EL Rincón de Yanka: junio 2019

inicio








domingo, 30 de junio de 2019

LA MAGIA DE LA AMISTAD ✨


LA MAGIA DE LA AMISTAD
💟💎
La magia de la amistad está dentro de nosotros. Y sabios son quienes se percatan de que la Amistad se cultiva, se “riega” ,se “abona”... se “asolea” y se protege... Una vez que crece y es fuerte pueden pasar años de silencio, océanos de distancia y con un simple encuentro se aviva, como si no hubiese pasado un día de ausencia.

¿Habrá sensación más agradable que una tertulia entre amigos?
Nosotros envejecemos, pero, a la amistad no le pasa el tiempo.
Todos los estudios respecto al buen vivir resaltan la importancia de compartir con amigos. Yo no sé si cura los males del cuerpo, lo que sí tengo certeza es que es lo mejor para el alma. ¡Y... el cuerpo se “alinea” con el alma...!
Recordar cualquier etapa de la vida, con amigos, reír, dialogar y compartir sus alegrías y tristezas, es sin duda siempre la mejor terapia y una sensación sublime del espíritu.
El abrazo fraternal de un amigo es únicamente comparable al abrazo de los hijos o los nietos. ¿Tienes amigos?
Da Gracias a la vida por haberte dado la fortuna de contar con amigos como los que tienes. Con sus virtudes y defectos. Con encuentros y desencuentros. Con silencios y palabras... Sentir lo que siento cuando estoy o sé de ellos, es un componente esencial de la sal de mi existencia.

¡Siempre he pensado que si fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, es porque existe el sentimiento virtuoso de la amistad!
Desconozco autoría

VER+:

EN RELACIÓN AL OTRO

No retrases encuentros ni escatimes afectos, 
la persona es un milagro 
enmarcado en el tiempo.

Piensa que cada persona tiene un mundo 
de soledad y silencio 
que el pudor no le permite compartir. 
Ten en cuenta que silencios prolongados 
pueden ser llamadas urgentes de auxilio.



No enjuicies actitudes y situaciones. 
El otro es un misterio. 
Limítate a aceptarlo con amor. 
No te afanes en buscar consensos, 
las personas son inéditas.
Admite más bien las discrepancias, 
pues aportan riqueza.

Utiliza la palabra con verdad y prudencia. 
Ilumina con tu saber, 
pero no quieras imponer criterios.

Tu esperanza en el otro 

condiciona su crecimiento, 
será lo que esperes de él 
y en la medida de tu esperanza. 

Rompe el temor con la ternura 
y concédele espacio a la palabra. 
Entrega dilatadamente 
el regalo de tu tiempo, 
y ten la certeza que en ocasiones, 
no es nuestro decir el que salva, 
sino la escucha silenciosa del que ama.

Ten la humildad de mostrar tus límites 
y aceptar el consejo que te entregan. 
Aprende a perdonar. 
Si amas de verdad sentirás más el daño 
que el otro se causo con la afrenta, 
que tu propio dolor.

Tú eres el otro; 
si lo abandonas, 
olvidas o desprecias, 


te pierdes para siempre.
No te defiendas de amar 
con razones o por temor, 
es Dios quien pide amor por ti.
No retardes el amor de Dios con tu desidia.

Autora:
Sara López Escalona

UNA CANCIÓN PUEDE SER SU RETRATO


sábado, 29 de junio de 2019

BREVE CATECISMO DE LAS MADRES Y CATECISMO SALESIANO POR GABINO CHÁVEZ, Pbro.


BREVE CATECISMO DE LAS MADRES: 
Gabino Chávez Pbro. (1892)

Misión, deberes, peligros y remedios.

Vulgarizar las enseñanzas de nuestra Religión, hoy tan olvidadas; manifestar la oposición que con ellas tienen las máximas del siglo, tan preconizadas y tan en boga; llamar la atención a las madres cristianas acerca de la nobleza y grandeza de su misión: advertirles la importancia de sus deberes, y el modo de cumplirlos, abriendo las páginas de la Santa Escritura; mostrarles la inminencia de sus peligros, y el rigor de los castigos con que Dios las amenaza; y señalarles los medios prácticos más a propósito para libertarse' de unos y otros; y todo ello en lenguaje popular y llano, y en forma muy breve: he aquí lo que nos hemos propuesto en este Catecismo que ponemos bajo los auspicios de la que es, no sólo la Virgen de las vírgenes sino también la Madre de las madres, y Madre de Dolores María Santísima. ¡Ella nos alcance el fruto que pretendemos!

Jueves Santo, del año de 1892. 
Gabino Chávez Pbro.
Con Licencia del Ordinario
I.

— ¿Cuál es la misión de las madres de familia?
—Es una misión en cierto modo apostólica; porque tienen que iniciar a sus hijos en la vida cristiana; tienen que formarlos en la piedad, enseñándoles la Religión, y tienen que educarlos en la moral evangélica.
— ¿Cómo deben iniciarlos en la vida cristiana? 
—Acostumbrándolos, desde, muy pequeños a persignarse y dar gracias al levantarse y acostarse; haciendo que las primeras palabras que pronuncien sean los nombres de Jesús y de María; encomendándolos a Dios por medio de su ángel custodio, y dándoles a reconocer y a reverenciar las imágenes de los santos.

— ¿Y cuáles madres faltan a estos deberes?
— Las que descuidan de cumplirlos, las que se fían para ello de manos extrañas, las que lo hacen mal o raras veces, las que llevan una vida mundana y disipada; pues es imposible enseñar la piedad quien no la tiene ni la ama.

— ¿Quiénes los cumplen?
Las que saben levantarse a buena hora y vencer la pereza; las que ruegan a Dios todos los días por sus hijos; las que recuerdan a menudo que han de dar cuenta al Señor de todos ellos; las que nunca se cansan de hacer estos dulces oficios por sí mismas.

— ¿Cómo deberán formarlos en la piedad y enseñarles la Religión?
—Inculcándoles desde muy tiernos la devoción a la Virgen Santísima; haciendo que lleven al cuello su Rosario y alguno de sus Escapularios: imponiéndolos a besar sus imágenes y a visitar sus Santuarios, leyéndoles libros adecuados a su capacidad, donde aprendan los misterios y dogmas de la Religión.

— ¿Quiénes faltan a estas obligaciones?
— Las madres que no hacen nada de esto; las que asustan a los niños pequeños con las imágenes; las que los amenazan con rezar el Rosario, o los castigan con llevarlos a la Iglesia; las que los dejan jugar con el Rosario, o con relicarios u otros objetos del culto.

— ¿Por qué no se les debe amenazar o castigar con las cosas piadosas?
— Porque de ese modo las miran con miedo, con repugnancia, y hasta con horror y con odio.

— ¿Pues qué debe de hacerse?
— Lo que hacen las madres prudentes y juiciosas: darles a desear el rezo, la ida al templo, las prácticas piadosas, como una recompensa, como recreo y gozo; y por el contrario, mostrarles la privación de ello como castigo por sus faltas. Así se logra que vean lo bueno con ojos favorables, y que vayan amándolo, y detestando lo malo.

— ¿Qué más deberán hacer las madres por la moral de sus hijos?
— Cuidarlos como a la pupila de sus ojos; no mandarlos a pasear con personas extrañas; no dejarlos allanarse y familiarizarse con los criados; no dejarlos todo el día, y mucho menos por la noche, en casa de sus deudos o personas menos timoratas. El descuido en este particular es casi siempre causa de la pérdida de la inocencia de los niños y de su inmensa ruina.

— ¿Y de las escuelas, qué me decís?
— Que es preciso hoy más que nunca vigilar en que sean sólidamente católicas; por que habiendo en nuestro suelo tantas sectas heréticas, sociedades secretas, gentes incrédulas y aun ateas, es espantoso hoy el peligro, y por consecuencia mayor la obligación de vigilar, en los padres de familia. El gasto que se hace en la educación de los hijos es un gasto sagrado, y muchos padres no lo comprenden; de allí es, que por evitarlo, prefieren las enseñanzas mortíferas que envenenan gratis los corazones.

— ¿Pues qué debe de hacerse?
— Sacrificarse por la salud de los hijos, y aprovechar las enseñanzas gratuitas católicas, que tampoco faltan, cuando realmente no haya recursos para proporcionarles otra más conveniente.

II.

— ¿Qué debe temer la madre, especialmente de sus hijos varones?
— El orgullo y el encaprichamiento que muestran desde niños: es preciso reprimirlos con mano fuerte, hacerse obedecer a toda costa, y no dejar salir al hijo con sus necios caprichos.

— ¿Qué madres faltan en esto?
— Aquellas, numerosísimas por cierto, que no tienen más que caricias perpetuas para los niños, regalos y terneras; pero nunca correcciones ni castigos. Este es el gran defecto de las madres en México: sobra de mimos y cariños: falta completa de rigor racional y de castigos para con sus hijos.

— Pero el espíritu del siglo mira hoy con horror a los padres que emplean con sus hijos el rigor sensible; ¿sería preciso pasar por no ser uno ya de la época?
—Es la verdad; pero la prudencia del siglo es necedad delante de Dios, y es mejor creer a la Santa Escritura que a todas las sabidurías del siglo, y a las vanas ideas de los mundanos.

— ¿Pues qué dice la Sagrada Escritura a ése respecto?
— Bueno es que las madres pesen sus palabras: “Él que perdona la vara, aborrece a su hijo.” (Prov. XIII. 24.) “No quieras quitar al niño el castigo, y si le azotas con la vara no ha de morir por ello.” (Id. XXIII, 13.) “Si tú le azotas con la vara, librarás su alma del infierno.” (Id. 14.) “La vara y la corrección da sabiduría, mas el niño que se deja a su voluntad, avergüenza a su madre.” (id. XXIX. 15.)

—Mas, ¿qué, el Espíritu Santo realmente mandará azotar 'con vara? 
— La vara significa el castigo corporal y sensible, aunque al pie de la letra no se aplique con vara; mas hay que notar las expresiones enfáticas de Ia Santa Escritura; porque, lo primero, asegura qué una madre que no castiga físicamente al niño, lo aborrece; de suerte que lo que parece amor y cariño, ante Dios, es verdadero odio; y da la razón en el otro texto:

Porque el castigarlo es librarlo del infierno, luego el no hacerlo es dejarlo caer en él, que mayor odio no puede haber. Dice, además, que el niño sin corrección, causará confusión a su madre, es decir, la avergonzará un día con sus hechos y torpe conducta; y burla la delicadeza exagerada de las madres, diciendo que no morirá el hijo del castigo, como algunas parecen temer, no temiendo echarlos al abismo.

— ¿Qué otra cosa dicen los Libros santos acerca de esto?
— En el Capítulo treinta del Eclesiástico, habla mucho en el particular, y de él entresacamos estos consejos: “El que ama a su hijo le frecuenta los azotes, para que en sus novísimos se alegre, y no ande tocando las puertas de sus próximos. Quien enseña a su hijo será en él alabado, y se gloriará entre los de su casa. Quien enseña a su hijo, pone en celo al enemigo, y entre sus amigos en él se gloria.

“Así como el caballo indómito se hace duro, así el hijo remiso se hace precipitado. Lacta al hijo y te llenará de pavor; juega con él y te contristará. No te pongas a reír con él, para que no te pese algún día. No le des potestad en la juventud, antes doblega su cerviz y vapula sus costados mientras es niño. Enseña a tu hijo y trabaja en él, para que no tropieces en su torpeza.

— ¿Qué hay que notar en estas palabras?
— Lo primero, que insiste el Espíritu Santo en que el hijo se castigue cuando niño, y con frecuencia; lo segundo, que promete a Ios padres alegría y. regocijo si educan bien a los hijos, y a ambos felicidad en sus novísimos; lo tercero, que amenaza con lo contrario, es decir con pavor, tristeza, confusión y vergüenza, a los que no lo hacen; lo cuarto, que a los mismos hijos anuncia la mendicidad y varios males si no son corregidos.

— ¿Mas por qué dirá que quien lacta al hijo tendrá pavor, puesto que el lactarlos es obligación de las madres?
—Habla de los hijos en mayor edad, y es una figura: pues es como si dijera: regala al hijo, mímalo, consiéntelo, trátalo, con blandura y muellemente, y después te llenará de sustos, de aflicción y de pavor.

— Y ¿por qué añadirá, trabaja en él?
— Para significar que la educación es obra importante, laboriosa, y que necesita diligencia, estudio y cuidado. Muchos no quieren tomarse este trabajo.

— ¿Y el no darle potestad, y doblegar su cerviz, qué significa?
— No darles libertad, licencia y facultad para ir y venir, y manejarse por sí mismos, sino doblegarlos con el trabajo, que es un peso y carga que encorva, evitándoles el ocio y holganza, fuentes de mil males. 

— ¿Y el tropezar en su torpeza, qué indica?
— Indica que los padres algún día tendrán que sufrir confusión y vergüenza, con la ignominia, los escándalos y la mala fama de sus hijos.

III.

— ¿Y de las hijas en particular, qué nos dicen las Sagradas Letras?
— Dicen así: “En la hija que no se recata afirma el cuidado, no sea que hallada la ocasión, abuse de sí.” (Eccli. XXVI. 13.) Quiere decir, si tienes una hija que no se aparte de las miradas y trato de los jóvenes, sino que a todos libremente mire, y todo lo observe, y todo lo recorra, atiéndela y guárdala, para que dada la ocasión, no abuse de su libertad entregándose a la lasciva incontinencia, y liviandad.

— ¿Y no insiste en ello el Libro Sagrado como en lo de los hijos?
— Sí; varias veces en el mismo libro: por ejemplo, en el capítulo séptimo dice: “si tienes hijos, edúcalos y doblégalos desde su juventud; si tienes hijas, guarda su cuerpo y no les muestres rostro alegre."(Eccli. VII. 27.)

— ¿Y cómo puede hacerse esto?
— Dice un docto intérprete: “esto harás, si las contienes en su casa, si las apartas de los jóvenes, de los convites, de los bailes y de los teatros. Además, si tu hija siempre tiene a su madre por compañera, si sus sirvientes son castos y púdicos, si nunca escucha palabras indecentes, si continuamente se le inculca el amor a la pureza y al pudor, y el más grande horror a la impureza, entonces se le guarda su cuerpo según este consejo del Espíritu Santo.” (Alapide.)

— ¿Mas no es extraño que recomiende ponerles a las hijas mal semblante?
— Esto se hace, (dice el mismo piadoso autor) tanto para reprimirles la ligereza, libertad y osadía, con la severidad del semblante, cuanto para inspirarles respeto y pudor,’ a fin de que no se atrevan a ofenderte; y también para que con las caricias y blandura de su mismo padre, no se acostumbren a aficionarse a los hombres, haciéndose más libres e inverecundas con ellos;

— ¿Decís que varias veces repite la misma recomendación?
— Varias veces, para que mejor se conozca su importancia: en otra parte dice: “Asegura el cuidado sobre tu hija liviana, no sea que te haga venir a ser el oprobio de los enemigos por la murmuración de la ciudad, y la oposición del pueblo, y te avergüence entre la multitud de la gente” (Eccli. XLII. 11.) Es decir, como explica siempre Alápide, que a la hija procaz, imprudente, ligera y propensa a la liviandad, es preciso guardarla con mucho cuidado porque si se le permite tratar libremente con los jóvenes, se perderá y llenará de oprobio a sus padres, haciéndolos la fábula y el escarnio del vulgo.

— Y en cuanto a permitirles a las hijas desposarse ¿no dice algo la Sagrada Escritura?
— Dice: “Entrega tu hija a un hombre sensato, y harás una obra grande” (Eccli. V II. 27;) '
Llámala obra grande, explica Comedio, porque es una cosa difícil y útil, tanto a los padres que se libran de grandes molestias y responsabilidades colocando a sus hijas, como a estas, cuyo pudor se asegura poniéndolas en estado honesto, y a la república que con la prole crece en número, oficios y méritos” Mas adviértase que se trata de darla a un varón sensato, y esa es la dificultad, y por eso se llama obra grande.

— ¿Y si la hija no es llamada al matrimonio?
— Entonces puede entenderse el texto en sentido figurado, y el Varón sensato a quién se entrega, será Jesucristo, Esposo de las Vírgenes, siendo entonces la obra tanto más grande, cuanto más grande es Dios que los hombres, y cuanto más grande es la virginidad que el matrimonio.

— ¿De suerte que el consejo de la Escritura, no se reduce precisamente a dar a las hijas el estado del matrimonio?
— No: sino a que se les ha de dar oportunamente el estado que' elijan y a que se sientan inclinadas, o cómo dice el catecismo, a darles estado no contrario su voluntad.

IV.

— ¿Cuáles son los peligros de las madres?
— Todos los de los hijos: el peligro de que salgan caprichosos, obstinados, soberbios, iracundos; el peligro de que las hijas salgan ligeras, livianas, impúdicas, desenvueltas, presuntuosas, amantes del lujo y de las vanidades; el peligro de que unos u otras, salgan poco amantes, o aun enemigos de la Religión, poco piadosos, y aun impíos, inmorales e irrespetuosos.

— ¿Cómo se incurre en estos peligros? 
— Educando a los hijos según las costumbres del día; mimándolos, acariciándolos en demasía, dándoles una libertad que no les conviene, fomentando el lujo en las hijas, llevándolas al teatro y a los bailes so pretexto de cultura, y dejándolas familiarizarse con los varones para que tengan trato.

— ¡Son demasiados los peligros de las madres!
—No es eso todo; hay ahora gran peligro en las lecturas: novelas numerosas y malsanas ensalzando el suicidio, pintando con hermosos colores el adulterio, burlando las órdenes religiosas, y escarneciendo lo más sagrado, pululan por todas partes; préstanselas las jóvenes unas a otras con insaciable empeño, escóndenlas de los ojos de las madres, si es que ellas mismas no se las facilitan y recomiendan, o por lo menos les dan el ejemplo manejando delante de ellas esa clase de libros.

— ¿Y esos libros los conoce la Iglesia?
— No solo los conoce, sino que los tiene severamente prohibidos; todas las novelas de los autores de más fama como Dumas, Víctor Hugo, Jorge Sand, los dos Cock, etc., etc., están puestas en el Índice de los libros prohibidos, y es pecado grave el no respetar esa disposición de la Iglesia; y si se trata de libros que además de la moral, atacan al dogma, hay también excomunión para quien los lee o los conserva.
Pero advierto que todo eso va contra los usos y costumbres actuales, pues hoy se usa dar libertad a los hijos, recomendar en las escuelas que nunca se les castigue con cosas dolorosas, dejarlos tratar con sus iguales, independerlos desde muy temprano, llevarlos a todo lo que es de diversión y de recreo; en fin, todo lo contrario a lo que se estaba diciendo: ¿cómo conciliar los deberes de la Religión con los usos de la época?
No hay que intentar tal conciliación, pues dice el Espíritu Santo, que no puede haber ninguna entre Cristo y Belial, ni entre la luz y las tinieblas, (2. Cor. VI. 15.) Y el Señor Pio IX, dijo, que la Iglesia no podía conciliarse con el progreso y la moderna civilización, (que son pura corrupción.) Lo, que se infiere, pues, de esa oposición entre las máximas y costumbres actuales con la ley de Dios, es, que el mundo no ha dejado de ser, como siempre ha sido, uno de los tres enemigos del alma, y que el modo como nos tienta, es trayéndonos los dichos y usos de los mundanos.

— ¿Pues qué debe de hacerse?
— Desechar las máximas del mundo y seguir a Jesucristo, no queriendo servir a un tiempo a dos señores, lo que el Evangelio declara ser imposible. (Math. VI. 24.) Y añadiremos que este es tal vez el mayor de los peligros de las madres: el vivir entre los usos y las doctrinas más opuestas al espíritu de Dios, y verlas no obstante puestas en boga, y aún preconizadas como sabiduría y gran adelanto.

V.

— ¿Pues qué medios y remedios podrán practicarse para librarse de los peligros y poder cumplir con tan graves obligaciones?
— Los remedios, solamente los tiene y enseña nuestra santa Religión: contra las máximas del mundo, las máximas del Evangelio; contra los dichos y hechos de los mundanos, los dichos y hechos de los Santos; contra las modas y las bogas del día, las eternas verdades de la moral cristiana; contra los malos y perversos libros, los buenos, que no faltan, y los Libros Sagrados sobre todo.

— ¿Mas para atinar a escoger lo bueno y dejar lo malo, qué hacer?
— Buscar un director prudente e instruido; frecuentar los sacramentos; llevar una vida piadosa; una madre mundana jamás podrá sacar una hija que no lo sea; decir adiós desde el día de su matrimonio a las vanidades y diversiones del mundo, considerando la alteza de la misión de una madre, y cómo el Señor derramó su preciosa sangre, a fin de santificar la unión del hombre y la mujer, elevando el contrato matrimonial a la. Dignidad, de sacramento.

— ¿Qué otros medios pueden tomarse?
— Ejercitarse en buenas lecturas. Son dignos de recomendarse ala madres, la Mujer fuerte y la Mujer piadosa del Señor Landriot, la Mujer cristiana de madama Mercey, los deberes de la mujer cristiana por la señora Livia Bianchetti, el Manual de las Madres cristianas, de Roca y Cornet, la Vida de Virginia Bruni, del Padre Ventura de Ráulica, y la Mujer católica, célebre obra del mismo. Además, deben recomendarse las Vidas de Sarita Mónica y de Santa Juana Francisca de Chantal, del Señor Bougaud, las de Santa Paula y sus hijas, del Abate Lagrange, la de Santa Rita de Casia, que trae muchas instrucciones para las madres, y aun la de Santa Catalina de Génova, la de Santa Francisca Romana y otras santas que se santificaron en el estado del matrimonio.

— ¡Pero esos libros formarían un estante lleno!
— Nada hay que extrañar, pues muchas tienen estantes llenos de malditas novelas, y de libros ligeros e inútiles, oportunísimo sería que se formasen colecciones de obras sólidas y cristianas, en las que pudiese hallarse al mismo tiempo solaz provecho, y que Las Asociaciones de Madres podrían comprar para formarse como una biblioteca, común, escogida aunque pequeña.

— ¿Qué otros medios asignáis todavía para el uso de las madres?
—El entrar en las Asociaciones que para ellas hay establecidas: como la de Santa Mónica, el meditar en la octava estación del Viacrucis que toda les pertenece, y practicar la lección, que Jesucristo ;dio allí a las madres, diciéndoles: “llorad por vosotras, y por vuestros hijos,” temiendo los castigos con que las amenaza a ellas allí también en particular; pues hablando, de la ruina de Jerusalén, figura del día del juicio, anunció que en aquel día se dirá: “bienaventurados los vientres que no concibieron y los pechos que no amamantaron,” (Luc. XXIII. 29.) Como si dijera: “bienaventuradas, el día del juicio las que no fueron madres, ni tuvieron responsabilidad de tales.”

— ¿Qué: tan peligrosa es la suerte de las madres?
— Tanto que, su juicio y su infierno han de ser más terribles.

— ¿De dónde inferís eso?
—No tengo que inferirlo, sino solo, creerlo a la palabra de Dios que nos dice: “Durísimo juicio se hará a los que presiden.” (Sap. VI. 6.) O gobiernan, pues claro es que las madres están comprendidas en este número. Y esto, en cuanto al juicio; que en cuanto al infierno, dice: “Los que ejercen potestad, poderosamente serán atormentados,” (Id. 7) palabra que evidentemente comprende a los padres de familia, que ejercen potestad sobre sus hijos.

— Y ¿qué podrá hacerse para evitar tan terrible desgracia?
— Ya lo hemos dicho: conservar y aún aumentar la gracia de la vocación, por medio de la frecuencia de sacramentos: tener una especial devoción a la Madre de las madres y modelo de todas. María Santísima; tenerla con Señor San José, patrón de los padres de familia; tenerla con los ángeles custodios de los hijos; mirar al mundo y sus máximas con horror dirigiéndose solo por las del Evangelio, y meditando las grandes verdades que hemos insinuado de la noble misión de las madres, de sus espantosos peligros, de su terrible responsabilidad, de las lágrimas por sí y por sus hijos que el Señor les manda derramar, y del durísimo juicio y poderosos tormentos que les esperan, si no cumplen hasta donde les es posible con sus obligaciones. 
Un medio excelente de santificarse a sí y a sus familias, es plantear en sus casas la práctica del santo Rosario rezado en reunión todos los días, como tanto lo ha recomendado el actual Pontífice, el Señor León XIII. ¡Practiquen las madres estos consejos, y Dios les ayudará a desempeñar debidamente sus penosos deberes, preparándoles también muy dulces recompensas!


CATECISMO SALESIANO
EL OBRERO, LA OBRA

viernes, 28 de junio de 2019

NUESTRO COMPLEJO ESPAÑOL CON LA HISTORIA LO ESTÁ CAMBIANDO LA NARRATIVA


Nuestro complejo de inferioridad con la historia 

lo está cambiando la narrativa



En los últimos cinco años estamos viviendo un florecimiento espectacular de la novela histórica. El pasado año, los dos premios de la editorial Planeta que tienen mayor dotación económica, el Planeta y el Fernando Lara, han recaído sobre sendas novelas históricas de Santiago Posteguillo y Jorge Molist. La primera es lo que antes llamábamos, despectivamente hace unos años, una novela de romanos; la segunda una aleccionadora historia sobre Pedro III de Aragón y su conquista de Sicilia.

Decía el autor barcelonés hace unos meses que “parece que hemos condenado al olvido a un rey como Pedro III el Grande”. Si preguntásemos a nuestros estudiantes, pocos sabrían decir quién fue el monarca aragonés y lo mismo ocurriría con el público en general. Prácticamente, no se conoce la gesta que protagonizó Pedro III y que le llevó a enfrentarse a Carlos de Anjou, rey de Sicilia; al rey de Francia y al mismo Papa Martín IV que llegó a excomulgarlo. Un rey de un territorio tan pequeño y poco poblado como Aragón, de poco más de un millón de habitantes, llegó a enfrentarse al país más poderoso del siglo XIII, diez veces más habitado. Aun así, llegó a derrotarlo y fue con un puñado de valerosos soldados y marinos aragoneses y sicilianos.

Algo similar, ocurriría dos siglos después con el descubrimiento y conquista de América. Hay historiadores y escritores que dicen que esa gesta fue una masacre y algo de razón tienen, pero el complejo de inferioridad que tenemos los españoles con nuestra historia debemos ponerlo en su justo término. Si bien los españoles de aquella época iban a América a hacer fortuna, no todos tenían en mente el oro americano. Los españoles han sido el único pueblo que en sus tierras conquistadas se mezclaron con los habitantes de todas las tierras por donde estuvieron.

Las primeras universidades americanas fueron hechas por españoles, un total de 25 universidades fueron fundadas por los españoles y si a esta cifra sumamos las 2 que se construyeron en Filipinas, la cifra arrojaría el guarismo de 27, 27 más que el resto de los países europeos conquistadores de tierras en el continente americano. Además, la arquitectura dio un salto cualitativo gracias a nuestros ancestros, lo mismo ocurrió con la agricultura y la ganadería. Fueron los misioneros franciscanos quienes enseñaron las nuevas técnicas agrícolas a los habitantes de aquellas tierras y también lo hicieron en materia ganadera.

Jesús Maeso de la Torre nos cuenta en su última novela “Comanche” como los primeros cowboys de América fueron los españoles. Aquellos dragones del rey o de cuera, como se les conocía por su peculiar atuendo de cuero con el que se protegían de las flechas de los aborígenes americanos. Estos dragones mantuvieron la paz en una frontera de más de 4.000 kilómetros contra los exterminadores británicos y franceses. “Para los ingleses el único indio bueno era el indio muerto”, recuerda Maeso de la Torre. Nada más tenemos que ver como los descendientes de las tierras que dominaron los ingleses o franceses y que han sido poquísimos, y los pocos que sobrevivieron fueron confinados a reservas, y los que hay en las tierras que fueron españolas. Nosotros, lo podemos decir con orgullo, nuestros ancestros fueron los creadores del mestizaje.
Las masacres perpetradas por británicos y franceses en América son numerosas, pero no lo son menos las que cometieron los británicos en India, o los belgas en el antiguo Congo, eso por no hablar de lo que hicieron los holandeses en el sur de África o los franceses a lo largo y ancho del continente africano, sin contar las que realizaron en Asia, tanto los franceses como otras potencias europeas.
De ahí que los novelistas históricos españoles estén desempeñando una labor imprescindible. Gestas como las de Blas de Lezo o Pedro de Úrsua tendrían que ser conocidas por todos nosotros. Al igual que pocos saben las hazañas que los muchos exploradores o conquistadores llevaron a cabo en el continente americano con poquísimos hombres. Muchos de ellos libraron a la población autóctona de ritos tan crueles como los sacrificios humanos, estoy hablando de los macabros ritos aztecas de culto al sol. Muchas otras razas de México se unieron a los españoles para desembarazarse de personajes tan peligrosos y genocidas como Moctezuma.

También nos han informado de muchas de las gestas que tropas españolas realizaron en países como Judea, dos legiones auxiliares romanas, compuestas en su totalidad por guerreros cántabros, estuvieron presentes en la destrucción del Templo de Jerusalén Asimismo, fueron españoles los primeros humanos en llegar a la Antártida a bordo del navío de línea San Telmo, capitaneado por el brigadier Rosendo Porlier y que cuando llegó el capitán británico William Smith se sorprendió al ver los restos de la nave españolas con signos de actividad humana. Las autoridades británicas quisieron que dicho capitán se callase el descubrimiento protagonizado por españoles, pero él, un auténtico caballero inglés lo reconoció.

Navegantes vascos y gallegos, exploradores extremeños y andaluces, aguerridos soldados castellanos y valencianos o intrépidos combatientes aragoneses y catalanes que conquistaron gran parte del Mediterráneo, realizaron innumerables acontecimientos que están siendo conocidos gracias a la labor de nuestros novelistas, quizá más que de nuestros historiadores. Quiero recordar la gesta que un puñado de catalanes protagonizaron en 1860 a las puertas de Tetuán contra las tropas rifeñas. Al no poder conquistar la alcazaba, Prim, que arengaba a sus tropas en catalán, ideó una maniobra de distracción para que un puñado de castellers improvisaran un Castell con el que se pudo superar las murallas, los cañones confiscados a las tropas rifeñas fueron fundidos y se convirtieron en los leones que desde entonces están a la puerta del Congreso de los Diputados para recordar una gesta de la que casi nadie se acuerda.

Son tantas las gestas de nuestra historia que los autores de este género tienen todavía muchísimos temas que descubrir a los lectores, como la de Juan Sebastián Elcano, que fue el primer marino en dar la vuelta al mundo y que los portugueses están queriendo ningunear a favor de Magallanes, y que estuvo a punto, por sus pésimas decisiones, de dar al traste con tan magnífico periplo marino.

Nuestros escritores históricos han sabido recoger la antorcha de aquellos tres escritores geniales que dedicaron buena parte de su producción a la narrativa histórica. Me estoy refiriendo a Benito Pérez Galdós con sus magnos “Episodios Nacionales”, a Pio Baroja con sus “Memorias de un hombre de acción” y a Ramón María del Valle-Inclán con su “Ruedo Ibérico”. Esos geniales escritores repensaron la historia de nuestro siglo XIX sin ninguna clase de trauma. Ahora, debemos repensar no sólo la historia de nuestro siglo XX sino toda aquella que ha quedado en el olvido y de la que no nos debemos avergonzar, pero sí asumir. Debemos reconocer nuestros errores, pero también nuestros aciertos y la novela histórica están ayudando de manera eficaz a ello.

jueves, 27 de junio de 2019

💣💥 LA VIOLENCIA DEL "DIRECTORIO REVOLUCIONARIO IBÉRICO DE LIBERACIÓN" (DRIL): MUERTE EN AMARA


La violencia del 
"Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación" 
(DRIL)
a la luz de Begoña Urroz



“Meditar sobre lo que pasó 
es deber de todos”
Primo Levi

Entre el 26 y el 29 de junio de 1960 el norte de España sufrió una cadena de explosiones. El 27 una bomba estalló en la estación de tren de Amara (San Sebastián), hiriendo a la niña Begoña Urroz, que falleció al día siguiente. Desde hace unos años, ha sido habitual que se atribuyese aquella muerte a ETA. Por ese motivo la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, estableció el 27 de junio como día de recuerdo y homenaje a las víctimas del terrorismo. Ahora bien, el presente trabajo demuestra documentalmente que la responsabilidad de los atentados de 1960 no recae en ETA, sino en el DRIL: un grupo hispanoluso antifranquista y antisalazarista que unos meses antes ya había colocado artefactos explosivos en Madrid y que sería conocido internacionalmente cuando secuestró el trasatlántico portugués Santa María en enero de 1961. Allí causó su segunda víctima mortal, João José do Nascimento Costa.
La bomba que mató a Begoña Urroz llevaba la firma del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. Nacido a principios de 1960 al calor de la revolución cubana, era un grupo formado por españoles y portugueses que buscaban el derrocamiento de las dos dictaduras ibéricas, la de Franco y la de Salazar, y la instauración de sendas repúblicas, que podrían federarse entre sí. El método que emplearon fue la violencia. Sobre el papel, iban a ser una guerrilla al estilo castrista, pero en la práctica se conformaron con un sucedáneo: el terrorismo.

El 18 de febrero de 1960 el Directorio puso cuatro bombas en Madrid. La primera estalló en el Ayuntamiento. La segunda, en la calle Toledo. Cuando llegó la Policía, encontraron herido de muerte a uno de los miembros del DRIL, al que le había explotado su propio artefacto. Más tarde se desactivaron los otros dos. Fueron detenidos dos activistas del DRIL, uno de los cuales sería ejecutado tras un juicio sumarísimo.
Unos meses después se produjo una nueva campaña terrorista. El 26 de junio de 1960 una bomba explotó en un tren que hacía el trayecto Barcelona-Madrid. Al día siguiente, 27 de junio, se registraron explosiones e incendios en las consignas de equipaje de las estaciones del Norte de Barcelona, del Norte de San Sebastián, de Amara y del Norte de Madrid. El 29 de junio hubo otro atentado en la terminal de Achuri de Bilbao.
En Amara resultaron heridas seis personas. Una de ellas era la encargada de la consigna de equipajes. Su sobrina nieta, Begoña Urroz, de 20 meses, presentaba el peor pronóstico: quemaduras en todas sus extremidades y en la cara, así como heridas contusas en pierna y pie izquierdos. Se trataba de la primogénita de un matrimonio originario del pueblo navarro de Beinza-Labayen, que se había trasladado a Lasarte.

La madre había dejado a la pequeña al cargo de su tía mientras iba a comprarle unos zapatitos. Cuando volvió, se encontró el desastre. Begoña había sido rescatada de entre las llamas por un mozo de servicio exterior de la estación, que puso en riesgo su propia vida. La llevaron a la clínica del Perpetuo Socorro, donde ingresó en estado grave. Murió el 28 de junio.
Justo al día siguiente el diario venezolano "El Nacional" recogió las declaraciones de dos portavoces del DRIL reivindicando los atentados. Un par de semanas después uno de ellos advirtió en el mismo periódico que “las revoluciones para derrocar a los tiranos no se hacen con té y simpatía ni con bombones. Hay que emplear la violencia para responder a la que ellos usan”. Posteriormente otros líderes del Directorio admitirían su responsabilidad. Eso sí, ninguno pidió perdón por la muerte de Begoña ni mostró arrepentimiento.
En julio de 1960 la Guardia Civil descubrió en Andorra a un sospechoso, quien habría confesado a un confidente ser el autor material del atentado de Amara. Cuando la Policía andorrana acudió al hotel en el que solía almorzar, el miembro del DRIL no apareció. Sabemos que posteriormente viajó a Lieja (Bélgica), donde en septiembre de 1960 participó en una reunión del Directorio que fue interrumpida por agentes de aquel país. Hubo catorce detenidos. La dictadura franquista solicitó la extradición de los españoles, pero su petición fue desechada. En un mes y medio salieron todos en libertad.

En enero de 1961 el Juzgado Especial Nacional de Actividades Extremistas requirió la comparecencia de los tres presuntos autores de los atentados de junio de 1960. Nunca fueron capturados. Tampoco podemos estar seguros de su culpabilidad. No hubo juicio y la Ley de Amnistía de 1977 borró la responsabilidad penal del crimen. De igual manera, el tiempo borró la memoria de lo sucedido e incluso las siglas del DRIL.
Pero la historia es imborrable: Begoña Urroz fue víctima del terrorismo. Como cada 27 de junio, hoy las recordaremos a ella y a todas las demás.
Pueden descargar aquí el informe completo en pdf


#TenemosMemoriayRelato

#DíadelasVíctimasdelTerrorismo






📘 LIBRO Y PELÍCULA "RESURRECCIÓN" DE LEÓN TOLSTOI




«En la cumbre y al final, como una catedral con dos torres que simbolizan, una, el amor eterno y la otra, el odio hacia la alta sociedad se yergue Resurrección»
«Resurrección no deja de ser uno de los más bellos poemas de compasión humana –tal vez el más verídico-. Más que en cualquier otra, en esta obra veo los ojos claros de Tolstói, esos penetrantes ojos de un color gris pálido, “esa mirada que va directa al alma”» (Romain Rolland, Vida de Tolstói )

Rezuma a lo largo de la novela el deseo de un mundo nuevo, aspiración que era común al escritor y al protagonista: « Sí, he aquí un mundo absolutamente nuevo[…]. ¡He ahí, el nuevo gran mundo!». Algunas de las esperanzas que Tolstói muestra aparecen como emparentadas con unos toques milenaristas y hasta apocalípticos, que resultan absolutamente creíbles si en cuenta se tiene la época en la que escribía, impulsos que, por otra parte, posteriormente fueron bastante comunes entre diferentes artistas y escritores ( véanse los tonos lírico de cierto Mayakovski, o de Platonov) anunciando una era nueva en la que los verdaderos criminales, que dominaban los tribunales y la administración fuesen considerados como tal, y en primer lugar el principal responsable el Estado, crítica que se amplía a la religión en donde todo es traición, hipocresía, parodia e impostura. La fe en el porvenir tolstóiana queda patente en la capacidad de resucitar de la sociedad, encarnada en la historia de Katiusha y Nejliudov, y los pasos que dan en medio de la máquina infernal administrativa, jurídica y carcelaria…siempre con el principio esperanza, del que hablase Ernst Bloch.

La capacidad del escritor ruso era la renovarse en cada fase de su existencia, embarcado en una permanente aventura intelectual, en la que el descontento con el status quo le conducía a tratar de superar los límites, yendo más allá en todas las esferas del quehacer humano ( arte, literatura, música, sexo, …) y chapoteando con gozo en lo políticamente incorrecto. Precisamente de cara a conocer el ideario del escritor, "La revolución interior", en donde se podrá penetrar y ahondar en los mandamientos de ese pensador radical que dijese Stefan Zweig (últimas palabras de la novela):

"«El primer mandamiento consiste en que el hombre no debe matar, irritarse ni despreciar a sus hermanos; si se enojare ha de reconciliarse con su adversario antes de ofrecer un sacrificio a Dios, es decir, antes de rezar. El segundo mandamiento dice que el hombre no debe cometer adulterios ni codiciar a una mujer por su belleza, y una vez casado ha de permanecer fiel. El tercer mandamiento, que el hombre no debe prometer nada por medio del juramento. El cuarto mandamiento, que el hombre no debe pagar ojo por ojo, sino ofrecer la otra mejilla cuando le hieren la diestra; debe perdonar las ofensas, soportarlas con resignación y no negar nada de lo que le pidan sus semejantes. El quinto mandamiento, que el hombre no debe odiar a sus enemigos ni luchar contra ellos, sino amarlos, ayudarles y servirles».

No solamente creía que, siguiendo esos mandamientos, los hombres deben alcanzar la mayor felicidad posible, sino que, además, tenía conciencia de que cualquier hombre no tiene otra cosa que hacer que seguirlos, porque en ellos reside el único sentido razonable de la vida, y apartarse de ellos es una falta que reclama inmediatamente el castigo. Esto resultaba de lá doctrina entera, pero había sido expresado sobre todo, con una claridad y una fuerza particulares, en la parábola de los viñadores. Los viñadores se habían imaginado que el huerto adonde se les envió a fin de trabajar alli para su dueño era propiedad de ellos; que todo to que alli se encontraba era de ellos solos; que toda su obra consistía en gozar allí de la existencia, olvidando al dueño, matando a los que se to recordaban y liberándose de todo deber para con él. «Es lo que hacemos también nosotros - pensaba Nejludov -. Vivimos en esta seguridad insensata de que somos nosotros mismos los dueños de nuestra vida y que nos es dada únicamente para gozar de ella. Sin embargo, eso es un evidente desatino. Si somos enviados aquí, es gracias a una voluntad cualquiera y con un fin fijado. Nos imaginamos que vivimos para nuestra propia alegría, y si nos encontramos mal es porque, como los viñadores, no cumplimos la voluntad del dueño. Ahora bien, la voluntad del dueño está expresada en estos mandamientos. Que los hombres sigan solamente esta doctrina, y el reino de Dios se establecerá sobre la tierra, y los hombres podrán adquirir la mayor felicidad que les es accesible.» «Buscar el reino de Dios y su verdad, y el resto os será dado por añadidura.» 

«Pero nosotros buscamos el resto y no lo encontramos».
«¡He aquí, pues, la obra de mi vida! ¡Una acaba, la otra comienza!»
Desde aquella noche empezó para Nejludov una vida nueva y no tanto desde el punto de vista de las condiciones de vida diferentes con que se rodeó, sino porque todo lo que le ocurriría en lo sucesivo tendría para él una significación muy distinta que en el pasado.
El porvenir mostrará cómo acabará este nuevo período de su vida»".
FIN


Resulta increíble que Tolstoi diera forma definitiva a Resurrección siendo un anciano de más de ochenta años ya que demuestra una claridad de ideas que ya la quisiéramos muchos cuarentones. La trama de la historia sirve como vehículo a través del cuál expresar y trasmitir su visión personal sobre la penosa situación política, religiosa y social de la Rusia Zarista, que a punto estaba de dar sus últimos coletazos, y que se manifestaba en un gran número de injusticias y situaciones miserables en las que el pueblo ruso llevaba todas las de de perder y sus mandatarios todas las de ganar. Sin embargo, Tolstoi no se limita a denunciar los males de su país sino que además propone soluciones utópicas e idealistas en las que están presentes siempre las enseñanzas de Jesucristo tal como aparecen reflejadas en los evangelios. Para ello, el autor utiliza la figura del príncipe Nejliúdov que a lo largo de la trama funciona como su perfecto alter-ego, adoptando en todo momento el rol de transmisor de sus ideas.

Como su propio nombre indica "Resurrección" es la historia de una redención, la que experimenta el príncipe Nejliúdov, el cuál se siente culpable de la lamentable situación que padece Katia Máslova. La joven ha sido encarcelada injustamente, acusada de un crimen que no ha cometido. En su juventud, Nejliúdov sedujo y abandonó a Katia y él se siente responsable de su desgraciado sino así como de su encarcelamiento, ya que ha sido acusada por un error burocrático del jurado popular del cuál formó parte el propio Nejliúdov. Por ese motivo, el príncipe se siente en la obligación de librarla de la cárcel y está dispuesto incluso a casarse con ella. No voy a desvelar más detalles del argumento pero sirva esta breve sinopsis para explicar como a partir de un argumento más propio de un melodrama de época, Tolstoi hace un repaso de la penosa situación de la Justicia y del resto de administraciones públicas soviéticas formada por un funcionariado apático e insensible que no duda en encarcelar a ciudadanos injustamente o por error. De igual modo, realiza una descripción bastante detallada y descorazonadora de la inhumana existencia de los encarcelados en prisión, especialmente de las mujeres, así como de la penosa situación de los que eran trasladados a Siberia, condenados a trabajos forzados. 
Aquí, Tolstoi expresa interesantes reflexiones: ¿Cómo algunos seres humanos que no son mucho mejores, llenos de defectos y pecados, se erigen en el derecho de castigar a otros y llevarlos a prisión? Para el autor (y para Nejliúdov), la prisión no sólo no sirve para rehabilitar a los condenados sino que además los corrompen y pervierten, transformándolos en peores personas.
De igual modo, a través de la figura del Príncipe Nejliúdov se nos describe un retrato bastante completo y fidedigno, no falto de acidez, sobre el modo de vida de la aristocracia y la alta burguesía de la Rusia Zarista. Conforme éste se va haciendo consciente del cuál es la realidad social de su país, Nejliúdov se sentirá un desclasado, un sujeto que no se siente identificado con los usos y costumbres de su clase social, rituales en los que antes participaba sin rubor y con los que comulgaba perfectamente y se sentía cómodo y feliz; otro punto de contacto con Tolstoi que por aquel entonces vivía como un ermitaño. Incluso, llegó a abandonar a su familia para iniciar una peregrinación a ninguna parte, durante la cuál enfermó y falleció al llegar a una estación ferroviaria.

Otro punto de contacto entre Nejliúdov y Tolstoi reside en su idea de que la tierra no debía de pertenecer a un único propietario o terrateniente sino que debía de ser de todos. En el bloque central de la novela Nejliúdov decide repartir sus tierras entre los campesinos que trabajan para él, decisión que no es entendida demasiado bien por estos y que no termina de ser resuelta satisfactoriamente al final de la novela, quizá porque todos los proyectos iniciados por el autor en ese sentido fracasaron. Tolstoi también quiso repartir sus propiedades entre sus siervos pero esta idea no contó con la aprobación de su esposa y no pudo llevarse a cabo. Sin embargo, el autor se hacia su propio calzado y araba la tierra para extraer de ella sus alimentos.

Por lo tanto, "Resurrección" significa una suerte de reunión del pensamiento de Tolstoi; testamento ideológico en el que expresar sus conclusiones sobre la vida y de cómo se podrían solucionar todos los problemas de la Humanidad si todos nos pusiéramos de acuerdo en amar y respetar al prójimo y se pusiera en práctica la doctrina del Amor de Cristo. Quizá estas conclusiones nos pueden parecer algo cándidas, ingenuas o poco probables- lejos estaba Tolstoi de imaginar por aquel entonces los acontecimientos futuros que iban a convulsionar a su país pocos años después tras el derrocamiento de los Zares y la instauración del comunismo– pero lo cierto es que resultan sorprendentes formuladas por un anciano de más de ochenta años ya que se nos muestran exentas de pesimismo o desesperanza y llenas de fuerza, convicción y solidez. Y en eso radica, pienso yo, la emoción que me trasmite este texto, tan denso como inolvidable.
¿Es posible enmendar las faltas cometidas a lo largo de la vida? ¿Cabe la posibilidad de remontar el pasado y corregir acciones que causaron la desgracia de otros? ¿Hay esperanza de resurrección en un mundo donde el mal está presente muchas veces más a consecuencia de la dejadez y de la ignorancia que de la iniquidad? 
Todas y cada una de esas preguntas han recibido respuestas diversas a lo largo de la Historia. Tolstoi, en su última novela, Resurrección, quiso dar una contestación de limpia esperanza asentada en la enseñanza de los Evangelios. 

No sólo predicaba Tolstoi sino que daba trigo porque también decidió donar los derechos de autor a unos objetores de conciencia rusos que pensaban emigrar a América. Es cierto que la mujer del escritor puso el grito en el cielo ante esa conducta, pero no parece que a Tolstoi –que había repartido previamente sus tierras entre los campesinos– le importara gran cosa. Desde luego, ninguna de esas circunstancias domésticas empaña el contenido de una de las mejores novelas tolstoianas. A decir verdad, podría decirse que Resurrección es ya la quintaesencia del pensamiento del gran autor. Lo que en Ana Karénina era mera intuición, lo que se fue desvelando en cuentos como "El padre Sergio" o en alguna de sus obras filosóficas que no se han editado en castellano quizá porque eran demasiado espirituales aparece recogido en Resurrección, en apariencia, la historia de un error judicial y, en la práctica, una de las reflexiones más lucidas que se han escrito sobre la naturaleza humana y el camino de la redención. De manera bien significativa y, a pesar de su claro contenido evangélico, la novela no fue prohibida en la URSS porque estaba más que consagrada como clásico literario. Incluso se realizó algunas versión cinematográfica. Merece, desde luego, la pena leer "Resurrección" de la que si no me falla la memoria se realizó una adaptación televisiva que pueden encontrar en la página web de RTVE

Leí Resurrección siendo un adolescente –he vuelto a la novela en diversas ocasiones– y me marcó profundamente, tanto que podría decir que durante años fui un convencido tolstoiano cuando los seguidores del escritor ya habían desaparecido de Rusia por efecto del triunfo bolchevique. Sin duda, es lo que tienen las obras maestras y es que influyen en nosotros incluso cuando hace mucho que los que las redactaron duermen a la espera de la otra resurrección, la de la carne.