auguste Comte quien, como dijo Christopher Dawson, creía que la humanidad era una realidad mientras la persona individual era una abstracción. Es notable la cantidad de veces que usa abstracciones como si fuesen agentes personales: “Como lo concibe la cultura [...] la cultura hace recaer en nosotros la misma obligación”. Arnold no está interpretando la doctrina cristiana sino revistiendo el viejo hedonismo colectivo con nuevos ropajes. El “problema religioso” para los cristianos ha sido siempre el mismo: amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. 

Lo que el modernista quiere decir con “mentalidad” o “mentalidad de la época” es la imaginación, la cual da una especie de conocimiento a medio camino de los objetos materiales. La imagen, hasta el punto en que existe, existe en la mente, de modo que la realidad fuera de la mente está espiritualizada, pero retiene los accidentes de su existencia concreta, sus cualidades externas: cantidad, forma, color, etc. Cuando la imaginación se toma como el término de la mente y se usa para juzgar el significado de la doctrina, los conceptos son reducidos a imágenes; lo que deseamos puede parecernos lo que es. De ese modo, en el primer tipo de error que la imaginación puede cometer, la mente simplemente no “ve” el concepto –naturalmente, porque los conceptos son invisibles– y rehúsa por lo tanto reconocer su existencia. En el segundo tipo de error, la imagen toma el lugar del concepto y obtenemos la reacción llamada “epifanía” por Joyce (“Dios es un grito en la calle”); de ese modo la teología y la filosofía se convierten en poesía, y la razón en metáfora. Los “sistemas” filosóficos y religiosos se disfrutan como si fueran obras de arte; podemos preferir el cristianismo o el budismo, admirando ambos, o las metafísicas de Platón o Spinoza. 

A menos que la mente logre su perfección en la realización de juicios conceptuales, la religión y la filosofía no pueden entenderse; y sin religión ni filosofía, toda actividad humana deambula sin rumbo. Rodeados como estamos por un terreno imaginativo hedonista y hasta demoníaco, no es imposible, por supuesto, pero es muy difícil para el intelecto captar ideas como “espíritu”, “alma” y “Dios”. Estamos doblemente bloqueados: para restaurar la imaginación debemos poner al intelecto en el lugar apropiado; pero para poner en su lugar al intelecto, primero debemos restaurar nuestra imaginación. 

El estudio de la filosofía y la teología no cura una imaginación enferma, y cualquiera con una imaginación enferma es incapaz de estudiar filosofía y teología. Las popularizaciones como las de Gilson o Maritain, aun saludables, son insuficientes. Comenzaron una moda neoescolástica que, como las otras modas, se agotó y desapareció, porque el estudio apropiado de estos temas presupone una inmersión en la cultura cristiana. A pesar de una vida de estudio de santo Tomás, Maritain mismo, cegado por el deseo, cayó en los mismos errores que había refutado en otros. 

Lo que es más llamativo acerca de los nuevos teólogos –incluso de Maritain– es no sólo la teología sino lo vulgar. Celebran la poesía y el arte surrealista. Parecen realmente creer que el cristianismo puede ser “actualizado” traduciendo sus conceptos en literatura extraña y barata –en música medida sólo por los decibelios de ruido. La palabra “cultura”, tal como la usan, es de hecho ambigua: en su sentido estricto sólo hay una cultura, la cristiana del Occidente latino. En otro sentido, del modo usada por los antropólogos, significa cualquier medioambiente –y de ese modo podemos hablar de “cultura” bantú o británica. Sin embargo, la única forma de llevar el cristianismo a los bantúes o británicos es llevarles la ropa, las sillas, el pan, el vino y el latín. Belloc estaba exactamente en lo correcto con su famoso epigrama: “Europa es la fe; la fe es Europa”. Los fundamentos profundos del protestantismo inglés, e incluso de la poesía neopagana, son la misa latina y el oficio benedictino. Si queremos llevar el cristianismo a otras culturas en el sentido antropológico, debemos primero restaurar la cultura real del cristianismo en nosotros. Con demasiada frecuencia hemos exportado una cáscara misionera vacía junto al capital económico. Cristo nació en la plenitud de los tiempos en un lugar preciso. La cultura clásica era y es la praeparatio fidei, su filosofía y su literatura, el oro y la plata griega que el cristianismo ha llevado consigo en su peregrinaje. La Iglesia ha crecido a su modo particular y siempre ha llevado sus hábitos con ella, de modo que dondequiera que ha ido fue una cosa europea; estirada, adaptada, pero esencialmente una cosa europea. 

El comienzo de la cura de la teología enferma, para los angloparlantes, es el aprendizaje escolar de Chaucer, Shakespeare, Milton e incluso Matthew Arnold en los sonidos disciplinados de la música inglesa honesta:

Tal música (como se dice) 
antes de ser compuesta, 
pero cuando de los viejos hijos del canto matinal, mientras el gran creador 
sus constelaciones fijó, 
y el bien balanceado mundo colgó, 
y profundo los fundamentos enterró, 
y las olas arrolladoras mantuvo por su fangoso canal². 

II 

La cultura, como en “agricultura”, es el cultivo del suelo en el que crecen los hombres. Para determinar los métodos apropiados, debemos tener una idea clara acerca del cultivo. “¿Qué es el hombre?”, preguntaba el viejo catecismo inglés, y respondía: “Una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios, para conocerlo, amarlo y servirlo”. Por lo tanto, la cultura tiene claramente este simple fin, sin importar cuán complejos o difíciles sean los medios. Nuestra felicidad consiste en una perfección que no es una mera explosión hedonista interminable en el tiempo y el espacio, sino el logro de aquel amor y conocimiento definitivo que es final y completo. Toda la parafernalia de nuestras vidas, intelectual, moral, social, psicológica y física, tiene este fin: la cultura cristiana es el cultivo de los santos. Ha habido muchas “culturas” en el otro sentido desde la Caída, muchos intentos de establecer un nuevo Edén para el hombre. 


1 Nemo potest extra ecclesiam salvus esse: La salvación es imposible fuera de la Iglesia

2 John Milton, On The Morning Of Christs Nativity, XII (trad. libre). [Nota del traductor]


VER+:












sábado, 13 de julio de 2019

🔥 LIBRO "FUEGO EN EL MISISIPI": Sin España los Estados Unidos no existirían tal y como los conocemos ahora

FUEGO EN EL MISISIPI 🔥
  • El escritor donostiarra ha escrito su última novela histórica 'Fuego en el Misisipi' (Libros Libres) sobre la tan decisiva como olvidada ayuda de España a la independencia de EEUU.
  • "Nadie sabe que nuestra ayuda fue incluso superior a la francesa", asegura Pérez-Foncea. La presencia española en el actual territorio de EEUU data de cien años antes de la llegada del Mayflower (con los colonos ingleses).
  • Y la primera ciudad de EEUU la fundó España en 1585, San Agustín de la Florida.
  • "Me atrevo a decir sin ningún complejo –que es lo que nos sobra a los españoles actuales- que cuanto más profundizo en la historia de España, más asombrado me quedo de su grandeza. Debemos estar muy orgullosos de nuestros antepasados", asegura el autor.
La participación española en la independencia de Estados Unidos fue decisiva. En esta novela se narran con viveza la crucial victoria de Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana, en la batalla de Pensacola; el apoyo económico de la Corona, reunido en cantidad y tiempo inverosímiles, al decisivo combate naval de Chesapeake; y el apoyo logístico a los rebeldes, abriéndoles la navegación del Misisipi.


Precisamente a Nueva Orleans llega el protagonista de esta novela, Alfonso Salazar. La ciudad bulle, inquieta ante la rebelión de las colonias británicas y el papel que el Rey Carlos III va a jugar en ella. Alfonso asume el nombre e identidad de Alphonse de Cavignac para ponerse al servicio de Gálvez como espía. Cuando se enamore de Amelia Richmond, hija de un peculiar negociante inglés, los riesgos que el joven estaba dispuesto a correr en defensa de los intereses de España se van a complicar con las exigencias del amor, el honor y la lealtad.

'Fuego en el Misisipi' (Libros Libres, abril 2017) acomete el reto de contar la decisiva participación española en la independencia de EEUU.
En ella narra con viveza la crucial victoria del malagueño Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana, en la batalla de Pensacola; el apoyo económico de la Corona española, reunido en cantidad y tiempo inverosímiles, para el decisivo combate naval de Chesapeake; así como el constante apoyo logístico a los rebeldes, abriéndoles la navegación del Misisipi. 

"En la independencia de EEUUEspaña hizo tanto o más que Francia". "Entre otras cosas porque pagamos al ejército francés, al americano y al español". "Todo el mundo asocia este acontecimiento a la ayuda francesa y al nombre de Lafayette. Nadie sabe que nuestra ayuda fue decisiva (tanto en victorias bélicas como en ayuda financiera) incluso superior a la francesa", asegura Pérez-Foncea. De hecho, como curiosidad cuenta que "España inundó EEUU de tal millonada de doblones, que Olliver Pollock, el comisionado del gobierno rebelde para recoger el dinero español, en su libro de cuentas, cada vez que recibía un nuevo ingreso proveniente de España escribía una "S" con las dos barritas verticales: las dos barras (luego se simplificaron a una sola) son las columnas de Hércules de nuestro escudo y la "S" es la orla con el lema "Plus Ultra". Y es que en los doblones españoles, o reales de a ocho, aparecía –lógicamente- el escudo de España. Estos doblones han sido moneda de uso común en Estados Unidos, hasta nada menos que 1857". 

"Así que el padre del dólar es el doblón de a ocho español". "Y en Wall Street, hasta hace pocos años, todavía las acciones se dividían en ocho partes, se contaban por octavos". Prosigue el escritor donostiarra: "España, así pues, pagó e hizo ganar grandes batallas decisivas para la independencia de EEUU. Washington en persona dijo "hasta que España no entre en la guerra no es posible alcanzar la victoria". 

"Él era muy consciente de que necesitaban a la armada española, pues los ingleses eran superiores a los franceses en la mar". Todo esto ha quedado olvidado en gran medida porque a España no le interesaba ayudar públicamente a los nacientes EEUU. A España, por decirlo así, no le interesaba fomentar los deseos secesionistas en sus propios territorios americanos dando un mal ejemplo al ayudar a los rebeldes de las trece colonias. Francia podía hacerlo porque había perdido ya prácticamente todos sus territorios de América. Aunque, "posteriormente, en la independencia de Hispanoamérica, los que más se opusieron a ella fueron precisamente los indios, porque estaban muy bien tratados, contra lo que se dice". 

"Fueron los criollos españoles, empujados por la masonería, quienes iniciaron los movimientos independentistas". De hecho, afirma el escritor, "ese deseo de pasar desapercibido hizo que en la batalla de Yorktown –la batalla definitiva donde se gana la guerra-, España no apareciera. Ahí estaban los barcos franceses, pero hay que decir que en la retaguardia estaban los españoles y que los barcos franceses dependían de la Armada española". 

"Hasta tal punto es así que el bilbaíno don Diego de Gardoqui, primer embajador de España en EEUU, desfiló a la derecha de Washington en su toma de posesión por expreso deseo del propio Washington, que le invitó a hacerlo al grito de "jamás olvidaremos lo que España ha hecho por nosotros". Y solo hubo un barco extranjero en ese acto: el Galveztown, regalo de los EEUU a don Bernardo de Gálvez, el principal artífice de la independencia de EEUU" y recientemente nombrado ciudadano honorario de ese país, título que sólo siete personas han recibido, entre ellas la Madre Teresa de Calcuta y Winston Churchill. Volviendo al acto de toma de posesión de Washington, incluso "las mujeres de Nueva York iban vestidas con tocado español, en reconocimiento a lo que España había hecho por los nacientes EEUU". 

La importantísima contribución española a ese episodio histórico norteamericano tuvo un lugar destacado, el río Misisipi, que entonces era español porque formaba parte de la Luisiana: 

"A través del Misisipi hacíamos llegar todo tipo de ayudas a los rebeldes norteamericanos, en forma de mantas, armas, pólvora, dinero, uniformes, y así es como se pudo ganar a los ingleses, que controlaban el mar en la costa este de EEUU", explica Pérez Foncea. Pero no se queda ahí. El escritor destaca también que "la presencia española en EEUU ha sido muy extensa. El 85% del territorio actual de los EEUU ha sido España en algún momento de la historia, incluida Alaska, en donde nos encontramos con los rusos y en donde todavía quedan dos topónimos que dan prueba de ello: Valdez y Córdoba". 

"Y la primera ciudad de EEUU la fundó España en 1585, San Agustín de la Florida. Llegamos a EEUU cien años antes que los del Mayflower, el nombre del barco que, en 1620, transportó a los llamados Peregrinos desde Inglaterra". En ese sentido, Pérez Foncea afirma que se halla inmerso en "esta batalla de dar a conocer la historia de España porque otros países se han preocupado de dar a conocer su historia incluso donde no la tenían. Por ejemplo, en Nueva York, cada 12 de octubre se llena todo de banderas italianas, en honor a Colón, cuando fue España la que descubrió América". 

"La leyenda negra sigue en marcha, sobre todo en la propia España". "Pero cuanto más profundizo en nuestra historia, me atrevo a decir sin ningún complejo –que es lo que nos sobra a los españoles- que es de una grandeza incomparable. "Si una sociedad olvida su historia, esa sociedad nunca va a hacer nada en la vida". "Milan Kundera dice: 'Para liquidar a las naciones lo primero que se hace es liquidarles la memoria, se destruyen sus libros, su cultura, su historia y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa su historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante lo olvida mucho antes'. Esto es exactamente lo que pasa con España y es lo que yo, modestamente, hasta donde puedo, intento resolver", concluye el autor donostiarra.


El 11 de septiembre de 2016 en muchos lugares de la Archidiócesis de Los Ángeles se habló sobre el tema de la inmigración en los Estados Unidos. Según una nota enviada a la Agencia Fides, muchos grupos laicos de reflexión, movimientos y parroquias, han retomado y comentado la intervención de Su Exc. Mons. José Horacio Gómez Velasco, arzobispo de Los Ángeles, pronunciada en los últimos días en el Boston college:

“Como todos sabemos la historia de nuestro país comenzó en 1600 con los Padres Peregrinos”, dijo Mons. Gómez al abrir la conferencia pública el 8 de septiembre. “Pero con el debido respeto a los Peregrinos, ellos llegaron a este país con ¡alrededor de un centenar de años de retraso! Mucho antes de que los Estados Unidos tuviesen un nombre, es decir antes de George Washington y de las 13 colonias o Plym outh Rock, los misioneros españoles y mexicanos e incluso exploradores, se habían establecido en los territorios que hoy son Florida, Texas, California y Nuevo México. No sólo eso, los hispanos no fueron los únicos en llegar a los EE.UU. antes de los Peregrinos: los primeros fueron asiáticos, de las Filipinas, y esto unos 50 años antes”.

“Deberíamos pensar en esto: la primera lengua no nativa hablada en este país no fue el Inglés. Fue el español”, ha dicho Mons. Gómez en su discurso, haciendo hincapié en que aunque no desea dedicar su discurso a las raíces hispanas y católicas de América, sin embargo, si que pretende recuperar la “historia olvidada del país”, tema que ha llamado la atención de la opinión pública. Mons. Gómez Velasco también ha remarcado que “la reforma migratoria es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Más que la política y la economía. Se trata de una lucha por la justicia, la dignidad y los derechos humanos. Es un desafío a la conciencia de cada individuo”. (CE) (Agencia Fides, 12/09/2016)