EL Rincón de Yanka: ⛪ CRISTIANISMO Y EUROPEIDAD 🕂 CRISIS Y RESTAURACIÓN EN EUROPA 🕂 LO QUE EL MUNDO LE DEBE A ESPAÑA Y A LA IGLESIA

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domingo, 22 de julio de 2018

⛪ CRISTIANISMO Y EUROPEIDAD 🕂 CRISIS Y RESTAURACIÓN EN EUROPA 🕂 LO QUE EL MUNDO LE DEBE A ESPAÑA Y A LA IGLESIA

LOS CREADORES DE EUROPA: 
BENITO, GREGORIO, ISIDORO Y BONIFACIO
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En su primer viaje a España el papa Juan Pablo II decía a los jóvenes que tenían que investigar en sus raíces para conseguir comprender los fundamentos de la "europeidad". 
El Cristianismo proporcionó a Europa valores tan fuertes, que le permitió, durante siglos, aventajar a todas las demás culturas obligándolas a europeizarse. Y es que Europa es patrimonio cultural y no tan sólo una estructura política o económica, como a veces nos sentimos tentados a creer. 
En poco más de tres siglos estos cuatro hombres: Benito, Gregorio, Isidoro y Bonifacio, pusieron las bases sólidas y suficientes para que sobre ellas pudiera levantarse, sin peligro, el edificio de la "europeidad". Sin ellos toda la cultura europea posterior se tornaría incomprensible.

Cristianismo y europeidad. 
Una reflexión histórica ante el tercer milenio

El libro de Luis Suárez, Cristianismo y europeidad, aporta la perspectiva de un historiador. Suárez reflexiona sobre el pasado, en especial el de la Iglesia en los últimos dos siglos, para abrir horizontes hacia el futuro en un tercer milenio de particularidades muy diferentes a las de la época medieval, cuando Cristiandad y Europa eran términos equivalentes. Lo que hay que tener en cuenta en esta nueva época no son tanto las estructuras externas del orden político-social, que pueden ser cambiantes, sino los valores que tienen su origen en el cristianismo: la libertad considerada como un don de Dios, la igualdad derivada de la condición de hijos de Dios, la dignidad de la mujer que tiene en María un referente excepcional... 
Con todo, los tiempos medievales nos muestran que Europa no hubiera llegado a la plenitud de sus posibilidades sin la aportación cristiana. Platón, Cicerón o Séneca no explican por sí solos la cultura europea, pues hay otro factor determinante: el de una religión venida de Oriente a Occidente, cuyo mensaje trasciende - y completa a la vez- el legado de Jerusalén, Atenas y Roma. Por eso se puede afirmar que los fundadores de Europa, los que injertaron las raíces cristianas en el continente, fueron los santos de los primeros siglos medievales: Benito, Gregorio, Isidoro, Bonifacio... 

Súarez no se queda, sin embargo, en la contemplación de esos tiempos primigenios sino que hace teoría de la Historia para ahondar en las causas de los males actuales de Europa. Una fecha clave, sin duda, es la paz de Westfalia (1648), un tratado que no sólo consagra un equilibrio de poder entre las potencias europeas sino que hace de la religión una iniciativa controlada por los poderes públicos. Seguirá luego el siglo XVIII, con las candorosas esperanzas de Condorcet, apóstol del progreso que pensaba que los hombres serían cada vez más sabios, más ricos y más felices. Más tarde llegará Comte que reclamaba el poder para los científicos, y creía que no habría guerras en el siglo XX. Pero sucedieron, tras ser precedidas por el racismo, las dialécticas del odio o ese determinismo que hablaba de la vida y muerte de las culturas. Todos estos hechos han ido en detrimento de la dignidad de la persona humana, un valor de la europeidad con indiscutibles raíces cristianas.

"Crisis y restauración en Europa

Un libro fundamental para comprender la historia de la religión cristiana en los últimos siglos
El profesor Luis Suárez nos presenta, a través de la editorial Homo Legens, su libro Crisis y restauración en Europa, su propuesta para transmitirnos la evolución de la Iglesia desde el siglo XV hasta mediados del siglo XX y la interacción de la Santa Sede con Europa y el mundo.
A partir del siglo XVI la Cristiandad europea se divide. No hay un diálogo, sino un enfrentamiento que lleva a las guerras de religión. Estas concluyen dando al poder civil una primacía completa. Europa entra en una serie de guerras, que se prolongan hasta el año 1945. Pese a todo, la Iglesia desde principios del siglo XIX recupera poco a poco su protagonismo, alcanzando niveles intelectuales y de influencia antes no conocidos. Incluso en aquellos países que abrazaron el protestantismo, la fe católica es hoy una fuerza dominante. Ahí está la gran incógnita del futuro. La Historia puede ayudarnos para construir un orden moral y de libertad.

LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA

Quizá la perspectiva de Senior tiene tanto de universal, o sea de católica, que su influencia es capaz de extenderse mucho más allá de lógicas espaciales o temporales, redescubriendo con asombrosa sencillez verdades permanentes de nuestra civilización.
“Debemos poner nuestro mayor esfuerzo en restaurar la lectura en la casa y, sobre todo, la lectura en voz alta: junto al fuego del hogar en invierno, y en el porche, en las noches de verano. Denles a sus hijos una catequesis fuerte, sermones serios, buenos ejemplos y ejercicio físico. Gobiérnenlos con firmeza, pero no los enfermen: déjenles leer los buenos libros “peligrosos”, y déjenles practicar deportes “peligrosos”, como el rugby o el montañismo. La condición humana supone que alguno se quiebre una pierna y peque, pero en una familia católica bien equilibrada las caídas serán pocas y los cuerpos y las almas se recuperarán.
Quizás alguien que esté leyendo estas páginas en este momento se levantará y destrozará el televisor. Ese acto, que no modificará el curso de la historia, cambiará radicalmente su vida y, sobre todo, la de sus hijos”.

LO QUE EL MUNDO LE DEBE A ESPAÑA

Europa es el resultado de las interrelaciones entre cinco ámbitos culturales que se expresan por medio de los grandes idiomas-español, francés, inglés, alemán e italiano-y que son independientes de las estructuras políticas, cambiantes en el tiempo. Debe haber, por ello, una muestra de aprecio y gratitud para todas ellas ya que en definitiva con sus aportaciones logran el beneficio del conjunto. 
La ciencia humana alemana, o su música, el teatro británico, la ópera italiana o el academicismo francés tienen, para nosotros los españoles, valor absoluto. Pero, ¿para cual de las aportaciones españolas puede reivindicarse la misa fama y reconocimiento a los ojos de nuestros vecinos europeos? 
En este ensayo, deliberadamente breve, Luis Suárez destaca, una a una y en conjunto, las aportaciones hispanas, desde los inicios mismos del cristianismo, hasta la preconización de una forma alternativa a la Ilustración, aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia y que se ve reflejada en los avances científicos en España y América en el XVIII. A través de sus más destacadas figuras y del legado de las instituciones nacidas en el mundo hispano, Luis Suárez nos ofrece un singular fresco de la grandeza de España, situándola en el lugar que le corresponde: el de portadora de unos valores profundos y un quehacer único que contribuyen, a su vez, a la grandeza de Europa y del mundo occidental.

Luis Suárez destaca, una a una y en conjunto, las aportaciones hispanas, desde los inicios mismo del Cristianismo hasta la preconización de una forma alternativa a la Ilustración, aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia, y que se ve reflejada en los avances científicos en España y América en el siglo XVIII.

A través de sus más destacadas figuras y del legado de las instituciones nacidas en el mundo hispano, Luis Suárez nos ofrece un singular fresco de la grandeza de España, situándola en el lugar que le corresponde: el de portadora de unos valores profundos y un quehacer único que contribuyen, a su vez, a la grandeza de Europa y del mundo occidental.

Europa es el resultado de las interrelaciones entre 5 ámbitos culturales a través del tiempo, que se han expresado por medio de 5 grandes idiomas: italiano, francés, alemán, inglés y español (castellano). La ciencia alemana o su música, el teatro británico, la ópera italiana, o el academicismo francés tienen para los europeos un valor absoluto. Lo mismo debe solicitarse en relación a las aportaciones españolas.

Hispania obtuvo su identidad a través de Roma. A principios del siglo IV, cuando el Imperio ejecutaba el tránsito desde el helenismo al cristianismo, fue reconocida como "diócesis" o ámbito de convivencia, iniciándose así la construcción de un patrimonio que abarcaba la Península e islas adyacentes. Los visigodos, pueblo germánico, se asentaron en estas tierras al producirse la caída del Imperio, sustituyendo su legitimidad.

Aquellos godos intentaron adoptar su particular forma de cristianismo, con las tesis arrianas, marcando así las diferencias entre germanidad y romanidad. Pero, cuando en el siglo VI, consiguieron unir políticamente el espacio hispano, se invirtieron los términos y fueron los hispanorromanos los que impusieron su modo de ser y vivir.

El III Concilio de Toledo (589) fue la primera aportación decisiva: el arrianismo fue sustituido por el catolicismo, se sometieron todos los habitantes a una Lex romanaaparada por los visigodos, que renunciaron a la lengua goda imponiéndose el latín y formas de vida autóctonas. Existió, por lo tanto, un paralelismo entre Hispania y Bizancio, por la herencia romana.

Isidoro de Sevilla asignó al saber una misión genérica de llegar a conocer el orden de la Creación, utilizando para ello los libros y sus lecturas, es decir, bibliotecas y lecciones, que forma la base sobre la que se construyen las escuelas que desembocan en las universidades, típicamente europeas. Dos o tres generaciones después, los continuadores de san Isidoro se integran en el Renacimiento carlovingio.

Esta Hispania, que conservó su nombre demostrando fidelidad a la herencia romana, se perdió en 711 a causa de la expansión islámica, pero ciertos núcleos de resistencia, con el apoyo de Francia (los europenses como les llama un anónimo cronista mozárabe), pudieron emprender una tarea de siglos, a la que lamamos Reconquista. Durante ella se constituyen hasta cinco reinos, pronto reducidos a cuatro, cristianos, que invocan la vieja herencia. Las circunstancias, desde el siglo X, hacen que se produzcan determinados fenómenos que hemos de tener en cuenta.

En primer término el vasallaje, heredado de los germanos, no se convierte en feudalismo sino que se mantiene dentro de las estrictas relaciones de fidelidad entre vasallo y señor. Pero el vasallaje es un contrato que se ratifica mediante juramento y sólo personas libres pueden prestarlo. El León nace, al restaurarse la legislación gótico-romana, las primeras leyes que permiten al siervo salir de esta condición. Un avance que se extiende luego a toda Europa.

En la época de los Reyes Católicos, España es el primer país en donde se dicta una ley disponiendo la nulidad de cualquier vínculo se servidumbre que aún subsistiera. De aquí nacen otras dos consecuencias: a las Asambleas de la Corte son invitados también los representantes del tercer Estado. Un modelo que Simón de Monfort aplicará en Inglaterra creando los Comunes; la condición de súbdito se identifica con la libertad, asegurada mediante el recíproco cumplimiento de la ley.

La Monarquía hispana, desde la segunda década del siglo XIV avanza, por la vía de la Corona de Aragón, hacia un reconocimiento de que la potestad regia se garantiza por medio de tres poderes, legislativo (Cortes), administrativo (Consejo) y Judicial (Audiencia o Chancillería). Es el antecedente necesario para comprender el gran descubrimiento de Montesquieu.

Otra de las aportaciones importantes se produce mediante el contacto con musulmanes y judíos, que aportaban de Oriente algunas versiones del helenismo y de la sabiduría oriental. Entre otras, el texto de al-Kwarizmi, introducía en Europa el cero y el infinito, y sustituía los números romanos por guarismos. El futuro Papa, Gerberto de Aurillac, viajó hasta España para adueñarse del texto y exportarlo a toda Europa. Por esta vía, mediante la Escuela de Traductores de Toledo se investiga el pensamiento de Aristóteles. La versión de las Categorías que se empleaba en la Universidad de París se llamaba "Gundisalvus" porque era producto de un canónigo de Segovia llamado Domingo González. La ciencia podría entrar de este modo por las vía de la modernidad.

Fue un español, Raimond Llull, quién trató de convencer a los europeos, en los inicios mismos del Humanismo, de que la Fe puede explicarse por medio de la Razón, haciendo ver que el cristianismo constituye el modo más racional de explicar la existencia de Dios y de la naturaleza humana. Por esta vía, aprovechando de una manera especial influencias italianas y borgoñesas, España puso en marcha una reforma religiosa que aportaba dos valores opuestos a los del nominalismo, que desembocaría en Lutero: capacidad racional para el conocimiento incluso especulativo, y libre albedrío, como explicarían Manrique o Calderón, entre otros autores. A esta aportación deberíamos sumar una tercera de enorme importancia en razón de las peregrinaciones a Santiago. No existe pecado, por grave que sea, que no pueda alcanzar su perdón mediante verdadera y fructuosa penitencia. Tras elementos esenciales.

De aquí procede la Escuela de Salamanca, que tendrá en Suárez su punto culminante. Europa recibió el mensaje: partiendo de la base de la libertad racional, e incorporando las enseñanzas de la Iglesia, puede descubrirse que todos los seres humanos, sin distinción de raza, de color o de origen, se encuentran dotados en su naturaleza de ciertos derechos inalienables, como son la vida, la libertad y la propiedad. Las Monarquías estaban llamadas a reconocerlos y defenderlos pero no podían ser sustituidos. Una línea de razonamiento que coincide con la Constitución norteamericana, pero que se sitúa en una dimensión opuesta a la de la Revolución francesa.

En la culminación de la reforma española que alimenta al Teatro de Siglo de Oro(Zalamea, La vida es sueño, El burlador de Sevilla o El condenado por desconfiado) se encuentran las aportaciones de santa Teresa y de san Juan de la Cruz, que llegan a descubrir el secreto: "a la tarde te examinarán en el amor".

Pero en torno a este planteamiento, Europa se dividió partiendo de las universidades, entre racionalistas y nominalistas. España abraza el Tomismo y defiende esta línea de pensamiento. En la primera coyuntura, y a pesar de disponer de una Papa español, España da el paso decisivo para la solución del Cisma de Occidente abandonando la coyuntura de mantenerse en línea inexorable con Benedicto XII. En la segunda no hubo entendimiento y se aprestó a vencer la "rebelión protestante".

Entre 1648 y 1659 esta rebelión es vencida, predominando las razones políticas sobre las ideológicas, y se inicia una desvalorización de los principios esgrimidos por las escuelas españolas.

La decadencia política, que se prolonga durante más de dos siglos, lleva a algunos de los intelectuales de la Enciclopedia, a suponer que de ningún valor pueden considerarse las aportaciones españolas.

Visión incorrecta. Algunos grandes pensadores, en línea con el padre Feijóo, entre los que destacan Jovellanos y Campomanes, preconizaron una fórmula distinta para la Ilustración: aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia. Durante dos o tres décadas, como demuestran los avances científicos en España y América, pareció a punto de alcanzarse esta meta. Pero la Revolución francesa provocó primero un freno radical y después una reacción contra los propios ilustrados españoles. Jovellanos, que fue un católico profundo y así lo demostró en Valldemosa, pudo ser calumniado por muchos clericales y presentando como algo que nunca fue, hasta el punto de que la Logia masónica de su ciudad natal emplearía su nombre.

Tiempos difíciles, de ruptura interior. Lo que España en el siglo XIX aportaba a Europa, envolviéndolo en la hazaña de las victorias sobre Napoleón, no era precisamente recomendable. Pues tradicionalismo y liberalismo no se presentaron como peldaños para un ascenso en la cultura, sino como enemigos que trataban de descubrir en el de enfrente, un peligro, un mal. Y así hemos vivido un siglo de guerras civiles, en el corazón y en la conducta que el Europeísmo debe borrar permitiendo el retorno a esos valores profundos que Europa necesita.

Lo que España debe a la Iglesia Católica

Esta obra se remonta a los orígenes mismos de España y llega hasta la situación actual. El eje vertebrador es la relación de nuestro país con la Iglesia Católica.
Hispania se vio llamada a integrar la germanidad en el catolicismo, a partir del siglo V. Destacan las figuras de San Isidoro (556-636) y San Ildefonso (607-667) que ponen las bases de lo que ocho siglos más tarde, culminada la reconquista, sería el modelo de los Reyes Católicos: una monarquía al servicio de una comunidad religiosa a la que todos los súbditos pertenecían. Otras religiones tan solo serían toleradas, en principio.
El autor explica que la defensa del catolicismo como algo esencial a la monarquía y el temor a la amenaza de los turcos llevaron en tiempos de los Reyes católicos a la expulsión de los judíos y de los musulmanes que no quisieron abrazar la fe católica, decisión que vista con perspectiva fue un error. Al mismo tiempo, Suárez destaca dos actitudes netas de Isabel y Fernando en su política en América: la prohibición de hacer esclavos a los indígenas y el reconocimiento de todos los derechos que a sus súbditos les correspondían.

El humanismo renacentista español se basó en la defensa de dos dimensiones esenciales de la persona humana: la libertad y la capacidad racional. Factores que serán decisivos en los tiempos del Concilio de Trento, iniciado en 1545. Según Suárez, “de las tres misiones que la Iglesia confió a la Monarquía española, defensa de los turcos, hacer de América un bastión católico, y defender la fe, las dos primeras fueron suficientemente cumplidas. En la tercera vino la derrota”.
El texto estudia también la influencia trascendental de Santiago en España y en Europa. Por otra parte, la impronta cultural y evangelizadora de España en América, son tratadas con profundidad y sencillez.

El paulatino declive del imperio español, pasando por momentos tan graves como la expansión napoleónica, llega a la separación entre el trono y el altar en 1931. No se omiten unos juicios equilibrados sobre los sufrimientos que la guerra civil española hizo recaer sobre todos. También se destaca que durante la persecución de los judíos por los nazis, “España no se limitó a defender los derechos de los sefarditas que acudían a pedir documentación en las embajadas como ya Alfonso XIII y Primo de Rivera previeran, sino que abrió sus puertas, ayudó a los fugitivos en gran número y hasta recurrió a contratar vehículos en Budapest y un tren en Alemania y Francia para salvar a varios miles de judíos como consta en la documentación israelita. Todo esto causó la cólera de Hitler que ya muy pronto mostró su desprecio hacia los gobernantes españoles, a los que llamó discípulos de los jesuitas”.

Luis Suárez, casi al final del libro, explica cómo el Vaticano advirtió a Franco que establecer una Constitución de partido único llevaría a un camino totalitario, al que la Iglesia no prestaría su apoyo, advertencia que no cayó en saco roto.
Finalmente, tras la doctrina del Vaticano II que afirma la mutua autonomía de los ámbitos civil y el eclesiástico, el autor del libro afirma que “la Iglesia española ha experimentado pérdidas cuantitativas a cambio de lograr ese crecimiento cualitativo que da razones a la esperanza”.


LEER POR LEER - LUIS SUÁREZ