La Premio Nobel de Literatura 2015 Svetlana Alexiévich, «la voz de los sin voz», muestra en esta obra maestra una perspectiva de la guerra ignorada hasta el momento: la de las mujeres que combatieron en la segunda guerra mundial.Casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y mujeres en guerra.¿Qué les ocurrió? ¿Cómo les transformó? ¿De qué tenían miedo? ¿Cómo era aprender a matar? Estas mujeres, la mayoría por primera vez en sus vidas, cuentan la parte no heroica de la guerra, a menudo ausente de los relatos de los veteranos. Hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte. Alexiévich deja que sus voces resuenen en este libro estremecedor, que pudo reescribir en 2002 para introducir los fragmentos tachados por la censura y material que no se había atrevido a usar en la primera versión.«[...] por su escritura polifónica, que es un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo», palabras del Jurado de la Academia Sueca al otorgar a la autora el Premio Nobel de Literatura 2015.«Soy historiadora de almas [...]. Por un lado, estudio a la persona concreta que ha vivido en una época concreta y ha participado en unos acontecimientos concretos; por otro lado, quiero discernir en esa persona al ser humano eterno. La vibración de eternidad. Lo que en él hay de inmutable».
Al acabar la Segunda Guerra Mundial, soldados del Ejército Rojo cometieron violaciones masivas en territorios ocupados, especialmente en Alemania. Se estima que hasta 2 millones de mujeres fueron víctimas, muchas en repetidas ocasiones.
En Berlín, tras la caída del Tercer Reich en abril-mayo de 1945, al menos 100,000 mujeres fueron violadas por tropas soviéticas. Muchas eran menores de edad, algunas de apenas 12 o 13 años.
Las agresiones comenzaron en 1944, con el avance soviético en Europa del Este. En Alemania, los casos se dispararon en la zona de ocupación soviética. Hospitales reportaron abortos masivos y miles de muertes.
Según el historiador Antony Beevor, en Prusia Oriental, Pomerania y Silesia, al menos 1.4 millones de mujeres fueron violadas. Algunas sufrieron hasta 70 agresiones. La escala se describe como el mayor caso de violaciones masivas en la historia. Testimonios, como los recopilados por Svetlana Alexiévich, revelan la brutalidad: “Éramos jóvenes, sin mujeres durante años. Tomábamos niñas de 12 o 13 años. Si lloraban, las silenciábamos”. Las víctimas incluían alemanas, polacas y ucranianas.
En Berlín, los registros de abortos de 1945-1946 (995 solo en Neukölln) reflejan la magnitud de las violaciones. Se estima que 10,000 mujeres murieron por suicidio o enfermedades tras las agresiones.
Aunque Stalin sabía de las atrocidades, según archivos de la NKVD, no hizo mucho para detenerlas. Incluso dijo: “Un soldado que ha cruzado miles de kilómetros merece divertirse”.
Las violaciones no fueron sancionadas oficialmente y muchos violadores fueron recompensados.
En la posguerra el tema fue silenciado. En Alemania Occidental se usó políticamente para victimizar a la población alemana. En Rusia, muchos veteranos negaron las acusaciones o las justificaron.
Las violaciones masivas del Ejército Rojo son una tragedia histórica que dejó cicatrices imborrables. Es importante que hoy en día hay gente que defiende el comunismo o la figura de Stalin, políticas totalmente criminales y contrarias a la moral de occidente.




