TONTOCRACIA
EN BUSCA DE LA SENSATEZ PERDIDA.
«Una llamada urgente a despertar del adormecimiento masivo».
¿Cómo sobrevivir y prosperar en el reino de la incompetencia? Llega la revolución del sentido común.Tontocracia es una radiografía brillante y sui generis de la realidad y la naturaleza humana que analiza cómo la incompetencia generalizada domina nuestras vidas: desde la educación, a la política, a la empresa y a la vida cotidiana. Y propone las claves para que pensemos si queremos ser parte del desastre o de la solución, y cómo hacerlo. Desde su larga y heterogénea experiencia, Santiago viene a desempolvar el sentido común y proponer un poquito de madurez.Tras el éxito del estoicismo en la autoayuda, ahora es la sensatez la que nos ayudará a guiar nuestras vidas.La crítica ha dicho:«Su mensaje es una llamada urgente a despertar del adormecimiento masivo, cuestionar los mantras vacíos y abrazar el desafío y el error como únicos caminos hacia una inteligencia crítica y un liderazgo humanista verdadero».
La «tontocracia» española
Los tontos dominan el mundo y así nos va. Es la primera vez que ocurre en la Historia, donde el poder siempre ha estado en manos de los mejores y más preparados. Los que tienen el poder ahora demuestran cada día que son incapaces de solucionar los problemas del mundo, pero en lugar de reconocer sus enormes limitaciones y su fracaso, se niegan a rendir cuentas de sus errores y de los daños que causan desde el poder, no reconocen sus fracasos y ni siquiera piden perdón. La respuesta de los tontos es la arrogancia y el mundo, de la mano de fracasados e ineptos, camina hacia el abismo.
Es probable que el neologismo “tontocracia” sea el que mejor defina el actual sistema político mundial, dominado cada día más por tontos torpes en el poder, incapaces de solucionar los problemas y de responder a los desafíos. Pero la «tontocracia» no es igual en todas partes. En algunos países, entre los que figura España, los estragos causados por los tontos y su dominio de la política y la sociedad han llegado a extremos sorprendentes. Entre los tontos con poder y los ciudadanos tontos y aborregados que lo soportan todo, que se comportan como esclavos y que siguen votando a sus verdugos, el mundo ha entrado en caída libre y se hunde cada día más en la torpeza, la imbecilidad, la injusticia y la indecencia.
Tipos como González, Aznar, Zapatero y Rajoy, mandamases de los españoles en las últimas décadas, son hoy tontócratas solemnes. Los tres primeros han perdido el respeto y la fama, mientras que Rajoy exhibe un presente lamentable y triste.
Algunos piensan que los dirigentes políticos no deben ser tan tontos cuando han logrado hacerse con el poder y viven rodeados de privilegios y dinero fácil, sin ni siquiera tener que rendir cuentas por sus estupideces y errores, pero, a pesar de las apariencias del poder, estar arriba sólo significa hoy haber sido elegido por otros, probablemente igual de mediocres o tontos. Si se analizan las obras de los tontos con poder y la marcha de la sociedad, la única conclusión constatable es que los imbéciles tienen el poder en sus manos.
Tipos como González, Aznar, Zapatero y Rajoy, mandamases de los españoles en las últimas décadas, son hoy tontócratas solemnes. Los tres primeros han perdido el respeto y la fama, mientras que Rajoy exhibe un presente lamentable y triste: ni tiene amigos, ni consigue el aprecio de la ciudadanía, ni sabe dialogar, ni es capaz de formar un gobierno, a pesar de que le faltan apenas una decena de diputados.
La política española demuestra cómo miles de profesionales se quedan estancados y empiezan a declinar justo cuando alcanzan el nivel de su incompetencia. Nadie duda que Rajoy sea un buen registrador de la propiedad, pero como político es un desastre que reúne carencias y vicios que le inhabilitan para el liderazgo: indolencia, pasividad, incapacidad de transmitir, torpeza para despertar entusiasmo, imposibilidad de agitar, nulidad para trazar metas ilusionantes y objetivos comunes, además de una preocupante cara de pánfilo que no ayuda nada a un líder de masas.
Entre los otros políticos actuales, la tontura hace también estragos: Sanchez está a punto de ser expulsado de la Secretaría General del PSOE por perdedor y por torpe; Iglesias ha frenado con tu torpeza el crecimiento imparable de Podemos y sus errores le restan atractivo y futuro cada día; Rivera es un monumento a la confusión y a la indefinición, hasta el punto de que sus simpatizantes y votantes ya no saben si son de derecha, de izquierdas, demócratas o sólo atolondrados con ganas de cambio.
El tonto se impone al idiota y la mayoría equivocada se impone a una minoría acertada, pero poco inteligente y muy desinformada.
El principio de Peter impera en la España política, un territorio donde los incompetentes hacen carrera y los competentes nunca entran porque temen ser arrasados por la masa de mediocres que han tomado el poder.
La política española demuestra cada día con mas fuerza que “en un país de ciegos el tuerto es el rey”. El tonto se impone al idiota y la mayoría equivocada se impone a una minoría acertada, pero poco inteligente y muy desinformada.
La democracia como poder del pueblo, aun siendo ese poder delegado, está sirviendo para no evolucionar, para mantener la sociedad estancada por largos periodos de tiempo. Los cargos electos son cada día mas mediocres y todo atisbo de meritocracia ha sido eliminado del presente en las democracias, donde el voto de los imbéciles vale tanto como el de los sabios. El resultado de toda esta «tontocracia» dominante es que los elegidos por guapura, carisma o simplemente porque su partido, integrado por masas de militantes y simpatizantes mediocres, lo coloca como candidato, son cada día más ineptos, torpes y nocivos, lo que conduce el mundo hacia los conflictos, la pobreza y camino a su propia destrucción.
La estupidez domina un mundo donde lo que da fama y dinero, como todo el mundo sabe, no es la cordura ni la cultura ni la inteligencia.
¿Hay algún político profesional con tanto bagaje en teoría política del que se pueda aprender algo? La mayoría emiten sentencias precocinadas que disipan el interés por lo que puedan decir. Los tontos de la sociedad perdonan a los tontos en el poder que incurran en contradicciones y utilicen la mentira como recurso habitual de gobierno.
El sistema se ha pervertido y la tontería se ha vuelto dominante y endémica. Unos tontos eligen a otros y éstos, a su vez, tienden a atontar a la ciudadanía, restando potencia a la educación, vaciando de contenido los mensajes, suprimiendo el debate y utilizando la fuerza mediática para confundir y lobotomizar. Hay muchos ex altos cargos poco inteligentes que gozan de aparente prestigio, reconocimiento y cámaras, convertidos en estrellas del acontecer diario y de las pantallas de televisión, donde comparten la fama con imbéciles rutilantes de la vida civil cuyos únicos méritos conocidos es que visten bien o que se acuestan con muchos o que saben criticar y exhibir su ridícula torpeza con cierta gracia.
La estupidez domina un mundo donde lo que da fama y dinero, como todo el mundo sabe, no es la cordura ni la cultura ni la inteligencia, sino el impacto visual y presentar modelos de vida que permiten ganancias, aunque estén desprovistos de ética y grandeza.
¡¡¡Vivan los tontos!!!
De la sociedad de la información
a la exaltación de la ignorancia:
por qué mola presumir de ser un burro
'Influencers' oportunistas y magnates tecnológicos lo pregonan con orgullo: muera la inteligencia, viva la 'tontocracia'. ¿cómo hemos llegado a desdeñar el conocimiento y los títulos universitarios?
Si hace más de 2.400 años Sócrates dijo aquello de "sólo sé que no sé nada", el gran filósofo de nuestros días tiene su propia versión de la célebre frase: "Nunca puedes pensar que lo sabes todo cuando has tenido éxito. Yo siempre tengo este mindset". El autor de esta cita de mentalidad socrática es Amadeo Llados, quien se presenta a sí mismo como "escritor best seller" y "fundador de Llados University": el influencer que vende los burpees como la clave del éxito para pasar de lavaplatos a millonario. Para quien se pregunte si aquí vamos a defender los paralelismos entre el filósofo griego y el gurú de los gymbros (hombre que centra gran parte de su vida, amistades y personalidad en el entrenamiento de fuerza y el gimnasio), aclaramos que no: ¿cómo establecer una analogía entre la humildad de Sócrates, para quien el reconocimiento de la propia ignorancia es el primer paso hacia la sabiduría, y la arrogancia de Llados, que ante sus fieles presume de saber que no son capaces de escuchar a Dios porque son "una panza vaga con adicciones"?
Llados es la evidencia del gran cambio social que nos deslumbra: la cotización al alza de la ignorancia. Hoy ya no hay que ocultarla o disimularla: incluso se presume de ella. La ignorancia se reafirma y se ensalza porque vende, lo que significa que no hay por qué dejar de ser un idiota en estos tiempos. Es más, los idiotas son los que triunfan y sin haber pasado por esos templos del saber que eran las universidades.
Gonçal Mayos, filósofo y profesor de la Universidad de Barcelona, habla de una "incultura orgullosa". Es decir, de una respuesta social a la frustración que paradójicamente ha acabado provocando la llamada sociedad del conocimiento. "Estamos colapsados, al borde de un ataque de nervios", dice. ¿Qué nos está pasando? Mayos ya teorizó sobre lo que ha bautizado como la "sociedad de la incultura".
En "La sociedad de la ignorancia y otros ensayos", pone el acento en lo que es una evidencia, una vez se ha traspasado el umbral de la inteligencia artificial: "El crecimiento hiperbólico en la información disponible es muy superior a la capacidad de los individuos para procesar dicha información".
Esto tiene una primera consecuencia: "La sociedad del conocimiento, ultraespecializada y a lomos de las TIC, amenaza a sus ciudadanos con la obsolescencia en todos los campos en los que no sean expertos profesionales". Para Mayos, "la sociedad del conocimiento no sólo se solapa con la sociedad de la incultura, sino que la crea o, al menos, la pone en toda su evidencia". El escritor argentino Jorge Luis Borges ya lo predijo: "La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma".
Llados nos explica su filosofía desde un garaje lleno de Lambos. Él entiende el crecimiento de la persona como la capacidad de poder decir una cosa y la contraria: "Yo te he podido soltar algo hace dos años y ahora digo lo contrario porque he cambiado de opinión, por eso se llama desarrollo personal". En realidad, lo que nos quiere vender es la universidad que se ha sacado de la manga. Y lo hace desde el ataque a la universidad tradicional con un argumento infalible: "No te prepara para saber generar dinero".
Desde su canal de YouTube, Llados nos avisa de que el título universitario no sirve de nada. Puedes haberte licenciado en Medicina, pero escucha lo que tiene que decirte: "Ese papel no te asegura una puta mierda. Otros 3.000 doctores se han sacado ese fucking papel".
Y cuando ya estás dándole la razón -¿acaso no la tiene?-, te desvela el secreto del conocimiento que merece la pena: "Si tú quieres ser el mejor cirujano plástico del mundo, que es lo que por supuesto haría yo, porque me encantan las tetas, me cogería el mejor mentor y me gastaría 80.000 pavos en juntarme con él en un máster. Ahí es cuando vas a aprender y a adquirir el conocimiento de ese cabronazo". Para cuando ya estás convencido, contratas el curso de Llados University de cómo convertirte en millonario. Al fin y al cabo, su precio de 1.000 euros parece barato si se va a aprender del mejor cabronazo.
"Tengo mil cosas que hacer, no llego a todo... ¿Y aún debería haber leído el Ulises de James Joyce y la Odisea de Homero? No te atrevas a juzgarme"
El universo de los gymbros tiene su reverso dulce y (aparentemente) blanco en los perfiles de estilo de vida que abundan en redes sociales. A estas alturas es imposible obviar a la influencer María Pombo y su polémica con los libros. Fue ella quien nos enseñó que no somos mejores porque nos guste leer. Pero, sobre todo, nos enseñó que no hay que avergonzarse de la incultura. Más bien, todo lo contrario: por qué no se va a poder alardear de las librerías vacías pero decorativas. Así lo demuestra Pombo en el fugaz house tour que nos brindó para presentarnos la suya. En la estantería de la influencer hay desde "libros que no tienen historia pero que son muy bonitos por dentro" como los de decoración, a otros como El Principito, que compró en un Zara Home. "Hay que abrir un poquito más la mente", insiste desde TikTok. El dependiente de una tienda de decoración -no sólo un librero- nos puede asesorar sobre qué leer.
Mayos insta a no menospreciar estos comentarios de quienes hacen apología de la ignorancia. Porque nacen de una "sensación de colapso" generalizada: "Tengo mil cosas que hacer, no llego a todo... ¿Y aún debería haber leído el Ulises de James Joyce y la Odisea de Homero? No te atrevas a juzgarme". Según el filósofo, esta respuesta podría darla cualquiera de nosotros ante la exigencia de estar al día de una cantidad de información abrumadora (y, por supuesto, de haber leído todos los grandes clásicos).
"Frente a esa sensación de agobio, lo que acabas haciendo es valorar lo que a ti más o menos te funciona o te gusta. Y todo lo demás, que lo quemen. Buscamos reforzar lo nuestro", sostiene.
"La ignorancia es un valor que levantamos contra la pretendida sabiduría del otro, porque ya nos tiene hartos".
Es lo que explica la derivada -que no supimos anticipar- de la sociedad de la información e hiperconectada: la exaltación de la ignorancia. Precisamente cuando se supone que teníamos los medios para convertirnos en los más sabios, los más inteligentes y los más cultos de la historia, lo que hacemos es rebelarnos ante esa tarea imposible.
El rechazo al saber
En su cruzada contra la universidad y a favor de la "autoeducación", Amadeo Llados da en el clavo en uno de sus monólogos: "Si tú no te autoeducas, vas a acabar en la mierda". Para ello, nos propone bucear en internet, ya que "la información está ahí y es gratuita". "El problema es que hay demasiada", describe, para sintetizar el gran mal de nuestro tiempo y el agobio que nos corroe: "¿A quién coño escuchar? Te vas a hacer la picha un lío". Espóiler: escúchale a él.
Esta respuesta de rechazo al saber -desde la frustración y la impotencia- provoca un refuerzo de la propia identidad que, según Mayos, tampoco es inocuo: lo siguiente es un aumento del desconcierto y de la desconfianza en el otro, que acaba impactando en la división social y la calidad de las democracias, que tienen hoy dificultades para consensuar unos objetivos comunes. "Detrás de la polémica de Pombo hay mucho de esto", afirma. "Al final, vemos al de enfrente y los valores que representa como algo que nos ataca o que nos menosprecia, que no nos valora lo suficiente".
En opinión del sociólogo Javier García-Manglano, en este análisis sobre la ignorancia como nuevo valor social no puede obviarse el impacto de la tecnología como facilitadora de la vida. El profesor, que lidera el grupo de investigación Jóvenes en Transición del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, subraya todo lo que la tecnología hace por nosotros en nuestro día a día, de recordarnos las citas importantes del calendario a guiarnos con el GPS, para a continuación señalar a sus problemas.
"El gran peligro de la tecnología es facilitar cosas que son difíciles de por sí, como el aprendizaje", dice. "Así se originan estos discursos que vienen a decir que no hay que preocuparse por no saber o si no te esfuerzas, porque al final la tecnología te ayuda a conseguir las cosas. Sin embargo, hay un nivel de profundidad en el aprendizaje que es lo que nos hace humanos y que no es accesible fácilmente".
El peligro de fiarlo todo a la tecnología es acabar renunciando al esfuerzo para elegir simplemente lo fácil. "El criterio de elección para la sociedad en general, y para los jóvenes en particular, acaba siendo lo fácil y no lo bueno", resume. "Por eso escuchamos cada vez más: ‘¿Para qué te complicas la vida si lo puedes hacer con ChatGPT?’. Parece que quien se esfuerza es quien tiene que justificarse".
Para García-Manglano, elegir la solución más fácil nos vuelve "más frágiles". El resultado está a un clic. Nos hemos vuelto más impulsivos y, en esta dinámica de inmediatez y de acción-reacción, perdemos "la paciencia de escuchar al otro". "Estamos acostumbrados a obtener una respuesta inmediata y de forma fácil con la tecnología", dice. "Por eso es importante volver a poner en valor lo contrario: la lectura, un proceso lento del que no se obtiene aparentemente un beneficio rápido".
Para explicar este fenómeno de la compresión del tiempo, Ignasi Gozalo recurre a la teoría del "embudo de la virtualidad", que no es otra cosa que internet. Doctor en Filosofía y miembro del grupo de investigación MUSSOL de filosofía para los retos contemporáneos, este profesor de la UOC considera que estamos ante una "locomotora fuera de control". "Leer un libro te puede llevar unas horas, pero ver un vídeo de YouTube, unos minutos", subraya. "Esa compresión e intensificación del tiempo va en detrimento de la calidad y de la profundidad del conocimiento".
Desde un punto de vista de la salud pública, el doctor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de la Universidad de Navarra y autor del libro 12 soluciones para superar los retos de las pantallas, apunta al "efecto Flynn inverso", que no es otra cosa que el descenso del cociente intelectual por primera vez en décadas. Aunque es pronto para afirmarlo con rotundidad, es "verosímil" que tenga que ver con la generalización de los móviles. El doctor lanza una alerta sobre la "dependencia" de la inteligencia artificial: "Se está dejando de ejercitar el cerebro conforme caemos en el automatismo". Gozalo también señala que estamos viviendo "la última fase de lo que la Escuela de Frankfurt ya llamó la dictadura de la razón instrumental, es decir, que toda inversión de tiempo o de dinero tiene que tener un objetivo instrumental". Y esto no es ni mucho menos nuevo, pues hace casi un siglo ya se criticaba la razón instrumental como la principal obsesión del capitalismo.
Un ejemplo es Rockefeller. El famoso magnate estadounidense hizo una fortuna con su compañía petrolera de Standard Oil y fundó la Universidad de Chicago, igual que hicieron otros empresarios. "Estos millonarios ven en la universidad un espacio de evolución del dinero invertido", dice Gozalo. Son estos campus los que popularizarían los másteres en Administración de Empresas, los famosos -y elitistas- MBA. En su opinión, el actual discurso contra el sistema de educación superior cuestiona en realidad el concepto de universidad surgido en la Edad Media, el de unas facultades ligadas a la difusión de conocimiento más que a saciar las necesidades laborales del turbocapitalismo. "Hay una dialéctica puesta en suspensión desde hace mucho en la universidad entre la razón humanística versus la razón instrumental".
Lo cierto es Silicon Valley lleva años presumiendo de poner el foco en las habilidades más que en un título académico, como demuestran Google o Apple con su políticas de contratación. Se recuerda convenientemente que los grandes gurús tecnológicos no necesitaron acabar la carrera para triunfar en el sector más próspero de nuestra economía. Que estudiar, de hecho, era incluso contraproducente. Mark Zuckerberg abandonó Harvard para poder centrarse en Facebook. En una entrevista este año en el podcast This Past Weekend, el fundador de la famosa red social abrió el melón de lo que entendía que había sido un tabú hasta ahora: "Quizás no todo el mundo necesita ir a la universidad". Lo dijo no sólo por la deuda financiera que arrastran muchos estudiantes en EEUU, sino porque "la universidad no te prepara para los trabajos".
El tuit de Elon Musk "La universidad está sobrevalorada" acumula 44 millones de visualizaciones. El dueño de X, Tesla o SpaceX imparte conferencias donde asegura a los jóvenes que no deberían "tener la idea de que para tener éxito se necesita un título universitario". También Larry Ellison, que recientemente arrebató a Musk durante unas horas el título del hombre más rico del mundo, se enorgullece de haber abandonado dos veces la universidad: "Premia el conformismo y no fomenta el pensamiento independiente", explicó en una entrevista en el Corriere della Sera.
Matías Cardozo, un aprendiz de Llados, lo expresa de una manera más simple cuando argumenta por qué no hay un posgrado que enseñe "las energías y la vibración" de la comida: "Todo lo que hay en la universidad son conocimientos desactualizados y antiguos". Que este discurso cale en los jóvenes se explica también por la falta de expectativas y el horizonte de precariedad como única promesa del mercado laboral. Gozalo no lo niega, aunque lamenta este discurso apocalíptico sobre el futuro de los estudiantes.
"No ayuda y genera una ansiedad por el futuro de quererlo todo ya", dice. "La expectativa de los chavales es pasar de pobre a rico en tiempo récord, de pegar el pelotazo".
En una sociedad sin futuro para los jóvenes, lo que vende es "la promesa del éxito y del ego desmesurado. Todo el mundo quiere ser famoso, millonario y trabajar cuanto menos, mejor", resume el filósofo, para quien esto se relaciona con que los jóvenes sean nativos digitales acostumbrados a resultados con un clic.
"Nuestro país no se distingue por valorar el conocimiento. Los referentes son gente con éxito deportivo o que tienen mucho dinero o muchos seguidores"
El ‘show’ del éxito
José María Torralba, catedrático de Filosofía Moral y Política, apunta también a la cultura del pelotazo como una "cuestión cultural". "Nuestro país no se distingue por valorar el conocimiento ni a aquellas personas que lo tienen, como los profesores. Los referentes sociales o los ídolos son gente de éxito en el terreno deportivo, o que tienen mucho dinero o muchos seguidores en las redes. Incluso el propio concepto de experto está absolutamente deformado. Así que hay elementos que pueden acabar convirtiéndonos en una sociedad de la ignorancia".
No hablamos sólo del éxito de ser concursante en La isla de las tentaciones. Del culto a la ignorancia no es ajena la política. Toni Aira, profesor de comunicación política de la UPF-BSM, cita a Gilles Lipovetsky para destacar que la ignorancia se identifica en este caso con el valor de la autenticidad. "Después de sucesivas crisis, convulsiones y cambios, la gente tiende a idealizar en política lo que considera auténtico, en contraposición a lo calculado o a lo profesionalizado. Lo genuinamente defectuoso se percibe como más atractivo, y de esto se nutren referentes como Belén Esteban en el show televisivo o Donald Trump en el terreno del show político". Trump no está solo. Personajes como Giorgia Meloni o Javier Milei "son hoy lo más cercano a celebridades" para Aira, que recuerda que "en muchos casos han triunfado en los medios de comunicación antes que en la política". Este experto habla de la "degradación de la escena pública", en la medida en que estos dirigentes triunfan como lo hacen "los participantes de realities que hacen ostentación de sus malas formas".
"Eso gusta a la gente, que los percibe como auténticos", dice. "Ocurre especialmente con los jóvenes, ya que siempre se ha ligado a la juventud una actitud contestataria y de resistencia frente a lo instituido, lo clásico o lo políticamente correcto". ¿Hay algo más subversivo para un presidente de Estados Unidos que decir que "podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos"?
Ya lo dijo la propia Belén Esteban: "Estoy harta de no poder hablar de política. Esta inculta es ciudadana, paga sus impuestos y vota. Y puedo hablar de política como cualquier persona". Por algo fue siempre la princesa del pueblo.
La sociedad de la ignorancia.pdf by Vingtras Sanz






