EL Rincón de Yanka: UNIDAD

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viernes, 7 de noviembre de 2025

PELÍCULA "EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA" (OUR DAYLY BREAD, 1934), OBRA CUMBRE DE VIDOR "Y SI TODOS NOS VAMOS DEL SISTEMA GLOBALISTA Y ESCLAVISTA"

‘El pan nuestro de cada día’ 
(Our Daily Bread) 1934,
obra cumbre de King Vidor

¿QUÉ NO HACEMOS PARA GANAR 
NUESTRO PAN DE CADA DÍA?

¡NOSOTROS VIVIMOS!
¡NOSOTROS AMAMOS!
¡NOSOTROS ORAMOS!
¡NOSOTROS NOS INDIGNAMOS!
¡NOSOTROS NOS OPONEMOS!
¡NOSOTROS LUCHAMOS!

En los años de la Gran Depresión, un matrimonio abandona las penurias económicas de la ciudad y se establece en una granja abandonada en medio del campo, para acabar formando una cooperativa agrícola regida por una comunidad solidaria.
La idea de Vidor era hacer una especie de secuela de su magnífica "Y el Mundo Marcha" (1928), retomando a sus dos protagonistas que encarnaban al americano medio y situándolos en el contexto de la Gran Depresión que azotaba al país por entonces. De hecho, para enfatizar esa idea, los protagonistas de El Pan Nuestro Cada Día se llaman igual que los de Y El Mundo Marcha, e incluso Vidor quiso que el protagonista fuera el mismo que el de la película muda, James Murray – por desgracia no pudo ser debido a que Murray estaba en plena fase de autodestrucción alcohólica.

Por otro lado, un film producido en Hollywood en que una joven pareja en paro crea una cooperativa agrícola es de entrada una idea totalmente descabellada, pero no para el emprendedor King Vidor. Una vez que todos los estudios se negaron a participar en un proyecto tan arriesgado y después de que los bancos le negaran crédito para el film, Vidor decidió producirla él mismo a su cuenta y riesgo. No fue un film muy exitoso pero el esfuerzo valió la pena artísticamente, se trata de una de las películas más interesantes de su carrera y uno de los primeros precedentes de cine social realizado en la glamourosa Meca del Cine.

El que sea una producción independiente es algo que se nota en cada plano de la película y que se agradece. Nada de grandes estrellas de moda, el reparto son en su mayoría actores desconocidos que dan más credibilidad a este relato que trata sobre los Juan Nadie, la América real, no la de las películas. Nada de decorados de cartón piedra, el film se rodó en el campo. Y nada de una gran producción lujosa, la escasez de medios se nota pero concuerda con el tipo de film que es y con la sinceridad de su mensaje. La suma de todos estos factores junto a lo atrevido de su mensaje, hacen de "El Pan Nuestro Cada Día" una película única en su contexto, que estéticamente parece más un film de otro país que una producción de Hollywood. De hecho la comparación con cierto cine soviético no es tan desacertada, ya que tienen en común detalles como ese cuidado retrato de la vida en el campo, el ennoblecer las tareas del humilde agricultor y el mensaje implícito de que la unión entre hermanos (ya sea hermanos proletarios o hermanos estadounidenses) hace la fuerza.

A partir de aquí el film se construye con una serie de estereotipos que, por manidos que sean, funcionan para el mensaje que desea transmitir Vidor: todos esos humildes hombres en paro con buenos corazones, el criminal redimido, la joven de ciudad que seduce a John y hace de elemento disruptivo dentro de ese pequeño universo idílico, etc. Porque "El Pan Nuestro Cada Día" no es solo un canto a la esperanza y a la lucha por la supervivencia a través de la unión, sino también a la América más humilde, a esos trabajadores honestos, inocentes y llenos de buenas intenciones, es la forma que tiene Vidor de transmitir la idea de «juntos lograremos levantar este país», una versión más seria del cine populista que Frank Capra practicaba en la misma época.

En definitiva, una película única y muy especial que cobra sentido precisamente en ese contexto tan particular en que fue gestada (Y TAMBIÉN SOBRE ESTOS TIEMPOS OPRESORES). Toda una rareza dentro del acartonado Hollywood clásico, un film que destila una autenticidad, pureza y honestidad raras en el cine americano de la época.
Pero esta bellísima historia, en la que resurgían los John y Mary de “La Multitud”, todavía trasegando por la difícil sobrevivencia en la irónicamente llamada “tierra de las oportunidades”, donde en realidad el Estado es invisible para la mayoría, sería muy bien acogida por la crítica internacional, y ahora es un clásico incuestionable por su profundo humanismo, su preciso sentido de la solidaridad y de la lucha mancomunada, y por la magnífica plástica de muchas de sus imágenes, donde hay momentos que son arte excelso, como la escena en que se subasta la finca; la actitud final de Loui Fuente (magníficamente representado por Addison Richards); o la maravillosa secuencia de la canalización del agua, con la que Vidor rinde su más sentido homenaje a la labor del hombre de campo, y en la que, él mismo, quiso sentirse parte de aquel encomiable grupo, apareciendo en un par de planos muy significativos.

Se necesita pleno conocimiento de lo que se habla, un gran sentido humano en lo que se escribe, y una cuidada estética en lo que se hace, para que un filme alcance la trascendencia. King Vidor sabía bastante de todo esto.

CONVENIO DE COOPERATIVA

- Cuando el capitán John Smith y su grupo llegaron a este continente, ¿qué hicieron? ¿Sentarse a quejarse del paro o quizá del valor del dólar? No. Se pusieron a trabajar para ganarse la vida. Construyeron sus casas y obtuvieron su propia comida. 
En el Mayflower había un granjero, un impresor, un médico, un soldado, un contable y demás. Y eso es lo que tenemos aquí. Si ellos salieron adelante sin terratenientes y cuentas de supermercado, nosotros también. Lo que tenemos que hacer es ayudarnos a nosotros mismos ayudando a otros. Tenemos la tierra y tenemos la fuerza.
Y aquí no existen indios que vengan a cortarnos la cabellera. 
No tenéis que quedaros. Podéis iros cuando queráis, pero si os quedáis, disponeos a trabajar y hagamos esto funcionar. 
- Muchachos, tengo dos sacos de patatas en el maletero de mi Ford Flivver. Propongo que pongamos todo lo que tenemos junto en un montón comunal. Dinero, comida, todo. 
- Sí. Yo pongo mis tres gallinas y el gallo.
- Yo una moneda de oro de 20 $. 
- Yo dos sacos de harina. 
- Yo pongo mi cabra. 
- Yo 5,16 $.
- Yo 1, 80 $.
- Estupendo. Estupendo. Muy bien. Tú, el hombre de las patatas, ¿cómo te llamas?
- Aníbal. George Washington Aníbal. 
- De acuerdo, Aníbal. Te encargarás de los suministros.
- Será un placer, señor. 
- Bien. ¿Quién tenía esa moneda de oro?
- Aquí está. Tú estarás a cargo de la pasta. Las finanzas si las hay. 
- De acuerdo.
- Señor presidente y amigos, ¿qué tipo de gobierno vamos a tener?
- Bueno, pues se hará lo que decida la mayoría. 
- Yo sugiero, amigos míos, que nos comprometamos en un convenio sagrado y establezcamos una democracia inmortal.
- Fue ese tipo de palabrería la que nos ha traído a esta situación.  
- Tiene razón, señor.
- No, debemos tener una forma de gobierno socialista. El gobierno tiene que controlarlo todo, incluso las ganancias. 
- Bah... Esperad un momento, dejadme hablar. Yo ni siquiera sé qué palabras ha usado ese tipo socialista. Todo lo que sé es que aquí tenemos un gran trabajo y necesitamos un gran jefe. Y John Sims es nuestro hombre. Sims al poder. Hip hip... hurra...
- Bueno, muchachos, depende de nosotros. Empezaremos aquí mismo. Vamos allá..."



(Ejemplo de como SI se puede llegar a la soberanía alimentaria)

El sistema no nos quiere libres pero hay una revolución de gente que está persiguiendo la autosuficiencia a todos los niveles.
Papá Estado no te cuida.
No te quiere saludable, consciente ni libre.
Que no te engañen: el Estado te quiere enfermo, dormido y esclavo.
Puedes empezar por montar un huerto en cualquier espacio, aunque sea pequeño, incluso en un balcón.
Ser un hortelano novato puede ser el comienzo de algo grande.

Pero cada nueva norma, cada impuesto, cada límite…
solo empobrece más al que trabaja.
Mientras ellos aplauden sus “avances”,
nosotros contamos pérdidas.
Esto no es progreso.
Es saqueo con traje y corbata.
Porque el silencio solo beneficia a 
quienes nos quieren obedientes.

El Pan Nuestro de Cada Día (1934) | Película Completa | Western

miércoles, 2 de julio de 2025

LIBRO "INDIOS, ESPAÑOLES Y NUESTRAMERICANOS": TRES IDENTIDADES, UNA HISTORIA EN COMÚN Y LA V REVOLUCIÓN INDUSTRIAL por MÓNICA LUAR NICOLIELLO

Indios, españoles 
y nuestramericanos
(Tomo I)

Tres identidades, una historia en común 
y la V Revolución Industrial

Hablar de «nuestramericanos» es remitirse a un gentilicio, un espacio geográfico y una forma de concebir a los países americanos.
En este trabajo académico, Mónica Luar Nicoliello Ribeiro sugiere, desde enfoques múltiples e interdisciplinarios, una posible respuesta al dilema que preocupa a la filosofía hispanoamericana: cuál es el camino para consolidar el desarrollo de nuestra comunidad en una región del mundo que, lejos de ser pobre, está muy bien dotada de recursos estratégicos. Este camino no puede hacerse a ciegas; requiere de un cambio cultural profundo sobre cómo nos vemos y cómo vemos el mundo.
El sistema técnico y económico del cual formamos parte está entrando en la V Revolución Industrial, cuyo secreto responde a la sinergia o combinación de energías que superan la suma de las esferas tecnológicas, sociales y culturales, la articulación de países, territorios y bloques en redes comerciales y en las diversas cadenas de valores.
Ante la pérdida de identidad regional, la autora plantea también la urgencia de reconstruir los nexos culturales e impulsar una mejor comprensión de nuestras profundas raíces civilizatorias, volver por los fueros de nuestros orígenes. Allí es donde encontraremos las primeras revoluciones auténticamente tecnológicas, las primeras formas de mundialización y, lo más importante, una mirada humanista para la cual cada vez más individuos son considerados como personas con un origen común y con una misma condición humana.
PREFACIO

El desafío de un diálogo, entretejido de múltiples dificultades, lo asume la historiadora Mónica Nicoliello en Indios, españoles y nuestramericanos (Tomo I). 
Es el intento complejo e incon­cluso, abierto al futuro, de tender puentes entre corrientes de pensamiento y prácticas latinoamericanas o nuestramericanas, dirigidas a la emancipación a través de la realización de la Patria Grande, así como de la tradición hispanoamericana de raíz his­panista. Esta es, a veces, desvirtuada por la nostalgia de viejas glorias imperiales, en lugar de cultivar lo realmente vivo de la cultura compartida.

La civilización de civilizaciones nuestramericana, de cuá­druple raíz civilizatoria (indígena, afrodescendiente, hispa­no-latina y mestiza, o de síntesis), sigue a la búsqueda de la definitiva independencia a través de la concreción de una pa­tria común, unida en un Estado federal plurinacional, como el proyecto de los Pueblos Libres de José Artigas, liberado de las potencias hegemónicas que históricamente han promovido su disgregación.

Aunque lo logremos, no marcará el fin de la historia. La mundialización continuará. En ella, seguiremos interactuando con otras civilizaciones, culturas, naciones y pueblos, en medio de conflictos sociales, renovadas luchas geopolíticas e innumerables desafíos tecnológicos. En consecuencia, en cualquier caso, estaremos en comunicación con los demás pueblos hispanoha­blantes del mundo: los de Europa, África y Asia. Nos espera, co­mo una nueva esfinge, la interrogación abierta por el sentido y la posibilidad del encuentro que nos arroja la escritora Nicoliello, en tanto seamos parte de la fraternidad o de la comunidad hu­mana universal (Fratelli tutti).
Luis Vignolo 
Director General 
de la Fundación Vivian Trías 
(Uruguay)

INTRODUCCIÓN
¿Puede uno proyectarse hacia el futuro sin un adecuado cono­cimiento y valoración del pasado? ¿Es posible que se consoli­de ese prospecto sin un ambiente cultural que lo fomente? ¿Ese futuro está asegurado si las nuevas generaciones no toman la bandera de las anteriores? ¿Puede haber estabilidad política sin instituciones prestigiosas comunes, fundadas en valores claros, reconocidas por todos más allá de la pluralidad de opiniones y las diferencias de intereses? ¿Puede mantenerse esa estabili­dad política sin integración económica y social, sin crecimiento y desarrollo?
La presente obra es una compilación de notas revisadas y ordenadas por la autora en los tres ejes temáticos que le dan nombre. Fueron escritas entre 2015 y 2020 como fruto de una militancia hispanoamericanista cuyo objetivo es afirmar los lazos de simpatía entre pueblos que tienen una historia común.1 Estos textos forman parte ele una primera entrega y quisieran ser un aporte para el fortalecimiento de una sensibilidad colectiva imprescindible para otras realidades, objetivas y necesarias, co­mo la formación de mercados comunes o mecanismos de confe­deración política que potencien nuestras capacidades y recursos, procesos que,con interrupciones y frustraciones, hace siglos que están en curso. Entre esas realidades se encuentra, aunque no únicamente, una V Revolución Industrial y tecnológica, donde ya no es viable mantener un modelo agroexportador (de «desa­rrollo hacia afuera») en un contexto de balcanización, y cada vez es más importante la inversión conjunta de tecnología en secto­res llamados «de punta». Por otro lado, las materias primas que interesan ya no son las tradicionales, sino las que resultan estra­tégicas para las nuevas fases de la Revolución Tecnológica.

Resolver las necesidades objetivas es imposible sin una cons­trucción subjetiva, vale decir, ideas, creencias y actitudes. Como afirma Peter Birle, la superación de prejuicios y creencias; entre ellos, una forma de entender la soberanía para la cual un orga­nismo supranacional implica una pérdida grave de soberanía lo­cal. Es el mismo diagnóstico de Juan Bautista Alberdi en 1844. Es verdad que hay un componente de imperiofobia en esto, co­ mo dice María Elvira Roca Barea.2 Por la misma razón es funda­mental superar el desconocimiento y la desconfianza recíprocos entre países; trascender la tendencia a mirar fuera de la región buscando tablas de salvación, o, en el extremo opuesto, resolver los problemas en solitario. Factores subjetivos son también los ideológicos, el tipo de relato histórico distorsionado por diver­sos motivos; una imagen degradada de nuestros procesos polí­ticos y sociales, en especial, una suerte de leyenda negra de los orígenes, pero también de la historia reciente, sobre todo si se piensa en el contraste que significa nuestra riqueza cultural e histórica con visiones negativas y autodestructivas introyectadas y naturalizadas. porque no somos suficientemente conscientes del valor de nuestro patrimonio histórico en el mundo.

Toda gran comunidad tiene algunas potentes imágenes orientadoras -y estimulantes para la autoestima de sus miem­bros- que cohesionan a millones de personas. Las tienen Rusia, China o el mundo anglosajón -la anglósfera-; sin esa cohesión se desmembrarían en débiles Rusias, Chinas o territorios anglo­sajones aislados, con grandes dificultades para la conservación de su patrimonio común, cultural y económico. Las federaciones o imperios que han implosionado han sido sustituidos de forma rápida por otros mecanismos de integración política y económi­ca, como es el caso de la URSS. en lugar del Imperio ruso. reem­plazada, a su vez, por la Comunidad de Estados Independientes, entre Europa Oriental y Siberia; el Imperio británico por la commonwealth -literalmente «Patrimonio común» formado por una misma herencia cultural y material- y su «relación especial» con EUA; o el Imperio chino por la República Popular China, con sus 1400 millones de habitantes; todos ellos con gran influencia política y económica en el mundo actual. Esto no ocu­rrió cuando se desmembró la monarquía hispánica. Aquí la ten­dencia fue la profundización de la desintegración entre países y dentro de los países.

La realidad es que América no se independizó de España ni de Filipinas ni de Guinea: la comun idad hispanohablante, en su conjunto, se desintegró.3 Sin embargo, la geopolítica nos muestra -decía Methol Ferré- la trascendencia de los estados continentales para los pueblos continentales 4 -como Canadá, EUA, Rusia y China considerados por separado-, y las uniones continentales del tipo de la Unión Europea, la Unión Africana o el Tratado Rusia-China para la Cooperación, de Shanghái.

Por otro lado, las talasocracias, producto de la conexión entre rutas marítimas, comerciales, y posiciones estratégicas, como el Imperio Británico y sucesores, son otro sistema de re­laciones que domina el mundo. Es lo que fueron -además de Inglaterra-, Holanda, Portugal, España, Arabia, el este de África y Malasia. La comunidad hispanohablante cuenta con ambas po­sibilidades -tiene salida a más mares y océanos que cualquier otra-, pero, como factor subjetivo, por nuestra débil conciencia geopolítica, las hemos ido cediendo a las que ahora son grandes potencias.5 (...)

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2 Cfr. Roca Barea, Maria Elvira, Imperiofobia y leyenda negra. Editorial Si­ruela, Madrid, 2019. La pregunta ya se la planteaba Juan Bautista Alberdi en una memoria del 12 de noviembre de 1844: ¿qué impide la reunión de un congreso hispanoamericano? El diagnóstico era muy parecido al actual:
la desconfianza a las instituciones continentales. Todavía es un obstáculo, nos dice Peter Birle en «Muchas voces, ninguna voz. "Las dificultades de América Latina para convertirse en un verdadero actor internacional" en Nueva Sociedad, N.º 214, marzo-abril de 2008. www.nuso.org.
4 Cfr. Methol Ferré, Alberto, "Los Estados continentales y el Mercosur". Edi­torial Hum, 2013. La idea de "Estados continentales" es elaborada por el político y docente chileno Felipe Herrera (1922-1996), militante de la integración hispanoamericana, al escribir sobre Estado Nación Continental o Pueblos Continentes. En esto fue sucesor de Joaquín Edwards Bello, quien en 1925 publicó "Nacionalismo continental", y de Antenor Orrego, con "Pueblo continente", en 1937. Alberto Methol Ferré (1929-2009) toma y desarrolla la idea, que recoge desde su planteo.
5 Esto es muy claro en el caso de México, sucesor de Nueva España, con dominio sobre los actuales estados del sur y oeste de los EUA. el Caribe, Centroamérica, el océano Pacífico y una serie de puntos estratégicos en Asia, como Filipinas, que fue Capitanía del Virreinato. pero también en el caso del Río de la Plata, con dominio sobre el Atlántico Sur, hasta Guinea, la Patagonia e islas australes como Malvinas y la Antártida.

Indios, españoles y nuestramericanos. Con Mónica Nicoliello Ribeiro

viernes, 27 de junio de 2025

LIBRO "POR QUÉ EL FUTURO ES HISPANO": EL PODER GLOBAL DE LA HISPANIDAD A TRAVÉS DE LA POBLACIÓN, LA LENGUA Y EL CIBERESPACIO 🌍🌎 por CARLOS LEÁÑEZ ARISTIMUÑO


POR QUÉ 
EL FUTURO 
ES HISPANO

EL PODER GLOBAL DE LA HISPANIDAD 
A TRAVÉS DE LA POBLACIÓN, 
LA LENGUA Y EL CIBERESPACIO


La historia nos demuestra que hemos sido grandes. La realidad nos revela que podemos volver a serlo.
Quinientos millones de hispanohablantes, una lengua perfectamente equipada y un ciberespacio que anula fronteras conforman el trinomio que puede convertir al mundo hispánico en una potencia global del siglo XXI. Carlos Leáñez Aristimuño, uno de los más lúcidos pensadores del hispanismo actual, nos presenta en esta obra una visión audaz y realista del potencial escamoteado de la hispanidad y nos indica cómo activarlo.
Este libro explora con rigor las raíces de nuestra grandeza histórica y desmonta los relatos inhabilitantes que nos mantienen fragmentados e irresolutos. Analiza el papel fundamental de la lengua española como nuestro verdadero territorio común y revela el poder transformador del ciberespacio, que nos permite superar distancias y barreras para forjar una comunidad hispánica global.

«Carlos Leáñez Aristimuño es quizás la persona que más y mejor ha reflexionado sobre el español como herramienta de futuro para los quinientos millones de personas que lo hablamos, desde su uso en internet hasta la inteligencia artificial. Este libro recoge sus ideas y sus estudios, y nos invita a pensar en las inmensas posibilidades de nuestra lengua común. Si quiere saber por qué, este es el libro que necesita». María Elvira Roca Barea, autora de Imperiofobia y leyenda negra.

«En el pensamiento de Carlos Leáñez Aristimuño acerca de la hispanidad, siempre ha primado la esperanza. Atento al futuro, nos desvela en este libro que se está gestando algo mayor que nosotros. Léanlo».  José Luis López-Linares, director de Hispanoamérica, canto de vida y esperanza.

«Leáñez es una de las voces más incisivas y reputadas del panorama hispanista. Como profesor venezolano afincado en España, su detallado conocimiento de las dos orillas le permite vencer los complejos que suelen atenazar en nuestras elites académicas cualquier intento serio de defender lo obvio: la comunidad hispánica sería imparable a nivel global si administrásemos la lengua española sin complejos, con método, claridad de miras, recursos y un centro coordinador neto». Alberto G. Ibáñez, autor de El Sacro Imperio Romano Hispánico.

Prólogo 

Hispanidad: 
la lengua como eje de un futuro promisorio 

«Queda la lengua materna» 
Hannah Arendt (1964), respondiendo a Günter Gauss 
al preguntar este qué queda tras el horror nazi. 

«En Hispanoamérica somos víctimas de un relato que es completamente falso… ¡y muy peligroso!». Con esta frase, que resuena ya en la conciencia de muchos amantes de la Hispanidad, se inicia la película Hispanoamérica, canto de vida y esperanza, de José Luis López-Linares. Evidentemente, en esta decisión del director no hay ninguna casualidad. Con elegante precisión, la oración enuncia y condensa en sí misma la esencia de este magnífi co largometraje. La formulación, además, se ve potenciada con el efecto que ejercen la voz incisiva de su autor y la cadencia particular que este le imprime a sus palabras. En este sentido, es llamativo que el correlato visual ofrecido por López-Linares sea el de un río que se abre paso en medio de la jungla, conduciéndonos sigilosamente hacia lo remoto y lo desconocido. Desde el comienzo queda planteada así toda la gravedad del tema, mientras se siembra una profunda expectativa con respecto a lo que viene a continuación.

Puedo decir con orgullo que el autor de esa frase ya célebre es mi gran amigo, el profesor Carlos Leáñez Aristimuño. En ella se reconocen todos los rasgos característicos de su estilo particular, plasmado por igual a lo largo de sus textos y conferencias. Muchas veces he podido constatar el efecto que su estilo singular es capaz de ejercer ante nutridos auditorios. Carlos Leáñez sabe expresar lo profundo y signifi cativo con sencillez y brevedad, dotando de color y textura lo que de otro modo podría resultar árido y opaco. Se vale, para ello, no solo de un gran manejo de los tiempos y las pausas, del énfasis y del humor, sino también de un sabio uso de las metáforas y las vivencias personales. Detrás de esa panoplia de recursos discursivos subyace el hábito y el ojo experto del buen lingüista. Leáñez comprende a cabalidad el poder performativo que las palabras ejercen sobre los seres humanos y lo emplea con maestría. Acostumbra hurgar en cada vocablo, diseccionándolo para extraer de allí novedosas líneas de signifi cado. En otras palabras, analiza, refl exiona, piensa. Desarma y rearma los edifi cios lógicos sobre los que solemos discurrir de modo inadvertido. 

A partir de esa base, y mediante referencias constantes a vivencias concretas experimentadas en el mundo, nos plantea una nueva manera de entenderlo. De ahí ese eureka que muchas veces he visto refl ejarse en los rostros de quienes lo leen o escuchan; esa sensación de que ante ellos siempre hubo una realidad otra a la que previamente no habían tenido acceso. Pero nada son los conocimientos, capacidad y estilo personales si no cuentan con un objeto que fi je su atención, sin una pasión que los motorice. Los afectos más profundos han llevado a nuestro autor a concentrar sus talentos en el estudio, defensa y promoción de la Hispanidad. 

Desde su Venezuela natal, reconoce su hogar en cada rincón de ese inmenso continente que es la lengua española. Recordemos que, para los antiguos griegos, padres de la civilización occidental de la que la Hispanidad es una frondosa rama, la polis era aquel topos específico regido por un logos concreto; el territorio en el que la razón humana, materializada en palabras, le permite al ser humano levantar un universo dotado de sentido frente al caos exterior. 

En concordancia con lo anterior, Leáñez examina y defi ende la polis panhispánica desde los cimientos de su lengua común. De todos los pilares que han sustentado alguna vez la unidad panhispánica (la fe católica, la corona, las leyes comunes, la unión monetaria, etc.), la más profunda y enraizada de todas; la que mejor ha resistido los embates extranjeros y las pulsiones suicidas; la que ha preservado mejor la Hispanidad porque opera desde un estrato previo a la conciencia es la lengua española. Se ha mantenido allí, regularmente empleada pero en el fondo inaccesible para quienes, en vez de pensar, suelen discurrir a través de fórmulas importadas y prefabricadas (práctica asidua y recurrente, por desgracia, entre nuestras élites). 

La Hispanidad sigue siendo un hecho colosal, a menudo contra sí misma, gracias a su lengua; esa lengua que opera como una buena madre que vela por la vida de sus hijos aún inmaduros, inconscientes todavía del tesoro que en suerte heredan. 

Como hispanista devoto y lingüista consumado, Leáñez conoce, aprecia y se maneja con soltura en varias lenguas europeas, pero al mismo tiempo, sin que medie en ello contradicción alguna y precisamente por ello, defi ende la nuestra con pasión y fundamento. Así como su compatriota Andrés Bello —venezolano por nacimiento, chileno por adopción e hispanoamericano por herencia y convicción— se aferró a nuestra unidad lingüística como último e inexpugnable reducto para eludir la fragmentación total del imperio común, Leáñez propone ahora convertirla en el pilar para una ofensiva civilizacional. 

Una ofensiva que, tal como nos explica nuestro autor, solo será posible tras experimentar una necesaria anagnórisis; ese (re) conocimiento de sí, esa comprensión de la propia grandeza a la que solo podremos acceder al identifi carnos con la dimensión panhispánica que hoy custodia, de forma tan inadvertida como solitaria, el insólito vigor de nuestra lengua común. Anagnórisis que a su vez requiere la victoria de esa fuerza común sobre los pequeños intereses de élites parroquianas; los ánimos apocados  de quienes no han sido enseñados a pensar en grande; la ignorancia insulsa del idiota que vive ajeno a las dinámicas que lo dominan; y las agendas externas que operan sigilosamente al abrigo de la subordinación cultural disfrazada de prestigio social. 

Leáñez observa que esa reacción está en marcha, por etapas, a través de lo que llama la rebelión hispanista en curso. Una rebelión encabezada por un puñado de autores y divulgadores que, sin embargo, crece sin cesar, y que hoy afronta su oportunidad dorada, en un mundo en el que las principales distancias no son ya temporales ni geográfi cas, sino culturales e idiomáticas. En ese mundo nuevo que emerge con toda celeridad, dominado por las dinámicas que imponen la interconexión permanente y la inteligencia artifi cial, el continente de la lengua española enfrenta retos y oportunidades de las que solo saldrá airoso si la Hispanidad cobra plena conciencia de sí, y si se decide a plantarles cara unida, como bloque civilizacional fi rmemente articulado en torno a su lengua común. 

Es importante, además, señalar que Leáñez es un venezolano del último entresiglo. Su vida, como la de tantos compatriotas nuestros que a menudo dicen «venir del futuro», está marcada por el drama de la destrucción absurda y total a la que nos pueden arrastrar no las guerras, no los desastres naturales, sino las ideas aviesas y las voluntades torvas. Ideas y voluntades que en el seno de la Hispanidad suelen seguir, invariablemente y al pie de la letra, las patrañas forjadas al calor de la leyenda negra antiespañola. 
Siglos después, esas patrañas nos siguen arrastrando al odio pueril, a la vergüenza absurda, al acomplejamiento lacerante, injustifi cado y vengativo. 

La Venezuela de este primer cuarto de siglo es, por desgracia, una muestra de los desvíos y peligros que le aguardan a cada hispano, a la vuelta de la esquina, como no seamos todos capaces de rescatar una visión común y equilibrada de nuestro pasado, apta para entender quiénes somos en realidad y las enormes potencialidades que tenemos aún por desarrollar.

Leáñez forma parte de la vanguardia que avanza indetenible en ese rescate del hispanismo. Aporta elementos de juicio imprescindibles en un ámbito crucial como es el de la lengua, en el que ha venido refl exionando durante décadas. En este libro, y con su acostumbrada elocuencia, nos ofrece sus mejores recursos y argumentos para ayudarnos a comprender el hecho inmenso de la Hispanidad, el valor colosal de su lengua común, la naturaleza de los retos que afrontamos en el mundo de hoy, y las grandes oportunidades que podemos aprovechar si nos decidimos a actuar conjuntamente. Y lo hace con el mayor de los optimismos. Para Leáñez, el futuro es hispano porque entiende y confía en el potencial gigantesco de la lengua española. 

En ese gran buque que es nuestra realidad panhispánica, la lengua lo es hoy casi todo. Es casco que contiene; velamen que se hincha y propulsa; mástil que sostiene las velas, y timón que marca la dirección. Solo hacen falta tripulación y gobierno dotados de ánimo y visión, con el corazón henchido de bravura y ambición, dispuestos a emprender una travesía que los lleve a descubrir y levantar nuevos continentes. Sopla el viento de popa. Es hora de soltar lastre y cortar amarras. 

Miguel Ángel Martínez Meucci
Madrid, 16 de marzo de 2025 

* Dr. en Conflicto Político y Procesos de Pacificación 
por la Universidad Complutense de Madrid. 
Politólogo y consultor político, ha sido profesor 
en diversas universidades de Hispanoamérica.

Nosotros, los hispanos 

A finales de los setenta del siglo pasado vivía yo en Alemania, en la primorosa ciudad de Friburgo de Brisgovia, lejos de mi Caracas natal. Todos los días almorzaba en el muy funcional e industrial comedor universitario. Una vez depositada la bandeja sobre la cinta transportadora que llevaba platos y cubiertos a un lavado automático fascinante, se abría para los estudiantes una bifurcación: cafetería o salida. 

Con frecuencia optaba por la primera. Era una cafetería bulliciosa, grande, informal y llena de humo de cigarrillos. La mayoría de la gente —alemanes— estaba en mesas aisladas o en la barra. Pero, hacia un extremo, había casi siempre un reagrupamiento de mesas y sillas del que emanaban carcajadas, apiñamiento, voz alta, mucho contacto físico. Allí había de todo —mexicanos, uruguayos, peruanos, españoles, colombianos…— con tal de que hablase español. Era un recodo de afecto, solidaridad, nostalgias y una suerte de ejercicio constante de comparaciones en donde con frecuencia el tema era la sorpresa que nos causaba el modo de ser alemán. 

Es decir, ellos, una cosa; nosotros, otra. Ellos, los alemanes; nosotros, los hispanos. Cuando estamos ante los otros, como en esa cafetería alemana, queda claro que somos un nosotros; cuando estamos entre nosotros, queda claro que somos argentinos, salvadoreños, venezolanos; cuando estamos entre venezolanos, queda claro que somos orientales, maracuchos, andinos, caraqueños; cuando estamos entre caraqueños… y así podemos subdividir adscripciones hasta llegar a cada individuo en concreto. 

Cada persona se mueve a todos los niveles, desde la humanidad, que a todos nos contiene, hasta, pasando por toda una serie de instancias intermedias, su individualidad irreductible. Pero la humanidad no es un idílico paraíso: es un terreno de tensiones en el que grupos y entidades de todo tipo se despliegan para ser más poderosos que otros, buscando con frecuencia dominar, o peor, eliminar a los otros. 

Es decir, la hispánica mesa de la cafetería en Alemania, esa casa grande común, podría desaparecer a manos de esos grupos. Cabe entonces preguntarse: ¿podemos los hispanohablantes en modo archipiélago hacer frente a los retos de la globalización sin correr el riesgo de que nuestros rasgos se evaporen, sin que, dolorosamente, veamos cómo se desfigura nuestra lengua, se desdibujan nuestras costumbres, se alejan los referentes de todo tipo que articulan nuestras vidas? Separados nunca. 

Debemos arrimarnos al más grande paraguas común disponible —el nosotros de la mesa en Alemania— para ser fuertes ante los gigantes e impedirles que sigan condicionando el timón de nuestra nave, manteniéndonos en coordenadas de fragmentación, subordinación y alienación; arrinconándonos en una periferia de hostelería, materias primas y maquila. 

Por encima de cada uno de nuestros países y antes de diluirnos en la humanidad toda, está nuestro nivel óptimo de inserción en el mundo: la civilización hispánica. Óptimo porque en él estamos ante un grupo inmenso —500 millones— con rasgos básicos comunes absolutamente tangibles —lengua española, historia y tradiciones compartidas, una cultura de base católica— que crean unas coordenadas —específicas y comunes— lingüísticas, religiosas, políticas, familiares y relacionales que generan una manera distinta de estar en el mundo. Dada la potencia que implica nuestro gigantesco tamaño y extraordinario legado cultural, si logramos reajustarnos y operar razonablemente unidos ante el mundo, podemos encontrarnos entre las culturas que generan lo nuevo y se adaptan a los cambios sin perder su rostro en el camino. Pero los hispanohablantes vivimos sumidos en relatos inhabilitantes que —desde comienzos del siglo XIX y hasta hoy—nos mantienen irresolutos, desatinados y claramente dispersos. Y no solo eso: a coro con el resto de Occidente, ha cundido también entre nosotros, ya en el siglo XXI, una posmodernidad gaseosa y nihilista alérgica a todo lo que huela a grandeza. La plaza del pueblo y la subjetividad radical parecen ser los nuevos —y únicos— horizontes lícitos e imaginables. 

Pero surgen en el horizonte signos robustos que envían señales de detección, tanto de los relatos inhabilitantes, como del nihilismo. También de sus lamentables consecuencias. Lo que antes era vivido como una condición real permanente es hoy percibido por muchos como una condicionante improbable e inducida que puede —y debe— ser combatida. Y, en efecto, lo está siendo: ha surgido una auténtica rebelión de hispanistas, divulgadores, escritores, documentalistas, asociaciones, yutuberos y otros que está generando un contraflujo de opinión que mucho nos ocupará en las líneas siguientes. No, no somos estandartes de la maldad, el atraso y la irracionalidad. Los hispanos somos esa porción de Occidente que, de verse a sí misma con nitidez, será clave para proponer una alternativa civilizacional que supere los darwinismos, nihilismos, colectivismos, relativismos, totalitarismos y fundamentalismos que arrinconan al mundo. Hemos simplemente de, por un lado, reconectar —actualizándola— con nuestra grandeza histórica olvidada de amplísimos horizontes y ejecutorias, y, por otro lado, percibir cabalmente nuestro increíble potencial actual, hoy desperdiciado. 

Pasaremos entonces de la periferia al centro, de la subordinación al liderazgo, del victimismo al protagonismo, de la impotencia a la fuerza, de la dispersión a la unidad, de la alienación a la autenticidad, de la vergüenza al orgullo, del resentimiento a la gratitud. La plenitud hispana es factible como nunca antes y es lo que busca hacer evidente este libro. 
El futuro será hispano.

Por qué el futuro es hispano. Con Carlos Leáñez Aristimuño

De Tierra de Fuego 🔥 hasta Alaska ❄️ nuestra raíz es hispana. 
Un adelanto de 🎥 WE THE HISPANOS, 
nueva película de José Luis López-Linares


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martes, 6 de mayo de 2025

LIBRO "IOTA UNUM": ESTUDIO SOBRE LAS TRANSFORMACIONES DE LA IGLESIA CATÓLICA EN EL SIGLO ✋

IOTA UNUM

ESTUDIO SOBRE LAS TRANSFORMACIONES 
DE LA IGLESIA CATÓLICA EN EL SIGLO XX

ROMANO AMERIO
IOTA UNUM ha conocido ya numerosas ediciones en ocho idiomas. No es casualidad. Desde la coincidencia o la discrepancia, ha recibido la alabanza unánime de la crítica especializada como una de las obras fundamentales sobre la evolución de la Iglesia en las últimas décadas.
Se trata de un estudio serio, riguroso y exhaustivo, llevado a cabo con una serenidad asombrosa y un rigor lógico aplastante, fruto de la recia formación clásica del autor. Pasa revista a todas las tendencias culturales que configura el mundo moderno e invaden la Iglesia Católica, que parece hacer de esa convergencia el motivo fundamental de su transformación tras el Concilio Vaticano II.
Esto suspenso, y ante la serie de cambios en la Iglesia que han afectado a su doctrina, a sus ritos y al rostro con que se presenta ante el hombre contemporáneo, la pregunta surge espontáneamente: ¿ha experimentado la religión católica una mutación sustancial, pasando a ser algo distinto de lo que era y rompiendo así la continuidad histórica que la liga con su Divino Fundador?
En las páginas de IOTA UNUM, Romano Amerio investiga la respuesta. Vale le pena conocerla.
Este documento resume la crisis de la Iglesia católica desde el siglo XX. Describe las crisis previas como la Reforma Protestante y la Revolución Francesa, así como las crisis más recientes como el Modernismo y el Concilio Vaticano II. Explica cómo estas crisis han llevado a una pérdida de unidad, autoridad y doctrina dentro de la Iglesia en la era postconciliar.

Iota Unum es el título de un libro escrito por Romano Amerio. El libro explora el Concilio, sus consecuencias y los cambios que ha vivido la Iglesia desde entonces.
Iota es una letra del alfabeto griego que representa el sonido "i". Proviene del protosemítico yad-, que significa "mano".
Unum es una palabra latina que significa "uno".
Iota Unum fue publicado por Ediciones Estrella de Belén. En el epílogo, el autor sostiene que la consecuencia del Concilio fue la disolución de la religión católica, pero que la Iglesia no perecerá.

Estudio sobre las transformaciones 
en la Iglesia en el siglo XX 

Porque en verdad os digo: antes pasarán el cielo y la tierra 
que pase una sola iota (iota unum) 
o una tilde de la ley, sin que todo se verifique 
(Mateo 5,18) 

Advertencia al lector 

No existe una diversidad de claves (como se dice hoy) con las que pueda leerse este libro. El sentido que se le debe atribuir es el sentido que posee tomado unívocamente en su inmediato significado literal y filológico. Por tanto no existen en él intenciones, expectativas u opiniones distintas de las que el autor ha introducido, y tras de las cuales alguien pudiese estar buscando. La intención del autor del libro en nada difiere de la intención de su libro, salvo en aquellos lugares donde, como puede suceder, pudiese haber escrito mal: es decir, dicho lo que no quería decir. El autor no tiene ninguna nostalgia del pasado, porque tal nostalgia implicará un repliegue del devenir humano sobre sí mismo, y por consiguiente su perfección. Tal perfección terrenal es incompatible con la perspectiva sobrenatural que domina la obra. Tampoco las res antiquae a las que se refiere la frase de Ennio que abre el volumen son cosas anteriores (antiquus viene de ante) a nuestra época, sino anteriores a cualquier época: pertenecen a una esfera axiológica considerada indefectible. Si hay una referencia en este libro, es solamente a dicha esfera. No pretenda el lector buscar otra. Debo y manifiesto un vivo agradecimiento al Dr. Carlo Cederna y al Prof. Luciano Moroni-Stampa, que me han ayudado con los ojos y con la inteligencia en la revisión del borrador y en la composición tipográfica de este libro. Tabla de abreviaturas y algunos documentos utilizados Apostolicam Actuositatem (Concilio Vaticano II, decreto sobre el  apostolado de los seglares)

EPÍLOGO
Diagnóstico y pronóstico. 
2 conjeturas finales

Resulta difícil, o más bien imposible, concluir el análisis extendido a lo largo de este libro con una adivinación o pronóstico de lo que ocurrirá. La elevación de la conjetura al grado de ciencia (llamada, con mal formado vocablo, futurología) es cosa inconsistente, vulgar, teatral y vana. Ciertamente existe una ley general según la cual en el orden del mundo, causas iguales producen efectos iguales; pero esta ley expresa el comportamiento del mundo precisamente generale, y no consiente silogismos y conclusiones individuales; se pueden enunciar verosimilitudes, pero no verdades. 

Existe todavía el juego de la voluntad libre, el contingente defecto de las naturalezas finitas, o el carácter extraordinario de la intervención divina, tanto en el orden de la naturaleza como en el orden de la gracia. Es por tanto irrefragable la proposición: de futuris contingentibus non est determinata veritas. 

En la Fe católica hay en torno a los acontecimientos una sola certidumbre: la creación y el correr del mundo discurren bajo la divina Providencia y tienen por fin la gloria divina. Pero el sentido de la evolución del mundo no aparece manifiesto en las articulaciones singulares de la historia. Se capta solamente en la totalidad de su devenir, y de este modo, mientras el devenir esté en acto y no haya concluído escatológicamente, puede ser solamente vislumbrado. Pero arriesguémonos con las conjeturas. 

La primera conjetura es que el proceso de disolución de la religión católica en la sustancia mundana continúe, y el género humano camine hacia una igualación total de las formas políticas, de las creencias religiosas, de las estructuras económicas, de las instituciones jurídicas, y de los géneros culturales. Esto ocurriría bajo el imperio de la técnica al servicio del desarrollo del hombre en cuanto hombre y solamente mediante los elementos del mundo. La instauración del regnum hominis con la baconiana prolatio terminorum humani imperii ad omne possibile 1 constituiría esa novedad catastrófica anunciada tanto por la nueva teología como por la filosofía marxista. Las coloraciones religiosas con las cuales la teología de la liberación todavía se presenta están destinadas a desvanecerse y dejar desnuda la esencia humana de la teoría. Ver §§32.1 y 35.11. 

Esta primera conjetura supone la absoluta historicidad del Cristianismo, la caída de la Revelación divina a ser un momento del deviniente espíritu humano, y la eliminación de todo Absoluto de la razón y de la religión. Puede considerarse al comunismo ateo como principio activo de la desreligionización, pero también cooperan con él las doctrinas que lo han dado a luz históricamente. 

Algunos pensadores de los siglos XVIII y XIX, lúcidos por agudeza del ingenio o exaltación ideal, realizaron anticipaciones informes y confusas, pero sin embargo notables, de esta adivinación sobre la crisis del mundo. Juan Jacobo Rousseau, en el Contrato Social, lib. II, cap. 8, escribe: El imperio ruso querrá subyugar a Europa y sería él mismo subyugado. Los Tártaros, sus súbditos, se convertirán en sus amos y en los nuestros. 

Giacomo Leopardi, en Zibaldone, 867: 
No dudó en pronosticarlo. Europa, completamente civilizada, será presa de esos medio bárbaros que la amenazan desde el fondo del Septentrión; y cuando estos conquistadores se civilicen, el mundo volverá a equilibrarse. 

Aún más preciso es Jaime Balmes afirmando que quienes creen que Europa no podrá conocer ya conflictos similares a los de la invasión de los bárbaros y de los árabes no han reflexionado sobre lo que podría producir en el orden de la Revolución un Asia gobernada por Rusia 2

Tal mutación de civilización, que implica mutación de religión o negación de toda religión, está prefigurada también en las grandiosas páginas con que Vico concluye la Ciencia Nueva: 
Pero si los pueblos se pudren en esa última languidez civil, que no consiente ni un monarca nativo, ni que vengan naciones mejores a conquistarles y conservarles desde fuera, entonces la Providencia, ante este su extremo mal, adoptará este extremo remedio: que (...) hagan selvas de las ciudades, y de las selvas madrigueras para el hombre; y de tal suerte, dentro de muchos siglos de barbarie, se enmohezcan las sutilezas malnacidas del ingenio malicioso, que les había convertido en fieras más feroces con la barbarie de la reflexión 3 que con la barbarie del sentido. Esta primera conjetura profética es incompatible con la Fe católica. En realidad, como dijimos en §§5.7-5.8, no hay en el hombre otra raíz distinta de aquélla con la que fue creado y en la cual está injertado lo sobrenatural:
no es posible un cambio radical. No hay en el hombre otra novedad aparte de la que causa en él la gracia, y esta novedad continúa (sin pasar por un estado intermedio) en el estado escatológico. Este es el estatuto primero y último del hombre y no se dan cielos nuevos ni tierra nueva bajo este cielo y bajo esta tierra. 

La segunda conjetura acerca del futuro de la Iglesia es la expresada por Montini como obispo y confirmada después como Papa, y de la cual hemos tratado en §3.8. La Iglesia continuará abriéndose y conformándose al mundo (es decir, desnaturalizándose), pero su sustancia sobrenatural será preservada restringiéndose a un residuo mínimo, y su fin sobrenatural continuará siendo perseguido fielmente por una avanzadilla del mundo. 

A la engañosa expansión de una Iglesia diluida en el mundo corresponde una progresiva contracción y disminución en un pequeño número de hombres, una minoría en apariencia insignificante y moribunda pero que contiene la concentración de los elegidos, el testimonio indefectible de la Fe. La Iglesia será un puñado de vencidos, como preanunció Pablo VI en el discurso del 18 de febrero de 1976. Tal inanición y anulación de la Iglesia no invalida, más bien verifica, lo expresado por 1 Juan 5, 4: haec est victoria, quae vincit mundum, Fides nostra (y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe). 

Esta inanición de la Iglesia permanece inexplicable en línea histórica pura y tiene estrecha relación con el arcano de la predestinación. La fe no está acostumbrada al triunfo, y no hay jamás para la Iglesia victorias definitivas, sino victorias en curso de realizarse: es decir, combate perpetuo en el cual ella no sucumbe, pero jamás puede dejar de combatir. Y en el oscurecimiento de la fe, indicado en Luc. 18, 8, pueden tener lugar inversiones de la civilización que sin embargo no invierten la realidad de ese avance de la Iglesia: la ruina de Roma (tan recurrente en las profecías extracanónicas), la emigración de la Iglesia de levante a poniente (quizá a las Américas, quizá a África), traslaciones de imperios (según el esquema bíblico), o destrucción y reconstrucción de pueblos 4. La Iglesia, semimoribunda en la pobreza, en la persecución y en el desprecio por parte del mundo, tendrá el destino del Elegido de Thomas Mann: mientras el mundo se lanza a la barbarie, él se refugia con espíritu de penitencia y religión en la inhumana soledad de un inalcanzable escondite; allí se hace montaraz, diminuto, se nutre de hierba y de tierra, se convierte en una heredad orgánica donde habita el hombre, pero en la que el hombre resulta irreconocible.
Sin embargo, en un momento decisivo para la Cristiandad, la Providencia reencuentra al pequeño monstruo semihumano y los legados romanos lo traen a Roma, lo alzan a la cumbre pontifical, y lo consagran a la renovación de la Iglesia y a la salvación del género humano. 

De la inanición a la exaltación hay ciertamente un camino preconizado por la Fe. De la muralla de Is. 30, 14, derrumbada en fracciones de minutos y entre cuyos escombros no se encontrará ni siquiera un tiesto para transportar un tizón, se llega (en el orden de las cosas esperadas) a la edificación de la Jerusalén celeste, y no sólo de la terrenal. Este pasaje contradice las leyes de la historia humana, pero encuentra apoyo en las paradójicas resurrecciones históricas de la Iglesia: después de la crisis arriana, en la cual peligró la trascendencia, y después de la crisis luterana, en la cual igualmente corrió peligro. Y el volverse a levantar de la perdición sin que a oponerse basten los humanos (Inf VII, 81) responde a las leyes según las cuales opera la Providencia 5 en el gobierno del mundo. 

La acción divina transcurre de un extremo al otro, por lo que la criatura alcanza el fondo del mal y después se eleva a la cima del bien. Así, el combate moral empuja al universo hacia su fin: la realización de la cantidad predestinada de bien moral, o como se dice en teología, la consecución del número de los elegidos. Solamente este combate puede dar lugar al completo desenvolvimiento de la criatura en todos los grados posibles. No se trata de que el mal sea requerido por ese desenvolvimiento, sino de que también la victoria sobre el mal está incluída en el destino y en las virtualidades de la criatura intelectiva. La fe en la Providencia anuncia por consiguiente la posibilidad de una recuperación y sanación del mundo mediante una metanoia cuyo impulso inicial él no puede proporcionar, pero de la que es capaz cuando lo haya recibido. La exigencia de la Iglesia en esta situación ya no es leer los signos de los tiempos, porque non est vestrum nosse tempora vel momenta (no os corresponde conocer tiempos y ocasiones que el Padre ha fijado con su propia autoridad) (Hech. 1, 7), sino leer los signos de la eterna voluntad, presentes en cualquier tiempo y patentes para todas las generaciones que fluyen a lo largo de los siglos. 

Pero lo cierto es que la trama de la historia es el arcano de la predestinación, y ante esto, como decía elevadamente Manzoni, al pensamiento humano le conviene torcer las alas y estrellarse contra la tierra.

El Oráculo contra Duma

Parecerá que nuestro discurso ha llegado a una conclusión que tiene el carácter del conocimiento negativo, hipotético, sombrío y vespertino, incluso nocturno. Así es. Sólo puede traspasarse el velo palpando y vislumbrando. Custos, quid de nocte? Custos, quid de nocte? Dixit Cutos: Venit mane et nox. Si quaeritis, quaerite, convertimini, venite (Centinela, ¿qué hay de la noche? Centinela, ¿qué hay de la noche? Responde el centinela: Viene la mañana y también la noche. Si queréis preguntar, preguntad. Volved a venir) Is. 21, 11-12.
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1 Extender los límites del poder del hombre y desarrollar infinitamente todas sus posibilidades.
2 El protestantismo comparado con el catolicismo, O.C. tomo IV, B-A.C, Madrid 1949, cap. 13, págs. 125 y ss.
3 La barbarie de la reflexión es el desarrollo de la razón, cuando se separa de su principio trascendente y de su fin moral, como ocurre en el mundo de la técnica.
4 Me refiero sobre todo a las Revelaciones de Santa BRÍGIDA, así como a la síntesis del profetismo medieval hecha por CAMPANELLA en los Articuli prophetales, editados por G. ERNST, Florencia 1976.
5 Investigadas por Rosmini en el tercer libro de la Teodicea.

iota-unum by Alejandra Grassi


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