EL Rincón de Yanka: 📘 LIBRO Y PELÍCULA "RESURRECCIÓN" DE LEÓN TOLSTOI

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jueves, 27 de junio de 2019

📘 LIBRO Y PELÍCULA "RESURRECCIÓN" DE LEÓN TOLSTOI




«En la cumbre y al final, como una catedral con dos torres que simbolizan, una, el amor eterno y la otra, el odio hacia la alta sociedad se yergue Resurrección»
«Resurrección no deja de ser uno de los más bellos poemas de compasión humana –tal vez el más verídico-. Más que en cualquier otra, en esta obra veo los ojos claros de Tolstói, esos penetrantes ojos de un color gris pálido, “esa mirada que va directa al alma”» (Romain Rolland, Vida de Tolstói )

Rezuma a lo largo de la novela el deseo de un mundo nuevo, aspiración que era común al escritor y al protagonista: « Sí, he aquí un mundo absolutamente nuevo[…]. ¡He ahí, el nuevo gran mundo!». Algunas de las esperanzas que Tolstói muestra aparecen como emparentadas con unos toques milenaristas y hasta apocalípticos, que resultan absolutamente creíbles si en cuenta se tiene la época en la que escribía, impulsos que, por otra parte, posteriormente fueron bastante comunes entre diferentes artistas y escritores ( véanse los tonos lírico de cierto Mayakovski, o de Platonov) anunciando una era nueva en la que los verdaderos criminales, que dominaban los tribunales y la administración fuesen considerados como tal, y en primer lugar el principal responsable el Estado, crítica que se amplía a la religión en donde todo es traición, hipocresía, parodia e impostura. La fe en el porvenir tolstóiana queda patente en la capacidad de resucitar de la sociedad, encarnada en la historia de Katiusha y Nejliudov, y los pasos que dan en medio de la máquina infernal administrativa, jurídica y carcelaria…siempre con el principio esperanza, del que hablase Ernst Bloch.

La capacidad del escritor ruso era la renovarse en cada fase de su existencia, embarcado en una permanente aventura intelectual, en la que el descontento con el status quo le conducía a tratar de superar los límites, yendo más allá en todas las esferas del quehacer humano ( arte, literatura, música, sexo, …) y chapoteando con gozo en lo políticamente incorrecto. Precisamente de cara a conocer el ideario del escritor, "La revolución interior", en donde se podrá penetrar y ahondar en los mandamientos de ese pensador radical que dijese Stefan Zweig (últimas palabras de la novela):

"«El primer mandamiento consiste en que el hombre no debe matar, irritarse ni despreciar a sus hermanos; si se enojare ha de reconciliarse con su adversario antes de ofrecer un sacrificio a Dios, es decir, antes de rezar. El segundo mandamiento dice que el hombre no debe cometer adulterios ni codiciar a una mujer por su belleza, y una vez casado ha de permanecer fiel. El tercer mandamiento, que el hombre no debe prometer nada por medio del juramento. El cuarto mandamiento, que el hombre no debe pagar ojo por ojo, sino ofrecer la otra mejilla cuando le hieren la diestra; debe perdonar las ofensas, soportarlas con resignación y no negar nada de lo que le pidan sus semejantes. El quinto mandamiento, que el hombre no debe odiar a sus enemigos ni luchar contra ellos, sino amarlos, ayudarles y servirles».

No solamente creía que, siguiendo esos mandamientos, los hombres deben alcanzar la mayor felicidad posible, sino que, además, tenía conciencia de que cualquier hombre no tiene otra cosa que hacer que seguirlos, porque en ellos reside el único sentido razonable de la vida, y apartarse de ellos es una falta que reclama inmediatamente el castigo. Esto resultaba de lá doctrina entera, pero había sido expresado sobre todo, con una claridad y una fuerza particulares, en la parábola de los viñadores. Los viñadores se habían imaginado que el huerto adonde se les envió a fin de trabajar alli para su dueño era propiedad de ellos; que todo to que alli se encontraba era de ellos solos; que toda su obra consistía en gozar allí de la existencia, olvidando al dueño, matando a los que se to recordaban y liberándose de todo deber para con él. «Es lo que hacemos también nosotros - pensaba Nejludov -. Vivimos en esta seguridad insensata de que somos nosotros mismos los dueños de nuestra vida y que nos es dada únicamente para gozar de ella. Sin embargo, eso es un evidente desatino. Si somos enviados aquí, es gracias a una voluntad cualquiera y con un fin fijado. Nos imaginamos que vivimos para nuestra propia alegría, y si nos encontramos mal es porque, como los viñadores, no cumplimos la voluntad del dueño. Ahora bien, la voluntad del dueño está expresada en estos mandamientos. Que los hombres sigan solamente esta doctrina, y el reino de Dios se establecerá sobre la tierra, y los hombres podrán adquirir la mayor felicidad que les es accesible.» «Buscar el reino de Dios y su verdad, y el resto os será dado por añadidura.» 

«Pero nosotros buscamos el resto y no lo encontramos».
«¡He aquí, pues, la obra de mi vida! ¡Una acaba, la otra comienza!»
Desde aquella noche empezó para Nejludov una vida nueva y no tanto desde el punto de vista de las condiciones de vida diferentes con que se rodeó, sino porque todo lo que le ocurriría en lo sucesivo tendría para él una significación muy distinta que en el pasado.
El porvenir mostrará cómo acabará este nuevo período de su vida»".
FIN


Resulta increíble que Tolstoi diera forma definitiva a Resurrección siendo un anciano de más de ochenta años ya que demuestra una claridad de ideas que ya la quisiéramos muchos cuarentones. La trama de la historia sirve como vehículo a través del cuál expresar y trasmitir su visión personal sobre la penosa situación política, religiosa y social de la Rusia Zarista, que a punto estaba de dar sus últimos coletazos, y que se manifestaba en un gran número de injusticias y situaciones miserables en las que el pueblo ruso llevaba todas las de de perder y sus mandatarios todas las de ganar. Sin embargo, Tolstoi no se limita a denunciar los males de su país sino que además propone soluciones utópicas e idealistas en las que están presentes siempre las enseñanzas de Jesucristo tal como aparecen reflejadas en los evangelios. Para ello, el autor utiliza la figura del príncipe Nejliúdov que a lo largo de la trama funciona como su perfecto alter-ego, adoptando en todo momento el rol de transmisor de sus ideas.

Como su propio nombre indica "Resurrección" es la historia de una redención, la que experimenta el príncipe Nejliúdov, el cuál se siente culpable de la lamentable situación que padece Katia Máslova. La joven ha sido encarcelada injustamente, acusada de un crimen que no ha cometido. En su juventud, Nejliúdov sedujo y abandonó a Katia y él se siente responsable de su desgraciado sino así como de su encarcelamiento, ya que ha sido acusada por un error burocrático del jurado popular del cuál formó parte el propio Nejliúdov. Por ese motivo, el príncipe se siente en la obligación de librarla de la cárcel y está dispuesto incluso a casarse con ella. No voy a desvelar más detalles del argumento pero sirva esta breve sinopsis para explicar como a partir de un argumento más propio de un melodrama de época, Tolstoi hace un repaso de la penosa situación de la Justicia y del resto de administraciones públicas soviéticas formada por un funcionariado apático e insensible que no duda en encarcelar a ciudadanos injustamente o por error. De igual modo, realiza una descripción bastante detallada y descorazonadora de la inhumana existencia de los encarcelados en prisión, especialmente de las mujeres, así como de la penosa situación de los que eran trasladados a Siberia, condenados a trabajos forzados. 
Aquí, Tolstoi expresa interesantes reflexiones: ¿Cómo algunos seres humanos que no son mucho mejores, llenos de defectos y pecados, se erigen en el derecho de castigar a otros y llevarlos a prisión? Para el autor (y para Nejliúdov), la prisión no sólo no sirve para rehabilitar a los condenados sino que además los corrompen y pervierten, transformándolos en peores personas.
De igual modo, a través de la figura del Príncipe Nejliúdov se nos describe un retrato bastante completo y fidedigno, no falto de acidez, sobre el modo de vida de la aristocracia y la alta burguesía de la Rusia Zarista. Conforme éste se va haciendo consciente del cuál es la realidad social de su país, Nejliúdov se sentirá un desclasado, un sujeto que no se siente identificado con los usos y costumbres de su clase social, rituales en los que antes participaba sin rubor y con los que comulgaba perfectamente y se sentía cómodo y feliz; otro punto de contacto con Tolstoi que por aquel entonces vivía como un ermitaño. Incluso, llegó a abandonar a su familia para iniciar una peregrinación a ninguna parte, durante la cuál enfermó y falleció al llegar a una estación ferroviaria.

Otro punto de contacto entre Nejliúdov y Tolstoi reside en su idea de que la tierra no debía de pertenecer a un único propietario o terrateniente sino que debía de ser de todos. En el bloque central de la novela Nejliúdov decide repartir sus tierras entre los campesinos que trabajan para él, decisión que no es entendida demasiado bien por estos y que no termina de ser resuelta satisfactoriamente al final de la novela, quizá porque todos los proyectos iniciados por el autor en ese sentido fracasaron. Tolstoi también quiso repartir sus propiedades entre sus siervos pero esta idea no contó con la aprobación de su esposa y no pudo llevarse a cabo. Sin embargo, el autor se hacia su propio calzado y araba la tierra para extraer de ella sus alimentos.

Por lo tanto, "Resurrección" significa una suerte de reunión del pensamiento de Tolstoi; testamento ideológico en el que expresar sus conclusiones sobre la vida y de cómo se podrían solucionar todos los problemas de la Humanidad si todos nos pusiéramos de acuerdo en amar y respetar al prójimo y se pusiera en práctica la doctrina del Amor de Cristo. Quizá estas conclusiones nos pueden parecer algo cándidas, ingenuas o poco probables- lejos estaba Tolstoi de imaginar por aquel entonces los acontecimientos futuros que iban a convulsionar a su país pocos años después tras el derrocamiento de los Zares y la instauración del comunismo– pero lo cierto es que resultan sorprendentes formuladas por un anciano de más de ochenta años ya que se nos muestran exentas de pesimismo o desesperanza y llenas de fuerza, convicción y solidez. Y en eso radica, pienso yo, la emoción que me trasmite este texto, tan denso como inolvidable.
¿Es posible enmendar las faltas cometidas a lo largo de la vida? ¿Cabe la posibilidad de remontar el pasado y corregir acciones que causaron la desgracia de otros? ¿Hay esperanza de resurrección en un mundo donde el mal está presente muchas veces más a consecuencia de la dejadez y de la ignorancia que de la iniquidad? 
Todas y cada una de esas preguntas han recibido respuestas diversas a lo largo de la Historia. Tolstoi, en su última novela, Resurrección, quiso dar una contestación de limpia esperanza asentada en la enseñanza de los Evangelios. 

No sólo predicaba Tolstoi sino que daba trigo porque también decidió donar los derechos de autor a unos objetores de conciencia rusos que pensaban emigrar a América. Es cierto que la mujer del escritor puso el grito en el cielo ante esa conducta, pero no parece que a Tolstoi –que había repartido previamente sus tierras entre los campesinos– le importara gran cosa. Desde luego, ninguna de esas circunstancias domésticas empaña el contenido de una de las mejores novelas tolstoianas. A decir verdad, podría decirse que Resurrección es ya la quintaesencia del pensamiento del gran autor. Lo que en Ana Karénina era mera intuición, lo que se fue desvelando en cuentos como "El padre Sergio" o en alguna de sus obras filosóficas que no se han editado en castellano quizá porque eran demasiado espirituales aparece recogido en Resurrección, en apariencia, la historia de un error judicial y, en la práctica, una de las reflexiones más lucidas que se han escrito sobre la naturaleza humana y el camino de la redención. De manera bien significativa y, a pesar de su claro contenido evangélico, la novela no fue prohibida en la URSS porque estaba más que consagrada como clásico literario. Incluso se realizó algunas versión cinematográfica. Merece, desde luego, la pena leer "Resurrección" de la que si no me falla la memoria se realizó una adaptación televisiva que pueden encontrar en la página web de RTVE

Leí Resurrección siendo un adolescente –he vuelto a la novela en diversas ocasiones– y me marcó profundamente, tanto que podría decir que durante años fui un convencido tolstoiano cuando los seguidores del escritor ya habían desaparecido de Rusia por efecto del triunfo bolchevique. Sin duda, es lo que tienen las obras maestras y es que influyen en nosotros incluso cuando hace mucho que los que las redactaron duermen a la espera de la otra resurrección, la de la carne.