EL Rincón de Yanka: IGLESIA

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viernes, 6 de noviembre de 2026

XXVIII CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA: AMÉRICA Y ESPAÑA: LA FE Y LA CULTURA QUE NOS UNE: 🔁 UN VIAJE DE IDA Y VUELTA 🌍🌎

 




Manifiesto por la Hispanidad

La Hispanidad no es una hipótesis, ni una nostalgia, ni una causa pendiente de demostrarse: es un hecho. Existe, funciona y beneficia a cuantos hablamos, pensamos y sentimos en español a un lado y otro del Atlántico. Es una comunidad de afectos e intereses, forjada por la historia y sostenida, desde hace más de quinientos años, por instituciones que ningún tratado internacional ha conseguido replicar: ayuntamientos que llevan nombres gemelos en dos continentes, universidades que comparten claustro intelectual desde el siglo XVI, diócesis y parroquias que rezan en la misma lengua, hospitales nacidos de la misma caridad. Nada de esto es artificial. Nada de esto hay que inventarlo. Solo hay que reconocerlo, y ponerlo al servicio del futuro con la ambición que merece. 

Esta XXVIII edición del Congreso Católicos y Vida Pública se celebra en un momento exigente para la sociedad occidental, sacudida por la pérdida de algunos de los anclajes que la han sostenido durante siglos. Precisamente por eso conviene mirar con serenidad y con orgullo hacia una comunidad que no depende de esos vaivenes: la Hispanidad ha atravesado guerras, independencias y crisis de toda índole sin perder su cohesión de fondo, porque su cimiento no es coyuntural, sino histórico e institucional. 


Isabel la Católica no puso en marcha una promesa: puso en marcha una civilización. Su testamento, en el que ordenó tratar a los naturales de las Indias «como personas libres y no sujetas a servidumbre», fijó desde el primer instante el criterio con el que España construiría un mundo nuevo: la dignidad del otro como condición, no como excepción. Ninguna otra potencia de la historia moderna legisló así sobre sí misma desde el origen. España lo hizo, y de ahí nació todo lo demás. 

De ahí nacieron las Leyes de Indias, el cuerpo jurídico más extenso jamás dictado por una potencia para limitarse a sí misma. Y de ahí nació la Escuela de Salamanca, donde Francisco de Vitoria formuló, un siglo antes que nadie en Europa, los principios del derecho internacional y de la dignidad universal de la persona humana. Esa no es una curiosidad erudita: es nuestra genealogía, y es motivo de orgullo, no de arqueología.

Esa genealogía se traduce en principios que no son negociables. La dignidad de la persona humana, la herencia grecolatina que nos dio la razón y la ley, la tradición cristiana que dio forma a nuestra idea de comunidad, el respeto al derecho como límite del poder, las libertades civiles como condición de una vida digna, y un marco legal capaz de proteger la propiedad, el contrato y la iniciativa como motores de prosperidad: ese es el sustrato común sobre el que se ha edificado la Hispanidad, el mismo hilo que atraviesa Salamanca, las Leyes de Indias y las constituciones que después se escribieron a ambos lados del Atlántico. No son valores importados: son valores propios, y por eso los defendemos con naturalidad, no como una imposición ajena. 

Hoy esa comunidad habla una lengua que crece en dos continentes, con más de seiscientos millones de hablantes y una proyección demográfica que ningún otro gran proyecto occidental puede exhibir. No se contrae: crece. Y crece sostenida por la misma trama institucional de siempre —municipios, universidades, diócesis, parroquias, hospitales, colegios profesionales, empresas— que ha demostrado, durante medio milenio, una capacidad de permanencia que ninguna organización supranacional ha logrado en un siglo de existencia. 

La Hispanidad no se agota en el ámbito político ni en las relaciones entre Gobiernos y naciones. Exige un cambio de actitud profundo, radical si es preciso, para defenderla, expandirla y desarrollarla, y exige también una dimensión cultural y moral a la altura de su historia: reconocer que la fe ha sido uno de los cimientos más firmes de esa civilización, y que recuperarla en el centro de nuestra vida pública es parte esencial de la respuesta a la crisis que atraviesa Occidente. Como recordaba el papa Benedicto XVI: «Hay que vivir como si Dios existiera». 

Por eso reivindicar la Hispanidad no es mirar atrás: es actuar con la confianza de quien parte de una posición de fuerza. Toca dejar de tratar como legado menor lo que es, en realidad, nuestra mayor ventaja competitiva y moral en el mundo que viene. 

Isabel la Católica lo fundó. Vitoria lo pensó. Las Leyes de Indias lo escribieron. Quinientos años de instituciones compartidas lo han sostenido. A nosotros nos corresponde, sencillamente, estar a la altura de lo que hemos heredado y hacerlo crecer. 

Juntos somos más fuertes. Ese es el punto de partida, y también la conclusión.

 
Conoce el programa del 28 Congreso Católicos y Vida Pública

miércoles, 21 de octubre de 2026

LIBRO "LA RELIGIÓN DEMOSTRADA": LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA por P. A. HILLAIRE


 LA RELIGIÓN DEMOSTRADA

Los fundamentos de la fe católica 
ante la razón y la ciencia


Hillaire quiso responder con un solo libro a la pregunta «¿por qué soy cristiano y católico?». Lo organizó en cinco verdades encadenadas: Dios existe; el hombre tiene un alma espiritual, libre e inmortal; necesita una religión; la religión cristiana es la única divina, y la Iglesia católica es su única depositaria. Según su introducción, la materia del libro «es una explicación del Concilio Vaticano I conforme a las normas de la teología fundamental».
El método es el de santo Tomás: pregunta, respuesta y prueba. Por eso el P. Pío de Langogne, capuchino, le felicitó desde Roma «por haber elegido para el desarrollo de vuestras tesis, el método tan sencillo y tan claro de la Suma Teológica».
El P. Négre lo resumió así en su informe: «LA RELIGIÓN DEMOSTRADA es, a la vez, una Teología, una Apología y un Catecismo».

Los fundamentos de la fe católica ante la razón y la ciencia: cinco verdades demostradas, de la existencia de Dios a la Iglesia católica.
La religión demostrada, del P. A. Hillaire, responde con razones a la pregunta que todo católico debería saber contestar: ¿por qué soy cristiano y católico? En 682 páginas demuestra, paso a paso, cinco verdades encadenadas: que Dios existe, que el hombre tiene un alma espiritual e inmortal, que necesita una religión, que la religión cristiana es la única divina y que la Iglesia católica es su única depositaria.
No es un libro de sentimientos ni de opiniones. El autor parte de una frase de Paul Bert, que en 1879 anunciaba en su informe sobre la instrucción pública en Francia: «Nuestra voluntad es levantar frente al templo donde se afirma, la escuela donde se demuestra». La respuesta de Hillaire ocupa todo el libro: el templo donde se afirma es también el templo donde se demuestra, porque la fe católica descansa en hechos ciertos y en principios evidentes.


El propio autor resume su plan en cinco verdades, «ligadas unas con otras como los eslabones de una cadena»:

Primera verdad: Dios existe. Siete pruebas de la existencia de Dios (el universo, el movimiento y el orden, el hombre inteligente y libre, la ley moral, la creencia universal, la historia y la necesidad de un Ser eterno), la refutación del ateísmo y la Providencia.
Segunda verdad: tenemos alma. Una breve lección de filosofía y la demostración de la espiritualidad, la libertad y la inmortalidad del alma.
Tercera verdad: el hombre necesita una religión. El culto interno, externo y público; los pretextos de los indiferentes; por qué solo hay una religión buena y por qué es la revelada; el milagro y la profecía como señales de la revelación, con los decretos del Concilio Vaticano I sobre la fe y la razón.
Cuarta verdad: la religión cristiana es la única divina. La revelación antes de Jesucristo, las profecías cumplidas en Él, sus milagros, la Resurrección, la constancia de los mártires, los frutos de la religión cristiana y un apéndice sobre la divinidad de Nuestro Señor.
Quinta verdad: la Iglesia católica es la única depositaria de la religión cristiana. La Iglesia tal como la fundó Cristo, sus notas, su organización, sus relaciones con el Estado, los beneficios que ha dado al mundo, las principales objeciones contra ella y nuestros deberes para con la Iglesia.

Por el camino quedan refutados, como anuncia el plan de la obra, los ateos, los materialistas y positivistas, los indiferentes, los herejes y protestantes, y los masones, «los peores enemigos de la Iglesia, de la familia y de la sociedad». A la francmasonería le dedica un apéndice propio dentro de la quinta verdad.

¿Para quién es?

Hillaire lo escribió, según su introducción, para la juventud y para «las personas mayores que, impedidas por sus ocupaciones para dedicarse a estudios profundos sobre las verdades religiosas», necesitan tenerlo todo reunido en un solo volumen. Sigue el método de la teología fundamental, pero con preguntas, respuestas y pruebas que se siguen sin haber estudiado teología. Es para usted si se reconoce en alguno de estos casos:El padre o la madre cuyo hijo vuelve de clase diciendo que la fe no tiene base racional, y quiere poder responderle con algo más que «porque sí».
El catequista o el profesor de Religión que necesita las razones ordenadas, de la existencia de Dios a la Iglesia, para preparar sus clases.
El joven que va a confirmarse o a empezar la universidad y quiere saber por qué cree lo que cree, antes de que se lo discutan.
El que discute en la familia, en el trabajo o en las redes, y alguna vez se ha quedado sin respuesta ante un «todas las religiones son iguales» o un «la ciencia ya ha demostrado que Dios no existe».
El que duda o busca. Hillaire cita a Pascal: «No hay más de dos clases de hombres razonables: los que aman a Dios con todo su corazón, porque le conocen, y los que le buscan de todo corazón, porque no le conocen». Este libro sirve a los dos.

En una palabra, para quien quiere estar «siempre pronto para dar razón» de su esperanza, como pide San Pedro.

Quién lo escribió y quién lo tradujo

El P. A. Hillaire fue profesor del Seminario Mayor de Mende y superior de los Misioneros del Sagrado Corazón. Cuenta en la introducción que concibió la obra en la gruta de Lourdes, y la firmó en Mende el 8 de diciembre de 1900. En Francia la obra alcanzó al menos dieciséis ediciones.
La versión castellana es la de Mons. Agustín Piaggio, vicario general de la Armada Argentina y prelado doméstico de Su Santidad, hecha sobre la 16.ª edición francesa. El Episcopado argentino, reunido en Tucumán en 1912, le felicitó por la empresa y declaró: «aprobamos, bendecimos y recomendamos de todo corazón la presente obra».

¿Sabrías defender tu fe?

Diez objeciones contra la fe que oirá tarde o temprano: en la comida familiar, en clase, en el trabajo o en la tele. Para cada una le damos tres respuestas posibles. Solo una aguanta. Elija la que daría usted y compruebe si sabría defender su fe. Todas las respuestas buenas salen de La religión demostrada, del P. A. Hillaire, con su página.

Las diez respuestas, una por una

Si ya ha jugado, aquí tiene las respuestas completas, con la cita del libro. (Si no ha jugado, no siga leyendo: se estropea la gracia.)

1. Si Dios existiera, lo veríamos. Yo solo creo en lo que veo.
Respuesta: No lo vemos, pero vemos sus obras, como quien ve un cuadro y sabe que hubo un pintor.
«A Dios no lo podemos ver, ciertamente, con los ojos del cuerpo, pero sí podemos contemplar sus obras. Así como por la vista de un cuadro deducimos la existencia del pintor…» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 2. Primera verdad: Dios existe.

2. La vida surgió sola de la materia. No hace falta ningún Dios.
Respuesta: Nadie puede dar lo que no tiene: la materia no tiene vida, luego no pudo darla.
«¿Razón? Porque nadie puede dar lo que no tiene; y como la materia carece de vida, tampoco pudo darla.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 9. Primera verdad: Dios existe.

3. Si Dios existe, ¿por qué a los malos les va tan bien y los buenos sufren?
Respuesta: Dios es paciente porque es eterno, y quiere dar tiempo al arrepentimiento.
«Dios es paciente, porque es eterno; porque quiere dar lugar al arrepentimiento; porque si castigara siempre el vicio aquí en este mundo, y aquí también recompensara la virtud, el hombre no practicaría el bien sino por interés.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 50. Primera verdad: Dios existe.

4. Yo no voy a misa, pero soy buena persona. Con eso basta.
Respuesta: Ser honrado es dar a cada uno lo suyo, y lo primero que debemos es a Dios.
«Ahora bien, la religión no es otra cosa que la justicia para con Dios. Luego aquél que no practica la religión no es honrado, porque no es justo para con Dios.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, pp. 125-126. Tercera verdad: el hombre necesita una religión.

5. Todas las religiones son iguales: todas llevan a Dios.
Respuesta: ¿Son buenas todas las monedas? Hay verdaderas y falsas, y las falsas suponen la verdadera.
«¿Acaso todas las monedas son buenas? ¿No hay que distinguir entre las verdaderas y las falsas? Pues lo mismo sucede con la religión.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 129. Tercera verdad: el hombre necesita una religión.

6. Los milagros son imposibles: Dios no puede saltarse sus propias leyes.
Respuesta: Quien hizo las leyes puede suspenderlas en un caso, igual que un director da un día libre sin abolir el reglamento.
«Si el director de un colegio concede un día de asueto, ¿queda acaso por ello abolido el reglamento?» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 156. Tercera verdad: el milagro y la profecía.

7. Jesús leyó a los profetas y se las apañó para cumplir lo que decían.
Respuesta: Nadie elige dónde nace, de qué familia ni en qué siglo. Eso no se amaña.
«¿Se dirá que Jesucristo se aplicó las predicciones de la Escritura? Pero no depende del poder de un hombre elegir el lugar de su nacimiento, nacer en Belén más bien que en Roma, nacer de la raza de Abraham, de la familia de David… (Mons. Freppel, citado por Hillaire)» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 263. Cuarta verdad: la religión cristiana es divina.

8. La Iglesia es enemiga de la ciencia.
Respuesta: Fe y ciencia vienen de Dios, y lo verdadero no puede oponerse a lo verdadero.
«La Iglesia no es enemiga sino de la ignorancia y del error. […] De una parte y de otra hay verdad; luego no hay oposición, porque lo verdadero no puede oponerse a lo verdadero.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, pp. 594-595. Quinta verdad: la Iglesia católica.

9. La Iglesia católica se ha inventado dogmas que no están en el Evangelio.
Respuesta: La Iglesia nunca define un dogma sin probar que los Apóstoles ya lo enseñaban.
«Nunca la Iglesia ha definido un artículo de fe sin haber probado que los apóstoles lo habían enseñado, o por escrito, o de viva voz.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 430. Quinta verdad: la Iglesia católica.

10. ¿Cómo va a ser santa la Iglesia, con lo malos que son tantos católicos?
Respuesta: Los que la deshonran es porque no hacen caso de su doctrina ni de su moral.
«Si numerosos cristianos con su indigna conducta deshonran a la Iglesia, es porque repudian su doctrina y su moral.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 428. Quinta verdad: la Iglesia católica.

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La Religion Demostrada by juan capistrano


jueves, 15 de octubre de 2026

LIBRO "HISTORIA DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA 1936-1939" 👿👥💣💥⛪💀

 
HISTORIA DE LA PERSECUCIÓN 
RELIGIOSA EN ESPAÑA
1936-1939

Este trabajo tiene la finalidad de recordar los mártires, que dieron su sangre por Dios y por España, durante la persecución religiosa de 1936, y en la que sufrieron el martirio doce obispos, unos cinco mil sacerdotes y más de dos mil religiosos, y fueron asesinados más de trescientos mil seglares. Siendo éste un hecho real e histórico, ¿no sería una ingratitud relegarlo al olvido? 

El motivo de escribir sobre este tema, es porque a ello me ha impulsado la lectura del "Martirologio español. 1936-1939" de Fr. Antonio de Lugo, Monje Jerónimo, quien refiere muchísimos casos ejemplares de personas que por librar a España de la opresión marxista y atea, supieron dar su vida, derramando su sangre en defensa de la fe católica. Existen muchos artículos y obras escritas sobre este tema, especialmente sobre el sacrificio sangriento de millares de vidas consagradas a Dios, y una de ellas más notable es la "Historia de la persecución religiosa en España" del actual obispo de Badajoz Dr. Antonio Montero, a la que hace referencia Fr. A. de Lugo, mas reconociendo que a medida que van pasando los años, van quedando también en olvido altos ejemplos de virtud, me he decidido a escribir este pequeño libro con datos verdaderamente históricos (pues los más se fundamentan en dichas obras), para contribuir en lo posible a mantener vivo el recuerdo de tantos ejemplos de virtud, que nos están hablando a cada paso de la vida futura y eterna. 

Hemos de reconocer que siempre ha habido persecuciones religiosas, pues es la herencia de Jesucristo dejó a la Iglesia. El fue perseguido y nos dice: "A mí me han perseguido y a vosotros os perseguirán..." (Jn. 13,20). 
Los ejemplos que voy a referir no son de la época de las persecuciones romanas, o sea, de los primeros siglos de la Iglesia; sino de hace poco más de cuarenta años, y es necesario recordarlos, porque se pueden repetir. Si tú eres católico, debes tenerlos presente para que sus lecciones te enseñen a saber vivir, y si fueras de los que actualmente abrigan aún odio a los que profesan la religión católica, los deberás recordar también para que sepas lo ignominioso de aquellas crueldades y depongas todo odio. Aquí, pues, tienes unos pocos de tantos hechos más sobresalientes, acaecidos en esos años de persecución religiosa. Mi deseo es que sirvan de lección a todos.


La persecución religiosa en España Es una realidad histórica, que en 1936 comenzó en España una persecución religiosa y descaradamente abierta, promovida por el odio a Dios y a cuanto tuviera relación con la Iglesia católica. Este es un hecho tal que no puede ponerse en duda.

Pio XI

"En nuestra queridísima España, el azote comunista... no se ha contentado con derribar alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que, cuando le fue posible, destruyó todas las iglesias, todos los conventos y hasta toda huella de religión cristiana, por más ligada que estuviera a los más insignes monumentos del arte y de la ciencia. El furor comunista no se ha limitado a matar obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de modo especial a aquellos y aquellas que precisamente trabajan con mayor celo con pobres y obreros, sino que ha hecho un número mucho mayor de víctimas entre los seglares de toda clase y condición, que diariamente, puede decirse, son asesinados en masa por el mero hecho de ser buenos cristianos o tan sólo contrarios al ateísmo comunista. Y una destrucción tan espantosa la lleva a cabo con un odio, una barbarie y una ferocidad que no se hubiera creído posible en nuestro siglo" (Divini Redemptoris. 19-3-1937) 

Pio XII 

"Los designios de la Providencia, amadísimos hijos, se han vuelto a manifestar una vez más sobre la heroica España. La nación elegida por Dios, principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo y como baluarte inexpugnable de la fe católica, acaba de dar a los prosélitos del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo están los valores eternos de la religión y del Espíritu... Y ahora, ante el recuerdo de las ruinas acumuladas en la guerra civil más sangrienta que recuerda la historia de los tiempos modernos, Nos, con piadoso impulso, inclinamos ante todo nuestra frente a la santa memoria de los obispos, sacerdotes, religiosos de uno y otro sexo y fieles de todas las edades y condiciones que en tan elevado número han sellado con sangre su fe en Jesucristo y su amor a la religión católica: No hay mayor prueba de amor" (Jn.15,13) (Radiomensaje al pueblo español; 16-4-1939)

Palabras del Cardenal Mons. Etchegaray: "Una Iglesia que no recuerda a sus mártires de ayer y no descubre a los mártires de hoy, no puede reclamar el honor de ser Iglesia de Cristo".

Carta colectiva del episcopado español

De esta carta que fue dirigida a los obispos del mundo entero, que merecía ser leída por todos, sólo copio lo siguiente: "Hacemos historia sin hacer interpretaciones de carácter psicológico o social... La hecatombe producida en personas y cosas por la revolución comunista fue "premeditada". Poco antes de la revuelta habían llegado de Rusia 79 agitadores especializados. La Comisión Nacional de Unificación Marxista, por los mismos días, ordenaba la constitución de las milicias revolucionarias en todos los pueblos. La destrucción de las iglesias o a lo menos de su ajuar, fue sistemática y por series. En el breve espacio de un mes se habían inutilizado todos los templos para el culto... Para la eliminación de personas destacadas que se consideraban enemigas de la revolución se habían formado previamente las "listas negras". En algunas, y en primer lugar, figuraba el obispo. De los sacerdotes, decía un jefe comunista, ante la actitud del pueblo que quería salvar a su párroco: "Tenemos orden de quitar toda su semilla".

"Prueba elocuentísima de que la destrucción de templos y la matanza de los sacerdotes, en forma totalitaria, fue cosa premeditada, es su número espantoso. Aunque son prematuras las cifras, contamos unas 20.000 iglesias y capillas destruidas o totalmente saqueadas. Los sacerdotes asesinados, contando un promedio del 40 por 100 en las diócesis devastadas (en algunas llegan al 80 por 100) sumarán, sólo del clero secular, unos 6.000. Se les cazó como perros, se les persiguió a través de los montes; fueron buscados con afán en todo escondrijo. Se les mató sin juicio las más de las veces, sobre la marcha, sin más razón que su oficio social. Fue "cruelísima" la revolución. Las formas de asesinato revistieron caracteres de barbarie horrenda. En su número se calculan en número superior a 300.000 los seglares que han sucumbido asesinados, sólo por sus ideas políticas y especialmente religiosas; en Madrid y en los tres meses primeros, fueron asesinados más de 22.000. Apenas hay un pueblo en que no se haya eliminado a los más destacados derechistas.

Por la falta de forma: sin acusación, sin pruebas, las más de las veces sin juicio. Por los vejámenes: A muchos se les han amputado los miembros o se les ha mutilado espantosamente antes de matarlos; se les han vaciado los ojos, cortado la lengua, abierto en canal, quemado o enterrado vivo, matado a hachazos. La crueldad máxima se ha ejercido con los ministros de Dios. Por respeto y caridad no queremos puntualizar más. La revolución fue "inhumana". No se ha respetado el pudor de la mujer, ni aun la consagrada a Dios por sus votos. Se han profanado las tumbas y cementerios...". 

Esta revolución fue también bárbara, antiespañola y anticristiana... Y terminan su carta diciendo: "Consentidnos una declaración última. Dios sabe que amamos en las entrañas de Cristo y perdonamos de todo corazón a cuantos, sin saber lo que hacían, han inferido daño gravísimo a la Iglesia y a la patria... Rogad para que en nuestro país se extingan los odios, se acerquen las almas y volvamos a ser todos unos en el vínculo de la caridad. Acordaos de nuestros obispos asesinados, de tantos millares de sacerdotes, religiosos y seglares selectos que sucumbieron sólo porque fueron milicias escogidas de Cristo, y pedid al Señor que dé fecundidad a su sangre redentora..." (1-7-1937).

Los gobernantes y periódicos marxistas Estos reconocieron la ola de terrorismo que desbordaba las ambiciones más sanguinarias, y el mismo Galarza, ministro de Gobernación, al ver la realidad del terrorismo imperante, se vio obligado a citar a los periodistas para decirles que habiendo sido ejecutadas ilegalmente más de 20.000 personas en Madrid (15.000 identificadas y 5.00.0 por identificar), él no podía consentir por más tiempo una horrenda situación de la que no se hacía solidario, y que estaba dispuesto a terminar tales actos como fuesen fusilando sin contemplaciones de ninguna especie. 

El periódico "Solidaridad obrera", que el 28 de enero de 1937 y en sucesivos artículos se gloriaban en decir: "En las provincias que gobernamos, la Iglesia no existe... No les queda un altar en pie... No quedan apenas feligreses...", meses más tarde viéndose avergonzados, decía el 30 de julio de 1937 bajo el título "La pasión exacerbada": "Termine ya el terror que ha venido actuando en la sombra. Que sea el tribunal del pueblo, quien a plena luz, con plena responsabilidad, depure lo que depuración necesita...". "Lo interesante sería que nos decidiéramos a acabar con esa danza macabra de todas las noches, con esa procesión de muertos que, señalándonos ante el mundo, nos acusa de la misma ignominia que las gentes honradas acusan a los fascistas...", y terminan pidiendo la depuración de los tribunales populares, y clamaban por el cese inmediato de las matanzas irresponsables.


En 1936 asesinaron en España a casi 7.000 clérigos por odio a la fe. Y la memoria oficial prefiere no contarlo.
Los datos están documentados: 6.832 religiosos asesinados en la zona republicana. 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas, entre ellos 13 obispos. No murieron en combate: los fusilaban sin juicio por el solo hecho de ser curas, frailes o monjas. Iglesias enteras ardieron en toda España.
7.000 clérigos asesinados por odio a la fe. Y no tiene museos, ni series, ni minutos de silencio.

**¿Por qué la historia que llora por todo 
se queda muda ante 7.000 mártires?**

Persecución religiosa en España l F. Cancino y G. Escudero en FNM


Montero, Antonio - Historia de La Persecucion Religiosa en España (1936-1939) by Sergio Augusto Navarro


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lunes, 7 de septiembre de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "CONFESIONES VERDADERAS (TRUE CONFESSIONS)": EN EL CORAZÓN DE LA CORRUPCIÓN por JOHN GREGORY DUNNE y DIRIGIDA por ULU GROSBARD


Los Ángeles, años cuarenta: en un solar es descubierto el cadáver mutilado de una joven. La prensa bautiza el caso con el sugerente nombre de 'la Golfa Virgen' y, de repente, un asesinato que podría haber pasado desapercibido en las páginas de sucesos se convierte en el ojo de un huracán de mayores dimensiones… Dos hermanos, Tom, detective de homicidios, y Desmond Spellacy, sacerdote católico con ambiciones políticas dentro de la Iglesia, constituyen los ejes en torno a los cuales desfilan personajes involucrados en sobornos y tráficos de influencias, que nos llevan de los aposentos de un cardenal a un sórdido prostíbulo de suburbio; de los campos de golf donde los notables juegan sus partidas y entretejen sus redes de poder y corrupción a la humilde feligresía de una parroquia californiana; de policías de moral ambigua cuyos actos bordean la ilegalidad a la atormentada vida sentimental de Tom, cuya esposa entra en delirios místicos y cuya amante tiene la molesta virtud de avivar sus remordimientos… 

Cuando se descubre la relación entre la víctima y alguien de vital influencia económica para iglesia, Tom tendrá que enfrentarse a su hermano y pedirle que haga una elección que marcará su destino: seguir los dictados de su conciencia o abandonarse a la ambición. 

Confesiones verdaderas trata de un crimen que no tiene soluciones, solo víctimas… En una nueva edición prologada por Rodrigo Fresán y con una introducción de George Pelecanos, el clásico de John Gregory Dunne evoca el famoso asesinato de la Dalia Negra, que también sirvió de inspiración a James Ellroy para escribir la novela homónima que lo llevaría a la fama. Y se llevó al cine "LA DALIA NEGRA, 2006".

El personaje de Burgess Meredith, monseñor Seamus Fargo,
actúa como un mentor veterano para el personaje de De Niro, Desmond Spellacy. En la película, Seamus Fargo es un sacerdote íntegro y de la vieja escuela que choca con los negocios astutos y políticamente motivados de Desmond. A consecuencia de este conflicto, el pragmático cardenal de la diócesis obliga a Fargo —un hombre de buen corazón— a jubilarse anticipadamente, enviándolo a una remota parroquia en el desierto. 
En última instancia, Fargo sirve como espejo moral para Desmond. Cuando Desmond cae en desgracia más adelante debido a su vinculación con escándalos políticos y criminales, es enviado a esa misma parroquia remota; allí ocupa el lugar de Fargo y encuentra su propia salvación espiritual.

‘Confesiones verdaderas’: 
En el corazón de la corrupción


Si no les gustan las películas duras, descarnadas, en las que no se hacen prisioneros, no se les ocurra acercarse a True Confessions (Confesiones verdaderas, 1981), un film noir con pedigrí de novela de Hammett, Chandler o James Cain, esto es, reserva curado en estilo de autopsia de la vida moderna, o de la de siempre, porque por sus fotogramas desfilan cardenales y sacerdotes ambiciosos, putas, detectives, cineastas porno, chicas a la deriva que escriben poemas pequeños y simples, antiguos chulos reconvertidos en especuladores inmobiliarios aliados con concejales de vista gorda y abogados de ocasión para cualquier chanchullo, iglesias, burdeles, comisarías de policía, morgues, elegantes campos de golf y cutres cafeterías, restaurantes para gente rica y cuarteles desafectados en los que rodar películas porno y descuartizar a chicas tan hermosas como usadas como moneda de cambio. Podrán encontrar en este laberinto de intereses cruzados la huella de irlandeses católicos, misas, bodas, confesiones, una Iglesia que ejerce el poder y busca el dinero, pero también sacerdotes que prefieren retirarse a morir a una olvidada parroquia en el desierto, no solo para expiar pecados del pasado sino para interrogarse cómo y por qué no tienen el don de amar a Dios.

"El censo de personajes de Confesiones verdaderas lo celebrarían Balzac o Galdós: carne humana hecha de sufrimiento, desprecio y sexo, pero también de dolor, tristeza, ira y venganza, arrepentimiento, con un pasado"

Ese pedigrí del que les hablo lo excava "Confesiones verdaderas" de una maravillosa novela, mil veces olvidada, escrita por John Gregory Dunne, uno de los nombres jamás mencionados cuando se habla del “nuevo periodismo” de los Wolfe y los Talese porque, como dice Garci, El estudio, el libro reportaje que Dunne consagró a un año de producción de películas en la Fox a mediados de los años 60, cuando el viejo Zanuck tuvo que volver de Europa para reflotar una nave en quiebra tras los dispendios de Spyros Skouras y Joe Mankiewicz por Cleopatra, no tiene nada que envidiar a The Right Stuff o a Honrarás a tu padre. Dunne, tomando como algo más que un macguffin el célebre asesinato de la Dalia Negra, un cadáver descuartizado de una chica encontrado en un solar de L. A., efectúa la autopsia de un cadáver nada exquisito, el de la sociedad angelina, la de la América de la posguerra, quizás de la Humanidad de siempre. Un cadáver enfermo de corrupción y vicios privados y públicos camino de una era de prosperidad que intenta olvidar la pasada guerra y hacer negocios al margen de cualquier regla y bajo cualquier influencia. Claro que ese panorama sería solo un brillante y duro trampantojo si no se poblara de seres humanos que se sienten irremediablemente muy lejos del Paraíso. El censo de personajes de Confesiones verdaderas lo celebrarían Balzac o Galdós: carne humana hecha de sufrimiento, desprecio y sexo, pero también de dolor, tristeza, ira y venganza, arrepentimiento, con un pasado. 

Un film noir no es nada sin el peso del pasado o sin un flashback que lo evoque, como el que le viene a los ojos al sargento de homicidios de L. A. Tom Spellacy (Robert Duvall) mientras contempla el desolado desierto al otro lado de la ventana de la pobre rectoría de la parroquia que regenta su hermano Desmond (Robert De Niro), el cura que iba para obispo y ya solo espera reposar en una descarnada parcela de tierra abrasada en el vecino cementerio. Dunne escribió el guion de Confesiones verdaderas con su mujer, Joan Didion, otra que conocía bien cómo escribir sobre seres humanos a la deriva, sumidos en el dolor y en la pena pero nunca vencidos, apoyados en la esperanza de luchar y no rendirse.

"Pese a todo no hagan caso a mi admonición del comienzo de esta crónica, y vean Confesiones verdaderas, si no lo han hecho, o vuelvan a ella si no la recuerdan o la recuerdan siempre"

Ulu Grosbard, un cineasta sueco muy eficiente, muy buen artesano, que hizo carrera en Hollywood con melodramas bien armados como Enamorarse, remake sofisticado y neoyorquino del Breve encuentro de David Lean, sabe que tiene en sus manos oro puro y no lo desaprovecha, filmando esta historia desarbolada de sentimientos, 104 minutos de pathos, emociones de choque, de forma clásica, sujeto, verbo y complemento. Cuenta además con un reparto maravilloso, y no solo por el duelo fraternal de Robert Duvall y De Niro, dos actores de la misma camada del sector más ligero del Actor’s Studio, que ofrecen un recital de miradas que nos permiten penetrar en su dolor u orgullo, su rabia o su vergüenza interior, una manera magistral de dominar el tempo de una secuencia, el sentido de un plano mental, una manera de moverse en el encuadre. Junto a ellos está la vulgaridad de Charles Durning, un Jack Amsterdam, antiguo chulo, ahora Laico Católico del Año, bastión de la Iglesia por sus contribuciones siempre unidas a sus negocios; la dureza de acero de Cyril Cusack, un príncipe de la Iglesia, cardenal, distante, frío, que sacó a la diócesis de la quiebra para transformarla en una máquina de poder y riqueza y dejó para el final derrumbe moral; o Rose Gregorio como Brenda Samuels, la regenta de un burdel cutre, que anda aún enamoriscada del poli Spellacy, aunque ella pagara en la cárcel la corrupción de éste. Su rostro, surcado de arrugas y de vida devastada, una mirada gris, orgullosa pero derrotada, aún posee la belleza de la desesperación cuando Tom Spellacy descubre su rostro al retirar la sábana que la cubre en la morgue tras abrir la espita del gas huyendo de una vida que ya no le ofrece nada.

Pese a todo no hagan caso a mi admonición del comienzo de esta crónica, y vean Confesiones Verdaderas, si no lo han hecho, o vuelvan a ella si no la recuerdan o la recuerdan siempre, es una película de las que te abre en canal tus sentimientos mientras te sumerges, te guste o no, en su historia, en sus imágenes.

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True Confessions (Confesiones verdaderas, 1981). Produicida por Irwin Winkler y Robert Chartroff. Dirigida por Ulu Grosbard. Guion de John Gregory Dunne y Joan Didion, sobre la novela True Confessions, de Dunne. Fotografía de Owen Roizman. Música de George Delerue. Montaje, Linzy Klingman. 
Interpretada por Robert De Niro, Robert Duvall, Charles Durning, Burgess Meredith, Cyril Cusack, Rose Gregorio, Ed Flanders, Kenneth McMillan, Dan Hedaya, Jeanette Nolan. Duración: 104 minutos.

jueves, 3 de septiembre de 2026

EL P. JAMES MANJACKAL RECIBIÓ LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO Y TODO CAMBIÓ EN SU VIDA


Un cura indio explica cómo pasó 
de mediocre y acomodado 
a evangelizar con pasión


Recibió la efusión del Espíritu Santo y todo cambió en su vida. Dios le curó una grave enfermedad y él, extremadamente tímido, se convirtió en un predicador.

El P. James Manjackal es un sacerdote indio que, como tantos otros cristianos –también les ocurre a ellos-, era poco fervoroso, acostumbrado a lo justo y, de alguna forma, acomodaticio; nada afecto a creer en las conversiones repentinas y en la acción del Espíritu Santo en la vida de los hombres.
Una persona, en fin, instalada en la mediocridad. Sin embargo, un día se le cruzó Dios en el camino y hoy es un predicador lleno del Espíritu Santo, sacerdote a tiempo completo, misionero no sólo en su tierra natal y en Occidente, sino incluso en lugares a donde pocos se atreven a ir: a los países de mayoría musulmana como los de la península de Arabia.

Retiros de milagros y conversiones
En sus retiros, en donde se reúnen miles de personas, se dan auténticas conversiones y curaciones físicas y psíquicas. Quienes acuden a ellos explican su fervor y su hondura a la hora de celebrar la Eucaristía, la fuerza de su predicación, su pasión por Cristo… El P. James narra su testimonio de conversión, o mejor dicho de efusión del Espíritu Santo.

Testimonio personal de conversión
El P. James nació en una familia católica, como la mayoría de Kerala. Ingresó en la congregación de los Misioneros de San Francisco de Sales y se ordenó sacerdote en 1946.

Persona tímida e introvertida
Sus primeros destinos pastorales fueron las misiones en Visakhapatnam y después, por fin para él, fue nombrado profesor en el seminario de Kerala. Este destino fue una meta largamente anhelada, pues la pastoral de parroquia no estaba hecha para él. La razón es que desde pequeño fue una persona tímida e introvertida.
Sufrió por parte de sus compañeros lo que hoy llamaríamos “bulling”, haciendo de él una persona más bien intelectual y poco dada a las relaciones sociales. Su timidez era tan grande que incluso en la homilía de su Primera Misa no fue capaz de decir más que “mis queridos hijos, mis queridos hijos…”.

Promoción personal y seguridad…
A su carácter se le sumaron sus no siempre honestas inquietudes personales: “Cuando era un estudiante en el seminario, mi deseo más sincero era el ser profesor en la universidad o en el seminario. Una posición cómoda y honorable en la vida sacerdotal. Yo no me podía imaginar yendo como un vagabundo de lugar en lugar, confrontando diferentes situaciones, gente, cultura y comidas –explica el sacerdote indio-. Dentro de mí, buscaba comodidades materiales y la seguridad de una vida feliz”.
En pocas palabras, el destino del seminario era la meta perfecta para un hombre como él.

… pero algo cambió en un retiro

En esas fechas, más por curiosidad que por otro motivo, el P. James fue a un retiro carismático. Le gustó la predicación y los cantos. Poco más.
Sin embargo hubo algo que le suscitó especial interés: en una de las actividades, denominada “efusión del Espíritu”, el sacerdote responsable del retiro imponía las manos a los asistentes. Cuando llegó su turno, el predicador le dijo: “James, vas a ser un predicador carismático”. Al escuchar esto se rió, ¿cómo iba a ser un predicador carismático si en su vida jamás había sido capaz de pronunciar un discurso?

Una enfermedad llega a su vida

Pero ya sabemos que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Y sí, efectivamente, Dios tenía sus medios para conseguir lo que buscaba. El medio o la ocasión llegó al acabar el retiro, y, como también suele ser habitual, por medio de una enfermedad.
El padre fue pasando de médico en médico y de hospital en hospital, hasta que finalmente fue diagnosticado, entre otras afecciones, de tuberculosis en los riñones. Su vida corría serio peligro.
Estando en el hospital se presentó un joven en su habitación. Le explicó que hacía poco que se había convertido a la fe católica, que el Espíritu Santo le había dado varios dones y que, yendo en autobús, el Espíritu le había indicado que debía acercarse al hospital para imponerle las manos y curarle.

Un desconocido ora por él y lee su alma
Antes que el P. James pudiera reaccionar, el joven ya estaba manos a la obra orando en voz alta por la sanación del sacerdote. Oró al Padre, oró a Jesucristo, oró en lenguas… Oró por su enfermedad y oró recordando episodios de su vida pasada –su infancia, cuando perdió a su padre, cuando era rechazado por sus compañeros…

– ¡Oh, Señor! Este sacerdote es un buen sacerdote, pero no es capaz de predicar tu Evangelio porque es muy tímido debido a su complejo de inferioridad, el cual desarrolló al principio de su niñez. Perdió a su padre cuando tenía siete años, Señor. Se sintió rechazado y discriminado entre los otros cinco niños con los que creció. La madre, joven y viuda, tuvo cantidad de problemas para sacar a sus hijos adelante.

Como él era muy gordo, sus hermanos y hermanas lo molestaban llamándole “gordito”. Los compañeros de colegio lo llamaban “negrito” por el color de su piel. Por esto, en su temprana infancia, este niño ha sido muy herido. Tiene mucho resentimiento en su corazón.
Señor, Espíritu Santo, cura sus heridas internas y resentimientos y dale un nuevo yo interior. Libéralo de todas sus esclavitudes y del poder de la oscuridad. ¡Oh, Espíritu Santo! llena su corazón con tu amor…

«Todo eso era verdad»
En esos momentos de auténtica sorpresa y vértigo, el P. James comenzaba a resquebrajarse por dentro:

“Todo lo que decía de mi vida era verdad. Sabía que todo lo que había dicho en oración no estaba en el historial del hospital. Él estaba leyendo un historial diferente, el del Espíritu Santo. Derramé lágrimas sobre mi orgullo, especialmente sobre mi orgullo intelectual –explica el P. James-. Me di cuenta de que este muchacho joven, un recién convertido, había nacido en el Espíritu, mientras que yo, un católico tradicional, un sacerdote ordenado, permanecía en la carne”.

El Señor lo sana
En esos momentos, además, sintió una sensación de calor en el estómago y en los riñones. ¿Le estaría curando el Señor? Con todo, su mente estaba en otro lugar: ¿y si el joven comienza a revelar en voz alta sus pecados más escondidos? Todo llega:

– Jesús, tú eres quien lo llamó al sacerdocio, pero él está ofreciendo Misas con un corazón impuro y con manos impuras. Este sacerdote está teniendo mucha falta de perdón hacia muchos, dale la gracia de perdonar al prójimo y lávalo en tu preciosa sangre y dale un corazón más blanco que la nieve.

Llamar entre lágrimas al Señor
“Para entonces –explica el P. James- el mismo Espíritu Santo comenzó a acusarme de mis pecados. Yo no sabía que el muchacho había salido de la habitación para orar sobre otros. Vi una página blanca de papel enfrente de mí en la que estaban escritos claramente todos mis pecados, pecados que fueron confesados, y algunas veces escondidos en las confesiones debido al temor o vergüenza. Vi claramente a las personas a las cuales no había perdonado y con las que todavía no me había reconciliado en mi corazón».

Entre lágrimas dije: «Señor, no puedo liberarme de estos malos hábitos, yo soy incapaz. No puedo continuar, no puedo ser un sacerdote puro. Entre lágrimas empecé a llamar a gritos al Señor, a lo mejor era la primera vez que yo oraba llorando. Estaba en una absoluta confusión, no sabía si debía dejar el sacerdocio o continuar. El Espíritu me decía que si continuaba debía ser un sacerdote santo, una persona diferente».

«Pensé que las Misas ofrecidas en el pasado no habían sido aceptadas por el Padre en el Cielo y que ninguna de mis oraciones había sido escuchada por el Señor. Cuando fuese al Altar debería haber perdonado y reconciliado. Debería haber perdonado a los otros para que mis oraciones pudieran ser efectivas. ¡Pensé que era un ser miserable, completamente perdido!”

Y Cristo le dice…
En esos momentos, Jesucristo le habló claramente: James, tú eres mi sacerdote desde siempre. Incluso cuando Yo fui concebido en el vientre de mi Madre, tú estabas ahí como un sacerdote compartiendo mi Sacerdocio eterno. Yo te perdono todos tus pecados y te hago completamente nuevo.

El médico confirmó que estaba curado
Volvió en sí cuando una enfermera le llamó por su nombre. Le traía las medicinas, pero las rechazó porque se sentía curado. El doctor también insistió, pero al ver los evidentes cambios –podía levantarse, estaba con fuerzas, dormía sin somníferos…- decidió repetir todas las pruebas. Éstas fueron concluyentes.
El doctor “me llamó a su despacho y me enseñó los antiguos y los nuevos resultados de las pruebas clínicas, y me confirmó que mi riñón estaba completamente curado, que podía dejar de tomar las medicinas y que estaba dado de alta del hospital. Yo no sé cómo explicar la alegría que sentí en ese momento. Dije ‘alabado sea el Señor’, abracé al doctor y abandoné el hospital”.

Comienza como predicador carismático
La experiencia vivida en el hospital fue un romper aguas, un antes y un después en su vida. Tal y como le habían anunciado en el retiro sería a partir de ahora un predicador carismático. Renunció a su trabajo, incluso a la oferta que le hicieron sus superiores de los Misioneros de San Francisco de Sales, su congregación, de ir al extranjero a estudiar un doctorado.
Las rechazó porque el Espíritu Santo le dijo claramente: “Yo soy suficiente para ti”. El recién bautizado en el Espíritu Santo cambió de vida: de tímido y acomodado profesor pasó a ser predicador y apóstol de Jesucristo. Incansable y constante.

Una casa de retiros para miles de personas
Fundó la Charis Bhavan, en su Kerala natal, una casa para retiros que se ha convertido en un lugar de encuentro con Dios para miles de personas. Con programas de ayuda para resolver o, en última instancia, sobrellevar los problemas sociales, económicos, psicológicos, domésticos y espirituales.
Pero el P. James hace tiempo que decidió cruzar fronteras y se ha convertido en un predicador incansable por Sudamérica y USA, por Bosnia, Croacia, España, Francia, Suiza y centro Europa, por Asia e, incluso, en algunos países islámicos de la península arábiga.
Ha publicado libros, poemas, artículos y canciones que circulan por millares y han sido traducidos a innumerables idiomas. Entre sus libros se encuentran: "27 oraciones carismáticas", "Entra en el Arca" y "Eureka". Y entre sus artículos destacan algunos relativos a la incompatibilidad entre el Yoga y la fe cristiana.

Apóstol en toda ocasión

Quienes asisten a sus retiros son testigos de primera mano de la acción del Espíritu Santo sobre sus vidas, pero quienes se encuentran con él por el camino de la vida también son testigos de ese soplo divino.
En cierta ocasión, estando en el aeropuerto de Bombay esperando a subir al avión, había un joven europeo vestido como un hindú, de color azafrán y con ceniza en su frente, discutiendo con la policía. La razón era relativamente obvia: el joven pretendía subir al avión con sus dioses encima, es decir, con un ratón y una serpiente enroscada al cuello, que por supuesto estaban vivos. Ni que decir tiene que el joven estaba cargado de razones para hacerlo:

– Estos son mis dioses recibidos en la India y vosotros policías indios, ¿no me permitís ir con ellos?, les preguntaba a los agentes de aduanas.
Mientras los policías resolvían esta cuestión relativa a la fe y a las leyes, la gente comenzaba a desesperarse y a gritar. Allí se encontraba también el P. James, quien se puso a rezar por aquel joven tan despistado en cuestiones de fe. Movido por el Espíritu Santo, actuó:

– José, ¿no eres un católico alemán? ¿No estarás queriendo tomar a estas criaturas como tus dioses?, le preguntó mientras ponía la mano sobre su hombro.
– ¿Quién le ha dicho que me llamo José y que soy católico alemán?, le respondió con sorpresa. Sacando un crucifijo le explicó el sacerdote:
– Él es mi Dios, que me revela estas cosas por medio del Espíritu Santo.

Con lágrimas en los ojos le preguntó si estaba dispuesto a hablarle más sobre Jesús y el Espíritu Santo. Dijo que sí, pero le puso como condición que renunciase a aquellos animales. Él, como un niño, obedeció y tiró el ratón y la serpiente al cubo de la basura.
Durante el vuelo, el padre le explicó a José muchas cosas sobre Jesús y el Espíritu Santo. Él era un católico que había abandonado la fe para ir tras las mujeres, las drogas y el alcohol, y que había adoptado el hinduismo como forma de vida. Confesó que todo eso no había dado sentido a su vida y que le faltaba algo.
Terminó por confesarse y recibir la Comunión en una Misa que el P. James celebró en el hotel de Ryad, en Arabia Saudita. El joven estaba feliz y con lágrimas le dijo: Ahora mi sed y mi hambre de Dios han sido colmados con Jesús en la Comunión.

El P. James comenta, a raíz de este caso, que el sacerdote recibe muchas alegrías al perdonar los pecados de quienes estaban alejados de Dios: “Habría valido la pena haber nacido y haber sido sacerdote para confesar a este hombre pecador y después haber muerto al ver su alegría y su paz. ¡Vale la pena morir para dar vida!”.

PADRE JAMES MANJACKAL ✝️ 7 AÑOS de GRAN TRIBULACION 🌍 2026-2033

«Es hora de que Europa despierte y regrese al Señor Jesús, el único refugio y ayuda. Deben saber que hasta hace poco estos eran países católicos y cristianos. Ahora, en estos dos países, ni siquiera el 4% de la población asiste a la misa dominical, y este es el requisito mínimo para la identidad cristiana. Hay muchos niños sin bautizar, un gran número de hombres y mujeres conviven fuera del matrimonio, pocas personas se confiesan o reciben otros sacramentos, ¡y la oración familiar es inexistente! Es cierto lo que dijo el profeta Jeremías: 
“Han abandonado a Dios, la fuente de la vida”. ¡El divorcio, las uniones entre personas del mismo sexo, el aborto, la eutanasia y toda otra forma de inmoralidad están legalizadas en estos países! ¡Son como Sodoma y Gomorra! Entre sus habitantes no hay temor ni de Dios ni de los hombres. Ciertamente, el Señor no está complacido con estos ni con otros países similares. Creo que el castigo y la retribución de Dios se acercan», son las palabras del padre James Manjackal.

Ahora es el momento para que quienes ostentan el poder, y toda la población de estos países, vuelvan sus ojos al Señor y comiencen a invocar su nombre; porque todo aquel que invoca el nombre de Dios será salvo. Es tiempo de arrepentirse, cambiar de conducta y decidir vivir conforme a la voluntad de Dios. El Señor dice: «Vuelvan a mí y yo volveré a ustedes». Nuestro Dios, Jesús, es misericordioso y bondadoso. Cuando, tras el llamado de Noé, los ninivitas se arrepintieron, Dios se arrepintió y cambió su plan de destruirlos. Es tiempo de que la Europa cristiana despierte y regrese a las raíces de su vida y cultura, que son Cristo y el cristianismo. Necesita renunciar a la frialdad, la tibieza y la indiferencia hacia Cristo y la Iglesia, quienes son los únicos que tienen las respuestas y soluciones a los problemas de hoy. Si Europa reconoce su fe en Cristo vencedor, Él estará con los europeos y acabará con sus enemigos actuales, advierte el padre James Manjackal.

También es hora de que los líderes políticos de Europa se unan en Cristo para luchar contra el enemigo. Es lamentable que Europa esté dividida; el enemigo se aprovecha de estas divisiones. Ruego que Europa se una en la fe en Cristo y en la Iglesia, y que crezca en paz y prosperidad. Deseo y ruego que todos los cristianos europeos lleguen a conocer el poder de Cristo, su Salvador y Señor. Que María, Madre de Cristo y Reina de Europa, interceda por la salvación de Europa, dijo el Padre James Manjackal al mundo.