EL Rincón de Yanka: PREGUNTA

inicio














Mostrando entradas con la etiqueta PREGUNTA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PREGUNTA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de octubre de 2026

LIBRO "LA RELIGIÓN DEMOSTRADA": LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA por P. A. HILLAIRE


 LA RELIGIÓN DEMOSTRADA

Los fundamentos de la fe católica 
ante la razón y la ciencia


Hillaire quiso responder con un solo libro a la pregunta «¿por qué soy cristiano y católico?». Lo organizó en cinco verdades encadenadas: Dios existe; el hombre tiene un alma espiritual, libre e inmortal; necesita una religión; la religión cristiana es la única divina, y la Iglesia católica es su única depositaria. Según su introducción, la materia del libro «es una explicación del Concilio Vaticano I conforme a las normas de la teología fundamental».
El método es el de santo Tomás: pregunta, respuesta y prueba. Por eso el P. Pío de Langogne, capuchino, le felicitó desde Roma «por haber elegido para el desarrollo de vuestras tesis, el método tan sencillo y tan claro de la Suma Teológica».
El P. Négre lo resumió así en su informe: «LA RELIGIÓN DEMOSTRADA es, a la vez, una Teología, una Apología y un Catecismo».

Los fundamentos de la fe católica ante la razón y la ciencia: cinco verdades demostradas, de la existencia de Dios a la Iglesia católica.
La religión demostrada, del P. A. Hillaire, responde con razones a la pregunta que todo católico debería saber contestar: ¿por qué soy cristiano y católico? En 682 páginas demuestra, paso a paso, cinco verdades encadenadas: que Dios existe, que el hombre tiene un alma espiritual e inmortal, que necesita una religión, que la religión cristiana es la única divina y que la Iglesia católica es su única depositaria.
No es un libro de sentimientos ni de opiniones. El autor parte de una frase de Paul Bert, que en 1879 anunciaba en su informe sobre la instrucción pública en Francia: «Nuestra voluntad es levantar frente al templo donde se afirma, la escuela donde se demuestra». La respuesta de Hillaire ocupa todo el libro: el templo donde se afirma es también el templo donde se demuestra, porque la fe católica descansa en hechos ciertos y en principios evidentes.


El propio autor resume su plan en cinco verdades, «ligadas unas con otras como los eslabones de una cadena»:

Primera verdad: Dios existe. Siete pruebas de la existencia de Dios (el universo, el movimiento y el orden, el hombre inteligente y libre, la ley moral, la creencia universal, la historia y la necesidad de un Ser eterno), la refutación del ateísmo y la Providencia.
Segunda verdad: tenemos alma. Una breve lección de filosofía y la demostración de la espiritualidad, la libertad y la inmortalidad del alma.
Tercera verdad: el hombre necesita una religión. El culto interno, externo y público; los pretextos de los indiferentes; por qué solo hay una religión buena y por qué es la revelada; el milagro y la profecía como señales de la revelación, con los decretos del Concilio Vaticano I sobre la fe y la razón.
Cuarta verdad: la religión cristiana es la única divina. La revelación antes de Jesucristo, las profecías cumplidas en Él, sus milagros, la Resurrección, la constancia de los mártires, los frutos de la religión cristiana y un apéndice sobre la divinidad de Nuestro Señor.
Quinta verdad: la Iglesia católica es la única depositaria de la religión cristiana. La Iglesia tal como la fundó Cristo, sus notas, su organización, sus relaciones con el Estado, los beneficios que ha dado al mundo, las principales objeciones contra ella y nuestros deberes para con la Iglesia.

Por el camino quedan refutados, como anuncia el plan de la obra, los ateos, los materialistas y positivistas, los indiferentes, los herejes y protestantes, y los masones, «los peores enemigos de la Iglesia, de la familia y de la sociedad». A la francmasonería le dedica un apéndice propio dentro de la quinta verdad.

¿Para quién es?

Hillaire lo escribió, según su introducción, para la juventud y para «las personas mayores que, impedidas por sus ocupaciones para dedicarse a estudios profundos sobre las verdades religiosas», necesitan tenerlo todo reunido en un solo volumen. Sigue el método de la teología fundamental, pero con preguntas, respuestas y pruebas que se siguen sin haber estudiado teología. Es para usted si se reconoce en alguno de estos casos:El padre o la madre cuyo hijo vuelve de clase diciendo que la fe no tiene base racional, y quiere poder responderle con algo más que «porque sí».
El catequista o el profesor de Religión que necesita las razones ordenadas, de la existencia de Dios a la Iglesia, para preparar sus clases.
El joven que va a confirmarse o a empezar la universidad y quiere saber por qué cree lo que cree, antes de que se lo discutan.
El que discute en la familia, en el trabajo o en las redes, y alguna vez se ha quedado sin respuesta ante un «todas las religiones son iguales» o un «la ciencia ya ha demostrado que Dios no existe».
El que duda o busca. Hillaire cita a Pascal: «No hay más de dos clases de hombres razonables: los que aman a Dios con todo su corazón, porque le conocen, y los que le buscan de todo corazón, porque no le conocen». Este libro sirve a los dos.

En una palabra, para quien quiere estar «siempre pronto para dar razón» de su esperanza, como pide San Pedro.

Quién lo escribió y quién lo tradujo

El P. A. Hillaire fue profesor del Seminario Mayor de Mende y superior de los Misioneros del Sagrado Corazón. Cuenta en la introducción que concibió la obra en la gruta de Lourdes, y la firmó en Mende el 8 de diciembre de 1900. En Francia la obra alcanzó al menos dieciséis ediciones.
La versión castellana es la de Mons. Agustín Piaggio, vicario general de la Armada Argentina y prelado doméstico de Su Santidad, hecha sobre la 16.ª edición francesa. El Episcopado argentino, reunido en Tucumán en 1912, le felicitó por la empresa y declaró: «aprobamos, bendecimos y recomendamos de todo corazón la presente obra».

¿Sabrías defender tu fe?

Diez objeciones contra la fe que oirá tarde o temprano: en la comida familiar, en clase, en el trabajo o en la tele. Para cada una le damos tres respuestas posibles. Solo una aguanta. Elija la que daría usted y compruebe si sabría defender su fe. Todas las respuestas buenas salen de La religión demostrada, del P. A. Hillaire, con su página.

Las diez respuestas, una por una

Si ya ha jugado, aquí tiene las respuestas completas, con la cita del libro. (Si no ha jugado, no siga leyendo: se estropea la gracia.)

1. Si Dios existiera, lo veríamos. Yo solo creo en lo que veo.
Respuesta: No lo vemos, pero vemos sus obras, como quien ve un cuadro y sabe que hubo un pintor.
«A Dios no lo podemos ver, ciertamente, con los ojos del cuerpo, pero sí podemos contemplar sus obras. Así como por la vista de un cuadro deducimos la existencia del pintor…» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 2. Primera verdad: Dios existe.

2. La vida surgió sola de la materia. No hace falta ningún Dios.
Respuesta: Nadie puede dar lo que no tiene: la materia no tiene vida, luego no pudo darla.
«¿Razón? Porque nadie puede dar lo que no tiene; y como la materia carece de vida, tampoco pudo darla.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 9. Primera verdad: Dios existe.

3. Si Dios existe, ¿por qué a los malos les va tan bien y los buenos sufren?
Respuesta: Dios es paciente porque es eterno, y quiere dar tiempo al arrepentimiento.
«Dios es paciente, porque es eterno; porque quiere dar lugar al arrepentimiento; porque si castigara siempre el vicio aquí en este mundo, y aquí también recompensara la virtud, el hombre no practicaría el bien sino por interés.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 50. Primera verdad: Dios existe.

4. Yo no voy a misa, pero soy buena persona. Con eso basta.
Respuesta: Ser honrado es dar a cada uno lo suyo, y lo primero que debemos es a Dios.
«Ahora bien, la religión no es otra cosa que la justicia para con Dios. Luego aquél que no practica la religión no es honrado, porque no es justo para con Dios.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, pp. 125-126. Tercera verdad: el hombre necesita una religión.

5. Todas las religiones son iguales: todas llevan a Dios.
Respuesta: ¿Son buenas todas las monedas? Hay verdaderas y falsas, y las falsas suponen la verdadera.
«¿Acaso todas las monedas son buenas? ¿No hay que distinguir entre las verdaderas y las falsas? Pues lo mismo sucede con la religión.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 129. Tercera verdad: el hombre necesita una religión.

6. Los milagros son imposibles: Dios no puede saltarse sus propias leyes.
Respuesta: Quien hizo las leyes puede suspenderlas en un caso, igual que un director da un día libre sin abolir el reglamento.
«Si el director de un colegio concede un día de asueto, ¿queda acaso por ello abolido el reglamento?» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 156. Tercera verdad: el milagro y la profecía.

7. Jesús leyó a los profetas y se las apañó para cumplir lo que decían.
Respuesta: Nadie elige dónde nace, de qué familia ni en qué siglo. Eso no se amaña.
«¿Se dirá que Jesucristo se aplicó las predicciones de la Escritura? Pero no depende del poder de un hombre elegir el lugar de su nacimiento, nacer en Belén más bien que en Roma, nacer de la raza de Abraham, de la familia de David… (Mons. Freppel, citado por Hillaire)» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 263. Cuarta verdad: la religión cristiana es divina.

8. La Iglesia es enemiga de la ciencia.
Respuesta: Fe y ciencia vienen de Dios, y lo verdadero no puede oponerse a lo verdadero.
«La Iglesia no es enemiga sino de la ignorancia y del error. […] De una parte y de otra hay verdad; luego no hay oposición, porque lo verdadero no puede oponerse a lo verdadero.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, pp. 594-595. Quinta verdad: la Iglesia católica.

9. La Iglesia católica se ha inventado dogmas que no están en el Evangelio.
Respuesta: La Iglesia nunca define un dogma sin probar que los Apóstoles ya lo enseñaban.
«Nunca la Iglesia ha definido un artículo de fe sin haber probado que los apóstoles lo habían enseñado, o por escrito, o de viva voz.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 430. Quinta verdad: la Iglesia católica.

10. ¿Cómo va a ser santa la Iglesia, con lo malos que son tantos católicos?
Respuesta: Los que la deshonran es porque no hacen caso de su doctrina ni de su moral.
«Si numerosos cristianos con su indigna conducta deshonran a la Iglesia, es porque repudian su doctrina y su moral.» — P. A. Hillaire, La religión demostrada, p. 428. Quinta verdad: la Iglesia católica.

VER+:



La Religion Demostrada by juan capistrano


jueves, 1 de octubre de 2026

MIGUEL PALOMO: POR QUÉ CARLOS BLANCO DEJÓ DE CREER EN DIOS (Y POR QUÉ SE EQUIVOCA)


Por qué este SUPERDOTADO
dejó de creer en Dios (y por qué se equivoca)

Tenemos más cosas en común. Por ejemplo, nacimos el mismo año y ambos hemos sido investigadores visitantes en Harvard. Pero algo nos diferencia nuestra visión sobre Dios y esa diferencia la vamos a analizar en cinco errores que comete Carlos. Vamos a ello. 

Número 5, ¿Qué es Dios para Carlos Blanco?

CARLOS BLANCO: 
- Sería otro tema. O sea, yo por eso me planteo que es Dios. 
Para mí sería el límite asintótico en las aproximaciones que la mente humana podría y una mente superior humana podría tener a la realidad absoluta. O sea, que no tuvieras una mente infinita, no tendrías el sistema infinito. 

MIGUEL PALOMO: 
- Imagina líneas, una recta que representaría a Dios y una curva que representa a los humanos y, que se acerca infinitamente, a la línea recta sin tocarla nunca. Nos vamos acercando a la realidad absoluta conforme nuestra inteligencia crece, pero nunca llegamos. Yo sería el punto de llegada imposible, el límite matemático al que apunta la serie de números, pero que ningún término alcanza. Bien, la imagen es bonita, pero tiene dos problemas que no son menores:

El primero, Carlos está confundiendo el conocimiento de dios con Dios mismo, que yo no pueda conocer toda la realidad, no dice nada sobre si Dios existe o no. Son dos preguntas distintas. De hecho, la imagen implica que él está viendo ambas líneas desde fuera, desde un punto de vista objetivo. Pero si su imagen es real y nunca llega a ver la línea divina, nunca llega a ver a Dios, ¿cómo sabes que te acercas sin tocarlo? El límite que él señala habla de las cosas que podemos conocer como humano. Es un concepto epistemológico. No habla de lo que existe de verdad, que sería un concepto ontológico, así lo llamamos en filosofía. Son cosas distintas. 

El segundo problema más sencillo pero más grave. Este "dios" de la curva no hace nada. Es una línea quieta que no se mueve, no crea, no ama, no se revela, no resucita a nadie. Es una abstracción matemática disfrazada de teología. Si Dios es solo el límite de lo que podríamos conocer, entonces la palabra dios no está haciendo referencia a Dios, sino a nuestra ignorancia. En el cristianismo esa línea no se queda quieta esperando a que tú te acerques. Es Él quien se acerca, quién se revela y quién nos llama. 
Llamar a Dios, el límite asintótico de la realidad absoluta, es poético, pero no funciona. A este error le doy una poesía sobre 10. Las flores son rojas, el cielo es azul. El límite asintótico, un sin sentido y Dios sigue ahí, aunque no lo veas tú.

Número cuatro, reducir el cristianismo a ética. 

CARLOS BLANCO:
- Y entonces me he quedado más con el sermón de la montaña, podríamos decir, ¿no? Con el mensaje central de Jesús en las bienaventuranzas y ciertos principios éticos. Ni siquiera Jesús, para mí, es definitivo, ni Buda ni nadie.
Al final, siempre tenemos que seguir buscando la esencia del cristianismo.
Para mí, sería la capacidad de crecer espiritualmente, mediante el amor, ¿no? O sea, y entonces, eso, yo creo, que es un mensaje universal para crecer en todas dimensiones. Pero, o sea, yo el cristianismo lo veo como un idealismo, como un gran humanismo idealista.

MIGUEL PALOMO: 
- Quedarse con el sermón de la montaña y descartar a Jesús como lo definitivo, me parece que algo así, no cuadra. El mismo Jesús que era el sermón de la montaña, dice ser el hijo de Dios, dice perdonar pecados y anunciar su resurrección. C. S. Lewis lo explicó muy claramente: "No puedes quedarte con la bienaventuranzas y tirar el resto, como si fuera un embalaje inservible". 
Si Jesús era un gran maestro de moral, entonces necesariamente es Dios. Y me explico: ¿Te imaginas a un gran maestro de moral que decía mentira?

Si su moral es buena y verdadera, entonces no mentía. Y si no mentía, entonces tienes que aceptar que Jesús es quien dijo ser. Aquí hay un error de comprensión del cristianismo. Carlos dice que la esencia del cristianismo es crecer espiritualmente mediante el amor. Suena genial, pero es falso. La esencia del cristianismo, la enuncia Pablo sin rodeo: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe. Primera de Corintios 15:14.
Sin ese hecho, la resurrección, el sermón de la montaña es un bello poema que en realidad no serviría para nada. A este error le doy un tres sobre 10. El tres es por aceptar el sermón del monte, aunque sea solamente porque dice cosas bonitas. 

Número tres, la presunción del ateísmo.

CARLOS BLANCO:
- La carga de la prueba recae en el que dice que existe Dios, ¿no? En el que lo afirma. Digamos que habría una presunción de ateísmo en parte. Eh, evidentemente, si tú me dices que existe eh un unicornio en la otra habitación, pues me lo tienes que demostrar. 

MIGUEL PALOMO:
- Vamos, que la opción por defecto es ser ateo y que quien diga que Dios existe es él quien tiene que demostrar algo. El ateo no tiene que demostrar nada. Eso es falso. Tanto ateos como cristianos tienen que demostrar su punto central. El teísta tiene que justificar a un dios. El ateo tiene que justificar un universo que se sostiene solo, sin fundamento, sin razón de ser, surgido de la nada o existente desde siempre por pura casualidad cósmica. 

Él mismo afirma en el vídeo que quizá el universo existe porque sí, sin causa. Eso no es el pensamiento por defecto para nada. Si el universo es así, hay que demostrarlo. Y para justificar su visión, Carlos pone el ejemplo del unicornio. No es la primera vez que aparece este ejemplo. Ya salió en el vídeo donde refuto a la gata de Schrödinger que os dejo aquí. Y ahora vais a entender perfectamente por qué sale siempre el unicornio en estas conversaciones. Carlos dice, "Si tú dices que existe un unicornio en otra habitación, demuéstramelo".
Lo gracioso con este ejemplo es que siempre se utiliza algo que todos sabemos que no existe, como el unicornio, por lo que la propuesta, ese demuéstramelo ya resulta absurdo desde el inicio. O sea, que Carlos ya presupone que eso que queremos demostrar no existe por defecto. Pero Dios no es el unicornio de la habitación de al lado. Dios es la respuesta a la pregunta, ¿por qué hay habitación? ¿Por qué hay algo en lugar de nada? No se trata de preguntar por un objeto más dentro del universo. Se trata de preguntar por el fundamento del universo entero. Son preguntas de distintos nivel y el ejemplo del unicornio lo que hace, quizás sin darse cuenta, es ridiculizar al teísta. A este error le doy un rinoceronte sobre 10. Se parece al unicornio, pero al menos el rinoceronte existe. 

Número dos, el relativismo de la religiones.

CARLOS BLANCO:
- Incluso cuando era un super católico de niño, yo quería siempre estudiar pues la India, Egipto, China, otras religiones, otras formas de ver a Dios. Pero claro, esa diversidad de perspectivas me hizo también relativizar, contextualizar y ver, bueno, pues que hay muchas ideas del cristianismo que no son originales, que hay un proceso histórico, que luego muchas no son tan consistentes como parece cuando las analizas racionalmente. 

MIGUEL PALOMO:
- Aquí hay un error que se disfraza de apertura de mente y es que la pluralidad de respuesta a una pregunta no implica que toda respuesta sea falsa. Por ejemplo, ¿os imagináis a alguien diciendo que la medicina es falsa porque existen la alquimia, la homeopatía y el curanderismo? Creo que nadie en su sano juicio afirmaría algo así. O también, que haya muchos bares haciendo arroz con cosa no invalida a la paella valenciana.
Dicho de otro modo, la existencia de alternativa no es un argumento contra ninguna de ellas en particular. De nuevo, C. S. Lewis, que como Carlos conocía muy bien las religiones comparadas, señaló exactamente lo contrario, que los mismos temas aparezcan en religiones de culturas distintas y aisladas, no desdice al cristianismo, sino que más bien sugiere que hay algo real que distintos pueblos han estado intentando alcanzar. Esto nos lleva a una diferencia crucial que Carlos pasa por alto: El cristianismo no es una cosmología ni un sistema ético que haya que comparar con otros sistemas éticos. 
Es una afirmación histórica concreta: que un hombre llamado Jesús de Nazaret murió y resucitó al tercer día. Eso tiene testigos, eso tiene textos datables. 
Y ahora comparemos con otras religiones. El budismo te puede traer paz interior, el taoísmo te puede enseñar a fluir, pero ninguna de esas tradiciones compite contra una afirmación histórica. Es decir, el cristianismo no se refuta encontrando otras religiones. Solamente se puede refutar demostrando que la tumba de Jesús estaba vacía. A este error le doy un buffet libre del hotel sobre 10. Hay de todo, está todo muy rico y al final no te alimenta de nada.

Y llegamos al esperado número uno, el agnosticismo como postura superior. 

CARLOS BLANCO: 
- Ante esa abundancia de ignorancia y ese exceso de expectativas, prefiero mantenerme en el en el agnosticismo.

MIGUEL PALOMO:
- Y llegamos al argumento central: Carlos presenta el agnosticismo como la postura más honesta, más valiente y más racional. Pero esto no es así. Veréis, hay dos tipos de agnósticos: están los que no han dedicado esfuerzo en resolver estas cuestiones y se decantan por el agnosticismo por comodidad o por vagos, porque claro, no es nada importante todo esto, es solo el punto que define toda tu vida, toda tu cosmovisión y tu futuro. Vamos, nimiedades. 
Y también están, segunda opción, los que han reflexionado, han estudiado mucho sobre estas cuestiones y no llegan a tomar partido. He conocido a muchísimos de los primeros, y a muy pocos, de los segundos.

Puedo contarlo con los dedos de una mano. El caso de Carlos Blanco es el segundo, pero hay algo en común para todos los agnósticos. Prácticamente todos piensan que su posición es intelectualmente superior a la de un creyente y a la del ateo. Y aquí está el problema: El agnosticismo no es una postura neutral por el simple hecho de estar en medio. Estar entre dos opciones no te hacen más sabio que quienes han elegido una. El árbitro no juega mejor que los jugadores, simplemente no juega.

Y cuando la pregunta es sobre el fundamento de tu propia existencia, no jugar también es una decisión, probablemente una decisión terrible.
Vamos, que el agnosticismo es una postura extraordinariamente cómoda, no te compromete con nada. Puedes admirar la mezquita y la catedral, quedarte con el sermón de la montaña y descartar la resurrección, definir a un dios como un límite asintótico y seguir buscando indefinidamente, sin llegar a ninguna parte. Es la postura perfecta, para alguien que quiere todas las ventajas estéticas e intelectuales de la religión, sin ninguna de sus implicaciones. Pero claro, hay una diferencia entre seguir buscando, porque la verdad importa y seguir buscando porque nada te convence, porque quizás esperabas otra cosa de la religión o porque quizá querías llegar a una conclusión y resulta que esa conclusión cambia tu estilo de vida y tu visión de las cosas. El propio Carlos lo reconoce sin querer cuando dice que le cuesta creer por cuestiones científicas, filosóficas e históricas. Esas son exactamente las cuestiones que los apologistas llevamos 2.000 años respondiendo. Que no le hayan convencido es legítimo. Que las declare irresolubles, ya es otra cosa. A esta postura le doy un árbitro sobre 10. Muy respetado, está en el campo y lo ve todo, pero nunca, nunca, nunca mete un gol. 

Conclusión, Carlos Blanco es un tipo muy interesante al que le guardo mucho respeto, pero sus argumentos a favor del agnosticismo no soportan un análisis riguroso. En su vídeo veo a alguien con una inteligencia extraordinaria que paradójicamente usa esa inteligencia para construir una postura que no le lleva a ningún lado.

Hay un constante, yo creo, para mí, yo, yo, yo... Y al final, en lugar de presentarnos datos razonables sobre Dios, Carlos nos deja solamente con su opinión. Es la opinión de alguien que sí es muy inteligente, pero que comete errores como todo el mundo y cuyos argumentos no le llevan demasiado lejos, ni hacia el ateísmo ni hacia el cristianismo. Pero aquí no nos interesan las preferencias personales, lo que nos interesa es la Verdad. Y atención, porque Carlos Blanco dijo más cosas en sus charlas. Dijo, - "¿Cuál es la mayor prueba a favor y en contra de la existencia de Dios?". 
Esto da para otro vídeo. Si queréis que reaccione a sus palabras, decídmelo abajo en comentarios, os leo. Recordad que este contenido no lo vais a encontrar en ningún otro canal, por eso no olvidéis... Recordad que todo apunta a adiós.

El entendimiento, si entiende, no se entiende cómo entiende:
al menos no puede comprender nada de lo que entiende.
A mi no me parece que entiende, porque -como digo- no se entiende.
¡Yo no acabo de entender esto! 
 Santa teresa de Jesús

Creer en Dios no es pensar a Dios; Creer en Dios es sentir a Dios. 
(Y el que siente es el corazón) 
Pascal

Todo el que cree, piensa.
Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula. 
 San Agustín

Lo mejor que podemos sentir es el lado misterioso de la vida.
Este es el sentimiento que se encuentra en el fondo
del arte y de la verdadera ciencia.
Quien no puede sentir asombro 
ni sorpresa está como muerto.
Sus ojos se apagaron. 
 (Albert Einstein)

La cosa más hermosa que podemos experimentar es el misterio. 
Es la fuente de todo verdadero arte y ciencia. 
Aquél a quien esta emoción le es extraña, 
que no puede hacer una pausa para meditar 
y permanecer en un rapto de asombro, 
está tan bien como muerto: sus ojos están cerrados." 
[Albert Einstein (1879-1955), físico alemán, Premio Nobel de Física 1921]

La experiencia más bella
que tenemos las personas es el misterio. 
 Albert Einstein


Blaise Pascal. A los 16 años escribió un tratado de geometría que dejó atónitos a los matemáticos más grandes de su época. A los 19 inventó una máquina de calcular. A los 20 ya era famoso en toda Europa.
Y a los 31 abandonó todo. Se encerró. Se alejó del mundo.
Nació en Francia en 1623. Su madre murió cuando él tenía tres años. Su padre lo educó en casa, y desde muy pequeño mostró una inteligencia fuera de lo normal.
A los 12 años ya había deducido por su cuenta teoremas de geometría. A los 16 escribió un tratado sobre las cónicas. A los 19 construyó una calculadora mecánica para ayudar a su padre con los impuestos.
Parecía destinado a ser uno de los grandes científicos de todos los tiempos. Y lo fue:
Inventó la teoría de la probabilidad.
Estudió la presión atmosférica.
Hizo experimentos que cambiaron la física.
Pero algo lo carcomía por dentro.
Pascal vivía angustiado. Le tenía terror al vacío, a la muerte, a la insignificancia. Decía que el hombre es "una caña pensante": frágil como una caña, pero capaz de pensar. Y esa mezcla lo obsesionaba.
Una noche, en 1654, tuvo una experiencia que él mismo describió como un fuego. Lo anotó en un papel y lo cosió dentro de su abrigo. Lo llevó ahí hasta que murió.
A partir de ese momento abandonó la ciencia. Se dedicó a la religión. Se encerró. Y empezó a escribir lo que serían sus Pensamientos: una obra fragmentaria, inacabada, sobre la fe, la duda, la miseria humana y la grandeza.
Su apuesta más famosa:
👉 "Si Dios no existe, no pierdes nada creyendo. Si existe, lo ganas todo".

Murió a los 39 años. Solo. Con aquel papel cosido en el abrigo.
Fue el matemático más afilado de su tiempo. Y también el creyente más quebrado.
Su vida fue una contradicción: la razón más brillante… incapaz de calmar el corazón.
¿Y si la inteligencia no alcanza para responder lo que de verdad importa?

Por qué este SUPERDOTADO dejó de creer en Dios (y por qué se equivoca)

"Experto" intentó DEMOLER EL CRISTIANISMO. Le salió mal.
ANTONIO PIÑERO, EL HABLAPAJA.

sábado, 28 de febrero de 2026

LIBRO "DIOS. LA CIENCIA. LAS PRUEBAS": EL ALBOR DE UNA REVOLUCIÓN por MICHEL-YVES BOLLORÉ y OLIVIER BONNASSIES

DIOS
LA CIENCIA
LAS PRUEBAS

EL ALBOR DE UNA 
REVOLUCIÓN

En este libro se revelan, al cabo de tres años de trabajo en colaboración con unos veinte científicos y especialistas de alto nivel, las pruebas modernas de la existencia de Dios. Durante cerca de cuatro siglos, de Copérnico a Freud, pasando por Galileo y Darwin, los descubrimientos científicos se acumularon de manera espectacular, dando la impresión de que era posible explicar el Universo sin la necesidad de recurrir a un dios creador. Fue así como a principios del siglo XX se asistió al triunfo intelectual del materialismo. De manera tan imprevista como sorprendente, el péndulo de la ciencia se puso en movimiento en sentido inverso, con una fuerza increíble. Los descubrimientos de la relatividad, de la mecánica cuántica, de la expansión del Universo y de la complejidad de la vida llegaron uno tras otro. Estos nuevos conocimientos llegaron para dinamitar las certezas ancladas en el espíritu colectivo del siglo XX, hasta tal punto que hoy se puede decir que el materialismo, que nunca fue más que una creencia como otra, está en vías de transformarse en una creencia irracional.
Con un lenguaje accesible a todos, los autores de este libro retoman, de manera apasionante, la historia de esos avances y ofrecen un panorama riguroso de las nuevas pruebas de la existencia de Dios. En los albores del siglo XX, creer en un dios creador parecía oponerse a la ciencia. ¿No sería hoy todo lo contrario?

PRÓLOGO

Este libro es una muy buena presentación del desarrollo de la teoría del Big Bang y de su impacto en nuestras creencias y en nuestra representación del mundo. Tras haber leído los diferentes capítulos consagrados a la cosmología, pienso que esta obra ofrece una perspectiva particularmente interesante sobre la ciencia, la cosmología y sus implicaciones filosóficas y religiosas. 

Según los autores, Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnassies, ambos ingenieros, un espíritu superior podría estar en el origen del Universo; aunque esta tesis general no me aporta una explicación suficiente, acepto su coherencia. Ya que, si bien mi trabajo de cosmólogo se limita a una interpretación estrictamente científica, puedo comprender que la teoría del Big Bang dé lugar a una explicación metafísica. En la hipótesis de un Universo estacionario, sostenida por Fred Hoyle, mi profesor de Cosmología en Caltech, el Universo es eterno y no hay motivo para plantear la cuestión de su creación. Pero si, a la inversa, como lo sugiere la teoría del Big Bang, el Universo tuvo un comienzo, no podemos evitar esta pregunta. 

Al inicio de mi carrera, como la mayor parte de mis colegas, pensaba que el Universo era eterno. A mis ojos, el cosmos siempre había existido y la cuestión de su origen ni siquiera se planteaba. Ahora bien, no sabía que estaba a punto de descubrir, por casualidad, algo que iba a cambiar para siempre mi visión del Universo. En la primavera del 1964, mi colega Arno Penzias y yo mismo nos preparábamos para utilizar, en las instalaciones de los laboratorios Bell, en Holmdel, el gran reflector de veinte pies para llevar a cabo varios proyectos de radioastronomía. Uno de ellos consistía en buscar un halo alrededor de la Vía Láctea. Pero, durante las experiencias preliminares de control, habíamos constatado la presencia inesperada e indudable de un exceso de «ruido» detectado por la antena. En esa época, estábamos aún lejos de darnos cuenta de que ese misterioso «ruido» no podía ser nada menos que el eco de la creación del Universo. Afortunadamente, uno de nuestros amigos, el radioastrónomo Bernie Burke, nos señaló en ese momento los trabajos de un joven físico de Princeton, Jim Peebles. Siguiendo las sugerencias del profesor Robert Dicke, había establecido por cálculo que la radiación residual del Big Bang podría ser detectada en el cosmos. Había redactado en ese entonces un artículo aún inédito sobre esa hipótesis. Inspirados por las perspectivas extraordinarias de ese artículo (predicciones que, paralelamente a una carrera excepcional en cosmología, valieron a Jim Peebles el Premio Nobel en 2020), realizamos rápidamente algunos test finales y publicamos nuestras medidas al mismo tiempo que el artículo de Peebles y Dicke. La única explicación verosímil de nuestros resultados era que, sin duda, habíamos encontrado la «radiación fósil» proveniente de una época muy antigua del Universo, tal como había sido predicho por Dicke y calculado por Peebles. 

Nuestro descubrimiento hizo añicos la creencia según la cual el Universo no tenía comienzo ni fin. Lo más sorprendente es que, desde los primeros microsegundos tras el Big Bang hasta hoy, la evolución del Universo predicha por la física actual corresponda tan bien a nuestras observaciones. De tal modo que la teoría del Big Bang parece ser una representación fiel de la manera en que el Universo comenzó y se desarrolló. Pienso que se trata de una conformidad notable entre la teoría y la observación. 

Sin embargo, esta imagen confortable presenta dos problemas. El primero es que actualmente solo conocemos aproximadamente el 4% de la materia y de la energía del Universo. La materia y la energía oscuras representan, respectivamente, un 26% y un 70% de lo que contiene el Universo, pero no sabemos de qué se trata. La resolución de este problema podría hacer surgir una nueva física, que cambiaría nuestra actual comprensión de la génesis y de la evolución de nuestro Universo desde el Big Bang. El segundo problema es quizá aún más serio. En efecto, para que el Universo primordial haya podido evolucionar hacia el que nos ha engendrado y que hoy comprendemos, el Big Bang ha debido necesariamente configurarse de manera ultraprecisa. Diferencias increíblemente pequeñas en la densidad del Universo primitivo habrían provocado o bien una expansión tan rápida que el Sol y la Tierra no se habrían formado nunca, o bien, por el contrario, una expansión breve seguida de una nueva desintegración, mucho antes del nacimiento del Sol, hace aproximadamente 4700 millones de años. Tal como veremos en este libro, la inflación cósmica pudo haber iniciado el Big Bang de la manera requerida. De todos modos, la inflación cósmica está basada en una nueva física que, si bien no está en conflicto con la física del momento, no puede ser corroborada por otras observaciones. Además, no cualquier inflación daría el resultado adecuado. Para ello se necesita una forma de inflación muy específica, en la que los valores de las constantes físicas sean justo los correctos. De hecho, una de ellas, la constante cosmológica de Einstein, que se precisa para el proceso inflacionista, difiere —en lo que los científicos llamarían su valor natural— en 120 órdenes de magnitud. De este modo, aunque la inflación podría haber lanzado el Big Bang como lo conocemos, los requerimientos que necesita no dan explicación en sí del origen del Universo: simplemente lo desplazan un nivel hacia atrás. Una explicación actual a este problema sugiere que somos parte de un multiverso que existe desde siempre y que quizá haya habido un número infinito de Big Bang, cada uno con unas constantes físicas aleatorias. Desde ese punto de vista, nosotros vivimos en el Universo en el que las constantes iniciales eran las adecuadas para que apareciéramos, tal como lo describe el conocido principio antrópico. Nada de todo esto, a mi entender, da una explicación científica satisfactoria de cómo empezó el Universo. 

Este libro explora la idea de un espíritu o de un Dios creador —idea que se encuentra en muchas religiones— en relación con los conocimientos científicos actuales. Ciertamente, para una persona religiosa formada en la tradición judeocristiana, no puedo pensar en una teoría científica del origen del Universo que coincida mejor con las descripciones del libro del Génesis que el Big Bang. Aunque, en cierto modo, esto solo pospone una vez más la cuestión de su último origen. ¿Cómo llegó a existir ese espíritu o Dios, y cuáles son sus propiedades? 

A veces, cuando levanto los ojos hacia los millares de estrellas que brillan en la noche, pienso en todas las personas que, como yo, levantaron los suyos hacia el cielo de la misma manera y se preguntaron cómo empezó todo esto. Ciertamente, no conozco la explicación. Pero quizá algunos lectores tendrán la suerte de encontrar el principio de la respuesta en este libro.

Robert W. Wilson,
Universidad de Harvard, 
28 de julio del 2021

DIRECTO | Presentación del libro 'Dios. La ciencia. Las pruebas'
   
LOS DOMINGOS, 2025

Ainara, una joven idealista y brillante de 17 años, ha de decidir qué carrera universitaria estudiará. O, al menos, eso espera su familia que haga. Sin embargo, la chica manifiesta que se siente cada vez más cerca de Dios y que se plantea abrazar la vida de monja de clausura. La noticia pilla por sorpresa a toda la familia, provocando un abismo y una prueba de fuego para todos.



EL MISTERIO DE LA FE


Hay en la sociedad una resurrección del debate sobre Dios, sobre el sentido de la vida y sobre qué somos y por qué estamos aquí.

EL 23 de noviembre de 1654 Blaise Pascal sintió la presencia de Dios en su habitación. Lo sabemos porque, tras su muerte, se encontraron unas notas, cosidas dentro del forro de su abrigo. Apuntó: «Certeza. Gozo. Paz: Dios de Jesucristo». Estas palabras me vinieron a la cabeza al salir del cine tras ver "Los domingos", la película de Alauda Ruiz de Azúa, que narra la historia de una joven de 17 años que decide ser monja de clausura. Su familia intenta disuadirla, pero ella persiste. 

Hay dos visiones que se confrontan en este extraordinario filme, lleno de matices y que entronca con el debate sobre la existencia de Dios. 
La primera es la de quienes creen que la joven ha sido abducida y que es víctima de un espejismo, producto de su inmadurez y de la muerte de su madre. 
La segunda es la de la propia protagonista, que, como la fe es un don gratuito, está convencida de haber escuchado la llamada de Dios y toma los hábitos contra viento y marea.

Estoy leyendo estos días el libro de Byung Chul Han sobre Simone Weil, una mujer que concilió la lucha contra la injusticia con una visión mística de la existencia. El filósofo coreano escribe: «No es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba». 
Retomando la concepción de Weil, Han apunta que la sociedad contemporánea, distraída por el espectáculo, padece una falta de atención que le impide escuchar la voz del Señor. 

«Quien no es capaz de mantener una actitud contemplativa, de mirar, no puede acceder a la verdad, al verdadero y duradero orden de las cosas», escribe. De sus palabras, se desprende que el filósofo sustenta que hay una verdad y un orden inmutables, a los que se puede llegar mediante un proceso de ascesis o, dicho con otras palabras, por la oración. Vemos en la película de Alauda a la joven que llora cuando escucha la llamada de Dios en una iglesia. Como yo sentí lo mismo cuando era adolescente, entiendo esa emoción. Salí conmovido del cine. Mientras mi mujer y mis amigos se centraban en el perfil psicológico de la joven, su vulnerabilidad y la fascinación por los ritos, yo pensaba en la frontera infranqueable que separa a los que creen de los que no creen. 

Me resisto a calificar la fe de una ilusión y la religión como un refugio que nos aporta seguridad. Por el contrario, sostengo que es una apuesta en el sentido pascaliano, una opción personal o, si se quiere, un don gratuito de Dios. Yo me considero agnóstico porque, como nadie ha vuelto de la muerte, no es posible saber lo que hay más allá. Tan racional es creer como no creer. Sí constato que hay en la sociedad una resurrección del debate sobre Dios, que es tanto como decir sobre el sentido de la vida y sobre qué somos y por qué estamos aquí. Sólo puedo dejar constancia de que no he encontrado respuestas a esas preguntas.

Roger Penrose: probabilidad del universo con condiciones para vida es tan improbable que escribirla requiere más ceros que átomos.
Einstein: "Dios no juega dados". 
Hawking: "Conoceríamos mente de Dios".
No eres accidente, eres milagro matemático de 1 en 10^10^123 con propósito divino.

John C. Lennox - Ha enterrado la ciencia a Dios..pdf by Paulo Ramiro

¿HA ENTERRADO LA CIENCIA A DIOS? por JOHN C. LENNOX


Origen Del Universo - Principio Antropico - Manuel Carreira, S.J by claferib

ORÍGEN DEL UNIVERSO por MANUEL CARREIRA

VER+: