EL Rincón de Yanka

inicio














lunes, 9 de noviembre de 2026

ESCULTURAS "EL PESO DE UNO MISMO (THE WEIGHT OF ONESELF)" PUNTO FIJO, PARAGUANÁ, VENEZUELA y LYON, FRANCIA 🗽


Está escultura se llama "The weight Of Oneself" (El peso de uno mismo), estuvo ubicada en 1991, en la antigua sede del banco occidental de descuento (BOD), ubicada entre calles CyD, Esq. Pumarosa, especialmente en la Av. Jacinto Lara de Punto Fijo, PARAGUANÁ, EDO FALCÓN, VENEZUELA. Y fue la única réplica que existió en Venezuela. 


La escultura original en mármol se encuentra en el Palacio de Justicia de Lyon, Francia. Fue creada por el dúo de artistas escultores escandinavos Michael Elmgreen é Ingar Dragset en el año 2013. La obra escultura muestra a dos hombres desnudos inanimados (carecen de vidas), uno ayudando al otro a subir la cima rescatándolo del abismo. Representación de la responsabilidad de cada individuo tiene sobre su propia vida, destino y porvenir, explora el tema, sobre la identidad, simboliza la carga, la responsabilidad personal que cada individuo tiene sobre sí mismo y sobre sus propias decisiones y acciones existencial, que conlleva el ser uno mismo y la idea de ser, al mismo tiempo "EL QUE SALVA Y ES SALVADO". 
Simboliza la carga moral, emocional y existencial de ser responsable de la propia vida que cada persona debe cargar consigo mismo, su responsabilidad a lo largo de su existencia, ilustra la imagen, que nadie vendrá a salvarnos, somos nuestros propios rescatadores de nuestras propias decisiones, acciones y cargas, enfrentadnos a las condiciones humanas, fragilidad e identidad, una reflexión sobre la justicia social frente a la carga moral e individual de cada ciudadano. (SÓLO SALVA JESUCRISTO. AMAR AL PRÓJIMO COMO A UNO MISMO. PARA AMAR AL OTRO, PRIMERO, HAY QUE AMARSE. AYÚDATE PARA AYUDAR, QUE YO TE AYUDARÉ)

La escultura representa a un hombre que se lleva a sí mismo .Un hombre de pie en posición vertical lleva a otro hombre sin vida en sus brazos. Los detalles son inquietantes, las caras de los dos protagonistas resultan ser idénticos. El hombre está llevando su doble, y al hacerlo se convierte en su propio salvador.
Realizada en polvo de mármol solidificado mide 2,7 metros de altura siendo también un punto de referencia en el paisaje.
Los escultores comentan su obra: “No es la celebración de un héroe, ni nadie que persigue un objetivo, o tratando de lograr algo. Es la historia de alguien que trata de salvarse a sí mismo.

viernes, 6 de noviembre de 2026

XXVIII CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA: AMÉRICA Y ESPAÑA: LA FE Y LA CULTURA QUE NOS UNE: 🔁 UN VIAJE DE IDA Y VUELTA 🌍🌎

 




Manifiesto por la Hispanidad

La Hispanidad no es una hipótesis, ni una nostalgia, ni una causa pendiente de demostrarse: es un hecho. Existe, funciona y beneficia a cuantos hablamos, pensamos y sentimos en español a un lado y otro del Atlántico. Es una comunidad de afectos e intereses, forjada por la historia y sostenida, desde hace más de quinientos años, por instituciones que ningún tratado internacional ha conseguido replicar: ayuntamientos que llevan nombres gemelos en dos continentes, universidades que comparten claustro intelectual desde el siglo XVI, diócesis y parroquias que rezan en la misma lengua, hospitales nacidos de la misma caridad. Nada de esto es artificial. Nada de esto hay que inventarlo. Solo hay que reconocerlo, y ponerlo al servicio del futuro con la ambición que merece. 

Esta XXVIII edición del Congreso Católicos y Vida Pública se celebra en un momento exigente para la sociedad occidental, sacudida por la pérdida de algunos de los anclajes que la han sostenido durante siglos. Precisamente por eso conviene mirar con serenidad y con orgullo hacia una comunidad que no depende de esos vaivenes: la Hispanidad ha atravesado guerras, independencias y crisis de toda índole sin perder su cohesión de fondo, porque su cimiento no es coyuntural, sino histórico e institucional. 


Isabel la Católica no puso en marcha una promesa: puso en marcha una civilización. Su testamento, en el que ordenó tratar a los naturales de las Indias «como personas libres y no sujetas a servidumbre», fijó desde el primer instante el criterio con el que España construiría un mundo nuevo: la dignidad del otro como condición, no como excepción. Ninguna otra potencia de la historia moderna legisló así sobre sí misma desde el origen. España lo hizo, y de ahí nació todo lo demás. 

De ahí nacieron las Leyes de Indias, el cuerpo jurídico más extenso jamás dictado por una potencia para limitarse a sí misma. Y de ahí nació la Escuela de Salamanca, donde Francisco de Vitoria formuló, un siglo antes que nadie en Europa, los principios del derecho internacional y de la dignidad universal de la persona humana. Esa no es una curiosidad erudita: es nuestra genealogía, y es motivo de orgullo, no de arqueología.

Esa genealogía se traduce en principios que no son negociables. La dignidad de la persona humana, la herencia grecolatina que nos dio la razón y la ley, la tradición cristiana que dio forma a nuestra idea de comunidad, el respeto al derecho como límite del poder, las libertades civiles como condición de una vida digna, y un marco legal capaz de proteger la propiedad, el contrato y la iniciativa como motores de prosperidad: ese es el sustrato común sobre el que se ha edificado la Hispanidad, el mismo hilo que atraviesa Salamanca, las Leyes de Indias y las constituciones que después se escribieron a ambos lados del Atlántico. No son valores importados: son valores propios, y por eso los defendemos con naturalidad, no como una imposición ajena. 

Hoy esa comunidad habla una lengua que crece en dos continentes, con más de seiscientos millones de hablantes y una proyección demográfica que ningún otro gran proyecto occidental puede exhibir. No se contrae: crece. Y crece sostenida por la misma trama institucional de siempre —municipios, universidades, diócesis, parroquias, hospitales, colegios profesionales, empresas— que ha demostrado, durante medio milenio, una capacidad de permanencia que ninguna organización supranacional ha logrado en un siglo de existencia. 

La Hispanidad no se agota en el ámbito político ni en las relaciones entre Gobiernos y naciones. Exige un cambio de actitud profundo, radical si es preciso, para defenderla, expandirla y desarrollarla, y exige también una dimensión cultural y moral a la altura de su historia: reconocer que la fe ha sido uno de los cimientos más firmes de esa civilización, y que recuperarla en el centro de nuestra vida pública es parte esencial de la respuesta a la crisis que atraviesa Occidente. Como recordaba el papa Benedicto XVI: «Hay que vivir como si Dios existiera». 

Por eso reivindicar la Hispanidad no es mirar atrás: es actuar con la confianza de quien parte de una posición de fuerza. Toca dejar de tratar como legado menor lo que es, en realidad, nuestra mayor ventaja competitiva y moral en el mundo que viene. 

Isabel la Católica lo fundó. Vitoria lo pensó. Las Leyes de Indias lo escribieron. Quinientos años de instituciones compartidas lo han sostenido. A nosotros nos corresponde, sencillamente, estar a la altura de lo que hemos heredado y hacerlo crecer. 

Juntos somos más fuertes. Ese es el punto de partida, y también la conclusión.

 
Conoce el programa del 28 Congreso Católicos y Vida Pública

martes, 3 de noviembre de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "LA CALLE (EL PAÍS) DEL DELFÍN VERDE" por ELIZABETH GOUDGE y DIRIGIDA por VÍCTOR SAVILLE

 LA CALLE (EL PAÍS) DEL DELFÍN VERDE

El vínculo entre Green Dolphin Street (La calle del delfín verde) y el concepto de matrimonio es el eje central de la trama de la célebre novela de Elizabeth Goudge (1944) y su conocida adaptación cinematográfica de la MGM en 1947.
El argumento de la obra gira en torno a un drástico error en una propuesta matrimonial:
  • El triángulo amoroso: A mediados del siglo XIX, dos hermanas de personalidades opuestas, Marianne (Lana Turner) y Marguerite (Donna Reed), se enamoran del mismo hombre, William Ozanne (Richard Hart).
  • La confusión fatal: William emigra a Nueva Zelanda y decide pedir la mano de la hermana a la que realmente ama (Marguerite). Sin embargo, una noche escribe la carta de propuesta completamente borracho y confunde los nombres, solicitando por error el matrimonio con Marianne.
  • El destino cambiado: Marianne acepta felizmente y viaja al nuevo país para casarse con él. Al darse cuenta de su terrible equivocación, William se ve obligado a seguir adelante con el matrimonio por honor, dando inicio a una vida conyugal difícil.
La historia explora cómo este matrimonio forzado por un error de identidad se transforma con los años, demostrando cómo el compromiso y el afecto construido día a día pueden llegar a ser más fuertes que la pasión inicial.

La película se rodó en locaciones del condado de Humboldt, California.
El filme fue uno de los más populares en la taquilla británica en 1948 y la película más exitosa de MGM en 1947. Ganó $ 4,304,000 en los EE. UU. y Canadá y $ 2,869,000 en otros lugares, pero debido a su alto costo solo registró una ganancia de $ 339,000.
La canción que da título a la película , "Green Dolphin Street" (a menudo grabada como "On Green Dolphin Street"); se convirtió en un estándar de jazz, siendo interpretada por diversos artistas con el paso de los años.


Novelas, libros para niños e interesantes colecciones de historias cortas, convirtieron a la escritora Elizabeth Goudge (1900-1984), en una mujer exitosa, tanto en su país natal, Inglaterra, como en los Estados Unidos de Norteamérica. Su formación espiritual, la animó a escribir también alguna obra sobre Jesús, otra sobre la vida de Francisco de Asís… y hasta una autobiografía en la que se encuentran frases tan significativas como ésta: 
“A medida que este mundo se vuelve cada vez más feo, insensible y materialista, es necesario recordar que los viejos cuentos de hadas están arraigados en la realidad; que la imaginación es de gran valor; que los finales felices sí ocurren; y que la hermosa neblina azul vista sobre la fea calle, es tan real como la calle misma”.

Dos obras, favorecieron muchísimo el éxito alcanzado por Elizabeth Goudge. La primera, “The Little White Horse” (EL PEQUEÑO CABALLO BLANCO) (1946), un cuento infantil que se vendió como el pan y al que, J.K. Rawling, reconoce como una de sus principales influencias al momento de escribir la serie sobre Harry Potter. También, en el año 2009, este mismo libro sería la base para el filme “The secret of Moonacre”, aunque, Gabor Csupo, no supo (¡!!!¡) recrear con eficacia sus virtudes. Y la segunda obra fue, “Green Dolphin Country” (1944), la cual interesó a los productores de Hollywood tras su gran éxito en las librerías, y con guion del calificado, Samson Raphaelson, se puso en manos de Victor Saville y se rodó como “LA CALLE DEL DELFÍN VERDE”, para contar la historia de dos hermanas que se enamoran del mismo hombre.

Visto hoy día, y cuando ya han salido a la luz algunos hechos que, años atrás, se ocultaban cautelosamente, el filme podría resultar algo tramposo en su resolución, pero, es indudable que, su planteamiento general, además de muy satisfactorio, da cuenta de una de esas novedosas y sorprendentes formas como, en ocasiones, el Amor consigue manifestarse.

Se trata aquí, de la relación contraída por una persona que ama fervientemente y otra que se ha consagrado a vivir una relación por aprecio, deber y otros sacrificios. Pero, la suerte de sostén que se produce en los ejemplos que aquí se recrean, es tan sólido y tan bien recreado que, no nos queda menos que reconocer que, hay maneras de amar maravillosas y muy gratamente sorprendentes.

La escena de la confesión de Sophie Patourel a su esposo Octavius resulta sublime, y lo que deviene, tan sólo confirmará que, de altos espíritus está bien lleno este bonito planeta, y que, el amor sigue siendo la fuerza más poderosa de la que puede servirse la humanidad. En este sentido, a “LA CALLE DEL DELFÍN VERDE”, consigo sentirlo como un filme de altísimo valor y ni qué decir, pues ya mucho se ha dicho, que la escena del terremoto fue magistralmente realizada.

Lana Turner (Marianne), de nuevo fascinante como la muchacha que sabe ocupar su lugar con la más plena entereza… y razón tenía, Donna Reed, cuando por poco rechaza su rol de Marguerite al pensar que ningún espectador estaría de acuerdo en que la pasión de William Ozanne fuese por ella y no por la divina y emprendedora Marianne. Pero, cuando sabemos que Ozanne no fue siempre excesivamente brillante, esto se comprende y el entendimiento, entonces, se hace nítido. Richard Hart, quien tuvo a su cargo este difícil rol, consigue definirlo muy satisfactoriamente, y fue debido a su temperamento depresivo y su afición por el alcohol, que no pudo mantener su carrera en Hollywood, pues, en el teatro demostró que era altamente calificado, habiendo llegado a ganar el Theatre World Award por su actuación en “Dark of the Moon”. Una oclusión coronaria acabó con su vida a los 35 años de edad y, fue por esto, que no consiguió dejar una obra cinematográfica suficiente significativa.

Y cuando pensamos en Timothy Haslam (al que representa Van Heflin), cabe preguntarse ¿Quién, en definitiva, sufrió más en esta historia? Pero, cuando sabemos que los diamantes se acrisolan a golpes de cincel, cada personaje de este filme luce grande y es inevitable reconciliarse con la vida.

Yo creo que, “LA CALLE DEL DELFÍN VERDE”, es una gran película.


VER PELÍCULA AQUÍ