EL Rincón de Yanka: ACONTECIMIENTO

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miércoles, 12 de agosto de 2026

EL ECLIPSE SOLAR ES COMO EL DIVINO: 🌕🌞 SE OCULTA SU PRESENCIA POR UNOS INSTANTES: ¡DEJA BRILLAR EL SOL EN TU APAGADA VIDA!

 

EL ECLIPSE DE DIOS


Hemos vivido, pacíficamente durante siglos, la relación entre Dios y el hombre como una convivencia que Dios mismo facilitó para que nosotros pudiésemos acceder a su misterio, que era una forma de comprender nuestro propio misterio. No solo los grandes pensadores, los más importantes teólogos de cada época han trazado una línea de comprensión de Dios desde lo que él mismo nos había revelado a través de la historia de salvación, sino la gente sencilla de nuestro pueblo cristiano ha vivido en los gestos cotidianos esa cercanía de Dios que se expresaba en actitudes, en modos de ver las cosas, en maneras de iluminar cada circunstancia humana en la que el Señor estaba presente.

Sin embargo, esa cercanía, verdadera convivencia entre Dios y el hombre, ha sido paulatinamente enajenada, hasta la más hostil extrañeza, por un proceso secularizador que ha introducido una distancia entre Dios y el hombre. La religiosidad popular se ha visto así desplazada hasta su más honda exclusión, como si Dios estuviese molestando, como un intruso, en las cosas que llenaban nuestros días y nuestros afanes.

Hace ya varias décadas, el filósofo judío Martin Buber, uno de los padres del personalismo, escribió un célebre ensayo titulado El eclipse de Dios. Habiendo nacido en Viena en 1878, tenía en su memoria, de modo patente y patético, el holocausto que los judíos sufrieron a causa de la persecución alemana de Adolf Hitler, que a él le sorprendió en plena madurez humana e intelectual cuando tenía 62 años de edad. Tuvo que exiliarse a Palestina para poder salvar su vida. Morirá en Jerusalén en 1965.

Su obra sobre el «eclipse de Dios» tiene ese trasfondo: cuando Dios desaparece del horizonte humano, cuando su luz queda ocultada y censurada, entonces el rostro de los hombres también se difumina. No en vano, él desarrolló desde la filosofía personalista todo lo que permite que las personas aprendan a vivir conviviendo: es la filosofía del encuentro y del diálogo, en la que tanto y tan bellamente insistió Juan Pablo II siguiendo esa misma escuela filosófica del personalismo a través de los pensadores judíos y cristianos.

No es que Dios haya muerto, como cínicamente propugnaba años antes el alemán Friedrich Nietzsche, sino que a Dios lo han tapado, lo han querido eclipsar, lo han expulsado del paraíso humano, dando la vuelta a la escena bíblica de la expulsión de Adán y Eva en el Edén. Y así decía Martin Buber: «Existe un eclipse de Dios de igual forma que existe un eclipse solar, y la hora que nos toca vivir es una hora de tiniebla». Entonces se entiende que cuando hacemos desaparecer a Dios de nuestro mundo más cotidiano, las cosas ya no tienen en él una referencia moral, y entonces se produce un vacío, una relativización, un nihilismo, donde tantos valores pierden su fundamento, y las cosas no encuentran su justa y respetuosa relación.

En su importante obra El drama del humanismo ateo, el teólogo jesuita Henri De Lubac dejó escrito: No es verdad que los hombres sean incapaces de construir un mundo sin Dios: ya lo tienen. Pero cuando se construye un mundo sin Dios, se hace contra el hombre. 
Y, ciertamente, todas las tragedias que han acontecido en la historia de la humanidad, tienen ese marchamo de la expulsión de Dios de nuestras vidas, de su eclipse calculado y sentenciado, que termina por destruirnos de tantos modos.

Pero también en nombre de Dios se han cometido verdaderas locuras que han destruido a los hombres como no pocas veces ha sucedido. No se trataba de un Dios auténtico, sino de una coartada, un pretexto, una extraña complicidad, por la que se le vestía con nuestros uniformes, se le abanderaba con nuestras enseñas, se le pertrechaba con nuestras armas, y se le hacía cómplice de todas nuestras corrupciones. Ese dios, por ser falso, ha contribuido también a la construcción de un mundo contra el hombre.

A pesar de este reto cultural en el que nos encontramos, debemos afirmar que hay un camino siempre abierto de parte de Dios hacia el hombre, que viene a encauzar los mil caminos que el hombre ha querido abrir en su acceso al mundo divino, y que es infinitamente mayor que todos nuestros eclipses, cerrazones y relativismos. Esta es la afirmación humilde y audaz del cristianismo: la mutua apertura de Dios y del hombre se encuentra en lo que llamamos revelación, porque Dios mismo ha venido a revelarnos su entraña que ilumina nuestro propio misterio. No es una palabra sórdida que Dios pronuncia para nadie, ni tampoco un silencio mudo que el hombre quiere desentrañar, sino el encuentro cabal de esa palabra gratuita que viene al encuentro del silencio mendicante de nuestro corazón.

Es aquí donde la religiosidad popular entra con toda su fuerza y contenido: la de devolver a la humanidad, de un modo sencillo, esa certeza que hace al hombre tomar conciencia de que su vida es querida y mirada por Dios bondadosamente y que, fruto de esa bondad de quien nos contempla, estamos ciertos de que no estamos solos, nuestra vida le importa a alguien que nos cuida y nos acompaña. Aunque los eclipses interesados pretendan ocultar esa mirada de Dios hacia el hombre, y la del hombre hacia Dios, el corazón humano se hace rebelde, y el corazón de Dios se hace tenaz para que el encuentro con él, para el que nacimos, sea posible gozosa y serenamente. Esta es la terapia discreta que nos brinda la religiosidad popular.


ECLIPSE DE DIOS
Dice una leyenda judía que cuando los dos primeros seres humanos rechazaron a Dios el día de su creación y fueron expulsados del Edén, vieron ponerse el sol por primera vez. Entonces quedaron horrorizados, porque no podían entender otra cosa sino que por su culpa el mundo volvería a precipitarse en el caos. Sentados uno frente a otro, lloraron toda la noche y se verificó su conversión. Entonces comenzó a amanecer. Adán se levantó, tomó un unicornio y lo ofreció como sacrificio en lugar de sí mismo.
Toda religiosidad genuina —afirma Martin Buber— está centrada en el diálogo entre un Yo y un Tú eterno y omnipresente. Ese enfoque dialógico se contrasta aquí con algunas de las corrientes intelectuales europeas más importantes del siglo XX —la fenomenología de Heidegger, el existencialismo de Sartre o el psicoanálisis de Jung—, que suponían que los encuentros con Dios eran meramente humanos y negaban la existencia de un absoluto trascendente.

Para Buber, el subjetivismo radical del pensamiento moderno ha resultado en la ceguera espiritual ante la presencia de Dios. La idea del “eclipse” alternativa a la idea nietzscheana de la “muerte de Dios” sugiere que en algún momento la obstrucción a la luz divina cesará y de nuevo será posible el contacto con el absoluto. Así, Buber llegó a ser —según Robert M. Seltzer— la versión moderna de un profeta bíblico con la misión de recordar un mensaje: el oyente debe reconocer que Dios se dirige a él para llegar a ser completamente humano. Ahora, a más de seis décadas de la aparición original de estos ensayos, es tarea del lector contemporáneo determinar cuál ha sido el destino de aquel mensaje en la sociedad contemporánea.

El Sionismo según Buber

Sionismo espiritual: Buber no concibió el sionismo como un nacionalismo político común, sino como un mandato ético y espiritual de renovación judía en la tierra histórica.
Estado binacional: Desde los años 20, abogó firmemente por la paz y la hermandad con el pueblo árabe, proponiendo una república compartida con libre desarrollo para ambas comunidades.
Rechazo a la dominación: Criticó las posturas chauvinistas o de exclusión, exigiendo que la patria común fuera una sociedad ejemplar basada en el diálogo y la justicia y no en el dominio militar.
ECLIPSE TOTAL: la sustitución del Bien por el bienestar. FORJA 358

Todo se convierte en evento, mercancía, producto y contenido que hay que consumir. Y esta es precisamente una de las formas más características de la paganización moderna. No consiste ya en adorar al sol como una divinidad, sino en expulsar al creador para revestir de una aura casi sagrada a la emoción, a la multitud, a la naturaleza, a la Pachamama y al espectáculo. Allí donde una civilización cristiana podía levantar la mirada al cielo y reconocer el orden de la creación y la pequeñez del hombre, nuestra sociedad contempla el mismo cielo como un gigantesco decorado puesto ahí para proporcionarnos unos minutos o unos segundos de excitación.

Ya no se nos invita a contemplar, sino a consumir, no a interrogarnos por el sentido, sino a dejarnos impresionar, no a elevarnos de lo visible a lo invisible, sino a fabricar una imagen que pueda exhibirse en las redes sociales. El eclipse resume así la lógica de unas sociedades de consumo que han desarrollado innumerables mecanismos destinados a mantener satisfechas y entretenidas a las masas.
Drogas, alcohol, turismo, sexualidad desregulada, espectáculos deportivos, plataformas audiovisuales, viajes o compras aparecen continuamente presentados como caminos hacia la felicidad.

Son formas sofisticadas de adormecimiento colectivo. El nuevo opio del pueblo ya no es religioso, sino comercial, tecnológico, psicológico e ideológico. La felicidad queda así reducida a una sensación pasajera desvinculada de cualquier reflexión sobre la vida buena y el fin último del hombre. 

Si durante siglos nos preguntamos qué es el bien y qué perfecciona objetivamente al ser humano, la modernidad contemporánea solo parece preguntarse sobre qué produce más bienestar. Esta transformación constituye una de las mutaciones antropológicas más profundas de toda la historia. 
Es la sustitución del bien por el bienestar. o dicho, con otras palabras, cambiar o poner los bienes mundanos inferiores en lugar del buen orden del bien. 
Es el intento de eclipsar el bien, el buen orden.

domingo, 4 de mayo de 2025

"LO MÁS ENTRAÑABLE DE LO VIVIDO NO HA SIDO NI PRONUNCIADO NI EFECTUADO. 💕 TAN SOLO EL ENCUENTRO EFERVESCENTE EN LA ALBA MIRADA IMPLÍCITA DE COMPLICIDAD" YANKA

"Lo más entrañable de los vivido 
no ha sido ni pronunciado ni efectuado. 
Tan solo el encuentro efervescente 
en la alba mirada implícita de complicidad". 

Yanka


EL SECRETO ESTÁ EN LA MIRADA,
EN ESOS SEGUNDOS DONDE
TODO SE DICE SIN PALABRAS.

EN ESOS MOMENTOS FUGACES,
EN LOS QUE EL ANHELO SE 
ENTRELAZA CON EL ALMA,
DEJANDO HUELLAS QUE SOLO
LOS QUE SABEN VER MÁS ALLÁ
DEL INSTANTE ENTIENDEN.

PORQUE LA MAGIA DEL DESEO
NO SE GRITA, SE SUSURRA.



sábado, 29 de marzo de 2025

LIBRO "LA PASIÓN DE CRISTO": UNA LECTURA ORIGINAL🕂 por JOSÉ MIGUEL GARCÍA PÉREZ

La pasión de
CRISTO

Una lectura original

José Miguel García Pérez

Una lectura de los relatos de la pasión de Cristo que aparecen en los cuatro evangelios canónicos revela, a primera vista, una narración del desarrollo general de los acontecimientos muy similar. Sin embargo, un análisis atento de los textos manifiesta llamativas diferencias, incluso contradicciones, de algunos hechos narrados en ellos: el motivo de la celebración de la última cena, la comparecencia de Jesús ante el sanhedrín, el día de la muerte de Jesús o el privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás, entre otros. Los estudiosos han intentado explicar o justificar tales diferencias apelando a la intención literaria o teológica de cada evangelista, sin alcanzar una explicación unánime. Este debate, que sigue vivo hoy en día, junto a una supuesta datación tardía de la redacción de los textos evangélicos, habría llevado a relativizar el valor histórico de los relatos de la pasión y a dudar de la identidad de sus autores. Esto supondría un grave problema para la fe cristiana, esencialmente histórica. El autor del presente libro ofrece, desde un punto de vista histórico, soluciones certeras tras décadas de estudio del sustrato semítico de los textos evangélicos, dando con ello un firme apoyo a la fiabilidad de las noticias e informaciones recogidas en ellos.
Los Evangelios fueron escritos en griego entre la segunda mitad de los años 60 y finales de los 90 de nuestra era, es decir, unos 35-70 años después de que Jesús de Nazareth muriera clavado en una cruz fuera de los muros de Jerusalén, en una colina conocida como Gólgota. Sin embargo, antes de que Mateo, Marcos, Lucas y Juan narraran por escrito la pasión y muerte de Cristo debió de existir u n relato primitivo en arameo que se transmitía oralmente sobre aquellos hechos.
Una interpretación desde la lengua semítica de algunos versículos puede arrojar luz sobre las llamativas diferencias, e incluso contradicciones, que se aprecian en los evangelios. Porque, ¿coincidió la última cena con la celebración de la Pascua judía? ¿Jesús murió el 14 o el 15 de Nisán?
El arameo era una lengua consonántica, sin vocales, que se escribía sin separación entre palabras, según explica este experto. De ahí, a su juicio, algunas discrepancias en los posteriores textos en griego.

«Jesús enseñó en arameo, que era la lengua que hablaba, y también los apóstoles, cuando fueron enviados a predicar», recuerda este sacerdote que se muestra seguro de que aquellas enseñanzas aprendidas de memoria conformaron «una tradición muy fija» que se transmitió oralmente. «Muy pronto», continúa, esos relatos se formularían por escrito y es muy posible que en arameo.
Los evangelios son relatos de fe, pero la fe cristiana se basa en unos hechos históricos » y el relato de la Pasión de Jesús «ciertamente es histórico, fiabilísimo».
Con el libro no solo pretende «avalar la historicidad de los relatos evangélicos», sino también « la conciencia que tenía Jesús de su muerte y su significado ». En su empeño de arrojar luz sobre las expresiones oscuras apelando al sustrato semítico, quizá algunos puedan pensar que llega a forzar sus conclusiones, pero García Pérez replica que su libro «no es palabra de Dios» ni él pretende que se cambie el texto de los evangelios porque «no nos han llegado los textos arameos previos».

PRÓLOGO

Jesús de Nazaret murió clavado en una cruz fuera de los muros de la ciudad de Jerusalén, en una pequeña colina, llamada Gólgota, junto a la puerta de los huertos o de Efraím. El juicio en el que fue condenado, su pasión y muerte están narrados en los cuatro evangelios canónicos, que son nuestras principales fuentes históricas para conocer quién es Jesús. La mayoría de los estudiosos suele fechar la redacción de estas obras cristianas entre la segunda mitad de los años 60 y finales de los 90 de nuestra era; o sea, unos 35-70 años después de los sucesos narrados. Esta fecha tardía, junto a la falta de una sintonía total de los relatos evangélicos, ha llevado a bastantes exegetas a relativizar el valor histórico de los relatos de la pasión, e incluso a poner en cuestión la identificación tradicional de sus autores, que la Iglesia siempre ha reconocido como apóstoles-testigos de los hechos narrados (Mateo y Juan) o al menos como discípulos de aquellos que fueron testigos, de quienes recibieron la información (Marcos y Lucas). Nosotros estamos convencidos no solo de la antigüedad de la historia de la pasión, en sintonía con la mayoría de los estudiosos que suele colocar su redacción a finales de la década de los años 30, sino también de la fiabilidad de las noticias recogidas, ya que proceden de los testigos presenciales, como es fácil deducir del estilo y el contenido de los mismos relatos1

La antigüedad de los relatos evangélicos donde se narra el prendimiento, el juicio y la condena, el sufrimiento y la muerte de Jesús está avalada por el conocimiento exacto que los autores sagrados manifestaron tener respecto a la situación histórico-social de la Palestina de aquella época y por el carácter semítico de la redacción griega, que obliga a pensar en una formulación, incluso fijada por escrito, en lengua aramea. Según X. Léon-Dufour, las características lingüísticas semíticas apoyan la autenticidad de estos relatos, ya que demuestran que su redacción tuvo lugar en Palestina en las primeras décadas del cristianismo: 
«La ciencia lingüística resuelve también algunos problemas. Así, difícilmente se puede admitir la afirmación de M. Goguel de que los relatos de la pasión provienen del cristianismo helenístico, pues los semitismos que se detectan en ellos testimonian el medio judeo-cristiano en que fueron elaborados» 2. 

Estos relatos evangélicos, comparados con los del ministerio público, o con los capítulos iniciales dedicados a la infancia según Mateo y Lucas, tienen unas características especiales. Ante todo, llama la atención que estas narraciones evangélicas tengan una clara unidad y desarrollo temporal progresivo, mientras que el resto de los evangelios son noticias de hechos aislados o palabras pronunciadas en diferentes ocasiones, que a veces se reúnen según la temática. 
Por otra parte, es llamativa la gran coincidencia que existe entre la historia de la pasión de los evangelios sinópticos, o sea los tres primeros, y la del cuarto evangelio. Durante el ministerio público, el evangelio según Juan destaca por la diversidad de hechos y discursos de Jesús que forman la trama del relato respecto a los otros tres; diferencia que se mantiene en los preámbulos de la pasión, desde la entrada de Jerusalén hasta la última cena. Pero a partir del prendimiento de Jesús en Getsemaní, el desarrollo de los acontecimientos es casi idéntico en los cuatro evangelios. Esta semejanza en el orden de narrar y en los acontecimientos señalados es debida en gran parte a la fidelidad de los evangelistas a los hechos acontecidos, como afirma X. Léon-Dufour: 
«Son los mismos acontecimientos que se transmiten en las cuatro recensiones; pero, si es necesario admitir la dependencia en relación a una misma tradición, no se puede hablar de dependencia literaria mutua inmediata» 3. Un rasgo que apoyaría la existencia de una historia primitiva de la pasión es que estos pasajes evangélicos son independientes de los relatos del ministerio público de Jesús, ya que allí no se encuentra mención alguna a la información ofrecida en esos relatos. En dicha historia primitiva, la pasión comenzaría con el prendimiento de Jesús en Getsemaní, como parece sugerir la coincidencia existente entre los evangelios a partir de este suceso; dato que viene confirmado por la formulación del segundo y tercer anuncios de la pasión (Me 9,31; 10,33; cf. l Cor 11,23). 

Por otra parte, no podemos olvidar que los evangelios se escribieron algunos años después del gran acontecimiento de la resurrección. Por eso, resulta sorprendente que los evangelistas dediquen más espacio a narrar la pasión y muerte de Jesús que su victoriosa resurrección. Hace tiempo M. Kahler, de forma provocadora, consideró los evangelios unos relatos de la pasión con extensas introducciones 4. La relevancia de los acontecimientos finales de la vida de Jesús no solo se constata por la cantidad de versículos que les dedican los cuatro evangelistas, sino sobre todo porque la narración de su vida pública está transida de la amenaza/anuncio de la pasión 5. En realidad, los acontecimientos narrados en los evangelios tienen el horizonte de la muerte de Jesús. La relevancia que otorgan los autores sagrados a estos relatos de la pasión y muerte de su Maestro resalta más si tenemos en cuenta que no constituyen la última palabra sobre la vida de Jesús y que los sucesos narrados ocuparon menos de un día de los años dedicados al ministerio público. Si la llegada al Huerto de los Olivos se considera el preámbulo de la pasión, el prendimiento, el juicio, el suplicio de la cruz, la muerte y la sepultura de Jesús tuvieron lugar en pocas horas, desde la noche del jueves al inicio de la tarde del viernes. 

De igual modo, es llamativo que en los relatos evangélicos no se minimice el dolor de Jesús ni la sensación de derrota que experimentaron sus seguidores. A decir verdad, a la luz del acontecimiento de la resurrección, la pasión podría haberse considerado como un intermedio desafortunado, un suceso de importancia secundaria. Como señala A. Vanhoye, «no se esperaría una insistencia tan acentuada en las escenas dolorosas de la pasión. Deberían haberse disuelto para dejar espacio a los aspectos 'positivos' de la existencia de Jesús. En la vida pública, la acción del taumaturgo en que se preanunciaba el triunfo sobre la muerte, el éxito entre la gente, la enseñanza luminosa impartida con autoridad, el modo de organizar a los discípulos; después las apariciones del resucitado y los poderes concedidos a la Iglesia. A nuestro juicio, esto es lo que debería parecer importante y definitivo. La pasión podía entrar en la sombra, como un intermedio desafortunado que, gracias a Dios, no había tenido consecuencias duraderas [...] 

Sin embargo, la luz de la resurrección no favoreció esta visión. No llevó a una religión de evasión. En modo alguno apartó a los cristianos de los aspectos dolorosos de la vida de Jesús, por el contrario los condujo a valorar toda la existencia de su Salvador y en particular sus aspectos más desconcertantes: la contradicción y el sufrimiento» 6. En efecto, los relatos evangélicos no presentan huellas de una dulcificación o disminución del tormento y muerte de Jesús a causa de su resurrección. Sin embargo, la historia de la pasión no suele describir con detalle los tormentos infligidos a Jesús. La atención está centrada, sobre todo, en dos datos. 
En primer lugar, se juzga lo sucedido no como fruto del azar impersonal ni como mera consecuencia de la sola voluntad humana. En el origen de estos hechos está la voluntad divina; en ellos se cumple el designio del Padre. La urgencia de narrar los sucesos como voluntad de Dios, algo que ya aparece en los tres anuncios de la pasión, habría llevado a echar mano de pasajes del Antiguo Testamento; sobre todo el cuarto canto del Siervo sufriente (Is 52,13-53,12) o los salmos del justo perseguido (en concreto los Sal 22 y 69). A la luz de estos pasajes de las Sagradas Escrituras se narran los hechos-acaecidos durante la pasión de Jesús. Pero esto no significa que esos pasajes proféticos hayan originado los relatos evangélicos, como han sugerido algunos estudiosos 7. Por el contrario, como se puede constatar con facilidad, los relatos evangélicos no inventan circunstancias o elementos con el fin de poner en evidencia el cumplimiento de las Escrituras; en ellos no encontramos nada que no sea propio de los pormenores históricos de la época en que vivió Jesús y del tormento de la crucifixión 8
En segundo lugar, se afirma con claridad el papel protagonista que el sanhedrín de Jerusalén ejerció en la condena de Jesús llevado por su celo de defender la santidad de Dios. Esta responsabilidad de las autoridades judías aparece afirmada explícitamente en varios libros del Nuevo Testamento 9

En realidad, el motivo por el que se escribió la historia de la pasión no estaba en realizar una crónica, relatar la materialidad de los hechos; que, por lo demás, era bien conocida de aquellos a quienes se les leía este relato. A los autores sagrados, urgía sobre todo comunicar el significado de tales hechos, su valor salvífica. La preeminencia que tiene la pasión de Jesús en los evangelios procede no tanto del impacto sensible que estos hechos provocaron en sus seguidores, sino del significado sorprendente que reconocieron en ellos: desvelaban el verdadero sentido de la vida de Jesús, su verdadera misión. Desde los inicios, los primeros cristianos consideraron los sufrimientos y la muerte de Jesús como la razón de su existencia. Reconocían que Jesús había venido para cumplir la voluntad del Padre al aceptar la muerte en rescate por muchos (cf. Me 10,45). Esta voluntad misericordiosa de Dios manifestada en la muerte redentora de Jesús hizo que la comunidad cristiana hablara siempre de estos acontecimientos con conmoción y gratitud. De igual modo, la memoria de este gran acontecimiento salvífico urgió a los predicadores cristianos a anunciarlo a todos los hombres. 

Por lo demás, este sentido teológico de_ la muerte de Jesús no fue una invención de la comunidad, sino que fue afirmado por fidelidad a la propia interpretación que Él mismo comunicó a sus discípulos en varias ocasiones a lo largo de su vida y al comienzo de su pasión. Hechos y significado teológico-salvífico son inseparables en la conciencia de Jesús. El anuncio cristiano, la proclamación de sus misioneros, exige la fidelidad en la narración de los hechos no solo en su aspecto material, sino también en el sentido que les otorgó su Maestro. 

Sin embargo, según es fácil deducir de la información evangélica, el significado de la pasión, a pesar de las explicaciones de Jesús, no fue acogido de inmediato por los discípulos, que cayeron en la tentación de la duda y estuvieron dominados por el miedo. En efecto, al conocer la condena del tribunal supremo judío y la posterior muerte de Jesús en cruz, percibieron estos hechos como escandalosos, como el fracaso definitivo de la misión de Aquel que seguían. Si pudieron superar aquella terrible prueba de fe, leyendo de un modo diferente lo que había sucedido en Jerusalén aquel viernes del mes de Nisán, no fue porque se pusieron a reflexionar sobre los textos del Antiguo Testamento. Solo otro acontecimiento imprevisible, la resurrección de Jesús, pudo sacarles de la desolación que les embargaba y permitirles superar la gran prueba. Después, gracias a la convivencia con el Resucitado, de escucharle su modo de interpretar lo sucedido a la luz de las profecías del Antiguo Testamento, pudieron ofrecer una explicación diferente de los hechos. Solo una inteligencia como la de Jesús pudo comprender los textos sagrados, solo Él pudo introducir una exegesis tan novedosa. Los hechos superaban los anuncios proféticos, esos textos sagrados no eran un relato previo de lo que iba a suceder; por tanto, ninguno de estos pasajes coincidía por completo con lo sucedido en ese viernes. Las palabras de los textos sagrados no eran suficientes para desvelar la profundidad de los hechos a cualquier contemporáneo de Jesús conocedor de esas profecías. Solo el mismo Jesús pudo desvelar su sentido profundo, su verdadero significado. Luego, los apóstoles, de modo particular Pablo, penetrarán en sus palabras e intentarán expresarlas de forma más teológica. Pero no inventaron nada. El hecho y su significado eran demasiado excepcionales para que pudieran inventarlos. Los evangelistas, narrando los hechos sucedidos, transmitieron también la interpretación que de ellos dio el mismo Jesús. 

Afirma H. Schlier, «cada acontecimiento histórico remite a su texto y tiene un texto. Sin este no hay 'acontecimiento' en el pleno sentido de la palabra 10. Los evangelistas transmiten estos acontecimientos dentro de un relato, de una composición literaria. En este sentido, es absolutamente necesario entender perfectamente la narración escrita contenida en los evangelios, intentado resolver todas las oscuridades lingüísticas que encontramos en ella, al mismo tiempo que debemos prestar atención a los hechos que testimonian y a su modo de narrar. Solo así podremos alcanzar el verdadero significado de la historia de la pasión. Y una clave que hay que tener en cuenta para resolver las dificultades y extrañezas que contienen algunos relatos es el origen semítico de la tradición evangélica. Es siempre peligroso interpretar un texto o apelar a su sentido teológico sin haber intentado resolver todas sus extrañezas redaccionales 11. Pues bien, este estudio filológico en los evangelios nunca será completo si no se especifica, en caso necesario, como filología bilingüe; es decir, greco-semítica, ya que la tradición evangélica, como hemos intentado mostrar en otros estudios, fue formulada originalmente en arameo 12. En nuestro estudio, el recurso al sustrato semítico será fundamental para resolver tanto las oscuridades lingüísticas, como algunas divergencias entre los relatos evangélicos. Ciertamente las reconstrucciones ofrecidas son hipótesis de lectura, pues no nos han llegado los textos semíticos de los evangelios. Pero creemos que la utilización de tal recurso en la interpretación de los textos evangélicos 'queda abalado por la luz que arroja sobre ellos. 

Por otra parte, los relatos evangélicos, aunque sean fieles a.lo sucedido, no tienen el estilo de las obras históricas de Plutarco, Tácito o Suetonio. La historia de la pasión está narrada por cristianos, como el mismo relato evidencia, y se dirige también a cristianos para confirmar su fe. A veces, esta intención teológica de los autores sagrados se ha indicado como una objeción a la autenticidad de lo narrado en los evangelios al considerar que su finalidad principal era apologética. Pero la fe cristiana es esencialmente histórica, nace y se apoya en unos acontecimientos que sucedieron realmente. Por tanto, anuncio y acontecimiento histórico son inseparables; es decir, la predicación cristiana solo tiene consistencia en cuanto son verdaderos los hechos que se testimonian. 
Afirma Léon-Dufour: «Sin el hecho del que se declara garante, esta fe no tiene razón de ser; así lo evidencian claramente san Pablo (1Cor 11; 15) o los relatos de control eclesiástico narrados en los Hechos de los Apóstoles (Hch 8). Su edificio reposa en el hecho de la pasión y resurrección de Jesús. A partir del hecho se elabora la teología ulterior del bautismo y de la conducta cristiana. La ligazón con la vida terrestre de Jesús es tal que la comunidad se muestra cuidadosa en el conservar los testimonios de aquellos que acompañaron a Jesús desde el bautismo de Juan (Hch 1,22), vida terrestre de la que la comunidad se hace garante (cf, Hch 2,32; 3,15; 4,33; 5,32; 10,41; 13,31...). Y esta comunidad no es un masa anónima, sino un grupo estructurado que animan y guían los testigos oficiales»13

No obstante, si comparamos los diferentes evangelios entre sí, es fácil identificar llamativas diferencias, e incluso contradicciones, en la transmisión de lo acontecido: Las más llamativas se encuentran en el cuarto evangelio respecto a los tres sinópticos. Recordemos las principales. Según los tres primeros evangelistas, la última cena tuvo lugar con ocasión de la celebración pascual; según Juan, sin embargo, parece ser una comida de despedida. El cuarto evangelio transmite un largo discurso pronunciado durante esta cena, del que no existe ninguna huella en los evangelios sinópticos; solo Lucas hace referencia a un discurso de Jesús, mucho más breve, durante el banquete. También Juan parece desconocer el juicio ante el sanhedrín, pues Jesús comparece ante el sumo sacerdote Anás; su interrogatorio tiene el aire de ser una instrucción preparatoria para llevarlo ante el tribunal de Pilato. Llamativa es la divergencia que existe entre los evangelistas respecto a la fecha en que murió Jesús: mientras que el cuarto evangelista parece colocar la muerte de Jesús en el 14 de Nisán, los tres primeros la sitúan en el 15 de Nisán, día de la Pascua judía. 
No obstante, los cuatro evangelistas coinciden en afirmar que fue viernes el día de la semana en que murió Jesús. Además Juan ofrece informaciones desconocidas por los sinópticos, como el lavatorio de los pies, el largo diálogo de Pilato con Jesús, la flagelación como pena independiente de la crucifixión, la presencia de la Virgen María y el apóstol amado a los pies de la cruz. Pero también una comparación atenta de los tres primeros evangelios entre sí pone en evidencia llamativas diferencias. Las más vistosas son las informaciones que aparecen en uno de ellos y son ignoradas por los otros. Así, Mateo refiere la intercesión de la mujer de Pilato a favor de Jesús, los fenómenos acaecidos después de su muerte en cruz y la petición que las autoridades judías dirigieron a Pilato para que la tumba estuviera vigilada por algunos días. Lucas, por su parte, narra el juicio de Jesús ante Herodes Antipas, el lamento de las mujeres en el camino al Calvario y su diálogo con el buen ladrón, además de algunos dichos pronunciados durante la última cena. 

Los estudiosos han intentado 'explicar estas diferencias, o al menos justificarlas, apelando sobre todo a la intención literaria o teológica del evangelista; aunque no se ponen de acuerdo a la hora de explicar dicha finalidad teológica. En otras palabras, los exegetas no logran alcanzar una explicación unánime de los grandes problemas que contienen los relatos de la historia de la pasión. Por ello, no es extraño que no pocas cuestiones se sigan debatiendo todavía hoy, después de décadas de estudio. Entre otras, la fecha de la muerte de Jesús, el carácter pascual de la última cena, el papel jugado por las autoridades judías en la condena de Jesús, la competencia judicial del sanhedrín durante la dominación romana, o la realidad histórica del privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás, ya que fuera de los evangelios no se han encontrado informaciones claras que la confirmen. 
Por otra parte, algunos estudiosos dudan de que en el breve espacio de tiempo de menos de un día, como sostienen los relatos evangélicos, hayan podido suceder todos los acontecimientos de los que nos informan los evangelistas. Por añadidura, parece imposible alcanzar una coincidencia en la reconstrucción topográfica y la secuencia temporal de los hechos narrados. 

Con este libro intentaremos responder desde el punto de vista histórico a algunas de las cuestiones mencionadas e indicaremos pistas de solución para otras. No obstante, somos conscientes de que este esfuerzo por hallar una solución a los problemas históricos y literarios que plantean estos relatos no es suficiente para desvelar el significado de lo que ocurrió ese viernes de Nisán en Jerusalén. Ciertamente la racionabilidad de la fe se fundamenta sobre la realidad histórica, y por ello es decisivo mostrar la validez histórica del testimonio evangélico. Pero para conocer el significado de lo acontecido se requiere una inteligencia que no nace del estudio histórico y filológico, sino de la pertenencia a la Iglesia, donde pervive el acontecimiento y el testimonio que nos legaron los testigos. 
A lo largo del libro, en breves comentarios, iremos aludiendo a dicho significado, prestando ante todo atención a la conciencia que manifestó Jesús a través de su comportamiento y sus palabras. 

La celebración litúrgica de la pasión de Jesús comienza el domingo de Ramos con su entrada triunfal en Jerusalén. Las versiones modernas de los evangelios sinópticos suelen indicar como prólogo a la pasión la conspiración de los miembros del sanhedrín para acabar con Jesús 14
Según la narración evangélica, en los días posteriores a su entrada en Jerusalén Jesús subió a la ciudad santa para desarrollar allí una actividad de enseñanza y predicación en el área del templo. Al final de cada jornada, volvía a Betania, a la casa de Lázaro, donde pasaba la noche. El día previo a la pascua, cuando se mataban los corderos en el templo, Jesús encargó a dos de sus discípulos preparar todo lo necesario para celebrar la cena pascual. 
Algunos estudiosos consideran este evento el verdadero comienzo del relato de la historia de la pasión. Nuestro estudio, sin embargo, se centrará en los sucesos acaecidos desde el prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos hasta su sepultura. Ahora bien, creemos necesario abordar algunas cuestiones previas que ayuden a enmarcar mejor la pasión y muerte de Jesús. Por eso, en el capítulo inicial centraremos nuestra atención en tres problemas. 
Por una parte, estudiaremos las noticias cronológicas que tenemos recogidas en los evangelios sinópticos y en el cuarto evangelio, con el fin de situar los acontecimientos relacionados con la muerte de Jesús. 
En segundo lugar, intentaremos averiguar si la decisión de acabar con Jesús que tomó el tribunal supremo judío fue repentina y sin premeditación o, por el contario, conducida de forma consciente durante un largo periodo de tiempo. Por último, examinaremos algunos de los gestos y palabras de Jesús en la última cena para identificar el significado que confirió a su muerte. En el resto de los capítulos abordaremos varias dificultades que los estudiosos han identificado en las principales escenas de la historia de la pasión, desde el prendimiento de Jesús hasta su sepultura. Entre otras, la presencia de los soldados romanos en el prendimiento de Jesús, la muerte de Judas, el motivo de la condena de Jesús por el alto tribunal judío, el sueño de la mujer de Pilato, el privilegio pascual, las noticias cronológicas dispares; además de detenernos a estudiar la conciencia de Jesús ante su muerte y el valor que le otorgó.
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1  Cf. R. Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses. The Gospels as Eyewitness Testimony (Eerdmans, Grand Rapids 2006) 14-147. Sobre la antigüedad de estos relatos véase, J.B. Green, «Passion Narrative», en J.B. Green-S. McKnight-1.H. Marshall (ed.), Dictionary of Jesus and the Gospels (lnterVarsity, Downers GroveLeicester 1992) 604; R.E. Brown, The Death of the Messiah. From Gethsemane to the Grave. A Commentary on the Passion Narratives in the Four Gospels (Doubleday, New York 1994) 92.
2 X. Léon-Dufour, «Passion (Récits de la)»: DBS 6 (1960) 1481. Cf. también R.E. Brown, The Death of the Messiah, 53-57.
3 X. Léon-Dufour, «Passion», 1440.
4 M. Kahler, The So-Called Historical Jesus and the Historical Biblical Christ, (Fortress, Philadelphia 1964) 80 nota 11.
5 Véase, por ejemplo, en el Evangelio según Marcos las diferentes referencias a la pasión y muerte de Jesús: 2,7; 3,6.22-30; 8,31; 9,31; 10,33s; 11,18; 12,12
6 A. Vanhoye, «I racconti della Passione nei vangeli sinottici», en Varios, La Passione secondo i quattro Vangeli (Queriniana, Brescia 52003) 16s.
7 Por ejemplo, J.D. Crossan, The Cross that Spoke. The Origins of the Passion Narrative (Harper&Row, San Francisco 1988).
8 Por ejemplo, el lamento de las mujeres era la forma de acompañar al condenado; el reparto de los vestidos u ofrecer una bebida fuerte entraban dentro de la realización normal de una crucifixión; también era normal indicar mediante un titulus el motivo de condena; etc.
9 Véase Me 15,1.10-11; Mt 27,1-2.12-14.20; Jn 18,35; 19,6-7; Hch 3,13-15; 4,10-11; 13,27-28; 1Tes 2,15; etc
10 H. Schlier, Sobre la resurrección de jesucristo, (30Días, Roma 2008) 14.
11 Hace algunos años J. Carmignac, Recherches sur le 'Notre Pere' (Letouzey&Ané, París 1969) 6s, insistía con razón en la prioridad de un estudio filológico serio antes de identificar el sentido teológico del relato: «Puesto que una buena teología supone una buena exégesis, y una buena exégesis supone una buena filología, la solidez de las bases filológicas es la garantía indispensable de las exposiciones exegéticas y teológicas. De ahí que yo haya dado siempre la prioridad a la filología, precisamente para llegar a una mejor exégesis y una mejor teología».
12 Varios libros de la colección Studia Semítica Novi Testamenti se centran en pasajes difíciles que adquieren luz apelando a un original semítico del pasaje evangélico. Nuestro estudio tendrá en cuenta lo publicado en dicha colección.
13 X. Léon-Dufour, «Passion», 1480.
14 Mt 26,1-5; Me 14,1-2; Le 22,1-6.

Al Pie de la Cruz - Gema Martín

jueves, 1 de agosto de 2024

LIBRO "ACONTECIMIENTOS Y FIGURAS CORUÑESAS" por JESÚS MARÍA REIRIZ REY: "Se ha permitido que se perdieran símbolos porque esta es una ciudad muy mercantilista"


Jesús María Reiriz:

"Se ha permitido que se perdieran símbolos 
porque esta es una ciudad muy mercantilista"
HISTORIADOR Saca a la luz su libro número 18, un volumen sobre acontecimientos y figuras destacadas en la historia de La Coruña, una ciudad que, defiende, ha perdido gran parte de su patrimonio debido a la especulación urbanística; el martes 23 estará en el Sporting Club Casino hablando de este y otros temas

El psicólogo e historiador Jesús María Reiriz presenta el martes (20.00 horas) en el Sporting Club Casino su última obra, 'Acontecímientos y figuras coruñesas', en un acto organizado por la Librería Arenas.

¿Qué seaborda en este volumen? 

Quería dejar un legado del siglo XXI para las generaciones veni­deras, aunque soy consciente de que mi principal volumen de lec­tores pertenece a una generación que pienso que ya no existe. La gente joven, por norma general, no suele tener demasiado in­terés en la historia, y aún menos en la local.

¿Cuántos años ha dedicado a ela­borar este tipo de artículos?

Desde 1993. Tres décadas de mi vida. No sé si bien o mal empleadas, a estas alturas tengo bastan­tes dudas. Un trabajo de investigación nunca debe ser únicamente motivo de satisfacción para su autor, tiene que ser rentable desde un punto de vista cultural. Dejan­do al margen ya todo el tema eco­nómico, que dé un sentido al futu­ro trabajo de otras personas.
Para usted la historia local siem­pre ha sido una afición.
Ya de niño sentía mucha incli­nación por las humanidades y un vínculo especial con esta ciu­dad. Y me atrevería a decir, aun­ que suene un poco a chaladura, que esto viene motivado por al­ gún tema kármico.

¿A qué se refiere?

Este libro está dedicado a mi pa­dre, la persona que me educó en el amor a los libros, y también a Antonio Abelardo Rey Escariz. Yo creo que he sido reencarna ­ción de este autor, que en su vida vio frustrada su obra y yo de al­guna manera tengo la misión de llevar a feliz término lo que él no pudo concluir en su vida. Tengo muchos puntos en contacto con él, como vidas paralelas.

¿Cuáles serian los platos fuertes de la historia coruñesa?

Para mí uno de los que recojo en el libro es la desaparición del castillo de San Diego, porque lo derribaron quince días antes de nacer yo. Uno de los grandes pecados de esta ciudad es que nunca miró ha­cia atrás para intentar preservar las huellas de su pasado, tenemos mucha agenda 2030 con los carri­les bici pero no hemos invertido el esfuerzo y dinero en conservar gran parte de los monumentos de los que hablo en el libro. La Coru­ña es una ciudad echada a perder, no nos podemos comparar ni con Salamanca, ni con León, ni con Toledo, ni con Sevilla, claro.

Falta más cuidado patrimonial. Más amor propio, cómo se pudie­ron haber cometido tantas abe­rraciones y que ningún gobierno municipal haya intentado corre­gir un rumbo que nos ha lleva­do al desastre. Se han perdido to­dos los valores artísticos y estéti­cos de la ciudad. Quien diga que La Coruña es una ciudad bonita es solo por la ubicación, abraza­da por el mar. Pero tenemos que pensar que La Coruña es Monte Alto, Los Mallos, Los Castros, El Castrillón, donde no hay nada de interés que exponerle a un visi­tante. Y en los barrios históricos poco queda del sabor de antaño.


¿Hay algún elemento más que se haya perdido?

Un elemento emblemático, que era un icono financiero de la ciu­dad, era la Torre del Reloj, que fue la sede de la Caja de Ahorros de Galicia, que se derribó. Se ha permitido que se perdieran estos símbolos por­ que esta es una ciudad muy mer­cantilista y se ha vendido todo por cuatro duros. Absolutamente ningún gobierno se ha salvado, son todos cómplices.

¿Cómo se podría revertir esto?

El fallo de la democracia es que puede llegar al poder cualquier persona y creo que ningún políti­co coruñés pasaría un examen de historia local.




VER+:












domingo, 3 de marzo de 2024

ABUELOS, OS VAN A NECESITAR MUCHO, MUCHÍSIMO... 💕👶👧👨👵👴💕 y LA MIRADA EMBELESADA ENTRE UNA MADRE Y SU HIJO 👀 y ABUELAR...

 "Os  van  a  necesitar,  mucho".
💕👶👧👨👵👴💕
"CUANDO ACONTECE EL NACIMIENTO DE UN BEBÉ EN NUESTRAS VIDAS DE FAMILIA, TAMBIÉN NACEN UNOS PADRES Y UNOS ABUELOS Y UNOS TÍOS... ES UN PARENTEZCO NUEVO, CONDICIONANTE, VINCULANTE Y VIVICANTE". YANKA 
Cuando por fin tengáis delante a vuestro nieto es muy posible que sintáis de nuevo amor, alegría, felicidad, ternura y todas esas sensaciones que vivisteis cuando fuisteis padres, junto con la dicha de poder compartir esos sentimientos con la nueva pareja.
Eso hará que queráis formar parte de ello, y que sintáis la necesidad de participar.
Pues tengo una buena noticia: "Os van a necesitar, mucho". Es más, la evidencia dice que los niños que han tenido en sus vidas a sus abuelos tienen una niñez más feliz y una mejor vida adulta, así que imaginad lo importante que es el vínculo entre abuelos y nietos para ellos y vosotros.

 Ofreceos para visitarles según las normas que os indiquen: no vayáis sin avisar o sin que os hayan invitado, y tratad de descubrir siempre cuándo es un buen momento para iros.
 Ofreced vuestra casa también, para que vengan. Ese día no tendrán que cocinar ni limpiar después, y además podréis ir haciendo cada vez más vínculo con vuestro/a nieto/a.
 Tratad de dar muy pocos consejos, y por supuesto, no critiquéis su manera de criar. Lo que necesitan de vosotros es apoyo, cariño y respeto. Y es que ahora son ellos los padres.
 Si os preguntan, por supuesto, debéis dar vuestra opinión. Pero sin imponer vuestras creencias. Recordad que ha pasado mucho tiempo desde que criasteis a uno o más hijos (y no por criar a varios hijos tenéis el derecho de imponer vuestro criterio), y que aunque muchas cosas siguen igual, muchas otras han cambiado.

 Lo ideal es que preguntéis a la pareja cómo podéis ayudarles y qué esperan de vosotros, y que tengáis paciencia con respecto al bebé: el vínculo con vuestro/a nieto/a se crea poco a poco, desde la calma de los brazos de su madre y/o padre, hasta que por propia iniciativa decida irse con vosotros/as.
 Secuestrar al bebé de sus brazos es mala idea, porque lo pasarán mal ellos, y también el bebé.
 A medida que crezca, podréis ir contándole cómo era su mamá o papá de pequeño, y cosas de vuestra infancia y vuestra familia.

Sois quienes más información tenéis sobre ello, y le encantará descubrir sus orígenes de vuestra boca 



TIEMPOS AQUELLOS



NACIMIENTOS DE THIAGO: EL 4 DE SEPTIEMBRE DE 2023 A LAS 12 Y MEDIA PM 
Y DE THEO EL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2025 A LAS 2,51 AM


Los Abuelos no crían a sus nietos...
LOS ABUELAN

¿Qué significa Abuelar?
Mirar desde el corazón a los hijos de sus hijos.
Poner a su disposición historias de infancias
que constituyen identidad.
Cantar con ternura.
Escuchar con Atención.
Ofrecer consuelo.
Jugar con picardía siendo cómplice y guía a la vez.
Y por sobre todo...
Amar Incondicionalmente!
 
-Susana Maiqueira-