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viernes, 4 de septiembre de 2026

"EL PEQUEÑO LIBRO DE LA ASTUCIA": 🦊 ESTRATEGIAS, TÉCNICAS Y RASGOS DE CARÁCTER PARA EL CULTIVO DE UNA PERSONALIDAD ASTUTA por LUCAS BRACCO


EL PEQUEÑO 
LIBRO
DE LA ASTUCIA
ESTRATEGIAS, TÉCNICAS Y RASGOS DE CARÁCTER
PARA EL CULTIVO DE UNA PERSONALIDAD ASTUTA

LUCAS BRACCO

Es un manual breve pero muy potente que recopila estrategias de inteligencia práctica, sagacidad social y pensamiento táctico para moverte mejor en la vida. El enfoque del libro es enseñarte a ser más perspicaz, leer mejor a las personas, anticiparte a sus movimientos y protegerte de manipulaciones.
🦊
Es un griego el primero que le muestra a Occidente una valiosa lección sobre las ventajas del ingenio sobre la fuerza. Ulises —u Odiseo (Ὀδυσσεὺς) si atendemos a su nombre en griego— es uno de los personajes clave de la mitología griega y tan importante como Hércules o Aquiles. Sin embargo, a diferencia de estos últimos, Ulises no es ni el mejor guerrero, ni el más fuerte, ni el más valiente. Con Ulises estamos ante el triunfo de la astucia. Es el héroe pícaro, bribón y taimado que siempre encuentra alguna treta cuando algo va mal; que siempre concibe algún invento para darle vuelta a una situación difícil y así ganarle a los más fuertes. 
En él se encarna el célebre dicho «Más vale maña que fuerza», uno de los principios básicos de la astucia. Ahora bien, aquí no entenderemos la astucia como manipulación o maquiavelismo, sino como prudencia, inteligencia, sagacidad y discreción.

Este no es, pues, un libro más de “psicología oscura” o de manipulación. Se trata del primer y único tratado que explora la verdadera astucia, misma que se entenderá siempre en relación con la inteligencia práctica, la virtud, la perspicacia y la noble sagacidad. La diferencia entre una persona astuta y una manipuladora es que la primera no tiene malicia ni egoísmo en su corazón. Mientras que el manipulador parece deleitarse engañando y manipulando a las personas, el astuto solo utiliza sus argucias cuando la ocasión lo amerita y siempre respaldado por la verdad, la justicia y la honradez.

Pues ser astuto no equivale a ser manipulador. A diferencia del manipulador, que actúa con vileza y egoísmo, la persona realmente astuta siempre juega limpio. Las luchas en las que pelea el astuto las gana con la inteligencia, pero también con la decencia. Quien vence con ruindad, muy pronto cosecha la antipatía y el desprecio de los demás y sus victorias se convierten en derrotas. Quien es verdaderamente sagaz, nunca opta por usar armas ilegítimas y mañas prohibidas. El manipulador maneja a los otros con trampas y engaños. El astuto sabe que la inteligencia asociada a la generosidad siempre es superior. Mientras que el manipulador está a gusto en la mezquindad y la cobardía, el astuto es noble y no transige con la bajeza.

En este libro veremos algunas generalidades de la personalidad astuta. Hablaremos de la importancia del uso de la razón y la reflexión; de pensar por adelantado y del control de las emociones. Veremos la importancia de la cultura y la indiscutible necesidad de estar bien informado conservando siempre un sano escepticismo. Exploraremos lo que significa la astucia vital o existencial: una inteligencia práctica para la vida que nos evitará caer en las neurosis contemporáneas (depresiones, ansiedades, fobias) y nos procurará paz mental, tranquilidad y alegría. Examino también una de las principales reglas de la astucia: no revelar nuestras intenciones y nuestros planes. Analizo los rasgos de la personalidad astuta en el trato con los demás. Aprenderemos los fundamentos del «saberse relacionar»; de elegir correctamente a nuestros amigos y conservarlos; de evitar a los fracasados; de saber manejar a las personas tóxicas. Examinaremos todo lo concerniente al tema de la reputación, la comunicación verbal y no verbal, la persuasión e influencia; algunas formas de sembrar ideas en la mente de los otros; veremos el arte de la insinuación y aprenderemos a ganarnos su voluntad. Finalmente, hablaremos de la importancia del sentido del humor en sociedad y conoceremos algunas técnicas (ironía, sarcasmo, imaginación, detalles humorísticos, comparaciones, contrastes) para convertirnos en personas divertidas y agradables.

“Os envío como ovejas en medio de lobos; 
sed, pues, astutos como la serpiente y sencillos como palomas” 
Jesús de Nazaret (Mateo, 10; 16)

Introducción

Con este consejo, Jesús se dirige a sus discípulos al enviarlos a difundir su mensaje en las ciudades de Israel. Extraño consejo que no esperaríamos escuchar de los labios del mismísimo «hijo de Dios» —máxime si se vale de la imagen de la serpiente, primer personaje astuto (y malvado) que encontramos en la Biblia—, y que sin embargo se inscribe en la más pura tradición del Nuevo Testamento. En este episodio, Jesús sabe que envía a sus apóstoles a una misión peligrosa. Sabe que se arriesgan a ser azotados por los sanedrines de las sinagogas, auténticos lobos de la sociedad religiosa de la época. Por eso les recomienda ser astutos como la serpiente, es decir, prudentes, cautos, con esa inteligencia que otorga la sabiduría, pero que —a diferencia de la serpiente del Génesis— no deja de ser noble y honrada. Mucho antes que Jesús, es un griego el primero que le muestra a Occidente una valiosa lección sobre las ventajas del ingenio sobre la fuerza. Ulises —u Odiseo (Ὀδυσσεὺς) si atendemos a su nombre en griego— es uno de los personajes clave de la mitología griega y tan importante como Hércules o Aquiles. 

Sin embargo, a diferencia de estos últimos, Ulises no es ni el mejor guerrero, ni el más fuerte, ni siquiera el más valiente. Con Ulises estamos ante el triunfo de la astucia. Es el héroe pícaro, bribón y taimado que siempre encuentra alguna treta cuando algo va mal; siempre concibe algún invento para darle vuelta a una situación difícil y así ganarle a los más fuertes. La más conocida de sus astucias es la de haber construido un enorme caballo de madera —regalo de los aqueos a los troyanos— en cuyo interior se escondieron treinta escogidos guerreros mientras los demás simulaban poner fin al asedio, argucia que finalmente provocó la caída de Troya. Este es su ardid más conocido, pero es solo una de las muchas tretas y engaños que Homero nos cuenta de su héroe en la Odisea. 

Ulises es, por sus cualidades, el más humano de los héroes homéricos. Sabe engañar y domina la palabra; con ella seduce a todo aquel que se cruza en su camino. Es ingenioso y fecundo en recursos de listeza y perspicacia. En él se encarna el célebre dicho «Más vale maña que fuerza», uno de los principios básicos de la astucia. Si la fuerza es el antagonista externo de la astucia, la impulsividad y la irreflexión son sus enemigos internos. Es muy tentador reaccionar con vehemencia, con indignación, pero casi siempre es contraproducente y perjudicial. La persona astuta se contiene, domina sus impulsos y piensa en una estrategia para lograr sus fines. Va siempre dos pasos adelante, pues lo ha pensado todo con antelación y sabe a cada paso dónde está pisando. 

Ahora bien, aunque la definición que nos da la RAE de astucia es “Agudo, hábil para engañar o evitar el engaño o para lograr artificiosamente cualquier fin”, aquí no entenderemos la astucia como manipulación o maquiavelismo, sino como prudencia, inteligencia, sagacidad y discreción. La diferencia entre una persona astuta y una manipuladora es que la primera no tiene malicia ni egoísmo en su corazón. Mientras que el manipulador parece deleitarse engañando y manipulando a las personas, el astuto solo utiliza sus argucias cuando la ocasión lo amerita y siempre respaldado por la verdad, la justicia y la honradez. 

Los manipuladores suelen ser gente que se aprecia poco a sí misma, por lo que necesitan sentir que tienen a la gente bajo su control y eso los lleva a buscar en todo momento ocasiones para manipular a los demás. Tienen, pues, lo que en psicología se conoce como personalidad narcisista, lo que los hace personas sumamente tóxicas y dañinas. Ser astuto no equivale a ser manipulador. A diferencia del manipulador, que actúa con vileza y egoísmo, la persona realmente astuta siempre juega limpio. Las luchas en las que pelea el astuto las gana con la inteligencia, pero también con la decencia. Quien vence con ruindad, muy pronto cosechará la antipatía y el desprecio de los demás y sus victorias se trocarán finalmente en derrotas. Quien es verdaderamente sagaz, nunca opta por usar armas ilegítimas y mañas prohibidas. 

El manipulador maneja a los otros con trampas y engaños. El astuto —como veremos— sabe que la inteligencia asociada a la generosidad siempre es superior. Mientras que el manipulador está a gusto en la mezquindad y la cobardía, el astuto es noble y no transige con la bajeza. Este no es, pues, un libro más de “psicología oscura” —es decir, de manipulación—, sino que es la primer y única obra que trata sobre la verdadera astucia, misma que se entenderá siempre en relación con la inteligencia práctica, la virtud, la perspicacia y la noble sagacidad. 

En el capítulo I veremos algunas generalidades de la personalidad astuta. 
Hablaremos de la importancia del uso de la razón y la reflexión, de pensar por adelantado y del control de nuestras emociones. 
Veremos en esta primera sección la importancia de la cultura y la indiscutible necesidad de estar bien informado, conservando siempre un sano escepticismo para detectar información falsa (tan común hoy en día). Hablaré, además, de una astucia vital o existencial en el sentido de una inteligencia práctica para la vida que nos evitará caer en las neurosis contemporáneas (depresiones, ansiedades, fobias) y nos procurará paz mental, tranquilidad y alegría. 

En el capítulo II trato el tema de la actitud del individuo astuto en relación a la jerarquía social en la que se encuentra. Analizo la importancia de actuar con la dignidad y la magnificencia de un grande; veremos el uso de los gestos, la mirada, la voz, la postura corporal; hablaremos del uso de amenazas; de cómo ocultar los defectos y callar los propios errores; del uso de las apariencias, de las excusas, de la soberbia y la abyección (dos extremos a evitar). 

En el capítulo III entramos en acción. Examinaremos ahí una de las principales reglas de la astucia: no jugar a juego descubierto, esto es, no revelar nuestras intenciones y nuestros planes. Examinaremos ahí el papel de la suerte; la importancia y el modo de aprovechar las oportunidades que se nos presentan; la conveniencia de tantear el terreno antes de entrar en acción; la exigencia de ser resoluto y, sobre todo, de proceder con audacia; hablaremos también de los compromisos y las expectativas generadas. 

El capítulo IV, el más extenso de todos, analiza los rasgos de la personalidad astuta en el trato con los demás. Veremos aquí los riesgos de aislarse y la conveniencia de ampliar al máximo nuestros círculos sociales; analizaremos la importancia de observar a los demás para comprender su carácter y evitar reacciones indeseadas; aprenderemos los fundamentos del «saberse relacionar»; de elegir correctamente a nuestros amigos y conservarlos; de evitar a los fracasados; de saber manejar a las personas tóxicas. 
Aprenderemos a evitar todas las formas en las que podemos fastidiar a los demás y las maneras para atraerlos y hacerlos nuestros aliados. 
Hablaremos del manejo de los conflictos; de la inconveniencia de la sinceridad absoluta; de la dependencia y la independencia. 
Abundaremos, además, en el tema de las apariencias y el valor de la escenificación astuta. 

El capítulo V prolonga el tema del trato con los demás, pero centrándose en las técnicas existentes para hacer que nazca en los otros el aprecio por nuestra persona. Analizaremos el concepto de «buen dejo»; la noción de «escasez» en el contexto de las relaciones sociales; la importancia de interesarse por los demás; lo relativo a las ofensas, los secretos, las burlas y los rumores. Y examinaremos —por último— todo lo concerniente al tema de la reputación. 

En el capítulo VI y VII analizaremos la comunicación verbal y no verbal, respectivamente. Hablaremos ahí del arte de conversar, analizando para ello la información implícita en los mensajes que emitimos y que recibimos todos los días. Explicaré ahí los cuatro aspectos del mensaje y las distintas formas de interpretarlos; señalaré qué interpretaciones debemos evitar y cuáles debemos privilegiar. Veremos también la mejor manera de salir airoso en una discusión; la mejor forma de hacer una crítica; la llave para sonsacarle a los demás sus secretos y el medio infalible para desarmar a quien está enojado con nosotros. 
En lo que respecta al lenguaje no verbal, aprenderemos a observar e interpretar el lenguaje corporal de los demás; a detectar engaños y mentiras; a cuidar las señales no verbales que mandamos a los demás; y a adoptar una «postura de poder» que transmita confianza y que nos haga sentir también seguridad interior. 

Siguiendo con el tema de la comunicación, el capítulo VIII se centra en las estrategias de persuasión e influencia que el individuo astuto puede utilizar para lograr que los demás colaboren en la consecución de sus objetivos. Veremos la importancia de la generosidad inteligente y su relación con la persuasión; hablaremos de la ley de la reciprocidad y de la conveniencia de otorgar favores y regalos; analizaremos las tesis del «egoísmo psicológico» y la utilidad de centrarse en el interés y la conveniencia ajenos. 
Hablaremos de los beneficios de aprovecharse de la codicia y la avaricia de los demás, y aprenderemos a utilizar en nuestro favor su anhelo innato de ser apreciados. 
Conoceremos también formas de sembrar ideas en la mente de los otros y mañas para hacerles creer que son ellos mismos los que eligen nuestro curso de acción; estudiaremos el arte de la insinuación y aprenderemos a ganarnos su voluntad a través del elogio sincero. 

Finalmente, en el capítulo IX, hablaremos de la importancia del sentido del humor en sociedad y conoceremos algunas técnicas (ironía, sarcasmo, imaginación, detalles humorísticos, comparaciones, contrastes) para convertirnos en personas divertidas y agradables. 

Todo lo que te enseñaré este libro —insisto en esto— ha de hacerse sin malicia. El astuto que tiene malas intenciones nunca lo es tanto, pues a la larga labra su ruina. Ahora bien, la teoría y la práctica son enteramente diferentes. Muchos hay que entienden bien las cosas, pero luego no las recuerdan y mucho menos saben ponerlas en práctica. 
¿No son inútiles en ese caso los conocimientos? Es como tener un tesoro guardado en una caja fuerte que sin embargo no puedes abrir. Los conocimientos que aquí te comparto son fáciles de comprender, pero ponerlos en práctica es más difícil de lo que parece. Por ello tendrás que hacer de este libro tu manual de cabecera y reflexionar una y otra vez sobre las máximas que contiene. Si sus lecciones permanecen frescas en tu memoria, te será más fácil aplicarlas en tu vida y dominar poco a poco el arte de ser astuto. Espero, lector mío, que lo disfrutes y, sobre todo, que te sea de provecho.

Lucas Bracco, 
marzo de 2022.

Conclusión

Hemos llegado al final de este pequeño manual sobre la astucia. Te habrás dado cuenta de algo muy importante: la inteligencia humana, aunque está dada de antemano para todos, es algo que tiene que ser cultivada para hacerse efectiva. En otras palabras, todos somos sagaces y astutos en potencia, pero habrá que razonar, practicar y trabajar con nuestra inteligencia para pasar de la potencia al acto. 

La astucia no es, pues, una cualidad que se da sin más en ciertos individuos. La astucia es un ejercicio, una práctica, un hábito que hay que reforzar y desarrollar todos los días. Su base está en la reflexión y en el conocimiento; en la experiencia y en la sabiduría que vamos acumulando a lo largo de nuestras vidas; en el ingenio y la creatividad que pongamos en nuestras acciones. 

La astucia escoge la maña por encima de la fuerza. Va siempre dos pasos adelante y se pone siempre por encima de las circunstancias. La última y la más paradójica de las lecciones de la astucia es esta: la mejor astucia es la que no se ve. Procura no sentir la necesidad de ser considerado astuto, pues esto es mera vanidad que, además de ser inútil, puede llegar a ser contraproducente pues solo pondrá a los demás a la defensiva. Ser tenido por astuto genera recelo, de la misma manera que ser tenido por inteligente despierta envidias y, en muchas ocasiones, resistencias y antagonismos gratuitos. 

La astucia se puede encubrir muy fácilmente con comentarios humorísticos que tomen por objeto la propia torpeza (y de paso generen cierto humorismo): “Vaya —diremos ante un descuido propio—, creo que me hicieron falta un par de tazas de café esta mañana”; o “Diablos, creo que debo borrar la palabra ‘perspicaz’ de mi currículum”, etc. La astucia es, en definitiva, prudencia, inteligencia práctica a nuestro servicio. Prudencia en el trato con los demás; prudencia al momento emprender algo; prudencia en nuestros pensamientos y en nuestro comportamiento en general. Por ningún motivo has de olvidar que la astucia jamás trata a los demás como un medio. No, ser astuto no equivale a ser manipulador. 

La astucia es sagacidad práctica unida a la nobleza, la virtud y la generosidad. Es solo el astuto, y nunca el manipulador, quien triunfa en la vida. 
“Sean astutos como la serpiente, pero sencillos como palomas”, dijo Jesús a sus discípulos. No es otro el mensaje de este libro.


El Pequeño Libro de La Astucia Estrategias Técnicas y Rasgos De by MensajeSabatino


domingo, 22 de febrero de 2026

LIBRO "EN FAMILIA": 👪 EL ARTE DE SER PERSONA por RICARDO PIÑERO MORAL

En   familia.
El   arte   de   ser   persona
👪

Ricardo Piñero Moral

Arte y familia son expresión de un modo de vida natural y posibilitan el crecimiento de la persona y el desarrollo de la sociedad. El arte no solo enriquece el patrimonio cultural de una nación o de un grupo, antes bien presta un servicio social cualificado. De la misma manera, la familia no solo contribuye a aumentar cuantitativamente el número de individuos, sino que los forma, los conforma, los educa para que sean ciudadanos libres, inteligentes, generosos, serviciales y comprometidos con el bien común. Si, además, arte y familia acogen una dimensión espiritual, estarán ofreciendo una visión más completa de la persona.
Solo con el título los ha dicho todo. Conlleva un rechazo de ese individualismo egoísta y estéril, que hoy se presenta como un modelo de conducta social. Estás expresando, en cambio, que vivir en familia es el modo de ser persona. Haces referencia a la familia natural, de la que todos procedemos, y que es atacada por quienes defienden modelos de convivencia, que muchas veces son de soledad y que se caracterizan por lo efímero, aunque no lleven impresa la fecha de caducidad como los artículos de consumo. Sin embargo, se observa en ellos la misma mentalidad de nuestra sociedad de consumo. La libertad se ha reducido a la libertad de elegir como en las estanterías del supermercado.

Tu enfoque en el libro sobre la familia va unida a nociones de estética. Sabes relacionar la crisis de la familia y de la persona con la crisis del arte, la belleza y cualquier otra forma de trascendencia. De ahí que en la segunda mitad del libro analices algunas pinturas y esculturas de diversas épocas en las que aparecen distintas familias. Hay cuadros de los primitivos flamencos, de los holandeses del siglo XVII, de Velázquez, de Picasso o del impresionismo francés, sin olvidar esculturas de Botero y Moore, aunque también te remontas a algún mosaico pompeyano en el que se muestra el poder inexorable del paterfamilias romano. Pienso que muchos profesores pueden utilizar estos recursos para transmitir valores en sus clases. Unos recursos que hacen pensar, observar los detalles y ejercer el pensamiento crítico. Me imagino que eso es lo que haces en tus clases, que, según la entrevista de El Mundo, se caracterizan, entre otras cosas, no solo por la gran afluencia de alumnos sino también la de sus novios y novias respectivas.

Tu libro es una afirmación de que los valores de la familia son los valores de la vida humana. La familia es, como bien afirmas, el auténtico modelo de felicidad, verdadera y duradera. Pero el individualismo imperante ha hecho creer a muchos que tener una familia representa una pérdida de autonomía personal y una renuncia a la propia libertad. Añado que también hay personas que están convencidos de la importancia de la familia y que en teoría quieren formar una, aunque siempre buscan excusas para aplazar la puesta en práctica. Pese a todo, a lo largo del libro vas desplegando los rasgos informadores de la familia, acompañados por una serie de obras de arte que sirven de reflexión. Estos son los rasgos en concreto: Seguridad, Alegría, Generosidad, Respeto, Justicia, Responsabilidad, Lealtad, Confianza, Intimidad, Libertad…

Finalmente, en el epílogo del libro nos estás diciendo que no nos quedemos en las obras maestras del arte que han sido descritas. La obra maestra la hemos de hacer cada uno haciendo de nuestra propia familia una obra de arte. Una obra de arte que para los cristianos se transforma en una referencia a un Dios que es familia, el Dios de la Trinidad.


Pensar para ser Feliz: una Conversación que te Transformará - Ricardo Piñero | Aladetres 162


sábado, 1 de noviembre de 2025

LIBRO "EL DON DE NO PERTENECER (The Gift of Not Belonging)": LOS OTROVERTIDOS: Cómo los marginados prosperan en un mundo de incorporadores

 


EL DON DE NO PERTENECER:
Cómo los marginados prosperan 
en un mundo de incorporadores
(The Gift of Not Belonging:
How Outsiders Thrive in a World of Joiners)


De un reconocido psiquiatra llega el primer libro que explora la personalidad del "otrovertido" (alguien que se siente como un extraño en cualquier grupo) y revela todas las ventajas de serlo. 
¿Eras el niño que nunca quería unirse a clubes extraescolares ni ir a campamentos de verano? ¿Detestas las fiestas, pero te encanta pasar tiempo con tus amigos cercanos a solas? ¿Eres alérgico al trabajo en equipo, pero prosperas creativa y profesionalmente cuando trabajas solo? ¿Te cuesta encajar? Si es así, probablemente seas un otrovertido.
Los otrovertidos no son personas que se unen por naturaleza. A diferencia de los introvertidos, no son tímidos ni callados, y no se cansan fácilmente de la socialización individual. Sin embargo, en grupos grandes se sienten incómodos, aislados y solos.
A diferencia de quienes han sido excluidos o marginados, los otrovertidos son aceptados y, a menudo, bastante populares. Sin embargo, nunca sienten que realmente pertenecen.
En una cultura que prioriza la integración, muchos otrovertidos han pasado por la vida sintiéndose incomprendidos. Pero, contrariamente a lo que nos han enseñado, argumenta el psiquiatra Rami Kaminski, la pertenencia no es un requisito para vivir una vida plena y gratificante. Todo lo contrario.

Cuando no sientes afinidad por un grupo en particular, tu autoestima no depende de la aprobación del grupo. Puedes disfrutar de una conexión profunda en las relaciones individuales sin la obligación de seguir las reglas del grupo ni de preocuparte por lo que le importa. Lo mejor de todo es que no conoces otra forma de pensar ni de ser que no sea para ti mismo.
El Don de No Pertenecer insta a los otrovertidos a abrazar sus dones únicos y les proporciona el conocimiento y las herramientas para prosperar en un mundo comunitario.


Los Otrovertidos disfrutan pasando tiempo con la gente, participando en conversaciones y formando parte de entornos sociales. A simple vista, pueden parecer extrovertidos y animados, integrándose fácilmente en grupos.
Pero aquí está la peculiaridad: una vez que termina el evento, no se recargan saltando a otro plan social. En cambio, se refugian en la soledad. Los momentos de tranquilidad, el espacio personal y el tiempo a solas son donde realmente recuperan su energía.

Es un equilibrio fascinante. Anhelan la conexión, la risa y la estimulación, pero también necesitan la calma de la soledad para restablecerse. Demasiada socialización los deja agotados, mientras que demasiado aislamiento los deja inquietos. 
Su bienestar depende de encontrar ese punto medio: 
extrovertidos en el momento, pero introvertidos cuando se trata de sanación y restauración.
La idea del Otrovertido nos recuerda que la personalidad no es un rígido "o esto o aquello". 
Es un espectro lleno de sutiles combinaciones que moldean nuestra forma de interactuar con los demás y cuidarnos. Algunas personas se inclinan fuertemente hacia un lado, mientras que otras, como los Otrovertidos, encarnan lo mejor de ambos mundos.
Es un suave recordatorio: no necesitas encajar en una sola etiqueta. Puedes disfrutar de la compañía de los demás y aun así honrar tu necesidad de tranquilidad después. Y ese equilibrio no solo es válido, sino también poderoso.



Según el psiquiatra Rami Kaminski, quienes no necesitan pertenecer a un grupo pueden desplegar creatividad, autenticidad y resiliencia, como lo demostraron figuras históricas como Frida Kahlo y Albert Einstein.
A lo largo de la historia, hubo quienes se destacaron por desafiar la corriente dominante. 
Frida Kahlo, Franz Kafka, Albert Einstein y George Orwell no eran ni introvertidos ni extrovertidos, compartían otra cosa; una forma única de habitar el mundo, fieles a sí mismos y ajenos al rebaño. Ese rasgo hoy tiene nombre: otroversión, según la denominación del psiquiatra Rami Kaminski.

Su propuesta, recogida en libros y medios internacionales como The Guardian, reconfigura los esquemas clásicos de la psicología de la personalidad y destaca el potencial de quienes deciden caminar por senderos propios.
El concepto de otroversión, acuñado por Kaminski, describe a quienes no sienten la necesidad de incluirse en un grupo y valoran la independencia emocional por encima de la afiliación colectiva.
Esta categoría desafía la clásica dicotomía entre introversión y extroversión, al plantear que la falta de pertenencia puede convertirse en una fortaleza. Kaminski expone que la otroversión representa una forma de estar en el mundo donde la autenticidad y la autonomía son prioritarias (ideas plasmadas en su libro The Gift of Not Belonging).

Qué es la otroversión y cómo se diferencia

El término otroversión surge de la unión de la palabra española “otro” con el sufijo “-versión”, en línea con la idea original de Carl Jung sobre introversión y extroversión. 
Según Kaminski, los otroverts orientan su atención en una dirección distinta a la mayoría: “Su orientación fundamental rara vez coincide con la de los demás”.
Asimismo, contó en New Scientist que, de niño, al unirse a los scouts, permaneció indiferente ante el entusiasmo colectivo en la ceremonia de iniciación; mientras los demás manifestaban emoción por la pertenencia, él consideró vacías las palabras del juramento.

La sensación de “forastero perpetuo” lo acompañó durante años y, en su ejercicio profesional, detectó la misma actitud en muchos pacientes: una indiferencia hacia la integración grupal que no implica un trastorno, sino una forma legítima de personalidad.
A diferencia de introvertidos y extrovertidos, los otrovertidos no se definen por la dirección de su energía, sino por su autonomía respecto a la identidad grupal. 
“No buscan en su interior ni en el grupo, sino en otra parte”, señaló. Esta independencia no implica incapacidad para vincularse: pueden formar relaciones profundas y auténticas, pese a no sentirse atraídos por la pertenencia colectiva.
Implicaciones, ventajas y legado histórico

Las repercusiones sociales de la otroversión son aún más notorias en sociedades que valoran la integración y el trabajo en equipo. 
Kaminski advierte que quienes no adoptan una identidad grupal pueden sufrir dificultades, sobre todo en la adolescencia, cuando la presión por encajar es intensa.
Sin embargo, aclara que la otroversión no es un defecto ni implica aislamiento social. “No somos jugadores de equipo en ese sentido”, afirmó, aunque esto no significa ausencia de relaciones significativas.
De hecho, su tendencia a esquivar el “ruido” de la cultura popular y los enfrentamientos tribales les permite enfocarse en la autenticidad de sus vínculos y proyectos personales.

Entre las ventajas de este perfil, Kaminski destaca la originalidad y la independencia emocional. Al no depender de las normas del grupo ni de la validación externa, los otrovertidos pueden pensar y crear con libertad. Mantenerse al margen del “enjambre” social favorece el desarrollo de ideas propias y la adaptación flexible a los cambios, sin miedo a desafiar las convenciones colectivas.
Además, su bienestar emocional no depende de la aceptación del grupo, por lo que no temen al rechazo ni sienten la necesidad de convencer a otros de su valor.
La historia ofrece ejemplos notables de este tipo alternativo de personalidad. Personas como Frida Kahlo, Franz Kafka, Albert Einstein y George Orwell representan este perfil: individuos que, al no depender emocionalmente de ningún colectivo, supieron detectar los riesgos del pensamiento de grupo antes que la mayoría.

“La historia está llena de pensadores independientes que no sucumbieron al fanatismo de la mente colectiva”, señaló Kaminski en The Guardian. Esta capacidad para observar desde fuera y cuestionar el consenso social ha sido fuente de innovación y transformación.
En su libro, Kaminski insiste en que este perfil no es una patología, sino una manera valiosa de estar en el mundo. 
La otroversión invita a reconocer el valor de quienes deciden por sí mismos y mantienen su independencia de criterio, sin dejarse definir por expectativas ajenas.

lunes, 27 de octubre de 2025

"LA FATIGA DE LA CONCIENCIA" por CARL GUSTAV JUNG


LA FATIGA DE 
LA CONCIENCIA


La expresión "la fatiga de la conciencia" no es un término que Carl Jung acuñara directamente; sin embargo, se alinea con su pensamiento sobre la dificultad de la individuación y el reconocimiento de la propia sombra y complejidad interior, un proceso que requiere esfuerzo y puede ser doloroso, llevando a veces a una resistencia o "fatiga" frente a la confrontación con el inconsciente y las partes oscuras de uno mismo.

Explicación de la relación con la teoría junguiana:

Dificultad del despertar psíquico:
Jung sostenía que el proceso de despertar la conciencia y alcanzar la individuación no es fácil ni gratuito. Implica enfrentarse a la propia "oscuridad", es decir, a los aspectos reprimidos o desconocidos de la personalidad.

Resistencia al cambio:
La gente tiende a evitar este proceso, ya que implica dolor y confrontación con uno mismo, según una cita atribuida a Jung. Esta resistencia puede manifestarse como un cansancio o una dificultad para mantener el enfoque en la introspección y la integración de los elementos conscientes e inconscientes.

El inconsciente como fuente de lo desconocido:
Jung amplió la idea del inconsciente más allá de las represiones infantiles, considerándolo como un vasto depósito de lo que no ha sido elaborado simbólica o conceptualmente, lo cual incluye el inconsciente colectivo y los arquetipos.
Por lo tanto, aunque no sea una frase literal de Jung, "la fatiga de la conciencia" puede interpretarse como un estado de agotamiento o desánimo que surge de la resistencia al arduo trabajo psicológico de conocerse a uno mismo en profundidad y de confrontar los aspectos más difíciles de la propia psique, elementos centrales en la psicología analítica de Jung.


Tenemos un cerebro colectivo, anatómicamente, y funcionalmente, de cuya psicología colectiva nos desenganchamos parcialmente mediante un proceso de individuación. Contrariamente a Freud, Jung decía que en el inconsciente de la persona no solo existen represiones de origen infantil, sino que es más amplio, ocupando todo aquello que no accede a la consciencia para ser elaborado a nivel simbólico y procesado conceptualmente, etc.El inconsciente colectivo puede entenderse desde la ontogenia colectiva, a nivel simbólico, los habitantes de pueblos primitivos tienen una psique más compartida, menos diferenciada entre ellos, de modo parecido a la psique del bebé altamente compartida al no haberse individualizado, que implica separarse de los procesos compartidos a medida que la persona se desarrolla.

A nivel psicopatológico, los problemas ocurren cuando la persona se individualiza de su psique colectiva, y ambas entran en conflicto, debiendo la persona reprimir dado que la razón es consciente de su persona y de lo colectivo. La búsqueda de prestigio individual es verse como verdad colectiva, disminuyendo la discrepancia entre la persona y lo colectivo. Jung llama persona al recorte de la psique colectiva. Sin embargo, la persona es una máscara que finge individualidad, pero que busca amoldarse a la psique colectiva.

INCONSCIENTE INDIVIDUAL Y PERSONA

El concepto de persona de Jung hace referencia al sistema de relaciones entre la consciencia individual y la sociedad. Nuestra persona lo que representamos hacia otros, una máscara que precisamente encubre lo que somos, pero la persona no es lo que verdaderamente somos. Detrás de ella comienza nuestra "vida privada", una parte de la cual somos conscientes de ella. No obstante, hay personas que no tienen una gran habilidad metacognitiva e introspectiva, cuya consciencia se sobreidentifica con su persona. Es decir, creen que el repertorio que han desarrollado de cara a la sociedad es su ser, sin sospechar el mundo interno, y lo no consciente. Esto debe ser mayor mientras mayor sea la sobreidentificación con el pensamiento, algo generalizado en nuestras sociedades. 

Las representaciones para la vida en sociedad, nos permite desenvolvernos en el mundo, sin embargo producen reacciones compensatorias e inversas del contenido inconsciente. Si viviéramos en una isla desierta, no habríamos desarrollado persona, porque no hay elementos externos con quienes desarrollar convenciones simbólicas, morales, de lenguaje, etc. Muchos cambios de personalidad se basan en la pérdida de la individualidad, habla Jung de la escisión de la personalidad y la esquizofrenia producida por la atracción de una imagen colectiva, "pueden producir una inflación de tan alto grado que hace que la personalidad se desintegre". Si el inconsciente penetra la consciencia dominándola, se produce la psicosis.

Cuando se derrumba el mundo simbólico consciente (cuando las cosas del mundo real van mal), a menudo las personas se sienten a la deriva. Las personas caen en el inconsciente colectivo con el derrumbe de lo que estaba bajo control consciente. Aparecen contenidos inconscientes, que pueden ser creídos, pueden dominar, o pueden ser reprimidos, y con ello reprimida la libido. Comienza lo paranoide, la elación excéntrica, o el intento de restauración de la persona en una regresión, la persona empequeñecida. La sobreidentificación con la psique colectiva implica inflación de la verdad colectiva que aún no había sido descubierta por el individuo, junto con una renovación vital y aumento de libido. 

Esta visión de Jung equivale al aspecto visible en consulta de que personas que pasan por estresores fuertes o cuando existe una percepción de pérdida de control de la vida, comienzan a tener ideas peculiares con gran elación e identificación en torno a las mismas. "La enajenación de sí en lo colectivo responde a un ideal social". Deber y/o virtud. Incluso las neurosis obsesivas tienen un trasfondo de rituales y ceremonias purificadoras que intentan con un escrupuloso orden luchar contra los peligros que acechan.

La psique colectiva "agobia entonces con su peso a la personalidad y la desvaloriza", entonces "sofocando la vivencia de sí, sea exagerando inconscientemente la acentuación del yo en la forma de una voluntad de poderío patológica".



AGOTAMIENTO EMOCIONAL: EL CANSANCIO QUE NO PASA | CARL JUNG

viernes, 1 de agosto de 2025

LIBRO "LEVIATÁN, O LA MATERIA, FORMA Y PODER DE UN ESTADO ECLESIÁSTICO Y CIVIL": por THOMAS HOBBES


LEVIATÁN 

THOMAS HOBBES

La vida y obra de Thomas Hobbes, uno de los filósofos más influyentes de la historia, fundador del pensamiento político moderno.
Thomas Hobbes fue un pensador controvertido en la historia de la filosofía. Ya en su época se hizo famoso por sus extraordinarios conocimientos de física, matemáticas, geometría, filosofía y teología. Sus contemporáneos lo admiraron por su saber, pero igualmente lo temieron y hasta lo odiaron, esto último debido a la contundencia y al radicalismo de algunas de sus ideas políticas. Pesimista acérrimo, fue también moralista e interpretó la naturaleza humana como inclinada al mal, de ahí que hubiera que ponerle límites mediante las leyes justas.

A lo largo de su vida trataría personalmente con muchos de los intelectuales de su tiempo, como Descartes o Galileo, sabio universal cuyo método científico influenció en la obra de Hobbes. Leviatán, un libro enigmático y extraño pero muy consecuente dentro de la teoría política, lo convertiría en uno de los grandes maestros de la historia de las ideas.
Conocido como «el monstruo de la política», Hobbes pensó su época hasta el final: las incesantes guerras civiles y continentales, las pugnas religiosas que asolaban Europa en los siglos XVI y XVII, y las crueldades de los seres humanos condujeron al pensador de Malmesbury a reinterpretar el ideal de alcanzar una paz y una armonía perfectas para la Humanidad. Sus concepciones alcanzarían gran repercusión en las teorías liberales, positivistas, decisionistas y contractuales del siglo XX.

Haciendo referencia y escribiendo con espléndida maestría, el autor hace referencia al monstruo bíblico más temido para explicar y justificar la existencia de un Estado absolutista que subyuga a sus ciudadanos. Escrito en el año 1651, su obra ha sido de gran inspiración en las ciencias políticas y, paradójicamente, en la evolución del derecho social.

En las escrituras bíblicas

Tal y como apuntamos anteriormente, el personaje del Leviatán proviene de la mitología y de las escrituras de la Bíblia, cuyos gobiernos de la Edad Media utilizaban para justificar los gobiernos reales “por la gracia de Dios”.
El Leviatán es un ser temible que no tiene piedad, escrúpulos ni compasión. Es de una envergadura gigantesca y, según el Antiguo Testamento, se le ha relacionado con el mismísimo demonio y que fue derrotado por Dios para hacer prevalecer el bien sobre el mal.
Pero... ¿dónde está la relación entre este monstruo y el rol del Estado, según Hobbes?

Thomas Hobbes y su adaptación política del Leviatán

Thomas Hobbes nació en Inglaterra el año 1588 en una época histórica donde la gran Bretaña se veía amenazada por la temida e invencible Armada Española. Este filósofo se graduó en la Universidad de Oxford en estudios escolásticos y de lógica filosófica que, influenciado por autores como Pierre Gassendi y René Descartes, se le consideraría un autor clave en el desarrollo de la teoría política occidental.
Volviendo a su obra, el Leviatán es un libro que está formado por 4 partes, donde explica la relación entre el hombre y el Estado mediante un pacto consensuado en la relación de poder entre mandado y mandatario.
Básicamente, el Leviatán, el Gobierno, es una figura terrorífica pero necesaria que, para Hobbes, sirve para hacer que predomine una cierta paz y orden, necesarias para que la civilización progrese y os individuos no amenacen ni sufran amenazas o ataques por parte de otros individuos.

1. El Hombre

En esta parte se analiza al hombre como individuo humano, ser del conocimiento y la sabiduría. El hombre se hace y desarrolla mediante la experiencia; experiencia que se define como la repetición de actos y vivencias que darán forma a la sociedad. Éste hará uso de la palabra para llevar a cabo la imposición de la verdad, mediante la oratoria y el discurso político.
El problema surge con los deseos mismos del hombre. Debido a los impulsos materiales y pasionales de las personas, los intereses individuales siempre se tornarán en contra de los otros, generando así un conflicto, especialmente por la búsqueda de poder y riquezas.
En este enclave se pronunció Hobbes en lo que será recordada como una de las frases más célebres de la humanidad: “homo homini lupus est” (el hombre es un lobo para el hombre). Por esta razón, los pilares en la construcción de la sociedad son la ética, la moral y la justicia. Pero, para Hobbes, hace falta algo más.

2. El Estado

Es en este espacio de acción donde Hobbes introducirá el concepto de “Pacto Social” o “Contrato Social”, manipulado y elaborado por los hombres para asegurar la seguridad y protección individual para poder acabar así con los conflictos enfrentados por los intereses individuales.
Es en el Estado donde priman las leyes morales por encima de las leyes naturales. Esto es, que prevalecen los deseos colectivos versus los deseos pasionales de los hombres. Para Hobbes, la única función del gobierno es establecer y asegurar la paz, la estabilidad en la sociedad.
El autor solo defiende tres posibles modelos de gobierno: la monarquía (su preferida), la aristocracia y la democracia, en este preciso orden. Tiene preferencia por el absolutismo porque justifica el bien común, donde los intereses privados y públicos son uno, admitiendo que “es imposible que si un Rey es rico, su pueblo sea pobre”.

3. El Estado Cristiano

Thomas Hobbes era un creyente declarado, pero no por ello el destino de un pueblo entero quedaba supeditado a la divinidad. Es más, llegó a poner en duda los Diez Mandamientos de Moisés por una ausencia de pruebas que demuestren quién y por qué propósito real se dictaron esas leyes.
Por consiguiente, el autor enfatizó mucho en la dependencia de la Iglesia con el soberano, en este caso el monarca, para evitar interpretaciones pretenciosas que perjudiquen al bien común, a la paz que tanto defendía.
Concluye atribuyendo un papel secundario a la Iglesia, subordinada por el jefe supremo del Estado (los reyes católicos), y serán considerados los pastores supremos de su propio pueblo, ostentando el poder único de legislar para sus súbditos.

4. El Reino de la Oscuridad

Siendo quizás el apartado más controvertido, Hobbes hace una clara y dura crítica a las instituciones religiosas, a la Iglesia en particular. Nombra este capítulo “El Reino de la Oscuridad” como parte del entramado corrupto y cínico que ha tenido la casa de Dios a lo largo de la historia de los grandes imperios, como el Romano.
Acusa a las autoridades cristianas de haber faltado a la verdad, de querer imponer la ignorancia en beneficio propio y teniendo así a la masa bien adoctrinada...


EL MONSTRUO DE MALMESBURY'

El Leviatán que todo lo engulle: 
por qué las ideas de Hobbes sostienen 
las naciones que habitamos


Hace más de cuatro siglos desde que el filósofo inglés publicó su obra más influyente. Ahora, un ensayista español rescata su vida y legado para buscar respuestas a los grandes conflictos políticos de hoy en día.
Mi madre dio a luz a dos gemelos: yo mismo y el miedo". Se suele decir que durante sus años de infancia, el filósofo inglés del siglo XVI Thomas Hobbes, vivía atemorizado por la Armada Invencible de Felipe II. Lo cierto es que, en un período tan convulso para Inglaterra como el que le tocó vivir, daba igual de donde viniera la amenaza. El miedo estaba por todas partes. La posibilidad de pacificación social, lejana. Esta sensación de temor ante una invasión extranjera o a una guerra civil le acompañó durante toda su vida. Había quedado traumado por los conflictos bélicos internos acaecidos, por lo que su mayor preocupación filosófica nació de la necesidad de hacer frente al miedo con la razón para instaurar la paz en el territorio.

Y así, Hobbes abogó por la creación de un Estado soberano en el que todos sus ciudadanos depositaran sus derechos y libertades a cambio de seguridad y protección. De lo contrario, el pueblo estaría abocado hacia la autodestrucción por su egoísmo, su necesidad de preservación y su pavor a la muerte, el más capital de todos los temores. Su famosa frase "el hombre es un lobo para el hombre" figura en la cultura popular como un viejo cliché que retrata una visión muy pesimista del ser humano, condenado siempre a la rivalidad y al enfrentamiento armado. Pero más allá de este 'lied' argumental, la obra del filósofo inglés, denostada en su época y rescatada más de dos siglos después, sigue vigente en la actualidad tanto para bien como para mal, dependiendo del momento político en el que se encuentren los sujetos que vuelven a él.
Fue rechazado y repudiado por sus coetáneos bajo la categoría de "ateo", un calificativo que Hernández Arias compara con el actual "fascista"
"En tiempos de crisis políticas y conflictos sociales, la atención suele concentrarse en sus teorías sobre la soberanía o en los medios para pacificar la sociedad", admite José Rafael Hernández Arias, filósofo, ensayista y traductor, quien acaba de publicar 'Thomas Hobbes. La biografía del 'monstruo de la política' (Arpa, 2022) en el que repasa la vigencia que tiene su pensamiento hoy en día y las muchas lecturas que han hecho de su obra, así como la negativa opinión que se le adscribe en los círculos progresistas al considerarle como uno de los puntales ideólogos del totalitarismo o de las monarquías absolutistas. Pero, al final, las lecturas del ayer siempre vienen empañadas con los ojos del hoy, y en ese sentido, en períodos más estables o pacíficos, se le reconoce como uno de los mayores impulsores del derecho civil o la necesidad de que el ser humano pueda convivir en paz y armonía basándose en pactos contractuales entre las diferentes partes, aun estando en disputa.

Razón materialista frente a religión

Hobbes, a fin de cuentas, ocupa un lugar muy concreto dentro de toda la historia de la filosofía política, siendo frecuentemente situado al lado de otros pensadores como Maquiavelo. En su época, fue rechazado por sus coetáneos bajo la categoría de "ateo", un calificativo que Hernández Arias compara con el "fascista" que se suele emplear hoy en día para minar la reputación de una persona. No en vano, la mayor parte de los conflictos sociales que arrastraba la Vieja Europa venían a raíz de la religión, que en Inglaterra materializó en el protestantismo y su libertad de confesión (a pesar de la filiación de la Corona con el catolicismo), lo que dio lugar a distintas sectas religiosas que operaban para derrocar al poder político.
"Lo único que intenta es neutralizar el problema religioso, ya que era la principal razón de conflictos bélicos internos en la sociedad"
"Declararse o ser declarado 'ateo' equivalía a ser un sociópata en la época de Hobbes", argumenta Hernández Arias, en conversación telefónica con este periódico. "Si no crees en Dios, no podías jurar sobre nada, no crees ni en el rey ni en la ley, nadie podía fiarse de ti". Por tanto, la no confesión era perseguida, pues Dios era el que salvaguardaba en aquellos años el honor y la respetabilidad de una persona, así como sus (escasos) derechos y libertades. Se podía creer en el cristiano o en el protestante, pero lo que no se podía consentir era declararse ateo.

"El protestantismo se atomizó en distintas sectas con una relevancia política muy clara", añade el filósofo español. 
"Estas disponían de una teología política que buscaba dinamitar en cierta manera la monarquía al introducir elementos democráticos, querer prescindir de la Iglesia de Inglaterra o leer la Biblia como ellos querían. Y claro, eso tuvo unas repercusiones sociales muy considerables, inspirando primero la Revolución Francesa y luego la Revolución rusa".

El empeño de Hobbes fue, pues, hallar un sistema político perfecto que protegiera la seguridad de sus ciudadanos siguiendo un método científico materialista, y con ello negar la especulación y el oscurantismo religioso, que delegaba en aspectos inmateriales el destino de las acciones humanas. "Él intenta partir de elementos físicos", recalca Hernández Arias, "prescindiendo de cualquier argumentación metafísica". Así, diseña una nueva metafísica que parte de los cuerpos y del movimiento de estos, motivo por el cual se le coloca el adjetivo de "mecanicista". Esta visión fue en su día revolucionaria, ya que basó sus teorías sobre el hombre y la naturaleza en la geometría de Galileo (a quien conoció personalmente en la cárcel), alejándose de la superstición y centrándose en una explicación del mundo puramente material.

"Él era cristiano, no ateo", puntualiza el filósofo. "Lo único que intenta es neutralizar el problema religioso, ya que era la principal razón de conflictos bélicos internos en la sociedad". Por un lado, concibe al ser humano como un cuerpo cuyo mayor miedo es la muerte, que tiende a conservar su vida a cualquier precio. "Pero, al mismo tiempo, Hobbes realiza una antropología política y resuelve que lo que le mueve al hombre son las pasiones, lo cual es un problema porque deben controlarse si quiere convivir en paz con los demás". Entonces, hace una lectura ética basada en el principio de no hacer aquello que no querrías que te hicieran a ti y establece una serie de derechos naturales. Lo que falta es una figura de autoridad que garantice esos derechos y deberes: el Leviatán o Estado, sobre el que recaerá la soberanía absoluta a cambio de ofrecer seguridad, paz y prosperidad al resto.

Nada de igualdad, pura soberanía

Aquí, Hobbes se distanciará de la visión aristotélica del mundo, la cual consideraba al ser humano como "un ser sociable por naturaleza" y, por tanto, destinado a llegar a acuerdos y a organizarse. La opinión del filósofo inglés será mucho más negativa: no, no hay sociabilidad, todos los cuerpos son movidos por intereses propios. Esto también le diferenciará de la visión de Rousseau, que será la mayoritaria una vez llegue la Ilustración y que ve con ojos más benévolos al ser humano en su estado inicial. Para Hobbes, ese "estado de la naturaleza" implica conflictos irresolubles, de ahí que curiosamente términos con una connotación tan positiva hoy en día como "igualdad" para él tuvieran una carga negativa. No, no puede haber hombres iguales porque eso les llevaría a la autodestrucción constante. Tiene que haber una sola autoridad encargada de velar por el bienestar de todos, el Leviatán.

¿Qué relación tiene el pensamiento de Hobbes con la corriente marxista? A fin de cuentas, el comunismo propuesto por Marx y Engels también aboga por un Estado fuerte que sea el centro de la vida social del individuo. Y, por otro lado, la doctrina hobbesiana no reconoce la propiedad privada, pues todos los bienes son de alguien solo si el Leviatán justifica y manifiesta que esos bienes le pertenecen. De ahí que "metan a Hobbes dentro del movimiento burgués incipiente que dará a luz al capitalismo liberal", remarca Hernández Arias. Algo diametralmente opuesto a lo que propondría Marx, la dictadura del proletariado que conduciría a una sociedad sin clases. Esto atenta contra los postulados de Hobbes, pues niega la igualdad económica y social en favor de una soberanía autocrática que despoja de todos los bienes y derechos a los ciudadanos a cambio de su seguridad y protección.

Tampoco cabría asignarle dentro de la tónica totalitaria del fascismo, ya que en todo momento propone un Estado ideológicamente neutro que vele por el bienestar de toda la nación, sin que factores como la raza sean excluyentes. Ello no le exime de ver a las monarquías absolutas como la forma de gobierno más perfecta que podría haber. ¿Por qué no una democracia liberal, como más tarde se iría consolidando? "Porque si el poder recae sobre un solo soberano, es lógico que haya menos corrupción que si cae sobre otros muchos más individuos", responde Hernández Arias. "La monarquía roba a unos pocos, mientras que si es un gobierno de muchos, estos robarán a muchos más".

Profeta de la política internacional de nuestros tiempos

Una de las ideas más brillantes que dejó el filósofo inglés y que recupera Hernández Arias es la convicción de que un estado de guerra entre Estados es preferible al estado de naturaleza entre individuos, puesto que mientras se desarrolla la guerra allende sus fronteras, se mantiene la paz dentro del territorio. Una teoría que se convierte en realidad durante el siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo se divide en dos bloques o 'superleviatanes': 
Estados Unidos a un lado y la Unión Soviética en el otro. Nada garantiza más la paz interna que una guerra externa. Ante todo, el objetivo del Leviatán será evitar la guerra civil, que Hobbes alegoriza como una enfermedad terminal de los Estados.
"Las naciones son como gladiadores que pelean entre sí. La resolución es crear una especie de 'superleviatán' para mediar en conflictos"
"Nosotros pacificamos el interior, evitamos las tensiones internas y llevamos los conflictos fuera de nuestras fronteras", comenta el filósofo experto en Hobbes. Este es el pretexto político de tantos países para constituirse como imperialistas o colonialistas. Hay que hacer imperio, evitar cualquier espíritu de secesión interna (otra enfermedad del Estado), mantener la unidad. Y, una vez constituidos, el contexto internacional que se crea es el estado de naturaleza entre Estados, lo cual es más preferible a un estado de naturaleza entre individuos de un estado. "Esta es la corriente realista de las relaciones internacionales", explica Hernández Arias. "Las naciones son como gladiadores que pelean entre sí. La resolución que propone es crear una especie de 'superleviatán' para mediar en este tipo de conflictos, lo cual a día de hoy es un asunto vigente, por ejemplo, en los debates sobre el futuro de la Unión Europea.  ¿Cómo se podría conseguir un gran Estado europeo con soberanías nacionales tan fuertes que cedan para llegar a pactos y acuerdos?".

Sin embargo, hay una salvedad en la lista de deberes que tienen los súbditos con su soberano. Esto es lo que Hobbes llama un "derecho de resistencia", el cual postula que en caso de que el Leviatán entre por capricho o interés personal en una guerra con otro Estado, el ciudadano tiene derecho a negarse a ir en calidad de soldado, pues prima más el deber del gobernante de velar por su seguridad y protección. Este es un conflicto de difícil resolución en Hobbes, pues al final contradice otras obligaciones que contrae el súbdito con su soberano. Sin embargo, y por desgracia, hemos podido asistir a esta situación que plantea Hobbes recientemente, con las imágenes de las fronteras rusas repletas de ciudadanos buscando asilo en naciones vecinas como Georgia ante su negativa a combatir en la guerra contra Ucrania.

Como decíamos, tristemente no hemos superado a nivel político muchos de los conflictos de intereses de los que advirtió Hobbes hace ya más de cuatro siglos, cuando defendió sus tesis para un Estado absolutista. Ahora, el territorio parece haber cambiado (la entrada de la cibernética como nuevo campo de juego, por ejemplo), pero las reglas son las mismas: Estados nación que pretenden conseguir soberanía mediante un estado de naturaleza con otros Estados, es decir, mediante el uso de la fuerza.

El 'Monstruo de Malmesbury'

Aunque la filosofía política de Hobbes parece superada, antigua, el Leviatán de la Edad Contemporánea lucha día a día por alcanzar su hegemonía, pensemos en otro nuevo actor internacional como China tras el ocaso de la Guerra Fría. En un mundo utópico, como concluye Hernández Arias, "habría un 'superleviatán' construido a partir de acuerdos y pactos entre todos los actores internacionales". Pero eso, lógicamente, sería un Estado mundial o universal que socavaría con la propia idea de soberanía nacional de cada país. Solo entonces y quizá, las teorías de 'el monstruo de Malmesbury', como le llama el experto español, quedarían superadas.

La ONU, un organismo nacido al calor del final de la Segunda Guerra Mundial, podría verse como ese intento fallido de 'superleviatán', ya que no es garantía de paz mundial y entre países. Por ello y por desgracia, no deberíamos extrañarnos por el clima de guerra internacional que planea desde hace meses y que parecía superado tras el fin de la Guerra Fría: la fuerza bruta propia del estado de naturaleza entre naciones no es más que la legitimización de su soberanía. La pugna de los lobos no ha terminado todavía.

VER+:


Hobbes. LEVIATAN [Fondo de Cultura Económica] by jolatan


Documental 2025: El Leviatán de Thomas Hobbes – El Origen del Contrato Social

¡La razón condujo al terror! La ilustración | Voltaire Rousseau | VII Filosofía moderna