EL Rincón de Yanka: TESTIGO

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jueves, 3 de septiembre de 2026

EL P. JAMES MANJACKAL RECIBIÓ LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO Y TODO CAMBIÓ EN SU VIDA


Un cura indio explica cómo pasó 
de mediocre y acomodado 
a evangelizar con pasión


Recibió la efusión del Espíritu Santo y todo cambió en su vida. Dios le curó una grave enfermedad y él, extremadamente tímido, se convirtió en un predicador.

El P. James Manjackal es un sacerdote indio que, como tantos otros cristianos –también les ocurre a ellos-, era poco fervoroso, acostumbrado a lo justo y, de alguna forma, acomodaticio; nada afecto a creer en las conversiones repentinas y en la acción del Espíritu Santo en la vida de los hombres.
Una persona, en fin, instalada en la mediocridad. Sin embargo, un día se le cruzó Dios en el camino y hoy es un predicador lleno del Espíritu Santo, sacerdote a tiempo completo, misionero no sólo en su tierra natal y en Occidente, sino incluso en lugares a donde pocos se atreven a ir: a los países de mayoría musulmana como los de la península de Arabia.

Retiros de milagros y conversiones
En sus retiros, en donde se reúnen miles de personas, se dan auténticas conversiones y curaciones físicas y psíquicas. Quienes acuden a ellos explican su fervor y su hondura a la hora de celebrar la Eucaristía, la fuerza de su predicación, su pasión por Cristo… El P. James narra su testimonio de conversión, o mejor dicho de efusión del Espíritu Santo.

Testimonio personal de conversión
El P. James nació en una familia católica, como la mayoría de Kerala. Ingresó en la congregación de los Misioneros de San Francisco de Sales y se ordenó sacerdote en 1946.

Persona tímida e introvertida
Sus primeros destinos pastorales fueron las misiones en Visakhapatnam y después, por fin para él, fue nombrado profesor en el seminario de Kerala. Este destino fue una meta largamente anhelada, pues la pastoral de parroquia no estaba hecha para él. La razón es que desde pequeño fue una persona tímida e introvertida.
Sufrió por parte de sus compañeros lo que hoy llamaríamos “bulling”, haciendo de él una persona más bien intelectual y poco dada a las relaciones sociales. Su timidez era tan grande que incluso en la homilía de su Primera Misa no fue capaz de decir más que “mis queridos hijos, mis queridos hijos…”.

Promoción personal y seguridad…
A su carácter se le sumaron sus no siempre honestas inquietudes personales: “Cuando era un estudiante en el seminario, mi deseo más sincero era el ser profesor en la universidad o en el seminario. Una posición cómoda y honorable en la vida sacerdotal. Yo no me podía imaginar yendo como un vagabundo de lugar en lugar, confrontando diferentes situaciones, gente, cultura y comidas –explica el sacerdote indio-. Dentro de mí, buscaba comodidades materiales y la seguridad de una vida feliz”.
En pocas palabras, el destino del seminario era la meta perfecta para un hombre como él.

… pero algo cambió en un retiro

En esas fechas, más por curiosidad que por otro motivo, el P. James fue a un retiro carismático. Le gustó la predicación y los cantos. Poco más.
Sin embargo hubo algo que le suscitó especial interés: en una de las actividades, denominada “efusión del Espíritu”, el sacerdote responsable del retiro imponía las manos a los asistentes. Cuando llegó su turno, el predicador le dijo: “James, vas a ser un predicador carismático”. Al escuchar esto se rió, ¿cómo iba a ser un predicador carismático si en su vida jamás había sido capaz de pronunciar un discurso?

Una enfermedad llega a su vida

Pero ya sabemos que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Y sí, efectivamente, Dios tenía sus medios para conseguir lo que buscaba. El medio o la ocasión llegó al acabar el retiro, y, como también suele ser habitual, por medio de una enfermedad.
El padre fue pasando de médico en médico y de hospital en hospital, hasta que finalmente fue diagnosticado, entre otras afecciones, de tuberculosis en los riñones. Su vida corría serio peligro.
Estando en el hospital se presentó un joven en su habitación. Le explicó que hacía poco que se había convertido a la fe católica, que el Espíritu Santo le había dado varios dones y que, yendo en autobús, el Espíritu le había indicado que debía acercarse al hospital para imponerle las manos y curarle.

Un desconocido ora por él y lee su alma
Antes que el P. James pudiera reaccionar, el joven ya estaba manos a la obra orando en voz alta por la sanación del sacerdote. Oró al Padre, oró a Jesucristo, oró en lenguas… Oró por su enfermedad y oró recordando episodios de su vida pasada –su infancia, cuando perdió a su padre, cuando era rechazado por sus compañeros…

– ¡Oh, Señor! Este sacerdote es un buen sacerdote, pero no es capaz de predicar tu Evangelio porque es muy tímido debido a su complejo de inferioridad, el cual desarrolló al principio de su niñez. Perdió a su padre cuando tenía siete años, Señor. Se sintió rechazado y discriminado entre los otros cinco niños con los que creció. La madre, joven y viuda, tuvo cantidad de problemas para sacar a sus hijos adelante.

Como él era muy gordo, sus hermanos y hermanas lo molestaban llamándole “gordito”. Los compañeros de colegio lo llamaban “negrito” por el color de su piel. Por esto, en su temprana infancia, este niño ha sido muy herido. Tiene mucho resentimiento en su corazón.
Señor, Espíritu Santo, cura sus heridas internas y resentimientos y dale un nuevo yo interior. Libéralo de todas sus esclavitudes y del poder de la oscuridad. ¡Oh, Espíritu Santo! llena su corazón con tu amor…

«Todo eso era verdad»
En esos momentos de auténtica sorpresa y vértigo, el P. James comenzaba a resquebrajarse por dentro:

“Todo lo que decía de mi vida era verdad. Sabía que todo lo que había dicho en oración no estaba en el historial del hospital. Él estaba leyendo un historial diferente, el del Espíritu Santo. Derramé lágrimas sobre mi orgullo, especialmente sobre mi orgullo intelectual –explica el P. James-. Me di cuenta de que este muchacho joven, un recién convertido, había nacido en el Espíritu, mientras que yo, un católico tradicional, un sacerdote ordenado, permanecía en la carne”.

El Señor lo sana
En esos momentos, además, sintió una sensación de calor en el estómago y en los riñones. ¿Le estaría curando el Señor? Con todo, su mente estaba en otro lugar: ¿y si el joven comienza a revelar en voz alta sus pecados más escondidos? Todo llega:

– Jesús, tú eres quien lo llamó al sacerdocio, pero él está ofreciendo Misas con un corazón impuro y con manos impuras. Este sacerdote está teniendo mucha falta de perdón hacia muchos, dale la gracia de perdonar al prójimo y lávalo en tu preciosa sangre y dale un corazón más blanco que la nieve.

Llamar entre lágrimas al Señor
“Para entonces –explica el P. James- el mismo Espíritu Santo comenzó a acusarme de mis pecados. Yo no sabía que el muchacho había salido de la habitación para orar sobre otros. Vi una página blanca de papel enfrente de mí en la que estaban escritos claramente todos mis pecados, pecados que fueron confesados, y algunas veces escondidos en las confesiones debido al temor o vergüenza. Vi claramente a las personas a las cuales no había perdonado y con las que todavía no me había reconciliado en mi corazón».

Entre lágrimas dije: «Señor, no puedo liberarme de estos malos hábitos, yo soy incapaz. No puedo continuar, no puedo ser un sacerdote puro. Entre lágrimas empecé a llamar a gritos al Señor, a lo mejor era la primera vez que yo oraba llorando. Estaba en una absoluta confusión, no sabía si debía dejar el sacerdocio o continuar. El Espíritu me decía que si continuaba debía ser un sacerdote santo, una persona diferente».

«Pensé que las Misas ofrecidas en el pasado no habían sido aceptadas por el Padre en el Cielo y que ninguna de mis oraciones había sido escuchada por el Señor. Cuando fuese al Altar debería haber perdonado y reconciliado. Debería haber perdonado a los otros para que mis oraciones pudieran ser efectivas. ¡Pensé que era un ser miserable, completamente perdido!”

Y Cristo le dice…
En esos momentos, Jesucristo le habló claramente: James, tú eres mi sacerdote desde siempre. Incluso cuando Yo fui concebido en el vientre de mi Madre, tú estabas ahí como un sacerdote compartiendo mi Sacerdocio eterno. Yo te perdono todos tus pecados y te hago completamente nuevo.

El médico confirmó que estaba curado
Volvió en sí cuando una enfermera le llamó por su nombre. Le traía las medicinas, pero las rechazó porque se sentía curado. El doctor también insistió, pero al ver los evidentes cambios –podía levantarse, estaba con fuerzas, dormía sin somníferos…- decidió repetir todas las pruebas. Éstas fueron concluyentes.
El doctor “me llamó a su despacho y me enseñó los antiguos y los nuevos resultados de las pruebas clínicas, y me confirmó que mi riñón estaba completamente curado, que podía dejar de tomar las medicinas y que estaba dado de alta del hospital. Yo no sé cómo explicar la alegría que sentí en ese momento. Dije ‘alabado sea el Señor’, abracé al doctor y abandoné el hospital”.

Comienza como predicador carismático
La experiencia vivida en el hospital fue un romper aguas, un antes y un después en su vida. Tal y como le habían anunciado en el retiro sería a partir de ahora un predicador carismático. Renunció a su trabajo, incluso a la oferta que le hicieron sus superiores de los Misioneros de San Francisco de Sales, su congregación, de ir al extranjero a estudiar un doctorado.
Las rechazó porque el Espíritu Santo le dijo claramente: “Yo soy suficiente para ti”. El recién bautizado en el Espíritu Santo cambió de vida: de tímido y acomodado profesor pasó a ser predicador y apóstol de Jesucristo. Incansable y constante.

Una casa de retiros para miles de personas
Fundó la Charis Bhavan, en su Kerala natal, una casa para retiros que se ha convertido en un lugar de encuentro con Dios para miles de personas. Con programas de ayuda para resolver o, en última instancia, sobrellevar los problemas sociales, económicos, psicológicos, domésticos y espirituales.
Pero el P. James hace tiempo que decidió cruzar fronteras y se ha convertido en un predicador incansable por Sudamérica y USA, por Bosnia, Croacia, España, Francia, Suiza y centro Europa, por Asia e, incluso, en algunos países islámicos de la península arábiga.
Ha publicado libros, poemas, artículos y canciones que circulan por millares y han sido traducidos a innumerables idiomas. Entre sus libros se encuentran: "27 oraciones carismáticas", "Entra en el Arca" y "Eureka". Y entre sus artículos destacan algunos relativos a la incompatibilidad entre el Yoga y la fe cristiana.

Apóstol en toda ocasión

Quienes asisten a sus retiros son testigos de primera mano de la acción del Espíritu Santo sobre sus vidas, pero quienes se encuentran con él por el camino de la vida también son testigos de ese soplo divino.
En cierta ocasión, estando en el aeropuerto de Bombay esperando a subir al avión, había un joven europeo vestido como un hindú, de color azafrán y con ceniza en su frente, discutiendo con la policía. La razón era relativamente obvia: el joven pretendía subir al avión con sus dioses encima, es decir, con un ratón y una serpiente enroscada al cuello, que por supuesto estaban vivos. Ni que decir tiene que el joven estaba cargado de razones para hacerlo:

– Estos son mis dioses recibidos en la India y vosotros policías indios, ¿no me permitís ir con ellos?, les preguntaba a los agentes de aduanas.
Mientras los policías resolvían esta cuestión relativa a la fe y a las leyes, la gente comenzaba a desesperarse y a gritar. Allí se encontraba también el P. James, quien se puso a rezar por aquel joven tan despistado en cuestiones de fe. Movido por el Espíritu Santo, actuó:

– José, ¿no eres un católico alemán? ¿No estarás queriendo tomar a estas criaturas como tus dioses?, le preguntó mientras ponía la mano sobre su hombro.
– ¿Quién le ha dicho que me llamo José y que soy católico alemán?, le respondió con sorpresa. Sacando un crucifijo le explicó el sacerdote:
– Él es mi Dios, que me revela estas cosas por medio del Espíritu Santo.

Con lágrimas en los ojos le preguntó si estaba dispuesto a hablarle más sobre Jesús y el Espíritu Santo. Dijo que sí, pero le puso como condición que renunciase a aquellos animales. Él, como un niño, obedeció y tiró el ratón y la serpiente al cubo de la basura.
Durante el vuelo, el padre le explicó a José muchas cosas sobre Jesús y el Espíritu Santo. Él era un católico que había abandonado la fe para ir tras las mujeres, las drogas y el alcohol, y que había adoptado el hinduismo como forma de vida. Confesó que todo eso no había dado sentido a su vida y que le faltaba algo.
Terminó por confesarse y recibir la Comunión en una Misa que el P. James celebró en el hotel de Ryad, en Arabia Saudita. El joven estaba feliz y con lágrimas le dijo: Ahora mi sed y mi hambre de Dios han sido colmados con Jesús en la Comunión.

El P. James comenta, a raíz de este caso, que el sacerdote recibe muchas alegrías al perdonar los pecados de quienes estaban alejados de Dios: “Habría valido la pena haber nacido y haber sido sacerdote para confesar a este hombre pecador y después haber muerto al ver su alegría y su paz. ¡Vale la pena morir para dar vida!”.

PADRE JAMES MANJACKAL ✝️ 7 AÑOS de GRAN TRIBULACION 🌍 2026-2033

«Es hora de que Europa despierte y regrese al Señor Jesús, el único refugio y ayuda. Deben saber que hasta hace poco estos eran países católicos y cristianos. Ahora, en estos dos países, ni siquiera el 4% de la población asiste a la misa dominical, y este es el requisito mínimo para la identidad cristiana. Hay muchos niños sin bautizar, un gran número de hombres y mujeres conviven fuera del matrimonio, pocas personas se confiesan o reciben otros sacramentos, ¡y la oración familiar es inexistente! Es cierto lo que dijo el profeta Jeremías: 
“Han abandonado a Dios, la fuente de la vida”. ¡El divorcio, las uniones entre personas del mismo sexo, el aborto, la eutanasia y toda otra forma de inmoralidad están legalizadas en estos países! ¡Son como Sodoma y Gomorra! Entre sus habitantes no hay temor ni de Dios ni de los hombres. Ciertamente, el Señor no está complacido con estos ni con otros países similares. Creo que el castigo y la retribución de Dios se acercan», son las palabras del padre James Manjackal.

Ahora es el momento para que quienes ostentan el poder, y toda la población de estos países, vuelvan sus ojos al Señor y comiencen a invocar su nombre; porque todo aquel que invoca el nombre de Dios será salvo. Es tiempo de arrepentirse, cambiar de conducta y decidir vivir conforme a la voluntad de Dios. El Señor dice: «Vuelvan a mí y yo volveré a ustedes». Nuestro Dios, Jesús, es misericordioso y bondadoso. Cuando, tras el llamado de Noé, los ninivitas se arrepintieron, Dios se arrepintió y cambió su plan de destruirlos. Es tiempo de que la Europa cristiana despierte y regrese a las raíces de su vida y cultura, que son Cristo y el cristianismo. Necesita renunciar a la frialdad, la tibieza y la indiferencia hacia Cristo y la Iglesia, quienes son los únicos que tienen las respuestas y soluciones a los problemas de hoy. Si Europa reconoce su fe en Cristo vencedor, Él estará con los europeos y acabará con sus enemigos actuales, advierte el padre James Manjackal.

También es hora de que los líderes políticos de Europa se unan en Cristo para luchar contra el enemigo. Es lamentable que Europa esté dividida; el enemigo se aprovecha de estas divisiones. Ruego que Europa se una en la fe en Cristo y en la Iglesia, y que crezca en paz y prosperidad. Deseo y ruego que todos los cristianos europeos lleguen a conocer el poder de Cristo, su Salvador y Señor. Que María, Madre de Cristo y Reina de Europa, interceda por la salvación de Europa, dijo el Padre James Manjackal al mundo.

sábado, 22 de agosto de 2026

PELÍCULA "LA GUERRA DE DIOS" (1953), DEL DIRECTOR RAFAEL GIL CON GUION DE VICENTE ESCRIVÁ

 

LA  GUERRA  DE   DIOS,  1953

Esta es la película más galardonada de uno de los cineastas españoles más importantes de la época, Rafael Gil (1913-1986 ) y ganadora además en el Festival de San Sebastián. La película se rodó en lugares como Rivas, Torre del Bierzo y el seminario de Salamanca, para la banda sonora se contrata nade menos que a Joaquín Rodrigo, el gran compositor, autor del célebre Concierto de Aranjuez, lo que da idea de la ambición, el cuidado y el alto nivel artístico que se procuró para la obra.

Rafael Gil se adentra en el mundo interior y en la vida pastoral de un sacerdote que ha de ejercer su ministerio en un pueblo minero, donde muchos hombres se han apartado de la fe. El cura de “La guerra de Dios“ es un hombre joven, lleno de pasión, de ímpetu e ilusión que ha de enfrentarse a una realidad complicada que sobrepasa con creces lo que le fue enseñado en el seminario. Su fe se pone a prueba, pero es sólida, resiste, soporta el sacrificio, perdona las ofensas, y sobre todo se pone al servicio de los pobres.
La descripción de la mina es dura y sombría y se inspira en dos grandes clásicos como "La Ciudadela" de King Vidor y "Qué verde era mi valle", de John Ford. Los tonos oscuros, la aspereza de los comportamientos, el odio y el recelo de las gentes, todo se expresa de forma admirable, resultando aún más dramático cuando, en las escasas escenas luminosas de la película, se enfrentan a la belleza tranquila de un paisaje ajeno a los odios humanos.

El personaje del sacerdote es clave en la película y Gil no dudó en contratar a Claude Laydu, actor francés que acababa de interpretar un personaje similar de cura atormentado, solitario y místico en la famosa “Diario de un cura de rural“, de Robert Bresson (NOVELA DE GEORGES BERNANOS). Claude Laydu borda su personaje aportando en todo momento la pureza, la voluntad y la inspiración necesarias. Junto a Laydu destaca Fernando Sancho, actor de carácter que llegó a trabajar en casi doscientas películas y que se convertiría en habitual en los repartos del director. Un joven Francisco Rabal y unos ajustados José Marco Davó, Gerard Tichy, Alberto Romea y Julia Caba Alba completan el elenco.
En definitiva, una estupenda película que se contempla hoy con el mismo interés que en su época y que nos demuestra que en aquellos años también se hacían buenas películas en España

AL TEMPLE HEROICO DE NUESTRAS JUVENTUDES QUE LUCHARON 
POR HACER POSIBLE LA HERMANDAD SOCIAL DE LOS HOMBRES DE ESPAÑA, 
VA DEDICADA ESTA PELÍCULA

"Conviene que exista una virtud superior 
que ordene todas las virtudes al bien común y ésta es la justicia". 
Santo Tomás de Aquino

Magnífica película dirigida de manera impecable por Rafael Gil. Como no pertenece al "Trío de la B" (Buñuel, Bardem, Berlanga) el espectador de hoy no tendrá ni puñetera idea de quién es. Además, ya se encargarán los críticos 'de verdad' de ningunearlo y de tildar su cine -con sonrisa estúpida y compasiva- de religioso y patriótico. Por favor, hágame caso mi querido espectador, manténgase firme y vea sin prejuicios esta estupenda película.

Rafael Gil da una lección de cine digna de los más grandes directores americanos de los 30, 40 y 50 (los mejores, por si alguien no lo sabe) manejando con habilidad y, seguramente con muchísimo trabajo, los sutiles engranajes que pueden hacer del cine, no el séptimo arte, sino incluso el primero. Estos son: un buen guion que potencia con bellísimas imágenes, una puesta en escena y ambientación absolutamente admirables, una fotografía en blanco y negro que ensamblada con la banda sonora nos golpea en la retina por su sordidez y desesperación y, por si esto fuera poco, una espléndida dirección de actores culminada con otra lección magistral en la dirección de los niños.

Por si esto no fuera suficiente Gil nos presenta a Andrés, el cura, como un Don Quijote enfrentado a caciques y mineros, aparentemente débil y al que todos desprecian. Gracias a esto y a la suave y contenida interpretación de Claude Laydu, ya empezamos a quererlo. Es Andrés lo que un hombre debería ser: valiente con los déspotas y los violentos, y tierno con los débiles e indefensos. Expone su vida tantas veces haga falta y su fe es inquebrantable (atrapado en la mina contesta con naturalidad "No, no todo se termina aquí abajo"). Y verlo correr de vuelta al pueblo, igual que un niño corre para abrazar a su padre y a su madre, es toda una delicia. "Caray" pensamos "ese es un gran tipo".

Como curiosidad señalar que Claude Laydu había interpretado tres años antes a otro sacerdote rural en la aclamadísima "Diario de un cura de campo". Película ésta que es un tostón de mucho cuidado. Pero como la dirigió un francés de nombre Robert Bresson, los críticos 'de verdad' dicen que es una obra maestra. Pues véanla y comparen. Si tienen arrestos claro.


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jueves, 20 de agosto de 2026

PELÍCULA "CON TODO EL CORAZÓN", 1952, MÉXICO 💕 y "LA DINASTÍA SOLER" y "EL CURA LORENZO": LA HISTORIA DEL CLUB DE FÚTBOL SAN LORENZO DE ALMAGRO

 CON  TODO  EL  CORAZÓN,  1952

Por motivos de salud el cura José debe dejar el orfanato que dirige en la Sierra Tarahumara y se va a vivir a su pueblo, donde su difunto hermano Luis le ha dejado como herencia un terreno. José se hace cargo de un niño huérfano a quien el presidente municipal y amigo del cura, quería meter a la cárcel por haberse robado un pan. El niño y el señor cura remodelan el viejo terreno que el cura ha heredado para convertirlo en en orfelinato, pero un cacique del pueblo quiere comprar el terreno para convertirlo en fábrica de deshilados, la cual ha estado contaminando el aire y el agua de la región por mucho tiempo. El cura se opone y tratará de frenar sus actividades para que la gente del pueblo pueda vivir en paz.

Película con el encanto y la impronta de la religión cristiano-católica concretizada en el México de la primera mitad del siglo XX. El guion nos descubre a un presbítero enfermo, muy paciente y tranquilo, que se retira a un lugar abandonado, herencia de un familiar; allí, siempre confiando en la Divina Providencia, monta un asilo para niños huérfanos con los mínimos recursos que la gente del lugar le va proporcionando.

Rafael E. Portas nos filma con bastante acierto teológico, la idiosincrasia de la Iglesia Católica, su excelencia y el porqué es la religión primordial de este mundo; todo lo cual in situ y más acá de las acusaciones de idolatría que le hacen los hermanos protestantes a los católicos (dizque rezan y veneran a las imágenes o estatuas de Cristo, la Virgen y santos celestiales), en verdad a lo que la Iglesia Católica «con todo el corazón» dedica más empeño es a los pobres, segregados y despreciados de este mundo. Esta es la huella moral, auténticamente material o si se prefiere de carne y huesos, constante reconocible por doquier, ejemplos y milagros a lo largo de dos milenios, faro de la Cristiandad, ya en España ya en México o en cualquier otro lado de la Tierra. 
En el caso concreto, según el filme que nos ocupa, sobre la bendita extensión mejicana que evangelizaron los españoles y donde bienaventuradamente se ha conservado y conserva, pese al siniestro e infiltrada masonería, el clamor de «¡Viva Cristo Rey!» hecho realidad corporal.


 
El cura Lorenzo - Augusto César Vatteone (1954)
Esta película recrea la historia por la cual el sacerdote Lorenzo Massa inspiró la creación del club San Lorenzo de Almagro (en esos tiempos un barrio marginal de Buenos Aires), en 1908.

 
Hoy no pasamos lista (1948) – Restauración digital - Fernando Fernán Gómez UHD Repara foto

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La dinastía Soler constituye uno de los casos más extraordinarios de la historia del espectáculo mexicano. Mientras otras familias produjeron una o dos grandes estrellas, los Soler consiguieron colocar a varios hermanos en posiciones fundamentales dentro del teatro y el cine nacional: Fernando, Andrés, Domingo, Julián y Mercedes se convirtieron en los integrantes más conocidos de una familia que participó directamente en la construcción de la llamada Época de Oro del cine mexicano. Filmoteca UNAM incluso describe a los Soler como un caso excepcional dentro de la vida cultural del país.

El origen de aquella dinastía estuvo en el teatro. Sus padres, los actores españoles Domingo Díaz García (gallego) e Irene Pavía Soler (valenciana), llegaron a México formando parte de una compañía teatral y recorrieron diferentes regiones del país, razón por la cual sus hijos nacieron en distintos lugares. Filmoteca UNAM señala que el matrimonio tuvo diez hijos y que Fernando, Andrés, Irene, Domingo, Gloria, Julián, Elvira y Mercedes desarrollaron actividades artísticas en teatro y cine. Más tarde, durante los años difíciles de la Revolución mexicana, la familia pasó una temporada en Estados Unidos y organizó una compañía en la que comenzaron a actuar varios de los hijos desde muy pequeños.

Aquello explica una característica fundamental de los Soler: antes de convertirse en estrellas cinematográficas ya eran actores de escenario. Sabían proyectar la voz, manejar los silencios, sostener largos diálogos y construir personajes frente a un público en vivo. Cuando el cine sonoro mexicano comenzó a desarrollarse durante los años treinta, llegaron con una preparación teatral que les permitió adaptarse rápidamente al nuevo medio.

El miembro que alcanzó mayor dimensión como estrella fue probablemente Fernando Soler, nacido en Saltillo, Coahuila, en 1896. Primogénito de la familia, comenzó profesionalmente en la compañía dirigida por su padre, trabajó posteriormente con diferentes grupos teatrales e incluso apareció en producciones del cine mudo de Hollywood antes de incorporarse de lleno al cine mexicano. Además de actor, fue director y guionista, por lo que su influencia se extendió mucho más allá de lo que hacía frente a las cámaras.

Fernando encontró uno de sus grandes territorios interpretativos en la figura del padre mexicano. Podía ser autoritario, cariñoso, conservador, orgulloso, divertido o terriblemente cruel dependiendo del personaje. Cuando los hijos se van, México de mis recuerdos, Una familia de tantas y La oveja negra representan distintas variantes de esa figura paterna; el Diccionario de Directores del Cine Mexicano considera precisamente Una familia de tantas como uno de los trabajos que consolidaron definitivamente su prestigio cinematográfico.

Su trabajo junto a Pedro Infante en "La oveja negra" y "No desearás la mujer de tu hijo" produjo algunas de las confrontaciones familiares más memorables del melodrama mexicano. Fernando tenía una presencia tan poderosa que podía dominar una escena mediante la voz, la mirada o una pausa, pero también sabía convertir la autoridad en vulnerabilidad. Su interpretación en No desearás la mujer de tu hijo le valió el Ariel a Mejor Actor, uno de los reconocimientos más importantes de su carrera.

Sin embargo, limitar a Fernando Soler al padre autoritario sería injusto. También hizo comedia, interpretó hombres elegantes, calaveras y personajes llenos de ironía, y trabajó con cineastas como Alejandro Galindo, Juan Bustillo Oro, Ismael Rodríguez, Luis Buñuel y Arturo Ripstein. Su carrera llegó incluso hasta películas como El lugar sin límites, de 1977, demostrando una capacidad poco común para sobrevivir al final de la Época de Oro y continuar trabajando con generaciones cinematográficas mucho más jóvenes.

Andrés Soler desarrolló una personalidad completamente distinta. Nacido en Saltillo en 1898, se convirtió en uno de los actores de reparto más reconocibles del cine mexicano y podía pasar con facilidad de personajes bondadosos a hombres severos, villanos o figuras cómicas. Participó en películas como El gran calavera, de Luis Buñuel; La oveja negra, de Ismael Rodríguez, y El ceniciento, además de trabajar junto a figuras como Pedro Infante, María Félix, Cantinflas, Jorge Negrete, Tin Tan y Columba Domínguez.

La grandeza de Andrés estaba precisamente en no necesitar siempre el papel principal. Comprendía perfectamente la función del actor de carácter: entrar en una historia, construir en pocos minutos un personaje reconocible y ayudar a que el protagonista funcionara mejor. Recibió cuatro nominaciones al Ariel como actor de reparto, pero su aportación más importante quizá ocurrió fuera de la pantalla.

Durante 19 años dirigió el Instituto Andrés Soler, escuela fundada en 1951 con participación de sus hermanos y el apoyo de Jorge Negrete y Rodolfo Landa. De esta manera, el talento familiar dejó de transmitirse únicamente entre los propios Soler y comenzó a utilizarse para formar a nuevas generaciones de intérpretes. Andrés murió en 1969, pero su legado pertenece tanto a las películas que hizo como a los actores que ayudó a preparar.

Domingo Soler fue quizá el más intensamente dramático de los hermanos. Nacido en Chilpancingo en 1901, había comenzado a actuar desde niño en la empresa teatral familiar y terminó convirtiéndose en un rostro habitual de personajes rurales, revolucionarios, sacerdotes, padres y hombres marcados por grandes conflictos morales. Uno de sus trabajos históricos fue su participación en ¡Vámonos con Pancho Villa!, de Fernando de Fuentes, una de las películas fundamentales sobre la Revolución mexicana.

Su consagración llegó con La barraca, dirigida por Roberto Gavaldón y basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez. La película se convirtió en un acontecimiento dentro de la naciente Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas: ganó el Ariel a Mejor Película y Domingo obtuvo el premio a Mejor Actor. Su interpretación demuestra por qué su estilo se diferenciaba del de Fernando y Andrés: Domingo poseía una gravedad extraordinaria y podía transmitir agotamiento, dolor y autoridad sin convertirlos necesariamente en grandilocuencia.
El caso de Julián Soler resulta todavía más singular porque consiguió desarrollar dos carreras prácticamente completas: una como actor y otra como director. Comenzó desde pequeño en el teatro familiar, trabajó posteriormente en diferentes compañías dramáticas y alcanzó reconocimiento como galán y primer actor; entre sus personajes destacados estuvo Simón Bolívar, interpretación por la que recibió una condecoración venezolana.

Pero Julián terminaría encontrando detrás de la cámara una actividad todavía más importante. Debutó como realizador en los años cuarenta y dirigió más de 80 películas, además de actuar en más de 50 y participar como guionista en numerosos proyectos. Su filmografía como director atravesó melodrama, comedia, romance y coproducciones internacionales, con títulos como Tormenta en la cumbre, ¡Me ha besado un hombre!, El pecado de Laura y Las rosas del milagro.
Julián tenía además fama de saber trabajar especialmente bien con los actores. Él mismo explicó que una de sus virtudes como director consistía en saber comunicar al intérprete exactamente lo que quería sin destruir su confianza. Esa capacidad probablemente procedía de haber pasado prácticamente toda su vida sobre un escenario antes de colocarse detrás de una cámara.

La presencia femenina más conocida del núcleo cinematográfico fue Mercedes Soler. Aunque su carrera tuvo menor dimensión pública que la de sus cuatro hermanos, participó en numerosas producciones y Filmoteca UNAM la reconoce expresamente como parte de la Dinastía Soler junto con Fernando, Andrés, Domingo y Julián. Entre las películas asociadas con su trayectoria se encuentran ¡Así es mi tierra!, Internado para señoritas, Yo maté a Juan Charrasqueado, El pecado de ser pobre y El vampiro.

Mercedes permitió además que la dinastía continuara hacia otra generación. Se casó con el actor Alejandro Ciangherotti y fue madre de Fernando Luján y Alejandro Ciangherotti, quienes también desarrollaron carreras importantes como actores. Fernando Luján, en particular, comenzó a trabajar desde niño, participó en más de setenta películas y recibió en 2013 la Medalla Filmoteca de la UNAM por su aportación al cine mexicano.

Esto convierte a los Soler en algo todavía más interesante que una familia de hermanos famosos. Su historia terminó conectándose con otros linajes actorales y prolongándose hacia generaciones posteriores, demostrando que la profesión no había sido simplemente un accidente de cinco hermanos que coincidieron en el momento adecuado, sino una auténtica tradición familiar construida alrededor del escenario y la cámara.
Lo más extraordinario, sin embargo, es que los hermanos Soler nunca parecieron simples imitaciones unos de otros. Fernando poseía el peso del gran protagonista y del patriarca; Andrés dominaba la actuación de carácter y posteriormente la enseñanza; Domingo aportaba una intensidad dramática formidable; Julián combinaba el oficio del actor con la visión del director, mientras Mercedes contribuyó como actriz y como vínculo hacia una nueva generación.

Juntos podían representar prácticamente todo el universo humano del cine mexicano de aquellos años: padres autoritarios, rancheros, políticos, revolucionarios, aristócratas, pobres, villanos, sacerdotes, hombres derrotados y personajes cómicos. Su extraordinaria formación teatral les permitió adaptarse a una cinematografía que necesitaba actores capaces de sostener historias donde la palabra, la presencia y las emociones tenían un peso enorme.

También resulta significativo que la familia no se limitara a beneficiarse de la industria cinematográfica, sino que ayudara a construirla. Fernando dirigió y escribió películas; Julián desarrolló una extensísima carrera como realizador; Andrés participó en la formación profesional de actores, y varios de ellos estuvieron relacionados con organizaciones fundamentales del gremio artístico. Por eso hablar de los Soler significa hablar no solamente de estrellas, sino de personas que participaron activamente en la creación de las estructuras profesionales del espectáculo mexicano.

La Filmoteca de la UNAM continúa recuperando sus películas y reconociendo a la Dinastía Soler como una de las familias más prolíficas y representativas de la cinematografía nacional. Sus trabajos siguen apareciendo en retrospectivas dedicadas al cine mexicano porque muchas de aquellas películas no solamente fueron éxitos de su tiempo: ayudaron a construir la imagen que varias generaciones tuvieron de la familia, la autoridad, el honor, la pobreza, el amor y los conflictos sociales.

Quizá por eso resulte difícil encontrar otra dinastía comparable dentro de la Época de Oro. Los Soler no fueron una familia que simplemente aprovechó la fama de uno de sus integrantes; cada hermano tuvo que construir su propio lugar y algunos alcanzaron carreras enormes por caminos completamente distintos.

jueves, 25 de junio de 2026

"¡AYÚDEME, PADRE!": EL SACERDOTE LUIS MARÍA PADILLA QUE DESAFIÓ LAS BALAS E HIZO HISTORIA EN VENEZUELA

EL SACERDOTE QUE DESAFIÓ LAS BALAS 
E HIZO HISTORIA EN VENEZUELA 

¿Hasta dónde llega el valor de un pastor por salvar un alma? En medio del horror de "El Porteñazo" de 1962, una insurrección promovida por el comunismo, el P. Luis María Padilla caminó impávido entre el fuego cruzado para dar la extremaunción a los moribundos. 

¡Una historia de heroísmo católico que conmovió al mundo! 

Aquel fatídico sábado 2 de junio, las calles de Puerto Cabello se tiñeron de sangre. Mientras caían bombas y ráfagas de ametralladora, el P. Padilla, capellán de la base naval, no dudó en cumplir con su deber sagrado. Sin importarle las balas, salió a buscar a los soldados heridos —muchos de ellos jóvenes conscriptos de apenas 18 años— para darles auxilio espiritual. 
Fue allí donde el fotógrafo Héctor Rondón capturó la mítica imagen que ganaría el Premio Pulitzer: el momento exacto en que el cabo Andrés de Jesús Quero, herido de muerte, clama al sacerdote: "¡Ayúdeme, padre!". 
El P. Padilla intentó levantarlo y, al no poder por el peso, se fundió en un abrazo con él para darle la absolución final. La sotana del sacerdote quedó empapada de sangre, pero su alma intacta en la caridad. 

Borburata es una pequeña población a pocos kilómetros de Puerto Cabello. Aquel sábado, la conmoción de la insurrección porteña afectó también a esta localidad.
Su párroco es el P. Luis María Padilla, quien a la vez es el capellán de la base naval Agustín Armario. 
El sacerdote Padilla recibe el llamado de asistir espiritualmente a los soldados, aún cuando las balas y los bombardeos no habían terminado.
La carrera de armas y la del púlpito comparten —paradójicamente— un alto sentido de cumplimiento del deber. Abrazando su responsabilidad, el P. Padilla llega a un Puerto Cabello cuyas calles están repletas de cadáveres y moribundos. Una vez allí, arriesgando gravemente su vida, no demora en ponerse manos a la obra.

“Fue un momento bastante difícil que asumió con una inmensa valentía”, dijo Mons. Tulio Ramírez Padilla, Obispo de Guarenas y sobrino-nieto del párroco de Borburata.

“No le importó que hubiera fuego cruzado”.

Su sobrino-nieto, Mons. Tulio Ramírez Padilla, recuerda que al párroco "se le puso la mente en blanco" y solo pensaba en su único objetivo: salvar las almas de sus ovejas. 
Un ejemplo de reciedumbre que nos recuerda el valor infinito del sacerdocio, especialmente en la hora de la tribulación y el tránsito hacia la Casa del Padre. 
El sacerdote es el mensajero de la misericordia divina, un Buen Pastor dispuesto a dar la vida por su rebaño. Hoy se promueve la repatriación de los restos de este ejemplar sacerdote al Panteón Nacional de Caracas, un honor reservado para los grandes héroes de la patria. 

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15,13). 

¡Qué el testimonio del P. Padilla nos inspire a vivir nuestra fe con valentía!

martes, 2 de junio de 2026

GEDEÓN Y LOS 300 GUERREROS ⚔ y EL EFOD COMO MONUMENTO MEMORIAL QUE SE CONVIRTIÓ EN IDOLATRÍA

 
GEDEÓN Y LOS 300 GUERREROS

Gideón o Gedeón (hebreo גִּדְעוֹן “cantero” "picapedrero"), también llamado Yerubbaal (Jc. 6,32; 7,1; etc.), y Yerubbeset (2 Sam. 11,21, en el texto hebreo).
Gedeón fue uno de los Grandes Jueces de Israel. Pertenecía a la tribu de Manasés, y a la familia de Abiezer (Jc. 6,34). El padre de Gedeón se llamaba Joás y vivía en Ofrá (Jc. 6,11).
Gedeón vivió en una de las épocas más desalentadoras de la historia de Israel, tiempo de confusión y de apostasía; por esto Israel fue entregado en manos de los Madianitas por 7 años; "y los hijos de Israel clamaron a Yahveh".
Gedeón venció con solo 300 hombres porque Dios tenía un punto que dejar claro: no es la multitud la que gana la batalla, es la Presencia la que abre el camino.
Cuando Dios está contigo, lo poco se vuelve suficiente, lo pequeño se vuelve invencible, y lo imposible se vuelve testimonio.
Prepárate… porque Dios está por demostrar que no necesitas más números, solo más de Él.

El siguiente es en substancia el relato de la magistratura de Gedeón según es narrada en los capítulos 6 a 8 de Jueces: Israel había abandonado el culto a Yahveh y por siete años habían sido sumamente humillados por las incursiones de los madianitas y otras tribus orientales. Al fin, se volvieron a Dios quien les envió un libertador en la persona de Gedeón. En una primera teofanía, concedida a él de día mientras éste majaba trigo, Gedeón recibió la difícil misión de liberar a su pueblo; después de lo cual le erigió un altar al Señor (Jc. 6,24). En una segunda teofanía, a la noche siguiente, se le ordenó que destruyera el cipo-altar de Baal y que erigiera uno a Yahveh. Él realizó esto con el resultado de que la gente clamó por su muerte para vengar el insulto a sus falsos dioses. Sin embargo, Joás salvó la vida de su hijo con el ingenioso sarcasmo, que le aseguró a Gedeón el nombre de Yerubbaal: “Si Baal es dios, que pleitee con él, ya que le destruyó su altar” (6,25-32).

Así comisionado divinamente, Gedeón naturalmente tomo el liderato contra Madián, Amalec y otras tribus orientales que habían cruzado el Jordán, y acampaban en el valle de Jezrael. Reconfortado por la famosa señal del vellón (6,36-40), y acompañado por guerreros de Manasés, Aser, Zabulón y Neftalí, ocupó su posición no lejos del enemigo. Pero la intervención de Dios era para mostrar que fue Su Poder que liberó a Israel, y por tal razón redujo el ejército de Gedeón de 32,000 a 300 hombres (7,1-8). Según una directriz divina, el caudillo divino hizo una visita de espionaje nocturno al campamento enemigo y oyó sobre un sueño que lo impulsó a actuar de inmediato, ciertamente en victoria (7,9-15). Le proveyó a sus hombres antorchas dentro de cuernos y cántaros, los cuales, siguiendo su ejemplo, rompieron y gritaban: “Espada por Yahveh y Gedeón”. Presas del pánico por el repentino ataque, los enemigos de Israel volvieron la espada cada uno contra el otro, y emprendieron la huida hacia los vados del Jordán (7,16-23). Pero, convocados por Gedeón, los efrainitas atajaron a los madianitas en los vados y capturaron y mataron a sus dos príncipes, Oreb y Zeeb, cuya cabeza enviaron al líder hebreo, reprochándole el no haberlos llamado antes para venir en su ayuda. Gedeón los apaciguó con un proverbio oriental, y persiguió al enemigo más allá del río Jordán (7,24; 7,3).

Al pasar por Succot y Penuel, éstos se negaron a proveerle provisiones para sus desfallecidos soldados, y Gedeón los amenazó a ambos con tomar venganza a su regreso (8,4-9). Al fin tomó y derrotó a los enemigos de Israel, capturó a sus reyes, Zéjab y Salmunná, regresó triunfante; de regreso castigó a los hombres de Succot y Penuel, y finalmente mató a Zéjab y Salmunná (8,10-21). Agradecidos por esta gloriosa liberación, los paisanos de Gedeón le ofrecieron la dignidad de la monarquía hereditaria, la cual rechazó con estas nobles palabras: “No seré yo el que reine sobre vosotros ni mi hijo; Yahveh será vuestro rey” (8,22-23). Sin embargo, les pidió a sus soldados y obtuvo los anillos de oro y otros ornamentos que le habían quitado al enemigo; y con todo ello hizo lo que parece que pronto se convirtió en objeto de culto idolátrico en Israel.

La judicatura pacífica de Gedeón duró cuarenta años. Tuvo setenta hijos, “murió en una dichosa vejez y fue enterrado en la tumba de su padre en Ofrá” (8,24-32). En Is. 10,26 y en el Salmo 83(82),12, se hace referencia a su victoria, donde se menciona claramente a los cuatro reyes de Jueces 7 y 8, un hecho que muestra que, en la fecha que se compuso este salmo, las proezas de Gedeón eran comúnmente conocidas en su forma presente.

Los variados rasgos literarios exhibidos por el texto de Jueces, 7 a 8, han sido minuciosamente examinados y variamente apreciados por eruditos recientes. Varios comentadores consideran que estos rasgos---por ejemplo, los dos nombres, Gedeón y Yerubbaal; las dos teofanías que afectan la vocación de Gedeón; la aparentemente doble narrativa de la persecución de Gedeón a sus desbandados enemigos, etc. prueban concluyentemente el origen compuesto del registro sagrado de la magistratura de Gedeón. Otros, por el contrario, tratan de reconciliar todos los rasgos del texto con la unidad literaria de Jueces 6 a 8. Sea como fuere, una cosa es perfectamente segura, a saber, que cualesquiera hayan sido los documentos que fueron utilizados para trazar la narrativa de las hazañas de Gedeón, todos concuerdan substancialmente en su descripción de las palabras y proezas de este Gran Juez de Israel.

La historia de Jueces 7 es épica: Gedeón tiene un ejército de 10,000 hombres, y Dios le dice que son demasiados. Los lleva al río a beber agua para hacerles una prueba.
La mayoría se arrodilla para beber. Solo 300 hombres se quedan de pie y llevan el agua a su boca con la mano, lamiéndola "como perros". Dios elige a los 300.
Siempre nos han enseñado que Dios los eligió porque al estar de pie y beber con la mano, "mantenían la vista al frente y estaban más alertas ante un ataque sorpresa".
Pero la arqueología y la cultura de Canaán nos revelan que esto no fue una prueba militar; fue una prueba de adoración.

EL CÓDIGO: EL CULTO A BAAL

En aquella época, el dios falso que dominaba la región era Baal. Baal era considerado el "dios de la lluvia, los ríos y las aguas".
El ritual obligatorio para adorar a Baal y pedirle un favor era llegar a un cuerpo de agua y postrarse de rodillas frente a la corriente para beber. Era un reflejo automático en la cultura de ese tiempo.
Cuando los soldados de Gedeón llegaron al río, estaban muertos de sed. El instinto cultural y religioso de 9,700 hombres fue arrodillarse frente al agua.
Pero hubo 300 hombres que se negaron. Tenían la misma sed que los demás, pero rehusaron doblar sus rodillas frente a la fuente de agua. Prefirieron incomodarse, quedarse de pie y llevarse el agua a la boca con la mano.

DIOS NO BUSCA SOLDADOS, BUSCA FIELES

Dios no vio "soldados súper tácticos". Dios vio a 300 hombres que dijeron: "Me estoy muriendo de sed, pero no me voy a arrodillar ante las costumbres de este mundo para saciarme".

UN MENSAJE PARA TI

Cuando la crisis aprieta, cuando la necesidad financiera te reseca la garganta y estás desesperado por un respiro, el mundo te ofrece su "agua": hacer trampa en los negocios, mentir, pisar a otros o abandonar tus principios para ganar un poco de dinero rápido.
El sistema te pide que "dobles la rodilla" para beber. Pero Dios está buscando a sus 300. Personas que, a pesar del cansancio extremo y la necesidad, deciden mantener su integridad de pie.



El efod de Gedeón es un objeto religioso mencionado en el libro bíblico de Jueces 8. Tras una gran victoria contra los madianitas, el juez Gedeón recolectó oro del botín y mandó confeccionar un efod, una prenda sacerdotal.

El propósito y el error

Aunque el efod original era una vestimenta sagrada usada por los sumos sacerdotes para consultar a Dios, el de Gedeón se convirtió en un monumento o símbolo que colocó en su ciudad, Ofra.
La intención: Se cree que Gedeón quiso crear un memorial para recordar la victoria divina y honrar a Dios como el único rey de Israel.
El resultado: El pueblo de Israel comenzó a venerar el efod en lugar de a Dios, cometiendo idolatría. Las Escrituras describen esto como un "adulterio espiritual" o una trampa que llevó al pecado a Gedeón y a su casa.

El efod era una sagrada vestidura sacerdotal del judaísmo antiguo, descrita en la Biblia, que incluía dos piedras de ónice en las hombreras y un pectoral con 12 piedras preciosas. Estas gemas representaban a las doce tribus de Israel y servían como oráculo y símbolo de unidad.

Las doce piedras estaban organizadas en cuatro filas de tres:

Primera hilera: Cornalina (o Rubí), Crisólito y Esmeralda.
Segunda hilera: Turquesa, Zafiro y Jade (o Diamante).
Tercera hilera: Jacinto, Ágata y Amatista.
Cuarta hilera: Berilo, Ónice y Jaspe.

Gedeón: El Valiente Juez que Derrotó a los Madianitas | Impactante Historia Bíblica Jueces 6 al 8