EL Rincón de Yanka: INDEPENDENCIA

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jueves, 9 de julio de 2026

LIBRO "MANUAL PARA LA DESPROGRAMACIÓN MENTAL": INGENIERÍA SOCIAL, MANIPULACIÓN DE MASAS Y EL PROTOCOLO PARA RECUPERAR TU SOBERANÍA INDIVIDUAL por ROBERT PORTOLES OTERO


MANUAL  PARA  LA
DESPROGRAMACIÓN  
MENTAL

INGENIERÍA SOCIAL, 
MANIPULACIÓN DE MASAS
Y EL PROTOCOLO PARA RECUPERAR 
TU SOBERANÍA INDIVIDUAL.

"Si el Estado fuera un hombre, sería un psicópata
que incendia tu casa para venderte un seguro contra incendio y, 
de paso, te cobra por el agua de los bomberos".

ROBERT PORTOLES OTERO

¿Sientes que ya todo está prohibido? Cada mañana te levantas, miras las noticias y piensas “¿pero qué coño ha pasado con mi país?”.
Ya no puedes decir lo que piensas porque te llaman facha, machista, racista o conspiranoico.
Se quedan con la mitad de tu sueldo.
Te restringen usar tu propio coche.
Te llenan los barrios de salvajes.
Si te quejas te cancelan. Estás quemado. Estás harto.
Te controlan con el móvil.
Te distraen con series alejadas de la realidad, fútbol y noticias sin irrelevantes.
Fomentan la división social.
Te empobrecen con más impuestos.
Te medican innecesariamente.
Ya no reconoces tu barrio.
Te han prohibido hacer todo lo que te gustaba hacer.
Absolutamente todo funciona mal, es el mundo al revés, pero en las noticias todo esta genial.

El enemigo es la extremísima ultra turbo derecha y el malvado turbo capitalista especulador.

Bienvenido a la era del control social y la manipulación de masas. Vives en una cárcel sin barrotes… y tú mismo estás pagando la cuota. Has normalizado que los políticos son seres de la élite con privilegios, que viven a tu costa y deciden sobre ti, cuando en realidad deberían ser gestores públicos a tu servicio.

Este libro no es para parguelas, charos, npcs, socialistas, comunistas u ovejas. Es el manual para gente trabajadora, personas como tú y como yo que estamos hartos de que nos tomen el pelo y nos traten como a idiotas. Para personas que quieren prosperar, que tienen unos valores, honor y tradición familiar. Personas que no queremos que nos roben la vida.

Es hora de despertar. Es hora de entender los procesos de manipulación y control de masas que ejercen contra ti y actuar en consecuencia.
El estado no quiere que leas esto. Por eso en las escuelas no se enseña a hacer la declaración, ni a invertir, ni moral, ni ética, ni disciplina, ni a montar una empresa, ni a ser autosuficiente.
Quieren que seas una oveja distraída que no se pregunte cosas y siga el rebaño. Quieren robots productivos que hagan sus tareas sin rechistar. "Feliz" siendo pobre y dependiente del "papa" Estado.

Aquí vamos a solucionar esto ya mismo. Manual para la Desprogramación Mental te explica sin filtros cómo te están manipulando a diario: 
Cómo fabrican crisis tras crisis para que entregues tu libertad por miedo.
Cómo te cambian las palabras para que ya ni puedas pensar con claridad.
Cómo usan el feminismo radical, la inmigración descontrolada y la ideología woke para partir a la sociedad.
Cómo Netflix, TikTok, el Nopor, Apuestas, y programas basura te enganchan con dopamina para que no pienses.
Cómo te están cambiando el país poco a poco mientras te llaman fascista cuando pides explicaciones.
Cómo el dinero programable y la vigilancia total son el cierre final de la jaula.

Pero lo más importante: no es solo denunciar. Este manual te da un protocolo claro, práctico y realista para que dejes de ser un ciudadano más y te conviertas en un hombre soberano: cómo proteger tu dinero, reducir tu dependencia del sistema, educar a tus hijos y recuperar tu mente y tu energía. Si estás cansado de callarte. 
Si estás cansado de ver cómo todo por lo que lucharon tus antecesores durante cientos de años se va a la mierda. Este es el libro que estabas buscando. 
No es cómodo. No es políticamente correcto. Una vez que lo leas, no hay vuelta atrás.
No es un libro para distraerse, es el manual definitivo para entender cómo te engañan con tu complacencia.

ANATOMÍA DE LA OBEDIENCIA: 
LAS 10 LEYES DEL CONTROL DE MASAS

Vivimos en una era donde el control ya no se impone con tanques y fusiles, sino con dopamina y cortisol. Los regímenes autocráticos del siglo pasado, con sus uniformes y sus muros de hormigón, han sido sustituidos por una arquitectura invisible mucho más eficaz.
Hoy no hacen falta campos de concentración para someter a una población; basta con una pantalla, una narrativa emocionalmente cargada y una masa que ha sido adiestrada para desear su propia sumisión.
El control moderno no se presenta como una agresión, sino como una oferta de protección.

El sistema no te prohíbe pensar; simplemente se asegura de que tus pensamientos se muevan dentro de un perímetro previamente diseñado.
Te hacen creer que tus ideas son propias, cuando en realidad han sido inoculadas mediante repetición, sesgo de confirmación y presión social.
Desde los informativos que seleccionan quirúrgicamente qué tragedia debe ocupar tu mente, hasta los algoritmos que deciden qué amas y qué odias, todo responde a un propósito: La auto­ censura del individuo y el control absoluto.

El principio básico sigue siendo el mismo que en los tiempos del Imperio Romano: Panem et circenses (Pan y Circo).Sin embargo, hoy el pan son los subsidios (paguitas) y el circo es un flujo infinito de estupefacientes digitales y conflictos sociales prefabricados.

El objetivo es mantener a las masas ocupadas en lo irrelevante mientras las estructuras de poder ejecutan su plan de control absoluto.
El ser humano no ha evolucionado tanto como su tecnología de control.
Donde antes se usaban fusiles, hoy se apela a la amígdala. 
No hay arma más efectiva que el miedo: es la emoción que paraliza el juicio crítico y activa el instinto de rebaño. Por eso, toda narrativa de dominación comienza con una amenaza -real o ficticia- que justifique el sometimiento. Ya sea un virus, el colapso financiero, el cambio climático o un enemigo ideológico, la realidad es secundaria; lo único que importa es la percepción de peligro.

El siglo XX fue el laboratorio; el XXI es el despliegue total. Las lecciones aprendidas de la propaganda bélica y el marketing político se aplican hoy con precisión clínica bajo rostros amables.
Te lo venden como solidaridad, inclusión o sostenibilidad, pero bajo la superficie se oculta una manipulación cognitiva y conductual diseñada para dictar cómo debes consumir, votar y reaccionar.

El ciudadano promedio vive en una ilusión de libertad. Cree que es libre porque elige entre dos plataformas de streaming o dos partidos políticos que, aunque simulen conflicto, sirven a la misma agenda globalista.
Si alguien osa cuestionar este teatro, el sistema activa su mecanismo de autodefensa: El etiquetado automático:
"Negacionista","Ultraderecha", "Fascista", "Nazi", "Conspiranoico", "Homófobo", "Racista", "Machista".
Son las etiquetas que se usan para que la propia mayoría, convertida en una policía del pensamiento al estilo de George Orwell, silencie al disidente.
Estas etiquetas no son solo insultos; son dispositivos de desactivación cognitiva.

En la ingeniería social, el objetivo de la etiqueta es que el espectador deje de escuchar el argumento y pase a juzgar al emisor.

LAS 10 LEYES DEL CONTROL DE MASAS

Para navegar este sistema sin ser devorado, es imprescindible conocer las reglas tácticas que emplean contra ti:

1. La Estrategia de la Distracción

Inundar el espacio público con información irrelevante y entretenimiento infantilizado. El objetivo es evitar que el ciudadano tenga el silencio necesario para pensar. Mientras la masa se pierde en polémicas absurdas del programa de salseo de turno, TikTok o fútbol, el poder legisla y reforma en la sombra. 
El poder siempre elige fechas clave para imponer nuevas leyes/ decretos como un evento deportivo, salida de vacaciones, navidad, incluso alguna catástrofe. Un pueblo distraído es un pueblo inofensivo.

2. La Triangulación Dialéctica (Problema-Reacción-Solución)

Se crea o se magnifica un problema para generar una reacción de pánico en la población. Una vez que la masa, aterrorizada, exige "que alguien haga algo", se introduce la solución: una medida que implica pérdida de soberanía o aumento de control y que jamás habría sido aceptada sin la crisis previa. Te rompen la pierna para venderte la muleta.
Por ejemplo dejan que entre inmigración masiva delincuencia!, en el barrio la vida se hace imposible. Pides a gritos una solución. Ellos implantan un sistema de control masivo de la población.

3. El Gradualismo Adaptativo

Si te quitan tus derechos de golpe, te rebelas. Si te los quitan en dosis del 1%, te adaptas. El sistema utiliza cambios lentos y casi imperceptibles en las leyes y la economía. Como la metáfora de la rana en el agua caliente: cuando quieres reaccionar, ya estás hervido.

4. Diferimiento del Sacrificio

Presentar una medida impopular como algo "doloroso pero necesario" para el futuro. Es más fácil aceptar un sacrificio mañana que hoy. El sistema te pide que aguantes "un poco más", prometiendo una recompensa que nunca llega mientras consolida su poder. Se usa entre otras cosas para implantar nuevos impuestos "por tu bien".

5. Infantilización del Lenguaje

Tratar al público como si fueran niños de diez años o personas con discapacidad mental.
El uso de eslóganes simples, dibujos y tonos paternalistas desactiva el pensamiento adulto y crítico. Si te hablan como a un idiota, terminas comportándote como tal, dejando que los "expertos" decidan por ti.

6. El Secuestro Semántico

Quien controla las palabras, controla la realidad. Redefinen conceptos como "libertad", "salud" o "solidaridad" para que signifiquen lo opuesto a su origen. La censura pasa a ser "moderación" y el pensamiento libre se etiqueta como "discurso de odio".

7. Normalización Cultural (Propaganda Estética)

Utilizar el entretenimiento -cine, música, series- para legitimar ideolo­gías.
No es arte, es ingeniería social financiada con el dinero del contribuyente. Si el mensaje oficial se repite en cada película, termina convirtiéndose en tu propia brújula moral sin que te des cuenta.
En España se ve muy claro, como se destinan millones de euros del contribuyente a propaganda masiva del partido en películas que la gente no quiere ver.
Están en todas las plataformas, siendo un negocio muy rentable para las productoras, ya que la película no necesita ser buena para ganar dinero, solo que atienda a los intereses del partido
Las películas y series que no estén en la cuerda ideológica del gobierno no serán financiadas, por supuesto. Las personas no son conscientes de que les están robando su dinero para instaurarles propaganda que no han pedido con la cual, van a ser sometidos.

8. El Culto a la Autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que él es el único responsable de su desgracia o de los problemas del mundo. Si eres pobre y vago, la culpa es del propietario de viviendas o del villano empresario; si el clima cambia, es por tu coche. Si la sanidad y las carreteras están mal, es porque no pagas suficiente, eres un egoísta. Mientras el individuo se hunde en la culpa, deja de mirar hacia las estructuras de poder que generan la verdadera desigualdad. Por ejemplo no dejan crecer al individuo destruyendo toda iniciativa empresarial con impuestos abusivos, destinando el dinero de sanidad y carreteras a propaganda del partido.

9. La Seguridad como Caballo de Troya

Vender la vigilancia como protección. Tus datos, movimientos y pensamientos son registrados bajo la excusa de la seguridad nacional o sanitaria. La celda del siglo XXI no tiene barrotes visibles; es digital, inalámbrica y tú mismo pagas la suscripción.

10. La Fragmentación Social (Divide y Vencerás)

Enfrentar a la población por razones de sexo, raza, religión o clase. Un pueblo unido es peligroso; un pueblo fragmentado, que se odia entre sí por minucias identitarias, es fácilmente gobernable. Mientras tú peleas con tu vecino, el poder sonríe desde la cima.

Conclusión: El Despertar de la Virtud

Este capítulo no es una simple exposición; es una vacuna. Comprender estas leyes es el primer paso para volverte inmune a ellas. La manipulación pierde su efecto en el momento en que es identificada.
Como advirtió Orwell: "La libertad es poder decir que dos más dos son cuatro". Empieza por ahí. No te reprimas ante lo absurdo. Adquiere disciplina, busca la verdad y cultiva la virtud estoica de la fortaleza. 
Si no tomas las riendas de tu mente, alguien más lo hará por ti, y te aseguro que no será para tu beneficio.

OBEDECES SIN RECHISTAR

La mayor prisión no siempre tiene barrotes. A veces está en la forma en la que pensamos.
Desde pequeños recibimos ideas, hábitos y creencias de nuestro entorno. Algunas nos ayudan. Otras merece la pena cuestionarlas.
Pensar por uno mismo no significa llevar siempre la contraria.
Significa hacerse preguntas, contrastar información y llegar a tus propias conclusiones.
Ese es el primer paso para ser realmente libre.

VER+:












domingo, 24 de mayo de 2026

LAS ARMAS DE LA FE (EL 2 DE MAYO DE 1808 EN MADRID): LA LEY HUMANA OBLIGA EN CONCIENCIA SOLO CUANDO ES JUSTA. RADIO MARÍA por P. BENITO PÉREZ LOPO

 

LAS ARMAS DE LA FE


Con los ojos de la fe miramos al acontecimiento que tuvo lugar el 2 de mayo de 1808 (en Madrid), con esos ojos, lo que se ve no es solo una batalla. Ve una lección sobre la conciencia. Sobre el sacrificio. Sobre lo que significa ser parte de un pueblo. Sobre la memoria como forma de fidelidad. Y sobre la pregunta que este programa lleva en el nombre: ¿qué armas son las que de verdad sostienen a un hombre cuando todo se derrumba?
* Y rendimos homenaje al Arma de Artillería española y a su patrona, Santa Bárbara, a quien dedicaremos un momento especial al final del programa.


Las armas de la fe 09/05/26/ 2 de mayo de 1808, Madrid

Son cientos los episodios en los que la valentía española se hace un hueco en la historia. No obstante, pocos hechos hay más heroicos que los protagonizados por los capitanes Luis Daoiz y Pedro Belarde, quienes murieron en las calles de Madrid luchando con apenas un mosquete y un sable contra miles de invasores franceses.
De San Bernardo hasta Fuencarral, calles por las que hoy caminan centenares de madrileños. 

El 2 de mayo de 1808, el pueblo español se levantó contra el enemigo que amenazaba su soberanía. Junto a él, multitud de soldados también tomaron las armas y aunque en aquel momento la revuelta fue reprimida, sin duda sentó las bases para la expulsión francesa 5 años después.

Para conocer la historia de estos dos heroicos españoles es necesario remontarse hasta el año 1807 tras la creación de una alianza entre Francia de Napoleón y la España de Carlos IV.
Por aquellos tiempos, el pequeño corso quería a toda costa conquistar Portugal y ofreció a Manuel Godoy un tratado aparentemente inmejorable, el reparto de Portugal una vez derrotado. Las condiciones parecían óptimas para España. Únicamente debían abrir las fronteras al ejército francés para que llegara a Portugal a través de la península. El llamado Tratado de Fontainebleau (1807) hizo mella en la corona que permitió al Ejército imperial cruzar España de punta a punta. Sin embargo, lo que nadie podía imaginarse es que las intenciones del emperador eran otras. De los más de 60,000 soldados que entraron en España, no todos se dirigieron hacia la frontera portuguesa.

Multitud de unidades imperiales fueron estableciéndose en decenas de localidades españolas para sorpresa de sus ciudadanos.
Esta toma pacífica de territorios provocó el rencor de los españoles que comenzaron a sospechar de una posible invasión encubierta.
Finalmente, la paciencia de los ciudadanos de la capital terminó por acabarse cuando observaron que Napoleón pretendía trasladar a un miembro de la familia real fuera de Madrid. Ese mismo día, el 2 de mayo de 1808, el pueblo se levantó harto del pequeño corso. Multitud de madrileños salieron a la calle armados con todo tipo de rudimentarias armas para combatir al ejército imperial, en defensa de la libertad e independencia española.

No obstante, no tendrían el apoyo oficial del Ejército español. Los altos mantos dependían de la junta del gobierno, entregada en esos momentos a la voluntad de Napoleón. Las órdenes eran tajantes, colaborar con los franceses y no participar en los combates. Y en aras de la disciplina, los militares no se movieron de los cuarteles.
Hay algo que merece que nos detengamos aquí un momento. 
El pueblo español intuyó que algo estaba mal mucho antes de que los hechos lo demostraran. Esa capacidad de leer la realidad con ojos limpios, de no dejarse engañar por las apariencias, es lo que la tradición cristiana llama discernimiento.

El evangelio lo dice con una imagen sencilla pero poderosa: "Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas". 
No toda obediencia es virtud.  A veces la primera arma de la fe es saber ver la verdad cuando otros prefieren mirar a otro lado. 

Por aquel entonces, la casualidad quiso que en Madrid se encontrara el capitán andaluz Luis Daoiz y el militar cántabro Pedro Belarde. 
El primero de 41 años se encontraba al mando del parque de artillería de Monteleón, ubicado en la actual plaza del 2 de mayo y tenía a sus espaldas más de 30 años de servicio fiel a España
El segundo, que contaba con 29 añitos, se había hecho un hueco en las altas esferas del Estado Mayor del Cuerpo de Artillería. Ambos vieron en esta revolución un momento perfecto para luchar por la soberanía española. Y a pesar que desde el gobierno se les había ordenado no combatir contra los franceses, decidieron ponerse al lado del pueblo que con piedras, palos y navajas se enfrentaba a miles de soldados imperiales.

Las fuerzas eran escandalosamente desiguales. Los españoles eran unos 5000 hombres, en su mayoría acuartelados fuera de la ciudad. Los franceses unos 40,000, situados en el casco urbano y sus alrededores.
El primer paso para organizar una defensa era liberar el parque de artillería de Monteleón, uno de los pocos enclaves donde los escasos militares rebeldes podían plantar cara al ejército francés. El lugar, sin embargo, estaba guardado por una unidad de 80 soldados franceses.
Belerde convenció a un oficial superior para que le cediera el mando de una unidad española, afirmando que pretendía ayudar a los franceses que defendían Monteleón. Le fue concedido el mando de la tercera compañía del capitán Goigochea.

Por la calle de San Miguel y San José marchaba paso redoblado y arma terciada esa compañía. En su camino, la sangre de los madrileños salpicaba las calles de la capital, pues enfrentaban a una fuerza mejor armada y preparada.
Los patriotas tuvieron que enfrentarse casi desarmados contra las bien equipadas unidades de infantería y caballería napoleónica apoyadas por cañones que barrieron a la población civil.
Al llegar a Monteleón junto a una trentena de soldados, Belarde no tuvo problemas en entrar engañando a los franceses.

El español anunció con voz firme que las tropas de infantería que traía estaban destinadas a reforzar la seguridad del parque. El oficial francés accedió a que los soldados franqueasen los portones. Sin embargo, cuando sus soldados tomaron posiciones alrededor de las tropas de Napoleón, la actitud de Belarde cambió radicalmente. Se giró hacia el oficial francés y le informó de que a sus hombres tiraban las armas o serían masacrados.
Al francés no le quedó más remedio que capitular. ya estaba hecho. Los españoles habían tomado el emplazamiento arengados por los madrileños que desde fuera pedían que se les entregasen armas para poder enfrentarse en igualdad de condiciones a los imperiales. Y es, tras tomar Monteleón, Belarde pensaba encontrarse con un Daoiz dispuesto a combatir. Nada más lejos de la realidad.
El siempre sereno Luis Daoiz había llegado hecho una furia. Él era el oficial al mando de Monteleón y el capitán de mayor antigüedad.

Belarde había atribuido unos poderes y una autoridad que no le correspondían.
Ambos capitanes tuvieron más que palabras. Daoiz quería seguir las órdenes de no atacar a los franceses.
Belarde estaba convencido de que debían unirse al pueblo y entonces ocurrió algo que merece quedarse grabado en la memoria.
Luis Daoiz se detuvo en seco, alzó la vista, se quitó el bicornio, desenvainó su sable, se volvió hacia sus 20 artilleros y su voz sonó más alta en el patio de arena:

- Abrid las puertas, las armas al pueblo. ¿No son nuestros hermanos?

Detengámonos aquí.

Daoiz tenía órdenes claras, firmadas, emanadas de la autoridad legítima, no combatir. Y sin embargo, en ese patio, algo en su interior le resultó imposible de callar. Eso que se negaba callar tiene nombre, se llama conciencia.
Y la conciencia para el cristiano no es una mera opinión personal. Santo Tomás de Aquino enseñaba que la ley humana obliga en conciencia solo cuando es justa. Cuando un orden viola esa orden moral, inscrito por Dios en el corazón del hombre, la obligación se invierte. Daoiz no traicionó su juramento. Fue fiel a algo más alto que cualquier juramento. El militar creyente no es un autómata, tiene conciencia y esa conciencia es sagrada. Mientras los defensores armaban al pueblo, las columnas francesas habían conseguido conquistar casi todo el centro de Madrid y se dirigían hacia Monteleón. El parque carecía de defensas naturales. Su acceso estaba franco desde tres calles que confluían en su portón. Ninguna era defendible desde el interior del vasto edificio que nunca había sido diseñado con fines militares. No obstante, aunque su muerte parecía segura, prepararon las defensas para resistir.

Los primeros combates fueron contra una pequeña unidad de tiradores franceses que al acercarse al enclave y pedir hablar con el oficial al mando, fueron recibidos a balazos. Pero esto no fue más que una escaramuza inicial.
El primer combate serio llegó cuando una unidad francesa originaria de Westfalia se acercó a Monteleón. 
Lo que no sabían los asaltantes es que les esperaba una cruel sorpresa. Al tratar de descarrajar la puerta, un estruendo de humo y fuego llenó la calle.
Varios soldados cayeron heridos por el fuego de los mosquetes y en ese momento, un estruendo aún mayor echó las puertas abajo. Las tres piezas de artillería desplegadas en el interior habían abierto fuego, abatiendo el portón que cayó sobre los Westfalianos.
Su filial al mando solo pudo gritar una orden, la de huida.

Los españoles aprovecharon la ventaja y persiguieron en su carrera a los enemigos, gritando consignas contra los soldados imperiales y alabanzas en favor del rey Fernando.
Daoiz aprovechó la retirada para ordenar desplegar los cañones, dos hacia la calle San Bernando, otros dos hacia Fuencarral y el último hacia la calle de San Pedro Nueva.
Ese pueblo que entró en Monteleón sin uniforme y sin rango, esas mujeres que transportaban munición bajo el fuego, como Clara del Rey que murió allí junto a su marido y a su único hijo.

Esos vecinos que se pusieron detrás de los cañones sin que nadie les llamara. Son una imagen que San Pablo conocía bien. Si un miembro sufre, todos sufren contra él. La fe crea comunidad. Nadie se salva solo, nadie defiende solo. No son nuestros hermanos, había gritado Daoiz.
No era retórica. Esta primera victoria fue efímera. Los franceses hicieron su aparición en más ante Monteleón y comenzaron a coser a cañonazos las posiciones españolas, pretendiendo acabar con los defensores y agotar su munición. La táctica imperial fue efectiva. Los madrileños sufrieron grandes bajas.
Finalmente, las tropas francesas se decidieron asaltar Monteleón con la bayoneta calada. Los españoles lanzaron una descarga de artillería causando grandes bajas.
Pero no consiguieron frenar su ánimo. El final estaba cerca. Y entonces, cuando los defensores casi podían sentir el frío acero de los cuchillos franceses, algo inesperado ocurrió. 
A lo lejos apareció un oficial local portando una bandera blanca. Los franceses detuvieron su carga. Los españoles dejaron sus puestos de fuego.
El oficial designado por la junta de gobierno instó a voz en grito a que los defensores se rindieran. La conversación no duró mucho. Unos de los defensores se interpuso entre ambos oficiales gritando vítores a Fernando VI.
La reacción fue inmediata. Los españoles dispararon sus cañones y sus fusiles a quemarropa contra los franceses que estaban con la guardia baja esperando el fin de las negociaciones. La inesperada descarga barrió la cabeza de la compañía francesa. La mayoría arrojó sus fusiles al suelo y levantó los brazos en señal de rendición.

La picaresca española había conseguido ganar una batalla, pero los franceses no cometerían nuevamente ese error. Tras detener el ataque, los militares hicieron un recuento de los supervivientes. Apenas quedaban 10 artilleros entre mandos y soldados. Otra veintena larga de infantes y medio centenar de civiles seguían peleando y solo quedaban media docena de cargas por pieza de artillería.
Belarde decidió usar las afiladas piedras de silex de los mosquetes como metralla.
Las cosas pintaban realmente mal. Sin apenas combatientes ni munición, los españoles solo podían esperar la hora de su muerte.
Este pequeño enclave había hecho perder la paciencia de Murat, que no entendía Como unos pocos soldados y unos centenares de civiles podían contrarrestar la fuerza de un ejército imperial. Ordenó asaltar Monteleón desde todas las calles posibles. Más de 2000 franceses preparaban su tercer asalto. Menos de 100 españoles los esperaban sin intención de rendirse. El ataque, como había ordenado Murat, fue simultáneo desde las calles de San Miguel, San José y San Pedro Nueva. 

Las tres columnas con las compañías de granaderos a su cabeza aparecieron como una negra sombra erizada de bayonetas destellantes. 
Y aquí está el momento más hondo de toda esta historia: Daoiz y Belarde sabían lo que significaba esos números. Eran militares profesionales, no eran ingenuos y sin embargo, siguieron disparando hasta la última piedra de Silex.

¿Por qué?

El evangelio de Juan lo dice con una sencillez que corta la respiración: "Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos".
No murieron en un arrebato. Eligieron con la cabeza fría y el corazón encendido. Sabían que el gesto valía, aunque el resultado fuera adverso. Eso no es heroísmo romántico. Es lo que San Pablo llama esperanza contra toda esperanza. Esperar no porque los números acompañen, sino porque el bien merece ser defendido, aunque cueste la vida.

El asalto definitivo asoló a los españoles, superados por una fuerza 30 veces mayor. El fuego de tiradores franceses situados en balcones y casas hizo bajar rápidamente el número de defensores.
Daoiz fue alcanzado por la espalda con una balloneta y posteriormente acribillado a estocadas. El valiente capitán había defendido hasta su último aliento Monteleón.
800 franceses confluyeron en las puertas del parque desde sus tres costados, barriendo a los últimos 50 defensores a ballonetazos y con un fuego devastador y a quemarropa.
Por su parte, Belarde cayó cuando acudía junto a varios fusileros a reforzar una de las entradas. Un oficial polaco le disparó a quemarropa en el corazón y su cuerpo cayó con violencia en el suelo. Todo había acabado.
El cuerpo de Daoiz fue trasladado a su casa, el de Belarde fue profanado por el enemigo. Hasta que horas más tarde fue recogido por sus compañeros, trasladado al cuartel y posteriormente a la iglesia de San Martín, donde fue amortajado con un hábito de San Francisco.

Al día siguiente fue enterrado en el jardinillo dentro del templo junto a Daoiz. Ambos acabaron como empezaron juntos. Ese hábito franciscano con el que amortajaron a Belarde no es un detalle menor. Es el pueblo diciendo: "Este hombre es de los nuestros, pertenece a algo sagrado". 
Y el hecho de que fueran enterrados juntos en tierra consagrada habla de algo que va más allá de la camaradería militar. Es una imagen de comunión. Nadie muere solo cuando muere por los demás. La historia no terminó. 

El 2 de mayo de 1808, terminada la guerra de independencia de 1814, los restos de Daoiz y Belarde fueron exhumados y entonces ocurrió algo conmovedor: 

Sus cadáveres peregrinaron por toda España, por ciudades y pueblos. La gente se congregaba para clamarlos, para llorarlos, para darles el homenaje que la guerra había impedido. Dos capitanes de artillería que habían muerto casi en secreto, enterrados a escondidas en una iglesia bajo un hábito franciscano, recibieron en muerte lo que no pudieron recibir en vida. Hoy descansan en el monumento a los héroes del 2 de mayo en Madrid, juntos como murieron. 



¿Por qué nos tomamos las molestias de recordar? ¿Por qué peregrinar con unos restos mortales? ¿Por qué levantar monumentos? ¿Por qué dedicar un programa de radio a algo que ocurrió hace 218 años?
Porque la memoria, queridos oyentes, no es nostalgia. La memoria es fidelidad.
La Iglesia lo sabe bien. Por eso tenemos el santoral, por eso celebramos el martirologio. Por eso cada misa es en su esencia un acto de memoria. Haced esto en memoria mía. No recordamos a los santos porque vivamos en el pasado. Lo recordamos porque su vida nos dice algo sobre cómo vivir la nuestra.

Daoiz y Belarde nos preguntan a nosotros hoy, ¿qué harías tú si la orden fuera injusta? ¿Seguirías disparando cuando los números no te acompañan? ¿Reconocerías al vecino como hermano cuando la situación se pone difícil?
Para quienes vivís el servicio militar desde la fe, para los hombres y mujeres que escucháis este programa, la pregunta es todavía más concreta: 
¿De qué está hecha vuestra conciencia? ¿Qué os sostiene cuando la misión es dura? Y el horizonte no está claro. Ellos nos respondieron con su vida. Nosotros debemos responder con la nuestra. 


SANTA BÁRBARA ES ELEGIDA 
PATRONA DEL ARMA DE ARTILLERÍA 
Y DEL CUERPO DE INGENIEROS TÉCNICOS 
DE ARMAMENTO Y CONSTRUCCIÓN.

El 4 de diciembre, se celebra la festividad de Santa Bárbara, patrona del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento.

Su culto entra en España en el siglo XI. "Si es cierto -dice el historiador Padre Luis Urbano- que el Cuerpo de Artillería es el más antiguo de Europa, porque aquí se introdujo antes que en los demás países el uso de la pólvora para la guerra, y si a principios del siglo XV en los ejércitos volantes de Don Fernando de Antequera, vemos ya indicios del Cuerpo de Artillería, razón será que entre nosotros naciese el patronato de Santa Bárbara, y que fuera español aquel ejército que pintan las leyendas alemanas invadiendo la costa de África y conquistando una ciudad bajo lluvia de granizo, tras heroicos esfuerzos, que sólo se coronaron por el éxito cuando los soldados rezaron en su favor a Santa Bárbara; o que naciese esta devoción por haberse conquistado Baza por los ejércitos cristianos, con la brillante cooperación de los artilleros, precisamente el día de Santa Bárbara, el 4 de diciembre de 1499".

Para los componentes del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento, la fe en Santa Bárbara, la joven mártir de Bitinia, está por encima de la evidencia o la duda, ya que la santa existe y vive en la mente y en el corazón de cuantos sirven a España en este Arma y Cuerpo del Ejército.

DATOS HISTÓRICOS DE SANTA BÁRBARA:

Bárbara nació en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, el 4 de diciembre del año 273 d.C., a principios del siglo III.
Era hija de un sátrapa, Dióscoro, quien la encerró en la torre de un castillo para evitar que los hombres la sedujeran, pues era muy bella, y para evitar que fuera atrapada por el proselitismo cristiano de la época.
Durante su encarcelamiento fue adquiriendo una enorme cultura. Tenía maestros que le dieron una amplia y diversa formación. Entre otras materias, estudió poesía y filosofía. Debido a esto, y a que su padre estaba ausente con frecuencia, Bárbara se convirtió al cristianismo. Mandó un mensaje a Orígenes, un erudito de la Iglesia cristiana, para que fuera a educarla en esta fe.

Se bautizó y mandó construir una tercera ventana en su habitación de la torre, simbolizando así la Trinidad.
Cuando su padre regresó, quiso casar a Bárbara, pero ella se opuso a este matrimonio, diciéndole que era cristiana y que elegía a Cristo como esposo. Su padre se encolerizó y quiso matarla, para lavar su honor ante sus dioses. Por este motivo, Bárbara huyó. Su padre con algunos de sus hombres la perseguía y cuando estaban ya muy cerca de ella, una gran roca se abrió milagrosamente, para que ella pudiera esconderse allí. Pero pese a todo, fue capturada.

Bárbara sufrió un martirio horroroso: fue atada a una columna, flagelada, le desgarraron la piel con hierros, la colocaron sobre trozos de piedras afiladas y allí marcaban su cuerpo con hierros candentes.
Al final de este penoso martirio, fue su propio padre quien la decapitó, en lo alto de una montaña. En ese momento fue alcanzado por un rayo, muriendo él también.
Santa Bárbara es protectora contra los daños del temporal, las tormentas y los rayos.

martes, 2 de diciembre de 2025

EL POETA E INOCENTE MANUEL SATURIO VALENCIA, ÚLTIMO FUSILADO EN COLOMBIA (1907) por EL RACISMO CLASISTA CRIOLLO y OTROS...


A finales del siglo XIX Manuel Saturio Valencia Mena era en Popayán, Colombia, el primer hombre negro que estudiaba leyes en la Universidad del Cauca. Había nacido el 24 de diciembre de 1867 en una gloriosa Quibdó reconocida por el comercio del oro y por la pobreza de su gente negra. A pesar de las difíciles circunstancias que vivió, Saturio fue un niño que aprendió con los capuchinos el latín y el francés, y fue tan aventajado aprendiz, que recibió apoyo de los religiosos para realizar sus estudios superiores a muchas horas de su natal Chocó.

Valencia regresa a su tierra para ejercer como personero, juez de rentas y ejecuciones fiscales, y juez penal. Según sus biógrafos, fue el primer hombre negro en América en ser nombrado para estas funciones públicas. Estuvo como muchos jóvenes de su tiempo en la guerra de los Mil Días, donde obtuvo el grado de capitán en las tropas gobiernistas conservadoras y aprendió sobre política y partidismo.

Poeta del Atrato, Manuel Saturio fue un gran autodidacta, cultivador de la música y los cantos en las escuelas. Es considerado como el primer literato negro del Chocó, pero debido al racismo de la época, muchos de sus escritos quedaron inéditos en el silencio de una sociedad que hasta hacía pocos años había vivido y rentado del comercio de esclavizados.

La historia de Manuel Saturio está llena de eventos dramáticos y dolorosos, y el final de sus días tiene como telón de fondo pasiones de amor y odio racial que terminaron con su fusilamiento hace 118 años.

Valencia enamoró y embarazó a Deyanira Castro, una joven blanca hija de un importante líder liberal. Esta aventura terminó en una tremenda venganza por parte de la familia asaltada en su digniddad de raza y noble apellido. En la madrugada del primero de mayo de 1907 Manuel Saturio embriagado y sin conciencia de lo que sucedía, fue inculpado del incendio ocurrido en el centro de la ciudad. Su cinturón y una bola de trapo con restos de petróleo fueron la evidencia para incriminarlo por atentar contra la notable sociedad quibdoseña. La Constitución de 1886 condenaba con pena de muerte a los incendiarios. En seis días y cinco noches lo enjuiciaron y lo condenaron. Su delito era “imperdonable”, había atentado contra las familias de élite que habitaban la famosa carrera primera, cuyos andenes estaban destinados a la exclusividad genética de la blanquitud.

En este largo siglo que corre desde su fusilamiento, se han escrito novelas, poemas, ensayos, artículos y un guion para teatro que en el año 2011 hizo su solitario debut en la ciudad de Popayán, en el extinto Teatro Bolívar, bajo la dirección de Eugenio Gómez, una treintena de actores y actrices del Chocó y con el nombre de “Amangualados”.

Verdad y mito, Manuel Saturio Valencia Mena constituye el ícono de una tradición literaria y oral que merece un lugar de reconocimiento, pues sólo hombres de su talla producen tanto interés literario e histórico sobre los sucesos de su existencia.

Cuatro notables novelas de la mano de tres escritores y una escritora afrocolombiana: “La Palizada” de Miguel A. Caicedo (1952), “Memorias del Odio” de Rogerio Velásquez Murillo (1953), “Mi Cristo Negro” de María Teresa Martínez (1983) y “El fusilamiento del diablo” de Manuel Zapata Olivella (1986). Cientos de ensayos entre los cuales sobresalen: “Manuel Saturio Valencia: El hombre”, Miguel A. Caicedo (1992), “Héroes y políticos: Quibdó desde 1900”, Peter Wade (1997) y “Violencia y Resistencia: una perspectiva de la literatura afrocolombiana” de Marvín A. Lewis (1987), y “A cien años del fusilamiento de Manuel Saturio” de César E. Rivas Lara (2007), hacen parte de una notable antología que incluye muchas más obras.

Según la tradición oral chocoana, el poeta fusilado nos dejó en sus versos, razones poderosas para luchar contra el racismo:

“A yo que soy inorante
me precisa preguntá
si el coló blanco es virtú
pa yo mandame blanquiá…

Pregunto al hombre leal
porque saber me precisa
¿si el negro no se bautiza
en la pila bautismal?
Si hay otro má principal
má patras o má palante
má bonita o má brillante
donde bautizan al blanco,
me darán un punto franco
a yo que soy inorante”.

***
A yo que soy ignorante
Me precisa preguntar
Si el color blanco es virtud
Pa' yo mandarme a blanquear

Pregunta el hombre leal
Porque saber me precisa
Si el negro no se bautiza
En la pila bautismal

Si hay otra más principal

Má pa' tras o má pa'lante
Más bonita o más brillante
Onde bautizan al blanco
Me darán un punto franco
A yo, que soy ignorante

Dos hombres y una mujer
Todos somos descendientes
Porque al negro solamente
Con desprecio lo han de ver

La misma sangre ha de ser
Aunque el negro singular
Siempre han de colocar
En un lugar separado

Si el negro no se bautiza
Me preciso preguntar
Negro fue san Benedicto
Negras fueron sus pinturas
Y en la sagrada escritura
letras blancas yo no he visto

Negros los clavos de Cristo
Que murió en la santa cruz
Será que bajo Jesús
Por el blanco a padecer
Solo así podré saber
Si el color blanco es virtud

Cuando tengamos que darle
A mi Dios estrechas cuentas
Como el negro va pagar
Por el blanco las ofensas

Si al negro no se le encuentra
Un delito que culpar
Me dirán que no es verdad
Que el blanco no tiene pena
O si es que no se condena
Pa' yo mándame a blanquear


Manuel Saturio Valencia, 
último fusilado en Colombia (1907)

Muchos personajes han pasado a la historia por sus condiciones excepcionales, escritores, poetas militares entre otros, hoy son recordados como eminencias e incluso sus nombres hacen parte de museos, monumentos, cátedras y programas de formación que deben ser estudiados de manera obligatoria, sin embargo hay personajes hoy invisibilizados en la historia que además de haber sido profesionales universitarios incluso graduados con honores ni los mismos maestros los recuerdan; mejor dicho los forzaron a no mencionarlos..

Uno de esos personajes que seguramente su maestro nunca le habló, fue Manuel Saturio Valencia. Este negro que nació el 24 de diciembre de 1867, en Quibdó, departamento del choco, Colombia,  hijo único de Manuel Saturio Valencia y Tránsito Mena quienes se ocupaban de oficios doméstico, lo criaron sujeto a los principios éticos y morales basado en el respeto, la honestidad y la disciplina.

El joven Saturio desde niño comenzó a mostrar sus capacidades intelectuales y fue así como inició su participación de cantó en el coro parroquial de la ciudad y aprendió latín y francés de unos monjes Capuchinos.

Fue un estudiante destacado, tanto que los mismos monjes se encargaron luego de sus estudios superiores en la facultad de derecho de la universidad del cauca donde terminó sus estudios pasando a la historia como el primer abogado negro de ese claustro de educación superior ubicado en la ilustre ciudad blanca de Popayán.

Más tarde regresó a Quibdó, se alineó con el Partido Conservador, un partido minoritario en la región. En 1899, inició la Guerra de los Mil Días.

Manuel alcanzó el rango de Capitán en las fuerzas del gobierno.

Manuel también fue profesor autodidacta de música y canto en varias escuelas; fue juez y personero municipal siendo considerado como el primer literato negro de la región.

Por la misma opresión racial de la época, sus obras quedaron como inéditas, así como Ingermina o la hija de calamar de Juan José Nieto Gil.

Un día como hoy el intelectual abogado sedujo a una joven de raza blanca llamada Deyanira Castro, hija de un importante líder liberal.

La señora salió embarazada de aquel “encuentro”. Cuando la familia de la distinguida dama se da cuenta que está esperando hijo de un negro, de inmediato diseñan un macabro plan para evitar “dañar la raza” con el advenimiento de un mulato.

Es así que en la madrugada del primer día de mayo de 1907, buscaron a Saturio, lo embriagaron con vino, le quitaron sus documentos y algunas de sus prendas, y fueron hasta la Carrera Primera de Quibdó y provocaron un incendio sobre dos viviendas con techos de Paja, y después salieron del lugar.

Entre las cenizas fueron recuperados una bola de trapo casi quemada, el cinturón de Manuel Saturio, y unos documentos con su nombre. El Artículo 29 de la Constitución de Colombia de 1886 expresaba explícitamente lo siguiente:

Artículo 29. Sólo impondrá el Legislador la Pena Capital para castigar, en los casos que se definan como más graves, los siguientes delitos como:

Traición a la patria, cuando se estuviera en estado de guerra regular, o de carácter internacional, parricidio, asesinato, incendio, asalto en cuadrilla de malhechores, piratería y ciertos delitos militares definidos por las leyes del ejército.

Según la ley que se desprendía de la constitución de 1886 sancionada por Rafael Núñez, no importaba la magnitud del incendio, por eso de inmediato Saturio Valencia fue condenado a muerte por el delito de pirómano.

El juicio fue muy breve, transcurriendo apenas seis días entre los hechos y la condena, todo un registro de celeridad en la aplicación de la justicia en Colombia.

El gravísimo hecho de haber incendiado la carrera primera de Quibdó, que representaba los intereses de la sociedad blanca chocoana, motivó la condena a muerte del destacado abogado titulado.

Dice la historia, que luego de haber recibido la descarga de los fusiles, Saturio quedó vivo; sin embargo violando la ley de indulto, volvieron a cargar las armas y con una segunda ráfaga el 7 de mayo de 1907 asesinaron al abogado e intelectual Manuel Saturio Valencia.

Bueno: Ustedes se preguntan ¿y qué pasó con el embarazo de Deyanira? Pues tan pronto nació el mulato producto del amor de un negro y una blanca, los familiares de Deyanira lo empacaron en una caja de cartón y sin ninguna compasión los arrojaron vivo al río Atrato cosa que no cuentan los maestros de historia.


⚖️ En el corazón del Chocó, Colombia, nació un poeta al que la justicia le dio la espalda.
Manuel Saturio Valencia, abogado y soñador afrocolombiano, fue el último fusilado de Colombia, condenado por un crimen que nunca existió.
Lo silenciaron con balas, pero su nombre aún grita memoria.
En una tierra donde el oro brillaba más que la justicia, nació un hombre que se atrevió a pensar.
Manuel Saturio Valencia (1867–1907), hijo del Chocó, poeta, abogado y soñador afrocolombiano, creyó que el conocimiento podía liberarlo de las cadenas invisibles del racismo.
Desde las aulas de la Universidad de Antioquia, su talento deslumbró a quienes no soportaban verlo ascender. En una república que hablaba de igualdad… pero temía la piel negra, su inteligencia se volvió un desafío.
🔥 En 1907, una disputa personal con una mujer blanca de clase alta bastó para encender la furia de una sociedad enferma de prejuicio. Lo acusaron de incendio y traición, con pruebas débiles, fabricadas, y un juicio decidido antes de empezar.
El Archivo General de la Nación lo confirma: su condena fue un espejo del racismo institucional que gobernaba los tribunales de la época.
El 3 de mayo de 1907, al amanecer, lo llevaron al paredón en Quibdó.
Dicen que antes del disparo pidió recitar un verso. Nadie lo permitió.
Las balas callaron su voz… pero también sellaron el fin de la pena de muerte en Colombia.
Desde entonces, Manuel Saturio Valencia no es solo “el último ejecutado legalmente”:
es el símbolo del talento traicionado, del color condenado, del país que prefirió el silencio antes que reconocer su propio racismo.
Hoy, su nombre vuelve a pronunciarse con respeto, como el de un hombre que murió de pie, defendiendo la dignidad de su raza y el derecho a ser libre.


En el corazón del Caribe nació un hombre al que la historia quiso borrar.
Juan José Nieto Gil fue el único presidente afrodescendiente de Colombia, un líder que desafió el racismo y el olvido.
Su rostro fue cambiado, pero su verdad nunca se apagó.


Nació en Mompox, Colombia,  hijo de una mujer negra y de un padre blanco que nunca lo reconoció. A pesar del racismo y la pobreza, Candelario Obeso llegó a la Universidad Nacional y escribió el primer libro de literatura negra en América Latina. Murió joven, cansado del olvido… pero su voz sigue viva en cada palabra que resiste. 🔥


En los Estados Unidos de Colombia de 1876, un joven mulato nacido en Camarones, La Guajira, desafió al poder con la palabra como su única arma. Luis Antonio Robles fue el primer afrodescendiente en alcanzar un alto cargo nacional, enfrentando el racismo con inteligencia y valentía. Su voz fue más fuerte que el silencio, su historia más duradera que el olvido. 


En 1920, en Guapi, Cauca, nació un niño que escuchaba cómo el mar hablaba en versos. Su nombre era Helcías Martán Góngora, y con el tiempo se convirtió en el poeta que transformó el dolor, la fe y la herencia afro del Pacífico en palabra.
Mientras Colombia miraba hacia los Andes, él escribía desde la orilla del océano, entre marimbas, manglares y silencios. Dirigió revistas, bibliotecas y proyectos culturales, pero su mayor obra fue la dignidad de su pueblo. En cada poema, el mar se hizo voz y la negritud se volvió eternidad.
Murió en 1984 sin el reconocimiento que merecía… pero su palabra no se hundió: sigue resonando en el viento del litoral, donde la poesía se confunde con las olas. 
¿Sabías que un poeta del Pacífico convirtió el oleaje en palabra y la memoria afro en patria? 
Nació en 1920, en Guapi, Cauca, un pequeño puerto del litoral sur del Pacífico colombiano, cuando las lanchas de vela aún unían los pueblos del manglar y la marimba marcaba el ritmo de la vida. 
Creció entre los cantos del río Guapi y los rezos de los pescadores, en una época en que el país apenas reconocía la existencia de su costa negra. 
Desde allí partió a Bogotá, donde estudió Derecho en el Externado de Colombia, pero nunca se apartó del mar que lo formó. 
En los años 40 y 50, mientras el país se desangraba en guerras políticas, Helcías Martán Góngora escribía versos para quienes no tenían voz. 
Regresó a Popayán como gestor cultural, dirigió Extensión Cultural en la Universidad del Cauca, fundó la revista Esparavel y convirtió su poesía en resistencia. 
En plena segunda mitad del siglo XX, cuando el centralismo bogotano dominaba la literatura, Helcías hablaba desde el margen: del mar, del tambor, del Cristo negro. 
Murió en Cali en 1984, sin el reconocimiento que su obra merecía.
Pero su voz sigue viva: en cada verso, el Pacífico respira, y la palabra se convierte otra vez en mar.


ROGERIO VELÁSQUEZ MURILLO: Nació en Sipí, Chocó, en 1908, y dedicó su vida a rescatar la memoria que Colombia ignoró. Etnógrafo, historiador y maestro del Instituto Etnológico del Cauca, recorrió selvas y ríos para escuchar los cantos, los rezos y las raíces de su pueblo.
Entre lluvias escribió Ritos de la muerte en el Alto y Bajo Baudó, Instrumentos musicales del Chocó y Gentilicios africanos del occidente de Colombia. Llamó a su gente “la negredumbre”, una identidad silenciada que él transformó en historia.
Murió en 1965 sin homenajes, pero sus Ensayos escogidos devolvieron su voz a la nación. Fue la tinta que salvó del olvido al pueblo negro del Pacífico.


¿Sabías que en una casa de Getsemaní, Cartagena, Colombia, un hombre negro escribió versos que hicieron temblar al silencio?  
Jorge Artel, nacido en 1909, convirtió el dolor y el orgullo de su raza en poesía. En 1940 publicó Tambores en la noche, donde el sonido del Caribe se volvió palabra y la palabra resistencia.
Mientras otros callaban, él escribió con ritmo de mar y fuego. Sus versos no pedían aplausos, pedían justicia. 
Hoy su voz aún retumba en las calles de Cartagena, recordando que la negritud también es raíz, pensamiento y poesía. 🖤

TAMBORES EN LA NOCHE

Negro soy

Negro soy desde hace muchos siglos. 
Poeta de mi raza, heredé su dolor. 
Y la emoción que digo ha de ser pura 
en el bronco son del grito 
y el monorrítmico tambor. 

El hondo, estremecido acento 
en que trisca la voz de los ancestros, 
es mi voz. 

La angustia humana que exalto 
no es decorativa joya 
para turistas. 

¡Yo no canto un dolor de exportación!

La voz de los ancestros

Oigo galopar los vientos 
bajo la sombra musical del puerto. 
Los vientos, mil caminos ebrios y sedientos, 
repujados de gritos ancestrales, 
se lanzan al mar. 
Voces en ellos hablan 
de una antigua tortura, 
voces claras para el alma 
turbia de sed y de ebriedad. 

¿De qué angustia remota será el signo fatal 
que sella en mí este anhelo de claves imprecisas? 
Oigo galopar los vientos, 
sus voces desprendidas 
de lo más hondo del tiempo 
me devuelven un eco 
de tamboriles muertos, 
de quejumbres perdidas
en no sé cuál tierra ignota, 
donde cesó la luz de las hogueras 
con las notas de la última lúbrica canción. 

Mi pensamiento vuela 
sobre el ala más fuerte 
de esos vientos ruidosos del puerto, 
y miro las naves dolorosas 
donde acaso vinieron 
los que pudieron ser nuestros abuelos.
 —¡Padres de la raza morena!—. 
Contemplo en sus pupilas caminos de nostalgias, 
rutas de dulzura, 
temblores de cadena y rebelión. 

¡Almas anchurosas y libres 
vigorizaban los pechos y las manos cautivas! 
Una doliente humanidad se refugiaba 
en su música oscura de vibrátiles fibras… 
—Anclados a su dolor anciano 
iban cantando por la herida…—. 

¡Oigo galopar los vientos, 
temblores de cadena y rebelión, 
mientras yo —Jorge Artel— 
galeote de un ansia suprema, 
hundo remos de angustias en la noche!

Tambores en la noche

Los tambores en la noche, 
parece que siguieran nuestros pasos… 
Tambores que suenan como fatigados 
en los sombríos rincones portuarios, 
en los bares oscuros, aquelárricos, 
donde ceñudos lobos se fuman las horas, 
plasmando en sus pupilas 
un confuso motivo de rutas perdidas, 
de banderas y mástiles y proas. 

Los tambores en la noche 
son como un grito humano. 
Trémulos de música les he oído gemir, 
cuando esos hombres que llevan 
la emoción en las manos 
les arrancan la angustia de una oscura saudade, 
de una íntima añoranza, 
donde vigila el alma dulcemente salvaje
de mi vibrante raza, 
con sus siglos mojados en quejumbres de gaitas. 

Los tambores en la noche 
parece que siguieran nuestros pasos. 
Tambores misteriosos que resuenan 
en las enramadas de los rudos boteros, 
acompasando el golpe con los cantos 
de los decimeros, con el grito blasfemo 
y la algazara, con los juramentos 
de los marineros… en tanto que se anuncia 
tras los gibosos montes 
un caprichoso recorte de mañana. 

Los tambores en la noche, hablan. 
¡Y es su voz una llamada tan honda, 
tan fuerte y clara, 
que parece como si fueran sonándonos en el alma!


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Capítulo 1 de 4 Saturio

Los republicanos fueron más racistas y 
despiadados que los realistas.

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Indígenas y negros ¿Contra la independencia de América?