EL Rincón de Yanka: CATATONÍA SOCIAL

inicio














Mostrando entradas con la etiqueta CATATONÍA SOCIAL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CATATONÍA SOCIAL. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2026

CONOZCA, ¿QUIÉN ES EL GRAN ENEMIGO DE VENEZUELA? 💩


¿CUÁL ES EL GRAN ENEMIGO
DE LOS VENEZOLANOS?


«La SOCIEDAD VENEZOLANA es terriblemente ignorante, emocionalista, irresponsable y sin la capacidad de razonar y accionar por sí misma». 
Y es que HISTÓRICAMENTE la SOCIEDAD VENEZOLANA ha sido culpable de su propio fracaso. El mismo Bolívar comenzó a ver con profunda decepción y frustración que enfrentaba a una fuerza mayor y más destructiva que el mismo ejército del Imperio español: 

*«...un PUEBLO IGNORANTE es instrumento ciego de su propia destrucción»* 

Su preocupación central era que, tras lograr la independencia militar de España, el pueblo no supiera gestionar su propia libertad. Argumentaba que un pueblo que no conoce sus derechos ni sus deberes es fácilmente manipulable por tiranos o demagogos. Bolívar temía que ese "vicio" de la obediencia ciega se trasladara a los nuevos gobiernos republicanos, donde la gente podría seguir a líderes autoritarios simplemente por no tener un criterio propio. 

Y HOY, 207 años después de que Bolívar pronunciara esas palabras, no solamente siguen en vigencia, sino que además confirman la RAIZ de nuestros males: 

"SOMOS UN PUEBLO IGNORANTE" 

El mayor enemigo es justamente esa IDIOSINCRASIA, esa "VIVEZA", esa "masa amorfa, sin ideología, principios, sin orden ni consciencia propia" que tiene la capacidad de sufragar: EL PUEBLO. 
Y es que sería A TRAVÉS DEL VOTO que la misma SOCIEDAD VENEZOLANA se pondría una pistola en la frente. Es que si Chávez no hubiera nacido, la SOCIEDAD VENEZOLANA, igual se lo inventa. 

LA MALDICIÓN DEL IGNORANTE 

Y el problema NO es que SOMOS IGNORANTES, el problema es que NO LO QUEREMOS RECONOCER... 
NO solo se trata de que en 1999 LA SOCIEDAD VENEZOLANA votó por Hugo Chávez fuese presidente, sino que se trata también que durante los siguientes 27 años contribuyó a que permaneciera en el poder. Porque no hay nadie más fácil de manipular y engañar que UN IGNORANTE. 
Y en Venezuela los IGNORANTES no solo están en los barrios, no solo es la gente humilde de los estratos bajos. Hay también muchos IGNORANTES de clase alta con Maestrías y Postgrados. 

EL CICLO DE LOS 6 AÑOS 

Dicen que: "El que NO aprende de sus errores ESTÁ CONDENADO A REPETIRLOS". Nosotros cometíamos LOS MISMOS ERRORES cada seis años: 
  • Se levanta un "líder opositor" que promete que, participando en un proceso electoral, se desplazará al Chavismo del poder.  
  • La SOCIEDAD VENEZOLANA lo apoya irrestrictamente: Sin críticas, sin cuestionamientos de ningún tipo, de forma masiva y contundente.  
  • Se va a unas ELECCIONES, a pesar de que el Chavismo controla el tablero, pone las fichas, y dicta las normas del juego.  
  • El Resultado es obvio: El Chavismo "gana" las elecciones.  
  • La SOCIEDAD VENEZOLANA sale a las calles a reclamar, se manifiesta, hay revueltas y protestas.  
  • El líder opositor derrotado convence a la SOCIEDAD VENEZOLANA que regrese a sus hogares. Se luchará en otros ámbitos.  
  • La Oposición se sienta a "negociar" con el Régimen.  
  • Se adormece a la SOCIEDAD VENEZOLANA hasta que se necesite para un NUEVO PROCESO ELECTORAL, donde se levantará un nuevo "Líder Opositor" que reiniciará el Ciclo.  
*¿CUÁL ES EL COSTO DE LA IGNORANCIA?* 

Este es el resumen de lo que nos ha dejado CADA CICLO por 27 años: 

*Detenciones*: Más de 18,980 personas detenidas por motivos políticos. La mayoría sufrió torturas y tratos crueles con secuelas físicas y psicológicas permanentes. 
*Asesinados*: Más de 280 fallecidos documentados en el contexto de manifestaciones masivas. 
*Exiliados y migrantes*: 7.9 millones de personas han salido de Venezuela hasta la fecha (cifra oficial de la plataforma R4V) Pero son muchísimos venezolanos más sin registro. 

¿Y SI LO HACEMOS A "LA AMERICANA"? 

Por primera vez en 27 años SE ROMPIÓ EL CICLO: El 03 de Enero una variable inesperada golpeó la mesa y derribó el tablero.  
  • Se sometió al RÉGIMEN.  
  • Se apartó a la FALSA OPOSICIÓN.  
  • Se tutela a la SOCIEDAD VENEZOLANA. 
¿Será que esta vez NO lo arruinaremos?

Somos lo que somos PORQUE FUIMOS lo que fuimos.
Y estamos como estamos, porque somos como somos.
No somos capaces de ver la realidad de nuestra realidad.
Nuestra "VIVEZA" es nuestra "TORPEZA".

27 años Bailando: Daniel Lara Farías

VER+:

📕 LIBRO "NO VALE, YO NO CREO" 
DE AGUSTÍN BLANCO MUÑOZ 
Y EL OPTIMISMO ES EL OPIO DEL PUEBLO 😇











sábado, 9 de mayo de 2026

LIBRO "TONTOCRACIA": EL TONTO FUNCIONAL. EN BUSCA DE LA SENSATEZ PERDIDA. UNA LLAMADA URGENTE A DESPERTAR DEL ADORMECIMIENTO BORREGUIL MASIVO por SANTIAGO ÁVILA

 TONTOCRACIA

SANTIAGO ÁVILA

EN BUSCA DE LA SENSATEZ PERDIDA.

«Una llamada urgente a despertar del adormecimiento masivo».
¿Cómo sobrevivir y prosperar en el reino de la incompetencia? Llega la revolución del sentido común.
Tontocracia es una radiografía brillante y sui generis de la realidad y la naturaleza humana que analiza cómo la incompetencia generalizada domina nuestras vidas: desde la educación, a la política, a la empresa y a la vida cotidiana. Y propone las claves para que pensemos si queremos ser parte del desastre o de la solución, y cómo hacerlo. Desde su larga y heterogénea experiencia, Santiago viene a desempolvar el sentido común y proponer un poquito de madurez.
Tras el éxito del estoicismo en la autoayuda, ahora es la sensatez la que nos ayudará a guiar nuestras vidas.
La crítica ha dicho:
«Su mensaje es una llamada urgente a despertar del adormecimiento masivo, cuestionar los mantras vacíos y abrazar el desafío y el error como únicos caminos hacia una inteligencia crítica y un liderazgo humanista verdadero».

La «tontocracia» española


Los tontos dominan el mundo y así nos va. Es la primera vez que ocurre en la Historia, donde el poder siempre ha estado en manos de los mejores y más preparados. Los que tienen el poder ahora demuestran cada día que son incapaces de solucionar los problemas del mundo, pero en lugar de reconocer sus enormes limitaciones y su fracaso, se niegan a rendir cuentas de sus errores y de los daños que causan desde el poder, no reconocen sus fracasos y ni siquiera piden perdón. La respuesta de los tontos es la arrogancia y el mundo, de la mano de fracasados e ineptos, camina hacia el abismo.

Es probable que el neologismo “tontocracia” sea el que mejor defina el actual sistema político mundial, dominado cada día más por tontos torpes en el poder, incapaces de solucionar los problemas y de responder a los desafíos. Pero la «tontocracia» no es igual en todas partes. En algunos países, entre los que figura España, los estragos causados por los tontos y su dominio de la política y la sociedad han llegado a extremos sorprendentes. Entre los tontos con poder y los ciudadanos tontos y aborregados que lo soportan todo, que se comportan como esclavos y que siguen votando a sus verdugos, el mundo ha entrado en caída libre y se hunde cada día más en la torpeza, la imbecilidad, la injusticia y la indecencia.
Tipos como González, Aznar, Zapatero y Rajoy, mandamases de los españoles en las últimas décadas, son hoy tontócratas solemnes. Los tres primeros han perdido el respeto y la fama, mientras que Rajoy exhibe un presente lamentable y triste.

Algunos piensan que los dirigentes políticos no deben ser tan tontos cuando han logrado hacerse con el poder y viven rodeados de privilegios y dinero fácil, sin ni siquiera tener que rendir cuentas por sus estupideces y errores, pero, a pesar de las apariencias del poder, estar arriba sólo significa hoy haber sido elegido por otros, probablemente igual de mediocres o tontos. Si se analizan las obras de los tontos con poder y la marcha de la sociedad, la única conclusión constatable es que los imbéciles tienen el poder en sus manos.

Tipos como González, Aznar, Zapatero y Rajoy, mandamases de los españoles en las últimas décadas, son hoy tontócratas solemnes. Los tres primeros han perdido el respeto y la fama, mientras que Rajoy exhibe un presente lamentable y triste: ni tiene amigos, ni consigue el aprecio de la ciudadanía, ni sabe dialogar, ni es capaz de formar un gobierno, a pesar de que le faltan apenas una decena de diputados.

La política española demuestra cómo miles de profesionales se quedan estancados y empiezan a declinar justo cuando alcanzan el nivel de su incompetencia. Nadie duda que Rajoy sea un buen registrador de la propiedad, pero como político es un desastre que reúne carencias y vicios que le inhabilitan para el liderazgo: indolencia, pasividad, incapacidad de transmitir, torpeza para despertar entusiasmo, imposibilidad de agitar, nulidad para trazar metas ilusionantes y objetivos comunes, además de una preocupante cara de pánfilo que no ayuda nada a un líder de masas.

Entre los otros políticos actuales, la tontura hace también estragos: Sanchez está a punto de ser expulsado de la Secretaría General del PSOE por perdedor y por torpe; Iglesias ha frenado con tu torpeza el crecimiento imparable de Podemos y sus errores le restan atractivo y futuro cada día; Rivera es un monumento a la confusión y a la indefinición, hasta el punto de que sus simpatizantes y votantes ya no saben si son de derecha, de izquierdas, demócratas o sólo atolondrados con ganas de cambio.

El tonto se impone al idiota y la mayoría equivocada se impone a una minoría acertada, pero poco inteligente y muy desinformada.
El principio de Peter impera en la España política, un territorio donde los incompetentes hacen carrera y los competentes nunca entran porque temen ser arrasados por la masa de mediocres que han tomado el poder.
La política española demuestra cada día con mas fuerza que “en un país de ciegos el tuerto es el rey”. El tonto se impone al idiota y la mayoría equivocada se impone a una minoría acertada, pero poco inteligente y muy desinformada.

La democracia como poder del pueblo, aun siendo ese poder delegado, está sirviendo para no evolucionar, para mantener la sociedad estancada por largos periodos de tiempo. Los cargos electos son cada día mas mediocres y todo atisbo de meritocracia ha sido eliminado del presente en las democracias, donde el voto de los imbéciles vale tanto como el de los sabios. El resultado de toda esta «tontocracia» dominante es que los elegidos por guapura, carisma o simplemente porque su partido, integrado por masas de militantes y simpatizantes mediocres, lo coloca como candidato, son cada día más ineptos, torpes y nocivos, lo que conduce el mundo hacia los conflictos, la pobreza y camino a su propia destrucción.

La estupidez domina un mundo donde lo que da fama y dinero, como todo el mundo sabe, no es la cordura ni la cultura ni la inteligencia.
¿Hay algún político profesional con tanto bagaje en teoría política del que se pueda aprender algo? La mayoría emiten sentencias precocinadas que disipan el interés por lo que puedan decir. Los tontos de la sociedad perdonan a los tontos en el poder que incurran en contradicciones y utilicen la mentira como recurso habitual de gobierno.

El sistema se ha pervertido y la tontería se ha vuelto dominante y endémica. Unos tontos eligen a otros y éstos, a su vez, tienden a atontar a la ciudadanía, restando potencia a la educación, vaciando de contenido los mensajes, suprimiendo el debate y utilizando la fuerza mediática para confundir y lobotomizar. Hay muchos ex altos cargos poco inteligentes que gozan de aparente prestigio, reconocimiento y cámaras, convertidos en estrellas del acontecer diario y de las pantallas de televisión, donde comparten la fama con imbéciles rutilantes de la vida civil cuyos únicos méritos conocidos es que visten bien o que se acuestan con muchos o que saben criticar y exhibir su ridícula torpeza con cierta gracia.
La estupidez domina un mundo donde lo que da fama y dinero, como todo el mundo sabe, no es la cordura ni la cultura ni la inteligencia, sino el impacto visual y presentar modelos de vida que permiten ganancias, aunque estén desprovistos de ética y grandeza.

¡¡¡Vivan los tontos!!!


De la sociedad de la información 
a la exaltación de la ignorancia: 
por qué mola presumir de ser un burro

'Influencers' oportunistas y magnates tecnológicos lo pregonan con orgullo: muera la inteligencia, viva la 'tontocracia'. ¿cómo hemos llegado a desdeñar el conocimiento y los títulos universitarios?


Texto
Si hace más de 2.400 años Sócrates dijo aquello de "sólo sé que no sé nada", el gran filósofo de nuestros días tiene su propia versión de la célebre frase: "Nunca puedes pensar que lo sabes todo cuando has tenido éxito. Yo siempre tengo este mindset". El autor de esta cita de mentalidad socrática es Amadeo Llados, quien se presenta a sí mismo como "escritor best seller" y "fundador de Llados University": el influencer que vende los burpees como la clave del éxito para pasar de lavaplatos a millonario. Para quien se pregunte si aquí vamos a defender los paralelismos entre el filósofo griego y el gurú de los gymbros (hombre que centra gran parte de su vida, amistades y personalidad en el entrenamiento de fuerza y el gimnasio), aclaramos que no: ¿cómo establecer una analogía entre la humildad de Sócrates, para quien el reconocimiento de la propia ignorancia es el primer paso hacia la sabiduría, y la arrogancia de Llados, que ante sus fieles presume de saber que no son capaces de escuchar a Dios porque son "una panza vaga con adicciones"?

Llados es la evidencia del gran cambio social que nos deslumbra: la cotización al alza de la ignorancia. Hoy ya no hay que ocultarla o disimularla: incluso se presume de ella. La ignorancia se reafirma y se ensalza porque vende, lo que significa que no hay por qué dejar de ser un idiota en estos tiempos. Es más, los idiotas son los que triunfan y sin haber pasado por esos templos del saber que eran las universidades.

Gonçal Mayos, filósofo y profesor de la Universidad de Barcelona, habla de una "incultura orgullosa". Es decir, de una respuesta social a la frustración que paradójicamente ha acabado provocando la llamada sociedad del conocimiento. "Estamos colapsados, al borde de un ataque de nervios", dice. ¿Qué nos está pasando? Mayos ya teorizó sobre lo que ha bautizado como la "sociedad de la incultura". 
En "La sociedad de la ignorancia y otros ensayos", pone el acento en lo que es una evidencia, una vez se ha traspasado el umbral de la inteligencia artificial: "El crecimiento hiperbólico en la información disponible es muy superior a la capacidad de los individuos para procesar dicha información".
Esto tiene una primera consecuencia: "La sociedad del conocimiento, ultraespecializada y a lomos de las TIC, amenaza a sus ciudadanos con la obsolescencia en todos los campos en los que no sean expertos profesionales". Para Mayos, "la sociedad del conocimiento no sólo se solapa con la sociedad de la incultura, sino que la crea o, al menos, la pone en toda su evidencia". El escritor argentino Jorge Luis Borges ya lo predijo: "La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma".

Llados nos explica su filosofía desde un garaje lleno de Lambos. Él entiende el crecimiento de la persona como la capacidad de poder decir una cosa y la contraria: "Yo te he podido soltar algo hace dos años y ahora digo lo contrario porque he cambiado de opinión, por eso se llama desarrollo personal". En realidad, lo que nos quiere vender es la universidad que se ha sacado de la manga. Y lo hace desde el ataque a la universidad tradicional con un argumento infalible: "No te prepara para saber generar dinero".
Desde su canal de YouTube, Llados nos avisa de que el título universitario no sirve de nada. Puedes haberte licenciado en Medicina, pero escucha lo que tiene que decirte: "Ese papel no te asegura una puta mierda. Otros 3.000 doctores se han sacado ese fucking papel".

Y cuando ya estás dándole la razón -¿acaso no la tiene?-, te desvela el secreto del conocimiento que merece la pena: "Si tú quieres ser el mejor cirujano plástico del mundo, que es lo que por supuesto haría yo, porque me encantan las tetas, me cogería el mejor mentor y me gastaría 80.000 pavos en juntarme con él en un máster. Ahí es cuando vas a aprender y a adquirir el conocimiento de ese cabronazo". Para cuando ya estás convencido, contratas el curso de Llados University de cómo convertirte en millonario. Al fin y al cabo, su precio de 1.000 euros parece barato si se va a aprender del mejor cabronazo.

"Tengo mil cosas que hacer, no llego a todo... ¿Y aún debería haber leído el Ulises de James Joyce y la Odisea de Homero? No te atrevas a juzgarme"

El universo de los gymbros tiene su reverso dulce y (aparentemente) blanco en los perfiles de estilo de vida que abundan en redes sociales. A estas alturas es imposible obviar a la influencer María Pombo y su polémica con los libros. Fue ella quien nos enseñó que no somos mejores porque nos guste leer. Pero, sobre todo, nos enseñó que no hay que avergonzarse de la incultura. Más bien, todo lo contrario: por qué no se va a poder alardear de las librerías vacías pero decorativas. Así lo demuestra Pombo en el fugaz house tour que nos brindó para presentarnos la suya. En la estantería de la influencer hay desde "libros que no tienen historia pero que son muy bonitos por dentro" como los de decoración, a otros como El Principito, que compró en un Zara Home. "Hay que abrir un poquito más la mente", insiste desde TikTok. El dependiente de una tienda de decoración -no sólo un librero- nos puede asesorar sobre qué leer.

Mayos insta a no menospreciar estos comentarios de quienes hacen apología de la ignorancia. Porque nacen de una "sensación de colapso" generalizada: "Tengo mil cosas que hacer, no llego a todo... ¿Y aún debería haber leído el Ulises de James Joyce y la Odisea de Homero? No te atrevas a juzgarme". Según el filósofo, esta respuesta podría darla cualquiera de nosotros ante la exigencia de estar al día de una cantidad de información abrumadora (y, por supuesto, de haber leído todos los grandes clásicos). 
"Frente a esa sensación de agobio, lo que acabas haciendo es valorar lo que a ti más o menos te funciona o te gusta. Y todo lo demás, que lo quemen. Buscamos reforzar lo nuestro", sostiene. 
"La ignorancia es un valor que levantamos contra la pretendida sabiduría del otro, porque ya nos tiene hartos".
Es lo que explica la derivada -que no supimos anticipar- de la sociedad de la información e hiperconectada: la exaltación de la ignorancia. Precisamente cuando se supone que teníamos los medios para convertirnos en los más sabios, los más inteligentes y los más cultos de la historia, lo que hacemos es rebelarnos ante esa tarea imposible.

El rechazo al saber

En su cruzada contra la universidad y a favor de la "autoeducación", Amadeo Llados da en el clavo en uno de sus monólogos: "Si tú no te autoeducas, vas a acabar en la mierda". Para ello, nos propone bucear en internet, ya que "la información está ahí y es gratuita". "El problema es que hay demasiada", describe, para sintetizar el gran mal de nuestro tiempo y el agobio que nos corroe: "¿A quién coño escuchar? Te vas a hacer la picha un lío". Espóiler: escúchale a él.
Esta respuesta de rechazo al saber -desde la frustración y la impotencia- provoca un refuerzo de la propia identidad que, según Mayos, tampoco es inocuo: lo siguiente es un aumento del desconcierto y de la desconfianza en el otro, que acaba impactando en la división social y la calidad de las democracias, que tienen hoy dificultades para consensuar unos objetivos comunes. "Detrás de la polémica de Pombo hay mucho de esto", afirma. "Al final, vemos al de enfrente y los valores que representa como algo que nos ataca o que nos menosprecia, que no nos valora lo suficiente".

En opinión del sociólogo Javier García-Manglano, en este análisis sobre la ignorancia como nuevo valor social no puede obviarse el impacto de la tecnología como facilitadora de la vida. El profesor, que lidera el grupo de investigación Jóvenes en Transición del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, subraya todo lo que la tecnología hace por nosotros en nuestro día a día, de recordarnos las citas importantes del calendario a guiarnos con el GPS, para a continuación señalar a sus problemas. 
"El gran peligro de la tecnología es facilitar cosas que son difíciles de por sí, como el aprendizaje", dice. "Así se originan estos discursos que vienen a decir que no hay que preocuparse por no saber o si no te esfuerzas, porque al final la tecnología te ayuda a conseguir las cosas. Sin embargo, hay un nivel de profundidad en el aprendizaje que es lo que nos hace humanos y que no es accesible fácilmente".

El peligro de fiarlo todo a la tecnología es acabar renunciando al esfuerzo para elegir simplemente lo fácil. "El criterio de elección para la sociedad en general, y para los jóvenes en particular, acaba siendo lo fácil y no lo bueno", resume. "Por eso escuchamos cada vez más: ‘¿Para qué te complicas la vida si lo puedes hacer con ChatGPT?’. Parece que quien se esfuerza es quien tiene que justificarse".
Para García-Manglano, elegir la solución más fácil nos vuelve "más frágiles". El resultado está a un clic. Nos hemos vuelto más impulsivos y, en esta dinámica de inmediatez y de acción-reacción, perdemos "la paciencia de escuchar al otro". "Estamos acostumbrados a obtener una respuesta inmediata y de forma fácil con la tecnología", dice. "Por eso es importante volver a poner en valor lo contrario: la lectura, un proceso lento del que no se obtiene aparentemente un beneficio rápido".

Para explicar este fenómeno de la compresión del tiempo, Ignasi Gozalo recurre a la teoría del "embudo de la virtualidad", que no es otra cosa que internet. Doctor en Filosofía y miembro del grupo de investigación MUSSOL de filosofía para los retos contemporáneos, este profesor de la UOC considera que estamos ante una "locomotora fuera de control". "Leer un libro te puede llevar unas horas, pero ver un vídeo de YouTube, unos minutos", subraya. "Esa compresión e intensificación del tiempo va en detrimento de la calidad y de la profundidad del conocimiento".

Desde un punto de vista de la salud pública, el doctor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de la Universidad de Navarra y autor del libro 12 soluciones para superar los retos de las pantallas, apunta al "efecto Flynn inverso", que no es otra cosa que el descenso del cociente intelectual por primera vez en décadas. Aunque es pronto para afirmarlo con rotundidad, es "verosímil" que tenga que ver con la generalización de los móviles. El doctor lanza una alerta sobre la "dependencia" de la inteligencia artificial: "Se está dejando de ejercitar el cerebro conforme caemos en el automatismo". Gozalo también señala que estamos viviendo "la última fase de lo que la Escuela de Frankfurt ya llamó la dictadura de la razón instrumental, es decir, que toda inversión de tiempo o de dinero tiene que tener un objetivo instrumental". Y esto no es ni mucho menos nuevo, pues hace casi un siglo ya se criticaba la razón instrumental como la principal obsesión del capitalismo.

Un ejemplo es Rockefeller. El famoso magnate estadounidense hizo una fortuna con su compañía petrolera de Standard Oil y fundó la Universidad de Chicago, igual que hicieron otros empresarios. "Estos millonarios ven en la universidad un espacio de evolución del dinero invertido", dice Gozalo. Son estos campus los que popularizarían los másteres en Administración de Empresas, los famosos -y elitistas- MBA. En su opinión, el actual discurso contra el sistema de educación superior cuestiona en realidad el concepto de universidad surgido en la Edad Media, el de unas facultades ligadas a la difusión de conocimiento más que a saciar las necesidades laborales del turbocapitalismo. "Hay una dialéctica puesta en suspensión desde hace mucho en la universidad entre la razón humanística versus la razón instrumental".

Lo cierto es Silicon Valley lleva años presumiendo de poner el foco en las habilidades más que en un título académico, como demuestran Google o Apple con su políticas de contratación. Se recuerda convenientemente que los grandes gurús tecnológicos no necesitaron acabar la carrera para triunfar en el sector más próspero de nuestra economía. Que estudiar, de hecho, era incluso contraproducente. Mark Zuckerberg abandonó Harvard para poder centrarse en Facebook. En una entrevista este año en el podcast This Past Weekend, el fundador de la famosa red social abrió el melón de lo que entendía que había sido un tabú hasta ahora: "Quizás no todo el mundo necesita ir a la universidad". Lo dijo no sólo por la deuda financiera que arrastran muchos estudiantes en EEUU, sino porque "la universidad no te prepara para los trabajos".

El tuit de Elon Musk "La universidad está sobrevalorada" acumula 44 millones de visualizaciones. El dueño de X, Tesla o SpaceX imparte conferencias donde asegura a los jóvenes que no deberían "tener la idea de que para tener éxito se necesita un título universitario". También Larry Ellison, que recientemente arrebató a Musk durante unas horas el título del hombre más rico del mundo, se enorgullece de haber abandonado dos veces la universidad: "Premia el conformismo y no fomenta el pensamiento independiente", explicó en una entrevista en el Corriere della Sera.

Matías Cardozo, un aprendiz de Llados, lo expresa de una manera más simple cuando argumenta por qué no hay un posgrado que enseñe "las energías y la vibración" de la comida: "Todo lo que hay en la universidad son conocimientos desactualizados y antiguos". Que este discurso cale en los jóvenes se explica también por la falta de expectativas y el horizonte de precariedad como única promesa del mercado laboral. Gozalo no lo niega, aunque lamenta este discurso apocalíptico sobre el futuro de los estudiantes. 
"No ayuda y genera una ansiedad por el futuro de quererlo todo ya", dice. "La expectativa de los chavales es pasar de pobre a rico en tiempo récord, de pegar el pelotazo".

En una sociedad sin futuro para los jóvenes, lo que vende es "la promesa del éxito y del ego desmesurado. Todo el mundo quiere ser famoso, millonario y trabajar cuanto menos, mejor", resume el filósofo, para quien esto se relaciona con que los jóvenes sean nativos digitales acostumbrados a resultados con un clic.

"Nuestro país no se distingue por valorar el conocimiento. Los referentes son gente con éxito deportivo o que tienen mucho dinero o muchos seguidores"

El ‘show’ del éxito

José María Torralba, catedrático de Filosofía Moral y Política, apunta también a la cultura del pelotazo como una "cuestión cultural". "Nuestro país no se distingue por valorar el conocimiento ni a aquellas personas que lo tienen, como los profesores. Los referentes sociales o los ídolos son gente de éxito en el terreno deportivo, o que tienen mucho dinero o muchos seguidores en las redes. Incluso el propio concepto de experto está absolutamente deformado. Así que hay elementos que pueden acabar convirtiéndonos en una sociedad de la ignorancia".

No hablamos sólo del éxito de ser concursante en La isla de las tentaciones. Del culto a la ignorancia no es ajena la política. Toni Aira, profesor de comunicación política de la UPF-BSM, cita a Gilles Lipovetsky para destacar que la ignorancia se identifica en este caso con el valor de la autenticidad. "Después de sucesivas crisis, convulsiones y cambios, la gente tiende a idealizar en política lo que considera auténtico, en contraposición a lo calculado o a lo profesionalizado. Lo genuinamente defectuoso se percibe como más atractivo, y de esto se nutren referentes como Belén Esteban en el show televisivo o Donald Trump en el terreno del show político". Trump no está solo. Personajes como Giorgia Meloni o Javier Milei "son hoy lo más cercano a celebridades" para Aira, que recuerda que "en muchos casos han triunfado en los medios de comunicación antes que en la política". Este experto habla de la "degradación de la escena pública", en la medida en que estos dirigentes triunfan como lo hacen "los participantes de realities que hacen ostentación de sus malas formas".

"Eso gusta a la gente, que los percibe como auténticos", dice. "Ocurre especialmente con los jóvenes, ya que siempre se ha ligado a la juventud una actitud contestataria y de resistencia frente a lo instituido, lo clásico o lo políticamente correcto". ¿Hay algo más subversivo para un presidente de Estados Unidos que decir que "podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos"?
Ya lo dijo la propia Belén Esteban: "Estoy harta de no poder hablar de política. Esta inculta es ciudadana, paga sus impuestos y vota. Y puedo hablar de política como cualquier persona". Por algo fue siempre la princesa del pueblo.


La sociedad de la ignorancia.pdf by Vingtras Sanz


jueves, 12 de marzo de 2026

LIBRO "101 ARGUMENTOS CONTRA LA IZQUIERDA" por MARCELO DUCLOS

101 
ARGUMENTOS 
CONTRA LA 
IZQUIERDA

MARCELO DUCLOS

El debate político nunca ha sido tan dinámico como lo es en la actualidad. Parte de este fenómeno tiene que ver con las posibilidades de mayor participación del público; lectores o espectadores, antes pasivos, que son ahora más protagonistas que nunca. La contracara de esto —que es, en sí mismo, algo muy positivo— es que el mundo de las noticias y del debate de ideas puede resultar caótico, demasiado caudaloso y con sobreabundancia de información difícil de jerarquizar; un mundo en el que, a veces, las discusiones se disfrazan de intercambios virulentos de eslóganes y falacias que no conducen a ningún lado.
En este libro, Marcelo Duclos selecciona 101 de sus artículos con el criterio señalado desde su título: dar argumentos para la batalla cultural, sencillos, de lectura ágil pero no por eso menos sustanciosos. En ellos nos encontraremos con un desarrollo analítico profundo de conceptos clave, que contribuirán al sano debate, no solo para el liberalismo y quienes lo suscriben, sino para toda persona interesada en la discusión seria y bienintencionada; porque, cuando se tienen los argumentos, ni los gritos ni las chicanas alcanzan para acallar las ideas.
La invitación a leer estas páginas es un llamado a repensar el mundo que nos rodea y a entender de qué manera, mediante el cambio de paradigma que propone el pensamiento libertario, desde una mirada basada en la ética y el respeto más acérrimo a todos los individuos, se puede aspirar a salir de la destrucción a la que nos llevaron, en Argentina y en el mundo, las ideas colectivistas.

Bienvenidos a su lectura.

PRÓLOGO

Marcelo Duelos escribió La revolución que no vieron venir, junto a Nicolás Márquez, libro que fue traducido al polaco, al inglés, al portugués, al japonés y al hebreo, y del que-a más de un año de su publicación- siguen hablando en todos los medios. En él, hace una síntesis precisa de las ideas de la libertad, contribuyendo a explicar la hoja de ruta del gobierno para cuyo ejercicio los argentinos me han contratado como presidente.
Sin embargo, no fue este su inicio como escritor. Es periodista en un medio que no recibe ni recibió nunca pauta del Estado y escribe desde hace más de una década, ofreciendo artículos de coyuntura tanto como de análisis, difundiendo el ideario de la libertad. Digamos que hace llorar a los zurdos al mismo tiempo que ofrece herramientas conceptuales a los argentinos de bien que, día a día, cada uno desde su lugar, luchan la batalla cultural.

Esta nueva publicación es una selección de columnas a través de las cuales el autor busca contrarrestar al periodismo ensobrado del mainstream. Lo hace con armas humildes, propias de un medio pequeño que no cuenta con los recursos ni el financiamiento de los poderosos, pero donde se encuentran principios y contenidos que los medios pauteros, por más grandes que sean, no tienen. Las redes sociales, libres, equiparan el debate y cada persona elige libremente lo que leer. Aunque digan que el capitalismo beneficia a los más grandes, la evidencia empírica confirma otra cosa: que beneficia a los mejo­res, sean grandes, medianos o pequeños.
Enfocado en escenarios clave de esta batalla cultural-economía, filosofía, educación, cuestiones de género, cultura, arte y espectáculos, entre otros temas-va analizando hechos y personajes a fin de echar luces sobre asuntos de los que no se habla en los grandes medios, desmitificando tanto a las si­tuaciones como a sus protagonistas.

El proceso político que se vive en Argentina y que está empezando a contagiarse a muchos países del mundo necesita de este tipo de lecturas. Se necesita conocer los conceptos que van apareciendo en este libro. Se necesita el compromiso de todos para que pequeños medios, incluso streams y redes sociales, puedan pararse frente a las mentiras de los grandes, que hasta hace poco monopolizaban la comunicación. Se necesita de argumentos sólidos, que puedan soportar las embestidas de las falacias y de la construcción de relatos mentirosos, que son los últimos manotazos de ahogado de los zurdos empobrecedores, que buscan perpetuarse, criminalmente, a costa del sufri­miento de quienes con su trabajo sostienen a la casta.

El autor expone en sus columnas los principales conceptos de la Escuela Austríaca de Economía, en la cual está formado. Esta tradición había sido, hasta hoy, la gran ausente de los planes de estudio y de cualquier mención en medios de comunicación masiva. Las ideas de la libertad -a las que me dediqué durante años como conferencista y visitando cuanto programa en los medios podía para darles visibilidad- necesitan de más defensores. Los argentinos me pusieron en el lugar que hoy ocupo porque prefirieron como presidente a alguien que les decía una verdad incómoda antes que una men­tira confortable. El camino comenzó con dificultades. Nos habían dejado una bomba a punto de estallar. Pero estamos saliendo del infierno porque estamos del lado correcto de las ideas. Ideas que se expresan a través de los artículos que reúne este libro, que se suma a las voces que dan la batalla cul­tural, junto con la mía. Son artículos que ofrecen argumentos, que inspiran, que abren preguntas que incomodan y piden a gritos respuestas.

El lector encontrará en estas páginas una invitación a pensar y a defender las bases que definió muy bien nuestro prócer, Alberto Benegas Lynch (h), que siempre repito y seguiré repitiendo porque son nuestro faro: 
«El libera­lismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social». 

Léanlo sabiendo que cada uno de ustedes es tan protagonista de la batalla cultural como el propio autor, o como yo mismo, que no soy más que un empleado de ustedes.

¡Viva la libertad, carajo!
Javier Milei
Buenos Aires, junio de 2025


"LA MENTIRA PUEDE MANTENER LA PAZ...
PERO LA VERDAD SIEMPRE REVELA LA REALIDAD". 
DOSTOIEVSKI

PALABRAS PRELIMINARES

Luego de un primer libro de bibliografía extensa y marco teórico nutrido -la segunda parte de Milei: La revolución que no vieron venir, cuyo primer bloque escribió Nicolás Márquez-, quise continuar la aventura literaria li­beral con un texto un poco más ligero, liviano en la forma, pero no en el contenido: con la fundamentación y el análisis que la materia requiere, por supuesto, pero más accesible (característica valorada -a veces en exceso­ en los tiempos que corren, tan condicionados por la inmediatez que impera en las redes sociales de las que todos participamos).
Debo reconocer que siempre fui reacio a las compilaciones y antologías. Probablemente porque, como lector, he notado muchas veces que, con la excusa de publicar una obra, se amontonan escritos sin un sentido que los amalgame de modo consistente.
Creo que este no es el caso. Con más de ocho mil artículos publicados en más de una década como periodista, este es el breve puñado que considero que merece ser rescatado del mar de notas de coyuntura política, que se leen en el día o la semana y luego pierden trascendencia. ¿Por qué? Porque los temas que se abordan aquí son conceptuales, históricos y analíticos; apun­tan a cuestiones de fondo y resultan útiles para dar la batalla cultural contra el estatismo.

En medio de esta batalla, agradezco infinitamente la generosidad del pre­sidente, que se tomó el tiempo de sumar su voz a través del prólogo de esta edición. En este sentido, dada la mala intención que caracteriza a la crí­tica opositora, vale aclarar que las opiniones que se leerán a partir de aquí me pertenecen y no todas tienen, necesariamente, que ser compartidas por ambos. No me llamaría la atención que busquen imputarle mis palabras como si fueran suyas. Si bien coincidimos en lo central, ciertos temas nos encuentran en disonancia, una disonancia que bien entendida enriquece el debate de ideas, filosófico, conceptual. Si uno presta atención a los detalles, puede encontrar diferencias con algunas posiciones del mandatario, y muchas más con algunas políticas públicas de su gobierno -que, más allá de purismos ideológicos, se desarrolla en un marco de restricciones propio de las prerrogativas del Poder Ejecutivo-, un gobierno al que apoyo de manera abierta y rotunda, ya que las coincidencias superan ampliamente las diferen­cias.

Hecha esta aclaración, solo me resta contarles que repasar los miles de ar­tículos publicados en diversos portales fue un trabajo agotador. Sin embargo, cada vez que encontraba alguno de los que podrán leer en este libro, la tarea cobraba sentido. Ninguno forma parte de esta obra por azar. Estoy conven­cido de que cada uno de ellos, desde su lectura rápida y sencilla, aporta algo valioso a la batalla cultural.

Los textos que habitan las siguientes páginas están separados en bloques temáticos y ordenados cronológicamente, de modo tal que resulte evidente el contexto en el que fue escrito cada uno. Aun así, pueden ser leídos en el orden que cada lector prefiera, ya que son columnas independientes entre sí. Incluso puede optarse por abordar algunas y dejar de lado aquellas que se consideren menos relevantes.
Cada palabra de este libro está enmarcada en la tradición liberal. Por eso, su publicación tiene una finalidad humilde, pero encierra, al mismo tiempo, una aspiración un poco más ambiciosa: que los tópicos tratados despierten el interés del lector, que abran puertas para profundizar el estudio de estos asuntos y que brinden argumentos sencillos para tener a mano en la discu­sión política.
Con esas ideas en el horizonte, está dedicado a la nueva generación liberta­ria. 
A los jóvenes - que ya son muchos más que nosotros, los que peinamos canas-, para que muy pronto superen a sus antecesores.

Los argumentos están de este lado de la biblioteca y de la historia. Si de­dicamos algo de tiempo al estudio y a la reflexión, el enemigo colectivista y estatista no tendrá chances en la batalla cultural.
Para que esta lucha continúe desarrollándose de forma exclusiva en el ámbito conceptual del debate público civilizado -garantizando nuestra li­bertad física, nuestra integridad, nuestra propiedad y nuestros derechos individuales-, los argumentos tienen que ser sistemáticos, permanentes, aplastantes y abrumadores.

Vamos por eso.

La realidad, la verdad, la lógica, 
las falacias y los datos

Una cosa es que una proposición sea falsa o verdadera, otra es que su razonamiento sea lógica o ilógico


Comencemos con las falacias, es decir razonamientos con apariencia de verdad pero que son errados. Aristóteles fue el primero en detallar y explicar las falacias y tal vez el listado más abundante fue realizado por David Hackett Fisher quien se refiere a 114 falacias. Aquí nos referimos a diez que son las más comunes en nuestro medio.

Primero, la falacia ad populum, es decir, si lo hacen todos está bien, si no lo hace nadie está mal. Con este criterio no hubiéramos pasado del taparrabos y el garrote pues el primero que empleó el arco y la flecha habría que condenarlo y así con todos los inventos de la humanidad. 
Segundo, la falacia ad hominem, esto es, referirse peyorativamente a la persona del contrincante y no a su argumentación. Decir, por ejemplo, que la contraparte está equivocada porque es extranjera o porque pertenece a tal o cual religión. 
Tercero, la falacia de generalización que puede aplicarse al caso de un buen deportista que por ser tal se lo consulta sobre la evolución de la economía o la política a lo que responde entusiasmado el candidato sin percatase de la trampa.

Cuarto, la falacia de carácter transitivo: se dice que una persona está equivocada porque está vinculada a otra que sostiene este o aquel principio. Puede ilustrarse esto con la pretendida refutación de un argumento de A porque es amiga de B y C o porque pertenecen al mismo país o grupo partidario. 
Quinto, la falacia ad baculum que amenaza con la fuerza no necesariamente física sino referida a cantidad de personas que apoyan la idea del opinante. 
Sexta, la falacia de autoridad que es la que circunscribe su pretendida razón porque fulano o mengano lo dicen. 
Séptimo, la falacia ad misericordiam, esto es la pretendida razón apelando a la situación de la persona. La ilustración extrema que es la más citada y la más ridícula es la del parricida que clama perdón por quedar huérfano.

Octava, la falacia de ignorancia que pretende un argumento valedero al concluir que por el hecho de no poder demostrar la falsedad de algo resulta verdadero o, por el contrario, por el hecho de no poder demostrar la veracidad de algo resulta falso. Por ejemplo, sostener que hay serpientes en cierto planeta no lo convierte en verdadero por el hecho de no poder demostrar su falsedad o por el contrario el afirmar que no hay esas serpientes en ese planeta no lo convierten en falso por el hecho de no poder constatar su veracidad. 
Novena, la falacia de causa falsa, esto es la pretensión de establecer nexo causal por el mero hecho que un acontecimiento precede a otro. 
Y por último en nuestro inventario en forma de decálogo, la petición de principio, la cual se presenta reiterando en la conclusión lo mismo que se estableció en la premisa.

Respecto al valor de los datos estadísticos y los gráficos, ponemos en una cápsula lo que hemos desarrollado detenidamente en otra oportunidad en este mismo medio en torno al slogan de aquello que dato mata relato. Ahora solo decimos que si fuera cierto que dato mata relato no habría relato pues hubiera fenecido dado el abarrotamiento de estadísticas que aparecen por doquier, sin embargo observamos que los relatos no sólo no han muerto sino que se multiplican con audiencias cada vez mayores en nuestra época.

¿Por qué ocurre esta llamativa multiplicación? Pues porque el debate de fondo no tiene lugar entre dato y relato sino en un plano anterior y de mucho mayor peso, cual es la confrontación entre interpretaciones contrarias de los nexos causales de la realidad y recién entonces, una vez comprendidos estos nexos, puede agregarse como una demostración de aquella refutación rigurosa la serie estadística en cuestión que ya en esa instancia sirve para reconfirmar el punto.

Esto que dejamos consignado lo ha explicado el premio Nobel en economía Friedrich Hayek en un célebre y notable texto titulado «The Facts in Social Sciences» donde muestra la gran diferencia entre las ciencias naturales y las sociales. Señala que en el primer caso se observan hechos como la mezcla entre un líquido y otro en el laboratorio produce tal o cual resultado, sin embargo en ciencias sociales no hay laboratorio sino que enfrentamos fenómenos complejos que hay que interpretar todos ellos, no hay las reacciones de laboratorio sino que hay acciones humanas que requiere se las entienda. En otras palabras, si por ejemplo el historiador se propone describir la Revolución Francesa aun viviendo en la época no la entenderá con solo mirar los movimientos de los personajes, debe interpretar el sentido y la razón de lo que ocurre (para no decir nada de los que no la vivieron que deben reinterpretar lo que otros interpretaron). Es decir, si alguien sostuviera que ese acontecimiento se produjo porque Luis XVI estornudó no hay forma de refutarlo en los hechos, solo se puede explicar a través del desarrollo de nexos causales.

Lo que venimos comentando desde luego no significa que cada cual tenga su interpretación y todas sean valederas, habrá unas que se acercan más a lo sucedido que otras y las habrá que dan en el clavo. El asunto entonces no es caer en la ingenua posición de sostener que todo se resuelve mostrando una planilla con los suficientes datos pues esos mismos datos serán (y son) interpretados de muy diversas maneras precisamente respecto al otro plano que venimos comentando. Como queda consignado, en ciencias naturales el hecho físico es suficiente pues no hay acción sino reacción, en cambio en ciencias sociales el hecho físico requiere explicación e interpretación de propósitos deliberados. Por eso es que libros y ensayos desde Ragnar Frisch, Jan Tinbergen, Roy G.D. Allen y Enrico Giovanini al actual Thomas Piketty están inundados de series estadísticas (y fórmulas), mientras que obras como las de Murray Rothbard, Israel Kirzner, Anthony de Jasay, James Buchanan, von Mises y Hayek no contienen una sola serie estadística para probar sus puntos. Entonces, para combatir el relato hace falta mucha más argumentación que lamentablemente por el momento está en gran medida ausente. Por eso en esta etapa los liberales en gran medida estamos perdiendo la batalla cultural. Los socialismos disimulan con estadísticas pero otros flancos argumentan a fondo con insistencia bajo el lema del mayo francés: “Seamos realistas, pidamos lo imposible».

Por último, respecto a lo que se discute en torno al realismo, se ha dicho que lo que no es percibido no es real, es decir, la tesis originalmente expuesta por Berkeley. Pero eso habría que extenderlo al mismo sujeto que observa, esto es, que no existiría si no lo percibe otro y así sucesivamente lo cual no termina en la Primera Causa ya que, paradójicamente, no tendría existencia real si no es percibida por otro, situación que conduce a la inexistencia de todo (incluso de la afirmación del no-realismo).

Por otra parte, hay cosas que se estiman percibidas como, por ejemplo, los espejismos, las ilusiones y las estrellas que creemos observar cuyas luces navegan en el espacio pero que pueden haber dejado de existir hace tiempo.

Por el principio de no-contradicción, una proposición no pude corresponderse y no corresponderse simultáneamente con el objeto juzgado (el relativista toma como verdad su relativismo). También cabe destacar que, sin duda, todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido de que es el sujeto que entiende, pero cuando hacemos referencia a la objetividad o a la verdad aludimos a las cosas, hechos, atributos, propiedades y procesos que existen o tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias y fenómenos que son ontológicamente autónomos. Lo antedicho en nada se contradice con el pluralismo y los diversos fines que persiguen las personas, dado que las apreciaciones subjetivas en nada se contraponen a la objetividad del mundo. Constituye un grosero non sequitur afirmar que del hecho de que las valorizaciones y gustos son diversos, se desprende la inexistencia de lo que es.

Cuando se dice que no puede tomarse partido por tal o cual posición debe tenerse en claro que quien eso dice está de hecho tomando partido por no tomar partido, del mismo modo que quien sostiene que no debe juzgarse está abriendo un juicio. Como explicita Konrad Lorenz, si no hubiera tal cosa como proposiciones verdaderas no tendría sentido ninguna investigación científica puesto que no habría nada que investigar.

Paul Watzlawick en su libro titulado «¿Es real la realidad?» concluye que “la tesis básica del libro según la cual no existe una realidad absoluta, sino solo visiones o concepciones subjetivas, y en parte totalmente opuestas [de lo que es] la realidad, de las que se supone ingenuamente que responden a la realidad ´real´, a la ´verdadera´ realidad”.

Nos parece que aquí se confunden planos de análisis. Como queda dicho, el juicio subjetivo en nada cambia la existencia de las cosas, sus propiedades y atributos. Ese juicio podrá desde luego estar más cerca o más lejos de describir al objeto juzgado puesto que la proposición verdadera consiste en la concordancia o correspondencia del juicio con el objeto juzgado. Pero nuevamente decimos que esto no significa que las dificultades de lograr el cometido se hayan disipado: el camino para captar la realidad es siempre uno sinuoso y lleno de obstáculos. Se trata de una peregrinación. Hay en este sentido una permanente navegación pues no hay puerto o destino final en el conocimiento ya que remite a corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones. Nunca el ser humano llegará a una situación en que pueda ufanarse de haber completado su faena de haber abarcado la totalidad de lo real ya que estamos hablando de seres imperfectos, limitados y sumamente ignorantes.

Lo dicho no quita para nada lo certera de la observación de Watzlawick en cuanto a la influencia malsana del grupo en el individuo cuando un sujeto se deja atropellar por lo que dicen o hacen otros.

Pero esto no modifica nuestros comentarios sobre la realidad, solo que demuestra la enorme presión de la multitud sobre quienes opinan distinto, lo cual puede comprobarse a diario con personas que no se atreven a opinar lo que se considera “políticamente incorrecto” y, por ende, dejan de cumplir con su obligación moral de comportarse de acuerdo con la integridad elemental y la honestidad intelectual por cobardía, y así los timoratos dejan cada vez más espacio a la corriente dominante para que imponga su visión.

Para poner el asunto de otra manera, una cosa es afirmar erróneamente que la realidad depende de la opinión y que, por tanto, no hay verdad objetiva y otra bien diferente es reconocer que cada uno tiene el derecho de interpretar, debatir, exponer y mostrar según su criterio cual es la realidad de tal o cual cosa. Precisamente, en esto consiste la posibilidad de progreso y acercamiento a la captación de diferentes realidades. Como se ha apuntado, las sucesivas refutaciones parciales o totales permiten el avance en el conocimiento.

La duda (no de todo puesto que no dudamos que dudamos) y el racionalismo crítico son buenos ejercicios: ubi dubiun ubi libertas (si no hay duda, no hay libertad) puesto que en un mundo de dogmáticos no se requiere libertad ya que todo sería certezas. Pero lo contrario no significa escepticismo en el sentido de desconfianza en nuestra capacidad perceptual, sino que la conciencia del error nos da la pauta que somos capaces de distinguirlo de la verdad.

El realismo -también crítico- profesa la existencia del mundo exterior al sujeto que observa que es, por ende, distinto al sujeto que conoce. La ciencia se refiere a la expansión del conocimiento de ese mundo exterior que presupone para sus estudios y experimentos. La inteligencia, el inter-legum, apunta a expandir el conocimiento que no se refiere solo a lo que puede comprobarse en el laboratorio sino a fenómenos no verificables en la experimentación sensible sino en el razonamiento de procesos complejos.

Nicholas Rescher en su obra «Objetivity» escribe que “La independencia ontológica de las cosas -su objetividad y autonomía de las maquinaciones de la mente- constituye un aspecto crucial del realismo” de lo cual no se sigue que la mente pueda captar toda la realidad del universo, por lo que “coincidimos con el realismo en el énfasis de la independencia del carácter de la realidad, pero sabiendo que la realidad tiene una profundidad y complejidad que sobrepasa el alcance de la mente”. Esto, nuevamente recalcamos, es debido a las limitaciones de los humanos: el esfuerzo por captar la realidad para nada elimina la posibilidad de captar fragmentos de lo que existe.

Entonces y en resumen, una cosa es la proposición falsa o verdadera y otra es la lógica o ilógico del razonamiento para lo cual nada mejor que consultar el formidable estudio sobre lógica de Aristóteles quien también criticó a los sofistas al escribir que “la sofística es una sabiduría aparente, pero no lo es” y que como apunta Julián Marías son relativistas. Morris Cohen ha refutado la manía de sostener que una verdad debe ser demostrada vía la verificación empírica al responder al opinante que su conclusión no es verificable empíricamente y como nos ha enseñado Karl Popper solo hay corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones, pero en ningún caso en la ciencia hay verificación.

VER+: