EL Rincón de Yanka

inicio








domingo, 26 de marzo de 2017

📗 EL PODER TRANSFORMADOR DE LA PALABRA: Teología del Camino de Juan Mackay

📗 EL PODER TRANSFORMADOR DE LA PALABRA 
Teología del Camino de Juan Mackay
El Camino es el símbolo de una experiencia inmediata de la realidad, en que el pensamiento, engendrado por un serio y vivo interés, genera a su vez la decisión y la acción.


Dadme amor para el camino:

 poco importa si el sendero 
se nos hunde en negro valle 
o se nos hace desierto. 
No si el hogar está frío, 
ni si el hogar está lejos, 
ni si el hogar está pobre; 
llegaré pronto y contengo. 
Cruzados ya sus umbrales 
nada echaré de menos. 

 Dadme amor para el camino: 
llegaré pronto y contento. 
El amor será una brasa 
y el amor hará un recuerdo feliz 
de cada jornada 
y de cada sufrimiento. 
El amor se hará una vida, 
un latir puro e intenso. 
El amor se hará riqueza 
y el hogar humilde ¡un cielo! 
Dadme amor para el camino, 
llegaré pronto y contento y nada, 
el umbral cruzado, 
¡nada echaré de menos! 

 Mariano San León Herreras


👉
SIGUE EL CAMINO
👈

Sigue el camino, tortuoso o recto, 
que Dios te ha señalado. 
Pase lo que pase, no lo abandones, 
porque es el tuyo. 
Lánzate audaz y alegremente, 
y cuando tropieces con la única aventura, 
el don total de Dios, 
acéptala. 
Solo Dios cuenta. 
Solo su luz y su amor 
pueden colmar nuestro pobre corazón, 
demasiado grande para el mundo que lo rodea.


"¿Cómo releer a Mackay desde nuestra Latinoamérica y nuestra España de hoy? ¿Qué significa encontrarse con ese hombre, no desde el balcón del espectador de esa historia sino en el camino común que él anduvo y en el que nosotros andamos hoy, mucho más de medio siglo después?".

Teología del Camino Mackay es llamado 'el teólogo del Camino' por quienes han leído su libro Prefacio a la teología (1943), obra que contiene la esencia de las conferencias Sprunt que él impartió en el Seminario Unido de Richmond (Virginia), el año 1940. En Una palabra del autor, escrita al inicio del libro, señala: "Lo que aquí se ofrece no es, en ningún sentido, una introducción a la Teología; mucho menos un texto elemental o un manual de nociones teológicas. Es simplemente lo que dice ser, prefacio, una palabra preliminar a la discusión teológica, un vistazo a las fronteras entre la teología y la religión. En estos capítulos se cristalizan una serie de reflexiones sobre cuestiones religiosas y teológicas que el que esto escribe considera de importancia. Al trasladarlas al papel, trata el autor de hacer lo mismo que ensayó al pronunciar oralmente las conferencias, o sea, dirigirse al lector inteligente ordinario, así fuere ministro o laico, más bien que al teólogo técnico. Pero ha procurado, no obstante, tratar materias que no son tanto rudimentarias como elementales, y que la teología debe tomar en consideración".

Los que han leído el libro comentan que en el mismo Mackay realiza una ampliación de la narración del camino a Emaús, después de la Resurrección, con la figura del balcón. Dice: "Lo que más necesitamos en este momento no es una defensa de la religión, del cristianismo o de la Iglesia cristiana. Lo que los hombres anhelan es que el pensamiento se convierta en un medio a través del cual ellos puedan escuchar Una Voz que venga del más allá, que les ayude a percibir el perfil de un Rostro... La única respuesta adecuada a este anhelo es la Revelación...". Según Mackay, esa Voz y ese Rostro se revelan en el Camino y no desde la contemplación desde el balcón. Para Mackay, "El balcón —esa pequeña plataforma de madera o piedra, que sobresale de la fachada, en las ventanas altas de las casas españolas e iberoamericanas— es el lugar en que la familia puede reunirse al atardecer o por la noche, para contemplar, a guisa de espectadores, todo lo que pasa allá abajo en la calle, o para ver la puesta del sol, o para extasiarse ante las estrellas de lo alto. Concebido así, el Balcón es el punto de vista clásico, y, por tanto, el símbolo, del espectador perfecto, para quien la vida y el universo son objetos permanentes de estudio y contemplación. No es necesario, en el sentido en que aquí usamos el término, que el Balcón esté fijo en un sitio.

Un hombre puede vivir una existencia permanentemente balconizada, aun cuando tenga físicamente la ubicuidad de un trotamundos. Porque el Balcón significa una inmovilidad del alma, que puede coexistir". (Prefacio a la teología cristiana) El balcón era el símbolo del espectador, para el que todo alrededor es objeto solamente de contemplación. Así Mackay se refiere a esta forma como una tentación para el pensador y misionero cristiano, de situarse en esta posición de contemplar y analizar los males de abajo. Dice Mackay: "En la esfera religiosa, los representantes clásicos de la actitud del Balcón hacia Dios y la vida, son los fariseos de la época de Jesús. Aquellos hombres conocían a Dios y al hombre desde el desapego de sus perchas del Balcón. Glorificaban el conocimiento religioso a costa de la acción moral. Hacían de la práctica de los ritos el substituto de la adhesión personal a Dios. Por otra parte, su Dios era un Potentado indiferente, balconizado, que se interesaba solamente en un grupo humano selecto y que se mantenía en total indiferencia hacia las necesidades de quienes carecían de conocimientos, carácter y condición social. Y los fariseos eran como su Dios: no se interesaban en los hombres, sino solamente en los problemas acerca de los hombres. No estaban llenos de compasión por los ciegos, ni se alegraban cuando los ojos que no podían ver recibían curación. Los ciegos les interesaban sólo en calidad de problemas teológicos:

¿Qué relación había entre el pecado de un hombre y su ceguera? ¡Y qué incalificable ultraje les parecía el efectuar la curación de los ojos sin vista, en un día en que estaba prohibido trabajar!". (Prefacio...) "Con el camino se busca un fin, se corre el riesgo, se derrama a cada paso la vida". Es el lugar de la vida real... Pero también dice que no se interpreta el Camino solo desde una perspectiva material; muchas personas que transitan por él jamás han viajado muy lejos de su escritorio o de su púlpito, su clínica del hospital o de su banco de carpintería, pero sí han atravesado lejos en el Camino de su vida". Dice: "El camino a Emmaús es el camino de nuestros tiempos... Nosotros también, como aquellos discípulos, habíamos soñado con una nueva edad, al igual que ellos hemos saboreado la amargura de la desilusión. La cristiandad ha sufrido una desintegración. Millones de nuestros compañeros de camino se han separado de Cristo, de la civilización cristiana y de las esperanzas cristianas. Una época ha llegado a su fin. Nuestro camino es el mismo del Camino a Emmaús. Un estado de tranquila desesperación ha llegado a dominar nuestro espíritu. Y por eso la teología tiene una tarea, la de devolver el sentido a la vida, la de restaurar los cimientos sobre los cuales se pueden construir toda vida verdadera y pensamientos verdaderos". (Prefacio...)

"El Camino es el símbolo de una experiencia inmediata de la realidad, en que el pensamiento, engendrado por un serio y vivo interés, genera a su vez la decisión y la acción. Cuando un hombre hace frente al reto de la existencia, con toda resolución y valentía, surge en él un interés vital. Se pregunta desde luego: ¿Qué debo hacer? Está ansioso de saber, no tanto lo que las cosas son en su esencia última, como lo que son y deben ser en su existencia concreta. Hace, con toda insistencia, preguntas como éstas: ¿Cómo puedo ser lo que debo ser? ¿Cómo puedo conocer a Dios? ¿Cómo puedo relacionarme con el propósito del universo? ¿Cómo puede establecerse un orden mejor que el que hoy existe?". (Prefacio...) 

"La pasión que conduce al caminante a un verdadero conocimiento de las cosas últimas, es la pasión por la justicia divina. El interés por el Reino de Dios, y la adhesión completa a él, esto es, a la soberanía de Dios en la vida personal, y en la vida del género humano, constituye esa actitud del hombre que lo pone cara a cara con lo que es, final y definitivamente, real en el universo. Aceptar la soberanía de Dios sobre toda la vida es la necesaria condición previa para conocer a Dios y la vida. Este interés profundo por la justicia divina está estrechamente vinculado, en la experiencia de los caminantes del camino de la vida, con una profunda conciencia de pecado, la cual falta por completo en aquellos que van en pos de una justicia puramente humana. A su debido tiempo, todo auténtico peregrino que "tiene hambre y sed de justicia" encuentra "su verdad", la cual se le demostrará válida como verdad por cuanto, además de que le interpreta la realidad, creará realidad en él. Será su verdad, en la misma forma personal en que puede particularizar y decir al Dios Eterno: "Tú eres mi Dios". Tal hombre se interesará más que nunca en conocer y comprender su mundo, y concederá lugar a la vida contemplativa. [...]". (Prefacio...)

Nos comenta John Sinclair que "con estas dos figuras literarias Mackay nos señalaba una pauta para una misiología comprometida y participativa. La Iglesia es un compañerismo de los que viven sobre el Camino y no una compañía de observadores que pasan la vida lamentando los tristes sucesos de la vida desde la seguridad del balcón... La obra de Dios se hace solamente sobre el Camino, junto con el Cristo resucitado. Por eso, en interés del cristianismo dice Mackay lo siguiente: "El teólogo cristiano, digno de tal nombre, debe combinar el papel y cualidades del profesor con los del apóstol. En él, el testimonio, el pensamiento y la acción cristianos deben ser una sola cosa, como lo fueron en San Pablo, como lo fueron en Martín Lutero. Al presente, la teología cristiana tiene un papel misionero que desempeñar, tal como no se ha vuelto a requerir desde que los pensadores cristianos primitivos superaron con la fuerza de su pensamiento el mundo pagano. Hubo un tiempo en que así el pensamiento como la acción, en la sociedad secular, estaban fundamentalmente determinados por conceptos cristianos. Siendo eso así, la teología podía entonces seguir, sin que por ello la vida perdiera algo, un curso puramente técnico, escolástico y sectario. Pero cuando las cosas que, durante tantos siglos, se aceptaban sin réplica, empiezan a ponerse a discusión, cuando amenaza la desintegración total, cuando emergen teologías seculares, entonces la teología cristiana asume un nuevo y misionero papel.

'Hoy', como dice F. R. Barry, 'la iniciativa intelectual está pasando a la teología cristiana'. Pero si esta iniciativa ha de tomarse con toda dignidad, la teología debe abandonar su aislamiento; debe también alzarse por encima de las dificultades que obedecen a luchas de familia. Sin embargo, para que tal cosa se realice, es menester que los seminarios teológicos sean centros de pensamiento profético. En recientes generaciones, los seminarios de los Estados Unidos han sido de dos clases principales. Una es la del seminario interesado exclusivamente en descomponer la luz blanca de la revelación en las facetas que la constituyen, y que ha tenido poco o ningún interés en los problemas humanos de nuestros días ni ha mostrado la importancia de la verdad divina, con referencia a la situación en que los hombres viven y se mueven. La otra clase de seminario es la del que ha estado interesado, más o menos exclusivamente, en el problema de lo horizontal, es decir, los problemas de la vida humana en sociedad. En sus salones de clase, el pensamiento teológico no se ha fundado en la revelación divina. La teología ha sido en ellos poco más que un simple departamento de la sociología. Lo que necesitamos hoy es una unión de estos dos tipos. El énfasis vertical y el horizontal deben coincidir en una misión profética al mundo de nuestros tiempos; lo eterno debe apelar a lo temporal.

Dios necesita HOMBRES, no criaturas llenas de frases rimbombantes y pegajosas. Pide podencos cuya nariz se hunda profundamente en el Ahora, y en él olfateen la Eternidad. Y si ésta estuviere demasiado enterrada, rasquen furiosamente y excaven hasta dar con el Mañana. Así que 'la teología, los teólogos y los seminarios teológicos tienen que ser misioneros. Hoy la Iglesia Cristiana no tiene tarea más importante que la teológica. La mente tiene que estar iluminada y sus corazones encendidos. De otra manera nos enfrentaremos con una parálisis total del esfuerzo cristiano. Pero el teólogo que logra producir una mente iluminada y un corazón ardiente, es aquél que ha recorrido el mismo Camino de Emmaús y allí, a la luz del crepúsculo, se ha encontrado con el Otro. En aquella Persona, el pensamiento y la acción cristiana serán una sola cosa. Obrará como hombre de pensamiento y pensará como hombre de acción". (Prefacio a la teología cristiana) "Sólo pueden, por tanto, llegar a conocer las más hondas verdades acerca de la realidad, aquellas personas que partan de un profundo interés con respecto a la vida, y que estén dispuestas a adherirse irrevocablemente a las consecuencias plenas de la verdad que satisface dicho interés.

Esas personas no piensan teóricamente sobre el problema del universo, como si ellas mismas no fueran parte del problema. Tampoco menosprecian el hecho de que la respuesta que ellos den a la verdad que apela a su conciencia, será parte de la solución total. Esto no quiere decir que todo interés sea del mismo valor ni que toda adhesión sea igualmente válida. Pero sí significa, sin embargo, que no puede haber conocimiento verdadero de las cosas últimas, es decir, de Dios y el hombre, del deber y el destino, que no haya nacido de un serio interés y se haya perfeccionado en una entrega y adhesión; lo cual equivale a decir que la verdad religiosa se obtiene solamente en el Camino. Este asunto se aclarare todavía más si hago referencia ahora a un hombre cuyo pensamiento y vida constituyen la mejor ilustración del método del Balcón. Aludo a Soeren Kierkegaard, el gran pensador danés, cuya influencia está produciendo un renacimiento de la genuina teología cristiana.

Kierkegaard puede considerarse como el pensador representativo de nuestro tiempo, como el hombre que se encaró con nuestros problemas y sufrió vicariamente por nosotros, en un abismo de miseria, hace más de cien años, en una época en que Hegel proclamaba en Berlín que 'lo racional es lo real y lo real es lo racional'. Como Dostoievsky, Kierkegaard sondeó insondables profundidades de angustia, y, al igual que el gran ruso, forjó en el dolor instrumentos que nuestra generación encuentra más adecuados que cualquier otro, para interpretar su experiencia y orientar su rumbo en la actual crisis de la civilización". (Prefacio a la teología...) Me gustaría añadir unas líneas sobre lo que dice Samuel Escobar acerca de la reflexión teológica de Mackay: "En sus abundantes escritos como teólogo y periodista Mackay iluminaba los hechos de la vida diaria con la luz de la verdad bíblica. 'Relacionándose con las realidades de la vida —decía Mackay— para las muchedumbres agitadas, para quienes viven inmersos en la diaria lucha por la vida, y para los viajeros y peregrinos en su marcha constante, la teología debe reinterpretar el sentido de su existencia y la esperanza de su salvación'.

La reflexión teológica de Mackay siempre se mantuvo atenta al torbellino de las corrientes teológicas de nuestro siglo y fue movida por un impulso misionero lanzado siempre hacia el futuro. Su discurso, sin embargo, conservó de su raíz Reformada un sentido de maravilla, solemnidad y devoción cuando se refería a Dios. El lema de su escuela en Aberdeen fue el que Mackay adoptó para el Colegio Anglo-Peruano en Lima: Initium Sapientiae Timor Domini (Pr. 1.7). Ese temor de Dios fue el principio de su sabiduría. Para él cuando la teología era fiel a su sentido esencial, venía a ser una doctrina acerca de Dios que se empieza y se prosigue a la luz de Dios mismo. Su teología era decididamente trinitaria y soteriológica. La teología de Mackay estaba íntimamente relacionada con su experiencia espiritual, porque para él más que una abstracción o una teoría, el meollo de la realidad es un encuentro concreto y creativo entre Dios y el ser humano... un encuentro en el cual Dios toma la iniciativa y que deviene para el ser humano una experiencia transformadora que cambia su vida, ilumina su pensamiento y moldea su destino". (Cierro cita de Escobar) Mackay afirmaba que Cristo invitaba a personas, no a instituciones y organismos, para entrar en un compañerismo de compromiso y obediencia. Para él la doctrina de la Iglesia tenía como sustento la afirmación:

'Donde está Cristo, allí está la Iglesia'. Como afirman algunos estudiosos de su pensamiento y obra, su actitud reflejaba una teología de compromiso y de participación; estaba siempre dispuesto a solidarizarse con los sufrientes de su entorno, además de implicarse en diversos colectivos que fomentaban la reconciliación y la pacificación. Como señala R. Gutiérrez: "La reflexión que Mackay practicó en Latinoamérica fue la teología encarnacional de compromiso social, consideró América Latina como tierra suya; es por ello que su compromiso y su misión alcanzaron un arraigo muy fuerte en la juventud académica de este continente al inicio del siglo XX. El espíritu de lucha por una causa justa lo heredó de su maestro Unamuno, pero los principios morales, éticos, y el compromiso social los recibió de Jesucristo". Y agrega que "este espíritu de humanidad que tuvieron tanto Mackay como Unamuno fue heredado de la corriente mística de España y muy especialmente de Teresa de Jesús. Una enamorada de Cristo y una gran luchadora por las causas justas". A estos místicos españoles Mackay les dedica unas páginas de su libro El otro Cristo español.

Teología de compromiso social que reflejó en la búsqueda de la justicia social, la libertad religiosa, la separación entre iglesia y Estado, lo cual lo llevó a activarse más allá de lo que eran sus actividades pastorales. Se unió a colectivos que defendían los derechos humanos, a los marginados y sufrientes, la democracia... Como dice de él Paul Lehman: "John Mackay canalizó su celo protestante de proclamar el evangelio por el mundo por medio de una profunda pasión por la justicia social y lo hizo sin perder la perspectiva protestante". También en su biografía Sinclair señala que Mackay considera al cristiano como 'una persona fronteriza' o de frontera. Que no puede vivir en un mundo religioso privado... En la esfera vocacional, los cristianos se deben mover siempre en las fronteras del orden natural, que son la esfera doméstica del hogar, la esfera de la vida pública y de negocios. En su vida de 'frontera' los cristianos son llamados a ocupar y a evangelizar todos los espacios desocupados en el mundo y en la vida vocacional de la humanidad. A ellos se les llama a confrontar el reino hostil de los 'principados y potestades' que trata de demorar la llegada del Orden de Dios y su Reino".

"Para Mackay, dice, la Iglesia es verdaderamente Iglesia cuando vive como peregrina sobre el camino del propósito redentor de Dios, siempre acampando y extendiéndose sobre los límites escabrosos del Reino. Aunque la Iglesia se proclama como la institución más venerable y sea el orgullo de una nación, cultura y época, la Iglesia puede estar muerta cuando el espíritu del pionero desaparece de su visión y el desafío de la aventura con Dios no la despierta más, entonces la Iglesia ha dejado su razón de ser". 

"La aventura de fe para Mackay era el avanzar a tierras desconocidas, cruzando el abismo del peligro entre las comodidades de un mundo seguro y familiar a un terreno donde se somete a prueba nuestra fe". Continuaremos mostrando algunas pinceladas sobre el pensamiento y obra de Juan Mackay.


Peregrinos - PapelMaché


sábado, 25 de marzo de 2017

LOS HOMBRES HAN OLVIDADO A DIOS: ALEXANDER SOLZHENITSYN



"Los hombres han olvidado a Dios"

“¡Qué fácil es para mí el vivir contigo Señor! 
¡Qué fácil es creer en Ti! 
Cuando mis pensamientos retroceden 

con desconcierto o se debilitan, 

cuando las personas más brillantes 

no ven más allá de esta noche,

y no saben que hacer mañana,
Tú envías a mí la confianza clara 
de que Tú eres, 
y de que te asegurarás de que no 
se cierren todas los caminos del bien.” 

(Solzhenitsyn, como se cita 
en Burg y Feifer 1972, p. 189).
En su autobiografía, Solzhenitsyn describió que mientras su estancia en uno de los campos de prisioneros del Gulag, había conocido a un médico llamado Boris Kornfeld. Kornfeld se había convertido recientemente al cristianismo, y decidió compartirle su fe en Jesucristo a Solzhenitsyn.
En su artículo “Alexander Solzhenitsyn: El profesor de física de preparatoria convertido en novelista, cuyos escritos sacudieron a un imperio," el Profesor Edward E. Ericson, Jr. escribió:

"Cuando era niño, Alexander Solzhenitsyn planeaba encontrar la fama conmemorando las glorias de la Revolución Bolchevique. Pero como capitán de artillería, criticó en privado a Stalin y fue despedido y enviado a pasar ocho años en los campos de prisioneros. Allí, el leninista leal encontró creyentes luminosos y pasó del Marx de sus maestros, al Jesús de sus antepasados ​​rusos ortodoxos: 

"¡Dios del Universo!", escribió, "¡Creo de nuevo! Aunque renuncié a Ti, Tú estabas conmigo!" (Ericson 2000, 32; Christian History Magazine, 2000).
"La justicia es conciencia, no una conciencia personal, sino la conciencia de toda la humanidad. Los que reconocen claramente la voz de su propia conciencia por lo general también reconocen la voz de la justicia". Alexander Solzhenitsyn
Al igual que Fyodor Dostoyevsky, Solzhenitsyn había hallado su creencia en Dios después de su exilio, y comenzó a formarse una mentalidad cristiana-filosófica que le impulsó a arrepentirse de sus acciones en el ejército.

Solzhenitsyn escribió desde que estaba en prisión, y pronto se vio en la necesidad de describir los horrores que se experimentaban en los campos de trabajo forzado establecidos por el totalitarismo soviético. Recopiló, literalmente, cientos de testimonios de sus compañeros y personas que sufrieron las mismas injusticias que él, durante el encierro.

Por medio de sus obras literarias, ayudaría a crear una concientización global sobre las injusticias que pasaban en Gulag y la brutalidad del sistema comunista en la Unión Soviética. En esto, destacaría su libro "Un día en la vida de Ivan Denisovich" (1962), una obra que lo llevó a ser reconocido internacionalmente. 

En 1970, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por la fuerza ética que imprimió en la literatura rusa. 

Aunque no pudo viajar a Estocolmo para la premiación, por temor a que la U.R.S.S. le negara el regreso a su país; Solzhenitsyn envió un discurso de aceptación del Premio Nobel (1970), donde escribió la siguiente metáfora:
"Un día, Dostoievski lanzó el comentario enigmático: 

"La belleza salvará al mundo". ¿Qué clase de declaración es esa? Por mucho tiempo, la consideré como meras palabras. ¿Cómo podría ser posible algo así? ¿Cuándo, en la historia sanguinaria, la belleza salvó a alguien de algo? Ha ennoblecido, ha levantado, sí - pero ¿a quien se ha salvado? 

Hay, sin embargo, cierta peculiaridad en la esencia de la belleza, una peculiaridad en el status del arte: a saber, la persuasión de una verdadera obra de arte es completamente irrefutable y obliga incluso a un corazón oponente a rendirse. Es posible componer un discurso político aparentemente suave y elegante, un artículo impetuoso, un programa social, o un sistema filosófico basados tanto en el error como en la mentira. Lo que se oculta, lo que distorsiona, no llegará a ser evidente inmediatamente. 

Luego, un discurso, artículo, programa contradictorio, una filosofía construida de manera diferente llama a la oposición – y todo parece igual de elegante y suave, y otra vez funciona. Es por eso que este tipo de cosas son a la vez confiables y desconfiables. 

En vano se reitera lo que no llega al corazón. Pero una obra de arte lleva en sí misma su propia verificación: las concepciones que se inventan o se fuerzan no resisten ser retratadas en imágenes, todos se vienen abajo, parecen enfermizas y pálidas, no convencen a nadie. Pero las obras de arte que han recogido la verdad y la han presentado a nosotros como una fuerza viva - se arraigan en nosotros, nos compelen, y nadie, ni siquiera en los siglos venideros, aparecerá para refutarlas. 

¿Será que acaso la antigua Trinidad de Verdad, Bondad y Belleza no es una fórmula simple y vacía, como pensábamos en los días de nuestra juventud materialista y segura de sí misma? Si las copas de estos tres árboles convergen, como mantenían los estudiosos, mas los tallos demasiado evidentes y directos de la Verdad y la Bondad son abrumados, cortados, y prohibidos - entonces, no será que los fantásticos, impredecibles, inesperados tallos de Belleza se abrirán paso y se elevarán "a ese mismo lugar, y al hacerlo, habrán cumplido el trabajo de todo el tres? 

En ese caso, el comentario de Dostoievski: "La belleza salvará al mundo", ¿será que no era una frase descuidada sino una profecía? Después de todo, a él se le permitió ver mucho, un hombre de la fantástica iluminación."

(En 1868, Dostoievski había escrito: "Hay en el mundo solamente una figura de belleza absoluta: Cristo.") En el mismo discurso para la fundación Nobel, Alexander Solzhenitsyn expresó su respeto a los mártires cristianos asesinados por el sistema comunista, y denunció la hipocresía del sistema soviético de la siguiente forma:

"En una parte del mundo, no hace mucho tiempo, en persecuciones no menores a las de los antiguos romanos, cientos de miles de cristianos silenciosos dieron sus vidas por sus creencias en Dios. 
En el otro hemisferio, cierto loco (y sin duda no está sólo), se apresura al otro lado del océano para "librarnos" de la religión - ¡con una acuchillada de acero en el sumo sacerdote! ¡lo ha premeditado para cada uno de nosotros de acuerdo a su escala personal de valores!"
En 1978, el novelista fue galardonado con un título literario honorario en la Universidad de Harvard, y en 1983 recibió el Premio Templeton al Progreso de la Religión. Después de la disolución de la U.R.S.S., Solzhenitsyn pudo finalmente regresar a su país natal, en 1994.
Su fe cristiana
En su Discurso de Aceptación por el Premio Templeton al Progreso de la Religión (en el Palacio de Buckingham, Londres, 10 de mayo de 1983), Alexander Solzhenitsyn dijo:

“Hace más de medio siglo, cuando aún todavía era un niño, recuerdo haber oído a varias personas de edad avanzada que ofrecían la siguiente explicación para los grandes desastres que han sucedido en Rusia: ‘Los hombres han olvidado a Dios; es por ello que todo esto ha pasado.’ 
Desde entonces he pasado poco menos de cincuenta años trabajando en la historia de nuestra revolución. En el proceso, he leído cientos de libros, he recolectado cientos de testimonios personales, y ya he contribuido con ocho volúmenes propios esforzándome para quitar los escombros dejados por ese levantamiento. 
Mas si el día de hoy se me pidiera que formule en la forma más concisa posible la principal causa de la desastrosa revolución que consumió a cerca de sesenta millones de personas en nuestro pueblo, no podría decirlo con más precisión al repetir: 

‘Los hombres han olvidado a Dios; es por eso que todo esto ha pasado.’” (Solzhenitsyn 1984, Número 36; ver también: Solzhenitsyn 1983, p. 874).En su discurso ante la premiación Templeton (el 10 de mayo de 1983), Solzhenitsyn afirmó que el marxismo militarizado es producto directo del ateísmo:

"Una vez más, fue Dostoievski, quien sacó, a partir de la Revolución Francesa y su odio furioso contra la Iglesia, la lección de que ‘la revolución necesariamente debe comenzar con el ateísmo.’ 
Eso es absolutamente cierto, pero el mundo nunca antes ha conocido una impiedad tan organizada, militarizada, y tenazmente malévola como la practicada por el marxismo. Dentro del sistema filosófico de Marx y Lenin, y en el núcleo de su psicología, el odio a Dios es el principal impulsor, más fundamental que todas sus pretensiones políticas y económicas. El ateísmo militante no es meramente incidental o ambiguo en la política comunista, no es un efecto secundario, sino el eje central.” (Solzhenitsyn 1984, Número 36).

“Lo que es más, los eventos de la revolución rusa sólo pueden comprenderse ahora, a finales del siglo, cerca del segundo plano de lo desde entonces ha ocurrido en el resto del mundo. Lo que emerge allí es un proceso de significación universal, y si se me llamara a identificar brevemente el rasgo principal de todo el siglo XX, también en ese caso, yo sería incapaz de encontrar algo más preciso y conciso que repetir una vez más: ‘Los hombres han olvidado a Dios.’ 

Los fallos de la conciencia humana, privada de su dimensión divina, han sido un factor determinante en todos los grandes crímenes de este siglo.” (Solzhenitsyn 1984, Número 36).
En concordancia con 1 Crónicas 29:12, Solzhenitsyn expresó que la fortaleza moral y espiritual que se necesitan, sólo pueden recuperarse poniéndose en las manos de Dios:

“Todos los intentos para hallar cómo liberarnos del compromiso del mundo actual que nos lleva a la destrucción serán inútiles si no re-encausamos nuestra conciencia en arrepentimiento frente al Creador. Sin esto, ninguna salida se iluminará y buscaremos en vano. A las enfermas esperanzas de los dos últimos siglos, que nos han reducido a la insignificancia, y nos han trasladado al borde de la muerte nuclear y no-nuclear, sólo podemos proponer una búsqueda determinada de la mano cálida de Dios, la cual ha sido rechazado de forma imprudente y auto-confiadamente. 
Sólo de esa forma se podrán abrir nuestros ojos a los errores de este lamentable siglo XX, y nuestras manos podrán dirigirse a establecerse correctamente. No hay nada más a que aferrarse en este derrumbe de tierras: la visión conjunta de todos los pensadores de la Ilustración equivale a la nada. 

Nuestros cinco continentes están atrapados en un torbellino. Pero es durante adversidades como éstas que los mayores dones del espíritu humano se manifiestan. Si perecemos y perdemos este mundo, la culpa será solamente nuestra.” (Solzhenitsyn 1984, Issue 36).

En febrero del 2003, el escritor Joseph Pearce viajó a Moscú para realizar una entrevista a Alexander Solzhenitsyn. La conversación de la reunión fue publicada en el boletín St. Austin Review. En uno de los fragmentos Solzhenitsyn manifestó su rechazo al humanismo: 

Joseph Pearce: "¿Siente usted que muchos de los problemas del mundo moderno se deben a un inadecuado percepción de la verdad espiritual y filosófica por la población en general?" 

Alexander Solzhenitsyn: "Eso es muy cierto. El hombre se ha puesto a sí mismo el objetivo de conquistar el mundo, pero en el proceso pierde su alma. Lo que es llamado humanismo, pero sería más correcto llamarlo antropocentrismo irreligioso, no puede dar respuestas a las preguntas más esenciales de nuestra vida. Hemos llegado a un caos intelectual."En otro fragmento, consideró que todos los modelos económicos son repudiables si no se arraigan a la voluntad de Dios:
Solzhenitsyn, refiriéndose a los grandes eclipses morales del siglo XX, afirmaba que Europa era víctima de un «arrebato de automutilación» y de «una conciencia humana privada de su dimensión divina». Este «arrebato de automutilación» a la postre se resume en un laicismo frenético, erigido en idolatría de obligado cumplimiento, que pretende erigirse en religión civil e imponer unos falsos dogmas por los que la gente estaría supuestamente dispuesta a dar la vida.
Joseph Pearce: "Un periodista británico declaró recientemente que usted cree que Rusia ha destronado las maldades del comunismo sólo para reemplazarlos con las maldades del capitalismo. ¿es esta una declaración que expresa de forma razonable la postura de usted? y, si es así, ¿cuáles cree que son los peores males del capitalismo?" 

Alexander Solzhenitsyn: "En diversos momentos a través de los años he tenido que demostrar que el socialismo, que para muchos pensadores occidentales es como una especie de reino de justicia, estaba, de hecho, lleno de represión, de codicia burocrática y corrupción y avaricia, y [siendo] consistente en sí mismo, ya que el socialismo no puede llevarse a cabo sin ayuda de la coerción. La propaganda comunista a veces incluiría frases como "adjuntamos casi todos los mandamientos del Evangelio en nuestra ideología". 

La diferencia es que el Evangelio pide que todo esto sea alcanzado por medio del amor, a través de auto-limitación, más el socialismo sólo utiliza la coerción. Este es un aspecto.






Sin ser tocados por el aliento de Dios, sin restricciones en la conciencia humana, tanto el capitalismo como el socialismo son repulsivos."


👀 LA TRANSEXUALIDAD: REFLEXIONES PARA UNA APROXIMACIÓN MULTIDISCIPLINAR


👀
Ley nazi de identidad de género 

La “Ley integral del reconocimiento del derecho a la identidad y expresión de género”, en la que se proponen acciones concretas para promover la transexualidad en nuestra Comunidad.

En el presente documento se abordan algunos aspectos cruciales de esta futura Ley. Desde el profundo respeto a la dignidad de las personas transexuales afectadas por esta norma, se pretende arrojar luz sobre algunos contenidos de una Ley que no propone una visión integradora que ofrezca una verdadera respuesta a sus necesidades reales.

Aspectos como qué es la ideología de género, si es conveniente introducirla en los centros educativos, qué pretende el legislador en la proyectada ley, cómo afecta a la institución familiar y a los centros educativos o qué podemos hacer, se tratan en este documento.