EL Rincón de Yanka: ESCATOLOGÍA

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domingo, 7 de junio de 2026

LIBRO "NOSOTROS": PALESTRA ASCÉTICA PARA HOMBRES 💪 PARA EL COMBATE ESCATOLÓGICO por ANTONIO JOSÉ GÓMEZ MIR

 
NOSOTROS
Palestra ascética para hombres

Un manual de exhortación 
para el combate escatológico


“Antes de que el Edén existiese hubo una guerra, 
una rebelión que dejó consecuencias 
que no podemos olvidar. 
El príncipe de los ángeles se rebeló contra Dios 
y la batalla no ha terminado. 
Dios tiene un enemigo y nosotros también. 
El hombre ha nacido en un mundo en guerra”.


Tras décadas de un cristianismo blando y buenista, muchos han perdido el ideal del caballero cristiano que sostiene a su familia y defiende su fe. Hoy la Iglesia parece dejar poco espacio a la fortaleza y al heroísmo, sustituidos por una moderación sin principios. Hoy parece que sólo hay sitio para la moderación y la tolerancia, que es la virtud de quien no tiene principios fuertes, un mundo para hombres igualmente moderados y en cierta medida afeminados.
Nosotros propone recuperar una manera viril de vivir según el plan de Dios, ofreciendo claves para discernir su voluntad y encarnar la fe con fuerza, pasión y firmeza. Este libro es un campo de entrenamiento espiritual para hombres católicos, para vivir la fe con fuerza, con heroísmo, con pasión, con garra, una propuesta verdaderamente evangélica, apostólica y firme en la fe.

Nosotros. Palestra ascética para hombres (2025) es un libro que nace, en la parroquia de Sant Jordi de Vallcarca de Barcelona, del compromiso personalísimo del Padre Antonio José Gómez Mir para con una pastoral catequética muy concreta… Este sacerdote catalán se dio cuenta de la necesidad de responder a un largo proceso de infantilización y feminización del varón acaecido en las últimas décadas no sólo en el ámbito social en general, sino también en el seno de la Iglesia. Así, “Nosotros nació con la vocación de dar respuesta a esta desorientación del hombre católico en el mundo moderno y en la Iglesia”.
La orfandad provocada por la ausencia de modelos de “hombre” virtuoso (héroe, caballero, mártir, monje, padre) ha venido generando un cristianismo débil, pusilánime y emasculador que hace que, en palabras del autor, “no nos resulte difícil imaginar a unas viejecitas rezando el rosario, pero ya nuestra imaginación no concibe al caballero cristiano”.

Es “un libro de espiritualidad y ascética católica para hombres” que se va fraguando al calor de la palabra viva, siempre incandescente, esto es, a través de una serie de conferencias y catequesis para jóvenes, que están disponibles en el formidable canal de YouTube del Padre: Stat Crux. Y digo “al calor”, a conciencia, porque queda claro, a lo largo del libro, que el hombre está compuesto de un material de cierta ductilidad (al menos en dos sentidos: la virtud y el vicio). La fe será acrisolada al sol, al igual que las virtudes serán acrisoladas en una forja de la voluntad que exige de la concurrencia del Hombre (en su relación con el “otro”) y, sobre todo, de la Gracia. De ahí que, invocando el pasaje de Proverbios 27, 17 nos diga Gómez Mir: “El hierro con el hierro se afila; el hombre, en el roce con su prójimo”.

Palestra significa “escuela de lucha” y “la lucha ascética es la base para vivir esta llamada a una concepción fuerte de la fe cristiana”. El objetivo es, en el contexto de un hiperconsumismo esquizoide y un nihilismo rampante, “virilizar nuestra vida con la ascética para vencer el afeminamiento de una voluntad enferma”.

Investidos de una dignidad concreta…

Según la tradición veterotestamentaria, nuestra dignidad está ya inscrita en nuestra propia naturaleza: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Después los bendijo Dios con estas palabras: ‘Sed fecundos y multiplicaos’” (Gn 1, 27-28). Hemos sido creados hombre y mujer por el Creador “a imagen suya”, por ende, debe haber una coherencia interna del ser creado.
Al igual que María, imagen perfecta de la feminidad, es “la esclava del Señor”, la Iglesia es la esposa de Jesucristo. Asimismo, José, arquetipo bíblico de virilidad, actuó sin prácticamente mediar palabra. En él se da esa precondición de todo hombre para seguir a Jesucristo: “se necesita ser un verdadero hombre para servir a Cristo”, dice Gómez Mir. Y para ello es necesario romper los afectos desordenados e idolatrías, es decir, despojarse del hombre viejo.

Por desgracia, “la desorientación antropológica que caracteriza la sociedad y la cultura actual ha contribuido a la desestructuración tanto de la familia como de la sociedad, evidenciándose en una tendencia a cancelar las diferencias inherentes entre el hombre y la mujer”. Ya saben eso de Ernst Jünger: “Lo peligroso no es el hombre inculto, sino el hombre deformado por la cultura”. Una cultura de la indiferenciación. Frente a esta existe una “verdad de ser hombres”. Una coherencia perfecta entre el ser hombre y la fuente misma del Ser, a saber, Dios. Nosotros se propone “recuperar la antropología cristiana, que contempla la sexualidad como un elemento fundamental de la personalidad, constituyendo una manifestación única de ser, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano”.

Es por esto por lo que nuestras ensoñaciones prometeicas de superar la condición humana sólo podrían, en el mejor de los casos, abocarnos a la locura o, lo que es lo mismo, a la pérdida de cordura… Como es bien sabido, cordura proviene del latín cordis (corazón). Aristóteles defendía filosóficamente una teoría llamada “cardio-centrismo”. Para él, la phronesis (a diferencia de la noción abstracta de episteme) es la virtud de la prudencia que reside en el corazón y que debe dirigir la acción humana. Hoy, no obstante, vivimos fuera de quicio, fuera de toda cordura, nos rebelamos contra lo más íntimo de nuestro ser, aquello que nos inviste de una dignidad concreta, intransferible e inescindible.

Y en un mundo en que experimentamos la “crisis de la virilidad” fruto de la cerrazón y la hybris, Nosotros apuesta por un itinerario de virilidad en Cristo, “una virilidad que es verdadera virtud cristiana”, ya que, como dice San Pablo: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Cor 16, 13-14).

El abrazar nuestro ser más íntimo debe llevarnos al correcto discernimiento de nuestra vocación (imbricada en nuestro sexo biológico): “Es Dios –nos dice el Padre Gómez Mir– quien nos dice qué quiere de nosotros (…). Uno no elige su identidad, su ser quien es. Le viene dada por Dios (…). Hemos de entender vocación como dirección, como sentido de una meta. Y luego también hemos de entender la misión como significado del día a día (…). La vocación llena de sentido nuestra vida y permite asumirla como misión personalísima. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan, de pronto, su verdadero sitio”.

Cristo: Ecce Homo

Ahora bien, el problema de la aparente “incomparecencia” del Hombre (con mayúscula) en la historia de la humanidad es un problema que nos ha acompañado desde la Antigüedad clásica…
Se cuenta que Diógenes de Sinope, pensador griego del siglo IV a. C. y exponente de la corriente filosófica cínica, vivió gran parte de su vida en la opulenta Atenas en condiciones extremadamente austeras (hasta el punto de dormir en una tinaja; de ahí lo del Síndrome de Diógenes) y empleó el aguijón de la provocación para criticar la hipocresía de la sociedad ateniense. En ese contexto, surge la célebre anécdota de la lámpara: Diógenes recorría las calles de la ciudad a plena luz del día diciendo: “Busco a un hombre”… Evidentemente, la frase no aludía a la búsqueda literal de un azaroso “alguien” sin más, sino a la dificultad de encontrar un ser humano verdaderamente recto, honesto y virtuoso. Tendríamos que esperar cuatrocientos años al Jesús de Nazaret, presentado por Poncio Pilato ante la “masa enfurecida”, para llegar a ese hombre que anhelaba encontrar Diógenes: Ecce Homo, he aquí el Hombre…

Ese hombre de carne y hueso, persona de la imagen trinitaria del Dios cristiano, fue, es y será siempre, en tanto que la historia humana no puede sino ser Cristocéntrica, el modelo de virtus por antonomasia, el “justo”. La cristiandad, como el colorido jardín de las delicias de El Bosco, ha dado frutos de todas las formas y colores, Dios se ha valido de hombres corrientes que, sin embargo, han hecho de lo corriente algo extraordinario al vaciarse de sí e inflamarse del amor Dei: San Esteban, San Jorge de Capadocia, San Antonio Abad, Constantino el Grande, Carlomagno, San Bernardo de Claraval, Rodrigo Díaz de Vivar el Cid, San Ignacio de Loyola, etc. Sea como fuere, el libro Nosotros, plantea una pregunta y una respuesta que simultáneamente nos interpelan: “¿Cuál era el modelo de hombre en la sociedad tradicional? El modelo era el guerrero, era el mártir, era el monje, era el héroe, era el caballero (…). La Iglesia, en el último siglo, ha hecho daño también a esa masculinidad”. Es la obra de Dios en el hombre la que eleva su naturaleza caída mediante la Gracia.

Ahora bien, en relación con esto último, si se me permite hacer una crítica constructiva al libro, diría que el Padre Gómez Mir se apoya excesivamente en referencias contemporáneas al intentar “actualizar” el magisterio (Dorothy Sayers, C. S. Lewis, John Senior, John Eldredge, Thoreau, Robert Redeker, R. R. Reno, Viktor Frankl), perdiendo así la oportunidad de profundizar en las citadas grandes figuras de la cristiandad. Prueba de ello es que, incluso en su capítulo “Héroes y santos, arquetipos para educar”, incurre en cierto “actualismo” al citar más a Heidegger, Nietzsche, Tocqueville, Huizinga, Chesterton, Scheler y Redeker, que las Sagradas Escrituras, los Padres, el magisterio de la Iglesia y, en definitiva, la fecundísima Tradición católica stricto sensu.

Sin embargo, hay una cesura irreversible en la intrahistoria humana entre el Cristo del Nuevo Testamento y la Antigüedad clásica. En la Antigüedad mediterránea el modelo de hombre virtuoso era Aquiles, el “héroe”. La fortaleza pagana hecha carne, el hombre que ansía la eternidad en tanto que proyección de sí. A raíz del Nuevo Testamento, “Jesús es el nuevo modelo de hombre. Ya no lo es Aquiles. ¿Por qué? Porque Jesús es aquel que alcanza la plenitud dando su vida por amor. Él es el nuevo modelo de la masculinidad, no una masculinidad que se busca a sí misma y su gloria como Aquiles, sino que busca la gloria de Dios, la voluntad de Dios”.

Por ello, el Padre Raniero Cantalamessa, en su predicación del Viernes Santo del 2 de abril de 2010 pudo decir, siguiendo a René Girard, lo siguiente: “Jesucristo desenmascara y rompe el mecanismo del chivo expiatorio que sacraliza la violencia, haciéndose Él la víctima inocente de toda la violencia. Cristo no vino con la sangre de otro, sino con la suya propia. No puso sus propios pecados en los hombros de los demás –hombres o animales– sino que puso los pecados de los demás sobre sus propios hombros (…). En Cristo es Dios quien se hace víctima (…). Ya no es el hombre el que ofrece sacrificios a Dios, sino Dios quien se ‘sacrifica’ por el hombre (…). El sacrificio de Cristo contiene un mensaje formidable para el mundo de hoy. Grita al mundo que la violencia es un residuo arcaico (…). En casi todos los mitos antiguos la víctima es el vencido y el verdugo el vencedor. Jesús cambió el signo de la victoria. Ha inaugurado un nuevo tipo de victoria (…). Vitor quia victima, vencedor porque víctima, así define Agustín al Jesús de la cruz. El valor moderno de la defensa de las víctimas, de los débiles y de la vida amenazada nació sobre el terreno del cristianismo, es un fruto tardío de la revolución llevada a cabo por Cristo”.

El Espíritu que trae Jesucristo al mundo, que manifiesta el amor de Dios hacia el hombre en su debilidad, en sus pecados, en su podredumbre, es el que nos abre a la posibilidad de ser otro Cristo. Sólo sintiéndonos amados en nuestra pobreza, podemos ser vehículo de este amor. Jesucristo, es la víctima propiciatoria de la iniquidad del género humano y, en tanto que cristianos, estamos llamados a imitarle, es decir, a la santidad.
Es por ello por lo que el Padre Gómez Mir no se cansa de repetir una misma idea: “La opción más violenta para un hombre, la más heterodoxa para el mundo moderno, es ser católico”, algo que tiene resonancias, apócrifas o no, de Michel Foucault (aunque en un sentido radicalmente distinto): “Hay que ser un héroe para enfrentarse con la moralidad de la época”.

Ecce Ego: la pulsión tanática del hombre cerrado en el “yo”

Otra de las ideas recurrentes del libro es el cómo “la nada nadea (Das Nichts nichtet), en expresión de Martin Heidegger, cuando el hombre se busca a sí mismo. Gómez Mir echa mano de la sugerente cita de John Senior, según la cual: “Debemos trabajar muy duro para restaurar, primero en nosotros mismos y luego por influencia en otros, lo opuesto a esa búsqueda furiosa del placer que culmina en el deseo real del horror y el placer de la muerte”.
Y es que no estamos descubriendo el fuego si decimos que vivimos envueltos en una cultura tanática, en tanto que hedonista. Nuestro autor nos ofrece una fotografía precisa del mundo actual: “El mundo postmoderno nos ofrece un modelo de hombre individualista y egoísta, el hombre de la sociedad liberal, que es estrictamente un productor y un consumidor, y a veces ni siquiera un productor, porque a nuestra sociedad le basta con que seamos consumidores (…). En el libro del Éxodo vemos a los israelitas esclavizados, como imagen de este hombre postmoderno esclavizado”. Esta afirmación del “yo”, Ecce Ego, es la imagen invertida del Cristo como cordero de Dios.

La experiencia de la insatisfacción infinita de los goces de la carne y el uso indebido de una libertad rebajada a libertinaje nos arroja a esa atrayente y oscura Nada que desemboca en la ausencia absoluta de sentido. La cultura de la muerte es la cara tenebrosa de esa búsqueda del placer desaforado que nos acecha continuamente (descentrado de ese centro de la cordura): aborto y eutanasia, OnlyFans e industria pornográfica, transición de género y farmacologización, lo gore y el espectáculo, estetización de la violencia y terrorismo, etc.
El filósofo italiano Diego Fusaro –autor al que aprecio personalmente–, en su ensayo El nuevo orden erótico. Elogio del amor y de la familia (2022), se ha detenido recientemente en esto al hablar de un “hedonismo mortal” que se consumó fatídicamente con el Mayo del 68.

A propósito de la película Saló, o los 120 días de Sodoma (1975), de su compatriota Pier Paolo Pasolini, Fusaro da cuenta del estrecho vínculo entre la búsqueda del placer autorreferencial y el nihilismo: 

“El goce ilimitado y autorreferencial, ahora sin límite ni medida, domina incontrolado en todo nuestro horizonte, se traduce puntualmente en Todestrieb, ‘pulsión de muerte’. La villa en la que se desarrolla la historia de Pasolini, articulada en círculos que recuerdan a la geografía del Infierno de Dante, se convierte para las víctimas, en el lugar de la experimentación en carne viva de la estrategia de una perversión desenfrenada: el goce llevado hasta sus consecuencias extremas se transforma, sin solución de continuidad, en la muerte. El placer hiperhedonista, como fin en sí mismo (…), se convierte en un macabro ritual mortal, en una práctica nihilista que lejos de emancipar a los amantes, los disuelve en la nada. Torturas sádicas, humillaciones de todo tipo, prácticas coprofágicas, el asesinato como fin en sí mismo y otras barbaridades se suceden en la villa de Saló (…). Para promover la apoteosis del plusgoce sin aplazamientos y autorreferencial, la civilización del consumo debe, al mismo tiempo, ‘darle muerte’ a las figuras del amor auténticamente relacional y donativo. En una escena, una muchacha, sumergida en una bañera de excrementos grita desesperada –retomando el pasaje evangélico de san Marcos– ‘Dios mío, Dios mío. ¿Por qué nos has abandonado?’. 
La globocracia de la omnimercantilización del mundo sumerge a toda la humanidad en la mugre”.

Inmersos en un desolador escenario como este, en el que dostoyevskienamente si Dios no existe, todo está permitido, en un mundo en el que hemos constatado –por la vía de los hechos– que el placer sin límites degenera en fascinación por lo oscuro, lo violento o lo destructivo, ¿cómo no perder la esperanza? ¿cómo creer hoy día en un camino de ascensión e imitación de Cristo? ¿cómo estar prestos a la batalla?

El Padre Gómez Mir nos ofrece cuatro verdades perennes fundamentales: Hemos sido creados para alabar, servir y hacer la voluntad de Dios.
Partimos del hecho de que somos seres caídos por el pecado original.
Estamos llamados a protagonizar un combate que llamamos la lucha ascética.
Hay un auxilio sobrenatural para dominar a ese hombre viejo y para transformarlo en un hombre nuevo que es la gracia que Jesucristo, nuestro señor, nos ganó muriendo en la cruz y resucitando.

Lucha ascética: el campo de batalla del combate escatológico

Entramos en el núcleo del libro… El combate escatológico, que no es un combate ahistórico entre las huestes demoníacas rebeldes y las huestes de Dios; que tampoco es un combate entre fuerzas eternas e increadas del Bien y el Mal como polos de una tensión cósmica (como creían los maniqueos); y que tampoco es un combate que se dará única y exclusivamente en el fin de los tiempos; sino que se trata de un combate que se está librando cada día en nuestro interior, en cada pensamiento, en cada decisión, en cada acto. “El hombre ha nacido en un mundo en guerra”.

¡Qué caprichoso es el destino! ¿verdad? Un sacerdote, párroco de la Iglesia de Sant Jordi, exhortándonos al combate… Y lo hace a partir de la tríada Job-San Pablo-San Ignacio de Loyola.

i) Mediante Job, constata que la vida del hombre es combate: “Job se preguntó retóricamente: ‘¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra?”;
ii) mediante la meditación de las “dos banderas” de San Ignacio de Loyola, delimita los protagonistas del combate: “San Ignacio nos dice que Cristo llama y que nos quiere a todos bajo su bandera. Lucifer, al contrario, nos quiere bajo la suya. ¿Bajo qué bandera estamos militando? (…). Los dos campos que se enfrentan, dice San Ignacio, son Jerusalén y Babilonia”;
iii) mediante la Epístola a los Efesios de San Pablo, precisa quién es el enemigo real y el cómo y con qué armas es preciso combatirle:
“Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra los hombres de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire (…). Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos”.
Más claro el agua… Verdad, justicia, prontitud, fe, salvación y espíritu, “siempre en oración y súplica”. Si la batalla fuera tan sólo contra la carne, no necesitaríamos ni a Dios ni al Espíritu Santo, ni oración o súplica algunas; no seríamos católicos nos bastaría con ser estoicos (mortificación del cuerpo, ayuno, abstinencia). Reconocer que el enemigo verdadero son los “espíritus malignos” es reconocer tanto nuestra pequeñez y fragilidad como la necesidad de auxilio, porque, como se esmera en destacar el Padre Gómez Mir en su libro: “No somos voluntaristas. Somos cristianos. El hombre sin gracia de Cristo no puede alcanzar este dominio. Podría alcanzar un dominio moral relativo (…). Los medios son la oración, la lectura de la Palabra de Dios, el auxilio frecuente de los sacramentos y la mortificación”.

Precisamente, este acto de auto-reconocimiento de pequeñez, el pedir auxilio (en oración y súplica) para combatir en nosotros esos “espíritus malignos” que quieren someternos y subyugarnos con su embriagadora luz, y el hacer uso de las “armas de Dios”, exige que nos pongamos en marcha. Y es el Espíritu que actúa en y con nosotros. ¿Dónde salir, pues, a su encuentro, se preguntarán? En la Palabra de Dios y en el cuerpo y la sangre de Cristo que cada domingo se abren como una semilla en nuestros corazones (aquellos donde reside la cordura y el sentido de misión): “En misa nos ponemos en pie para escuchar la palabra de Dios. Este ponernos en pie es como el gesto propio de una milicia que está a la espera de escuchar la palabra de aquel que es su capitán, como diría san Ignacio de Loyola, para salir al combate”.

Escrito el domingo de Pentecostés, mayo de 2026.

MASCULINIDAD TÓXICA para un mundo progre. Palestra cristiana. Nuevo libro


Virilidad Sacerdotal: Masculinidad, autoridad y paternidad - La Sacristía de La Vendée - 08-01-2026

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AFEMINADOS Y CALZONAZOS (DELICAGADOS) 
POR MARTÍN LÓPEZ CORREDOIRA 😍😚



sábado, 30 de mayo de 2026

LA CORONILLA DE LOS SIETE DOLORES DE MARÍA 💘 y LIBRO "SOBREVIVIR PARA CONTARLO": CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA por IMMACULÉE ILIBAGIZA


¿Qué es la Coronilla de los Siete Dolores de María?
💘
Conocida como el Rosario Servita o Rosario de los Siete Dolores, esta coronilla incluye siete grupos de siete cuentas separados por siete medallas que representan los siete dolores de María. En el año 1239, la Orden de los Siervos de la Santísima Virgen María, o servitas, decidieron dedicarse a los dolores de María, meditando especialmente esos siete dolores –siete es un número que indica plenitud-. Los servitas promovieron esta devoción particularmente en el siglo XIV durante la peste negra.
Durante el genocidio de Ruanda, en la década de 1980, Nuestra Señora de Kibeho, en una aparición reconocida por la Iglesia a tres muchachas adolescentes, recomendó fervientemente que se rezara la Coronilla de los Siete Dolores. Esta práctica puede servirnos de modelo para tiempos de pruebas personales o corporales.


EJERCICIO PIADOSO AL 
CORAZÓN DOLOROSO 
DE LA MADRE DE DIOS
💘
Por la señal de la Santa Cruz,+
De nuestros enemigos,+
Líbranos, Señor +

† En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus alabanzas.
Ven ¡Oh, Dios! en mi ayuda. Señor, date prisa en socorrerme.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quién eres y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el Sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.
Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de tu Pasión y Muerte, con los cuales Tú expiaste por mis pecados, ofreciendo un dolor tan grande e intenso que te hizo sudar Sangre, apiádate de mí.
Madre mía del Cielo, alcánzame de Jesús este suspirado perdón. Amén.

Oración de Invocación al Espíritu Santo 
(dictada el 28 de octubre de 2014)

Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.

Oración

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el Fuego de tu Amor.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado. R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

¡Oh, Dios! que iluminaste los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración al Divino Espíritu Santo 
(dictada el 15 de agosto de 2014)

Divino Esposo de María Santísima, mi Dios y Señor Espíritu Santo, enciende en cada alma el Fuego de un Nuevo Pentecostés, para que nos consagres como apóstoles del Corazón Doloroso e Inmaculado de María y apóstoles de los Últimos Tiempos, protege con tu sombra a la Iglesia católica, salva a las almas del mundo y realiza el reino Inflamado de amor de los Corazones Unidos de Jesús y María. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Oración de ofrecimiento

Dios Padre Tierno y Misericordioso, te ofrezco esta Santa Corona de los Dolores principales que, traspasaron al Corazón de María, nuestra Madre, para mayor Gloria tuya, y para venerar el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Corredentora de nuestras almas.
Fundido en tu Divino Querer, meditamos con su Doloroso e Inmaculado Corazón, sus Dolores Maternos y deseamos alcanzar el perdón de las culpas y una verdadera disposición para obtener las gracias de esta corona.
Por los Méritos de los Dolores Corredentores de Nuestra Señora, concédenos vivir la Santidad Divina y anunciar el Reinado Eucarístico del Sagrado Corazón de Jesús. Amén.
Por las Intenciones de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María, oramos:

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del maligno. Amén.

Ave María de los Últimos Tiempos:

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el Fruto de tu Vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Corredentora de las almas, ruega por nosotros pecadores, y derrama el efecto de Gracia de tu Llama de Amor, de tu Doloroso e Inmaculado Corazón, sobre toda la humanidad, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Primer Dolor- La aflicción que causó a su tierno corazón, la profecía del anciano Simeón.- Cuando le dijo: "una espada traspasará tu alma". (Avemaría)
Segundo Dolor- La angustia que padeció su sensibilísimo corazón, en la huida y permanencia en Egipto.- Porque Herodes quería matar al Niño. (Avemaría)
Tercer Dolor- Las congojas que experimentó su solícito corazón, en la pérdida de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Cuarto Dolor- La consternación que sintió su maternal corazón, al encontrar a su Hijo Jesús llevando la cruz a cuestas. (Avemaría)
Quinto Dolor- El martirio de su generoso corazón, asistiendo a su Hijo Jesús en la agonía. (Avemaría)
Sexto Dolor- La herida que sufrió su piadoso Corazón, en la lanzada que abrió el costado de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Séptimo Dolor- El desconsuelo y desamparo que padeció su amantísimo corazón, en la sepultura de su Hijo Jesús. (Avemaría)

Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima, para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Siete gracias, que la Santísima Virgen concede a las almas que le honran diariamente, meditando sus dolores, con el rezo de siete Avemarías. (Santa Brígida)

1. Pondré paz en sus familias.
2. Serán iluminadas en los Divinos Misterios.
3. Las consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
4. Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
5. Las defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de la vida.
6. Las asistiré visiblemente: en el momento de su muerte, verán el rostro de su Madre.
7. He conseguido de mi Divino Hijo: que, cuantos propaguen esta devoción, sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna- directamente, pues serán borrados todos sus pecados-, y mi Hijo y Yo seremos su eterna consolación y alegría.



“SOBREVIVIR PARA 
CONTARLO”: 
CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA.

LA HISTORIA DE IMMACULÉE ILIBAGIZA, 
FE CONTRA TODA ESPERANZA

Esta es la historia de una mujer que sobrevivió milagrosamente al genocidio de Ruanda ocurrido en 1994. Durante 91 interminables días Inmaculée Ilibagiza permaneció escondida junto a otras siete mujeres en silencio y sin apenas alimentarse mientras a su alrededor, cerca de un millón de personas, incluida casi toda su familia, morirían brutalmente asesinadas. Durante aquel calvario, Inmaculée no solo tuvo que luchar física y mentalmente para sobrevivir, también fue testigo de unos episodios más crueles de la historia de la humanidad. Sin embargo, toda esta maldad no arrastró a Inmaculée hacia el odio y el rencor. Gracias a su extraordinaria fortaleza, alimentada por una fe inquebrantable, pudo liberarse de su sufrimiento mediante una profunda transformación espiritual. (Extraído de la contraportada del libro).

Imaginaos que vivís en un entorno natural privilegiado, casi casi en el paraíso, que vuestra casa está rodeada de montañas verdes, lagos inmensos y animales exóticos. Imaginaos que pertenecéis a una comunidad de personas encantadoras; que vuestros vecinos y paisanos os quieren y os respetan, que tenéis la mejor familia que podéis tener y os sentís amadas y mimadas.  Imaginaos que de la noche a la mañana todo este mundo se desmorona y vuestra tierra verde y fructífera se baña de sangre. Imaginaos que vuestros amables vecinos os persiguen para acabar con vuestra vida sólo por ser más altas y espigadas que ellos ya que pertenecéis a otra tribu, que tenéis que huir solas sin saber dónde está vuestra familia; que un vecino, aunque con muchos reparos y recelos, os esconde junto con otras 7 mujeres y tenéis que permanecer durante 91 días todas juntas en silencio en un baño de apenas 1,5 metros cuadrados… 

Esta es la historia que vivió hace apenas 25 años la ruandesa Inmaculée Ilibagiza durante el genocidio que tuvo lugar en su país, Ruanda, y en el que casi un millón de personas incluidos niños y bebés murieron por la sinrazón del ser humano. Por pertener a la etnia tutsi fueron prácticamente masacrados por los hutus, la otra etnia del país. 

En el país de Inmaculée es costumbre que el padre elija el apellido de sus hijos en lugar del nombre. Ilibagiza, el apellido de nuestra protagonista, significa “resplandeciente y hermosa en cuerpo y alma” y creo que el padre de Inmaculée no pudo elegir un apellido mejor para su hija. Esta preciosa mujer, que ahora tiene 46 años tuvo que vivir con tan solo 22 una de las experiencias más terribles que puede tener un ser humano: la pérdida de sus padres y de dos de sus tres hermanos, la pérdida de su libertad, de su dignidad y el abandono. Toda su vida se desmoronó durante la Semana Santa de 1994. Ella vivió su propio calvario y una experiencia que cambiaría su vida para siempre. 

Cuando comenzó el genocidio ella estaba con sus padres pasando las vacaciones de Semana Santa. Estudiaba en la universidad, algo extraordinario para una chica tutsi (la etnia dominada por el gobierno hutu de ese momento), tenía novio, pertenecía a una familia cuyos padres eran profesores y sus hermanos universitarios. Su padre era muy respetado por sus vecinos, que acudían a él para pedir consejo o ayuda en sus necesidades, tanto materiales como espirituales. Eran católicos practicantes y aprendió de sus padres que no existen diferencias entre los seres humanos y que todos somos amados sin límite por nuestro Dios misericordioso. 

Tras la muerte del presidente hutu ruandés en un accidente de avión se dijo que dicho accidente había sido provocado por la resistencia tutsi y entonces comenzó el horror. Se lanzaron consignas a la población para aniquilar a los tutsis sin excepción. 

Cuando la situación se vuelve insostenible y la vida de sus hijos corre peligro extremo, Leonard, el padre de Inmaculée, la envía a pedir ayuda a un pastor protestante, vecino y amigo de la familia. Leonard le da entonces a su hija el mayor regalo que un padre puede hacer, le regala su rosario, que será el “arma” que Inmaculée va a emplear en su guerra particular. 

Sobrevivir para contarlo es un libro bellísimo y estremecedor, un testimonio impresionante sobre las consecuencias del pecado y del odio en el ser humano y sobre la misericordia infinita de Dios en medio de un mundo destruido. Inmaculée fue salvada por Dios de la muerte para mostrarnos que el perdón es el único camino para alcanzar la paz. 

Durante los 91 días que permaneció entre las cuatro paredes de aquel minúsculo cuarto de baño junto con otras 7 mujeres, Inmaculée supo lo que es la tristeza, la desolación, la desesperanza y la tentación. Supo lo que son las privaciones físicas extremas: salió de allí pesando apenas 38 kilos, sin lavarse, sin poder levantarse, ni tumbarse, ni siquiera sentarse debidamente, sin tener ni un solo minuto de intimidad, ni siquiera podían hablar ya que corrían el peligro de ser descubiertas. Allí pudo intuir que nunca más vería a sus padres ni a dos de sus hermanos (el mayor estaba fuera del país). Ante esta situación nos imaginamos que el odio anidaría en su corazón, sin embargo, Dios escribe recto con renglones torcidos. Inmaculée venció a fuerza de rezar: ella representa a la virgen prudente de la parábola, que está en vela toda la noche a la espera del novio. El rosario de su padre y una Biblia que le dejó el pastor que las refugiaba fueron sus armas. Su vida se convirtió en una oración constante y así pudo salir victoriosa de aquella situación terrible que Dios permitió que vivieran algunos seres humanos. Dios nunca la abandonó, le ofreció consuelo cuando lo necesitaba, le fue poniendo señales en su camino de sufrimiento; incluso en el silencio, Inmaculée encontró la respuesta. Dios la privó de todo para darle todo, aunque para los ojos del ser humano sea algo incomprensible. Sólo con los ojos de la fe puede entenderse la experiencia de la protagonista y cómo el perdón de los asesinos es su propia salvación. 

Os aconsejo que leáis este libro despacio, meditando incluso algunos de sus fragmentos. Todo él está impregnado de la sencillez y la bondad de su protagonista que acabó perdonando personalmente a los asesinos de sus padres y hermanos.  También os aconsejo que leáis y releáis la carta de Damascene, el hermano más amado de Inmaculée antes de morir; es verdaderamente el testimonio de un mártir. 

Para terminar, me ha llamado la atención especialmente cómo parece que Inmaculée tiene una cierta candidez a la hora de contar su historia, pero es que estoy segura de que vive las palabras del Señor en el Evangelio: “Si no os hacéis y os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. 
Creo que nuestra heroína se ha hecho una niña que vive con la confianza puesta en su Señor que la salvó de la muerte. 

Un genocidio puede definirse como la aniquilación sistemática y deliberada de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos. Durante el siglo XX ocurrieron al menos tres genocidios que superaron el millón de muertos. Los dos primeros son muy conocidos: el padecido por el pueblo armenio por parte de los turcos y el genocidio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío. 
El tercero es el más reciente e ignorado: el ocurrido en Ruanda, donde la mayoría hutu decidió exterminar a la minoría tutsi en una horrorosa muestra de odio colectivo impulsado por las autoridades.

Ruanda es una nación africana ubicada en el centro este de África. Durante siglos, una monarquía tutsi había mantenido la paz colectiva, hasta que la intervención belga abrió la grieta entre las etnias. En 1962, con el apoyo de esa nación europea y tras sangrientas revueltas, los hutus tomaron el poder. Los asesinatos masivos de tutsis se hicieron comunes. En 1994, tras el asesinato del presidente hutu Juvénal Habyarimana, el nuevo gobierno se radicalizó promoviendo la completa destrucción de la etnia tutsi, incluyendo el asesinato de todos sus niños, mediante grupos paramilitares. En solo 100 días se estima que murieron 800,000 tutsis y casi todas las mujeres sobrevivientes fueron violadas.

EL LIBRO

“Sobrevivir para contarlo”, prologado por Wayne Dyer, autor del best seller “Tus zonas erróneas”, es el relato en primera persona de Immaculée Ilibagiza, una joven tutsi que repentinamente se encontró inmersa en una de las cacerías humanas más terribles de la Historia. Vivió escondida en un baño junto a otras cinco mujeres durante 91 días. Solo para simbolizar las calamidades padecidas durante esos sangrientos meses, uno de sus hermanos fue muerto a machetazos por una horda hutu; uno de los asesinos se jactó de haberle partido el cráneo para ver cómo era el cerebro de alguien con una maestría.

Sin embargo, el testimonio de Immaculée no persigue efectos lacrimógenos. Todo lo contrario. Es una historia de esperanza, tal como ella misma subtituló el libro: “Cómo descubrí a Dios en medio del holocausto”. Su fe la llevó a sobrevivir durante la tragedia apoyada en la oración, luego a perdonar a los genocidas y finalmente a reconstruir una vida reducida a escombros. La autora describe dos viajes: el que contempla impotente las atrocidades cometidas contra su etnia incluso por aquellos que creía sus amigos, y el que realiza hacia dentro de sí misma, donde escudriña en profundidad sus propios sentimientos.

El libro escrito con la ayuda experta de Steve Erwin puede ser leído por cualquier persona. Su lenguaje es sencillo y directo. Además, por su contenido, puede adscribirse a otros conmovedores relatos testimoniales como “Ni reír ni llorar” de Abrahan Hartunian y “Hayrig” de Eduardo Bedrossian sobre el genocidio armenio y “He sobrevivido para contarlo” de Tadeusz Sobolewicz, “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl y “La niña que miraba los trenes partir” de Ruperto Long sobre el genocidio nazi.

EL PERDÓN

Los genocidios revelan el infinito sadismo que una persona puede tener sobre otra cuando el odio gobierna sus acciones, pero los líderes que la impulsan no actúan por emociones sino por conveniencia: demonizan al grupo que pretenden destruir, castigan a quienes asumen una posición tibia como si fueran cómplices de los perseguidos, incentivan a los perseguidores ofreciéndoles las propiedades de los perseguidos y alimentan la brutalidad con una propaganda ruidosa, monopólica y monolítica.

Hitler decía que la compasión era una debilidad cristiana. Immaculée Ilibagiza nos demuestra que es quizás la mayor virtud.



Defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas.
San Gabriel de la Dolorosa, el santo de la sonrisa, defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas. “Así lo quiere Dios, así lo quiero yo”, decía con decisión. En el siglo Francesco Possenti (1838-1862), undécimo de 13 hijos, nació en Asís en una familia acomodada que en 1841 se trasladó a Spoleto. Perdió a su madre con cuatro años, un luto que marcó su camino espiritual. Cada vez que el pequeño buscaba a su madre, le respondían señalando con el índice hacia arriba: “Tu mamá está allí arriba”. En su habitación tenía una estatua de la Dolorosa sosteniendo en sus brazos a su Hijo muerto, y cuando preguntaba donde estaba la Virgen la respuesta era la misma: “Allí arriba”. De este modo creció en él una tierna devoción hacia la Virgen, alimentada por el Rosario, que recitaba de rodillas junto a su padre.

Realizó sus estudios con brillantes resultados en la escuela de los Hermanos de La Salle y, después, en los Jesuitas, demostrando una inclinación especial hacia las materiales literarias. En la escuela destacaba, se vestía con elegancia, iba a cazar, al teatro, le gustaba bailar. Nunca abandonó las prácticas cristianas, ni siquiera cuando era un adolescente. Se preocupaba mucho por el sufrimiento de los pobres y la oración. En esos años vio morir a dos de sus hermanos. También él enfermó, y prometió hacerse religioso si se curaba. Se curó, pero el interés que sentía hacia una joven de su edad le hizo dudar de su vocación, una pregunta que se hizo más profunda en 1855, cuando su amada hermana María Luisa murió repentinamente. El cambio llegó al año siguiente, el 22 de agosto, durante la procesión en la octava de la Asunción. El joven, de rodillas cuando pasaba la Virgen, tuvo una clara locución interior: “Francisco, ¿qué haces en el mundo? No estás hecho para el mundo. Sigue tu vocación”.

El 21 de septiembre, Francisco, que entonces tenía 18 años, vistió el hábito de los pasionistas en Morrovalle (a poca distancia de Loreto) con el nombre de Gabriel de la Virgen de los Dolores (o de la Dolorosa). Vivió su noviciado en la observancia de la regla de la Orden fundada por san Pablo de la Cruz, entre penitencias y oraciones por los bienes eternos y del prójimo. Un año más tarde pronunció el voto típico de los Pasionistas, es decir, difundir la devoción a Cristo Crucificado. Meditando intensamente sobre la Pasión de Jesús y el vínculo místico entre los dolores del Hijo y los de la Madre (la cual “nos alumbró en el Calvario” uniendo sus sufrimientos a los de nuestro Redentor y regenerándonos como hijos suyos), hizo voto también de difundir la devoción a la Virgen de los Dolores, a la que el santo llamó en varias ocasiones en sus cartas “nuestra Corredentora”, un título que podría ser objeto de un futuro quinto dogma mariano, reconociendo la misión especial de María al colaborar, como afirma la constitución conciliar Lumen Gentium, “a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él” (n. 56).

San Gabriel, que recitaba cada día la corona de los Siete Dolores de María, ofrecía continuos sacrificios, también pequeños (renunciar a una comodidad, una palabra inútil, un acto de vanagloria, etc.). A su padre, no convencido de su vocación, le escribía: “Mi vida está realmente llena de felicidad. Padre, te ruego que creas en tu hijo, que te habla con el corazón en la mano: no cambiaría un cuarto de hora de estar ante nuestra consoladora y nuestra esperanza, la Santísima Virgen María, con un año, o el tiempo que consideres, de espectáculos y diversiones del mundo”. Cuando su padre enfermó, lo exhortó a ofrecer su enfermedad a Dios y que meditara sobre ella, no según el mundo, sino con la ayuda de buenos libros sobre el amor de Jesús y María. “Conversar con Jesús y María te consolará, te dará fuerzas, te ayudará”.

Durante sus seis años de vida religiosa tuvo como padre espiritual al venerable Norberto Cassinelli (1829-1911), que siempre estuvo unido a san Gabriel y asistió a su beatificación. Con él y otros clérigos se mudó en 1859 a Isola del Gran Sasso, en los Abruzos, donde dos años más tarde aparecieron los primeros síntomas de tuberculosis. En la última fase de la enfermedad, dado que temía que el demonio pudiera tentarlo suscitando en él el orgullo, pidió a su confesor que destruyera el diario, en el que había relatado las gracias que la había concedido la Madre celeste, que le visitó por última vez en el momento de su muerte, a primeras horas del día 27 de febrero de 1862. Hacia finales del siglo XIX, una gran mística ahondará en su propia espiritualidad pasionista tras haber leído la vida de san Gabriel, que se le apareció en varias ocasiones y que rezó por ella: santa Gema Galgani.

ELIGE: La MARCA de los SIETE DOLORES de MARÍA o La MARCA de la BESTIA. ARTURO PERIODISTA CATÓLICO

Estamos entrando en los últimos años antes de la venida de Jesús en el juicio de las naciones al final de la Semana 70 de Daniel que nosotros esperamos comience en noviembre de 2028. Así que menos de 10 años para que todo el universo sea juzgado. Pero ese juicio viene precedido por dos juicios previos del mismo Día, dos momentos que llamamos gran aviso y rescate parusíaco. 
Ahora estamos en la recta final hacia el gran aviso, y es vital no descuidarse. Porque varía mucho recibir la iluminación de conciencias en gracia y no en pecado; y si estás en gracia en la vía iluminativa recibirás el segundo pentecostés, cosa que no ocurrirá en la vía purgativa. Así que toca prepararse haciendo un último esfuerzo. 
El septenio que inauguró Prevost el 8 de mayo de 2025 culminará en mayo de 2032 acabando con la transustanciación o presencia real de Cristo en la Eucaristía. 
La batalla final, la prueba final, no es ninguna tontería. Es algo muy serio y en este video te damos las claves para poder empezar a superarla. 
Con este video iniciamos una serie de videos encaminados precisamente a que tengamos un kit de protección y guía espiritual serio y que nos pueda blindar. 
El Chaleco espiritual: Santo Rosario, Coronilla Siete Dolores, Vía iluminativa (5 piedras) La Coronilla de los Siete Dolores es un movimiento magistral. Es una devoción que no es solo "piedad", es una herramienta de resistencia para lo que viene: 
“Madre de dolor llena, graba en mi corazón tu inmensa pena” Enfocándolos en la "última prueba" de la Iglesia: 
El antecedente histórico: Los Servitas (Siglo XIII) Muchos creen que esto empezó en Kibeho, pero la Virgen fue a rescatar una tradición antigua. Origen: 
En 1233, siete comerciantes de Florencia (los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Servitas) se retiraron al Monte Senario. La Virgen se les apareció, les entregó el hábito negro y les pidió que meditaran sus dolores. Adoptó el culto a la Virgen Dolorosa en 1239, el “rosario servita”. 
El "arma" olvidada: Con el tiempo, esta devoción quedó relegada a los conventos. En Kibeho, la Virgen dice claramente que "el mundo está mal" y que necesita que esta devoción vuelva al pueblo llano para detener la apostasía. Kibeho: 
El mensaje para la "Última Prueba" Kibeho (Ruanda, 1981) es la única aparición en África aprobada por la Iglesia y tiene un tono marcadamente escatológico. La advertencia: La Virgen le dijo a la vidente Marie-Claire: 
"Lo que os pido no es solo para Ruanda o para África, es para el mundo entero". 
El propósito: La Coronilla de los Dolores se presenta como una clave de conversión profunda. No es una oración de "pedir cosas", sino de "sentir con Ella". La Virgen advirtió que el amor se ha enfriado y que la meditación de sus dolores ablanda los corazones de piedra. Es la preparación para mantenerse firme cuando la fe sea perseguida. 
Las Promesas (El "Escudo" del devoto) Santa Brígida de Suecia recibió de la Virgen siete promesas para quienes mediten diariamente sus dolores (y aquí tienes material de oro para el programa): 
1. Paz en sus familias. 
2. Iluminación sobre los Divinos Misterios. 
3. Consuelo en sus penas y compañía en sus trabajos. 
4. Concederá cuanto le pidan, siempre que no se oponga a la voluntad de Dios o la salvación de sus almas. 
5. Defensa en los combates espirituales contra el enemigo. 
6. Asistencia en el momento de la muerte (verán el rostro de su Madre). 
7. Gracia especial de arrepentimiento: Aquellos que propaguen esta devoción serán trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente por Ella, pues sus pecados serán borrados. 
Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos. Amén.
Arturo Periodista Católico: LA MASA OFICIAL

Con motivo de la visita de León XIV a España para estar 6 días, llegando el día 6 del mes 6, su maquinaria incansable de propaganda y marketing ha hecho un himno oficial titulado "ALZA LA MIRADA" y, como dice al respecto el artículo de Infovaticana:
Entre acordes previsibles y letra calculada, aparece el motivo central: “los que cruzan el mar buscando un hogar”. No es un detalle. Es el eje.
Nada se dice, en cambio, de los que ya están aquí. De los que no cruzan mares porque nacieron en esta tierra y ven, año tras año, cómo su entorno se transforma sin que nadie les pregunte. De los barrios donde la convivencia ha dejado de ser un hecho para convertirse en un experimento fallido. De las calles donde la inseguridad ya no es percepción, sino estadística. De los comerciantes que bajan la persiana antes de tiempo. De las mujeres que cambian de acera. De los niños que dejan de jugar donde antes jugaban.
El himno no los menciona. No existen.
La Iglesia española ha decidido mirar en una sola dirección. Y lo hace justo antes de una visita papal que, a juzgar por este adelanto, no vendrá a confirmar a los fieles en medio de sus dificultades concretas, sino a reiterar un mensaje ya conocido, ya repetido, ya asumido como dogma sociopolítico: la prioridad absoluta del migrante, convertido en símbolo moral incuestionable".

Estaría bien que de una vez despertara Infovaticana y entendiera que no estamos ante un papa, que el último papa canónico fue Benedicto XVI, el katejon del papado, a quien pedimos su intercesión para que proteja a España ante la inminencia de este viaje que desatará catástrofes y nada bueno para España.
Ante el himno oficial "Alzo la mirada", nuestra canción respuesta de la que te dejo la letra y música en el vídeo, para describir y denunciar la cruda realidad que padecemos en este Sábado Santo de la Iglesia:

Alzo la mirada por encima de la masa,
alzo la mirada más allá de lo oficial,
y me encuentro solo,
y no entiendo nada,
cómo es posible tanto ciego y tanta nada.
Alzo la mirada más allá de lo oficial,
alzo la mirada y ya nada es igual.
Todo es un engaño, una mala noche,
en una posada dominada por extraños.
Alzo la mirada y encuentro a un impostor,
es un lobo cruel que desgarra con dolor.
caballo de Troya para ser un destructor,
todos lo consienten, ya no saben qué es amor.
Alzo la mirada digo basta, conmigo no.
No me arrastrarán al falso Cristo, falso Señor.
Falso evangelio, falsa agenda y falso Dios,
falso seguimiento que acaba en el sheol.
Alzo la mirada y entiendo que todo está aquí,
gran apostasía con descaro ante mí.
Quiero liberarme de este trago que sabe a hiel,
el Señor me dice que ya viene, que sea fiel.
Digo no a los impostores, digo sí a la Señora,
digo no a los cobardes, mi esperanza es un amén,
la verdad no negociable que no pasa,
que ya llega pronto el amo a su casa.
Alzo la mirada y espero en ti Señor,
en este mundo apóstata que deforma la verdad,
el Señor está viniendo, el Señor reinará,
reinará el Señor, la Verdad nos liberará.



Libro Sobrevivir Para Contarlo (1) by alejandra