EL Rincón de Yanka: APOLOGÍA

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miércoles, 21 de octubre de 2026

LIBRO "LA RELIGIÓN DEMOSTRADA": LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA por P. A. HILLAIRE


 LA RELIGIÓN DEMOSTRADA

Los fundamentos de la fe católica 
ante la razón y la ciencia


Hillaire quiso responder con un solo libro a la pregunta «¿por qué soy cristiano y católico?». Lo organizó en cinco verdades encadenadas: Dios existe; el hombre tiene un alma espiritual, libre e inmortal; necesita una religión; la religión cristiana es la única divina, y la Iglesia católica es su única depositaria. Según su introducción, la materia del libro «es una explicación del Concilio Vaticano I conforme a las normas de la teología fundamental».
El método es el de santo Tomás: pregunta, respuesta y prueba. Por eso el P. Pío de Langogne, capuchino, le felicitó desde Roma «por haber elegido para el desarrollo de vuestras tesis, el método tan sencillo y tan claro de la Suma Teológica».
El P. Négre lo resumió así en su informe: «LA RELIGIÓN DEMOSTRADA es, a la vez, una Teología, una Apología y un Catecismo».

Los fundamentos de la fe católica ante la razón y la ciencia: cinco verdades demostradas, de la existencia de Dios a la Iglesia católica.
La religión demostrada, del P. A. Hillaire, responde con razones a la pregunta que todo católico debería saber contestar: ¿por qué soy cristiano y católico? En 682 páginas demuestra, paso a paso, cinco verdades encadenadas: que Dios existe, que el hombre tiene un alma espiritual e inmortal, que necesita una religión, que la religión cristiana es la única divina y que la Iglesia católica es su única depositaria.
No es un libro de sentimientos ni de opiniones. El autor parte de una frase de Paul Bert, que en 1879 anunciaba en su informe sobre la instrucción pública en Francia: «Nuestra voluntad es levantar frente al templo donde se afirma, la escuela donde se demuestra». La respuesta de Hillaire ocupa todo el libro: el templo donde se afirma es también el templo donde se demuestra, porque la fe católica descansa en hechos ciertos y en principios evidentes.


El propio autor resume su plan en cinco verdades, «ligadas unas con otras como los eslabones de una cadena»:

Primera verdad: Dios existe. Siete pruebas de la existencia de Dios (el universo, el movimiento y el orden, el hombre inteligente y libre, la ley moral, la creencia universal, la historia y la necesidad de un Ser eterno), la refutación del ateísmo y la Providencia.
Segunda verdad: tenemos alma. Una breve lección de filosofía y la demostración de la espiritualidad, la libertad y la inmortalidad del alma.
Tercera verdad: el hombre necesita una religión. El culto interno, externo y público; los pretextos de los indiferentes; por qué solo hay una religión buena y por qué es la revelada; el milagro y la profecía como señales de la revelación, con los decretos del Concilio Vaticano I sobre la fe y la razón.
Cuarta verdad: la religión cristiana es la única divina. La revelación antes de Jesucristo, las profecías cumplidas en Él, sus milagros, la Resurrección, la constancia de los mártires, los frutos de la religión cristiana y un apéndice sobre la divinidad de Nuestro Señor.
Quinta verdad: la Iglesia católica es la única depositaria de la religión cristiana. La Iglesia tal como la fundó Cristo, sus notas, su organización, sus relaciones con el Estado, los beneficios que ha dado al mundo, las principales objeciones contra ella y nuestros deberes para con la Iglesia.

Por el camino quedan refutados, como anuncia el plan de la obra, los ateos, los materialistas y positivistas, los indiferentes, los herejes y protestantes, y los masones, «los peores enemigos de la Iglesia, de la familia y de la sociedad». A la francmasonería le dedica un apéndice propio dentro de la quinta verdad.

¿Para quién es?

Hillaire lo escribió, según su introducción, para la juventud y para «las personas mayores que, impedidas por sus ocupaciones para dedicarse a estudios profundos sobre las verdades religiosas», necesitan tenerlo todo reunido en un solo volumen. Sigue el método de la teología fundamental, pero con preguntas, respuestas y pruebas que se siguen sin haber estudiado teología. Es para usted si se reconoce en alguno de estos casos:El padre o la madre cuyo hijo vuelve de clase diciendo que la fe no tiene base racional, y quiere poder responderle con algo más que «porque sí».
El catequista o el profesor de Religión que necesita las razones ordenadas, de la existencia de Dios a la Iglesia, para preparar sus clases.
El joven que va a confirmarse o a empezar la universidad y quiere saber por qué cree lo que cree, antes de que se lo discutan.
El que discute en la familia, en el trabajo o en las redes, y alguna vez se ha quedado sin respuesta ante un «todas las religiones son iguales» o un «la ciencia ya ha demostrado que Dios no existe».
El que duda o busca. Hillaire cita a Pascal: «No hay más de dos clases de hombres razonables: los que aman a Dios con todo su corazón, porque le conocen, y los que le buscan de todo corazón, porque no le conocen». Este libro sirve a los dos.

En una palabra, para quien quiere estar «siempre pronto para dar razón» de su esperanza, como pide San Pedro.

Quién lo escribió y quién lo tradujo

El P. A. Hillaire fue profesor del Seminario Mayor de Mende y superior de los Misioneros del Sagrado Corazón. Cuenta en la introducción que concibió la obra en la gruta de Lourdes, y la firmó en Mende el 8 de diciembre de 1900. En Francia la obra alcanzó al menos dieciséis ediciones.
La versión castellana es la de Mons. Agustín Piaggio, vicario general de la Armada Argentina y prelado doméstico de Su Santidad, hecha sobre la 16.ª edición francesa. El Episcopado argentino, reunido en Tucumán en 1912, le felicitó por la empresa y declaró: «aprobamos, bendecimos y recomendamos de todo corazón la presente obra».

¿Sabrías defender tu fe?

Diez objeciones contra la fe que oirá tarde o temprano: en la comida familiar, en clase, en el trabajo o en la tele. Para cada una le damos tres respuestas posibles. Solo una aguanta. Elija la que daría usted y compruebe si sabría defender su fe. Todas las respuestas buenas salen de La religión demostrada, del P. A. Hillaire, con su página.

Las diez respuestas, una por una

Si ya ha jugado, aquí tiene las respuestas completas, con la cita del libro. (Si no ha jugado, no siga leyendo: se estropea la gracia.)

1. Si Dios existiera, lo veríamos. Yo solo creo en lo que veo.
Respuesta: No lo vemos, pero vemos sus obras, como quien ve un cuadro y sabe que hubo un pintor.
«A Dios no lo podemos ver, ciertamente, con los ojos del cuerpo, pero sí podemos contemplar sus obras. Así como por la vista de un cuadro deducimos la existencia del pintor…» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 2. Primera verdad: Dios existe.

2. La vida surgió sola de la materia. No hace falta ningún Dios.
Respuesta: Nadie puede dar lo que no tiene: la materia no tiene vida, luego no pudo darla.
«¿Razón? Porque nadie puede dar lo que no tiene; y como la materia carece de vida, tampoco pudo darla.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 9. Primera verdad: Dios existe.

3. Si Dios existe, ¿por qué a los malos les va tan bien y los buenos sufren?
Respuesta: Dios es paciente porque es eterno, y quiere dar tiempo al arrepentimiento.
«Dios es paciente, porque es eterno; porque quiere dar lugar al arrepentimiento; porque si castigara siempre el vicio aquí en este mundo, y aquí también recompensara la virtud, el hombre no practicaría el bien sino por interés.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 50. Primera verdad: Dios existe.

4. Yo no voy a misa, pero soy buena persona. Con eso basta.
Respuesta: Ser honrado es dar a cada uno lo suyo, y lo primero que debemos es a Dios.
«Ahora bien, la religión no es otra cosa que la justicia para con Dios. Luego aquél que no practica la religión no es honrado, porque no es justo para con Dios.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, pp. 125-126. Tercera verdad: el hombre necesita una religión.

5. Todas las religiones son iguales: todas llevan a Dios.
Respuesta: ¿Son buenas todas las monedas? Hay verdaderas y falsas, y las falsas suponen la verdadera.
«¿Acaso todas las monedas son buenas? ¿No hay que distinguir entre las verdaderas y las falsas? Pues lo mismo sucede con la religión.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 129. Tercera verdad: el hombre necesita una religión.

6. Los milagros son imposibles: Dios no puede saltarse sus propias leyes.
Respuesta: Quien hizo las leyes puede suspenderlas en un caso, igual que un director da un día libre sin abolir el reglamento.
«Si el director de un colegio concede un día de asueto, ¿queda acaso por ello abolido el reglamento?» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 156. Tercera verdad: el milagro y la profecía.

7. Jesús leyó a los profetas y se las apañó para cumplir lo que decían.
Respuesta: Nadie elige dónde nace, de qué familia ni en qué siglo. Eso no se amaña.
«¿Se dirá que Jesucristo se aplicó las predicciones de la Escritura? Pero no depende del poder de un hombre elegir el lugar de su nacimiento, nacer en Belén más bien que en Roma, nacer de la raza de Abraham, de la familia de David… (Mons. Freppel, citado por Hillaire)» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 263. Cuarta verdad: la religión cristiana es divina.

8. La Iglesia es enemiga de la ciencia.
Respuesta: Fe y ciencia vienen de Dios, y lo verdadero no puede oponerse a lo verdadero.
«La Iglesia no es enemiga sino de la ignorancia y del error. […] De una parte y de otra hay verdad; luego no hay oposición, porque lo verdadero no puede oponerse a lo verdadero.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, pp. 594-595. Quinta verdad: la Iglesia católica.

9. La Iglesia católica se ha inventado dogmas que no están en el Evangelio.
Respuesta: La Iglesia nunca define un dogma sin probar que los Apóstoles ya lo enseñaban.
«Nunca la Iglesia ha definido un artículo de fe sin haber probado que los apóstoles lo habían enseñado, o por escrito, o de viva voz.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 430. Quinta verdad: la Iglesia católica.

10. ¿Cómo va a ser santa la Iglesia, con lo malos que son tantos católicos?
Respuesta: Los que la deshonran es porque no hacen caso de su doctrina ni de su moral.
«Si numerosos cristianos con su indigna conducta deshonran a la Iglesia, es porque repudian su doctrina y su moral.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 428. Quinta verdad: la Iglesia católica.

VER+:



La Religion Demostrada by juan capistrano


jueves, 1 de octubre de 2026

MIGUEL PALOMO: POR QUÉ CARLOS BLANCO DEJÓ DE CREER EN DIOS (Y POR QUÉ SE EQUIVOCA)


Por qué este SUPERDOTADO
dejó de creer en Dios (y por qué se equivoca)

Tenemos más cosas en común. Por ejemplo, nacimos el mismo año y ambos hemos sido investigadores visitantes en Harvard. Pero algo nos diferencia nuestra visión sobre Dios y esa diferencia la vamos a analizar en cinco errores que comete Carlos. Vamos a ello. 

Número 5, ¿Qué es Dios para Carlos Blanco?

CARLOS BLANCO: 
- Sería otro tema. O sea, yo por eso me planteo que es Dios. 
Para mí sería el límite asintótico en las aproximaciones que la mente humana podría y una mente superior humana podría tener a la realidad absoluta. O sea, que no tuvieras una mente infinita, no tendrías el sistema infinito. 

MIGUEL PALOMO: 
- Imagina líneas, una recta que representaría a Dios y una curva que representa a los humanos y, que se acerca infinitamente, a la línea recta sin tocarla nunca. Nos vamos acercando a la realidad absoluta conforme nuestra inteligencia crece, pero nunca llegamos. Yo sería el punto de llegada imposible, el límite matemático al que apunta la serie de números, pero que ningún término alcanza. Bien, la imagen es bonita, pero tiene dos problemas que no son menores:

El primero, Carlos está confundiendo el conocimiento de dios con Dios mismo, que yo no pueda conocer toda la realidad, no dice nada sobre si Dios existe o no. Son dos preguntas distintas. De hecho, la imagen implica que él está viendo ambas líneas desde fuera, desde un punto de vista objetivo. Pero si su imagen es real y nunca llega a ver la línea divina, nunca llega a ver a Dios, ¿cómo sabes que te acercas sin tocarlo? El límite que él señala habla de las cosas que podemos conocer como humano. Es un concepto epistemológico. No habla de lo que existe de verdad, que sería un concepto ontológico, así lo llamamos en filosofía. Son cosas distintas. 

El segundo problema más sencillo pero más grave. Este "dios" de la curva no hace nada. Es una línea quieta que no se mueve, no crea, no ama, no se revela, no resucita a nadie. Es una abstracción matemática disfrazada de teología. Si Dios es solo el límite de lo que podríamos conocer, entonces la palabra dios no está haciendo referencia a Dios, sino a nuestra ignorancia. En el cristianismo esa línea no se queda quieta esperando a que tú te acerques. Es Él quien se acerca, quién se revela y quién nos llama. 
Llamar a Dios, el límite asintótico de la realidad absoluta, es poético, pero no funciona. A este error le doy una poesía sobre 10. Las flores son rojas, el cielo es azul. El límite asintótico, un sin sentido y Dios sigue ahí, aunque no lo veas tú.

Número cuatro, reducir el cristianismo a ética. 

CARLOS BLANCO:
- Y entonces me he quedado más con el sermón de la montaña, podríamos decir, ¿no? Con el mensaje central de Jesús en las bienaventuranzas y ciertos principios éticos. Ni siquiera Jesús, para mí, es definitivo, ni Buda ni nadie.
Al final, siempre tenemos que seguir buscando la esencia del cristianismo.
Para mí, sería la capacidad de crecer espiritualmente, mediante el amor, ¿no? O sea, y entonces, eso, yo creo, que es un mensaje universal para crecer en todas dimensiones. Pero, o sea, yo el cristianismo lo veo como un idealismo, como un gran humanismo idealista.

MIGUEL PALOMO: 
- Quedarse con el sermón de la montaña y descartar a Jesús como lo definitivo, me parece que algo así, no cuadra. El mismo Jesús que era el sermón de la montaña, dice ser el hijo de Dios, dice perdonar pecados y anunciar su resurrección. C. S. Lewis lo explicó muy claramente: "No puedes quedarte con la bienaventuranzas y tirar el resto, como si fuera un embalaje inservible". 
Si Jesús era un gran maestro de moral, entonces necesariamente es Dios. Y me explico: ¿Te imaginas a un gran maestro de moral que decía mentira?

Si su moral es buena y verdadera, entonces no mentía. Y si no mentía, entonces tienes que aceptar que Jesús es quien dijo ser. Aquí hay un error de comprensión del cristianismo. Carlos dice que la esencia del cristianismo es crecer espiritualmente mediante el amor. Suena genial, pero es falso. La esencia del cristianismo, la enuncia Pablo sin rodeo: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe. Primera de Corintios 15:14.
Sin ese hecho, la resurrección, el sermón de la montaña es un bello poema que en realidad no serviría para nada. A este error le doy un tres sobre 10. El tres es por aceptar el sermón del monte, aunque sea solamente porque dice cosas bonitas. 

Número tres, la presunción del ateísmo.

CARLOS BLANCO:
- La carga de la prueba recae en el que dice que existe Dios, ¿no? En el que lo afirma. Digamos que habría una presunción de ateísmo en parte. Eh, evidentemente, si tú me dices que existe eh un unicornio en la otra habitación, pues me lo tienes que demostrar. 

MIGUEL PALOMO:
- Vamos, que la opción por defecto es ser ateo y que quien diga que Dios existe es él quien tiene que demostrar algo. El ateo no tiene que demostrar nada. Eso es falso. Tanto ateos como cristianos tienen que demostrar su punto central. El teísta tiene que justificar a un dios. El ateo tiene que justificar un universo que se sostiene solo, sin fundamento, sin razón de ser, surgido de la nada o existente desde siempre por pura casualidad cósmica. 

Él mismo afirma en el vídeo que quizá el universo existe porque sí, sin causa. Eso no es el pensamiento por defecto para nada. Si el universo es así, hay que demostrarlo. Y para justificar su visión, Carlos pone el ejemplo del unicornio. No es la primera vez que aparece este ejemplo. Ya salió en el vídeo donde refuto a la gata de Schrödinger que os dejo aquí. Y ahora vais a entender perfectamente por qué sale siempre el unicornio en estas conversaciones. Carlos dice, "Si tú dices que existe un unicornio en otra habitación, demuéstramelo".
Lo gracioso con este ejemplo es que siempre se utiliza algo que todos sabemos que no existe, como el unicornio, por lo que la propuesta, ese demuéstramelo ya resulta absurdo desde el inicio. O sea, que Carlos ya presupone que eso que queremos demostrar no existe por defecto. Pero Dios no es el unicornio de la habitación de al lado. Dios es la respuesta a la pregunta, ¿por qué hay habitación? ¿Por qué hay algo en lugar de nada? No se trata de preguntar por un objeto más dentro del universo. Se trata de preguntar por el fundamento del universo entero. Son preguntas de distintos nivel y el ejemplo del unicornio lo que hace, quizás sin darse cuenta, es ridiculizar al teísta. A este error le doy un rinoceronte sobre 10. Se parece al unicornio, pero al menos el rinoceronte existe. 

Número dos, el relativismo de la religiones.

CARLOS BLANCO:
- Incluso cuando era un super católico de niño, yo quería siempre estudiar pues la India, Egipto, China, otras religiones, otras formas de ver a Dios. Pero claro, esa diversidad de perspectivas me hizo también relativizar, contextualizar y ver, bueno, pues que hay muchas ideas del cristianismo que no son originales, que hay un proceso histórico, que luego muchas no son tan consistentes como parece cuando las analizas racionalmente. 

MIGUEL PALOMO:
- Aquí hay un error que se disfraza de apertura de mente y es que la pluralidad de respuesta a una pregunta no implica que toda respuesta sea falsa. Por ejemplo, ¿os imagináis a alguien diciendo que la medicina es falsa porque existen la alquimia, la homeopatía y el curanderismo? Creo que nadie en su sano juicio afirmaría algo así. O también, que haya muchos bares haciendo arroz con cosa no invalida a la paella valenciana.
Dicho de otro modo, la existencia de alternativa no es un argumento contra ninguna de ellas en particular. De nuevo, C. S. Lewis, que como Carlos conocía muy bien las religiones comparadas, señaló exactamente lo contrario, que los mismos temas aparezcan en religiones de culturas distintas y aisladas, no desdice al cristianismo, sino que más bien sugiere que hay algo real que distintos pueblos han estado intentando alcanzar. Esto nos lleva a una diferencia crucial que Carlos pasa por alto: El cristianismo no es una cosmología ni un sistema ético que haya que comparar con otros sistemas éticos. 
Es una afirmación histórica concreta: que un hombre llamado Jesús de Nazaret murió y resucitó al tercer día. Eso tiene testigos, eso tiene textos datables. 
Y ahora comparemos con otras religiones. El budismo te puede traer paz interior, el taoísmo te puede enseñar a fluir, pero ninguna de esas tradiciones compite contra una afirmación histórica. Es decir, el cristianismo no se refuta encontrando otras religiones. Solamente se puede refutar demostrando que la tumba de Jesús estaba vacía. A este error le doy un buffet libre del hotel sobre 10. Hay de todo, está todo muy rico y al final no te alimenta de nada.

Y llegamos al esperado número uno, el agnosticismo como postura superior. 

CARLOS BLANCO: 
- Ante esa abundancia de ignorancia y ese exceso de expectativas, prefiero mantenerme en el en el agnosticismo.

MIGUEL PALOMO:
- Y llegamos al argumento central: Carlos presenta el agnosticismo como la postura más honesta, más valiente y más racional. Pero esto no es así. Veréis, hay dos tipos de agnósticos: están los que no han dedicado esfuerzo en resolver estas cuestiones y se decantan por el agnosticismo por comodidad o por vagos, porque claro, no es nada importante todo esto, es solo el punto que define toda tu vida, toda tu cosmovisión y tu futuro. Vamos, nimiedades. 
Y también están, segunda opción, los que han reflexionado, han estudiado mucho sobre estas cuestiones y no llegan a tomar partido. He conocido a muchísimos de los primeros, y a muy pocos, de los segundos.

Puedo contarlo con los dedos de una mano. El caso de Carlos Blanco es el segundo, pero hay algo en común para todos los agnósticos. Prácticamente todos piensan que su posición es intelectualmente superior a la de un creyente y a la del ateo. Y aquí está el problema: El agnosticismo no es una postura neutral por el simple hecho de estar en medio. Estar entre dos opciones no te hacen más sabio que quienes han elegido una. El árbitro no juega mejor que los jugadores, simplemente no juega.

Y cuando la pregunta es sobre el fundamento de tu propia existencia, no jugar también es una decisión, probablemente una decisión terrible.
Vamos, que el agnosticismo es una postura extraordinariamente cómoda, no te compromete con nada. Puedes admirar la mezquita y la catedral, quedarte con el sermón de la montaña y descartar la resurrección, definir a un dios como un límite asintótico y seguir buscando indefinidamente, sin llegar a ninguna parte. Es la postura perfecta, para alguien que quiere todas las ventajas estéticas e intelectuales de la religión, sin ninguna de sus implicaciones. Pero claro, hay una diferencia entre seguir buscando, porque la verdad importa y seguir buscando porque nada te convence, porque quizás esperabas otra cosa de la religión o porque quizá querías llegar a una conclusión y resulta que esa conclusión cambia tu estilo de vida y tu visión de las cosas. El propio Carlos lo reconoce sin querer cuando dice que le cuesta creer por cuestiones científicas, filosóficas e históricas. Esas son exactamente las cuestiones que los apologistas llevamos 2.000 años respondiendo. Que no le hayan convencido es legítimo. Que las declare irresolubles, ya es otra cosa. A esta postura le doy un árbitro sobre 10. Muy respetado, está en el campo y lo ve todo, pero nunca, nunca, nunca mete un gol. 

Conclusión, Carlos Blanco es un tipo muy interesante al que le guardo mucho respeto, pero sus argumentos a favor del agnosticismo no soportan un análisis riguroso. En su vídeo veo a alguien con una inteligencia extraordinaria que paradójicamente usa esa inteligencia para construir una postura que no le lleva a ningún lado.

Hay un constante, yo creo, para mí, yo, yo, yo... Y al final, en lugar de presentarnos datos razonables sobre Dios, Carlos nos deja solamente con su opinión. Es la opinión de alguien que sí es muy inteligente, pero que comete errores como todo el mundo y cuyos argumentos no le llevan demasiado lejos, ni hacia el ateísmo ni hacia el cristianismo. Pero aquí no nos interesan las preferencias personales, lo que nos interesa es la Verdad. Y atención, porque Carlos Blanco dijo más cosas en sus charlas. Dijo, - "¿Cuál es la mayor prueba a favor y en contra de la existencia de Dios?". 
Esto da para otro vídeo. Si queréis que reaccione a sus palabras, decídmelo abajo en comentarios, os leo. Recordad que este contenido no lo vais a encontrar en ningún otro canal, por eso no olvidéis... Recordad que todo apunta a adiós.

El entendimiento, si entiende, no se entiende cómo entiende:
al menos no puede comprender nada de lo que entiende.
A mi no me parece que entiende, porque -como digo- no se entiende.
¡Yo no acabo de entender esto! 
 Santa teresa de Jesús

Creer en Dios no es pensar a Dios; Creer en Dios es sentir a Dios. 
(Y el que siente es el corazón) 
Pascal

Todo el que cree, piensa.
Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula. 
 San Agustín

Lo mejor que podemos sentir es el lado misterioso de la vida.
Este es el sentimiento que se encuentra en el fondo
del arte y de la verdadera ciencia.
Quien no puede sentir asombro 
ni sorpresa está como muerto.
Sus ojos se apagaron. 
 (Albert Einstein)

La cosa más hermosa que podemos experimentar es el misterio. 
Es la fuente de todo verdadero arte y ciencia. 
Aquél a quien esta emoción le es extraña, 
que no puede hacer una pausa para meditar 
y permanecer en un rapto de asombro, 
está tan bien como muerto: sus ojos están cerrados." 
[Albert Einstein (1879-1955), físico alemán, Premio Nobel de Física 1921]

La experiencia más bella
que tenemos las personas es el misterio. 
 Albert Einstein


Blaise Pascal. A los 16 años escribió un tratado de geometría que dejó atónitos a los matemáticos más grandes de su época. A los 19 inventó una máquina de calcular. A los 20 ya era famoso en toda Europa.
Y a los 31 abandonó todo. Se encerró. Se alejó del mundo.
Nació en Francia en 1623. Su madre murió cuando él tenía tres años. Su padre lo educó en casa, y desde muy pequeño mostró una inteligencia fuera de lo normal.
A los 12 años ya había deducido por su cuenta teoremas de geometría. A los 16 escribió un tratado sobre las cónicas. A los 19 construyó una calculadora mecánica para ayudar a su padre con los impuestos.
Parecía destinado a ser uno de los grandes científicos de todos los tiempos. Y lo fue:
Inventó la teoría de la probabilidad.
Estudió la presión atmosférica.
Hizo experimentos que cambiaron la física.
Pero algo lo carcomía por dentro.
Pascal vivía angustiado. Le tenía terror al vacío, a la muerte, a la insignificancia. Decía que el hombre es "una caña pensante": frágil como una caña, pero capaz de pensar. Y esa mezcla lo obsesionaba.
Una noche, en 1654, tuvo una experiencia que él mismo describió como un fuego. Lo anotó en un papel y lo cosió dentro de su abrigo. Lo llevó ahí hasta que murió.
A partir de ese momento abandonó la ciencia. Se dedicó a la religión. Se encerró. Y empezó a escribir lo que serían sus Pensamientos: una obra fragmentaria, inacabada, sobre la fe, la duda, la miseria humana y la grandeza.
Su apuesta más famosa:
👉 "Si Dios no existe, no pierdes nada creyendo. Si existe, lo ganas todo".

Murió a los 39 años. Solo. Con aquel papel cosido en el abrigo.
Fue el matemático más afilado de su tiempo. Y también el creyente más quebrado.
Su vida fue una contradicción: la razón más brillante… incapaz de calmar el corazón.
¿Y si la inteligencia no alcanza para responder lo que de verdad importa?

Por qué este SUPERDOTADO dejó de creer en Dios (y por qué se equivoca)

"Experto" intentó DEMOLER EL CRISTIANISMO. Le salió mal.
ANTONIO PIÑERO, EL HABLAPAJA.

martes, 11 de agosto de 2026

EL CELO DE DIOS QUE NO ES POR DIOS 😡: SOBERBIA EGÓLATRA INSULTANTE Y ANTIEVANGÉLICO DE LOS FALSOS CRISTIANOS

 
EL CELO DE DIOS 
QUE NO ES POR DIOS
"Hermanos, el deseo de mi corazón y la súplica que elevo a Dios, es en favor de ellos para que sean salvos. Porque les doy testimonio de que tienen celo por Dios, pero no según el conocimiento; por cuanto ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios; porque el fin de la Ley es Cristo para justicia a todo el que cree". Rm 10, 1-4.
Hay muchos "cristianos" que van de apologistas, de "puros", pisando y difamando a otros hermanos sin ninguna caridad ni fraternidad. 
No voy a dar nombres, ya saben de quienes hablo. Se encuentran tanto entre los progres como en los conservadores. Están en "RELIGIÓN DIGITAL", INFOCATÓLICA, etc.

El "celo por Dios que no es de Dios" se refiere a una pasión religiosa o activismo espiritual intenso que nace del ego, la ignorancia o el orgullo humano en lugar del verdadero conocimiento y amor divino.

Características del celo humano vs. el celo divino

Celo verdadero (de Dios): Nace del amor santo, busca la unidad, la gracia y la obediencia guiada por la humildad y la verdad.
Celo falso (que no es de Dios): Se impulsa por el juicio propio, la ideología, la soberbia, la intolerancia y el deseo de imponer méritos personales en lugar de aceptar la guía de Dios. Nunca se equivocan. Nunca piden perdón. Son rigoristas y fundamentalistas. 
El peligro: Puede justificar acciones dañinas, exclusión o fanatismo creyendo erróneamente que se está sirviendo al Creador.

MAURICIO OZAETA: Defensa a Padres Artur, Juan María y Pedro, a Sor Amapola, 
y a Monseñores Strickland y Schneider, y también como defensa 
a la Misión de la Divina Misericordia.

Arturo Picatoste, Periodista Católico y Vicente Montesinos son los ejemplos de fariseísmo fundamentalista espiritualista de soberbia ególatra. 
Que El Señor nos quebrante....

domingo, 2 de agosto de 2026

LIBRO "DE ESPALDAS A DIOS": 👿👥 GUÍA DE DISCERNIMIENTO PARA LA NUEVA ERA, EL YOGA Y OTROS ESPIRITUALISMOS POSMODERNOS por P. GUSTAVO LOMBARDO, IVE


DE  ESPALDAS  A  DIOS

GUÍA DE DISCERNIMIENTO PARA LA NUEVA ERA, 
EL YOYA Y OTROS ESPIRITUALISMOS POSMODERNOS

Vivimos en una época de gran búsqueda espiritual… pero también de gran confusión.
El yoga, el mindfulness, el reiki y muchas corrientes de la llamada Nueva Era se presentan como caminos hacia la paz interior, la sanación y el crecimiento espiritual. Millones de personas las practican convencidas de que son compatibles con la fe cristiana. Pero surge una pregunta inevitable:

¿Conducen realmente a Dios?

En "De espaldas a Dios", el P. Gustavo Lombardo ofrece una guía clara y profunda de discernimiento cristiano para comprender el origen, las ideas y los peligros espirituales de estas corrientes.

Fruto de años de estudio, investigación y experiencia pastoral, este libro analiza:

• las raíces gnósticas y esotéricas de la Nueva Era
• la relación entre yoga, mindfulness, reiki y espiritualidad oriental
• el trasfondo filosófico y religioso de estas prácticas
• sus incompatibilidades con la fe cristiana
• y las infiltraciones de estas ideas en la cultura moderna e incluso en ámbitos católicos

Desde la filosofía, la teología y la tradición de la Iglesia, estas páginas iluminan con la verdad del Evangelio uno de los fenómenos espirituales más influyentes de nuestro tiempo.
Una obra indispensable para quienes desean comprender, discernir y defender la fe cristiana frente a las nuevas espiritualidades contemporáneas.
«La Nueva Era no tiene ninguna novedad; es solo nostalgia (y reviviscencia) del antiguo paganismo, del esoterismo, del ocultismo y del gnosticismo que la luz del Evangelio logró disipar parcialmente durante algunos siglos y que ahora vuelve a cernirse sobre el mundo ensombrecido por el crepúsculo de la civilización que nos toca vivir».

— P. Miguel Ángel Fuentes, IVE, del Prólogo.

Prólogo: No hay nada nuevo bajo el sol

«No hay nada nuevo bajo el sol», dice con mucha sabiduría el Eclesiastés (1,9). Y la «Nueva Era» no es una excepción.
Esta tiene de «nueva» solo el nombre. De hecho, no es más que la «Vieja Era» que enfrentaron los Apóstoles vendida al hombre ignorante de hoy como si recién saliera del horno.

Ya los antiguos adoraban la luna y el sol, endiosaban los ríos y los bosques, se dejaban guiar por druidas y brujas, creían en las runas y piedras mágicas, estaban convencidos de que transmitían poderes y energías, estaban repletos y agobiados de supersticiones, se cargaban de rituales para alejar a los demonios y a las sombras malignas que los atormentaban, bailaban y se drogaban para entrar en contacto con la divinidad, invocaban a los muertos, identificaban la experiencia mística con el espasmo genital, preparaban pócimas mágicas, invocaban demonios y duendes, imponían manos, se dejaban cabalgar por entidades desconocidas y practicaban la adivinación. San Pedro, recordando a los cristianos provenientes de la gentilidad su antigua situación, la describía diciendo: «ya habéis pasado bastante tiempo obrando conforme al querer de los
gentiles, viviendo en desenfrenos, liviandades, crápulas, orgías, embriagueces y en cultos ilícitos a los ídolos» (1 Pe 4,3). 
La Nueva Era no tiene ninguna novedad; es solo nostalgia (y reviviscencia) del antiguo paganismo, del esoterismo, del ocultismo y del gnosticismo que la luz del Evangelio logró disipar parcialmente durante algunos siglos y que ahora vuelve a cernirse sobre el mundo ensombrecido por el crepúsculo de la civilización que nos toca vivir...

San Pablo resumió a Timoteo todo este potaje con una expresión muy feliz: «fábulas profanas y cuentos de viejas» (1Tim 4,7). También calificó muchos de estos fenómenos como  provenientes de «espíritus de error y enseñanzas de demonios» (1 Tim 4,1).

Lo único realmente nuevo que ha conocido el mundo desde su creación se cifra en Jesucristo. Él es el «Hombre Nuevo» (Col 3,10), y su doctrina, la «Ley Nueva» o «Nueva Alianza» (Hb 8,13). Porque tanto Aquél como ésta son kainós, adjetivo con que los griegos calificaban lo que es nuevo en sentido de novedoso, nunca antes visto, original, inaudito. Cristo sí que es nuevo en el sentido más propio de la palabra, porque es Dios que se hace hombre en un momento histórico y en un lugar concreto del mundo (y en un seno perpetuamente virginal, cosa jamás vista, ni antes ni después); y todo lo hecho por Él participa de su inequívoca e inagotable novedad, en particular el hombre renovado por su gracia que se hace, mediante esta, una «criatura nueva» que deja atrás la antigua, marchita y pecadora (2 Co 5,17). «Hoy hemos visto cosas increíbles», decían los testigos de la vida y milagros de Cristo (Lc 5,26); «Jamás se vio cosa igual en Israel», exclamaban otros (Mt 9,33).

En cambio, las novedades que pretende ofrecer la Nueva Era son nuevas en otro sentido que los antiguos griegos designaban con un calificativo diferente: neós. Neós es lo nuevo sin novedad; algo ya visto hasta el cansancio, pero vuelto a proponer por enésima vez ante nuestros ojos. Es nuevo porque aparece ahora, pero es la repetición de algo que ya estuvo aquí antes. Es una nueva puesta de sol, igual a la que vimos ayer y antes de ayer... y hace cientos de años nuestros abuelos. Un pañuelo nuevo es un pañuelo sin usar que no se diferencia en nada del que acabamos de arrojar al basurero, usado y cargado de manchas.

Por eso, todo cuanto ofrece la Nueva Era son errores viejos, engaños rancios, trucos trasnochados... De hecho, mucho de lo suyo fue inventado por la «Serpiente antigua», como designa san Juan a Satanás (Ap 12,9; 20,2; también ella calificada de marchita y anticuada), quien intentó establecer una «nueva era» en el mismo Paraíso terrenal, fascinando a Adán y a  Eva y tratando de convencerlos de sentar un nuevo hombre de espaldas a Dios (cf. Gn 3) Y bien sabemos cómo terminaron los tres novadores. Nuevo significa aquí, simplemente, que lo viejo —que, según san Pablo, «ya pasó» por obra de Cristo (2 Co 5,17)— intenta volver al rodeo aprovechando la desorientación del hombre que ha apostatado del Evangelio y camina por este mundo, según Isaías, «palpando como ciego la pared, a tientas como quien no tiene ojos, tropezando en pleno día como si fuera noche y habitando en tinieblas como los muertos» (Is 59,10).

La Nueva Era ha sido posible por la crisis de fe que afecta al hombre de nuestro tiempo. Es un fenómeno múltiple, turbulento, movedizo y efervescente como los gusanos convulsivos de un cuerpo en descomposición, porque se origina en la putrefacción de la fe. Se la enfrenta, por tanto, volviendo a la frescura y solidez de la fe en Cristo, que mana mansa de su boca como las aguas de Siloé (Is 8,6).

Deseamos que estas páginas ayuden a muchos a hacer este camino hacia el Hombre-Dios, Nuevo y Eterno, que no envejece ni pasa de moda y eterniza lo que toca.

P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

Yoga en centros ignacianos, mindfulness en parroquias, reiki como «imposición de manos» alternativa: el P. Lombardo documenta en su nuevo libro cómo la Nueva Era se ha colado en la vida espiritual católica en autores como Pablo d'Ors y Javier Melloni, S.I.

El yoga, el mindfulness, el reiki y otras propuestas de espiritualidad alternativa se han instalado en la vida cotidiana de millones de personas, también de católicos practicantes. 
¿Son caminos legítimos hacia la paz interior o sucedáneos que desvían de la fe? Son preguntas relevantes especialmente cuando hay indicadores cualitativos y cuantitativos que muestran, al menos, «un giro espiritual» en la juventud.

El P. Gustavo Lombardo, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), lleva años estudiando la cuestión. Ordenado en 2005, ha dedicado buena parte de su ministerio a la predicación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, apostolado que desarrolla también a través de la página Ejercicios Espirituales Online, en funcionamiento desde 2007. Su investigación sobre la incompatibilidad entre el yoga y los Ejercicios Espirituales, realizada en el marco de un Máster en Ciencias Sociales y Humanísticas por la Universidad Abat Oliba CEU (Barcelona), fue el germen de un libro que ahora ve la luz: una guía de discernimiento que rastrea las raíces gnósticas de la Nueva Era y sus infiltraciones en la cultura, en la espiritualidad e incluso en la teología católica: De espaldas a Dios: Guía de discernimiento para la Nueva Era, el Yoga y otras espiritualidades posmodernas

Desde los fundamentos filosóficos hasta el análisis de autores y prácticas concretas, la obra ofrece herramientas para reconocer lo que el P. Miguel Ángel Fuentes, IVE, describe en el prólogo como una realidad que no tiene nada de nueva: «solo nostalgia (y reviviscencia) del antiguo paganismo, del esoterismo, del ocultismo y del gnosticismo que la luz del Evangelio logró disipar parcialmente durante algunos siglos y que ahora vuelve a cernirse sobre el mundo ensombrecido por el crepúsculo de la civilización que nos toca vivir».

Padre, ¿qué lo llevó a escribir este libro?

Viviendo en Argentina, ya hace unos 15 años atrás, tenía cierta curiosidad sobre qué sería esto del yoga, que ya se empezaba a escuchar. Al llegar a España pude constatar algo que me dolió mucho: en no pocos centros de espiritualidad ignaciana, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio eran sustituidos o mezclados con prácticas de la Nueva Era: yoga, mindfulness, meditación zen.
Llevo veinte años predicando Ejercicios y sé lo que valen (es algo que hacemos como familia religiosa); ver cómo se los desnaturaliza fue el detonante. Empecé a investigar en un máster sobre el tema, y el trabajo de fin de máster se convirtió en este libro de 460 páginas.

¿Qué es exactamente la Nueva Era? ¿No es simplemente una moda inofensiva?

Es exactamente lo contrario de inofensiva. La Nueva Era no tiene ninguna novedad; es la resurrección del antiguo gnosticismo —la pretensión de alcanzar la divinización por medios puramente naturales— revestida con lenguaje moderno. Sus raíces pasan por la Cábala, la masonería y la teosofía de Helena Blavatsky. Su denominador común es el panteísmo —todo es Dios— y el monismo —no hay distinción entre Creador y criatura—, lo cual es radicalmente incompatible con la fe católica. Ya en 2003 la Santa Sede publicó el documento Jesucristo portador del agua de la vida advirtiendo sobre sus peligros.

Usted dedica el capítulo más extenso del libro al yoga. ¿Por qué dice que es incompatible con la fe católica? Mucha gente lo practica «solo como ejercicio físico».

Esa es precisamente la trampa. El P. Joseph-Marie Verlinde, científico belga que fue discípulo de un gurú en la India durante tres años, cuenta que su maestro, Maharishi Mahesh Yogi, se reía de los occidentales que practicaban yoga «solo para relajarse». Les decía: «Sois asombrosos: practicáis esas técnicas sagradas buscando en ellas unos efectos periféricos a los que nosotros damos la menor importancia, y no prestáis la menor atención a las transformaciones profundas que producen en vosotros».
Las técnicas producen sus efectos espirituales queramos o no. No se puede separar la postura del sistema religioso que la sustenta: el yoga es un camino de fusión con lo “divino impersonal”, exactamente lo contrario de la relación personal con Dios que propone el cristianismo.

¿Y qué hay del mindfulness? Se lo presenta como algo científico y neutral.

Eso es un maquillaje muy bien hecho. El mindfulness nació como práctica de meditación budista orientada a alcanzar la iluminación. El monje vietnamita Thich Nhat Hanh lo trajo a Occidente en los años 60, y luego Jon Kabat-Zinn le quitó la etiqueta religiosa para meterlo en hospitales y universidades. Pero el propio Kabat-Zinn ha reconocido que el mindfulness es «el corazón de la meditación budista». Además, estudios científicos recientes documentan efectos adversos significativos. San Juan Pablo II fue muy claro al decir que el budismo es «en gran medida un sistema ateo» y que su camino de salvación es «contrario» al cristiano.

¿Hay exorcistas que confirmen los peligros espirituales de estas prácticas?

Varios, y con casos concretos. El P. Gabriele Amorth, probablemente el exorcista más conocido del mundo, aunque haya fallecido hace unos años; el P. Chad Ripperger en Estados Unidos, que ha visto personas poseídas por practicar yoga; el P. Andrés Esteban López Ruiz, exorcista de la Arquidiócesis de México; y otros en España, Chile y Canadá. El propio Verlinde descubrió que estaba poseído durante una Misa celebrada por un exorcista, después de años de practicar «el más puro yoga». Yo mismo conozco dos casos de posesiones vinculadas al yoga.

Usted también trata el reiki. ¿Es una invocación directa del demonio como se oye decir a menudo?

No en el sentido de que el practicante invoque conscientemente a Satanás. El mecanismo es más sutil: el reikista se abre a una «energía vital universal» de origen indeterminado, suspendiendo el juicio crítico. Como esa fuerza no procede de Dios ni de la gracia, esa apertura deja al sujeto expuesto a influencias del maligno, que, como dice San Pablo, «se disfraza de ángel de luz». El diablo imita la imposición de manos sacramental con una imposición de manos que viene de él.

La cuarta parte del libro es la más delicada: analiza la infiltración de la Nueva Era en la teología católica. ¿Puede dar algún ejemplo?
Analizo en detalle a dos autores: Pablo d'Ors, sacerdote secular de Madrid, y Javier Melloni, S.I. En el caso de d'Ors, bajo lenguaje aparentemente cristiano, propone una espiritualidad donde la conciencia reemplaza a Dios, el pecado se reduce a ignorancia, el sufrimiento pierde su valor redentor y la salvación viene por «el despertar interior» y no por la gracia.
Es una espiritualidad gnóstica, monista y panteísta con ropaje católico. En cuanto a Melloni, disuelve la divinidad única de Cristo en un «Cristo cósmico» accesible a todas las religiones. Propone mezclar los Ejercicios ignacianos con prácticas orientales, desnaturalizándolos por completo.
También dedica un capítulo a Teilhard de Chardin. ¿No ha sido rehabilitado por la Iglesia?

Marilyn Ferguson menciona a Teilhard en veintiséis ocasiones a lo largo de su libro La conspiración de Acuario, conocido como “La biblia de la Nueva Era”. Además, la autora envió un cuestionario a más de doscientas personas y obtuvo ciento ochenta y cinco respuestas, y concluye que “Teilhard aparece como la figura más citada por los Conspiradores de Acuario” entre cuantos ejercieron sobre ellos un influjo profundo, por encima de Aldous Huxley, Carl Jung y Abraham Maslow.
En cuanto a la rehabilitación a la que Ud. hace mención, si bien hubo algún intento, no hay rehabilitación alguna. Teilhard recibió dos condenas del Santo Oficio: un decreto en 1957 que ordenó retirar sus libros de seminarios y librerías católicas, y un Monitum en 1962 que declaró que sus obras «abundan en ambigüedades e incluso errores serios que ofenden a la doctrina católica». Este Monitum nunca ha sido revocado. A pesar de ello, hay quienes hoy proponen hacer los Ejercicios Espirituales «según Teilhard de Chardin», lo cual analizo críticamente en el último capítulo.

El libro tiene un capítulo sorprendente sobre el «engaño alienígena». ¿Qué tiene que ver eso con la Nueva Era?

Más de lo que parece. Muestro cómo el fenómeno extraterrestre es utilizado como herramienta de ingeniería social y está vinculado con lo preternatural. La Nueva Era incorpora la narrativa alienígena como parte de su cosmología: los «seres de luz», los «maestros ascendidos», los mensajes canalizados... todo eso converge. No es ciencia ficción: es una pieza más del mismo rompecabezas gnóstico.

Después de un panorama tan preocupante, ¿qué esperanza le queda al lector?

Toda. El libro se cierra con un capítulo titulado «¡Tú eres fuerte!», que es una exhortación a la fortaleza en la fe. El cristiano no tiene por qué temer a la Nueva Era si conoce su fe y la vive. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, bien hechos, son la mejor vacuna contra todo este engaño, porque ponen al alma cara a cara con Cristo. Y la Santísima Virgen, Sede de la Sabiduría, es nuestra mejor protección. Como digo en el libro: de lo que se trata es de pasar de estar de espaldas a Dios a contemplar su Rostro.

HAY LIBROS DICTADOS POR DEMONIOS: NUEVA ERA (NEW AGE)

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