EL Rincón de Yanka: marzo 2024

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domingo, 31 de marzo de 2024

LIBRO "LA PASIÓN DE CRISTO: UNA LECTURA ORIGINAL" por JOSÉ MIGUEL GARCÍA PÉREZ y LOS MISTERIOS DE CRISTO

La pasión de Cristo.
Una lectura original. 

Una lectura de los relatos de la pasión de Cristo que aparecen en los cuatro evangelios canónicos revela, a primera vista, una narración del desarrollo general de los acontecimientos muy similar. Sin embargo, un análisis atento de los textos manifiesta llamativas diferencias, incluso contradicciones, de algunos hechos narrados en ellos: el motivo de la celebración de la última cena, la comparecencia de Jesús ante el sanhedrín, el día de la muerte de Jesús o el privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás, entre otros.
Los estudiosos han intentado explicar o justificar tales diferencias apelando a la intención literaria o teológica de cada evangelista, sin alcanzar una explicación unánime. Este debate, que sigue vivo hoy en día, junto a una supuesta datación tardía de la redacción de los textos evangélicos, habría llevado a relativizar el valor histórico de los relatos de la pasión y a dudar de la identidad de sus autores. Esto supondría un grave problema para la fe cristiana, esencialmente histórica.
El autor del presente libro ofrece, desde un punto de vista histórico, soluciones certeras tras décadas de estudio del sustrato semítico de los textos evangélicos, dando con ello un firme apoyo a la fiabilidad de las noticias e informaciones recogidas en ellos.
Me propuse escribir este libro con la finalidad de hacer accesible, sobre todo a la gente, lo que voy descubriendo en mis intentos por resolver algunas dificultades que hay en los relatos evangélicos mediante el estudio lingüístico. Es un libro más bien de divulgación, en el que quiero poner en evidencia la historicidad de los hechos que nos narran los Evangelios en la Historia de la Pasión, de la cual nos han llegado cuatro versiones. Las tres primeras, las de los sinópticos, que son más semejantes, aunque todas tengan sus peculiaridades, y la de Juan, que contiene diferencias muy llamativas.
El libro lo fui escribiendo en tiempos más o menos libres, y por lo tanto ha durado años la redacción total. Y va dirigido a las personas que quieran entrar un poco en el conocimiento de lo que fueron los hechos de la pasión de Jesús, es decir qué sucedió y qué conciencia tenía Jesús a vivir todos estos hechos. Por este motivo quise escribirlo.

¿Cómo fue madurando o expresándose la conciencia de Jesús al vivir su pasión hacia los suyos, en su ambiente, cómo se fue viviendo o interpretando por las primeras comunidades cristianas?

En cuanto a la conciencia que tuvo Jesús, los Evangelios exponen con claridad que en su vida pública Jesús hizo algunos comentarios, queriendo introducir en estos hechos que iban a suceder al final de su vida a los apóstoles, sus amigos más íntimos. Por tanto, él era consciente antes de que sucediesen. Es más, probablemente esta conciencia no le venía solamente de ver las reacciones violentas de las autoridades ante su predicación y actuación, que intentaban tener elementos, pruebas para acusarle, sino también de la relación que él tenía con el Padre. Es esta relación consciente la que le desvela su misión. En los evangelios así lo manifiesta varias veces: su muerte redentora, o sea por el bien de los hombres, es querida por el Padre, y Él acoge esta petición del Padre. Esta consciencia de Jesús se manifiesta de un modo muy clamoroso en los relatos previos a la Pasión, es decir, lo que sucede en los últimos días que Él pasa en Jerusalén. De estos sucesos yo no estudio prácticamente nada en el libro, pues me centro en los relatos de la Pasión, que yo considero empiezan en el Huerto de los Olivos, con la oración y el prendimiento de Jesús. Esta conciencia de Jesús es muy clara, clarísima. De hecho, Él no solamente es consciente de esta muerte, sino de su valor redentor.

La comunidad primitiva no hubiera podido llegar a esta conciencia de la muerte redentora de Cristo sin esta comunicación del Señor. Es verdad que el escándalo que se produce en los apóstoles por la condena del Sanhedrín y la muerte de Jesús, queda superado solamente en la resurrección de Jesús, a pesar de que efectivamente Cristo los había ido preparando. Pero es la resurrección lo que hace posible que ellos entiendan que la muerte de Cristo, no solo ha sido injusta, sino que es voluntad divina, pues Dios quiere la salvación de los hombres. De hecho, en los relatos se apela a pasajes de la Sagrada Escritura, como indicando que el plan de Dios tiene que cumplirse. Ante las apariciones de Jesús resucitado caen en la cuenta de que Él no ha sido condenado justamente, pues no es un pecador, no es un blasfemo, no es un herético, sino que, al contrario, es aquel que ha sido enviado por Dios para redimir a todos los hombres. Entonces, a partir de ese momento, después de la resurrección, ellos empiezan a hacer la predicación insistente de que, en la muerte de Cristo, Dios ha reconciliado consigo a todos los hombres, a la humanidad, empezando por el pueblo judío.

¿Cuál es la causa (o causas) de las principales contradicciones de los hechos narrados sobre la pasión de Cristo en los cuatro evangelios: motivo de la celebración de la última cena, comparecencia de Jesús ante el sanhedrín, día de la muerte de Jesús, privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás...?

Las dificultades más visibles se dan entre san Juan y los sinópticos. Quizás lo más contradictorio sea lo que afirma Juan respecto a los sinópticos: Juan coloca la muerte de Jesús en la víspera de la Pascua, mientras que los sinópticos la colocan en el día de la Pascua. Si san Juan coloca (si es que es verdad) la muerte de Jesús en la víspera de la Pascua, esto implica que la Última Cena no fue la Cena Pascual. Sin embargo, en los sinópticos se afirma taxativamente que es la Cena Pascual. Por otra parte, hay también en Juan un modo de narrar el prendimiento de Jesús que es bastante diferente al que tenemos en los sinópticos, porque parece que introduce soldados romanos, mientras que en los sinópticos se afirma con total claridad qué son los guardias del templo al servicio del Sanhedrín. Por otra parte, Juan parece no aludir al juicio ante el Sanhedrín y Caifás, porque coloca una comparecencia de Jesús ante Anás. También el relato de Juan del juicio ante Pilato es bastante diferente, no tanto en su contenido esencial, pero sí en el proceso, en el modo de desarrollarse. Como también parece una diferencia clamorosa que los azotes, la flagelación, en san Juan es una pena independiente de la crucifixión, mientras que en los sinópticos parece que está vinculada al proceso, a la realización de la condena de la crucifixión, que siempre se hacía una flagelación previa a la crucifixión con el fin de debilitar la naturaleza del reo.

Luego es verdad que los distintos evangelistas sinópticos tienen sus relatos propios. San Mateo alude al sueño de la mujer de Pilato y al lavatorio de sus manos en el juicio. San Lucas recoge el lamento de las mujeres en el camino al Calvario y las palabras que Jesús les dirige. También su evangelio tiene el diálogo de Jesús con el llamado “buen ladrón”, etc. Hay, pues, una serie de diferencias, incluso de contradicciones, que hay que ponerlas en claro y hay que intentar ciertamente resolverlas, porque han sido utilizadas por los estudiosos, sobre todo a partir del siglo XVIII, para poner en cuestión la historicidad de estos relatos, que a mi modo de ver son de una veracidad histórica muy fiable.

Respecto de las contradicciones, en el libro, efectivamente, intento resolver algunas de estas cuestiones que son evidentes: si la Última Cena fue una Cena Pascual o no, si la comparecencia ante el Sanhedrín ocurrió y cuál es el contenido del juicio y el motivo de la condena de Jesús, cuándo murió Jesús si en la víspera de la Pascua o en el día de la Pascua, y, por supuesto, la cuestión del mal llamado “privilegio pascual”, es decir, la obligación de que la autoridad romana pusiese en libertad al preso que pidiera el pueblo durante la Pascua, algo que parece ser afirmado sólo en los Evangelios. Hay algunas otras cuestiones además de estas. Todo ello es abordado en el libro. Explicar cuál es la solución eso ya es bastante más complicado porque nos llevaría mucho más tiempo. Lo mejor es que la persona que esté interesada lea el libro.

¿En qué sentido nos invita su libro a una lectura original sobre los relatos de la Pasión de Cristo? ¿qué aporta de novedoso y sugerente?

El subtítulo “Una lectura original” lo puso la editorial porque probablemente pensaba destacar que el estudio se basa sobre un original semítico. En el origen de esta historia de la Pasión no están los relatos evangélicos que nos han llegado, sino un relato más antiguo, probablemente en lengua semítica. A mi modo de ver, no solamente en el origen está esta tradición evangélica, sino también algunos de los relatos que están contenidos en los Evangelios actuales también fueron escritos en una lengua semítica. Pero, en cualquier caso, a mí me gusta, porque indica, no el origen semítico, sino el intento de tocar, de ver, los hechos, lo que sucedió, y que está testimoniado, contado, en los Evangelios. Es querer ponernos delante de Cristo, y con sus gestos, palabras, que han quedado testimoniadas en los Evangelios, entender como él vivió, como Él afrontó toda esta circunstancia, la conciencia con la que Él vivía este sufrimiento, esta condena y este rechazo por parte de las autoridades judías. De hecho, los evangelios destacan, sobre todo, esta relación íntima que tuvo Jesús con el Padre. Esto quizá quien lo manifiesta con mayor claridad es san Juan, pero también san Lucas y los otros evangelistas. Jesús mantiene a lo largo de todos estos sucesos, tremendos, y también el momento del Calvario una conciencia de relación íntima con el Padre, que la expresa de muy diversas maneras. Esto es algo que también en el cuarto evangelio está afirmado en el discurso de la cena celebrada con los apóstoles. A mí esto es lo que me interesaba: saber, por una parte, los hechos, lo que sucedió en la realidad, y como Jesús afrontaba estos sucesos, con qué conciencia, como los leía, y esta continua referencia al Padre. Es decir, saber que estos acontecimientos no son fruto de un puro azar, o de una malevolencia de los hombres, sino de la voluntad salvífica del Padre, de un amor apasionado por la plenitud de los hombres. Eso se ve con claridad a lo largo de todos los relatos evangélicos.

¿Cuál ha sido la película y el libro que, a su juicio, han acertado más con la experiencia de Cristo en su pasión? ¿Los Medios de comunicación la han hecho más cercana, o más distante, a la comprensión del hombre actual, por exceso o defecto de detalles más cruentamente explícitos, como la cinta de Mel Gibson?

La película que más interesante me ha resultado, aunque fuera exagerada, es la de Mel Gibson, porque es la más humana. Pero sobre todo, porque es la Pasión contada desde la mirada de María. Sobre todo es esto: cómo María acompañó a Jesús. Pero no estoy de acuerdo en la reconstrucción de algunos de los hechos narrados en la película, que evidentemente no ocurrieron así. Pero, en cualquier caso, entiendo que hacer una película sobre la Pasión de Jesús no es fácil. Siempre son intentos irónicos.

PRÓLOGO

Jesús de Nazaret murió clavado en una cruz fuera de los muros de la ciudad de Jerusalén, en una pequeña colina, llamada Gólgota, junto a la puerta de los huertos o de Efraím. El juicio en el que fue condenado, su pasión y muerte están narrados en los cuatro evangelios canónicos, que son nuestras principales fuentes históricas para conocer quién es Jesús. 

La mayoría de los estudiosos suele fechar la redacción de estas obras cristianas entre la segunda mitad de los años 60 y finales de los 90 de nuestra era; o sea, unos 35-70 años después de los sucesos narrados. Esta fecha tardía, junto a la falta de una sintonía total de los relatos evangélicos, ha llevado a bastantes exegetas a relativizar el valor histórico de los relatos de la pasión, e incluso a poner en cuestión la identificación tradicional de sus autores, que la Iglesia siempre ha reconocido como apóstoles-testigos de los hechos narrados (Mateo y Juan) o al menos como discípulos de aquellos que fueron testigos, de quienes recibieron la información (Marcos y Lucas). 

Nosotros estamos convencidos no solo de la antigüedad de la historia de la pasión, en sintonía con la mayoría de los estudiosos que suele colocar su redacción a finales de la década de los años 30, sino también de la fiabilidad de las noticias recogidas, ya que proceden de los testigos presenciales, como es fácil deducir del estilo y el contenido de los mismos relatos1.

La antigüedad de los relatos evangélicos donde se narra el prendimiento, el juicio y la condena, el sufrimiento y la muerte de Jesús está avalada por el conocimiento exacto que los autores sagrados manifestaron tener respecto a la situación histórico-social de la Palestina de aquella época y por el carácter semítico de la redacción griega, que obliga a pensar en una formulación, incluso fijada por escrito, en lengua aramea. Según X. Léon-Dufour, las características lingüísticas semíticas apoyan la autenticidad de estos relatos, ya que demuestran que su redacción tuvo lugar en Palestina en las primeras décadas del cristianismo: 

«La ciencia lingüística resuelve también algunos problemas. Así, difícilmente se puede admitir la afirmación de M. Goguel de que los relatos de la pasión provienen del cristianismo helenístico, pues los semitismos que se detectan en ellos testimonian el medio judeo-cristiano en que fueron elaborados»2. Estos relatos evangélicos, comparados con los del ministerio público, o con los capítulos iniciales dedicados a la infancia según Mateo y Lucas, tienen unas características especiales. Ante todo, llama la atención que estas narraciones evangélicas tengan una clara unidad y desarrollo temporal progresivo, mientras que el resto de los evangelios son noticias de hechos aislados o palabras pronunciadas en diferentes ocasiones, que a veces se reúnen según la temática. 

Por otra parte, es llamativa la gran coincidencia que existe entre la historia de la pasión de los evangelios sinópticos, o sea los tres primeros, y la del cuarto evangelio. Durante el ministerio público, el evangelio según Juan destaca por la diversidad de hechos y discursos de Jesús que forman la trama del relato respecto a los otros tres; diferencia que se mantiene en los preámbulos de la pasión, desde la entrada de Jerusalén hasta la última cena. Pero a partir del prendimiento de Jesús en Getsemaní, el desarrollo de los acontecimientos es casi idéntico en los cuatro evangelios. Esta semejanza en el orden de narrar y en los acontecimientos señalados es debida en gran parte a la fidelidad de los evangelistas a los hechos acontecidos, como afirma X. Léon-Dufour: 

«Son los mismos acontecimientos que se transmiten en las cuatro recensiones; pero, si es necesario admitir la dependencia en relación a una misma tradición, no se puede hablar de dependencia literaria mutua inmediata»3. Un rasgo que apoyaría la existencia de una historia primitiva de la pasión es que estos pasajes evangélicos son independientes de los relatos del ministerio público de Jesús, ya que allí no se encuentra mención alguna a la información ofrecida en esos relatos. En dicha historia primitiva, la pasión comenzaría con el prendimiento de Jesús en Getsemaní, como parece sugerir la coincidencia existente entre los evangelios a partir de este suceso; dato que viene confirmado por la formulación del segundo y tercer anuncios de la pasión (Mc 9,31; 10,33; cf. 1Cor 11,23). 

Por otra parte, no podemos olvidar que los evangelios se escribieron algunos años después del gran acontecimiento de la resurrección. Por eso, resulta sorprendente que los evangelistas dediquen más espacio a narrar la pasión y muerte de Jesús que su victoriosa resurrección. Hace tiempo M. Kähler, de forma provocadora, consideró los evangelios unos relatos de la pasión con extensas introducciones4. 

La relevancia de los acontecimientos finales de la vida de Jesús no solo se constata por la cantidad de versículos que les dedican los cuatro evangelistas, sino sobre todo porque la narración de su vida pública está transida de la amenaza/anuncio de la pasión5. En realidad, los acontecimientos narrados en los evangelios tienen el horizonte de la muerte de Jesús. 
La relevancia que otorgan los autores sagrados a estos relatos de la pasión y muerte de su Maestro resalta más si tenemos en cuenta que no constituyen la última palabra sobre la vida de Jesús y que los sucesos narrados ocuparon menos de un día de los años dedicados al ministerio público. Si la llegada al Huerto de los Olivos se considera el preámbulo de la pasión, el prendimiento, el juicio, el suplicio de la cruz, la muerte y la sepultura de Jesús tuvieron lugar en pocas horas, desde la noche del jueves al inicio de la tarde del viernes. De igual modo, es llamativo que en los relatos evangélicos no se minimice el dolor de Jesús ni la sensación de derrota que experimentaron sus seguidores. 

A decir verdad, a la luz del acontecimiento de la resurrección, la pasión podría haberse considerado como un intermedio desafortunado, un suceso de importancia secundaria. Como señala A. Vanhoye, «no se esperaría una insistencia tan acentuada en las escenas dolorosas de la pasión. Deberían haberse disuelto para dejar espacio a los aspectos ‘positivos’ de la existencia de Jesús. En la vida pública, la acción del taumaturgo en que se preanunciaba el triunfo sobre la muerte, el éxito entre la gente, la enseñanza luminosa impartida con autoridad, el modo de organizar a los discípulos; después las apariciones del resucitado y los poderes concedidos a la Iglesia. 

A nuestro juicio, esto es lo que debería parecer importante y definitivo. La pasión podía entrar en la sombra, como un intermedio desafortunado que, gracias a Dios, no había tenido consecuencias duraderas [...] Sin embargo, la luz de la resurrección no favoreció esta visión. No llevó a una religión de evasión. En modo alguno apartó a los cristianos de los aspectos dolorosos de la vida de Jesús, por el contrario los condujo a valorar toda la existencia de su Salvador y en particular sus aspectos más desconcertantes: la contradicción y el sufrimiento»6. En efecto, los relatos evangélicos no presentan huellas de una dulcificación o disminución del tormento y muerte de Jesús a causa de su resurrección. Sin embargo, la historia de la pasión no suele describir con detalle los tormentos infligidos a Jesús. La atención está centrada, sobre todo, en dos datos. 

En primer lugar, se juzga lo sucedido no como fruto del azar impersonal ni como mera consecuencia de la sola voluntad humana. En el origen de estos hechos está la voluntad divina; en ellos se cumple el designio del Padre. La urgencia de narrar los sucesos como voluntad de Dios, algo que ya aparece en los tres anuncios de la pasión, habría llevado a echar mano de pasajes del Antiguo Testamento; sobre todo el cuarto canto del Siervo sufriente (Is 52,13-53,12) o los salmos del justo perseguido (en concreto los Sal 22 y 69). A la luz de estos pasajes de las Sagradas Escrituras se narran los hechos acaecidos durante la pasión de Jesús. Pero esto no significa que esos pasajes proféticos hayan originado los relatos evangélicos, como han sugerido algunos estudiosos7. 
Por el contrario, como se puede constatar con facilidad, los relatos evangélicos no inventan circunstancias o elementos con el fin de poner en evidencia el cumplimiento de las Escrituras; en ellos no encontramos nada que no sea propio de los pormenores históricos de la época en que vivió Jesús y del tormento de la crucifixión8. 

En segundo lugar, se afirma con claridad el papel protagonista que el sanhedrín de Jerusalén ejerció en la condena de Jesús llevado por su celo de defender la santidad de Dios. Esta responsabilidad de las autoridades judías aparece afirmada explícitamente en varios libros del Nuevo Testamento9. En realidad, el motivo por el que se escribió la historia de la pasión no estaba en realizar una crónica, relatar la materialidad de los hechos; que, por lo demás, era bien conocida de aquellos a quienes se les leía este relato. 

A los autores sagrados, urgía sobre todo comunicar el significado de tales hechos, su valor salvífico. La preeminencia que tiene la pasión de Jesús en los evangelios procede no tanto del impacto sensible que estos hechos provocaron en sus seguidores, sino del significado sorprendente que reconocieron en ellos: desvelaban el verdadero sentido de la vida de Jesús, su verdadera misión. Desde los inicios, los primeros cristianos consideraron los sufrimientos y la muerte de Jesús como la razón de su existencia. Reconocían que Jesús había venido para cumplir la voluntad del Padre al aceptar la muerte en rescate por muchos (cf. Mc 10,45). 

Esta voluntad misericordiosa de Dios manifestada en la muerte redentora de Jesús hizo que la comunidad cristiana hablara siempre de estos acontecimientos con conmoción y gratitud. De igual modo, la memoria de este gran acontecimiento salvífico urgió a los predicadores cristianos a anunciarlo a todos los hombres. Por lo demás, este sentido teológico de la muerte de Jesús no fue una invención de la comunidad, sino que fue afirmado por fidelidad a la propia interpretación que Él mismo comunicó a sus discípulos en varias ocasiones a lo largo de su vida y al comienzo de su pasión. Hechos y significado teológico-salvífico son inseparables en la conciencia de Jesús. 

El anuncio cristiano, la proclamación de sus misioneros, exige la fidelidad en la narración de los hechos no solo en su aspecto material, sino también en el sentido que les otorgó su Maestro. Sin embargo, según es fácil deducir de la información evangélica, el significado de la pasión, a pesar de las explicaciones de Jesús, no fue acogido de inmediato por los discípulos, que cayeron en la tentación de la duda y estuvieron dominados por el miedo. En efecto, al conocer la condena del tribunal supremo judío y la posterior muerte de Jesús en cruz, percibieron estos hechos como escandalosos, como el fracaso definitivo de la misión de Aquel que seguían. Si pudieron superar aquella terrible prueba de fe, leyendo de un modo diferente lo que había sucedido en Jerusalén aquel viernes del mes de Nisán, no fue porque se pusieron a reflexionar sobre los textos del Antiguo Testamento. 

Solo otro acontecimiento imprevisible, la resurrección de Jesús, pudo sacarles de la desolación que les embargaba y permitirles superar la gran prueba. Después, gracias a la convivencia con el Resucitado, de escucharle su modo de interpretar lo sucedido a la luz de las profecías del Antiguo Testamento, pudieron ofrecer una explicación diferente de los hechos. Solo una inteligencia como la de Jesús pudo comprender los textos sagrados, solo Él pudo introducir una exegesis tan novedosa. Los hechos superaban los anuncios proféticos, esos textos sagrados no eran un relato previo de lo que iba a suceder; por tanto, ninguno de estos pasajes coincidía por completo con lo sucedido en ese viernes. 

Las palabras de los textos sagrados no eran suficientes para desvelar la profundidad de los hechos a cualquier contemporáneo de Jesús conocedor de esas profecías. Solo el mismo Jesús pudo desvelar su sentido profundo, su verdadero significado. Luego, los apóstoles, de modo particular Pablo, penetrarán en sus palabras e intentarán expresarlas de forma más teológica. Pero no inventaron nada. El hecho y su significado eran demasiado excepcionales para que pudieran inventarlos. Los evangelistas, narrando los hechos sucedidos, transmitieron también la interpretación que de ellos dio el mismo Jesús. Afirma H. Schlier, «cada acontecimiento histórico remite a su texto y tiene un texto. Sin este no hay ‘acontecimiento’ en el pleno sentido de la palabra»10. 

Los evangelistas transmiten estos acontecimientos dentro de un relato, de una composición literaria. En este sentido, es absolutamente necesario entender perfectamente la narración escrita contenida en los evangelios, intentado resolver todas las oscuridades lingüísticas que encontramos en ella, al mismo tiempo que debemos prestar atención a los hechos que testimonian y a su modo de narrar. Solo así podremos alcanzar el verdadero significado de la historia de la pasión. Y una clave que hay que tener en cuenta para resolver las dificultades y extrañezas que contienen algunos relatos es el origen semítico de la tradición evangélica. Es siempre peligroso interpretar un texto o apelar a su sentido teológico sin haber intentado resolver todas sus extrañezas redaccionales11. Pues bien, este estudio filológico en los evangelios nunca será completo si no se especifica, en caso necesario, como filología bilingüe; es decir, greco-semítica, ya que la tradición evangélica, como hemos intentado mostrar en otros estudios, fue formulada originalmente en arameo12. 

En nuestro estudio, el recurso al sustrato semítico será fundamental para resolver tanto las oscuridades lingüísticas, como algunas divergencias entre los relatos evangélicos. Ciertamente las reconstrucciones ofrecidas son hipótesis de lectura, pues no nos han llegado los textos semíticos de los evangelios. Pero creemos que la utilización de tal recurso en la interpretación de los textos evangélicos queda abalado por la luz que arroja sobre ellos. Por otra parte, los relatos evangélicos, aunque sean fieles a lo sucedido, no tienen el estilo de las obras históricas de Plutarco, Tácito o Suetonio. La historia de la pasión está narrada por cristianos, como el mismo relato evidencia, y se dirige también a cristianos para confirmar su fe. A veces, esta intención teológica de los autores sagrados se ha indicado como una objeción a la autenticidad de lo narrado en los evangelios al considerar que su finalidad principal era apologética. Pero la fe cristiana es esencialmente histórica, nace y se apoya en unos acontecimientos que sucedieron realmente. 

Por tanto, anuncio y acontecimiento histórico son inseparables; es decir, la predicación cristiana solo tiene consistencia en cuanto son verdaderos los hechos que se testimonian. Afirma Léon-Dufour: «Sin el hecho del que se declara garante, esta fe no tiene razón de ser; así lo evidencian claramente san Pablo (1Cor 11; 15) o los relatos de control eclesiástico narrados en los Hechos de los Apóstoles (Hch 8). Su edificio reposa en el hecho de la pasión y resurrección de Jesús. A partir del hecho se elabora la teología ulterior del bautismo y de la conducta cristiana. La ligazón con la vida terrestre de Jesús es tal que la comunidad se muestra cuidadosa en el conservar los testimonios de aquellos que acompañaron a Jesús desde el bautismo de Juan (Hch 1,22), vida terrestre de la que la comunidad se hace garante (cf. Hch 2,32; 3,15; 4,33; 5,32; 10,41; 13,31...). Y esta comunidad no es un masa anónima, sino un grupo estructurado que animan y guían los testigos oficiales»13. 

No obstante, si comparamos los diferentes evangelios entre sí, es fácil identificar llamativas diferencias, e incluso contradicciones, en la transmisión de lo acontecido. Las más llamativas se encuentran en el cuarto evangelio respecto a los tres sinópticos. Recordemos las principales. Según los tres primeros evangelistas, la última cena tuvo lugar con ocasión de la celebración pascual; según Juan, sin embargo, parece ser una comida de despedida. El cuarto evangelio transmite un largo discurso pronunciado durante esta cena, del que no existe ninguna huella en los evangelios sinópticos; solo Lucas hace referencia a un discurso de Jesús, mucho más breve, durante el banquete. También Juan parece desconocer el juicio ante el sanhedrín, pues Jesús comparece ante el sumo sacerdote Anás; su interrogatorio tiene el aire de ser una instrucción preparatoria para llevarlo ante el tribunal de Pilato. 

Llamativa es la divergencia que existe entre los evangelistas respecto a la fecha en que murió Jesús: mientras que el cuarto evangelista parece colocar la muerte de Jesús en el 14 de Nisán, los tres primeros la sitúan en el 15 de Nisán, día de la Pascua judía. No obstante, los cuatro evangelistas coinciden en afirmar que fue viernes el día de la semana en que murió Jesús. Además Juan ofrece informaciones desconocidas por los sinópticos, como el lavatorio de los pies, el largo diálogo de Pilato con Jesús, la flagelación como pena independiente de la crucifixión, la presencia de la Virgen María y el apóstol amado a los pies de la cruz. Pero también una comparación atenta de los tres primeros evangelios entre sí pone en evidencia llamativas diferencias. Las más vistosas son las informaciones que aparecen en uno de ellos y son ignoradas por los otros. 

Así, Mateo refiere la intercesión de la mujer de Pilato a favor de Jesús, los fenómenos acaecidos después de su muerte en cruz y la petición que las autoridades judías dirigieron a Pilato para que la tumba estuviera vigilada por algunos días. Lucas, por su parte, narra el juicio de Jesús ante Herodes Antipas, el lamento de las mujeres en el camino al Calvario y su diálogo con el buen ladrón, además de algunos dichos pronunciados durante la última cena. Los estudiosos han intentado explicar estas diferencias, o al menos justificarlas, apelando sobre todo a la intención literaria o teológica del evangelista; aunque no se ponen de acuerdo a la hora de explicar dicha finalidad teológica. 

En otras palabras, los exegetas no logran alcanzar una explicación unánime de los grandes problemas que contienen los relatos de la historia de la pasión. Por ello, no es extraño que no pocas cuestiones se sigan debatiendo todavía hoy, después de décadas de estudio. Entre otras, la fecha de la muerte de Jesús, el carácter pascual de la última cena, el papel jugado por las autoridades judías en la condena de Jesús, la competencia judicial del sanhedrín durante la dominación romana, o la realidad histórica del privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás, ya que fuera de los evangelios no se han encontrado informaciones claras que la confirmen. Por otra parte, algunos estudiosos dudan de que en el breve espacio de tiempo de menos de un día, como sostienen los relatos evangélicos, hayan podido suceder todos los acontecimientos de los que nos informan los evangelistas. Por añadidura, parece imposible alcanzar una coincidencia en la reconstrucción topográfica y la secuencia temporal de los hechos narrados. 

Con este libro intentaremos responder desde el punto de vista histórico a algunas de las cuestiones mencionadas e indicaremos pistas de solución para otras. No obstante, somos conscientes de que este esfuerzo por hallar una solución a los problemas históricos y literarios que plantean estos relatos no es suficiente para desvelar el significado de lo que ocurrió ese viernes de Nisán en Jerusalén. Ciertamente la racionabilidad de la fe se fundamenta sobre la realidad histórica, y por ello es decisivo mostrar la validez histórica del testimonio evangélico. Pero para conocer el significado de lo acontecido se requiere una inteligencia que no nace del estudio histórico y filológico, sino de la pertenencia a la Iglesia, donde pervive el acontecimiento y el testimonio que nos legaron los testigos. 

A lo largo del libro, en breves comentarios, iremos aludiendo a dicho significado, prestando ante todo atención a la conciencia que manifestó Jesús a través de su comportamiento y sus palabras. La celebración litúrgica de la pasión de Jesús comienza el domingo de Ramos con su entrada triunfal en Jerusalén. Las versiones modernas de los evangelios sinópticos suelen indicar como prólogo a la pasión la conspiración de los miembros del sanhedrín para acabar con Jesús14. 

Según la narración evangélica, en los días posteriores a su entrada en Jerusalén Jesús subió a la ciudad santa para desarrollar allí una actividad de enseñanza y predicación en el área del templo. Al final de cada jornada, volvía a Betania, a la casa de Lázaro, donde pasaba la noche. El día previo a la pascua, cuando se mataban los corderos en el templo, Jesús encargó a dos de sus discípulos preparar todo lo necesario para celebrar la cena pascual. Algunos estudiosos consideran este evento el verdadero comienzo del relato de la historia de la pasión. Nuestro estudio, sin embargo, se centrará en los sucesos acaecidos desde el prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos hasta su sepultura. 

Ahora bien, creemos necesario abordar algunas cuestiones previas que ayuden a enmarcar mejor la pasión y muerte de Jesús. Por eso, en el capítulo inicial centraremos nuestra atención en tres problemas. Por una parte, estudiaremos las noticias cronológicas que tenemos recogidas en los evangelios sinópticos y en el cuarto evangelio, con el fin de situar los acontecimientos relacionados con la muerte de Jesús. En segundo lugar, intentaremos averiguar si la decisión de acabar con Jesús que tomó el tribunal supremo judío fue repentina y sin premeditación o, por el contario, conducida de forma consciente durante un largo periodo de tiempo. 

Por último, examinaremos algunos de los gestos y palabras de Jesús en la última cena para identificar el significado que confirió a su muerte. En el resto de los capítulos abordaremos varias dificultades que los estudiosos han identificado en las principales escenas de la historia de la pasión, desde el prendimiento de Jesús hasta su sepultura. Entre otras, la presencia de los soldados romanos en el prendimiento de Jesús, la muerte de Judas, el motivo de la condena de Jesús por el alto tribunal judío, el sueño de la mujer de Pilato, el privilegio pascual, las noticias cronológicas dispares; además de detenernos a estudiar la conciencia de Jesús ante su muerte y el valor que le otorgó.

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1 Cf. R. Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses. The Gospels as Eyewitness Testimony (Eerdmans, Grand Rapids 2006) 14-147. Sobre la antigüedad de estos relatos véase, J.B. Green, «Passion Narrative», en J.B. Green-S. McKnight-I.H. Marshall (ed.), Dictionary of Jesus and the Gospels (InterVarsity, Downers GroveLeicester 1992) 604; R.E. Brown, The Death of the Messiah. From Gethsemane to the Grave. A Commentary on the Passion Narratives in the Four Gospels (Doubleday, New York 1994) 92. 2 X. Léon-Dufour, «Passion (Récits de la)»: DBS 6 (1960) 1481. Cf. también R.E. Brown, The Death of the Messiah, 53-57.
2 X. Léon-Dufour, «Passion», 1440.
3 X. Léon-Dufour, «Passion», 1440. 4 M. Kähler, The So-Called Historical
4 M. Kähler, The So-Called Historical Jesus and the Historical Biblical Christ, (Fortress, Philadelphia 1964) 80 nota 11.
5 Véase, por ejemplo, en el Evangelio según Marcos las diferentes referencias a la pasión y muerte de Jesús: 2,7; 3,6.22-30; 8,31; 9,31; 10,33s; 11,18; 12,12
6 A. Vanhoye, «I racconti della Passione nei vangeli sinottici», en Varios, La Passione secondo i quattro Vangeli (Queriniana, Brescia 52003) 16s.
7 Por ejemplo, J.D. Crossan, The Cross that Spoke. The Origins of the Passion Narrative (Harper&Row, San Francisco 1988).
8 Por ejemplo, el lamento de las mujeres era la forma de acompañar al condenado; el reparto de los vestidos u ofrecer una bebida fuerte entraban dentro de la realización normal de una crucifixión; también era normal indicar mediante un titulus el motivo de condena; etc.
9 Véase Mc 15,1.10-11; Mt 27,1-2.12-14.20; Jn 18,35; 19,6-7; Hch 3,13-15; 4,10-11; 13,27-28; 1Tes 2,15; etc
10 H. Schlier, Sobre la resurrección de Jesucristo, (30Días, Roma 2008) 14.
11 Hace algunos años J. Carmignac, Recherches sur le ‘Notre Père’ (Letouzey&Ané, Paris 1969) 6s, insistía con razón en la prioridad de un estudio filológico serio antes de identificar el sentido teológico del relato: «Puesto que una buena teología supone una buena exégesis, y una buena exégesis supone una buena filología, la solidez de las bases filológicas es la garantía indispensable de las exposiciones exegéticas y teológicas. De ahí que yo haya dado siempre la prioridad a la filología, precisamente para llegar a una mejor exégesis y una mejor teología».
12 Varios libros de la colección Studia Semitica Novi Testamenti se centran en pasajes difíciles que adquieren luz apelando a un original semítico del pasaje evangélico. Nuestro estudio tendrá en cuenta lo publicado en dicha colección.
13 X. Léon-Dufour, «Passion», 1480.
14 Mt 26,1-5; Mc 14,1-2; Lc 22,1-6.

PROGRAMA 93: LOS MISTERIOS DE CRISTO. 
Habla uno de los mayores expertos, Jorge Manuel Rodríguez Almenar


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LOS HOMBRES HUECOS por ALONSO PINTO


Los  hombres  huecos

Somos los hombres huecos.
Los hombres rellenos de aserrín.
T.S. Eliot

Caminan como quienes lo han perdido todo sin haber tenido nunca nada, arrastrando los pies y las palabras, cansados a flor de llanto. Los vemos cada día: pasan a nuestro lado con una mirada de rencor que ha olvidado su motivo, con una tristeza sin historia, irritados por no poder explicarse a sí mismos el origen de su desgracia. Sólo ellos pueden sentir esa angustia, esa oquedad existencial que no deja ni el alivio del eco. Porque aquellos que han perdido lo que una vez tuvieron, que vieron cómo se fue, al menos tienen el consuelo de la melancolía, esa dama que nos consuela del llanto que nos provoca; al menos pueden invocar aquellos días previos a la pérdida, y compensar con sus recuerdos la desolación de su estado actual. Pero ellos, los hombres huecos, que nunca han tenido lo que se les quitó, ni siquiera pueden distraer su tristeza recordando lo que vino a destruir. Tienen el sentimiento de la pérdida sin el consuelo de su memoria.

Quienes se dedicaron a demoler nuestra civilización, a expulsar de ella a Dios, a sacar las cruces de las escuelas, no pudieron sentir ese vacío; estaban ocupados creándolo. La agitación del momento absorbía toda su atención, la excitación destructora les impedía notar otra cosa que no fuera su propio poder. Todavía ellos tenían un objetivo, aunque fuera despreciable; todavía se apoyaban sobre un propósito, aunque lo hicieran como el caballo de Atila se apoyaba sobre la hierba: evitando que volviera a crecer a su paso. No tenían ni el tiempo ni la sobriedad necesarios para plantearse siquiera qué sentirían las siguientes generaciones, para preguntarse qué colocarían sus descendientes en el lugar que ellos estaban arrasando. No eran constructores, sino simples operarios de una demolición. Echar abajo lo que estaba en pie, arrancar lo que estaba sembrado, ensuciar lo que estaba limpio; esa era toda su tarea. Las ruinas no eran el preámbulo de un proyecto, sino el proyecto mismo, y eso legaron a sus hijos.

Son esos hijos los que hoy pasan a nuestro lado añorando algo que nunca conocieron, algo que les robaron antes de nacer. No sabrían decir qué es exactamente, pero saben que el hueco que notan en sus almas tuvo que estar ocupado por algo infinito alguna vez, ya que es infinita la sensación de pérdida que les ha dejado. Buscando desesperadamente algo que alivie aunque sea fugazmente ese dolor, algo que parezca rellenar por un instante el socavón inmenso que les ha acompañado toda su vida, acaban mendigando emociones y adrenalina a cualquier sórdido pasatiempo. Creen que las experiencias intensas podrán colmar su vacío, o que les aturdirán lo suficiente para no sentirlo, y con esa falsa esperanza se entregan a las sensaciones que les ofrece el mundo: fiestas, espectáculos, pornografía, drogas, promiscuidad; cualquier cosa que les enajene por un momento, que atiborre sus sentidos, les parece útil.

Pero tras cada experiencia el vacío reaparece, o mejor, muestra que nunca se ha ido, que siempre permaneció en el mismo lugar, como la noche tras los fuegos artificiales. Aquellas imágenes, aquel ruido, aquellas emociones, todo lo que parecía que había colmado para siempre su ser desaparece, dejando tras de sí, intacto, lo mismo que encontró. Y el pobre Sísifo moderno vuelve nuevamente al principio, al pie de la montaña, para empujar una y otra vez la enorme masa de experiencias.

Y es que el alma del hombre, hecha para el heroísmo, para la santidad, para la gloria, para Dios, no puede ser colmada con menos, no puede conformarse con algo inferior a su capacidad. Se subestima si se cree hecha para algo inferior al Altísimo. Ningún éxito terrenal o placer puede hacerle insensible a la conciencia de que ha sido creada para algo muy superior, algo que no está simplemente unos peldaños por encima de su satisfacción actual, sino en un plano completamente diferente. Así, por muy intensas, por muy variadas que sean las emociones que el hombre se procura, nunca podrán saciar un alma capaz de Dios.

Sólo hay, pues, un lugar que pueda poner fin a ese bucle de tedio que asfixia al hombre hueco, pero ¿cómo podrá encontrarlo? El problema no es que esté oculto, es que siempre ha estado a la vista. No es fácil asumir que aquello que le robaron, aquello que anhela sin saberlo, la pérdida que le consume continuamente, ha estado siempre delante de sus ojos. ¿Cómo podrá aceptar que se ha topado mil veces con lo que siempre ha buscado? ¿Cómo podrá creer que en el interior de lo que él tomaba por ruinas, o por monumentos diseminados en el paisaje, se ofrece cada día, en un pequeño trozo de pan, lo único que puede saciar su hambre infinita? Mientras él buscaba en el estrépito de la muchedumbre un consuelo que nunca llegaba, a su alrededor, en el interior de esos edificios de piedra, y tras unas simples palabras casi susurradas, Dios se hacía corporalmente presente.

Cada mañana y cada tarde de su vida se había producido ese milagro tan cotidiano como ignorado. Con una tozudez divina, a prueba de desprecios y ofensas, el Eterno en persona había acudido a su rescate y se había rebajado a las especies del pan y del vino sólo para salvarle, para acudir a una llamada que el propio interesado desatendía una y otra vez. Y, por una increíble ceguedad, mientras buscaba en los lugares más recónditos, más oscuros, más intrincados, una limosna para paliar su indigencia, en lo alto, perceptibles desde casi cualquier punto, las grandes cruces de aquellos edificios habían estado señalando siempre el lugar del tesoro, el único que ni se agota ni se divide al ser compartido.

Pero el hombre hueco ha sido educado en el desprecio a la Iglesia católica, y es en el último lugar donde se le ocurriría ir a buscar su felicidad. Las burlas e insultos contra la Iglesia rodearon su cuna, sobrevolaron sus primeros pasos y se infiltraron en su vocabulario antes de que la razón pudiera dar su consentimiento. Como hay amores, así hay también odios hereditarios. Ahora, ya adulto, nadie le va a impedir explícitamente entrar con intenciones serias en una iglesia, pero su propia vergüenza es más eficaz para impedírselo que cualquier imperativo ajeno. La idea de defraudar a su familia, de convertirse en el hazmerreír de sus amigos, de ser objeto de cuchicheos y miradas de incomprensión, son coacciones mucho más profundas que cualquier prohibición expresa. Así, el hombre que parecía tener la valentía para probarlo todo, para sumergirse en lo más hediondo y pútrido de esta ciénaga que llaman mundo moderno, se acobarda ante el olor a sacristía.

En la mayoría de los casos –hay que confesarlo con pesar– el hombre hueco persiste en su odio ancestral, aun al precio de su infelicidad, y a veces prefiriendo el suicidio antes que reconocer su error. Pero a veces, a cuentagotas, uno de ellos acaba llegando a las puertas de una iglesia cualquiera. Desengañado del mundo, que le prometía siempre para mañana lo que nunca podía cumplir hoy, ha conseguido superar la vergüenza y los respetos humanos, y preguntarse si no será allí, donde siempre le han intentado disuadir que se acercara, donde se encuentra todo lo que le falta. Todavía, indeciso, permanece en el exterior. Observa la casa de la que le desahuciaron antes de nacer, y cierto instinto primitivo, como el que provoca la visión de una hoguera, se apodera de él. De repente suenan las campanas. Mil veces había oído sus repiques con indiferencia, pero ahora parecen sonar personalmente, como recibiéndole. Cada «talán» resquebraja un muro más de su hombre viejo, a la vez que hace vibrar en su interior recovecos que desconocía. Otras personas han acudido a la llamada, y ninguna le mira como un intruso. El escalofrío de la valentía recorre su cuerpo. Es la hora. El hombre hueco se arma de valor. Enjuga sus lágrimas. Entra. Saldrá rebosante de Dios.

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viernes, 29 de marzo de 2024

LOS PAPAS Y LA BIBLIA NOS AYUDAN A ENTENDER EL COMPLOT CONTRA LA IGLESIA, A DENUNCIARLO Y ENCARARLO 👥👹




No exageramos al afirmar que este documento constituye la mejor explicación a nivel espiritual del complot y de cómo realizan su obra maléfica la masonería y la masonería eclesiástica para impedir que las almas alcancen los beneficios de la Redención y la Vida Eterna que Jesucristo consiguió para la humanidad. 

Recordemos que ambas constituyen la iglesia de Satanás en la tierra: Una es la que opera fuera de la Iglesia Católica, la masonería; y la otra opera infiltrada dentro de la Iglesia Católica, la masonería eclesiástica. Cabe destacar que en el documento que adjuntamos a continuación, podemos ver claramente como, con una sabiduría inmensa y divina, es la misma Virgen Santísima quien denuncia y desenmascara la obra tanto de la masonería como de la masonería eclesiástica. Adjuntamos también a continuación pdf del plan masónico para la destrucción de la Iglesia Católica, con las órdenes pronunciadas por el gran maestre de la masonería y dirigidas a los obispos católicos afiliados a la secta masónica. El documento data de 1962. Hemos revisado la traducción de dicho documento. Son dos documentos que vamos a trabajar y nos van a ayudar mucho en el discernimiento de espíritus, como veremos más adelante... El conocimiento de cómo actúa el mal, nos debe afianzar mucho más para buscar a Dios de todo corazón y ser verdaderos soldados de Su ejército; Que todo esto nos sirva para refutar el engaño y defender Su Verdad con mayor humildad y fundamento.

Antes de empezar, recordaremos algunos textos de la Sagrada Escritura. Desde ahí, teniendo muy en cuenta lo que Dios nos dice a través de Su Palabra, será de la forma en que vamos a tratar de proceder siempre. Que el Señor y la Virgen Santísima nos asistan en esta empresa. En primer lugar: Veamos lo que Jesucristo dice a la Iglesia de Éfeso, y por tanto también a todos los que quieren obedecer a la Verdad y ser fieles al Único Dios Verdadero: "Al Ángel de la Iglesia de Éfeso, escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro [,Jesucristo]. Conozco tu conducta: tus fatigas y tu paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y descubriste su engaño. Tienes paciencia y has sufrido sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has perdido tu amor de antes. Date cuenta, pues de donde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu conducta primera. Si no, iré donde ti y cambiaré de su lugar el candelero, si no te arrepientes. Tienes en cambio a tu favor que detestas el proceder de los nicolaitas, que yo también detesto. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios." (Ap 2, 1-7)

De este texto deducimos que: ¹° Sólo Dios es quien realmente conoce nuestro proceder y nuestra conducta. Incluso mejor que nosotros mismos. Él sabe nuestros intereses y lo que realmente hay en nuestro corazón. Recordemos aquellas palabras de San Pablo en la Escritura cuando escribe a los Filipenses para decirles que: "A nadie tengo de tan iguales sentimientos que se preocupe sinceramente de vuestros intereses [como Timoteo], ya que TODOS BUSCAN SUS PROPIOS INTERESES Y NO LOS DE CRISTO JESÚS." (Fil 2, 20-21) Que Dios nos conceda ser libre de buscar nuestros propios intereses y nos dé la gracia de buscar los intereses de Jesucristo.

²° Jesucristo reconoce como una virtud no soportar a los malvados... (Luego nos explicará mejor el sentido de esto...) Nuestro Señor aprueba y reconoce el valor y la importancia de los esfuerzos para poner a prueba a los falsos apóstoles con el objetivo de conseguir desenmascararlos y sacar a la luz sus mentiras y engaños. A la medida de nuestra unión a Jesucristo que es la Verdad y a la medida de sus dones en nosotros, Él nos capacita para descubrir el engaño y nos asiste para desenmascarar a los falsos apóstoles. En este momento, en el que hay una gran infiltración masónica en el seno de la Iglesia Católica, debemos aspirar a este discernimiento de espíritu y pedir al Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, que nos capacite para descubrir todo tipo de mentira y engaño: "Pedid y se os dará" Está en juego la salvación de muchas almas que corren el riesgo de ser arrastradas por el engaño y la mentira que predican los falsos apóstoles.

³° Jesucristo reconoce el valor de la paciencia y el don de saber aceptar el sufrimiento y el don de saber abrazar la cruz sin desfallecer, cuando se hace por amor a Él. Siempre con los ojos fijos en Jesucristo, quien con sus padecimientos y su sufrimiento, especialmente en Su Pasión dolorosa, da el sentido sobrenatural necesario a todo sufrimiento y cruz cuando sabemos aceptarla y vivirla por amor a Él.

⁴° Jesucristo corrige firmemente la falta de amor y hace una llamada a volver al amor primero: "Tengo contra ti que has perdido tu amor de antes." El amor a Dios debe ser el centro de toda la vida espiritual. El sufrimiento debe ser vivido y ofrecido al Señor con mucho amor, sabiendo que en todo interviene Dios para bien de los que le aman. De ese amor sincero debe brotar la paciencia. El combate contra los falsos apóstoles debe ser realizado por amor a Dios en primer lugar, con celo por Su Verdad, con valentía, pero también con humildad, caridad sincera y el deseo de dar gloria a Dios y ayudar a las almas que viven en el engaño. Defender la Verdad sin humildad y caridad lleva fácilmente a la soberbia. Recordemos que: "Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo, para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios: lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios." (1 Cor 1, 27-29) San Pablo en la Sagrada Escritura habla de corregir con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión que les haga conocer plenamente la verdad. (cf. 2 Tim 2, 25) Pero a la vez también pide oración para que la Palabra del Señor se siga propagando y adquiriendo gloria y para que nos veamos libres de los hombres perversos y malignos, porque la fe no es de todos. (cf. 2 Tes 3, 1-3) Y ambas cosas son perfectamente compatibles... Es el Espíritu Santo, que es el amor de Dios derramado en nuestros corazones, con sus dones, quien nos tiene que dar la sabiduría e impulsarnos para obrar siempre de la forma que Dios desea en cada momento. Por tanto, toda verdad se defiende con argumentos claros y sólidos, pero siempre desde la humildad y con la caridad verdadera como única base y fundamento.
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⁵° Jesucristo después de corregir firmemente por la pérdida del amor de antes, dice algo tan claro como: "Tienes en cambio a tu favor que detestas el proceder de los nicolaitas que Yo también detesto." Antes hemos visto que Jesucristo reconoce como una virtud no soportar a los malvados. Aquí Jesucristo lo matiza y nos revela que Él mismo detesta el proceder de los nicolaitas (sus comportamientos eran impuros y atacaban la Fe Católica verdadera con herejías.) Lógicamente, Jesucristo detesta todo pecado y todo comportamiento pecaminoso. Jesucristo ya dijo que no había venido a salvar a justos sino a pecadores, es decir, a aquellos que reconocen sus pecados con humildad. Quien reconoce sus pecados es porque tiene un verdadero propósito de enmendarse y no volver a ofender a Dios. Esto lógicamente le lleva a pasar por el Sacramento de la Confesión como Dios quiere y exige para conceder el perdón de los pecados. (cf. Jn 20, 22-23 y 1 Jn 1, 9) Recordemos las palabras de Jesucristo a aquella pecadora pública: "Yo no te condeno. Vete, pero en adelante, no peques más." Jesucristo tiende la mano al pecador para que abandone su pecado y se convierta. En ningún caso Jesucristo niega el pecado del pecador, ni minimiza la gravedad de dicho pecado, sino que ordena al pecador no volver a cometer el pecado. Es una llamada seria y firme a abandonar toda práctica de pecado, es decir, ES UNA LLAMADA SERIA Y FIRME A ROMPER CON EL PECADO. Y recordemos que pecado es lo que ofende a Dios, es decir, lo que Dios ha dicho que le ofende, y no lo que cada persona crea que es pecado. Por tanto, Jesucristo reconoce como una virtud detestar el proceder de los nicolaitas, de los herejes, de los impuros, en definitiva: Jesucristo detesta el proceder del pecador y quiere que los que le siguen también detesten todo proceder pecaminoso. Esto implica que un verdadero apóstol jamás aprobará una conducta pecaminosa, ni recibirá, ni saludará a alguien que viva en pecado grave (y más si causa escándalo), y tampoco a quien se exceda y no permanezca en la doctrina de Cristo. (cf. 2 Jn 9-11) Como explica la Sagrada Escritura: La primera condición para caminar en la Luz es romper con el pecado. (cf. 1 Jn 1,8 - 2,2) Y la primera condición para vivir como hijos de Dios es romper con el pecado. (cf. 1 Jn 3, 3-10)

***
“Queridos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del Anticristo.” (1 Jn 4, 1-3) 
Aquí el apóstol San Juan nos habla de desconfiar de los espíritus, de los espíritus que mueven determinadas doctrinas y a determinadas personas. Y nos llama a hacer un ejercicio de discernimiento: “examinad si los espíritus vienen de Dios”. Y ¿por qué nos llama a esta desconfianza, a no fiarnos y a realizar un juicio de discernimiento? 

La causa es “porque muchos falsos profetas han salido al mundo”, es decir, hay muchas falsas doctrinas, muchas personas que supuestamente hablan de parte de Dios y son falsos, no vienen de Dios y no tienen su Espíritu. Por eso hay que hacer este discernimiento, para evitar ser engañados. 

El elemento de discernimiento es sencillo: “Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios”. Venido, es participio pasado. Según San Bernardo hay 3 venidas en la carne de Jesucristo: 

La 1ª es la histórica que se produce cuando Jesucristo, que es Dios Verdadero, viene a la tierra y se encarna en el seno virginal de la Virgen Santísima quien había sido a su vez preservada del pecado original, y viene a cumplir la misión de la redención. Como ya sabemos, dando su vida en la Cruz, resucitando al tercer día y ascendiendo a los Cielos. Esa es la 1ª venida en carne. 

La 2ª venida en carne es la que se produce en cada Santa Misa, en el acto de la Consagración, cuando se produce la Transubstanciación por la cual, el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre del Señor; ya no hay pan y ya no hay vino, aunque los sentidos nos engañen, sino que está la presencia real de Jesucristo: Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad en cada una de las dos especies. Recordemos que Jesucristo dijo: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día.” (Jn 6, 53- 54) 

Por eso es una venida real en la carne, es Jesucristo, que es Dios, que viene de nuevo en la carne para hacerse presente realmente en los altares de cada Santa Eucaristía cuando hay Consagración. (Recordemos que para que haya realmente Consagración, el sacerdote debe de tener la voluntad de consagrar). Sólo así podemos cumplir su palabra cuando nos habla de comer su carne y beber su sangre para poder recibir los beneficios prometidos de tener vida eterna y que Él nos resucite en el último día. 

Y la 3ª venida es la que sucederá en la Parusía, cuando al final de los tiempos, vuelva el Hijo de Dios. Esa tercera aún no se ha producido. Por tanto, como “venido” es participio pasado, para discernir donde está actuando el Espíritu de Dios, hemos de fijarnos en que haya una confesión de las dos venidas que ya han sucedido: la venida en carne como verdadero Dios al seno virginal de María Santísima, es decir, su venida histórica y la venida en cada Santa Misa, en cada Eucaristía. Es decir, en cada Eucaristía hay realmente una segunda venida en carne de Jesucristo donde se hace presente su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, Su presencia Real. Por tanto, todo espíritu que mueve una doctrina donde no se confiesan estas dos venidas de Jesucristo, no es de Dios, no es del Espíritu de Dios, sino del Anticristo. Nos lo dice la Palabra de Dios que es Verdad. De aquí es posible deducir que el espíritu que mueve las religiones de los musulmanes, judíos, budistas, hinduistas y todas las demás religiones que no confiesan estas dos venidas de Jesucristo en carne, no es el espíritu del Único Dios Verdadero, y por tanto el espíritu que las mueve es el del Anticristo. 

Por otro lado, las sectas protestantes que no confiesan la segunda venida de Jesucristo en la carne en cada Eucaristía, tampoco tienen el Espíritu de Dios, sino el del Anticristo. De esto es fácil deducir que sólo quien se mantiene en la doctrina de la Iglesia Católica, que es la Iglesia que Jesucristo fundó, está dentro de esta confesión de las 2 venidas en carne y por tanto está movido por el Espíritu de Dios. Porque atención: también a los que se supone que pertenecen a la Iglesia Católica hemos de ponerlos ante este examen de discernimiento del que nos habla San Juan. 

Por tanto, cuando escuchemos personas que dicen hablar de parte de Dios o nos presenten doctrinas que dicen llevar hacia Dios, deberemos hacer este ejercicio de discernimiento que nos indica San Juan y examinar si realmente confiesan estas dos venidas de Jesucristo, Dios Verdadero, en la carne. Si no es así, ahí no está el Espíritu de Dios, sino el del Anticristo y todo lo que puedan hablar ya no va a ser de parte de Dios, porque no tienen la asistencia del Espíritu de Dios que es el Espíritu de la Verdad.

DIRECTIVAS DEL GRAN MAESTRO DE LA MASONERÍA 
A LOS OBISPOS CATÓLICOS MASONES 
(Padre Luigi Villa) 

Directivas del Gran Maestro de la masonería a los Obispos masones: puestas en práctica desde 1962 (aggiornamento del Vaticano II), reelaboradas en 1993 como proyecto progresivo para la fase final. Todos los masones infiltrados en la Iglesia católica deben acogerlas y realizarlas. (Estas directivas han sido publicadas en el libro de Don Luis Villa: “la Masonería y la Iglesia Católica”. Editorial Civiltá, 2008, pp.16-24): 

1 Destronad definitivamente cada imagen de la Iglesia, comenzando por la de San Miguel Arcángel, Patrón de la Iglesia Católica, afirmando que distraen de la adoración de Cristo. 
2 Suprimid los ejercicios penitenciales de Cuaresma, como la abstinencia de carne de los viernes, así como la práctica del ayuno. Impedid los actos de mortificación, que deben ser reemplazados por actos de alegría, de felicidad y de “amor al prójimo”. Decid que los méritos de Cristo son suficientes haciendo que los esfuerzos humanos sean peligrosos, pues pueden interpretarse como falta de fe en Dios. Predicad que debemos tomar en serio la preocupación por nuestra salud estimulando el consumo de carne, especialmente la de cerdo. 
3 Encargad a los pastores protestantes reexaminar la Misa y desacralizarla. Sembrad dudas sobre la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía y reafirmad una mayor cercanía a las tesis protestantes, que sólo se trata de pan y vino bendecidos, y en cuanto tales, debe entenderse como puro símbolo. Diseminad las más implacables dudas mediante protestantes liberales progresistas en los seminarios y en las escuelas. Fomentad el ecumenismo como camino hacia la amistad. Acusad de desobediencia a aquellos que continúen creyendo, tradicionalmente, en la Presencia Real. 

4 Prohibid, de hecho, haciendo creer que lo es también de derecho, la liturgia latina clásica (el llamado rito “Tridentino”), con todas sus derivaciones de adoración y cánticos, ya que transmiten un sentido de misterio y de deferencia. Presentadlos como ligados a la imaginación. Los hombres dejarán de estimar a los sacerdotes como personas de elegancia y cultura superior, de respetarlos como portadores de los divinos misterios. 
5 Estimulad a las mujeres a no cubrirse la cabeza con el velo en la iglesia, los cabellos son “sexy”. Imponed a las mujeres como lectoras, y presentad como una necesidad democrática que se conviertan en sacerdotisas. Fundad movimientos para la liberación de la mujer: Impulsadlas para que entren en la iglesia con vestidos desaliñados, para que se sientan como en su casa. Esto disminuirá la importancia de la Misa. 
6 Convenced a los fieles de no recibir la Comunión de rodillas. Decid a las monjas que deben prohibir a los niños mantener las manos juntas, antes y después de la Comunión, diciéndoles que Jesús los ama tal como son, y que los quiere ver siempre cómodos. Eliminad las genuflexiones en la iglesia y el permanecer de rodillas. Retirad los reclinatorios. Decid a la gente que deben testimoniar la propia fe actuando a su manera, o a lo máximo, en posición erguida. 

7 Eliminad la música sacra, en particular el órgano. Introducid la guitarra, arpa judía, tambores, pataleo (hacer ruido con los pies!) o “sagradas” risotadas en la iglesia. Esto distraerá a la gente de la oración personal y de las conversaciones con Jesús. Negad a Jesús el tiempo de llamar a los niños a la vida religiosa. Ejecutad, alrededor del Altar, danzas litúrgicas con vestimentas excitantes y, teatros y conciertos. 
8 Quitad el carácter sagrado de los cantos a la Madre de Dios y a San José. Enseñad que estas veneraciones son idolatría. Ridiculizad a los que persisten. Introducid cantos protestantes modernos. Esto dará la impresión que el protestantismo liberal-progresista es la verdadera religión, o al menos que es igual al Catolicismo. 
9 Eliminad todos los himnos especialmente los dirigidos a Jesús que hacen pensar en la serenidad que deriva de la vida de mortificación y de penitencia por Dios, ya desde la infancia. Introducid cantos nuevos, si son movidos mejor, como para convencer a la gente que los precedentes eran falsos. Aseguraos que en cada Misa se cante aunque sea un canto en el cual no se mencione a Jesús y que en su lugar se hable del amor entre los hombres. La juventud se entusiasmará al sentir hablar de amor por el prójimo. Predicad el amor, la tolerancia y la unidad. Que no se mencionen a Jesús, prohibid cada anuncio de la Eucaristía. 

10 Volviendo a lo que he dicho en el punto 1, no os limitéis a sacar las imágenes de la iglesia. Retirad todas las reliquias de los altares y, seguidamente, los altares mismos. Sustituidlos por mesas paganas, no consagradas, que puedan ser usadas para sacrificios humanos en el curso de ceremonias satánicas. Eliminad las leyes canónicas que obligan a celebrar únicamente en altares que contengan reliquias. 
11 Interrumpid la práctica de celebrar la Misa, en dirección al Tabernáculo. No admitáis ningún Tabernáculo sobre altares que son usados para la celebración de la Misa. La mesa debe tener el aspecto de una mesa de cocina. Debe ser trasportable para mostrar que no es para nada sagrada, sino que debe servir para muchos usos, como por ejemplo, para conferencias. Más aún, colocad al menos una silla a tal mesa. El sacerdote debe tomar lugar para indicar que, después de la Comunión él descansa como después de haber comido. El sacerdote nunca debe hacer genuflexiones ni permanecer arrodillado. En las comidas, en efecto, uno nunca se arrodilla. La silla del cura debe estar colocada en el lugar que pertenece al tabernáculo. Estimulad a los fieles a que tengan hacia el sacerdote los sentimientos de veneración y adoración que deberían tener hacia la Eucaristía, y a que, como “cosa buena y justa”, le obedezcan como si fuese Jesús en persona. Colocad el Tabernáculo en otro lugar, fuera de la vista. 
12 Haced desaparecer a los santos del calendario eclesiástico. Prohibid a los sacerdotes predicar sobre los santos, salvo aquellos citados en el Evangelio. Explicad que esto es en consideración a los hermanos protestantes que eventualmente pudieran estar presentes en la Iglesia. Evitad todo aquello que pueda molestar a los protestantes. 

13 En la lectura del Evangelio omitir la palabra “Santo”. Por ejemplo: en vez de “Evangelio según San Juan”, decid “Evangelio según Juan”. Esto hará pensar a la gente que no tiene el deber de venerarlos más. Escribid continuamente nuevas traducciones de la Biblia hasta que sean idénticas a las de los protestantes. Omitid el adjetivo “SANTO” en la expresión “Espíritu Santo”. Esto abrirá el camino. Evidenciad la naturaleza “femenina” de Dios”, como la de una madre llena de ternura. Eliminad el uso del término “Padre”. 
14 Haced desaparecer todos los devocionarios y los libros de piedad personal y destruidlos. Como consecuencia desaparecerán también las letanías del Sagrado Corazón, las de la Madre de Dios, las de San José y las preparaciones a la Santa Comunión. Superflua se volverá incluso la acción de gracias después de la Comunión. 
15 Haced desaparecer también las imágenes de los ángeles. ¿Por qué tienen que estar en nuestro camino las representaciones de nuestros enemigos? Defínanlos mitos o cuentos de las buenas noches. No permitan el discurso de los ángeles ya que chocaría a nuestros amigos protestantes. 

16 Suprimid el exorcismo menor para expulsar los demonios. Empeñaros en esto, afirmando que los diablos no existen, explicad que en la Biblia son sólo un artificio literario para definir el mal, ya que sin un adversario las historias no son interesantes. Como consecuencia la gente dejará de creer en el infierno, o pensará que nunca podrá caer en él. Finalmente, repitan que el infierno no es otra cosa que la lejanía de Dios, y que no es una cosa terrible, sino que la vida allí debe ser parecida a la de la tierra. 
17 Enseñad que Jesús era solamente hombre, que tenía hermanos y hermanas y que odiaba a los que tenían el poder. Explicad que amaba la compañía de las prostitutas y que no usó las iglesias y sinagogas para su predicación. Decid que en su vida equivocada, invitó a desobedecer al clero. Definidlo a menudo como un gran Maestro que se desvió del camino cuando negó obediencia a los jefes de la Iglesia. Desacreditad la predicación de la Cruz como una victoria, por el contrario, presentadla como un fracaso. 
18 Recordad que podéis inducir a las religiosas a traicionar su vocación estimulando su vanidad con el halago de su atractivo y belleza. Hagan que cambien su vestido eclesiástico (hábito) y eso las llevará de forma natural a arrojar sus rosarios a la basura. Revelad al mundo que en sus conventos hay conflictos y disensiones. Esto disminuirá las vocaciones. Decidles que no serán aceptadas si no renuncian a los hábitos. También entre los fieles, desacreditad las vestimentas eclesiásticas. 

19 Quemad todos los catecismos. Decid a los catequistas que enseñen que el mejor modo de amar a Dios es amarlo en sus criaturas. El amar abiertamente es testimonio de madurez. Haced que el término “sexo” se vuelva una palabra de uso diario y corriente en las clases y en los cursos de religión. Haced del sexo una nueva religión. Introducid en las lecciones de religión imágenes sexuales, crudas y explícitas, con el fin de enseñar a los pequeños la realidad. Estimulad a las escuelas para que estén siempre atentas en todo lo relativo a la educación sexual. Introducid la educación sexual sirviéndoos de vuestra autoridad episcopal, así los padres no tendrán la posibilidad de decir nada en contra. 
20 Sofocad las escuelas católicas, impidiendo las vocaciones religiosas femeninas. Decid a las Religiosas que son trabajadoras sociales mal pagadas y que la Iglesia está en camino de eliminarlas. Insistid en que los educadores laicos de escuelas católicas deben recibir los mismos sueldos que los de las escuelas públicas. Emplead maestros no católicos que vivan en pecado mortal público. Los sacerdotes deben recibir igual remuneración que la que reciben el resto de los profesores. Todos los sacerdotes deben abandonar sus sotanas y sus cruces para poder ser aceptados por todos. Ridiculizad a aquellos que las sigan usando. 
21 Aniquilad el papado destruyendo su Universidad. Desvinculadla del Vaticano, diciendo que de esta manera podrá ser subsidiada por el gobierno. Para promover el ecumenismo, sustituid los nombres religiosos de los institutos por nombres profanos. Por ejemplo, en vez de “Escuela Inmaculada Concepción” decid: “Nueva Escuela Superior”. Cread en todas las diócesis, departamentos de ecumenismo y aseguraos de que estén controlados por protestantes. Prohíban los ruegos para el Papa y hacia María porque ellos debilitan el ecumenismo. Anunciad que la autoridad competente la constituyen los Obispos locales, y explicad a la gente que las enseñanzas papales son sólo temas de conversación, que lo que cuenta en realidad, es el magisterio de las conferencias episcopales. 

22 Combatid la autoridad papal, poniendo límites de edad a su ejercicio. Reducidla poco a poco, explicando que se trata de preservarlo del exceso de trabajo. 
23 Sed audaces. Debilitad el papado, reforzando cada vez más las Conferencias Episcopales e introduciendo Sínodos permanentes. Entonces el Papa se convertirá solamente en una figura de representación, como en Inglaterra donde la Reina no gobierna, y son las Cámaras quienes dan las órdenes. Seguidamente, reproducid la misma situación a nivel de las diócesis y de las parroquias. Sucesivamente, debiliten la autoridad de los Obispos, dando vida a una institución concurrente a nivel de Presbiterios. Después debiliten la autoridad de los sacerdotes promoviendo grupos de laicos que dominen a los sacerdotes. De este modo, se originará tal confusión y tal odio que los cardenales abandonarán la Iglesia enseguida; y la Iglesia, entonces, será democrática. Surgirá la “Iglesia Nueva”. 
24 Reducid las vocaciones sacerdotales. Haced que los laicos pierdan todo temor reverencial por esto. El escándalo público de un sacerdote difundidlo por los medios de comunicación… destruirá millares de vocaciones. Alabad públicamente a los sacerdotes que, por amor a una mujer, hayan sabido abandonar todo, defínanlos como héroes. Honrad a los sacerdotes reducidos al estado laical, como a auténticos mártires oprimidos hasta tal punto de no poder soportar más. Condenad como escándalo que deban darse a conocer y publicarse los nombres de nuestros compañeros sacerdotes masones. Sean tolerantes con la homosexualidad del Clero. Díganle a la gente que los sacerdotes sufren de soledad. 

25 A causa de la escasez del clero, empezad a cerrar iglesias. Elogiad tal práctica como una buena medida económica. Explicad que Dios escucha los rezos en todas partes. La gente recriminará que haya tantas iglesias por ser un extravagante despilfarro de dinero. Cerrad, ante todo, las iglesias en las que se practica la piedad tradicional. 
26 Utilizad Comisiones de laicos y sacerdotes débiles en la fe para que condenen rápidamente y sin dificultad cada nueva aparición de la Virgen y cada aparente milagro. Aseguraos de quienes son los que reciben los mensajes y los siguen; y si los difunden señaladlos como desobedientes a la autoridad eclesiástica. 
27 Elegid un antipapa. Afirmad que él unirá a los protestantes y a los hebreos a la Iglesia. Si se diera derecho de voto a los obispos, podría ser elegido un antipapa. Entonces, serían electos muchos antipapas. Eventualmente, se instalará uno de compromiso. Afirmen que el verdadero Papa ha muerto. 

28 Suprimid la confesión antes de la Comunión, para los escolares del segundo y tercer año. Así cuando ellos crezcan y pasen a cursos superiores estarán acostumbrados a no practicarla y la confesión desaparecerá gradualmente. Introducid la confesión comunitaria, en silencio, con la absolución en grupo. Explicad que esto se hace por la escasez de sacerdotes. 
29 Haced que se distribuya la Comunión por medio de mujeres y laicos. Comenzad a imponer la Comunión en la mano como lo hacen los protestantes, en lugar de darla en la boca sobre la lengua. Explicad que Cristo lo hacía de la misma manera. Recoged algunas hostias consagradas para las “misas negras” en nuestros templos. En lugar de la Comunión personal, dad copones de hostias no consagradas para llevarlas consigo a la casa. Colocad distribuidores automáticos de hostias para las comuniones y denomínenlos tabernáculos. Digan a la gente que se debe dar la señal de la paz. Den coraje a la gente a desplazarse en la Iglesia para interrumpir la devoción y el ruego. No hagan la Señal de la Cruz; en lugar de ello, una señal de paz. Expliquen que también Cristo se ha desplazado para saludar a los Discípulos. No permitan alguna concentración en tales momentos. Los Sacerdotes deben darle la espalda a la Eucaristía para honrar al pueblo. 
30 Después de que el antipapa se instale, disolved los sínodos de los Obispos, las asambleas episcopales diocesanas y los consejos parroquiales. Prohíban a todos los religiosos cuestionar estas nuevas disposiciones. Expliquen que Dios quiere la humildad y odia a los que aspiran a la gloria. Acusen de desobediencia respecto a la autoridad Eclesiástica a todos los que ponen interrogantes. Desanimen la obediencia hacia Dios. Digan a la gente que tiene que obedecerles a estos superiores Eclesiásticos. 

31 Otórguenle al Papa (= Antipapa) el máximo poder para elegir a sus propios sucesores. Ordenad a todos llevar “la señal de la bestia” (ó “signo de la bestia”) (Que obviamente, no lo llamaréis así), bajo amenaza de excomunión. La Señal de la Cruz no debe ser transmitida, ni tiene que ser hecha ni usada sobre las personas. No se tiene que bendecir más. Hacer la Señal de Cruz será designado como acto nefasto de idolatría y desobediencia. 
32 Declarad que todos los dogmas, salvo la infalibilidad papal, son de libre opinión (falsos) Proclamad que Jesucristo ha sido un revolucionario fracasado. Anunciad que el verdadero Cristo llegará pronto, y que hasta ese momento solo debe ser obedecido el Antipapa. 
33 Ordenad a todos los súbditos del Papa (Antipapa) combatir una guerra santa contra todos los integralismos (*) y extended la única religión mundial. Conquistad sin piedad el mundo. Todo esto traerá a la humanidad cuanto ha anhelado ardientemente: “la edad de oro de la paz”. 

(*) Integralismo: Concepción política o religiosa que se considera extremista porque rechaza y refuta todas las posiciones diferentes a la suya. 
Sinónimo: fundamentalismo.

La Virgen Santísima Denunci... by Yanka

LOS PAPAS Y LA BIBLIA NOS AYUDAN A ENTENDER EL COMPLOT 
CONTRA LA IGLESIA, A DENUNCIARLO Y ENCARARLO

Enseña el papa San Pío X que "es un deber ineludible estudiar y meditar la existencia del Complot, sin temor de ser befado como "complotista". Por el contrario, minimizar o ser negligente en su estudio significa participar implícita y pasivamente en ese Complot contra Cristo, María, La Iglesia y la Cristiandad. Mientras que estudiar para combatir el Complot significa participar activamente y explícitamente en el cumplimiento de la obra de la Redención, instaurando y restaurando todo en Cristo". 

Este tema es vital de conocer y entender. La ignorancia de muchos católicos al respecto del complot de Satanás a través de sus tentáculos contra Jesucristo y su Iglesia y su modus operandi, les hace ser víctimas de sí mismos y no pueden entender lo que ocurre en la Iglesia. Quedan a merced del engaño y la mentira, arrastrados en muchos casos por la falsa obediencia y creyendo que siguen el camino correcto. El vídeo de hoy realizado con la inestimable colaboración de VERDADES GLOBALES, canal de Telegram, debería marcar un antes y un después para muchos católicos. Nadie tendrá excusa de decir que no sabía o podía imaginar la realidad tal cual es. Santo Tomás de Aquino: 

“El idiota (ignorante o falto de conocimiento) considera falso todo lo que no es capaz de comprender.” Arzobispo Fulton John Sheen: “Sólo aquellos que viven por la fe realmente saben lo que está ocurriendo en el mundo. Las grandes masas sin fe son inconscientes de los procesos destructivos que están sucediendo…” 

¿Es necesario hablar del Complot? ¿Es importante? ¿Por qué…? “Es un deber ineludible estudiar y meditar la existencia del Complot, sin temor de ser befado como “complotista”. Por el contrario, minimizar o ser negligente en su estudio significa participar implícita y pasivamente en ese Complot contra Cristo, María, la Iglesia y la Cristiandad. Mientras que estudiar para combatir el Complot, significa participar activamente y explícitamente en el cumplimiento de la obra de la Redención, instaurando y restaurando todo en Cristo.” (San Pío X) 

¿Qué es el Complot? El Complot lo constituyen todos los planes, confabulaciones, tramas, teorías, sistemas de pensamiento y estrategias que buscan pervertir todas las estructuras y organismos buenos, especialmente la Iglesia Católica, y que, por otro lado, buscan también crear y generar nuevas estructuras, organizaciones y organismos inspirados y controlados por el Diablo y sus demonios, todo ello con el fin de obstaculizar la extensión del Reino de Dios y la salvación de las almas, y que, a la vez tienen el fin de arrastrar el mayor número de almas al infierno mediante la extensión del pecado y la corrupción de las almas. 

El Diablo se sirve especialmente de sus siervos más fieles, que son los hombres que rechazando a Jesucristo y Su Verdad, le adoran y se postran ante él a cambio de fama. poder, bienes terrenales, placeres, etc… (es decir, a cambio de poder, tener y placer). Estos hombres reciben la inspiración, la dirección y los favores del Diablo. Pero el Diablo también se sirve de todos aquellos hombres que inconscientemente le sirven. 
En estos últimos tiempos el Diablo y sus siervos trabajan para la instauración e imposición del reinado del anticristo. 

En definitiva, el Complot es todo plan del Diablo, que usa especialmente a las personas que le sirven o le pertenecen, para obstaculizar y destruir la obra de Jesucristo, Su Verdad, Su Doctrina y Su Reinado sobre la tierra, es también todo plan del Diablo contra la Virgen Santísima, contra Su Iglesia y contra todo aquel que sirva verdaderamente a Jesucristo, de tal manera que esto incluye todo esfuerzo y trabajo que busca impedir que las almas puedan salvarse y también incluye todo aquello que busca convertir la obra de la Redención realizada por Jesucristo en algo inútil e inservible. 

Un complot es una conjuración o conspiración política, social, económica, religiosa o de cualquier otro tipo contra el Único Dios Verdadero. (1 Jn 5, 19-21) nos dice: 
“Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. 

Este es el Dios verdadero y la Vida eterna. Hijos míos, guardaos de los ídolos...”