VOLVER A CUÁNDO
Hoy es más grande tu hambre,
uno menos la comparte.
ALÍ PRIMERA
Un hombre libre, cuando fracasa,
no culpa a nadie.
JOSEPH BRODSKY
PREMIO DE NOVELA CAFÉ GIJÓN 2022
La gran novela sobre la Venezuela del poschavismo y sus emigrantes.
Una nueva voz que vale la pena leer.
«Una novela de enorme envergadura literaria sobre la inmigración venezolana».
Diego Gándara, La Razón
La vida en la revolución fue bonita mientras fue promesa. Luego vinieron los fracasos, los del país y los propios. Cuando Nina pidió el divorcio, Camilo no solo se separó de ella, sino también de su hija Elisa: o eran los tres o no eran. En 2018, mientras Camilo ve pasar la crisis por la ventana, Nina es atropellada por ella. Su padre, el país y la revolución parecen haber muerto al mismo tiempo. Después de que Nina se va para Brasil, dejando a Elisa con la abuela, Camilo reaparece con una propuesta para la niña. Lo que para él es un intento desesperado de recuperar a su familia, para Nina es apenas una réplica íntima del autoritarismo nacional, ese que él maneja tan bien.
Mediante un excelente dominio de los tiempos, la acción y la estructura del relato por medio de las diversas voces narrativas, la novela se ciñe a la narrativa moderna inaugurada por Flaubert en La educación sentimental, donde por primera vez se integró la Historia en el conflicto personal del protagonista. Con una escritura coloquial de gran musicalidad y hallazgos expresivos muy sugerentes, Volver a cuándo habla, a través del drama de una familia afectada por las consecuencias sociales del poschavismo, de cómo sobreviven —y en qué condiciones— los ideales y las esperanzas de la gente en el campo de minas de la realidad.
Volver a cuándo
«Enloquecer es privilegio de los que tienen tiempo».
Los desengaños pueden ser tan grandes como las promesas rotas que los provocan. Eso fue para Nina la revolución libertaria y democrática por la que había luchado tanto tiempo y que había terminado por trasmutar en una colección de falsos eslóganes y podios en los que ya no podía creer. En aquella Venezuela de 2018, los fracasos del país parecían ir parejos a los de Nina… La separación de Camilo, la muerte de Raúl, su padre, la inflación del 130%, la falta de comida… La crisis social, política y personal inunda cada rincón de su vida. El país y la revolución, al igual que su padre, parecen haber muerto. Solo queda salir de allí.
«Tenía que haber otro Brasil más parecido al Brasil que su padre les había metido en el sueño a ella, a Elisa y a Graciela, que nunca quisieron soñar el sueño norteamericano porque el sur las imantaba a su suelo con una gravedad tan física como histórica; tenía que haber otro Brasil donde cupieran ella, sus mujeres y sus futuros, uno que empezaría en el momento en que ella se atreviera a pedir carona junto con los otros pocos que habían huido para el monte a esconderse mientras pasaba el aspaviento».
Cuando Nina se divorció lo hizo con todas las consecuencias. Y su hija, Elisa, daba también la impresión de haber firmado aquel divorcio: su padre había sido tajante, «están conmigo o sin mí», una amenaza que, contrariamente a todas sus promesas, sí había cumplido. Sin recursos, Nina decide salir del país, emigrar a Brasil dejando a Elisa bajo los cuidados de la abuela Graciela, una mujer que vive el luto en todas sus implicaciones. Una vez en Porto Alegre, le espera un trabajo voluntario en un hostal a cambio de cama y dos comidas diarias. Siente que puede empezar una nueva vida.
En una ciudad en la que todos son pobres, la miseria de Graciela es Elisa quien más la sufre… Día tras día, el «sálvese quien pueda» se instala en casi todos los hogares de Maracaibo, una cruel letanía que, a la niña, a sus solo doce años, le arranca la inocencia y le hace sentir desvalida. Mientras, a miles de kilómetros, Nina intenta organizar su precaria existencia para seguir mandando dinero a casa y, algún día, poder llevarse consigo a Elisa y a su madre.
«Desde que su padre murió, a su madre como que se le había olvidado qué era eso de ser madre, qué era ser abuela, como si de pronto nomás supiera ser viuda, y eso Nina lo entendía a la perfección, aun sin decir nada, porque sin su padre ella solo sabía ser huérfana, como huérfana debía estarse sintiendo Elisa, enlutada solita, con una madre mendigando ayudas tan lejos de casa».
Solo cinco años atrás, el padre idealista se había desentendido de la hija. Ahora, aprovechando la ausencia de Nina, reaparece con una propuesta para la niña. Lo que para él es un intento desesperado de recuperar a su familia, para Nina no es más que una réplica a pequeña escala del autoritarismo nacional, ese que él maneja tan bien y que ella ya no está dispuesta a aceptar. Y en medio de aquella crisis de poder (en todos los sentidos) y temores íntimos, Elisa se plantea, pese a su juventud, cuestiones de sentido común: si su madre se había largado, si el abuelo se había muerto de repente y hasta la abuela había desistido de cuidarla, ¿por qué ella no iba a tener derecho a verse con Camilo?
Mirar atrás no resulta productivo cuando de lo que se trata es de cerrar heridas… El atentado contra el camarada Camilo, que según su mujer no fue tal, pero que dentro del partido se vio como un ejemplo de lucha; las interminables charlas que Graciela tenía con él: lo adoraba, pero no tanto como a su esposo, a quien añora y habla sin proponérselo… Acontecimientos de vida que se intercalan en el tiempo con las penurias que Nina pasa en Brasil (la más extranjera de los extranjeros) o los encuentros que Elisa tiene con un padre al que la fortuna parece haber sonreído. En ese contexto, reconstruir una vida resulta complejo y aún más, si cabe, volver.
«La tristeza se pega como la gripe. Déjenme quietecita aquí, bien lejos de la cocina. No quería tener que cuidar a una nieta cuando lo único que quería hacer es cuidar mi luto, nutrirlo solo a él, sentirlo hasta el tuétano, dolerme como la perplejidad no me dejó dolerme los primeros días».
Protagonistas principales
NINA es una joven de ideales, contundente, decidida, soberbia, terca, chavista y pobre. Y todo en grandes proporciones. El fracaso de la revolución la condujo al más grande desencanto y el desengaño con Camilo, que era todo lo que ella quería, a la mayor desilusión. Como mujer reservada y escurridiza a la hora de hablar de su intimidad, desconoce que ese carácter, en el fondo, no hace sino provocarle más sufrimiento. Decide que es mejor recomenzar una nueva vida en una ciudad donde los venezolanos todavía no sean una peste… Porto Alegre, en Brasil. Desde allí se percata de que se ha quedado huérfana de padre, de casa y de lealtades.
CAMILO es el hombre del que se enamoró Nina, un socialista de fuerte voluntad y buenas intenciones, pero inconsistente en sus propósitos. Hacía su revolución con un chaleco salvavidas que no era otro que la fortuna familiar (sus padres trabajan en la Texaco de Houston) y una visa con cifras en dólares. Convertido en héroe por un atentado en el que perdió un ojo, el miedo a la deriva política y social le hizo llevar un comportamiento errático y lo convirtió en un mal padre, del que Nina no dudó separarse. Con todas las consecuencias.
ELISA es la hija de Nina y Camilo, tiene doce años, buena parte de los cuales los ha pasado alejada de su padre, sin saber nada de él. Despierta e inteligente, disfraza de madurez lo que es mera supervivencia… Está habituada a olvidarse de cualquier timidez o indignidad para seguir viviendo; está habituada a las migajas. Convencida de que la ha traicionado, desde que su madre partió a Brasil no ha hablado con ella, se niega. Silencio que se le hace verdaderamente duro si piensa que Nina, además de madre, es su mayor cómplice y amiga… Siempre han sido las dos contra el mundo.
«Malditas esa hora y todas las horas antes que llevaron a Nina a creer que la gente nace buena y que las intenciones revolucionarias son suficientes para callar la llama egoísta que tenemos dentro y nos conduce por donde le da la gana y se traga nuestras pobres, chiquitas y siempre boconas intenciones revolucionarias».
GRACIELA es la madre de Nina y la que ahora cuida de Elisa, aunque a veces podría parecer lo contrario. Pobre y escéptica, está dispuesta a irse del país, pero para hacerlo tendría que llevarse consigo su casa, sus muertos y sus fantasmas. Desde que quedó viuda vive colapsada, desganada, hecha polvo, en ese espacio baldío que es la ruina. Está convencida de que, sin su marido para ayudarla a reconstruirse, ser ruina es su destino… No querría haber tenido que cuidar de su nieta, pues, en el fondo, lo único que le apetecía hacer era cuidar de su luto, sentirlo hasta el tuétano.
RAÚL es el gran ausente: el padre, el marido y el abuelo, que falleció antes de que la revolución fracasara, como si su muerte fuese la confirmación del final del movimiento revolucionario. Ejemplar en sus principios, Graciela y Nina apelan a su recuerdo (hablan incluso con él) para poder seguir luchando, para que el pasado más cercano simplemente se haga más llevadero.
Literatura de la supervivencia
«Los llantos adultos se acaban por cansancio y,
aunque puedan tener un motivo claro, nunca se conforman con él».
El jurado del Premio de Novela Café Gijón reivindica su prestigio —en cuanto a dar a conocer a autores y señalar narrativas de alta calidad literaria— al entregar el galardón a una autora cuya obra es sinónimo de buena y profunda literatura. Con honestidad y enorme potencia emocional, Volver a cuándo cuenta una historia de tintes autobiográficos donde los personajes interiorizan su activismo y hacen propia la revolución social vivida en las calles, convirtiéndola en un fenómeno tan cercano y personal como catártico. Porque, en el fondo, todo vínculo o sentimiento tejido por el ser humano está íntimamente ligado a los acontecimientos sociales y políticos que acaparan su vida.
«Es que tu cuerpo siempre fue más sincero que vos, Camilo. Tu cuerpo se permitía sentir y somatizar lo que vos no lograbas contarte ni siquiera a vos mismo, se engripaba cuando acumulabas funciones y presiones, te hacía vomitar cuando te emocionabas demasiado, enfebrecía cuando tu diplomacia amordazaba tus rabias. Podía contarse la historia de la Revolución bolivariana a través de tus quebrantos y la bala, fuera atentado o no, tal vez haya sido el clímax. El tuyo y el de la revolución».
Desde la perspectiva de cinco personajes distintos, con sus respectivos puntos de vista, se cuenta la historia de Nina, de su fracaso personal e ideológico. Ya en las primeras páginas, con el trasfondo de la Operación Acogida, el éxodo venezolano causado por el descalabro de la revolución chavista se muestra como un drama que afectó no solo a aquellos que se fueron, sino también a los que se quedaron. Con la rabia y apremio del perdedor, Morán va desglosando vivencias que no parecen pertenecer a los protagonistas… Más bien, se presentan como imágenes colectivas recogidas de la realidad que golpean al ritmo narrativo de una autora que conoce la problemática desde los mismos fueros internos en que se cuece.
«Elisa se pregunta quién es esa Nina que pasea por el sur de Brasil, que atiende turistas y aprende otro idioma trabajando en un hostal, como si fuera una joven estudiante que descubre el mundo. Las mamás no hacen eso. Menos todavía su mamá. Las mamás pueden ser todo lo aventureras que quieran, pero no pueden dejar a sus hijos atrás y comenzar de cero. O sí pueden, pero entonces los hijos también pueden inventarse otra vida sin pedir permiso. No hay amor a control remoto, mucho menos obediencia».
Sorprendente y conmovedora, la novela va abriendo puertas por las que los efectos de la crisis política y migratoria se van colando hasta hacerse patentes, tan duros y veraces como descarnados. La dignidad, vestida de arrogancia, que en ocasiones impide hacer autocrítica o solicitar ayuda, se convierte, a ojos de los protagonistas, en diferentes maneras de ver la vida y de narrarla. Se abre así un vasto abanico de problemáticas particulares que, en línea con cada personaje, permite al lector ampliar su visión del conflicto central, hasta el punto de obligarlo a bajar la guardia y hacerlo suyo. Algo realmente apreciable en una narración como esta que, además de exploración íntima y familiar, muestra un profundo calado social.
El desencanto, el paso del tiempo, la identidad, la ausencia, el vacío, la empatía en toda relación humana o la contradicción son tratados de forma tan realista como compleja, envueltos en una bruma narrativa de gran calidad literaria. En Volver a cuándo los personajes rezuman verosimilitud y credibilidad, transmiten inquietud, miedo, temor, pasión o desilusión en cada escala de este accidentado viaje emocional. María Elena Morán se descubre como una escritora de ideas claras y talante analítico, capaz de retratar con enorme maestría aquellas heridas de largo recorrido que más arraigan en el ser humano, las que nunca terminan de cicatrizar.
«Para ella, la militancia, en la calle y en la casa, nunca fue algo que se imponía ni se exageraba, sino algo que iba creciendo dentro y que jamás renunciaba a la crítica, que era su derecho y, antes que nada, su deber. Ella actuaba como si no le debiera nada a nadie, ni a vos, ni a la revolución. Y ustedes le habían dado todo lo que ella tenía. Nina era una malagradecida, una egoísta: dos características que no combinan ni con revoluciones ni con matrimonios».


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