EL Rincón de Yanka: FAMILIA

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viernes, 17 de abril de 2026

LIBRO "EL SUEÑO DEL JAGUAR": 🐯 TRES GENERACIONES, CIEN AÑOS DE REVOLUCIONES, MIL HISTORIAS por MIGUEL BONNEFOY


El sueño del jaguar
🐯

Tres generaciones, cien años de revoluciones, mil historias de amor.

Al norte está la razón estudiando la lluvia, 
descifrando los truenos. 
Al sur están los danzantes 
engendrando la lluvia, 
inventando los truenos. 
William Ospina

Una épica saga familiar donde el destino de los protagonistas se entrelaza con la historia de Venezuela.

Cuando una mendiga muda de Maracaibo, en Venezuela, encuentra a un recién nacido abandonado en las escaleras de una iglesia, no imagina el extraordinario destino que le espera al niño. Criado en la pobreza, Antonio será vendedor de cigarrillos, estibador y mozo en un burdel antes de convertirse en uno de los cirujanos más ilustres de su país. Lo conseguirá gracias a la ayuda de una mujer excepcional, Ana María, la primera médica de la región, con la que tendrá una hija a la que pondrán el nombre de su nación: Venezuela
Ligada así para siempre al lugar que la vio nacer, Venezuela soñará con marcharse a París pese a tenerlo todo en contra. Es en el cuaderno de Cristóbal, el último eslabón de la familia, donde por fin echarán raíces las mil historias de este asombroso linaje.

Inspirándose en su singular mitología familiar, Miguel Bonnefoy construye una apasionante saga en la que el destino de sus protagonistas se entrelaza con la turbulenta historia de Venezuela.
Ganador del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y del premio Femina 2024, El sueño del jaguar es uno de los grandes éxitos de la literatura francesa reciente.
Su abuelo, criado en la pobreza, fue uno de los cirujanos más ilustres de su país. Su abuela, la primera médica de la región de Maracaibo. Dos historias de superación. ¿Existe hoy esa pasión por el esfuerzo?

Miguel Bonnefoy nos habla de su libro, EL SUEÑO DEL JAGUAR.


El-sueño-del-jaguar-Miguel-Bonnefoy by Alba Paz Castro


sábado, 21 de marzo de 2026

PELÍCULA "CERCA DE TI" (NOWHERE SPECIAL) 2020 BUSCANDO A ALGUIEN MUY ESPECIAL 👨💞👦


CERCA DE TI 
(NOWHERE SPECIAL) 2020
BUSCANDO A ALGUIEN 
MUY ESPECIAL

👨💞👦

"Mientras tratamos de enseñar a nuestros 
hijos todo acerca de la vida, 
nuestros hijos nos enseñan de qué trata la vida". 
(Angela Schwindt)

A sus 35 años, John, un limpiador de ventanas, cría solo a su hijo de cuatro años Michael. Su vida es simple y está en orden, pero todo su amor no será suficiente para evitar que le queden unos meses de vida. Durante el tiempo que le queda, intentará encontrar una familia que adopte a su niño para que este tenga una oportunidad.

Umberto Pasolini nos presenta su tercer largometraje basado en una historia real, la de un padre en fase terminal con un niño de cuatro años. El mismo ha escrito el guion. En su anterior película "Nunca es demasiado tarde" ya tocaba el tema de la muerte. La cinta nos llega con bastante retraso a la cartelera, después de formar parte de la Sección oficial del Festival de Cine de Valladolid (Seminci) en la edición del año pasado, donde obtuvo el Premio del Público.

Nos cuenta la historia de John, un limpiador de cristales sin más familia que su pequeño, cuando se entere que padece una enfermedad terminal, hará todo lo posible para buscar un hogar para su hijo. John durante la película pasa por varias etapas en su búsqueda, un de ellas son las breves entrevistas a posibles familias adoptantes sin que su hijo sepa qué ocurre y con la ayuda de un asistente social.

El padre se pasa toda la película preparando a su hijo para el fatal desenlace, le hace una caja de recuerdos para que la vea cuando él no este. A pesar de que la situación donde se ubican los protagonistas es muy dramática, el director intenta en todo momento evitar el melodrama y el sentimentalismo, mostrándonos todo de una manera sutil y directa. La película desprende una belleza descomunal, la relación entre padre e hijo es espectacular y los dos nos regalan unas interpretaciones inmensas. El niño lo interpreta el actor Daniel Lamont y el padre es interpretado por James Norton.



VER+:



martes, 3 de marzo de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "VIEJOS MUCHACHOS (1995) "THE GOOD OLD BOYS" por ELMER KELTON y TOMMY LEE JONES, RESPECTIVAMENTE

 

VIEJOS MUCHACHOS (1995) 
"THE GOOD OLD BOYS"


"Uno de los mejores de una nueva generación de escritores del Oeste" presenta una novela clásica "Uno de los mejores de una nueva generación de escritores del Oeste" presenta una novela clásica sobre un vaquero de la vieja escuela que lucha contra el cierre de la frontera (The New York Times ).
Hewey Calloway tiene un problema. En su tierra natal del oeste de Texas en 1906, el estilo de vida que ama está cambiando demasiado rápido para su gusto.
Hewey sueña con la libertad; solo quiere ser un vaquero a caballo sin ataduras, vagando sin cesar por la pradera. Pero la pradera de su infancia está desapareciendo lentamente: la tierra se está parcelando y las cercas de alambre de púas están apareciendo por todas partes. Por si fuera poco, los coches y otras máquinas invaden la sencilla vida vaquera de Hewey, apestando la zona y amenazando con reemplazar los viajes a caballo. Mientras Hewey lucha contra la implacable corriente del "progreso", llega a comprender que la vida sencilla de su infancia se acabó, que un hombre no puede vivir una vida cuyo tiempo ha pasado y que cada elección que hace, incluso aquellas que conducen a la felicidad, requiere un requiere un sacrificio.

Hewey Calloway es un vaquero que siempre ha llevado una vida errante. Sin embargo, el país está cambiando a marchas agigantadas, y Calloway se siente necesitado del amor de una familia.
Esta producción televisiva supuso el debut como director de Tommy Lee Jones, que ya llevaba 25 años como actor, y acababa de consagrarse un par de años antes, con El fugitivo. Adapta la novela de Elmer Kelton 'The Good Old Boys'.


domingo, 22 de febrero de 2026

LIBRO "EN FAMILIA": 👪 EL ARTE DE SER PERSONA por RICARDO PIÑERO MORAL

En   familia.
El   arte   de   ser   persona
👪

Ricardo Piñero Moral

Arte y familia son expresión de un modo de vida natural y posibilitan el crecimiento de la persona y el desarrollo de la sociedad. El arte no solo enriquece el patrimonio cultural de una nación o de un grupo, antes bien presta un servicio social cualificado. De la misma manera, la familia no solo contribuye a aumentar cuantitativamente el número de individuos, sino que los forma, los conforma, los educa para que sean ciudadanos libres, inteligentes, generosos, serviciales y comprometidos con el bien común. Si, además, arte y familia acogen una dimensión espiritual, estarán ofreciendo una visión más completa de la persona.
Solo con el título los ha dicho todo. Conlleva un rechazo de ese individualismo egoísta y estéril, que hoy se presenta como un modelo de conducta social. Estás expresando, en cambio, que vivir en familia es el modo de ser persona. Haces referencia a la familia natural, de la que todos procedemos, y que es atacada por quienes defienden modelos de convivencia, que muchas veces son de soledad y que se caracterizan por lo efímero, aunque no lleven impresa la fecha de caducidad como los artículos de consumo. Sin embargo, se observa en ellos la misma mentalidad de nuestra sociedad de consumo. La libertad se ha reducido a la libertad de elegir como en las estanterías del supermercado.

Tu enfoque en el libro sobre la familia va unida a nociones de estética. Sabes relacionar la crisis de la familia y de la persona con la crisis del arte, la belleza y cualquier otra forma de trascendencia. De ahí que en la segunda mitad del libro analices algunas pinturas y esculturas de diversas épocas en las que aparecen distintas familias. Hay cuadros de los primitivos flamencos, de los holandeses del siglo XVII, de Velázquez, de Picasso o del impresionismo francés, sin olvidar esculturas de Botero y Moore, aunque también te remontas a algún mosaico pompeyano en el que se muestra el poder inexorable del paterfamilias romano. Pienso que muchos profesores pueden utilizar estos recursos para transmitir valores en sus clases. Unos recursos que hacen pensar, observar los detalles y ejercer el pensamiento crítico. Me imagino que eso es lo que haces en tus clases, que, según la entrevista de El Mundo, se caracterizan, entre otras cosas, no solo por la gran afluencia de alumnos sino también la de sus novios y novias respectivas.

Tu libro es una afirmación de que los valores de la familia son los valores de la vida humana. La familia es, como bien afirmas, el auténtico modelo de felicidad, verdadera y duradera. Pero el individualismo imperante ha hecho creer a muchos que tener una familia representa una pérdida de autonomía personal y una renuncia a la propia libertad. Añado que también hay personas que están convencidos de la importancia de la familia y que en teoría quieren formar una, aunque siempre buscan excusas para aplazar la puesta en práctica. Pese a todo, a lo largo del libro vas desplegando los rasgos informadores de la familia, acompañados por una serie de obras de arte que sirven de reflexión. Estos son los rasgos en concreto: Seguridad, Alegría, Generosidad, Respeto, Justicia, Responsabilidad, Lealtad, Confianza, Intimidad, Libertad…

Finalmente, en el epílogo del libro nos estás diciendo que no nos quedemos en las obras maestras del arte que han sido descritas. La obra maestra la hemos de hacer cada uno haciendo de nuestra propia familia una obra de arte. Una obra de arte que para los cristianos se transforma en una referencia a un Dios que es familia, el Dios de la Trinidad.


Pensar para ser Feliz: una Conversación que te Transformará - Ricardo Piñero | Aladetres 162


miércoles, 4 de febrero de 2026

LIBRO "LA POÉTICA DEL ESPACIO" por GASTÓN BACHELARD


LA POÉTICA DEL ESPACIO



INTRODUCCIÓN

I

GASTÓN BACHELARD: Un filósofo que ha formado todo su pensamiento adhiriéndose a los temas fundamentales de la filosofía de las ciencias, que ha seguido tan claramente como ha podido el eje del racionalismo activo, el eje del racionalismo creciente de la ciencia contemporánea, debe olvidar su saber, romper con todos sus hábitos de investigación filosófica si quiere estudiar los problemas planteados por la imaginación poética. 
Aquí, el culto pasado no cuenta, el largo esfuerzo de los enlaces y las construcciones de pensamientos, el esfuerzo de meses y años resulta ineficaz. Hay que estar en el presente, en el presente de la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen. 

La imagen poética es un resaltar súbito del psiquismo, relieve mal estudiado en causalidades psicológicas subalternas. Nada general ni coordinado tampoco puede servir de base a una filosofía de la poesía. La noción de principio, la noción de "base", sería aquí ruinosa. Bloquearía la actualidad esencial, la novedad psíquica esencial del poema. Mientras la reflexión filosófica que se ejercita sobre un pensamiento científico largamente elaborado exige que la nueva idea se integre en un cuerpo de ideas experimentadas, aunque ese cuerpo se someta, a causa de la nueva idea, a una elaboración profunda, como sucede en el caso de todas las revoluciones de la ciencia contemporánea, la filosofía de la poesía debe reconocer que al acto poético no tiene pasado, que no tiene al menos un pasado próximo, remontándose al cual se podría seguir su preparación y su advenimiento. 

Cuando más tarde nos retiramos a la relación entre una imagen poética nueva y un arquetipo dormido en el fondo del inconsciente, tendremos que comprender que dicha relación no es, hablando con propiedad, causal. La imagen poética no está sometida a un impulso. No es el eco de un pasado. Es más bien lo contrario: en el resplandor de una imagen, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y extinguirse. En su novedad, en su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo propio. Procede de una ontología directa. Y nosotros queremos trabajar en esta ontología. Es, pues, en la inversa de la causalidad, en la repercusión, en la resonancia, tan finamente estudiada por Minkowsky,1 donde creemos encontrar las verdaderas medidas del ser de una imagen poética. 

En esa resonancia, la imagen poética tendrá una sonoridad de ser. El poeta habla en el umbral del ser. Para determinar el ser de una imagen tendremos que experimentar, como en la fenomenología de Minkowsky, su resonancia. Decir que la imagen poética escapa a la causalidad es, sin duda, una declaración grave. Pero las causas alegadas por el psicólogo y el psicoanalista no pueden nunca explicar bien el carácter verdaderamente inesperado de la imagen nueva, ni la adhesión que suscita en un alma extraña al proceso de su creación. 

El poeta no me confiere el pasado de su imagen y, sin embargo, su imagen arraiga enseguida en mí. La comunicabilidad de una imagen singular es un hecho de gran significado ontológico. Volveremos a esta comunión por actos breves, aislados, activos. Las imágenes arrastran —después de surgir—, pero no son los fenómenos de un arrastre. Claro está que en las investigaciones psicológicas se puede prestar atención a los métodos psicoanalíticos para determinar la personalidad de un poeta, se puede encontrar así una medida de las presiones —sobre todo de la opresión— que el poeta ha debido padecer en el curso de su vida, pero el acto poético, la imagen súbita, la llamarada del ser en la imaginación, escapan a tales encuestas. Para iluminar filosóficamente el problema de la imagen poética es preciso llegar a una fenomenología de la imaginación. Entendamos por esto un estudio del fenómeno de la imagen poética cuando la imagen surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad.

II

Se nos preguntará tal vez por qué, modificando nuestro punto de vista anterior, buscamos ahora una determinación fenomenológica de las imágenes. En nuestros trabajos anteriores sobre la imaginación, en efecto, estimamos preferible situarnos lo más objetivamente posible ante las imágenes de los cuatro elementos de la materia, de los cuatro principios de las cosmogonías intuitivas. Fieles a nuestros hábitos de filósofo de las ciencias, habíamos tratado de considerar las imágenes fuera de toda tentativa de interpretación personal. Poco a poco, dicho método, que tiene a su favor la prudencia científica, me ha parecido insuficiente para fundar una metafísica de la imaginación. 

La actitud "prudente", ¿no es acaso por sí sola la negación de obedecer a la dinámica inmediata de la imagen? Por otra parte hemos comprobado cuán difícil resulta despegarse de esta "prudencia". Decir que se abandonan los hábitos intelectuales es una declaración fácil, ¿pero cómo cumplirla? Hay ahí, para un racionalista, un pequeño drama cotidiano, una especie de desdoblamiento del pensamiento que, por parcial que sea su objeto -una simple imagen— no deja de tener una gran resonancia psíquica. Pero este pequeño drama de cultura, este drama al simple nivel de una imagen nueva, contiene la paradoja de una fenomenología de la imaginación: 

¿Cómo una imagen, a veces muy singular puede aparecer como una concentración de todo el psiquismo? ¿Cómo, también, ese acontecimiento singular y efímero que es la aparición de una imagen poética singular, puede ejercer acción -sin preparación alguna- sobre otras almas, en otros corazones, y eso, pese a todas las barreras del sentido común, a todos los prudentes pensamientos, complacidos en su inmovilidad? 

Nos ha parecido entonces que esta transubjetividad de la imagen no podía ser comprendida, en su esencia, únicamente por los hábitos de las referencias objetivas. Sólo la fenomenología —es decir la consideración del surgir de la imagen en una conciencia individual— puede ayudarnos a restituir la subjetividad de las imágenes y a medir la amplitud, la fuerza, el sentido de la transubjetividad de la imagen. 

Todas esas subjetividades y transubjetividades no pueden determinarse de una vez por todas. En efecto, la imagen poética es esencialmente variable. No es, como el concepto, constitutiva. Sin duda, la tarea de desprender la acción mutadora de la imagen poética en el detalle de las variaciones de las imágenes es dura, aunque monótona. Para un lector de poemas, la referencia a una doctrina que lleva el nombre tan a menudo mal entendido de fenomenología, corre el riesgo de permanecer oscura. Sin embargo, fuera de toda doctrina, esa referencia es clara. Se pide al lector de poemas que no tome una imagen como un objeto, menos aún como un sustituto de objeto, sino que capte su realidad específica. Para eso hay que asociar sistemáticamente el acto de la conciencia donadora con el producto más fugaz de la conciencia: la imagen poética. 

Al nivel de la imagen poética, la dualidad del sujeto y del objeto es irisada, espejeante, continuamente activa en sus inversiones. En ese dominio de la creación de la imagen poética por el poeta, la fenomenología es, si así puede decirse, una fenomenología microscópica. Por esta razón, dicha fenomenología tiene probabilidades de ser estrictamente elemental. En esta unión, por la imagen, de una subjetividad pura pero efímera y de una realidad que no va necesariamente hasta su constitución completa, el fenomenólogo encuentra un campo de innumerables experiencias; aprovecha observaciones que pueden ser precisas porque son simples, porque "no tienen consecuencias", a la inversa de lo que sucede con los pensamientos científicos, que son siempre pensamientos enlazados. La imagen, en su simplicidad, no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. En su expresión es lenguaje joven. 

El poeta, en la novedad de sus imágenes es siempre origen del lenguaje. Para especificar bien lo que puede ser una fenomenología de la imagen, para aclarar que la imagen es antes que el pensamiento, habría que decir que la poesía es, más que una fenomenología del espíritu, una fenomenología del alma. Se deberían entonces acumular documentos sobre la conciencia soñadora. 

La filosofía en lengua francesa contemporánea, y a fortiori la psicología, no se sirven apenas de la dualidad de las palabras alma y espíritu. Son por este hecho, una y otra, un poco sordas respecto a los temas tan numerosos en la filosofía alemana, en que la distinción entre el espíritu y el alma (der Geist y die Seele) es tan clara. Pero puesto que una filosofía de la poesía debe recibir todos los poderes del vocabulario, no debe simplificar nada ni endurecer nada. Para dicha filosofía, espíritu y alma no son sinónimos. Tomándolos en sinonimia, se nos impide traducir textos preciosos, se deforman los documentos entregados por la arqueología de las imágenes. La palabra alma es una palabra inmortal. En ciertos poemas es imborrable. Es una palabra del aliento.2 

La importancia vocal de una palabra debe retener por sí sola la atención de un fenomenólogo de la poesía. La palabra alma puede ser dicha con tal convicción que comprometa todo un poema. El tono poético que corresponde al alma debe, pues, quedar abierto a nuestras encuestas fenomenológicas. En el terreno de la pintura misma, donde la realización parece traer decisiones que proceden del espíritu, que encuentran obligaciones del mundo de la percepción, la fenomenología del alma puede revelar el primer compromiso de una obra. Rene Huyghe, en el bello prefacio que ha escrito para la exposición de las obras de Georges Rouault en Albi, dice: "Si hubiera que buscar por dónde hace explotar Rouault las definiciones..., tal vez tuviéramos que evocar una palabra un poco caída en desuso, a saber, alma". 

Y René Huyghe muestra que para comprender, para sentir y amar la obra de Rouault "hay que lanzarse al centro, al corazón, a la encrucijada donde todo toma su origen y su sentido: y encontramos de nuevo la palabra olvidada o reprobada, el alma". Y el alma—la pintura de Rouault lo demuestraposee una luz interior, la que una "visión interior" conoce y traduce en el mundo de los colores resplandecientes, en el mundo de la luz del Sol. Así, se exige una verdadera inversión de las perspectivas psicológicas al que quiere comprender, amando, la pintura de Rouault. Tiene que participar en una luz interior que no es el reflejo de una luz del mundo exterior; sin duda las expresiones de visión interior, de luz interior se reivindican con demasiada facilidad. 

Pero el que habla aquí es un pintor, un productor de luces. Sabe de qué foco parte la iluminación. Vive el sentido íntimo de la pasión de lo rojo. En el principio de tal pintura hay un alma que lucha. Semejante pintura es, pues, un fenómeno del alma. La obra debe redimir a un alma apasionada. Las páginas de René Huyghe nos confirman en la idea de que el hablar de una fenomenología del alma no carece de sentido. 

En muchas circunstancias, debe reconocerse que la poesía es un compromiso del alma. La conciencia asociada al alma es más reposada, menos intencionada que la conciencia asociada a los fenómenos del espíritu. En los poemas se manifiestan fuerzas que no pasan por los circuitos de un saber. Las dialécticas de la inspiración y del talento se iluminan si se consideran sus dos polos: el alma y el espíritu. A nuestro juicio, alma y espíritu son indispensables pata estudiar los fenómenos de la imagen poética en sus diversos matices, para seguir sobre todo la evolución de las imágenes poéticas desde el ensueño hasta la ejecución. 

En particular, estudiaremos en otra obra el ensueño poético como fenomenología del alma. El ensueño es por sí solo una instancia psíquica que se contunde demasiado frecuentemente con el sueño. Pero cuando se trata de un ensueño poético, de un ensueño que goza no sólo de sí mismo, sino que prepara para otras almas goces poéticos, se sabe muy bien que no estamos en la pendiente de las somnolencias. 

El espíritu puede conocer un relajamiento, pero en el ensueño poético el alma vela, sin tensión, descansada y activa. Para hacer un poema completo, bien estructurado, será preciso que el espíritu lo prefigure en proyecto. Pero para una simple imagen poética, no hay proyecto, no hace falta más que un movimiento del alma. En una imagen poética el alma dice su presencia. Y así un poeta plantea el problema fenomenológico del alma con toda claridad. Pierre-Jean Jouve escribe:
3 "La poesía es un alma inaugurando una forma". 

El alma inaugura. Es aquí potencia primera. Es dignidad humana. Incluso si la forma fuera conocida, percibida, tallada en los "lugares comunes", era, antes de la luz poética interior, un simple objeto pata el estudio. Pero el alma viene a inaugurar la forma, a habitarla, a complacerse en ella. La frase de Pierre-Jean Jouve puede tomarse como una clara máxima de una fenomenología del alma.

Puesto quo pretende ir tan lejos, descender a tanta profundidad, una encuesta fenomenológica sobre la poesía debe rebasar, por obligación de métodos, las resonancias sentimentales con las que recibimos más o menos ricamente —según que esta riqueza esté en nosotros o en el poema— la obra de arte. Aquí debe sensibilizarse la duplicación fenomenológica de las resonancias y de la repercusión. Las resonancias se dispersan sobre los diferentes planos de nuestra vida en el mundo, la repercusión nos llama a una profundización de nuestra propia existencia. En la resonancia oímos el poema, en la repercusión lo hablamos, es nuestro. 

La repercusión opera un cambio del ser. Parece que el ser del poeta sea nuestro ser. La multiplicidad de las resonancias sale entonces de la unidad de ser de la repercusión. Más simplemente dicho, tocamos aquí una impresión bien conocida de todo lector apasionado de poemas: el poema nos capta enteros. Esta captación del ser por la poesía tiene un signo fenomenológico que no engaña. La exuberancia y la profundidad de un poema son siempre fenómenos de la duplicación resonancia-repercusión. 

Parece que por su exuberancia el poeta reanima en nosotros unas profundidades. Para dar cuenta de la acción psicológica de un poema habrá, pues, que seguir dos ejes de análisis fenomenológicos, hacia las exuberancias del espíritu y hacia la profundidad del alma. Claro que —¿será preciso decirlo?— la repercusión, pese a su nombre derivado, tiene un carácter fenomenológico simple en los dominios de la imaginación poética donde queremos estudiarla. Se trata, en efecto, de determinar, por la repercusión de una sola imagen poética, un verdadero despertar de la creación poética hasta en el alma del lector. Por su novedad, una imagen poética pone en movimiento toda la actividad lingüística. La imagen poética nos sitúa en el origen del ser hablante. 

Por esa repercusión, yendo enseguida más allá de toda psicología o psicoanálisis, sentimos un poder poético que se eleva candorosamente en nosotros mismos. Después de la repercusión podremos experimentar ecos, resonancias sentimentales, recuerdos de nuestro pasado. Pero la imagen ha tocado las profundidades antes de conmover las superficies. Y esto es verdad en una simple experiencia del lector. Esta imagen que la lectura del poema nos ofrece, se hace verdaderamente nuestra. Echa raíces en nosotros mismos. La hemos recibido, pero tenemos la impresión de que hubiéramos podido crearla, que hubiéramos debido crearla. Se convierte en un ser nuevo en nuestra lengua, nos expresa convirtiéndonos en lo que expresa, o dicho de otro modo, es a la vez un devenir de expresión y un devenir de nuestro ser. Aquí, la expresión crea ser.

Esta última observación define el nivel de la ontología en la que trabajamos. En tesis general, pensamos que todo lo que es específicamente humano en el hombre es logos. No alcanzamos a meditar en una región que existiría antes que el lenguaje. Incluso si esta tesis parece rechazar una profundidad ontológica, nos debe ser concedida, por lo menos, como hipótesis de trabajo bien adecuada al tipo de investigaciones que perseguimos sobre la imagen poética. Así, la imagen poética, acontecimiento del logos, nos es personalmente innovadora. Ya no la tomamos como un "objeto". 

Sentimos que la actitud "objetiva" del crítico ahoga la "repercusión", rechaza, por principio, esta profundidad de donde debe partir el fenómeno poético primitivo. En cuanto al psicólogo, está ensordecido por las resonancias, y quiere describir sus sentimientos. Y en cuanto al psicoanalista, pierde la repercusión, ocupado en desenredar la madeja de sus interpretaciones. Por una fatalidad del método, el psicoanalista intelectualiza la imagen. Comprende la imagen más profundamente que el psicólogo. Pero, precisamente, la "comprende". Para el psicoanalista la imagen poética tiene siempre un contexto. Interpretando la imagen, la traduce en otro lenguaje que el del logos poético. Por lo tanto, nunca se puede decir, con más razón: "traduttore, traditore". 

Recibiendo una imagen poética nueva, experimentamos su valor de intersubjetividad. Sabemos que la repetiremos para comunicarnos nuestro entusiasmo. Considerada en la trasmisión de un alma a otra, se ve que una imagen poética elude las investigaciones de causalidad. Las doctrinas tímidamente causales como la psicología, o fuertemente causales como el psicoanálisis, no pueden determinar la ontología de lo poético: nada prepara una imagen poética, sobre todo no la cultura en el modo literario, ni la percepción en el modo psicológico. Por lo tanto, llegamos siempre a la misma conclusión: la novedad esencial de la imagen poética plantea el problema de la creatividad del ser que habla. Por esta creatividad, la conciencia imaginante resulta ser, muy simplemente, pero muy puramente, un origen. Al desprender este valor de origen de diversas imágenes poéticas debe abordarse, en un estudio de la imaginación, la fenomenología de la imaginación poética.

IV

Limitando de esta manera nuestra encuesta a la imagen poética en su origen, a partir de la imaginación pura, dejamos de lado el problema de la composición del poema, como agrupación de imágenes múltiples. En esta composición del poema intervienen elementos psicológicamente complejos, que asocian la cultura más o menos lejana y el ideal literario de un tiempo, y otros componentes que una fenomenología completa debería tener en cuenta. Pero un programa tan vasto podría empañar la pureza de las observaciones fenomenológicas, resueltamente elementales, que queremos presentar. 

El verdadero fenomenólogo tiene la obligación de ser sistemáticamente modesto. Por lo tanto, nos parece que la simple referencia a poderes fenomenológicos de lectura, que convierten al lector en un poeta al nivel de la imagen leída, supone ya un matiz de orgullo. Sería para nosotros inmodesto asumir personalmente una facultad de lectura que volvería a encontrar y resucitaría el poder de creación organizada y completa que integra el conjunto de un poema. Y menos aún podemos esperar llegar a una fenomenología sintética que domine, como creen lograr ciertos psicoanalistas, el conjunto de una obra. Es, pues, al nivel de las imágenes aisladas donde podemos "repercutir" fenomenológicamente. Pero precisamente este punto de orgullo, este orgullo menor, este orgullo de simple lectura que se nutre con la soledad de la lectura, lleva en sí un signo fenomenológico innegable, si se conserva su simplicidad. 

El fenomenólogo no tiene aquí nada que ver con el crítico literario que, como se ha observado con frecuencia, juzga una obra que no podría crear, e incluso según testimonio de las censuras fáciles, una obra que no querría hacer. El crítico literario es un lector necesariamente severo. Volviendo del revés como un guante un complejo que el uso excesivo ha desvalorizado hasta el punto de penetrar en el vocabulario de los estadistas, podría decirse que el crítico literario, que el profesor de retórica, que saben siempre y juzgan siempre, tienen un simplejo de superioridad. 

En cuanto a nosotros, aficionados a la lectura feliz, no leemos ni releemos más que lo que nos gusta, con un pequeño orgullo de lector mezclado con mucho entusiasmo. Mientras el orgullo suele desarrollarse por lo general en un sentimiento avasallador que pesa sobre todo el psiquismo, la punta de orgullo que nace de la adhesión a una dicha de imagen, es siempre discreta, secreta. Está en nosotros, simples lectores, para nosotros, únicamente para nosotros. Es un orgullo de cámara. Nadie sabe que revivimos, leyendo, nuestras tentaciones de ser poetas. 

Todo lector un poco apasionado por la lectura, alienta y reprime, leyendo, un deseo de ser escritor. Cuando la página leída es demasiado bella la modestia reprime ese deseo. Pero el deseo renace. De todas maneras, todo lector que relee una obra que ama, sabe que las páginas amadas le conciernen. Jean-Pierre Richard, en su hermoso libro Poesía y profundidad, escribe entre otros estudios uno sobre Baudelaire y otro sobre Verlaine. Baudelaire es puesto en relieve, precisamente porque, como dice el autor, su obra "nos concierne". 

De un estudio a otro, la diferencia de tono es grande. Verlaine no recibe como Baudelaire la adhesión fenomenológica total. Y así sucede siempre; en ciertas lecturas que nos simpatizan a fondo, somos "parte interesada" en la expresión misma. En su 77- tán Jean-Paul Richter dice de su héroe: 
"leía los elogios de los grandes hombres con tanto placer como si él hubiera sido el objeto de esos panegíricos".4 De todas maneras la simpatía en la lectura es inseparable de la admiración. Se puede admirar más o menos, pero siempre es necesario un impulso sincero, un pequeño impulso de admiración para recibir el provecho fenomenológico de una imagen poética. La menor reflexión crítica detiene este impulso, situando al espíritu en posición secundaria, lo cual destruye la primitividad de la imaginación. 

En esta admiración que rebasa la pasividad de las actitudes contemplativas, parece que el goce de leer sea reflejo del goce de escribir como si el lector fuera el fantasma del escritor. Por lo menos el lector participa en este júbilo de creación que Bergson da como signo de la creación misma.5 Aquí la creación se produce sobre el hilo tenue de la frase, en la vida efímera de una expresión. Pero esta expresión poética, aun no teniendo una necesidad vital, es de todas maneras una tonificación de la vida. El bien decir es un elemento del bien vivir. La imagen poética es una emergencia del lenguaje, está siempre un poco por encima del lenguaje significante. Viviendo los poemas se tiene la experiencia saludable de la emergencia. 

Es sin duda una emergencia de poco alcance. Pero esas emergencias se renuevan; la poesía pone al lenguaje en estado de emergencia. La vida se designa en ellas por su vivacidad. Esos impulsos lingüísticos que salen de la línea ordinaria del lenguaje pragmático, son miniaturas del impulso vital. Un microbergsonismo que abandonara la tesis del lenguaje-instrumento, para adoptar la tesis del lenguaje-realidad, encontraría en la poesía muchos documentos sobre la vida completamente actual del lenguaje. Así, junto a consideraciones sobre la vida de las palabras, tal y como aparece en la evolución de una lengua a través de los siglos, la imagen poética nos presenta, al estilo del matemático, una especie de diferencial de esta evolución. 

Un gran verso puede tener una gran influencia sobre el alma de una lengua. Despierta imágenes borradas. Y al mismo tiempo sanciona lo imprevisible de la palabra. ¿Hacer imprevisible la palabra no es un aprendizaje de la libertad? 
¡Qué hechizo tiene para la imaginación poética el evadirse de las censuras! Antaño, las artes poéticas codificaban las licencias. Pero la poesía contemporánea ha puesto la libertad en el cuerpo mismo del lenguaje. La poesía aparece entonces como un fenómeno de la libertad.
______________________________

1 Cf. Eugéne Minkowsky, Vers une cosmologie, cap. IX
2 Charles Nodier, Dictionnaire raisonné des onomatopées françaises, París, 1828, 3 p. 46. "Los diferentes nombres del alma, en casi todos los pueblos, son otras tantas modificaciones del aliento y onomatopeyas de la respiración."
4 Pierre-Jean Jouve, En Miroir, Mercare de France, p. 1 1.
5 Jean-Paul Richter, El Titán. Berlín, 1800-1803. Bergson, Lénergie spirituelle', p. 23.

¿Qué es La poética del espacio de Gaston Bachelard?

Es una obra filosófica y poética en la que Gaston Bachelard explora los espacios íntimos —la casa, la habitación, el rincón, el nido— como escenarios fundamentales de la experiencia humana. Lejos de entender el espacio como una magnitud geométrica, Bachelard lo concibe como un lugar vivido, cargado de memoria, afecto e imaginación. Cada espacio habitado se convierte en una imagen que estructura la subjetividad y revela cómo la intimidad se construye a partir de refugios simbólicos. La poética del espacio propone una fenomenología de la imaginación, donde habitar no es solo ocupar un lugar, sino soñar en él, recordar en él y reconocerse a través de sus formas silenciosas.


Una media de 1.132 al mes.
Un año muy duro para el pequeño comercio, con cifras récord de bajas, según datos de la UPTA (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos)
Y no dejo de ver noticias así.
Locales de toda la vida que bajan la persiana.
En barrios, en pueblos, en ciudades.
Es algo que tenemos que tener en cuenta, a nivel individual, a nivel colectivo y a nivel Estatal.

Porque cada vez que cierra un comercio no solo desaparece un negocio.


Muere su historia.
Su vida.
Sus recuerdos.
Su legado.

MY FAMILY MY LOVE por Charlie Peacock


VER+:





miércoles, 15 de octubre de 2025

LIBRO "TODO ES UNA MENTIRA": VENEZUELA ROTA 💥 por AMED GARCÉS

TODO ES UNA MENTIRA: 
VENEZUELA ROTA


NO FUIMOS LIBERADOS, FUIMOS REPROGRAMADOS

Amed Garcés es un empresario venezolano en el exilio que descubrió la verdad más dura de su vida cuando tuvo que reconstruir todo desde cero.
Durante 25 años fue protagonista directo de la historia política de Venezuela: fundó partidos políticos, asesoró líderes de alto nivel y vivió desde primera fila los momentos que definieron el destino de una nación. Como millones, esperaba que un salvador externo cambiara el país.
Pero el exilio le enseñó una lección brutal: mientras esperaba que otros transformaran Venezuela, había entregado el control de su propia vida. Al reconstruir desde cero, descubrió que la verdadera batalla no está en las instituciones ni en esperar líderes mesiánicos, sino en los cambios internos y en la mente.
En este libro, Amed revela cómo dejó de ser víctima de las circunstancias para convertirse en arquitecto de su destino. Porque entender que fuiste reprogramado para esperar salvadores es el primer paso hacia tu verdadera liberación.
NOTA DEL AUTOR

Este libro, aunque no es académico en su forma, sí lo es en su rigor ético. Combina observaciones personales, metáforas simbólicas, intuiciones históricas y análisis sociales con he­chos verificables y documentación pública. Su enfoque no es neutral ni su lenguaje clínico; es un texto de conciencia crítica, surgido de la experiencia y la memoria, donde verdades que trascienden los índices bibliográficos laten en la historia real.
Cada capítulo ha sido minuciosamente revisado. Las afirma­ciones se sustentan en genealogías comprobables, registros empresariales accesibles, archivos históricos y crónicas de do­ minio público. La estructura busca abrir preguntas, no impo­ner respuestas.
Aquí no hallará exageraciones gratuitas ni ficción disfrazada de verdad, pero tampoco diplomacia. Este libro fue escrito para incomodar, no para embellecer. Y nunca para mentir.

NOTA LEGAL Y METODOLÓGICA

Este libro analiza patrones históricos de poder en Venezuela basándose en fuentes abiertas y verificables. En el caso de menciones a personas vinculadas a procesos judiciales en curso, se utilizan iniciales y se cita la fuente. Las interpreta­ciones aquí expresadas reflejan exclusivamente el juicio crítico del autor, fundamentado en hechos documentados. Este texto no busca difamar, incriminar o emitir juicios legales. Es res­ponsabilidad del lector contrastar y verificar cada afirmación citada. Este es un libro de reflexión política y memoria crítica; no es una acusación, sino una invitación al despertar.

Desde el exilio y mi hogar, Amed Garcés

En honor a mis abuelas, quienes me enseñaron desde niño que la política es el arte de lo posible y el valor de la verdad y la valentía.

Estos unificaron América para 
que estos otros la balcanizaran 

PRÓLOGO

La historia que no te contaron sobre tu propia vida

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Algunas historias te encuentran cuando estás listo para escu­charlas. Esta puede que sea la tuya.

Tu historia empezó mal

Cuando tenía veinte años, creí en una mentira que me costó la mitad de mi vida. La mentira era simple: si trabajas duro, si eres honesto, si esperas lo suficiente, las cosas van a mejorar. Alguien va a llegar a arreglar lo que está roto. Alguien va a construir el país que merecemos.
Me tomó treinta años darme cuenta de que, mientras yo espe­raba, los que me vendieron esa mentira estaban construyendo su propio país. Y yo los ayudé a pagarlo.

Si tienes veinte años ahora, no cometas mi error.

El personaje que no sabías que eras

En toda buena historia hay un protagonista que no sabe que lo es. Ese eres tú.
Has estado viviendo como personaje secundario en la historia de otros.
Como extra en la película de gente que nunca aprendió tu nombre. Como batería que alimenta sueños ajenos mientras los tuyos se agotan.
Pero las mejores historias empiezan cuando el protagonista se da cuenta de que puede escribir un final diferente.

Tu historia puede empezar hoy.

Los villanos que se disfrazan de héroes

En las películas es fácil identificar al malo. En la vida real, los villanos usan corbata y hablan bonito.

El villano de tu historia no es el político corrupto obvio. Es el profesor que estudió gratis en la universidad pública y hoy cobra en dólares consultas privadas. Es el médico que se es­ pecializó con beca del Estado y ahora vive en Miami dando consejos de superación personal. Es el ingeniero que construyó su empresa con contratos del gobierno y hoy habla de merito­cracia desde Canadá.

No son villanos de caricatura. Son personas educadas, inteli­gentes, que construyeron sus vidas sobre una simple filoso­ fía: "Yo primero, los demás después. Yo rápido, los demás nunca".

El problema no es que sean malvados. El problema es que son exitosos. Y ese éxito te convenció de que el sistema funcio­ naba. Solo que funcionaba para ellos, no para ti.

El robo perfecto

Te robaron algo que no sabías que tenías: el derecho a una his­toria diferente.

Te robaron la posibilidad de estudiar sin endeudarte, de tra­bajar sin irte del país, de construir una familia sin tener que elegir entre hijos y futuro. Te robaron la opción de creer en ins­ tituciones, de confiar en líderes, de invertir en un país que cre­ ciera contigo.

Pero el robo más perfecto fue este: te convencieron de que la culpa era tuya.
Que si no saliste adelante fue porque no te esforzaste.
Que si emigraste fue porque no supiste aprovechar las oportu­nidades.
Que si tu vida no funcionó fue porque algo estaba mal contigo.
La verdad es más simple y más dolorosa: te estafaron desde que naciste.

La mentira de la espera

"Ten paciencia. Esto va a cambiar".

Esa frase ha destruido más vidas venezolanas que cualquier crisis económica. Porque mientras tú tenías paciencia, otros tenían prisa. Mientras tú esperabas el cambio, otros cambia­ ban de casa, de pais, de cuenta bancaria.
La paciencia se volvió el arma perfecta para mantenerte quieto mientras otros se movían.

Deja de tener paciencia. Empieza a tener urgencia.

Tu momento de despertar

Hay un momento en toda buena historia donde el protago­nista ve la verdad completa por primera vez. Donde todas las piezas encajan. Donde entiende que ha estado peleando la ba­ talla equivocada.

Este puede ser tu momento.
No para que te unas a otro partido. No para que sigas a otro líder.
No para que cambies una mentira por otra.

Para que entiendas que tu libertad no la va a decretar ningún gobierno. Que tu futuro no lo va a construir ningún presi­ dente. Que tu historia la vas a escribir tú, con decisiones que tomes desde mañana.

El final que puedes elegir

Las mejores historias terminan con transformación, no con venganza.
Tu historia no tiene que terminar en resentimiento. No tiene que terminar en amargura. No tiene que terminar repitiendo los errores de los que te mintieron.
Puede terminar contigo construyendo algo que funcione. Algo pequeño, algo tuyo. Algo que no dependa de promesas de polí­ ticos ni de esperanzas de cambios que nunca llegan.

Puede terminar contigo siendo la excepción.
La excepción en una familia que se acostumbró a las medias verdades.
La excepción en una generación que prefirió las mentiras có­ modas.
La excepción en un país que se especializó en postergar la feli­cidad.

Lo que encontrarás en estas páginas

Este libro es el mapa de cómo llegamos aquí. Los nombres de los que construyeron el laberinto donde perdiste los años más importantes de tu vida. Las fechas donde se decidió tu futuro sin preguntarte. Las alianzas que convirtieron tu país en el ne­gocio de otros.

Pero más importante: las herramientas para salir del labe­rinto.
No es otro libro de quejas. Es un manual deliberación. Un GPS para llegar a una versión de ti mismo que no sabías que era posible.

Mi promesa

No te voy a mentir para consolarte. 
No te voy a dar esperanzas baratas. 
No te voy a pedir que confíes en mi.

Te voy a dar la información para que confíes en ti mismo. Para que entiendas que tu vida puede ser una historia comple­tamente diferente a la que has estado viviendo.

El resto depende de ti.

Para los que eligieron seguir durmiendo

Si después de leer esto decides que prefieres seguir creyendo en las mentiras cómodas, está bien. Es tu elección.
Solo te pido que no le vendas esas mentiras a tus hijos. Que no conviertas a la siguiente generación en combustible de la misma máquina que te consumió a ti.
Que rompas al menos esa parte del ciclo.

Tu nueva historia empieza aquí

Cada página que sigue es una oportunidad de entender mejor quién eres, de dónde vienes y hacia dónde puedes ir.
Pero solo si estás listo para dejar de ser el protagonista de la historia de otros y empezar a ser el autor dela tuya.

Bienvenido a la verdad.

Es lo único que puede hacerte libre.

CAPÍTULO 1

TODO ES UNA MENTIRA

El mito del Libertador: traición y fragmentación como acto fundacional
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"La verdad no fue olvidada. Fue reemplazada".

"No nos liberaron. Nos reprogramaron".

Cuando todo deja de cuadrar

Un domingo en el exilio abrí una caja de recuerdos rescatados de Venezuela. Entre fotografías encontré un viejo libro de his­toria. En la página 47, la misma mentira heroica que me ense­ñaron cuarenta años antes.

Esa noche desperté inquieto. Algo no cuadraba.
Los malos que combatí toda mi vida no eran los únicos malos. Mis compañeros de lucha tampoco eran completamente buenos.

Por primera vez me pregunté: ¿y si todo en lo que creo es mentira?
No solo las historias oficiales.
¿Y si nuestra forma de vernos como pueblo se sostiene sobre pilares falsos?
Ahí comenzó un proceso doloroso. Decidí cuestionarlo todo. Investigué. Volví al origen.
Nuestra historia no es una cadena de hazañas heroicas. Es una sucesión de mentiras convertidas en verdades oficiales.
Este libro busca incomodar. Porque solo cuando la mentira in­comoda, comenzamos a buscar la verdad.

La confesión fundacional de nuestra hipocresía

Un domingo cualquiera decidí bajar una copia del Acta de In­dependencia de 1810.
Lo que encontré me dejó perplejo:
  • Bolívar no estaba entre los firmantes (detalle omitido cuidadosamente en las escuelas).
  • El acta misma es un monumento a la hipocresía.
¿Sabes qué dice realmente el documento que nos vendieron como grito de libertad?
Reconocía como máxima autoridad a Fernando VII y juraba lealtad al rey. Pero en 1810, Femando VII estaba preso de Na­poleón. España estaba ocupada por tropas francesas. José Bo­ naparte, hermano de Napoleón, era el rey de facto.

Y aquí la contradicción:
  • Los firmantes habían leído a Voltaire, Rousseau, Mon­tesquieu.
  • Creían en soberanía popular, división de poderes, derechos naturales.
  • Martín Tovar Ponte había estudiado filosofía política.
  • Juan Germán Roscio traducía textos franceses.
  • Lino de Clemente conocía el constitucionalismo inglés.
  • Francisco Salias había leído la Declaración de Indepen­dencia norteamericana.
Todos sabían perfectamente que estaban mintiendo.

No eran ignorantes confundidos. Eran intelectuales que eligie­ron conscientemente la hipocresía como método político.
Y mientras tanto, en los hechos, creaban una junta que asumía poder y expulsaba a los representantes reales.
Está ahí, escrita con tinta indeleble: la confesión fundacional de nuestra hipocresía nacional: decir una cosa y hacer lo contrario.

Fuente: Acta de Independencia del 19 de abril de 1810 -Archivo General de la Nación, Caracas

Jurar lealtad mientras se actúa en contra es la definición exacta de traición. Ese acta no es un documento de indepen­dencia. Es el acta fundacional del hábito venezolano de trai­cionar mientras se jura fidelidad.

El primer pecado: el cura que abrió las puertas del infierno

El mediodía de la traición

19 de abril de 1810. Mediodía. Caracas hierve bajo un sol implacable.
José Cortés de Madariaga sale del Cabildo donde acaba de presenciar la firma del acta de traición disfrazada de independen­cia. Sus tacones resuenan contra las piedras coloniales.

Tac, tac, tac.

Cada pisada marca el compás de la mentira que acaba de pre­senciar.
El calor se filtra por su sotana negra. El sudor empapa su frente, pero no es solo el dima tropical. Es la adrenalina de quien sabe que está a punto de cambiar la historia de un continente entero.
Su misión está clara: mentir. Violar conscientemente el man­damiento que ha predicado desde el púlpito: "No mentirás".
Carnina sin mirar a nadie. Vecinos le piden la bendición, él no responde. Sus ojos están fijos en el suelo, pero su mente en el balcón donde lo espera Vicente Emparan.

Tac, tac, tac.

Los pasos marcan el ritmo dela traición.
Este cura, que cada domingo predica la importancia de la ver­dad, está apunto de cometer la mentira más grande de la his­toria venezolana.

Los escalones del engaño

Llega al Palacio del Cabildo. La multitud se agolpa en Ja plaza, sudorosa, esperando noticias.
Madariaga comienza a subir las escaleras. Ya no suenan pie­dras, ahora crujen maderas viejas.

Cric, crac, cric.

Cada escalón es una nota más en la sinfonía dela traición:
  • Primer escalón: piensa en Miranda, el precursor de ideales republicanos.
  • Segundo escalón: piensa en Bolívar, el joven ambicioso que no firmó porque ya calculaba su próximo movi­miento.
  • Tercer escalón: piensa en el pueblo que espera abajo, ignorante de la manipulación.
Su respiración se agita. No es solo esfuerzo físico. 
Es el peso moral de lo que está por hacer.

El encuentro

En el salón principal lo espera Vicente Emparan, Capitán Gene­ral de la Provincia de Venezuela.
Un español educado, ilustrado, que había administrado Cu­maná durante doce años con eficiencia. Construyó hospita­les, escuelas, puertos modernos. Un administrador honesto en tiempos de corrupción colonial.
Al ver a Madariaga, Emparan se incorpora:
- Padre, su bendición.
Madariaga murmura una bendición vacía. Sus palabras apenas audibles. ¿Cómo invocar a Dios cuando vas a violar sus man­damientos?
El sudor corre por sus sienes. Sonríe, pero es la sonrisa de quien guarda un secreto terrible.

La manipulación

Con gesto teatral, Madariaga indica el balcón:
- Capitán, el pueblo lo espera. Pregúnteles qué desean.
Emparan, confiado en su popularidad y en la lealtad que había cultivado, acepta. Caminan juntos hacia el balcón.
Los pasos de Emparan son firmes. Los de Madariaga, calcula­dos. Cada uno parte de la coreografía del engaño.

El momento de la traición

Se asoman al balcón. La plaza bulle de gente. El calor hace que el aire ondule como agua.
Emparan grita con dignidad:
- ¡Pueblo de Caracas! ¿Queréis que siga gobernando?
En ese instante, Madariaga ejecuta su plan. Se coloca de­trás, visible para la multitud. Agita los brazos indicando NO y mueve la cabeza con énfasis.
El pueblo, confundido, no entiende del todo lo que ocu­rre, pero al ver al respetado canónigo -su referente de honestidad y "representante de Dios en la Tierra"-­ negar con tanta convicción, responde al unísono:

- ¡Nooo!

La decisión queda sellada.
"He sido yo quien ha preparado todo esto con la mayor maña...
El pueblo ha obrado como yo quería que obrase".

El daño está hecho

- Pues si no me quieren, yo tampoco quiero mando. Emparan se quita la banda de Capitán General. Se va en paz.
Prefiere la humillación personal antes que bañar Caracas en sangre. Tenía soldados suficientes para masacrar a la multi­tud, pero elige el exilio.
Madariaga lo ve partir. Sonríe satisfecho. La misión está cum­plida.

Las puertas del infierno se abren

Doce años después, el 24 de diciembre de 1822, las tropas de Bolívar -ese joven que no firmó el acta porque ya calculaba el poder- entraron a las iglesias de Pasto durante la misa de Nochebuena.
Madariaga había legitimado Ja manipulación como método político. Había demostrado que los sacerdotes podían traicio­nar sus votos si era "por una causa mayor".
Cuando los soldados republicanos mataron sacerdotes en el altar mientras elevaban la hostia, cuando asesinaron mujeres embarazadas que rezaban el rosario, cuando atravesaron con bayonetas a niños en brazos de sus madres que cantaban vi­llancicos, estaban aplicando la lógica inaugurada en 1810: la traición santificada, la mentira justificada, la violencia legi­timada.

- El día de Nochebuena entraron las tropas en las iglesias durante la misa.
Los templos quedaron llenos de cadáveres."
- Testimonio del presbítero José María Gruesso
El cura que mintió en 1810 para derrocar a un gobernante de­cente había abierto la puerta a que en 1822 otros masacraran a sus propios hermanos de sotana.
Madariaga sembró viento en Caracas. Bolívar cosechó tempes­tades de sangre en Pasto.

La traición masónica a Cristo

Esa masacre de Pasto no fue un exceso militar. Fue una traición premeditada a la fe católica que tanto Bolívar como Sucre ha­bían profesado públicamente.
Bolívar fue bautizado en la Catedral de Caracas en 1783 y edu­cado por tutores católicos.
Sucre, nacido en Cumaná en 1795, también fue bautizado y educado en la fe cristiana.
Ambos sabían lo que significaba el 24 de diciembre: la noche más santa del cristianismo.

Pero ambos habían sido iniciados en logias masónicas. Bolívar en Londres, Sucre en logias militares durante las campañas.

La masonería veía en la Iglesia Católica el principal obstáculo político. Y en Pasto no se trataba solo de vencer militarmente, sino de quebrar el espíritu religioso que sostenía la resisten­cia.

El 24 de diciembre de 1822, durante la misa de Nochebuena, las tropas republicanas bajo el mando de Sucre irrumpieron en las iglesias durante la elevación de la hostia.

"Las tropas entraron en los templos durante la misa del nacimiento del Salvador. Mataron sacerdotes mientras elevaban el cáliz, degollaron mujeres em­barazadas en los confesionarios, atravesaron con bayonetas a niños en brazos de sus madres mien­tras cantaban villancicos. Los altares quedaron em­ papados desangre".
- Testimonio del presbítero José María Gruesso, Archivo Histórico de Pasto

Bolívar y Sucre sabían exactamente lo que hacían: no solo eli­minar enemigos políticos, sino ultrajar la fe recibida en su infancia.

Esta no fue violencia de guerra. Fue apostasía armada.
El mensaje era claro: en la nueva república, la lealtad masónica prevalecería sobre la fe católica.
Los símbolos republicanos se impondrían sobre los símbolos cristianos, aunque tuvieran que ser bañados en sangre sa­grada.

Así aprendimos que en Venezuela, quien se opone al poder será exterminado incluso en el lugar más sagrado, en el momento más santo.
Cuando un sacerdote usa la manipulación para quebrar el orden, ¿qué esperas que hagan después los caudillos con la Iglesia misma?

Emparan: el único que no mintió

Nos enseñaron que Vicente Emparan era un tirano que el pue­blo heroico derrocó. Otra mentira.

Emparan era un marino ilustrado, formado en las ideas de la Ilustración. Durante doce años administró Cumaná con efi­ciencia: construyó hospitales, escuelas, modernizó puertos.

"El gobernador de Cumaná nos manifestó mucha satisfacción...
es un hombre enamorado de la ciencia".
-Alexander Von Humboldt, 1799

El 19 de abril de 1810, Emparan cenia soldados suficientes para bañar Caracas en sangre. No lo hizo.
Subió al Cabildo y preguntó humildemente que deseaba el pue­blo. Tras la manipulación de Madariaga, aceptó su destitución.
- Pues si no me quieren, yo tampoco quiero mando.
Se quitó la banda, se fue en paz. Prefirió la humillación antes que la masacre.

¿Y qué hicieron los que lo sacaron con mentiras? Instauraron dictaduras militares y gobiernos de terror

Emparan fue el único que no mintió ni usó violencia. Su salida marcó el inicio de una historia donde la mentira se convirtió en instrumento para tomar poder.

Bolívar: la traición como método

La mentira geográfica que nadie cuestiona

Bolívar nunca fue venezolano. Nació español y murió colom­biano.

Decir que "Bolívar nació en Venezuela" es como decir que al­guien nacido en Texas en 1823 "nació estadounidense". Texas era territorio mexicano, no de Estados Unidos.

Del mismo modo, Venezuela no existía en 1783 cuando nació Bolívar. Él nació en la Capitanía General de Venezuela, territo­rio de la Corona Española. Era súbdito del Rey, no ciudadano de una república inexistente.
Venezuela como país independiente se fundó en 1830. Ese mismo año Bolívar murió siendo ciudadano de la Gran Colom­bia.

¿Cuándo exactamente fue "venezolano"?
Entre la separación de Venezuela en 1830 y su muerte en di­ciembre de ese mismo año. Menos de doce meses.
Durante 47 años fue súbdito español o ciudadano colombiano. Durante menos de un año pudo haber sido venezolano, pero estaba agonizando en Santa Marta.

No es una tecnicidad legal. Es la revelación de una mentira fundamental: hemos construido nuestra identidad nacional alrededor de un hombre que nunca fue nuestro ciudadano.
Peor aún, Bolívar no sólo negó la identidad nacional que luego se le atribuyó: dividió el Imperio español para debilitarlo, favo­reciendo así a sus enemigos históricos y asegurando su propio poder.

Una línea de su Discurso de presentación del proyecto de Cons­titución para Bolivia (Sucre, 1826) lo deja claro:

"El Presidente de la República viene a ser, en nues­tra Constitución, como el sol que, firme en su centro, da vida al universo. Esta suprema autori­dad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita, más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos".

Bolívar no buscaba repúblicas libres. Buscaba perpetuar su poder.

La primera traición: el mentor entregado a muerte

En 1812, Francisco de Miranda -el precursor de la indepen­dencia- se rindió para evitar más derramamiento de sangre. Bolívar lideró la conspiración que culminó en su arresto.
Miranda había nacido súbdito español, igual que Bolívar. No era "venezolano": Venezuela no existía en 1750. Era súbdito de la Corona convertido en rebelde.
Fue su mentor, el hombre que le enseñó ideales republicanos. Cuando negoció la rendición en Puerto Cabello, dijo al ver la conspiración en su contra:

"¡Bochinche! ¡Bochinche!
Esta gente no sabe hacer sino bochinche".

Bolívar sabía exactamente cuál seria el destino de Miranda. Los republicanos eran traidores a la Corona. Entregarlo a Monte­ verde no era juicio justo: era condena a muerte.

La madrugada del 31 de julio, Bolívar encabezó un grupo de oficiales -Juan Paz del Castillo, José Mires, Tomás Montilla, Miguel Carabaño, Rafael Chatillón y José Landaeta- que arres­taron a Miranda en La Guaira.

No fue Bolívar quien lo entregó físicamente a los realistas. Eso lo consumó Manuel María de las Casas. Pero fue la conspira­ción de Bolívar la que lo puso en manos de sus verdugos.

Miranda murió en las cárceles de Cádiz en 1816. Bolívar siguió su carrera política

El discípulo había pagado su deuda con traición.

El aprendiz de la traición se gradúa

Cinco años después, Bolívar aplicaría la misma lógica.

En 1817, Manuel Piar había salvado la República con una vic­toria decisiva: "Sin las victorias de Piaren 1817, no tuviéramos República", reconocería el propio Bolívar.

Pero Piar cometió el error fatal de demostrar que la revolución podía sobrevivir sin Bolívar.

Miranda había sido el cerebro teórico. Piar, el genio militar. Ambos demostraron que había revolución sin Bolívar. Y ambos tuvieron que morir.

La diferencia:
  • Con Miranda, Bolívar fue conspirador. Entregó a su mentor a los españoles.
  • Con Piar, ya no necesitaba intermediarios.
En cinco años había acumulado suficiente poder para firmar personalmente la sentencia de muerte. Ya no entregaba a riva­les a sus enemigos. Ahora él mismo se convertía en enemigo de quien le hacia sombra.

Miranda murió en una celda española, víctima de traición in­ directa. Piar moriría en una plaza venezolana, victima de eje­cución directa.
Bolívar había perfeccionado su método: de conspirador cobarde a verdugo eficiente.

El patrón revelado: padre intelectual, padre militar 

Mira la secuencia con frialdad:
  • 1812 -Miranda : el mentor que le enseñó a pensar la revolución... conspiración, arresto, muerte en prisión española.
  • 1817 -Piar: el salvador que le enseñó aganar la revo­lución... engaño, juicio amañado, fusilamiento directo.
Miranda le dio ideas. Piar le dio victorias. Bolívar les pagó c:on traición y muerte
¿Coincidencia? No. Método.

Bolívar no toleraba figuras paternas. No soportaba deudas de gratitud. Prefería ser huérfano político antes que reconocer mentores. Prefería ser el único salvador antes que compartir crédito.

Del asesinato político a la corrupción personal

Bolívar no solo eliminaba rivales. También corrompía las instituciones mezclando caprichos personales con poder público.

Pepa Machado: cuando el capricho personal quebró la República

Durante la Segunda República ( 1813-1814), Bolívar gobernaba como Dictador de Venezuela. Permitió que Josefina "Pepa" Ma­chado, su amante, formara parte del aparato político con in­ fluencia en el manejo del Estado.
No era solo su compañera íntima. Tenia acceso a fondos pú­blicos, decisiones administrativas, y participaba en nombra­mientos.

"Los fondos destinados a la administración de la República fueron dilapidados en gastos personales del General Bolívar y su séquito'.
- Francisco Ducoudray Holstein, Memorias

Mientras José Tomás Boves arrasaba Jos llanos, la Segunda Re­ pública se desintegraba. Pero Bolívar sostenía un gobierno dis­pendioso donde caprichos personales tenían prioridad sobre necesidades militares.
El colmo llegó en 1816 con Ja Expedición de Los Cayos. Bolívar retrasó la partida hasta que llegara Pepa Machado. Fueron días cruciales perdidos.

"Una expedición que se venia preparando cuidadosamente se suspende porque Pepita y Simón, Simón y Pepita, construyen su nido de amor du­rante dos días en la escuadra La Constitución".

Los oficiales lo reclamaron: la expedición fracasó en gran me­dida por el retraso
Lo grave no es que Bolívar tuviera amantes. Lo grave es que la sociedad normalizó que esas amantes manejaran poder público.
Ese patrón sigue repitiéndose en nuestra política hasta hoy.

El método perfeccionado: de Pepa a Manuela

Con Pepa Machado, Bolívar ensayó la mezcla de poder y rela­ ciones privadas. Con Manuela Sáenz, perfeccionó el método y añadió algo más perverso: traición personal .

La traición más íntima: James Thorne, el caballero que pagó el precio

James Thorne, comerciante inglés respetable en Lima, estaba casado con Manuela Sáenz desde 1817. Era generoso, tole­rante, moderno para su época.

En 1823, recibió a Bolívar en su casa como huésped de honor. Bolívar le pagó la hospitalidad seduciendo a su esposa bajo su propio techo.
En octubre de ese año, Manuela abandonó el hogar para vivir públicamente con Bolívar.

"Mrs. Thorne ha abandonado su domicilio para es­tablecerse públicamente con el General Bolívar".
- Informe del cónsul britán.ico James Charles Pre­vost (1823)

James Thorne no hizo escándalo. Siguió manteniéndola econó­micamente. Incluso cuando el dinero terminó financiando in­ directamente las campañas de Bolívar.
Más humillante aún: Bolívar nunca se casó con Manuela. Nunca le dio estatus legal. Nunca liberó a Thorne de la humi­llación.
El marido traicionado fue más fiel a sus votos que el "Liberta­dor" a sus promesas.
¿Dónde está la estatua de James Thorne? No existe. Tenemos plazas Bolívar en cada ciudad, pero ni una calle Thorne en todo el continente.

El otro lado de la misma traición

La historia de James Thorne revela algo más: Bolívar nunca li­ beró a su "libertadora".
Durante siete años Manuela fue su amante pública, nunca su esposa. Murió sin herencia, sin estatus, sin protección. Siguió dependiendo de la pensión que Thorne le enviaba desde Lon­dres.
James Thorne murió en 1847, tras 24 años manteniendo a Ja mujer que lo había traicionado con su huésped.
Uno cumplió su palabra. El otro traicionó a todos. La historia eligió a cuál llamar héroe.

El legado de la fragmentación

Los patrones de Bolívar -traición a mentores, ejecución de rivales, corrupción por amantes, cobardía personal- no que­daron en el pasado.
Se convirtieron en el ADN político de nuestras naciones. 

La fragmentación que nos partió

La Gran Colombia no sobrevivió una década. Se vendió como proyecto visionario, pero fue castillo sobre arena.
Bolívar no construyó nación duradera. Fragmentó un imperio en entidades inviables.
Venezuela solo se consolidó bajo Páez, no bajo Bolívar.

La mentira convertida en identidad

Lo más trágico no fue la traición de Bolívar. Fue que esa men­tira se volvió virtud nacional.
Niños recitan loas al Libertador cada mañana. Juramentos, desfiles, símbolos... que veneran no solo a un hombre, sino a un método: la traición como heroísmo.
Generación tras generación adoptamos la mentira como ser nacional. ¿Te sorprende nuestra corrupción? 
¿Te indignan políticos que mienten descaradamente? Son herederos de ese ADN que celebra al "vivo" que engaña "por un bien mayor".

Cambiamos de amos españoles a amos criollos. De corona monárquica a dictadura republicana. De catolicismo colonial a bolivarianismo laico. Pero la esencia quedó: el pueblo obedece, las élites mandan, la mentira justifica.

Todo es una mentira. Solo quien se atreva a cuestionarla podrá aspirar a ser libre.
  • Emparan fue el único que no mintió. Por eso tuvo que irse.
  • Piar fue el único que cuestionó el racismo. Por eso tuvo que morir
  • Thorne fue el único que cumplió su palabra. Por eso no tiene estatuas.
¿Ves el patrón?

En Venezuela, la decencia es peligrosa. La lealtad es sospe­chosa. La verdad es traición.
No fuimos liberados. Fuimos reprogramados para celebrar exactamente a quienes nos traicionaron.

Este libro no busca consolarte. Busca liberarte.
Porque solo cuando entiendas que todo lo que te enseñaron es mentira, podrás comenzar a construir algo verdadero.

¿Estás listo para el siguiente capítulo de esta demolición?

¿No conoces a estos personajes?

Si eres joven , o si nunca estudiaste a fondo la historia venezolana, 
los nombres que acabas de leer pueden parecerte lejanos o extraños.

No te preocupes.
En la página siguiente encontrarás un
"Quién es quién" de este capítulo.
Porque no son inventos. Son personas reales.
Y todo lo que hicieron está documentado.

Por eso duele tanto.

Conocerlos no es un ejercicio académico:
es entender por qué estamos exactamente donde estamos hoy.


Durante la Primera República de Venezuela entre 1811 y 1812, bajo el mando de Francisco de Miranda como dictador, se vivió una etapa de represión y desorden. En este contexto fueron condenados a muerte dos eclesiásticos: el doctor don Martín González y don J. López (o N. López).
Señala la «Relación documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela - Tomo I» del historiador Francisco Javier Yanes la causa de su ejecución fue:
«[...] condenándolos a muerte por estar convencidos legalmente de haber predicado y obrado activamente contra la independencia que habían jurado, conmoviendo los pueblos de Cara y Camatagua, y el Generalísimo confirmó la sentencia y mandó que se ejecutara. Puestos en capilla pidieron una audiencia [...]; Miranda fue a la pieza en que se hallaban y a la entrada se arrojaron a sus pies los padres implorando perdón y clemencia [...]. El Generalísimo les contestó que él no estaba autorizado para infringir la ley [...] y al día siguiente, a las seis de la mañana, fueron ejecutados en el sitio del juego de pelota, sin preceder degradación».

José Francisco de Heredia, regente de la Real Audiencia de Caracas, escribió en sus memorias lo siguiente:
«Dos sacerdotes fueron de las víctimas sacrificadas en la Victoria [...]; este espectáculo tan nuevo para un pueblo piadoso [...], lejos de inspirar el terror que deseaba el Gobierno (Miranda), lo hizo detestar como impío y sacrílego. Fue más lamentable la tragedia por las cualidades personales de aquellos eclesiásticos, que eran jóvenes instruidos y piadosos».
El historiador Felipe Tejera señaló en 1895 en su «Manual de historia de Venezuela» sobre Miranda que:
«Más que enérgico, mostróse cruel ajusticiando a los presbíteros don Martín González y N. López, con una mera apariencia de juicio».
Estas ejecuciones, realizadas sin la degradación eclesiástica previa y en un pueblo profundamente católico, generaron rechazo generalizado. Lejos de fortalecer la causa independentista, la dureza de Miranda contribuyó a su aislamiento y a la caída de la Primera República en 1812. Este episodio sigue siendo uno de los más controvertidos y crueles de esa etapa inicial.

Autor: Emilio Acosta.

Somos lo que somos PORQUE FUIMOS lo que fuimos.
Y estamos como estamos, porque somos como somos.
No somos capaces de ver la realidad de nuestra realidad.
Nuestra "VIVEZA" es nuestra "TORPEZA".


DES-CHAVITIZAR VENEZUELA


ABSOLUTEDU: Fíjense, por años vimos, leímos y escuchamos que la dictadura solo estaba en Miraflores, en los tribunales, en los cuarteles, en los medios tomados y en las instituciones secuestradas…
Pero en los últimos meses (y años) he visto en respuestas a algunos post, en videos de comunicadores, políticos y hasta en portales de noticias, algo que debería llamarnos la atención… hay una parte de la dictadura instalada en los hábitos.

¿Dónde?
En la viveza que se celebra como inteligencia.
En la chapa que es usada como privilegio.
En el contacto que resuelve lo que debería resolver la ley.
En el abuso pequeño que se normaliza porque “así funciona el país”…
En la corrupción y el enchufe disfrazado de necesidad.
En la obediencia maquillada de prudencia… y un largo etcétera de comportamientos que se están justificando.

Yo creo que Venezuela no solo necesita justicia política. Como hemos dicho en otros post, necesitamos una reconstrucción moral, cívica y cultural. Porque no basta con cambiar el poder si seguimos repitiendo los códigos que nos enseñaron a sobrevivir dentro del desastre.
Sí, la tiranía nos condicionó… Sí, la escasez nos empujó a vivir en emergencia. El miedo dejó marcas profundas. Pero entender el daño no puede convertirse en coartada para seguir justificando hábitos que también nos rompieron como sociedad…
Desaprender una dictadura implica recuperar convivencia, confianza, pensamiento crítico, responsabilidad ciudadana y el sentido común!! 🙏🏻
Así que les pregunto, ¿Qué hábito de dictadura crees que debemos desaprender primero?

EL VENEZOLANO NO ES UNA PERSONA SOLIDARIA

QUE CAIGA EL TIRANO, PERO TAMBIÉN CON ÉL SU dios. 
No un libertador sino un exterminador por Xavier Padilla

El Traidor que Rompió el Imperio Español – Simón Bolívar | Documental

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