El primer pecado: el cura que abrió las puertas del infierno
El mediodía de la traición
19 de abril de 1810. Mediodía. Caracas hierve bajo un sol implacable.
José Cortés de Madariaga sale del Cabildo donde acaba de presenciar la firma del acta de traición disfrazada de independencia. Sus tacones resuenan contra las piedras coloniales.
Tac, tac, tac.
Cada pisada marca el compás de la mentira que acaba de presenciar.
El calor se filtra por su sotana negra. El sudor empapa su frente, pero no es solo el dima tropical. Es la adrenalina de quien sabe que está a punto de cambiar la historia de un continente entero.
Su misión está clara: mentir. Violar conscientemente el mandamiento que ha predicado desde el púlpito: "No mentirás".
Carnina sin mirar a nadie. Vecinos le piden la bendición, él no responde. Sus ojos están fijos en el suelo, pero su mente en el balcón donde lo espera Vicente Emparan.
Tac, tac, tac.
Los pasos marcan el ritmo dela traición.
Este cura, que cada domingo predica la importancia de la verdad, está apunto de cometer la mentira más grande de la historia venezolana.
Los escalones del engaño
Llega al Palacio del Cabildo. La multitud se agolpa en Ja plaza, sudorosa, esperando noticias.
Madariaga comienza a subir las escaleras. Ya no suenan piedras, ahora crujen maderas viejas.
Cric, crac, cric.
Cada escalón es una nota más en la sinfonía dela traición:
- Primer escalón: piensa en Miranda, el precursor de ideales republicanos.
- Segundo escalón: piensa en Bolívar, el joven ambicioso que no firmó porque ya calculaba su próximo movimiento.
- Tercer escalón: piensa en el pueblo que espera abajo, ignorante de la manipulación.
Su respiración se agita. No es solo esfuerzo físico.
Es el peso moral de lo que está por hacer.
El encuentro
En el salón principal lo espera Vicente Emparan, Capitán General de la Provincia de Venezuela.
Un español educado, ilustrado, que había administrado Cumaná durante doce años con eficiencia. Construyó hospitales, escuelas, puertos modernos. Un administrador honesto en tiempos de corrupción colonial.
Al ver a Madariaga, Emparan se incorpora:
- Padre, su bendición.
Madariaga murmura una bendición vacía. Sus palabras apenas audibles. ¿Cómo invocar a Dios cuando vas a violar sus mandamientos?
El sudor corre por sus sienes. Sonríe, pero es la sonrisa de quien guarda un secreto terrible.
La manipulación
Con gesto teatral, Madariaga indica el balcón:
- Capitán, el pueblo lo espera. Pregúnteles qué desean.
Emparan, confiado en su popularidad y en la lealtad que había cultivado, acepta. Caminan juntos hacia el balcón.
Los pasos de Emparan son firmes. Los de Madariaga, calculados. Cada uno parte de la coreografía del engaño.
El momento de la traición
Se asoman al balcón. La plaza bulle de gente. El calor hace que el aire ondule como agua.
Emparan grita con dignidad:
- ¡Pueblo de Caracas! ¿Queréis que siga gobernando?
En ese instante, Madariaga ejecuta su plan. Se coloca detrás, visible para la multitud. Agita los brazos indicando NO y mueve la cabeza con énfasis.
El pueblo, confundido, no entiende del todo lo que ocurre, pero al ver al respetado canónigo -su referente de honestidad y "representante de Dios en la Tierra"- negar con tanta convicción, responde al unísono:
- ¡Nooo!
La decisión queda sellada.
"He sido yo quien ha preparado todo esto con la mayor maña...
El pueblo ha obrado como yo quería que obrase".
El daño está hecho
- Pues si no me quieren, yo tampoco quiero mando. Emparan se quita la banda de Capitán General. Se va en paz.
Prefiere la humillación personal antes que bañar Caracas en sangre. Tenía soldados suficientes para masacrar a la multitud, pero elige el exilio.
Madariaga lo ve partir. Sonríe satisfecho. La misión está cumplida.
Las puertas del infierno se abren
Doce años después, el 24 de diciembre de 1822, las tropas de Bolívar -ese joven que no firmó el acta porque ya calculaba el poder- entraron a las iglesias de Pasto durante la misa de Nochebuena.
Madariaga había legitimado Ja manipulación como método político. Había demostrado que los sacerdotes podían traicionar sus votos si era "por una causa mayor".
Cuando los soldados republicanos mataron sacerdotes en el altar mientras elevaban la hostia, cuando asesinaron mujeres embarazadas que rezaban el rosario, cuando atravesaron con bayonetas a niños en brazos de sus madres que cantaban villancicos, estaban aplicando la lógica inaugurada en 1810: la traición santificada, la mentira justificada, la violencia legitimada.
- El día de Nochebuena entraron las tropas en las iglesias durante la misa.
Los templos quedaron llenos de cadáveres."
- Testimonio del presbítero José María Gruesso
El cura que mintió en 1810 para derrocar a un gobernante decente había abierto la puerta a que en 1822 otros masacraran a sus propios hermanos de sotana.
Madariaga sembró viento en Caracas. Bolívar cosechó tempestades de sangre en Pasto.
La traición masónica a Cristo
Esa masacre de Pasto no fue un exceso militar. Fue una traición premeditada a la fe católica que tanto Bolívar como Sucre habían profesado públicamente.
Bolívar fue bautizado en la Catedral de Caracas en 1783 y educado por tutores católicos.
Sucre, nacido en Cumaná en 1795, también fue bautizado y educado en la fe cristiana.
Ambos sabían lo que significaba el 24 de diciembre: la noche más santa del cristianismo.
Pero ambos habían sido iniciados en logias masónicas. Bolívar en Londres, Sucre en logias militares durante las campañas.
La masonería veía en la Iglesia Católica el principal obstáculo político. Y en Pasto no se trataba solo de vencer militarmente, sino de quebrar el espíritu religioso que sostenía la resistencia.
El 24 de diciembre de 1822, durante la misa de Nochebuena, las tropas republicanas bajo el mando de Sucre irrumpieron en las iglesias durante la elevación de la hostia.
"Las tropas entraron en los templos durante la misa del nacimiento del Salvador. Mataron sacerdotes mientras elevaban el cáliz, degollaron mujeres embarazadas en los confesionarios, atravesaron con bayonetas a niños en brazos de sus madres mientras cantaban villancicos. Los altares quedaron em papados desangre".
- Testimonio del presbítero José María Gruesso, Archivo Histórico de Pasto
Bolívar y Sucre sabían exactamente lo que hacían: no solo eliminar enemigos políticos, sino ultrajar la fe recibida en su infancia.
Esta no fue violencia de guerra. Fue apostasía armada.
El mensaje era claro: en la nueva república, la lealtad masónica prevalecería sobre la fe católica.
Los símbolos republicanos se impondrían sobre los símbolos cristianos, aunque tuvieran que ser bañados en sangre sagrada.
Así aprendimos que en Venezuela, quien se opone al poder será exterminado incluso en el lugar más sagrado, en el momento más santo.
Cuando un sacerdote usa la manipulación para quebrar el orden, ¿qué esperas que hagan después los caudillos con la Iglesia misma?
Emparan: el único que no mintió
Nos enseñaron que Vicente Emparan era un tirano que el pueblo heroico derrocó. Otra mentira.
Emparan era un marino ilustrado, formado en las ideas de la Ilustración. Durante doce años administró Cumaná con eficiencia: construyó hospitales, escuelas, modernizó puertos.
"El gobernador de Cumaná nos manifestó mucha satisfacción...
es un hombre enamorado de la ciencia".
-Alexander Von Humboldt, 1799
El 19 de abril de 1810, Emparan cenia soldados suficientes para bañar Caracas en sangre. No lo hizo.
Subió al Cabildo y preguntó humildemente que deseaba el pueblo. Tras la manipulación de Madariaga, aceptó su destitución.
- Pues si no me quieren, yo tampoco quiero mando.
Se quitó la banda, se fue en paz. Prefirió la humillación antes que la masacre.
¿Y qué hicieron los que lo sacaron con mentiras? Instauraron dictaduras militares y gobiernos de terror
Emparan fue el único que no mintió ni usó violencia. Su salida marcó el inicio de una historia donde la mentira se convirtió en instrumento para tomar poder.
Bolívar: la traición como método
La mentira geográfica que nadie cuestiona
Bolívar nunca fue venezolano. Nació español y murió colombiano.
Decir que "Bolívar nació en Venezuela" es como decir que alguien nacido en Texas en 1823 "nació estadounidense". Texas era territorio mexicano, no de Estados Unidos.
Del mismo modo, Venezuela no existía en 1783 cuando nació Bolívar. Él nació en la Capitanía General de Venezuela, territorio de la Corona Española. Era súbdito del Rey, no ciudadano de una república inexistente.
Venezuela como país independiente se fundó en 1830. Ese mismo año Bolívar murió siendo ciudadano de la Gran Colombia.
¿Cuándo exactamente fue "venezolano"?
Entre la separación de Venezuela en 1830 y su muerte en diciembre de ese mismo año. Menos de doce meses.
Durante 47 años fue súbdito español o ciudadano colombiano. Durante menos de un año pudo haber sido venezolano, pero estaba agonizando en Santa Marta.
No es una tecnicidad legal. Es la revelación de una mentira fundamental: hemos construido nuestra identidad nacional alrededor de un hombre que nunca fue nuestro ciudadano.
Peor aún, Bolívar no sólo negó la identidad nacional que luego se le atribuyó: dividió el Imperio español para debilitarlo, favoreciendo así a sus enemigos históricos y asegurando su propio poder.
Una línea de su Discurso de presentación del proyecto de Constitución para Bolivia (Sucre, 1826) lo deja claro:
"El Presidente de la República viene a ser, en nuestra Constitución, como el sol que, firme en su centro, da vida al universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita, más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos".
Bolívar no buscaba repúblicas libres. Buscaba perpetuar su poder.
La primera traición: el mentor entregado a muerte
En 1812, Francisco de Miranda -el precursor de la independencia- se rindió para evitar más derramamiento de sangre. Bolívar lideró la conspiración que culminó en su arresto.
Miranda había nacido súbdito español, igual que Bolívar. No era "venezolano": Venezuela no existía en 1750. Era súbdito de la Corona convertido en rebelde.
Fue su mentor, el hombre que le enseñó ideales republicanos. Cuando negoció la rendición en Puerto Cabello, dijo al ver la conspiración en su contra:
"¡Bochinche! ¡Bochinche!
Esta gente no sabe hacer sino bochinche".
Bolívar sabía exactamente cuál seria el destino de Miranda. Los republicanos eran traidores a la Corona. Entregarlo a Monte verde no era juicio justo: era condena a muerte.
La madrugada del 31 de julio, Bolívar encabezó un grupo de oficiales -Juan Paz del Castillo, José Mires, Tomás Montilla, Miguel Carabaño, Rafael Chatillón y José Landaeta- que arrestaron a Miranda en La Guaira.
No fue Bolívar quien lo entregó físicamente a los realistas. Eso lo consumó Manuel María de las Casas. Pero fue la conspiración de Bolívar la que lo puso en manos de sus verdugos.
Miranda murió en las cárceles de Cádiz en 1816. Bolívar siguió su carrera política
El discípulo había pagado su deuda con traición.
El aprendiz de la traición se gradúa
Cinco años después, Bolívar aplicaría la misma lógica.
En 1817, Manuel Piar había salvado la República con una victoria decisiva: "Sin las victorias de Piaren 1817, no tuviéramos República", reconocería el propio Bolívar.
Pero Piar cometió el error fatal de demostrar que la revolución podía sobrevivir sin Bolívar.
Miranda había sido el cerebro teórico. Piar, el genio militar. Ambos demostraron que había revolución sin Bolívar. Y ambos tuvieron que morir.
La diferencia:
- Con Miranda, Bolívar fue conspirador. Entregó a su mentor a los españoles.
- Con Piar, ya no necesitaba intermediarios.
En cinco años había acumulado suficiente poder para firmar personalmente la sentencia de muerte. Ya no entregaba a rivales a sus enemigos. Ahora él mismo se convertía en enemigo de quien le hacia sombra.
Miranda murió en una celda española, víctima de traición in directa. Piar moriría en una plaza venezolana, victima de ejecución directa.
Bolívar había perfeccionado su método: de conspirador cobarde a verdugo eficiente.
El patrón revelado: padre intelectual, padre militar
Mira la secuencia con frialdad:
- 1812 -Miranda : el mentor que le enseñó a pensar la revolución... conspiración, arresto, muerte en prisión española.
- 1817 -Piar: el salvador que le enseñó aganar la revolución... engaño, juicio amañado, fusilamiento directo.
Miranda le dio ideas. Piar le dio victorias. Bolívar les pagó c:on traición y muerte
¿Coincidencia? No. Método.
Bolívar no toleraba figuras paternas. No soportaba deudas de gratitud. Prefería ser huérfano político antes que reconocer mentores. Prefería ser el único salvador antes que compartir crédito.
Del asesinato político a la corrupción personal
Bolívar no solo eliminaba rivales. También corrompía las instituciones mezclando caprichos personales con poder público.
Pepa Machado: cuando el capricho personal quebró la República
Durante la Segunda República ( 1813-1814), Bolívar gobernaba como Dictador de Venezuela. Permitió que Josefina "Pepa" Machado, su amante, formara parte del aparato político con in fluencia en el manejo del Estado.
No era solo su compañera íntima. Tenia acceso a fondos públicos, decisiones administrativas, y participaba en nombramientos.
"Los fondos destinados a la administración de la República fueron dilapidados en gastos personales del General Bolívar y su séquito'.
- Francisco Ducoudray Holstein, Memorias
Mientras José Tomás Boves arrasaba Jos llanos, la Segunda Re pública se desintegraba. Pero Bolívar sostenía un gobierno dispendioso donde caprichos personales tenían prioridad sobre necesidades militares.
El colmo llegó en 1816 con Ja Expedición de Los Cayos. Bolívar retrasó la partida hasta que llegara Pepa Machado. Fueron días cruciales perdidos.
"Una expedición que se venia preparando cuidadosamente se suspende porque Pepita y Simón, Simón y Pepita, construyen su nido de amor durante dos días en la escuadra La Constitución".
Los oficiales lo reclamaron: la expedición fracasó en gran medida por el retraso
Lo grave no es que Bolívar tuviera amantes. Lo grave es que la sociedad normalizó que esas amantes manejaran poder público.
Ese patrón sigue repitiéndose en nuestra política hasta hoy.
El método perfeccionado: de Pepa a Manuela
Con Pepa Machado, Bolívar ensayó la mezcla de poder y rela ciones privadas. Con Manuela Sáenz, perfeccionó el método y añadió algo más perverso: traición personal .
La traición más íntima: James Thorne, el caballero que pagó el precio
James Thorne, comerciante inglés respetable en Lima, estaba casado con Manuela Sáenz desde 1817. Era generoso, tolerante, moderno para su época.
En 1823, recibió a Bolívar en su casa como huésped de honor. Bolívar le pagó la hospitalidad seduciendo a su esposa bajo su propio techo.
En octubre de ese año, Manuela abandonó el hogar para vivir públicamente con Bolívar.
"Mrs. Thorne ha abandonado su domicilio para establecerse públicamente con el General Bolívar".
- Informe del cónsul britán.ico James Charles Prevost (1823)
James Thorne no hizo escándalo. Siguió manteniéndola económicamente. Incluso cuando el dinero terminó financiando in directamente las campañas de Bolívar.
Más humillante aún: Bolívar nunca se casó con Manuela. Nunca le dio estatus legal. Nunca liberó a Thorne de la humillación.
El marido traicionado fue más fiel a sus votos que el "Libertador" a sus promesas.
¿Dónde está la estatua de James Thorne? No existe. Tenemos plazas Bolívar en cada ciudad, pero ni una calle Thorne en todo el continente.
El otro lado de la misma traición
La historia de James Thorne revela algo más: Bolívar nunca li beró a su "libertadora".
Durante siete años Manuela fue su amante pública, nunca su esposa. Murió sin herencia, sin estatus, sin protección. Siguió dependiendo de la pensión que Thorne le enviaba desde Londres.
James Thorne murió en 1847, tras 24 años manteniendo a Ja mujer que lo había traicionado con su huésped.
Uno cumplió su palabra. El otro traicionó a todos. La historia eligió a cuál llamar héroe.
El legado de la fragmentación
Los patrones de Bolívar -traición a mentores, ejecución de rivales, corrupción por amantes, cobardía personal- no quedaron en el pasado.
Se convirtieron en el ADN político de nuestras naciones.
La fragmentación que nos partió
La Gran Colombia no sobrevivió una década. Se vendió como proyecto visionario, pero fue castillo sobre arena.
Bolívar no construyó nación duradera. Fragmentó un imperio en entidades inviables.
Venezuela solo se consolidó bajo Páez, no bajo Bolívar.
La mentira convertida en identidad
Lo más trágico no fue la traición de Bolívar. Fue que esa mentira se volvió virtud nacional.
Niños recitan loas al Libertador cada mañana. Juramentos, desfiles, símbolos... que veneran no solo a un hombre, sino a un método: la traición como heroísmo.
Generación tras generación adoptamos la mentira como ser nacional. ¿Te sorprende nuestra corrupción?
¿Te indignan políticos que mienten descaradamente? Son herederos de ese ADN que celebra al "vivo" que engaña "por un bien mayor".
Cambiamos de amos españoles a amos criollos. De corona monárquica a dictadura republicana. De catolicismo colonial a bolivarianismo laico. Pero la esencia quedó: el pueblo obedece, las élites mandan, la mentira justifica.
Todo es una mentira. Solo quien se atreva a cuestionarla podrá aspirar a ser libre.
- Emparan fue el único que no mintió. Por eso tuvo que irse.
- Piar fue el único que cuestionó el racismo. Por eso tuvo que morir
- Thorne fue el único que cumplió su palabra. Por eso no tiene estatuas.
¿Ves el patrón?
En Venezuela, la decencia es peligrosa. La lealtad es sospechosa. La verdad es traición.
No fuimos liberados. Fuimos reprogramados para celebrar exactamente a quienes nos traicionaron.
Este libro no busca consolarte. Busca liberarte.
Porque solo cuando entiendas que todo lo que te enseñaron es mentira, podrás comenzar a construir algo verdadero.
¿Estás listo para el siguiente capítulo de esta demolición?
¿No conoces a estos personajes?
Si eres joven , o si nunca estudiaste a fondo la historia venezolana,
los nombres que acabas de leer pueden parecerte lejanos o extraños.
No te preocupes.
En la página siguiente encontrarás un
"Quién es quién" de este capítulo.
Porque no son inventos. Son personas reales.
Y todo lo que hicieron está documentado.
Por eso duele tanto.
Conocerlos no es un ejercicio académico:
es entender por qué estamos exactamente donde estamos hoy.