EL Rincón de Yanka: PARTIDOCRACIA

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miércoles, 14 de octubre de 2026

LIBRO "PATOCRACIA": 🦆 CÓMO DESTRUIR UN PAÍS EN OCHO AÑOS por LUCÍA ETXEVARRÍA

 PATOCRACIA

Cómo destruir un país en ocho años

LUCÍA ETXEVARRÍA

Patocracia, el término que describe los sistemas de poder dominados por personalidades patológicas, ofrece una lectura personal y demoledora del panorama español.
Lucía Etxebarría integra su experiencia de cancelación pública, y la de otras figuras conocidas, como síntoma de un clima político y cultural más amplio. Un ambiente en el que el disenso se castiga y el miedo se convierte en una herramienta de control.
Provocador, subjetivo y deliberadamente incómodo, este libro combina crítica política, psicología social y análisis del lenguaje. Explora el papel del neuromarketing y de la manipulación emocional para mostrar cómo la razón cede terreno frente al impacto afectivo y el pensamiento binario.
De esa manera, analiza el rol de los medios, las campañas en redes, la legislación, la distorsión del feminismo, la inmigración y el deterioro de las condiciones de vida. Traza al fin un mapa de enfrentamientos cainitas, cuidadosamente alimentados bajo la lógica del divide y vencerás.
Este libro no pretende respuestas cerradas. Invita, más bien, a cuestionar los relatos dominantes y a reflexionar sobre el retroceso de la libertad de expresión en un aterrador contexto de deriva autoritaria.
SOBRE LA PATOCRACIA 
🦆

En un país comunista la psiquiatría y la psicología pueden resultar profesiones especialmente peligrosas (excepto, obviamente, si usabas tus conocimientos y habilidades al servicio del poder). A Andrzej Łobaczewski lo persiguieron con especial dureza precisamente porque el foco de sus estudios era el poder político y la manera en que ese poder podía ser instrumentalizado al servicio de la persecución al ciudadano disidente. 

Łobaczewski vivió su adolescencia y juventud escapando de los nazis, solo para descubrir que lo que vino después fue igual o peor. Como sabemos, las purgas de Stalin fueron particularmente crueles en Polonia. Él se dio cuenta pronto de que a los psicópatas les atrae especialmente el poder político, y que muy a menudo consiguen infiltrarse en los gobiernos de naciones de todo tipo y condición, bajo sistemas con nombres diferentes, pero que no dejan de ser los mismos perros con distintos collares. Una dictadura es una dictadura, se llame a sí misma de derechas o de izquierdas. 

Este psiquiatra, sociólogo y ponerólogo estudió la relación entre poder y psicopatía, y acuñó el término «patocracia» para describir el fenómeno. Para él, la patocracia se configura como un sistema de gobierno cuando una pequeña minoría patocrática y patológica toma el control de una sociedad constituida por individuos en su mayoría normales. Desde el momento en que él mismo vivía bajo un régimen patocrático, hay que reconocer que corrió un enorme riesgo al realizar sus estudios patocríticos (no, no es una errata). El Gobierno polaco le arrestó y le torturó, y no pudo publicar su libro Ponerología política hasta que escapó a Estados Unidos en la década de los ochenta. 

Łobaczewski también acuñó el término «ponerología», para definir al estudio interdisciplinario de las causas que llevan a periodos en los que imperan regímenes totalitarios cuyo rasgo crítico lo marca la personalidad psicopática del líder. La ponerología utiliza datos de la psicología, la sociología, la filosofía y la historia para abordar fenómenos como las guerras civiles, la depuración étnica, el democidio, el genocidio y el terrorismo. 

La transición hacia la patocracia se inicia cuando un individuo con rasgos tóxicos (psicopatía, maquiavelismo, sadismo, codicia, narcisismo, perfeccionismo tóxico, dependencia malsana, envidia maligna…) emerge como figura de liderazgo. Aunque a la mayoría de la población estos rasgos suelen repugnarles, lo cierto es que en tiempos de crisis se constituyen en rasgos carismáticos. La población confunde impulsividad con asertividad, narcisismo con autoconfianza, falta de control de los impulsos con valentía. 

Cuando aparece el primer líder patocrático, muy pronto otros individuos con rasgos similares se sentirán atraídos como la luz atrae a la polilla. Como quien dice, se acercarán al amor de la lumbre para aprovechar la oportunidad de conseguir poder e influencia. De la misma manera, expulsarán de las esferas de poder a toda persona que sea moral y responsable. Este tipo de personas o bien dimitirán o bien serán expulsadas a partir de una campaña de difamación. En un proceso gradual e inevitable, muy pronto todo el gobierno estará tomado por un grupo de individuos que padece una aterradora ausencia de conciencia y empatía. Por siniestros personajes con rasgos de personalidad patológicos que asumirán el poder sobre una mayoría de ciudadanos que carecen de estos rasgos. 

En el siguiente estadio, las patologías del gobierno se extienden como una mancha de aceite hacia la población general. Tal y como escribió Łobaczewski: «Si un individuo en una posición de poder es un psicópata, esta persona puede crear una epidemia de psicopatología en ciudadanos que no son esencialmente psicopáticos». 

En ese momento, el gobierno patocrático presentará una ideología exageradamente simplista y populista, en la que promoverá la noción de una grandeza futura que implica acabar con los enemigos del país; enemigos que, siempre según su discurso, oponen un fuerte obstáculo en el camino hacia esa supuesta grandeza. En unos casos serán los judíos, en otros los kurdos, o los yazidíes, en otros serán los fascistas, en otros será el imperialismo americano. También pudieron ser los masones o los comunistas. 

El gobierno patocrático utiliza la propaganda para difundir un odio carnicero hacia esos presuntos enemigos y para crear un culto de la personalidad alrededor del líder. En la población general se va contagiando un sentido de pertenencia que prácticamente les intoxica y les emborracha de entusiasmo, y que les inspira una lealtad inquebrantable, una lealtad que puede llegar incluso al autosacrificio. Cuando el gobierno patocrático llega a su cenit, es cuando llegará la tortura, el democidio o las deportaciones masivas. 

Desde el momento en que los patócratas llegan al poder, generalmente se concentran en atrincherarse en él. En intentar no solo defenderlo con uñas y dientes, sino, sobre todo, incrementarlo a costa de lo que sea. 

Pero hay algo que da cierta esperanza: las patocracias no son nunca permanentes. En algún momento caen, porque su brutalidad y su falta de principios morales no pueden ser compartidas por la totalidad de la población, ya que la mayoría de individuos en cualquier país sí que posee principios de empatía y de conciencia. Esto fue así en las dos patocracias que Łobaczewski vivió en primera persona: el régimen nacionalsocialista de Alemania y el régimen comunista de Polonia. 

Existe la tendencia de pensar en los psicópatas como un grupo homogéneo, cuando en realidad deberíamos hablar más de personalidades con rasgos tóxicos. En general, se trata de aquellos que poseen tres características particulares: tres rasgos que configuran lo que hemos dado en llamar «la tríada oscura»: maquiavelismo, psicopatía y narcisismo. Individuos, por lo tanto, que están inusualmente obsesionados con el poder y que, por carecer de empatía básica, son los más peligrosos. 

Pero hay que tener algo en cuenta: más que pensar en sujetos que han nacido con estas características, es cierto que estas pueden llegar a ser legitimadas e incluso alentadas por nuestros valores sociales y nuestras instituciones. Cuando crecemos en una sociedad que le otorga exagerada importancia al éxito y al dinero, es fácil que quienes consigan ascender hasta la cumbre sean aquellos con rasgos psicopáticos, narcisistas, maquiavélicos y codiciosos. 

Un estudio realizado entre ciento cincuenta y siete líderes políticos (escogidos entre los ganadores de ochenta y una elecciones a lo largo del mundo, desde 2017 hasta 2019) encontró que catorce de ellos exhibían tendencias pronunciadamente autocráticas y arrojaban puntuaciones altamente significativas en la tríada oscura, sobre todo en psicopatía (Nai y Thoros, 2020). 

Los investigadores no indican qué personajes en particular evaluaron, ni dan sus nombres, pero yo barrunto que Pedro Sánchez estaba entre ellos. No tengo pruebas, tampoco dudas. Vamos a examinar una por una las características de la patocracia según Andrzej Łobaczewski, para verificar si son categorías válidas en la España sanchista. 

• Desigualdad extrema entre los más ricos y los más pobres. En España, el diez por ciento de la población más rica concentra una gran parte de la riqueza total, mientras que el cincuenta por ciento más pobre posee una proporción mínima. La ratio de desigualdad entre los más ricos y los más pobres se ha intensificado en los últimos años, según el Barómetro Social de España. 

• Medios controlados, concentrados, sesgados y/o dominados por la propaganda. Lo que se ha dado en llamar el equipo de opinión sincronizada. La toma por asalto del ente público Radiotelevisión Española y la instauración de una maquinaria de propaganda inspirada en los principios goebbelianos, una máquina engrasada por tertulianos y activistas que se limitan a repetir el argumentario que reciben cada mañana desde Moncloa. Un ejército de mercenarios que parten de la convicción de que la máxima «una mentira repetida mil veces acaba por convertirse en verdad» es perfectamente aceptable. 

• Corrupción generalizada. No hace falta ni explicarlo. Se han publicado numerosos libros e investigaciones que analizan en detalle todos los tentáculos de la corrupción sanchista. 

• Supresión del individualismo y promoción de un «sentido común» alineado a los intereses del poder. Si hay un ejemplo claro que ilustra cómo el sentido común se sustituye por la ideología del poder, es el hecho de que se nos haga creer que un hombre con barba y dotación genital masculina intacta es una mujer, y que, por tanto, puede acceder a una cárcel de mujeres (el caso Candy, sin ir más lejos, que abordaremos en este libro). O que se dé por hecho que, si alguien entra en tu casa sin tu permiso, o si le alquilaste la casa y ha decidido dejar de pagártela, esa casa ya es suya, y tú estás obligado a pagarle la luz y el agua.

• Empobrecimiento del arte y la cultura. El arte y la cultura españolas han sido fagocitados por redes clientelares masivas, infectadas para colmo por el virus woke. Los despropósitos que he llegado a ver en libros publicados gracias a fondos institucionales, exposiciones subvencionadas por el ministerio o chiringuito de turno o conciertos pagados por el erario merecerían otro trabajo. ¿Textos en los que se niega la biología? ¡Un clásico! Exposiciones que reescriben la historia a su manera en nombre del indigenismo bolivariano. Películas en las que de forma sutil o no tan sutil se alienta a la hormonación y mutilación de menores… 

• Degradación de los valores morales y una estructura social basada en el interés propio. A lo largo del libro explicaré cómo la polarización masiva ha creado un clima de «divide y vencerás», en el que hoy todo el mundo desconfía de su vecino, de su cuñado o incluso de sus familiares, abandonando los principios de cooperación y confianza para sustituirlos por el «sálvese quien pueda». • Ideología fanática. A menudo es una forma corrompida de una ideología válida. Lo vemos en cómo se ha sustituido el feminismo por el transgenerismo, el ecologismo por el ecolojetismo, la socialdemocracia por el socialismo del siglo xxi, y los valores de la izquierda tradicional por una amalgama de sinsentidos basada en la premisa de que «todo el que no piense como yo es fascista». 

• Intolerancia y sospecha hacia cualquier persona diferente o en desacuerdo con el Estado. Este rasgo se vio claramente en el Congreso Federal del PSOE de julio de 2025, un congreso «a la búlgara» en el que solo resistió numantinamente Emiliano García Page, al que el resto de los allí presentes le llamaron de todo menos bonito. • Control centralizado; legislación excesiva, arbitraria, injusta e inflexible. El poder de decisión se reduce o directamente desaparece de la vida de los ciudadanos comunes. Un Estado omnipresente controla qué comes, qué bebes, con quién te relacionas, a quién amas, con quién fornicas, qué árboles puedes tener en el jardín de tu casa, qué puedes cultivar, cuánto azúcar puedes consumir, cuánta carne, por qué zonas de la ciudad puedes desplazarte, a qué animales callejeros puedes alimentar, en qué zona de la playa puedes poner la sombrilla, en qué bares puedes jugar al dominó… y un sinfín de controles y restricciones absurdos. 

• Actividades encubiertas dentro del Gobierno y vigilancia generalizada. Esto se vio clarísimo cuando empezaron a salir a la luz los sistemas de fontanería del Gobierno del PSOE para espiar a los disidentes. 

• Gobierno paranoico. Esto ni siquiera habría que explicarlo. Basta con escuchar las diatribas de Óscar Puente, de Pedro Sánchez, de María Jesús Montero, o de ciertos elementos del equipo de opinión sincronizada, para percibir los rasgos paranoicos en su estado más puro. 

• Hipocresía y desprecio de la clase dirigente hacia los ideales que dicen defender.
Pocas veces fue tan evidente como en los casos de José Luis Ábalos, Koldo García y Paco Salazar. O en el caso Tito Berni.
O cuando se supo de los negocios en los que estaba implicada la familia de Begoña Gómez y que, presuntamente, beneficiaban también a su marido. Un Gobierno que se decía feminista en público, algunos de cuyos miembros más ilustres, en privado contrataban servicios de prostitución o se lucraba directamente de ellos. Un presidente que, cuando le llegaban quejas sobre un acosador de mujeres en la Moncloa, respondía que eran «cotilleos de mujeres» (textual). 

• Razonamientos psicológicos corruptos; lenguaje evasivo y paramoralismo. Como decía Orwell, el lenguaje político está diseñado para que las mentiras suenen veraces. Un ejemplo: «Va a ser bueno para este país en términos de convivencia y va a ser bueno también para las fuerzas políticas que hoy rechazan la ley de amnistía, puesto que la ley reincorpora al sistema político a actores a los que desde 2017 se les negó la participación en la gobernabilidad de España. Por supuesto, se trata de un mecanismo excepcional, pero es que la situación de los partidos independentistas también lo es». Es Pedro Sánchez hablando de la amnistía. 

Pero si alguien ha sido maestro en este tipo de discurso, ha sido Podemos: lo de «los procesos deconstituyentes en los que las élites se atrincheran para negarle las posiciones a las clases subalternas que aspiran a la centralidad del tablero…», bla, bla, bla. 

Y si alguien ha perfeccionado el arte de no decir nada, ha sido Yolanda Díaz. Es la experta en utilizar un lenguaje eufemístico para esconder la pobreza: «España multinivel», «nueva normalidad», «impuesto solidario», «fijo discontinuo», «coliving», «jubilación reversible»… 

No estamos escribiendo un diccionario del politiqueo español, así que bastará con decir lo siguiente: si un discurso incluye las palabras «inclusividad», «performativo», «personas menstruantes», «hombres con vagina», «el fango», «los bulos», «sostenible», «ecoresiliente», «subjetividades periféricas», «procesos deconstituyentes», «los cuidados», «les niñes», «todes», «nosotres», «los feminismos» (en plural)… desconecta el móvil, o si lo escuchas en un mitin o una conversación de bar, levántate y huye como hoja volandera que se lleva el viento. 

• Gobierno por la fuerza. Si no es un gobierno por la fuerza aquel en el que el presidente se niega a dimitir y se atrinchera en su búnker de la Moncloa (Pedro contra mundum), pese a saber perfectamente que tiene a la mayoría del país en contra, que venga Dios y lo vea. 

• Ciudadanos objetualizados. Se considera a las personas como «recursos» explotables, no como individuos con valor intrínseco. De ahí el término «recursos humanos», que en sí mismo ya dice mucho. A lo largo de este libro, se analizará cómo se ha abandonado a los trabajadores a la precariedad e ínfimas condiciones de vida; cómo se les utiliza solo como recursos cuando se les necesita para el voto o para algún tipo de acción. 

• El Estado controla tu fe. La vida espiritual está restringida a esquemas inflexibles y de adoctrinamiento. A cualquiera que intente ir más allá de estos límites se le considera hereje o demente, y por tanto peligroso. Esto se observa claramente en el doble rasero que se aplica a la religión católica, a la que se trata casi como un credo a exterminar, mientras que se exige tolerancia absoluta hacia determinadas ramas radicales del Islam que son, abiertamente, enemigas de los principios de igualdad, fraternidad, respeto y tolerancia que sostienen a la civilización occidental desde la Ilustración.

• Polarización extrema. Encendidas divisiones arbitrarias de la población, conflictos extremos. En este libro intentaré explicar, punto por punto, cómo han ido polarizando a la población utilizando la máxima de Julio César en La Guerra de las Galias, y asumida desde entonces por gobiernos autocráticos: divide y vencerás. 

• Supresión de la libertad de expresión, manifestación, protesta y debate público. Esto se manifiesta con toda claridad en los llamados delitos de odio, un derecho penal de autor diseñado minuciosamente para silenciar al disidente, o en el hecho de que el Congreso votase para expulsar a periodistas acreditados a los que nunca se les pudo probar la comisión de ningún delito ni de acoso ni de odio. 

• Violación de derechos humanos básicos. Restricciones o negación de acceso a necesidades básicas, detención sin cargos, tortura, abuso, trabajo esclavo… Gracias a Dios, aún no hemos llegado a eso. Esta obra pretende ser una de las muchas piedras que sienten las bases para levantar un edificio distinto. Siga usted leyendo si quiere colaborar en el esfuerzo de construcción, y unirse a este grupo de arquitectos en el que queremos integrarnos tanta gente con pasados e ideologías diferentes.

La Burbuja #585 / Lucía Etxebarria desmonta las mentiras de lo woke en 'Patocracia'


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martes, 6 de octubre de 2026

JORGE BUXADÉ: ¿CUÁNTOS IMPUESTOS Y TASAS HAY QUE PAGAR PARA CONSTRUIR VIVIENDA? 🏤🏣🏢🏨🏦🏡


¿CUÁNTOS IMPUESTOS Y TASAS 
HAY QUE PAGAR PARA CONSTRUIR VIVIENDA?

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🎥Trabaja el empresario, el arquitecto, el aparejador, el notario o el registrador, el abogado, el auditor y por supuesto los trabajadores de la promoción o la construcción, y los funcionarios que aseguran la legalidad del proceso pero en cada paso, hay una o dos Administraciones que devoran la riqueza y ponen frenos al crecimiento.
Todo para financiar inmigración ilegal, chiringuitos de género, y castas políticas que llenan ayuntamientos, regiones, sociedades públicas de todo pelaje, Estado o Unión Europea.


jueves, 27 de agosto de 2026

LA GRAN ESTAFA ESPAÑOLA: CUARENTA AÑOS DE SAQUEO CON PERFUME "DEMOCRÁTICO" por JACOBO DE ANDRÉS

La gran estafa española: 
cuarenta años de saqueo 
con perfume "democrático"


Hay una ficción que conviene desmontar cuanto antes: la de que en España compiten socialdemócratas, conservadores y liberales, cada uno defendiendo una visión legítima de la cosa pública. No es así. Bajo esas etiquetas late una estructura mucho más antigua y mucho menos noble: un aparato de expolio a las clases medias, revestido de complejidad técnica y legitimidad democrática, cuyo único propósito real es extraer todo lo posible de la parte productiva de la sociedad. Lo demás —los debates de titulares, las banderas ideológicas, los eslóganes de campaña— es decorado. 

Ese saqueo no es torpe ni improvisado. Se ejecuta con un despliegue técnico, humano y propagandístico que ya quisieran para sí muchas multinacionales. En Hacienda están los mejores profesionales del país, los mejores sistemas informáticos, la maquinaria más depurada; el resto de la administración funciona, en la práctica, como su servicio auxiliar. Todo ese talento no se dedica a construir prosperidad: se dedica a recaudar, y a recaudar cada vez más. 

¿Y a dónde va ese dinero? A dos destinos, y ninguno es el bien común en sentido estricto: una clase dirigente y la red clientelar de electores que la sostiene en el poder. Partidos, sindicatos, altos funcionarios y un puñado de grandes empresas conforman ese círculo privilegiado cuyo objetivo, disfrazado de gestión pública, es maximizar el expolio mientras desprecian y subestiman al sistema productivo del que en realidad viven. El empresario que triunfa es visto con sospecha, la innovación se entorpece con burocracia, y se impone un código moral perverso en el que enriquecerse honradamente resulta, de algún modo, criticable. 

Este modelo tiene fecha de nacimiento: los años ochenta, con el PSOE en el poder. Fue entonces cuando se diseñaron sus piezas maestras: la conquista del sistema educativo como instrumento de conformación ideológica, la inflación de la administración pública, la entrega a los políticos del control de las cajas de ahorro, todo ello mientras se desmantelaba, casi sin ruido, buena parte del tejido industrial del país. En paralelo se construyó una red de salida elegante para la clase política: los consejos de administración de las grandes empresas, que en muchos casos no son sino puentes permanentes entre el poder económico y el poder político. 

Las cifras hablan solas. De 800.000 funcionarios se ha pasado a casi tres millones y medio, de los cuales sanidad y educación suman en torno a un millón doscientos mil. Y sin embargo, esa inflación de plantillas convive con una proliferación de centros universitarios de dudosa calidad, con un rendimiento educativo mediocre y con un gasto sanitario por habitante que sigue estando entre los más bajos de nuestro entorno. Más estructura, no necesariamente más servicio. 

Cuando el PP llega al poder, no desmonta nada de esto. No podría, aunque quisiera: se ha convertido en el ecosistema natural de la política española. Simplemente toma el relevo, hereda el aparato y lo administra a su manera, sin tocar sus cimientos. 

A esta arquitectura hay que sumar un cuarto poder que ya no ejerce de contrapeso sino de correa de transmisión: los medios de comunicación. Convertidos en un formidable aparato propagandístico de la clase dirigente, han ido perdiendo por el camino el sentido crítico, el análisis imparcial y la objetividad, mientras siguen tomando su parte de los presupuestos públicos. Y como los ingresos de la economía real no alcanzan para sostener semejante entramado, se ha tirado, año tras año, del endeudamiento público: una losa que pone al país a merced de sus acreedores y que absorbe, silenciosamente, el ahorro de los particulares. 

El español medio —desinformado en materia política no por incapacidad, sino por diseño— permite que su dinero financie esta maraña, en buena parte orientada precisamente a mantenerlo engañado. Y aquí conviene corregir un malentendido interesado: nos han enseñado a pensar en la corrupción como el político que mete la mano en la caja. Pero eso, siendo grave, es lo de menos. Fundaciones sin propósito real, organismos redundantes, cargos absurdos y redes clientelares mueven muchísimo más dinero que cualquier sobre, y persiguen un objetivo igual de abyecto —o más— que el simple robo: perpetuarse. 

El elemento más obsceno de todo el sistema es, quizá, el control de los medios públicos y el soborno permanente, más o menos disimulado, a los privados, unido a la degeneración galopante del sistema educativo convertido en herramienta de propaganda. Las comunidades autónomas, lejos de haber mejorado la gestión que en teoría justificaba su existencia, han hecho de la manipulación mediática y educativa su verdadera prioridad. En las más identitarias, el fenómeno es todavía más descarado: un lavado de cerebro sostenido cueste lo que cueste. 

La factura de todo esto no es abstracta. Es un sistema productivo que se encoge y una productividad estancada desde hace quince años. Es una España que se aleja, año a año, de la renta per cápita de los cinco grandes socios de la Unión Europea. Y es, sobre todo, visible a simple vista para quien quiera mirar: la vivienda inalcanzable, la factura eléctrica disparada, la falta de oportunidades para los jóvenes, la inflación normativa, la burocracia que ahoga cualquier iniciativa, la innovación que no despega, los salarios que no suben. Todo eso no es mala suerte. Es la consecuencia directa del saqueo. 

El deterioro de lo que algunos siguen llamando, casi por costumbre, "el contrato social" es ya evidente. La igualdad ante la ley, la protección de la propiedad privada, la presunción de inocencia: ninguna de esas garantías básicas está hoy plenamente vigente. Y llama la atención hasta qué punto reclamarlas — defender simplemente que la ley sea igual para todos— empieza a percibirse, en ciertos círculos, casi como un acto de subversión. El Estado, mientras tanto, se ha ido desentendiendo de aquello que en la teoría política clásica —la hobbesiana, la más elemental— justifica su propia existencia: garantizar orden y seguridad a cambio de obediencia. Ahora solo se preocupa de sí mismo, y de mantener entretenidos a los todavía crédulos mientras continúa el expolio. 

La ecología, la desigualdad, el feminismo, las acusaciones cruzadas de fascismo: ninguno de estos debates, en la forma en que se nos presentan, busca realmente iluminar nada. Son cortinas de humo diseñadas para generar una respuesta emocional y, por tanto, irracional, que sustituya al análisis. Por eso las televisiones se han llenado de voces que apenas se distinguen del insulto y el juicio de valor sumario, mientras el pensamiento racional ha sido desterrado casi por completo: ya no queda hueco para un solo intelectual en el debate público mainstream. Se ha preferido el ruido a la razón, porque el ruido no hace preguntas incómodas. 

Si buscamos un espejo en el que mirarnos, no hace falta ir muy lejos: Argentina ofrece el retrato más fiel de hacia dónde conduce este modelo cuando se deja madurar sin control. Si España no estuviera protegida por el paraguas del euro, probablemente ya estaríamos hablando de niveles de inflación galopante, no de un mero encarecimiento incómodo. 

Así que aquí estamos: una sociedad que financia, con su trabajo y su ahorro, la maquinaria que la mantiene mediocre. Mientras no nos sacudamos de encima a estos parásitos instalados en el corazón del sistema, seguiremos condenados a la irrelevancia, y el deterioro —económico, pero también moral— continuará avanzando, silencioso y sostenido, como lo ha hecho durante las últimas cuatro décadas. 

En este punto, conviene ser honesto, aunque resulte incómodo: nada de esto se corrige con un cambio de gobierno, ni con una nueva coalición, ni con el enésimo pacto de rentas entre las mismas siglas de siempre. Cuarenta años de arquitectura clientelar no se desmontan retocando un artículo de la ley o sustituyendo a un ministro por otro. Lo que hace falta —y suena excesivo solo porque llevamos décadas sin plantearlo en serio— es un Gran Reinicio: una refundación simultánea del sistema fiscal, del modelo territorial, de la función pública, de la educación, de la justicia y de los medios de comunicación. No una reforma más, sino el desmontaje ordenado de cada pieza de la maquinaria de expolio, una por una, hasta que ninguna quede en pie para regenerarse. 

¿Cómo podría empezar a hacerse algo así? Por el sitio menos glamuroso y más eficaz: el dinero. Una simplificación radical del sistema impositivo, con topes constitucionales al gasto público y a la deuda, que le quite a la clase dirigente el combustible con el que alimenta su red clientelar. Una auditoría pública y exhaustiva —abierta, no filtrada por los propios auditados— de fundaciones, organismos, empresas públicas y entes autonómicos, con la premisa de que lo que no demuestre una utilidad clara desaparece, sin excepciones ni intocables. Una reforma de la función pública que rompa la inflación de plantillas y devuelva el mérito, y no la afinidad política, como criterio de acceso y promoción. 

En paralelo, haría falta separar de una vez por todas el poder político del poder mediático: fin de la financiación pública encubierta a medios privados, gestión verdaderamente independiente —no solo nominalmente— de la radiotelevisión pública, y un sistema educativo que recupere el currículo común y el pensamiento crítico como objetivo, en lugar de la construcción identitaria socialista como instrumento de control. Y, sosteniendo todo lo anterior, una justicia y una ley electoral que devuelvan algo que hoy suena casi utópico: que todos, gobernantes y gobernados, respondan exactamente ante las mismas normas. 

Nada de esto ocurrirá desde dentro del sistema, porque el sistema no tiene ningún incentivo para reformarse a sí mismo: vive, precisamente, de no hacerlo. Solo puede venir de fuera, de una masa crítica de ciudadanos —empresarios, profesionales, jóvenes sin hipoteca en el statu quo— que entienda que su ahorro, su tiempo y su voto llevan cuarenta años financiando su propio empobrecimiento, y que decida, por fin, dejar de hacerlo. Ese despertar, más que cualquier programa electoral, es la verdadera primera piedra del reinicio que necesita España.

(Nota: Este artículo, en parte, está inspirado en un texto anónimo hecho público en redes sociales)

Cómo era vivir en ESPAÑA en los años 60. 

De la llegada del SEAT 600 y la televisión en blanco y negro al boom turístico, las migraciones del campo a la ciudad y la vida cotidiana bajo la censura. Un viaje sencillo y emotivo por una década que transformó al país: comida humilde, fútbol de los domingos, música ye-yé, el papel de la Iglesia y el cambio que muchos vivieron en primera persona.

domingo, 12 de julio de 2026

LIBRO "EL HOMBRE JUGANDO A SER DIOS": ¿CÓMO LUCHAR CONTRA LOS ADORADORES DE LA RELIGIÓN DEL ESTADO? por EMMANUEL RINCÓN

 
EL HOMBRE 
JUGANDO  A SER 
DIOS

¿CÓMO LUCHAR CONTRA LOS ADORADORES 
DE LA RELIGIÓN DEL ESTADO?

EMMANUEL RINCÓN

El hombre jugando a ser Dios se une a las crecientes filas de obras que desafían el mal ante nosotros. Ayudará a despertar a la gente antes que sea demasiado tarde. Y una vez más, como la gente sensata ha demostrado tantas veces antes, la libertad y el sentido común saldrán triunfantes de la Edad Media de la tiranía y el engaño. Dentro de un siglo, cuando sus bisnietos recuerden esta época, ¿cuál de estas dos cosas querría que dijeran de usted?
A) Cuando la luz de la libertad corría peligro de apagarse, mis antepasados tiraron la toalla, se acobardaron en un rincón, y por eso ahora vivo en la tiranía,
o B) En el momento en que el mundo más necesitaba hombres y mujeres con valor e integridad, mis antepasados se pusieron a la altura de las circunstancias, nos rescataron del abismo y por eso hoy soy libre. Si es una persona con conciencia, ya sabe la respuesta. Ahora hay que ponerse a trabajar.
Lawrence W. Reed
PRÓLOGO

Para un ciudadano sensato, el mundo en este momento parece tener cada vez menos sentido con cada día que pasa. Los valores que una vez apreciamos, que nos unían en una sociedad civil vibrante, se enfrentan a un bombardeo diario. Cosas ofensivas que nunca diríamos o haríamos hace una generación, se dicen y se hacen hoy con la intención de inflamar, denigrar y dividir. 
Las libertades que dábamos por sentadas -las libertades de pensamiento, expresión, prensa y religión- se están desvaneciendo rápidamente a medida que el Gobierno intrusivo y la cultura de la cancelación ganan terreno.

«Orwelliano» ya no es solo un adjetivo derivado de una obra de ficción de hace más de siete décadas; ahora parece describir algún nuevo aconteci­miento en nuestras vidas cada día. La propia historia se está reescribiendo para servir a las agendas políticas.

¿El mundo se está volviendo loco o es solo usted, o solo yo?

Emmanuel Rincón es un pensador serio. No observa las cosas en silencio. Las pone en contexto, las evalúa, las juzga por los frutos quedan y da la voz de alarma para que la civilización aún pueda salvarse. Este libro sostiene que sus sentidos no le engañan; el mundo se está volviendo loco, ante nuestros ojos.

El mal anda suelto. No te deprimas por este hecho, porque un espíritu derro­tista te desarmará fatalmente, y eso es precisamente lo que el mal quiere. Lo último que el mal espera es lo que el libro de Rincón trata de inspirar: una ciudadanía informada y deseosa de contraatacar con fuerza. No es inevitable que el mal gane, a menos que la gente buena se rinda.

La esencia del mal que combatimos es el engaño, y su enemigo mortal es la verdad. Lo que parece una locura es en realidad una guerra contra la verdad. Es un asalto ala razón, a la mente, a la propia naturaleza humana. Quiere que creamos el mito de que todo el mundo es una víctima o un opresor, que la libertad individual debe ser sofocada en favor del colectivismo y la concen­tración del poder político. Es una perspectiva profundamente reaccionaria y pesimista de la vida. 
Exige que nos callemos y nos conformemos con las manipulaciones de titiriteros corruptos que presumen de que el resto de no­sotros somos sus marionetas.
Como explica hábilmente Rincón, el mal, por un lado, nos insta a rechazar la creencia en el Dios tradicional, mientras que, por otro, eleva al Estado a la categoría de Dios. Este no es un engaño nuevo. De hecho, es tan antiguo como la Torre de Babel. A lo largo de los siglos, ha destruido una civilización, un imperio, una nación tras otra. De hecho, el progreso de la libertad humana solo llega cuando un pueblo reúne el valor y la integridad intelectual para lu­char contra el mal, con uñas y dientes.

En 1943, el mundo se vio inmerso en una terrible guerra que fue diseñada por hombres malvados -Hitler, Stalin, Tojo-, quienes creían saber cómo debían vivir los demás. Estos hombres tergiversaron la verdad para servir a sus fines, que justificaban los medios más atroces. Afirmaron ser los salvado­res de la humanidad, incluso mientras mataban a millones de personas. En medio de esa oscuridad, el aclamado autor británico]. R. R. Tolkien escribió una carta a su hijo Christopher. 
En ella, resumía una de las verdades más du­raderas del mundo, que resulta ser también el tema del libro de Rincón:

«...El trabajo más impropio de cualquier hombre, incluso de los santos (que al menos no estaban dispuestos a asumirlo), es mandar a otros hombres. Ni uno entre un millón es apto para ello, y menos aún los que buscan la oportunidad».

Siguiendo el espíritu del viejo refrán, «Siempre es más oscuro antes del amanecer», opto por creer que el «pico de locura» puede estar cerca. El hombre ju­gando a ser Dios se une a las crecientes filas de obras que desafían el mal ante nosotros. Ayudará a despertar a la gente antes de que sea demasiado tarde. Y una vez más, como la gente sensata ha demostrado tantas veces antes, la libertad y el sentido común saldrán triunfantes de la Edad Media de la tiranía y el engaño.

Dentro de un siglo, cuando sus bisnietos recuerden esta época, ¿cuál de estas dos cosas querría que dijeran de usted?

A) Cuando la luz de la libertad corría peligro de apagarse, mis antepasados tiraron la toalla, se acobardaron en un rincón, y por eso ahora vivo en la tira­nía, o..
B) En el momento en que el mundo más necesitaba hombres y mujeres con valor e integridad, mis antepasados se pusieron a la altura de las circunstan­cias, nos rescataron del abismo y por eso hoy soy libre.

Si eres una persona con conciencia, ya sabes la respuesta. Ahora ponte a trabajar.


Lawrence W. Reed
Presidente Emérito, 
Fundación para la Educación 
Económica Atlanta, Georgia

viernes, 26 de junio de 2026

LIBRO "UCO: LA HISTORIA DESCONOCIDA" por JUAN JOSÉ MATEOS

UCO
La historia desconocida



Aunque en fechas recientes la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil se ha convertido en el flagelo de la corrupción política, haciendo temblar los cimientos de nuestra democracia, su historia y desempeño son mucho más diversos e interesantes. Casi cualquier ciudadano recordará episodios como el triple asesinato de las niñas de Alcàsser; el secuestro y asesinato del niño Gabriel Cruz («Pececito »); de Diana Quer; de «Lupin», el mayor cíberestafador de España o del robo y recuperación del Beato de Liébana. Detrás de todos estos casos mediáticos estuvo la UCO. 
Frente a una imagen reciente que distorsiona la realidad, este libro recupera la historia desconocida de una de las mejores y más eficaces unidades de la Guardia Civil. 
Una organización cuya principal actividad se centra en combatir el crimen organizado: asesinatos en serie, homicidios, narcotráfico, crímenes mafiosos, atracos a gran escala o ciberdelincuencia. Juan José Mateos, cuyo Pikoletos. 
La derrota de la ETA y la élite de la Guardia Civil es ya un clásico contemporáneo de la literatura policial, vuelve a sorprendernos con su profundo conocimiento de los vericuetos de la Benemérita y sus distintas unidades.

En los últimos años, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil se ha convertido en símbolo de la lucha contra la corrupción política, sacudiendo los cimientos de nuestra democracia. Sin embargo, su trayectoria va mucho más allá de los titulares recientes. Detrás de casos tan conocidos como el triple crimen de Alcàsser, el secuestro y asesinato del pequeño Gabriel Cruz (“Pececito”), la desaparición de Diana Quer, la captura de “Lupin”, el mayor ciberdelincuente de España, o la recuperación del valioso Beato de Liébana, siempre estuvo la UCO.
Este libro rescata la verdadera historia de una de las unidades más eficaces y admiradas de la Guardia Civil, cuya misión principal es combatir el crimen organizado en todas sus formas: asesinatos en serie, narcotráfico, mafias, grandes atracos o delitos informáticos. Juan José Mateos —autor de Pikoletos. La derrota de la ETA y la élite de la Guardia Civil, ya considerado un clásico contemporáneo de la narrativa policial— vuelve a sorprender con una obra que revela los entresijos y el espíritu de la Benemérita y sus unidades más especializadas.

“Desgraciadamente vemos cada día como la labor de la UCO se ve entorpecida por el abusivo aforamiento de los políticos, en una cantidad insólita que no tiene parangón en Europa. Al final las investigaciones de la Guardia Civil logran abrirse paso y llevar a los malos (también a los aforados) a la cárcel, pero uno se pregunta: ¿por qué aforar a tanto sinvergüenza si las putas a las que han recurrido no lo están?”
Lo del aforamiento en el régimen borbónico sin duda es un auténtico escándalo pero también un rotundo mentís a la imputación calumniosa de que no fuera previsor. Al menos, sí que pretende ser eficaz en proteger a los suyos.

Narcotráfico, mafia, atracos a gran escala, ciberdelincuencia, infiltrados... En contra de lo que pudiera parecer, solo una mínima parte (quizá el 10%) de los asuntos que investiga la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil tiene que ver con la corrupción política. 
El libro 'UCO, la historia desconocida' (editorial Arzalia) detalla y documenta la investigación, seguimientos, detención, interrogatorio, confesión y condena de varios asesinos en serie, uno de ellos el más sanguinario de España. 

Quini, uno de los mejores investigadores no solo de la Guardia Civil, sino de todos los cuerpos policiales de España es el hilo conductor.

- Al detenido hay que hablarle a solas —explica Quini—, y solo debes ponerle encima de la mesa lo que conozcas y sepas que es real, porque si observan que no tienes buena información, piensan que no sabes por dónde andas y eso les da mucha ventaja.
- Son cosas lógicas, básicas. Durante las investigaciones, yo hablaba con todas las personas y sobre todo con los sospechosos que podía, estudiaba sus perfiles, su trayectoria de vida; eso me lo enseñaron los veteranos en Rural, el sargento Eulogio que en paz descanse, y otros comandantes de puesto... que eran finos, trataban a los detenidos como si fueran pobrecitos, les sacaban toda la información con un bocadillo, un vaso de vino y buenas palabras. Yo no hice ningún curso de especialización para obtener información, en aquellos años era la calle lo que te daba experiencia, es lógica pura y dura; a los detenidos les aplicaba lo que hacían aquellos veteranos, los trataba como si fueran mis hijos; hoy día ya te preparan, hay verdaderos expertos y cursos al respecto, aunque cada persona o criminal es muy diferente...

-Ese día iba con una furgoneta rotulada con publicidad de una empresa. El resto del equipo eran compañeros más jóvenes que podían pasar mejor inadvertidos si hiciera falta entrar a cualquier establecimiento. Al momento, Barbi Nº 1 cantó en el lenguaje convenido:

—Atención, el objetivo se mueve, parece que va a salir, la chica lleva un rato hablando con otro chico... está moviéndose constantemente, ahora va en dirección a la puerta, sale al exterior.

Pelu número 2, ¿lo ves?
—Afirmativo —respondió pelu número 2—, ha salido, lo pierdo, alguien de fuera que dé novedades, por favor.
—Lo tengo —dijo número 3 Evaristo—, está justo en la entrada, se ha parado, no salgáis, está mirando el aparcamiento, vuelve a entrar, ¿lo tenéis?
Las compañeras cantaron que lo tenían de nuevo y que se movía por la discoteca. Se acercaban tanto al presunto asesino que olían su perfume...

«Barbi» número 1: «No para de mirar a una joven que está sola, no se mueve, está muy cerca de mí, lo tengo delante, me da la espalda, joder, cómo se perfuma el tío, huele de lujo». «Pelu» número 2: «Está al otro lado. Te veo muy bien, Barbi. A esa chica le ha entrado algún tío, pero parece que no le interesa ninguno, es la misma del fin de semana anterior. El objetivo la estuvo mirando igual, de forma escalofriante, y luego la controló en el parking».

Barbi número 1 respondía: «Afirmativo. Recordad que el viernes pasado vino aquí; sí, es la misma chica, ella se fue con otro chico y el objetivo se marchó, estuvo dando vueltas con el coche por otros parkings y finalmente se fue para casa de vacío».

—Está observando de nuevo a la chica —dijo Barbi N.º 1—, se ha vuelto a quedar sola. Camina hacia la salida, atentos todos, que sale, ¿lo tenéis?
-Quini, Estoy con la furgoneta en la salida del parking —dije yo—Si se mueve, os canto la dirección.

Pasaron unos minutos, mientras él esperaba dentro del vehículo.

—Ojo, se mueve la chica —advirtió Barbi N.º 1—, lleva minifalda blanca, y en la parte de arriba un top negro, con una cazadora corta, va hacia la salida.
—La veo, va hacia el parking —dijo N.º 3 Evaristo—. Si alguien la tiene, que lo cante...
—El vehículo es un Seat Ibiza de color blanco

matrícula ****... Se sube..., arranca, va hacia la salida del parking.

—Atentos, joooder —advertí yo—. Sale por dirección prohibida, qué desgraciado, va hacia la avenida, espero y salgo detrás con las luces apagadas, la chica se ha incorporado a la avenida, el resto, si podéis, seguidla. número 3 o número 4
—Recibido, voy detrás, pero no llego —dijo número 3 Evaristo.
—Estoy en la avenida —apuntó número 4 Birras—, espero a que llegue y me pongo delante.

Estaba casi convencido de que me había visto salir por dirección prohibida, pero la situación era crítica, el resto del equipo estaba a la espera de que saliera el objetivo; todos se incorporaron a la avenida del paseo marítimo...

—El objetivo se ha incorporado delante de nosotros ...

Ha metido a la chica en su coche.

Iba deprisa. Avanzó por la avenida, callejeó por la zona urbana, yo iba hablando con todo el equipo para que estuvieran preparados.

Número 4, que iba por delante, le cruzaría el vehículo y lo detendríamos. Lo más importante era el estado de aquella chica... pensábamos que la iba a llevar a algún lugar para consumar la violación y matarla. Seguimos avanzando detrás de él. Le iba dando vueltas a la cabeza a lo que estaba ocurriendo.

-Quini. El tío era escurridizo y precavido, por eso tardamos en echarle el guante. El juez no puso pegas para agotar las setenta y dos horas...

Cuando llegó la abogada, ya estábamos en la sala de interrogatorio le afectó mucho la larga declaración que hizo, por los detalles que dio; me pongo en su lugar. Se quedó sorprendida de que se autoinculpara de todo. El juez y los jefes también se quedaron asombrados porque las primeras novedades que les habíamos dado decían que solo había reconocido los intentos de agresión de dos de ellas.

—Cuando se hizo la reconstrucción de los hechos, nos volvió a sorprender. Nos fue guiando desde el primer lugar hasta el último. Hicimos la ruta exacta que realizó en todos los asesinatos. Nos marcó los puntos exactos donde cometió las agresiones sexuales. Volvió a dar nuevos detalles de cómo las había asesinado y trasladado los cadáveres.

Fue condenado a 69 años de cárcel por secuestro, agresión sexual y asesinato de cinco jóvenes.

miércoles, 24 de junio de 2026

LIBRO "CÓMO SE PIERDE UNA NACIÓN (VENEZUELA) SIN DARSE CUENTA" y "¿CÓMO VUELVE A LEVANTARSE UNA NACIÓN?" por JAVIER LORETO



 
CÓMO SE PIERDE
UNA NACIÓN
SIN DARSE CUENTA

Pequeñas traiciones
que terminan en grandes ruinas

JAVIER LORETO

“Ninguna nación se derrumba 
de la noche a la mañana. 
Primero se pierden los valores, 
luego la verdad, después la libertad”.

Pequeñas traiciones que terminaron en grandes ruinas

¿Cómo puede un país rico, lleno de oportunidades y esperanza, terminar sumido en la pobreza, la división y el éxodo de millones de personas?

La respuesta rara vez aparece de un día para otro.

Las naciones no suelen perderse en una sola decisión. Se pierden poco a poco: cuando la verdad deja de importar, cuando la corrupción se vuelve costumbre, cuando el miedo sustituye la libertad y cuando las pequeñas renuncias de hoy se convierten en las grandes tragedias de mañana.

En este libro, Javier Loreto realiza una profunda reflexión sobre el proceso de deterioro de una sociedad, inspirándose en acontecimientos reales que marcaron la historia reciente de Venezuela. Con un lenguaje claro, humano y accesible, el autor analiza cómo las decisiones políticas, la pérdida de valores, la dependencia, la polarización y el silencio colectivo pueden transformar el destino de una nación.
Pero esta obra no es solamente una mirada al pasado. Es también una advertencia para el presente y una invitación a construir un futuro diferente.

"Cómo se pierde una nación sin darse cuenta" es un libro para quienes desean comprender, recordar y aprender; para quienes creen que la libertad, la verdad y la dignidad deben defenderse cada día.
Porque las naciones pueden perderse lentamente.
Y también pueden reconstruirse.

Introducción

Hay momentos en la historia de los pueblos que no se entienden de inmediato. Momentos en los que lo que parecía firme comienza a debilitarse, y lo que parecía seguro empieza a desmoronarse sin hacer ruido.

No ocurre de un día para otro. No llega con una señal evidente que todos puedan reconocer. Sucede poco a poco... en decisiones pequeñas, en silencios prolongados, en verdades que dejamos de defender.

Un país no se pierde solamente por quienes gobiernan, ni se destruye únicamente por quienes toman decisiones desde el poder. También se debilita cuando la conciencia se apaga, cuando lo correcto deja de ser prioridad, y cuando el interés personal comienza a reemplazar los valores que sostienen a una sociedad.

Este libro no nace para señalar culpables, ni para juzgar desde la distancia lo que otros vivieron o decidieron. Nace como una reflexión profunda, como una mirada hacia adentro, como una invitación a comprender cómo ocurren estos procesos sin que muchas veces nos demos cuenta. porque entender como se pierde una nacion...es el primer paso para no repetir la historia.

Porque las grandes caídas no comienzan con grandes actos, sino con pequeñas concesiones, con decisiones que parecen insignificantes, pero que, con el tiempo, se convierten en el camino hacia la pérdida.

Aquí no se habla solo de un país. Se habla de todos. De cualquier nación que haya sentido cómo su rumbo cambia, cómo su gente se divide, y cómo lo que un día fue esperanza se convierte en incertidumbre. Pero también se habla de algo aún más importante: la posibilidad de reconstruir.

Porque si un país puede perderse, también puede encontrarse. Si los valores pueden debilitarse, también pueden volver a levantarse.

Todo comienza en lo pequeño. En la decisión diaria de hacer lo correcto, en la valentía de no callar ante lo que no está bien, y en la conciencia de que cada acción, por mínima que parezca, forma parte del destino de una nación.
Este libro es una invitación. A pensar, a reflexionar, a recordar lo que realmente sostiene a un pueblo. Y, sobre todo, a entender que el cambio no empieza afuera... empieza en cada uno de nosotros.

¿CÓMO VUELVE A 
LEVANTARSE UNA NACIÓN?

Una nación no se levanta solamente cuando cambian sus instituciones. Se levanta cuando sus ciudadanos deciden recuperar los valores, asumir su responsabilidad y volver a creer que un futuro distinto todavía es posible.
¿Cómo vuelve a levantarse una nación? es una invitación profunda y esperanzadora a reconstruir el país desde sus verdaderos cimientos: la familia, la educación, el trabajo, la justicia, la verdad, la participación ciudadana y el compromiso con el bien común.
A través de veintisiete cartas, Javier Loreto conversa con quienes tienen en sus manos una parte del porvenir colectivo: familias, maestros, estudiantes, médicos, trabajadores, agricultores, empresarios, profesionales, periodistas, artistas, iglesias, comunidades, jueces, abogados, instituciones, cuerpos de seguridad, políticos, creadores de contenido, la diáspora, quienes permanecieron en su tierra y las futuras generaciones.

Cada capítulo reconoce heridas y responsabilidades, pero también rescata la capacidad de servir, unir, crear y comenzar de nuevo. Estas páginas no ofrecen fórmulas rápidas ni esperan que la reconstrucción venga de una sola persona. Proponen algo más exigente y más poderoso: que cada ciudadano descubra cuál es su lugar en la tarea de levantar la nación.
Escrito con sensibilidad, firmeza y amor por Venezuela, este libro también puede hablarle a cualquier sociedad que necesite recuperar la confianza, sanar sus divisiones y reencontrarse con los principios que hacen posible la convivencia.
Porque un país puede atravesar tiempos difíciles sin perder para siempre su destino. Mientras existan personas dispuestas a sembrar valores, defender la verdad, trabajar con honestidad y reconciliarse, siempre habrá un horizonte posible.
Este no es solo un libro para leer. Es una carta abierta para reflexionar, conversar y decidir qué podemos hacer, desde nuestro propio lugar, para comenzar a levantarnos.

Ningún país puede reconstruirse sin sus ciudadanos.

VER+:


LIBROS 💥 "DESTRUCCIÓN DE UN PAÍS" I y II 💥 
por OLIVIA SIFONTES




"DEL CHOVINISMO A LA VERGÜENZA" 
por PEDRO LUIS PEDROSA 💩





BUSCANDO A VENEZUELA: 
LA VENEZOLANIDAD PERDIDA E INFESTADA 
POR EL CASTROCHAVISMO COMUNISTA 👥👿😵