EL Rincón de Yanka: RACISMO

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martes, 10 de febrero de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "SANGRE NEGRA" (NATIVE SON) 1940 y1951, por RICARD WRIGHT y PIERRE CHENAL, RESPECTIVAMENTE.


Sangre Negra es la novela del resentimiento. El protagonista, Bigger Thomas, mata impensadamente una vez y vuelve a matar porque cree que así cubre su huida. Lo incita un oscuro impulso que brota de la sangre. Los negros se encuentran con que no pueden traspasar la barrera de la sangre y penetrar en la vida de los blancos, superior a la suya en todos los sentidos y que contemplan a la distancia desde sus ghettos de negros. 
A veces parece mentira que una novela pueda seguir teniendo, más de setenta años después, la misma vigencia que tuvo en el momento en el que fue escrita. 
Publicada en 1940 y éxito absoluto de ventas, Sangre negra es considerada la primer novela estadounidense escrita por un negro. Con Bigger Thomas como protagonista, y un narrador en tercera persona por encima del nivel de comprensión de Bigger, es una novela de suspenso y de crimen, y también es una de las llamadas «novelas de juicio», por contener el relato pormenorizado de un proceso penal. 

Sangre negra es una novela fundamental para entender los modos de acción y también las consecuencias de la segregación y la discriminación racial en general en los Estados Unidos. Bigger, su protagonista, es un joven como tantos otros, que podría vivir su vida sufriendo la pesada carga de ser negro, pero que —como tantos otros también— siente la necesidad de luchar contra la realidad que le imponen, porque aunque la lucha que elige no sea la «correcta», es la única que tiene al alcance que le permite sentirse dueño de sí mismo. Y en una sociedad que no permite olvidar cuatro largos siglos de esclavitud, eso no es poca cosa. Crítica con la religión y "simpatizante" con del comunismo, Sangre negra es una novela fulminante y vertiginosa, excelente en su género, y esclarecedora a nivel social.

Filmada en inglés en Argentina y censurada por 70 años en EE.UU.: la increíble historia de la película “Native son”. Fue el primer libro más vendido escrito por un negro.
El film basado en el bestseller de Richard Wright, y que contó con su actuación.
Wright encontró muchas dificultades para filmar en Estados Unidos, por lo que decidió enfilar hacia Buenos Aires. 
“No sólo era difícil de filmar en los Estados Unidos sino que tampoco le era posible hacerlo en Europa.
El filme fue dirigido por el francés Pierre Chenal, que filmaba en la Argentina, y tenía el antecedente del éxito de su versión teatral, protagonizada por Narciso Ibáñez Menta. Un dato curioso es que el asistente de Chenal era el boliviano Gonzalo “Goni” Sánchez de Lozada, quien luego sería presidente de su país y que actualmente se encuentra prófugo de la Justicia boliviana, acusado por la sangrienta masacre que derivó de sus órdenes para reprimir las manifestaciones que finalmente acabaron con su gobierno en 2003.

“Wright ya no era militante del Partido Comunista -explica Krebs-, que había querido modificar su novela para convertirla en un panfleto comunista, pero Wright se negó totalmente y los comunistas no aparecen demasiado bien en el libro si se lo lee con cuidado, porque los abogados son blancos y Wright lo que hizo fue transferir la experiencia que él tuvo cuando se hizo miembro del partido. Él sentía que querían a los negros para hacer propaganda, pero en cuanto se armaba una discusión, no tenían la palabra. La discriminación llegaba al Partido Comunista e hizo que Richard Wright se fuera y escribiera un ensayo explicando por qué se había ido, con un titulo muy elocuente The god who failed, el dios que fracasó”.


La producción de "Sangre negra" en Argentina Sono Film fue uno de los proyectos más ambiciosos y curiosos de la "época de oro" de nuestro cine. Ante la imposibilidad de filmar en Norteamérica, el productor uruguayo Jaime Prades y el argentino Atilio Mentasti unieron fuerzas para traer a Buenos Aires a Richard Wright, quien llegó al puerto porteño en octubre de 1949.
El rodaje en los estudios de Martínez fue una mezcla increíble de talentos:
mientras Gori Muñoz levantaba fachadas de Chicago, el equipo de dirección buscaba extras negros entre la compañía de danza de Katherine Dunham y trabajadores locales para poblar las escenas. Fue tal el impacto de la película en la sociedad argentina que, tras su estreno triunfal en el Cine Gran Rex, se publicaron "cinenovelas" e historietas en revistas populares como Aventuras, permitiendo que el público se llevara la historia a sus casas.
La historia de Sangre negra es la de un rescate épico. Mientras que en Estados Unidos la censura fue implacable, cortando casi 800 metros de película (reduciéndola de 104 a apenas 77 minutos), la versión íntegra y original solo pudo sobrevivir en Argentina. Durante décadas, el mundo conoció una versión "mutilada" que alteraba el mensaje del director Pierre Chenal y del propio Richard Wright.
El milagro ocurrió gracias al historiador y coleccionista argentino Fernando Martín Peña, quien localizó una copia completa en 16mm en nuestro país. Este hallazgo fue la pieza fundamental para que la Library of Congress de EE. UU. pudiera finalmente restaurar la película en su esplendor original.


Sangre negra - Richard Wright by manuelradilla


Native Son 1951


martes, 13 de enero de 2026

"ANTISEMITISMO, LA INTIFADA DE LAS PALABRAS" por DANI LERER 👿👥💣💥💀

Antisemitismo, 
la intifada de las palabras
El antisemitismo no empieza con balas. No irrumpe de golpe con bombas, un cuchillo o un fusil. El antisemitismo empieza mucho antes, de manera bien planificada y, por eso mismo, más peligrosa: empieza con palabras.
Empieza cuando se normalizan discursos que deshumanizan. Cuando se reciclan viejas mentiras con un lenguaje nuevo y aceptable. Cuando el odio se presenta como conciencia social, como militancia moral o como supuesto compromiso con los derechos humanos. Empieza cuando se llama a una “intifada global” como si fuera una consigna abstracta, casi poética. Pero la intifada nunca fue una metáfora: es violencia, es terrorismo, es muerte.
La feroz ola de antisemitismo que atraviesa hoy a Occidente no es casual ni espontánea. No es el resultado de un “clima social” difuso. Es la consecuencia directa de años de ingeniería social cuidadosamente diseñada y financiada, con Qatar como uno de sus principales impulsores, y ejecutada por una alianza antinatura: el Islam radical y la izquierda woke, unidos por un enemigo común, el Estado de Israel y el pueblo judío.

Esta alianza encontró en el lenguaje su principal arma. Universidades, parlamentos, organizaciones sociales, medios de comunicación y redes sociales fueron colonizados por un relato que no busca la paz ni la justicia, sino la demonización sistemática de Israel. Bajo el rótulo de “antisionismo”, se promueve en realidad la negación del derecho del único Estado judío a existir.
Y no se trata de expresiones marginales. Diputados, legisladores y referentes políticos repiten sin pudor consignas que llaman abiertamente a la desaparición del Estado de Israel. No hablan de fronteras, ni de políticas, ni de gobiernos: hablan de borrar del mapa a un país entero. Eso no es crítica política. Es odio ideológico.

El antisionismo contemporáneo es el nuevo disfraz del antisemitismo clásico. Cambia el vocabulario, pero conserva el objetivo. Señalar al judío como opresor absoluto, como mal encarnado, como culpable colectivo. Y cuando ese discurso se legitima desde bancas legislativas, cátedras universitarias o tribunas militantes, la violencia deja de ser una excepción para convertirse en una consecuencia previsible.
Nada de lo que vemos hoy ocurre en el vacío. Los atentados terroristas antisemitas, los ataques a sinagogas, escuelas y personas judías en distintas partes del mundo son el punto final de un proceso que empieza con palabras. Palabras repetidas, amplificadas y protegidas por el silencio cómplice de quienes prefieren no incomodar a sus propias filas ideológicas.

La historia es clara y brutal al respecto: cada vez que el antisemitismo fue tolerado en el discurso público, terminó expresándose en sangre. Cada vez que se permitió que el odio avanzara bajo la excusa de la libertad de expresión, el resultado fue violencia.
Combatir el antisemitismo no es una cuestión de seguridad, sino de coraje moral. De animarse a decir lo que muchos saben y pocos se atreven a afirmar: que los discursos de odio matan, que la intifada empieza en las palabras y que quienes hoy la promueven desde la política y la militancia cargan con una responsabilidad directa sobre lo que vendrá después.

Porque cuando el odio se normaliza, el terror no sorprende. Se anuncia. Y ya lo estamos escuchando.

martes, 2 de diciembre de 2025

EL POETA E INOCENTE MANUEL SATURIO VALENCIA, ÚLTIMO FUSILADO EN COLOMBIA (1907) por EL RACISMO CLASISTA CRIOLLO y OTROS...


A finales del siglo XIX Manuel Saturio Valencia Mena era en Popayán, Colombia, el primer hombre negro que estudiaba leyes en la Universidad del Cauca. Había nacido el 24 de diciembre de 1867 en una gloriosa Quibdó reconocida por el comercio del oro y por la pobreza de su gente negra. A pesar de las difíciles circunstancias que vivió, Saturio fue un niño que aprendió con los capuchinos el latín y el francés, y fue tan aventajado aprendiz, que recibió apoyo de los religiosos para realizar sus estudios superiores a muchas horas de su natal Chocó.

Valencia regresa a su tierra para ejercer como personero, juez de rentas y ejecuciones fiscales, y juez penal. Según sus biógrafos, fue el primer hombre negro en América en ser nombrado para estas funciones públicas. Estuvo como muchos jóvenes de su tiempo en la guerra de los Mil Días, donde obtuvo el grado de capitán en las tropas gobiernistas conservadoras y aprendió sobre política y partidismo.

Poeta del Atrato, Manuel Saturio fue un gran autodidacta, cultivador de la música y los cantos en las escuelas. Es considerado como el primer literato negro del Chocó, pero debido al racismo de la época, muchos de sus escritos quedaron inéditos en el silencio de una sociedad que hasta hacía pocos años había vivido y rentado del comercio de esclavizados.

La historia de Manuel Saturio está llena de eventos dramáticos y dolorosos, y el final de sus días tiene como telón de fondo pasiones de amor y odio racial que terminaron con su fusilamiento hace 118 años.

Valencia enamoró y embarazó a Deyanira Castro, una joven blanca hija de un importante líder liberal. Esta aventura terminó en una tremenda venganza por parte de la familia asaltada en su digniddad de raza y noble apellido. En la madrugada del primero de mayo de 1907 Manuel Saturio embriagado y sin conciencia de lo que sucedía, fue inculpado del incendio ocurrido en el centro de la ciudad. Su cinturón y una bola de trapo con restos de petróleo fueron la evidencia para incriminarlo por atentar contra la notable sociedad quibdoseña. La Constitución de 1886 condenaba con pena de muerte a los incendiarios. En seis días y cinco noches lo enjuiciaron y lo condenaron. Su delito era “imperdonable”, había atentado contra las familias de élite que habitaban la famosa carrera primera, cuyos andenes estaban destinados a la exclusividad genética de la blanquitud.

En este largo siglo que corre desde su fusilamiento, se han escrito novelas, poemas, ensayos, artículos y un guion para teatro que en el año 2011 hizo su solitario debut en la ciudad de Popayán, en el extinto Teatro Bolívar, bajo la dirección de Eugenio Gómez, una treintena de actores y actrices del Chocó y con el nombre de “Amangualados”.

Verdad y mito, Manuel Saturio Valencia Mena constituye el ícono de una tradición literaria y oral que merece un lugar de reconocimiento, pues sólo hombres de su talla producen tanto interés literario e histórico sobre los sucesos de su existencia.

Cuatro notables novelas de la mano de tres escritores y una escritora afrocolombiana: “La Palizada” de Miguel A. Caicedo (1952), “Memorias del Odio” de Rogerio Velásquez Murillo (1953), “Mi Cristo Negro” de María Teresa Martínez (1983) y “El fusilamiento del diablo” de Manuel Zapata Olivella (1986). Cientos de ensayos entre los cuales sobresalen: “Manuel Saturio Valencia: El hombre”, Miguel A. Caicedo (1992), “Héroes y políticos: Quibdó desde 1900”, Peter Wade (1997) y “Violencia y Resistencia: una perspectiva de la literatura afrocolombiana” de Marvín A. Lewis (1987), y “A cien años del fusilamiento de Manuel Saturio” de César E. Rivas Lara (2007), hacen parte de una notable antología que incluye muchas más obras.

Según la tradición oral chocoana, el poeta fusilado nos dejó en sus versos, razones poderosas para luchar contra el racismo:

“A yo que soy inorante
me precisa preguntá
si el coló blanco es virtú
pa yo mandame blanquiá…

Pregunto al hombre leal
porque saber me precisa
¿si el negro no se bautiza
en la pila bautismal?
Si hay otro má principal
má patras o má palante
má bonita o má brillante
donde bautizan al blanco,
me darán un punto franco
a yo que soy inorante”.

***
A yo que soy ignorante
Me precisa preguntar
Si el color blanco es virtud
Pa' yo mandarme a blanquear

Pregunta el hombre leal
Porque saber me precisa
Si el negro no se bautiza
En la pila bautismal

Si hay otra más principal

Má pa' tras o má pa'lante
Más bonita o más brillante
Onde bautizan al blanco
Me darán un punto franco
A yo, que soy ignorante

Dos hombres y una mujer
Todos somos descendientes
Porque al negro solamente
Con desprecio lo han de ver

La misma sangre ha de ser
Aunque el negro singular
Siempre han de colocar
En un lugar separado

Si el negro no se bautiza
Me preciso preguntar
Negro fue san Benedicto
Negras fueron sus pinturas
Y en la sagrada escritura
letras blancas yo no he visto

Negros los clavos de Cristo
Que murió en la santa cruz
Será que bajo Jesús
Por el blanco a padecer
Solo así podré saber
Si el color blanco es virtud

Cuando tengamos que darle
A mi Dios estrechas cuentas
Como el negro va pagar
Por el blanco las ofensas

Si al negro no se le encuentra
Un delito que culpar
Me dirán que no es verdad
Que el blanco no tiene pena
O si es que no se condena
Pa' yo mándame a blanquear


Manuel Saturio Valencia, 
último fusilado en Colombia (1907)

Muchos personajes han pasado a la historia por sus condiciones excepcionales, escritores, poetas militares entre otros, hoy son recordados como eminencias e incluso sus nombres hacen parte de museos, monumentos, cátedras y programas de formación que deben ser estudiados de manera obligatoria, sin embargo hay personajes hoy invisibilizados en la historia que además de haber sido profesionales universitarios incluso graduados con honores ni los mismos maestros los recuerdan; mejor dicho los forzaron a no mencionarlos..

Uno de esos personajes que seguramente su maestro nunca le habló, fue Manuel Saturio Valencia. Este negro que nació el 24 de diciembre de 1867, en Quibdó, departamento del choco, Colombia,  hijo único de Manuel Saturio Valencia y Tránsito Mena quienes se ocupaban de oficios doméstico, lo criaron sujeto a los principios éticos y morales basado en el respeto, la honestidad y la disciplina.

El joven Saturio desde niño comenzó a mostrar sus capacidades intelectuales y fue así como inició su participación de cantó en el coro parroquial de la ciudad y aprendió latín y francés de unos monjes Capuchinos.

Fue un estudiante destacado, tanto que los mismos monjes se encargaron luego de sus estudios superiores en la facultad de derecho de la universidad del cauca donde terminó sus estudios pasando a la historia como el primer abogado negro de ese claustro de educación superior ubicado en la ilustre ciudad blanca de Popayán.

Más tarde regresó a Quibdó, se alineó con el Partido Conservador, un partido minoritario en la región. En 1899, inició la Guerra de los Mil Días.

Manuel alcanzó el rango de Capitán en las fuerzas del gobierno.

Manuel también fue profesor autodidacta de música y canto en varias escuelas; fue juez y personero municipal siendo considerado como el primer literato negro de la región.

Por la misma opresión racial de la época, sus obras quedaron como inéditas, así como Ingermina o la hija de calamar de Juan José Nieto Gil.

Un día como hoy el intelectual abogado sedujo a una joven de raza blanca llamada Deyanira Castro, hija de un importante líder liberal.

La señora salió embarazada de aquel “encuentro”. Cuando la familia de la distinguida dama se da cuenta que está esperando hijo de un negro, de inmediato diseñan un macabro plan para evitar “dañar la raza” con el advenimiento de un mulato.

Es así que en la madrugada del primer día de mayo de 1907, buscaron a Saturio, lo embriagaron con vino, le quitaron sus documentos y algunas de sus prendas, y fueron hasta la Carrera Primera de Quibdó y provocaron un incendio sobre dos viviendas con techos de Paja, y después salieron del lugar.

Entre las cenizas fueron recuperados una bola de trapo casi quemada, el cinturón de Manuel Saturio, y unos documentos con su nombre. El Artículo 29 de la Constitución de Colombia de 1886 expresaba explícitamente lo siguiente:

Artículo 29. Sólo impondrá el Legislador la Pena Capital para castigar, en los casos que se definan como más graves, los siguientes delitos como:

Traición a la patria, cuando se estuviera en estado de guerra regular, o de carácter internacional, parricidio, asesinato, incendio, asalto en cuadrilla de malhechores, piratería y ciertos delitos militares definidos por las leyes del ejército.

Según la ley que se desprendía de la constitución de 1886 sancionada por Rafael Núñez, no importaba la magnitud del incendio, por eso de inmediato Saturio Valencia fue condenado a muerte por el delito de pirómano.

El juicio fue muy breve, transcurriendo apenas seis días entre los hechos y la condena, todo un registro de celeridad en la aplicación de la justicia en Colombia.

El gravísimo hecho de haber incendiado la carrera primera de Quibdó, que representaba los intereses de la sociedad blanca chocoana, motivó la condena a muerte del destacado abogado titulado.

Dice la historia, que luego de haber recibido la descarga de los fusiles, Saturio quedó vivo; sin embargo violando la ley de indulto, volvieron a cargar las armas y con una segunda ráfaga el 7 de mayo de 1907 asesinaron al abogado e intelectual Manuel Saturio Valencia.

Bueno: Ustedes se preguntan ¿y qué pasó con el embarazo de Deyanira? Pues tan pronto nació el mulato producto del amor de un negro y una blanca, los familiares de Deyanira lo empacaron en una caja de cartón y sin ninguna compasión los arrojaron vivo al río Atrato cosa que no cuentan los maestros de historia.


⚖️ En el corazón del Chocó, Colombia, nació un poeta al que la justicia le dio la espalda.
Manuel Saturio Valencia, abogado y soñador afrocolombiano, fue el último fusilado de Colombia, condenado por un crimen que nunca existió.
Lo silenciaron con balas, pero su nombre aún grita memoria.
En una tierra donde el oro brillaba más que la justicia, nació un hombre que se atrevió a pensar.
Manuel Saturio Valencia (1867–1907), hijo del Chocó, poeta, abogado y soñador afrocolombiano, creyó que el conocimiento podía liberarlo de las cadenas invisibles del racismo.
Desde las aulas de la Universidad de Antioquia, su talento deslumbró a quienes no soportaban verlo ascender. En una república que hablaba de igualdad… pero temía la piel negra, su inteligencia se volvió un desafío.
🔥 En 1907, una disputa personal con una mujer blanca de clase alta bastó para encender la furia de una sociedad enferma de prejuicio. Lo acusaron de incendio y traición, con pruebas débiles, fabricadas, y un juicio decidido antes de empezar.
El Archivo General de la Nación lo confirma: su condena fue un espejo del racismo institucional que gobernaba los tribunales de la época.
El 3 de mayo de 1907, al amanecer, lo llevaron al paredón en Quibdó.
Dicen que antes del disparo pidió recitar un verso. Nadie lo permitió.
Las balas callaron su voz… pero también sellaron el fin de la pena de muerte en Colombia.
Desde entonces, Manuel Saturio Valencia no es solo “el último ejecutado legalmente”:
es el símbolo del talento traicionado, del color condenado, del país que prefirió el silencio antes que reconocer su propio racismo.
Hoy, su nombre vuelve a pronunciarse con respeto, como el de un hombre que murió de pie, defendiendo la dignidad de su raza y el derecho a ser libre.


En el corazón del Caribe nació un hombre al que la historia quiso borrar.
Juan José Nieto Gil fue el único presidente afrodescendiente de Colombia, un líder que desafió el racismo y el olvido.
Su rostro fue cambiado, pero su verdad nunca se apagó.


Nació en Mompox, Colombia,  hijo de una mujer negra y de un padre blanco que nunca lo reconoció. A pesar del racismo y la pobreza, Candelario Obeso llegó a la Universidad Nacional y escribió el primer libro de literatura negra en América Latina. Murió joven, cansado del olvido… pero su voz sigue viva en cada palabra que resiste. 🔥


En los Estados Unidos de Colombia de 1876, un joven mulato nacido en Camarones, La Guajira, desafió al poder con la palabra como su única arma. Luis Antonio Robles fue el primer afrodescendiente en alcanzar un alto cargo nacional, enfrentando el racismo con inteligencia y valentía. Su voz fue más fuerte que el silencio, su historia más duradera que el olvido. 


En 1920, en Guapi, Cauca, nació un niño que escuchaba cómo el mar hablaba en versos. Su nombre era Helcías Martán Góngora, y con el tiempo se convirtió en el poeta que transformó el dolor, la fe y la herencia afro del Pacífico en palabra.
Mientras Colombia miraba hacia los Andes, él escribía desde la orilla del océano, entre marimbas, manglares y silencios. Dirigió revistas, bibliotecas y proyectos culturales, pero su mayor obra fue la dignidad de su pueblo. En cada poema, el mar se hizo voz y la negritud se volvió eternidad.
Murió en 1984 sin el reconocimiento que merecía… pero su palabra no se hundió: sigue resonando en el viento del litoral, donde la poesía se confunde con las olas. 
¿Sabías que un poeta del Pacífico convirtió el oleaje en palabra y la memoria afro en patria? 
Nació en 1920, en Guapi, Cauca, un pequeño puerto del litoral sur del Pacífico colombiano, cuando las lanchas de vela aún unían los pueblos del manglar y la marimba marcaba el ritmo de la vida. 
Creció entre los cantos del río Guapi y los rezos de los pescadores, en una época en que el país apenas reconocía la existencia de su costa negra. 
Desde allí partió a Bogotá, donde estudió Derecho en el Externado de Colombia, pero nunca se apartó del mar que lo formó. 
En los años 40 y 50, mientras el país se desangraba en guerras políticas, Helcías Martán Góngora escribía versos para quienes no tenían voz. 
Regresó a Popayán como gestor cultural, dirigió Extensión Cultural en la Universidad del Cauca, fundó la revista Esparavel y convirtió su poesía en resistencia. 
En plena segunda mitad del siglo XX, cuando el centralismo bogotano dominaba la literatura, Helcías hablaba desde el margen: del mar, del tambor, del Cristo negro. 
Murió en Cali en 1984, sin el reconocimiento que su obra merecía.
Pero su voz sigue viva: en cada verso, el Pacífico respira, y la palabra se convierte otra vez en mar.


ROGERIO VELÁSQUEZ MURILLO: Nació en Sipí, Chocó, en 1908, y dedicó su vida a rescatar la memoria que Colombia ignoró. Etnógrafo, historiador y maestro del Instituto Etnológico del Cauca, recorrió selvas y ríos para escuchar los cantos, los rezos y las raíces de su pueblo.
Entre lluvias escribió Ritos de la muerte en el Alto y Bajo Baudó, Instrumentos musicales del Chocó y Gentilicios africanos del occidente de Colombia. Llamó a su gente “la negredumbre”, una identidad silenciada que él transformó en historia.
Murió en 1965 sin homenajes, pero sus Ensayos escogidos devolvieron su voz a la nación. Fue la tinta que salvó del olvido al pueblo negro del Pacífico.


¿Sabías que en una casa de Getsemaní, Cartagena, Colombia, un hombre negro escribió versos que hicieron temblar al silencio?  
Jorge Artel, nacido en 1909, convirtió el dolor y el orgullo de su raza en poesía. En 1940 publicó Tambores en la noche, donde el sonido del Caribe se volvió palabra y la palabra resistencia.
Mientras otros callaban, él escribió con ritmo de mar y fuego. Sus versos no pedían aplausos, pedían justicia. 
Hoy su voz aún retumba en las calles de Cartagena, recordando que la negritud también es raíz, pensamiento y poesía. 🖤

TAMBORES EN LA NOCHE

Negro soy

Negro soy desde hace muchos siglos. 
Poeta de mi raza, heredé su dolor. 
Y la emoción que digo ha de ser pura 
en el bronco son del grito 
y el monorrítmico tambor. 

El hondo, estremecido acento 
en que trisca la voz de los ancestros, 
es mi voz. 

La angustia humana que exalto 
no es decorativa joya 
para turistas. 

¡Yo no canto un dolor de exportación!

La voz de los ancestros

Oigo galopar los vientos 
bajo la sombra musical del puerto. 
Los vientos, mil caminos ebrios y sedientos, 
repujados de gritos ancestrales, 
se lanzan al mar. 
Voces en ellos hablan 
de una antigua tortura, 
voces claras para el alma 
turbia de sed y de ebriedad. 

¿De qué angustia remota será el signo fatal 
que sella en mí este anhelo de claves imprecisas? 
Oigo galopar los vientos, 
sus voces desprendidas 
de lo más hondo del tiempo 
me devuelven un eco 
de tamboriles muertos, 
de quejumbres perdidas
en no sé cuál tierra ignota, 
donde cesó la luz de las hogueras 
con las notas de la última lúbrica canción. 

Mi pensamiento vuela 
sobre el ala más fuerte 
de esos vientos ruidosos del puerto, 
y miro las naves dolorosas 
donde acaso vinieron 
los que pudieron ser nuestros abuelos.
 —¡Padres de la raza morena!—. 
Contemplo en sus pupilas caminos de nostalgias, 
rutas de dulzura, 
temblores de cadena y rebelión. 

¡Almas anchurosas y libres 
vigorizaban los pechos y las manos cautivas! 
Una doliente humanidad se refugiaba 
en su música oscura de vibrátiles fibras… 
—Anclados a su dolor anciano 
iban cantando por la herida…—. 

¡Oigo galopar los vientos, 
temblores de cadena y rebelión, 
mientras yo —Jorge Artel— 
galeote de un ansia suprema, 
hundo remos de angustias en la noche!

Tambores en la noche

Los tambores en la noche, 
parece que siguieran nuestros pasos… 
Tambores que suenan como fatigados 
en los sombríos rincones portuarios, 
en los bares oscuros, aquelárricos, 
donde ceñudos lobos se fuman las horas, 
plasmando en sus pupilas 
un confuso motivo de rutas perdidas, 
de banderas y mástiles y proas. 

Los tambores en la noche 
son como un grito humano. 
Trémulos de música les he oído gemir, 
cuando esos hombres que llevan 
la emoción en las manos 
les arrancan la angustia de una oscura saudade, 
de una íntima añoranza, 
donde vigila el alma dulcemente salvaje
de mi vibrante raza, 
con sus siglos mojados en quejumbres de gaitas. 

Los tambores en la noche 
parece que siguieran nuestros pasos. 
Tambores misteriosos que resuenan 
en las enramadas de los rudos boteros, 
acompasando el golpe con los cantos 
de los decimeros, con el grito blasfemo 
y la algazara, con los juramentos 
de los marineros… en tanto que se anuncia 
tras los gibosos montes 
un caprichoso recorte de mañana. 

Los tambores en la noche, hablan. 
¡Y es su voz una llamada tan honda, 
tan fuerte y clara, 
que parece como si fueran sonándonos en el alma!


VER+:




Capítulo 1 de 4 Saturio

Los republicanos fueron más racistas y 
despiadados que los realistas.

VER+:




Indígenas y negros ¿Contra la independencia de América?


viernes, 10 de octubre de 2025

SAMPU (SEMPO) CHIUNE SUGIHARA, JUSTO DE LAS NACIONES JAPONÉS: SALVÓ MÁS DE 6000 JUDÍOS



Chiune (Sempo) Sugihara, nacido el 1 de enero de 1900, fue el primer diplomático japonés enviado a Lituania. Nació en el seno de una familia de clase media en la Prefectura de Gifu, en la isla japonesa principal de Honshu. A veces también se conoce a Sugihara como “Chiune”, una interpretación anterior de la grafía japonesa para “Sempo”, parte de su nombre formal. 
Cuando Sugihara se fue de Lituania, ya había emitido visas a 2.140 personas. Estas visas cubrieron también a otras 300 personas aproximadamente, en su mayoría niños. Sin embargo, no todos los que tenían visas pudieron irse de Lituania antes de que la Unión Soviética dejara de otorgar visas para la salida.

En noviembre de 1939 Chiune-Sempo Sugihara, un diplomático japonés de carrera fue enviado por el gobierno de su país para servir como cónsul en Kovno (Kaunas), por entonces la capital de Lituania. Como parte de su misión, debía observar las maniobras del ejército alemán al otro lado de la frontera para que el Alto Mando japonés pudiera tener información anticipada del ataque contra la Unión Soviética.

Cuando Lituania fue anexada por la Unión Soviética en el verano de 1940 los diplomáticos extranjeros fueron notificados que debían abandonar el país hasta fines de agosto. Mientra estaba haciendo sus maletas, Sugihara fue informado de que una delegación judía estaba esperando a la entrada del consulado y solicitaba encontrarse con él. Estaba encabezada por Zeraj Warhaftig, un refugiado judío que años más tarde se convertiría en ministro del Estado de Israel. Sugihara accedió entrevistarse con la delegación para una breve conversación. Ésta había llegado con un pedido desesperado. Los refugiados judíos en Lituania estaban pasando momentos muy difíciles, viendo como las puertas de los países del mundo se cerraban ante ellos. Se había vuelto prácticamente imposible obtener visados de inmigración a cualquier parte del mundo. En su desesperada búsqueda de países que les permitieran la entrada encontraron que Curazao –en ese entonces una colonia holandesa– no exigía visados de ingreso. Ello les permitiría abandonar Lituania, pero dado que la guerra había clausurado las posibilidades de viajar hacia occidente, la delegación le solicitó al cónsul que emitiera visados de tránsito. Con éstos podrían obtener permiso para cruzar la Unión Soviética.

El cónsul japonés les pidió esperar hasta tanto obtenga una autorización de sus superiores para emitir los visados. No existía ninguna indicación que el Ministerio de Relaciones Exteriores japonés iba a acceder a ese pedido fuera de lo común. Sin embargo Sugihara estaba muy preocupado por la difícil situación de los refugiados y comenzó a emitir visados sin haber todavía obtenido la autorización de su ministerio. Nueve días más tarde llegó la respuesta de Tokio que negaba la autorización. Sugihara decidió de todos modos seguir concediendo los permisos. Su esposa relató más tarde de qué forma las dificultades de los desesperados refugiados impactaron a su marido. Después del encuentro con la delegación andaba preocupado y meditabundo, hasta que se decidió a desobedecer las órdenes y continuar. En poco tiempo, antes de que el consulado fuera clausurado, estampó aproximadamente 3.500 visados de tránsito. Gracias a Sugihara los receptores de esos visados pudieron abandonar Europa y escapar a los asesinatos que comenzaron un año más tarde. Entre ellos había muchos rabinos y sabios talmúdicos. Su fuga, por un estrecho margen, permitió restablecer las escuelas tradicionales judías en otras partes.

Con un plazo muy corto a disposición para abandonar el país y un personal escaso, Sugihara se ocupó él mismo de estampar los visados. Se dice que lo estuvo haciendo en la misma estación de trenes antes de emprender el viaje que lo alejó de Lituania. También reclutó la ayuda de algunos judíos para tal fin. Ignorantes éstos del japonés muchas de las visas fueron selladas al revés. Mientras todo esto ocurría Sugihara estaba recibiendo advertencias de Tokio de no emitir visados sin el debido procedimiento.

De Kaunas Sugihara fue enviado a abrir un consulado en Koenigsberg (hoy Kaliningrad) y luego a Bucarest. Después de su regreso al Japón en 1946 fue despedido del servicio exterior. A su entender ello fue consecuencia de su insubordinación como cónsul en Kaunas. Desde entonces tuvo que mantenerse haciendo trabajos ocasionales.

Los visados otorgados por Sugihara salvaron las vidas de muchos judíos de manos de los nazis, que invadieron Lituania en 1941.
En 1984 Yad Vashem otorgó a Chiune-Sempo Sugihara el título de Justo de las Naciones. Dos años más tarde falleció. Hoy en día es considerado un héroe en su país.


La historia que te partirá el corazón: Chiune Sugihara, el diplomático japonés que en 1940 desobedeció a su gobierno para salvar más de 6000 vidas. Escribió visas a mano hasta que sus dedos sangraron, trabajando 18 horas diarias. Un verdadero héroe que el mundo debe recordar.

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