EL Rincón de Yanka: RAZONES

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miércoles, 8 de abril de 2026

LIBRO "Y LA BIBLIA TENÍA RAZÓN": LA VERDAD HISTÓRICA COMPROBADA POR LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS por WERNER KELLER


Y LA BIBLIA TENÍA RAZÓN

La verdad histórica comprobada por las investigaciones arqueológicas. El hasta hace pocos años casi inexplorado campo de la arqueología bíblica ha ofrecido conocimientos tan revolucionarios (sobre todo en los últimos años) que hoy es posible responder satisfactoriamente a una serie de preguntas que muchos oponían al contenido histórico de los libros sagrados. Las excavaciones realizadas han sacado de entre los escombros una importante cantidad de testigos mudos de los hechos que explica la Biblia.
Un investigador alemán se propuso verificar la autenticidad y veracidad de los relatos bíblicos a la luz de la arqueología. Los resultados fueron publicados en un libro que asombró al mundo y se vendió por millones. A fines de los años 50, un investigador alemán, Werner Keller, se propuso verificar la autenticidad y veracidad de los relatos bíblicos a la luz de la arqueología. 
Los resultados fueron publicados en un libro que asombró al mundo y se vendió por millones. Debido a las conclusiones científicas, aquel trabajo no pierde vigencia. Este es un resumen notable. En el año 1950, mientras estaba dedicado a mis trabajos acostumbrados, cayó en mis manos el relato de la expedición del arqueólogo francés profesor Parrot y de su paisano el profesor Schaeffer sobre las excavaciones realizadas en Mari y Ugarit. 

Las tablillas con caracteres cuneiformes halladas en Mari, en el Éufrates Medio, contenían nombres bíblicos que han hecho que las narraciones de los patriarcas, tenidas hasta entonces por “leyendas piadosas”, pasarán de improviso a ser enmarcadas en una época histórica. 
En Ugarit (2 Reyes 16:3; Jueces 2:13) junto al Mediterráneo, habían salido a la luz por primera vez los testimonios del culto de Baal profesado por los cananeos. Aquel mismo año se descubrió un rollo del libro del profeta Isaías en una cueva del Mar Muerto, al cual se le atribuyó una fecha anterior a la Era Cristiana. 

Estas noticias verdaderamente sensacionales despertaron en mí el deseo del estudio de la arqueología bíblica, el más reciente y menos tratado campo de la investigación de la Antigüedad. Así, pues, me dediqué a buscar, tanto en las obras publicadas en Alemania como en los demás países, una exposición clara y sucinta, asequible a todos, de las investigaciones realizadas; pero no encontré ninguna, sencillamente porque no existe. Entonces, me dirigí directamente a las fuentes de información auxiliado activamente en este trabajo de carácter detectivesco por mi propia esposa- visitando las bibliotecas de muchos países para recoger todos los datos verdaderamente científicos contenidos en las obras especializadas relativas a la arqueología bíblica. 

A medida que fui profundizando en el tema, el asunto me resultó más emocionante. La puerta de entrada al mundo histórico del Antiguo Testamento fue abierta por el francés Paul Emile Botta en el año 1843.
En unas excavaciones realizadas en Mesopotamia, concretamente en Corsabad, tropezó de improviso con los bajorrelieves del rey asirio Sargón II (Isaías 20:1) que había diezmado el reino de Israel, llevándose a sus pobladores en largas columnas. Los relatos de las campañas de este soberano están relacionados con la conquista de Samaria, de la cual habla la Biblia. Desde hace un siglo, sabios americanos, ingleses, franceses y alemanes realizan excavaciones en el próximo Oriente, en Mesopotamia, Palestina y Egipto. 

Las grandes naciones han fundado institutos y escuelas especiales para este trabajo de exploración. En 1869 se creó el llamado “PalestineExplorationFund”; en 1892 la Escuela Bíblica de los Dominicos de San Esteban. Les siguieron en 1898 la “Deutsche Orient-Gesellschaft”, en 1900 las “American Schools of Oriental Research” y en 1901 el Instituto Alemán de Arqueología. En Palestina, se sacaron a la luz del día sitios y ciudades frecuentemente mencionados en la Biblia. Aparecen y están situados tal y donde la Biblia dice. 

En las antiquísimas inscripciones y edificaciones excavadas, los exploradores encuentran cada vez más personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Los bajorrelieves de aquella época revelan las imágenes de pueblos cuya existencia se conocían solo por los nombres. 

Sus rasgos fisonómicos, su indumentaria, sus armas tomaron ahora cuerpo para la posteridad. Estatuas y figuras colosales muestran a los hititas de ancha nariz, a los filisteos (Génesis 10:14) esbeltos y de elevada estatura, a los elegantes príncipes cananeos con los carros de hierro, tan temidos de Israel, a los reyes de Mari –contemporáneos de Abraham– de sonrisa tan pacífica. A través de los milenios, los reyes asirios no han perdido nada de su ceño adusto: Tiglat-pileser III (2 Reyes 16:7), conocido en el Antiguo Testamento con el nombre de Pul (2 Reyes 15:19); Senaquerib (2 Reyes 18:13), que destruyó a Laquís y puso cerco a Jerusalén; Asaradón que hizo encadenar al rey Manasés, y Asurbanipal, “el grande y célebre Asnapar” del libro de Esdras 4: 10. Igual que a Nínive y Nimrod (Génesis 10:12) -la antigua Cala-, a Asur (1 Crónicas 2:24) y a Tebas (Jeremías 46:25), que los profetas llamaban No-Amon, los investigadores despertaron de las brumas de la Antigüedad a la execrada Babel de la Biblia y su torre legendaria (Génesis 11). 

En el delta del Nilo, los arqueólogos encontraron las ciudades de Pitón y Ramesés (Éxodo 1:11), donde los israelitas padecieron odiosa esclavitud; sacaron a la luz las capas de fuego y de destrucción que acompañaron a los hijos de Israel en la conquista de Canaán, y Guibá la fortaleza de Saúl, en cuyos muros el joven David cantó con su arpa; en Meguido dieron con unas inmensas caballerizas del rey Salomón, quien tenía doce mil soldados de a caballo. 

Del mundo del Nuevo Testamento reaparecieron las magníficas construcciones del rey Herodes. En el corazón de la antigua Jerusalén se encontró el pavimento elevado mencionado por el evangelista Juan, en el cual Jesús estuvo ante Pilato. Los asiriólogos descifraron en las tablas estelares de Babilonia, los datos exactos de observación de la estrella de Belén. Estos hallazgos y descubrimientos tan asombrosos e inabarcables por su profusión, han modificado bastante nuestra manera de concebir la Biblia. 

Acontecimientos que hasta hoy día se consideraban como “leyendas piadosas” adquieren de repente un prestigio histórico. Por lo general, los resultados de la investigación coinciden exactamente con los relatos bíblicos hasta en los mínimos detalles. No solo “confirman”, sino que aclaran al propio tiempo los sucesos históricos sobre que se basan el Antiguo Testamento y los Evangelios. Los acontecimientos y la historia del pueblo de Israel se presentan así enmarcados tanto en el colorido de su propia época, en un escenario vivo y variado, como en las circunstancias y luchas políticas, culturales y económicas de los estados y los grandes reinos del País de los Dos Ríos y del Nilo, a cuya influencia nunca pudieron escapar por completo durante más de dos mil años. 

Está muy generalizada la idea de que la Biblia es exclusivamente Historia Sagrada, una base de la fe para los cristianos de todo el mundo. Pero al propio tiempo es también un libro de hechos que tuvieron auténtica realidad. En este aspecto es, ciertamente, incompleta, pues el pueblo judío escribió su historia solo en relación con Jehová, es decir, la historia de sus pecados y su expiación. Pero estos acontecimientos son históricamente verdaderos y se han comprobado con exactitud verdaderamente asombrosa. Con la ayuda de las investigaciones realizadas, muchos de los pasajes bíblicos pueden comprenderse e interpretarse mejor de lo que lo han sido hasta ahora. Cierto que hay tendencias teológicas para las cuales solo cuenta la palabra. Pero, “¿cómo comprenderla?” –pregunta el célebre arqueólogo francés profesor André Parrot– si no se la encuadra en su exacto marco cronológico, histórico y geográfico”. 

Hasta ahora el conocimiento de estos raros descubrimientos sólo estaba al alcance de un pequeño círculo de expertos. Hace medio siglo se preguntaba el profesor Federico Delitzsch, de Berlín: 
“¿Por qué tantos afanes en esas lejanas, inhóspitas y peligrosas tierras? ¿Para qué ese costoso trasiego de detritus milenario, escarbando hasta el fondo de agua subterránea, en lugares donde no se encontrará ni oro ni plata? ¿Por qué esta lucha entre las naciones para asegurarse esas áridas colinas donde realizar sus propias excavaciones?” 

El erudito alemán Gustavo Dalmandióle en Jerusalén la contestación adecuada al expresar la esperanza de que un día todo cuanto en las excavaciones se hubiese “visto y comprobado, tanto para los trabajos científicos como para la práctica”, pudieran la Escuela y la Iglesia valorizarlo y convertirlo en material provechoso. Y precisamente esto último es lo que no se ha realizado todavía. No hay libro alguno en la Historia de la Humanidad que haya ejercido influencia tan grande y decisiva en el desarrollo de todo el mundo occidental y que haya alcanzado tanta difusión como el “Libro de los Libros”… la Biblia. 

Traducida a 3,500 idiomas y dialectos, hoy, al cabo de dos milenios, no parece dar señales de haber terminado su brillante carrera. Dada la acumulación y la preparación del material recogido, el cual no pretendo decir que sea completo, me vino la idea de que era llegada la hora de hacer partícipes a los lectores de la Biblia y a sus detractores, a los creyentes ya los incrédulos, de los apasionantes descubrimientos realizados por las diferentes disciplinas científicas. 

Y ante la abundancia enorme de resultados auténticos y seguros se me hace cada vez más patente, a pesar de la crítica impregnada de duda de que se ha hecho blanco a la Biblia desde la época de la Ilustración hasta nuestros días, esta idea: ¡La Biblia tenía razón!

Ciclo Historia con Nacho Ares l Y la Biblia Tenía Razón

miércoles, 26 de noviembre de 2025

50 PREGUNTAS PARA FOMENTAR EL PENSAMIENTO CRÍTICO EN LA EDUCACIÓN 🙋


El pensamiento crítico es la capacidad de plantear constantemente preguntas, identificar supuestos y evaluar hechos; lo cual permite ampliar la mirada y entender que, detrás de lo que aparece a simple vista, hay muchos más aspectos por cuestionar y reflexionar.

El concepto de pensamiento crítico hace referencia a un tipo particular de pensamiento de orden superior, que es complejo y profundo, y que a su vez involucra habilidades específicas como comprensión, integración, interpretación, categorización, deducción, emisión de juicios y solución de problemas de manera práctica (López Aymes, 2012; Moreno-Pinado y Velázquez Tejeda, 2017).

Hay autores que destacan que pensar críticamente no tiene que ver con generar ideas, sino más bien con comprenderlas y examinarlas para identificar supuestos y argumentos, realizar inferencias en torno a su credibilidad, evaluar evidencias y llegar a conclusiones respecto a un tema o curso de acción. En ese sentido, se dice que una persona con esta habilidad es aquella que puede pensar por sí misma (López Aymes, 2012; Moreno-Pinado y Velázquez Tejeda, 2017).

En la vida cotidiana, una persona que piensa críticamente se preocupa por permanecer bien informada, confía en sus propias habilidades para razonar, mantiene la mente abierta para considerar distintos puntos de vista, comprende las opiniones de otras personas, y hace una valoración justa e imparcial de los razonamientos que encuentra (López Aymes, 2012).

El desarrollo de esta habilidad se relaciona con la misión escolar de generar las condiciones para aprender a aprender. Debido a esto, se plantea que es una habilidad esencial para que las y los estudiantes lleguen a adquirir autonomía intelectual (López Aymes, 2012).

Finalmente, en el nuevo Plan de Estudios, el pensamiento crítico es un eje articulador de carácter transversal, que enaltece la recuperación del otro ante la diversidad, habilidad necesaria para la formación de la ciudadanía con valores democráticos, empatía y justicia.

En este manual enfatizamos la importancia de aplicar el pensamiento crítico al relacionarnos con nuestra propia mente y emociones, con otras personas y con la resolución de conflictos.

Esto incluye aprender a identificar que muchas veces tenemos pensamientos que son sesgados, que exageran la realidad, que omiten ciertos elementos, generalizan o incluso, proyectan o crean historias que no son ciertas. Ejemplos de ello pueden ser pensamientos como: “esa persona nunca me escucha”, “voy a reprobar por culpa del profesor” o “sólo me felicitan porque sienten lástima por mí”. Desarrollar pensamiento crítico implica aprender a observar nuestros propios pensamientos y a no creerlos sólo porque son nuestros. Hay que saber identificar las trampas de pensamiento, cuestionarlas y ampliar nuestra perspectiva (Kahneman, 2012).

Cuando aplicamos estos aspectos del pensamiento crítico a situaciones emocionalmente cargadas o conflictivas, aprendemos a no dejarnos llevar por conclusiones apresuradas o juicios. Por ejemplo: si sentimos enojo porque una persona no se presenta a una cita acordada, podríamos saltar a la conclusión de que se trata de alguien irresponsable, desinteresada o que no merece nuestra consideración. Pero, si aprendemos a evaluar críticamente estos pensamientos y logramos considerar otras opciones -como que tal vez la persona tuvo un contratiempo-, entonces el pensamiento crítico nos permite regular las emociones y tomar decisiones más empáticas y constructivas (Beck, 2015).

¿Cómo trabajamos el pensamiento crítico en este manual?

El propósito de este manual es brindar los conocimientos y las herramientas necesarias para trabajar el pensamiento crítico con estudiantes de secundaria.
Para lograr este objetivo, vamos a trabajar con los siguientes cinco temas principales, los cuales se encuentran plasmados en el temario y en las lecciones de este manual:

1. Características del pensamiento crítico. Primero abordamos qué es el pensamiento crítico y por qué es importante desarrollarlo. Una idea central del manual es que fortalecer esta habilidad nos ayuda a ampliar nuestro punto de vista y a tener una visión más objetiva de la realidad.
2. Observar e inferir. Un aspecto esencial del pensamiento crítico es distinguir la diferencia entre hechos y evaluaciones. En esta sección aprendemos a describir situaciones de la manera más objetiva posible, evitando juicios y calificativos que puedan lastimar a otras personas.
3. Analizar fuentes de información externas. En estas lecciones se practica cómo evaluar diversas fuentes de información para identificar aquellas que ofrecen información verídica y confiable, y aquellas que no lo hacen.
4. Analizar fuentes de información internas. Otro aspecto del pensamiento crítico consiste en identificar la influencia que tienen nuestros pensamientos en nuestra manera de ver la realidad, para darnos cuenta de que no todo es necesariamente como lo pensamos, y que nuestros sesgos pueden generar conflictos y disminuir nuestro bienestar. En ese sentido, identificaremos algunos tipos de pensamientos disfuncionales y sesgos comunes, para así poder observar y analizar nuestro propio pensamiento.
Aunado a lo anterior, emplearemos el pensamiento crítico para analizar pensamientos disfuncionales como una estrategia para regular nuestras emociones.
5. Practicar el pensamiento crítico. Para concluir, la última lección de este manual se enfoca en poner en práctica lo aprendido, utilizando el pensamiento crítico para evaluar la veracidad de información controversial.

Los temas se abordarán explícitamente a través de las 10 lecciones que constituyen este manual, las cuales se han elaborado siguiendo el criterio SAFE (acrónimo de las palabras en inglés: sequential, active, focused and explicit) (Durlak, Weissberg, & Pachan, 2010) (De acuerdo con un metaanálisis realizado por Durlak, Weissberg, & Pachan, M. (2010), los programas de educación socioemocional que siguen el criterio SAFE, son más efectivos que aquellos que no lo siguen):



 

Manual de Pensamiento Crítico by Yanka


"La filosofía sirve para detestar la estupidez, 
hace de la estupidez una cosa vergonzosa.
Solo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento 
bajo todas sus formas, la filosofía no es sierva de nadie". 

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viernes, 24 de octubre de 2025

"EL IDIOTA ILUSTRADO DE IGNORANCIA" 😵 por MIGUEL ALEMANY


El idiota ilustrado de ignorancia

Cita frases que jamás entendió, repite consignas que no le pertenecen y presume de criterio mientras obedece al algoritmo con devoción monástica.
Se autoproclama libre, pero cada palabra que pronuncia fue redactada por su propia servidumbre.
El idiota ilustrado de ignorancia se emociona con causas que desconoce, se indigna según la moda, defiende la justicia del día y olvida la de ayer. Su mente funciona por reflejo condicionado: un titular, una lágrima; un eslogan, una postura moral. Cree que piensa, cuando solo reacciona.

La vieja Alétheia, aquella palabra griega que significaba desvelamiento, yace enterrada bajo toneladas de emoticonos y discursos prefabricados. La verdad se ha convertido en un fósil incómodo, una reliquia arqueológica que ningún moderno osa tocar.

El mundo prefiere el perfume del engaño antes que el sudor de la lucidez.

El poder sonríe desde su trono digital. No necesita censura: basta con saturar. La multitud se entretiene odiando a su reflejo mientras los amos cuentan los beneficios del espectáculo. Nunca existió una dictadura tan elegante: los esclavos se sienten ilustrados, los ignorantes se declaran expertos y los necios se aplauden entre sí por pensar igual.

El idiota ilustrado de ignorancia es la obra maestra del poder: un sujeto que presume de pensamiento propio mientras actúa como altavoz de lo que otros escriben. Lee titulares y se cree erudito, comparte frases y se siente filósofo, opina de todo y comprende nada. Su mente funciona con la velocidad de una notificación y la profundidad de un eslogan. Defiende la libertad desde su jaula digital, celebra su esclavitud como modernidad y se indigna con la precisión de un perro amaestrado. Cree despertar conciencias, aunque solo despierta el negocio de quienes lo adiestran.

Es la caricatura perfecta de aquel que se creyó lúcido justo en el momento en que dejó de pensar.

El poder lo observa con ternura: es su criatura perfecta. No pregunta, no recuerda, no duda. Solo siente, comparte y obedece. Y así, entre aplausos, la ignorancia se disfraza de cultura, la servidumbre se llama conciencia y el pensamiento se convierte en un lujo reservado para quienes todavía conservan el coraje de callar antes de repetir. Miguel Alemany


LAS TRES RUINAS:
DIARIO DE UN CONQUISTADOR


Miguel Alemany, autor del célebre "Diario de un conquistador en LinkedIn" —leído y comentado por miles de seguidores—, ofrece en estas páginas la historia de una vida marcada por la conquista. Su voz se forja desde la infancia, cuando escucha a sus progenitores recibir un diagnóstico lapidario: 
“El niño no es tonto; es un vago y disléxico”. Desde ese instante comienza una travesía que lo lleva a vender puerta a puerta, hasta convertirse en dueño de empresas en varios países y en escritor de referencia para toda una comunidad de luchadores.

Junto a su amigo Miguel Ángel descubre su identidad más íntima: él era un conquistador. Y desde esa certeza, levanta este libro, escrito para quienes sienten en su interior el llamado de conquistar territorios nuevos, exteriores e interiores.
En "Las tres ruinas en el camino hacia el éxito", Alemany revela cuáles son esas ruinas que todo conquistador debe atravesar: el instinto, la actitud y la visión. Tres umbrales que separan a los valientes de los mediocres, a los que buscan la conquista auténtica de aquellos que se conforman con la crítica y la cobardía. Porque, para el autor, el fracaso no existe: “No fracasan los conquistadores, fracasan las cosas”.

Con historias personales que pocos se atreverían a publicar, Alemany muestra el poder de la intuición y la osadía. Desde la confesión de haber ganado más de un millón de dólares tomando “la decisión equivocada” al vender paraguas, hasta la certeza de que la experiencia no siempre ilumina el porvenir: “El faro de la experiencia solo alumbra el camino recorrido”.
El libro culmina con una declaración de intenciones: el refugio del conquistador. Entre su huerta, sus libros, una chimenea encendida y su familia cercana, Alemany comparte la serenidad de quien ha combatido y aprendido. Su mayor refugio habita en sus pensamientos, donde transmite lo vivido y lo comprendido.

"Las tres ruinas" es un manifiesto, una confesión y una llamada. Está escrito con el corazón de un conquistador que quiere atraer a otros de su especie: autónomos, empresarios, empresarias, emprendedores y luchadores que despiertan cada día con el deseo de conquistar su propia vida.

Porque la conquista jamás fue fácil, ni lo será.

PRÓLOGO

Por conquista se conoce la acción y efecto de conquistar, es decir, ganar mediante una operación bélica determinado territorio o posición. También se llama conquista a la cosa conquistada. La palabra conquista proviene del verbo latino conquisitare, que deriva del sustantivo conquisitum, que signi­ fica ganado.
Colonización es la acción de dominar un país oterritorio por parte de otro. El proceso de colonización puede ser de carácter político, militar, cultural o presentar otras manifestaciones, así como desarrollarse en forma violenta o pacífica.
Cuando Miguel Alemany habla desde el Diario de un conquistador, a pesar de su gran e intimidante corpulencia, no lo hace desde un sentido bélico, ni agresivo sino, metafóricamente, desde el punto de vista empresarial, viven­cia! e incluso espiritual.

En el mundo empresarial, por ejemplo, un conquistador es una persona capaz de ser empática con un cliente, un generador de contactos de primer nivel. Pero suele ser mal colonizador. Y al revés ocurre parecido; el gran co­lonizador es ideal para mantener y gestionar la relación con el cliente, pero no suele ser buen captador de clientes. Esto ocurre en nuestra vida personal. Si hacemos memoria y nos acordamos de aquellos o aquellas que eran unos conquistadores amorosos, solía ocurrir que luego no gestionaban bien sus relaciones. Había excepciones, por supuesto.

El buen conquistador es curioso, inquieto, inconformista, arriesgado, creativo, carismático, líder. También puede ser impaciente, temerario, poco convencional, odiado, desordenado, impulsivo y muy envidiado. El buen co­lonizador es el que hace prosperar y multiplicar lo conquistado. Otra manera de ver al conquistador es como un cazador y al colonizador como un gran­jero. Ambas actividades tienen sus pros y sus contras. La principal diferencia estriba en la aversión al riesgo. En una empresa, e incluso en una persona, es bueno tener ambos rasgos equilibrados para poder ser exitoso.

Las personas aversas al riesgo prefieren, como se dice coloquialmente, "pájaro en mano que ciento volando". Entre dos posibilidades de las que se espere el mismo resultado, la una con certeza y la otra solamente como una mera esperanza, preferirán la opción que les aporte mayor certeza. Por ejemplo, imaginemos que un individuo averso al riesgo tuviese dos opciones. Supongamos que en una pudiese obtener 10 con un 50% de probabilidad, o 30 con otro 50%. Supongamos que otra opción le diese fijo 20. Elegiría la segunda opción, la que le aporta 20 con certeza. 

Para el individuo averso al riesgo, pesaría más la satisfacción que perdería de solamente obtener 10, que la que ganaría de obtener 30. Aunque no existiese ninguna alternativa que le ofreciese certeza en sus resultados, el individuo averso al riesgo pre­feriría siempre, dentro de opciones de las que se espere un mismo resultado, aquella en la que la probabilidad de que el resultado final se separe mucho de lo esperado inicialmente sea menor. 

Las personas propensas al riesgo, los amantes del riesgo, son quienes prefieren entre dos opciones cuyos resulta­ dos en promedio se espera que sean los mismos, aquella que ofrece menor seguridad. En el ejemplo anterior, para los propensos al riesgo pesa, más lo que les supone poder aspirar a obtener 30 que lo que les implicaría obtener solamente 10. Por eso elegirían la opción que les puede dar 30 con un 50% de probabilidad y 10 con otro 50%. Son personas a las que, a medida que van teniendo más conquistas, más satisfacción les supone obtener más. Existen cosas que solamente nos producen satisfacción si antes se poseen otras. Por ejemplo, un calcetín no nos sirve si no tenemos otro que poner en el otro pie; una raqueta de tenis necesita de una pelota para servir de algo.

Hay personas que sienten esa sensación en general en su vida entera. De nada les sirve asegurar lo esperable si no llegan a lo máximo en algún aspecto. No les preocupa perder mucho, o incluso todo, si con ello pueden aspirar a conseguir lo máximo. Y, una vez más, esa actitud es aplicable a la obtención de renta o a cualquier otro aspecto de la vida.

Desde mi amistad sincera y la lectura de este libro, la historia de Miguel Alemany es, en sus orígenes, la de un conquistador nato que con el tiempo y con las enseñanzas de la vida va adquiriendo las habilidades de colonizador y, mezclando ambas, se convierte en emperador de sí mismo y de los demás, capaz de enseñar, atraer y mantener en sus reflexiones a conquistadores y colonizadores, sin necesidad de conquistarlos ni colonizarlos. El que no es ni buen conquistador ni colonizador se suele convertir en un lastre o parásito que vive de los anteriores y que muchas horas de ociosidad las dedica a criti­ car y a envidiar a partes iguales a conquistadores, colonizadores y emperado­res.

Mi tocayo nos cuenta en las páginas que tienes por delante, generosa, amena e irónicamente, sus éxitos y fracasos y nos ayuda a reflexionar en problemas cotidianos desde su perspectiva y su natural e intuitiva sapiencia. Es un libro que, para los que lo conocemos, es una colección de muchas de las pláticas que se pueden mantener con él en cualquier dia, y para los que no lo conocéis, es el mismo sin trampa ni cartón, con sus filias y sus fobias, sus virtudes y sus defectos, atemperados por la experiencia que le van dando los años. Es lo que lees. Nada más y nada menos.

Miguel Ángel Llano Irusta.
Ingeniero Industrial, MBA 
y Doctor en Ciencias de la Administración.
Profesor de Escuelas de Negocio, 
IESE, San Telmo e IPADE.

"Un libro para conquistadores 
que los mediocres nunca deberían leer ".

INTRODUCCIÓN

Tendremos en este libro dos personajes genéricos: el conquistador y el co­lonizador medio o mediocre.
Cuando me refiero a los conquistadores, incluyo sin excepción a nues­ tras brillantes conquistadoras. Evito repetir constantemente ambos géneros, porque el castellano, por sí solo, ya honra la grandeza de quien lo habla. No necesita correcciones impuestas desde trincheras de mediocridad.
El conquistador posee una naturaleza definida. No se trata de líderes, aun­ que lideran. Ni de emprendedores, aunque emprenden. Tampoco exclusiva­mente de empresarios, aunque construyen imperios. Son seres cuyo anhelo más profundo es la conquista: de ideas, de espacios, de realidades nuevas. Esta esencia nace con ellos.No se aprende ni seenseña. Se revela.

En el lado opuesto, encontramos al colono medio. Si te descubres identifi­cado con esta figura, haz un acto noble: regala el libro. Quizás a ese cuñado al que sueles ridiculizar por habitar un mundo más dulce, donde Alicia aún conversa con su conejo blanco.
Existen colonos excepcionales que no desean conquistar y que, aun así, crean, piensan y viven con dignidad admirable. No son ellos el foco de estas páginas. Me refiero al colono mediocre, el animal más peligroso que conocí. Su disfraz preferido es el de la sensatez. Su precio, altísimo.

"No te acerques a una cabra por delante, a un caballo por detrás, ni a un tonto por ninguna parte". Proverbio judío.
Este libro es una filosofía de vida para conquistadores. No es dogma, ni receta. Es testimonio, pensamiento, heridas, renacimientos. Verás trozos de mi alma y momentos que solo mis seres más cercanos conocían. Ojalá al ce­ rrar laúltima página sientas que cada palabra tenía sentido, incluso aquellas que arden.
Al inicio de mi viaje, fui arrogante. Creía tener respuestas para todo. Con el tiempo, me sedujo una ignorancia más sabia: la de quien ya no necesita tener razón, porque lo importante es comprender. Conocerme fue la gran conquista. Entenderme, la mayor victoria.
"El camino de la conquista, el fragor de la lucha, la batalla de la vida, necesariamente deberá terminar en el sosiego de la sabiduría".

Un día cualquiera, hace muchos años, un hombre brillante y admirado me dijo:

"Existen dos tipos de personas: los conquistadores y los colonizadores. Tú eres un conquistador".

Él es Miguel Ángel Llano. Lo considero uno de los hombres más prepara­dos y rectos que he tenido cerca. Es formador, consultor, estratega y ejemplo de lo que significa saber de lo que se habla. Le dedico parte de este libro por­ que viví junto a él una de las experiencias más duras que recuerdo.
Por aquel entonces yo dirigía una fábrica de sofás de altísima calidad. Él, consejero delegado de una de las mayores empresas de venta por televisión del país. Le ofrecí un producto: un sofá con núcleo de látex. Aceptó que pre­ sentara la propuesta ante el equipo directivo y el presidente. Viajé a Granada con la muestra, acompañado por el padre de mi amigo Antonio. Esa noche, después de una cena con Miguel Ángel, regresé al hotel. Apenas crucé la puerta, escuché tres golpes secos que todavía me retumban:

¡Policía Nacional! ¡Abra la puerta! ¿Miguel Alemany?
¡Sí!

Tiene que acompañarnos. Orden de busca y captura del juzgado de Navalcarnero.
Me esposaron, tomaron mis huellas y preguntaron si tenía algún alias. Me encerraron con un hombre de dos metros cuya mirada fija atravesaba el si­ lencio. Con el paso de las horas, entendí que se encontraba bajo el efecto de las drogas. La celda apestaba a humedad rancia, a cuerpos vencidos por el encierro. El aire era espeso, casi sólido,cargado de orines y desesperanza. En el centro, un retrete metálico, oxidado y abierto, permitía que cada necesidad se convirtiera en humillación pública. Los que me rodeaban hablaban con soltura de atracos, palizas, detenciones. Uno de ellos, sudoroso y tembloroso, comenzó a gritar entre espasmos: 

"¡La metadona! ¡La metadona!". Cada voz era un eco de vidas desgarradas. Yo, encogido contra una esquina descas­ carillada, intentaba convertirme en sombra. Habían pasado ya más de diez horas. Mi mente viajaba lejos, buscando aire en el recuerdo de mi hijo, en la dulzura de sus dibujos, en su risa de dientes pequeños. Aquella imagen fue mi única defensa contra el derrumbe.

Finalmente, un agente se acercó:
Ya está aquí su abogado.
Al subir, me recibió un hombre desconocido con buena planta:
-He venido para sacarte. Esto es un sinsentido.
Y detrás de él, Miguel Ángel. Al no encontrarme en la presentación, fue al hotel. Le contaron lo ocurrido. Localizó al abogado de la empresa y vino a rescatarme.

El motivo de la detención rozaba lo grotesco: una demanda por un camión de cemento relacionado con una constructora de la que ya me había desvin­culado tiempo atrás. La denuncia, incluso, se interpuso cuando yo ya no for­ maba parte de aquella sociedad. Presté declaración. La jueza, al escuchar los hechos, comprendió de inmediato el sinsentido. Me liberó. Nunca más volví a saber del asunto.

Cuando me reencontré con Miguel Ángel, intenté explicar.No me dejó:

-¿Estás bien? Menudo susto. Vete a casa, descansa.Ya hablaremos.
Durante el trayecto, toda la tensión explotó. Tuve que detenerme varias veces. Lloré. Temblé. Sentí miedo profundo. Al llegar a casa, supe lo que sig­ nifican el abrigo de una ducha caliente, una mirada de tu esposa, un abrazo de tu hijo.
Miguel Ángel jamás volvió a hablar del tema. Nunca preguntó, nunca Juzgo.

"Inocente o culpable, él solo vio un conquistador retenido.
Los motivos eran asunto mío. El juicio lo haría Dios".

Pero esa no es la razón principal por la que hablo de él. Lo que de verdad importa es lo que me dijo tiempo atrás, compartiendo un arroz con boga­vante:
-Alemany, el mundo se divide en conquistadores y colonizadores. Tú eres de los primeros.
Desde entonces, entendí. Confirmé que, en los negocios, como en la vida, todo gira en torno a esas dos fuerzas. Una construye desde el miedo. Otra desde la visión. Una busca seguridad. Otra sueña imposibles.
Yo ya sabía lo que era. Lo había sido siempre. Desde niño.
Y este libro es un legado para aquellos que comparten ese fuego. Los que sienten que nacieron para cruzar desiertos, perder batallas, conquistar tie­ rras invisibles. Los que necesitan escuchar que todo eso que les arde por den­ tro tiene sentido.
Este libro es para ti.
***
"Si eres superficial, egotista, consumista, materialista, marquista, crédulo, relativista, partidista, consumes mucha televisión y redes sociales, y eres como Vicente; entonces, considérate un estúpido, antes de que sea demasiado tarde". Yanka

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viernes, 17 de octubre de 2025

LIBRO "LA FILOSOFÍA PERENNE" por ALDOUS HUXLEY 🔥


LA FILOSOFÍA PERENNE🔥
Históricamente, esta filosofía refleja las perspectivas de Platón y Aristóteles. La búsqueda de la verdad, que constituye la base de esta filosofía, se puede apreciar en las obras de estos famosos filósofos. Otros filósofos históricos que influyeron significativamente en el desarrollo del perennialismo fueron Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y Jacques Maritain (1882-1973). Ambos filósofos representaron la postura perennialista eclesiástica. Por ello, argumentaron que la inteligencia por sí sola no era suficiente para comprender el universo, sino que también era fundamental tener una relación con un ser espiritual superior.
Los filósofos laicos (seculares) que han influido en el perennialismo incluyen: Robert M. Hutchins, Mortimer Adler y Allan Bloom.
Los teólogos y filósofos de la religión han entendido la filosofía perenne de dos formas distintas. Entre los escritores católicos romanos, aquellos influenciados en particular por las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, a menudo la asocian con la herencia clásica de la antigua Grecia y Roma y se refiere a las creencias sobre Dios, la naturaleza humana, la virtud y el conocimiento que los padres de la iglesia y los escolásticos medievales compartieron con filósofos precristianos, en particular Platón y Aristóteles. La expresión latina philosophia perennis, "filosofía perenne", probablemente fue empleada por primera vez en este sentido por Agostino Steucho (1496-1549), un bibliotecario del Vaticano, y fue difundida a principios del siglo XVIII por el filósofo Leibniz. Más recientemente, la frase se ha utilizado de una manera más amplia para referirse a la idea de que todas las grandes tradiciones religiosas del mundo son expresiones de una verdad única y salvadora. Al comparar esta verdad con una flor perenne, un perennialista afirma que hay una Fuente divina de toda sabiduría, que ha florecido repetidamente a lo largo de la historia. Las principales religiones, incluido el hinduismo, el budismo, el taoísmo, el judaísmo, el cristianismo y el islam, son formas diferentes de esa sabiduría y, a veces, se las denomina caminos que conducen a la misma cumbre o dialectos de un idioma común.

La filosofía perenne puede clasificarse como una especie de pluralismo, aunque con dos salvedades importantes. Primero, a diferencia de muchos pluralistas, los filósofos perennes no creen que todas las tradiciones religiosas sean válidas, pero distinguen entre las religiones verdaderas y sus falsificaciones humanas o demoníacas y, dentro de las tradiciones auténticas, entre las formas ortodoxas y heréticas. Algunos caminos llegan hasta la cima, pero otros giran sin rumbo fijo alrededor de la base de la montaña o conducen hacia el desierto. En segundo lugar, donde el pluralismo ve la religión como resultado de los esfuerzos humanos por alcanzar una Realidad divina que nunca puede ser conocida como es en sí misma, el perennialismo enseña que las religiones verdaderas u ortodoxas del mundo son directamente reveladas por esa Realidad, cada una de las cuales corresponde a un arquetipo dentro de la mente divina. Las tradiciones reveladas no comunican verdades meramente parciales o complementarias, que luego el sincretista debe combinar para lograr una comprensión completa. Más bien, cada una es completamente cierta en el sentido de que proporciona a sus adherentes todo lo que necesitan para alcanzar el estado humano más elevado o más completo, un estado en el que podrán confirmar la verdad experimentalmente a través de su participación en la naturaleza misma de Dios.

La filosofía perenne de Santo Tomás, es la corriente de pensamiento que integra la filosofía de Aristóteles con la revelación cristiana, dando lugar al tomismo. Esta perspectiva, desarrollada por Santo Tomás de Aquino, sostiene la existencia de verdades universales y permanentes sobre la Realidad divina.

Conceptos clave:

Unión de fe y razón:
Santo Tomás buscó conciliar la filosofía con la fe cristiana, utilizando la razón para profundizar en los misterios de la fe y la revelación como fuente de conocimiento.
Armonía aristotélica y tomista:
Se integra la metafísica de Aristóteles, especialmente su concepto de ser, con las verdades cristianas, como el creacionismo.
Concepción del hombre:
El ser humano se entiende como una unidad de cuerpo y alma, donde el alma racional, inmortal, es creada por Dios.
Dios como Ser Supremo:
Dios es concebido como el ser necesario, acto puro, perfecto e inmutable, cuya actividad es pensarse a sí mismo y a sus criaturas.
Ley Natural:
Los seres racionales, como el hombre, tienen una inclinación natural a la semejanza divina y a descubrir la ley natural a través de la inteligencia.  

Críticas principales desde una perspectiva católica:

Relativismo y sincretismo:
La filosofía perenne, al buscar un núcleo común en todas las religiones, puede ser vista como un intento de relativizar las verdades específicas y únicas del catolicismo, promoviendo una mezcla de creencias (sincretismo) en lugar de una adhesión plena a la fe revelada.

Pérdida de la exclusividad de Cristo:
Desde el catolicismo, la verdad última se encuentra en Jesucristo. La filosofía perenne, al sugerir que diferentes vías espirituales pueden llevar a la misma iluminación o unión con lo divino, puede implicar que la salvación es accesible por otros caminos fuera de Cristo, algo incompatible con la doctrina católica.

Desvalorización de la revelación:
Al basarse en la idea de una sabiduría universal y atemporal que se manifiesta en todas las culturas, se corre el riesgo de disminuir el valor único y trascendente de la revelación divina, que el catolicismo considera fundamental para el conocimiento de Dios.

Ambigüedad entre lo natural y lo sobrenatural:
Aunque algunos perennistas católicos argumentan que se puede conciliar la razón con la fe, se critica que esta filosofía puede llevar a una confusión o mezcla indebida entre el conocimiento natural (alcanzado por la razón, como en el tomismo) y la gracia sobrenatural, que es esencial en la teología católica.

Como recordaba en 1946 Frank Sheed en los primeros párrafos de su Teología y Sensatez, la única forma verdadera de mirar el universo es ver lo que la Iglesia de Cristo ve, ver lo que ha visto siempre, lo que realmente existe y es. La lectura de santo Tomás guió a Senior a través de su particular bosque oscuro hacia su conversión al catolicismo y vertebró también como una firme costura todo su pensamiento posterior. No es una casualidad que La muerte de la cultura cristiana, con su incómoda valentía, su brillantez y su lírica, con todo su crudo realismo y su belleza, describa minuciosamente el avance imparable de la Herejía Perenne, –una expresión con la que se refiere a todas las doctrinas anti realistas, desde las sofocantes filosofías orientales hasta el moderno idealismo–, y el progresivo arrinconamiento de la Filosofía Perenne deudora de Aristóteles y santo Tomás. 
“Sal a la luz de las cosas”, repetía Senior con frecuencia, citando un verso de Las mesas volcadas de Wordsworth, para advertir a sus alumnos contra todos los falsos credos que ponen en duda la existencia de una realidad objetiva y la capacidad del hombre para conocerla.

INTRODUCCIÓN

Philosophia Perennis: la frase fue acuñada por Leibniz; pero la cosa —la metafísica que reconoce una divina Realidad en el mundo de las cosas, vidas y mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar a la divina Realidad, o aun idéntico a ella; la ética que pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y trascendente de todo el ser—, la cosa es inmemorial y universal. Pueden hallarse rudimentos de la Filosofía Perenne en las tradiciones de los pueblos primitivos en todas las regiones del mundo, y en sus formas plenamente desarrolladas tiene su lugar en cada una de las religiones superiores. 

Una versión de este Máximo Factor Común en todas las precedentes y subsiguientes teologías fue por primera vez escrita hace más de veinticinco siglos, y desde entonces el inagotable tema ha sido tratado una y otra vez desde el punto de vista de cada una de las tradiciones religiosas y en todos los principales idiomas de Asia y Europa. 

En las páginas que siguen he reunido cierto número de estos escritos, escogidos principalmente por su importancia — porque ilustraban eficazmente algún punto determinado en el sistema general de la Filosofía Perenne—, pero también por su intrínseca belleza y memorabilidad. Estas selecciones están dispuestas bajo diversos títulos e incrustadas, por decirlo así, en un comentario mío destinado a ilustrar y relacionar, a desarrollar y elucidar. 

El conocimiento es una función del ser. Cuando hay un cambio en el ser del conociente, hay un cambio correspondiente en la naturaleza y la cuantía del conocimiento. Por ejemplo, el ser de un niño se transforma por el desarrollo y la educación en el de un hombre; entre los resultados de esta transformación está un cambio revolucionario en el modo de conocer y la cuantía y carácter de las cosas conocidas. A medida que el individuo crece, su conocimiento toma una forma más conceptual y sistemática, y su contenido factual, utilitario es enormemente aumentado. Pero estas ganancias se hallan contrapesadas por cierto deterioro en la calidad de la aprehensión inmediata, por un embotamiento y pérdida de poder intuitivo. O consideremos el cambio en su ser que el científico puede inducir mecánicamente por medio de sus instrumentos. 

Equipado con un espectroscopio y un reflector de sesenta pulgadas, un astrónomo llega a ser, en lo que concierne a su vista, una criatura sobrehumana; y, como naturalmente hay que suponer, el conocimiento que posee esta sobrehumana criatura es muy diferente, así en cantidad como en calidad, del que pueda adquirir un simple contemplador de estrellas con sus ojos meramente humanos. Y no son los cambios fisiológicos o intelectuales del ser del conociente los únicos que afectan su conocimiento. Lo que sabemos depende también de lo que, como seres morales, decidimos hacer de nosotros mismos. 
"La práctica —según las palabras de William James— puede cambiar nuestro horizonte teórico, y puede hacerlo de doble modo: puede conducir a nuevos mundos y suscitar nuevos poderes. 

El conocimiento que nunca lograríamos permaneciendo lo que somos, acaso sea alcanzable en consecuencias de poderes más altos y una vida superior, que podamos lograr moralmente." Diciéndolo más sucintamente: "Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios. "Y la misma idea expresó el poeta sufí Jalal-uddin Rumí, en términos de metáfora científica: "El astrolabio de los misterios de Dios es el amor".
 
Este libro, lo repito, es una antología de la Filosofía Perenne; pero, con ser una antología, contiene pocas citas de escritos de literatos profesionales, y con ilustrar una filosofía, apenas nada de los filósofos de profesión. Ello obedece a una razón muy simple. La Filosofía Perenne se ocupa principalmente de la Realidad una, divina, inherente al múltiple mundo de las cosas, vidas y mentes. Pero la naturaleza de esta Realidades tal que no puede ser directa e inmediatamente aprehendida sino por aquellos que han decidido cumplir ciertas condiciones haciéndose amantes, puros de corazón y pobres de espíritu. 

¿Por qué ha de ser así? No lo sabemos. Es uno de esos hechos que hay que aceptar, gústenos o no, y por implausibles e improbables que parezcan. Nada, en nuestra experiencia diaria, nos da razón alguna para suponer que el agua está compuesta de hidrógeno y oxígeno; sin embargo, cuando sometemos el agua a cierto tratamiento harto duro, se pone de manifiesto el carácter de sus elementos constitutivos. Análogamente, nada, en nuestra experiencia diaria, nos da mucha razón de suponer que la mente del hombre sensual medio posea, como uno de sus ingredientes, algo que se parezca a la Realidad inherente al múltiple mundo o que sea idéntico a ella; sin embargo, cuando esa mente es sometida a cierto tratamiento harto duro, el divino elemento, de que, por lo menos en parte, está compuesta, se pone de manifiesto, no sólo para la mente misma sino también, por su reflejo en la conducta externa, para otras mentes. 

Sólo haciendo experimentos físicos podemos descubrir la naturaleza íntima de la materia y su poder latente. Y sólo haciendo experimentos psicológicos y morales podemos descubrir la naturaleza íntima del espíritu y su poder latente. En las circunstancias ordinarias de la vida sensual media, este poder continúa latente, no manifestado. Si queremos despertarlo, debemos cumplir ciertas condiciones y obedecer a ciertas reglas, cuya validez ha demostrado empíricamente la experiencia. Respecto a pocos filósofos y literatos profesionales existen pruebas de que hicieran mucho por cumplir las condiciones necesarias para el conocimiento espiritual directo. Cuando poetas o metafísicas hablan del tema de la Filosofía Perenne, lo hacen generalmente de segunda mano. Pero en cada época ha habido algunos hombres y mujeres que han querido cumplir las únicas condiciones bajo las cuales, según lo demuestra la cruda experiencia, puede lograrse tal conocimiento inmediato, y algunos de ellos han dejado noticia de la Realidad que así pudieron aprehender, y han intentado relacionar en un amplio sistema de pensamiento los datos de esta experiencia con los datos de sus demás experiencias. 

A tales expositores, de primera mano, de la Filosofía Perenne, los que los conocieron les daban generalmente el nombre de "santo" o "profeta", "sabio" o "iluminado". Y principalmente a éstos, porque hay buena razón para suponer que sabían de lo que hablaban, y no a los filósofos o literatos profesionales, he acudido para mis selecciones. 
En la India se reconocen dos clases de sagrada escritura: los Shruti, o escritos inspirados, autorizados de por sí, pues son resultado de una penetración inmediata en la Realidad última; y los Smriti que se fundan en los Shruti y sacan de ellos su autoridad. 

"El Shruti —dice Shankara— se basa en la percepción directa. El Smriti hace un papel análogo a la inducción, pues, como la inducción, saca su autoridad de una autoridad distinta de sí mismo". 

Este libro, pues, es una antología, con comentarios explicativos, de pasajes sacados de los Shruti y los Smriti de muchas épocas y lugares. Infortunadamente, la familiaridad con los escritos tradicionalmente consagrados tiende a criar, no precisamente desdén, sino algo que, para los efectos prácticos es casi tan malo: a saber, una especie de reverente insensibilidad, un estupor del espíritu, una interna sordera al significado de las palabras sagradas. 

Por esta razón, al elegir el material para ilustrar las doctrinas de la Filosofía Perenne, según se formularon en Occidente, he acudido casi siempre a otras fuentes que la Biblia. Este Smriti cristiano al cual he recurrido se basa en el Shruti de los libros canónicos pero tiene la gran ventaja de ser menos conocido y por tanto, más vivido y, por así decirlo, más audible que ellos. Además, gran parte de este Smriti es obra de hombres y mujeres genuinamente santos que se pusieron en condiciones para saber de primera mano de lo que hablan. 

En consecuencia puede considerárselo como una forma de inspirado Shruti, válido de por sí, y ello en grado mucho más alto que muchos de los escritos actualmente comprendidos en el canon bíblico. En los últimos años se han hecho varias tentativas para elaborar un sistema de teología empírica. Pero, pese a la sutileza y fuerza intelectual de escritores como Sorley, Omán y Tennant, el esfuerzo sólo ha logrado un éxito parcial. Aun en manos de sus más aptos expositores la teología empírica no es especialmente convincente. 

La razón, a mi parecer, debe buscarse en el hecho de que los teólogos empíricos han limitado su atención más o menos exclusivamente a la experiencia de aquellos que los teólogos de una escuela más vieja llamaban "los no regenerados" —esto es, la experiencia de personas que no avanzaron mucho en el cumplimiento de las condiciones necesarias para el conocimiento espiritual. Pero es un hecho, confirmado y reconfirmado durante dos o tres mil años de historia religiosa, que la Realidad última no es clara e inmediatamente aprehendida sino por aquellos que se hicieron amantes, puros de corazón y pobres de espíritu. 

Siendo ello así, apenas puede sorprendemos que una teología basada en la teología de personas correctas, ordinarias, no regeneradas sea tan poco convincente. Esta especie de teología empírica está precisamente en el mismo pie que una astronomía empírica basada en la experiencia de observadores a simple vista. Con ¡os ojos solos, puede descubrirse una pequeña, débil mancha en la constelación de Orión, y no cabe duda de que podría basarse una imponente teoría cosmológica en la observación de esta mancha. Pero tales teorizaciones, por ingeniosas que fuesen, nunca podrían decimos tanto sobre las nebulosas galácticas y extragalácticas como el trato directo mediante un buen telescopio, la cámara fotográfica y el espectroscopio. 

Análogamente, ninguna teorización acerca de los indicios que puedan oscuramente atisbarse dentro de la experiencia ordinaria, no regenerada, del múltiple mundo puede decirnos tanto acerca de la divina Realidad como puede aprehender directamente un espíritu en estado de desprendimiento, caridad y humildad. 

La ciencia natural es empírica; pero no se limita a la experiencia de seres humanos en su condición meramente humana, no modificada. Dios solo sabe por qué los teólogos empíricos han de creerse obligados a someterse a tal desventaja. 

Y, por supuesto, mientras confinen la experiencia empírica en estos límites tan excesivamente humanos, están condenados a la perpetua frustración de sus mejores esfuerzos. Del material que ha querido considerar, ninguna mente, aun brillantemente dotada, puede inferir más que un juego de posibilidades o, en el mejor caso de especiosas probabilidades. 

La certidumbre, válida de por sí, de la visión directa no puede, por la naturaleza misma de las cosas, ser conseguida sino por aquellos que están equipados con "el astrolabio de los misterios de Dios". 

Si uno mismo no es sabio ni santo, lo mejor que puede hacer, en el campo de la metafísica, es estudiar las obras de los que lo fueron y que, por haber modificado su modo de ser meramente humanó, fueron capaces de una clase y una cuantía de conocimiento más que meramente humanas.

"La filosofía sirve para detestar la estupidez, 
hace de la estupidez una cosa vergonzosa.
Solo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento 
bajo todas sus formas, la filosofía no es sierva de nadie". 


¿Qué es la estupidez?

No es simplemente falta de inteligencia, sino una renuncia al ejercicio del pensamiento. La estupidez aparece cuando el individuo deja de cuestionar, repite sin comprender y actúa por inercia, comodidad o miedo. No se manifiesta en el desconocimiento, sino en la cerrazón: en la incapacidad de revisar creencias, de escuchar razones o de reconocer límites propios. Por eso, la estupidez puede convivir con el saber técnico, el éxito social o el poder político. Más que un defecto individual, es una disposición peligrosa que se fortalece en contextos de obediencia, dogmatismo y simplificación extrema, donde pensar resulta incómodo y dudar se vuelve una amenaza.

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📘 LIBRO "LA MUERTE DE LA CULTURA CRISTIANA"

Aldous Huxley - La Filosofia Perenne.doc by CarlosEse67