EL Rincón de Yanka

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domingo, 15 de febrero de 2026

EL CÍRCULO DIÁBOLICO INICUO DEL CASO ESPTEIN 👿👥💀

 


El caso Epstein 
o la evidencia de que las élites 
pueden quedar impunes 


El caso Epstein es "el espejo más turbio en el que se reflejan las élites internacionales". En 'Momento América', el periodista Mauricio Hdez. Cervantes da cinco claves del caso que tiene repercusiones directas en Estados Unidos y Reino Unido. Desde "la red de explotación sexual" hasta la muerte de Epstein en prisión, "esta trama demuestra que sigue habiendo nombres de gente intocable" para la justicia.

Los archivos de Epstein contienen más de seis millones de páginas de documentos, imágenes y vídeos que detallan las actividades delictivas y no delictivas del financiero estadounidense y delincuente sexual condenado Jeffrey Epstein y su círculo social de figuras públicas, entre las que se encontraban políticos, miembros de la realeza, ejecutivos de empresas, académicos y famosos.
El mero hecho de aparecer en los documentos no prueba que se haya cometido ningún delito, y es habitual que las personas que figuran en las publicaciones hayan negado haber cometido ningún delito en relación con la vida y los delitos de Epstein. Aparte de Epstein y Ghislaine Maxwell, ninguna otra persona ha sido condenada por ningún delito relacionado con Epstein o con las revelaciones contenidas en los archivos a fecha de febrero de 2026.

En el corazón de la ecléctica esfera que gobierna el mundo late un secreto que se resiste a morir: el caso Epstein. No es solo la historia de un magnate arruinado, ni la crónica de otra celda en la que el suicidio se convirtió en sinónimo de sospecha. Es, más bien, una suerte de espejo que muestra el reflejo más obsceno, más turbio de las élites internacionales. Lo que vertebra a esta historia, más que una suma de delitos (gravísimos), es el silencio: complicidades, privilegios y presuntos chantajes, todo oculto en una infinita red de poderes sumergidos bajo la que parece ser el mayor escándalo de tráfico sexual de la élite global. Incluso parece un caso digno de otros tiempos.
"En ellos se menciona a los intocables, entre ellos expresidentes, magnates, intelectuales, banqueros, etc. No solo es la selección de apellidos ilustres, sino la confirmación de que la impunidad es el 'modus vivendi' de las élites globales"
Pese a lo que sabíamos hasta hace un par de años, el secreto de Jeffrey Epstein no murió con él en aquella prisión neoyorquina en 2019. Los archivos en los que incontables nombres de gente muy poderosa se relacionan con quien está considerado como uno de los mayores depredadores sexuales de nuestro tiempo son un océano inabarcable. Hablamos de más de tres millones de documentos, vídeos e imágenes filtrados como agua sucia por las rendijas del poder. En ellos se menciona a los intocables, entre ellos expresidentes, magnates, intelectuales, banqueros, etc. Pero esta lista no solo es la selección de apellidos ilustres, sino la confirmación de que la impunidad es el modus vivendi de las élites globales.

La desclasificación de esta información, desafortunadamente, lanza más preguntas que respuestas. ¿Es cierto que Donald Trump estuvo en la misma fiesta que miembros del Cártel de Sinaloa, una en la que supuestamente hubo violencia sexual contra una mujer? (No hay prueba oficial que confirme esos hechos, pero así se menciona en los documentos del caso). ¿Qué tan grave es que nombres como José María Aznar, Ana Botella o el magnate mexicano Ricardo Salinas Pliego hayan estado en la lista de contactos de Epstein, o en asuntos administrativos? ¿Qué implicaciones —judiciales, mediáticas— tiene o tendría el intercambio epistolar digital que hay entre Noam Chomsky y Epstein, en el que el intelectual y profesor emérito del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) se posiciona en contra de la forma en la que los medios y la prensa han atacado al presunto violador serial? Cabe destacar que la mera mención en este caso no es motivo de acusación judicial o de vínculo alguno con los delitos por los que fue juzgado Jeffrey Epstein, pero sí abre una ventana de investigación sobre la magnitud de la red de contactos del acusado.

Y es aquí cuando la pregunta se vuelve inescrutable: ¿qué significa que las élites mundiales aparezcan en estos papeles? Situaciones como la del príncipe Andrés de Inglaterra —acusado por Virginia Giuffre, una de las víctimas de trata de Epstein, que sostuvo haber sido abusada sexualmente por él mientras ella era menor de edad— muestran que, efectivamente, se cometieron delitos sexuales, que existía una red y que las víctimas hoy quieren contar la historia. En otro registro, Bill Clinton también fue forzado a declarar debido a sus vínculos con Epstein: aceptó haber estado con él en vuelos privados y haberlo conocido, pero negó cualquier conducta indebida o participación en los crímenes del protagonista del caso. Y la lista es larga, muy larga.

Pero ¿cuáles son las claves para comenzar a comprender, más que un caso, a un fenómeno en el que el poder, la impunidad y las redes sexuales alcanzaron a las más altas esferas mundiales, y del que apenas se conoce la punta del iceberg?

Las cinco claves del caso

¿Por dónde comenzar a comprender las dimensiones de una trama que obliga a asomarse al lado más ciego y oscuro del poder? En Agenda Pública hemos identificado cinco claves que pueden ayudar a develar la fotografía de un caso que aún tiene bastante recorrido.

La primera clave: la red de explotación sexual. Si hay un nombre que convierte a este caso en una trama de novela negra global es el de Ghislaine Maxwell, la hija de Robert Maxwell, un magnate británico caído en desgracia. Creció entre mansiones y privilegios, habituada a los salones donde se mezclan el poder y el dinero como la ginebra con el cítrico de moda. En 1991 conoció en Nueva York a Epstein y, desde entonces, se convirtió en su sombra: fue la mujer que reclutaba adolescentes bajo la promesa de trabajo, glamour o estudios, y que las convertía en otras piezas (de tantas más) del inmenso engranaje de explotación sexual que dirigía.

"Su abogado ha contado a los medios que ella está dispuesta a exculpar a Donald Trump y a Bill Clinton de esta trama si se le concede la inmunidad" 

Sin ella, probablemente, el perturbador mecanismo no hubiese sido tan eficaz, tan discreto, tan maquiavélico. Maxwell convertía la violencia en un ritual social, en una promesa eterna para adolescentes que terminaba en no pocas ocasiones en delitos sexuales graves. Su figura representa la extrema obscenidad del caso: la aristocracia que se vuelve proxeneta, la high society que se convierte en cómplice y operador a la vez, el poder que, debajo de su elegancia, oculta el abuso y el delito.

El FBI la detuvo en 2020 y desde 2022 cumple una condena de veinte años en una prisión de Texas. Recientemente se acogió a la quinta enmienda de la Constitución estadounidense para evitar declarar en una comparecencia. Su abogado ha contado a los medios que ella está dispuesta a exculpar a Donald Trump y a Bill Clinton de esta trama si se le concede la inmunidad. Su palabra (y sus silencios) sigue siendo, al parecer, la moneda de cambio de un caso que demuestra que la corrupción alcanza a cualquier institución.

La segunda clave: la muerte de Epstein en prisión. El 10 de agosto de 2019, Jeffrey Epstein apareció colgado en su celda, en una prisión de Nueva York. ¿Cuál fue la versión oficial? Un suicidio. Pero esa historia está marcada por una sucesión de errores: los guardias no lo monitorearon, a pesar de que había alertas de riesgo de suicidio; las cámaras, supuestamente, fallaron en momentos clave, y varios protocolos de seguridad no funcionaron con normalidad. Es como si alguien hubiese querido que todo saliera mal. Y la versión de que él mismo se quitó la vida se volvió sospechosa desde el primer momento.

Poco a poco las dudas fueron creciendo. Vídeos de la noche de su muerte dejaban ver a figuras extrañas en los pasillos. Hubo contradicciones respecto a los testimonios de las personas que supuestamente habían entrado a la zona de la celda de Epstein. A eso se le sumaron minutos faltantes en las grabaciones, informes de negligencia, etc. El punto es que la muerte del antiguo magnate fue tan turbia como su vida: ese evento, más que resolver el caso, solo avivó teorías de que, una vez preso, hubo mucha gente que quiso garantizar que su silencio fuese eterno.

"La medida se presentó como un gesto de transparencia, pero también como un movimiento político (el presidente dijo que el Partido Demócrata quedaría más perjudicado por lo que allí apareciera)"

La tercera clave: los archivos desclasificados. La desclasificación de estos millones de documentos es el punto de inflexión del caso y abre, por lo menos, algunas puertas sobre los detalles y los nombres de quienes pueden ser clave en el esclarecimiento de la aterradora red de tráfico de influencias y delitos sexuales. Cuando el Congreso estadounidense aprobó en noviembre de 2025 que el Departamento de Justicia hiciera públicos estos documentos, Donald Trump lo permitiría. La medida se presentó como un gesto de transparencia, pero también como un movimiento político (el presidente dijo que el Partido Demócrata quedaría más perjudicado por lo que allí apareciera).

La cuarta: el impacto en las élites. Los nombres hablan por sí solos. Andrew Mountbatten-Windsor (perdió el título de "alteza real", además de honores militares, y es el nombre más empapado en las cloacas de este caso); Lord Mandelson (político británico caído en desgracia por esta trama. Varios correos electrónicos revelan que, mientras fue embajador en Estados Unidos, pasó información sensible a Epstein. Renunció a su puesto vitalicio en la Cámara de Lores, y ahora está siendo investigado penalmente); Richard Branson (el creador de la empresa Virgin aparece en la lista de contactos sociales del protagonista de este caso, y en un correo electrónico él hace una supuesta alusión al "harén" de Epstein). Bill Gates, Steve Bannon, etc. La lista es muy larga.

"Todavía quedan muchas dudas sobre el proceso de desclasificación, sobre todo por el tiempo que pasó desde el supuesto suicidio de Epstein hasta las filtraciones de información" 

La quinta: la desconfianza institucional. Dinero, intercambio de favores, nepotismo, chantajes y redes de silencio que llegaron hasta los despachos más poderosos del mundo. De cara a la opinión pública, este caso ha expuesto, de forma muy clara, el doble discurso de quienes más dinero y poder tienen: venden la idea de un mundo mejor, imponen la norma de las instituciones o de sus mercados y, finalmente, aparecen en los archivos del creador de una red global de depredación sexual.
También, el proceso de esta trama demuestra que sigue habiendo nombres de gente intocable y que la justicia, por supuesto, no se aplica de la misma manera para todos. Todavía quedan muchas dudas sobre el proceso de desclasificación, sobre todo por el tiempo que pasó desde el supuesto suicidio de Epstein hasta las filtraciones de información.

Cabe destacar que este fenómeno, esta clave, ha desatado también una ola de ideas conspirativas respecto a la muerte de Jeffrey Epstein, así como a quiénes podían estar detrás de este enmarañado caso. Tras la liberación de los famosos documentos, en la red comenzaron a circular varias imágenes de un supuesto Epstein, con pelo largo y barba, paseando por las calles de Tel Aviv, alegando que jamás se suicidó. Son falsas. Un vídeo de la BBC News explica que esas "fotografías" fueron hechas con inteligencia artificial, y muestra cómo las marcas de agua (visibles e invisibles) propias de los programas digitales demuestran que solo son parte de otras tantísimas fake news. En esa pieza audiovisual, también se desmonta la idea de que sigue vivo porque hay registros de que ha estado jugando al Fortnite, un videojuego muy popular. Por último, la cadena británica tuvo acceso a información directa del Departamento de Justicia y al fiscal general, y confirman que Epstein (¿?) murió el 10 de agosto de 2019.

Sin embargo, estas cinco claves son solo eso, claves. Es, sin duda, una trama a la que le queda mucho recorrido y, por lo tanto, nos orilla a hacer la siguiente e incómoda pregunta: ¿quién, y por qué, borró, tachó o editó los nombres que tanto se mencionan en los documentos? Epstein está muerto, pero sus secretos todavía no.

Los archivos desclasificados 
también menciona a:

- Barak Obama
- Naomi Campbell - Modelo
- Bill Clinton e Hillary Clinton - ex presidente de Estados Unidos y esposa
- Alexandra Cousteau - directora de cine
- Alan Dershowitz -ex profesor de Derecho de la Universidad de Harvard
- Leonardo DiCaprio - actor
- Stephen Hawking - físico-investigador
- Heidi Klum - Modelo y presentadora
- George Lucas - director de cine
- Kevin Spacey - actor
- Thomas Pritzker - presidente ejecutivo del multimillonario Hyatt Hotels
- Leslie Wexner - ex CEO de Victorias Secret
- Bruce Willis - actor
- Oprah Winfrey - presentadora de televisión
- Al Gore, exvicepresidente de Estados Unidos

Mucho peor de lo que imaginas. 

La podredumbre que rodea al caso Epstein y su círculo demoníaco es absolutamente repugnante y deleznable. Es la bajeza más absoluta de unos seres repulsivos que se creían con tanto poder como para hacer lo que quisieran con el resto de las personas, que no eran para ellos más que meros objetos prescindibles. Toda la información que nos va llegando, aún con cuentagotas y en muchos casos incompleta o desvirtuada, reflejan la inmoralidad absoluta y la total carencia de empatía de los poderosos que dominan el mundo. De todo ello nos habla el gran maestro Enrique de Vicente. Nadie como él conoce todos los entresijos del poder y de sus ritos satánicos.

sábado, 14 de febrero de 2026

EL OSCURO ORIGEN DE MUCHAS FORTUNAS CORUÑESAS: TRÁFICO DE ESCLAVOS A HISPANOAMÉRICA

"CONDE DE FENOSA, 
nieto del negrero 

(EL OSCURO ORIGEN DE MUCHAS FORTUNAS CORUÑESAS)

El puerto de La Coruña fue uno de los vértices del tráfico triangular con esclavos a América, origen de las grandes fortunas de la ciudad.
Un comercio que duró tres siglos y que implicó el trasvase de 10 millones de personas del África occidental.

Tenían nombres tan inocentes como Noticioso, La Herculina, La Mariquita o La Mariposa. Y otros más confesionales como Pura y Limpia Concepción, Jesús María y José o San Juan. Los próceres coruñeses bautizaban de ese modo a los bergantines, galeones y fragatas con los que hacían la trata de negros, una actividad sobre la que los historiadores pasan de puntillas o evitan, a pesar de su importancia en el comercio del puerto de A Coruña, que en el primer tercio del siglo XIX se convirtió en uno de los vértices del tráfico triangular con África y América.

Ahora que el cine americano muestra en la película Lincoln, de Spielberg, los esfuerzos de aquel presidente por abolir la esclavitud en su país, y que incluso Tarantino trata a su modo el espinoso asunto en Django desencadenado, es una ocasión para volver sobre un pasado coruñés poco conocido y que dio lugar a las mayores fortunas de la ciudad.
Estos comerciantes formaban parte de una incipiente burguesía que se debatía entre el Antiguo Régimen y el liberalismo. Era la élite de la época, instalada tanto en la esfera de los negocios como de la política.
No había distinción entre absolutistas y constitucionalistas a la hora de enriquecerse, y la trata de esclavos ocupó a unos y a otros, que se afanaron por igual en destinar sus barcos al tráfico de esclavos -mano de obra barata para los ingenios azucareros y otros duros trabajos- cuando el comercio colonial palidecía.

La edad de oro de la trata de negros en Galicia fue entre los años 1816 y 1820 y estuvo dirigida sobre todo por coruñeses. Solo en esos años, se llevaron a cabo al menos 25 expediciones negreras y el número de esclavos transportados a Cuba por armadores gallegos ascendió a 6.854. Este auge negrero fue consecuencia de la abolición de la esclavitud (1808) en Inglaterra, que aprovecharon los armadores españoles para hacerse con los barcos negreros ingleses y sus infraestructuras. Se calcula que en esos años los negreros españoles introdujeron en Cuba unos 111.000 esclavos.

Pero apenas queda hoy información sobre el comercio gallego de esclavos. Solo ha quedado su rastro en los documentos privados de los colegios notariales.

"En Galicia han sido destruidas prácticamente todas las fuentes públicas que podían haber aportado información directa sobre la trata: el encubrimiento social de los descendientes de los negreros les obligaría, con toda probabilidad, a ocultar el origen de sus fortunas", sostiene Luis Alonso Álvarez, catedrático de Historia Económica de las Instituciones de la Universidade da Coruña, autor del libro Comercio colonial y crisis del Antiguo régimen en Galicia, 1778-1818.







El auge del negocio vinculado a la trata de negros en La Coruña creció a causa del deterioro del comercio con las zonas de Ultramar y la lucha prohibicionista en Inglaterra. Una lucha en parte hipócrita porque los ingleses continuaron con el negocio usando intermediarios gallegos, portugueses, franceses. En el siglo XVIII también hubo comerciantes gallegos en el negocio. Los años más importantes de aquella actividad fueron los comprendidos entre 1816 y 1820. En ese periodo, el número de expediciones salidas desde el puerto de A Coruña alcanza un total de 77, distribuidas entre diferentes comerciantes. El número total de esclavos transportados desde los puertos gallegos alcanzó la cifra de 6.854. unos 32 comerciantes locales trataban con «madera de ébano africana». En el puerto de A Coruña en los años 1812 y 1813, el barco negrero de mayor era el Ysiar, con 350 tn de Trb y 15 pies calado. El menor, el Conception: con 25 tn de Trb y 6 pies calado. En estos años el puerto de A Coruña, convertido en uno de los vértices del triángulo del tráfico de esclavos de África a América, vivió su edad de oro de la Trata.

Entre 1816 y 1820, se llevaron a cabo expediciones negreras. Este auge negrero fue consecuencia de la abolición de la esclavitud (1808) en Inglaterra, que aprovecharon los armadores españoles para hacerse con los barcos negreros ingleses y con sus infraestructuras. O asociarse de manera encubierta. Se calcula que en esos años los negreros españoles introdujeron en Cuba unos 111.000 esclavos. Entre 1836 y 1855 según datos cubanos entraron allí 137.806 esclavos. A ellos hay que añadir ya en esta etapa la entrada de gallegos, canarios, chinos e incluso indios yucatecas, en condiciones similares o peores a los negros. Insistimos en que detrás del negocio, en muchos casos, había armadores o negociantes ingleses que usaban a los gallegos de subcontratistas.

El comercio gallego de esclavos sigue siendo un tabú, porque afecta a reputados comerciantes, familias de abolengo, y al Estado; el rastro documental es escaso, salvo en archivos privados, camuflados en el comercio africano, en los documentos privados de los colegios notariales. «En Galicia han sido destruidas prácticamente todas las fuentes públicas que podían haber aportado información directa sobre la Trata: el encubrimiento social de los descendientes de los negreros les obligaría, con toda probabilidad, a ocultar el origen de sus fortunas», sostiene Luis Alonso Álvarez, catedrático de Historia Económica de las Instituciones de la Universidade da Coruña, autor del libro «Comercio colonial y crisis del Antiguo Régimen en Galicia, 1778-1818».

Pero ¿quiénes se dedicaban a la trata de negros? Fundamentalmente, armadores, comerciantes dedicados a la exportación de curtidos, vinos y aguardientes, reexportadores y salazoneros de sardina, en su mayor parte venidos desde Cataluña, muchos de los cuales habían llegado a la ciudad atraídos por la liberalización del comercio a finales del siglo XVIII. No solo catalanes; también, vascos, riojanos de Cameros, asturianos y algún valenciano, que vieron en los comercios marítimos con ultramar la posibilidad de hacer fortuna alrededor del puerto coruñés. Una oligarquía profundamente endogámica, en la que todos emparentaban con todos y formaban sociedades mercantiles cruzadas, y en la que no faltaban prestamistas, inversores e importantes propietarios de fincas rústicas y urbanas.

A la trata de negros se dedicaban armadores, comerciantes vinculados a la exportación de curtidos, vinos y aguardientes, reexportadores y salazoneros de sardina, en su mayor parte venidos desde Cataluña; muchos de los cuales habían llegado a la ciudad atraídos por la liberalización del comercio a finales del siglo XVIII. Y casi todos con negocio en el corso y el comeros, asturianos y algún valenciano, que aprovecharon la apertura del puerto coruñés a los contrabando de armas desde la Guerra de Independencia de EEUU. También, vascos, riojanos de Caercios ultramarinos. Una oligarquía endogámica, en la que todos emparentaban con todos y formaban sociedades mercantiles cruzadas, en donde el Estado participaba cobrando sus quiñones y vendiendo células, cargos (procuradores, síndicos portuarios) a las mismas familias foráneas asentadas en nuestras costas. Un negocio en el que no faltaban prestamistas, inversores e importantes propietarios de fincas rústicas y urbanas, bien burgueses enriquecidos, indianos o hidalgos. Así reputadas firmas comerciales coruñesas, viguesas y hasta compostelanas armaban o se asociaban en los fletes a intrépidos capitanes catalanes, gallegos (ex corsarios o arruinados del comercio y la guerra).

Apellidos que tuvieron arte y parte en el negocio fueron: Bartolomé de las Casas, José Blanco, Marcial Francisco del Adalid, José Arias, Francisco Romeu, José Mens, Manuel Sierra, José Fullós, Jaime Dalmau, Juan Bautista Larragoiti, Selisis, González del Valle, González Pola, Bartolí, Gurrea, Donato, Salvador Rivera Pecarrere, Antonio Santiago de Llano, Martín de Torres Moreno. Y Barrié, uno de los grandes nombres nacionales de la trata. Sin olvidar a la amplia colonia gallega allende el mar, en Cuba, en México.

De ese constante tejido de intereses y apellidos aún quedan vestigios y a poco que se escarbe en la genealogía familiar algunos coruñeses se encontrarán con aquellos nombres. De otros nombres solo queda el esplendor pasado reflejado en sus abandonados panteones del cementerio de San Amaro.
Bartolomé de las Casas, José Blanco, Marcial Francisco del Adalid, José Arias, Francisco Romeu, José Mens, Manuel Sierra, José Fullós, Jaime Dalmau, Juan Bautista Larragoiti, Selisis, González del Valle, González Pola, Bartolí, Gurrea, Donato, Salvador Rivera Pecarrere, Antonio Santiago de Llano, Martín de Torres Moreno... Ellos fueron, con Juan Francisco Barrié, algunos de los negreros coruñeses.
Esos hombres, espoleados por la profunda crisis del tráfico colonial tras el establecimiento del comercio directo de los europeos con las colonias españolas en América, vieron en la trata la manera de obtener beneficios y de esquivar los riegos que podía entrañar invertir en industrialización.
Juan Francisco Barrié D' Abadie, de origen francés, llegó a ser el principal negrero. Propietario de una de las fábricas de sombreros más importantes de la época, organizó un total de trece expediciones, una cifra muy por encima de otros comerciantes coruñeses (Casas y Blanco le seguían a gran distancia, con cuatro expediciones cada uno).
Barrié, prohombre liberal, condecorado con la Legión de Honor francesa y Caballero de la Orden de Carlos III, optó por la trata "atendiendo a la situación deplorable en que se halla nuestro comercio y teniendo la noticias de que algunas expediciones dirigidas a la costa de Guinea a efecto de conducir negros a La Habana habían producido decentes resultados" .
Como él, también Romeu, José Ramón Santos o Adalid, entre otros muchos, se refirieron a la crisis del comercio colonial para justificar el tráfico de esclavos, que España se había comprometido con Inglaterra a abolir en 1817 pero quedaría en papel mojado a lo largo de buena parte del siglo y Estados Unidos hizo efectiva en 1865 gracias al tesón de Lincoln para incorporar la prohibición en la XIII enmienda a la constitución.

En Argentina, región en la que antes de la independencia había un 30% de población de origen negro, y con comercio directo con A Coruña desde Carlos III. Al respecto, la incorporación a España en 1778 de la actual Guinea Ecuatorial (Bioko, importante factoría negrera portuguesa y holandesa), lleva la rémora lucrativa del permiso a la trata de esclavos guineanos. Esta colonia africana se incorpora desde esa fecha al Virreinato del Rio de la Plata, hasta 1810, con el proceso independentista argentino. Los ingleses la ocupan entre 1826-32 con la disculpa de la lucha contra la Trata, pero vuelve pronto a España.

En esta época faena por la zona junto a negreros brasileños el famoso pirata gallego Benito Soto. En 1845 la reina Isabel II propone a los negros y mulatos libres de Cuba que regresen a Guinea, con escaso éxito. En 1861, la Corona ante la falta de brazos cubanos negros que quieran el retorno a su tierra fuerza al envío de 260 negros libres cubanos a Guinea. También indios caribeños son vendidos por los gobiernos de las nuevas naciones independientes sudamericanas, con españoles en medio. En enero de 1860, se cita la venta de cien yucatecos todos los meses en el vapor español a la Habana. Y la existencia de «viveros» de esclavos indios del español Francisco Martí.

Alonso Álvarez habla de 77 expediciones desde A Coruña a los negros. Apunta 13 a Juan Francisco Barrié. 4 a Bartolomé de las Casas Díez y 4 a José Blanco. 3 a Marcial del Adalid, Arias o Romeu. Pero la importancia corsaria del puerto (con 238 licencias entre 1798 y 1818), el carácter oscuro de este comercio y que muchos gallegos actuaban en comandita o de testaferros con bretones o ingleses dan fe de una mayor notoriedad de los navegantes locales. Ocultos en el comercio general africano, de maderas o cacao, etc. Juan Francisco Barrié D´Abadie, de origen francés, llegó a ser el principal negrero coruñés, aunque alguno de origen gallego asentado en Málaga le ganó en ingenio y valor (Pedro Blanco, el mongo de Gallinas, Senegal). Su biografía es conocida en los estudios locales. Propietario de una de las fábricas de sombreros más importantes de la época, organizó un total de trece expediciones, una cifra muy por encima de otros comerciantes coruñeses (Casas y Blanco le seguían a gran distancia, con cuatro expediciones cada uno).

Barrié, prohombre liberal, condecorado con la Legión de Honor francesa y Caballero de la Orden de Carlos III, optó por la trata «atendiendo a la situación deplorable en que se halla nuestro comercio y teniendo la noticia de que algunas expediciones dirigidas a la costa de Guinea a efecto de conducir negros a La Habana habían producido decentes resultados». 
Como él, también Romeu, José Ramón Santos o Adalid, entre otros muchos, se refirieron a la crisis del comercio colonial para justificar el tráfico de esclavos, que España se había comprometido con Inglaterra a abolir en 1817 pero quedaría en papel mojado a lo largo de buena parte del siglo.

El ejemplo del caso de la fragata española Libertad, la del conocido filme, demuestra como se seguía ejerciendo, pese a la prohibición. Estados Unidos la hizo efectiva en 1865 con el peaje de una guerra civil. El gran comerciante coruñés Jerónimo de Hijosa, aunque nacido en Medina de Rioseco se instaló en nuestra ciudad con 28 años y tuvo un afortunado matrimonio. Entre su amplio catálogo de negocios también figura la trata de negros. Al desarrollo de las hostilidades con Inglaterra armó buques en corso que le proporcionaron fabulosos ingresos y del mismo modo traficó con negros entre Guinea y Cuba con su nutrida flota. Y no podemos olvidar al coruñés Juan Menéndez, senador y banquero lucrado en la trata hasta 1840.

Hablaremos después de la importancia de los catalanes en la trata, bien asentados en Galicia o bien en su territorio. Antes citamos varios apellidos de origen catalán a los que debemos sumar el de un ferrolano ilustre, José Plá. Hermano del marqués de Amboage. El investigador ferrolano Juan Burgoa rechaza cualquier vínculo del marqués de Amboage con el tráfico de esclavos. Burgoa sostiene, de hecho, que Ramón Plá y Monge fue un auténtico ilustrado, y lamenta que a día de hoy se siga cuestionando la filantropía de un hombre que donó buena parte de su fortuna para que fuese empleada con fines humanitarios.

Así explica Burgoa que «su fama de negrero hay que rebatirla, porque el tráfico de esclavos es un tema con el que el marqués de Amboage no tuvo nada que ver. Esa fama suya está totalmente injustificada. Realmente ese (el de esclavista) fue el caso de su hermano José, que fue dueño de una hacienda y de una plantación de café en la isla de Cuba, y que empleaba esclavos negros en sus instalaciones». Así lo indica en su libro «El marqués de Amboage, Ramón Plá y Monge: un ilustrado ferrolano». Es un caso de ascenso por méritos y ambición de un vástago de la emigración catalana a Ferrol, alguien que llegó nada menos que a obtener un alto título nobiliario, dar nombre a una plaza, y es recordado como benefactor en nuestros días.

Hacendado y comerciante en Cuba, a su regreso en 1884 recibe el marquesado. Pero tanto él como su hermano entre sus socios cubanos contaban con otros hacendados de nuestra comarca relacionados con la Trata (necesaria, imprescindible para mantener la economía isleña) como los Feijoo Pardiñas o los Patiño de Camariñas. Desde 1790 el corsario camariñano Ambrosio Álvarez Pardiñas, de Camariñas, entre sus negocios anda en la trata, con viajes al África, Brasil y Cuba. Se instalará en Pontevedra, en donde casa. Era amigo íntimo del último rey de Portugal.

En 1.842 opera en La Coruña el primer barco de vapor, que une esta ciudad con Burdeos y otros puertos del norte de España. Senador vitalicio desde 1838, muere en 1852. En 1854, dos años después del fallecimiento de Juan Menéndez, su operario Eusebio da Guarda contrae matrimonio con su viuda Modesta Goicouría Cabrera, insigne dama, nacida en Cuba de padre bilbaíno y madre cubana, poseedores de una considerable fortuna. Se hace cargo de los negocios del finado con gran dedicación, capacidad y eficacia. Eusebio se dedicó sobre todo al comercio marítimo en sus diversas facetas: naviero, armador, consignatario, transporte de pasajeros (tropas a Cuba y Filipinas), y mercancías (granos, tabaco, coloniales, etc.), aseguradora y accionista de diversas empresas públicas. Fallece el 20-03-1897 a los 74 años y está enterrado junto con su mujer en el Panteón de la Capilla de San Andrés, cuya construcción, en vida, había pagado. Destaca como benefactor público, pero desde 1880 se desarrolla el grueso de sus inversiones filantrópicas, entre ellas la reconstrucción de la capilla coruñesa de San Andrés. En la misma tuvo aportaciones del obispo gallego de Haití Basilio Suárez de Lema, natural de Vimianzo. Daniel Carballo, diputado coruñés y pariente también del obispo, fue uno de los apoyos a sus obras ( el famoso instituto).


Sagas familiares como las de los Barrié, Marcial del Adalid, Pastor. Nombres propios del callejero de la ciudad y referencias indiscutibles de la élite coruñesa, cuya huella sobrevive hoy a través de homenajes simbólicos, pero ligados también a una memoria sumergida: la del comercio de esclavos.
Una de esas zonas de sombras de la historia de La Coruña que dos investigadoras, la periodista Zinthia Álvarez y la arquitecta Cristiana Botana, se han propuesto sacar a la superficie. «A día de hoy sigue habiendo calles que nombran a grandes traficantes de personas. El que para unos puede ser un benefactor, para otros es una figura violenta. Para todos debería serlo», aseveran.
De esa reflexión histórica con perspectiva antirracista nace el proyecto La Coruña entre memorias, una iniciativa amplia de recuperación de la memoria colonial de la ciudad y que se hace tangible estos días y hasta el 28 de febrero en las paredes del Muncyt a través de la muestra A Coruña, porto negreiro, que profundiza en la logística esclavista del siglo XIX que tenía en el puerto de la ciudad uno de sus nodos.

Un proyecto que se apoya en todo un corpus de investigaciones previas de otros autores y que pretende generar una base de conocimiento a escala popular, que trascienda el ámbito académico. El fin es que los coruñeses puedan conocer una parte de su historia en cierto modo incómoda, pero imprescindible para entender el desarrollo económico de la ciudad y de los nombres vinculados a él.
«Queremos que esta memoria quede en el imaginario colectivo, que cale en los y las vecinas, que puedan prestar atención también a esa memoria colonial que hay en la ciudad y que muchos desconocen», explican.

Aunque el comercio de esclavos en la península se liga sobre todo a ciudades como Barcelona o Sevilla, lo cierto es que de Galicia partieron 84 expediciones negreras en la primera mitad del siglo XIX, de forma especialmente intensa entre los años 1816 y 1820, cuando Galicia se convierte en un «nodo estratégico» de la trata trasatlántica.

Al menos, esas son las que están cuantificadas en los registros. Más de una cuarta parte de ellas salieron desde el puerto de A Coruña, financiadas y organizadas por nombres como Barrié. «En total, se calcula que se secuestraron y transportaron desde África hasta las colonias, sobre todo caribeñas, más de 23.000 personas. Y seguro que hay más», detallan. No solo en los nombres propios perviven los resquicios de aquel pasado: también existen ciertas continuidades invisibles a los ojos de quien desconoce esta realidad, pero elocuentes cuando se indaga: «Es impactante que en lo que era la Aduana Real, que tenía la función de controlar el tráfico de mercancías, donde por desgracia contaban los seres humanos, hoy esté ubicada la oficina de Extranjería. Hay una continuidad simbólica de esa violencia administrativa, simbólica, social y económica».

La vigencia de estas dinámicas en el funcionamiento actual de la ciudad es otro de los aspectos en los que el proyecto insiste. El hoy no se puede entender sin rellenar los huecos del ayer. «Muchas de esas élites siguen ocupando el poder. No es algo del pasado. En España se abolió la esclavitud en 1898», comentan. Una cruzada contra la desmemoria colonial coruñesa que se apoya en varias patas, como parte de la iniciativa La Coruña entre memorias: historia, colonialismo e identidade, premiada por la Diputación. Además de la muestra del Muncyt, hay iniciativas paralelas como visitas guiadas por la ciudad, que reconstruyen el mapa de este pasado violento; una cartografía digital e interactiva con material didáctico e imágenes históricas para profundizar.
«La idea es que puedan venir grupos de niños y niñas de las escuelas, porque es una forma de trasladar esta información que a veces es tan hermética. El crecimiento de La Coruña está conectado a este proceso, y son cosas que incomodan», señalan.
La Coruña, porto negreiro rescata los nombres de los esclavistas, pero también de las personas esclavizadas, en un afán reparador que huye de esa homogeneización que etiquetaba como mercancía a seres humanos. Así conocemos a Joseph Francisco, Joachin de San Benito, José Manuel Lisboa o Yrene Antonia.
«Muchas de ellas fueron bautizadas en la Iglesia de Santiago. Es importante que sus nombres aparezcan. Cuando se aborda la memoria colonial se va a los nombres de los negreros, pero queremos que queden en la memoria también los de las personas esclavizadas. Algunas acabaron viviendo aquí», relatan.


Una exposición que muestra uno de los episodios más oscuros de nuestra historia: La Coruña, implicada en el tráfico de seres humanos esclavizados entre finales del s. XVIII y principios del XIX. Con muchos detalles que os van a sorprender.
Exposición dirigida por Zinthia Álvarez Palomino y Cristina Botana Iglesias dentro del proyecto A Coruña Entre Memorias @acoruna_entrememorias
En el MUNCYT (Museo de Ciencia y Tecnología) hasta el 28 de febrero. Praza do Museo, 1 (enfrente de la cala de San Roque)
Entrada gratuita en el horario del museo:
De martes a viernes de 10:00 a 17:00 h. Sábados de 11:00 a 19:00 h. Domingos y festivos de 11:00 a 15:00 h


VER+:


viernes, 13 de febrero de 2026

LIBRO "LA SALUD MENTAL NO EXISTE. LA SALUD, SÍ": CÓMO INTEGRAR CUERPO Y MENTE PARA VIVIR MEJOR por DR. JOSÉ LUIS MARÍN

LA SALUD MENTAL 
NO EXISTE.
LA SALUD, SÍ.

Cómo integrar cuerpo y mente 
para vivir mejor


No hay lugar para un cerebro lúcido
en un cuerpo agotado ni para una vida
en calma en una sociedad enferma.

Durante décadas hemos separado la mente del cuerpo como si fueran piezas separadas. Médicos y psicólogos suelen tratar síntomas aislados sin atender al cuadro general ni indagar en las verdaderas causas de nuestro malestar.
José Luis Marín, uno de los médicos psicoterapeutas más respetados de nuestro país, desafía la visión dominante: no hay salud mental; solo hay una salud, donde la biología, las emociones y el contexto social están profundamente entrelazados.
Partiendo de su dilatada experiencia, el doctor Marín recorre la historia de la psiquiatría desde el auge cientificista de los años setenta y la fiebre de la serotonina que él mismo secundó en sus inicios, pasando por la «invención» de trastornos mentales, hasta la progresiva psiquiatrización de la vida cotidiana.
Con lucidez, valentía y esperanza, propone un cambio de paradigma radical: dejar de tratar los síntomas y empezar a cuidar a las personas. Un libro imprescindible para comprender por qué nos sentimos mal y qué necesitamos para vivir mejor.

«No hay enfermedades, solo enfermos. Y cada enfermo es una historia que une el cuerpo con la emoción, la biografía y el mundo. Cuando olvidamos eso, la medicina deja de curar para empezar a reparar piezas». Dr. José Luis Marín


Es vital diferenciar el dolor emocional de una enfermedad:

- El sufrimiento es humano: Sentir dolor no siempre significa tener un trastorno mental.
- El peligro del diagnóstico: Etiquetar cada malestar lleva inevitablemente a la medicalización inmediata de la persona.
- No somos etiquetas: Hay muchísimo sufrimiento real, pero no todo debe tratarse con fármacos bajo un nombre clínico.
Cuidado con convertir las crisis de la vida en diagnósticos médicos.
¿Crees que hoy en día se etiqueta demasiado rápido cualquier tipo de tristeza o malestar? 
Compartimos un fragmento de la entrevista con @penguinlibros con @joseluismarinpsicoterapeuta a raíz del lanzamiento La Salud Mental no Existe - Nuevo libro del Dr. José Luis Marín.

Prólogo
Con ánimo de provocar

Llevo más de cuatro décadas viendo a todo tipo de personas pasar por mi consulta. He escuchado miles de relatos de sufrimiento humano y he sido testigo de los síntomas más diversos. Durante mis primeros años como médico y psiquiatra, cuando la psiquiatría era todavía una especialidad recién nacida, pensamos que habíamos descubierto la fórmula para resolver todo lo que nos estaba ocurriendo como especie. Creímos que los fármacos y la genética, la medicina y la química nos iban a salvar. Nos hicimos esa promesa como profesionales, y también se la hicimos a las personas que acudían a nosotros. Lo íbamos a curar todo.

Ha pasado casi medio siglo y esas promesas no se han cumplido. Si dejamos de lado las mejoras innegables en cirugía y algunas enfermedades que sí se tratan ahora con muchísima más facilidad, como las infecciosas, podemos decir sin miedo a equivocarnos que el modelo en el que pusimos toda nuestra fe no nos ha servido de mucho. ¿Por qué puedo afirmar algo así? Por algo tan sencillo y objetivo como los números. Tenemos más enfermedades crónicas, más suicidios infantiles, más fracaso escolar, más pacientes medicados, más psicólogos, más psiquiatras. Todos, profesionales y pacientes, nos damos cuenta hoy de que la promesa de que íbamos a curar la mayoría de las manifestaciones del sufrimiento sigue sin cumplirse.

Hoy más que nunca, a la gente le pasan cosas. A ti también: no puedes dormir, estás enfadado, no tienes interés por las actividades cotidianas, estás aburrido, estás harto, te llevas mal con todo el mundo, no quieres comer o, al revés, necesitas comer en exceso, no consigues concentrarte… A ti te pasan cosas, y nosotros, que no hemos aprendido a curarlo, sí hemos aprendido a ponerle una etiqueta. Lo llamamos depresión, o trastorno por ansiedad, o fobia social, o bulimia nerviosa o TDAH, y mandamos a esa persona que sufre a su casa con una receta para un medicamento que, en el peor de los casos, estará tomando toda su vida. Dejamos de preguntarnos qué le hace sufrir, qué ha pasado en su vida antes de venir a vernos, cómo creció, quiénes eran sus padres, dónde y cómo vive. La persona desaparece junto a las preguntas que no queremos hacer. Y solo queda el diagnóstico.

Decía Ortega y Gasset que la única función social de un intelectual es la provocación, así que lo digo: la depresión no existe, la ansiedad no existe, la fobia social no existe. La salud mental no existe. Existe el sufrimiento de esta persona detrás de todas las etiquetas, por supuesto que sí, pero cada uno de esos diagnósticos los hemos inventado los profesionales porque convienen al sistema, no al paciente. ¿Qué es la depresión? Una manera de estar mal, una manera de expresar un sufrimiento individual que nunca nunca se manifiesta solamente a través de lo mental. Nada de lo que hacemos como seres humanos es solo mental o solo corporal. Todo buen enamorado sabe que el amor afecta al corazón igual que al cerebro, como todo aquel que se haya declarado alguna vez sabe que los nervios se llevan en el estómago tanto como en la mente, y así ocurre con todas las emociones. Por eso aquella promesa de que curaríamos lo mental con un fármaco para el cerebro ha demostrado ser una enorme cortina de humo que durante mucho tiempo nos ha impedido ver cómo funciona realmente la salud.

Casi todo lo que creemos sobre la depresión y otros trastornos mentales está equivocado o es contradictorio. Y casi todo lo que hacemos para tratarlos está mal hecho o es insuficiente.