EL Rincón de Yanka

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jueves, 30 de julio de 2026

LIBRO "VIOLENCIA EN LA ESTRUCTURA HOSPITALARIA": 🏥 ¿COSTUMBRE, NECESIDAD O SILENCIOS CÓMPLICES? por VINICIO VILLALOBOS


VIOLENCIA EN LA
ESTRUCTURA
HOSPITALARIA

¿COSTUMBRE, NECESIDAD O SILENCIOS CÓMPLICES?

VINICIO VILLALOBOS

Un amigo médico se fue de España por el problema del gran individualismo egotista, y de soberbia, y de ENVIDIA. Por el poco sentido de equipo (mal rollo entre médicos entre sí y entre enfermeras). Falta dirección en la sanidad pública. Y por la incomunicación y descoordinación entre ellos. Poca escucha y poca alteridad. No hay más asesinatos en la sanidad por pura providencia (NOTA DE YANKA).

La violencia en la estructura hospitalaria. ¿Costumbre, necesidad o silencios cómplices? Este libro surge de la sospecha compartida por muchos profesionales: en el hospital ocurren cosas que causan dolor, pero casi nunca se mencionan. Guardias usadas como castigo, humillaciones disfrazadas de enseñanza, decisiones de gestión que afectan la salud de quienes cuidan y de quienes reciben cuidado. Todos las reconocen; pocos las llaman violencia. Con más de treinta y cinco años de experiencia clínica en Venezuela, Arabia Saudita, Guinea Ecuatorial y España, el autor enfrenta una contradicción: 
¿cómo, en un lugar donde se salvan vidas cada día, también se tolera el maltrato, el silencio y la injusticia? 
El libro ofrece un mapa claro y cercano de la violencia que permea la estructura hospitalaria: desde la dirección hacia los profesionales, entre médicos, entre enfermeros, entre médicos y enfermeros, hacia los pacientes, desde los pacientes y entre los propios pacientes. No solo abarca agresiones físicas ni insultos evidentes. 
El énfasis está en la violencia normalizada: protocolos incumplidos, consentimientos poco claros, jerarquías que utilizan el miedo como método y culturas del «aguantar» donde pedir ayuda se percibe como debilidad. También incluye formas más dolorosas y silenciadas: 
la violencia obstétrica, psiquiátrica e institucional contra mujeres, personas con enfermedades psiquiátricas, migrantes y colectivos vulnerables. 
En lugar de limitarse a la denuncia, el libro proporciona algo que falta en muchos debates: un lenguaje para describir lo que sucede, criterios éticos para analizarlo y ejemplos concretos de respuestas existentes y efectivas en algunos lugares, como protocolos de prevención, planes de humanización, liderazgos que protegen sin humillar y alianzas entre profesionales, sindicatos, colegios y pacientes.
La violencia en la estructura hospitalaria abarca el maltrato normalizado, las jerarquías rígidas y el abuso de poder institucionalizado. Se manifiesta en las relaciones entre la dirección y el personal, entre los propios trabajadores de la salud, y hacia los pacientes, afectando tanto el bienestar físico como la salud mental en el entorno clínico.
Manifestaciones Principales

Abuso jerárquico: Guardias usadas como castigo y humillaciones disfrazadas de docencia o disciplina médica.
Violencia horizontal: Conflictos y malos tratos cotidianos entre médicos, personal de enfermería y equipos de gestión.
Violencia institucional hacia el paciente: Incumplimiento de protocolos, trato deshumanizado y decisiones administrativas que priorizan la burocracia frente al cuidado.

Factores de Persistencia

Normalización cultural: Costumbres arraigadas donde el silencio y la injusticia se toleran bajo la premisa de que "el sistema debe funcionar".
Falta de denuncia: Miedo a represalias laborales y complicidad institucional que invisibilizan el problema.

Introducción

Razones para elegir este libro

Hay una pregunta que muchas personas que trabajan en un hospital han pensado alguna vez, aunque no siempre hayan encontrado las palabras para formularla.
¿Cómo es posible que en lugares creados para cuidar, cuya misión principal es aliviar el sufrimiento, ocurran tantas formas de daño que casi nunca se mencionan, se registran muy pocas veces y, por esa razón, casi nunca se corrigen?

Esta pregunta no nace de la desconfianza hacia la medicina ni hacia quienes la ejercen. Nace de la experiencia. De más de treinta y cinco años de práctica clínica en cuatro países -Venezuela, Arabia Saudita, Guinea Ecua­torial y España- que poco tienen en común en recursos, organización o cul­tura, pero donde ciertos mecanismos de daño se repiten con una coherencia inquietante, dejando a menudo un nudo en el estómago y una sensación de que se ha cruzado una línea invisible.

Lo que este libro intenta hacer es mirar esa pregunta de frente. No con la comodidad de quien señala desde fuera, sino con la incomodidad más difí­cil: la de alguien que ha formado parte del sistema que analiza, que ha con­ tribuido a sostenerlo y que sabe, por experiencia propia, que la línea entre cuidar y dañar a veces es más fina de lo que sugieren los códigos éticos. Esa incomodidad -mezcla de vergüenza, responsabilidad y deseo de hacer las cosas de otra manera- es el tono desde el que están escritas estas páginas.

Si eliges este libro, no encontrarás un relato neutro ni aséptico. Encontra­rás un intento de pensar con honestidad sobre una contradicción que atra­viesa el corazón mismo del hospital: la posibilidad de que, mientras se cura, también se hiera. Y, al mismo tiempo, una invitación a acompañar el males­tar que muchas personas ya sienten en su práctica diaria, dándole nombre y lugar, para que pueda convertirse en motor de cambio y no solo en motivo de frustración silenciosa.

De qué trata este libro

Este libro habla de violencia en el hospital, pero no solo de la que aparece en los titulares: no se limita al puñetazo en urgencias ni al caso extremo que acaba en la prensa o en los tribunales. Habla también de esa violencia más silenciosa, cotidiana, que rara vez se reconoce como tal y, sin embargo, deja huella.

Habla de la corrección pública, que no busca enseñar sino humillar. Tam­bién menciona la guardia de veinticuatro horas utilizada como castigo, y el consentimiento informado convertido en un trámite que nadie explica ni escucha. Incluye las denuncias que se archivan sin una verdadera investi­gación, los diagnósticos comunicados en un lenguaje incomprensible para el paciente y la cultura del aguante que convierte el maltrato en prueba de vocación.

Habla, por supuesto, de la violencia más evidente: el acoso entre profe­sionales, las agresiones de pacientes y familiares, la violencia obstétrica, la violencia psiquiátrica, las violencias institucionales que afectan de forma desproporcionada a mujeres, personas con trastorno mental, migrantes, per­sonas con discapacidad...
Cada capítulo intenta sostener un equilibrio difícil: suficiente rigor con­ceptual para que no se convierta solo en una colección de anécdotas, sufi­ciente atención a la experiencia clínica para que no se quede en un ejercicio abstracto. Y, hacia el final, el libro se pregunta qué se puede hacer: no con optimismo ingenuo, sino apoyándose en herramientas y prácticas que ya existen, que ya funcionan en algunos contextos y que podrían funcionar en muchos más si se dieran las condiciones adecuadas. El propósito no es conso­lar, sino ofrecer criterios y ejemplos concretos para que el daño evitable deje de parecerlo.

Cómo está organizado

La estructura del libro tiene un flujo intencionado: inicia con conceptos, pasa a detalles concretos y luego vuelve a lo propositivo.
Los primeros capítulos construyen el marco: qué entendemos por violen­cia en el hospital, cómo distinguirla de otras formas de conflicto, qué ti­pologías ayudan a nombrarla con precisión y qué raíces históricas explican por qué las jerarquías, las culturas del daño y el silencio son tan resistentes. También exploran cómo los principios de la ética y la bioética se encuentran -o  se chocan- con la práctica real, y cómo ese choque se traduce en formas de malestar moral que muchos profesionales reconocerán.

Los capítulos centrales siguen el rastro de la violencia en las distintas relaciones que atraviesan el hospital: desde la dirección hacia los profesiona­les, entre médicos, entre enfermeras, entre médicos y enfermeras, hacia los pacientes, desde los pacientes hacia el personal, entre los propios pacientes. A ello se suman capítulos dedicados a violencias institucionales más espe­cíficas, como la obstétrica, la psiquiátrica o la dirigida a colectivos especial­ mente vulnerables.

Los capítulos posteriores abordan las respuestas posibles: el papel de la ética clínica como marco para analizar y exigir; la prevención como conjunto de medidas concretas (protocolos, planes, estrategias de liderazgo, cultura del cuidado); el papel de colegios profesionales y sindicatos; y lo que pode­mos aprender de experiencias ya en marcha.
Finalmente, el libro se cierra con dos planos distintos: unas reflexiones finales que intentan sintetizar sin simplificar y un testimonio personal que no pretende demostrar nada, pero sí mostrar de dónde provienen muchas de las preguntas que han guiado este trabajo y qué se siente al formularlas desde dentro.
El objetivo de esta organización es sencillo: ofrecer primero un mapa, des­ pués recorrer el territorio y, al final, volver al mapa con otra mirada, menos ingenua y más atenta a los signos de violencia y de cuidado.

A quién va dirigido

Este libro no está dirigido a un lector ideal en abstracto, sino a varias perso­nas que se encuentran en el hospital al mismo tiempo.
Para el profesional de primera línea -médico, enfermera, auxiliar, resi­dente- que siente que algo en su servicio le produce malestar, pero no sabe cómo nombrarlo ni qué hacer al respecto.
Para quien dirige un servicio, una unidad o un equipo y necesita criterios para delimitar dónde acaba la exigencia y empieza el maltrato, y herramien­tas para actuar cuando esa línea se cruza.

Para las personas que toman decisiones sobre plantillas, recursos, protoco­los y espacios, y necesitan ver con claridad que cada decisión degestión tiene consecuencias éticas concretas para quienes trabajan y son atendidos en la institución.
Para el estudiante o residente en sus primeras guardias, puede resultar confuso distinguir si lo que experimenta forma parte de su aprendizaje o si simplemente no debería ocurrir en ningún entorno de formación.

Para el paciente o el familiar que ha salido del hospital con una mezcla de gratitud y heridas, que percibe que algo en el trato no fue digno, pero no en­cuentra palabras para explicarlo.
Para quienes investigan, gestionan o diseñan políticas de salud, que nece­sitan entender no solo el funcionamiento teórico del sistema, sino también la experiencia interna cuando la violencia permea sus mecanismos.

Si te reconoces en alguno de estos lugares -o en varios a la vez-, este libro intenta hablar contigo, no sobre ti. Y hacerlo desde un reconocimiento previo: tu malestar no es una rareza individual, sino una señal de que algo en la estructura merece ser examinado con cuidado.

Este no es un tratado académico clásico ni solo un relato personal. Es un ensayo clínico-analítico que se apoya en tres capas de conocimiento que dia­logan entre sí: la experiencia, la evidencia y el marco conceptual.

La primera sección incluye escenas clínicas basadas en más de 35 años de experiencia en hospitales de Venezuela, Arabia Saudita, Guinea Ecuatorial y España. Para garantizar la confidencialidad, los casos están anonimizados y, cuando ha sido necesario, fusionados o alterados en los detalles no esencia­ les. No buscan ser «representativos» en un sentido estadístico, sino reflejar patrones que muchos identificarán y emociones que muchos han sentido sin poder nombrarlas.

La segunda capa comprende datos y definiciones provenientes de infor­mes de organismos internacionales (OMS, OIT), planes de salud, estudios observacionales y revisiones sistemáticas sobre la violencia laboral, la vio­lencia institucional y los riesgos psicosociales. No es una revisión sistemá­tica exhaustiva, sino una revisión narrativa centrada en palabras clave y en fuentes de referencia confiables.

La tercera capa incluye las herramientas conceptuales de la ética, la filo­sofía política y las ciencias sociales: autores como Foucault, Cortina, Beau­champ y Childress, entre otros, que proporcionan vocabulario y categorías útiles para aclarar prácticas concretas. No se busca adaptar la realidad clínica a una teoría, sino emplearla para identificar aquello que, sin ella, sería difuso: ese malestar que se siente en la guardia, en la sesión clínica o en la sala de es­pera y que rara vez aparece en los protocolos.

La interacción entre estas capas presenta límites claros: las escenas no abarcan toda la realidad, los datos dependen de la calidad de los estudios y las teorías son siempre interpretaciones parciales. 
Sin embargo, en conjunto, proporcionan un marco lo suficientemente sólido para lo que busca este libro: brindar un lenguaje, criterios y ejemplos que ayuden a reconocer la violencia en la estructura hospitalaria y a comenzar a cambiarla, empezando por lo que cada cual tiene a su alcance.

Una advertencia necesaria

Este libro no busca acusar. No afirma que los hospitales estén llenos de per­sonas malintencionadas ni que la medicina, en su esencia, sea dañina. 
Más bien, plantea algo más incómodo y, creo, más útil: que el daño puede ocurrir -y a veces de manera especial- incluso en manos de personas decentes, en instituciones con protocolos adecuados y en sistemas con recursos suficien­tes. Sus raíces no solo están en las personas, sino también en las estructuras, jerarquías y culturas que organizan la vida del hospital.

Reconocer esto no constituye pesimismo, sino un paso fundamental para lograr cambios honestos y duraderos. Los hospitales pueden convertirse en espacios donde el cuidado se brinde con dignidad tanto a quienes lo reciben como a quienes lo ofrecen. En ocasiones, ya lo son en parte. 

La diferencia entre el hospital actual y el hospital ideal depende en gran medida de cuán­ tas personas estén dispuestas a identificar el problema, comprender sus cau­sas y actuar en consecuencia, aunque sea en decisiones muy concretas.

Este libro quiere aportar algo a ese esfuerzo. Si al terminarlo sientes que tienes palabras nuevas para nombrar lo que antes te dolía en silencio, o ves con más claridad dónde podrías empezar a cambiar algo -aunque sea muy pequeño- en tu propio ámbito, habrá cumplido su propósito más impor­tante.




El aumento considerable de la violencia es un fenómeno reconocido ampliamente. Según el Consejo Internacional de Enfermería (CIE, 1999), este fenómeno afecta a toda la población, atravesando fronteras de edad, raza, condición socioeconómica, sexo y lugar.

Diversos estudios en la temática de la violencia que afecta a los espacios laborales concluyen que precisamente algunos de estos lugares de trabajo y ocupaciones tienen un mayor riesgo de hechos violentos que otros. Se reconoce en estas investigaciones que la violencia en el lugar de trabajo en el sector salud es universal, la que genera un alto grado de estrés, lo que también puede instar a comportamientos violentos, y en las que se evidencia que las enfermeras y el personal de ambulancias tienen mayor riesgo a ser víctimas de hechos agresivos, el que especialmente corresponde a violencia de tipo psicológico (CIE, 2002; Sánchez, 2002). Para Kingma (1999), la violencia que afecta a las enfermeras tiene una doble consecuencia, ciertamente negativa, porque afecta por un lado la vida de este profesional y, por el otro, puede afectar el tipo de servicios de salud prestados, es decir, la repercusión se pudiera extender a la calidad de los cuidados de salud otorgados a los pacientes. Así, este complejo fenómeno de la violencia es reconocido también en el ambiente hospitalario, enfocado desde la perspectiva de los trabajadores de la atención de salud. Sin embargo, estudios orientados en este tema desde el punto de vista de los pacientes o usuarios de los servicios de salud, principal foco de atención en este contexto, han sido escasamente abordados.

La condición de hospitalización hace al individuo vulnerable a variados estímulos, no sólo provenientes de la enfermedad que le afecta, sino también del medio ambiente y relaciones que se establecen durante la hospitalización, en el que adopta o pasa a ser incluido en el "status de paciente" (Martínez, 1997). Al respecto, Jiménez (2000) señala que este paciente ve alterado su autoestima y se producen cambios emocionales intensos que requieren de reajustes. Estos cambios, para Moro (1999), repercuten en las necesidades de seguridad y pertenencia, en la que un medio extraño, con una serie de normas y a veces falto de privacidad, potencia los sentimientos de inferioridad, aparecen sentimientos de culpa que aumentan con el tratamiento despersonalizado de los procesos diagnósticos, terapéuticos y asistenciales a los que se ve sometido durante la hospitalización.

Entonces el hospital, junto con ofrecer atención sanitaria, se constituye en un sistema social complejo y delicado, en el que la multiplicidad de personas, con diferentes roles, conforman una red interactiva que puede inducir a desarrollar o modificar actitudes (Valenzuela, 1995), las que pueden predisponer a hechos agresivos o violentos

Existen ciertas situaciones que se presentan durante la atención que se brinda al paciente hospitalizado y que tal vez, asociados a la masificación y complejidad creciente de la atención de salud, no sean analizados con la frecuencia y profundidad que merecen, y que pueden ser considerados manifestaciones de agresión o violencia.

Uno de ellos que pareciera ser inherente a la hospitalización, es la falta de intimidad, definida como "toda aquella realidad oculta, relativa a un sujeto o grupo determinado que merece reserva". Ésta se ve de alguna manera vulnerada en el paciente hospitalizado, el que se manifiesta desde la invasión no sólo al espacio territorial, reducido a una cama y un velador (Vacarezza, 2000), sino también al ser examinado en su unidad por innumerables personas a las que generalmente desconoce y respondiendo preguntas relativas a su historia de vida personal, muchas veces sin una explicación previa del porqué son necesarios estos procedimientos y estas respuestas. Pareciera ser más importante el órgano afectado que la persona enferma, olvidando el respeto a la desnudez y el pudor del otro (Rodríguez, 1999). Esto se ha ido presentando en la medida en que la enfermedad monopoliza la atención e inconscientemente se olvida la naturaleza humana de la atención de salud, tornándose ésta fría e impersonal, lo que ha violentado la relación amistosa y de confianza, pasando más bien a un vínculo de tipo despersonalizado (Iceta, 1996; Goic, 2000). Esto estaría asociado a lo que Jiménez y cols. (1990) llaman una relación asimétrica y jerárquica entre los dispensadores de cuidados y los pacientes.

En una relación de poder, por ejemplo, que establecen las enfermeras con los pacientes hospitalizados, provocan una actitud obediente, sumisa y pasiva del usuario frente a las diversas relaciones e interacciones que se presentan. En un estudio realizado por Moris, Riveros y Pucheau (1996), se identificaron los factores significativos en la percepción de la atención que recibían los pacientes hospitalizados en un hospital público, resultando que los pacientes consideraban importante las relaciones que se establecen con el equipo de salud, identificando como un atributo significativo el trato respetuoso del personal que los atendía.

En el contexto hospitalario el foco de atención es el cuidado del paciente hospitalizado y sus necesidades, lo que implica identificar constantemente los factores internos y externos que están influyendo en la salud de los que están a nuestro cargo, es decir, la atención de enfermería está dirigida al individuo en forma integral, contemplando distintos tipos de estímulos y respuestas en este medio, muchas veces desconocido y doloroso para quienes, por distintos motivos, presentan alguna alteración en el estado de salud, de resolución médica o quirúrgica, y que requieren el ingreso a un establecimiento hospitalario.

Los pacientes, receptores de los servicios sanitarios, pueden ser violentados a través de variadas manifestaciones, que vulneran sus derechos y los que muchas veces no son solamente ignorados por los dispensadores de la atención de salud, sino también por los mismos usuarios. En una atención que ha priorizado la tecnificación y conocimientos teóricos que son elementos importantes en la atención en salud, éstos no son suficientes si se vulneran los derechos a una atención basada en el trato humano, lo que permite otorgar ciertamente no sólo una mejor atención, sino que un cuidado más digno.

El CIE (2002) ha adoptado una clara oposición en este referente, condenando toda forma de abuso y de violencia en los contextos hospitalarios, es por esta razón que junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Internacional de Servicios Públicos (PSI), establecen una campaña para erradicar la violencia en el sector salud, que según reconocen influye en los cuidados brindados a los pacientes.

Las escasas investigaciones en este tema desde la perspectiva de los pacientes y, por otro lado, el interés de los autores de realizar un diagnóstico en dos servicios clínicos hospitalarios sobre la violencia en la atención de salud otorgada a sus usuarios, llevaron a plantear los siguientes objetivos e hipótesis de investigación:

La percepción de violencia identificada en un contexto hospitalario representa un hallazgo considerado importante, puesto que esto significa que no solamente los trabajadores de salud son víctimas de violencia (CIE, 1999; Sánchez, 2002), sino que esta problemática afecta también a los usuarios de los servicios de hospitalización. Este hecho debe llamar a la reflexión sobre la forma en la que se está llevando a cabo la atención a los pacientes, que son nuestro principal sujeto de atención, y cómo se vulneran sus derechos.

Los pacientes identificaron una o más conductas violentas, las que correspondieron en su gran mayoría a manifestaciones de violencia de tipo psicológico. Dentro de las que se destacaban, la "falta de atención" en la satisfacción de necesidades de aseo y/o confort fue ejemplificada recurrentemente por los pacientes en estudio con el tiempo prolongado que demoraba el personal de salud en atender llamados de solicitud y retiro de chatas, y la falta de cooperación en la realización del aseo personal, en especial de aquellos más dependientes. Esto se puede relacionar con la escasez de personal para la atención específica de aseo y confort de los pacientes hospitalizados; el recurso humano disponible es limitado, y no logra atender a tiempo a todos los llamados de los usuarios que requieren atención.

La "frialdad en el trato" del personal de salud es otro aspecto considerado como violentador por el paciente/usuario de los servicios hospitalarios, que se identifican con conductas poco empáticas e impersonales. Los pacientes identifican este trato impersonal, por ejemplo, al ser tuteados por el personal que les atiende, y a la relación indiferente que los funcionarios de salud establecen con ellos. Este trato frío e indiferente también es un factor estresante en los pacientes durante la hospitalización, ya que las personas en esta condición necesitan establecer una relación de confianza con el personal a cargo de su cuidado (Roa, 1995). A este punto se refiere también Rodríguez (1999), cuando dice que la calidez en la atención que otorga el equipo de salud se torna un aspecto importante -el saber escuchar, establecer una dinámica de relación que puede ir desde el contacto visual hasta el abrazo estrecho, sonreír y el consolar sinceramente- que condiciona la relación entre prestadores y usuarios. Las investigadoras comparten ampliamente la necesidad que existe de establecer una comunicación basada en la empatía y respeto con el paciente; sin embargo, esta relación se ve alterada tal vez, por un lado, con la demanda asistencial -que muchas veces limita la comunicación más estrecha con los pacientes- y, por otro, por las conductas de algunos funcionarios que aún consideran al paciente como un mero receptor de cuidados, y no como un integrante activo de la atención en salud.

El que el mayor porcentaje de pacientes no logre diferenciar claramente al estamento de los funcionarios agresores, puede estar relacionado con el hecho de que cuando un paciente es ingresado a un hospital es separado de su ambiente familiar -conocido y estable- y sometido a otro extraño, en el que debe relacionarse con múltiples personas, sufriendo algún grado de confusión, especialmente cuando el personal de salud no se identifica previamente o no porta una identificación clara y/o por lo similar del vestuario. En este punto es necesario destacar que especial confusión se presentaba en los casos en que los pacientes debían diferenciar las enfermeras de los paramédicos, quedando de manifiesto la poca distinción que realiza el usuario del profesional universitario y del técnico, identificándolos a ambos como enfermeras. Por otro lado, esto puede estar asociado además a que los pacientes entrevistados no quieran señalar un estamento determinado, por no comprometerse mayormente en la denuncia de un hecho de violencia identificando al agente agresor.

Los pacientes hospitalizados señalaron en el presente estudio que en el turno de noche es cuando se presenta la mayor cantidad de conductas violentas. El turno de noche corresponde a la jornada de trabajo intrahospitalaria en que existe menor cantidad de funcionarios, comparados con los turnos diurnos. Durante el día son múltiples personas las que encuentran en los servicios clínicos atendiendo y satisfaciendo las necesidades de los pacientes, no solamente se encuentra el personal hospitalario (enfermeras, técnicos paramédicos, médicos, auxiliares de servicio), sino que además se están: alumnos de enfermería, medicina, técnicos paramédicos y los familiares en las horas de visita. Todas estas personas colaboran durante el día con las diversas actividades asistenciales. Sin embargo, durante la noche sólo se encuentran, y en menor número, los funcionarios del hospital, los que, aunque realizan menor cantidad de actividades que en el turno diurno, deben también realizar controles, procedimientos y diversos cuidados a los pacientes hospitalizados. ¿Será que el personal del turno nocturno es insuficiente o que la atención brindada en este horario difiere del resto?

Chapell y Di Martino (1998) reconocen que el estrés es un factor determinante en la presentación de comportamientos violentos en los individuos. Este aspecto ha sido también analizado por el CIE (2001), el que señala que una de las causas de estrés en el personal de salud es el tratar con la muerte y los moribundos, conflictos entre compañeros de trabajo, preparación inadecuada para tratar necesidades emocionales de pacientes y sus familias, y precisamente la sobrecarga o exceso de trabajo, la que a su vez puede llevar a la falta de atención en las actividades y al cambio de comportamientos. Los mismos profesionales de enfermería, según Sánchez (2002), atribuyen a la presión asistencial como el principal factor asociado a la violencia. Este aspecto requiere mayor atención, ya que tanto los dispensadores de los cuidados de salud como los propios pacientes receptores de los cuidados, reconocen al estrés como causal de violencia.

La mayoría de los pacientes que señalan percibir conductas violentas durante la atención recibida en la hospitalización, aceptan estas situaciones sin decir ni hacer nada. El adoptar una actitud pasiva frente a las conductas violentas puede relacionarse con la relación asimétrica y jerárquica que se establece entre el personal de salud y los pacientes en los hospitales públicos (Rocha y cols., 2000), en la que los pacientes en una situación de dependencia en mayor o menor grado toleran las diversas conductas y manifestaciones que surgen durante la hospitalización. Ferreira y Figueiredo (1997), en un estudio basado en las relaciones de poder entre las enfermeras y pacientes adultos hospitalizados, estos últimos adoptaban una actitud sumisa, pasiva y obediente, aceptando la atención de salud desde su rol pasivo, como mero receptor de los cuidados, actitud que se ha tratado de cambiar impulsando la participación activa de los usuarios en la atención en salud, por ejemplo a través de la divulgación de los deberes y derechos del paciente.

CONCLUSIONES Y SUGERENCIAS

- Un alto porcentaje de pacientes durante la hospitalización perciben conductas que catalogan como violentas de parte de los funcionarios que les atienden, siendo este porcentaje en la realidad probablemente mayor, ya que algunos pacientes no quisieron reconocer violencia durante la atención por temor a represalias posteriores.
- La mayoría de los pacientes hospitalizados que percibe violencia durante la atención refiere que ésta fue de una intensidad moderada y corresponden a manifestaciones del tipo de violencia psicológica en la gran mayoría de los casos, dentro de las que se destaca la "falta de atención" y el "trato frío".
- Un alto porcentaje de pacientes reconoce no diferenciar al agente agresor hospitalario.
- Los pacientes identificaron que las conductas violentas se presentaban mayoritariamente cuando solicitaban atención y en el horario de turno de noche.
- El factor predisponente del agresor para efectuar conductas violentas, según la percepción de los pacientes corresponde al estrés por sobrecarga de trabajo.
- El mayor porcentaje de pacientes frente a las conductas violentas adoptaba una actitud pasiva.
- La evaluación de la atención recibida durante la hospitalización, realizada por el mayor porcentaje de pacientes que conformaron la muestra, refirieron haber sido siempre bien atendidos a pesar que percibieron conductas violentas, aceptando éstas durante la hospitalización.
- Mediante el análisis de regresión logística, independiente del servicio clínico de procedencia, los pacientes más jóvenes, con mayor nivel educacional y que tienen una mala evaluación de la atención de salud, son los que mayormente perciben violencia en el contexto intra-hospitalario.

Según los resultados obtenidos, se hace necesario implementar medidas orientadas a la disminución y manejo adecuado del estrés por sobrecarga de trabajo del personal de salud, reconocido como el principal factor predisponente a la violencia, a través del aumento de funcionarios, especialmente durante los turnos nocturnos. Además, de ejecutar programas destinados a promover en los funcionarios los derechos y deberes de los pacientes, enfatizando en la relación de ayuda efectiva que se debe establecer con los usuarios.

Se hace imperativo reconocer la diferencia entre los estamentos funcionarios de salud de parte de los pacientes, promoviendo el uso de una identificación clara y visible, para delimitar responsabilidades cuando así se requiera.

Las futuras investigaciones en esta línea deben cautelar el momento en el que serán recogidos los datos, si bien para esta investigación fue considerado el momento del alta hospitalaria, el hecho de tener que volver a controles posteriores y la posibilidad de un eventual reingreso al servicio clínico, no liberaba totalmente a los pacientes a manifestar sus percepciones sin temor.

Este hallazgo de percepción de violencia, en un medio cuyo objetivo es atender las necesidades de salud de las personas, debe llevar a una profunda reflexión de cómo se están realizando las prestaciones sanitarias, la que ciertamente debe contemplar la forma cómo nos acercamos y presentamos al paciente, los gestos, tono de voz, uso de palabras claras basadas en un diálogo respetuoso y empático, nunca olvidar que el que está al otro lado es un ser humano como cualquier otro, que merece un trato digno.


La violencia dentro de los hospitales existe, pero se esconde detrás de un muro de normalización. Y el mayor problema es que casi nadie se atreve a nombrarla. 🏥🤐
No te equivoques: no siempre se trata de gritos o de conflictos evidentes. A veces se manifiesta de formas mucho más sutiles pero devastadoras:
Un trato cotidiano que humilla en silencio. 💔
Una jerarquía rígida que aplasta el criterio profesional. 📉
Un silencio cómplice que pesa en cada pasillo. 🤫
Y lo más difícil de asimilar es que muchas veces no hay un "malo" de la película. No es una persona en particular; es la propia estructura de poder la que está diseñada de una forma que hace daño. ⚙️💥
Seguir ignorando este diagnóstico solo perpetúa el problema. Nombrar lo que ocurre en el día a día es el primer paso indispensable para poder cambiarlo. De eso trata este libro: de tener la valentía de mirar de frente la cultura sanitaria. 🧠📘

DERECHOS DE LOS PACIENTES

VER+:
















lunes, 27 de julio de 2026

LIBRO "GRÜNARRIANISMO": De la Gnosis Progre-Luciferina 👿👥 de Anselm Grün por Dr. Federico Highton, S.E.


 GRÜNARRIANISMO
De la Gnosis Progre-Luciferina
de Anselm Grün
👿👥

 Dr. Federico Highton, S.E.

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si seguimos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje germano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenzamos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».
Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones: 1) la doctrina de Anselm Grün no es católica y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya que para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hombre moderno.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 79 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero (de la Introducción).

Hace casi catorce años asistíamos a la primera Misa del Padre Federico Highton (¡si hasta parece mentira todo lo que ha pasado desde ese entonces!).

Era una capilla pequeña en un orfelinato, con apenas un par de personas mayores y algunas niñas. Pero sabíamos que nuestro antiguo alumno, amigo y camarada, estaba comenzando un ministerio que daría que hablar; alguien que, como muchas veces nos alentamos mutuamente, buscaría por todos los medios terminar su vida o mártir, o exhausto de cansancio por predicar la verdad. Todo, menos esos obituarios aburridos y patéticos que dicen: “aquí yace Fulano de Tal: que nació tal día y murió tal otro”.

Tuve la gracia de que me pidiera predicar y la segunda gracia de guardar esa homilía que, en sus partes finales, decía:

“Por último, Padre Federico, quedan las palabras que a vos se dirigen. Esas palabras que sólo se pueden decir en el marco de una primera Misa de alguien que va a hacer mucho bien a la Iglesia si, como creo, te mantienes fiel y radical como hasta ahora.

Hacía meses que esperaba esta ordenación y ayer no pude contener las lágrimas al imponer mis manos sobre tu cabeza, mientras imploraba del Espíritu Santo el don de Consejo, ese don que ilumina la inteligencia para saber cómo obrar en cada instante.

Pero no las diré de mi boca, sino de boca de aquel santo que ha guiado gran parte de nuestro camino de formación y que hoy, providencialmente celebramos en sus primeras vísperas: San Francisco Javier.

Así decía el gran santo navarro desde Japón a sus compañeros jesuitas que se hallaban en España:

‘Venid a la misión; disponeos a buscar mucha humildad persiguiéndoos a vosotros mismos en las cosas que sentís repugnancia… y de aquí creceréis en mayor Fe, esperanza y confianza y amor de Dios y caridad del prójimo’”.

Pues hoy, más de una década después, es lo que exactamente el Padre Federico ha hecho: estar en la primera línea de misión, haciendo la opción preferencial por los pobres, los de verdad, los paganos que no conocen a Cristo y, desde allí, con un poder de concentración que hasta ahora no he visto en otro mortal, leer y refutar con sus escritos algunos temas tan fundamentales como repugnantes, sean éstos el budismo tibetano, el islamismo herético o la cábala talmudista.

Y esta vez ha entrado en las profundidades de otro tipo, el del psicologismo newageísta barnizado de catolicismo de una de las últimas vacas sagradas de la espiritualidad progre contemporánea: el monje benedictino Anselm Grün.

Hay libros que nacen para adornar bibliotecas… y hay otros que nacen para hacerlas temblar. El que el lector tiene entre manos pertenece, sin duda, a la segunda especie, haciendo con este libro lo que muchos consideran imprudente y otros directamente imposible: leer, estudiar, analizar… y luego juzgar no uno, sino decenas de las obras del monje alemán, cuyas obras han sido traducidas a más de 30 idiomas con más de 15 millones de libros vendidos.

– Perdón, ¿dijo “juzgar”?

Exacto. El padre Federico juzga -a pesar de que esa palabra cause urticaria en muchos oídos “tolerantes” de hoy. Y el fenómeno que analiza —con paciencia de cirujano y sin anestesia retórica— es uno de los más curiosos de nuestro tiempo: el éxito masivo de ciertas propuestas “espirituales” que, cuanto más se alejan de la fe católica, más parecen gustar… incluso dentro de ambientes que se dicen “católicos”.

Uno podría preguntarse: ¿pero cómo es posible? La respuesta es incómoda: porque muchas veces se prefiere una mentira agradable a una verdad exigente. Y aquí es donde este libro cumple su función: desmontar, paso a paso, una construcción que ha seducido a no pocos, mostrando sus presupuestos, sus fuentes y, sobre todo, sus consecuencias.

No se trata de una crítica superficial ni de un panfleto apresurado. Es el producto de una tesis doctoral en teología; estamos ante un trabajo serio, documentado, trabajado con ese raro equilibrio entre inteligencia y combatividad que caracterizaba a los grandes polemistas católicos de otras épocas, cuando todavía se entendía que la caridad no consistía en callar la verdad, sino en decirla a tiempo.

Pero alguno dirá que este libro es “duro”. Probablemente lo sea. Pero conviene distinguir: no es duro con las personas; es duro con los errores. Y eso, lejos de ser un defecto, es una obra de misericordia espiritual, tan olvidada como necesaria. Porque el error —especialmente en materia de Fe— no es un simple desacierto académico: es un veneno. Y si no se alerta sobre los venenos, terminamos bebiéndolos.

Y el Padre Highton, aún desde su hábitat propio de la misión, ha decidido no mirar para otro lado. Y eso tiene un costo. Siempre lo tiene. Pero también tiene un mérito: el de servir a la verdad sin negociar con la moda. Al lector le espera, entonces, un recorrido exigente pero iluminador. No encontrará aquí frases hechas ni concesiones al espíritu del tiempo, sino algo mucho más valioso: argumentos.

Y en una época que ha reemplazado el argumento por la emoción, eso ya es, en sí mismo, una forma de resistencia.

Terminemos con una advertencia —o, si se prefiere, una invitación—: este no es un libro para quien busca confirmación de prejuicios, sino para quien todavía cree que la verdad existe… y que vale la pena defenderla.

Los demás, probablemente, lo encontrarán incómodo.

Y eso, lejos de ser un problema, es una excelente señal.

P. Javier Olivera Ravasi, SE 

INTRODUCCIÓN

Palabras preliminares o motivos de la confutación

Anselm Grün (o Anselmo Verde, como lo llamaba graciosamente Caste­llani), «considerado el monje más famoso de Alemania», «conocido hoy en casi todo el mundo», autor de «"best-sellers" espirituales», «uno de los escritores cristianos de lengua alemana más leídos» y aun «uno de los es­critores cristianos más leídos de la actualidad» e incluso uno de los autores espirituales más leídos del mundo, leído «tanto en círculos progresistas como conservadores» (principalmente por mujeres), citado por muchos scholars como una autoridad en Teología, que ostenta «una reputación de es­cribir libros que combinan la reflexión espiritual y  una buena investigación [=scholarship] general», traducido a más de treinta lenguas (al punto de ser, curiosamente, uno de los más editados en República Checa e incluir lenguas como el chino, el ruso, el noruego y hasta el swahili), me irritaba por un simple motivo: su impostura se intuía con solo ver la tapa de los libros «de este monje benedictino que, según dice el prologuista de uno de sus libros, toca una cuerda particular en el corazón del hombre contemporáneo», lo cual torna urgente refutarlo ya que, como enseña el escoliasta Gómez Dávila (cuya «escritura fragmentaria» y «estética reaccionaria» iluminará nues­tro libro), «La idea deletérea no alcanza a veces a corromper a su inventor, pero corrompe a toda una posteridad imprudente».

Me sorprendía que sus obras ocupasen el centro de las vitrinas de tantas brillosas librerías católicas y que tantas señoras instruidas se gozasen de leer a este autor. Desde el vamos olía a gato encerrado. Luego se me fue la irritación, pues me habitué a sufrir la agobiante omnipresencia del espíritu progresista que, en el ámbito de la espiritualidad, termina infiltrando en las almas una especie de tibieza militante (si se nos permite el oxímoron), que acaban dispuestas a todo menos a defender la Verdad.

Como bien observa Caal Coy, no hay mucho escrito sobre Anselm Grün. Hace muchos años, el buen Padre Gabino Tabossi (que en paz descanse) re­futó a Grün y hace poco mi amigo el Padre Horado Bojorge, en una entrevista online en el portal QNTLC, denunció con lucidez y firmeza la heterodoxia de los gruñidos de Grün, todo lo cual es de suyo suficiente para que los bautizados decentes descarten a semejante impostor; pero como la plaga sigue en curso, sus libros se siguen vendiendo por millones, los videos online son difícilmente citables y siguen habiendo muchos laicos generosos que con santas intenciones apostólicas insisten en usar la pseudo-espiritualidad grü­niana para predicar retiros de conversión. 

Mi gran amigo el Dr. Carlos Romero Berdullas, uno de los pocos penalistas tomistas de la Argentina, me venía in­sistiendo para que refute sistemáticamente a Anselm Grün, a quien podemos llamar el profetastro más vendido de la espiritualidad moderna católica, que de católica no tiene casi nada y que, en el fondo, no tiene nada ya que cuando se mezcla la fe con la herejía ya no queda fe sino un caos doctrinal, si bien Grün dice que él «procura salvaguardar el tesoro de la tradición».

Le dije varias veces que no tenía tiempo, pero finalmente cedí y así me dispuse a hacer un opúsculo, que terminó siendo una tesis doctoral en Teo­logía y luego un libro (que alarga la tesis y la adapta levemente), que busca desmontar de una vez a este sofista contemporáneo, que ofende al buen Jesús diciendo que «Jesús era buen bebedor», que calumnió a los santos mártires de la Iglesia primitiva calificándolos de masoquistas y que no temió inter­pretar en clave psicologista los exorcismos del Señor y hasta la misma señal de la cruz, diciendo que «el hombro izquierdo representa lo inconsciente; y el derecho, lo consciente» y, a la vez, «la izquierda lo femenino, la derecha lo masculino.

Valga aclarar que no hicimos una enciclopedia refutando absolutamente todos los errores de Anselmo Verde y cada uno de sus tomos (escribió una gigantesca cantidad de libros) sino que, por el contrario, nuestro propósito no fue sino el de elaborar un libro de estudio para demostrar de modo contun­dente e irrefutable que este autor no sólo es pródigo en errores gravísimos sino que creó una cosmovisión gnóstico-cristianoide radicalmente contraria a la Santa Fe Católica, esto es, escribimos este libro para probar que Grün no es un autor católico que tiene algunos errores sino el fautor de un sistema gnóstico radicalmente anticatólico, lo cual es muy grave ya que, como en­seña Meinvielle, «para destruir al cristianismo había que vaciarlo por dentro dejando toda su apariencia exterior. Y éste es el trabajo de los gnósticos, incluyendo a Anselm Grün, el más vendido de los gnósticos-cristianos en la actualidad.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 75 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero. Como el autor escribió «más de trescientos libros» con «media de unos diez títulos por año», hemos elegido los más pedidos y los más vendidos en las librerías pretendidamente católicas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, que es donde empezamos a escribir el libro con ocasión de un problema de salud ocular que la Trinidad Sacrosanta se dignó enviarnos para Su mayor gloria.

No creemos que nadie nos reproche que no citemos 300 libros, lo cual sólo serviría para que nadie lea este. Leer, citar y confutar más de 75 obras de este monje modernista que hace gala de su ignorancia al afirmar que «los mayores moralistas nunca hacen lo que exigen a los otros».2.Z, es suficiente si queremos evitar ser víctimas de alguna psicopatía. Además, no hace falta citar 300 libros de un autor moderno ya que hoy «Nadie se empeña tanto en opinar como el que es simple eco». De todos modos, si aún así alguien nos reprocha no haber citado toda la biblioteca grüniana, lo invitamos a que busque alguna retractación que este autor haga de alguna de sus tesis y con gusto la publicaremos.

Es urgente refutar a Grün ya que es uno de los principales autores gnósti­cos de la era contemporánea (mas se hace pasar por católico) y dado que hoy la gnosis está tan vigente que, como bien dice Gómez Dávila («el solitario de Dios»), «En todas las sectas que hoy pululan fermenta una soteriología gnóstica»: Si Grün no tuviese vestidura de monje católico y no ostentase la etiqueta de benedictino, nadie lo leería ni publicaría y en tal caso no valdría la pena refutarlo, pero pasa lo contrario.

Si bien Grün reconoce que, al tratar un tema, lo que más le atrae es ex­ ponerlo primero sobre el fondo de la actual psicología, y después en diálogo con las otras religiones y sus tradiciones místicas, Grün atribuye su éxito de ventas al hecho de que, como él dice, «hay un gran anhelo por una espiri­tualidad cristiana que sea sana». Ahora bien, él les vende una espiritualidad que no es ni cristiana ni sana, por lo que hay que concluir que, allende sus in­ tenciones (él dice que los benedictinos no deben engañar a las personas en el nombre de Dios, que su Padre le enseñó a ser francoli y que él siente el reto de «convertirse en roca para los demás), la obra de Grün es una gran estafa, una estafa grave ya que él insiste en que él «no pretende dar consejos, sino poner a la gente en contacto con la sabiduría cristiana», cuando en realidad pone a sus lectores en contacto con lo que San Pablo llama «ineptas fábulas», esto es, «mitos ridículos» (1Tim v, t) y, más específicamente, mitos gnósticos secularizados con fachada cristianoide. Mas, Grün dice: «en cualquier caso, para mí es importante permanecer fiel a mi mensaje [¿no al de Cristo?, nos preguntamos] y llevarlo adelante» y «debo escuchar una y otra vez a mi voz interior [¿y si no es la de Cristo?] y seguir mi camino (¿y si no es el de Cristo?)»

Pero, ¿por qué decimos que no es ni cristiana ni sana? Ante todo, porque es una obra gnóstica, como veremos a lo largo de nuestro libro.

De todos modos, como admite su biógrafo, otro de los móviles por los cuales Grün escribe es el de «desahogarse de los anhelos por medio de la escritura»12, anhelos que, como su escritura evidencia, son en gran medida tenebrosos.

Nos dirán que somos unos intolerantes y que no amamos al prójimo, mas es al revés, no solo porque «Sólo es respetuoso el que subraya con vigor las diferencias» sino también porque era mucho más cómodo para nosotros no escribir nada y usar el tiempo en dormir más y hacer más deporte que en refutar imposturas, pero por el bien de las almas, al cual nos debemos y con­sagramos desde el día de nuestra ordenación sagrada, decidimos privarnos de legítimas comodidades, sacar tiempo de donde no tenemos y proceder a la clarificación doctrinal, ya que como dijo el único Salvador del género hu­mano: «conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn. 8, 32). Sabemos que -salvo un milagro- los libros de Grün se seguirán vendiendo dado que «el tonto no renuncia a un error mientras no pasa de moda», aunque también sabemos que «Matar un error no es posible, pero es posible apalearlo». Al fin de cuentas, como bien dice Grün, «A la larga, no se puede vivir impune en­frentando a la verdad», y «Jesús obliga a la verdad», y por eso lo refutamos.

No faltan quienes, con el afán de defender al famoso monje de Münsterschwarzach, dicen que los que lo atacan son «la derecha de la Iglesia», lo cual no deja de ser simpático no sólo porque las vulgares etiquetas derecha-izquierda son ineptas para describir el pensamiento católico sino porque, como reco­noce la editorial Herder (la cual, desde su viraje progresista, le publica los libros), «su trabajo se nutre de las influencias de (...) Karlfried Dürckheim», un propagandista nacionalsocialista que en 1938 fue enviado por quien poco después devino el Canciller del III Reich, Joachim Von Ribbentrop, al Japón, para estudiar la educación nipona y la posibilidad de usar actividades cultu­rales para promover los objetivos políticos de la Alemania de Hitler en Japón y toda zona asiática bajo el dominio imperial nipónil. Es más, el mismo Jung, una de las máximas fuentes de la doctrina de Grün fue, a juicio de varios estudiosos, como Eric Harper, antisemita, a tal punto que, según Harper, ésta fue una de las principales razones de que la ruptura entre Freud y Jung.

Terminamos este prólogo pidiendo al Espíritu Santo que nos llene de su luz y así nos salve «de la confusión que propagan los falsos maestros», es­pecialmente de aquellos que tienen «ingenio teológico», que, según el gran pensador bogotano, «consiste hoy día en inventar formas subrepticias de apostasía», concluyendo estas líneas inaugurales convocando a los lectores a prepararse para reírse ya que, como decía el citado poeta colombiano, ante el progresismo actual, «el católico viejo se indigna primero, se asusta des­pués, finalmente revienta de risa».

Subiectum: problema, hipótesis, objetivos y estructura del trabajo

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si segui­mos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje ger­mano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenza­mos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».

Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones:

1) la doctrina de Anselm Grün no es católica 
y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Nuestro trabajo tiene objetivos de dos tipos: general y específico. El objetivo general de este trabajo es investigar dos asuntos conexos: 
1) si la doctrina de Anselm Grün es católica (o no) 
y 2) si su doctrina es gnóstica (o no). 
Al fin de cuentas, ambos asuntos pueden formularse en una sola proposición ya que, como enseña J. Meinvielle (y veremos a lo largo de este trabajo), en el fondo sólo hay dos concepciones posibles: la católica o la gnóstica, como leemos al comienzo de la conclusión de la obra maestra del dicho autor: «A través de toda la historia humana no hay sino dos formas fundamentales del pensa­miento y de la vida: la católica y la gnóstica» (Meinvielle, 1970, p. 456).

Para ahorrar equívocos desde el comienzo, precisemos en qué consiste la concepción católica y en qué la gnóstica: La concepción católica es la concep­ ción revelada por Dios y enseñada oficialmente por la Iglesia en Magisterio bimilenario infalible, la cual fue expuesta magníficamente por Santo Tomás de Aquino, que es el mayor Santo de los Sabios y el mayor Sabio de los Santos, siendo tan importante su exposición que es el único Doctor Universal vene­ rado por la Iglesia con el glorioso título de Doctor Universalis.

Por otra parte, como enseña Meinvielle, «Se llama gnosis y cábala a toda concepción de Dios, el mundo y el hombre que asigna una única sustancia, homogénea, a estas tres realidades» (Meinvielle, 1970, p. 18).

Consecuentemente con lo ya señalado, los objetivos específicos de este tra­ bajo son dos: 
1) investigar el itinerario intelectual de Anselm Grün, sus fuen­ tes y, en la medida de los estrechos límites permitidos por la longitud de una tesis doctoral y que lo pida la mejor consecución de nuestro objetivo general, estudiaremos las fuentes de las fuentes grünianas, trazando una especie de árbol genealógico de la doctrina grüniana y, por ende, en cierta medida, de la gnosis alemana moderna; 
2) investigar los principales puntos de la doctrina de Anselm Grün siguiendo el orden temático empleado por Santo Tomás en la Summa Theologice, que comienza con Dios y termina con Cristo, pasando por los ángeles, los hombres y, luego, la moral.

Que el petiso Grün tenga el apoyo entusiasta de la progresía y de la milenaria Abadía benedictina de Münsterschwarzach, en la que él vive, no da ninguna garantía de ortodoxia, sino al contrario. De hecho, Grün contra­ dice la doctrina católica en todos o prácticamente todos los grandes temas. Por eso, podemos hablar de "gruñidos grünianos" teniendo en cuenta que el gruñido es un sonido emitido por un animal en señal de ataque o amenaza, metáfora esta que nos sirve para denotar los gruñidos con los que el lobo amenaza o ataca a la grey católica falsificando la fe.

El eje de nuestro trabajo, entonces, consiste en desenmascarar los gruñi­dos grünianos, lo cual haremos siguiendo la siguiente estructura: primero, describiremos las fuentes, influencias y clave del pensamiento grüniano; segundo, salteando lógicamente algunos puntos, expondremos la doctrina grüniana siguiendo el orden expositivo de la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino (citado aisladamente en algunas de sus obras por Grün 2):

1) Dios Uno y Trino; 2) el hombre; 3) Teología moral (general y especial); 4) Cristo (y la Virgen); 5) Liturgía; 6) escatologíall. 
Este libro, podríamos decir, es como una especie de Anti Suma Teológica. Alguno nos preguntará quizá por qué tratar tantos temas y la respuesta es, parafraseando al escoliasta bogotano, que «Sobre toda idea noble la Teología moderna ha sabido dejar la huella digital de su calumnia».

Status quo investigativo y metodología empleada

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hom­bre moderno.

Lo novedoso de este trabajo

Nuestra tesis es novedosa ya que no hay ningún trabajo científico que demuestre el carácter gnóstico del pensamiento grüniano a partir de los es­critos del mismo autor. El valiosísimo trabajo del Padre Tabossi se basa más bien en citas de citas, mas el nuestro en las citas primarias. Por otra parte, nuestro trabajo es novedoso ya que nunca fue estudiado el corpus grüniano siguiendo el orden temático de la Summa Theologiae, que es lo que hacemos en este trabajo doctoral.

 
ANSELM GRÜN. Libro del P. Federico Highton. "De la gnosis progre-luciferina de Anselm Grün"

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