ORACIÓN POR LOS EMIGRANTES Y EL CESE DEL SUFRIMIENTO
"Dios de la Vida, misericordia, mira a tus hijos que caminan con miedo,
lejos de su tierra, buscando solo vivir y sostener a los suyos.
Acompaña a cada migrante que hoy huye, que se esconde,
que espera una oportunidad.
Calma los corazones endurecidos,
detén la violencia, disipa el odio y la persecución.
Señor, te pedimos que la justicia camine de la mano de la compasión.
Que las autoridades no olviden su humanidad y la vida sea siempre respetada.
Abraza a las familias que hoy lloran,
especialmente a quienes han perdido a un ser amado.
Dales consuelo y fortaleza.
Que llegue pronto un tiempo de paz, de diálogo y de respeto,
donde nadie sea tratado como amenaza
por el solo hecho de buscar un futuro.
Te encomendamos a los refugiados,
desplazados y víctimas de trata.
Tú, que eres el Dios de los pobres y humildes,
acompaña a tus hermanos en este movimiento.
Jesús, tú que fuiste extranjero,
acompaña a cada emigrante en los países lejanos,
sé su refugio, esperanza y paz.
En ti confiamos, Amén."
Dejé mi casa y mi acento colgados en la memoria.
Me vine buscando historia y encontré viento y silencio.
El alma en desplazamiento, la raíz en otro suelo.
Y aunque me abrace este cielo que no sabe a lo que fui,
hay un país dentro de mí que no cabe en el desvelo.
Cargo la fe en la maleta y el miedo bien escondido.
Un sueño recién nacido y una pena que no aprieta.
La distancia es una grieta que no se deja coser.
Pero me obliga a crecer como árbol sin estación,
con la esperanza en la voz y el coraje de volver.
Soy extranjero en la acera, en la lengua y en la mirada.
Pero llevo mi jornada con dignidad verdadera.
No hay frontera que detenga lo que empuja el corazón
ni papel ni condición que me quite lo vivido.
Porque aunque esté dividido, soy entera en mi razón.
No me fui por valentía, me fui porque no quedaba,
ni pan, ni fe, ni palabra que sostuviera mis días.
Ahora cargo la agonía de no ser de ningún lado,
con el corazón partido entre el ayer y el después,
soy mitad de lo que es y mitad de lo que he dejado.
Me fui porque me empujaron con hambre, miedo y censura.
No fue pura aventura. Fue un país que me negaron.
Mis pasos no desertaron. Fue la tierra la que hirió.
Fue la historia que torció mi derecho a quedarme,
y ahora quieren llamarme el que su patria vendió.
No soy cifra ni expediente, ni mano de obra barata,
soy la herida que retrata lo que oculta el dirigente,
y aunque... levante otro trecho y me acostumbre al extraño,
no se domestica el daño ni se olvida lo deshecho.
Yo no traicioné el derecho de quedarme y resistir,
pero no es vivir sufrir sin futuro ni salida,
y a veces, salvar la vida, también es saber huir.


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