EL Rincón de Yanka: PELÍCULAS "EL JUDAS", 1952 DIRIGIDO POR IGNACIO FERRÉS IQUINO y "EL BESO DE JUDAS", 1954 POR RAFAEL GIL

inicio














miércoles, 2 de septiembre de 2026

PELÍCULAS "EL JUDAS", 1952 DIRIGIDO POR IGNACIO FERRÉS IQUINO y "EL BESO DE JUDAS", 1954 POR RAFAEL GIL


EL JUDAS
1952

Un individuo de malos sentimientos y peores acciones, dispuesto a todo con tal de satisfacer su avaricia y vanidad, se muestra descontento con el papel de Judas que encarna en la Pasión que tradicionalmente se representa en su pueblo. Él aspira a interpretar el papel de Jesús. El tema religioso (la Pasión de Esparreguera en Cataluña es el escenario) permitió que esta película se exhibiera en catalán durante los años del régimen autoritario de Franco (Después hablan los nazionalistas).
Excelente film de Ignacio Ferrés Iquino, uno de los directores y productor a la vez, más prolíficos e interesantes del cine español. “El judas” nos presenta un drama social que tiene su inspiración en la Pasión de Esparraguera. Una antigua tradición que proviene del siglo XV en esta pequeña población catalana, en la que participa todo el pueblo en una serie de representaciones, mundialmente famosas a día de hoy, de la Pasión de Cristo durante la cuaresma. La película pertenece a un tiempo en que el cine religioso era apoyado y subvencionado generosamente por el régimen de Franco (como en todo el mundo), e Iquino que atravesaba un mal momento económico se adscribió con este interesante trabajo que desde mi punto de vista, se presta a muchas interpretaciones, más allá de las que vigilaba la censura. Pues el film plantea soterradamente un mordaz crítica sobre la falsa caridad y la doble moral.

El cineasta que también participó en el guion, se sirve de los propios habitantes y actores aficionados de la representación, además del excelente trabajo profesional de Antonio Vilar como protagonista absoluto. El dilema moral que plantea este profundo drama, reside en cómo el perfil espiritual de un personaje pude influenciar al ser humano que lo interpreta, transformando progresivamente a un ser perverso. Si la obsesión por ese personaje ejemplar, termina contaminando positivamente la moral del actor y su personalidad en la vida real. Tema recurrente en otras películas americanas.

Y es que, ahí reside la grandeza del cine, que consiste en hacer posible lo improbable, porque Mariano Torné es un tipo que no tiene sentimientos cristianos y que hace el papel de Judas en la representación anual, un rol de malvado que debe a su reputación. Mariano es lo que se dice, una mala persona, un tipo agrio y mal encarado, corroído por la codicia y el egoísmo, capaz de esquilmar a su propia familia, un tipo despreciable que goza con el sufrimiento ajeno. Pero su vanidad es infinita y hará lo posible por encarnar el papel de Jesús, el más importante de la escena. Entonces es cuando la misma dirección del evento se divide a la hora de permitir a tal villano sus aspiraciones, por la ausencia del Jesús habitual.

Y aquí se articula lo que puede crear la magia del cine, que un hombre cruel sea capaz de redimirse. La grandeza de esta película se articula huyendo de la moralina habitual en el cine religioso, cine de historias bienintencionadas pero soporíferas y previsibles. Iquino concibe una historia que atrapa porque el villano se nos presenta cercano y está perfectamente dibujado, como decía Hitchcock: “Cuanto mejor está descrito el malo, más interesante y atractiva es la historia”. Iquino saca todo el jugo posible a este film, cercano al neorrealismo, pero que no renuncia a la ficción del personaje de Jesús, obligándonos a reflexionar sobre nuestro comportamiento personal con nuestros convecinos. Excelente puesta en escena, ilustrada con una excelente música sacra de Bach y Handel.


 
El Judas | Película Completa

EL BESO DE JUDAS, 1954

EL BESO DE JUDAS 1954

Por motivos ideológicos, filosóficos, sincera convicción o como un simple ejercicio literario, durante los siglos XIX y XX algunos autores abordaron la figura de Judas buscando hallar alguna justificación a sus actos.
En este contexto hay que situar "El beso de Judas", frase que, lo mismo que el nombre de su protagonista, está indefectiblemente unido al de traición.
Lo mismo que "Las memorias de Judas" (Petruccelli della Gattina, 1867), la obra de Gil describe a un Judas revolucionario, un nacionalista que está al frente de las revueltas judías contra Roma. De hecho lo vemos en una de las primeras escenas, con una actitud claramente política, rechazar las súplicas del padre de un joven revoltoso (Sancho) que va a ser ajusticiado por su participación en las algaradas.
Es decir que Judas de Keriot, como es nombrado en la cinta y de donde derivaría Iscariote, cree al pie de la letra que Jesús, "El Salvador de Israel", ha venido para "Restaurar el reino de Israel", para convertirse en "El Rey de los judíos". De ahí su decepción al comprender demasiado tarde que "Mi Reino no es de este mundo", que Tiberio y el resto de gobernadores romanos continuarán como siempre han hecho "Dándoles estiércol para recoger su oro".
Cinematográficamente contada en infinidad de ocasiones, la Pasión y muerte de Jesús se ofrece aquí con una perspectiva nueva, original, desde el desengaño de uno de los grandes protagonistas de la tragedia del Gólgota.
Naturalmente la dirección se centra en el personaje de Judas destacando su ambición y rebeldía, pero también su inteligencia y pragmatismo que le llevará, decepcionado, a traicionar al Maestro.
Magnífica la interpretación de Rivelles, como la del resto del elenco. Tal vez Rabal en su papel del centurión Licinio peque de cierta sobreactuación.
Gil debía tenerle tomada la medida a las películas religiosas, pues el año anterior había estrenado "La guerra de Dios", otra obra excelente.
"El beso de Judas" es para nosotros una de las mejores representaciones de la Pasión de Cristo. Dramática, realista, sobrecogedora.
Como acertadamente señalan otras críticas, si la cinta se hubiera hecho en cualquier otro sitio bajo la dirección de un apellido de campanillas no habría Semana Santa que no la pasasen las televisiones y, en consecuencia, los votantes de FA se contarían por miles y no con poco más de un par de cientos.
Una gran película española de los 50 que merece ser reivindicada.