EL Rincón de Yanka: CONVERSIÓN

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sábado, 30 de mayo de 2026

LA CORONILLA DE LOS SIETE DOLORES DE MARÍA 💘 y LIBRO "SOBREVIVIR PARA CONTARLO": CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA por IMMACULÉE ILIBAGIZA


¿Qué es la Coronilla de los Siete Dolores de María?
💘
Conocida como el Rosario Servita o Rosario de los Siete Dolores, esta coronilla incluye siete grupos de siete cuentas separados por siete medallas que representan los siete dolores de María. En el año 1239, la Orden de los Siervos de la Santísima Virgen María, o servitas, decidieron dedicarse a los dolores de María, meditando especialmente esos siete dolores –siete es un número que indica plenitud-. Los servitas promovieron esta devoción particularmente en el siglo XIV durante la peste negra.
Durante el genocidio de Ruanda, en la década de 1980, Nuestra Señora de Kibeho, en una aparición reconocida por la Iglesia a tres muchachas adolescentes, recomendó fervientemente que se rezara la Coronilla de los Siete Dolores. Esta práctica puede servirnos de modelo para tiempos de pruebas personales o corporales.


EJERCICIO PIADOSO AL 
CORAZÓN DOLOROSO 
DE LA MADRE DE DIOS
💘
Por la señal de la Santa Cruz,+
De nuestros enemigos,+
Líbranos, Señor +

† En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus alabanzas.
Ven ¡Oh, Dios! en mi ayuda. Señor, date prisa en socorrerme.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quién eres y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el Sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.
Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de tu Pasión y Muerte, con los cuales Tú expiaste por mis pecados, ofreciendo un dolor tan grande e intenso que te hizo sudar Sangre, apiádate de mí.
Madre mía del Cielo, alcánzame de Jesús este suspirado perdón. Amén.

Oración de Invocación al Espíritu Santo 
(dictada el 28 de octubre de 2014)

Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.

Oración

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el Fuego de tu Amor.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado. R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

¡Oh, Dios! que iluminaste los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración al Divino Espíritu Santo 
(dictada el 15 de agosto de 2014)

Divino Esposo de María Santísima, mi Dios y Señor Espíritu Santo, enciende en cada alma el Fuego de un Nuevo Pentecostés, para que nos consagres como apóstoles del Corazón Doloroso e Inmaculado de María y apóstoles de los Últimos Tiempos, protege con tu sombra a la Iglesia católica, salva a las almas del mundo y realiza el reino Inflamado de amor de los Corazones Unidos de Jesús y María. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Oración de ofrecimiento

Dios Padre Tierno y Misericordioso, te ofrezco esta Santa Corona de los Dolores principales que, traspasaron al Corazón de María, nuestra Madre, para mayor Gloria tuya, y para venerar el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Corredentora de nuestras almas.
Fundido en tu Divino Querer, meditamos con su Doloroso e Inmaculado Corazón, sus Dolores Maternos y deseamos alcanzar el perdón de las culpas y una verdadera disposición para obtener las gracias de esta corona.
Por los Méritos de los Dolores Corredentores de Nuestra Señora, concédenos vivir la Santidad Divina y anunciar el Reinado Eucarístico del Sagrado Corazón de Jesús. Amén.
Por las Intenciones de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María, oramos:

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del maligno. Amén.

Ave María de los Últimos Tiempos:

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el Fruto de tu Vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Corredentora de las almas, ruega por nosotros pecadores, y derrama el efecto de Gracia de tu Llama de Amor, de tu Doloroso e Inmaculado Corazón, sobre toda la humanidad, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Primer Dolor- La aflicción que causó a su tierno corazón, la profecía del anciano Simeón.- Cuando le dijo: "una espada traspasará tu alma". (Avemaría)
Segundo Dolor- La angustia que padeció su sensibilísimo corazón, en la huida y permanencia en Egipto.- Porque Herodes quería matar al Niño. (Avemaría)
Tercer Dolor- Las congojas que experimentó su solícito corazón, en la pérdida de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Cuarto Dolor- La consternación que sintió su maternal corazón, al encontrar a su Hijo Jesús llevando la cruz a cuestas. (Avemaría)
Quinto Dolor- El martirio de su generoso corazón, asistiendo a su Hijo Jesús en la agonía. (Avemaría)
Sexto Dolor- La herida que sufrió su piadoso Corazón, en la lanzada que abrió el costado de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Séptimo Dolor- El desconsuelo y desamparo que padeció su amantísimo corazón, en la sepultura de su Hijo Jesús. (Avemaría)

Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima, para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Siete gracias, que la Santísima Virgen concede a las almas que le honran diariamente, meditando sus dolores, con el rezo de siete Avemarías. (Santa Brígida)

1. Pondré paz en sus familias.
2. Serán iluminadas en los Divinos Misterios.
3. Las consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
4. Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
5. Las defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de la vida.
6. Las asistiré visiblemente: en el momento de su muerte, verán el rostro de su Madre.
7. He conseguido de mi Divino Hijo: que, cuantos propaguen esta devoción, sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna- directamente, pues serán borrados todos sus pecados-, y mi Hijo y Yo seremos su eterna consolación y alegría.



“SOBREVIVIR PARA 
CONTARLO”: 
CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA.

LA HISTORIA DE IMMACULÉE ILIBAGIZA, 
FE CONTRA TODA ESPERANZA

Esta es la historia de una mujer que sobrevivió milagrosamente al genocidio de Ruanda ocurrido en 1994. Durante 91 interminables días Inmaculée Ilibagiza permaneció escondida junto a otras siete mujeres en silencio y sin apenas alimentarse mientras a su alrededor, cerca de un millón de personas, incluida casi toda su familia, morirían brutalmente asesinadas. Durante aquel calvario, Inmaculée no solo tuvo que luchar física y mentalmente para sobrevivir, también fue testigo de unos episodios más crueles de la historia de la humanidad. Sin embargo, toda esta maldad no arrastró a Inmaculée hacia el odio y el rencor. Gracias a su extraordinaria fortaleza, alimentada por una fe inquebrantable, pudo liberarse de su sufrimiento mediante una profunda transformación espiritual. (Extraído de la contraportada del libro).

Imaginaos que vivís en un entorno natural privilegiado, casi casi en el paraíso, que vuestra casa está rodeada de montañas verdes, lagos inmensos y animales exóticos. Imaginaos que pertenecéis a una comunidad de personas encantadoras; que vuestros vecinos y paisanos os quieren y os respetan, que tenéis la mejor familia que podéis tener y os sentís amadas y mimadas.  Imaginaos que de la noche a la mañana todo este mundo se desmorona y vuestra tierra verde y fructífera se baña de sangre. Imaginaos que vuestros amables vecinos os persiguen para acabar con vuestra vida sólo por ser más altas y espigadas que ellos ya que pertenecéis a otra tribu, que tenéis que huir solas sin saber dónde está vuestra familia; que un vecino, aunque con muchos reparos y recelos, os esconde junto con otras 7 mujeres y tenéis que permanecer durante 91 días todas juntas en silencio en un baño de apenas 1,5 metros cuadrados… 

Esta es la historia que vivió hace apenas 25 años la ruandesa Inmaculée Ilibagiza durante el genocidio que tuvo lugar en su país, Ruanda, y en el que casi un millón de personas incluidos niños y bebés murieron por la sinrazón del ser humano. Por pertener a la etnia tutsi fueron prácticamente masacrados por los hutus, la otra etnia del país. 

En el país de Inmaculée es costumbre que el padre elija el apellido de sus hijos en lugar del nombre. Ilibagiza, el apellido de nuestra protagonista, significa “resplandeciente y hermosa en cuerpo y alma” y creo que el padre de Inmaculée no pudo elegir un apellido mejor para su hija. Esta preciosa mujer, que ahora tiene 46 años tuvo que vivir con tan solo 22 una de las experiencias más terribles que puede tener un ser humano: la pérdida de sus padres y de dos de sus tres hermanos, la pérdida de su libertad, de su dignidad y el abandono. Toda su vida se desmoronó durante la Semana Santa de 1994. Ella vivió su propio calvario y una experiencia que cambiaría su vida para siempre. 

Cuando comenzó el genocidio ella estaba con sus padres pasando las vacaciones de Semana Santa. Estudiaba en la universidad, algo extraordinario para una chica tutsi (la etnia dominada por el gobierno hutu de ese momento), tenía novio, pertenecía a una familia cuyos padres eran profesores y sus hermanos universitarios. Su padre era muy respetado por sus vecinos, que acudían a él para pedir consejo o ayuda en sus necesidades, tanto materiales como espirituales. Eran católicos practicantes y aprendió de sus padres que no existen diferencias entre los seres humanos y que todos somos amados sin límite por nuestro Dios misericordioso. 

Tras la muerte del presidente hutu ruandés en un accidente de avión se dijo que dicho accidente había sido provocado por la resistencia tutsi y entonces comenzó el horror. Se lanzaron consignas a la población para aniquilar a los tutsis sin excepción. 

Cuando la situación se vuelve insostenible y la vida de sus hijos corre peligro extremo, Leonard, el padre de Inmaculée, la envía a pedir ayuda a un pastor protestante, vecino y amigo de la familia. Leonard le da entonces a su hija el mayor regalo que un padre puede hacer, le regala su rosario, que será el “arma” que Inmaculée va a emplear en su guerra particular. 

Sobrevivir para contarlo es un libro bellísimo y estremecedor, un testimonio impresionante sobre las consecuencias del pecado y del odio en el ser humano y sobre la misericordia infinita de Dios en medio de un mundo destruido. Inmaculée fue salvada por Dios de la muerte para mostrarnos que el perdón es el único camino para alcanzar la paz. 

Durante los 91 días que permaneció entre las cuatro paredes de aquel minúsculo cuarto de baño junto con otras 7 mujeres, Inmaculée supo lo que es la tristeza, la desolación, la desesperanza y la tentación. Supo lo que son las privaciones físicas extremas: salió de allí pesando apenas 38 kilos, sin lavarse, sin poder levantarse, ni tumbarse, ni siquiera sentarse debidamente, sin tener ni un solo minuto de intimidad, ni siquiera podían hablar ya que corrían el peligro de ser descubiertas. Allí pudo intuir que nunca más vería a sus padres ni a dos de sus hermanos (el mayor estaba fuera del país). Ante esta situación nos imaginamos que el odio anidaría en su corazón, sin embargo, Dios escribe recto con renglones torcidos. Inmaculée venció a fuerza de rezar: ella representa a la virgen prudente de la parábola, que está en vela toda la noche a la espera del novio. El rosario de su padre y una Biblia que le dejó el pastor que las refugiaba fueron sus armas. Su vida se convirtió en una oración constante y así pudo salir victoriosa de aquella situación terrible que Dios permitió que vivieran algunos seres humanos. Dios nunca la abandonó, le ofreció consuelo cuando lo necesitaba, le fue poniendo señales en su camino de sufrimiento; incluso en el silencio, Inmaculée encontró la respuesta. Dios la privó de todo para darle todo, aunque para los ojos del ser humano sea algo incomprensible. Sólo con los ojos de la fe puede entenderse la experiencia de la protagonista y cómo el perdón de los asesinos es su propia salvación. 

Os aconsejo que leáis este libro despacio, meditando incluso algunos de sus fragmentos. Todo él está impregnado de la sencillez y la bondad de su protagonista que acabó perdonando personalmente a los asesinos de sus padres y hermanos.  También os aconsejo que leáis y releáis la carta de Damascene, el hermano más amado de Inmaculée antes de morir; es verdaderamente el testimonio de un mártir. 

Para terminar, me ha llamado la atención especialmente cómo parece que Inmaculée tiene una cierta candidez a la hora de contar su historia, pero es que estoy segura de que vive las palabras del Señor en el Evangelio: “Si no os hacéis y os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. 
Creo que nuestra heroína se ha hecho una niña que vive con la confianza puesta en su Señor que la salvó de la muerte. 

Un genocidio puede definirse como la aniquilación sistemática y deliberada de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos. Durante el siglo XX ocurrieron al menos tres genocidios que superaron el millón de muertos. Los dos primeros son muy conocidos: el padecido por el pueblo armenio por parte de los turcos y el genocidio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío. 
El tercero es el más reciente e ignorado: el ocurrido en Ruanda, donde la mayoría hutu decidió exterminar a la minoría tutsi en una horrorosa muestra de odio colectivo impulsado por las autoridades.

Ruanda es una nación africana ubicada en el centro este de África. Durante siglos, una monarquía tutsi había mantenido la paz colectiva, hasta que la intervención belga abrió la grieta entre las etnias. En 1962, con el apoyo de esa nación europea y tras sangrientas revueltas, los hutus tomaron el poder. Los asesinatos masivos de tutsis se hicieron comunes. En 1994, tras el asesinato del presidente hutu Juvénal Habyarimana, el nuevo gobierno se radicalizó promoviendo la completa destrucción de la etnia tutsi, incluyendo el asesinato de todos sus niños, mediante grupos paramilitares. En solo 100 días se estima que murieron 800,000 tutsis y casi todas las mujeres sobrevivientes fueron violadas.

EL LIBRO

“Sobrevivir para contarlo”, prologado por Wayne Dyer, autor del best seller “Tus zonas erróneas”, es el relato en primera persona de Immaculée Ilibagiza, una joven tutsi que repentinamente se encontró inmersa en una de las cacerías humanas más terribles de la Historia. Vivió escondida en un baño junto a otras cinco mujeres durante 91 días. Solo para simbolizar las calamidades padecidas durante esos sangrientos meses, uno de sus hermanos fue muerto a machetazos por una horda hutu; uno de los asesinos se jactó de haberle partido el cráneo para ver cómo era el cerebro de alguien con una maestría.

Sin embargo, el testimonio de Immaculée no persigue efectos lacrimógenos. Todo lo contrario. Es una historia de esperanza, tal como ella misma subtituló el libro: “Cómo descubrí a Dios en medio del holocausto”. Su fe la llevó a sobrevivir durante la tragedia apoyada en la oración, luego a perdonar a los genocidas y finalmente a reconstruir una vida reducida a escombros. La autora describe dos viajes: el que contempla impotente las atrocidades cometidas contra su etnia incluso por aquellos que creía sus amigos, y el que realiza hacia dentro de sí misma, donde escudriña en profundidad sus propios sentimientos.

El libro escrito con la ayuda experta de Steve Erwin puede ser leído por cualquier persona. Su lenguaje es sencillo y directo. Además, por su contenido, puede adscribirse a otros conmovedores relatos testimoniales como “Ni reír ni llorar” de Abrahan Hartunian y “Hayrig” de Eduardo Bedrossian sobre el genocidio armenio y “He sobrevivido para contarlo” de Tadeusz Sobolewicz, “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl y “La niña que miraba los trenes partir” de Ruperto Long sobre el genocidio nazi.

EL PERDÓN

Los genocidios revelan el infinito sadismo que una persona puede tener sobre otra cuando el odio gobierna sus acciones, pero los líderes que la impulsan no actúan por emociones sino por conveniencia: demonizan al grupo que pretenden destruir, castigan a quienes asumen una posición tibia como si fueran cómplices de los perseguidos, incentivan a los perseguidores ofreciéndoles las propiedades de los perseguidos y alimentan la brutalidad con una propaganda ruidosa, monopólica y monolítica.

Hitler decía que la compasión era una debilidad cristiana. Immaculée Ilibagiza nos demuestra que es quizás la mayor virtud.



Defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas.
San Gabriel de la Dolorosa, el santo de la sonrisa, defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas. “Así lo quiere Dios, así lo quiero yo”, decía con decisión. En el siglo Francesco Possenti (1838-1862), undécimo de 13 hijos, nació en Asís en una familia acomodada que en 1841 se trasladó a Spoleto. Perdió a su madre con cuatro años, un luto que marcó su camino espiritual. Cada vez que el pequeño buscaba a su madre, le respondían señalando con el índice hacia arriba: “Tu mamá está allí arriba”. En su habitación tenía una estatua de la Dolorosa sosteniendo en sus brazos a su Hijo muerto, y cuando preguntaba donde estaba la Virgen la respuesta era la misma: “Allí arriba”. De este modo creció en él una tierna devoción hacia la Virgen, alimentada por el Rosario, que recitaba de rodillas junto a su padre.

Realizó sus estudios con brillantes resultados en la escuela de los Hermanos de La Salle y, después, en los Jesuitas, demostrando una inclinación especial hacia las materiales literarias. En la escuela destacaba, se vestía con elegancia, iba a cazar, al teatro, le gustaba bailar. Nunca abandonó las prácticas cristianas, ni siquiera cuando era un adolescente. Se preocupaba mucho por el sufrimiento de los pobres y la oración. En esos años vio morir a dos de sus hermanos. También él enfermó, y prometió hacerse religioso si se curaba. Se curó, pero el interés que sentía hacia una joven de su edad le hizo dudar de su vocación, una pregunta que se hizo más profunda en 1855, cuando su amada hermana María Luisa murió repentinamente. El cambio llegó al año siguiente, el 22 de agosto, durante la procesión en la octava de la Asunción. El joven, de rodillas cuando pasaba la Virgen, tuvo una clara locución interior: “Francisco, ¿qué haces en el mundo? No estás hecho para el mundo. Sigue tu vocación”.

El 21 de septiembre, Francisco, que entonces tenía 18 años, vistió el hábito de los pasionistas en Morrovalle (a poca distancia de Loreto) con el nombre de Gabriel de la Virgen de los Dolores (o de la Dolorosa). Vivió su noviciado en la observancia de la regla de la Orden fundada por san Pablo de la Cruz, entre penitencias y oraciones por los bienes eternos y del prójimo. Un año más tarde pronunció el voto típico de los Pasionistas, es decir, difundir la devoción a Cristo Crucificado. Meditando intensamente sobre la Pasión de Jesús y el vínculo místico entre los dolores del Hijo y los de la Madre (la cual “nos alumbró en el Calvario” uniendo sus sufrimientos a los de nuestro Redentor y regenerándonos como hijos suyos), hizo voto también de difundir la devoción a la Virgen de los Dolores, a la que el santo llamó en varias ocasiones en sus cartas “nuestra Corredentora”, un título que podría ser objeto de un futuro quinto dogma mariano, reconociendo la misión especial de María al colaborar, como afirma la constitución conciliar Lumen Gentium, “a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él” (n. 56).

San Gabriel, que recitaba cada día la corona de los Siete Dolores de María, ofrecía continuos sacrificios, también pequeños (renunciar a una comodidad, una palabra inútil, un acto de vanagloria, etc.). A su padre, no convencido de su vocación, le escribía: “Mi vida está realmente llena de felicidad. Padre, te ruego que creas en tu hijo, que te habla con el corazón en la mano: no cambiaría un cuarto de hora de estar ante nuestra consoladora y nuestra esperanza, la Santísima Virgen María, con un año, o el tiempo que consideres, de espectáculos y diversiones del mundo”. Cuando su padre enfermó, lo exhortó a ofrecer su enfermedad a Dios y que meditara sobre ella, no según el mundo, sino con la ayuda de buenos libros sobre el amor de Jesús y María. “Conversar con Jesús y María te consolará, te dará fuerzas, te ayudará”.

Durante sus seis años de vida religiosa tuvo como padre espiritual al venerable Norberto Cassinelli (1829-1911), que siempre estuvo unido a san Gabriel y asistió a su beatificación. Con él y otros clérigos se mudó en 1859 a Isola del Gran Sasso, en los Abruzos, donde dos años más tarde aparecieron los primeros síntomas de tuberculosis. En la última fase de la enfermedad, dado que temía que el demonio pudiera tentarlo suscitando en él el orgullo, pidió a su confesor que destruyera el diario, en el que había relatado las gracias que la había concedido la Madre celeste, que le visitó por última vez en el momento de su muerte, a primeras horas del día 27 de febrero de 1862. Hacia finales del siglo XIX, una gran mística ahondará en su propia espiritualidad pasionista tras haber leído la vida de san Gabriel, que se le apareció en varias ocasiones y que rezó por ella: santa Gema Galgani.

ELIGE: La MARCA de los SIETE DOLORES de MARÍA o La MARCA de la BESTIA. ARTURO PERIODISTA CATÓLICO

Estamos entrando en los últimos años antes de la venida de Jesús en el juicio de las naciones al final de la Semana 70 de Daniel que nosotros esperamos comience en noviembre de 2028. Así que menos de 10 años para que todo el universo sea juzgado. Pero ese juicio viene precedido por dos juicios previos del mismo Día, dos momentos que llamamos gran aviso y rescate parusíaco. 
Ahora estamos en la recta final hacia el gran aviso, y es vital no descuidarse. Porque varía mucho recibir la iluminación de conciencias en gracia y no en pecado; y si estás en gracia en la vía iluminativa recibirás el segundo pentecostés, cosa que no ocurrirá en la vía purgativa. Así que toca prepararse haciendo un último esfuerzo. 
El septenio que inauguró Prevost el 8 de mayo de 2025 culminará en mayo de 2032 acabando con la transustanciación o presencia real de Cristo en la Eucaristía. 
La batalla final, la prueba final, no es ninguna tontería. Es algo muy serio y en este video te damos las claves para poder empezar a superarla. 
Con este video iniciamos una serie de videos encaminados precisamente a que tengamos un kit de protección y guía espiritual serio y que nos pueda blindar. 
El Chaleco espiritual: Santo Rosario, Coronilla Siete Dolores, Vía iluminativa (5 piedras) La Coronilla de los Siete Dolores es un movimiento magistral. Es una devoción que no es solo "piedad", es una herramienta de resistencia para lo que viene: 
“Madre de dolor llena, graba en mi corazón tu inmensa pena” Enfocándolos en la "última prueba" de la Iglesia: 
El antecedente histórico: Los Servitas (Siglo XIII) Muchos creen que esto empezó en Kibeho, pero la Virgen fue a rescatar una tradición antigua. Origen: 
En 1233, siete comerciantes de Florencia (los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Servitas) se retiraron al Monte Senario. La Virgen se les apareció, les entregó el hábito negro y les pidió que meditaran sus dolores. Adoptó el culto a la Virgen Dolorosa en 1239, el “rosario servita”. 
El "arma" olvidada: Con el tiempo, esta devoción quedó relegada a los conventos. En Kibeho, la Virgen dice claramente que "el mundo está mal" y que necesita que esta devoción vuelva al pueblo llano para detener la apostasía. Kibeho: 
El mensaje para la "Última Prueba" Kibeho (Ruanda, 1981) es la única aparición en África aprobada por la Iglesia y tiene un tono marcadamente escatológico. La advertencia: La Virgen le dijo a la vidente Marie-Claire: 
"Lo que os pido no es solo para Ruanda o para África, es para el mundo entero". 
El propósito: La Coronilla de los Dolores se presenta como una clave de conversión profunda. No es una oración de "pedir cosas", sino de "sentir con Ella". La Virgen advirtió que el amor se ha enfriado y que la meditación de sus dolores ablanda los corazones de piedra. Es la preparación para mantenerse firme cuando la fe sea perseguida. 
Las Promesas (El "Escudo" del devoto) Santa Brígida de Suecia recibió de la Virgen siete promesas para quienes mediten diariamente sus dolores (y aquí tienes material de oro para el programa): 
1. Paz en sus familias. 
2. Iluminación sobre los Divinos Misterios. 
3. Consuelo en sus penas y compañía en sus trabajos. 
4. Concederá cuanto le pidan, siempre que no se oponga a la voluntad de Dios o la salvación de sus almas. 
5. Defensa en los combates espirituales contra el enemigo. 
6. Asistencia en el momento de la muerte (verán el rostro de su Madre). 
7. Gracia especial de arrepentimiento: Aquellos que propaguen esta devoción serán trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente por Ella, pues sus pecados serán borrados. 
Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos. Amén.
Arturo Periodista Católico: LA MASA OFICIAL

Con motivo de la visita de León XIV a España para estar 6 días, llegando el día 6 del mes 6, su maquinaria incansable de propaganda y marketing ha hecho un himno oficial titulado "ALZA LA MIRADA" y, como dice al respecto el artículo de Infovaticana:
Entre acordes previsibles y letra calculada, aparece el motivo central: “los que cruzan el mar buscando un hogar”. No es un detalle. Es el eje.
Nada se dice, en cambio, de los que ya están aquí. De los que no cruzan mares porque nacieron en esta tierra y ven, año tras año, cómo su entorno se transforma sin que nadie les pregunte. De los barrios donde la convivencia ha dejado de ser un hecho para convertirse en un experimento fallido. De las calles donde la inseguridad ya no es percepción, sino estadística. De los comerciantes que bajan la persiana antes de tiempo. De las mujeres que cambian de acera. De los niños que dejan de jugar donde antes jugaban.
El himno no los menciona. No existen.
La Iglesia española ha decidido mirar en una sola dirección. Y lo hace justo antes de una visita papal que, a juzgar por este adelanto, no vendrá a confirmar a los fieles en medio de sus dificultades concretas, sino a reiterar un mensaje ya conocido, ya repetido, ya asumido como dogma sociopolítico: la prioridad absoluta del migrante, convertido en símbolo moral incuestionable".

Estaría bien que de una vez despertara Infovaticana y entendiera que no estamos ante un papa, que el último papa canónico fue Benedicto XVI, el katejon del papado, a quien pedimos su intercesión para que proteja a España ante la inminencia de este viaje que desatará catástrofes y nada bueno para España.
Ante el himno oficial "Alzo la mirada", nuestra canción respuesta de la que te dejo la letra y música en el vídeo, para describir y denunciar la cruda realidad que padecemos en este Sábado Santo de la Iglesia:

Alzo la mirada por encima de la masa,
alzo la mirada más allá de lo oficial,
y me encuentro solo,
y no entiendo nada,
cómo es posible tanto ciego y tanta nada.
Alzo la mirada más allá de lo oficial,
alzo la mirada y ya nada es igual.
Todo es un engaño, una mala noche,
en una posada dominada por extraños.
Alzo la mirada y encuentro a un impostor,
es un lobo cruel que desgarra con dolor.
caballo de Troya para ser un destructor,
todos lo consienten, ya no saben qué es amor.
Alzo la mirada digo basta, conmigo no.
No me arrastrarán al falso Cristo, falso Señor.
Falso evangelio, falsa agenda y falso Dios,
falso seguimiento que acaba en el sheol.
Alzo la mirada y entiendo que todo está aquí,
gran apostasía con descaro ante mí.
Quiero liberarme de este trago que sabe a hiel,
el Señor me dice que ya viene, que sea fiel.
Digo no a los impostores, digo sí a la Señora,
digo no a los cobardes, mi esperanza es un amén,
la verdad no negociable que no pasa,
que ya llega pronto el amo a su casa.
Alzo la mirada y espero en ti Señor,
en este mundo apóstata que deforma la verdad,
el Señor está viniendo, el Señor reinará,
reinará el Señor, la Verdad nos liberará.



Libro Sobrevivir Para Contarlo (1) by alejandra


lunes, 6 de abril de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "EL CASO DE CRISTO": ENCUENTRA AL JESÚS VERDADERO por LEE STROBEL

(THE CASE FOR CHRIST)

Educado en leyes y periodismo, Lee Strobel entrevistó a tres eruditos y autoridades haciéndoles las preguntas más difíciles acerca de Jesús de Nazaret, y el historial bíblico de su vida. Lee llega a la conclusión de que se necesitaría más fe para seguir siendo ateo, que para confiar en Jesús. Creo que Lee está en lo cierto. El Caso de Cristo presenta abrumadora evidencia histórica de que Jesús es el que dijo ser.
Basada en hechos reales, “El caso de Cristo” (The case for Christ) nos cuenta un momento crucial en la vida de Lee Strobel, afamado escritor estadounidense, autor de varios libros en el área de la apologética cristiana.
La apologética es la defensa de la fe, es decir, la presentación de argumentos para dar razón de las creencias espirituales de alguien ante los argumentos contrarios a ella. El debate sobre la existencia de Dios y la historicidad de la resurrección de Jesús es una cuestión que apunta a las bases de la fe cristiana. Esta problemática ha tenido un especial ascenso en los últimos siglos con la irrupción del pensamiento científico como el paradigma predominante, poniendo una aparente distancia irreconciliable entre fe y razón.

En los tiempos más recientes el ateísmo militante, que hace proselitismo de su escepticismo, se ha hecho popular gracias a algunas obras que atacan sin cuartel a todas las religiones en conjunto, presentándolas no solo como falsas sino como un daño para las personas y para la sociedad.
Esta parece ser la visión que tenía Lee Strobel sobre la fe cristiana que llegó a su casa. Tanto él como su esposa habían sido criados en el ambiente eclesiástico, pero en la juventud decidieron que el ateísmo era un camino mejor. Para Strobel, el que su esposa abandonara esa posición rompía con el aparentemente perfecto statu quo de su hogar.

Muchos son los que ven la fe como una enfermedad intelectual que lleva a las personas a tener una vida atrasada. Asocian el progreso social y económico con el escepticismo, mientras que el subdesarrollo financiero y la violencia se vinculan con tener una creencia espiritual. Para ellos, lo único que vale es la creencia en los hechos, en las pruebas, en lo tangible. Así era Lee, hasta que se vio en un callejón sin salida en el que se da cuenta de que cristianismo y ateísmo son dos caras de la misma moneda: una cuestión de fe en Dios o fe en la nada.

ENCUENTRA AL JESÚS VERDADERO 
UNA GUÍA PARA CRISTIANOS CURIOSOS 
Y BUSCADORES ESCÉPTICOS 


¿Cuál es el Jesús verdadero? Como ya lo he descrito en libros anteriores, yo fui un escéptico en cuanto a las cosas espirituales hasta que mi esposa se convirtió al cristianismo en 1979. Impresionado por los cambios que aprecié en su carácter y en cuanto a los valores, decidí usar mi capacitación en lo legal y en lo periodístico para investigar sistemáticamente si el cristianismo (o, para el caso cualquier otra fe) era digna de alguna credibilidad. 

Luego de casi dos años, concluí que los datos científicos apuntaban poderosamente hacia la existencia de un Creador y que la evidencia histórica de la resurrección establecían fehacientemente que Jesús es divino. Pero permítanme ahora contarles el resto de la historia: Siendo un nuevo cristiano, me ofrecí en la iglesia como voluntario para responder las preguntas que presentaran algunas de las personas que asistían a las reuniones que se llevaban a cabo los fines de semana. 

Un domingo recibí una tarjeta de una muchachita de doce años que decía simplemente que deseaba saber más acerca de Jesús. Cuando la llamé, me preguntó si yo y mi esposa podíamos ir a cenar con ella y su papá. 
«¿No te parece lindo?», le dije a Leslie. «iVa a ser divertido!». Cuando su padre abrió la puerta, entré y miré hacia la mesita de café de la sala. Sobre ella descansaban pilas de pesados libros. Resultó ser que el hombre era un científico que había dedicado años a estudiar artículos y libros que atacaban la imagen tradicional de Jesús. Durante horas, entre pizzas y refrescos, él me acribilló con fuertes objeciones, algunas de las cuales yo nunca siquiera había considerado durante mis investigaciones referidas al cristianismo. Oleadas de temblores sacudieron mi fe. De hecho, la cabeza me comenzó a dar vueltas. Sentía una especie de «vértigo espiritual», esa sensación de mareo y desorientación que recorre todo el cuerpo cuando alguien desafía el mismo corazón de nuestra fe de un modo en el que no logramos darle respuestas. Un frío me recorrió la espalda. ¡Tal vez él esté en lo cierto! Tal vez no hice todas las preguntas correctas. Tal vez me he tragado todo este asunto del cristianismo a pie juntillas sin haberlo analizado adecuadamente. 

¿Alguna vez han sentido vértigo espiritual? Aquí va una predicción: Si nunca lo han experimentado, probablemente les suceda a ustedes también, y muy pronto, debido a que los desafíos que confrontan nuestra comprensión tradicional acerca de Jesús nos están llegando rápida y furiosamente. ¿Sabían, por ejemplo, que la iglesia ha suprimido evangelios alternativos que presentan a Jesús bajo una luz completamente distinta a la de la Biblia? ¿O que el Nuevo Testamento está tan irremediablemente plagado de errores que no se puede confiar en él? ¿O que Jesús no ha logrado cumplir con las profecías mesiánicas? ¿O que Jesús realmente nunca murió en la cruz ni resucitó de entre los muertos? 

Si ustedes son cristianos, ¿qué van a hacer cuando sus hijos, hijas, vecinos o colegas tropiecen con alguna de estas acusaciones y los acribillen a preguntas? Y si son investigadores espirituales, ¿cómo saben que la imagen de Jesús con la que se encuentran en Internet o reciben de sus profesores de la universidad constituye realmente una descripción exacta de él? 

En otras palabras, ¿cuál es el verdadero Jesús? Durante dos milenios, el retrato de Cristo pintado por la iglesia ha sido el del divino Jesús, el Dios que se hizo hombre. Esto es lo que celebramos en Navidad: Dios se encarnó. Como lo señala el apóstol Pablo: «Él es la imagen del Dios invisible». 

El apóstol Juan lo pone en forma más poética: «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios... Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros». Pero ahora los críticos pintan a Jesús de un modo muy diferente. Por ejemplo, está: 
  • El Jesús gnóstico, que es proveedor de una sabiduría secreta en lugar de ser el redentor de la humanidad; 
  • El Jesús citado erróneamente, cuya historia en la Biblia está tan signada por el error que no se puede confiar en ella; 
  • El Jesús que fracasó, y que no pudo cumplir las profecías mesiánicas; 
  • El Jesús no crucificado, que nunca murió en la cruz por los pecados de nadie; 
  • El Jesús difunto, que nunca probó su divinidad levantándose de la tumba. 
Algunos de los argumentos que se ofrecen a favor de estas nuevas semblanzas resultan muy persuasivos. Pero Proverbios 18:17 hace esta aguda observación: 
«El primero en presentar su caso parece inocente, hasta que llega la otra parte y la refuta). 

En otras palabras, el cuadro puede cambiar significativamente cuando escuchamos la otra parte de la historia. Preguntémosle si no es así a Frank Walus. Así que, ¿por qué no me acompañan en mi travesía de descubrimiento? Viajaré de Los Ángeles a Charlotte y de Dalias a Halifax para confrontar a algunos eruditos con estas últimas aseveraciones referidas a Jesús. En realidad, este es el tipo de búsqueda al que nos invita la Biblia. El apóstol Pablo nos insta: «Sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno». 

Decidamos desde el principio mantener una mente abierta y vayamos tras los hechos dondequiera que ellos nos lleven, aunque se trate de una conclusión que nos presente desafíos hasta en los niveles más profundos. 
Al final descubriremos si el retrato tradicional de Jesús es un artículo genuino de un infinito valor, o una imitación barata que debería ser arrojada al tacho de basura de la historia.






El caso de Cristo: Demostrando la realidad de la Resurrección

jueves, 26 de marzo de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "LA FORJA (THE FORGE)" 2024 ⚔

 LA FORJA (THE FORGE) 2024
A medida que el matrimonio de Cynthia Wright se desmorona, se ve obligada a criar sola a su hijo adolescente, Isaiah. La presión de mantenerlos con su salón de belleza es un trabajo de tiempo completo. Cuando Cynthia ve que Isaiah se distancia y se refugia en los videojuegos, la tensión aumenta y siente que sus oraciones no son escuchadas. Enojado y dolido, Isaiah comienza a comportarse como el padre que lo abandonó, y Cynthia le da un ultimátum mientras busca el apoyo de su hermana gemela, Elizabeth Jordan. Elizabeth contacta a un experimentado intercesor que anima a Cynthia a orar con valentía y a creer en Dios para lo imposible.
Isaiah Wright tiene que madurar. Un año después de terminar la secundaria y sin planes para su futuro, su madre soltera y un exitoso hombre de negocios lo animan a trazar un rumbo mejor para su vida. Gracias a las oraciones de su madre y la enseñanza bíblica de su nuevo mentor, Isaiah comienza a descubrir que el propósito de Dios para su vida es mucho mayor de lo que jamás hubiera imaginado. De los hermanos Kendrick, creadores del éxito número uno WAR ROOM, llega THE FORGE, una nueva película llena de fe con viejos amigos y giros inspiradores.
Atrapado en medio de la adversidad, Isaías anhela respeto, pero no ve un camino claro para convertirse en un buen hombre. Desesperado por encontrar trabajo, entra en Moore Fitness, Inc. y conoce al dueño, Joshua Moore, quien le presenta el concepto de trabajar para un entrenador en lugar de un jefe. Necesitado del trabajo, Isaías comienza a regañadientes su programa de mentoría con Joshua. Mientras Cynthia se aferra a la esperanza, nadie ve las tormentas que se avecinan en la empresa y en el corazón de Isaías.
"La Forja" trata sobre el poder de la oración, la transformación que solo Dios puede lograr y la influencia duradera que una persona puede tener sobre los demás.


Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;
y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Amén.



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sábado, 7 de marzo de 2026

LIBRO "HOMILÍAS SOBRE EL EVANGELIO DE SAN MATEO" por SAN JUAN CRISÓSTOMO

HOMILÍAS SOBRE EL
EVANGELIO DE SAN MATEO

San Juan Crisóstomo

Traducido por Daniel Ruiz Bueno

Juan Crisóstomo (griego: Ἰωάννης ὁ Χρυσόστομος, latín: Ioannes Chrysostomus) o Juan de Antioquía (latín: Ioannes Antiochensis; Antioquía, 347-Comana Pontica, 14 de septiembre de 407) fue un clérigo cristiano eminente, patriarca de Constantinopla, considerado por la Iglesia católica uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia del Oriente. La Iglesia ortodoxa griega lo valora como uno de los más grandes teólogos y uno de los tres pilares de esa Iglesia, juntamente con Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno. Por su formación intelectual y su origen, es el único de los grandes Padres orientales que procede de la Escuela de Antioquía.[
PRÓLOGO

San Juan Crisóstomo, luminar mayor de la Iglesia universal, que sólo tiene par, en Occidente, con San Agustín, y el más grande, sin duda, de los Padres de lengua griega, comparte con otros genios o ingenios de la antigüedad, Aristóteles, por ejemplo, la gloria de que todo el mundo los cite o, por lo menos, los nombre y nadie o casi nadie los lea. Altísima gloria, a la postre, pues son nombres que se han convertido en símbolos. Aun quienes no saben una palabra de filosofía griega —y son legión innúmera— saben, de oídas desde luego, que Aristóteles fue un grande, si no el más grande de los filósofos griegos; y quienes no han leído jamás una homilía de San Juan Crisóstomo —y son también número infinito— saben que fue el más grande orador cristiano, y hasta conocen la etimología de su sobrenombre, que complacientemente nos explican: Crisóstomo, "el de la boca de oro". 
Claro que a lo mejor se imaginan que así debió de llamarse a nativitate, como si hubiera nacido ya perorando, e ignoran que sólo a partir del siglo VI se le llamó "boca de oro” y que, en fin, ese mismo sobrenombre, un sí es no es pedante, lo llevó Dión de Prusia, rétor y filósofo cínico contemporáneo y amigo de Trajano. Pero esto son ya minucias de erudición, que sólo los ociosos tienen obligación de saber. 

Pero de esta casi total y casi universal ignorancia de la obra de San Juan Crisóstomo (y lo mismo, mutatis mutandis, cabria decir de la de Aristóteles), no toda la culpa es achacable a la también casi total y casi universal falta de ocio de que padecen los hombres de nuestro tiempo. Cierto. ¿Quién lee hoy a San Juan Crisóstomo? Pero ¿quién lo puede leer? No es sólo que sobre sus obras pese la ignominiosa sentencia que no sé quién pronunció: Graecunt est. non legitur... (Cosa notable: en tiempos de Cicerón, bastante anteriores a San Juan Crisóstomo y remotísimos ya de los nuestros, la sentencia sonaba de modo totalmente contrario: Graeca per fere omnia leguntur.

Pero si en griego no, pudiera leerse a San Juan Crisóstomo en latín, pues las versiones son tan antiguas como las ediciones del texto original. Erasmo ofreció la suya a los hombres del Renacimiento. Montfaucon, mejorando la obra de varios antecesores, compuso otra para su gran edición de las Opera omnia (1718-38), que pasó naturalmente a los grandes tomos de Migne (PG 46-64). Pero ¿quien tiene hoy arrestos para cargar sobre sus hombros y echarse al coleto uno de los trece volúmenes de edición montfauconiana o los dieciocho de Migne, que parecen obras de cíclopes y que, apilados, forman una ingente muralla, buena para parapetarnos tras ella en caso de peligro, pero mala, francamente mala, para incitar la más leve apetencia de lectura? 
¡Allá están los gruesos volúmenes, con un dedo de docto polvo, en los estantes últimos de las viejas bibliotecas, cuando no se los ha subido a los desvanes, para que duerman más tranquilos el sueño secular de su mole y de su polvo! 

La mole misma, pues, de la obra de San Juan Crisóstomo nos abruma con sola su vista. y tácitamente argumentamos que, pues no hemos de dar cabo a su lectura, tampoco vale la pena comenzarla. Falsa argumentación, sin duda, y pobre consuelo de pequeñez primera de alma. Al montañero nato, la cima misma, aun inaccesible y por inaccesible, le invita a la ascensión y es un honor el mero intento de escalada. 

Y hablamos de las ediciones en griego y en latín, como esta ciclópea del gran maurino Bernardo de Montfaucon, cuyo tomo séptimo llena en estos momentos toda mi mesa de estudio. 
¿Qué hará quien no lea ni el griego ni el latín? Y la verdad es que ni una ni otra lengua son de fácil lección. A mi el griego se me ha hecho siempre difícil, aun después de mis veinticinco primeros años de estudio. Y otros me han confesado que el latín precisamente de la versión de las Homilías “in Matthaeam” de San Juan Crisóstomo les sigue sonando a griego y no es tampoco un incitante a la lectura. Habría, pues, que pensar en buscar unas páginas de San Juan Crisóstomo en castellano. Pero ¿dónde hallar esas páginas? Páginas, naturalmente, que habrán de ser de buen castellano y de buen San Juan Crisóstomo, pues de lo contrario valdrá más no leerlas. Pues bien, el último intentos serio de acercar San Juan Crisóstomo a los lectores españoles data de 1905, en que el P. Florentino Ogara publica sus tres volúmenes de Homilías selectas. Lo posteriormente publicado, incluso un desdichado librillo mío, no merece mención ninguna, y el lector hará muy bien en desdeñarlo —mi desdichado librillo ante todo. 

La ausencia, pues, de San Juan Crisóstomo, podemos tristemente afirmar que es, entre nosotros, absoluta. Objeto de muy temprano interés por parte de lectores españoles, pues existen traducciones suyas que se remontan al siglo XV; frecuentemente citado por nuestros escritores ascéticos y místicos del siglo de oro —tales los dos Luises, Alonso Rodríguez, Juan de Avila, Fray Juan de los Ángeles, entre los que ahora tengo a mano—, que lo leían ávidamente en los grandes infolios conventuales que a nosotros nos aterran; leído y traducido todavía en el siglo XVIII por algún benemérito helenista —tal el famoso escolapio P. Scio de San Miguel, que editó y tradujo el De sacerdotio—, y por algún benemérito traductor del siglo XIX —tal F. J. Caminero, que publica las Homilías “in Matthaeum"—; hoy seria muy difícil hallar el nombre de San Juan Crisóstomo en ningún libro ascético o místico (si es que aún se escriben libros místicos en la gran época de los libros de texto de la asignatura de religión) u oír su nombre a ningún orador sagrado, cuyo patrón es, aunque bien puede dudarse que sea también su modelo. 

Ausencia, pues, innegable, de San Juan Crisóstomo entre nosotros. Y, sin embargo, ¡qué voz la suya tan digna de ser oída! Desde aquel lejano siglo IV, cuya grandeza corre a par de su miseria; desde aquella Antioquía, merecidamente apellidada la grande y la bella, ápice de belleza de todo el Oriente —orientis apex pulcher—, como la llama Amiano Marcelino, el historiador pagano, antioqueno y contemporáneo de San Juan Crisóstomo desde aquella grande metrópoli, la segunda o tercera de todo el Imperio, cristiana, judía y pagana en revuelta mezcolanza, como cualquiera de nuestras grandes capitales modernas; este gran Padre de la Iglesia, hijo de su tiempo, nos habla con un acento de modernidad y actualidad impresionante, escalofriante a veces. Si gustáramos del ejercicio retórico que los griegos llamaban synkrisis y nosotros paralelo, como gustaba de él San Juan Crisóstomo, aquí pudiéramos trazar uno entre su siglo y el nuestro, entre su ciudad y las nuestras, entre las miserias y grandezas de entonces y las de ahora. Mas, aun sin necesidad de trazarlo aquí, el paralelo surge por sí mismo ante los ojos y la mente del lector de las presentes Homilías de San Juan Crisóstomo sobre San Mateo.

Hay en estas Homilías —y no intentamos negarlo ni disimularlo— mucha ganga y escoria propia de la época y de los gustos literarios de ella, que no son idénticos a los nuestros. Es el tributo que humildemente hemos de rendir a los pretéritos, como piadosamente lo hemos de esperar de los venideros, pues sería ingenuo pensar que éstos han de hallar nuestro estilo irreprochable. Mas, vencida esa dificultad de sobrehaz, en estas Homilías sobre el Evangelio de San Mateo es, indudablemente, donde con más claro acento actual resuena la voz de San Juan Crisóstomo, como eco que es de la eterna y nunca agotada actualidad y perennidad del Evangelio. No tenemos por qué ocultar nuestra intención al anteponer, contra la cronología, este volumen de los Comentarios al Evangelio de San Mateo a la selección de obras de San Juan Crisóstomo que la BAC quiere ofrecer, en texto y versión, a los lectores de habla española. Este solo volumen es prueba irrefragable de que todo ese polvo que recubre los grandes mamotretos relegados en los desvanes de las bibliotecas, tiene que ser inexorablemente aventado, pues soterra tesoros de pura doctrina cristiana y mancilla —si mancillarse pudiera— una de las almas más ardiente, más vehementes, más pura, total y profundamente cristianas que han hablado a los hombres en lengua griega. 

Como homenaje al sabio maurino que en el siglo XVIII preparó la magna edición, aún no superada, de las Opera omnia de San Juan Crisóstomo, pláceme traducir este bello resumen de lo que son y contienen las Homilías de San Juan Crisóstomo sobre San Mateo. Ello vale por todo y más de lo que pudiéramos decir nosotros: 

"Las Homilías sobre Mateo, que en número de noventa llenan todo este tomo, rebosantes de toda disciplina moral, contienen toda la suma de la vida e institución cristiana. Aquí se hallan todos los modos de seguir y practicar la virtud, aquí se aducen y explanan todas las razones para huir del vicio. Nada se omite de cuanto atañe a la vida santa o mala, para abrazarse con la una y rechazar la otra. No hay libro alguno en el orbe cristiano —nullus est in orbe christiano liber— que convenga tantos y tan importantes preceptos de la ética cristiana. En ninguna otra obra usó el Crisóstomo tanta invención, facundia y sagacidad para formar las costumbres, eliminar los vicios y ordenar rectamente las familias. De ahí que con razón decia Santo Tomás, según refiere Papirio Masson en su libro de Romanis Pontificibus, sobre el papa Juan XXI, que prefería usar de los libros del Crisóstomo sobre San Mateo a poseer y gozar de la ciudad de París. y así lo refiere Oldrado, jurisconsulto, que vivía en Aviñón en tiempo de Juan XXI. Hasta aquí Montfaucon. 

El testimonio de Santo Tomás de Aquino es magnifico, y honra por igual a quien lo dijo y a la obra de la que se dijo. 

No parece, por lo demás, que pueda dudarse de su autenticidad, y, aun negada ésta, el dicho conservaría todo su valor simbólico. Grabmann lo recoge así en su Santo Tomás de Aquino. 

"En las actas de su canonización hay un rasgo hermosísimo que muestra la grande atracción orle sentía hacia las obras de los Santos Padres. Volviendo Tomás en cierta ocasión de Saint Denis con algunos compañeros de su orden, al acercarse a París y ver la gran ciudad extenderse ante sus ojos, uno de los compañeros le dijo: —¡Qué hermosa es esta ciudad! — Ciertamente, muy hermosa, repuso Tomás. —¡Qué bien si fuera tuya —acudió el primero—. Y Tomás: —¿Qué había yo de hacer con ella? —Podrías venderla al rey de Francia y, con el precio, construir magníficos conventos de la orden. —A decir verdad, yo más quisiera tener las Homilías de San Juan Crisóstomo sobre San Mateo— concluyó Tomás seriamente. Las Homilías sobre el Evangelio de San Mateo que tanto anheló poseer Santo Tomás de Aquino las tenemos nosotros al alcance de la mano. Lo que quizá se nos ha ido a distancias estelares es el espíritu y genio de Santo Tomás de Aquino. Las noventa Homilías sobre el Evangelio de San Mateo fueron predicadas por San Juan Crisóstomo en Antioquía entre los años 390 a 398. Que fueron predicadas en Antioquía, puede afirmarse con certidumbre. En la homilía VII increpa el orador con vehemencia a sus paisanos:

"Vosotros, cuando de preeminencias se trata, pretendéis ocupar el primer lugar, por haber sido nuestra ciudad la Primera en ceñirse la corona del nombre cristiano: pero en el combate de la castidad no os avergonzáis de quedaros a la zaga de las ciudades más incultas”.

Es la alusión, de que tanto gustaba San Juan Crisóstomo, a Act 11,26: Y en Antioquía se llamó por vez primera cristianos a los discípulos. (San Juan Crisóstomo no sospechó jamás que este nombre de "cristiano" fue dado a los discípulos" de Jesús por los no cristianos y, en principio, debió sonar como mote de desprecio. San Pablo no lo usó jamás y, cuando ante el tribunal de Festo, después de su vehemente oración, le dice Agripa: 
"Por poco me persuades que me haga cristiano'', el Apóstol no repite este nombre, que suena, evidentemente, a desprecio en labios del reyezuelo judío: Ruego a Dios que, en poco y en mucho, no sólo tú, sino todos los que me escuchan, sean lo que yo soy, excepto estas cadenas (Act 31, 29). 

Como quiera, para San Juan Crisóstomo. era ésta una gloria única de su ciudad, y él no se cansa de recordarla a sus oyentes. El pasaje es decisivo, y aun puede confirmarse con lo que sigue inmediatamente. En el más puro estilo de la diatriba, el orador imagina que sus oyentes le replican: “Sí, —me decís—. Pero ¿qué nos mandas hacer? ¿Acaso que vayamos a habitar las montañas y hacernos monjes?" 

De montañas y monjes sólo se podía hablar en Antioquía, y San Juan Crisóstomo habla de ellos con frecuencia a todo lo largo de estas Homilías sobre San Mateo. Para los antioquenos, el tema tenía un hechizo incomparable, y algunas de las más bellas páginas que aquí leeremos están destinadas a evocar aquella vida que Juan no se cansa de calificar de angélica en contraste con la universal depravación de la ciudad. En Constantinopla, si bien la corrupción era igual o mayor que en Antioquía, el tema de los monjes no podía tener el interés próximo y casi familiar que aquí tiene. Digamos, en fin, con Montfaucon, que no hay por qué perder tiempo en cosa tan patente. La fecha, en cambio, de 390 a 398 para la predicación de las Homilías sobre San Mateo, es sólo conjetural. 

Ante todo, hay que ponerlas después de las homilías sobre las estatuas, pronunciadas con ocasión de la famosa sedición de Antioquía el año 387, en que, entre otros desmanes, fueron derribad, arrastradas y hechas añicos las estatuas del gran Teodosio, de su difunta esposa Flacila, de su padre y los príncipes Arcadio y Honorio. 

El tema moral que machaconamente se repite en estas justamente célebres Homilías "de statuis" es el de los juramentos. Este tema desaparece de las Homilías "in Matthaeum", excepto, naturalmente, en el pasaje correspondiente del sermón de la Montaña. Entre los años de 386- 388 se ponen también sesenta y seis homilías sobre el Génesis, las siete primeras De Incomprehensibili o “contra los anomas”, la "Demostración de la divinidad de Cristo" y los ocho discursos contra Iudaeos y nueve homilías sobre el comienzo de los Hechos de los Apóstoles. 

Parece imposible tuviera también tiempo para un comentario tan amplio como este de San Mateo, en que más bien vemos confluir y como remansarse temas o ideas de predicaciones anteriores. 

La grande obra homilética sobre San Mateo pudo, pues, comenzarse hacia el 390, se interrumpirla con otras predicaciones de tempore, señaladamente los panegíricos de mártires y confesores, y se terminarían en fecha imposible de fijar antes del año 398, en que San Juan Crisóstomo abandona Antioquía para ocupar la sede de Constantinopla, la cátedra llena de peligro y objeto de tanta ambición, como la interpelara Gregorio de Nacianzo en el momento de darle su último adiós. Como quiera que sea, aun dentro de la relativa incertidumbre cronológica, por su fondo y por su forma, por su ímpetu vital y la plenitud de doctrina, las noventa homilías in Matthaeum de San Juan Crisóstomo son una cima en su vida y en su obra. 

Dueño de sí y de su auditorio, en la fuerza y madurez de su edad, de su genio y su talento, en su acmé, que decían los griegos, consciente de su misión divina de pastor y guía de las almas, ardiente de celo por su salvación, abrasado, como otro Pablo, de amor a Jesucristo, secreto último de su fuerza y su elocuencia, concibe el audaz pensamiento de exponer ante sus oyentes el evangelio íntegro de San Mateo y lo lleva a cabo de modo magistral en noventa homilías, que son una creación y un monumento originalísimo, síntesis acabada de exégesis y parénesis, hablando en griego; cifra y compendio de lo que ha de ser la auténtica predicación cristiana: exposición de la palabra divina, del evangelio ante todo y sobre todo, y exhortación a su seguimiento y práctica en vida. 

Et tour le reste est litterature. Alto ejemplo y lección del gran Padre de la Iglesia del siglo IV, para quienes tienen deber y misión de predicar la palabra divina en este siglo XX, pendiente abajo de su mitad cronológica y pendiente abajo de su ruina, si se empeña en caminar de espaldas al Evangelio. 

La ausencia del Evangelio en nuestra vida es aterradora; pero ¿por qué no decirlo también? La ausencia del Evangelio —y, sobre todo, del Evangelio en su sentido primero y viviente, que es Cristo Jesús mismo— en la predicación, no lo es menos. El cristianismo, que es y no puede ser otra cosa que el misterio de Cristo, se ha convertido en puro moralismo —un moralismo casero, por añadidura, que no parece justificar hecho divino tan enorme, tan fuera de toda norma, como que Dios se hiciera hombre, padeciera y muriera en la cruz. 

No quiero hablar en abstracto. De una plática, en unos mal llamados ejercicios espirituales la pasada cuaresma, me extracté este párrafo. entre otros de una chabacanería espantosa. Se hablaba de las "virtudes" que ha de tener la mujer: "La mujer ha de ser ordenada. El hombre es el desorden mismo: los pantalones por aquí, la americana por allá, los calcetines en medio del comedor, la corbata debajo de la silla y así de lo demás. Pues ahí está la mujer: la madre, la hermana, la hija, para poner orden en todo. Y así por tres largos cuartos de hora, en un irrestañable fluir de ramplonerías", que convertían aquellos "ejercicios espirituales" en auténtico ejercicio de heroica paciencia. Ni una sola vez oí pronunciar el nombre de Jesús. Aquel mismo día —viernes II de marzo de 1955— el Ya daba noticia del discurso del papa Pío XII a los predicadores de Roma: pero no reproducía sus más bellas palabras que leí posteriormente: 
"Sed animosos, queridos hijos. Sabed tomar de la mano a las almas y empujadlas dulce, pero firmemente a Jesús, hacia la amistad con Él, hacia la transformación en Él. Hacedles comprender que sólo así encontrarán la paz, la fe, la alegría, la esperanza, el amor. Sólo así encontrarán la vida”. * 

¡Qué emoción, qué dilatación, qué gozo al leer estas palabras de Pío XII! ¡Qué bien se siente que habla el Vicario de Jesús en la tierra! Pero, ¿no es vicario —con minúscula, con humildad— de Jesús todo sacerdote, que sólo como legado suyo puede hablar? Pro Christo legatione fungimur. Por desgracia, la predicación se va o por las ramas o por las nubes, si no es que se arrastra por el suelo. Pues he aquí a este gran Padre del siglo IV que toma en sus manos el Evangelio de San Mateo y lo comenta íntegro —lo explica y lo aplica, ante sus oyentes de Antioquía, en noventa largas homilías, en que sentimos aún palpitante y viva, ardiente y fuerte, su propia alma, y en las que se refleja también mucho de la vida de su tiempo—. 

¿Por qué no hacer hoy nosotros lo mismo que San Juan Crisóstomo en su tiempo? Como en aquellos días de agonía del mundo romano, en estos de agonía y angustia universal nuestra, la palabra de Pedro tiene vigencia absoluta: Non est in alio aliquo salus. No hay otro nombre en que nos podamos salvar fuera del nombre de Jesús (Act 9,12). Es decir, ¿por qué no predicar decididamente el Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, que, puestos ante lo eterno, no se diferencian absolutamente de los hombres de cualquier tiempo? 

Al fin, ése fue el supremo mandato del Señor antes de remontar su vuelo a los cielos: Marchad por el mundo entero y pregonad el Evangelio a toda la creación (Mc 16, 15). Un Evangelio que hoy apenas si podemos entender más que en el sentido de un libro, siquiera sea divino: pero que originaria y primariamente quiere decir "la buena nueva" de una Persona divina, con todo lo que nos trajo y nos dio y dijo e hizo a su paso por la tierra y sigue trayéndonos y dándonos y diciendo y haciendo en su vida perenne en el cielo y en la Iglesia. Cuando Jesús mandó a sus apóstoles a predicar el Evangelio por toda la creación, el Evangelio, como libro, no exista todavía. 

Llenar, pues, el vacío y ausencia de San Juan Crisóstormo entre nosotros y presentar patente y fuerte su lección y ejemplo en su magna obra de las noventa Homilías in Matthaeurn es indudablemente un excepcional servicio que presta la BAC a la cultura religiosa del mundo hispánico con la publicación de estos dos volúmenes que inician, un poco contra la cronologia, la selección de obras de San Juan Crisóstomo. Toda nuestra admiración y gratitud será poca para la Biblioteca de Autores Cristianos, que en tan difíciles tiempos y, al parecer, tan ajena a lo pretérito, ha tenido fe bastante para mover esta montaña de las obras de San Juan Crisóstomo y ofrecer en su texto original y versión española lo mejor y más actual de ellas. 

Mi colaboración ha sido por extremo modesta, aunque llevada también a cabo con ardiente fe y amor. Los helenistas agradecerán indudablemente la publicación del texto griego, que es el de la edición montfauconiana, no superada todavía. La versión está hecha, naturalmente, para los no helenistas, con la mayor precisión posible, desde luego: pero con la conveniente amplitud para que no suene también a griego o quede tan oscura como si lo fuera. Creo poderles asegurar a esos lectores no helenistas que no contiene error notable de interpretación, y no se lo aseguraría de no haber tenido colaborador tan competente como el P. Joh. Chrysosromus Baur, benemérito investigador de la vida y obra de su patrono, y traductor en la BKV de las Homilías sobre San Mateo. Los cuatro volúmenes de la BKV han estado a mi plena disposición, gracias a la generosidad (que no sabré nunca cómo agradecer) del R. P. Bibliotecario de San Cugat del Vallés. 

La traducción del P. Baur es ceñida, literal y, en general, exacta. Como me llegó hecha ya la mía, me impuse la paciente tarea de cotejarla íntegramente con ella. Así pude corregir una serie de pasajes mal entendidos por mí y comprobar que otros están mal entendidos por Baur. In multis offendimus omnes. Lo misma que de Baur, puedo decir de las Homilías traducidas por el P. Ogara. La traducción francesa de Bareille, aunque estimable, no siempre es del todo fiel. 

En fin, me interesa comunicar a los lectores y amigos de San Juan Crisóstomo que un amplio estudio sobre su vida, formación literaria y estilo de predicación, preparado para introducción a las Homilías sobre el Evangelio de San Mateo ha tenido que ser omitido para no engrosar ni encarecer demasiado este volumen. A mis oyentes de la Pontificia Universidad de Salamanca, que lo echarán particularmente de menos por habérselo anticipado en un cursillo del presente año, me es grato comunicarles que se trata sólo de un aplazamiento para el próximo tomo de la selección de obras de San Juan Crisóstomo. Doy, pues, la prueba antes que la tesis. La tesis, como mis oyentes recordarán muy bien, es que la homilía es la forma más genuina de la predicación cristiana. La prueba son estas noventa homilías de San Juan Crisóstomo. Y ya, a helenistas y no helenistas, sólo me resta decirles: Tolle, lege (¡Déjalo ya! Lee).

Madrid, diciembre de 1955.
D. R. B.

* He aquí otra muestra, como la tengo anotada: “La religiosidad es virtud esencial de la mujer. Una mujer sin religión no se concibe: ni es hombre ni es mujer. No es hombre porque naturalmente, no lo es. No es mujer, porque le falta une cualidad esencial para serlo. Es un ser híbrido. Que el hombre no tenga religión, no diremos que esté bien; pero, al fin, se comprende. Ya sabemos que la mayor parte de los hombres se pasan la vida de espaldas a Dios y a las prácticas de la religión”. Naturalmente un solo ejemplo nada probaría; pero ese ejemplo puede multiplicarse indefinidamente.




San Juan Crisóstomo (c. 344-407), conocido como "boca de oro", predicó extensamente sobre la Parusía (del griego parousia: presencia, llegada, advenimiento) como la gloriosa segunda venida de Jesucristo al final de los tiempos. Para el Santo Padre de la Iglesia, la Parusía no es un evento aterrador, sino la culminación de la esperanza cristiana, la victoria definitiva sobre el mal y la instauración final del Reino de Dios.

Aquí se resumen sus principales enseñanzas sobre la Parusía: Finalidad Gloriosa:
 
Crisóstomo enfatiza que, a diferencia de su primera venida humilde en la encarnación, la segunda venida será majestuosa, visible y universal. Será la manifestación definitiva de Cristo resucitado para juzgar a vivos y muertos.
Juicio y Renovación: La Parusía marca el Juicio Final, donde cada persona será juzgada por sus obras. Además, implica la renovación de la creación y la naturaleza humana, restaurando el plan original de Dios.
La Resurrección de los Muertos: San Juan Crisóstomo enseña, basándose en las Escrituras, que la venida de Cristo traerá la resurrección de todos los muertos, tanto justos como pecadores.
Contexto en Mateo 24: En sus comentarios (Homilías sobre Mateo), Crisóstomo explica las señales de los tiempos, advirtiendo sobre falsos profetas y la gran tribulación que precederá al fin. Sin embargo, centra su mensaje en la necesidad de vigilancia constante, ya que el momento es desconocido.
La Parusía en la Eucaristía: Para Crisóstomo, la Eucaristía es una "experiencia viva" que une el presente con el futuro Reino de Dios. La celebración eucarística se entiende como un adelanto del banquete final.
Llamado a la Vida Virtuosa: La enseñanza escatológica de Crisóstomo no busca generar pánico, sino fomentar una vida cristiana activa, la caridad y la conversión continua. Entender la brevedad del tiempo presente ayuda a los fieles a buscar la justicia y la virtud.
En resumen, la Parusía en San Juan Crisóstomo es el retorno glorioso del Salvador que cierra el tiempo de la historia humana para dar paso a la eternidad.

San Juan Crisóstomo (345-407 d.C.), uno de los más grandes Padres de la Iglesia y oradores bizantinos, dedicó una serie de homilías detalladas a las cartas de San Pablo a los Tesalonicenses (1 y 2 Tesalonicenses). Su interpretación de la Parusía (la segunda venida de Cristo) destaca por su enfoque pastoral, exhortando a la vigilancia, la esperanza y la perseverancia frente a la persecución, más que en la especulación cronológica.

Aquí se resumen los puntos clave de su interpretación:

1. La Parusía como Esperanza y Consuelo (1 Tesalonicenses)
La Resurrección de los muertos: Crisóstomo enfatiza que la parusía no es algo temible para los cristianos, sino la culminación de su fe. Comentando 1 Tesalonicenses 4, explica que los fieles que hayan muerto no se perderán el regreso del Señor; al contrario, resucitarán primero y luego serán arrebatados junto con los vivos para recibir a Cristo.
Esperanza en el sufrimiento: Ante la persecución que sufrían los tesalonicenses, Crisóstomo utiliza la promesa de la parusía para animar a la perseverancia. Asegura que el regreso glorioso de Jesús traerá alivio y recompensa a los que sufren por el Evangelio.
El "Ladrón en la noche": Interpreta la venida como inesperada (1 Tes 5,2-5), por lo que exhorta a no dormir (espiritualmente) y a vivir en la luz de la verdad para no ser sorprendidos.

2. El Anticristo y la Apostasía (2 Tesalonicenses 2)
En sus homilías sobre 2 Tesalonicenses, Crisóstomo aborda la confusión que tenían los tesalonicenses pensando que el "Día del Señor" ya había llegado. Primero el Anticristo: Crisóstomo es claro al explicar que, antes de la venida de Cristo, debe ocurrir una gran apostasía y la manifestación del "hombre de pecado" o Anticristo.
El "obstáculo" (Katejon): Al interpretar 2 Tesalonicenses 2:6-7, donde Pablo menciona algo o alguien que detiene la aparición del Anticristo, Crisóstomo (entre otros padres) a menudo interpreta este obstáculo como el Imperio Romano, que mantenía el orden. Una vez que este poder caiga, el Anticristo se manifestará.
La caída del Anticristo: Crisóstomo enfatiza que el Anticristo será destruido fácilmente por Cristo con "el soplo de su boca" y el esplendor de su venida, demostrando la superioridad absoluta de Dios.

3. La Naturaleza de la Venida Real y Física: La Parusía no es un evento simbólico, sino la llegada real y física de Jesús desde el cielo.
Juicio y Gloria: Será un momento de doble vertiente: retribución justa para los perseguidores (castigo) y salvación gloriosa para los santos (fieles).

4. Enfoque Pastoral de Crisóstomo
No especular fechas: Más que intentar calcular el tiempo de la parusía, Crisóstomo utiliza la doctrina para fomentar una vida santa.
Llamado a la Caridad: Insiste en que la preparación para la parusía implica la limosna y la caridad, que purifican de los pecados.

En resumen, para San Juan Crisóstomo, la parusía es una realidad inminente que debe motivar a la Iglesia a mantenerse firme, virtuosa y esperanzada, confiando en que Cristo destruirá el mal final (el Anticristo) y reinará con sus santos.


La mayoría de los católicos no sabe esto sobre su propia Iglesia: la Iglesia Católica no está formada solo por el rito romano. Está formada por 24 Iglesias sui iuris, agrupadas en 6 grandes tradiciones litúrgicas, que celebran la misma fe católica con distintas expresiones legítimas.
No son religiones distintas ni doctrinas diferentes. Es la misma fe apostólica, los mismos sacramentos y la misma comunión con el Papa, vivida en distintas culturas y regiones a lo largo de la historia.
Esto no debilita la unidad de la Iglesia, sino que la manifiesta. Porque la Iglesia no es uniforme: es universal. Y en esa diversidad legítima se revela su riqueza espiritual, teológica e histórica.


ORACIÓN DE SAN JUAN CRISÓSTOMO 

Oh Cristo Dios, habiendo sido destinado a participar en los Misterios de tu más santo Cuerpo y preciosa Sangre. Te glorifico y bendigo, te adoro y alabo, y exalto la obra de tu Redención, Oh Señor, ahora y por siempre. Amén.   

  PETICIONES DE SAN JUAN CRISÓSTOMO 

Señor, recíbeme a mí, arrepentido. Señor, no me abandones. Señor, no me dejes caer en la tentación. Señor, concédeme buenos pensamientos. Señor, concédeme lágrimas y el recuerdo de la muerte y compunción. Señor, implanta en mí el deseo de confesar mis pecados. Señor, concédeme humildad, castidad y obediencia. Señor, concédeme paciencia, valor y mansedumbre. Señor, implanta en mí la raíz de todas las bendiciones y el temor de ti en mi corazón.  
Señor, concédeme amarte con todo mi espíritu y con toda mi alma, y hacer siempre tu voluntad. Señor, protégeme contra ciertos hombres, de los demonios, de las pasiones y de toda cosa perniciosa Señor, sabes que haces de acuerdo con tu voluntad, sea cumplida también en mí, pecador, porque bendito eres por los siglos de los siglos. Amén  

Homilías sobre el Evangelio de San Mateo - San Juan Crisóstomo by mariaro2011


 
CONFUSIÓN PROFÉTICA - RELACIÓN ENTRE LAS PASCUAS 
SEMINARIOS PARUSÍA - EN LA IGLESIA

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