Sabrán nuestros apreciados lectores excusar un poco la naturaleza metapolítica de esta breve disertación, pero es fundamental ir «más allá» de las coordenadas políticas de costumbre, de la política tradicional o del juego democrático. Partamos de una afirmación incendiaria: Venezuela es el más grande experimento-país del presente, donde la miseria y la crueldad se extienden por todos los rincones del mismo de parte de gobernantes y tutelados. Y aunque hay todo un fervor totalitario por parte del enemigo sombrío que tiene las riendas del país, no hay una máquina lo suficientemente totalitaria para un ejercicio omnipresente del poder. La solución del chavismo es el desgobierno, la anarquía; la gehena como medio de gobierno. La igualdad por inacción, por omisión, como en el infierno. El Caos absoluto. Por ejemplo, Dios en su perfección hizo que los ángeles se jerarquizaran por su naturaleza. A los hombres los hizo desiguales por naturaleza, para que cada uno desarrollase sus virtudes como prefiriese, para que unos mandasen sobre otros. La hueste del Diablo, sin embargo, es desigual en vicio y en pecado, mas no en virtud. En todo lo demás, son iguales; sí, como en las revoluciones. En el infierno todos son iguales, recordaba Nicolás Gómez Dávila.
Un queridísimo amigo mío, Rafael Valera, ahondaba, dentro de su cosmos audiovisual, en la crueldad que es inherente al chavismo como hueste al mando de los yermos venezolanos y, con ánimo similar, ahondamos nosotros aquí en cómo esa cratofilia (sexo del poder), que bien podría estar travestida en transición, es un fiel reflejo del que, con voluntad propia y sin arrepentimiento, niega al que debe la vida. El ejercicio de la política es siempre analógico, aunque no valoremos la dimensión metapolítica y descartemos el metanálisis tildándolo de esotérico, de teológico, de fantasioso. Lo último, sin embargo, ya lo advertían las Escrituras: nosotros no tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los principados y potestades. Cada gobernante, decía Juan de Salisbury, era avatar de algo: el rey, de Dios y el tirano, de Satanás.
No importan las transiciones, ni las tutelas, mientras la forma de gobierno esté impregnada en una oscuridad que odia a la patria misma. El infierno, como cosmópolis unida por el pecado desenfrenado, es una revolución espiritual, en el sentido de que rompe con el hilo de oro que nos une con el Todopoderoso. Ahora, la revolución política rompe el hilo de oro que nos une al Altar, a la Patria, a nuestras tradiciones, a nuestra vida ancestral. San Agustín visualiza dos ciudades, bien es cierto, y dice, comprendiendo la dimensión real del mensaje del Nazareno, que la Ciudad Eterna, el Reino, rompe con todas las instituciones y los potentados porque lo fundamental es la vida eterna, no la vida temporal, pero no por ello niega que el hombre, que busca perfeccionarse para alcanzar a Dios en la vida eterna, tenga que valerse de medios políticos. El infierno es, por el contrario, la destrucción de toda jerarquía, de toda tradición y de todo respeto por lo que es bello, justo y divino. Es una subversión constante. La teología política chavista lleva a cimentar la idea de unadiablocracia.
Una mente lúcida como la de J. R. R. Tolkien comprendió esta relación primordial entre Bien y Mal, entre lo que quiere Dios y lo que quiere el diablo, o lo que quieren los hombres que, en su degeneración y salvajismo, le siguen. El Enemigo, que es el adversario de toda la Tierra Media, es adicto al poder y a conservarlo; es una suerte de alegoría a la rebelión, pero también al Estado y su obsesión con la industria, con el dominio, con el aglutinar a todos los hombres. Las reminiscencias espectrales de Chávez nos miran diligentemente, como el Ojo veía a todas las criaturas de la Tierra Media: «El Poder Oscuro, con el Ojo vuelto hacia adentro, sopesando las noticias de peligro e incertidumbre», mientras el ejercicio necropolítico sigue haciendo prescindible al venezolano, como ganado. En el archipiélago Venezuela los hombres mueren por armas del Estado, o por instrumentalización de los desastres naturales. Y los servidores del Mal incesantemente trabajan para hacer de la miseria la moneda de curso, como narra Gollum, que es una buena alegoría del estado de barbarie del venezolano: «¡Espectros con alas! Son los siervos del Tesoro. Lo ven todo, todo. ¡Nada puede ocultárseles!».
Por ello y más, la tutela es una realidad, pero un cambio político, que los incautos llaman, por ejemplo, transición, es un flatus vocis. El Ojo persiste en sus propósitos, aunque observe silenciosamente. Gobierna para que otros mueran y para que los espectros de la Revolución, esos que todavía siguen acechándonos, nos recuerden el origen blasfemo de toda esta desgracia. Queda un Estado nigromante, por tomar a préstamo la expresión de la profesora Troconis. El Ojo, o más bien los Ojos, nos mira mientras vivimos el espejismo de un progresismo repentino, de una modernización urgente que acabe con los males que sufren los venezolanos desde hace más de 20 años. Pero la verdad, porque solo nos importa la verdad, es que «el mal puede remedar, no crear: no seres verdaderos, con vida propia». El zombi venezolano no puede aspirar a más, mientras el nigromante mantenga el conjuro.
El país ranchificado parece aquella estepa industrial del Ojo, que fue introducida al mundo literario como metáfora de la modernidad, pero también como metáfora de los infiernos. Allí no hay nada que salvar, allí no crece nada. No hay vida, no hay esperanza. El gran barrio archipiélago de Caracas, que es lo poco que podemos ver del Valle, es lo que describen en el ficticio Isengard: «Él y esas gentes inmundas hacen estragos ahora, derribando árboles allá en la frontera, buenos árboles». Lo importante para el adversario es que la candela queme y carbonice todo vestigio de civilización porque, al final, si recordamos lo que dijo Belloc, el bárbaro no puede construir; puede destruir, pero no puede sostener nada. Para nuestro hermano mayor norteamericano, que parece resistirse a su decadencia civilizatoria, a su declive imperial, es ganancia mantener a los reyezuelos tribales, o dictadores consulares, para frenar lo que en todas las latitudes se percibe.
El problema es que los diablos, incluso cuando son por naturaleza ambiciosos, no producen porque, en el fondo, no hay nada que administrar; es Dios el único administrador de almas porque es el patriarca de la economía divina. El diablo no crea, no produce, es un falso agricultor de terrenos baldíos. A lo sumo, un ganadero de rebaño perdido. Ni con infinitas reservas petrolíferas podría acabar con la barbarie, porque es padre de la barbarie. De verdad que sí es el excremento del diablo, porque solamente los bárbaros han tenido acceso a sus frutos en detrimento de todo el país. La diablocracia es maldad política, mal instrumentalizado; y dicen los realistas, los positivistas, que es imposible ver a la política desde dimensiones morales, pero la verdad es que, en el fondo, siempre existe una dimensión moral que determina, de comienzo a fin, el libre accionar del político. Venezuela es el vivo ejemplo.
Durante años, el chavismo juró que los “yanquis” nunca volverían a gobernar el país, que el petróleo era del pueblo y que negociar con EEUU. equivalía a traicionar la patria. Hoy, Delcy Eloína agradece a Donald Trump por un acuerdo petrolero que entrega a Estados Unidos un control sin precedentes sobre parte de nuestras anheladas reservas.
Confieso que existe cierta satisfacción en ver al chavismo tragarse sus palabras. Eso no tiene nombre. Pero leer la contradicción es muy distinto a vivir sus consecuencias. El venezolano de a pie no come de la humillación ideológica del régimen, ni recupera a sus desaparecidos con promesas futuras de inversión…
La revolución bolivariana terminó convirtiendo al ENEMIGO que se inventó en el SOCIO que necesitan para sobrevivir.
Eso señores, es la diablocracia: cambiar de discurso para conservar el poder, negociar lo que juraron defender y pretender que el petróleo borre sus crímenes.
El petróleo puede financiar la reconstrucción de Venezuela, pero JAMÁS debería comprar la absolución del chavismo.
Vivimos en una época de gran búsqueda espiritual… pero también de gran confusión.
El yoga, el mindfulness, el reiki y muchas corrientes de la llamada Nueva Era se presentan como caminos hacia la paz interior, la sanación y el crecimiento espiritual. Millones de personas las practican convencidas de que son compatibles con la fe cristiana. Pero surge una pregunta inevitable:
¿Conducen realmente a Dios?
En "De espaldas a Dios", el P. Gustavo Lombardo ofrece una guía clara y profunda de discernimiento cristiano para comprender el origen, las ideas y los peligros espirituales de estas corrientes.
Fruto de años de estudio, investigación y experiencia pastoral, este libro analiza:
• las raíces gnósticas y esotéricas de la Nueva Era
• la relación entre yoga, mindfulness, reiki y espiritualidad oriental
• el trasfondo filosófico y religioso de estas prácticas
• sus incompatibilidades con la fe cristiana
• y las infiltraciones de estas ideas en la cultura moderna e incluso en ámbitos católicos
Desde la filosofía, la teología y la tradición de la Iglesia, estas páginas iluminan con la verdad del Evangelio uno de los fenómenos espirituales más influyentes de nuestro tiempo.
Una obra indispensable para quienes desean comprender, discernir y defender la fe cristiana frente a las nuevas espiritualidades contemporáneas.
«La Nueva Era no tiene ninguna novedad; es solo nostalgia (y reviviscencia) del antiguo paganismo, del esoterismo, del ocultismo y del gnosticismo que la luz del Evangelio logró disipar parcialmente durante algunos siglos y que ahora vuelve a cernirse sobre el mundo ensombrecido por el crepúsculo de la civilización que nos toca vivir».
— P. Miguel Ángel Fuentes, IVE, del Prólogo.
Prólogo: No hay nada nuevo bajo el sol
«No hay nada nuevo bajo el sol», dice con mucha sabiduría el Eclesiastés (1,9). Y la «Nueva Era» no es una excepción.
Esta tiene de «nueva» solo el nombre. De hecho, no es más que la «Vieja Era» que enfrentaron los Apóstoles vendida al hombre ignorante de hoy como si recién saliera del horno.
Ya los antiguos adoraban la luna y el sol, endiosaban los ríos y los bosques, se dejaban guiar por druidas y brujas, creían en las runas y piedras mágicas, estaban convencidos de que transmitían poderes y energías, estaban repletos y agobiados de supersticiones, se cargaban de rituales para alejar a los demonios y a las sombras malignas que los atormentaban, bailaban y se drogaban para entrar en contacto con la divinidad, invocaban a los muertos, identificaban la experiencia mística con el espasmo genital, preparaban pócimas mágicas, invocaban demonios y duendes, imponían manos, se dejaban cabalgar por entidades desconocidas y practicaban la adivinación. San Pedro, recordando a los cristianos provenientes de la gentilidad su antigua situación, la describía diciendo: «ya habéis pasado bastante tiempo obrando conforme al querer de los
gentiles, viviendo en desenfrenos, liviandades, crápulas, orgías, embriagueces y en cultos ilícitos a los ídolos» (1 Pe 4,3).
La Nueva Era no tiene ninguna novedad; es solo nostalgia (y reviviscencia) del antiguo paganismo, del esoterismo, del ocultismo y del gnosticismo que la luz del Evangelio logró disipar parcialmente durante algunos siglos y que ahora vuelve a cernirse sobre el mundo ensombrecido por el crepúsculo de la civilización que nos toca vivir...
San Pablo resumió a Timoteo todo este potaje con una expresión muy feliz: «fábulas profanas y cuentos de viejas» (1Tim 4,7). También calificó muchos de estos fenómenos como provenientes de «espíritus de error y enseñanzas de demonios» (1 Tim 4,1).
Lo único realmente nuevo que ha conocido el mundo desde su creación se cifra en Jesucristo. Él es el «Hombre Nuevo» (Col 3,10), y su doctrina, la «Ley Nueva» o «Nueva Alianza» (Hb 8,13). Porque tanto Aquél como ésta son kainós, adjetivo con que los griegos calificaban lo que es nuevo en sentido de novedoso, nunca antes visto, original, inaudito. Cristo sí que es nuevo en el sentido más propio de la palabra, porque es Dios que se hace hombre en un momento histórico y en un lugar concreto del mundo (y en un seno perpetuamente virginal, cosa jamás vista, ni antes ni después); y todo lo hecho por Él participa de su inequívoca e inagotable novedad, en particular el hombre renovado por su gracia que se hace, mediante esta, una «criatura nueva» que deja atrás la antigua, marchita y pecadora (2 Co 5,17). «Hoy hemos visto cosas increíbles», decían los testigos de la vida y milagros de Cristo (Lc 5,26); «Jamás se vio cosa igual en Israel», exclamaban otros (Mt 9,33).
En cambio, las novedades que pretende ofrecer la Nueva Era son nuevas en otro sentido que los antiguos griegos designaban con un calificativo diferente: neós. Neós es lo nuevo sin novedad; algo ya visto hasta el cansancio, pero vuelto a proponer por enésima vez ante nuestros ojos. Es nuevo porque aparece ahora, pero es la repetición de algo que ya estuvo aquí antes. Es una nueva puesta de sol, igual a la que vimos ayer y antes de ayer... y hace cientos de años nuestros abuelos. Un pañuelo nuevo es un pañuelo sin usar que no se diferencia en nada del que acabamos de arrojar al basurero, usado y cargado de manchas.
Por eso, todo cuanto ofrece la Nueva Era son errores viejos, engaños rancios, trucos trasnochados... De hecho, mucho de lo suyo fue inventado por la «Serpiente antigua», como designa san Juan a Satanás (Ap 12,9; 20,2; también ella calificada de marchita y anticuada), quien intentó establecer una «nueva era» en el mismo Paraíso terrenal, fascinando a Adán y a Eva y tratando de convencerlos de sentar un nuevo hombre de espaldas a Dios (cf. Gn 3) Y bien sabemos cómo terminaron los tres novadores. Nuevo significa aquí, simplemente, que lo viejo —que, según san Pablo, «ya pasó» por obra de Cristo (2 Co 5,17)— intenta volver al rodeo aprovechando la desorientación del hombre que ha apostatado del Evangelio y camina por este mundo, según Isaías, «palpando como ciego la pared, a tientas como quien no tiene ojos, tropezando en pleno día como si fuera noche y habitando en tinieblas como los muertos» (Is 59,10).
La Nueva Era ha sido posible por la crisis de fe que afecta al hombre de nuestro tiempo. Es un fenómeno múltiple, turbulento, movedizo y efervescente como los gusanos convulsivos de un cuerpo en descomposición, porque se origina en la putrefacción de la fe. Se la enfrenta, por tanto, volviendo a la frescura y solidez de la fe en Cristo, que mana mansa de su boca como las aguas de Siloé (Is 8,6).
Deseamos que estas páginas ayuden a muchos a hacer este camino hacia el Hombre-Dios, Nuevo y Eterno, que no envejece ni pasa de moda y eterniza lo que toca.
El yoga, el mindfulness, el reiki y otras propuestas de espiritualidad alternativa se han instalado en la vida cotidiana de millones de personas, también de católicos practicantes.
¿Son caminos legítimos hacia la paz interior o sucedáneos que desvían de la fe? Son preguntas relevantes especialmente cuando hay indicadores cualitativos y cuantitativos que muestran, al menos, «un giro espiritual» en la juventud.
El P. Gustavo Lombardo, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), lleva años estudiando la cuestión. Ordenado en 2005, ha dedicado buena parte de su ministerio a la predicación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, apostolado que desarrolla también a través de la página Ejercicios Espirituales Online, en funcionamiento desde 2007. Su investigación sobre la incompatibilidad entre el yoga y los Ejercicios Espirituales, realizada en el marco de un Máster en Ciencias Sociales y Humanísticas por la Universidad Abat Oliba CEU (Barcelona), fue el germen de un libro que ahora ve la luz: una guía de discernimiento que rastrea las raíces gnósticas de la Nueva Era y sus infiltraciones en la cultura, en la espiritualidad e incluso en la teología católica: De espaldas a Dios: Guía de discernimiento para la Nueva Era, el Yoga y otras espiritualidades posmodernas
Desde los fundamentos filosóficos hasta el análisis de autores y prácticas concretas, la obra ofrece herramientas para reconocer lo que el P. Miguel Ángel Fuentes, IVE, describe en el prólogo como una realidad que no tiene nada de nueva: «solo nostalgia (y reviviscencia) del antiguo paganismo, del esoterismo, del ocultismo y del gnosticismo que la luz del Evangelio logró disipar parcialmente durante algunos siglos y que ahora vuelve a cernirse sobre el mundo ensombrecido por el crepúsculo de la civilización que nos toca vivir».
Padre, ¿qué lo llevó a escribir este libro?
Viviendo en Argentina, ya hace unos 15 años atrás, tenía cierta curiosidad sobre qué sería esto del yoga, que ya se empezaba a escuchar. Al llegar a España pude constatar algo que me dolió mucho: en no pocos centros de espiritualidad ignaciana, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio eran sustituidos o mezclados con prácticas de la Nueva Era: yoga, mindfulness, meditación zen.
Llevo veinte años predicando Ejercicios y sé lo que valen (es algo que hacemos como familia religiosa); ver cómo se los desnaturaliza fue el detonante. Empecé a investigar en un máster sobre el tema, y el trabajo de fin de máster se convirtió en este libro de 460 páginas.
¿Qué es exactamente la Nueva Era? ¿No es simplemente una moda inofensiva?
Es exactamente lo contrario de inofensiva. La Nueva Era no tiene ninguna novedad; es la resurrección del antiguo gnosticismo —la pretensión de alcanzar la divinización por medios puramente naturales— revestida con lenguaje moderno. Sus raíces pasan por la Cábala, la masonería y la teosofía de Helena Blavatsky. Su denominador común es el panteísmo —todo es Dios— y el monismo —no hay distinción entre Creador y criatura—, lo cual es radicalmente incompatible con la fe católica. Ya en 2003 la Santa Sede publicó el documento Jesucristo portador del agua de la vida advirtiendo sobre sus peligros.
Usted dedica el capítulo más extenso del libro al yoga. ¿Por qué dice que es incompatible con la fe católica? Mucha gente lo practica «solo como ejercicio físico».
Esa es precisamente la trampa. El P. Joseph-Marie Verlinde, científico belga que fue discípulo de un gurú en la India durante tres años, cuenta que su maestro, Maharishi Mahesh Yogi, se reía de los occidentales que practicaban yoga «solo para relajarse». Les decía: «Sois asombrosos: practicáis esas técnicas sagradas buscando en ellas unos efectos periféricos a los que nosotros damos la menor importancia, y no prestáis la menor atención a las transformaciones profundas que producen en vosotros».
Las técnicas producen sus efectos espirituales queramos o no. No se puede separar la postura del sistema religioso que la sustenta: el yoga es un camino de fusión con lo “divino impersonal”, exactamente lo contrario de la relación personal con Dios que propone el cristianismo.
¿Y qué hay del mindfulness? Se lo presenta como algo científico y neutral.
Eso es un maquillaje muy bien hecho. El mindfulness nació como práctica de meditación budista orientada a alcanzar la iluminación. El monje vietnamita Thich Nhat Hanh lo trajo a Occidente en los años 60, y luego Jon Kabat-Zinn le quitó la etiqueta religiosa para meterlo en hospitales y universidades. Pero el propio Kabat-Zinn ha reconocido que el mindfulness es «el corazón de la meditación budista». Además, estudios científicos recientes documentan efectos adversos significativos. San Juan Pablo II fue muy claro al decir que el budismo es «en gran medida un sistema ateo» y que su camino de salvación es «contrario» al cristiano.
¿Hay exorcistas que confirmen los peligros espirituales de estas prácticas?
Varios, y con casos concretos. El P. Gabriele Amorth, probablemente el exorcista más conocido del mundo, aunque haya fallecido hace unos años; el P. Chad Ripperger en Estados Unidos, que ha visto personas poseídas por practicar yoga; el P. Andrés Esteban López Ruiz, exorcista de la Arquidiócesis de México; y otros en España, Chile y Canadá. El propio Verlinde descubrió que estaba poseído durante una Misa celebrada por un exorcista, después de años de practicar «el más puro yoga». Yo mismo conozco dos casos de posesiones vinculadas al yoga.
Usted también trata el reiki. ¿Es una invocación directa del demonio como se oye decir a menudo?
No en el sentido de que el practicante invoque conscientemente a Satanás. El mecanismo es más sutil: el reikista se abre a una «energía vital universal» de origen indeterminado, suspendiendo el juicio crítico. Como esa fuerza no procede de Dios ni de la gracia, esa apertura deja al sujeto expuesto a influencias del maligno, que, como dice San Pablo, «se disfraza de ángel de luz». El diablo imita la imposición de manos sacramental con una imposición de manos que viene de él.
La cuarta parte del libro es la más delicada: analiza la infiltración de la Nueva Era en la teología católica. ¿Puede dar algún ejemplo?
Analizo en detalle a dos autores: Pablo d'Ors, sacerdote secular de Madrid, y Javier Melloni, S.I. En el caso de d'Ors, bajo lenguaje aparentemente cristiano, propone una espiritualidad donde la conciencia reemplaza a Dios, el pecado se reduce a ignorancia, el sufrimiento pierde su valor redentor y la salvación viene por «el despertar interior» y no por la gracia.
Es una espiritualidad gnóstica, monista y panteísta con ropaje católico. En cuanto a Melloni, disuelve la divinidad única de Cristo en un «Cristo cósmico» accesible a todas las religiones. Propone mezclar los Ejercicios ignacianos con prácticas orientales, desnaturalizándolos por completo.
También dedica un capítulo a Teilhard de Chardin. ¿No ha sido rehabilitado por la Iglesia?
Marilyn Ferguson menciona a Teilhard en veintiséis ocasiones a lo largo de su libro La conspiración de Acuario, conocido como “La biblia de la Nueva Era”. Además, la autora envió un cuestionario a más de doscientas personas y obtuvo ciento ochenta y cinco respuestas, y concluye que “Teilhard aparece como la figura más citada por los Conspiradores de Acuario” entre cuantos ejercieron sobre ellos un influjo profundo, por encima de Aldous Huxley, Carl Jung y Abraham Maslow.
En cuanto a la rehabilitación a la que Ud. hace mención, si bien hubo algún intento, no hay rehabilitación alguna. Teilhard recibió dos condenas del Santo Oficio: un decreto en 1957 que ordenó retirar sus libros de seminarios y librerías católicas, y un Monitum en 1962 que declaró que sus obras «abundan en ambigüedades e incluso errores serios que ofenden a la doctrina católica». Este Monitum nunca ha sido revocado. A pesar de ello, hay quienes hoy proponen hacer los Ejercicios Espirituales «según Teilhard de Chardin», lo cual analizo críticamente en el último capítulo.
El libro tiene un capítulo sorprendente sobre el «engaño alienígena». ¿Qué tiene que ver eso con la Nueva Era?
Más de lo que parece. Muestro cómo el fenómeno extraterrestre es utilizado como herramienta de ingeniería social y está vinculado con lo preternatural. La Nueva Era incorpora la narrativa alienígena como parte de su cosmología: los «seres de luz», los «maestros ascendidos», los mensajes canalizados... todo eso converge. No es ciencia ficción: es una pieza más del mismo rompecabezas gnóstico.
Después de un panorama tan preocupante, ¿qué esperanza le queda al lector?
Toda. El libro se cierra con un capítulo titulado «¡Tú eres fuerte!», que es una exhortación a la fortaleza en la fe. El cristiano no tiene por qué temer a la Nueva Era si conoce su fe y la vive. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, bien hechos, son la mejor vacuna contra todo este engaño, porque ponen al alma cara a cara con Cristo. Y la Santísima Virgen, Sede de la Sabiduría, es nuestra mejor protección. Como digo en el libro: de lo que se trata es de pasar de estar de espaldas a Dios a contemplar su Rostro.
HAY LIBROS DICTADOS POR DEMONIOS: NUEVA ERA (NEW AGE)
El exorcismo no es una reliquia del pasado. Es un fenómeno vivo, presente hoy en culturas de todo el mundo, y que la Iglesia católica sigue practicando en su lucha contra el mal.
En una era en que la ciencia parece tener respuestas para casi todo, resulta inquietante comprobar que aún existen experiencias que escapan a la explicación médica y que intentan resolver nuestra lucha cotidiana entre la luz y la oscuridad. Personas que aseguran estar poseídas. Voces que no reconocen como propias. Fuerzas que desafían lo conocido.
¿Dónde termina la enfermedad y dónde comienza lo inexplicable?
El Dr. José Miguel Gaona lleva años enfrentándose a esa frontera. Ha presenciado exorcismos, investigado casos documentados por la Iglesia y entrevistado a figuras clave como el exorcista padre Amorth o el psiquiatra Richard Gallagher, quien describe episodios que desafían la lógica: pacientes que hablan con precisión lenguas desconocidas, revelan datos imposibles de conocer por ellos y manifiestan una fuerza fuera de lo común.
Este libro es el resultado de ese viaje al límite entre la fe y la razón. Un recorrido inquietante por los territorios donde la psiquiatría, la espiritualidad y el misterio se entrelazan. Es una invitación a dudar. A mirar más allá. Y a preguntarse si, en ocasiones, la realidad es mucho más extraña de lo que estamos dispuestos a admitir.
Prólogo
Estimado lector: Ha sido un placer para mí, como colega médico, escritor y profesor de Psiquiatría en Nueva York, haber tenido la oportunidad de intercambiar ideas profesionales con el Dr. José Miguel Gaona. Me han impresionado sus rigurosos estudios sobre las experiencias cercanas a la muerte, la naturaleza de la conciencia y el diverso mundo de los fenómenos psíquicos en un sentido amplio. Su libro Al otro lado del túnel es una excelente panorámica de múltiples aspectos de estos temas tan controvertidos.
Me alegré mucho cuando me envió el borrador de su último libro sobre la práctica del exorcismo. Se trata de un estudio histórico, fenomenológico y teológico de otro campo de estudio aún más relevante. Su propia formación médica y su experiencia de observación en la materia hacen que este libro sea valioso, riguroso e incluso práctico. Una de sus principales virtudes es su accesibilidad para el público que busca la opinión de un psiquiatra contemporáneo, de gran inteligencia y sólida formación.
El Dr. Gaona ha escrito un valioso estudio sobre la realidad de los ataques demoníacos y la aplicación de prácticas exorcísticas prudentes para aliviar a personas que realmente sufren, lo cual constituye la verdadera señal de cualquier médico comprometido con el bienestar de sus pacientes.
Profesor Doctor Richard Gallagher *
Psiquiatra, Universidad de Columbia, Nueva York, 2026
* Richard Gallagher, MD, psiquiatra y profesor de Psiquiatría en el New York Medical College y psicoanalista en el claustro de la Universidad de Columbia. Graduado en la Universidad de Princeton, con honores Phi Beta Kappa en estudios clásicos, realizó su residencia en Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale. Colaborador directo de exorcistas católicos durante décadas. Considerado el principal experto científico del mundo en el tema de los ataques diabólicos, ha sido miembro activo de la Asociación Internacional de Exorcistas desde la década de 1990. Autor de Demonic Foes, HarperOne, 2020; en español, Enemigos demoníacos.
¿POR QUÉ UN LIBRO SOBRE EXORCISMOS HOY?
«En mi nombre expulsarán demonios».
Evangelio de Marcos 16,17
Durante el tiempo en que viví en Malí, era inevitable dar un paseo por el mercado de Bamako. En algunos puestos se vendían amuletos o animales, algunos disecados o en pedazos para realizar actos de magia. Un alto precio y un hedor insoportable eran el peaje que había que pagar para intentar atraer a las entidades invisibles hacia causas más favorables de sus compradores o poco propicias para sus enemigos.
No pensaba en el poder mágico de dichos objetos por sí mismos, pero sí en la gran influencia de ellos sobre los seres humanos que participaban en dichos rituales y, quizá, la movilización de antiquísimas fuerzas invisibles.
Pero años antes, durante mi infancia en Chile, alguna criada mapuche1 solía cuidarme durante alguna de las salidas de mis padres. Me convertía en oyente de interesantes y profundas historias de su pueblo indígena que no dejaban de impresionarme. A ciertas horas de la noche aquellos relatos parecían materializarse y la cuidadora parecía tornarse en una machi2 de cuya mano traspasaba fronteras mágicas que todavía, al día de hoy, intento volver a encontrar.
Tal vez había una parte de sugestión, pero otra se adentraba en los laberintos más profundos del ser humano. Esa zona gris, o ennegrecida por el miedo y por la lucha entre la luz y la oscuridad, que nos persigue desde que mirábamos al cielo buscando las estrellas nada más salir de la caverna.
Lo inexplicable regresa
Vivimos en un tiempo en el que todo va extremadamente rápido. Por un lado, la inteligencia artificial es capaz de crear obras artísticas y algunos programas llegan casi a adivinar lo que vamos a hacer. Otros, como los de mi profesión, ya son capaces de diagnosticar la depresión e incluso aventurarse a predecir cómo van a evolucionar. Parece que la ciencia tiene respuestas para casi todo. Sin embargo, los exorcismos siguen siendo importantes y la gente se sigue interesando por ellos. Entonces, ¿por qué escribir sobre esto ahora? La respuesta no es especialmente fácil. Existen muchas razones por las que los seres humanos necesitamos imaginar aquello que desconocemos y también encontrar sentido en un mundo que para muchos parece vacío.
Casi podríamos decir que un exorcismo va mucho más allá de expulsar los espíritus malignos del cuerpo o del alma de alguien. Es algo que va más allá de cualquier religión. De hecho, prácticamente todas las culturas del mundo lo hacen: desde los chamanes en América hasta los budistas en el Tíbet, sin olvidar a los hindúes o, por supuesto, numerosas religiones africanas. Lo que quiero decir es que todos necesitamos apoyo espiritual y que no importa de dónde seamos ni en qué época hayamos vivido.
Para complicar aún más las cosas, observamos que el número de casos en todo el mundo, aunque no existen estadísticas especialmente fiables, siguen estables o incluso podríamos decir que aumentan. La Iglesia católica tiene más exorcistas actualmente que hace unas décadas. ¿Qué es lo que sucede en la mente con el espíritu de un ser humano cuando dice encontrarse poseído y busca exorcizarse? ¿Cómo es posible que, en ocasiones, la psiquiatría o la psicología se estrellen contra la muralla del espíritu?
El contexto histórico y por qué sigue siendo importante
Los exorcismos no son rituales del pasado; siguen existiendo y de una manera muy fiel a como se realizaban siglos atrás. La historia de los exorcismos revela una parte importante acerca de cómo los seres humanos hemos lidiado con aquellas cuestiones en las que fuimos o incluso somos ignorantes: enfermedades mentales, sufrimientos de alta intensidad, debacles psicológicas que en ocasiones nos pueden llevar a quitar la vida.
Lo sugestivo de la situación es que, hasta no hace mucho, muchas enfermedades mentales, comúnmente llamadas «de los nervios», y algunas otras de origen neurológico, como la epilepsia, se veían como si los espíritus «malos» habitasen dentro de las personas. Ello nos podría llevar a pensar que los exorcismos no son otra cosa que una forma milenaria de practicar la medicina que, además, tenía todo el sentido con las creencias ancestrales. Sin embargo, a pesar de todo lo que sabemos actualmente sobre la psiquiatría o la neurología, muchas personas, incluso profesionales altamente formados, toman en consideración el exorcismo como una forma de liberarse de otros estados, como son las «posesiones».
No queremos aceptar explicaciones solo sobre las cosas materiales. También nos confunden algunas experiencias extremas. ¿Cómo explicar cuando alguien cambia de forma radical, tiene conocimientos que no debería saber, una fuerza sobrenatural, o bien habla idiomas que, aparentemente, no conoce? Es entonces cuando comienzan nuestras dudas.
Esta búsqueda de explicaciones, que va más allá de lo que podríamos esperar, ocurre incluso en países donde, aparentemente, la religión no parecía tan importante. Por ejemplo, en Estados Unidos, un país que visito con mucha frecuencia, han aumentado los exorcismos.
En Hispanoamérica, gracias al crecimiento de las iglesias pentecostales, las prácticas para expulsar los espíritus de las almas ajenas han vuelto con mayor intensidad. Incluso, en la cada vez más atea Europa, todavía se realizan exorcismos.
Lo que dicen la psicología y la antropología
Pero los exorcismos podrían ayudarnos a entender importantes cuestiones de la experiencia humana que no llegan a explicarse solamente con la razón. Los casos de posesiones demoníacas tienen casi siempre cosas en común en diferentes culturas y épocas, algunas de las cuales ya hemos descrito unas líneas más arriba.
Algunas de estas reacciones, que quizá deberíamos llamar «síntomas», podrían tener fácil explicación por parte de las ciencias que estudian la mente humana. Por ejemplo, el trastorno de identidad disociativo explicaría los cambios de personalidad. Algunos estados alterados de conciencia explicarían la adquisición de cierta información que bajo estados de vigilia no se podrían realizar. Cabe señalar que algunos estados psicóticos podrían imitar las posesiones. Pero, una vez más, estas explicaciones no acaban de tranquilizar muchas veces a aquellos que las padecen ni tampoco a sus familias. En ocasiones, lo más confuso del caso es que, cuando han fracasado los profesionales de la salud mental, entonces tienen éxito los sacerdotes con sus exorcismos.
¿No será que las ciencias de la mente, profundamente materialistas, todavía no saben cómo manejar estas cuestiones espirituales?
Justamente por esta última idea creo que es importante escribir sobre exorcismos en la época actual: tenemos que llegar a conectar la ciencia con la realidad. Tenemos que incluir el estudio profundo de lo espiritual con aquellas cuestiones que algunos científicos han sido incapaces, por su tozudez, de medir. Después de todo, ¿no resulta innegable que muchas de las cosas más importantes que poseemos los seres humanos son imposibles de medir, son intangibles?: el amor, la amistad, la lealtad y un largo etcétera que, justamente, constituyen nuestra esencia. Esta unión o intersección de la ciencia, la psicología, la antropología y la espiritualidad nos hará comprender quiénes somos.
También desde la antropología el exorcismo no deja de ser un excelente mecanismo para que la Iglesia sane a esa persona que se cree poseída y la devuelva a la sociedad. Es un verdadero ritual para reintegrarnos, quizá para procesar traumas que nos afectan a todos y para reforzar nuestras creencias comunes.
Cómo influyen la cultura popular y los medios
No creo desvelar ningún secreto si decimos que los exorcismos siguen siendo unos rituales muy relevantes en la cultura popular que se manifiesta a través de los medios. Quizá todo comenzó con aquel clásico de la película llamada El exorcista, en la que el padre Damien Karras se enfrentaba a todo tipo de fenómenos; luego series de televisión, documentales, pódcasts en las redes sociales y programas realizados por youtubers independientes. Los exorcismos, como siempre, en la mente de todos.
Por una parte, se ha reavivado este ritual y se han mantenido vivas preguntas importantes sobre el mal y lo sobrenatural, pero, por otro, es igualmente cierto que también se ha hecho mucho sensacionalismo y se han creado ideas falsas acerca de cómo son realmente los exorcismos.
Paradójicamente, los medios también influyen acerca de cómo las personas vivimos y damos traducción a nuestras propias experiencias a través de un verdadero «contagio cultural». En otras palabras, los medios pueden influir sobre nuestros síntomas psicológicos. Antiguamente, por ejemplo, en nuestra cultura occidental se daban con mucha mayor frecuencia los trastornos conversivos.3 Este tipo de cuadro ha ido disminuyendo en gran medida con el paso de los años. La psicología social, en tanto, explica cómo las expectativas culturales influyen en los síntomas.
Pero estos mismos medios también reflejan miedos sociales en estos tiempos modernos, ya sea perder el control, la desintegración de la familia, peligros para los niños o supuestas invasiones por elementos externos. En estos casos, el exorcismo se convierte en una forma de enfrentar las incertidumbres de la vida moderna.
Un libro sobre exorcismos en la actualidad debería hablar no solamente acerca de cómo esta dimensión mediática puede llegar a distorsionar la realidad —le recuerdo que quien escribe estas líneas trabaja también en medios de comunicación—, sino también como parte integral de estos miedos que seguramente retroalimentan los síntomas de las posesiones. Estas representaciones culturales no son tan solo una serie de relatos, sino que su estudio nos puede ayudar a entender la realidad social que nos rodea y la interpretación de los mismos, tanto por aquellos que padecen los susodichos síntomas como por todos los que nos interesamos en la construcción de la realidad.
A la vez, la ciencia, obviamente, tiene limitaciones a la hora de abordar la experiencia humana y su relación con el exorcismo. Podemos explicar mecanismos, pero raramente abordamos el significado, el propósito y, por supuesto, la experiencia subjetiva. Por ejemplo, un diagnóstico de trastorno disociativo podrá describir los síntomas y quizá facilitar un tratamiento, pero no garantizar la salvación integral del paciente.
Al mismo tiempo, la situación se complica al entender que la ciencia occidental se basa fundamentalmente en el materialismo metodológico, forma de pensar que, por supuesto, ha sido imprescindible para avanzar en muchas de las materias del conocimiento humano. Sin embargo, esta metodología puede presentar dificultades para abordar aspectos de la experiencia humana que no se ajusten a sus modelos. Esta manera de pensar no niega el rigor científico, pero tenemos que reconocer que dicho método saldría ganando si añadiéramos enfoques complementarios para entender aquellas cuestiones que se escapan de las mediciones materialistas.
¿Cómo estudiar ciertos casos que desafían cualquier explicación de la ciencia actual? Subrayo la palabra «actual», ya que probablemente en algunos años esa próxima ciencia se acercará mucho más a todas estas explicaciones. No son frecuentes, pero sí que hay informes de fenómenos durante los exorcismos y, lógicamente, también durante las posesiones que exceden a los mecanismos psicológicos o neurológicos conocidos. Parece resultar evidente que existen aspectos de la realidad aún no comprendidos.
Un libro sobre exorcismos en el siglo xxi debería buscar un equilibrio entre el escepticismo científico y distintas posibilidades que pudieran ir más allá de los paradigmas actuales. Debe intentar explicar desde la ciencia aquellos casos que la desafían, permitiendo a los lectores formarse sus propias conclusiones.
Resulta llamativo cómo ha cambiado el contexto religioso del exorcismo en las últimas décadas. Antiguamente, el exorcismo era propio de ciertas denominaciones cristianas, pero ahora también se ha adoptado, quizá transformado, en otras prácticas en forma de «liberación espiritual». Por ejemplo, el pentecostalismo ha difundido ideas sobre la guerra espiritual y la liberación que van más allá de los exorcismos tradicionales. También llama la atención que algunos movimientos new age hayan desarrollado sus propias versiones de «limpieza energética». Paradójicamente, muchos de estos parroquianos que se autodenominan ateos no solo buscan esa imprescindible dimensión espiritual, sino que además replican antiquísimas técnicas de sanación.
Dentro de esta variedad espiritual no son pocas las personas que han reemplazado la adhesión a doctrinas religiosas tradicionales por una construcción de su propia espiritualidad, un tanto «a medida», combinando elementos de distintas tradiciones, pero que si las miramos de cerca y con buena voluntad veremos que no son otra cosa que reinterpretaciones de nuestras creencias milenarias.
Atendiendo a estos cambios sociales, la Iglesia católica, históricamente asociada al exorcismo formal, ha ido adaptando sus prácticas y también la formación de los sacerdotes no solo incrementando el número de exorcistas, sino también desarrollando protocolos para distinguir entre problemas espirituales y psicológicos y, por supuesto, colaborando con profesionales de la salud mental. Todo ello muestra una evolución por parte de la Iglesia en la que ella misma reconoce que el tema de las posesiones no puede abordarse solo desde una perspectiva religiosa tradicional.
Resulta interesante hacer notar que, a su vez, el secularismo no se ha querido quedar atrás y ha creado también un espacio donde tanto las posesiones como los exorcismos se intentan reinterpretar en términos psicológicos o terapéuticos sin perder su dimensión espiritual.
Tanto es así que algunos terapeutas han incorporado elementos rituales en su práctica, y no quiero ahora mencionar algunos tipos de drogas de tipo enteógeno,4 como la ayahuasca o el hongo peyote. Experiencias espirituales que, a su vez, son difíciles de categorizar.
Hoy, en pleno siglo xxi, podemos utilizar todas las herramientas científicas en nuestra mano para estudiar tanto las posesiones como los exorcismos, a diferencia de los siglos pasados y de los casos históricos basados en testimonios que podrían ser cuestionables. En la actualidad, los casos se documentan con vídeos, audios y, por supuesto, con la observación directa por parte de los investigadores. Sin embargo, creo que son numerosos los casos en los que no se investiga a fondo fenómenos relacionados, por ejemplo, con cambios de temperatura, movimientos de objetos, efectos sobre equipos electrónicos, etc., dado el escepticismo de algunos científicos que afirman no creer en este tipo de cuestiones sin siquiera investigarlas. El propósito de este libro es, entre otros, permitir a los lectores evaluar los datos por sí mismos.
En estos casos de posesión se han observado diversos patrones de comportamiento en los que dichas experiencias se encuentran mediatizadas según factores culturales y personales.
Practicar exorcismos en el siglo xxi plantea una serie de cuestiones éticas que en el pasado carecían de consideración. Una de ellas no es solamente el consentimiento informado, sino también proteger a aquellos individuos que podrían considerarse psicológicamente vulnerables. Muchas personas que dicen estar poseídas y buscan un exorcismo se encuentran a menudo en estados de angustia psicológica y quizá no tomen las decisiones racionales propias del tratamiento que deberían recibir.
Todo ello, como es lógico, da lugar a numerosos interrogantes: ¿cuándo sería apropiado realizar un exorcismo o cuándo sería recomendable derivar a la persona a tratamiento psicológico? ¿Podría ser que en ocasiones los exorcistas estuvieran causando más daño que beneficio al obviar una patología mental? ¿Existen medidas para proteger a estas personas vulnerables de aquellos que quieren practicar exorcismos en, por ejemplo, un grupo de una secta?
En este complejo cóctel donde intentamos diferenciar qué partes podrían ser de responsabilidad sobrenatural y cuáles son psicológicas, ¿cómo tenemos que entender los casos de aquellas personas en las que el exorcismo ha tenido éxito y les ha producido alivio? ¿Un mero efecto placebo? ¿Sugestión? Incluso, ¿cómo se podría manejar y convencer a la comunidad científica de los beneficios de estos rituales de sanación si realmente tienen efectos terapéuticos reales? Me atrevería a decir incluso si los mecanismos psicológicos subyacentes no son aquellos que se asocian con los exorcismos tradicionales de la Iglesia católica.
Tal vez los exorcismos no hablan tanto de demonios como de nosotros mismos: de nuestro miedo al mal, de nuestra sed de sentido y de la eterna lucha entre la oscuridad y la luz en el corazón humano.
Pero la cuestión puede ser aún más compleja. Pensemos en algunas sociedades donde las creencias en la posesión demoníaca son tremendamente fuertes y están implantadas en su dinámica diaria. Estas creencias pueden literalmente estigmatizar a personas con enfermedades mentales, o bien evitar que busquen tratamiento médico. Al mismo tiempo, que las instituciones médicas o educativas rechacen este tipo de creencias creará barreras para que algunos grupos culturales tengan acceso real a los servicios de salud.
Otra paradoja de este siglo que estamos viviendo es que estos fenómenos no dejan de ser una verdadera búsqueda humana sobre el significado de la existencia en una época en la que muchos la consideran espiritualmente pobre. Es cierto que estamos rodeados de multitud de avances tecnológicos y científicos, pero, a pesar de todo, son muchas las personas que experimentan un vacío existencial, una pérdida de conexión con aquello que tradicionalmente se ha considerado como trascendente.
Experiencias de posesión y exorcismo son una forma más de conectar con otras dimensiones espirituales de la realidad que se sienten perdidas en el mundo moderno, porque nuestra psique sigue teniendo hambre de ellas. Para otros lectores, esta podría ser una explicación a para sufrimientos cuya etiología desconocen y que la ciencia no ha sabido abordar.
En un mundo donde casi todo parece ser explicado a través de la física o de la química, este tipo de creencias mantienen vivo en lo más profundo de cada uno de nosotros que existan dimensiones de la realidad que vayan no solamente más allá de lo material, sino más allá de nuestras percepciones. Esta búsqueda de trascendencia en la vida no es necesariamente regresiva o anticientífica, sino el producto de integrar distintas formas de conocimiento o experiencia. Entender de las posesiones o los exorcismos puede llegar a servir para integrar la ciencia, la psicología y la antropología, así como aquellas cuestiones espirituales que busca gran parte de la humanidad y que respetan la necesidad del máximo rigor intelectual y la realidad de la experiencia humana, incluyendo, por supuesto, la experiencia religiosa del tipo que sea.
Todo ello puede recordarnos que, por mucho que avancemos en nuestro conocimiento, una vez que miramos al infinito, o bien dentro de nosotros mismos, intentando encontrar ese sentido de la vida, nos damos cuenta de que seguimos siendo criaturas que buscamos significado a lo que nos rodea y que el pensamiento racional, tal como lo entendemos hoy en día, no nos proporciona todas las respuestas.
Por último, escribir sobre exorcismos hoy en día es escribir sobre la persistencia de lo sagrado en un mundo secular, sobre cómo buscar la salvación en el terreno de lo espiritual, pero quizá, sobre todo, acerca de la resistencia del espíritu humano a ser reducido a simple materia.
CONCLUSIONES
• El exorcismo sigue siendo un fenómeno universal. A pesar de los avances científicos, rituales similares aparecen en casi todas las culturas, reflejando una necesidad humana profunda de dar sentido al mal y al sufrimiento.
• La posesión se sitúa entre la mente y la cultura. Muchos de sus síntomas pueden explicarse psicológicamente, pero su forma de manifestarse está fuertemente influida por creencias y contextos culturales.
• La ciencia aún tiene límites para explicar ciertas experiencias. Aunque describe mecanismos y síntomas, no siempre logra abordar plenamente el significado espiritual o existencial que estas vivencias tienen para quienes las padecen.
• El exorcismo puede cumplir funciones simbólicas y sociales. Desde la antropología, estos rituales actúan como formas de canalizar el sufrimiento y reintegrar al individuo dentro de su comunidad.
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1 Pueblo indígena más numeroso de Chile y el suroeste de Argentina, cuyo nombre significa «gente de la tierra».
2 La machi es la máxima autoridad espiritual y curandera tradicional del pueblo mapuche en Chile y Argentina, actuando como intermediaria entre el mundo terrenal y espiritual. Su rol incluye sanar enfermedades físicas y espirituales.
3 Los trastornos de conversión son un grupo de trastornos mentales que tienen en común la presencia de síntomas y signos físicos, principalmente neurológicos, sin que exista una enfermedad o causa física objetivable que pueda explicarlos. Antiguamente se agrupaban bajo el diagnóstico de histeria.
4 Dicho de una sustancia: Que produce alucinación y que inicialmente fue utilizada en contextos religiosos y chamánicos, y hoy puede consumirse con otros fines (RAE).
Entrevista con José Miguel Gaona: Un neuropsiquiatra frente al demonio
Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
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“Nací y crecí en un lugar donde dicen ” Pa’lante es pa’llá”, donde se pide la bendición al entrar, al salir, al levantarte y al acostarte, donde se comen arepas, cachapas y espaguetti con diablito, donde se menea el whisky con el dedo, donde se respira alegría aún en las adversidades, donde se regalan sonrisas hasta a los extraños, donde todos somos panas, donde aguantamos chalequeos, donde se trata con cariño sincero, donde los hijos de tus amigos son tus sobrinos, donde la gente siempre es amable, donde los problemas se arreglan hablando y tomando una cervecita, donde no se le guarda rencor a nadie y donde nadie se molesta por tonterías, donde hasta de lo malo se saca un chiste, donde besamos y abrazamos muchísimo, donde expresamos con cariño nuestros sentimientos, donde hay hermosas playas, ríos, selvas, montañas, nieve, llanos, sabana y desierto, un país de gente bella, cariñosa y alegre donde se mezclaron armoniosamente las razas, donde el extranjero se siente en casa y donde siempre encontramos cualquier motivo para celebrar con los amigos. Nací y crecí en VENEZUELA, me siento orgulloso de ser venezolano y seguiré manteniendo mi espíritu venezolano en cualquier lugar del mundo”
¡NO TE RINDAS!
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ Si la angustia te seca, si la ansiedad te asfixia, si la tristeza te ahoga, si el pesimismo te ciega... llora, grita, comunícate, exterioriza tu dolor.... pero JAMÁS te rindas.
Levanta tu mirada, respira hondo... ¡LUCHA..! amig@...lucha ... PORQUE Sí hay salida. Sí hay sentido. Sí hay ESPERANZA. Levanta tus manos y pide ayuda.
No te des por vencid@...y poco a poco verás La Luz. NO te rindas amig@, lucha. NO ESTÁS SOL@.
PORQUE VERÁS QUE SÍ VALIÓ LA PENA... ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."
(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
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OBSOLESCENCIA ES LA planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, nos conduce al CONSUMISMO exacerbado, por culpa de algo evitable, destruimos recursos, planeta y dinero por algo que podríamos tener durante mucho tiempo.