¡PERDÓN, POR SER LA ESPINA!
Señor Jesús, aquí estoy otra vez frente a ti.
Me duele mirarte y saber que mis manos
son las que sostienen el látigo.
Quisiera ser santo, quisiera serte fiel.
Perdóname por ser tan pecador.
Te miro sufriendo, cargando tu madero
y me muerde el alma no decirte que te quiero.
Quisiera ser el Cirineo y aliviarte la carga,
ayudarte en la subida en esa ruta tan amarga.
Ser la Verónica que se acerca valiente
y te limpia la sangre que te corre por la frente.
Soy el que rompe tu corazón, el que te causa dolor,
el que azota tu espalda olvidando tu amor.
Perdón por ser la espina,
perdón por ser la herida,
por ser quien te golpea
mientras tú me das... la vida.
Quisiera ser como Pedro, pero no negarte jamás.
Quedarme siempre a tu lado, no dar un paso atrás.
Ser como Juan, el amigo fiel que no huye,
el que al pie de la cruz su esperanza construye.
Ser como tu madre y en la cruz besar tus pies,
acompañarte en el llanto una y otra vez.
Pero soy un pecador que te ofende a cada rato.
El que firma con su culpa tu injusto maltrato.
Me duele saber que soy yo quien te lastima,
quien te clava las espinas y te echa el mundo encima.
Soy un hombre imperfecto, un pozo lleno de errores
que te da mil espinas en lugar de mil flores.
Si soy sincero, me parezco más a Judas.
Te vendo por nada, me hundo en las dudas.
Te traiciono por poco, te cambio por monedas
y te dejo ahí solo mientras tú por mí te quedas.
Soy como aquel soldado que te azota sin piedad.
El que levante el látigo y te hiere de verdad.
Soy el que rompe tu corazón, el que te causa dolor,
el que azota tu espalda olvidando tu amor.
Perdón por ser la espina,
perdón por ser la herida,
por ser quien te golpea
mientras tú me das... la vida.
Soy un pecador que te ofende a cada rato.
El que firma con su culpa tu injusto maltrato.
Me duele saber que soy yo quien te lastima,
quien te clava las espinas y te echa el mundo encima.
Soy un hombre imperfecto, un pozo de errores
que te da mil espinas en lugar de mil flores.
Soy el que rompe tu corazón, el que te causa dolor,
el que azota tu espalda olvidando tu amor.
Perdón, por ser la espina,
perdón por ser la herida,
por ser quien te golpea
mientras tú me das... la vida.
Aquí estoy frente a ti con mi barro y mi error,
rogando que me mires con un poco de amor.
Sin ti no valgo nada.
Perdóname, Señor.