EL Rincón de Yanka: SECULAR

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jueves, 9 de enero de 2025

LIBRO "UNA FE LÓGICA": ARGUMENTOS RAZONABLES PARA CREER EN DIOS por TIMOTHY KELLER 🔥

 UNA FE LÓGICA

Argumentos razonables 
para creer en Dios


VIVIMOS EN UNA ÉPOCA en que se valora la razón empírica, la evolución del progreso humano y el derecho de todos a elegir su más auténtica expresión del sentido de la vida, de propósito y de gozo. Entonces, ¿tiene sentido la noción de un Dios o de un poder superior? ¿La fe y la religión ofrecen algo de valor?
En este nuevo libro intelectualmente estimulante, el pastor y autor de varios best seller del New York Times, Timothy Keller, invita a los estudiantes de filosofía secular y a aquellos escépticos en cuanto a la fe y la religión en general a considerar que el Dios cristiano sigue teniendo sentido. ¿Qué pasaría si el cristianismo nos proveyera recursos sin precedentes para responder las preguntas sobre la satisfacción, la libertad personal, la justicia y la esperanza?
Escrito para el que está buscando pero se encuentra indeciso, así como para el escéptico secular, Una fe lógica arroja luz sobre el profundo valor y la importancia del cristianismo, ahora más pertinente que nunca.

Roger Penrose: probabilidad del universo con condiciones para vida es tan improbable que escribirla requiere más ceros que átomos.
Einstein: "Dios no juega dados". 
Hawking: "Conoceríamos mente de Dios".
No eres accidente, eres milagro matemático de 1 en 10^10^123 con propósito divino.

PREFACIO

La fe de la persona secular 

He sido pastor en Manhattan, Nueva York, durante casi 30 años. La mayor parte de la gente que vive en esta ciudad no profesa una religión, ni son lo que suele llamarse cristianos porque celebran la Navidad y la Semana Santa. Más bien, la mayoría se identificaría como «secular» o «sin afiliación religiosa». 

Hace poco el New York Times hizo un reportaje sobre un foro semanal que tiene nuestra iglesia para gente que es escéptica sobre la existencia de Dios o cualquier otra realidad sobrenatural. Las reglas básicas del grupo asumen que ninguna religión ni la secularidad son verdad. En cambio, se consultan múltiples fuentes (experiencia personal, filosofía, historia, sociología, así como textos religiosos) para comparar los sistemas de creencias y considerar cuán razonable es uno u otro con respecto a los demás. Sin duda, la mayor parte de los participantes viene a la discusión con un punto de vista y tiene la esperanza de que su cosmovisión se refuerce mediante este proceso de evaluación. No obstante, también a cada persona se le invita a estar abierta a la crítica y a estar dispuesta a reconocer las fallas y los problemas en su manera de ver las cosas [1]. 

Después de que se publicó el artículo, varios tableros de mensajes y foros en internet lo discutieron. Muchos no lo tomaron en serio. Uno de los comentarios afirmaba que el cristianismo «carece de sentido en el mundo real y natural en que vivimos» y por tanto no tiene «mérito [racional]» en absoluto. Muchos se opusieron a la opinión de que la secularidad fuera un conjunto de creencias que podría compararse con otros sistemas. Por el contrario, afirmaban, sería solo una apreciación adecuada de la naturaleza de las cosas basada estrictamente en una evaluación racional del mundo. La gente religiosa trata de imponer sus creencias en otros, pero, se indicó, cuando las personas seculares exponen sus argumentos, ellas solo tienen hechos, y las personas que no están de acuerdo cierran sus ojos a estos hechos. La única manera de ser un cristiano, afirmaba otro, es asumir que las fábulas de la Biblia son verdad y cerrar tus ojos a toda razón y evidencia. 

En otro foro, los participantes no podían entender por qué algunos escépticos seculares se acercarían a ese grupo. «¿Piensan que “aquellos que no tienen afiliación religiosa” en Estados Unidos es porque nunca han escuchado las “buenas nuevas?”» preguntó un hombre con incredulidad. «¿Piensan que la gente secular llegará a ese lugar y escuchará y dirá: “por qué nadie me había dicho esto?”». Otro escribió: «Las personas no carecen de una afiliación religiosa porque no están familiarizadas con la religión, sino porque así lo han escogido [2]». 

Sin embargo, a través de los años han sido innumerables las veces que he estado en esta clase de discusiones de grupo, y las conjeturas de estos críticos sobre aquellos que carecen de una afiliación religiosa son en gran medida equivocadas. Tanto los creyentes como los no creyentes en Dios llegan a sus respectivas conclusiones a través de una combinación de la experiencia, la fe, el razonamiento y la intuición. Y en estos foros, suelo escuchar a los escépticos decirme: «Desearía haber conocido antes que existía esta clase de creencia religiosa y esta forma de pensar sobre la fe. Esto no quiere decir que voy a creer ahora, pero nunca antes había tenido tantos elementos para reflexionar sobre estos temas». 

El material en este libro es una manera de ofrecer a los lectores (en especial a los más escépticos, quienes pueden pensar que las «buenas nuevas» carecen de relevancia cultural) los mismos elementos para la reflexión. Compararemos las creencias y las afirmaciones del cristianismo con las creencias y las afirmaciones del punto de vista secular, al preguntarnos cuál tiene más sentido para un mundo complejo y la experiencia humana. 

Sin embargo, antes de que procedamos, deberíamos detenernos un momento para considerar en qué forma usaremos la palabra «secular». Hay, al menos, tres maneras en que se usa esta palabra hoy. 

Una manera aplica el término a la estructura política y social. Una sociedad secular es aquella en la que hay una separación entre la iglesia y el estado. El gobierno y las instituciones culturales más importantes no favorecen ninguna fe religiosa. El término «secular» puede también usarse para describir a los individuos. Una persona secular es aquella que no conoce si hay un Dios ni un ámbito sobrenatural más allá del mundo natural. Todo, según este punto de vista, tiene una explicación científica. Por último, el término puede describir un determinado tipo de cultura con sus temas y narrativas. Una época secular es aquella en la que todos los énfasis están en el saeculum, en el aquí y el ahora, sin ningún concepto de lo eterno. El sentido de la vida, la dirección y la felicidad se entienden y se buscan en la prosperidad económica del tiempo presente, el bienestar material y la plenitud emocional. 

Es útil distinguir cada uno de estos aspectos de la secularidad, porque no son idénticos. Una sociedad podría tener un estado secular incluso si hubiera pocas personas seculares en el país. Otra distinción es muy común. Los individuos podrían profesar no ser seculares y tener una fe religiosa. No obstante, a un nivel práctico, la existencia de Dios quizás no tenga un impacto perceptible en su conducta y en las decisiones en sus vidas. Esto es así porque en una época secular incluso las personas religiosas tienden a escoger a sus parejas y cónyuges, carreras y amistades, así como las opciones financieras, con un objetivo no mayor que su propia felicidad en el tiempo presente. Sacrificar la paz y la prosperidad personal por causas trascendentes ha llegado a ser raro, incluso para las personas que afirman que creen en valores absolutos y en la eternidad. Aunque no seas una persona secular, la época secular puede «diluir» (secularizar) la fe hasta que la consideres solo como una elección más en la vida —al igual que el trabajo, la recreación, los pasatiempos, la política— más que como el marco general que determina todas las elecciones en la vida [3]. 

En este libro, usaré la palabra «secular» en la segunda y tercera maneras y presentaré a menudo fuertes críticas a estas posiciones. Sin embargo, soy un gran defensor del primer tipo de secularidad. No quiero que la iglesia o cualquier otra institución religiosa controle al estado, ni que el estado controle a la iglesia. Las sociedades en las cuales el estado ha adoptado y promovido una fe única han sido a menudo opresivas. Los gobiernos han usado la autoridad de la «única religión verdadera» como una justificación para la violencia y el imperialismo. Resulta irónico que el matrimonio entre la iglesia y el estado termine debilitando a la religión que se ha favorecido más que fortalecerla. Cuando a las personas se les impone una religión a través de la presión social en vez de escogerla libremente, a menudo la adoptan a medias o de manera hipócrita. La mejor opción es un gobierno que no promueve una sola fe ni una forma doctrinaria de creencia secular que denigra y margina la religión.

Un estado realmente secular crearía una sociedad de verdad pluralista y un «mercado de ideas» en que las personas de toda clase de creencias, que incluye a aquellos con creencias seculares, podrían con libertad contribuir, comunicar, coexistir y cooperar en un marco de respeto mutuo y paz. ¿Existe ese lugar? No, todavía no. Sería un lugar donde las personas, aunque difieran enormemente, escucharían con atención antes de hablar. Allí, las personas evitarían todo subterfugio y tratarían las objeciones y las dudas de los demás con respecto y seriedad. Tratarían de comprender la otra posición tan bien que sus oponentes pudieran afirmar: 
«Tú presentas mi posición en una mejor manera y más convincente de lo que yo mismo lo hago». Admito que tal lugar no existe, pero espero que este libro sea una pequeña e imperfecta contribución hacia su creación. 

Hace algunos años escribí el libro ¿Es razonable creer en Dios?, el cual provee un conjunto de razones para creer en Dios y el cristianismo. Aunque este libro ha sido útil para muchos, no comienza lo suficientemente atrás para muchas personas. Incluso algunos no comenzarán el viaje de exploración, porque, con franqueza, el cristianismo no parece bastante relevante para que valga la pena. «¿Acaso la religión no exige saltos de fe ciega en una época marcada por la ciencia, la razón y la tecnología?», preguntan. «Sin duda, menos y menos personas sentirán la necesidad de la religión y esta desaparecerá». 

Este libro comienza abordando esas objeciones. En los primeros dos capítulos desafiaré con firmeza tanto la presunción de que el mundo se está volviendo más secular y la creencia de que las personas no religiosas, seculares, fundamentan su punto de vista sobre la vida principalmente en la razón. La realidad es que cada persona adopta su propia cosmovisión por una variedad de factores racionales, emocionales, culturales y sociales. 

Después de esa primera sección del libro, en los próximos capítulos compararé y contrastaré cómo el cristianismo y la secularidad (con referencias ocasionales a otras religiones) buscan proveer sentido en la vida, satisfacción, libertad, identidad, una brújula moral y esperanza; todas estas cosas tan cruciales que no podemos vivir sin ellas. Argumentaré que el cristianismo tiene más sentido emocional y cultural, que explica las cuestiones relativas a la vida en las formas más incisivas, y que nos ofrece inigualables recursos para satisfacer estas necesidades humanas ineludibles. 

¿Es razonable creer en Dios? no aborda muchas de las creencias de trasfondo que nuestra cultura nos ha impuesto en cuanto al cristianismo, lo cual lo hace parecer poco creíble. Estas presunciones no se nos presentan de manera explícita con argumentos. Más bien, son absorbidas por las historias y los temas del espectáculo y las redes sociales. Se asume que son simplemente «como son las cosas [4]». Son tan fuertes que incluso muchos creyentes cristianos, quizás en secreto al principio, descubren que su fe se ha hecho cada vez menos real en sus mentes y corazones. Mucho o la mayor parte de lo que creemos en este nivel es, por lo tanto, invisible a nosotros como creencia. Algunas de las creencias que abordaremos son: 
  • «No necesitas creer en Dios para tener una vida plena de significado, esperanza y satisfacción» (capítulos 3, 4 y 8). 
  • «Debes ser libre para vivir como mejor te parezca, mientras que no lastimes a otros» (capítulo 5). 
  • «Empiezas a ser tú mismo cuando eres fiel a tus más profundos deseos y sueños» (capítulos 6 y 7). 
  • «No necesitas creer en Dios para tener un fundamento para los valores morales y los derechos humanos» (capítulos 9 y 10). 
  • «Hay poca o ninguna evidencia para la existencia de Dios o la veracidad del cristianismo» (capítulos 11 y 12). 
Si piensas que el cristianismo no promete mucho en cuanto a tener sentido para una persona razonable, entonces este libro está escrito para ti. Si tienes amigos o familia que se sienten de esta manera (y ¿quién en nuestra sociedad no se siente así?), este libro debería ser de interés para ti y para ellos también. 

Después de una de estas discusiones de «bienvenida para los escépticos» en nuestra iglesia, un hombre mayor se me acercó. Él había asistido a muchas de nuestras reuniones. «Me doy cuenta ahora —me indicó—, que tanto en mis años de juventud cuando iba a la iglesia y en los años en los que he vivido como un ateo, nunca en realidad consideré cuidadosamente mis fundamentos. Mi entorno me ha influenciado demasiado. No he reflexionado en las cosas por mi cuenta. Gracias por esta oportunidad». 

Confío en que este libro permitirá a los lectores, tanto dentro como fuera de la creencia religiosa, que hagan lo mismo.

_________________________________

[1] Samuel G. Freedman, «Evangelists Adapt to a New Era, Preaching the Gospel to Skeptics», New York Times, 4 de marzo de 2016. El artículo es un buen resumen de lo que sucede en esta clase de discusiones auspiciadas por nuestra iglesia. Añadiría que el enfoque que se describe aquí, al hablar sobre la fe no es nuevo. Es la única manera en que he hablado a otros sobre la fe en mis 40 años de ministerio, y tengo muchos colegas que han hecho lo mismo.


[3] Estas tres formas de usar el término «secular» se basan en el análisis de Charles Taylor en su libro A Secular Age (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2007), 1-22. Primero, él da las dos definiciones más comunes de secularidad. La primera es que una sociedad secular es aquella en la que el gobierno y las principales organizaciones sociales no están restringidos a una religión. 
En una sociedad religiosa todas las organizaciones incluyendo el gobierno se basan y promueven un conjunto particular de creencias religiosas. En una sociedad secular las organizaciones y estructuras políticas no están conectadas con ninguna religión (excepto en formas históricas, pero no en formas sustanciales, como en Inglaterra y los países escandinavos). 
La vida y el poder políticos se reparten equitativamente entre creyentes y no creyentes. La segunda definición es que una sociedad secular es aquella en la que muchos o la mayoría de las personas no creen en Dios ni en un mundo no material y trascendente. En esta definición ser secular es ser personalmente no religioso, es no creer en una dimensión sobrenatural de la vida y del universo. Aunque algunas personas seculares sean explícitas ateas o agnósticas, otras quizás continúan asistiendo a los servicios religiosos y extrapolan de la religión las verdades morales para vivir. Sin embargo, al final encuentran todos los recursos que necesitan (para el sentido de la vida y la realización personal, para la moralidad y el trabajo en favor de la justicia) en recursos meramente humanos, de este mundo. Taylor llama a esto «ser autosuficiente o humanismo exclusivo […] 
Una era secular es aquella en la que el eclipse de todos los fines más allá del auge humano se hace posible» (pág. 19). Incluso las personas que retienen vínculos con las organizaciones religiosas son en todo caso seculares, si perciben una vida plena en términos completamente terrenales y de realización personal y rechazan la idea del sacrificio y la obediencia a Dios para alcanzar la vida eterna. La cultura advierte a las personas que el sacrificio para servir a otros o los ideales más elevados pueden ser emocionalmente enfermizos y que es una manera de colaborar con las fuerzas opresivas. Aunque Taylor reconoce que la palabra «secular» suele tener uno de estos dos primeros significados, aun ofrece un tercero. 
Él considera que una sociedad secular es aquella en la que las condiciones para creer han cambiado (págs. 2–3). 
En las sociedades religiosas la fe simplemente se asume. La religión no es algo que eliges. Sería considerada una actitud escandalosamente egoísta. Sin embargo, en una cultura secular la religión se considera como algo que tú debes elegir, y sin duda el pluralismo de las sociedades seculares significa al fin y al cabo que tu religión es algo que puedes elegir o dejar a un lado. Por esta razón, debes tener alguna justificación para tus creencias, ya sea que tengas un fundamento racional o uno más intuitivo y práctico. En una cultura secular, la fe ha dejado de ser algo automático o axiomático. En este sentido, afirma Taylor, somos (en la sociedad occidental) personas de una era y sociedad seculares.

[4] En A Secular Age, Charles Taylor analiza lo que llama «un imaginario social», el cual es «una manera de construir sentido y significado» (pág. 26). Es algo a lo que podríamos llamar una cosmovisión; un conjunto de creencias de trasfondo que moldean todo. Sin embargo, Taylor evita la palabra «cosmovisión» y en cambio usa este término para comunicar algunos aspectos importantes de cómo vivimos nuestra vida que el término «cosmovisión» sencillamente no captura. Quiere comunicar «algo mucho más amplio y profundo que los esquemas intelectuales» (pág. 171). Dice que un imaginario social no solo incluye proposiciones de cómo debemos vivir, sino también «nociones normativas más profundas e imágenes que sustentan estas expectativas» (pág. 171). ¿Y eso qué significa?


martes, 14 de noviembre de 2023

LIBRO "CINCO CARAS DE LA MODERNIDAD": MODERNISMO, VANGUARDIA, DECADENCIA, KITSCH, POSMODERNISMO por MATEI CALINESCU ☝

 
CINCO CARAS 
DE LA MODERNIDAD
Modernismo, vanguardia, decadencia, 
kitsch, posmodernismo

Esta ambiciosa y original obra ofrece un análisis de las ideas estéticas e intelectuales que han dirigido la producción literaria durante los últimos ciento cincuenta años. El autor discute con gran acierto y sutileza las complejas relaciones entre conceptos que son comúnmente utilizados pero raras veces definidos con precisión: modernidad, vanguardia, decadencia, kitsch, postmodernidad... Mediante su análisis, plantea y estudia la "fuerza" vital que subyace al cambio de estos mencionados períodos que han recorrido Europa desde la introducción de la palabra "moderno" en el latín medieval hasta el postmodernismo actual. Esta "fuerza" o subjetividad-individualidad-irracionalidad, como fuerza creadora o destructora, se resiste a ser encorsetada con una estética convencional o académica que limite la irresistible lucha del hombre por la creatividad en toda su extensión. De este modo, Cinco caras de la modernidad constituye una importante contribución a los estudios y la crítica contemporáneos.
La idea de la Modernidad implica un aprehendizaje, la fijación de lo mejor del pasado y la crítica radical de sus excesos; tanto como un compromiso con el cambio y los valores del futuro. Se trata de una profunda referencia a la noción de perfeccionamiento.
Otro aspecto esencial a destacar es el alcance metodológico, de una precisión expositiva que desborda la historicidad cronológica. El autor ubica los orígenes del término en el contexto de la cultura judeo-cristiana del medioevo específicamente en el siglo V, a partir de su genealogía y desde que aparece la necesidad de un término apropiado para el significado de lo moderno que no excluyera la ‘’flexibilidad semántica’’ que apunta como cualidad con la que se desplaza a través de las épocas subsiguientes.

El Renacimiento estableció las tres eras: Antigüedad, Edad Media y Modernidad y desde entonces la segunda se convirtió en la época oscura mientras que la Modernidad aparecía como ‘’un renacer que anunciaba un futuro luminoso’’ y es Petrarca quien lo determina con su sueño y proclama por el resplandor de la gloria romana; es la primera verdadera revolución consciente efectivamente moderna, y en plena alianza con el tiempo: “su fe en el futuro le estimulaba y su culto por lo antiguo fue una forma de novedoso activismo’’ afirma Calinescu al destacar la participación consciente en la construcción del futuro del filólogo italiano y citando los trabajos, sobre ese tema, de Prietsley, Mommsen y Ricardo Quinones.Pp. 34-35.

En los siglos XVI y XVII toma forma la Querelle des anciens et modernes con sus protagonistas Bacon, Montaigne, Descartes, Pascal, Perrault y Fontenelle principalmente. Fue un proceso de autoafirmación del concepto de Modernidad que constituía “una consecuencia directa de la erosión de la autoridad de la tradición’’ p.38. Calenescu sostiene que fue Bacon quien perfiló el sentido de desarrollo progresivo, lo que lleva a Descartes a declarar: “C’estnousquisommes les anciens’’. Los modernos de aquellos siglos no pusieron en tela de juicio ninguno de los criterios fundamentales de belleza reconocidos y promocionados por sus oponentes; fue, sin embargo a partir de la segunda mitad del siglo XVIII “cuando la idea de belleza comenzó a experimentar el proceso mediante el cual perdió sus aspectos de transcendencia para convertirse finalmente en una categoría puramente histórica’’. p. 49.

El Romanticismo estableció un nuevo paralelismo entre antiguos y modernos. A comienzos del siglo XIX la palabra ‘’romántico’’ era sinónimo de ‘’moderno’’ y en su acepción más amplia designaba todos los aspectos estéticamente relevantes de la religión cristiana. El nuevo tipo de belleza se basaba en las posibilidades de síntesis de lo grotesco y lo sublime, opuestas al canon clásico de perfección. Calinescu considera que es Sthendal, en Racine et Shakespeare -1823- quien logra un “primer borrador de una teoría de la modernidad’’ que más tarde elaborara de forma más acabada Baudelaire a quien señala como ‘’teórico de la modernidad estética’’.
En este punto se establecen cuatro fases en el proceso de secularización. Una cuarta fase, a finales del siglo XIX, concluye con la proclamación de la muerte de Dios y la consecuente búsqueda religiosa, cada vez más intensificada y unida al surgimiento de la Utopía, legado de los ilustrados y “quizá el único otro acontecimiento más importante de la historia intelectual moderna de Occidente’’. p.76.

Reivindicando a Matthew Arnold, de la Universidad de Oxford, -siglo XIX- citado por Lionel Trilling en Beyond culture, y considerando de interés los postulados de Stephen Spender–The Struggle of the Modern, Calinescu discurre sobre la comparación entre lo moderno y lo contemporáneo, unido esto último a la “otra modernidad’’, la de la razón y del progreso, aquella que produjo el concepto de Realismo: la ‘’modernidad burguesa’’. El autor concluye con algunas observaciones sobre el fenómeno de la domesticación que eventualmente ejerce o podría ejercer el “espíritu contemporáneo’’ sobre la modernidad estética.

De las vanguardias al postmodernismo

Con extraordinaria agudeza y desplegando gran capacidad de síntesis teórica, Calinescu nos lleva de la mano por la descripción de cada una de las formas de la Modernidad, documentándolas exhaustivamente. A partir de las llamadas Vanguardias aparece un aspecto radical orientado hacia el anarquismo, con su ‘’ofensiva e insultante retórica’’: ubica el término en el siglo XIX mencionando en la critica a Saint-Simon, Víctor Hugo, Saint-Beuve, Rimbaud, y más posteriores, Apollinaire, Balbuena Pratt y Roland Barthes, entre otros.
A mediados de la centuria vigésima, “La Vanguardia, cuya limitada popularidad se había basado durante mucho tiempo exclusivamente en el escándalo, se convirtió de pronto en uno de los principales mitos en las décadas de 1950 y 1960’’. p. 127. Modernidad y Vanguardias juntas lograron una imaginación de crisis como resultado inevitable, a lo que siguió la fijación de la idea estética de Decadencia que unida a la angustia catastrófica por el fin de la humanidad culmina en el periodo de “euforia decadente’’ con Verlaine y Nietzsche, en la antesala del siglo XX. Al distinguir Decadencia cultural, Estilo de decadencia y otros términos derivados nuestro autor acude a las reflexiones sobre este tema de Montesquieu, Madame D’Stael, Desiree Nissard, de nuevo a Baudelare.

La cara Kitsch de la Modernidad está vinculada a la inadecuación estética, al mal gusto, al hedonismo y al frenesí de consumo. En sus definiciones del fenómeno, Calinescu sigue las ideas de Clement Greenberg, Alexis Toqueville, de sociólogos como Luduwig Giesz, Alvin Toffler o Dwigght Mc Donald, y especialmente los lineamientos de T.W. Adorno, creador junto a Max Horkheimer de la noción de “industria de la cultura’’ que describe sistemáticamente la necesidad de las masas y “los clientes del entretenimiento’’ como objetos, y al mismo tiempo productos del arte popular. Mundo de simulación y autoengaño, concluye sin embargo Calinescu, en que no es conveniente exagerar el alcance negativo del Kitsch sobre los individuos.
La Postmodernidad es más que otro marco para cuestionarnos sobre la Modernidad; tampoco es una mera extensión de las Vanguardias. El crítico intenta ‘’argumentar a favor de un concepto histórico-hipotético de la Postmodernidad’’, p.300. De nuevo en pos de Arnold Toynbee, Calinescu enfatiza los dos rasgos más sobresalientes: es ampliamente filosófica y presupone el agotamiento de la Modernidad y la Vanguardia durante el siglo XX. Los usos del término implican una mirada metafórica de parte de Calinescu y un “parecido de familia’’ que el autor acepta trayendo a colación el historicismo radical de Heidegger, las posiciones posteriores de Gadamer y las de J.Habermas frente a las de Jean F. Lyotard.

Define la Postmodernidad como “una nueva perspectiva desde la que uno puede preguntarse nuevas cuestiones sobre la modernidad’’; una perspectiva marcada por una multiplicidad de códigos de acuerdo con Guy Scarpetta. p.278. Calinescu propone que el eclecticismo como fundamental rasgo se evidencia en la idea de Postmodernidad unido a semejanzas con todas y cada una de las caras descritas antes, todas portadoras de un espíritu común y asociadas al mismo tiempo con un sentido más amplio de la ‘Modernidad’.


DECADENCIA y PODREDUMBRE SOCIAL | Miguel Ayuso y J. Manuel de Prada
La secularización. El hombre moderno es un conjunto de creencias absurdas y pseudosaberes, que lo condicionan a un actuar desquiciado que sólo puede tener como consecuencia la destrucción del orden, la belleza y la justicia. Además, de las raíces filosóficas que son causa de la cosmovisión depravada y moderna que alimenta un conjunto de ideologías absurdas, que atentan contra lo SAGRADO Y VERDADERO. Una explicación sucinta de qué es la secularización y como se ha ejecutado en nuestras sociedades, degradándonos a una vida vergonzosa.

Calinescu, Matei. Cinco Car... by edvesan


viernes, 22 de septiembre de 2023

EL MODERNISMO TEOLÓGICO: EL ABUSO DE LA MODERNIDAD


EL MODERNISMO TEOLÓGICO

Etimológicamente, modernismo significa un exagerado amor a lo que es moderno, una infatuación por ideas modernas, "el abuso de lo que es moderno", como explica el Abbé Gaudaud (La Foi catholique, I, 1908, p. 248). Las ideas modernas de las que hablamos no son tan viejas como el período llamado "tiempos modernos". Aunque el Protestantismo las ha generado poco a poco, el mismo no comprendió desde el principio cuales serían sus secuelas. Todavía existe un partido Protestante conservador que es uno con la Iglesia combatiendo al modernismo. En general podemos decir que el modernismo apunta a aquella radical transformación del pensamiento humano con relación a Dios, el hombre, el mundo y la vida, aquí y en el más allá, que fue preparada por el Humanismo y la filosofía del siglo dieciocho, y solemnemente promulgada en la Revolución Francesa. J.J.Rousseau, quien trató a un filósofo ateo de su tiempo como modernista, parece haber sido el primero en usar la palabra en este sentido ("Correspondance à M. D.", 15 Ene. 1769). Littré (Dictionnaire), quien cita el pasaje; explica: "Modernista, aquel que estima a los tiempos modernos por sobre la antigüedad". Después de esto, la palabra parece haber sido olvidada, hasta la época del publicista Católico Perín (1815-1905), profesor de la Universidad de Lovaina, 1844-1889. Este escritor, mientras se disculpa por el acuñado, describe "las tendencias humanitarias de la sociedad contemporánea" como modernismo. El término mismo lo defina como "la ambición de eliminar a Dios de toda la vida social". A este modernismo absoluto él asocia una forma más atemperada, que el declara nos nada menos que "el liberalismo de todo grado y matiz" ("Le Modernisme dans l'Eglise d'après les lettres inédites de Lamennais", Paris, 1881).

El error esencial del Modernismo.

Sería bastante difícil dar una definición completa del modernismo. Primero por ciertas tendencia, y segundo por un cuerpo de doctrina la cual, si no ha dado nacimiento a esas tendencias (la práctica a menudo precede a la teoría), sirve en alguna medida como su explicación y soporte. Tales tendencias se manifiestan en diferentes campos. No se encuentran unidos en cada individuo, ni se muestran juntos siempre y en todo lugar. La doctrina Modernista, puede además, ser más o menos radical, y es tragada en dosis que varían según el gusto de cada uno. En la Encíclica "Pascendi", Pío X dice que el modernismo abarca todas las herejías. M. Loisy afirma prácticamente lo mismo cuando escribe que "en realidad toda la teología Católica, aún en sus principios fundamentales, la filosofía general de la religión, la ley Divina, y las leyes que gobiernan nuestro conocimiento de Dios, son llevadas para su juzgamiento ante esta nueva corte de investigaciones" (Simples réflexions, p. 24). El Modernismo es un sistema compuesto: sus aseveraciones y demandas carecen de ese principio que une las facultades naturales en un ser viviente. La Encíclica "Pascendi" fue la primera síntesis Católica en la materia. Partiendo de elementos dispersos construye lo que parece un sistema lógico. En verdad, tanto amigos como enemigos no podrían dejar de admirar la paciente habilidad que debe haber sido necesaria para elaborar algo parecido a un todo coordinado. En su contestación a la Encíclica, "Il programma dei Modernisti", los Modernistas trataron de retocar esta síntesis. Previo a todo esto, algunos obispos Italianos, en sus cartas pastorales, habían intentado tal síntesis. Haríamos una mención particular de aquella de Mons. Rossi, Obispo de Acerenza y Matera. A este respecto, también merece mencionarse el libro del Abad Cavallanti al que ya se hizo referencia. Aún antes, Protestantes Alemanes y Franceses habían hecho algún trabajo sintético en la misma dirección. Sobresale entre ellos Kant, "Die Religion innerhalb der Grenzen der reinen Vernunft" (1803); Schleiermacher, "Der christliche Glaube" (1821-1822); y A. Sabatier, "Esquisse d'une philosophie de la religion d'aprè la psychologie et l'histoire" (1897).

Uno de los objetivos fundamentales de los papas de fines del siglo XIX y de los comienzos del XX fue el de conservar incólume la doctrina católica, combatiendo toda clase de errores. Uno de ellos fue el llamado Modernismo, término que se presta a la confusión.
El Modernismo teológico se define como el intento de acomodar el mensaje cristiano a las exigencias del pensamiento y de la ciencia de los tiempos modernos. San Pío X lo definió en la encíclica “Pascendi” como un sistema filosófico-dogmático que deforma la esencia del cristianismo.

La crisis modernista afectó a un reducido número de intelectuales católicos, a un pequeño número de sacerdotes, a algunos teólogos y a un muy reducido grupo de laicos. La teoría modernista tiene un doble fundamento: el agnosticismo, que sostiene la incapacidad de la razón humana de llegar a Dios, y el inmanentismo (teología del sentimiento) que admite como único camino de llegar a Dios la vía de los afectos, sentimientos y experiencias místicas. 
El principio metodológico que rige al Modernismo es la ley de la “evolución”. Todo cambia: la fe, la moral, el dogma, el culto, la Iglesia. Nada hay permanente. El error más grave del Modernismo fue el de que al tratar de explicar la fe cristiana, con el fin de hacerla más aceptable a la mentalidad moderna, la vació de todo contenido sobrenatural.

El pensamiento modernista nunca se expuso de modo orgánico, sino en forma de artículos en revistas. No pretendieron los teólogos modernistas abandonar la Iglesia, sino reformarla desde dentro. Pero al aceptar los modernistas los postulados del Racionalismo, que descarta lo sobrenatural, el papa san Pío X se vio obligado a intervenir y lo hizo mediante dos documentos, ambos fechados en 1907: el decreto “Lamentabili” y la encíclica “Pascendi”. En ellos se condenan todo un conjunto de proposiciones modernistas, pues no puede aceptarse que el contenido de la revelación quede subordinado a los principios de la Ciencia. Revelación y Ciencia no se excluyen, ni se oponen, más bien se complementan.




1. Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.


El Modernismo (Teológico) 
se ha impuesto como sentido común

El Modernismo afirmó que la revelación de Dios se da en la experiencia. Hoy, en algunos ambientes, se oye hablar más de experiencias de Dios y de experiencias de oración que de fe y de creer.

Es necesario seguir avisando que el modernismo es una herejía que exige permanente atención, porque está impuesta y se ha convertido en sentido común de muchos fieles y también, desgraciadamente, de muchos pastores.
Es como un olor ambiental al que nos hemos habituado y ya no lo percibimos.
El dibujo de E. J. Pace, que hemos tomado del Artículo Modernismo (teología) (Wikipedia) muestra, con elocuencia gráfica, cómo descienden los modernistas por la escalera de sus negaciones, desde la fe cristiana al ateísmo. Ellos niegan:

1) La divina inspiración e infalibilidad de las Sgdas. Escrituras,
2) Que el hombre haya sido creado a imagen de Dios,
3) Que pueda haber milagros,
4) El nacimiento virginal de Cristo
5) La divinidad de Cristo,
6) El carácter expiatorio de su muerte,
7) Su resurrección histórica

De esa manera descienden hasta el agnosticismo y al ateísmo.

Y así recaen, dramáticamente, de la condición de hombre nuevo a la de "hombre viejo". Y descienden desde las luces de la fe a las tinieblas del ateísmo.
El Modernismo afirmó que la revelación de Dios se da en la experiencia interior del hombre. Con esto restó importancia y hasta invalidó la revelación histórica. Pero además, tuvo un efecto incalculablemente grave: puso la vida religiosa del ser humano en mano de los psicólogos.
En una entrevista a la Nación, concedida a Silvana Premat, el benedictino alemán Anselm Grün dejó escapar, de pasada, la afirmación de que: "La experiencia de Dios se hace a través del cuerpo"
Los ecos de la afirmación han resonado y se siguen repitiendo ampliamente en la red, como podrá comprobar cualquiera usando un buscador. La expresión no llama la atención porque afirme que Dios sea experimentable, sino porque afirma que lo sea a través del cuerpo.
Pero la sola afirmación de la posibilidad de experimentar a Dios, que ya no resulta llamativa, se aparta de la doctrina de la fe católica, según la cual Dios no es experimentable.
A Dios solamente se tiene acceso desde y por la fe. La doctrina revelada y católica dice que "a Dios nadie lo vió jamás" y que fue Jesucristo quien nos lo reveló, de modo que no tenemos acceso a Él sino por la fe en Cristo. De la fe, pueden luego derivar experiencias. O también, la fe puede interpretar hechos que sin ella no sería inteligibles o perceptibles.

El método de Anselm Grün en su interpretación acomodada de las Sagradas Escrituras, reduce el mensaje revelado de las Sagradas Escrituras primero porque lo interpreta en forma acomodada y segundo porque, mediante este sentido no bíblico, lo homologa con afirmaciones de orden psicológico, haciendo así del Evangelio un libro de autoayuda.
La afirmación de Anselm Grün en la entrevista antes citada, no ha llamado la atención de los pastores. Anselm Grün no es su creador. Es un modo de hablar de uso común en los medios eclesiales de hoy, hablar de experiencia de Dios. Es frecuente ver anuncios de retiros espirituales que se ponen como meta lograr una experiencia de Dios.
No es de admirar, además, que Anselm Grün use esa expresión, porque él no oculta su dependencia de la doctrina psicológica de Carl Jung, un representante de la visión modernista en psicología. Jung hace de Dios un arquetipo del inconsciente colectivo.

Dios en la experiencia moral. Emanuel Kant

Pero mucho antes de estos fenómenos actuales, el modernismo se mostró discípulo de Emanuel Kant, por la convicción kantiana de que Dios es objeto de la experiencia moral del ser humano. Para Kant la religión verdadera debía ser relegada, reducida a la moral, al encerrarla dentro de los límites de la pura razón. La revelación histórica no tiene, afirma Kant, fuerza de convicción universal como tiene la lógica y su fuerza racional. La revelación histórica, y el Dios que en ella se revela, no puede aspirar a ser una religión universalmente aceptada por todos.
De la apelación de Kant a la universalidad de la razón en asuntos de fe y moral, sobreviene más tarde el recurso de los autores modernistas a la "experiencia humana", universal o compartible, como fuente de la revelación o conocimiento de Dios. Sólo que de la conciencia moral, se pasa a explorar la experiencia religiosa en otros campos de la conciencia. De este modo se ofrecía una alternativa que se cosideraba ventajosa frente a la fe, y que acosejaba dejarla de lado, como algo que divide a los hombres y es causa de desacuerdo. Separa a los creyentes de los demás hombres y no puede ser fundamento de un acuerdo universal sobre la base de una experiencia humana universal.

De esta visión modernista de cuño y origen kantiano fueron derivando en estos cien años muchísimos frutos, efectos y consecuencias. Dado que se presentan en sus formas corrientes de "sentido común instalado" ya no se percibe cuáles son sus orígenes y hacia dónde conducen. Ni es fácil a veces percibir su incompatibilidad de fondo con la fe y la espiritualidad católica.
Sucede, que muchos de estos fenómenos del sentido común modernista, se han extendido tambíén entre los católicos, sin que se advierta cuál es su origen y cuáles sus consecuencias. Tanto más cuanto que la inadvertencia acerca de su naturaleza modernista está extendida a menudo hasta en la misma academia teológica y universitaria católica; en la mente de las clases dirigentes intelectuales del catolicismo.

Esto explica que no se haya percibido la naturaleza modernista de las obras de Anselm Grün y que pastores de almas bien intencionados hayan creído que se trataba de un ensayo valioso de conciliación de la "psicología moderna" con la "espiritualidad cristiana". Sorprendidos en su buena fe, se hicieron difusores del pensamiento de Anselm Grün. Algún sacerdote a quien aprecio mucho reaccionó muy fuertemente contra mí, cuando le comuniqué mis reparos frente a la obra de este autor. Según él, Anselm Grün está prestando un gran servicio al conciliar los conocimientos de la psicología actual con la tradición espiritual eclesial.

Esto muestra hasta qué punto, los principios modernistas, convertidos actualmente en sentido común de fieles y pastores, hacen difícilmente perceptible el carácter modernista de muchas afirmaciones hoy corrientes.
Cuando algo se convierte en cultura, sus principios ingresan en la profundidad de los implícitos y, más aún, en la condición de tabúes intocables y que ya no es posible poner en discusión, sin exponerse a aparecer como un cuestionador del sentido común, que es como decir: un loco.
A eso se agrega, que esos métodos se presentan a menudo con una cierta ambigüedad, que permite a la vez entenderlos de manera ortodoxa por unos y heterodoxa por otros. Precisamente porque los principios de los que derivan quedan implícitos y fuera de discusión.

Cuando el Pastor Bohoeffer dice, por ejemplo "redimidos para lo humano", lo humano puede entenderlo el católico a su manera, a la luz de Cristo, verdadero hombre, y el marxista a la suya a la luz de la ideología del hombre nuevo socialista.
Cuando en catequesis se habla de partir del hecho de vida, se puede entender el método de manera correcta, si en la percepción del hecho de vida ya está implicada la mirada, el juicio y la acción de fe. Y si se ha admitido que el gran hecho de vida es la muerte redentora de Cristo en Cruz.
O puede entenderse de manera que se suponga que el anuncio evangélico y la fe que reclama como respuesta, son tan difíciles, que solamente pueden tener lugar si previamente se les ha preparado el terreno con la "revelación" que tiene lugar en la experiencia interior del hombre, para que lo humano haga aceptable lo revelado y propuesto a la fe.

De manera semejante, resulta ambiguo el método del "ver, juzgar y actuar" íntimamente relacionado con el método catequístico que propone algo dogmáticamente que se ha de partir del "hecho de vida", es decir "de la experiencia" humana común, (en cuya génesis puede suponerse sin problema que la fe todavía no interviene) para llegar, por fin a la fe, según algunos lo entienden, o para llegar a la "iluminación del hecho" por la Palabra, que muchas veces funciona como una iluminación de la Palabra por el hecho de vida.
Esto sucede por lo tanto muchas veces en el supuesto, al parecer, de que la fe no ha logrado previamente determinar el ver, de que no sería capaz de hacerlo, por lo que el ver tiene que terminar fundando la racionabilidad o aceptabilidad de la fe.

En ocasión de aproximarse la Conferencia de Aparecida, volvían a oírse voces partidarias de mantener y de volver al método del ver, juzgar y actuar. La Conferencia lo hizo, pero dejando bien claro en su número 19 que: "Este método implica contemplar a Dios con los ojos de la fe a través de su Palabra revelada y el contacto vivificante con los Sacramentos, a fin de que en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento Universal de Salvación, en la propagación del Reino de Dios, que se siembra en la tierra y que fructifica plenamente en el Cielo".Ya que, como afirmaba el Papa Benedicto 16 en su discurso inaugural de la Conferencia, el 13 de Mayo de 2007: "Quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de realidad".

Nada impide pues emplear el método como enseñan a emplarlo el Papa y los obispos en Aparecida: purificado de ambigüedades dañosas, que puedieron hacerlo funcionar en la perspectiva modernista y no en la católica.
Esto quiere decir: interpretando y explicitando claramente el pleno acuerdo con el método, pero urgiendo que:

1) El ver del que se trata y se trate, sea el ver de la fe, y no un ver previo, que luego va a preguntarle a la fe, por su juicio y su acción, sino que ya desde que ve, ve con fe. El Vaticano primero ya ponía en guardia contra un poner de lado la fe provisoriamente por principio metódico (Denzinger 1815, Dz Schönmetzer: 3036)
2) Que el juicio sea el juicio creyente, de quien ha mirado con fe, sin ponerla de lado en el momento del ver, y por lo tanto entiende y juzga con fe y desde la fe, libre de complicidades con juicios mundanos o de contaminaciones con miras humanas.
3) Que la acción sea la vida cristiana, la caridad y la misericordia, pero también la parresía cristiana dispuesta a la confesión, a la prisión y al martirio.

De lo contrario se llega, como muestra la experiencia pasada, por el camino del experiencialismo modernista, a una mirada o un ver, que es el ver de las ciencia humanas construidas a partir de una antropología ajena a la fe (una psicología, una sociología, una economía, una ciencia política, que ignoran el pecado original, que ignoran la existencia de la envidia, de la acedia, del impulso irracional de las pasiones); que juzga de acuerdo a esa mirada glaucomiosa sobre lo humano y que actúa en consecuencia y ¡con qué consecuencias!.
Nos encontramos así, al final de este recorrido desde la pretensión modernista de la revelación de Dios en el alma del hombre, en el drama que señala Benedicto XVI en su discurso en Ratisbona.

Quiero por fin, señalar, que la visión psicológica de Jung según la cual Dios se revela en el alma del hombre casi como una estructura (simplifico forzosamente pero por ahí va) es una concreción del principio modernista de la revelación interior. Es clara la impronta de este pensamiento en el de los discípulos de Jung, entre los que se encuentra Anselm Grün.
Sin embargo no se ha percibido en muchos medios católicos a qué conduce esta visión junguiana que se difunde a través de las obras de Anselm Grün. Por eso me ha parecido urgente avisar que el hoy tan difundido magisterio espiritual del Benedictino alemán Anselm Grün, tributario de Jung y Drewermann, navega en la corriente modernista. Y cunde produciendo desviaciones muy dañinas, por lo parecidas al recto camino de la fe y la espiritualidad católica. De hecho, como me decía un amigo obispo, Anselm Grün, siguiendo a Jung, termina leyendo el evangelio como un librito de auto ayuda.

Lejos de ser conciliables con la fe y la sana espiritualidad católica. como algunos suponen, desvían el alma de los fieles católica por los trillos del modernismo y de una falsa ciencia psicológica, vulgarizados y convertidos en sentido común de la cultura dominante.
Me parece que es necesario seguir avisando que el modernismo es un tema que exige atención, porque está candente. Y cuáles son algunos de los más torrentosos canales por donde se derrama hoy en los medios católicos más ávidos de oración y espiritualidad.

El modernismo, en resumen, tenía que fracasar: era un intento de diálogo cristiano con el mundo moderno, que partía de poner en entredicho lo único importante: el sentido de su relación con Dios, conocido no sólo por la razón, sino por boca del mismo Dios que ha hablado por la Revelación. Un diálogo verdaderamente cristiano comportaba otra postura: había de tomar conciencia de las tensiones de la fe en ciertos sectores del mundo moderno desde una actitud diversa; no puede asentarse sobre un sentimiento de impotencia, sino que ha de ser un diálogo cargado de fuerza, de doctrina, cordial -porque ama al mundo y todos los avances de la ciencia- pero a la vez generoso para dar de la abundancia de la fe en que vive, del Dios que se le ha dado a conocer. Y esto porque pone su centro no en el hombre, sino en Dios. Y «Dios es el de siempre. Hombres de fe hacen falta y se renovarán los prodigios que vemos en la Santa Escritura» (Escrivá de Balaguer, Camino, Valencia 1939, no 586).
Sólo partiendo de esta actitud se está en condiciones de «contribuir a reconciliar el mundo con Dios», corriendo «con valentía ese riesgo de buscar soluciones humanas y cristianas -las que en conciencia veáis: no hay una sola- a las cuestiones temporales que surjan en vuestro camino», y es como se llega a apreciar que todo valor humano legítimo «por humilde, pequeño o insignificante que parezca, puede tener siempre un sentido trascendental: una razón de amor, algo que hable de Dios y a Dios lleve» (Escrivá de Balaguer, Cartas 11 mar. 1940 y 9 en. 1959).

«El hombre moderno necesita… 
no una fe nueva, no una religión nueva, 
no un código nuevo, sino: 
un corazón nuevo, un alma nueva, 
una generosidad nueva, 
un amor nuevo de la fe antigua».


La Madre de Todas las Herejías: El Modernismo Teológico -Pio X vio venir el Caos Actual #Apologetica


Precursores del Modernismo

DECADENCIA y PODREDUMBRE SOCIAL | Miguel Ayuso y J. Manuel de Prada

La secularización. El hombre moderno es un conjunto de creencias absurdas y pseudosaberes, que lo condicionan a un actuar desquiciado que sólo puede tener como consecuencia la destrucción del orden, la belleza y la justicia. Además, de las raíces filosóficas que son causa de la cosmovisión depravada y moderna que alimenta un conjunto de ideologías absurdas, que atentan contra lo SAGRADO Y VERDADERO. Una explicación sucinta de qué es la secularización y como se ha ejecutado en nuestras sociedades, degradándonos a una vida vergonzosa.

miércoles, 17 de mayo de 2023

LA RELIGIÓN ES LA QUE FUNDA UNA CIVILIZACIÓN Y CUANDO LA RELIGIÓN MUERE, SE LLEVA CONSIGO SU CIVILIZACIÓN 🙏🙌⛪


La Religión, 
el factor más profundo de las civilizaciones

La mayoría de los sociólogos se interesaban más en el presente que en el pasado, sin embargo, con frecuencia, los historiadores trataban con acontecimientos pasados para obtener un mejor entendimiento del presente.
 Algunos, principalmente Oswald Spengler y Arnold Toynbee, estudiaron la ascensión y la decadencia de civilizaciones pasadas con el fin de predecir el futuro. Por lo general, la historia se ha visto como un proceso lineal. Sin embargo, Spengler y Toynbee sostuvieron que las civilizaciones siempre habían ascendido y caído en ciclos o curvas.
Spengler supuso la existencia de fases paralelas en las civilizaciones importantes. Toynbee en "ESTUDIO DE LA HISTORIA" vio el surgimiento de una civilización como una "respuesta" exitosa del hombre a un "desafío". El desarrollo de una civilización es la solución gradual que el hombre da a sus problemas físicos, la liberación de sus energías para empeños más elevados. En este proceso, una minoría creativa toma la delantera e impone sus opiniones sobre una mayoría pasiva. La caída de una civilización, según Toynbee, ocurre cuando esta minoría pierde su fuerza creativa para enfrentar un desafío particular.
Las civilizaciones se han formado en el mundo sobre la base de las religiones. Ello ha pasado con las veintidós civilizaciones que, según Toynbee, han existido en la Historia de la Humanidad. Ocurre, en consecuencia, con las seis civilizaciones que persisten en el mundo en nuestros días. La civilización occidental y la civilización eslavo-ortodoxa son de base cristiana. La civilización islámica se origina en el Islam. Y así sucede también con las civilizaciones hindú, sintoísta y confuciana. Tal vez de todas ellas la que menos rasgos religiosos tiene es la confuciana. 
La manida y archirrepetida afirmación de Proudhon de que debajo de toda idea política hay una idea religiosa, adquiere una dimensión grandiosa cuando aparece en las civilizaciones formadas, más por creencias y por actitudes, que por ideas concretas. Max Weber lo refirió a las dimensiones éticas que “reciben el primer sello de fuentes religiosas por importantes que hayan sido las influencias sociales, políticas y económicas” (1). Y en lo que se refiere a la economía, es Max Weber quien atribuye el distinto proceder que se da entre Europa y China en el siglo XVII al trasfondo que fundamentó la diferencia de civilización. 
El de la ética protestante impulsora compulsiva del capitalismo en una Europa que progresó a pesar de estar machacada por las guerras y el de una China confuciana, bastante paralizada, a pesar de haber vivido una larga etapa de paz. Pero, qué sucede en una sociedad en la que la secularización ha alcanzado un nivel preeminente? Por mucho tiempo que haya pasado en la Historia de una civilización, el espíritu primigenio no se pierde. Braudel, cuando habla de Europa, afirma que no ha sido abandonada por el espíritu cristiano. Que, incluso en nuestros días, “un europeo ateo continúa siendo prisionero de una ética, de un comportamiento psíquico, poderosamente arraigados en la tradición cristiana” (2).

Las grandes diferencias entre las civilizaciones

Las civilizaciones tienen entre sí marcadas diferencias pues las religiones que las originaron se caracterizan por tener entre sí aspectos muy diversos. Dichas diferencias se fueron formando a través de los instrumentos que las religiones utilizan para construirse institucionalmente: el subjetivismo; la profundidad; el dogmatismo y la identidad.

Subjetivismo: En la vivencia subjetiva del ser humano se dan diversas concepciones de la divinidad, del espíritu, de la vida futura, de los ritos, de las diferentes formas de relacionarse con los fenómenos de la naturaleza, el cuerpo humano, la política, la economía, la educación, etc. Esa enorme diversidad es posible a partir de la extrema capacidad que tiene el ser humano de ser, no sólo creyente sino también crédulo, y de adaptar su conducta a las exigencias marcadas por dicha creencia y credulidad. El ser humano es capaz de dar su asentimiento a las cuestiones más diversas que uno pueda imaginarse, desde las más sublimes a las más pintorescas. No hay más que ver las variadas concepciones de dioses que se dan en las religiones. Semejante variedad de posiciones las encontramos en las diversas formas de fijar normas sobre los alimentos, la sexualidad o el uso del dinero, de encarar el problema de la guerra, de la enfermedad o de la muerte.
Profundidad: La creencia religiosa penetra con frecuencia hasta las capas más profundas de la persona. El convencimiento religioso alcanza estratos muy íntimos. Su valor se sitúa por encima de otros valores como la salud, la libertad, la propiedad o la vida. Los ejemplos de dedicación a los demás, de la aceptación del exilio, del encarcelamiento e incluso del martirio por no haber querido renunciar a la convicción religiosa o a alguna de sus consecuencias, son innumerables. Las creencias originan unas convicciones de tan gran hondura que marcan la moralidad de la conducta humana con la aceptación de unas consecuencias que transcienden a la muerte.

Dogmatismo: A pesar de que las religiones se caracterizan por albergar conocimientos y sentimientos subjetivos, van acompañadas de un notable dogmatismo para exigir total aceptación de la doctrina y completa fidelidad a las directrices oficiales. Por ello anatematizan las opciones no coincidentes con las establecidas. Para el creyente de una religión, lo subjetivo está en las otras religiones. En la propia, lo que las otras consideran, desde diferente punto de vista, subjetivo, se eleva a la condición de absoluto. En situaciones de inseguridad, la defensa del dogma se hace con rasgos fundamentalistas.
Identidad: La religión es, evidentemente, fuente de identidad. Pero no sólo religiosa. La identidad originada por la religión trasciende a lo religioso y abarca todo el ámbito de lo cultural cuando las creencias informan las tradiciones, las costumbres y demás productos espontáneos de la sociedad humana. Las religiones han sido las bases creadoras de las civilizaciones, algo que otras manifestaciones identitarias de la vida humana, como por ejemplo las lenguas, no han tenido ni tienen capacidad de hacer.

Las relaciones entre los contenidos y las estructuras

Las religiones constan de dos grandes facetas: contenido y estructura. Los contenidos tienen muchos aspectos que llevan al acercamiento. Son las estructuras las que originan las distancias.

Friedrich Heiler descubre, al comparar las altas religiones de la tierra, siete áreas de identidad : trascendencia; inmanencia de dicha trascendencia en los corazones humanos; predominio del bien, la verdad y la justicia; amor último para los hombres; camino del hombre hacia Dios por el sacrificio; camino del hombre hacia el prójimo; alto camino hacia Dios por medio del amor (3). En toda esta enumeración fijémonos en el que puede resultar más práctico : el que todas las religiones superiores no sólo enseñan el camino que lleva a Dios sino también el que conduce al prójimo. “El confucionismo, el taoísmo, el brahamanismo, el budismo, el hinduismo, el mazdeismo, el islam y el cristianismo predican todos el amor fraternal” (4).

A la misma conclusión que Heiler llega Toynbee cuando afirma : “A primera vista, el budismo, el cristianismo, el mahometanismo y el judaísmo pueden parecer muy diferentes unos de otros. Pero cuando se les mira profundamente, se encuentra con que todos están dirigidos principalmente hacia el alma humana o la psique individual; tratan de convencerle para superar su egocentrismo y le ofrecen los medios para lograrlo. Todos estos sistemas encuentran el mismo remedio. Todos enseñan que el egocentrismo puede conquistarse por amor” (5).

Pero junto a los contenidos que tienen elementos esenciales no sólo cercanos sino también comunes, están las estructuras. Los rasgos antes descritos –subjetivismo, profundidad, dogmantismo e identidad-, forman un conjunto tan lógica y férreamente trabado que se hace muy sólido, tan sólido como que, integrando tradiciones culturales, y la comunidad o comunidades formadas por la cultura, ha sido capaz de crear las grandes civilizaciones de la Humanidad. Debido a esa solidez y trabazón, con frecuencia, las virtudes esenciales de una religión, como ocurre con el amor, pasan a segundo plano en la estructura de tan inmenso poderío. Ello explica que unos principios doctrinales que llevan a la paz y a la armonía sean superados por las actitudes que desembocan en grandes conflictos. Es la terrible realidad de la institucionalización. 
Georges Corm lo ha expresado muy bien: “El cristianismo institucionalizado pudo contribuir a legitimar la violencia más brutal, olvidando la principal enseñanza de Cristo, símbolo máximo de la no violencia y del rechazo de las discriminaciones entre los hombres”...”...tan pronto como se institucionaliza, se organiza y se gestiona, la religión entra paradójicamente en el mundo del desgaste histórico y pierde su carácter primordial de trascendencia. Es inevitablemente absorbida por “lo político”, esto es, por los sistemas de poder y por las instituciones de gestión de la sociedad” (6). Es este elemento el que, en su dimensión más amplia, constituye la civilización. Por ello las civilizaciones, en principio, se oponen entre sí. La civilización occidental manifestó su oposición a otras civilizaciones en la época de los grandes descubrimientos, conquistándolas y engulléndolas hasta su destrucción.

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1 - WEBER, Max – Ensayos sobre sociología de la religión . I. Madrid: Taurus, 1998, p. 236.
2 - BRAUDEL Fernand – Las Civilizaciones actuales .Madrid: Tecnos, 1968, p. 49.
3 - HEILER, Friedrich – “La Historia de las Religiones como preparación para la cooperación entre las religiones”. ELIADE, Mircea y KITAGAWA, Joseph M. – Metodología de la Historia de las Religiones . Barcelona: Piados, 1986, pp. 178–199.
4 - HEILER, Friedrich. o. c: 182.
5 - TOYNBEE, Arnold – El Desafío del Futuro . Madrid: Guadiana, 1973.
6 - CORM, Georges – La Cuestión religiosa en el siglo XXI . Madrid: Tecnos, 2007, p. 107; 110.

* Santiago Petschen
Catedrático de Relaciones Internacionais 
na Facultad de Ciencias Políticas y Sociología 
da Universidad Complutense de Madrid. 
É responsável pela revista 
“Fuerzas religiosas y sociedad internacional”.

La dinámica de las civilizaciones 

Toynbee, en su gran obra “Estudio de la Historia”* propone un modelo sistemático para comprender la dinámica de nacimiento, crecimiento, colapso y desintegración de las civilizaciones a las que considera las mínimas unidades inteligibles para el estudio de la historia. Según Toynbee a lo largo de la historia, se pueden reconocer algo más de veinte civilizaciones, algunas de ellas vivas aún y otras ya desaparecidas. Podríamos preguntar qué es lo que hace que una cultura alcance el nivel de “civilización” y no sería facil responderlo sin incorporar de un modo u otro un juicio valorativo, y así ofender a los relativistas culturales. 

Tres de estas veintiuna civilizaciones (veinticuatro si se consideran tres que abortaron tales como la Vikinga) tuvieron lugar en América: 
la Maya, la Azteca y la Incaica. Así, las civilizaciones, entendidas como unidades de análisis de la historia, describen, según Toynbee ciclos bastante regulares de nacimiento, crecimiento, colapso (detenimiento del crecimiento) y final desintegración. A su vez, habría relaciones de procedencia y filiación entre las civilizaciones, con lo que Toynbee llega a reconocer civilizaciones de hasta tres generaciones sucesivas. Mientras la Civilización Egipcia, fue una civilización de primera generación –es decir que no desciende de ninguna otra– que “no dejó descendencia”, la antigua Civilización Minoica (Cretense), también de primera generación, tuvo dos vástagos: 
la Civilización Helénica (Griega) y la Civilización Siríaca (que abarca los pueblos del próximo oriente). Estas son ambas civilizaciones de segunda generación. De la Helénica descienden a su vez la Civilización Cristiana Occidental y la Cristiana Oriental (en rigor, esta última tiene dos variantes), de la Siríaca, la Islámica Arabe y la Islámica Persa. 

Hubo civilizaciones en la India, en la China, en Japón, y sucesiones de ellas, siempre hasta tercer grado. Lo que Toynbee dice observar, es que todas estas civilizaciones, describen un ciclo que consiste en un nacimiento, luego una fuerte expansión, luego el detenimiento del crecimiento o colapso, y finalmente la decadencia y desintegración. En esta última etapa, ya no se crean nuevos valores civilizatorios, y suele conformarse lo que el autor llama el “Estado Universal” es decir, un sistema sociopolítico unificado sobre el espacio civilizatorio, que pretende sostener por la fuerza los valores que ya no surgen sinérgicamente, como sucedía en la etapa de florecimiento. 

Llama la atención la observación de Toynbee, acerca de la localización del centro o capital de este Estado Universal: suele surgir en una provincia marginal con respecto a la cuna de la civilización. Apliquemos esto a un ejemplo conocido: la Civilización Helénica. Cuando comienza su decadencia y desintegración, se establece su Estado Universal: el Imperio Romano. Roma, su centro, era tan solo una comarca provincial de poca relevancia cuando la Civilización Helénica estaba en su apogeo, que algunos asocian al llamado “Siglo de Pericles.” (S V a.c.) Haciendo una tal vez prematura aplicación de este marco teórico, algunos han pensado que la Ex Unión Soviética pudiera haber sido el Estado Universal de la Civilización Cristiana Oriental, mientras que los Estados Unidos de Norte América bien podrían ser el Estado Universal de la Civilización Cristiana Occidental, cumpliendo perfectamente con la condición de surgir de una zona marginal a la cuna civilizatoria, que fue Europa. Si ciertamente hubiera surgido un Estado Universal en Occidente, esto implicaría que esta civilización ya se halla en su fase de decadencia y desintegración. 

Toynbee considera que la desintegración final y caida de las civilizaciones se produce por el efecto combinado de lo que él llama los proletariados externo e interno de la civilización. 
El primero, está constituido por todos los pueblos “bárbaros”, fronteras afuera del Estado Universal de la civilización decadente, siempre deseosos de penetrar al interior del estado dominante y destruirlo. 
El segundo, en cambio, está constituido por todas la minorías subyugadas al interior del Estado Universal (minorías que sumadas resultan en amplia mayoría), grupos todos descontentos con el estado de cosas que se les impone, culturalmente avasallados, discriminados y en general con pésimas condiciones de vida. 
Otro aspecto interesante de la propuesta de Toynbee, es la dinámica de la transición de una civilización moribunda hacia su civilización “filial”. En ese pasaje Toynbee señala que tienen un rol relevante las “minorías creativas”, que serían ciertas élites no conformes, por lo tanto integrantes del proletariado interno, que comienzan a visionar y a promover un cambio, y muy en particular, entre ellas, las “iglesias”. 

Estas iglesias, segregadas y perseguidas en el contexto de la civilización muriente, tendrían un rol clave en el impulso de la siguiente civilización derivada. Así, en el Imperio Romano, en cuanto Estado Universal de la Civilización Helénica, existió un amplio proletariado interno –los esclavos, los no ciudadanos romanos, los pueblos incorporados a las provincias imperiales– y entre ellos, diversas minorías creativas e iglesias. 
La naciente Iglesia Cristiana era una de esas minorías creativas, que siendo apenas un grupo ignorado o a lo sumo despreciado y perseguido en el Imperio Romano, pasó a ser la fuente impulsora del desarrollo de la civilización descendiente, las Civilizaciones Cristianas Occidental y Oriental. Sería interesante reflexionar si es que este es un modelo que puede aportar alguna claridad para explicar la situación contemporánea, quiénes hoy el estado univesal, quiénes los proletariados interno y externo, quiénes las minorías creativas, quiénes las “iglesias”. 

Frente a la cuestión de si hay una dinámica envolvente de mayor escala, podríamos decir “trans-civilizatoria”, Toynbee se pronuncia negativamente, considerando que todas las civilizaciones son comparables, y que una civilización de segunda generación no es “superior” a la de primera, ni una de tercera lo es con respecto a las anteriores. Plantea así, una visión cíclica de la historia.
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Las religiones en la historia 


El tema de las religiones es muy constante en las preocupaciones y escritos de Toynbee. Vienen a recogerse esas preocupaciones en la obra "El historiador y la religión", como fruto de madurez sazonada a sus sesenta y cinco años: 
"En mi propia vida -nos confiesa en el prólogo- había llegado a un punto en el que la pregunta: 
"¿cuál es nuestra actitud respecto a la religión?" me exigía con tanta insistencia una respuesta que ya no me era posible dejarla de lado por más tiempo. Acaso habría podido seguir dejándola de lado, si me hubiera persuadido de que este asunto no era más que una cuestión personal, ya que en este caso no habría tenido gran importancia o interés para los demás. Con todo, creo que al encontrarme acosado por esta cuestión, estoy sufriendo una de las experiencias características de la actual generación del mundo occidental...".

Sintetiza y perfecciona en este libro lo mucho que acerca de la religión había investigado en sus escritos anteriores, especialmente a lo largo de su obra monumental "A study of history". Por la importancia de esta obra en toda su producción, vamos a partir de ella.
El contacto profundo con la cultura heléníca desde su juventud, la experiencia de la primera guerra mundial que él veía entonces desde la lectura de la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides; la aparición de La Decadencia de Occidente de Spengler, fueron algunos de los impulsos que le llevaron a la concepción y maduración de su gran obra. Era un intento de estudiar entero el curso de la historia humana y mostrar cómo surgían, se desarrollaban y morían las Civilizaciones.

La unidad histórica elemental, el sujeto adecuado del estudio de la historia no es para él la historia de una nación o de un Estado, sino la de una Civilización (Vol. I). Como "campo inteligible del estudio histórico", analiza Toynbee las unidades que se han dado en la historia, su curso y las relaciones entre ellas. Han sido, 'según él, veinttuna las civilizaciones históricas, y de ellas persisten cinco en la actualidad: la civilización occidental cristiana, la ortodoxa, la islámica, la hindú y la del Extremo Oriente. La consideración de estas unidades, en analogía con la vida orgánica -nacimiento, crecimiento y muerte (Vols. II-V)- ha suscitado críticas duras: su postura resultaba ser una concepción naturalista de la historia, menos naturalista, en todo caso, que la de Spengler.

De entre estas concepciones es oportuno destacar una de sus ideas más originales: la teoría del reto y respuesta ("challenge and response") para explicar el origen de las civilizaciones (Vol. II). Es, de otra parte, una concepción en la que recurre ampliamente al mito religioso para su explicitación, y tiene por ello relación particular con nuestro tema. "Según Toynbee, ni la raza ni el ambiente o contorno, como él llama, pueden ofrecer solos una explicación valedera del nacimiento y desarrollo de una civilización. "Si nuestra incógnita no es la raza ni el contorno, ni Dios ni el Diablo, no puede ser un solo factor, sino que debe ser el producto de dos: cierta interacción entre contorno y raza, cierto encuentro o combate entre el Diablo y Dios. Esta es la gran trama del libro de Job y el de Fausto de Goethe. 
¿Es ella, quizá, la trama de la vida y de la historia?". No es muy justo, por ello, el achaque de naturalismo hecho a Toynbee y que antes apuntamos. "Toynbee es un humanista que posee una gran fe en el hombre, al que considera capaz de cambiar el curso de los acontecimientos, y esto a pesar de su concepción de los ciclos de la historia".
 Lo muestra la ruptura con el mito, la victoria sobre el reto demoníaco. La interpretación religiosa, mítica, del reto ofrecido por el obstáculo natural, va a continuarse también religiosamente en el modo como el hombre rompe con sus limitaciones, especialmente desde el ámbito de libertad creadora que le abren las religiones superiores.

El papel de las religiones superiores en las civilizaciones

Toynbee mantiene la tesis de que los objetos u objetivos posibles de la religión son sólo tres: "la naturaleza, el hombre mismo, y una Realidad Absoluta que no es ni la naturaleza ni el hombre, pero que está en ellos y al propio tiempo más allá de ellos". Escalona estos objetos en las edades históricas, en relación con la sucesión de las civilizaciones y su filiación Civilizaciones de primera generación (vgr. la Minoica), Civilizaciones de segunda generación o filiales (vgr. la Helénica, con respecto a la Minoica), Civilizaciones de tercera generación o derivadas de las filiales (vgr. la Cristiana Occidental, con respecto a la Helénica)- anali-
zando las variaciones de religión y sus modalidades en uno u otro
estadio.

El punto que Toynbee desarrolla más detenidamente, y que aquí más nos interesa, es el del ámbito en que se desarrollan las religiones superiores: en la decadencia de las civilizaciones de segunda generación, como empalme con las Civilizaciones de tercera generación que de ellas derivan. Es un pensamiento muy fecundo: la desintegración de una Civilización suscita el nacimiento de una Iglesia, de una religión más alta, y de ella -como crisálida, se alza una nueva sociedad (Vol. VII).
Considera así al Cristianismo como enlace entre la Civilización helénica y la occidental moderna; el Mahometismo, como enlace entre la Civilización siríaca y las culturas iraní y arábiga; el Hinduísmo como enlace entre las culturas índica e hindú; el Budismo, como enlace entre la sociedad china antigua y la Civilización del lejano Oriente.
Para situar bien este fenómeno es preciso considerar el proceso de disolución de una Civilización (Vols. IV-V), con causas tan profundas y variadas, como la pérdida de dominio sobre el contorno, el fracaso de la autodeterminación, la idolización de los triunfos, o de las instituciones o de la técnica, etc. 

Analiza la desintegración misma desde el cisma que se produce en el cuerpo social con la división en tres facciones principales:
-Las minorías dominantes, militaristas, administradoras, legistas, filósofos, que buscan dar coherencia al Estado universal en decadencia.
Los proletariados externos:
invasiones de los bárbaros, hordas guerreras...
- Los proletariados internos:
los desheredados y marginados, en los cuales precisamente se suscita esa religión más alta antes aludida, que hará de enlace con la Civilización siguiente. Con respecto a la civilización occidental moderna, los proletariados internos no han dado paso creador a nuevas "religiones superiores", y sugiere Toynbee que ello puede ser debido a la constante vitalidad de la Iglesia cristiana, capaz de renovarse fecundamente. 

VER+:


Poco antes de su muerte, Arnold J. Toynbee, ilustre historiador británico mundialmente conocido por su monumental Estudio de la historia, y Daisaku lkeda, eminente filósofo japonés, que desarrolla una destacada labor en defensa de la paz mundial y preside la Soka Gakkai Internacional, sostuvieron este importante diálogo sobre algunos problemas esenciales de la vida contemporánea. 
Ikeda es oriundo del Asia; Toynbee es un occidental. Durante el capítulo más reciente de la historia universal, Occidente ha desempeñado una acción rectora y un papel dominante. 
Toynbee expone las razones por las cuales cabe esperar que, en el futuro, el Asia Oriental arrebate la primacía a Occidente. La expansión europea de los últimos quinientos años ha permitido la unión de la humanidad en el plano técnico. 
Los dos autores comparten la esperanza de que, en el porvenir, los hombres logren unirse política y espiritualmente. Escrito en lenguaje sencillo y claro, Elige la vida ilustra a los lectores sobre un sinnúmero de cuestiones que lo preocupan ya que habrán de influir, sin duda, sobre su destino.

La Sacristía de La Vendée 21-10-2021: La agenda 2030 en la Iglesia

Las religiones son las que fundan las civilizaciones y cuando esa religión muere, es cuando cae esa civilización; de hecho; cultura viene de culto, viene de cultivo; pero de culto, de culto religioso, entonces en lo que se está implantando en estos momentos de la historia no es otra cosa, que es lo que lleva tan dentro la agenda 2030:  la abolición de las identidades culturales. 
Pero están surgiendo transformaciones políticas identitarias para defender la propia identidad cultural; defender la propia identidad nacional, previamente implica, que significa por extensión, defender la propia identidad religiosa, es decir, España es una patria porque la historia de España, no es otra cosa que la historia de la Fe y la historia de la Iglesia y la defensa de la fe; y así, como decía antes Menéndez Pelayo, España se formó a los pechos de la Iglesia, bien pues, esto es muy importante para que no nos quedemos sólo en la denuncia y todo lo que sea promover la fe, todo lo que sea promover la propia identidad cultural, la propia identidad nacional, todo lo que sea defender la propia historia, muy importante, todo lo que sea defender también en nuestro caso, en España, la propia lengua. 
La agenda 2030 también, significa destruir esas identidades nacionales, así que todo lo que sea defender la propia identidad nacional, basada en la religión católica, en la religión cristiana, basada en nuestra historia, pues es lucha contra la agenda 2030, contra el nuevo orden mundial, globalismo, gran reseteo...

Presentación del libro "Elige la Vida". 
Diálogo entre Arnold J. Toynbee y Daisaku Ikeda · 27/09/2022

DECADENCIA y PODREDUMBRE SOCIAL | Miguel Ayuso y J. Manuel de Prada

La secularización. El hombre moderno es un conjunto de creencias absurdas y pseudosaberes, que lo condicionan a un actuar desquiciado que sólo puede tener como consecuencia la destrucción del orden, la belleza y la justicia. Además, de las raíces filosóficas que son causa de la cosmovisión depravada y moderna que alimenta un conjunto de ideologías absurdas, que atentan contra lo SAGRADO Y VERDADERO. Una explicación sucinta de qué es la secularización y como se ha ejecutado en nuestras sociedades, degradándonos a una vida vergonzosa.