EL Rincón de Yanka

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sábado, 25 de abril de 2026

LIBRO "TODOS LOS HOMBRES DE SÁNCHEZ": 👥 CÓMO SE ORGANIZÓ LA MAYOR TRAMA DE CORRUPCIÓN DE LA HISTORIA DE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA por KETTY GARAT


TODOS  LOS  
HOMBRES  DE  
SÁNCHEZ

CÓMO SE ORGANIZÓ LA MAYOR TRAMA DE 
CORRUPCIÓN DE LA HISTORIA 
DE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA


Una investigación imprescindible para entender 
quién manda, cómo y con qué complicidades
Éste es el relato de una traición múltiple: política, moral y periodística. A partir de una investigación que se inicia con la fulminante caída de José Luis Ábalos en 2021, Ketty Garat reconstruye el entramado de lealtades, ambiciones y ajustes de cuentas que acompañaron al ascenso, la consolidación y la degradación del núcleo de poder que rodea a Pedro Sánchez. Un poder que no se limitó a conquistar el PSOE y el Gobierno, sino que terminó por canibalizarlos desde dentro.
El libro retrata un sistema en el que nadie actúa solo. Desde Sánchez hasta sus hombres de confianza -Ábalos, Santos Cerdán, Koldo García-, pasando por actores políticos, empresarios, intermediarios y aliados internacionales, Garat expone cómo se organizó una red de poder basada en la traición preventiva, el control interno y la eliminación sistemática de cualquier disidencia.
Mientras se desplegaba esta trama corrupta, buena parte de los medios abandonaron su función de fiscalización del poder y, en su lugar, señalaron a la periodista y al periódico que la investigaban, a los que el tiempo y la justicia han dado la razón.
Todos los hombres de Sánchez es también una crónica desde las bambalinas de una exclusiva en la que se revelan detalles hasta ahora desconocidos.
Es, en definitiva, una investigación que muestra qué ocurre cuando el poder no encuentra resistencia, la traición se convierte en método y el silencio se presenta como virtud.


Ketty Garat desvela la última treta de Sánchez para aferrarse al poder

OBJETIVO DIRECTO | Pedro Sánchez al desnudo: el Mercedes y el pucherazo en el PSOE

THE OBJECTIVE abre hoy la caja de los secretos de Ferraz para mostrar la realidad de la urna que preparó el entonces secretario de Organización del PSOE, César Luena, y que provocó los gritos de «pucherazo» del sector crítico. Una urna que no estaba «detrás de una cortina», como se desveló en su día, sino detrás de una pared, en un «cuartucho» situado detrás de la mesa de la dirección federal del PSOE en la sala Ramón Rubial. Una fórmula que fue criticada hasta por los sanchistas pata negra como Josep Borrell, porque impedía la transparencia en el proceso y colmaba de secretismo la votación sobre la continuidad o no de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE, con el fin de blindar su permanencia. La dirección federal quería cortar el paso a una votación por llamamiento en la que cada uno de los miembros natos del Comité Federal se retratara públicamente. Pero Sánchez no lo consiguió.

La urna secreta
La reunión del máximo órgano entre congresos fue una «orgía de sangre», una batalla campal en la que se tuvieron que tomar cuatro recesos por la imposibilidad de alcanzar un acuerdo sobre cómo proceder tras la dimisión de 17 de los miembros de la Ejecutiva. Se debatió todo: el qué (si congreso extraordinario o gestora); el quién (si votaba la Ejecutiva dimisionaria o no); y el cómo (si por votación secreta y en urna o por llamamiento a mano alzada). El secretario de Organización, César Luena, estaba convencido de que «si votamos a mano alzada, mucha gente que nos apoya no lo va a hacer, por las presiones de su federación», motivo por el cual se dispuso una urna para forzar una votación secreta, la única forma de garantizar los votos comprometidos y, por tanto, ganar la moción.

Tras varios intentos fallidos, la presidenta del Comité Federal, Verónica Pérez, mano derecha de Susana Díaz, intentó llevar a término la votación mientras era boicoteada por la organización de Ferraz —que le cortaba constantemente el micrófono— y por el representante de los sanchistas en la presidencia del órgano, el ya fallecido Rodolfo Ares, mano derecha de Patxi López. Tras horas de desacuerdo y recesos para negociar, Pérez proclamó: «Compañeros y compañeras, un poco de tranquilidad, un poco de calma y un poco de serenidad. Llevamos muchas horas intentando llegar a un acuerdo, pero me toca tomar una decisión porque soy la presidenta del comité federal y vamos a votar». Ares le quitó el micrófono: «¿Me dejarás hablar? ¿Me dejarás hablar al menos?». Pérez le arrebató nuevamente el aparato: «Bueno, Rodolfo… pero, por favor, Rodolfo…». El socialista vasco se levantó al atril dispuesto frente a la mesa de la Ejecutiva mientras Verónica pugnaba por impedir su intervención: «Compañeros y compañeras…». «Déjame la palabra, compañera. ¡Hombre, por Dios! ¡Compañera, por Dios!», le interrumpía Ares.

La escena se repitió en varias ocasiones, disparando una tensión que motivó la petición de palabra de 100 miembros del Comité Federal. El primero de ellos, el también difunto Javier Lambán, para denunciar la «transgresión de las normas de los estatutos» porque, tras la dimisión de la mitad de la Ejecutiva, «el secretario general como tal ya no existe, [sintiéndolo] mucho por el compañero Pedro Sánchez». Detrás de él, las oficialistas Adriana Lastra, Carmen Montón, Francina Armengol y Susana Sumelzo reían. Hasta el ex secretario de Organización del PSOE Pepe Blanco intervino de forma acalorada para denunciar que no se hubiera reunido la comisión de Ética y Garantías, tal y como habían solicitado tres de sus miembros, entre quienes se encontraba la entonces desconocida María Jesús Montero, entonces del lado de los susanistas, y amenazar sutilmente con que esto podría llegar a los tribunales: «Que acabe alguien diciendo esto lo tienen que medir con medidas cautelares en los juzgados de Plaza de Castilla […]. Saltarse un órgano que tiene que interpretar la norma es decir lo mismo que aquí no hay normas…».

«¡Pucherazo! ¡Cobardes, sinvergüenzas!»
Uno de los pocos que arropaba a Sánchez era Josep Borrell, quien preguntó al aire: «Nos piden que votemos un texto que desconozco, que desconocéis, que no está en el orden del día y que no ha sido emitido por ningún órgano competente del partido. ¿Creéis de verdad que este Comité Federal puede votar esto en estas condiciones?». Una intervención que dio pie a Luena a proponer desde la Ejecutiva que «dada la intensidad y lo importante de esta jornada, [propuso] que [la] votación sea en secreto y en urna», motivando las risas nerviosas del sector crítico. La bomba estalló cuando Rodolfo Ares, en un nuevo torpedeo contra la presidenta del Federal y antes de que esta anunciara el inicio de la votación por llamamiento, se levantó nuevamente al atril y vociferó: «Hay una petición hecha para que se vote en secreto; la mayoría de la mesa vamos a respaldar que se vote en secreto. Se empezará a votar en las urnas que están habilitadas al efecto —dijo, señalando a la derecha de la sala—, y, por lo tanto, llamamos a los compañeros a participar en la votación secreta que es la decisión de la mesa».

Justo en ese momento y por orden del secretario de Organización, Marcos, un trabajador de Actos Públicos de Ferraz, y otro compañero aparecieron en la sala con una urna de metacrilato que habilitaron en el cuarto trasero de la sala, mientras el segundo trabajador sacaba unos papeles con votos preparados para introducir en la urna. El primero que se levantó para colocarse en fila en la puerta izquierda del habitáculo fue Pedro Sánchez, seguido de Adriana Lastra, María González Veracruz —embarazada de ocho meses—, Luis Tudanca, Idoia Mendia, César Luena, Manolo de la Rocha, Pilar Sánchez Acera, Daniel Viondi y quien sería después el gerente del PSOE, Mariano Moreno Pavón. Los amigos de Sánchez, Antonio Hernando y Óscar López, ni estaban ni se les esperaba.

Los críticos andaluces saltaron como un resorte, incluida la presidenta de la Junta de Andalucía, que gritaba entre lágrimas: «¡Compañeros y compañeras, esto así no se puede, en una urna tapao, tapao…!», se quejaba Susana Díaz. La exportavoz socialista Soraya Rodríguez empezó a llorar solicitando parar el espectáculo; el alcalde de Soria, Carlos Martínez, se llevaba las manos a la cabeza; Pepe Blanco alzaba el dedo índice para denunciar el esperpento de una imposición «antiestatutaria» de la dirección federal, absolutamente inédita. La tensión llegó a tal nivel que el dos de Susana Díaz, Juan Cornejo, secretario de Organización del PSOE andaluz, agarró «por la pechera» a un miembro de la Ejecutiva en medio del griterío: «¡Pucherazo! ¡Cobardes, sinvergüenzas!». Un exceso que precipitó el principio del fin de Pedro Sánchez, aunque sólo por unos meses.

VER+:

Melchor Miralles:
«El trabajo de Ketty Garat merece 

viernes, 24 de abril de 2026

LIBRO "PASAJE DE IDA": 15 ESCRITORES VENEZOLANOS EN EL EXTERIOR 🏃

PASAJE DE IDA

15 escritores venezolanos en el exterior

Para nadie es desconocida la actual diáspora de venezolanos en busca de mayor seguridad y mejor fortuna, un fenómeno que aún podemos llamar novedoso entre nosotros y que, por una parte, ha afectado en lo inmediato la cotidianidad y el mundo emocional de muchas familias, mientras por otra tal vez esté cambiando la propia idiosincrasia de toda una nación. Conformada en gran parte por la llamada clase profesional, a esta migración se suman artistas, intelectuales y escritores. De estos últimos se han reunido aquí quince testimonios como constancia de las dificultades, asombros y desasosiegos que este éxodo específico implico quehacer que es la creación literaria, estas voces de importantes poetasa, aminorados en cierto sentido, acrecentados en otro, por las facilidades de comunicación del actual mundo globalizado.
Sin querer -ni poder- renunciar a un origen que no es solo parte de sus recuerdos y vivencias fundamentales, sino también, y de manera inevitable, de ese íntim, narradores y ensayistas nos ofrecen muy variadas visiones sobre esta particular experiencia, donde lo dejado atrás, ese lugar llamado Venezuela, es hilo conductor y enlace. Estamos pues, como afirma en la introducción Silda Cordoliani, compiladora y presentadora del libro, ante «un caleidoscopio de la patria vista desde lejos»; aquí confluyen desde la nostalgia por ciertos sabores hasta reflexiones sobre el habla y la lengua, sin nunca desatender los sentimientos encontrados que despierta un país tan convulsionado como el nuestro.
Introducción


Desde hace algunos años las despedidas son parte de mi vida. Prolongadas despedidas que comienzan mucho antes del día en que esa persona tan querida toma el avión llevando lo menos posible de equipaje, mientras nosotros seguimos acumulando objetos que nos van dejando en prenda. Tal vez habría que agradecer entonces las tantas dificultades por vencer, el largo tiempo que transcurre entre la decisión y el adiós, porque llegado el momento definitivo de la partida, la tristeza del vacío ya se ha hecho costumbre.

Seguramente esa ha sido la principal razón por la que surgió este libro.

Después vienen las conversaciones a distancia, los chateos y correos como un ejercicio más, como un esfuerzo para no acabarse de ir, para que no se vayan del todo. La necesidad de superar la desazón y el desconcierto se hace mutua, como mutua la necesidad de apoyarnos en nuestros respectivos desarraigos. Porque el lugar de pertenencia, ese espacio que solemos llamar patria, son paisajes y cadencias, son experiencias y recuerdos, pero, sobre todo, son los afectos. Y si los paisajes se deterioran tan rápido, si las experiencias ya no sirven para entender la realidad y, además, los afectos se ausentan, también los que se quedan comienzan a vivir en estado de extrañamiento. 

“Me fui mucho antes de haberme ido”, dice Israel Centeno.

Para los venezolanos, la diáspora que hemos sufrido durante los últimos tiempos constituye una novedad, un fenómeno social insospechado pocas décadas atrás. Nos agarró de sorpresa, sin aparente aviso previo, y aun hay quienes guardan la secreta esperanza de que pueda ser revertida. Nada indica que hayamos asimilado todavía lo que significa para nuestra forma de vida, nuestra manera de relacionarnos y nuestra propia existencia, haber pasado de ser un generoso país de inmigrantes a un convulsionado país de emigrantes.

Sobre exilios sí aprendimos suficiente durante los regímenes dictatoriales del siglo pasado, sufridos en su gran mayoría por políticos e intelectuales. De estos últimos quizás los casos más emblemáticos sean Rufino Blanco Fombona, desterrado durante más de veinte años en Madrid, donde escribió buena parte de su obra y fundó la famosa editorial América, y Mariano Picón Salas en su exilio chileno, “un venezolano errante” como lo llama Gregory Zambrano.

Pero, aquí y ahora, no se trata exactamente de exilio. “Las acepciones rigurosas de los términos destierro o exilio me son ajenas”, sostiene Miguel Gomes, y con razón, pues en un mundo donde la saturación de posibilidades de comunicación disminuye en gran medida pesares y añoranzas, unas palabras como esas no guardan demasiada vigencia. Por otro lado, sea cual sea el motivo, nuestra migración es un apartamiento escogido, que poco se corresponde con la carga semántica a la que remite un término tan fuerte como exilio.

Los quince autores reunidos aquí son escritores o, más bien, creadores literarios, con al menos un libro publicado, a quienes se les solicitó una íntima reflexión sobre el país a partir de su quehacer literario. Poetas, narradores, ensayistas y críticos que han optado por una vida fuera de Venezuela, muchas veces por simples circunstancias del destino, otras impulsados (u obligados) por las nada favorables condiciones políticas y sociales. De cualquier forma, lo que parece agruparlos más allá de su pasión creadora es el improbable retorno. De allí tal vez que en la mayoría de estos textos resulte evidente un dolor que supera en mucho a la simple nostalgia. Y es que este país, como certeramente advierte Gustavo Guerrero, se ha convertido en una “materia problemática”, en un enigma cuya búsqueda de resolución quizás inquiete bastante más desde la distancia.

Nada de extraño tiene entonces que algunos de los invitados a este proyecto hayan insistido en su dificultad para escribir sobre el tema, o –siguiendo a Juan Carlos Méndez Guédez– para “hablar de Venezuela sin que les falte el aire”; dificultad que puede haber sido la causa de que algunos otros convocados no estén presentes. Asimismo, esto explicaría, en parte, la abundancia de textos fragmentarios, e incluso las imágenes fotográficas con que Verónica Jaffé y Doménico Chiappe complementan los suyos. En parte, digo, porque al tiempo que se trata de cohesionar los contradictorios sentimientos que despierta lo dejado atrás, las experiencias de extranjería también reclaman su lugar en el espacio emocional de los migrantes.

Recuerdos que emergen como una antigua película en sepia, intensos testimonios de vida, reflexiones sobre el país y el trabajo con la palabra que los une, querencias y asombros, imágenes y sueños emergen de estos textos tan variados como las vivencias y las voces literarias de quienes los ofrecen. Un caleidoscopio de la patria vista desde lejos. Ellos, escritores, diestros en el oficio y sus recursos, han logrado nombrar lo que tanto cuesta nombrar.

En un inicio contemplé la idea de agruparlos según los asuntos más resaltantes de cada trabajo para proponer así cierto orden de lectura. Más tarde comprendí que esto no iba a resultar del todo justo, pues al restringirlos podía restar importancia precisamente al carácter fragmentario de muchos de ellos y, por tanto, a la diversidad de aspectos a los que apuntan. Preferí entonces organizarlos de manera más convencional, de acuerdo con un orden temporal en este caso, comenzando por el autor que dejó el país más temprano, en 1983, hasta Blanca Strepponi, que partió en 2011.

Finalmente, creo importante señalar aquí que en ningún otro momento Venezuela ha tenido tantos de sus escritores fuera. Sabemos, y es ya un lugar común decirlo, que a diferencia de lo que ocurría con otros creadores latinoamericanos, sus viajes tuvieron siempre un pasaje de regreso. Incluso, ni los más férreos opositores de los gobiernos de la última mitad del siglo XX llegaron a emigrar. Para bien o para mal, Venezuela brindaba una seguridad (y comodidad) que nadie parecía estar dispuesto a poner en riesgo. Acaso –también se ha dicho– sea esta una de las razones por las cuales la literatura venezolana ha tenido tan poca proyección. Cabe pensar entonces que este flujo de escritores prolongando el país más allá de sus fronteras trae consigo buenos augurios para la literatura nacional, para una tradición cultural que mucho ha tenido de ensimismada. Como prueba: los nombres venezolanos que figuran cada vez más en catálogos editoriales extranjeros. Varios de ellos están presentes en este libro.

gregory-zambrano-las-patrias-circundantes-en-pasaje-de-ida by Elisa Pinilla Da Silva


jueves, 23 de abril de 2026

LIBRO "ANTONIO GAUDÍ": LA PALABRA EN LA PIEDRA. Los símbolos y el espíritu de la Sagrada Familia por Jean-Paul Hernández SJ ⛪➕

 ANTONIO GAUDÍ:

Los símbolos y el espíritu 
de la Sagrada Familia

La Sagrada Familia es mucho más que el principal reclamo turístico de Barcelona. Es un poderoso mensaje oculto, una vibrante «homilía en piedra» diseñada por el genio Antoni Gaudí. Descubre los misterios que esconden las sobrecogedoras fachadas de la Natividad y la Pasión. Adéntrate en el significado real de su asombroso bosque interior y sorpréndete con el innovador trencadís, elaborado de forma revolucionaria con pedazos de baldosas rotas y materiales de desecho. El jesuita Jean-Paul Hernández nos revela las motivaciones profundas, la intensa aventura mística y el rotundo compromiso social de un artista que elevó a los trabajadores a protagonistas de la belleza y que decidió convertirse en un auténtico «monje en la ciudad». En un momento histórico en el que el complejo religioso se acerca más a su esperada culminación, esta es una guía absolutamente imprescindible para creyentes, amantes del arte y todo aquel que quiera dejarse transformar por una de las catequesis en piedra más deslumbrantes del mundo.
“La Belleza es el resplandor de la Verdad” Antoni Gaudí.

A veces pasamos por la vida con la mirada pegada al asfalto, olvidando que justo encima de nosotros sucede un milagro diario: el árbol buscando la luz. No es un esfuerzo agónico, sino una orientación vital, un instinto de supervivencia que se convierte en danza.
Para Antoni Gaudí (del que el 10 de junio se cumplen 100 años de su muerte), ese movimiento no era simple biología. Era el rastro de un Creador que se comunica en el lenguaje de las formas orgánicas.

Gaudí entendió que las leyes de la física —la gravedad, el equilibrio de una parábola, la resistencia de un tronco— son, en realidad, pensamientos de Dios. Al observar un árbol, no veía solo madera; veía una lección de sencillez y firmeza.
Como bien explora Jean-Paul Hernández en “La Palabra en la piedra” (publicado en el sello Mensajero), Gaudí no pretendía ser un innovador rompedor por ego, sino un traductor humilde. Su arquitectura es un intento de volcar en la piedra el susurro de Dios que él escuchaba en el bosque.

Y por eso, la Sagrada Familia es una homilía en piedra. Hernández nos recuerda que Gaudí bebía de fuentes profundas: la Biblia y la liturgia (especialmente a través de Dom Guéranger). Cada columna, cada capitel y cada vitral no están ahí por estética, sino por corazón. Y uno entregado casi por completo a Dios.
Al final, todos estamos llamados a ser un poco como la Sagrada Familia: obras en construcción, a veces incompletas y rodeadas de andamios, pero destinadas a ser un reflejo de la luz divina en medio del mundo.

Gaudí busca aproximar el Cielo y la Tierra, recrear la Jerusalén Celeste cimentada sobre la presencia de la Trinidad en el plan divino de la salvación, y sintetizar todo ello, en la forma simbólica suprema del templo (Puig, 2011: 47-49). 
La clave simbólica básica del interior la proporcionó el propio Gaudí al afirmar con sus palabras lo siguiente: Será como un bosque […] la decoración de las bóvedas serán hojas, en las cuales se verán los pájaros propios de la tierra. Los pilares de la nave principal serán palmeras; son los árboles de la gloria, del sacrificio y del martirio. Los de las naves laterales serán laureles, árboles de la gloria, de la inteligencia […] Las formas helicoidales son infinitas, se encaraman hacia arriba, sin acabar, como la eternidad. Así serán los pilares de la Sagrada Familia. (Giralt-Miracle, 2012: 216)

Gaudí aspiraba a convertir la Sagrada Familia en una suprema síntesis de teología cristiana, geometría, naturaleza y espíritu, con el sueño, según las palabras del teórico ya mencionado Armand Puig (2011: 217): 
“el sueño de la totalidad, como el Raimundo Lulio del Ars Magna, como el Dante de la Divina Comedia, o como el Tomás de Aquino de la Summa Theologica”. 
El templo es asimismo el resultado de la síntesis de innumerables formas arquitectónicas, entre ellas la de Santa Sofía de Constantinopla, las Catedrales de Reims, Tarragona, Mallorca, la iglesia de Santa María del Mar, y un largo etcétera de arquitecturas vistas, sentidas o imaginadas en el crisol de la mente Gaudiana (Puig, 2011: 218). 

Como hemos mencionado, varias dimensiones simbólicas se funden en el templo; por un lado, como ya se ha indicado recientemente, la Sagrada Familia es una figuración simbólica de la Jerusalén Celestial Apocalíptica, con la presencia de detalles interesantes que reflejan símbolos claros extraídos del apocalipsis, desde el Alfa y la Omega en la torre central dedicada a Cristo, hasta el lampadario que cuelga bajo el cimborrio central con la figura de Cristo crucificado.

Por otro lado, la Sagrada Familia se ha considerado como un himno a la presencia providencial de la Trinidad y de la propia Sagrada Familia en la naturaleza y la historia, que cristaliza en la figura suprema de Cristo como centro teológico y simbólico del templo (García Álvarez, 2017: 196). También se ha planteado por parte de algunos estudiosos, que la Sagrada Familia expresaría de forma simbólica la identidad entre el curso solar y la vida de Cristo. 

De esta manera, la fachada del Nacimiento está dirigida hacia Oriente, quedando iluminada por el sol naciente, al contrario que la la fachada de la Pasión orientada hacia Poniente, del modo que la mortecina luz solar del atardecer expresaría el luto por la muerte de Jesús (Torii, 1983: 131). Consideramos de gran importancia enfatizar en esta fachada porque, aunque se sabe que Gaudí no pudo contemplar su materialización plena, el mismo deja constancia sobre la intensidad con la que concebía la fusión simbólica entre la materia y la idea, en un esclarecedor testimonio al también arquitecto Joan Bergós:

Puede ser que alguien encuentre demasiado extravagante esta fachada, pero yo querría que llegara a dar miedo, y, para conseguirlo, no escatimaré el claroscuro, los elementos salientes y los vaciados, todo lo que resulte del más tétrico efecto […] Es más, estoy dispuesto a sacrificar la misma construcción, a romper, a cortar columnas, con el objetivo de dar una idea de como es de cruento el edificio. (Giralt-Miracle et alt, 2012: 198).

El templo también puede valorarse como la pura naturaleza hecha arquitectura, en donde se exhibe naturaleza local y mediterránea con toda clase de especies que, como una expresión de esa naturaleza local, quedan exaltadas y glorificadas por su presencia en el templo del espíritu. Elementos como las torres están dedicadas a los doce apóstoles, los Evangelios, la Virgen y Cristo (Puig, 2011: 77); dichas estructuras se elevan como si se trataran del resultado de los movimientos tectónicos que, en sus orígenes, produjeron la elevación de esa montaña sagrada en el pensamiento del arquitecto, Monserrat, pero también nos recuerdan subliminalmente, el resultado de elevar a una escala monumental, la forma natural del crespinell, la planta salvaje ya mencionada con anterioridad cuyo sencillo perfil se funde con la forma final del templo. 

Los remates de la propias torres, suponen una de las manifestaciones definitorias de la fusión simbólica de naturaleza, geometría, imaginación y espíritu; nos resulta difícil imaginar como es posible condensar en un espacio tan limitado, una cantidad de tales estructuras geométricas que sirvan de soporte a esos simbolismos naturales, imaginarios y espirituales, algo que para una mente contemplativa de la visión trascendental de nuestro arquitecto, sirve para referenciar como broche final, la grandeza de su legado artístico y personal.

Gaudí 

Fuiste enviado a este mundo para crear 
Quizás más de un tormento tuviste que pasar 
Tu genialidad artística quisiste dejar 
Realizaste una obra para recordar 

El mundo contemplabas de una manera diferente 
Para ti la naturaleza fue siempre alma latente 
Tu fe te convirtió en un devoto creyente 
Para ti un simple vistazo a la vida no fue suficiente 

Alzaste con tu dominio el Nacimiento 
Esculpiste con tu talante la Gloria 
Erigiste con tu saber la Pasión 
Alcanzaste una divina inmortalización.