EL Rincón de Yanka: PODER

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sábado, 3 de octubre de 2026

LIBRO "LOS MAGOS DE LA OSCURIDAD": LOS SEÑORES DEL PODER: INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y TECNOCÉSARES por CRISTINA MARTÍN JIMÉNEZ


LOS  MAGOS  
DE  LA  
OSCURIDAD

Los nuevos señores del poder:
inteligencia artificial y tecnocésares

Una denuncia de las élites tecnológicas que aspiran a rediseñar la sociedad, concentrar el poder y decidir el destino de millones de personas.
¿Y si la revolución tecnológica que vivimos no estuviera cons­truyendo un futuro mejor, sino preparando un nuevo sistema de poder basado en el control, la vigilancia masiva y la guerra?
¿Y si figuras supuestamente comprometidas con el progreso de la humanidad, como Elon Musk, Mark Zuckerberg, Sam Altman, Peter Thiel o Alex Karp, estuvieran impulsando la lla­mada «Ilustración Oscura», un movimiento que propone el re­greso a unas estructuras políticas antidemocráticas y totalitarias, en las que la inteligencia artificial sea «el ojo que todo lo ve» y «la mente que todo lo decide», destruyendo nuestro conoci­miento y los avances de la civilización?
Cristina Martín Jiménez desvela los planes de la nueva élite del poder que, carente de códigos éticos y morales, está po­niendo en jaque las democracias y aspira a sustituirlas por un modelo de gobierno totalitario controlado por una minoría privi­legiada. Una transformación que amenaza la libertad, la igualdad, la justicia, la ciencia y el conocimiento que, en última instancia, conduce a la aniquilación de la esencia del ser humano.

INTRODUCCIÓN

Creo que una de las cosas más subversivas 
que uno puede hacer en nuestra sociedad 
es tratar de pensar por uno mismo.
 PETER THIEL

En marzo de 2016, por las vibrantes calles de Roma comenzaron a correr extraños rumores acerca de la llegada del Anticristo. No, no me lo estoy in­ventado... Y no hacía falta que lo anunciara ningún periódico. Roma siempre ha tenido sus propios canales de información: los pasillos, las sacristías, los cafés, las sombras del Vaticano y esa mezcla tan italiana de fe, miedo y po­lítica. Mientras el mundo moderno fingía haber enterrado las profecías bajo capas de progreso, allí, en la ciudad que ha visto caer imperios, coronar Papas y ocultar secretos, volvía a pronunciarse una palabra que nunca desaparece del todo: Anticristo.

El protagonista de aquella escena no era un predicador descalzo ni un iluminado de plaza pública. El magnate estadounidense Peter Thiel, uno de los hombres más ricos y poderosos del planeta, se paseaba por la Ciudad Eterna, henchido de orgullo y envuelto en un secretismo casi litúrgico, anun­ciando su particular «buena nueva» a todo aquel que quisiera escucharla. Mejor dicho, al reducido grupo de elegidos que tuvieron la dicha de asistir a las charlas de este nuevo y oscuro «profeta» de nuestro tiempo. Ni el lugar exacto de los encuentros ni la lista de invitados fueron revelados pública­ mente. Tampoco se permitió el uso de teléfonos móviles ni de dispositivos de grabación en las sesiones, no vayamos a confundir la «palabra de Belcebú» con un irrelevante concierto de Rosalía o de Taylor Swift. Hay misterios que deben protegerse del vulgo.

Resulta difícil no reparar en el escenario elegido para hablar de esta especie de Apocalipsis 2.0. Roma, con sus ruinas, sus iglesias, sus símbolos impe­riales, sus mármoles y sus pasillos de poder. Roma, la ciudad en la que se tejieron algunos de los hilos más enraizados de la civilización occidental y a escasos metros del Estado del Vaticano, sede central del gobierno de la Iglesia católica y residencia de los Papas desde 1377. Nada era casual. En hombres como Thiel, casi nada lo es y la puesta en escena también forma parte del mensaje. Porque Peter Thiel no solo acumula fortunas; también acumula re­latos. Y sabe perfectamente que, en nuestro tiempo, quien controla el cuento controla mucho más que una conversación; controla el marco mental desde el que millones de personas interpretarán el mundo. Mientras unos siguen creyendo que el poder se ejerce desde los Parlamentos, otros llevan años ejerciéndolo desde los medios de comunicación, las universidades, los fon­ dos de inversión, los laboratorios de microdatos, las empresas de seguridad y las tecnologías aplicadas a la guerra. Palantir Technologies, su criatura más conocida, no es precisamente una anécdota en esta historia. Es una pista. Y bastante luminosa.

Si vas a diseñar un nuevo mundo, necesitas un nuevo relato, mejor aún, toda una Biblia. ¿Y dónde mejor que Roma para a escribirla? ¿Dónde poner el primer ladrillo de su «Tecnópolis» sino en el corazón del símbolo, en el alma del imperio que inspiró a los posteriores? Consciente de que toda civilización necesita una cosmogonía fundacional, el «tecno-san Pedro» -Peter es Pedro en inglés; hasta en su nombre hay símbolo- sabe que no basta con levantar una nueva estructura de poder: necesita una fe, un dogma, una promesa de salvación y un enemigo al que combatir y condenar. El nuevo Pedro ya no edificará su Iglesia sobre la roca, sino sobre el silicio.

El caso es que la fecha sigue conectando con imperios antiguos, ciudades sagradas y guerras de poder. Apenas unos días después de que, el 28 de fe­brero, la Administración Trump y el Gobierno de Benjamín Netanyahu bombardearan Irán, Peter Thiel se preparaba para hablar del fin de la civilización, del fin de la democracia, del fin de la religiosidad y la espiritualidad, del fin de la libertad y de la justicia... En definitiva, del fin del ser humano como prota­gonista de progreso y de vida. Lo interesante es que, por lo poco que sabemos, Thiel y sus seguidores hablan de la llegada del Anticristo como una amenaza que nada tiene que ver con ellos -ni con sus empresas ni con el mundo que están construyendo-y dela que, por tanto, debemos protegernos. Es decir, nos alertan de que el Maligno está a la vuelta de la esquina y de que debemos prepararnos. Seríamos tontos si no lo hiciéramos. A fin de cuentas, como dice el refrán, el que avisa no es traidor. A la humanidad le espera un futuro pla­gado de lacras y sufrimiento-nos viene a decir Thiel-, a no ser que optemos por ceder nuestra dignidad y nuestra capacidad crítica para someternos a los designios de quienes saben lo que está sucediendo -o está a punto de suce­der- y, sobre todo, lo que nos conviene. La vieja táctica de todos los poderes ilegítimos: asustar primero para decretar después. Presentar la obediencia como protección. Convertir la sumisión en prudencia y vender la jaula como refugio. Él lo explica con una solemnidad calculada:

En nuestro presente hay fuerzas incesantes, más o menos ocultas, comprome­tidas en destruir lo que queda del Occidente que nos es querido e hipotecar el des­tino de la humanidad y su dignidad.

La frase suena grave. Incluso hermosa, si uno no la mira demasiado de cerca. Pero conviene hacerse algunas preguntas. ¿Cuáles son exactamente esas «fuerzas incesantes y ocultas» a las que se refiere Thiel? ¿De qué modo se «hará carne» el Anticristo? ¿Y en qué rostro podremos reconocerlo? ¿En el del político, en el del regulador, en el del crítico, en el del ciudadano que todavía se atreve a preguntar?

No es fácil responder a estas cuestiones porque al secretismo se añade una jerga pseudoteológica difícil de descifrar. Pero el fondo empieza a distin­guirse con bastante nitidez. Para Thiel, el Anticristo no parece ser la deshu­manización tecnológica, ni la vigilancia masiva, ni la concentración obscena de poder en unas pocas compañías privadas, ni siquiera la conversión de la vida humana en datos explotables. No. Para Thiel, el Anticristo es todo lo contrario de lo anterior: cualquier intento de limitar o cuestionar el avance tecnológico.

El Anticristo puede ser un Gobierno que pretenda regular el uso de las redes sociales. Puede ser un legislador que pregunte qué se hace con los datos de millones de ciudadanos. Puede ser un usuario de ChatGPT que denuncie que la información ofrecida por la inteligencia artificial es incorrecta, ses­gada o directamente falsa. Puede ser un periodista incómodo. Un profesor crítico. Un juez. Un Parlamento. Una ley. El Anticristo puedes ser tú.

Dicho de otro modo: para uno de los hombres más poderosos de la Tierra, el Maligno se encarna en todo aquel que le lleve la contraria o le critique y, por si alguien se atreviera a dudar, en la democracia en su conjunto, porque -a pesar de todos sus defectos y corrupciones- la democracia exige delibe­ración, límites, controles y responsabilidad, y es el sistema que mayor pen­samiento crítico y regulación requiere para funcionar. Es decir, todo aquello que molesta profundamente a quienes prefieren un mundo gobernado por la velocidad del dinero, la opacidad de los algoritmos y la ley del más fuerte.

No deja de ser fascinante observar que los mismos que convierten la liber­tad en un dato, la identidad en un perfil -o en una variable sociológica- y la política en una arquitectura invisible de control nos pidan que confiemos en ellos para salvarnos del mal. Porque lo que Peter Thiel calla es que, en realidad, quienes están «hipotecando el destino de la humanidad y su dig­nidad» son él mismo y toda la tribu de tecnocésares que planean convertir su palabra «divina» en hechos. Y para ello, cómo no, recurren a esta suerte de «mensaje» pseudorreligioso que parece ser el resultado de una borrachera delirante. Saben bien que «la fe mueve montañas» y, sobre todo, que los principios religiosos y civilizatorios, como la justicia, la bondad, el amor y el respeto al prójimo promueven conductas éticas y morales que moldean las normas sociales y las decisiones políticas de los Estados. Conceptos pasados de moda, piensan Peter Thiel y sus compañeros de farra nocturna. Ya hemos tenido bastante amor y respeto al prójimo durante dos milenios. Ahora ha llegado el momento de crear nuevos dioses a los que adorar y nuevos tiranos a los que obedecer. Y se han puesto manos a la obra.

En resumidas cuentas, de lo que se trata es de crear el caldo de cultivo adecuado para imponer una agenda plutocrática dirigida a acabar con las formas de gobierno tradicionales -democracia o dictadura- y sustituirlas por la tiranía de las élites tecnológicas y económicas, carentes del menor có­digo ético o moral. Y para ello, qué mejor que construir y difundir una nueva teoría -con tintes religiosos- que dé sustento a sus macabros planes de dominio. A fin y al cabo, en eso consiste la llamada «Ilustración Oscura», un movimiento reaccionario que propone un retorno a construcciones sociales y formas de gobierno -basadas en las monarquías absolutas- propias del Antiguo Régimen y la Edad Media, como el feudalismo y el vasallaje. Eso sí, con ellos, los tecno-oligarcas, en la cima, como dueños y señores del Orbe, de­cidiendo cómo hemos de pensar, sentir y comportarnos todos los demás.

En realidad, y como veremos en las siguientes páginas, los creadores y ejecutores de esta macabra teoría del apocalipsis obedecen a la misma fuerza motora que ha guiado el mundo desde sus inicios: la sed de poder... y el miedo a perderlo. No les basta con haber acumulado millones de dólares volviéndonos a todos adictos a las redes sociales y a sus productos tecnoló­gicos, sino que ahora aspiran a atemorizarnos con la llegada del Anticristo si no nos sometemos a sus planes de aniquilación. Porque, en última instancia, el objetivo es acabar con el libre albedrío que nos define como humanos para construir un «Estado mundial en red» dirigido por los tecno-oligarcas de Silicon Valley y por empresas que, como Palantir, controlan todos nues­tros datos y, a través de modelos de inteligencia artificial, nos espían -como ocurre con el famoso ICE (Servicio de Control de Aduanas e Inmigración de Estados Unidos), encargado de vigilar y expulsar a los migrantes que pre­viamente introdujeron como experimento geopolítico-, nos evalúan y nos condenan al exterminio ya la guerra. Pero Thiel también tiene miedo. ¿A qué teme? A perder sus 27.000 millones de dólares y a morir. Ni siquiera en la Ciudad Eterna entendió que él también es mortal.

En las siguientes páginas haremos un recorrido por las sombras más os­ curas del poder, por ese vasto territorio que ni se ve ni se oye abiertamente, aunque lo cierto es que su inconfundible hedor nos llega a todos. Mientras escribo estas páginas, me entero de que el ideario político de Palantir Technologies se resume en una de las noticias más llamativas que ha abierto un informativo en la televisión: «Mili universal y obligatoria, la tecnología al servicio de la guerra, impunidad para los líderes y la religión interviniendo en la política». O sea, que ya no se esconden, porque, como les ocurre a los gánsteres, su soberbia les impide mantener en secreto sus fechorías durante demasiado tiempo y siempre terminan presumiendo de sus conquistas. Ellos tienen el poder, así que ¿para qué seguir ocultándolo? Como veremos, esta siniestra y opaca compañía colabora directamente con Donald Trump, Ben­jamín Netanyahu, la OTAN, la Unión Europea y los Gobiernos de Ucrania y de muchos países de Hispanoamérica -aunque habría que preguntarse quién colabora con quién y quién rinde cuentas a quién- en sus aventuras bélicas, actuando como el cerebro de inteligencia artificial encargado de seleccionar los objetivos automáticamente, ya sea un enclave militar oculto en las mon­tañas, ya seamos nosotros en el salón de nuestras casas. Es decir, estamos ante la empresa encargada de sembrar la muerte y la destrucción donde más daño provoque.

No nos engañemos: la mal llamada guerra de Irán en ningún momento buscó acabar con el régimen de los ayatolás y llevar la democracia y el res­ peto por los derechos humanos a la principal potencia islámica de la región. La conquista del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte decisiva del comercio mundial de petróleo y gas, es sin duda una pieza codiciada del tablero. Pero ahí no termina la partida. No. La guerra, en realidad, no es solo contra la soberanía de los iraníes, sino contra todos nosotros: contra nuestra libertad, contra nuestros valores, contra nuestra capacidad de pensar, opinar y decidir.

•••

Tecnología versus ser humano. Inteligencia artificial versus inteligencia humana. Tecnotiranía versus democracia, justicia y derechos humanos... Sé que parece una distopía, pero es real y está pasando ahora. No se trata de que las máquinas se rebelen y actúen contra las personas por propia iniciativa, como ocurre en multitud de libros y películas de ciencia ficción -y como al­gunos pretenden hacernos creer-, sino de cómo unos cuantos humanos han configurado -y lo siguen haciendo- la «inteligencia» de las máquinas (la IA) para actuar contra la civilización, acabar con ella y, a continuación, cons­truir desde cero su nueva Tecnópolis.

De este pequeño grupo de humanos nos ocuparemos en este libro. Todos tienen en común que son hombres-me pregunto dónde quedan las mujeres en su esquema mental- que dominan y controlan la tecnología y que tie­nen un ilimitado afán de control e influencia política. Están asentados en el corazón más oscuro del poder y anhelan manejar a su antojo todos los hilos que mueven el mundo. Nos pueden parecer locos o, en el mejor de los casos, excéntricos, pero lo cierto es que sus planes -y las consecuencias de estos­ están pensados al milímetro.

En la primera parte hablaremos de algunos viejos conocidos, esos «chi­cos» de Silicon Valley que llegaron para quedarse y abrir una senda que tarde o temprano todos recorreríamos, pese a las consecuencias nefastas que ha traído consigo: adicciones, abusos, suicidios, crímenes, desinformación, censura, adoctrinamiento masivo... Personajes como Elon Musk (X, SpaceX, Neuralink, xAI y Grok) o Mark Zuckerberg (Meta; es decir, Facebook, Insta­gram, WhatsApp y ahora Meta Al) aparecieron en escena a finales del siglo xx y principios del XXI para cambiarnos a todos la existencia2.. En un abrir y cerrar de ojos se convirtieron en multimillonarios y sus decisiones comen­zaron a mover los cimientos de nuestras vidas con el uso masivo de Internet y las redes sociales. Pero aquello solo era el inicio... Faltaba el siguiente golpe, que ellos mismos, junto con otros «eminentes colegas» (Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, o Sundar Pichai, CEO de Alphabet y Google), se encargaron de dar: el desarrollo de la inteligencia artificial y, con ella, la construcción de un nuevo orden mundial cognitivo diseñado a su gusto. Ellos mandan, censuran, crean opinión, programan algoritmos, ponen y quitan Gobiernos, intervienen en elecciones, declaran guerras y manejan a su antojo a los líderes políticos que se ponen a tiro, hayan salido o no de las urnas.

Como compañeros inevitables de los «chicos» de Silicon Valley aparecie­ron otras figuras que supieron aprovechar la coyuntura para dictar su doc­trina. Me estoy refiriendo a esos otros magos de la oscuridad que, desde sus particulares «tecnopúlpitos», se encargan de teorizar, de convertir sus haza­ñas y aspiraciones en programas políticos y de justificar sus acciones cons­truyendo un marco pseudofilosófico que nos conduce irremediablemente a la nada. Me estoy refiriendo a personajes como Peter Thiel y Alex Karp (fundador y director general, respectivamente, de Palantir Technologies), y de Curtis Yarvin y Nick Land (padres ideológicos de la Ilustración Oscura), de quienes hablaremos en la segunda parte del libro. Todos ellos invierten millones de dólares, dan charlas, aconsejan, financian campañas políticas, escriben libros de éxito -o, en su caso, blogs en Internet con millones de seguidores-y, loquees más importante, introducen en nuestro imaginario colectivo cuál es la dirección que debe tomar el mundo y el papel que en él desempeñará el «tecnohumano» que diseñan.

Como en mis libros anteriores, lo que propongo a mis lectores es un acto de reflexión tras conocer los datos. Y los datos (y las biografías de los pro­tagonistas) hablan por sí mismos. El orden mundial surgido del final de la Segunda Guerra Mundial ha colapsado y, como ocurre con todas las caídas definitivas, estas traen catástrofes y, al mismo tiempo, oportunidades. Ellos predican las ruinas. Nosotros estamos llamados a responder, porque nos en­contramos en la antesala de una nueva era regida por un tecnofeudalismo voraz e insaciable.

Para los protagonistas de este libro, el ser humano es el principal obstáculo del progreso tecnológico, por lo que debe ser «superado» y «mejorado». Para ello cuentan con la biomedicina y la inteligencia artificial, una herramienta que no deja de crecer, que se alimenta de sí misma -y de nuestros datos y conocimientos- para construir un mundo sin alma, sin sentimientos, sin principios. Es la era del transhumanismo (nos detendremos en este asunto en la tercera parte del libro), esa que algunos visionarios ya nos anunciaron en sus novelas distópicas, como George Orwell y su 1984; Aldous Huxley y su Un mundo feliz, o la mismísima Mary Shelley y su maravilloso Frankens­tein o el moderno Prometeo.

Lo que parecía el producto de la más pura fantasía se está convirtiendo en realidad, una realidad inmoral e inquietante -por no decir aterradora- que debemos conocer para hacerle frente.

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martes, 15 de septiembre de 2026

LIBRO "ALCASSER: MI VERDAD" por FERNANDO GARCÍA, UN PADRE CORAJE


ALCASSER
Mi verdad

FERNANDO GARCÍA

Memento mori. Hasta aquel viernes era un padre sencillo, un empresario humilde y un hombre con una familia maravillosa. Pero todo cambió. Mi hija Miriam había desaparecido junto a sus amigas Toñi y Desirée. Comenzaba así una de las tragedias que más ha conmocionado a España. Este libro no es una reconstrucción del caso desde la distancia ni un ensayo sobre el crimen de Alcàsser. Es el testimonio de un padre. Es mi testimonio. Es el relato de todo lo que he vivido desde el instante en que mi hija no regresó a casa a las diez de a noche. Escribir estas páginas ha sido mi forma de desahogar el dolor, de intentar encontrar respuestas a preguntas que me atormentan cada día y de mantener viva la memoria de Miriam. En ellas comparto recuerdos inéditos junto a mi hija, porque son esos recuerdos los que me dan fuerzas para seguir levantándome cada mañana. Quiero que conozcáis cómo era Miriam, la niña que me arrebataron, pero también deseo contaros todo lo que viví durante aquellos días y en los años posteriores. Se ha hablado mucho del caso Alcàsser, pero no siempre se ha contado la verdad. Esta es mi verdad. La de un padre que nunca ha dejado de buscar respuestas. Más que un libro sobre un crimen, estas memorias son una historia de amor incondicional entre un padre y su hija, de esperanza frente al dolor y de una lucha incansable por la justicia que continúa más de treinta años después. Porque mientras exista una sola pregunta sin respuesta, un padre nunca dejará de buscar la verdad.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO


alcasser by Raul Alejandro Galeano


Desde las tinieblas
Un descenso al caso Alcàsser
Oleaque conoce a Ánglés desde que ambos eran niños; por esta razón narra de forma exhaustiva y sin recurrir a la fabulación el triple asesinato de las niñas de Álcasser. Mediante un trabajo de investigación en el que ha invertido casi diez años, reconstruye minuciosamente los hechos aportando nuevos datos, como las declaraciones de Miguel Eicart, único agresor al que se ha detenido. También pone de manifiesto la descoordinación de la policía en la persecución de Antonio Ánglés, la rivalidad entre los forenses, la incongruencia de algunos testigos que ante los medios de comunicación se desdicen de lo que han declarado en el tribunal y de todo ese seguimiento mediático que convirtió el drama de tres familias en un esperpento del dolor. Por esta última razón son de agradecer el tono mesurado de las afirmaciones de Oleaque y el rigor de las hipótesis que sostiene, apoyándose en la documentación de los hechos. Materiales que conducen también a la reflexión, pues el caso marcó un punto de inflexión en los modos de hacer de cierto tipo de periodismo que no contempla en su deontología el respeto a la vida privada.

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viernes, 11 de septiembre de 2026

PELÍCULA "EL ILUSTRE INCÓGNITO, 1943" ⚔ (A STRANGER IN TOWN): CORRUPCIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

 
A STRANGER IN TOWN
EL ILUSTRE INCÓGNITO, 1943
⚔

En una pequeña ciudad, un abogado se presenta a las elecciones de alcalde para acabar con la corrupción. Le echa una mano un cazador forastero, que en realidad es un miembro del Tribunal Supremo de vacaciones.

Un juez del Tribunal Supremo que está de vacaciones y de incógnito (interpretado por Frank Morgan) llega a un pequeño pueblo rural controlado por la corrupción local y un alcalde mafioso. Allí ayuda de manera inesperada a un joven abogado honesto que se postula a las elecciones municipales para limpiar el ayuntamiento.
La crítica ha valorado esta obra de 67 minutos como una comedia dramática ligera, entrañable y sorprendentemente lúcida para su época de plena Segunda Guerra Mundial. Destaca por la sólida y carismática interpretación de Frank Morgan.
Hacia el final, la cinta incluye un fuerte alegato patriótico sobre la responsabilidad ciudadana, advirtiendo que la apatía del pueblo y la tolerancia hacia los políticos corruptos abren la puerta a formas de autoritarismo como el fascismo o el comunismo.

 
 El ilustre incógnito (1943, película de comrom) VOSE

Juez de la Corte Suprema, John Grant: 

- Es justo que sepan por qué yo, un extraño, me he involucrado en sus asuntos. Créame, no es porque sea juez de la Corte Suprema. Es porque, como todos los que están aquí, soy ciudadano de este país. No es poco honor. Los hombres han luchado en las revoluciones, han muerto para que los llamen «ciudadanos». Y como ciudadanos, tenemos una responsabilidad ardiente. Significa que cuando elegimos a hombres para ocupar cargos públicos, no podemos hacerlo tan a la ligera como lanzar una moneda al aire. 
Significa que, una vez que los hayamos elegido, no podemos quedarnos de brazos cruzados y decir: 
«Nuestro trabajo está hecho. Lo que hagan ahora no nos concierne». Esa filosofía de indiferencia es lo que quieren los enemigos de un gobierno decente. Si permitimos que se salgan con la suya para hacerse fuertes y despiadados, entonces la heroica lucha que unió a miles de hermosas ciudades como esta en una gran nación no significa nada. Entonces no somos ciudadanos, somos traidores. 
Las grandes libertades por las que vivimos se han comprado con sangre. El tipo de gobierno que tenemos es el tipo de gobierno que queremos. El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.  Y no puede significar cualquier tipo de gobierno. Es nuestro deber hacer que signifique un solo tipo: incorrupto, libre y unido.

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miércoles, 9 de septiembre de 2026

LIBROS "LAS 48 LEYES DEL PODER" por ROBERT GREENE y "PRINCIPIOS DEL PODER" por SERGIO HORACIO FELER


PRINCIPIOS
DEL   PODER

Libro I: Éxito y Felicidad

Volumen I: Poder Interior

Sergio Horacio Feler

Introducción

El libro en tus manos es un compilado de “Principios” básicos, pero poderosos. Son ideas profundas, que funcionan como herramientas mentales prácticas para pensar y actuar con inteligencia.

No vienen a decirte cómo vivir, sino a mostrarte caminos posibles. No buscan que admires, sino que te transformes. Están escritos para generar impacto, no para complacer.

Estos surgen de la síntesis e integración de disciplinas esenciales como la economía, la filosofía, la psicología y las finanzas. También se nutren de las enseñanzas de figuras como Aristóteles, Charlie Munger, Maquiavelo, Sun Tzu, Ayn Rand, Adam Smith, Warren Buffett y Daniel Kahneman, entre otros.

Aclaración: Tenga el lector presente que estos “Principios” no son recetas universales, son generalizaciones que admiten excepciones, y deben ser usados como mapas, no como mandatos. Con ellos no pretendo tener la verdad absoluta ni decirle a nadie cómo vivir; pero me complace si ayudan a otras personas.

Gracias por leer.


Izquierda y derecha sirven para orientarnos políticamente. El problema empieza cuando creemos que explican todo.
Más Estado no significa automáticamente izquierda. Mercado no significa automáticamente derecha. El populismo puede aparecer en ambos lados. También el autoritarismo.
Y quizás el error más interesante sea creer que dos movimientos son necesariamente opuestos porque se ubican en extremos distintos del mapa político.
Las etiquetas ayudan. Hasta que empiezan a pensar por nosotros.


LAS 48 
LEYES DEL 
P
O
D
E
R


Una guía diseñada para mostrarle al lector cuáles son las cualidades personales que se deben de tener para alcanzar el poder en términos sociológicos, un método práctico para todo aquel que quiera conseguir el poder, observe el poder, o tenga que defenderse del poder. La obra contiene temas y elementos de El príncipe de Nicolás Maquiavelo y ha sido comparado con el clásico de Sun Tzu, El arte de la guerra. Para explicar sus leyes y cómo estas se deben de ejecutar, el autor utiliza como ejemplo las estrategias, los aciertos y desaciertos de personajes históricos famosos como Julio César, Haile Selassie  I, Napoleón Bonaparte, Carl von Clausewitz, Isabel I, Henry Kissinger, Pancho Villa, P.  T.  Barnum, Mao Zedong y muchos otros, recurriendo también a hechos reales importantes de la historia universal.

El libro es una guía diseñada para poder mostrarle al lector cuáles son las "cualidades personales" que se deben de tener para alcanzar el poder en términos sociológicos, un método práctico para todo aquel que quiera conseguir el poder, observe el poder, o tenga que defenderse del poder. La obra contiene temas y elementos de El príncipe de Nicolás Maquiavelo y ha sido comparado con el clásico de Sun Tzu, El arte de la guerra.

Para explicar sus leyes y cómo estas se deben de ejecutar, el autor utiliza como ejemplo las estrategias, los aciertos y desaciertos de personajes históricos famosos como Julio César, Haile Selassie I, Napoleón Bonaparte, Carl von Clausewitz, Isabel I, Henry Kissinger, Pancho Villa, P. T. Barnum, Mao Zedong, Lope de Aguirre y muchos otros, recurriendo también a hechos reales importantes de la historia universal. El libro contiene 48 capítulos, uno dedicado a cada ley, y cada ley posee su propia transgresión, observación y regresión.

CLAVES PARA ALCANZAR EL PODER 

El animal humano se distingue por su constante creación de formas. Al expresar muy raras veces sus emociones de manera directa, le da forma a través del lenguaje o rituales socialmente aceptables. No podemos comunicar nuestras emociones sin algún tipo de forma. Sin embargo, las formas que creamos cambian de manera constante: en moda, en estilo, en todos los fenómenos humanos que representan el humor y el estado de ánimo del momento. Constantemente alteramos las formas que hemos heredado de las generaciones previas, y estos cambios son signos de vida y vitalidad. La verdad es que las cosas que no cambian, las formas que se vuelven rígidas, terminan pareciéndonos muertas y las destruimos. Es entre los jóvenes donde se observa esto con toda claridad: incómodos con las formas que la sociedad les impone, sin una identidad formada, juegan con sus propios caracteres, probándose una diversidad de máscaras y poses para expresarse. Esa es la vitalidad que impulsa el motor de la forma y crea constantes cambios de estilo. Los poderosos son a menudo personas que en su juventud han demostrado enorme creatividad para expresar algo nuevo mediante nuevas formas. 

La sociedad les otorga poder porque ansía la renovación y la premia con generosidad. El problema surge más tarde, cuando esos jóvenes creativos se tornan conservadores y posesivos: ya no sueñan con crear nuevas formas, sus identidades están demarcadas, sus hábitos se han congelado y su rigidez los convierte en blancos fáciles. Todo el mundo conoce o intuye el próximo paso que darán. En lugar de imponer respeto, generan aburrimiento: ¡Bájese del escenario!, decimos, deseosos de que otra persona, más joven, diferente, nos entretenga. Cuando permanece encerrado en el pasado, el poderoso resulta cómico: una fruta demasiado madura que espera caer del árbol.

El poder solo puede crecer y desplegarse si es flexible en sus formas. Ser cambiante en las formas que se adoptan no significa ser amorfo, todo tiene una forma, esto es algo imposible de evitar. La no forma del poder se parece más al agua, o al mercurio, que adopta la forma de lo que lo rodea. Como cambia constantemente, nunca es predecible. Los poderosos crean formas sin cesar, y su poder proviene de la rapidez con que son capaces de cambiar. Esa carencia de forma definida está destinada al enemigo, que no puede ver lo que ellos traman y por lo tanto no disponen de un objeto sólido que atacar. Esta es la principal pose del poder: inasible, evasivo y veloz como el dios Mercurio, que podía tomar la forma que más le complacía y usaba esa habilidad para crear gran confusión en el monte Olimpo. 

Las creaciones humanas evolucionan hacía la abstracción, hacia una identidad más mental y menos material. Esta evolución se evidencia en el arte que en este siglo hizo el gran descubrimiento de la abstracción y el conceptualismo. También se lo puede ver en política, que a través del tiempo se ha vuelto menos abiertamente violenta, más complicada, indirecta y cerebral. La guerra y la estrategia han seguido este modelo. La estrategia comenzó con la manipulación de ejércitos en tierra, dispuestos en formaciones ordenadas. En tierra, la estrategia es relativamente bidimensional y es controlada por la topografía. Pero todas las grandes potencias han terminado por volcarse hacia el mar, tanto para el comercio como para la colonización. Y para proteger sus rutas comerciales debieron aprender a luchar en el mar. 

La guerra marítima requiere tremenda creatividad y capacidad de pensamiento abstracto, dado que las líneas cambian de modo constante. El capitán de navío se destaca por su habilidad de adaptarse a la literal fluidez del medio y confundir al enemigo con formas abstractas y difíciles de prever. Opera en una tercera dimensión: la mente. En tierra, la guerra de guerrillas también demuestra esa evolución hacia la abstracción. T. E. Lawrence fue quizás el primero de los estrategas modernos en desarrollar y practicar la teoría en que se basa este tipo de guerra. Sus ideas influyeron a Mao, que vio que sus escritos eran un extraño equivalente occidental del wei-chi.

Lawrence trabajaba con árabes que luchaban por defender su territorio contra los turcos. Su idea consistió en hacer que los árabes se mimetizaran con el vasto desierto, de modo de no ofrecer nunca un blanco ni reunirse nunca en un lugar. A medida que los turcos se esforzaban al tratar de combatir a ese ejército espectral, se desgastaban y agotaban, desperdiciaban energía al moverse de un lugar a otro sin obtener resultados. Eran los turcos quienes tenían la mayor capacidad de fuego, pero los árabes tomaban la iniciativa jugando al gato y al ratón, sin darles nada a que aferrarse y destruyéndoles la moral. 

«La mayoría de las guerras fueron guerras de contacto… La nuestra debiera ser una guerra de distanciamiento —escribió Lawrence—. Debemos contener al enemigo con la amenaza secreta de un vasto desierto desconocido, sin mostrarnos hasta que nos ataquen». Esta es la forma más sofisticada de estrategia. La guerra del enfrentamiento directo es demasiado peligrosa y costosa, lo indirecto y evasivo permite lograr mejores resultados a un costo mucho menor. El principal costo, en realidad, es el mental: el pensamiento y la planificación que exige alinear las fuerzas en un esquema disperso y socavar la mente y la psicología del adversario. Nada enfurecerá y desorientará tanto al enemigo como la falta de una forma definida. 

En un mundo en que las guerras de distanciamiento están a la orden del día, la no forma es fundamental. 
El primer requisito psicológico de la no forma es el de aprender a no tomar nada de manera personal. Nunca se muestre a la defensiva. Cuando actúa a la defensiva, usted muestra sus emociones y revela una forma clara. Sus adversarios se darán cuenta de que han tocado un nervio, un talón de Aquiles, y volverán a golpearlo una y otra vez. De modo que entrénese para no tomar nada en forma personal. Sea como una pelota enjabonada que nadie puede sostener: no permita que nadie vea qué es lo que lo afecta o hiere, ni cuáles son sus puntos débiles. Mantenga su rostro como una máscara sin forma y terminará enfureciendo y desorientado a sus intrigantes colegas y adversarios. 

Un hombre que supo utilizar esta técnica fue el barón James Rothschild. Como judío (SIONISTA) alemán en París, inmerso en una cultura hostil a los extranjeros, Rothschild nunca tomaba como algo personal cualquier ataque que le hicieran, ni se mostraba herido de modo alguno. Además, iba adaptándose al clima político del momento, cualquiera que fuere: la acartonada y formal restauración de la monarquía de Luis XVIII, el reino burgués de Luis Felipe, la revolución democrática de 1848, el surgimiento de Luis Napoleón, coronado emperador en 1852. 

Rothschild los aceptaba a todos y se mimetizaba con el entorno. Podía darse el lujo de parecer un hipócrita o un oportunista, porque lo valoraban por su dinero, no por su política, su dinero era la moneda del poder. Mientras se adaptaba y prosperaba, sin mostrar forma alguna por fuera, la mayoría de las otras grandes familias que al comienzo del siglo poseían inmensas fortunas se arruinaron en los complejos vaivenes sociopolíticos y económicos. Al aferrarse al pasado, se tornaban visibles. A lo largo de la historia, el estilo de gobernar por medio de la no forma fue practicado con preferencia por reinas que regían solas. Una reina se encuentra en una posición radicalmente distinta que un rey, por ser mujer, sus súbditos y cortesanos suelen dudar de su habilidad para gobernar y de su fuerza de carácter. Si se inclina por una de las partes en algún forcejeo ideológico, la acusan de actuar por motivaciones emocionales. 

Por otra parte, si reprime sus emociones y asume el papel de monarca autoritaria, al estilo masculino, despierta aún mayores críticas. Ya sea por naturaleza o por experiencia, las reinas tienden a adaptar un estilo de gobierno flexible, que a la larga se revela más poderoso que la masculina forma directa. Dos líderes femeninas que constituyen un claro ejemplo de este estilo de gobierno sin forma definida son la reina Isabel I de Inglaterra y la emperatriz Catalina la Grande de Rusia. Durante las violentas guerras entre católicos y protestantes, Isabel mantuvo un curso intermedio. Evitó alianzas que la comprometerían con una u otra parte y a la larga perjudicarían al país. Se las ingenió para mantener la paz hasta que estuvo lo bastante fuerte para enfrentar una guerra. Su reinado fue uno de los más gloriosos de la historia, gracias a su increíble capacidad de adaptación y a su ideología flexible. También Catalina la Grande desarrolló un estilo de improvisación en su gobierno.

Después de destituir a su esposo, el emperador Pedro II, y asumió el control de Rusia, nadie creyó que consiguiera sobrevivir. Pero no tenía ideas preconcebidas ni filosofías o teorías que dictaran sus políticas. A pesar de que era extranjera (alemana), comprendió la mentalidad rusa y los cambios que esta nación había sufrido a lo largo de los años. «Hay que gobernar de forma tal que el pueblo crea que son ellos mismos quienes desean hacer lo que uno les ordena», dijo, y para lograr este objetivo siempre debió anticiparse a los deseos de su pueblo y adecuarse a su resistencia. Al no imponer nunca algo por la fuerza, logró reformar Rusia en un período sorprendentemente breve. Este fluido estilo de gobierno femenino, quizás haya surgido como una forma de sobrevivir y prosperar en circunstancias difíciles, pero ha resultado muy seductor para quienes lo han ejercido. Con un gobernante fluido, la obediencia resulta bastante fácil a los súbditos, ya que se sienten menos presionados, objeto de menor coerción, menos obligados a seguir la ideología del gobernante. También abre opciones en las cuales la adherencia a una doctrina los aísla. No comprometerse con un sector determinado permite al gobernante usar a un enemigo contra el otro. 

Las normas rígidas podrán parecer fuertes, pero con el tiempo su inflexibilidad crispa los nervios y los súbditos encuentran formas de sacar de escena a esos soberanos. Los gobernantes flexibles, sin forma definida, serán muy criticados pero perduran, y con el tiempo la gente termina identificándose con ellos, dado que son como sus súbditos: cambiantes frente a los cambiantes tiempos, abiertos a las circunstancias. A pesar de trastornos y demoras, el estilo de poder permeable y flexible, es en general el que triunfa, así como Atenas prevaleció sobre Esparta gracias a su dinero y su cultura. 

Cuando usted se encuentre inmerso en un conflicto con alguien más fuerte y más rígido permítale una victoria temporal. Simule inclinarse ante su superioridad. Luego, prescindiendo de una forma definida y adecuándose, conquiste poco a poco el alma del rival. De esta manera lo sorprenderá con las defensas bajas, porque quienes son rígidos, están siempre a la defensiva para repeler golpes directos, sin reparar en que eso los torna indefensos ante lo sutil y lo insinuante. Para tener éxito con este tipo de estrategia es necesario convertirse en camaleón: adecuarse por fuera mientras se doblega al enemigo desde adentro. 

Durante siglos, los japoneses aceptaron graciosamente a los extranjeros y se mostraron susceptibles a las culturas e influencias foráneas. João Rodríguez, un sacerdote portugués que llegó a Japón en 1577 y vivió allí muchos años, escribió lo siguiente: «Estoy pasmado ante la disposición de los japoneses a probar y aceptar todo lo que sea portugués». Veía en las calles a los japoneses, vestidos con ropa portuguesa, con rosarios alrededor del cuello y crucifijos sujetos a los cinturones. Podrán parecer una cultura débil y mutante, pero la adaptabilidad de Japón fue lo que protegió al país de que se le impusiera una cultura extranjera a través de una invasión militar. Sedujo a los portugueses y a otros occidentales y les hizo creer que los japoneses cedían a una cultura superior, cuando en realidad la cultura extranjera no era más que una moda que se usaba y luego se descartaba. Bajo aquella superficie de adaptación prosperaba la verdadera cultura japonesa. Si los japoneses hubiesen sido rígidos e intentado defenderse de toda influencia extranjera, podrían haber sufrido las heridas que Occidente le infligió a China en sucesivas guerras. 

Este es el poder de la no forma: no ofrece al agresor nada que agredir. En la evolución de las especies, la dimensión excesiva es a menudo el primer paso hacia la extinción. Lo que carece de movilidad y además necesita alimentarse constantemente. Los poco inteligentes suelen ceder a la tentación de creer que el tamaño es símbolo de poder. 

En el siglo 483 a. C. el rey Jerjes de Persia invadió Grecia, creyendo poder conquistar el país con una sola y rápida campaña. Después de todo, él disponía del ejército más grande que se hubiese reunido jamás para una invasión, estimado por el historiador Herodoto en más de cinco millones de hombres. Los persas proyectaban construir un puente por sobre el Helesponto para invadir Grecia por tierra, mientras su armada, igualmente inmensa, retenía a los buques griegos en el puerto e impedía que sus fuerzas escaparan por vía marítima. El plan parecía perfecto, pero mientras Jerjes preparaba aquella invasión, su asesor Artabano le advirtió de sus temores: 
«Las dos potencias más poderosas del mundo están contra ti». 
Jerjes se echó a reír: ¿qué potencia podía compararse con su inmenso ejército? «Te diré cuáles son —contestó Artabano—. La tierra y el mar». No había puertos seguros lo bastante grandes para albergar la flota de Jerjes. Y cuanto más tierra conquistaran los persas, más se estirarían sus líneas de abastecimiento y mayor y más deficitario sería el costo de alimentar al inmenso ejército. Creído de que su consejero era un cobarde, Jerjes procedió a la invasión. Sin embargo, tal como Artabano había predicho, las tormentas diezmaron la flota persa, que era demasiado grande para refugiarse en cualquier puerto. 

En tierra, entretanto, los persas destruyeron todo cuanto encontraron a su paso, por lo cual resultó imposible alimentar a las tropas, ya que la destrucción incluía cosechas y depósitos. Las fuerzas persas constituían además un objetivo lento y fácil de atacar. Los griegos llevaron a cabo todo tipo de maniobras engañosas para desorientarlos. Al fin, la derrota de Jerjes a mano de los aliados griegos fue un desastre de increíble magnitud. 

Esta historia es simbólica para todos aquellos que sacrifican movilidad por tamaño: los ágiles y flexibles casi siempre ganarán, porque tienen más opciones estratégicas. Cuanto más gigantesco sea el enemigo, tanto más fácil será lograr que se desmorone. La necesidad de la no forma se hace mayor a medida que avanzamos en edad, dado que tendemos a reafirmarnos en nuestras modalidades y adoptamos formas demasiado rígidas. Nos tornamos predecibles, lo cual es siempre la primera señal de la decrepitud. Y la predecibilidad hace que resultemos cómicos. Aunque el ridículo y el desdén parezcan formas leves de agresión, en realidad constituyen armas poderosas que con el tiempo erosionan los fundamentos del poder. 

Un enemigo que no lo respeta se volverá audaz, y la audacia convierte en peligroso aun al animal más pequeño. La corte francesa de fines del siglo XVIII, uno de cuyos principales exponentes fue María Antonieta, se había atado sin remedio a una rígida formalidad, que el francés promedio consideraba una reliquia estúpida. Esta devaluación de una institución que había perdurado durante siglos fue la primera señal de una enfermedad terminal, dado que representaba una liberación simbólica de los lazos entre el pueblo y la monarquía. A medida que la situación empeoraba, María Antonieta y el rey Luis XVI se iban aferrando con mayor firmeza al pasado, lo cual no hizo sino acelerar su camino rumbo a la guillotina. 

El rey Carlos I de Inglaterra reaccionó de forma similar ante la ola de cambio democrático que sacudió a Inglaterra en la década de 1630: disolvió el Parlamento y los rituales de su corte se tornaron cada vez más formales y distantes. Quería regresar a un antiguo estilo de gobierno y observar de modo estricto todo tipo de mezquinos protocolos. Su rigidez intensificó el deseo de cambio de los súbditos. Antes de poder recapacitar, fue arrastrado a una devastadora guerra civil, y al fin perdió la cabeza bajo el hacha del verdugo. A medida que usted vaya envejeciendo deberá apoyarse cada vez menos en el pasado. Esté atento, no sea que la forma que adopte lo haga parecer una reliquia del pasado. Pero tampoco se trata de imitar las modas de juventud, algo igualmente ridículo. 

Es su mente la que deberá adecuarse de manera constante a cada nueva circunstancia, incluso al inevitable cambio que implica comprender que ha llegado el momento de dar un paso al costado y dejar que los más jóvenes se preparen a ascender. La rigidez solo le dará la apariencia desagradable de un cadáver. 

Nunca olvide, sin embargo, que la falta de forma es una pose estratégica. Le brinda espacio para crear sorpresas tácticas, mientras sus enemigos luchan por adivinar el próximo paso que dará usted, revelan su propia estrategia, y se ponen en decidida desventaja. Esto permite que usted conserve la iniciativa y en muchos casos trabe por completo el accionar de sus enemigos al obligarlos a reaccionar de continuo. Así, usted anula el espionaje y el trabajo de inteligencia del rival. Recuerde que la no forma es una herramienta. 

Nunca confunda esta estrategia con el estilo de «nadar con la corriente» o con una resignación religiosa a las vueltas del destino. Utilice la falta de forma definida, no para alcanzar armonía y paz interior, sino para incrementar y reafirmar su poder. Por último, aprender a adaptarse a cada nueva circunstancia significa ver los hechos a través de sus propios ojos, y a menudo ignorar los consejos que la gente le ofrece. Significa que, en última instancia, usted tendrá que desechar las leyes que otros predican y los manuales que otros escriben, y también el sabio consejo de sus mayores.

«Las leyes que rigen las circunstancias son abolidas por las nuevas circunstancias», escribió Napoleón, lo que significa que es responsabilidad de usted evaluar cada situación nueva. Si confía demasiado en las ideas de los demás, terminará adoptando una forma que no es la construida por usted. Demasiado respeto por la sabiduría ajena hará que usted termine despreciando la suya. Sea brutal con el pasado, sobre todo con el suyo propio, y no respete las filosofías que le sean endilgadas desde afuera.

Utilizar el espacio para dispersarse y crear diseños abstractos no debiera ser sinónimo de abandonar la concentración de poder cuando ello resulta ventajoso y de gran valor. La ausencia de una forma definida hace que los adversarios busquen en todas partes y dispersen sus propias fuerzas, tanto mentales como físicas. Sin embargo, cuando usted al fin los enfrente, deberá asestarles un golpe poderoso y certero. 

Así fue como Mao triunfó sobre los nacionalistas: fraccionó las fuerzas enemigas en pequeñas unidades aisladas, a las cuales luego pudo vencer con un solo y enérgico ataque. 

La ley de concentración fue lo que prevaleció. Cuando usted juegue con la ausencia de forma, no pierda el control del proceso y tenga siempre presente su estrategia a largo plazo. Cuando adopte una forma y se lance al ataque, use la concentración, la rapidez y el poder. Como dijo Mao: «Cuando luchamos contra usted, nos aseguramos de que no pueda escapar».


Ley nº 1.- Nunca le hagas sombra a tu jefe.
Ley nº 2.- Nunca confíes demasiado en tus amigos; aprende a utilizar a tus enemigos.
Ley nº 3.- Disimula tus intenciones.
Ley nº 4.- Di siempre menos de lo necesario.
Ley nº 5.- Casi todo depende de tu prestigio; defiéndelo a muerte.
Ley nº 6.- Busca llamar la atención a cualquier precio.
Ley nº 7.- Logra que otros trabajen por ti, pero no dejes nunca de llevarte los laureles.
Ley nº 8.- Haz que la gente vaya hacia ti y, de ser necesario, utiliza la carnada más adecuada para lograrlo.
Ley nº 9.- Gana a través de tus acciones, nunca por medio de argumentos.
Ley nº 10.- Peligro de contagio: evita a los perdedores y los desdichados.
Ley nº 11.- Haz que la gente dependa de ti.
Ley nº 12.- Para desarmar a tu víctima, utiliza la franqueza y la generosidad en forma selectiva.
Ley nº 13.- Cuando pidas ayuda, no apeles a la compasión o a la gratitud de la gente, sino a su egoísmo.
Ley nº 14.- Muéstrate como un amigo pero actúa como un espía.
Ley nº 15.- Aplasta por completo a tu enemigo.
Ley nº 16.- Utiliza la ausencia para incrementar el respeto y el honor.
Ley nº 17.- Mantén el suspenso. Maneja el arte de lo impredecible.
Ley nº 18.- No construyas fortalezas para protegerte: el aislamiento es peligroso.
Ley nº 19.- Averigua con quién estás tratando: no ofendas a la persona equivocada.
Ley nº 20.- No te comprometas con nadie.
Ley nº 21.- Finge candidez para atrapar a los cándidos: muéstrate más tonto que tu víctima.
Ley nº 22.- Utiliza la táctica de la capitulación. Transforma la debilidad en poder.
Ley nº 23.- Concentra tus fuerzas.
Ley nº 24.- Desempeña el papel de cortesano perfecto.
Ley nº 25.- Procura recrearte permanentemente.
Ley nº 26.- Mantén tus manos limpias.
Ley nº 27.- Juega con la necesidad de la gente de tener fe en algo, para conseguir seguidores incondicionales.
Ley nº 28.- Sé eficaz al entrar en acción.
Ley nº 29.- Planifica tus acciones de principio a fin.
Ley nº 30.- Haz que tus logros parezcan no requerir esfuerzos.
Ley nº 31.- Controla las opciones: haz que otros jueguen con las cartas que repartes.
Ley nº 32.- Juega con las fantasías de la gente.
Ley nº 33.- Descubre el talón de Aquiles de los demás.
Ley nº 34.- Actúa como un rey para ser tratado como tal.
Ley nº 35.- Domina el arte de la oportunidad.
Ley nº 36.- Menosprecia las cosas que no puedes obtener: ignorarlas es la mejor de las venganzas.
Ley nº 37.- Arma espectáculos imponentes.
Ley nº 38.- Piensa como quieras, pero compórtate como los demás.
Ley nº 39.- Revuelve las aguas para asegurarte una buena pesca.
Ley nº 40.- Menosprecia lo que es gratuito.
Ley nº 41.- Evita imitar a los grandes hombres.
Ley nº 42.- Muerto el perro, muerta la rabia.
Ley nº 43.- Trabaja sobre el corazón y la mente de los demás.
Ley nº 44.- Desarma y enfurece con el efecto espejo.
Ley nº 45.- Predica la necesidad de introducir cambios, pero nunca modifiques demasiado a la vez.
Ley nº 46.- Nunca te muestres demasiado perfecto.
Ley nº 47.- No vayas más allá de tu objetivo; al triunfar, aprende cuándo detenerte: lo puedes perder todo.
Ley nº 48.-Sé cambiante en tu forma.

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Principios Del Poder Volumen I(Mar2026) by megavil68


Las 48 Leyes Del Poder by Ronald Rincon Salgado