EL Rincón de Yanka

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CALENDARIO CUARESMAL 2026

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jueves, 12 de marzo de 2026

LIBRO "101 ARGUMENTOS CONTRA LA IZQUIERDA" por MARCELO DUCLOS

101 
ARGUMENTOS 
CONTRA LA 
IZQUIERDA

MARCELO DUCLOS

El debate político nunca ha sido tan dinámico como lo es en la actualidad. Parte de este fenómeno tiene que ver con las posibilidades de mayor participación del público; lectores o espectadores, antes pasivos, que son ahora más protagonistas que nunca. La contracara de esto —que es, en sí mismo, algo muy positivo— es que el mundo de las noticias y del debate de ideas puede resultar caótico, demasiado caudaloso y con sobreabundancia de información difícil de jerarquizar; un mundo en el que, a veces, las discusiones se disfrazan de intercambios virulentos de eslóganes y falacias que no conducen a ningún lado.
En este libro, Marcelo Duclos selecciona 101 de sus artículos con el criterio señalado desde su título: dar argumentos para la batalla cultural, sencillos, de lectura ágil pero no por eso menos sustanciosos. En ellos nos encontraremos con un desarrollo analítico profundo de conceptos clave, que contribuirán al sano debate, no solo para el liberalismo y quienes lo suscriben, sino para toda persona interesada en la discusión seria y bienintencionada; porque, cuando se tienen los argumentos, ni los gritos ni las chicanas alcanzan para acallar las ideas.
La invitación a leer estas páginas es un llamado a repensar el mundo que nos rodea y a entender de qué manera, mediante el cambio de paradigma que propone el pensamiento libertario, desde una mirada basada en la ética y el respeto más acérrimo a todos los individuos, se puede aspirar a salir de la destrucción a la que nos llevaron, en Argentina y en el mundo, las ideas colectivistas.

Bienvenidos a su lectura.

PRÓLOGO

Marcelo Duelos escribió La revolución que no vieron venir, junto a Nicolás Márquez, libro que fue traducido al polaco, al inglés, al portugués, al japonés y al hebreo, y del que-a más de un año de su publicación- siguen hablando en todos los medios. En él, hace una síntesis precisa de las ideas de la libertad, contribuyendo a explicar la hoja de ruta del gobierno para cuyo ejercicio los argentinos me han contratado como presidente.
Sin embargo, no fue este su inicio como escritor. Es periodista en un medio que no recibe ni recibió nunca pauta del Estado y escribe desde hace más de una década, ofreciendo artículos de coyuntura tanto como de análisis, difundiendo el ideario de la libertad. Digamos que hace llorar a los zurdos al mismo tiempo que ofrece herramientas conceptuales a los argentinos de bien que, día a día, cada uno desde su lugar, luchan la batalla cultural.

Esta nueva publicación es una selección de columnas a través de las cuales el autor busca contrarrestar al periodismo ensobrado del mainstream. Lo hace con armas humildes, propias de un medio pequeño que no cuenta con los recursos ni el financiamiento de los poderosos, pero donde se encuentran principios y contenidos que los medios pauteros, por más grandes que sean, no tienen. Las redes sociales, libres, equiparan el debate y cada persona elige libremente lo que leer. Aunque digan que el capitalismo beneficia a los más grandes, la evidencia empírica confirma otra cosa: que beneficia a los mejo­res, sean grandes, medianos o pequeños.
Enfocado en escenarios clave de esta batalla cultural-economía, filosofía, educación, cuestiones de género, cultura, arte y espectáculos, entre otros temas-va analizando hechos y personajes a fin de echar luces sobre asuntos de los que no se habla en los grandes medios, desmitificando tanto a las si­tuaciones como a sus protagonistas.

El proceso político que se vive en Argentina y que está empezando a contagiarse a muchos países del mundo necesita de este tipo de lecturas. Se necesita conocer los conceptos que van apareciendo en este libro. Se necesita el compromiso de todos para que pequeños medios, incluso streams y redes sociales, puedan pararse frente a las mentiras de los grandes, que hasta hace poco monopolizaban la comunicación. Se necesita de argumentos sólidos, que puedan soportar las embestidas de las falacias y de la construcción de relatos mentirosos, que son los últimos manotazos de ahogado de los zurdos empobrecedores, que buscan perpetuarse, criminalmente, a costa del sufri­miento de quienes con su trabajo sostienen a la casta.

El autor expone en sus columnas los principales conceptos de la Escuela Austríaca de Economía, en la cual está formado. Esta tradición había sido, hasta hoy, la gran ausente de los planes de estudio y de cualquier mención en medios de comunicación masiva. Las ideas de la libertad -a las que me dediqué durante años como conferencista y visitando cuanto programa en los medios podía para darles visibilidad- necesitan de más defensores. Los argentinos me pusieron en el lugar que hoy ocupo porque prefirieron como presidente a alguien que les decía una verdad incómoda antes que una men­tira confortable. El camino comenzó con dificultades. Nos habían dejado una bomba a punto de estallar. Pero estamos saliendo del infierno porque estamos del lado correcto de las ideas. Ideas que se expresan a través de los artículos que reúne este libro, que se suma a las voces que dan la batalla cul­tural, junto con la mía. Son artículos que ofrecen argumentos, que inspiran, que abren preguntas que incomodan y piden a gritos respuestas.

El lector encontrará en estas páginas una invitación a pensar y a defender las bases que definió muy bien nuestro prócer, Alberto Benegas Lynch (h), que siempre repito y seguiré repitiendo porque son nuestro faro: 
«El libera­lismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social». 

Léanlo sabiendo que cada uno de ustedes es tan protagonista de la batalla cultural como el propio autor, o como yo mismo, que no soy más que un empleado de ustedes.

¡Viva la libertad, carajo!
Javier Milei
Buenos Aires, junio de 2025


"LA MENTIRA PUEDE MANTENER LA PAZ...
PERO LA VERDAD SIEMPRE REVELA LA REALIDAD". 
DOSTOIEVSKI

PALABRAS PRELIMINARES

Luego de un primer libro de bibliografía extensa y marco teórico nutrido -la segunda parte de Milei: La revolución que no vieron venir, cuyo primer bloque escribió Nicolás Márquez-, quise continuar la aventura literaria li­beral con un texto un poco más ligero, liviano en la forma, pero no en el contenido: con la fundamentación y el análisis que la materia requiere, por supuesto, pero más accesible (característica valorada -a veces en exceso­ en los tiempos que corren, tan condicionados por la inmediatez que impera en las redes sociales de las que todos participamos).
Debo reconocer que siempre fui reacio a las compilaciones y antologías. Probablemente porque, como lector, he notado muchas veces que, con la excusa de publicar una obra, se amontonan escritos sin un sentido que los amalgame de modo consistente.
Creo que este no es el caso. Con más de ocho mil artículos publicados en más de una década como periodista, este es el breve puñado que considero que merece ser rescatado del mar de notas de coyuntura política, que se leen en el día o la semana y luego pierden trascendencia. ¿Por qué? Porque los temas que se abordan aquí son conceptuales, históricos y analíticos; apun­tan a cuestiones de fondo y resultan útiles para dar la batalla cultural contra el estatismo.

En medio de esta batalla, agradezco infinitamente la generosidad del pre­sidente, que se tomó el tiempo de sumar su voz a través del prólogo de esta edición. En este sentido, dada la mala intención que caracteriza a la crí­tica opositora, vale aclarar que las opiniones que se leerán a partir de aquí me pertenecen y no todas tienen, necesariamente, que ser compartidas por ambos. No me llamaría la atención que busquen imputarle mis palabras como si fueran suyas. Si bien coincidimos en lo central, ciertos temas nos encuentran en disonancia, una disonancia que bien entendida enriquece el debate de ideas, filosófico, conceptual. Si uno presta atención a los detalles, puede encontrar diferencias con algunas posiciones del mandatario, y muchas más con algunas políticas públicas de su gobierno -que, más allá de purismos ideológicos, se desarrolla en un marco de restricciones propio de las prerrogativas del Poder Ejecutivo-, un gobierno al que apoyo de manera abierta y rotunda, ya que las coincidencias superan ampliamente las diferen­cias.

Hecha esta aclaración, solo me resta contarles que repasar los miles de ar­tículos publicados en diversos portales fue un trabajo agotador. Sin embargo, cada vez que encontraba alguno de los que podrán leer en este libro, la tarea cobraba sentido. Ninguno forma parte de esta obra por azar. Estoy conven­cido de que cada uno de ellos, desde su lectura rápida y sencilla, aporta algo valioso a la batalla cultural.

Los textos que habitan las siguientes páginas están separados en bloques temáticos y ordenados cronológicamente, de modo tal que resulte evidente el contexto en el que fue escrito cada uno. Aun así, pueden ser leídos en el orden que cada lector prefiera, ya que son columnas independientes entre sí. Incluso puede optarse por abordar algunas y dejar de lado aquellas que se consideren menos relevantes.
Cada palabra de este libro está enmarcada en la tradición liberal. Por eso, su publicación tiene una finalidad humilde, pero encierra, al mismo tiempo, una aspiración un poco más ambiciosa: que los tópicos tratados despierten el interés del lector, que abran puertas para profundizar el estudio de estos asuntos y que brinden argumentos sencillos para tener a mano en la discu­sión política.
Con esas ideas en el horizonte, está dedicado a la nueva generación liberta­ria. 
A los jóvenes - que ya son muchos más que nosotros, los que peinamos canas-, para que muy pronto superen a sus antecesores.

Los argumentos están de este lado de la biblioteca y de la historia. Si de­dicamos algo de tiempo al estudio y a la reflexión, el enemigo colectivista y estatista no tendrá chances en la batalla cultural.
Para que esta lucha continúe desarrollándose de forma exclusiva en el ámbito conceptual del debate público civilizado -garantizando nuestra li­bertad física, nuestra integridad, nuestra propiedad y nuestros derechos individuales-, los argumentos tienen que ser sistemáticos, permanentes, aplastantes y abrumadores.

Vamos por eso.

La realidad, la verdad, la lógica, 
las falacias y los datos

Una cosa es que una proposición sea falsa o verdadera, otra es que su razonamiento sea lógica o ilógico


Comencemos con las falacias, es decir razonamientos con apariencia de verdad pero que son errados. Aristóteles fue el primero en detallar y explicar las falacias y tal vez el listado más abundante fue realizado por David Hackett Fisher quien se refiere a 114 falacias. Aquí nos referimos a diez que son las más comunes en nuestro medio.

Primero, la falacia ad populum, es decir, si lo hacen todos está bien, si no lo hace nadie está mal. Con este criterio no hubiéramos pasado del taparrabos y el garrote pues el primero que empleó el arco y la flecha habría que condenarlo y así con todos los inventos de la humanidad. 
Segundo, la falacia ad hominem, esto es, referirse peyorativamente a la persona del contrincante y no a su argumentación. Decir, por ejemplo, que la contraparte está equivocada porque es extranjera o porque pertenece a tal o cual religión. 
Tercero, la falacia de generalización que puede aplicarse al caso de un buen deportista que por ser tal se lo consulta sobre la evolución de la economía o la política a lo que responde entusiasmado el candidato sin percatase de la trampa.

Cuarto, la falacia de carácter transitivo: se dice que una persona está equivocada porque está vinculada a otra que sostiene este o aquel principio. Puede ilustrarse esto con la pretendida refutación de un argumento de A porque es amiga de B y C o porque pertenecen al mismo país o grupo partidario. 
Quinto, la falacia ad baculum que amenaza con la fuerza no necesariamente física sino referida a cantidad de personas que apoyan la idea del opinante. 
Sexta, la falacia de autoridad que es la que circunscribe su pretendida razón porque fulano o mengano lo dicen. 
Séptimo, la falacia ad misericordiam, esto es la pretendida razón apelando a la situación de la persona. La ilustración extrema que es la más citada y la más ridícula es la del parricida que clama perdón por quedar huérfano.

Octava, la falacia de ignorancia que pretende un argumento valedero al concluir que por el hecho de no poder demostrar la falsedad de algo resulta verdadero o, por el contrario, por el hecho de no poder demostrar la veracidad de algo resulta falso. Por ejemplo, sostener que hay serpientes en cierto planeta no lo convierte en verdadero por el hecho de no poder demostrar su falsedad o por el contrario el afirmar que no hay esas serpientes en ese planeta no lo convierten en falso por el hecho de no poder constatar su veracidad. 
Novena, la falacia de causa falsa, esto es la pretensión de establecer nexo causal por el mero hecho que un acontecimiento precede a otro. 
Y por último en nuestro inventario en forma de decálogo, la petición de principio, la cual se presenta reiterando en la conclusión lo mismo que se estableció en la premisa.

Respecto al valor de los datos estadísticos y los gráficos, ponemos en una cápsula lo que hemos desarrollado detenidamente en otra oportunidad en este mismo medio en torno al slogan de aquello que dato mata relato. Ahora solo decimos que si fuera cierto que dato mata relato no habría relato pues hubiera fenecido dado el abarrotamiento de estadísticas que aparecen por doquier, sin embargo observamos que los relatos no sólo no han muerto sino que se multiplican con audiencias cada vez mayores en nuestra época.

¿Por qué ocurre esta llamativa multiplicación? Pues porque el debate de fondo no tiene lugar entre dato y relato sino en un plano anterior y de mucho mayor peso, cual es la confrontación entre interpretaciones contrarias de los nexos causales de la realidad y recién entonces, una vez comprendidos estos nexos, puede agregarse como una demostración de aquella refutación rigurosa la serie estadística en cuestión que ya en esa instancia sirve para reconfirmar el punto.

Esto que dejamos consignado lo ha explicado el premio Nobel en economía Friedrich Hayek en un célebre y notable texto titulado «The Facts in Social Sciences» donde muestra la gran diferencia entre las ciencias naturales y las sociales. Señala que en el primer caso se observan hechos como la mezcla entre un líquido y otro en el laboratorio produce tal o cual resultado, sin embargo en ciencias sociales no hay laboratorio sino que enfrentamos fenómenos complejos que hay que interpretar todos ellos, no hay las reacciones de laboratorio sino que hay acciones humanas que requiere se las entienda. En otras palabras, si por ejemplo el historiador se propone describir la Revolución Francesa aun viviendo en la época no la entenderá con solo mirar los movimientos de los personajes, debe interpretar el sentido y la razón de lo que ocurre (para no decir nada de los que no la vivieron que deben reinterpretar lo que otros interpretaron). Es decir, si alguien sostuviera que ese acontecimiento se produjo porque Luis XVI estornudó no hay forma de refutarlo en los hechos, solo se puede explicar a través del desarrollo de nexos causales.

Lo que venimos comentando desde luego no significa que cada cual tenga su interpretación y todas sean valederas, habrá unas que se acercan más a lo sucedido que otras y las habrá que dan en el clavo. El asunto entonces no es caer en la ingenua posición de sostener que todo se resuelve mostrando una planilla con los suficientes datos pues esos mismos datos serán (y son) interpretados de muy diversas maneras precisamente respecto al otro plano que venimos comentando. Como queda consignado, en ciencias naturales el hecho físico es suficiente pues no hay acción sino reacción, en cambio en ciencias sociales el hecho físico requiere explicación e interpretación de propósitos deliberados. Por eso es que libros y ensayos desde Ragnar Frisch, Jan Tinbergen, Roy G.D. Allen y Enrico Giovanini al actual Thomas Piketty están inundados de series estadísticas (y fórmulas), mientras que obras como las de Murray Rothbard, Israel Kirzner, Anthony de Jasay, James Buchanan, von Mises y Hayek no contienen una sola serie estadística para probar sus puntos. Entonces, para combatir el relato hace falta mucha más argumentación que lamentablemente por el momento está en gran medida ausente. Por eso en esta etapa los liberales en gran medida estamos perdiendo la batalla cultural. Los socialismos disimulan con estadísticas pero otros flancos argumentan a fondo con insistencia bajo el lema del mayo francés: “Seamos realistas, pidamos lo imposible».

Por último, respecto a lo que se discute en torno al realismo, se ha dicho que lo que no es percibido no es real, es decir, la tesis originalmente expuesta por Berkeley. Pero eso habría que extenderlo al mismo sujeto que observa, esto es, que no existiría si no lo percibe otro y así sucesivamente lo cual no termina en la Primera Causa ya que, paradójicamente, no tendría existencia real si no es percibida por otro, situación que conduce a la inexistencia de todo (incluso de la afirmación del no-realismo).

Por otra parte, hay cosas que se estiman percibidas como, por ejemplo, los espejismos, las ilusiones y las estrellas que creemos observar cuyas luces navegan en el espacio pero que pueden haber dejado de existir hace tiempo.

Por el principio de no-contradicción, una proposición no pude corresponderse y no corresponderse simultáneamente con el objeto juzgado (el relativista toma como verdad su relativismo). También cabe destacar que, sin duda, todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido de que es el sujeto que entiende, pero cuando hacemos referencia a la objetividad o a la verdad aludimos a las cosas, hechos, atributos, propiedades y procesos que existen o tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias y fenómenos que son ontológicamente autónomos. Lo antedicho en nada se contradice con el pluralismo y los diversos fines que persiguen las personas, dado que las apreciaciones subjetivas en nada se contraponen a la objetividad del mundo. Constituye un grosero non sequitur afirmar que del hecho de que las valorizaciones y gustos son diversos, se desprende la inexistencia de lo que es.

Cuando se dice que no puede tomarse partido por tal o cual posición debe tenerse en claro que quien eso dice está de hecho tomando partido por no tomar partido, del mismo modo que quien sostiene que no debe juzgarse está abriendo un juicio. Como explicita Konrad Lorenz, si no hubiera tal cosa como proposiciones verdaderas no tendría sentido ninguna investigación científica puesto que no habría nada que investigar.

Paul Watzlawick en su libro titulado «¿Es real la realidad?» concluye que “la tesis básica del libro según la cual no existe una realidad absoluta, sino solo visiones o concepciones subjetivas, y en parte totalmente opuestas [de lo que es] la realidad, de las que se supone ingenuamente que responden a la realidad ´real´, a la ´verdadera´ realidad”.

Nos parece que aquí se confunden planos de análisis. Como queda dicho, el juicio subjetivo en nada cambia la existencia de las cosas, sus propiedades y atributos. Ese juicio podrá desde luego estar más cerca o más lejos de describir al objeto juzgado puesto que la proposición verdadera consiste en la concordancia o correspondencia del juicio con el objeto juzgado. Pero nuevamente decimos que esto no significa que las dificultades de lograr el cometido se hayan disipado: el camino para captar la realidad es siempre uno sinuoso y lleno de obstáculos. Se trata de una peregrinación. Hay en este sentido una permanente navegación pues no hay puerto o destino final en el conocimiento ya que remite a corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones. Nunca el ser humano llegará a una situación en que pueda ufanarse de haber completado su faena de haber abarcado la totalidad de lo real ya que estamos hablando de seres imperfectos, limitados y sumamente ignorantes.

Lo dicho no quita para nada lo certera de la observación de Watzlawick en cuanto a la influencia malsana del grupo en el individuo cuando un sujeto se deja atropellar por lo que dicen o hacen otros.

Pero esto no modifica nuestros comentarios sobre la realidad, solo que demuestra la enorme presión de la multitud sobre quienes opinan distinto, lo cual puede comprobarse a diario con personas que no se atreven a opinar lo que se considera “políticamente incorrecto” y, por ende, dejan de cumplir con su obligación moral de comportarse de acuerdo con la integridad elemental y la honestidad intelectual por cobardía, y así los timoratos dejan cada vez más espacio a la corriente dominante para que imponga su visión.

Para poner el asunto de otra manera, una cosa es afirmar erróneamente que la realidad depende de la opinión y que, por tanto, no hay verdad objetiva y otra bien diferente es reconocer que cada uno tiene el derecho de interpretar, debatir, exponer y mostrar según su criterio cual es la realidad de tal o cual cosa. Precisamente, en esto consiste la posibilidad de progreso y acercamiento a la captación de diferentes realidades. Como se ha apuntado, las sucesivas refutaciones parciales o totales permiten el avance en el conocimiento.

La duda (no de todo puesto que no dudamos que dudamos) y el racionalismo crítico son buenos ejercicios: ubi dubiun ubi libertas (si no hay duda, no hay libertad) puesto que en un mundo de dogmáticos no se requiere libertad ya que todo sería certezas. Pero lo contrario no significa escepticismo en el sentido de desconfianza en nuestra capacidad perceptual, sino que la conciencia del error nos da la pauta que somos capaces de distinguirlo de la verdad.

El realismo -también crítico- profesa la existencia del mundo exterior al sujeto que observa que es, por ende, distinto al sujeto que conoce. La ciencia se refiere a la expansión del conocimiento de ese mundo exterior que presupone para sus estudios y experimentos. La inteligencia, el inter-legum, apunta a expandir el conocimiento que no se refiere solo a lo que puede comprobarse en el laboratorio sino a fenómenos no verificables en la experimentación sensible sino en el razonamiento de procesos complejos.

Nicholas Rescher en su obra «Objetivity» escribe que “La independencia ontológica de las cosas -su objetividad y autonomía de las maquinaciones de la mente- constituye un aspecto crucial del realismo” de lo cual no se sigue que la mente pueda captar toda la realidad del universo, por lo que “coincidimos con el realismo en el énfasis de la independencia del carácter de la realidad, pero sabiendo que la realidad tiene una profundidad y complejidad que sobrepasa el alcance de la mente”. Esto, nuevamente recalcamos, es debido a las limitaciones de los humanos: el esfuerzo por captar la realidad para nada elimina la posibilidad de captar fragmentos de lo que existe.

Entonces y en resumen, una cosa es la proposición falsa o verdadera y otra es la lógica o ilógico del razonamiento para lo cual nada mejor que consultar el formidable estudio sobre lógica de Aristóteles quien también criticó a los sofistas al escribir que “la sofística es una sabiduría aparente, pero no lo es” y que como apunta Julián Marías son relativistas. Morris Cohen ha refutado la manía de sostener que una verdad debe ser demostrada vía la verificación empírica al responder al opinante que su conclusión no es verificable empíricamente y como nos ha enseñado Karl Popper solo hay corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones, pero en ningún caso en la ciencia hay verificación.

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miércoles, 11 de marzo de 2026

LIBRO "UNA VERDAD INCÓMODA": TESTIMONIO DE UNA ÉPOCA: CONTRA EL SILENCIO Y LA MENTIRA por JAIME MAYOR OREJA

Una verdad incómoda
Testimonio de una época: 
contra el silencio y la mentira

"En época de mentiras, contar la verdad 
se convierte en un acto revolucionario".
Se atribuye popularmente a George Orwell.


Un apasionado alegato en defensa de los valores tradicionales que han sostenido el entendimiento, la libertad y la identidad de España y que ahora se cuestionan.

Jaime Mayor Oreja es uno de los políticos españoles con más amplia proyección en nuestra historia de los últimos cincuenta años, y "Una verdad incómoda" recoge su testimonio y sus experiencias —algunas de ellas especialmente dolorosas y difíciles— en la política vasca, española y europea, así como su actual participación en la sociedad civil al frente de la Fundación Neos. En la década de los ochenta en el País Vasco, una macabra mentira referida a las víctimas —«algo habrá hecho»— diluyó las conciencias de buena parte de aquella sociedad. Siguió después el desenlace de una transición política en la que el nacionalismo jugó con las cartas marcadas e impuso un falso empate entre ETA y el Estado de derecho, que solo podía concluir con una negociación política.
Ya en los años noventa, la refundación del centro-derecha en el Partido Popular puso en marcha una alternativa de gobierno y una política antiterrorista diferente, asentada en la ley, nada más que en la ley, pero en toda la ley. Sin embargo, la actualidad supera todos los pronósticos negativos y la existencia del nuevo «frente popular» que nos gobierna —esto es, la asociación del crimen del pasado con la mentira del presente— ha construido una segunda leyenda negra desde el interior que exige tomar conciencia de la misma y que se produzca un entendimiento entre las fuerzas políticas de la derecha y del centro-derecha para evitar caer en la profundidad del abismo en el que nos encontramos.


"LA MENTIRA PUEDE MANTENER LA PAZ...
PERO LA VERDAD SIEMPRE REVELA LA REALIDAD". 
DOSTOIEVSKI

PRÓLOGO

Este no es un libro de memorias, aunque las contenga. No es tampoco un libro sobre política, aunque la política lata en cada una de sus páginas. No es un ensayo sobre el nacionalismo, sobre España o sobre la evolución política del país, aunque el lector se topará con todas esas cuestiones.
Lo que pretendo es algo más complejo y profundo. A estas alturas de la vida he llegado a la conclusión de que debo contar una verdad —la que yo he vivido—, aunque resulte incómoda para muchos. Dar testimonio de lo que he conocido en primera persona para que la verdad de los hechos no sucumba frente a la mentira de los relatos que a día de hoy circulan como moneda corriente.

Las teorías pueden ser importantes, los análisis pueden ser sugestivos, las ideologías pueden ser atractivas, pero el testimonio va mucho más allá. Es una experiencia que pretende reivindicar la verdad de lo ocurrido. Es una vivencia personal que se hace contrastable, que se actualiza y se convierte en mensaje, en evidencia, en una verdad que, tal y como uno la vivió, sale nuevamente a escena. El testimonio es mucho más veraz e importante que cualquier teoría y que cualquier relato.

Me gustaría ofrecer dos imágenes para enmarcar temporalmente esta historia.

Primera imagen: en los años sesenta, yo veraneaba en Villafranca de Oria (hoy Ordizia), en casa de mis abuelos, con el resto de la familia. Guardo la viva imagen de aquella placidez en la memoria. Aquellos veraneos de vida familiar tranquila, de juegos infantiles y contacto con la naturaleza hacían impensable que pocos años después se desataría en ese mismo valle una orgía de odios y crímenes políticos, de persecución y falta de humanidad.
Segunda imagen (que, en realidad, son dos): la bajada al zulo en el que ETA tuvo secuestrado, durante 532 días, al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara y, poco después, el asesinato a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco como expresión de la crueldad máxima, de la maldad en estado puro y del odio cerval que atenazaba al pueblo vasco.
Y entre una y otra imagen, un periodo de tiempo —no demasiado largo en términos históricos— trascendental desde el punto de vista político, social y cultural.

¿Qué ocurrió en ese tiempo? ¿Qué nos pasó a los españoles? La respuesta es clara: ETA.

Este libro pretende levantar acta de lo sucedido en aquellos años y explicar en qué consistió el proceso de destrucción de aquel País Vasco y de su sustitución por otro completamente distinto, así como dejar constancia del impacto demoledor que esa sustitución ha tenido sobre la nación española, en trance de nuevo de ser reemplazada y volverse irreconocible.

¿Era aquel País Vasco un lugar idílico? Evidentemente, no. Pero tenía unas características específicas que daban una especial cohesión y personalidad a su sociedad, y que las tres décadas siguientes destruyeron sin piedad. El País Vasco era, por ejemplo, la tierra con más número de vocaciones religiosas de España; las familias numerosas tenían una especial fortaleza y articulaban naturalmente la sociedad. El carácter alegre, emprendedor, y la simpatía natural de aquella gente eran especialmente apreciados por el resto de los españoles. La pluralidad de dialectos, variedades y acentos del vascuence daba personalidad a valles, comarcas… Había una importante diversidad de identidades territoriales, de tal manera que Álava tenía su propia y marcada personalidad y Vizcaya se diferenciaba claramente de Guipúzcoa. A su vez, las ciudades eran muy distintas del mundo rural.

ETA destruyó todo aquello, desfiguró el ser de los vascos y sustituyó la personalidad social de aquella tierra por otra bien distinta, impostada, ideológica. Hoy es el lugar de España con menor número de vocaciones religiosas, con menor número de nacimientos y matrimonios, y con más familias desestructuradas. Se ha perdido una enorme riqueza lingüístico-dialectal, la cultura se ha homogeneizado bajo el paraguas de un pensamiento único, de una identidad monolítica y de un credo político común. Álava se parece más a Vizcaya que nunca, y Vizcaya a Guipúzcoa. El campo ha ganado la batalla cultural a la ciudad; el folclore ha sustituido y desplazado a la cultura, y la diversidad y la pluralidad han sido suplantadas por la homogeneidad incluso en asuntos aparentemente superficiales, como la moda o las costumbres.

Pero ETA no es solo un fenómeno vasco, sino también netamente español, y su persistencia ha destruido la realidad del país. Porque la desfiguración del País Vasco ha sido la del conjunto del Estado.

Desde hace muchos años, mi diagnóstico es el mismo. Muchos me han llamado agorero, cenizo, aguafiestas… Otros se agarraban al clavo ardiendo de los pequeños detalles engañosos, de los espejismos políticos, para justificar su ceguera voluntaria. Pero mi análisis, basado en la experiencia, se ha confirmado: España se encaminaba hacia la formación de un «frente popular» en toda regla, gracias al cual la izquierda abandonaría la democracia constitucional y confluiría con el proyecto político diseñado por la banda terrorista. Hay quienes, por puro prejuicio, no han querido o no se han atrevido a diagnosticar el problema y a llamarlo por su nombre.

¿Cómo ha sido posible ese vuelco histórico? Gracias a un proceso complejo —en distintas etapas— de negociación política hacia la autodeterminación y la toma del poder por parte de ETA. Un proceso que se desarrolla, como explicaré en las siguientes páginas, primero, en el seno del nacionalismo vasco, entre ETA y el Partido Nacionalista Vasco (PNV), y, después, entre ETA y la izquierda española.
Tal análisis ha implicado no pocas dosis de soledad, de dolor, de incomodidad, y ha hecho que algunos me vieran como una antigualla y descalificaran mi posición sin entrar a analizarla. Bien. No importa. Tengo la conciencia tranquila. Me hubiese encantado equivocarme y que todos esos reproches hubieran resultado ciertos. Pero no ha sido así. Desgraciadamente, mi diagnóstico era certero. El testimonio que doy en este libro es la confirmación de ese diagnóstico.

Creo que nunca hay que tener miedo a la verdad, aunque sea dolorosa o nos pueda incomodar. Y creo que ha llegado la hora de que los españoles sean exigentes consigo mismos y miren de frente a la realidad de su patria.
A lo largo de las siguientes páginas, el lector encontrará vivos recuerdos, imágenes, experiencias, conversaciones, hechos a partir de los cuales iré analizando qué pasó, cómo pasó y por qué pasó. Y dónde hemos fallado. Pido perdón de antemano si mi objetivo resulta pretencioso. No deseo imponer mi punto de vista, pero sí ofrecer un testimonio —no un relato—, un eco de la verdad que yo viví. Lo hago con ambición de objetividad, pero sin afán de imposición ni de revancha.

No solo pretendo dejar a las próximas generaciones una descripción fiel de lo ocurrido, sino, además —no he de ocultarlo—, dar un aldabonazo en la conciencia nacional de los españoles sobre lo que estamos viviendo y sus dramáticas consecuencias. Evitar el desastre, tener la determinación nacional y colectiva de cambiar de rumbo y reconstruir nuestro país constituye un imperativo moral de primer orden.
Siempre en la vida he intentado conducirme sin perder de vista mis convicciones y mis principios. Este es el testimonio de alguien que cree en la verdad, en la vida, en la familia, en las tradiciones y en las raíces cristianas. Me declaro —con toda libertad y naturalidad— una persona religiosa. Soy católico y amo a mi país, un país de formidable historia, cultura y riqueza.

Que mi experiencia pueda contrariar a tirios y troyanos ya no me preocupa. Me preocuparía mentir, ocultar hechos, manipular la historia o inducir a error. Si mi testimonio no lograra alcanzar la verdad completa, con derrotar a la mentira ya me sentiré más que satisfecho.
Todo lo que cuento en este libro, los momentos duros y difíciles contra el crimen y la mentira, no los habría podido afrontar sin la compañía y la proximidad de mi mujer, Isabel, y de mis hijos, mis hermanos y, por supuesto, mis padres cuando vivían.

MAYOR OREJA: "Estamos en el ABISMO"

martes, 10 de marzo de 2026

LIBRO "MASONISMO Y CATOLICISMO": PARALELOS ENTRE LA DOCTRINA DE LAS LOGIAS Y LA DE NUESTRA SANTA IGLESIA por FÉLIX SARDÁ Y SALVANY


Masonismo y Catolicismo: 
Paralelos entre la doctrina de las logias 
y la de nuestra Santa Iglesia


¿Es posible conciliar la fe católica con los principios de la masonería?

En esta obra fundamental, el insigne Don Félix Sardá y Salvany —autor del célebre El liberalismo es pecado— realiza un análisis magistral y profundo sobre la incompatibilidad absoluta entre la Iglesia Católica y la Masonería. Escrito con la precisión de un teólogo y la pasión de un centinela de la fe, este libro no es solo un documento histórico, sino una profecía cumplida que resuena con una fuerza vibrante en nuestros días.
¿Qué descubrirás en este libro? Sardá y Salvany explica que el peligro no reside solo en las logias secretas, sino en el "Masonismo": esa atmósfera intelectual y errores difusos que han penetrado en las leyes, la enseñanza y la sociedad actual.
Un paralelismo detallado entre la verdad revelada por la Iglesia y el naturalismo racionalista que intenta sustituir a Dios por el hombre.
El autor desenmascara cómo la "secta materialmente organizada" busca socavar los cimientos de la civilización cristiana, ofreciendo al lector las herramientas intelectuales para identificar y combatir estos errores.
Incluye referencias a las advertencias de los Romanos Pontífices y un llamado a la caridad intelectual para iluminar a los descarriados.

¿Por qué leerlo hoy?

A pesar de haber sido publicado originalmente en 1885, este texto conserva una actualidad sorprendente. Es una lectura imprescindible para seminaristas, estudiosos de la doctrina social de la Iglesia y cualquier católico que desee comprender las raíces de la crisis de valores en la modernidad.
Recupera la claridad doctrinal y fortalece tu fe con un clásico de la apologética española.

Hemos decidido rescatar esta obra del gran Don Félix Sardá y Salvany porque constituye una «imperiosa necesidad de caridad intelectual». Vivimos en tiempos de una confusión absoluta, y este libro, aunque escrito en 1885, conserva la «fuerza vibrante de una profecía cumplida». Sardá y Salvany no fue solo un sacerdote de pluma afilada, sino un «centinela» que supo identificar al enemigo cuando este aún se movía entre las sombras. Republicarlo es ofrecer un bálsamo de claridad en un mundo que agoniza por falta de certezas, donde todo se presenta como opinable, y relativo.
Es un texto que, a pesar de su antigüedad, resulta «sobrecogedor» por su actualidad permanente. Muchos católicos hoy desconocen la profundidad doctrinal de este ataque masónico, y por ello rescatar estas páginas es devolver a la luz una herramienta de combate espiritual que se creía olvidada.

¿Cuál es la diferencia entre Masonería y Masonismo?

Esta es la «distinción magistral» del libro. La Masonería es la secta materialmente organizada, con sus logias y ritos. El Masonismo, en cambio, es la «irradiación difusa de sus errores en la sociedad». Es la atmósfera intelectual, la «Revolución mansa» o el «catolicismo liberal» que busca convivir con el enemigo sin irritarle. Se puede ser «masonizante» sin haber pisado nunca una logia.
Porque el peligro real no está solo en los que conspiran con mandil, sino en el veneno de sus ideas. El Masonismo busca sustituir el orden sobrenatural por el «naturalismo puro». Esta oposición es radical: o se está con el reinado social de Cristo Rey o se colabora con el reino de las sombras. No hay término medio.
Su vigencia es total porque nos ofrece un «Decálogo antirrevolucionario». Merece la pena leerlo para no ser «espíritus tibios» y aprender a combatir. En estas páginas se juega no solo la salvación de las almas, sino el destino de la civilización occidental.

PRÓLOGO

El Masonismo, 
cáncer de la modernidad y eclipse de la verdad

Constituye una imperiosa necesidad de caridad intelectual, presentar estas páginas del insigne Don Félix Sardá y Salvany. Un texto que, a pesar de haber sido escrito en el siglo XIX, conserva la fuerza vibrante de una profecía cum­plida. Sardá y Salvany no fue solo un valiente y culto sacerdote de pluma afilada, sino un centinela que, desde la torre de la Revista Popular, supo iden­tificar al enemigo cuando este aún se movía entre las sombras de las logias y los salones del liberalismo.

El elemento principal que el lector encontrará en este libro es una distin­ción magistral, necesaria hoy más que nunca: la diferencia entre la Maso­nería, esto es, la secta materialmente organizada, y el Masonismo, que es la irradiación difusa de sus errores en la sociedad. Sardá y Salvany nos advierte de que el peligro no reside únicamente en aquellos que, con el mandil de la escuadra y el compás, conspiran en el secreto de una logia. 

El verdadero triunfo de la «secta infernal» -como él la llama acertadamente- es el Ma­sonismo. Es decir, esa atmósfera intelectual que ha envenenado las leyes, la enseñanza, la beneficencia y hasta a la misma jerarquía de la Iglesia. Se trata de la «Revolución mansa» o el «Catolicismo liberal», que es esa parodia de fe que busca convivir pacíficamente con el enemigo sin irritarle, trasmutando un inicial oportunismo en un conclusivo servilismo. De ahí que la actuali­dad permanente de esta obra sea sobrecogedora por tres motivos que paso a señalar:

El naturalismo Imperante. La Masonería no busca solo destruir edifi­cios, sino sustituir el orden sobrenatural por el naturalismo puro. En nues­tros días, esta agenda se manifiesta en el laicismo agresivo que ha expulsado a Dios de la vida pública, como una reliquia de un oscuro pasado ya feliz­ mente superado.

La infiltración en el pensamiento católico: Sardá señala la «Revolución mansa». Hoy buena parte de quienes se autoperciben como católicos, obis­pos y cardenales incluidos, abrazan las máximas masónicas de un huma­nismo sin Cristo, una fraternidad universal sin Padre común y una libertad religiosa que es, en realidad, la indiferencia relativista ante el error.
La organización del Anticristo. El autor describe a la Masonería como el «Anticristo organizado». Si en 1885 las estadísticas de logias ya eran alar­mantes, hoy esa red de influencia ha mutado en organismos globalistas que legislan contra la ley natural, la vida y la familia, cumpliendo paso a paso el diseño satánico.

Como todos los de Sardá, este libro no es para espíritus tibios. Puede considerarse como un «Decálogo antirrevolucionario», que nos recuerda que «nunca es mejor tiempo de combatir que cuando hay enemigos que presen­ ten el combate». 
Siguiendo el ejemplo de León XIII en su encíclica Humanum Genus, Sardá y Salvany nos insta a «desenmascarar» a la secta, a no tener miedo de ser llamados «intransigentes» y «reaccionarios» por defender la Verdad subsistente que es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. En un mundo que agoniza por falta de certezas, estas páginas son un bálsamo de claridad. No se puede servir a dos señores: o se está con el reinado social de Cristo Rey o se colabora, por acción u omisión, con el reino de las sombras. 

Lea el lector con atención, pues aquí se juega no solo la salvación de las almas, sino también el destino de las naciones y, en definitiva de la entera civilización oc­cidental a la que dio a luz la Iglesia durante la Cristiandad medieval.

P. Gabriel Calvo Zarraute

Masonismo y Catolicismo - D. Félix Sardá y Salvany by Yanka