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CALENDARIO CUARESMAL 2026

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miércoles, 18 de febrero de 2026

LIBRO "Y ERA DE NOCHE": UNA CRÓNICA DE TRAICIONES. BASADO EN UNA HISTORIA REAL por CHARLES THEODORE MURR

Y ERA DE NOCHE

UNA CRÓNICA DE TRAICIONES

BASADO EN UNA HISTORIA REAL


“Y ERA DE NOCHE” (una novela del autor Charles Theodore Murr) aborda la cuestión del efecto psicológico de la traición, no en el traidor, sino en el traicionado. ¿Qué significa para un hombre fundamentalmente bueno ser traicionado por alguien en quien confía implícitamente? Peor aún, ¿ser traicionado por un grupo de antiguos amigos que conspiran juntos, cada uno por sus propios fines egoístas? «Dios te ampare cuando un amigo se propone traicionarte», le dice un mentor a Charlie al inicio de Y Era de Noche. «Tus enemigos no pueden traicionarte, Charlie; solo un amigo puede hacerlo; pero cuando los amigos colaboran en una traición… ¿quién podría salir victorioso contra… toda una compañía de Judas?»

Ambientada en la capital italiana, el centro de México y Nueva York durante las décadas de 1970 y 1980, la intrincada trama de este libro es vasta y laberíntica. Aunque no es para los pusilánimes, la novela contiene una buena dosis de humor. (Un obispo particularmente inepto, por ejemplo, es “la nada hecha carne”; y una excéntrica madre general de Rímini, que se cree destinataria de revelaciones divinas, “no solo habla en lenguas, sino que evidentemente también piensa en lenguas”).

En conjunto, "Y Era de Noche" resulta difícil de clasificar. Como relato de un hombre bueno pero imperfecto en el sacerdocio, que busca su salvación con “temor y temblor” en México, recuerda a El poder y la gloria de Graham Greene. Por su galería de personajes absolutamente extravagantes y sus giros argumentales disparatados, evoca La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Es también un roman à clef, una especie de ajuste de cuentas, una denuncia sin tapujos de la iniquidad humana, cuyo propósito es claramente poner nombres sobre la mesa.

Por encima de todo, sin embargo, es la historia de la vida de un hombre, narrada en forma de novela pero carente de la unidad artificial que una ficción puede lograr, participando así de la rareza y el misterio que caracterizan a toda vida humana. Charlie Murr, junto con el lector, se pregunta por qué Dios, en su providencia, permitió que le sucedieran cosas tan terribles y maravillosas.

En este último aspecto, Y Era de Noche recuerda un episodio de La Divina Comedia. En los cielos de Saturno, san Pedro Damián se adelanta a recibir al peregrino Dante, y este le pregunta por qué Dios lo eligió a él, entre todos los santos de aquel cielo, para ser portavoz. El santo responde: “El alma más iluminada del cielo, el serafín que fija más su mirada en Dios, no podría dar respuesta a tu pregunta”. La respuesta a tales interrogantes, dice, “se halla oculta en lo profundo del abismo de la ley eterna de Dios, de modo que la vista de cualquier criatura que Él creó queda apartada de ella”. Y concluye: si tales cosas son incognoscibles incluso para los bienaventurados en el cielo, ¡cuánto más escaparán a quienes aún habitamos en el mundo mortal!

En Y Era de Noche un hombre se plantea esas mismas preguntas sobre su propia vida y, al aceptar finalmente que de Dios no llegarán respuestas, encuentra en ello una respuesta. Como Job al final de la catástrofe, no queda con preguntas acerca de los cómos y porqués de Dios, sino con las preguntas de Dios hacia él mismo. Y, como Job, llega a comprender que las preguntas de Dios son mucho más saciantes que las respuestas de los hombres.

INTRODUCCIÓN

OTOÑO EN NUEVA YORK, 1994.

Por tercera vez en dos meses, nos reunimos en el mismo restaurante, en la esquina de la calle 61 con la 3a Avenida, y nos sentamos en la misma mesa apartada. Todo en la Isla de Capri era de estilo italiano antiguo, incluido el personal de camareros, todos hombres maduros. «Me gusta mucho este establecimiento», comentó mi nuevo amigo y saludó amablemente con la cabeza a una pareja que le sonreía desde el otro lado de la sala, pintada de rojo intenso. 
«Es un lugar seguro para conversar», me aseguró, también por ter­ cera vez en dos meses.

Yo acababa de terminar de leer "Los jesuitas" y había venido preparado para hacer preguntas, escuchar y aprender y, sobre todo, para deleitarme con la sagaz compañía del doctor Malachi Martín.
Pasamos bastante tiempo discutiendo nuestras opiniones ligeramente dis­tintas sobre los verdaderos villanos del Concilio Ecuménico Vaticano 11 y nos turnamos para destrozar a Pierre Teilhard. Coincidimos en el daño causado por los modernistas, Rahner, Kung, Congar, Schillebeecks y de Lubac, pero discrepamos sobre los principales actores posconciliares que se encargaron de llevar a la práctica de forma ultramoderna, la teoría modernista.

Todavía puedo oír la risa maliciosa de Malachi cuando recité una pequeña canción que había aprendido a principios de los años 70, entre clases, en el Café-Bar Gregoriana:

Schillebeecks, Rahner and Küng, 
Their praises are everywhere süng 
Says Ottaviani: "There'll be no domani, 
Untíl they are, each of them, hüng!" 

Schillebeecks, Rahner and Küng 
sus alabanzas se cantan por todas partes 
Ottaviani dice: "No habrá mañana 
Hasta que a todos los cuelguen!".

Un punto en el que estábamos en completo desacuerdo concernía a dos cardenales de la Curia romana: el francés Jean Cardenal Villot [secretario de Estado bajo Pablo VI, Juan Pablo I y, brevemente, bajo Juan Pablo II] y su aliado más cercano (y leal compañero de logia), el italiano Sebastiano Cardenal Baggio, prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos (dur­ante doce críticos años posconciliares). Villot dominaba y controlaba al papa Pablo VI, mientras que Baggio revolucionaba la Iglesia colocando "vescovi di sinistra" (obispos de izquierda) en prácticamente las 3,000 diócesis católicas en todo el mundo. Una vez más, denuncié el abominable papel de Baggio en la muerte del papa Juan PabloI. Una vez más, Malachi mantuvo que Villot había envenenado al pontífice.

Mientras que a mí me interesaba el notable conocimiento de Martin sobre los acontecimientos anteriores, durante e inmediatamente después del Con­ cilio Vaticano II, a él le interesaba mi conocimiento de las personas y situaciones de los años setenta y ochenta: Los cardenales Giovanni Benelli, Edouard Gagnon, Silvio Oddi, Pietro Palazzini, Darío Hoyos Castrillón; los monseñores Mario Marini, Giuseppe Lobina y Guglielmo Zannoni.

Aunque ambos coincidimos de nuevo en que Villot y Baggio eran los dos mayores villanos de la historia eclesiástica moderna, discrepamos en cuál de los dos era el peor. Hicimos un rápido repaso de nuestras dos últimas conversaciones sobre mi odisea romana/mexicana de 22 años. Justo cuando estaba a punto de atacar un plato humeante de penne arrabiata, Malachi me lanzó el desafío:

«O escribes esa historia o me das permiso y la escribo yo mismo». Le presté toda mi atención. «Ponerlo por escrito es el primer paso», continuó, «Tu his­toria, Charlie, es material para un éxito de taquilla. Veo una película, mejor aún», sus ojos se iluminaron, «una miniserie. "El pájaro espino"», ofreció un ejemplo brillante, «Te das cuenta, ¿no?». Hay suficiente material destacado y momentos culminantes en tu saga para tres, ¡quizás cinco libros!».

Le dije que escribiría mi historia. No obstante, le pedí al gran maestro de la ficción su inestimable ayuda y para mi alivio, Malachi aceptó. De noviem­bre a junio, elaboramos el esquema. Más tarde, añadió un miembro más al equipo, un hombre llamado "Chuck", su amigo de confianza y editor de libros. (Me emocionó descubrir que "Chuck" era el padre Charles Fiore, mi an­tiguo profesor de Cristología en Roma).

En junio de 1995, me fui a Austria a estudiar alemán y psicología. Las comunicaciones a larga distancia eran mucho más difíciles de lo que habíamos previsto. Capítulo a capítulo, envié y recibí «disquetes» a través del Atlántico de Martin y Fiore. Algunos llegaron dañados, otros nunca llegaron. Para com­plicar las cosas, Malachi estaba terminando "Wíndswept House: A Vatícan Novel".

Volví a Nueva York [en 1997) con una sobrecarga de trabajo excesiva, mien­tras continuaba mis estudios de posgrado en psicología en la Universidad de Nueva York. La escritura de mi novela se había detenido por completo.
De vez en cuando, Malachi y yo hablábamos por teléfono. Él terminaba todas las conversaciones con la advertencia: «¡Tienes que terminar tu libro!». 
Solo nos volvimos a ver una vez más para cenar, en la Isla de Capri, por supuesto. Poco después enjulio de 1999, el padre Fiore me llamó por teléfono para informarme de la prematura muerte de Malachi. Unos años más tarde, supe que el padre Charles "Chuck" Fiore también había fallecido.

La inspiración y la motivación para terminar mi libro parecieron morir con ellos.
HASTA QUE...
Hace dieciocho años (2006], recibí una llamada de unos amigos de Gua­dalajara, Jalisco. Pensaron que me gustaría saber de un libro recientemente publicado en México, especialmente porque yo estaba en uno de sus capítu­los, y porque parecía estar generando artículos similares.

El "libro" era el neplus ultra del amarillismo mexicano, un género literario que haría que los tabloides sensacionalistas estadounidenses más bajos, dis­ponibles para "mentes inquisitivas" en la mayoría de las cajas de los super­ mercados Piggly-Wiggly, se leyeran como sonetos shakespearianos. Es más, la única y "fiable" fuente de información del autor sensacionalista era uno de los sociópatas más notorios del centro de México: el infame narco-médico, doctor Jorge Mejía !turbe, alias «El Monje», alias Doctor Jorge Mejía Monje. (Cumpliendo una condena prolongada en una prisión federal mexicana, el doctor Jorge Mejía Iturbe no está disponible para hacer comentarios).

Después de leer varias páginas de la cloaca literaria, llamé por teléfono a dos amigos de toda la vida, ambos profesores de derecho; uno en la Ciudad de México y el otro en la ciudad de Nueva York. Ambos se opusieron a de­ mandar por difamación. Además de la enorme cantidad de tiempo y dinero que supondría una demanda de este tipo, señalaron la evidente futilidad de que un extranjero intentara demandar a una editorial mexicana, en México, bajo el código legal mexicano (napoleónico). Además, si por algún milagro el extranjero ganara, los tribunales mexicanos solo podrían concederle: 

1) una disculpa de sus detractores por escrito, 
y 2) 1,275 pesos mexicanos (11 dó­lares estadounidenses)en concepto de daños y perjuicios.

Seguí el consejo de mis abogados y no presenté la demanda. Sin embargo, eso no significaba que fuera a rendirme y hacerme el muerto. En 2006, volví a mi manuscrito sin terminar. Ocho meses más tarde, con 3,300 pá­ginas mecanografiadas, llamé a un viejo amigo en Roma, el periodista y escritor australiano Desmond O'Grady, quien accedió a editar el manuscrito completo que Malachi Martín me animó a comenzar en 1995. En 2009 se publicó "La sociedad de Judas".

Poco después de publicar La Sociedad de judas, me di cuenta dolorosamente de algunos errores estructurales y de estilo en el libro. La trama no tenía un desarrollo fluido. Había demasiados personajes para que el lector medio pudiera seguirlos. El lenguaje de los diálogos, especialmente el escrito en la lengua vernácula mexicana -aunque auténtico y fiel a la realidad- era a menudo demasiado vulgar y crudo para muchos de mis lectores.

El mayor error, sin embargo, fue haber "suavizado' el abominable estado moral y mental de uno delos personajes principales. El narco médico, "Doctor Jorge Menda", vivía una vida escalofriante, doble y triple llena de extor­siones, secuestros, torturas, violaciones, sodomías, asesinatos e intentos de asesinato internacional. Omití deliberadamente muchas de las escabrosas aventuras del médico y minimicé (o suavicé) muchas otras. Temía que mis lectores encontraran imposible de soportar la verdad completa sobre el mé­dico. Las personalidades de Jekyll y Hyde del "Doctor Jorge Menda" no sur­gieron de forma tan dramática y evidente como deberían haberlo hecho.
En cualquier caso, decidí que "La sociedad de Judas" necesitaba una reesc­ritura seria y, el año pasado, eso es exactamente lo que me propuse hacer, empezando por el nuevo título inspirado en [Juan 13:30]. 
"Y era de noche" está previsto que se publique en Navidad de 2024.
Para aquellos de ustedes que ya leyeron mi libro original, espero que esta novela "nueva y mejorada" no les decepcione.

Charles T. Murr
21 de enero de 2025

 
¿ES DE NOCHE EN LA IGLESIA? EDITADO-ILUSTRADO P. CHARLES MURR

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martes, 17 de febrero de 2026

LIBRO "HISPANOTERAPIA: UN TRATAMIENTO DE CHOQUE PARA VENCER NUESTROS TRAUMAS" por ALBERTO G. IBÁÑEZ

Hispanoterapia

Un tratamiento de choque
para vencer nuestros traumas

ALBERTO G. IBÁÑEZ

El mundo hispano es ese niño atrapado en una infancia de maltratos por parte de unos compañeros de juego crueles y de unos familiares que, ante la pérdida de los padres protectores, lo echan de la casa común de Occidente, lo desprecian, lo dominan, lo convierten en su siervo moral y vasallo cultural
¿Reaccionamos? Este libro pretende ser una mano amiga que nos saque del desánimo, lanzándonos a un proceso de recuperación personal y colectiva para recobrar la Hispanidad como un club de lucha y talento. Historia, psicología y filosofía en una obra pensada para recuperar aquel espíritu descubridor e intrépido que hizo de los hispanos una fuerza imparable en el terreno militar, político y cultural durante siglos.
«Este libro se esfuerza por darnos razones para, en tiempo tan crítico como el actual, transformar nuestro pasado en parte innegociable de nuestro futuro».
En este mundo cada vez más interconectado y amenazado por ideologías globalistas anónimas, es importante conocer y apreciar nuestra herencia común, que podría abrir un futuro de una mayor unidad natural y de prosperidad.
En este mundo que comienza a parecerse a una suerte de aeropuerto internacional, donde las identidades culturales se entrelazan y hacen historia, surge esta obra que busca desentrañar las complejidades de la historia y la geopolítica hispana. El libro nos sumerge en la esencia de una guerra cultural nigrolegendaria que ha definido al mundo hispano por siglos, ofreciendo datos provocadores que buscan redefinir paradigmas arraigados.

«Hay que agradecer al autor que nos muestre cómo recuperar el liderazgo hispano ejercido a lo largo de la Historia»
Magdalena de Pazzis Pi Corrales, catedrática emérita de Historia Moderna en la Universidad Complutense.

«La Guerra de Secesión de España en América generó doscientos años de amnesia histórica. En este libro, Alberto G. Ibáñez, utilizando la historia, la psicología social y la psicología de las profundidades, nos da el programa a seguir para recuperar nuestra Memoria Histórica: saber que somos ciudadanos de la civilización hispana»
Enrique Alí González Ordosgoitti, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad Católica Andrés Bello.

«Cuán aleccionador resulta el recordarnos como los hispanos aquellos de los siglos XV y XVI, nuestros antepasados, gestionaron tan brillantemente la complejidad, lo desconocido, lo incomprensible, lo disruptivo! Justo, lo que se nos pide hoy en día y que Alberto G. Ibáñez nos hace ver de forma atractiva y provocadora»
José María Gasalla, Premio Nacional de Management 2023-2024.


En el corazón de esta obra yace una tesis audaz: el Imperio que sucedió al romano no fue el germánico, como se suele creer, sino el Sacro Imperio Romano Hispánico (SIRH). ¿Por qué llamar Sacro imperio romano germánico a un imperio que ni fue alemán, ni fue sacro, ni fue romano? No fue alemán: Nuestro emperador Carlos I de España y V de Alemania, reinó sobre el Sacro Imperio Romano Germánico (aunque en ese momento Alemania aún no existiera como entidad unificada), y gobernó sobre las Américas como Carlos legadas por sus abuelos los Reyes Católicos, monarcas de España, que ya existía al unirse la corona de Castilla con la de Aragón y recuperar mediante la Reconquista el territorio ibérico. No fue tan sacro, pues se consolidó rompiendo con la Iglesia a partir de Lutero; no fue romano, por la falta de uso del latín.
A diferencia de otros líderes europeos, Carlos V mantuvo una visión de Europa unida y defendió la religión de Roma.
Con esta premisa, Ibáñez invita a reflexionar sobre la identidad hispana y su papel en la historia mundial, subrayando la importancia de reconectar con nuestras raíces comunes, mediante la reivindicación del legado hispánico en la construcción de Europa y el mundo.
A diferencia de otros líderes europeos, Carlos V mantuvo una visión de Europa unida y defendió la religión de Roma, por ello destaca la importancia de Hispania en la comunicación de la fe dentro y fuera del contexto continental. Mientras que otras potencias europeas priorizaban sus intereses nacionales sobre los religiosos, España mantuvo una lealtad firme a Roma, a menudo en detrimento de sus propios intereses. La obra expone cómo España, a pesar de sus contribuciones al catolicismo (o quizá a causa de ellas) y a la civilización occidental, ha sido objeto de una «leyenda negra» que distorsiona su legado.
Las aportaciones del Imperio español

Otro elemento destacable del libro es la recuperación de la Hispanidad. Más de veinte países comparten la misma lengua y coordenadas culturales, pero la falta de conciencia sobre esta unidad ha alimentado divisiones y enfrentamientos. Alberto Gil Ibañez recupera como nadie la relevancia del SIRH como crisol de culturas, incluyendo a indígenas, españoles, criollos, negros, mestizos y mulatos.
El libro señala y data las contribuciones del Imperio español al mundo en el ámbito jurídico (con las «Leyes de Indias» que establecieron normas sociales sin precedentes), en el ámbito social y de infraestructuras (con la construcción de casi mil hospitales, obras hidráulicas y caminos reales); en el del pensamiento, a través de la filosofía salmantina (que sentó las bases morales, intelectuales y económicas del Imperio), con autores americanos que enseñaron en universidades en España, América y Filipinas.

Las aportaciones del Imperio español

Otro elemento destacable del libro es la recuperación de la Hispanidad. Más de veinte países comparten la misma lengua y coordenadas culturales, pero la falta de conciencia sobre esta unidad ha alimentado divisiones y enfrentamientos. Alberto Gil Ibañez recupera como nadie la relevancia del SIRH como crisol de culturas, incluyendo a indígenas, españoles, criollos, negros, mestizos y mulatos.
El libro señala y data las contribuciones del Imperio español al mundo en el ámbito jurídico (con las «Leyes de Indias» que establecieron normas sociales sin precedentes), en el ámbito social y de infraestructuras (con la construcción de casi mil hospitales, obras hidráulicas y caminos reales); en el del pensamiento, a través de la filosofía salmantina (que sentó las bases morales, intelectuales y económicas del Imperio), con autores americanos que enseñaron en universidades en España, América y Filipinas.

El español, con su vasta difusión, expandió el latín. El arte y la cultura florecieron en escuelas como la quiteña y la cuzqueña. En términos económicos, la industria se fortaleció y las relaciones comerciales se ampliaron, dando lugar a la primera globalización económica y consolidando al virreinato de la Nueva España como centro comercial mundial. La obra pone de relieve que España llevó consigo la tradición civilizatoria europea al Nuevo Mundo, configurando sociedades prósperas y pacíficas. Ibáñez argumenta que este imperio fue una operación civilizatoria pionera en la historia, merecedora de reconocimiento y estudio.
En este mundo cada vez más interconectado y amenazado por ideologías globalistas anónimas, es importante conocer y apreciar nuestra herencia común, que podría abrir un futuro de una mayor unidad natural y de prosperidad. Con este libro, Alberto G. Ibáñez nos desafía a mirar más allá de las narrativas convencionales y a redescubrir la grandeza del mundo hispano, instando a los hispanohablantes a abrazar una «hispanoterapia» ilustrada como actitud y como argumento: conociendo nuestro legado compartido y reivindicando su lugar en la historia mundial. Es hora de superar los complejos y reconocer el verdadero alcance del Imperio español, ayer y hoy, yendo siempre más allá. Plus ultra, siempre.

PRÓLOGO

Y cuentan que, un día, el hombre logró construir una máquina perfecta: una inteligencia capaz de responder a todas las preguntas. La rodearon con asombro y respeto, y alguien, con solemnidad, se atrevió a preguntar: ¿qué es un ser humano? La máquina guardó silencio. Sus luces parpadearon, su es­tructura vibró con un ruido profundo y comenzó a emanar un humo tenue. Parecía que la máquina iba a explotar. Después de un largo tiempo, respondió: te contaré una historia...

Efectivamente, los humanos necesitamos significados, historias, y no solo datos fríos. Necesitamos dar sentido, y esto es lo que ha hecho de forma mag­nífica nuestro autor, Alberto G. Ibáñez: dar sentido.
En lo que respecta a su biografía, baste decir que Alberto G. Ibáñez es padre de dos hijos. Y aunque pudiera parecer un dato menor entre nume­rosos títulos académicos y publicaciones, no lo es. La paternidad, cuando es vivida desde la entrega, es uno de los más altos indicadores de generosidad silenciosa y cuidado por el otro. Y esas maneras también se filtran a lo largo de las páginas de este ensayo. Se nota que escribe alguien que ha escuchado preguntas pequeñas con la misma reverencia con la que otros atienden a los grandes discursos geopolíticos.

En la obra y el pensamiento del autor se percibe una voz que, lejos de entregarse al ruido de las modas o al vaivén del relativismo, se centra en el revisionismo histórico: una reinterpretación del pasado que se convierte en un acto de resistencia frente a la amnesia cultural promovida por nosotros mismos. Un análisis que va de lo particular de la psicología a lo global; un discurso lleno de anécdotas, ejemplos inteligentes y algún «improperio» que -supongo- el autor no puede omitir debido a la pasión con la que escribe. Por todo ello, y al igual que le ocurrió al magnífico historiador Juan de Ma­riana, ha recibido muchas afrentas con las que debe lidiar. Sea como fuere, tal situación me recuerda la emotiva cita del diplomático español Julio Cerón: «La verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo».

Alberto nos propone una empresa singular: someter a la Hispanidad a una suerte de psicoterapia global, no para diagnosticarla con ojos altivos, sino para reconciliada con su verdad íntima, como si se tratara de curar a un niño herido. Una dosis de autoestima, sí, pero no de esa autoestima vacía propia de los manuales de autoayuda anglosajones, sino la que nace del reconocimiento honesto de lo que fuimos y de lo que, a pesar de todo, seguimos siendo.
En sus conferencias, el autor suele citar el versículo: «Os envío como ovejas en medio de lobos» (Mateo 10, 16). 
Una frase que resuena con amarga actua­lidad cuando se observa cómo España -a diferencia de otras civilizaciones que protegen, veneran e incluso mitifican hasta el ridículo su legado en un sinfín de autoelogios- ha sido el único pueblo que ha aceptado ser juzgado con criterios ajenos.

El mayor enemigo del mundo hispano no ha sido el foráneo -que también-, sino los complejos e intereses que se inoculan desde dentro, que se trans­ forman en autodesprecio y culpa autoinfligida. Y en psicoterapia ya sabemos que, cuando uno asume la culpa, es muy fácil que lo manipulen y le hagan chantaje. La leyenda negra sigue vigente y se nutre de la ignorancia y de unos hechos históricos burdamente manipulados, aunque se vistan de moderni­dad líquida.

Contra esa desafección, los ensayos de G. Ibáñez levantan una defensa apasionada de la Hispanidad: una apuesta clara por analizar y poner en valor nuestra enorme comunidad espiritual, cultural y política, tejida a lo largo de siglos.
Si este prólogo lo hubiera escrito hace más de diez años, a buen seguro diría que la Hispanidad seguía en horas bajas, deshilachada por narrativas im­puestas, fragmentarias y culposas. Reinarían por todas partes los moderni­zados, afrancesados y americanizados actores del cine español. Seguiríamos cancelados, igual que se canceló a cientos de intelectuales españoles, como al metafísico y jurista Francisco Suárez. Pero hoy la situación es bien distinta. En solo una década, la sociedad civil ha empezado a reaccionar, planteando una interesantísima y potente guerra cultural.

Siempre he defendido que la cultura y el rigor teórico no están reñidos con la diversión, y he de decir que Alberto resuelve con divertida e inspiradora soltura, y no poco sarcasmo, «los inconscientes complejos» de los intelectua­les españoles. Lo trágico -denuncia el autor- no es solo que el enemigo ter­giverse nuestra memoria, sino que nos hayamos creído que la caricatura que han pintado los otros de nuestros padres era real, y lo peor es que ni siquiera intentemos averiguar si dicha caricatura era verdadera o falsa.
Su pensamiento se articula en un combate cultural contralas lógicas disol­ventes del presente: los nacionalismos e indigenismos disgregadores y, por encima de todo, una posmodernidad sin raíces que no entiende algo tan bá­sico como la diferencia entre el endogrupo y el exogrupo.

A través de un enfoque que híbrida historia, filosofía política y cultura - confitado todo ello con no poca intuición-, el autor detecta las numerosas paradojas de nuestra historia, y aboga por una vuelta a los fundamentos: a la tradición como el humus fértil desde el cual proyectar un futuro ético, moral y político. Un reencuentro espiritual y cultural que nos lleve a reconciliamos con nosotros mismos. No se trata de volver atrás, sino de recordar nuestro origen para avanzar de forma auténtica.

En Psicología Social sabemos que es muy importante qué valoración ha­cemos de nuestra historia. No es lo mismo saber que vienes de una familia de criminales y violadores que de una familia de gente inventora, honrada y trabajadora. En este sentido, la sociedad también tiene una memoria social, con sus referentes simbólicos, que pueden ser positivos o negativos.

Esa información se transmitía de forma oral o informal, pero se advertirá pronto que hoy tal información (o propaganda) discurre por otras vías: el cine, Marvel, Disney, Netflix y Hollywood recurren sin alivio alguno a la le­yenda negra antiespañola, un día sí y otro también. Un torrente de mentiras despreciables atraviesa numerosas películas. Son abrumadoras las eviden­cias científicas que muestran que estas películas mienten sobre la historia y sobre nuestra identidad. «Dime quién fabrica tus pensamientos y te diré de quién dependes», sentencia el autor.

Siempre recordaré el comentario de un político británico cuando se supo, por numerosas investigaciones en archivos históricos, que la Armada In­ vencible y la Contra-armada fueron, en gran medida, un éxito español. El político anglosajón dijo: «No vamos a cambiar los libros de historia de los estudiantes británicos; deben saber que fue un éxito nuestro, aunque no sea verdad. Lo demás lo dejaremos para los historiadores».

Pero, a fin de cuentas, lo importante es qué información permanece en nuestra memoria y saber que esos hechos configuran y tienen la importante función de crear nuestra identidad. Si sé que mi país tiene una historia justa y épica, es más probable que mantenga mi autoestima y orgullo, y que quiera pertenecer a ese grupo y, de paso, defienda mi identidad social.
La Hispanidad, como civilización relacional, siempre ha estado entre dos civilizaciones: el islam -religión-política que se basa en la sumisión, dicta cómo pensar, de qué manera debes relacionarte y hacia dónde mirar-y, por otro lado, el mundo individualista y utilitarista anglosajón.

Pero hay preguntas de extrema importancia: ¿por qué la anglosfera, el islam o la cosmovisión china engrandecen hasta el paroxismo sus éxitos y ocultan sus derrotas, mientras que la Hispanidad hace justo lo contrario?
¿Por qué Hispanoamérica es hoy la zona del mundo con menor grado de confianza interpersonal cuando era lo opuesto hace dos siglos? ¿Por qué España es el país con menos autoestima de Europa y, sin embargo, a la mitad de los europeos les encantaría vivir en España si tuvieran que cambiar de país?
Alberto no solo nos resuelve esta compleja paradoja con afán y soltura en este magnífico ensayo, sino que además ofrece un diagnóstico, un puñado de soluciones y una ilusión renovada.

Pasen y lean.
FERNANDO PÉREZ DEL RÍO
Doctor en Psicología, psicoterapeuta 
y profesor de Psicología Social en la
Universidad de Burgos


INTRODUCCIÓN 
«Historia magistra vitae». 
Cicerón 

¡Hispanos, tenemos un problema psicocultural! Y no lo estamos haciendo frente. Cada vez SOMOS MÁS —520 millones de personas tienen al español como lengua materna-común—, pero PODEMOS MENOS porque vivimos divididos, dependientes, enfrentados, acomplejados y a menudo nos equivocamos de enemigo. La corrupción, el caos, la polarización extrema, el conflicto permanente, las tendencias fragmentadoras, la desconfianza, la falta de autoestima colectiva, la ingenuidad galopante, la violencia interna y sistémica de bandas organizadas, el narcotráfico, la dejadez, la mediocridad de nuestras clases dirigentes, la mentira como estrategia consolidada, la irrelevancia geopolítica, el vasallaje entusiasta de nuestras élites a poderes y marcos culturales foráneos… corroen nuestro presente y futuro. Y, sin embargo, nada de esto ocurría cuando estábamos unidos. 

Se dice «cualquier tiempo pasado fue mejor», salvo si eres hispano, donde gran parte de nuestra Historia común se convierte en una pesada sombra o una pesadilla, al auto-aplicarnos una memoria selectiva, sesgada, autodestructiva y tóxica. La historiografía occidental puede verse como una batalla psicocultural permanente para hacer de lo hispano un gran agujero negro que se trague todo lo positivo que juntos fuimos y logramos. Si Occidente proviene en su origen de la península ibérica, y más en concreto de Tartessos, hay que acallarlo; si Hispania fue la provincia más romanizada del Imperio, hay que acallarlo; si el reino visigodo fue el más potente de la Europa occidental y el que mantuvo más fielmente la herencia romana, hay que acallarlo; si la invasión árabe de Hispania tuvo una relevancia igual o mayor para Europa que la caída de Constantinopla, hay que acallarlo; si no pudo haber Sacro Imperio Romano sin Hispania, hay que acallarlo; si Hispania salva a Europa en las Navas de Tolosa y Lepanto, hay que acallarlo; si los trescientos años de la América virreinal y la Escuela de Salamanca constituyen una de las cimas más relevantes de la civilización occidental, hay que acallarlo; si el descubrimiento-conexión con América es la hazaña más prominente, hasta la fecha, de la historia de la humanidad, hay que acallarlo… 

Los Estados Unidos lograron alunizar por primera vez en un satélite natural abandonado con el Apolo XI en 1969. Es decir, fallaron diez veces y poco después desistieron de volver y crear asentamientos permanentes. Pero todo el mundo habla de ello como un gran paso para la humanidad. En 1492, la NASA estaba en Sevilla. Los hispanos, al primer intento, descubrieron nuestro planeta completo, una parte del cual estaba habitada por personas inteligentes que hasta entonces Occidente ignoraba estableciendo inmediatamente un contacto permanente y rutas seguras de navegación. Pero esta hazaña se menosprecia o se cubre bajo toneladas de críticas. 

Esos agujeros negros representan fallos sistémicos colectivos en la Historia de Occidente que, mantenidos con denodada contumacia, permean nuestras mentes para convertirnos en el patito feo del cuento geopolítico, porque hemos olvidado quiénes somos en realidad, un cisne con las alas acartonadas y agarrotadas de tanto creer que no puede volar. El relato cancelador del ser positivo hispano se ha incrustado de tal manera en nuestro inconsciente que nos impide hacer un diagnóstico certero de «todas» las causas de nuestros problemas actuales, determinando con ello que cualquier proyecto o plan de futuro, individual o colectivo, esté condenado al fracaso. 

Este es un libro inspirado y transpirado, fruto de muchas horas de trabajo y reflexión. No es una improvisación, ni copia mimética de lo ya dicho, ni un conjunto de ocurrencias. Su objetivo es eliminar la depresión colectiva y los complejos sistémicos que atribulan al mundo hispano, al menos desde hace dos siglos, porque dificultan e impiden su progreso y desarrollo. También el lector encontrará algunas sorpresas que espero que le hagan parar y reflexionar. Vivimos un mal sueño hispano del que debemos despertar, enfrentando nuestros complejos, para superar el trauma colectivo que lastra nuestro poder mental. A tal fin, debemos profundizar en el autoconocimiento del ser hispano, lo que implica cambiar nuestra mirada hacia el pasado, resignificando acontecimientos y reparando una amnesia colectiva interesada. 

Para ello, en una primera parte, explicaremos en qué consiste la hispanoterapia, analizando la influencia del relato colectivo —con el que estamos conectados o relacionados, nos guste o no— en nuestra psique, autoestima y percepción de cómo nos vemos y valoramos. Exploraremos la relación que se da entre psicología de grupos y la salud mental del individuo, entre autoestima colectiva y autoestima personal, partiendo para ello de los estudios de psicología, terapia o mentoría que existen a nivel individual. Abordaremos todo ello desde las particulares características psicoculturales que singularizan al mundo hispano frente a otros modelos culturales —hasta el punto de que quepa hablar de una psicohispanidad o psicohispanología—, con los que convive y compite día tras día, desde hace siglos. Solo afrontando esta tarea podremos mantener relaciones sanas, constructivas y productivas, con nosotros mismos y con nuestro entorno, porque como dice el refrán: dime con quién andas, y te diré quién eres. 

En la segunda parte, haremos un diagnóstico de la enfermedad psicocultural que aqueja a los hispanos, identificando los cinco síndromes que conforman la distorsión cognitiva que nos aflige. Para hacerles frente, en una tercera parte, ofrecemos cinco sesiones de historioterapia, casi gratuitas —por el precio que cuesta este libro—, que nos permitirán reprogramar nuestra mente para redescubrir y reforzar nuestra fuerza mental. Cada capítulo culmina con un ejercicio práctico «hispanoterapéutico» que, a partir del asunto tratado, pretende ayudarnos a ser más conscientes de lo que nos pasa, al tiempo que desarrollamos nuestro potencial dormido. 

En definitiva, se trata de abandonar el estado de ingenuidad o hispanobobería en el que nos movemos y existimos los hispanos para pasar a comprender cómo funciona el poder político-económico-social-cultural, tanto a nivel macro como a nivel micro, y cómo afecta a nuestra esfera psicológica personal. Si una vez dominamos el mundo, no existe razón alguna para que ahora debamos conformarnos con ser el queso fundido destinado a diluirse bajo la presión de las rebanadas angla y china. Todo ello puede resumirse, como aperitivo, en las siguientes cinco ideas fuerza:


Y todo este análisis hecho con rigor, pero sin caer en el «rigor mortis» que practican los que presumen de rigoristas, pero que en realidad solo persiguen bloquear debates incómodos que puedan poner en cuestión el relato dominante del que viven. 
Para ello le invito a acompañarme en este viaje ligero de equipaje, liberado de pre-juicios y expectativas previas que puedan dificultar que saque todo el provecho posible de la lectura. Si lo hace, incluso podría encontrar el tratamiento que lleva tiempo buscando para cambiar de paradigma cognitivo y por tanto de vida. Porque podría darse que, como dice Carlos D. Fregtman, terapeuta, en su obra Música transpersonal: «Una persona no lee lo que la otra escribe. Lee lo que le gustaría que el otro escribiese. Lee lo que quiere leer. Lee y oye lo que imagina que el otro debe escribir o pensar» (C. D. Fregtman, 1990: 297). 

Por último, como es de bien nacido ser agradecido, debo destacar que este libro no sería el mismo sin la ayuda, colaboración o sugerencias de numerosos amigos y colegas. Para evitar injustos olvidos o redactar una lista interminable, me limitaré a agradecer expresamente sus contribuciones a las personas que figuran: como autor del prólogo, Fernando Pérez del Río; de las frases de la contraportada: José María Gasalla, Enrique Alí González Ordosgoitti, Antonio Hermosa Andújar y Magdalena de Pazzis Pi Corrales; al autor de la portada, Ricardo Sánchez (Risconegro); sin olvidar a mi editor, César Cervera, que ha hecho posible que esta obra viera la luz. Por supuesto, los errores o malinterpretaciones que puedan parecer o aparecer son solo responsabilidad del autor.

 
HISPANOTERAPIA. UN TRATAMIENTO DE CHOQUE PARA VENCER NUESTROS COMPLEJOS.

lunes, 16 de febrero de 2026

DOCUMENTAL "FRANCO, VERDAD Y VICTORIA": UN TESTIMONIO EN DEFENSA DE LA VERDAD HISTÓRICA y "MANIFIESTO: NI OLVIDAMOS, NI CALLAMOS"

PLATAFORMA 2025 presenta 
“Franco, Verdad y Victoria”, 
un testimonio en defensa de la verdad histórica

Documental "Franco, Verdad y Victoria", una producción de PLATAFORMA 2025 que busca ofrecer una mirada honesta, rigurosa y sin manipulación sobre una figura y una época que marcaron profundamente la historia de España.
Este proyecto nace con un propósito claro: rescatar la verdad histórica frente a décadas de tergiversación, silencio y censura. Frente al revisionismo interesado y a la simplificación de un periodo complejo, este documental propone un viaje por la memoria con la voz de quienes vivieron, estudiaron o comprendieron desde dentro aquel tiempo.

En Franco, Verdad y Victoria participan personalidades de reconocida trayectoria intelectual, militar y periodística, entre ellos:
General Chicharro, Francisco Bendala, Fernando Paz, Eduardo García Serrano, Luis Felipe Utrera-Molina, Jorge García-Contell, Martín Sáenz de Ynestrillas, Norberto Pico y Francisco Torres García. Todos ellos aportan su perspectiva y experiencia para componer un retrato coral que se atreve a decir lo que muchos callan.
PLATAFORMA 2025, como entidad comprometida con la preservación de la memoria y la defensa de la verdad histórica, impulsa este documental como parte de su misión de divulgar, con objetividad y sin complejos, los hechos que dieron forma a la España contemporánea. En un momento donde la historia se reescribe a conveniencia, este estreno es una invitación a escuchar, reflexionar y debatir desde la libertad y el respeto a la verdad.
Por eso, hemos creado este manifiesto. Un llamamiento a todos aquellos que valoran la verdad y rechazan la censura histórica. Tu firma es clave para preservar un legado que marcó el rumbo del país.

Ni olvidamos, ni callamos.

Nosotros, españoles agradecidos a Francisco Franco, queremos alzar nuestra voz en este año 2025. Queremos hacerlo, porque los poderes políticos y mediáticos, han declarado que este 2025 ha de ser el año de la mentira contra el Caudillo.
No es nueva esta conducta: el Generalísimo Franco ha sido objeto de las más brutales acusaciones falsas desde que ganó a la izquierda una guerra perdida, para luego levantar nuestra nación a lo largo de una próspera y prolongada paz como jamás ha vivido nuestra tierra.
La Ley de Memoria Histórica del año 2007 de Zapatero fue un empujón en esas campañas de mentiras contra Franco. Luego vino el silencio cómplice del Partido Popular. Por fin, Pedro Sánchez, acabó por profanar la tumba del Caudillo para decretar después que debía acabarse cualquier posibilidad de defender la Verdad (con mayúscula), porque había una “verdad” oficial, fijada en la nueva Ley de Memoria Democrática de 2022. Una ley hecha para localizar, señalar, amordazar y condenar a la muerte, de momento civil, a todos los patriotas españoles.

Pero nosotros no olvidamos.
  • No olvidamos que Franco fue un soldado heroico. No olvidamos que fue cofundador y luego jefe de la Legión. No olvidamos que fue el primer director de la Academia General Militar. No olvidamos que Franco salvó a España en 1934 de una revolución socialista armada dirigida por el PSOE. No olvidamos la Victoria en nuestra Cruzada de Liberación para derrotar, otra vez, al PSOE.
  • No olvidamos que Franco fue un cristiano ejemplar que salvó a la Iglesia de España, que hoy le niega gratitud, del exterminio físico para crear un Estado Católico cuya Primera Ley Fundamental decía: “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”.
  • No olvidamos que ese Estado nacional y católico de Franco aspiraba a representar la continuidad histórica de una monarquía española, que hoy le niega lealtad, pero que Franco instauró de nuevo. Un Estado que cultivó la unidad de España y de los españoles como pieza clave de progreso.
  • No olvidamos que Franco dotó a ese Estado de una Administración honrada, austera y eficaz que consiguió, en pocas décadas, construir en España las infraestructuras energéticas, ferroviarias, las carreteras, los embalses…, que nos colocaron al mismo nivel de las naciones más avanzadas del mundo.
  • No olvidamos que Franco tomó las riendas de una España en ruinas con un enorme problema de pobreza y hasta de hambre. Y que desde ese punto de partida, su Régimen modernizó la ganadería y la agricultura; consolidó una potentísima y avanzada siderurgia, una importante industria automovilística y naval o creó, de la nada, la industria del turismo. No olvidamos que Franco nos convirtió en la novena potencia industrial del planeta. Hoy, España se ha convertido en un parque temático para turistas descontrolados y para jubilados anglosajones y nórdicos.
  • No olvidamos que el Estado nacional creado por Franco fue también un Estado social, sin el odio y el parasitismo de izquierda, dirigido a proteger y dignificar a los trabajadores españoles. Que levantó un sistema de Seguridad Social de la nada y construyó una red de hospitales públicos de la que todavía hoy seguimos beneficiándonos todos los españoles. Que erradicó el analfabetismo, que universalizó la enseñanza primaria y secundaria y que hizo que cualquier joven, con suficiente capacidad, pudiese titularse en la Universidad. Que creó la ONCE, para proteger a los más desvalidos. No olvidamos que Franco acabó con los poblados de chabolas en las ciudades y con las infraviviendas en tantos pueblos de España, construyendo más de cuatro millones de viviendas asequibles, en las que muchos hemos nacido y nos hemos criado.
  • No olvidamos que ese Estado nacional, católico y social creado por Franco pretendía propiciar la paz, la prosperidad y el bien común, procurando al mismo tiempo disponer las mejores condiciones para que cada español fuera un ser humano decente y que, dotado de un alma capaz de salvarse y condenarse, alcanzase su fin último en la eternidad. Un Estado que reconocía el valor medular de la familia o de la libertad justa, cotidiana y palpable.
  • No olvidamos que Franco propició la verdadera reconciliación entre los españoles. Reconciliación que hicieron los muertos en el Valle de los Caídos. Reconciliación que se hizo desde un Régimen que guardó silencio sobre las brutalidades del PSOE, y de todo el Frente Popular, en la retaguardia roja.
  • No olvidamos que Franco nos mantuvo al margen de la Segunda Guerra Mundial, ni de que superó un aislamiento internacional injusto, manteniendo incólume la soberanía de España. Soberanía que se ponía de manifiesto en una política exterior independiente y de principios. Se consiguió una resolución de la ONU por la que Gibraltar debía ser devuelta a España. Se llevó a cabo un cuidadoso plan, dirigido por Carrero Blanco, para desarrollar armamento atómico. Se supo mantener unas interesantes esferas de influencia y amistad con la mayoría de los países hispanoamericanos, la Cuba comunista incluida, y con los países árabes. Si se abandonó el Sáhara, fue contra la expresa voluntad del Generalísimo, ya en sus últimas semanas de vida.
  • No olvidamos tampoco que esos poderes políticos y mediáticos que se lanzan contra Franco odian su obra porque odian a España. Y odian a España, porque odian a Cristo y los valores y la cultura cristiana que España propagó y defendió durante siglos mejorando el mundo.
  • No olvidamos y no callamos. Uníos, ayudadnos a alzar esta bandera justa. No nos acobardan ni sus cancelaciones, ni sus multas, ni los muros de sus cárceles. Ni siquiera sus cunetas, a las que querrían volver a arrojarnos si pudieran. Nos da miedo la indignidad del silencio ante sus mentiras.
  • Reivindicamos la memoria del Caudillo Francisco Franco. Invicto. La espada más limpia de Europa. Artífice de la Victoria militar y espiritual de España sobre el comunismo y el socialismo. Un hombre bueno, católico, que murió perdonando y pidiendo perdón, que quiso vivir y morir como hijo fiel de Dios y de Su Iglesia y que legó, para todos los españoles, prosperidad, unidad y paz.


La figura de Francisco Franco sigue siendo una de las fronteras emocionales y políticas más intensas de la historia de España. Entre la propaganda, el tabú y las lecturas interesadas, la complejidad histórica queda a menudo enterrada bajo capas de relato que distorsionan el pasado. 
Este documental propone una cita directa con la historia: sin filtros, sin simplificaciones y sin manipulaciones. 
A través de archivos, contexto y las voces de quienes vivieron, investigaron y analizaron una etapa esencial de nuestra memoria nacional, el documental construye una narrativa que busca acercarse a los hechos con rigor.. “Franco, Verdad y Victoria” es un testimonio colectivo que aspira a rescatar la historia real del ruido, la censura y la tergiversación. 
Una invitación a mirar de frente un pasado, no para reescribirlo, sino para comprenderlo con matices, documentación y voluntad de verdad. 
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