EL Rincón de Yanka: HÉROES

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lunes, 22 de junio de 2026

TODO BUEN SOLDADO ESPAÑOL TUVO SIEMPRE DOS BATALLAS A LIBRAR: UNA CONTRA EL ENEMIGO; LA OTRA, CONTRA SUS GOBERNANTES


Un hombre en su lecho de muerte. Es el frío y húmedo norte. Envuelto en fiebres, repite dos palabras insistentemente: honor, reputación. Ha sido uno de los hombres más ricos de Europa, pero ahora ya solo le queda eso: honor y reputación.

Esta semana terminó de estallar uno de los casos de corrupción más sucios de la historia de España. Quizás el más sucio de todos.

Ambrosio de Spínola no era un militar de carrera. Tampoco un noble de cuna. Ni siquiera español, sino genovés. Aun así, dio la vida por esa bandera.

Hemos podido leer las agendas de Leire Díaz. Un viaje al corazón de las tinieblas. Según van saliendo los datos, algunos reconocen cosas que negaron, mientras niegan las que aún no se pueden demostrar.

Spínola pertenecía a una casta de banqueros. Quería vivir una vida diferente y puso su fortuna al servicio de la corona. Había leído más de estrategia militar que muchos otros generales. Pronto demostraría que había nacido para el campo de batalla.

La directora de la Guardia Civil reconoce contactos con la fontanera que antes había negado vehementemente, pero niega que fueran para nada ilegal. Ya sabes.

Ostende, Frisia, el Palatinado, Breda! Ah, su querida Breda. Un general de los pies a la cabeza.

El presidente del país no ve nada raro en todo lo que está ocurriendo: es obvio que Leire miente en todo (menos en lo que ya se ha podido demostrar), pero tampoco la quiere denunciar.

Mientras tanto, en Madrid, los validos dominan a los reyes. Lerma: ninguna mala palabra, ninguna buena acción. Después, Olivares; la envidia y las excusas. Spínola va perdiendo su fortuna poco a poco.

En medio de audios y anotaciones hay persecuciones a jueces que juzgan, sanciones a investigadores que investigan. Su peor enemigo es aquel que juró defenderlos.

En España todos se pelean por ver los toros desde el palco, al lado de Felipe IV. Es galán y mecenas el rey, también necio y mezquino. Los soldados, mientras tanto, mueren en el frío norte, pero los que susurran al rey consejos son los otros, los que nunca pisaron barro.

Algo huele a quemado. Aun así, los suyos, los que todavía le apoyan, siguen bailando una música que ya no le suena bien a nadie.


Ambrosio Spínola, 
el general con 7 vidas crucial 
para los éxitos españoles en Flandes

El aristócrata y soldado genovés, aliado de la Corona española, fue fundamental para algunos de los mayores éxitos militares del siglo XVII


Desde la temprana época del Renacimiento, Italia, como futura proyección política y geográfica, así como España, pionera en las exploraciones allende los mares, trabajaron conjuntamente a través de los conocimientos compartidos de sus más avanzados navegantes, Colón-Colombo, Vespucci, los Doria, los almirantes genoveses, pisanos y venecianos, que con los castellanos, siempre hicieron buenas migas. Pero quizás lo más físico sería la banca italiana implicada con la Casa de Contratación de Sevilla que tuvo enorme proyección en Canarias y las emergentes industrias caribeñas.

No solamente la intervención de las familias financieras italianas contribuía a equilibrar las escoras económicas de Castilla en primera instancia y más tarde de la Monarquía Hispánica (antes de la intervención de los banqueros alemanes Fugger y Welser), sino que los vínculos matrimoniales y nexos militares ante adversarios comunes generaban un ambiente casi familiar entre las dos naciones bastante espontáneo y escasamente conflictivo. En ocasiones, la masa crítica de los tercios no estaba formada por españoles y sí por italianos, eso sí, con el portentoso entrenamiento de los oficiales de la Corona y el legado de la herencia de las tácticas del Gran Capitán, que no hay que olvidar dio sus primeros pasos hacia la fama en Italia, arrasando de sur a norte todo lo que se movía.

Los Spínola-Doria se maridaron de forma natural con las más altas instancias de la administración de la Corona española

De entre toda esta pléyade de soldados italianos, hubo una pareja de hermanos que se sumergieron en la atmósfera más avanzada de los conocimientos militares de la época y que tenían una profunda simpatía hacia todo lo español. Impregnados en lo más avanzado de las técnicas artilleras, de lo último en explosivos, de las tácticas de combate más punteras y con el apoyo de una familia de una raigambre de profundas raíces aristocráticas y financieras, los Spínola-Doria se maridaron de forma natural con las más altas instancias de la administración de la Corona, llegando con el tiempo a hacerse indispensables.

Pero en mayo del año 1603, en un lance contra los holandeses, quiso la desventura que Federico, con gran ascendiente sobre su hermano, el que daría fama sin par al apellido, cayese en combate. Su hermano Ambrosio, que apreciaba y compartía las ideas de su compinche de correrías, quedó profundamente afectado y asumió los compromisos del hermano caído haciéndose cargo de las operaciones militares en Flandes previo acuerdo con el gobierno católico del sur y las autoridades españolas.

El general con siete vidas

No sin algunas resistencias –era el caso del brillante general Alejandro Farnesio, también de origen italiano–, Spínola, que a priori no tenía conocimientos de campaña, esto es, empíricos, formuló brillantes teorías para desbloquear algunas situaciones que permanecían inamovibles desde hacía tiempo. Era el caso de Ostende, ciudad marítima que soportaba dos años largos de asedio en aquel trágico carnaval de la muerte que era la Guerra de Flandes.

Mauricio de Nassau era un veterano general holandés con tablas sobradas en los escenarios militares y una pesadilla para los españoles a pesar de haber sido derrotado en varias ocasiones. El problema es que tenía siete vidas y esto asombraba a sus adversarios, pues se llegó a pensar que estaba endemoniado el malvado hereje. Por el contrario, Ambrosio Spínola era un imberbe de 33 años que destacaba por su apostura y melancolía a partes iguales. Además, este aristócrata de porte inapelable era un cristiano compasivo, algo que no tardaría en demostrar.

Felipe III entendió que los ilimitados recursos financieros de Ambrosio Spínola y sus dotes para la guerra formaban una combinación inapelable

En unos meses más, algo menos de un año, aquella situación de bloqueo saltaría por los aires con la rendición de Ostende gracias a las originales habilidades de Ambrosio de Spínola, que con una inventiva fuera de toda duda había obligado a una rendición inesperada a los sitiados. Lamentablemente para los vencedores, en aquellos tres años de sitio habían muerto 120.000 soldados a partes iguales. El horror conjurado había creado uno de los escenarios bélicos más memorables y estragados de la larguísima Guerra de Flandes y la valoración posterior de aquella victoria planteó la inutilidad de los asedios mientras docenas de miles refugiados a los que serían respetadas sus vidas vagaban por los territorios de Zelanda y Holanda sin dirección ni sentido alguno en el que referenciarse. Habían sobrevivido a la muerte tras lo pactado por Spínola, pero ahora debían enfrentarse a una supervivencia atroz.

A partir de ese momento, Felipe III entendió que los ilimitados recursos financieros de Ambrosio Spinola y sus dotes para la guerra hacían una combinación inapelable. Durante más de veinticinco años, este general “extranjero” dirigiría con excelentes dotes diplomáticas y mucha mano izquierda la precaria paz de los Doce años e incluso legalizaría de facto la práctica de la fe protestante a cambio de que en más de sesenta ciudades del sur de Alemania –todas ellas muy próximas al famoso camino español– albergaran guarniciones hispanoitalianas, lo que permitía el control militar de amplias zonas, sin necesidad de conflictos mayores.

'Annus mirabilis'

El criterio estratégico de Spínola era lúcido y de una visión profunda. Propuso a los ministros de la Corona eliminar frentes y focalizar fuerzas, invertir en fragatas y potenciar la armada. Centrarse en Flandes para acabar con aquella pesadilla para luego dar pasos más largos y ambiciosos, pero el estrabismo de la corte madrileña era de operación quirúrgica urgente. Nadie le hacía caso, independientemente de su reconocido prestigio como militar, por entender que su sugerencia era de carácter político, y obviamente, ante la estulticia rampante, solo quedaba la retirada.

A pesar del infortunio de tener que clamar lo evidente ante una cohorte de sordos, puso sitio a Breda causando una mortandad impresionante. Ese año, 1625, fue un 'annus mirabilis' para España pues de una tacada habían derrotado a los holandeses en todos los frentes, en bahía (Brasil) fueron desalojados expeditivamente por una flota combinada de portugueses y españoles. Ademas, la tragedia de la muerte se llevó a Mauricio de Nassau allá donde solo impera el silencio.

El Conde Duque de Olivares declaró una suspensión de pagos inesperada dejando a más de 86.000 soldados en Flandes con un destino incierto

A partir de ahí se mantuvo una política muy original, al utilizar la piratería contra los holandeses, que se habían convertido en más que duchos en el tema. Barcos piratas españoles construidos en Ostende y Dunkerque comenzaron a asolar el Mar del Norte hundiendo a los pesqueros y a todos aquellos que se dedicaran al comercio causando verdaderos estragos en la economía de Holanda, Frisia y Zelanda. Parecía que los consejos dados por Spínola comenzaban a surtir efecto. A pesar del hundimiento de más de 200 barcos holandeses, el Conde Duque de Olivares declaró una suspensión de pagos inesperada, dejando a más de 86.000 soldados en Flandes al albur de un destino rotundamente incierto.

Este petulante valido del rey, con su peculiar falta de visión e incompetencia para gobernar fácilmente lo sencillo y simplificar lo complejo, desoiría los prácticos consejos del mejor general “español” del siglo XVII. En 1630, cuando su alma ya estaba preparada para el Gran Viaje, el Cardenal Mazarino, un elegante adversario del Imperio español, tuvo la cortesía de hacer un larguísimo viaje y visitarlo en su lecho de muerte para darle ánimos ante el trance porvenir. Del Conde Duque nunca se supo más; era un necio sin formación humanista y un bípedo de gola almidonada carente de todo estilo.

miércoles, 10 de junio de 2026

LIBRO "MANOS LIMPIAS": DAVID CONTRA GOLIAT: OPERACIÓN LIMPIEZA por MIGUEL BERNAD


DAVID CONTRA GOLIAT
OPERACIÓN LIMPIEZA

MIGUEL BERNAD REMÓN

El David que desafió al sistema Miguel Bernad Remón, al frente de Manos Limpias, protagonizó el mayor desafío jurídico de la democracia española al erigirse como el "David" que fracturó el muro de impunidad de la Zarzuela. Su sindicato logró un hito histórico: sentar en el banquillo a la Infanta Cristina de Borbón, demostrando que la igualdad ante la ley no era una quimera. Esta audacia lo situó en el centro de una diana política y económica sin precedentes, enfrentándolo al "Goliat" de las estructuras de poder más profundas del Estado. El tsunami y las cloacas En abril de 2016, coincidiendo con un momento crítico del juicio del Caso Nóos, el sistema ejecutó su venganza. La Operación Nelson estalló como un tsunami mediático, policial y judicial diseñado para decapitar a Manos Limpias.
Bernad fue detenido y encarcelado bajo acusaciones fabricadas por las "cloacas del Estado", sufriendo ocho años de una implacable "pena de telediario". Fue víctima de una investigación prospectiva "ilegal por definición" orquestada por una red de comisarios, jueces y fiscales que buscaban silenciar al mensajero de la transparencia. La absolución total y la redención El 15 de marzo de 2024, el Tribunal Supremo restableció la justicia con un golpe de mazo unánime: 
Miguel Bernad fue absuelto de todos los cargos. El Alto Tribunal determinó que los hechos imputados ni siquiera constituían delito, desmontando así un montaje de Lawfare que duró casi una década. A sus 82 años, con la autoridad que otorga la inocencia ratificada, estas memorias son el testimonio de un resistente que ha decidido no claudicar. Es la declaración de principios de un hombre que, fiel a su estirpe, está decidido a "morir con las botas puestas".

Semblanza Biográfica del Autor

Excelencia Jurídica y Whistleblower de la Transición Miguel Bernad Remón (Bilbao,
1942) representa la veteranía del cuerpo técnico-jurídico del Estado. Licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid (1965), ingresó en el Ayuntamiento de Madrid en 1972 como Técnico Jurídico del Grupo A. Su trayectoria estuvo marcada por la búsqueda de la eficiencia administrativa, ascendiendo hasta la Dirección de Personal y la Consejería Técnica, méritos reconocidos con galardones como el Premio Alfonso VI y el Valentín de las Marinas. Sin embargo, su identidad como "justiciero" se forjó en la resistencia a la presión política. En 1982, tras denunciar el uso de una furgoneta de la Policía Municipal para espiar a concejales de la oposición bajo el mandato de Tierno Galván, sufrió una persecución inquisitorial. Fue degradado a un "sótano lleno de humedades" sin atribución alguna, un intento de depuración política que los tribunales y la OIT terminaron condenando, dándole la razón por desviación de poder. Activismo Jurídico y Referente de la Acusación Popular.

En 1995, tras liderar el sindicato Fuerza Nacional del Trabajo (FNT), fundó Manos Limpias, inspirándose en el movimiento italiano Mani Pulite. Como Secretario General, transformó el sindicato en el principal motor de la fiscalización ciudadana en España. Bernad ha hecho de la integridad una práctica documental: es el único dirigente sindical en la historia de España que ha presentado voluntariamente su declaración de bienes ante registros públicos para blindar su transparencia. Legado e Identidad Coherente Hombre de convicciones profundas y sin ambages, Bernad asume con orgullo su vinculación histórica con Fuerza Nueva y el Frente Nacional, así como su distinción como Caballero de Honor de la Fundación Francisco Franco. Tras superar su calvario judicial, se ha consolidado como el referente indiscutible de la acusación popular, defendiendo que la vigilancia ciudadana es el último recurso ante un Ministerio Público politizado.

Cronología de Grandes Hitos Jurídicos

Bajo la dirección de Miguel Bernad, Manos Limpias ha dotado de peso documental a la lucha contra la corrupción mediante hitos que han transformado la jurisprudencia española:
  • Caso Nóos: El quebrantamiento del blindaje real al mantener la acusación penal contra la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin.
  • Caso ERE de Andalucía: Impulso de la querella contra los expresidentes de la
  • Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, por el fraude de fondos públicos.
  • Caso Baltasar Garzón: Acción judicial que culminó en la inhabilitación del magistrado por la realización de escuchas ilegales a abogados.
  • Doctrina Atutxa: Victoria jurídica clave ante el Tribunal Supremo que validó la capacidad de la acusación popular para sostener un juicio sin el apoyo del Ministerio Fiscal.
  • Nuevo Amanecer (2024): El resurgimiento de la marca Manos Limpias liderando las denuncias contra Begoña Gómez, David Sánchez y el hito histórico de la querella contra Álvaro García Ortiz, el primer Fiscal General en la historia de España cuyo despacho ha sido registrado por la UDEF.
Análisis Temático: "Las Cloacas del Estado"

La tesis de Miguel Bernad sobre el Lawfare que sufrió se fundamenta en una coordinación espuria entre el CNI, la UDEF y sectores judiciales. Según el autor, el excomisario Villarejo articuló una "operación de control de togas" para proteger a la Corona. Esta trama se personifica en el triángulo de relaciones detectado en audios: la onomástica del 17 de octubre de 2017, donde celebraron un almuerzo la jueza ponente Teresa Palacios, Villarejo, Baltasar Garzón y Dolores Delgado. 

El análisis revela un nivel de infiltración propio de un thriller político: 
Bernad sostiene que sus propios abogados (como Muñoz y Suárez) actuaron como "topos" a sueldo de Villarejo para dinamitar su defensa desde dentro. La absolución unánime del Tribunal Supremo en 2024 no solo restauró su honor, sino que determinó que los hechos por los que fue encarcelado preventivamente "no constituían delito", confirmando que su proceso fue un montaje para aniquilar la acción popular más incómoda del sistema.

Citas Destacadas
  • "Cuando estudiaba mi madre me decía: 'Hijo, si el día de mañana llegas a tener un cargo relevante, que no se te suba el cargo a la cabeza. Cuanto más arriba estés, sé mucho más humilde". 
  • "Manos Limpias sobraría si el justiciero per se cumpliera con su deber. Si nadie denuncia, hay malas prácticas y delitos que quedan impunes en nuestro país. Por tanto, asumo el papel de justiciero porque no me queda otro remedio". 
  • "Allí donde exista un delito, tiene que haber alguien capaz de denunciarlo; de lo contrario, quedaría impune".
PRÓLOGO

Primero porque somos amigos desde hace décadas, y segundo porque es un honor para mí poder presentar a una recia personalidad castellana, que he conocido y tratado desde hace muchos años, y nunca he cogido en un renuncio.
Para mí Miguel es, sobre todo, y por encima de todo, una gran persona, honrada, cabal y decente, y con una fuerza de voluntad de hierro, que le ha permitido sobreponerse a la persecución que ha sufrido –y posiblemente sigue sufriendo- de todo el aparato represor del Estado español.

Estado que le encarceló injustamente, durante nueve meses, en condiciones muy severas, para intentar quebrar su voluntad de hierro, y haciéndole compartir celda con enfermos que podían contagiarle enfermedades que podían acabar con su salud, y llevarle a una muerte “natural”…
Jueces presuntamente prevaricadores que le hicieron la vida imposible, con la anuencia de unas fiscalía casi siempre a las órdenes del gobierno de turno, y don Alejandro Luzón es una rara avis en esa fauna fiscal, de la que he formado parte durante más de una década de mi vida laboral.
Ha sufrido carceleros, que no merecían el nombre de funcionarios de prisiones, que le llevaron esposado a operarse de cataratas, hasta que un médico como Dios manda exigió que le quitaran las esposas, porque en esas condiciones se negaba a operarle.

¿Y quién era ese “peligroso criminal…?
Pues un Letrado, por oposición libre, del Ayuntamiento de Madrid, y Director de Personal de la Corporación, con miles de trabajadores a sus órdenes, y que no había merecido el mínimo reproche, penal o administrativo, en los setenta y tantos años anteriores.
Vamos, que tenía una hoja penal más limpia que una patena…
Pero claro, había tenido la osadía de denunciar a la Infanta Cristina, y sus tejemanejes, y claro esa era una línea roja que el Estado –o la Corona y sus adláteres-, no podían dejar traspasar.

Se “montó” una causa contra él, por presunta financiación ilegal de Manos Limpias, por medio de supuestas extorsiones a la gran banca, como si esas grandes corporaciones se dejaran extorsionar por el primero que pasara por sus puertas.
Y a base de detenciones televisadas, o altas horas de la mañana, su estancia varios días en las celdas policiales, en condiciones infrahumanas, pese a su edad, precario estado de salud, etc., y posterior ingreso en prisión provisional, sin siquiera oírle, y mucho menos escucharle, se le ingresó en prisión como el “enemigo público número 1”.

Pero los hechos son tozudos, como decimos los juristas, y al final el más Alto Tribunal de España, el Supremo, demostró que todo era un montaje, una falacia, y sentenció su total absolución, con todos los pronunciamientos favorables, como no podía ser menos.
Pero, sobre todo, mi amigo Miguel Bernad Remón es la demostración de que la fuerza de la voluntad mueve el mundo, y a pesar de la opinión pública en contra, los lógicos deseos de su familia de vivir lo más tranquilos posible, y que no se expusiese tanto, siguió luchando, contra viento y marea, por demostrar su inocencia.

Como así ha sido.

Amigo Miguel, has sido y eres un ejemplo para mí, y para todas las personas que luchamos por el imperio de la Ley, y por el Estado de Derecho.
Mi enhorabuena y felicitaciones por la gran obra realizada.
Y sigue luchando por el Derecho, ahora ya, viendo reconocidos tus méritos, como espero, y es de Justicia.

Zaragoza, mayo de 2026.
Académico, jurista y escritor. 

Miguel Bernad presenta en la Feria del Libro, "Manos Limpias, David contra Goliat"
 
LA LUPA. Nunca tantos debieron tanto a tan sólo dos: Miguel Bernad y Ramiro Grau

domingo, 24 de mayo de 2026

LAS ARMAS DE LA FE (EL 2 DE MAYO DE 1808 EN MADRID): LA LEY HUMANA OBLIGA EN CONCIENCIA SOLO CUANDO ES JUSTA. RADIO MARÍA por P. BENITO PÉREZ LOPO

 

LAS ARMAS DE LA FE


Con los ojos de la fe miramos al acontecimiento que tuvo lugar el 2 de mayo de 1808 (en Madrid), con esos ojos, lo que se ve no es solo una batalla. Ve una lección sobre la conciencia. Sobre el sacrificio. Sobre lo que significa ser parte de un pueblo. Sobre la memoria como forma de fidelidad. Y sobre la pregunta que este programa lleva en el nombre: ¿qué armas son las que de verdad sostienen a un hombre cuando todo se derrumba?
* Y rendimos homenaje al Arma de Artillería española y a su patrona, Santa Bárbara, a quien dedicaremos un momento especial al final del programa.


Las armas de la fe 09/05/26/ 2 de mayo de 1808, Madrid

Son cientos los episodios en los que la valentía española se hace un hueco en la historia. No obstante, pocos hechos hay más heroicos que los protagonizados por los capitanes Luis Daoiz y Pedro Belarde, quienes murieron en las calles de Madrid luchando con apenas un mosquete y un sable contra miles de invasores franceses.
De San Bernardo hasta Fuencarral, calles por las que hoy caminan centenares de madrileños. 

El 2 de mayo de 1808, el pueblo español se levantó contra el enemigo que amenazaba su soberanía. Junto a él, multitud de soldados también tomaron las armas y aunque en aquel momento la revuelta fue reprimida, sin duda sentó las bases para la expulsión francesa 5 años después.

Para conocer la historia de estos dos heroicos españoles es necesario remontarse hasta el año 1807 tras la creación de una alianza entre Francia de Napoleón y la España de Carlos IV.
Por aquellos tiempos, el pequeño corso quería a toda costa conquistar Portugal y ofreció a Manuel Godoy un tratado aparentemente inmejorable, el reparto de Portugal una vez derrotado. Las condiciones parecían óptimas para España. Únicamente debían abrir las fronteras al ejército francés para que llegara a Portugal a través de la península. El llamado Tratado de Fontainebleau (1807) hizo mella en la corona que permitió al Ejército imperial cruzar España de punta a punta. Sin embargo, lo que nadie podía imaginarse es que las intenciones del emperador eran otras. De los más de 60,000 soldados que entraron en España, no todos se dirigieron hacia la frontera portuguesa.

Multitud de unidades imperiales fueron estableciéndose en decenas de localidades españolas para sorpresa de sus ciudadanos.
Esta toma pacífica de territorios provocó el rencor de los españoles que comenzaron a sospechar de una posible invasión encubierta.
Finalmente, la paciencia de los ciudadanos de la capital terminó por acabarse cuando observaron que Napoleón pretendía trasladar a un miembro de la familia real fuera de Madrid. Ese mismo día, el 2 de mayo de 1808, el pueblo se levantó harto del pequeño corso. Multitud de madrileños salieron a la calle armados con todo tipo de rudimentarias armas para combatir al ejército imperial, en defensa de la libertad e independencia española.

No obstante, no tendrían el apoyo oficial del Ejército español. Los altos mantos dependían de la junta del gobierno, entregada en esos momentos a la voluntad de Napoleón. Las órdenes eran tajantes, colaborar con los franceses y no participar en los combates. Y en aras de la disciplina, los militares no se movieron de los cuarteles.
Hay algo que merece que nos detengamos aquí un momento. 
El pueblo español intuyó que algo estaba mal mucho antes de que los hechos lo demostraran. Esa capacidad de leer la realidad con ojos limpios, de no dejarse engañar por las apariencias, es lo que la tradición cristiana llama discernimiento.

El evangelio lo dice con una imagen sencilla pero poderosa: "Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas". 
No toda obediencia es virtud.  A veces la primera arma de la fe es saber ver la verdad cuando otros prefieren mirar a otro lado. 

Por aquel entonces, la casualidad quiso que en Madrid se encontrara el capitán andaluz Luis Daoiz y el militar cántabro Pedro Belarde. 
El primero de 41 años se encontraba al mando del parque de artillería de Monteleón, ubicado en la actual plaza del 2 de mayo y tenía a sus espaldas más de 30 años de servicio fiel a España
El segundo, que contaba con 29 añitos, se había hecho un hueco en las altas esferas del Estado Mayor del Cuerpo de Artillería. Ambos vieron en esta revolución un momento perfecto para luchar por la soberanía española. Y a pesar que desde el gobierno se les había ordenado no combatir contra los franceses, decidieron ponerse al lado del pueblo que con piedras, palos y navajas se enfrentaba a miles de soldados imperiales.

Las fuerzas eran escandalosamente desiguales. Los españoles eran unos 5000 hombres, en su mayoría acuartelados fuera de la ciudad. Los franceses unos 40,000, situados en el casco urbano y sus alrededores.
El primer paso para organizar una defensa era liberar el parque de artillería de Monteleón, uno de los pocos enclaves donde los escasos militares rebeldes podían plantar cara al ejército francés. El lugar, sin embargo, estaba guardado por una unidad de 80 soldados franceses.
Belerde convenció a un oficial superior para que le cediera el mando de una unidad española, afirmando que pretendía ayudar a los franceses que defendían Monteleón. Le fue concedido el mando de la tercera compañía del capitán Goigochea.

Por la calle de San Miguel y San José marchaba paso redoblado y arma terciada esa compañía. En su camino, la sangre de los madrileños salpicaba las calles de la capital, pues enfrentaban a una fuerza mejor armada y preparada.
Los patriotas tuvieron que enfrentarse casi desarmados contra las bien equipadas unidades de infantería y caballería napoleónica apoyadas por cañones que barrieron a la población civil.
Al llegar a Monteleón junto a una trentena de soldados, Belarde no tuvo problemas en entrar engañando a los franceses.

El español anunció con voz firme que las tropas de infantería que traía estaban destinadas a reforzar la seguridad del parque. El oficial francés accedió a que los soldados franqueasen los portones. Sin embargo, cuando sus soldados tomaron posiciones alrededor de las tropas de Napoleón, la actitud de Belarde cambió radicalmente. Se giró hacia el oficial francés y le informó de que a sus hombres tiraban las armas o serían masacrados.
Al francés no le quedó más remedio que capitular. ya estaba hecho. Los españoles habían tomado el emplazamiento arengados por los madrileños que desde fuera pedían que se les entregasen armas para poder enfrentarse en igualdad de condiciones a los imperiales. Y es, tras tomar Monteleón, Belarde pensaba encontrarse con un Daoiz dispuesto a combatir. Nada más lejos de la realidad.
El siempre sereno Luis Daoiz había llegado hecho una furia. Él era el oficial al mando de Monteleón y el capitán de mayor antigüedad.

Belarde había atribuido unos poderes y una autoridad que no le correspondían.
Ambos capitanes tuvieron más que palabras. Daoiz quería seguir las órdenes de no atacar a los franceses.
Belarde estaba convencido de que debían unirse al pueblo y entonces ocurrió algo que merece quedarse grabado en la memoria.
Luis Daoiz se detuvo en seco, alzó la vista, se quitó el bicornio, desenvainó su sable, se volvió hacia sus 20 artilleros y su voz sonó más alta en el patio de arena:

- Abrid las puertas, las armas al pueblo. ¿No son nuestros hermanos?

Detengámonos aquí.

Daoiz tenía órdenes claras, firmadas, emanadas de la autoridad legítima, no combatir. Y sin embargo, en ese patio, algo en su interior le resultó imposible de callar. Eso que se negaba callar tiene nombre, se llama conciencia.
Y la conciencia para el cristiano no es una mera opinión personal. Santo Tomás de Aquino enseñaba que la ley humana obliga en conciencia solo cuando es justa. Cuando un orden viola esa orden moral, inscrito por Dios en el corazón del hombre, la obligación se invierte. Daoiz no traicionó su juramento. Fue fiel a algo más alto que cualquier juramento. El militar creyente no es un autómata, tiene conciencia y esa conciencia es sagrada. Mientras los defensores armaban al pueblo, las columnas francesas habían conseguido conquistar casi todo el centro de Madrid y se dirigían hacia Monteleón. El parque carecía de defensas naturales. Su acceso estaba franco desde tres calles que confluían en su portón. Ninguna era defendible desde el interior del vasto edificio que nunca había sido diseñado con fines militares. No obstante, aunque su muerte parecía segura, prepararon las defensas para resistir.

Los primeros combates fueron contra una pequeña unidad de tiradores franceses que al acercarse al enclave y pedir hablar con el oficial al mando, fueron recibidos a balazos. Pero esto no fue más que una escaramuza inicial.
El primer combate serio llegó cuando una unidad francesa originaria de Westfalia se acercó a Monteleón. 
Lo que no sabían los asaltantes es que les esperaba una cruel sorpresa. Al tratar de descarrajar la puerta, un estruendo de humo y fuego llenó la calle.
Varios soldados cayeron heridos por el fuego de los mosquetes y en ese momento, un estruendo aún mayor echó las puertas abajo. Las tres piezas de artillería desplegadas en el interior habían abierto fuego, abatiendo el portón que cayó sobre los Westfalianos.
Su filial al mando solo pudo gritar una orden, la de huida.

Los españoles aprovecharon la ventaja y persiguieron en su carrera a los enemigos, gritando consignas contra los soldados imperiales y alabanzas en favor del rey Fernando.
Daoiz aprovechó la retirada para ordenar desplegar los cañones, dos hacia la calle San Bernando, otros dos hacia Fuencarral y el último hacia la calle de San Pedro Nueva.
Ese pueblo que entró en Monteleón sin uniforme y sin rango, esas mujeres que transportaban munición bajo el fuego, como Clara del Rey que murió allí junto a su marido y a su único hijo.

Esos vecinos que se pusieron detrás de los cañones sin que nadie les llamara. Son una imagen que San Pablo conocía bien. Si un miembro sufre, todos sufren contra él. La fe crea comunidad. Nadie se salva solo, nadie defiende solo. No son nuestros hermanos, había gritado Daoiz.
No era retórica. Esta primera victoria fue efímera. Los franceses hicieron su aparición en más ante Monteleón y comenzaron a coser a cañonazos las posiciones españolas, pretendiendo acabar con los defensores y agotar su munición. La táctica imperial fue efectiva. Los madrileños sufrieron grandes bajas.
Finalmente, las tropas francesas se decidieron asaltar Monteleón con la bayoneta calada. Los españoles lanzaron una descarga de artillería causando grandes bajas.
Pero no consiguieron frenar su ánimo. El final estaba cerca. Y entonces, cuando los defensores casi podían sentir el frío acero de los cuchillos franceses, algo inesperado ocurrió. 
A lo lejos apareció un oficial local portando una bandera blanca. Los franceses detuvieron su carga. Los españoles dejaron sus puestos de fuego.
El oficial designado por la junta de gobierno instó a voz en grito a que los defensores se rindieran. La conversación no duró mucho. Unos de los defensores se interpuso entre ambos oficiales gritando vítores a Fernando VI.
La reacción fue inmediata. Los españoles dispararon sus cañones y sus fusiles a quemarropa contra los franceses que estaban con la guardia baja esperando el fin de las negociaciones. La inesperada descarga barrió la cabeza de la compañía francesa. La mayoría arrojó sus fusiles al suelo y levantó los brazos en señal de rendición.

La picaresca española había conseguido ganar una batalla, pero los franceses no cometerían nuevamente ese error. Tras detener el ataque, los militares hicieron un recuento de los supervivientes. Apenas quedaban 10 artilleros entre mandos y soldados. Otra veintena larga de infantes y medio centenar de civiles seguían peleando y solo quedaban media docena de cargas por pieza de artillería.
Belarde decidió usar las afiladas piedras de silex de los mosquetes como metralla.
Las cosas pintaban realmente mal. Sin apenas combatientes ni munición, los españoles solo podían esperar la hora de su muerte.
Este pequeño enclave había hecho perder la paciencia de Murat, que no entendía Como unos pocos soldados y unos centenares de civiles podían contrarrestar la fuerza de un ejército imperial. Ordenó asaltar Monteleón desde todas las calles posibles. Más de 2000 franceses preparaban su tercer asalto. Menos de 100 españoles los esperaban sin intención de rendirse. El ataque, como había ordenado Murat, fue simultáneo desde las calles de San Miguel, San José y San Pedro Nueva. 

Las tres columnas con las compañías de granaderos a su cabeza aparecieron como una negra sombra erizada de bayonetas destellantes. 
Y aquí está el momento más hondo de toda esta historia: Daoiz y Belarde sabían lo que significaba esos números. Eran militares profesionales, no eran ingenuos y sin embargo, siguieron disparando hasta la última piedra de Silex.

¿Por qué?

El evangelio de Juan lo dice con una sencillez que corta la respiración: "Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos".
No murieron en un arrebato. Eligieron con la cabeza fría y el corazón encendido. Sabían que el gesto valía, aunque el resultado fuera adverso. Eso no es heroísmo romántico. Es lo que San Pablo llama esperanza contra toda esperanza. Esperar no porque los números acompañen, sino porque el bien merece ser defendido, aunque cueste la vida.

El asalto definitivo asoló a los españoles, superados por una fuerza 30 veces mayor. El fuego de tiradores franceses situados en balcones y casas hizo bajar rápidamente el número de defensores.
Daoiz fue alcanzado por la espalda con una balloneta y posteriormente acribillado a estocadas. El valiente capitán había defendido hasta su último aliento Monteleón.
800 franceses confluyeron en las puertas del parque desde sus tres costados, barriendo a los últimos 50 defensores a ballonetazos y con un fuego devastador y a quemarropa.
Por su parte, Belarde cayó cuando acudía junto a varios fusileros a reforzar una de las entradas. Un oficial polaco le disparó a quemarropa en el corazón y su cuerpo cayó con violencia en el suelo. Todo había acabado.
El cuerpo de Daoiz fue trasladado a su casa, el de Belarde fue profanado por el enemigo. Hasta que horas más tarde fue recogido por sus compañeros, trasladado al cuartel y posteriormente a la iglesia de San Martín, donde fue amortajado con un hábito de San Francisco.

Al día siguiente fue enterrado en el jardinillo dentro del templo junto a Daoiz. Ambos acabaron como empezaron juntos. Ese hábito franciscano con el que amortajaron a Belarde no es un detalle menor. Es el pueblo diciendo: "Este hombre es de los nuestros, pertenece a algo sagrado". 
Y el hecho de que fueran enterrados juntos en tierra consagrada habla de algo que va más allá de la camaradería militar. Es una imagen de comunión. Nadie muere solo cuando muere por los demás. La historia no terminó. 

El 2 de mayo de 1808, terminada la guerra de independencia de 1814, los restos de Daoiz y Belarde fueron exhumados y entonces ocurrió algo conmovedor: 

Sus cadáveres peregrinaron por toda España, por ciudades y pueblos. La gente se congregaba para clamarlos, para llorarlos, para darles el homenaje que la guerra había impedido. Dos capitanes de artillería que habían muerto casi en secreto, enterrados a escondidas en una iglesia bajo un hábito franciscano, recibieron en muerte lo que no pudieron recibir en vida. Hoy descansan en el monumento a los héroes del 2 de mayo en Madrid, juntos como murieron. 



¿Por qué nos tomamos las molestias de recordar? ¿Por qué peregrinar con unos restos mortales? ¿Por qué levantar monumentos? ¿Por qué dedicar un programa de radio a algo que ocurrió hace 218 años?
Porque la memoria, queridos oyentes, no es nostalgia. La memoria es fidelidad.
La Iglesia lo sabe bien. Por eso tenemos el santoral, por eso celebramos el martirologio. Por eso cada misa es en su esencia un acto de memoria. Haced esto en memoria mía. No recordamos a los santos porque vivamos en el pasado. Lo recordamos porque su vida nos dice algo sobre cómo vivir la nuestra.

Daoiz y Belarde nos preguntan a nosotros hoy, ¿qué harías tú si la orden fuera injusta? ¿Seguirías disparando cuando los números no te acompañan? ¿Reconocerías al vecino como hermano cuando la situación se pone difícil?
Para quienes vivís el servicio militar desde la fe, para los hombres y mujeres que escucháis este programa, la pregunta es todavía más concreta: 
¿De qué está hecha vuestra conciencia? ¿Qué os sostiene cuando la misión es dura? Y el horizonte no está claro. Ellos nos respondieron con su vida. Nosotros debemos responder con la nuestra. 


SANTA BÁRBARA ES ELEGIDA 
PATRONA DEL ARMA DE ARTILLERÍA 
Y DEL CUERPO DE INGENIEROS TÉCNICOS 
DE ARMAMENTO Y CONSTRUCCIÓN.

El 4 de diciembre, se celebra la festividad de Santa Bárbara, patrona del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento.

Su culto entra en España en el siglo XI. "Si es cierto -dice el historiador Padre Luis Urbano- que el Cuerpo de Artillería es el más antiguo de Europa, porque aquí se introdujo antes que en los demás países el uso de la pólvora para la guerra, y si a principios del siglo XV en los ejércitos volantes de Don Fernando de Antequera, vemos ya indicios del Cuerpo de Artillería, razón será que entre nosotros naciese el patronato de Santa Bárbara, y que fuera español aquel ejército que pintan las leyendas alemanas invadiendo la costa de África y conquistando una ciudad bajo lluvia de granizo, tras heroicos esfuerzos, que sólo se coronaron por el éxito cuando los soldados rezaron en su favor a Santa Bárbara; o que naciese esta devoción por haberse conquistado Baza por los ejércitos cristianos, con la brillante cooperación de los artilleros, precisamente el día de Santa Bárbara, el 4 de diciembre de 1499".

Para los componentes del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento, la fe en Santa Bárbara, la joven mártir de Bitinia, está por encima de la evidencia o la duda, ya que la santa existe y vive en la mente y en el corazón de cuantos sirven a España en este Arma y Cuerpo del Ejército.

DATOS HISTÓRICOS DE SANTA BÁRBARA:

Bárbara nació en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, el 4 de diciembre del año 273 d.C., a principios del siglo III.
Era hija de un sátrapa, Dióscoro, quien la encerró en la torre de un castillo para evitar que los hombres la sedujeran, pues era muy bella, y para evitar que fuera atrapada por el proselitismo cristiano de la época.
Durante su encarcelamiento fue adquiriendo una enorme cultura. Tenía maestros que le dieron una amplia y diversa formación. Entre otras materias, estudió poesía y filosofía. Debido a esto, y a que su padre estaba ausente con frecuencia, Bárbara se convirtió al cristianismo. Mandó un mensaje a Orígenes, un erudito de la Iglesia cristiana, para que fuera a educarla en esta fe.

Se bautizó y mandó construir una tercera ventana en su habitación de la torre, simbolizando así la Trinidad.
Cuando su padre regresó, quiso casar a Bárbara, pero ella se opuso a este matrimonio, diciéndole que era cristiana y que elegía a Cristo como esposo. Su padre se encolerizó y quiso matarla, para lavar su honor ante sus dioses. Por este motivo, Bárbara huyó. Su padre con algunos de sus hombres la perseguía y cuando estaban ya muy cerca de ella, una gran roca se abrió milagrosamente, para que ella pudiera esconderse allí. Pero pese a todo, fue capturada.

Bárbara sufrió un martirio horroroso: fue atada a una columna, flagelada, le desgarraron la piel con hierros, la colocaron sobre trozos de piedras afiladas y allí marcaban su cuerpo con hierros candentes.
Al final de este penoso martirio, fue su propio padre quien la decapitó, en lo alto de una montaña. En ese momento fue alcanzado por un rayo, muriendo él también.
Santa Bárbara es protectora contra los daños del temporal, las tormentas y los rayos.