EL Rincón de Yanka: 2026

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jueves, 13 de agosto de 2026

LIBRO "RODEADOS DE IDIOTAS": 😛😵😛😵 Los cuatro tipos de personalidades (o como entender a quienes cuesta tanto entender) por THOMAS ERIKSON


RODEADOS 
DE IDIOTAS

Los cuatro tipos de personalidades
(o como entender a quienes
cuesta tanto entender)


Descubre qué color te define y relaciónate mejor con el resto del mundo.

MÁS DE 10 MILLONES DE EJEMPLARES VENDIDOS.
EL MÉTODO QUE TRIUNFA EN TODO EL MUNDO.

¿Alguna vez te sientes incomprendido?
¿Has intentado razonar con alguien y habéis acabado a gritos?
¿Has salido de una reunión pensando que estás perdiendo el tiempo?
O, lo que es peor, ¿la gente a veces no entiende lo que dices, por más claramente que lo expliques?

No estás solo. Tras una reunión desastrosa con un empresario de éxito que estaba convencido de estar «rodeado de idiotas», Thomas Erikson ideó un revolucionario método de clasificación del comportamiento que divide a las personas en cuatro tipos: los rojos, dominantes y ambiciosos; los amarillos, espontáneos y optimistas; los verdes, pacientes y amables, y los azules, metódicos y precisos. Este libro da herramientas para identificarlos e interactuar con ellos y, con un trasfondo psicológico y partiendo de situaciones cotidianas, nos permite mejorar nuestras habilidades sociales y afrontar los conflictos en nuestra vida profesional y personal, con el fin de sacar lo mejor de nosotros mismos y de aquellos que nos rodean.

INTRODUCCIÓN

Estaba en la escuela secundaria cuando noté por primera vez que me llevaba mejor con ciertas personas que con otras. Fue fácil hablar con algunos de mis amigos; En cualquier conversación, siempre encontramos las palabras adecuadas y todo fluyó sin problemas. Nunca hubo conflictos y nos agradamos mutuamente. Sin embargo, con otras personas todo salió mal. Lo que dije cayó en oídos sordos y no pude entender por qué.

¿Por qué era tan fácil hablar con algunas personas, mientras que otras eran unos completos tontos? Desde que era joven, esto ciertamente no era algo que me mantuviera despierto por la noche. Sin embargo, todavía recuerdo haberme preguntado por qué algunas conversaciones fluían naturalmente, mientras que otras ni siquiera comenzaban, sin importar cómo me comportara. Era simplemente incomprensible. Comencé a usar diferentes métodos para probar a las personas. Intenté decir las mismas cosas en contextos similares sólo para ver qué reacción obtenía. A veces realmente funcionó y se desarrolló una discusión interesante. En otras ocasiones no pasó nada en absoluto.

La gente simplemente me miraba como si fuera de otro planeta y, a veces, realmente me sentía así.
Cuando somos jóvenes, tendemos a pensar en las cosas de manera muy simple.
Debido a que algunas personas en mi círculo de amigos reaccionaron de manera normal, eso significaba, por supuesto, que automáticamente eran los buenos.
Y entonces asumí que algo andaba mal con la gente que no me entendía. 
¿Qué otra explicación podría haber? ¡Yo era el mismo todo el tiempo! Ciertas personas acaban de tener algo anda mal con ellos. Así que simplemente comencé a evitar a estas personas raras y difíciles porque no las entendía. Llámelo la ingenuidad de la juventud, si lo desea, pero dio lugar a algunas consecuencias divertidas. Sin embargo, en años posteriores todo esto cambió.

La vida seguía con el trabajo, la familia y la carrera, y yo seguía encasillando a la gente en dos grupos: la gente buena y sensata y el resto, la gente que no parecía entender nada en absoluto.
Cuando tenía veinticinco años, conocí a un hombre que trabajaba por cuenta propia. Sture, que ya tenía sesenta años, había fundado su propio negocio y lo había desarrollado durante muchos años. Me dieron la tarea de entrevistarlo justo antes de implementar un nuevo proyecto. 

Empezamos a hablar sobre cómo funcionaban las cosas en su organización. Uno de los primeros comentarios que hizo Sture fue que estaba rodeado de idiotas. Recuerdo que me reí en ese momento porque pensé que era una broma. Pero realmente quiso decir lo que dijo. Su rostro se puso carmesí cuando me explicó que las personas que trabajaban en el Departamento A eran completos idiotas, todos y cada uno de ellos. En el Departamento B sólo había tontos que no entendían nada en absoluto. ¡Y ni siquiera había llegado todavía al Departamento C! ¡Eran los peores de todos! Eran tan raros que Sture no podía entender cómo llegaban al trabajo por las mañanas.

Cuanto más lo escuchaba, más me daba cuenta de que había algo muy extraño en esta historia. Le pregunté si realmente creía que estaba rodeado de idiotas. Me miró fijamente y me explicó que valía la pena tener muy pocos de sus empleados. La vida seguía con el trabajo, la familia y la carrera, y yo seguía encasillando a la gente en dos grupos: la gente buena y sensata y el resto, la gente que no parecía entender nada en absoluto, algo anda mal con ellos. Así que simplemente comencé a evitar a estas personas raras y difíciles porque no las entendía. Llámelo la ingenuidad de la juventud, si lo desea, pero dio lugar a algunas consecuencias divertidas. Sin embargo, en años posteriores todo esto cambió. 

Sture no tuvo ningún problema en hacer saber a sus empleados cómo se sentía. No dudaba en lo más mínimo en llamar idiota a cualquiera delante de toda la compañía. Esto significó que sus empleados aprendieron a evitarlo. Nadie se atrevió a tener reuniones individuales con él; nunca llegó a escuchar malas noticias porque a menudo disparaba al mensajero. En una de las oficinas incluso se había instalado una luz de advertencia en la entrada del edificio. Situada discretamente encima del mostrador de recepción, la luz se ponía roja cuando él estaba allí y se volvía verde cuando no estaba.

Todo el mundo sabía sobre esto. No sólo el personal, sino también los clientes automáticamente lanzaban una mirada nerviosa a la luz para saber qué les esperaba cuando cruzaran el umbral. Si el semáforo estaba en rojo, algunas personas simplemente se daban la vuelta en la puerta y decidían regresar en un momento más oportuno.

Como todos sabemos, cuando eres joven estás lleno de grandes ideas. Entonces hice la única pregunta que se me ocurrió: "¿Quién contrató a todos estos idiotas?" Sabía, por supuesto, que él había contratado a la mayoría de ellos. Lo peor fue que Sture entendió exactamente lo que yo había insinuado. Lo que implícitamente pregunté fue: ¿Quién es realmente el idiota aquí?

Sture me echó. Más tarde me dijeron que lo que realmente quería hacer era coger una escopeta y dispararme. Este incidente me hizo pensar. Aquí estaba un hombre que pronto se jubilaría. Evidentemente era un empresario competente, muy respetado por su sólido conocimiento de su particular línea de negocio. Pero no podía manejar a la gente. No entendía el recurso más crítico y complicado de una organización: los empleados. Y cualquiera que no pudiera entender era simplemente un idiota.

Como yo no pertenecía a la empresa, pude ver fácilmente lo equivocado que estaba su pensamiento. Sture no comprendía que siempre comparaba a las personas consigo mismo. Su definición de idiotez era simplemente cualquiera que no pensara o actuara como él. Usó expresiones que yo también solía usar acerca de cierto tipo de personas: “charlatans arrogantes”, “imbéciles burocráticos”, “bastardos groseros” y “tontos tediosos”. Aunque nunca llamé idiotas a la gente, al menos no para que pudieran escucharme, tenía problemas obvios con cierto tipo de personas.

Era una idea absolutamente espantosa tener que pasar por la vida pensando constantemente que estaba rodeado de personas con las que era imposible trabajar. Haría que mi propio potencial en la vida fuera increíblemente limitado.
Intenté verme en el espejo. La decisión fue fácil de tomar.
No quería ser como Sture. Después de una reunión particularmente tóxica con él y algunos de sus desafortunados colegas, me senté en el auto con un nudo en el estómago. La reunión había sido un desastre total.
Todos estaban furiosos. En ese momento decidí aprender lo que probablemente sea el conocimiento más importante de todos: cómo funcionan las personas.
Me encontraría con personas por el resto de mi vida, sin importar cuál fuera mi profesión, y era fácil ver que me beneficiaría poder entenderlas.

Inmediatamente comencé a estudiar cómo entender a las personas que al principio me parecen tan difíciles. ¿Por qué algunas personas guardan silencio, por qué otras nunca dejan de hablar, por qué algunas personas siempre dicen la verdad mientras que otras nunca lo hacen? ¿Por qué algunos de mis compañeros siempre llegan a tiempo y otros rara vez lo consiguen? ¿E incluso por qué me gustaban más algunas personas que otras? 

Los conocimientos que obtuve fueron fascinantes y nunca he sido el mismo desde que comencé este viaje. Los conocimientos que adquirí me han cambiado como persona, como amigo, como colega, como hijo, como esposo y como padre de mis hijos. Este libro trata sobre el que quizás sea el método más utilizado en el mundo para describir las diferencias en la comunicación humana. Este método se llama sistema DISA, acrónimo de Dominancia, Inducción, Sumisión y Capacidad Analítica. 

Estos cuatro términos son los tipos de comportamiento primarios, que describen cómo las personas se ven a sí mismas en relación con su entorno. Cada uno de estos tipos de comportamiento está asociado con un color: rojo, amarillo, verde y azul. Este sistema también se denomina comúnmente sistema DISC, donde la letra final del acrónimo significa Cumplimiento en lugar de Capacidad analítica. He utilizado variaciones de esta herramienta durante más de veinte años con excelentes resultados.

Pero, ¿cómo llegar a ser realmente competente en el manejo de diferentes tipos de personas? Por supuesto, existen varios métodos.
El método más común es investigar el tema y aprender los conceptos básicos. Pero aprender la parte teórica no te convierte en un comunicador de talla mundial. Sólo cuando empiece a utilizar este conocimiento podrá desarrollar una competencia real y funcional en el campo. Al igual que aprender a andar en bicicleta, primero debes subirte a la bicicleta. Sólo entonces te das cuenta de lo que tienes que hacer.

Desde que comencé a estudiar cómo funcionan las personas y me esforcé minuciosamente por comprender las diferencias en la forma en que nos comunicamos, nunca he sido el mismo. Ya no soy tan categórico y juzgo a las personas sólo porque no son como yo. Desde hace muchos años, mi paciencia con las personas que son todo lo contrario a mí ha sido mucho mayor. No iría tan lejos como para decir que nunca me meto en conflictos, como tampoco intentaría convencerte de que nunca miento, pero ambas cosas suceden muy raramente ahora.

Tengo una cosa que agradecer a Sture: despertó mi interés en el tema. Sin él, este libro probablemente nunca se habría escrito.
¿Qué puedes hacer para aumentar tu conocimiento sobre cómo se relacionan y comunican las personas? 
Un buen comienzo puede ser seguir leyendo este libro, todo el libro, no sólo los primeros tres capítulos. Con un poco de suerte, en unos minutos podrás iniciar el mismo camino que yo comencé hace veinte años. 
Te prometo que no te arrepentirás. Una cosa a tener en cuenta: para simplificar la lectura de este libro, he optado por utilizar "él" y "él" de manera consistente cuando me refiero a ejemplos no asociados con ninguna persona específica. 
Sé que tienes suficiente imaginación para insertar un "ella" o "ella" en tus pensamientos cuando sea apropiado.

Resumen El hombre que estaba rodeado de idiotas / Surrounded by idiots de Thomas Erikson ✅ Reseña


Español Surrounded by Idiots - Thomas Erikson by Ana Suazo


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miércoles, 12 de agosto de 2026

EL ECLIPSE SOLAR ES COMO EL DIVINO: 🌕🌞 SE OCULTA SU PRESENCIA POR UNOS INSTANTES: ¡DEJA BRILLAR EL SOL EN TU APAGADA VIDA!

 

EL ECLIPSE DE DIOS


Hemos vivido, pacíficamente durante siglos, la relación entre Dios y el hombre como una convivencia que Dios mismo facilitó para que nosotros pudiésemos acceder a su misterio, que era una forma de comprender nuestro propio misterio. No solo los grandes pensadores, los más importantes teólogos de cada época han trazado una línea de comprensión de Dios desde lo que él mismo nos había revelado a través de la historia de salvación, sino la gente sencilla de nuestro pueblo cristiano ha vivido en los gestos cotidianos esa cercanía de Dios que se expresaba en actitudes, en modos de ver las cosas, en maneras de iluminar cada circunstancia humana en la que el Señor estaba presente.

Sin embargo, esa cercanía, verdadera convivencia entre Dios y el hombre, ha sido paulatinamente enajenada, hasta la más hostil extrañeza, por un proceso secularizador que ha introducido una distancia entre Dios y el hombre. La religiosidad popular se ha visto así desplazada hasta su más honda exclusión, como si Dios estuviese molestando, como un intruso, en las cosas que llenaban nuestros días y nuestros afanes.

Hace ya varias décadas, el filósofo judío Martin Buber, uno de los padres del personalismo, escribió un célebre ensayo titulado El eclipse de Dios. Habiendo nacido en Viena en 1878, tenía en su memoria, de modo patente y patético, el holocausto que los judíos sufrieron a causa de la persecución alemana de Adolf Hitler, que a él le sorprendió en plena madurez humana e intelectual cuando tenía 62 años de edad. Tuvo que exiliarse a Palestina para poder salvar su vida. Morirá en Jerusalén en 1965.

Su obra sobre el «eclipse de Dios» tiene ese trasfondo: cuando Dios desaparece del horizonte humano, cuando su luz queda ocultada y censurada, entonces el rostro de los hombres también se difumina. No en vano, él desarrolló desde la filosofía personalista todo lo que permite que las personas aprendan a vivir conviviendo: es la filosofía del encuentro y del diálogo, en la que tanto y tan bellamente insistió Juan Pablo II siguiendo esa misma escuela filosófica del personalismo a través de los pensadores judíos y cristianos.

No es que Dios haya muerto, como cínicamente propugnaba años antes el alemán Friedrich Nietzsche, sino que a Dios lo han tapado, lo han querido eclipsar, lo han expulsado del paraíso humano, dando la vuelta a la escena bíblica de la expulsión de Adán y Eva en el Edén. Y así decía Martin Buber: «Existe un eclipse de Dios de igual forma que existe un eclipse solar, y la hora que nos toca vivir es una hora de tiniebla». Entonces se entiende que cuando hacemos desaparecer a Dios de nuestro mundo más cotidiano, las cosas ya no tienen en él una referencia moral, y entonces se produce un vacío, una relativización, un nihilismo, donde tantos valores pierden su fundamento, y las cosas no encuentran su justa y respetuosa relación.

En su importante obra El drama del humanismo ateo, el teólogo jesuita Henri De Lubac dejó escrito: No es verdad que los hombres sean incapaces de construir un mundo sin Dios: ya lo tienen. Pero cuando se construye un mundo sin Dios, se hace contra el hombre. 
Y, ciertamente, todas las tragedias que han acontecido en la historia de la humanidad, tienen ese marchamo de la expulsión de Dios de nuestras vidas, de su eclipse calculado y sentenciado, que termina por destruirnos de tantos modos.

Pero también en nombre de Dios se han cometido verdaderas locuras que han destruido a los hombres como no pocas veces ha sucedido. No se trataba de un Dios auténtico, sino de una coartada, un pretexto, una extraña complicidad, por la que se le vestía con nuestros uniformes, se le abanderaba con nuestras enseñas, se le pertrechaba con nuestras armas, y se le hacía cómplice de todas nuestras corrupciones. Ese dios, por ser falso, ha contribuido también a la construcción de un mundo contra el hombre.

A pesar de este reto cultural en el que nos encontramos, debemos afirmar que hay un camino siempre abierto de parte de Dios hacia el hombre, que viene a encauzar los mil caminos que el hombre ha querido abrir en su acceso al mundo divino, y que es infinitamente mayor que todos nuestros eclipses, cerrazones y relativismos. Esta es la afirmación humilde y audaz del cristianismo: la mutua apertura de Dios y del hombre se encuentra en lo que llamamos revelación, porque Dios mismo ha venido a revelarnos su entraña que ilumina nuestro propio misterio. No es una palabra sórdida que Dios pronuncia para nadie, ni tampoco un silencio mudo que el hombre quiere desentrañar, sino el encuentro cabal de esa palabra gratuita que viene al encuentro del silencio mendicante de nuestro corazón.

Es aquí donde la religiosidad popular entra con toda su fuerza y contenido: la de devolver a la humanidad, de un modo sencillo, esa certeza que hace al hombre tomar conciencia de que su vida es querida y mirada por Dios bondadosamente y que, fruto de esa bondad de quien nos contempla, estamos ciertos de que no estamos solos, nuestra vida le importa a alguien que nos cuida y nos acompaña. Aunque los eclipses interesados pretendan ocultar esa mirada de Dios hacia el hombre, y la del hombre hacia Dios, el corazón humano se hace rebelde, y el corazón de Dios se hace tenaz para que el encuentro con él, para el que nacimos, sea posible gozosa y serenamente. Esta es la terapia discreta que nos brinda la religiosidad popular.


ECLIPSE DE DIOS
Dice una leyenda judía que cuando los dos primeros seres humanos rechazaron a Dios el día de su creación y fueron expulsados del Edén, vieron ponerse el sol por primera vez. Entonces quedaron horrorizados, porque no podían entender otra cosa sino que por su culpa el mundo volvería a precipitarse en el caos. Sentados uno frente a otro, lloraron toda la noche y se verificó su conversión. Entonces comenzó a amanecer. Adán se levantó, tomó un unicornio y lo ofreció como sacrificio en lugar de sí mismo.
Toda religiosidad genuina —afirma Martin Buber— está centrada en el diálogo entre un Yo y un Tú eterno y omnipresente. Ese enfoque dialógico se contrasta aquí con algunas de las corrientes intelectuales europeas más importantes del siglo XX —la fenomenología de Heidegger, el existencialismo de Sartre o el psicoanálisis de Jung—, que suponían que los encuentros con Dios eran meramente humanos y negaban la existencia de un absoluto trascendente.

Para Buber, el subjetivismo radical del pensamiento moderno ha resultado en la ceguera espiritual ante la presencia de Dios. La idea del “eclipse” alternativa a la idea nietzscheana de la “muerte de Dios” sugiere que en algún momento la obstrucción a la luz divina cesará y de nuevo será posible el contacto con el absoluto. Así, Buber llegó a ser —según Robert M. Seltzer— la versión moderna de un profeta bíblico con la misión de recordar un mensaje: el oyente debe reconocer que Dios se dirige a él para llegar a ser completamente humano. Ahora, a más de seis décadas de la aparición original de estos ensayos, es tarea del lector contemporáneo determinar cuál ha sido el destino de aquel mensaje en la sociedad contemporánea.

El Sionismo según Buber

Sionismo espiritual: Buber no concibió el sionismo como un nacionalismo político común, sino como un mandato ético y espiritual de renovación judía en la tierra histórica.
Estado binacional: Desde los años 20, abogó firmemente por la paz y la hermandad con el pueblo árabe, proponiendo una república compartida con libre desarrollo para ambas comunidades.
Rechazo a la dominación: Criticó las posturas chauvinistas o de exclusión, exigiendo que la patria común fuera una sociedad ejemplar basada en el diálogo y la justicia y no en el dominio militar.
ECLIPSE TOTAL: la sustitución del Bien por el bienestar. FORJA 358

Todo se convierte en evento, mercancía, producto y contenido que hay que consumir. Y esta es precisamente una de las formas más características de la paganización moderna. No consiste ya en adorar al sol como una divinidad, sino en expulsar al creador para revestir de una aura casi sagrada a la emoción, a la multitud, a la naturaleza, a la Pachamama y al espectáculo. Allí donde una civilización cristiana podía levantar la mirada al cielo y reconocer el orden de la creación y la pequeñez del hombre, nuestra sociedad contempla el mismo cielo como un gigantesco decorado puesto ahí para proporcionarnos unos minutos o unos segundos de excitación.

Ya no se nos invita a contemplar, sino a consumir, no a interrogarnos por el sentido, sino a dejarnos impresionar, no a elevarnos de lo visible a lo invisible, sino a fabricar una imagen que pueda exhibirse en las redes sociales. El eclipse resume así la lógica de unas sociedades de consumo que han desarrollado innumerables mecanismos destinados a mantener satisfechas y entretenidas a las masas.
Drogas, alcohol, turismo, sexualidad desregulada, espectáculos deportivos, plataformas audiovisuales, viajes o compras aparecen continuamente presentados como caminos hacia la felicidad.

Son formas sofisticadas de adormecimiento colectivo. El nuevo opio del pueblo ya no es religioso, sino comercial, tecnológico, psicológico e ideológico. La felicidad queda así reducida a una sensación pasajera desvinculada de cualquier reflexión sobre la vida buena y el fin último del hombre. 

Si durante siglos nos preguntamos qué es el bien y qué perfecciona objetivamente al ser humano, la modernidad contemporánea solo parece preguntarse sobre qué produce más bienestar. Esta transformación constituye una de las mutaciones antropológicas más profundas de toda la historia. 
Es la sustitución del bien por el bienestar. o dicho, con otras palabras, cambiar o poner los bienes mundanos inferiores en lugar del buen orden del bien. 
Es el intento de eclipsar el bien, el buen orden.

martes, 11 de agosto de 2026

EL CELO DE DIOS QUE NO ES POR DIOS 😡

 
EL CELO DE DIOS 
QUE NO ES POR DIOS
"Hermanos, el deseo de mi corazón y la súplica que elevo a Dios, es en favor de ellos para que sean salvos. Porque les doy testimonio de que tienen celo por Dios, pero no según el conocimiento; por cuanto ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios; porque el fin de la Ley es Cristo para justicia a todo el que cree". Rm 10, 1-4.
Hay muchos "cristianos" que van de apologistas, de "puros", pisando y difamando a otros hermanos sin ninguna caridad ni fraternidad. 
No voy a dar nombres, ya saben de quienes hablo. Se encuentran tanto entre los progres como en los conservadores. Están en "RELIGIÓN DIGITAL", INFOCATÓLICA, etc.

El "celo por Dios que no es de Dios" se refiere a una pasión religiosa o activismo espiritual intenso que nace del ego, la ignorancia o el orgullo humano en lugar del verdadero conocimiento y amor divino.

Características del celo humano vs. el celo divino

Celo verdadero (de Dios): Nace del amor santo, busca la unidad, la gracia y la obediencia guiada por la humildad y la verdad.
Celo falso (que no es de Dios): Se impulsa por el juicio propio, la ideología, la soberbia, la intolerancia y el deseo de imponer méritos personales en lugar de aceptar la guía de Dios. Nunca se equivocan. Nunca piden perdón. Son rigoristas y fundamentalistas. 
El peligro: Puede justificar acciones dañinas, exclusión o fanatismo creyendo erróneamente que se está sirviendo al Creador.

lunes, 10 de agosto de 2026

LIBRO "¡BASTA DE HISTORIAS!": LA OBSESIÓN LATINOAMERICANA CON EL PASADO Y LAS 12 CLAVES DEL FUTURO por ANDRÉS OPPENHEIMER

¡Basta de historias!
La obsesión latinoamericana con el pasado 
y las 12 claves del futuro


Para Andrés Oppenheimer la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación en la región latinoamericana es urgente, y la razón es simple: el XXI será el siglo de la economía del conocimiento.
Andrés Oppenheimer, periodista influyente y siempre dispuesto a desafiar las modas políticas con inteligencia y humor, aporta en ¡Basta de historias! ideas útiles para trabajar en la principal asignatura pendiente de América Latina, la única que podrá sacarla de la mediocridad económica e intelectual: la educación.
La obsesión de América Latina con su pasado ¿la ayuda a prepararse para el futuro o la frena en la tarea de competir en la economía de conocimiento del siglo XXI?
Para Andrés Oppenheimer la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación en la región latinoamericana es urgente, y la razón es simple: el siglo XXI será el de la economía del conocimiento. Contrariamente a lo que pregonan presidentes y líderes populistas latinoamericanos, los países que avanzan no son los que venden materias primas ni productos manufacturados básicos, sino los que producen bienes y servicios de mayor valor agregado.
¡Basta de historias! sale a la luz en momentos en que buena parte de Latinoamérica está festejando el bicentenario de su independencia. La obsesión con el pasado es un fenómeno característico de la región, algo que curiosamente no ocurre en China, India y otros países asiáticos y de Europa del Este, a pesar de sus historias milenarias. Entonces, vale la pena entonces preguntarnos: ¿Es saludable esta obsesión con la historia? ¿Nos ayuda a prepararnos para el futuro? ¿O, por el contrario, nos distrae de la tarea cada vez más urgente de prepararnos para competir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI?


Prólogo  

Este libro sale a la luz en momentos en que buena parte de Latinoamérica está festejando el bicentenario de su independencia, y la región está dedicada con mayor entusiasmo de lo habitual a conmemorar, discutir y revisar su pasado. La pasión por la historia es visible por donde uno mire. Los gobiernos –incluyendo el de España, que creó una Comisión Nacional para la Conmemoración de los Bicentenarios- han destinado millones de dólares a los festejos. En los medios de comunicación ha habido acalorados debates sobre cuáles figuras del siglo XIX deberían ser consideradas próceres e la independencia y cuáles enemigas de la patria. En las librerías, los best-sellers del momento son las novelas históricas sobre la vida de Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Antonio José Sucre, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Miguel Hidalgo, José María Morelos y otros héroes de la emancipación latinoamericana. 

El "presidente" de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de desenterrar los restos de Bolívar en una solemne ceremonia difundida en cadena nacional para iniciar una investigación sobre si el prócer fue asesinado; hace sus discursos al país delante de un retrato del prócer, y hasta le ha cambiado el nombre al país por el de “República Bolivariana de Venezuela”. 
Los presidentes de Bolivia y Ecuador se proclaman herederos de legados históricos que siguiendo los pasos de Chávez- evocan constantemente para consolidar sus propios proyectos de acaparamiento del poder y justificar la “refundación” de sus países bajo nuevas reglas que les dan poderes absolutos. En todo el continente, desde Argentina hasta México, hay una verdadera pasión por redescubrir la historia. 

La obsesión con el pasado es un fenómeno que, si bien está exacerbado por los festejos de la independencia, es característico de la región. Curiosamente, no he observado el mismo fenómeno en mis viajes recientes a China, la India y otros países asiáticos, a pesar de que muchos de ellos tienen historias milenarias. Entonces, vale la pena hacernos algunas preguntas políticamente incorrectas, pero necesarias. 
¿Es saludable esta obsesión con la historia que nos caracteriza a los latinoamericanos? ¿Nos ayuda a prepararnos para el futuro? ¿O, por el contrario, nos distrae de la tarea cada vez más urgente de prepararnos para competir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI? 

Este libro argumenta que los países latinoamericanos están demasiado inmersos en una revisión constante de su historia, que los distrae de lo que debería ser su principal prioridad: mejorar sus sistemas educativos. Sin poblaciones con altos niveles de educación, la región no podrá competir en la nueva era de la economía del conocimiento, donde los productos de alta tecnología –desde programas de software hasta patentes de la industria farmacéutica- se cotizan mucho más en los mercados mundiales que las materias primas, o las manufacturas con poco valor agregado. 

Para buscar ideas sobre cómo mejorar la calidad de la educación en nuestros países, en los últimos años he viajado a países que tienen en común el haberse destacado por sus avances en la educación, la ciencia y la tecnología. Viaje a China, la India, Singapur, Finlandia, Suecia, Israel y otros países de diferentes colores políticos, pero que –cada uno a su manera- han logrado mejorar sus niveles educativos y reducir dramáticamente la pobreza. Y luego viajé a México, Brasil, Chile, Argentina y otros países iberoamericanos para ver qué estamos haciendo –de bueno y de malo- en la región. Realicé más de 200 entrevistas a figuras calve del mundo –incluyendo el presidente Barack Obama; el fundador de Microsoft, Bill Gates, y el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz- y numerosos otros jefes de Estado, ministros, rectores universitarios, científicos, profesores, estudiantes y padres y madres de familia. 

Para mi sorpresa, descubrí que mejorar sustancialmente la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación no son tareas imposibles. Hay coas muy concretas, y relativamente fáciles, que se están haciendo en otras partes del mundo, y que podemos emular en nuestros países. Este libro está lleno de ejemplos al respecto. 

La tarea es impostergable, porque el siglo XXI es, y será, el de la economía del conocimiento. Contrariamente al discurso de la vieja izquierda y la vieja derecha en la región, los recursos naturales ya no son los que producen más crecimiento: los países que más están avanzando en todo el mundo son los que le apostaron la innovación y producen bienes y servicios de mayor valor agregado. No en vano el país con el mayor ingreso per capitán del mundo es el diminuto Liechtenstein, que no tiene ninguna materia prima, mientras que países con enorme riqueza de materias primas, como Venezuela y Nigeria, están entre los que tienen más altas tasas de pobreza. Y no en vano los hombres más ricos del mundo son empresarios como Gates, el mexicano Carlos, Slim o Warren Buffet, que producen de todos menos materias primas. 

El mundo ha cambiado. Mientras en 1960 las materias primas constituían 30 por ciento del producto bruto mundial, en la década de 2000 representaban apenas 4 por ciento del mismo. El grueso de la economía mundial está en el sector servicios, que representa 68 por ciento, y en el sector industrial, que representa 29 por ciento, según el Banco Mundial. 

Y esta tendencia se acelerará cada vez más. La reciente crisis económica mundial hizo tambalear los precios de las materias primas de Sudamérica y las exportaciones de manufacturas de México y Centroamérica. Además, la crisis ha reducido el tamaño del pastel de la economía mundial, lo que deja mejor posicionados a los países más competitivos; o sea, los que pueden producir bienes y servicios más sofisticados a mejores precios. La receta para creer y reducir la pobreza en nuestros países ya no será solamente abrir nuevos mercados –por ejemplo, firmando más acuerdos de libre comercio –sino inventar nuevos productos. Y eso sólo se logra con una mejor calidad educativa. 

Ojalá este viaje periodístico alrededor del mundo sirva para aportar ideas que nos ayuden a todos –gobiernos y ciudadanos comunes- a ponernos las pilas y empezar a trabajar en la principal asignatura pendiente de nuestro país, y la única que nos podrá sacar de la mediocridad económica e intelectual en la que vivimos. 

Finamente, quisiera agradecer muy especialmente a Bettina Chouhy, Annamaría Muchnik y Angelina Peralta, que durante los últimos años me han ayudad en la investigación y la logística que hicieron posible este libro. Sin ellas, esta obra hubiera sido imposible.

Andrés Oppenheimer

Cuando funcionarios de todo el mundo vienen aquí para ver por qué los estudiantes de Singapur obtienen tan buenos resultados en exámenes internacionales de ciencia y matemática, no les lleva demasiado tiempo descubrir el secreto: hay una obsesión nacional con la educación.
Es una obsesión que, como pude observar a los pocos minutos de llegar al aeropuerto, se manifiesta hasta en los billetes de dólares del país. Mientras los billetes en Estados Unidos y América latina muestran imágenes de próceres del pasado, el billete de dos dólares de Singapur muestra un aula con alumnos escuchando al profesor, con una universidad en el fondo. Debajo se lee una palabra: "Educación".

En el transcurso de una visita de una semana, encontré en todas partes síntomas de esta obsesión nacional: hay bibliotecas públicas en los centros comerciales, enormes titulares en los medios sobre estudiantes que sobresalen académicamente y un ministro de Educación que también es ministro alterno de Defensa. Hay algunas cosas que muchos países latinoamericanos, y Estados Unidos, podrían aprender del papel de la educación acá.

Hace apenas cuatro décadas, cuando Gran Bretaña le retiró a Singapur su estatus de colonia británica, este pequeño país era tan pobre que ninguna otra nación quiso hacerse cargo de su territorio. Su PBI en los años 60 era menos de la mitad del de la Argentina y similar al de México y Jamaica.
Hoy, en gran parte por su énfasis en la educación, Singapur es el noveno entre los países más ricos del mundo en ingreso per cápita . Comparativamente, Estados Unidos ocupa el 10° lugar y la Argentina, el 81°.
En lo que hace a su sistema educativo, la historia de Singapur es asombrosa. Hace cuatro décadas, tenía un alto nivel de analfabetismo. 
Hoy, Singapur ocupa el primer puesto en los exámenes internacionales destinados a evaluar la capacidad de los estudiantes de 4° y 8° grado en matemática y ciencias.

"Para nosotros, la educación es una cuestión de supervivencia", me dijo el presidente de la Universidad Nacional de Singapur, Tan Chorh Chuan. "Singapur no tiene recursos naturales, de manera que no podemos sobrevivir si no nos concentramos en formar gente".
¿Cómo lo hizo Singapur? Según funcionarios y académicos locales, el fundador del país, Lee Kwan Yew, tuvo la visión de convertir a Singapur en un país angloparlante con educación bilingüe, donde los estudiantes aprenden inglés como primer idioma y su lengua materna -mandarín, tamil o malayo- como segundo. Eso contribuyó a convertir a Singapur en un centro importante del comercio mundial, afirman.
También convirtió el sistema educativo en una de las más duras meritocracias del mundo, que produce trabajadores altamente calificados y que exporta cada vez más productos de alta tecnología. 
La meritocracia académica de Singapur empieza en primer grado, donde los niños son clasificados en un ranking según su desempeño académico, desde el primero hasta el último.
En la escuela primaria Rulang, especializada en enseñanza robótica, los maestros me miraron un poco perplejos cuando les pregunté si informarle a una niña de siete años que es la última de su clase no es someterla a una presión excesiva.

"No", me dijo la directora de la escuela, Cheryl Lim. "Les decimos en qué lugar del ranking están para dejarles saber qué lugar ocupan en este momento y que pueden mejorar el año próximo".
Según el resultado que obtengan en un riguroso examen nacional al finalizar la primaria, los estudiantes son destinados a diferentes secundarias, cada una de las cuales tiene una especialidad particular. Por medio de un proceso de "canalización", las escuelas identifican las capacidades de los estudiantes y los encauzan en diferentes vertientes académicas que finalmente los conducen a la universidad o a escuelas técnicas o vocacionales.

Al finalizar la primera etapa del secundario, los estudiantes deben rendir otro examen y, según el resultado, pueden ir a institutos que ofrecen tecnicaturas especializadas o certificados en peluquería, asistencia de enfermería y otros oficios. Las autoridades educativas y académicas niegan que sea un sistema draconiano. Señalan que esos institutos proporcionan una carrera a todo el mundo.
"Esa es la joya de mi corona", me dijo el ministro de Educación, Ng Eng Hen. "Casi todos los países tienen buenas universidades, pero pocos tienen un buen sistema de escuelas vocacionales.´´

Mi opinión: por su pequeño tamaño y su régimen autoritario, no se puede presentar a este país como un modelo por seguir. No obstante, podemos aprender algo de su obsesión con la educación y de su red de seguridad académica para estudiantes de bajo desempeño. Tal vez deberíamos empezar por poner la palabra "educación" en nuestros billetes, para recordarnos la importancia de un buen sistema educativo en la economía global, cada vez más basada en el conocimiento.

Los pronósticos que hace el FMI para 2022. El crecimiento global será de 3,2 %; para Asia, de 6,2 %; para África, de 3,4 % y para América Latina, de 0,6 %.
Éstas cifras reflejan la mirada hacia el futuro que tienen los asiáticos, mientras que los latinoamericanos vivimos en el pasado. Para ilustrar su argumento dice que una observación a los billetes comprueba su hipótesis. Mientras que en los nuestros aparecen los próceres de la independencia representando el pasado, en Singapur aparece una universidad con estudiantes esmerados y entusiastas hacia el futuro.

No hay duda de que Singapur es un caso extraordinario de desarrollo económico. De un país pobre y subdesarrollado en la década de los sesenta pasó a ser uno de los países más desarrollados del mundo. En el índice global de competitividad del Foro Económico Mundial (FEM) de 2019 aparece como el país más competitivo del mundo, por encima de Suiza, Japón y Alemania.
Revisando el índice con más detalle se advierte que es el país que tiene la mayor expectativa de vida saludable del mundo. Es también donde se observa la menor tasa de homicidios: dos asesinatos al año por cada millón de habitantes. La carga regulatoria sobre el sector privado es mínima, la eficiencia del sistema judicial para resolver disputas es la más alta del mundo y la corrupción casi no existe. Singapur ha tenido, pues, un sobresaliente desempeño durante los últimos setenta años.


Los Peligros Del Desdoblamiento Populista | "Yo No Soy Yo, Yo Soy El Pueblo".


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martes, 4 de agosto de 2026

8 SÍNTOMAS QUE VI EN VENEZUELA Y, QUE AHORA, VEO EN MEDIO MUNDO


 

8 SÍNTOMAS QUE VI EN VENEZUELA Y, 
QUE AHORA, VEO EN MEDIO MUNDO


Crecí viendo cómo un país se apagaba despacio. No de un día para otro...

Con excusas,
con “es temporal,”
con “eso no nos pasará a nosotros”,
con “es mejor si no te metes”,
con “es por seguridad”.

Aprendí a reconocer el patrón en carne propia, y hace tiempo dejé de verlo solo en Venezuela.

Lo veo en gobiernos de derecha y de izquierda, en América Latina, en Europa, en Medio Oriente. Ninguno se parece en ideología.
Todos se parecen en los síntomas.

Investigué cada uno de los que vas a ver en este carrusel (con fuentes reales, no con opinión mía suelta) y sobre todo con objetividad.

Y le puse nombre a lo que tienen en común. Deslízalo hasta el final, ahí te lo cuento.

Esto no es sobre un país.
Es sobre un patrón, uno que probablemente ya has visto de cerca, aunque no supieras cómo llamarlo.

Cuéntame en los comentarios en cuál de estos países, o en qué situación cercana a ti, reconociste alguno de estos síntomas.

Si, sé que tu país no está y debería en esta lista, pero prefiero que lo conversemos para poder confirmar que hablamos del mismo tipo de “ mal “

En Venezuela Human Rights Watch documentó que tras la Constitución de 1999, Chávez y sus seguidores se dedicaron a concentrar el poder, tomando control del Tribunal Supremo de Justicia y limitando derechos fundamentales de periodistas y defensores de derechos humanos.

En Turquía, tras el referéndum de 2017, Erdoğan comenzó a nombrar a la mayoría de los miembros del Consejo de Jueces y Fiscales, centralizando todos los nombramientos judiciales en una sola mano.

Fuente: Human Rights Watch, “Concentración y Abuso de Poder en la Venezuela de Chávez” (2012) / Kurdlat.org, reforma judicial turca 2017

Levitsky y Ziblatt, politólogos de Harvard, documentaron que las crisis (económicas, terroristas, sanitarias, catástrofes) se usan como pretexto para medidas que en tiempos normales nadie aceptaría.
Desviar la mirada de la incompetencia propia hacia una amenaza externa es un mecanismo recurrente en el colapso democrático.

Fuente: “How Democracies Die”, Steven Levitsky & Daniel Ziblatt (Harvard University, 2018)

En Venezuela la lista es tan larga que no cabe...