Les presento el poema declamado por Pedro Celestino Colina Polanco que nació un 19 de Mayo de 1937 y que cambia de paisaje en 1978. Popularmente conocido como el comentarista del pueblo, es el tercer hijo de cinco hermanos hijo de Rosalía Polanco y José María Polanco, es de origen falconiano y un día por avatares de la vida se traslado con toda su familia a Maracaibo.
No hago el verso tierra adentro,
pues no conozco los llanos
ni otros estados cercanos,
ni las bellezas del centro.
Yo mi verso lo concentro en los lares de occidente,
donde un lago transparente,
es un cristal que hoy nos muestra
una imponente silueta de su prestigioso puente.
Bellos será el estero, linda también la llanura pero,
hay ver la hermosura del lago maracaibero,
hasta el turista extranjero admirado
de el se queda el mismo Alonso de Ojeda
al contemplar su belleza
vio que la naturaleza nos dio un lago de seda.
A mi me da la impresión de que nuestro hermoso lago
tiene influencia de un mago porque ejerce su gestión,
don Alonso en su excursión puso estos lares
la proa y al ver la isla de Toas se extasió el descubridor.
Quien embrujo ese español; lagos del Coquivacoa.
Hasta el indio motilón que allí en la sierra
ha vivido muchas veces ha salido a recorrer la región
como un salvaje en acción se acerca hasta la ribera
Una lectura de los relatos de la pasión de Cristo que aparecen en los cuatro evangelios canónicos revela, a primera vista, una narración del desarrollo general de los acontecimientos muy similar. Sin embargo, un análisis atento de los textos manifiesta llamativas diferencias, incluso contradicciones, de algunos hechos narrados en ellos: el motivo de la celebración de la última cena, la comparecencia de Jesús ante el sanhedrín, el día de la muerte de Jesús o el privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás, entre otros. Los estudiosos han intentado explicar o justificar tales diferencias apelando a la intención literaria o teológica de cada evangelista, sin alcanzar una explicación unánime. Este debate, que sigue vivo hoy en día, junto a una supuesta datación tardía de la redacción de los textos evangélicos, habría llevado a relativizar el valor histórico de los relatos de la pasión y a dudar de la identidad de sus autores. Esto supondría un grave problema para la fe cristiana, esencialmente histórica. El autor del presente libro ofrece, desde un punto de vista histórico, soluciones certeras tras décadas de estudio del sustrato semítico de los textos evangélicos, dando con ello un firme apoyo a la fiabilidad de las noticias e informaciones recogidas en ellos.
Los Evangelios fueron escritos en griego entre la segunda mitad de los años 60 y finales de los 90 de nuestra era, es decir, unos 35-70 años después de que Jesús de Nazareth muriera clavado en una cruz fuera de los muros de Jerusalén, en una colina conocida como Gólgota. Sin embargo, antes de que Mateo, Marcos, Lucas y Juan narraran por escrito la pasión y muerte de Cristo debió de existir u n relato primitivo en arameo que se transmitía oralmente sobre aquellos hechos.
Una interpretación desde la lengua semítica de algunos versículos puede arrojar luz sobre las llamativas diferencias, e incluso contradicciones, que se aprecian en los evangelios. Porque, ¿coincidió la última cena con la celebración de la Pascua judía? ¿Jesús murió el 14 o el 15 de Nisán?
El arameo era una lengua consonántica, sin vocales, que se escribía sin separación entre palabras, según explica este experto. De ahí, a su juicio, algunas discrepancias en los posteriores textos en griego.
«Jesús enseñó en arameo, que era la lengua que hablaba, y también los apóstoles, cuando fueron enviados a predicar», recuerda este sacerdote que se muestra seguro de que aquellas enseñanzas aprendidas de memoria conformaron «una tradición muy fija» que se transmitió oralmente. «Muy pronto», continúa, esos relatos se formularían por escrito y es muy posible que en arameo.
Los evangelios son relatos de fe, pero la fe cristiana se basa en unos hechos históricos » y el relato de la Pasión de Jesús «ciertamente es histórico, fiabilísimo».
Con el libro no solo pretende «avalar la historicidad de los relatos evangélicos», sino también « la conciencia que tenía Jesús de su muerte y su significado ». En su empeño de arrojar luz sobre las expresiones oscuras apelando al sustrato semítico, quizá algunos puedan pensar que llega a forzar sus conclusiones, pero García Pérez replica que su libro «no es palabra de Dios» ni él pretende que se cambie el texto de los evangelios porque «no nos han llegado los textos arameos previos».
PRÓLOGO
Jesús de Nazaret murió clavado en una cruz fuera de los muros de la ciudad de Jerusalén, en una pequeña colina, llamada Gólgota, junto a la puerta de los huertos o de Efraím. El juicio en el que fue condenado, su pasión y muerte están narrados en los cuatro evangelios canónicos, que son nuestras principales fuentes históricas para conocer quién es Jesús. La mayoría de los estudiosos suele fechar la redacción de estas obras cristianas entre la segunda mitad de los años 60 y finales de los 90 de nuestra era; o sea, unos 35-70 años después de los sucesos narrados. Esta fecha tardía, junto a la falta de una sintonía total de los relatos evangélicos, ha llevado a bastantes exegetas a relativizar el valor histórico de los relatos de la pasión, e incluso a poner en cuestión la identificación tradicional de sus autores, que la Iglesia siempre ha reconocido como apóstoles-testigos de los hechos narrados (Mateo y Juan) o al menos como discípulos de aquellos que fueron testigos, de quienes recibieron la información (Marcos y Lucas). Nosotros estamos convencidos no solo de la antigüedad de la historia de la pasión, en sintonía con la mayoría de los estudiosos que suele colocar su redacción a finales de la década de los años 30, sino también de la fiabilidad de las noticias recogidas, ya que proceden de los testigos presenciales, como es fácil deducir del estilo y el contenido de los mismos relatos1.
La antigüedad de los relatos evangélicos donde se narra el prendimiento, el juicio y la condena, el sufrimiento y la muerte de Jesús está avalada por el conocimiento exacto que los autores sagrados manifestaron tener respecto a la situación histórico-social de la Palestina de aquella época y por el carácter semítico de la redacción griega, que obliga a pensar en una formulación, incluso fijada por escrito, en lengua aramea. Según X. Léon-Dufour, las características lingüísticas semíticas apoyan la autenticidad de estos relatos, ya que demuestran que su redacción tuvo lugar en Palestina en las primeras décadas del cristianismo:
«La ciencia lingüística resuelve también algunos problemas. Así, difícilmente se puede admitir la afirmación de M. Goguel de que los relatos de la pasión provienen del cristianismo helenístico, pues los semitismos que se detectan en ellos testimonian el medio judeo-cristiano en que fueron elaborados» 2.
Estos relatos evangélicos, comparados con los del ministerio público, o con los capítulos iniciales dedicados a la infancia según Mateo y Lucas, tienen unas características especiales. Ante todo, llama la atención que estas narraciones evangélicas tengan una clara unidad y desarrollo temporal progresivo, mientras que el resto de los evangelios son noticias de hechos aislados o palabras pronunciadas en diferentes ocasiones, que a veces se reúnen según la temática.
Por otra parte, es llamativa la gran coincidencia que existe entre la historia de la pasión de los evangelios sinópticos, o sea los tres primeros, y la del cuarto evangelio. Durante el ministerio público, el evangelio según Juan destaca por la diversidad de hechos y discursos de Jesús que forman la trama del relato respecto a los otros tres; diferencia que se mantiene en los preámbulos de la pasión, desde la entrada de Jerusalén hasta la última cena. Pero a partir del prendimiento de Jesús en Getsemaní, el desarrollo de los acontecimientos es casi idéntico en los cuatro evangelios. Esta semejanza en el orden de narrar y en los acontecimientos señalados es debida en gran parte a la fidelidad de los evangelistas a los hechos acontecidos, como afirma X. Léon-Dufour:
«Son los mismos acontecimientos que se transmiten en las cuatro recensiones; pero, si es necesario admitir la dependencia en relación a una misma tradición, no se puede hablar de dependencia literaria mutua inmediata» 3. Un rasgo que apoyaría la existencia de una historia primitiva de la pasión es que estos pasajes evangélicos son independientes de los relatos del ministerio público de Jesús, ya que allí no se encuentra mención alguna a la información ofrecida en esos relatos. En dicha historia primitiva, la pasión comenzaría con el prendimiento de Jesús en Getsemaní, como parece sugerir la coincidencia existente entre los evangelios a partir de este suceso; dato que viene confirmado por la formulación del segundo y tercer anuncios de la pasión (Me 9,31; 10,33; cf. l Cor 11,23).
Por otra parte, no podemos olvidar que los evangelios se escribieron algunos años después del gran acontecimiento de la resurrección. Por eso, resulta sorprendente que los evangelistas dediquen más espacio a narrar la pasión y muerte de Jesús que su victoriosa resurrección. Hace tiempo M. Kahler, de forma provocadora, consideró los evangelios unos relatos de la pasión con extensas introducciones 4. La relevancia de los acontecimientos finales de la vida de Jesús no solo se constata por la cantidad de versículos que les dedican los cuatro evangelistas, sino sobre todo porque la narración de su vida pública está transida de la amenaza/anuncio de la pasión 5. En realidad, los acontecimientos narrados en los evangelios tienen el horizonte de la muerte de Jesús. La relevancia que otorgan los autores sagrados a estos relatos de la pasión y muerte de su Maestro resalta más si tenemos en cuenta que no constituyen la última palabra sobre la vida de Jesús y que los sucesos narrados ocuparon menos de un día de los años dedicados al ministerio público. Si la llegada al Huerto de los Olivos se considera el preámbulo de la pasión, el prendimiento, el juicio, el suplicio de la cruz, la muerte y la sepultura de Jesús tuvieron lugar en pocas horas, desde la noche del jueves al inicio de la tarde del viernes.
De igual modo, es llamativo que en los relatos evangélicos no se minimice el dolor de Jesús ni la sensación de derrota que experimentaron sus seguidores. A decir verdad, a la luz del acontecimiento de la resurrección, la pasión podría haberse considerado como un intermedio desafortunado, un suceso de importancia secundaria. Como señala A. Vanhoye, «no se esperaría una insistencia tan acentuada en las escenas dolorosas de la pasión. Deberían haberse disuelto para dejar espacio a los aspectos 'positivos' de la existencia de Jesús. En la vida pública, la acción del taumaturgo en que se preanunciaba el triunfo sobre la muerte, el éxito entre la gente, la enseñanza luminosa impartida con autoridad, el modo de organizar a los discípulos; después las apariciones del resucitado y los poderes concedidos a la Iglesia. A nuestro juicio, esto es lo que debería parecer importante y definitivo. La pasión podía entrar en la sombra, como un intermedio desafortunado que, gracias a Dios, no había tenido consecuencias duraderas [...]
Sin embargo, la luz de la resurrección no favoreció esta visión. No llevó a una religión de evasión. En modo alguno apartó a los cristianos de los aspectos dolorosos de la vida de Jesús, por el contrario los condujo a valorar toda la existencia de su Salvador y en particular sus aspectos más desconcertantes: la contradicción y el sufrimiento» 6. En efecto, los relatos evangélicos no presentan huellas de una dulcificación o disminución del tormento y muerte de Jesús a causa de su resurrección. Sin embargo, la historia de la pasión no suele describir con detalle los tormentos infligidos a Jesús. La atención está centrada, sobre todo, en dos datos.
En primer lugar, se juzga lo sucedido no como fruto del azar impersonal ni como mera consecuencia de la sola voluntad humana. En el origen de estos hechos está la voluntad divina; en ellos se cumple el designio del Padre. La urgencia de narrar los sucesos como voluntad de Dios, algo que ya aparece en los tres anuncios de la pasión, habría llevado a echar mano de pasajes del Antiguo Testamento; sobre todo el cuarto canto del Siervo sufriente (Is 52,13-53,12) o los salmos del justo perseguido (en concreto los Sal 22 y 69). A la luz de estos pasajes de las Sagradas Escrituras se narran los hechos-acaecidos durante la pasión de Jesús. Pero esto no significa que esos pasajes proféticos hayan originado los relatos evangélicos, como han sugerido algunos estudiosos 7. Por el contrario, como se puede constatar con facilidad, los relatos evangélicos no inventan circunstancias o elementos con el fin de poner en evidencia el cumplimiento de las Escrituras; en ellos no encontramos nada que no sea propio de los pormenores históricos de la época en que vivió Jesús y del tormento de la crucifixión 8.
En segundo lugar, se afirma con claridad el papel protagonista que el sanhedrín de Jerusalén ejerció en la condena de Jesús llevado por su celo de defender la santidad de Dios. Esta responsabilidad de las autoridades judías aparece afirmada explícitamente en varios libros del Nuevo Testamento 9.
En realidad, el motivo por el que se escribió la historia de la pasión no estaba en realizar una crónica, relatar la materialidad de los hechos; que, por lo demás, era bien conocida de aquellos a quienes se les leía este relato. A los autores sagrados, urgía sobre todo comunicar el significado de tales hechos, su valor salvífica. La preeminencia que tiene la pasión de Jesús en los evangelios procede no tanto del impacto sensible que estos hechos provocaron en sus seguidores, sino del significado sorprendente que reconocieron en ellos: desvelaban el verdadero sentido de la vida de Jesús, su verdadera misión. Desde los inicios, los primeros cristianos consideraron los sufrimientos y la muerte de Jesús como la razón de su existencia. Reconocían que Jesús había venido para cumplir la voluntad del Padre al aceptar la muerte en rescate por muchos (cf. Me 10,45). Esta voluntad misericordiosa de Dios manifestada en la muerte redentora de Jesús hizo que la comunidad cristiana hablara siempre de estos acontecimientos con conmoción y gratitud. De igual modo, la memoria de este gran acontecimiento salvífico urgió a los predicadores cristianos a anunciarlo a todos los hombres.
Por lo demás, este sentido teológico de_ la muerte de Jesús no fue una invención de la comunidad, sino que fue afirmado por fidelidad a la propia interpretación que Él mismo comunicó a sus discípulos en varias ocasiones a lo largo de su vida y al comienzo de su pasión. Hechos y significado teológico-salvífico son inseparables en la conciencia de Jesús. El anuncio cristiano, la proclamación de sus misioneros, exige la fidelidad en la narración de los hechos no solo en su aspecto material, sino también en el sentido que les otorgó su Maestro.
Sin embargo, según es fácil deducir de la información evangélica, el significado de la pasión, a pesar de las explicaciones de Jesús, no fue acogido de inmediato por los discípulos, que cayeron en la tentación de la duda y estuvieron dominados por el miedo. En efecto, al conocer la condena del tribunal supremo judío y la posterior muerte de Jesús en cruz, percibieron estos hechos como escandalosos, como el fracaso definitivo de la misión de Aquel que seguían. Si pudieron superar aquella terrible prueba de fe, leyendo de un modo diferente lo que había sucedido en Jerusalén aquel viernes del mes de Nisán, no fue porque se pusieron a reflexionar sobre los textos del Antiguo Testamento. Solo otro acontecimiento imprevisible, la resurrección de Jesús, pudo sacarles de la desolación que les embargaba y permitirles superar la gran prueba. Después, gracias a la convivencia con el Resucitado, de escucharle su modo de interpretar lo sucedido a la luz de las profecías del Antiguo Testamento, pudieron ofrecer una explicación diferente de los hechos. Solo una inteligencia como la de Jesús pudo comprender los textos sagrados, solo Él pudo introducir una exegesis tan novedosa. Los hechos superaban los anuncios proféticos, esos textos sagrados no eran un relato previo de lo que iba a suceder; por tanto, ninguno de estos pasajes coincidía por completo con lo sucedido en ese viernes. Las palabras de los textos sagrados no eran suficientes para desvelar la profundidad de los hechos a cualquier contemporáneo de Jesús conocedor de esas profecías. Solo el mismo Jesús pudo desvelar su sentido profundo, su verdadero significado. Luego, los apóstoles, de modo particular Pablo, penetrarán en sus palabras e intentarán expresarlas de forma más teológica. Pero no inventaron nada. El hecho y su significado eran demasiado excepcionales para que pudieran inventarlos. Los evangelistas, narrando los hechos sucedidos, transmitieron también la interpretación que de ellos dio el mismo Jesús.
Afirma H. Schlier, «cada acontecimiento histórico remite a su texto y tiene un texto. Sin este no hay 'acontecimiento' en el pleno sentido de la palabra 10. Los evangelistas transmiten estos acontecimientos dentro de un relato, de una composición literaria. En este sentido, es absolutamente necesario entender perfectamente la narración escrita contenida en los evangelios, intentado resolver todas las oscuridades lingüísticas que encontramos en ella, al mismo tiempo que debemos prestar atención a los hechos que testimonian y a su modo de narrar. Solo así podremos alcanzar el verdadero significado de la historia de la pasión. Y una clave que hay que tener en cuenta para resolver las dificultades y extrañezas que contienen algunos relatos es el origen semítico de la tradición evangélica. Es siempre peligroso interpretar un texto o apelar a su sentido teológico sin haber intentado resolver todas sus extrañezas redaccionales 11. Pues bien, este estudio filológico en los evangelios nunca será completo si no se especifica, en caso necesario, como filología bilingüe; es decir, greco-semítica, ya que la tradición evangélica, como hemos intentado mostrar en otros estudios, fue formulada originalmente en arameo 12. En nuestro estudio, el recurso al sustrato semítico será fundamental para resolver tanto las oscuridades lingüísticas, como algunas divergencias entre los relatos evangélicos. Ciertamente las reconstrucciones ofrecidas son hipótesis de lectura, pues no nos han llegado los textos semíticos de los evangelios. Pero creemos que la utilización de tal recurso en la interpretación de los textos evangélicos 'queda abalado por la luz que arroja sobre ellos.
Por otra parte, los relatos evangélicos, aunque sean fieles a.lo sucedido, no tienen el estilo de las obras históricas de Plutarco, Tácito o Suetonio. La historia de la pasión está narrada por cristianos, como el mismo relato evidencia, y se dirige también a cristianos para confirmar su fe. A veces, esta intención teológica de los autores sagrados se ha indicado como una objeción a la autenticidad de lo narrado en los evangelios al considerar que su finalidad principal era apologética. Pero la fe cristiana es esencialmente histórica, nace y se apoya en unos acontecimientos que sucedieron realmente. Por tanto, anuncio y acontecimiento histórico son inseparables; es decir, la predicación cristiana solo tiene consistencia en cuanto son verdaderos los hechos que se testimonian.
Afirma Léon-Dufour: «Sin el hecho del que se declara garante, esta fe no tiene razón de ser; así lo evidencian claramente san Pablo (1Cor 11; 15) o los relatos de control eclesiástico narrados en los Hechos de los Apóstoles (Hch 8). Su edificio reposa en el hecho de la pasión y resurrección de Jesús. A partir del hecho se elabora la teología ulterior del bautismo y de la conducta cristiana. La ligazón con la vida terrestre de Jesús es tal que la comunidad se muestra cuidadosa en el conservar los testimonios de aquellos que acompañaron a Jesús desde el bautismo de Juan (Hch 1,22), vida terrestre de la que la comunidad se hace garante (cf, Hch 2,32; 3,15; 4,33; 5,32; 10,41; 13,31...). Y esta comunidad no es un masa anónima, sino un grupo estructurado que animan y guían los testigos oficiales»13.
No obstante, si comparamos los diferentes evangelios entre sí, es fácil identificar llamativas diferencias, e incluso contradicciones, en la transmisión de lo acontecido: Las más llamativas se encuentran en el cuarto evangelio respecto a los tres sinópticos. Recordemos las principales. Según los tres primeros evangelistas, la última cena tuvo lugar con ocasión de la celebración pascual; según Juan, sin embargo, parece ser una comida de despedida. El cuarto evangelio transmite un largo discurso pronunciado durante esta cena, del que no existe ninguna huella en los evangelios sinópticos; solo Lucas hace referencia a un discurso de Jesús, mucho más breve, durante el banquete. También Juan parece desconocer el juicio ante el sanhedrín, pues Jesús comparece ante el sumo sacerdote Anás; su interrogatorio tiene el aire de ser una instrucción preparatoria para llevarlo ante el tribunal de Pilato. Llamativa es la divergencia que existe entre los evangelistas respecto a la fecha en que murió Jesús: mientras que el cuarto evangelista parece colocar la muerte de Jesús en el 14 de Nisán, los tres primeros la sitúan en el 15 de Nisán, día de la Pascua judía.
No obstante, los cuatro evangelistas coinciden en afirmar que fue viernes el día de la semana en que murió Jesús. Además Juan ofrece informaciones desconocidas por los sinópticos, como el lavatorio de los pies, el largo diálogo de Pilato con Jesús, la flagelación como pena independiente de la crucifixión, la presencia de la Virgen María y el apóstol amado a los pies de la cruz. Pero también una comparación atenta de los tres primeros evangelios entre sí pone en evidencia llamativas diferencias. Las más vistosas son las informaciones que aparecen en uno de ellos y son ignoradas por los otros. Así, Mateo refiere la intercesión de la mujer de Pilato a favor de Jesús, los fenómenos acaecidos después de su muerte en cruz y la petición que las autoridades judías dirigieron a Pilato para que la tumba estuviera vigilada por algunos días. Lucas, por su parte, narra el juicio de Jesús ante Herodes Antipas, el lamento de las mujeres en el camino al Calvario y su diálogo con el buen ladrón, además de algunos dichos pronunciados durante la última cena.
Los estudiosos han intentado 'explicar estas diferencias, o al menos justificarlas, apelando sobre todo a la intención literaria o teológica del evangelista; aunque no se ponen de acuerdo a la hora de explicar dicha finalidad teológica. En otras palabras, los exegetas no logran alcanzar una explicación unánime de los grandes problemas que contienen los relatos de la historia de la pasión. Por ello, no es extraño que no pocas cuestiones se sigan debatiendo todavía hoy, después de décadas de estudio. Entre otras, la fecha de la muerte de Jesús, el carácter pascual de la última cena, el papel jugado por las autoridades judías en la condena de Jesús, la competencia judicial del sanhedrín durante la dominación romana, o la realidad histórica del privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás, ya que fuera de los evangelios no se han encontrado informaciones claras que la confirmen.
Por otra parte, algunos estudiosos dudan de que en el breve espacio de tiempo de menos de un día, como sostienen los relatos evangélicos, hayan podido suceder todos los acontecimientos de los que nos informan los evangelistas. Por añadidura, parece imposible alcanzar una coincidencia en la reconstrucción topográfica y la secuencia temporal de los hechos narrados.
Con este libro intentaremos responder desde el punto de vista histórico a algunas de las cuestiones mencionadas e indicaremos pistas de solución para otras. No obstante, somos conscientes de que este esfuerzo por hallar una solución a los problemas históricos y literarios que plantean estos relatos no es suficiente para desvelar el significado de lo que ocurrió ese viernes de Nisán en Jerusalén. Ciertamente la racionabilidad de la fe se fundamenta sobre la realidad histórica, y por ello es decisivo mostrar la validez histórica del testimonio evangélico. Pero para conocer el significado de lo acontecido se requiere una inteligencia que no nace del estudio histórico y filológico, sino de la pertenencia a la Iglesia, donde pervive el acontecimiento y el testimonio que nos legaron los testigos.
A lo largo del libro, en breves comentarios, iremos aludiendo a dicho significado, prestando ante todo atención a la conciencia que manifestó Jesús a través de su comportamiento y sus palabras.
La celebración litúrgica de la pasión de Jesús comienza el domingo de Ramos con su entrada triunfal en Jerusalén. Las versiones modernas de los evangelios sinópticos suelen indicar como prólogo a la pasión la conspiración de los miembros del sanhedrín para acabar con Jesús 14.
Según la narración evangélica, en los días posteriores a su entrada en Jerusalén Jesús subió a la ciudad santa para desarrollar allí una actividad de enseñanza y predicación en el área del templo. Al final de cada jornada, volvía a Betania, a la casa de Lázaro, donde pasaba la noche. El día previo a la pascua, cuando se mataban los corderos en el templo, Jesús encargó a dos de sus discípulos preparar todo lo necesario para celebrar la cena pascual.
Algunos estudiosos consideran este evento el verdadero comienzo del relato de la historia de la pasión. Nuestro estudio, sin embargo, se centrará en los sucesos acaecidos desde el prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos hasta su sepultura. Ahora bien, creemos necesario abordar algunas cuestiones previas que ayuden a enmarcar mejor la pasión y muerte de Jesús. Por eso, en el capítulo inicial centraremos nuestra atención en tres problemas.
Por una parte, estudiaremos las noticias cronológicas que tenemos recogidas en los evangelios sinópticos y en el cuarto evangelio, con el fin de situar los acontecimientos relacionados con la muerte de Jesús.
En segundo lugar, intentaremos averiguar si la decisión de acabar con Jesús que tomó el tribunal supremo judío fue repentina y sin premeditación o, por el contario, conducida de forma consciente durante un largo periodo de tiempo. Por último, examinaremos algunos de los gestos y palabras de Jesús en la última cena para identificar el significado que confirió a su muerte. En el resto de los capítulos abordaremos varias dificultades que los estudiosos han identificado en las principales escenas de la historia de la pasión, desde el prendimiento de Jesús hasta su sepultura. Entre otras, la presencia de los soldados romanos en el prendimiento de Jesús, la muerte de Judas, el motivo de la condena de Jesús por el alto tribunal judío, el sueño de la mujer de Pilato, el privilegio pascual, las noticias cronológicas dispares; además de detenernos a estudiar la conciencia de Jesús ante su muerte y el valor que le otorgó.
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1 Cf. R. Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses.The Gospels as Eyewitness Testimony (Eerdmans, Grand Rapids 2006) 14-147. Sobre la antigüedad de estos relatos véase, J.B. Green, «Passion Narrative», en J.B. Green-S. McKnight-1.H. Marshall (ed.), Dictionary of Jesus and the Gospels (lnterVarsity, Downers GroveLeicester 1992) 604; R.E. Brown, The Death of the Messiah. From Gethsemane to the Grave. A Commentary on the Passion Narratives in the Four Gospels (Doubleday, New York 1994) 92.
2 X. Léon-Dufour, «Passion (Récits de la)»: DBS 6 (1960) 1481. Cf. también R.E. Brown, The Death of the Messiah, 53-57.
3 X. Léon-Dufour, «Passion», 1440.
4 M. Kahler, The So-Called Historical Jesus and the Historical Biblical Christ, (Fortress, Philadelphia 1964) 80 nota 11.
5 Véase, por ejemplo, en el Evangelio según Marcos las diferentes referencias a la pasión y muerte de Jesús: 2,7; 3,6.22-30; 8,31; 9,31; 10,33s; 11,18; 12,12
6 A. Vanhoye, «I racconti della Passione nei vangeli sinottici», en Varios, La Passione secondo i quattro Vangeli (Queriniana, Brescia 52003) 16s.
7 Por ejemplo, J.D. Crossan, The Cross that Spoke. The Origins of the Passion Narrative (Harper&Row, San Francisco 1988).
8 Por ejemplo, el lamento de las mujeres era la forma de acompañar al condenado; el reparto de los vestidos u ofrecer una bebida fuerte entraban dentro de la realización normal de una crucifixión; también era normal indicar mediante un titulus el motivo de condena; etc.
10 H. Schlier, Sobre la resurrección de jesucristo, (30Días, Roma 2008) 14.
11 Hace algunos años J. Carmignac, Recherches sur le 'Notre Pere' (Letouzey&Ané, París 1969) 6s, insistía con razón en la prioridad de un estudio filológico serio antes de identificar el sentido teológico del relato: «Puesto que una buena teología supone una buena exégesis, y una buena exégesis supone una buena filología, la solidez de las bases filológicas es la garantía indispensable de las exposiciones exegéticas y teológicas. De ahí que yo haya dado siempre la prioridad a la filología, precisamente para llegar a una mejor exégesis y una mejor teología».
12 Varios libros de la colección Studia Semítica Novi Testamenti se centran en pasajes difíciles que adquieren luz apelando a un original semítico del pasaje evangélico. Nuestro estudio tendrá en cuenta lo publicado en dicha colección.
Esta Vida de Cristo ha tenido largos años de gestación. Constituye la obra más completa del obispo Fulton Sheen y es fruto de cinco lustros de investigaciones y estudios. Pero la comprensión más profunda de la unidad inseparable que forman Cristo y su cruz, pensamiento central de la obra, vino a la mente del autor cuando se vio muy cerca de la cruz en horas de obscuridad, dolor y aflicción.
El saber se adquiere en los libros; pero la penetración de un misterio proviene del sufrimiento. No se trata de una vida de Cristo estrictamente cronológica dentro de un marco geográfico.
Esta obra tampoco tiene nada que ver con la alta crítica; este asunto ya ha sido ampliamente tratado por otros autores. Pero aunque el autor de una biografía de Cristo no mencione autores ni teorías de la alta crítica, el conocimiento de ellos no deja de ser una premisa indispensable para escribir sobre este tema.
No pretende el autor relatar simplemente una vez más los incidentes de la vida de Cristo, que nos son ya tan familiares, sino ofrecer una exposición dramática y dinámica de la significación de Jesucristo como salvador del mundo y dar luz a las almas para que comprendan que todo sufrimiento es realmente la «sombra de la mano de nuestro Salvador extendida en ademán de acariciarnos».
La obra de SHEEN es un mensaje de actualidad dirigido a cuantos vivimos en este mundo moderno que ha divorciado a Cristo de su cruz. Pero un Cristo sin un sacrificio que reconcilie al mundo con Dios es un predicador ambulante, barato, afeminado, incoloro, que si merece la popularidad por su gran sermón de la montaña merece también la impopularidad por cuanto afirmó acerca de su divinidad, por un lado, y cuanto manifestó acerca del divorcio, el juicio final y el infierno, por otro.
Con frecuencia nos encontramos con este Cristo sentimental, remendado con mil lugares comunes, sustentado a menudo por etimologistas académicos, incapaces de ver la Palabra por encima de las letras.
Sin su cruz, Cristo queda reducido a una fraternidad sin lágrimas. Nada más distante de este Cristo que el protagonista de la obra de FULTON SHEEN, ya que el autor sabe proyectar nuevos raudales de luz sobre los pasajes del evangelio y encuentra inéditos significados en sucesos tantas veces referidos.
Es un libro escrito y empapado de pasión y de amor por JESUCRISTO. Y, eso contagia...
PREFACIO
Satán puede aparecerse bajo numerosos disfraces, en forma de Cristo, y en los últimos tiempos aparecerá como un bienhechor y un filántropo, pero Satán nunca se ha aparecido ni se aparecerá jamás con llagas en el cuerpo. Sólo el amor del cielo puede ostentar las señales del don más grande que el amor nos hizo en una noche que no volverá. En realidad, sólo hay dos filosofías de la vida: para una, primero es el banquete y luego el dolor de cabeza; para la otra, primero es el ayuno y luego el banquete. Los goces diferidos por el sacrificio resultan siempre los más dulces y duraderos. Los antiguos enseñaron que la prosperidad o el éxito que alguien disfruta sin ningún sufrimiento provoca el desagrado de los dioses. Heródoto nos habla de un rey egipcio que rompió las relaciones que le unían con su amigo Polícrates, tirano de Samos, porque nada llegaba a empañar la prosperidad de éste, ni siquiera un «punto de amargura que brotara en medio de aquella fuente de dulzura».
El cristianismo, a diferencia de como suele empezar cualquier otra religión del mundo, comienza con catástrofe y fracaso. Las religiones «optimistas» de inspiración psicológica se hunden en la calamidad y se marchitan en la adversidad. En cambio, la vida del fundador del cristianismo empieza con la cruz, pero termina con una tumba vacía y la victoria. La vida de Jesucristo difiere de todas las otras vidas en muchos aspectos, tres de los cuales vale la pena destacar: 1. La cruz se halló al fin de su vida en el tiempo, pero en el comienzo de ella en cuanto a la intención y propósito de su venida a este mundo. De ahí que sus biógrafos, que fueron martirizados en testimonio de la verdad que dejaron escrita, dedicaran un tercio de los tres primeros evangelios y un cuarto del cuarto evangelio a describir los sucesos de su pasión y resurrección.
2. De la misma manera que el hombre no procede sólo de la naturaleza, puesto que en su alma nos muestra una misteriosa x que no se halla contenida en sus antecedentes químicos y biológicos, así tampoco Cristo procedía exclusivamente de la humanidad. 3. Su legado no fue un tratado de ética o una colección de preceptos morales, ni tampoco un despertar al pecado social porque los hombres no quisieran oír hablar de pecado personal, sino una confrontación de la culpa humana con el amor de Dios, amor que perdona, amor que a Dios le cuesta algo. Odiando el pecado y amando a los pecadores; condenando el comunismo y amando a los comunistas; despreciando la herejía y amando a los herejes; recibiendo de nuevo a los errados en el tesoro de su corazón, pero sin admitir jamás el error en el tesoro de su sabiduría; perdonando a los pecadores que la sociedad ya había condenado, pero mostrándose intolerante ante los que pecaron y cuyo pecado permaneció impune a los ojos de los hombres, reservó, sin embargo, sus más destructivas explosiones de ira para aquellos que siendo pecadores negaron el pecado, para aquellos que siendo culpables dijeron que sólo tenían un complejo.
Finalmente, fue Él quien se desató en explosiones de ira al contemplar proféticamente la condenación y ruina de aquellos enfermos de cáncer moral que rehúsan aprovecharse de la medicina que Él adquirió a precio mucho más elevado que la sangre de corderos. El mundo moderno, que niega el delito personal y sólo admite crímenes sociales, que no encuentra sitio para el arrepentimiento personal y lo halla sólo para reformas públicas, ha divorciado a Cristo de su cruz; el esposo y la esposa han sido separados. Lo que Dios había juntado, los hombres lo han desunido. Como resultado, tenemos la cruz a la izquierda y Cristo a la derecha. Cada uno ha estado aguardando nuevos compañeros que los adopten en una especie de segunda y adulterina unión. Viene el comunismo y se apodera de la cruz, exenta de significado por sí sola; viene la civilización occidental postcristiana y escoge para sí al Cristo sin llagas. El comunismo ha elegido la cruz en el sentido de que ha devuelto a un mundo egotista una idea de disciplina, de abnegación, de sumisión, de dura labor, de estudio y de consagración a fines supraindividuales. Pero la cruz sin Cristo es sacrificio sin amor. De ahí que el comunismo haya producido una sociedad autoritaria, cruel, opresora de la libertad humana, llena de campos de concentración, pelotones de fusilamiento y lavados de cerebro.
La civilización occidental postcristiana ha elegido a Cristo sin la cruz. Pero un Cristo sin un sacrificio que reconcilie al mundo con Dios es un predicador ambulante barato, afeminado, incoloro, que merece llegar a ser popular por su gran sermón de la montaña, pero que merece también la impopularidad por lo que dijo, por un lado, acerca de su divinidad y lo que manifestó, por otro, acerca del divorcio, el juicio y el infierno. Este Cristo sentimental aparece remendado con mil lugares comunes sustentados a menudo por etimologistas académicos incapaces de ver la Palabra por encima de las letras, o confundidos más allá del reconocimiento personal por un principio dogmático según el cual todo lo que es divino ha de ser necesariamente un mito. Sin su cruz, Cristo queda reducido a un insoportable precursor de la democracia o a un humanitario que enseñó una fraternidad sin lágrimas. El problema que actualmente se plantea es el siguiente: ¿acaso la cruz que el comunismo sostiene en sus manos encontrará a Cristo antes de que el Cristo sentimental del mundo de occidente encuentre la cruz?
Creemos que Rusia hallará a Cristo antes que el mundo occidental acierte a unir a Cristo con su cruz redentora. Para aquellos que busquen una vida de Cristo estrictamente cronológica dentro de un orden geográfico, recomendamos, como la mejor de todas, la escrita por GIUSEPPE RICCIOTTI, Vida de Jesucristo. Nuestra obra no tiene nada que ver con la crítica bíblica, en parte porque este asunto ha sido tratado ya ampliamente por Lebreton, Grandmaison, Lagrange y otros autores, y también porque ninguna teoría crítica dura mucho más allá de una generación. Bauer cede el sitio a Strauss; Strauss a Wellhausen; Wellhausen a Harnack y a Renán; y ambos lo ceden a Schweitzer y a Loisy. Cuando estas últimas teorías perdieron el apoyo popular, se presentaron Schmidt, Bultmann, Albertz, Betram y otros. Pero los lectores que han seguido las refutaciones científicas y críticas de Bultmann hechas por Leopoly Malevez, René Marlé y otros, saben que están perdiendo ya el apoyo popular entre los exegetas bíblicos. Pero aunque el autor de una biografía de Cristo no haga mención de alguno de los autores o teorías antes indicados, no quiere decir que el conocimiento de ellos no sea una premisa indispensable para escribir sobre este tema. Ninguna forma de crítica, ni siquiera la de Strauss, ha dejado de hacer más profundo el conocimiento de aquellos que primeramente han de conocer los evangelios desde el punto de vista técnico y de crítica antes que se hallen en disposición de tratar de manera adecuada la vida de Cristo.
"La misión de un maestro es la más Sublime que puede existir: modelamos las almas de los niños, les hacemos hombres. Cuántas veces, un maestro con su ejemplo, evita que un niño se aleje del buen camino y, ¡qué maravilloso es verlos crecer!; pasar de una clase a otra; conocerlos desde pequeños y, cuando ya están en condiciones de enfrentarse con la vida, despedirse. De nosotros depende de que esa vida sea más feliz para ellos. Somos nosotros los que formamos a los futuros hombres...".
Don Juan, maestro nacional de una aldea gallega y pintor, es trasladado por el Ministerio a la capital, donde expone sus proyectos sobre la creación de una gran escuela de pintura. Ya en la ciudad, su único hijo, Juan, de ocho años de edad, sufre un accidente mortal. A partir de ese instante los anhelos y proyectos del maestro se derrumban. Pero un día aparece en su clase un niño nuevo que ocupa el pupitre de su hijo...
El maestro es una coproducción hispano-italiana de drama estrenada en 1957, dirigida, escrita e interpretada por Aldo Fabrizi, en la que fue su última película como director. Fue rodada íntegramente en España en doble versión. La española, sustancialmente idéntica, fue dirigida por Eduardo Manzanos Brochero.
El guion de la película está basado en la novela corta "Dabar" de Luis Lucas Ojeda.
La película fue candidata a conseguir el León de Oro del Festival de Cine de Venecia. Además, en España obtuvo el Premio Especial al Actor Extranjero en Película Española (Aldo Fabrizi) y Mejor Argumento Original (Luis Lucas y José Gallardo), otorgados por el Círculo de Escritores Cinematográficos.
El neorrealismo italiano tuvo en el actor, guionista y director Aldo Fabrizi (1905-1990) un buen referente en sus contenidos: su cine, próximo a una sociedad que rechazaba la grandilocuencia cinematográfica en favor de mostrar las relaciones sencillas y humanas de la sociedad del momento, escribió junto a Luis Lucas, José Gallardo y la colaboración de Mario Amendola, el guión de "El maestro" (1957) basado en la novela corta "Dabar" de Luis Lucas Ojeda.
La larga y fructífera carrera de Aldo Fabrizi en el cine, iniciada en 1942,dio pronto buenos resultados con su interpretación como sacerdote en "Roma, ciudad abierta" (1945) de la mano de Rossellini. Seguiría un frondoso camino creativo demostrado en las singulares interpretaciones que le marcarían el camino: "Vida de perros" (1950) de Monicelli, "Una hora en su vida"(1950) de Blasetti, por la que recibió premios y reconocimiento internacional o "El ángel vestía de rojo" (1960) de Nunnally Johnson que junto al elenco internacional Ava Gardner, Dick Bogarde o Joseph Cotten entre un extenso reparto, marcaría definitivamente el buen hacer de Aldo.
"El maestro" (1957) narra los acontecimientos de un maestro de pueblo y de su hijo, destinado a la Escuela Santa María, en la capital, donde además espera noticias para hacer realidad la construcción de una escuela de pintura, lo que resume el contenido esencial de esta agridulce comedia. Alfredo Mayo, Julia Caba Alba, Mary Fernández, Julio Sanjuán, José Calvo, Mercedes Barranco, o el mismo Aldo Fabrizi, más el colorido y variopinto grupo de alumnos nos lleva a vivir desde la proximidad emocional las deficiencias y los anhelos propios de cada cual: bautizos, convivencias, relaciones, conocimientos, aprendizajes, superaciones..., todo mezclado nos da un resultado donde la fugacidad de los acontecimiento irrumpe sin piedad, así como el resultado a los conflictos personales del maestro acompañado por el toque surrealista de un niño, (protagonizado por Marco Paoletti) un pincel y un silbido que entrelaza la trama y que sorprendentemente nos lleva al desenlace de esta coproducción ítalo-española propia del neorrealismo italiano.
Sergio Leone como ayudante de dirección, Luis María Delgado como director adjunto y la música de Carlo Innocenzi y Isidro B. Maiztegui entre un voluminoso equipo técnico, dieron forma a "El maestro", película reconocida y valorada al ser nominada al León de Oro del Festival de Venecia de 1957.
El maestro | Película Completa | Drama
Un docente innovador es requerido por el ministerio para que explique sus proyectos, pero mientras él está en la capital su hijo muere. El maestro se derrumba y sólo la misteriosa aparición de un niño nuevo en su clase le devuelve la ilusión por la enseñanza.
Mario Vargas Llosa es, sin duda, uno de los escritores más extraordinarios de la literatura univenal. La concesión, por fin, del Premio Nobel en 2010, ante la aceptación general de la crítica y de sus millones de lectores, no ha sido más que la confirmación pública y solemne de que se trata de uno de los más grandes novelistas de la historia. Y, desde luego, de la historia de la literatura en español, donde puede colocarse en la estela de Cervantes, junto a un Galdós, por ejemplo.
Desde que en 1959 publicó los relatos de "Los jefes" hasta "El sueño del celta", con el que nos maravilló el pasado otoño, Mario Vargas Llosa no ha parado de inventar historias con las que nos ha seducido, de crear personajes con los que nos ha emocionado y de retratar pasiones humanas en las que, con frecuencia, nos hemos visto reflejados. En definitiva, en estos más de 50 años de escritura, con una constancia admirable y con una dedicación envidiable, Mario Vargas Llosa ha ido elaborando una obra literaria que asombra y seduce a cuantos se acercan a ella.
Pero su actividad intelectual no se ha limitado a crear esos personajes que ya son inmortales o a contar esas historias apasionantes que llenan sus novelas. Como estricto hijo de su tiempo, como les ha ocurrido a la inmensa mayoría de los escritores desde el «J'accuse» de Zola a favor del denigrado capitán Dreyfus, Mario Vargas Llosa también se vio impelido a dar testimonio de sus convicciones políticas desde casi los inicios de su carrera literaria. Y como también una notable mayoría de esos escritores, Mario Vargas Llosa empezó sus manifestaciones políticas al lado de los defensores de posiciones marxistas, revolucionarias y, por qué no reconocerlo, totalitarias. No es extraño, por eso, el entusiasmo con que saludó y apoyó la Revolución cubana. En eso no hacía más que lo mismo que casi todos los intelectuales de Occidente llevan haciendo desde que el diabólico Willi Münzenberg ideara, allá por los años veinte y por encargo de Lenin, la identificación de los artistas y los creadores con la revolución, soviética, por supuesto. Esa identificación de los intelectuales con posturas totalitarias, por aberrante que hoy pueda parecernos, se sigue dando, y ahí están, de vez en cuando, las listas de «abajo firmantes» que o bien defienden posturas inequívocamente colectivistas o bien atacan con saña cualquier propuesta liberal.
Así, el Vargas joven de los años cincuenta y sesenta fue, tal y como se decía en el argot político de la época, un «compañero de viaje» de los movimientos comunistas de Europa y de América Latina. Como lo fueron tantos, como lo fueron casi todos.
La brutal invasión soviética de Checoslovaquia en agosto de 1968 comenzó a arrancarle la vendade los ojos y el caso de Heberto Padilla, con la siniestra farsa de aquella «autocrítica» en La Habana de la primavera de 1971, le hizo romper para siempre con el marxismo, el socialismo, el estatismo y el colectivismo, en los que había creído como posibles soluciones para los males de, sobre todo, los países de Hispanoamérica.
Supongo que esta ruptura tuvo que ser dolorosa porque siempre es doloroso abandonar una cofradía, en la que encuentras amparo y compañía y donde te ofrecen respuestas predeterminadas para todo, y salir a la intemperie, donde sólo cuentas con tu inteligencia y con tu decidida voluntad de elaborarte tú mismo las respuestas para todas las cuestiones políticas que se te planteen. Pero eso es lo que hizo Mario Vargas Llosa, salir a la intemperie. Y así, aunque le costó romper con amistades antiguas, recibir las críticas sectarias de muchos y comprobar en su propia carne cómo se las gastan los hijos de Willi Münzenberg con los que abandonan ese redil del «progresismo», donde no caben ni la disidencia ni el pensamiento verdaderamente crítico, Vargas Llosa inició un itinerario intelectual y político que me atrevo a afirmar que no tiene igual en la historia de los escritores del último siglo.
Mario Vargas Llosa, desde los años setenta del siglo pasado hasta nuestros días, ha dedicado muchas horas y muchos esfuerzos de su trabajo intelectual a elaborar un pensamiento político para dar respuesta al problema central al que se enfrenta cualquiera que se preocupe por el bien común, y que no es otro que mostrar cuál es el mejor camino para alcanzar el máximo desarrollo y bienestar en una sociedad y en un país. Y a esa tarea de búsqueda de las mejores soluciones ha dedicado desde entonces toda su portentosa inteligencia y su proverbial disciplina intelectual y literaria para expresar y comunicarnos sus reflexiones con una claridad y una nitidez extraordinarias.
Para elaborar su pensamiento político, Vargas Llosa ha tenido que luchar, en primer lugar, con su propia condición de novelista. Porque, como muy bien explica en este ensayo Mauricio Rojas al comentar el libro de Mario Vargas Llosa La verdad de las mentiras, todo escritor, en sus novelas, siempre expresa alguna acusación contra lo existente y, con frecuencia, imagina soluciones que se emparentan con lo utópico. Y la experiencia nos ha demostrado cumplidamente que allá donde aparece una utopía como móvil de la política siempre se esconde el germen del totalitarismo. Alertado de ese peligro, el peregrinar de Vargas Llosa para construir su pensamiento político al margen de dogmas, de tópicos o de prejuicios, lo inició con la ayuda de sus dos principales armas intelectuales: leer y escribir.
Ya está universalmente aceptado que Mario Vargas Llosa es uno de los más grandes escritores de la historia. Además, yo añadiría que también es uno de los mejores lectores de todos lostiempos. De su excepcional capacidad para analizar textos literarios y a sus autores nos ha dejado innumerables muestras. Ahí están sus deslumbrantes ensayos sobre el Tirant lo Blanc de Joanot Martorell o sobre la obra de autores como Gabriel García Márquez, Gustave Flaubert, Victor Hugo, José María Arguedas, Azorín, Juan Carlos Onetti y hasta Corín Tellado.
Así, através de sus artículos y de sus ensayos, Mario Vargas Llosa ha ido describiendo la evolución de su pensamiento político desde su ruptura con cualquier vestigio de colectivismo hasta el liberalismo en el que acabó desembocando su apasionante y arriesgada trayectoria de honesto intelectual que indaga, sin prejuicios, en lo más hondo de los asuntos.
El objetivo cumplido de este libro de Mauricio Rojas es, precisamente, describir esa trayectoria que ha llevado a Vargas Llosa a ser beligerante en la defensa de unos valores y principios que considera irrenunciables: el Estado de derecho, los derechos humanos, la democracia, la tolerancia, la propiedad privada, la economía de mercado y todo lo que hace posible la existencia de la creación más única y valiosa de la civilización occidental: la libertad individual, como el propio Rojas nos señala en su libro.
La defensa a ultranza del capitalismo y de la economía de mercado ha convertido a Vargas Llosa en una de las «bêtes noires» más odiadas y denostadas por los que aún militan en las ruinas de los caducos y siniestros movimientos comunistas y sus aledaños. Y, en justa contrapartida, también lo ha convertido en una de las personalidades más admiradas y queridas por todos los que siempre vamos a anteponer la libertad de los individuos a cualquier «raison d'État».
Como todos sabemos, su adhesión, racional y razonada, al liberalismo no ha sido sólo una toma de postura meramente teórica. Mario Vargas Llosa en 1990 creyó que tenía un compromiso con su país y descendió al terreno del juego político para optar a la presidencia de Perú. Era el paso que le faltaba para completar su ejemplar trayectoria política. Frente a tantos intelectuales de los países desarrollados y ricos que, desde el confort de la «gauche divine» de la sociedad occidental, predican el colectivismo marxista como panacea para los países pobres, Vargas Llosa bajó a la arena política peruana para presentarles a sus compatriotas un proyecto abierto, liberal y alejado de todo intervencionismo. Y bajó al difícil ruedo de la política con la honestidad y la sinceridad por banderas, sin recurrir a promesas populistas ni a declaraciones demagógicas, es decir, sin mentir a sus posibles electores.
Aquel rasgo de coraje político al que le llevaron su honradez intelectual y el amor a su primera patria se saldó con un fracaso político y, al mismo tiempo, con un rotundo éxito humano y con una riquísima experiencia, que, con la brillantez de siempre, nos contó en ese apasionante y seductor libro que es "El pez en el agua". Un libro que explica en primera persona muchos de los hitos de esa evolución política que Mauricio Rojas analiza aquí. "El pez en el agua" es un libro que todos los políticos -y, en especial, los que como yo nos consideramos liberales- debemos leer para comprender que la verdadera victoria moral en unas elecciones es mantenerse fiel a los propios principios y valores, y no caer ni en promesas falsas ni en halagos demagógicos.
Mauricio Rojas, en este libro que expone con extraordinaria brillantez la evolución política de Mario Vargas Llosa, ha querido dedicar un largo y profundo capítulo a la importancia que en esa evolución ha tenido el hecho de ser latinoamericano y de haber vivido con intensidad y apasionamiento las convulsiones políticas de ese continente en las últimas décadas. Probablemente es en la aplicación concreta a la política latinoamericana donde mejor se comprende la evolución ideológica y política de nuestro Premio Nobel. Ya en 1984, en el prólogo de su emocionante Historia de Mayta, Mario Vargas Llosa confiesa que hubo unos años, los de su primera juventud, «en que, en América Latina, se hizo religión la idea, entre impacientes, aventureros e idealistas (yo fui uno de ellos), de que la libertad y la justicia se alcanzarían a tiros de fusil». Pues bien, como explica Rojas siguiendo a Vargas Llosa, «en América Latina se han probado todos los sistemas sociales, menos el de la libertad integral».
Y a criticar todos los sistemas de raigambre más o menos totalitaria que con frecuencia han embelesado a los países de la América hispana, y a defender la libertad como raíz de las políticas más eficaces para lograr esa justicia y ese progreso que tantas veces se les ha vedado a los latinoamericanos, ha dedicado Vargas Llosa muchos de sus mejores escritos políticos. Y es curioso constatar que el más cosmopolita de los grandes escritores de América, el que vive igual de a gusto en Madrid, Londres, París, Nueva York que en Lima, es, al mismo tiempo, el que más se ha manchado las botas en la política concreta de su país. En este sentido, las páginas del libro de Mauricio Rojas dedicadas al pensamiento político de Vargas Llosa sobre América Latina son imprescindibles. Como creo, con nuestro autor, que es imprescindible que esos países sigan la senda de la libertad, de la sociedad abierta, de la economía de mercado y del Estado de derecho y eviten para siempre los caudillismos, la demagogia, los mesianismos y, por supuesto, los totalitarismos en todas sus formas.
De la lectura de este libro y de la lectura de las miles de páginas en las que Mario Vargas Llosa ha dado cuenta de la evolución de su ideas políticas me queda una última lección, la de no rehuir jamás el debate ideológico con los que mantienen posiciones diferentes a las mías. Justo como ha hecho siempre Vargas Llosa. Y dada la coincidencia de mis ideas políticas con las suyas, estoy segura de que, con frecuencia, utilizaré los argumentos que él ha sido capaz de articular para defender la libertad con una contundencia y una brillantez inigualables.
En un ensayo sobre la visión de la historia de Tolstoi el gran historiador de la ideas Isaiah Berlin usa el fragmento recién citado del poeta griego Arquíloco para clasificar a los seres humanos en dos grandes categorías: aquellos (los erizos) que buscan ordenar sus conocimientos y experiencias en un sistema único, basado en un principio que todo lo abarca y explica (por ejemplo, la Providencia divina o las así llamadas leyes de la naturaleza, la razón o la historia), y aquellos (las zorras) que pueden vivir con una multiplicidad de vivencias y explicaciones, sin tratar de integrarlas en un todo coherente ni buscando un sentido común a la diversidad de la experiencia humana. Los erizos tienen, según nos dice Berlin, una visión “centrípeta” de la vida, mientras que por su parte las zorras “llevan vidas, realizan acciones y sostienen ideas centrífugas” (Berlin 2009:39).
Los erizos son, por definición, los grandes planificadores y pueden realizar obras portentosas, pero tienden a amenazar la diversidad y la tolerancia. Las zorras, por su parte, viven y conviven naturalmente con la variedad y las contradicciones de la existencia, pero su vitalidad puede fácilmente dispersarse y sus vidas transformarse en una experiencia caótica y frustrante. En una serie de comentarios escritos en 1980 bajo el título Isaiah Berlin, un héroe de nuestro tiempo Mario Vargas Llosa saca la siguiente conclusión de la distinción recién referida: “Disfrazado o explícito, en todo erizo hay un fanático; en una zorra, un escéptico”. (Vargas Llosa 1983:419)
El erizo vive con la certidumbre del que posee la verdad absoluta; la zorra, con la incertidumbre de la libertad. Vargas Llosa se define a sí mismo como una zorra y dice: “todas las zorras vivimos envidiando perpetuamente a los erizos. Para éstos la vida siempre es más vivible.” (Ibid:420) A pesar de ello, prefiere el predicamento vital de las zorras: “aunque sea más fácil vivir dentro de la claridad y el orden, es un atributo humano irremediable renunciar a esta facilidad y, a menudo, preferir la sombra y el desorden.” (Ibid) Leí este texto de Vargas Llosa hace ya unos treinta años.
Por aquel entonces luchaba, en una pequeña y encantadora ciudad del sur de Suecia llamada Lund, con mis propios demonios que no eran muy distintos de aquellos con que Vargas Llosa había luchado durante los años 70: ambos teníamos un pasado marxista-revolucionario y habíamos creído en el advenimiento del paraíso comunista. Ahora estábamos ambos en un camino que nos alejaba para siempre de los jardines dorados de la utopía, pero Mario había llegado mucho más lejos en el viaje hacia un sueño más modesto y por ello más humano. Leerlo fue un consuelo inapreciable para ese sentimiento de orfandad que aqueja a quienes abandonan el círculo encantado de aquellos que se creen elegidos para ser los mesías de la liberación humana. Pero la lectura del texto de Mario Vargas Llosa significó para mí mucho más que un consuelo o el aprovisionarme de nuevos argumentos para comprender los peligros y la fuerza seductora de la utopía revolucionaria. Descubrí, además, algo inquietante y descorazonador: yo nunca podría, como Mario, decir “nosotros, las zorras”.
El era una zorra que por un tiempo trató de ser erizo, mientras que yo era un erizo que luchaba consigo mismo para combatir, o por lo menos mantener bajo control, su propia naturaleza, buscando para ello ponerse al alero de la doctrina de las zorras, aquel liberalismo abierto y terrenal que es la mejor protección contra aquella sed ilimitada de totalidad y orden de los erizos que transformada en sistema social se llama totalitarismo. Con el tiempo tuve la oportunidad de conocer a Mario personalmente y él tuvo incluso la amabilidad de dedicarme uno de sus conocidos artículos en El País (Vargas Llosa 2005).
Nos hemos encontrado en diversas oportunidades y diferentes lugares, y siempre he podido constatar su calidez y su admirable capacidad para hacerse alcanzable y cercano. Lo que mejor habla de su grandeza es que ésta nunca le haga sombra a ese ser humano entrañable que es Mario Vargas Llosa. Ahora me he tomado la libertad de escribir acerca de él como liberal. Otros lo han hecho y lo seguirán haciendo en cuanto escritor.
En lo que respecta al amigo Mario, lo dejo para la próxima vez que compartamos un momento. El presente trabajo es parte del libro que la Fundación FAES de Madrid publicó en 2011 bajo el título de Pasión por la libertad – El liberalismo integral de Mario Vargas Llosa. Mario tuvo la gran gentileza no solo de leer el manuscrito sino también de participar en el lanzamiento del libro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en mayo de 2011 (Vargas Llosa 2011).
Fue una ocasión inolvidable, como inolvidables han sido tantas otras oportunidades en que –ya sea en Estocolmo o Madrid, Lima o Buenos Aires– he tenido el privilegio de gozar de su compañía.
Mauricio Rojas Lund,
mayo de 2014
PD entrevista a Mauricio Rojas, autor de 'Pasión por la libertad'
Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
¡¡¡ Que El Señor de La Comunicación, de La Amistad, de La Paz con Justicia, te bendiga, te guarde, te proteja, siempre... AMÉN !!! ________________________________
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EL SILENCIO CULPABLE
QUE LA LUZ BRILLE SOBRE TI, TIERRA FÉRTIL #SOSVENEZUELA
VENEZUELA UN PAÍS PARA QUERER Y PARA LUCHAR
“Nací y crecí en un lugar donde dicen ” Pa’lante es pa’llá”, donde se pide la bendición al entrar, al salir, al levantarte y al acostarte, donde se comen arepas, cachapas y espaguetti con diablito, donde se menea el whisky con el dedo, donde se respira alegría aún en las adversidades, donde se regalan sonrisas hasta a los extraños, donde todos somos panas, donde aguantamos chalequeos, donde se trata con cariño sincero, donde los hijos de tus amigos son tus sobrinos, donde la gente siempre es amable, donde los problemas se arreglan hablando y tomando una cervecita, donde no se le guarda rencor a nadie y donde nadie se molesta por tonterías, donde hasta de lo malo se saca un chiste, donde besamos y abrazamos muchísimo, donde expresamos con cariño nuestros sentimientos, donde hay hermosas playas, ríos, selvas, montañas, nieve, llanos, sabana y desierto, un país de gente bella, cariñosa y alegre donde se mezclaron armoniosamente las razas, donde el extranjero se siente en casa y donde siempre encontramos cualquier motivo para celebrar con los amigos. Nací y crecí en VENEZUELA, me siento orgulloso de ser venezolano y seguiré manteniendo mi espíritu venezolano en cualquier lugar del mundo”
¡NO TE RINDAS!
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ Si la angustia te seca, si la ansiedad te asfixia, si la tristeza te ahoga, si el pesimismo te ciega... llora, grita, comunícate, exterioriza tu dolor.... pero JAMÁS te rindas.
Levanta tu mirada, respira hondo... ¡LUCHA..! amig@...lucha ... PORQUE Sí hay salida. Sí hay sentido. Sí hay ESPERANZA. Levanta tus manos y pide ayuda.
No te des por vencid@...y poco a poco verás La Luz. NO te rindas amig@, lucha. NO ESTÁS SOL@.
PORQUE VERÁS QUE SÍ VALIÓ LA PENA... ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE
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"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."
(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
COMBATE Y DENUNCIA A LOS PEDÓFILOS (PEDERASTAS)
SEÑOR, TE PEDIMOS QUE PROTEJAS A L@S NIÑ@S, TE LO PEDIMOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN. ¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeñitos! Mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos....... Lc 17,1-2 -- ÚNETE Y DENUNCIA --
SI LOS MEDIOS CALLAN, EL PUEBLO GRITA...
PARROQUIA VIRTUAL (VIRTUAL CHURCH) EN FACEBOOK
FORO DE CRISTIAN@S CATÓLIC@S LAIC@S SEGLARES EN FACEBOOK
TELÉFONO DE LA ESPERANZA 902 500 002
Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos
EL SENTIDO COMÚN ES IMPRESCINDIBLE PARA EL BIEN COMÚN Y PARTICULAR
SOMOS ANTI-OBSOLESCENCIA: NUESTRA CALIDAD TIENE VALOR
OBSOLESCENCIA ES LA planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, nos conduce al CONSUMISMO exacerbado, por culpa de algo evitable, destruimos recursos, planeta y dinero por algo que podríamos tener durante mucho tiempo.