EL Rincón de Yanka: SENTIMIENTOS

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domingo, 2 de marzo de 2025

LIBRO "SOBRE LA MUERTE Y LOS MORIBUNDOS": ALIVIO DEL SUFRIMIENTO PSICOLÓGICO por ELISABETH KÜBLER-ROSS 🙏🙌


SOBRE LA MUERTE 
Y LOS MORIBUNDOS

ALIVIO DEL SUFRIMIENTO 
PSICOLÓGICO

Aprende a identificar y comprender tus sentimientos y transformar las actitudes para aliviar el sufrimiento psicológico.
Negar la muerte como hecho individual o social (con mecanismos del tipo «ya me preocuparé cuando sea necesario») tiene una importante consecuencia: la falta de preparación psicológica cuando se presenta el trance; especialmente en el paciente, pero también en los allegados o el equipo que lo atiende.
Sobre la muerte y los moribundos cubre esta carencia. A través de la identificación y comprensión de los sentimientos -ira, negación, aceptación...- de los moribundos, esta obra muestra cómo controlar dichas emociones y cómo transformar las actitudes para aliviar el sufrimiento psicológico. Por ello, este libro es no solo indispensable para profesionales de la sanidad y psicólogos, sino también para todas las personas que deseen abordar su futuro con responsabilidad.
PREFACIO

Cuando me preguntaron si querría escribir un libro sobre la muerte y los moribundos, yo acepté el reto con entusiasmo. A la hora de la verdad, cuando me senté y me pregunté en qué me había comprometido, la cosa fue diferente. 
¿Por dónde empezar? ¿Qué incluir? ¿Cuánto podía decir a los extraños que iban a leer el libro? ¿Cuánto podía compartir con ellos de mi experiencia con pacientes moribundos? ¿Cuántas cosas hay que no se comunican verbalmente, que han de ser sentidas, experimentadas, vistas, y son muy difíciles de expresar en palabras? Llevo dos años y medio trabajando con pacientes moribundos, y este libro hablará del comienzo de este experimento, que resultó ser una experiencia importante e instructiva para todos los participantes. No pretende ser un manual de cómo tratar a los pacientes moribundos, ni un estudio completo de la psicología del moribundo. 

Es, simplemente, el resultado de una nueva e interesante oportunidad de reconsiderar al paciente como ser humano, hacerle participar en diálogos, y aprender de él lo bueno y lo malo del trato que se da al paciente en los hospitales; Le hemos pedido que sea nuestro maestro para que podamos aprender más sobre las etapas finales de la vida, con todas sus angustias, temores y esperanzas. Simplemente, cuento la historia de los pacientes que compartieron estas angustias, esperanzas y frustraciones con nosotros. 
Espero que esto anime a otros a no apartarse de los enfermos "sin esperanza" sino a acercarse más a ellos, ya que pueden ayudarles mucho durante sus últimas horas. 
Los que se sientan capaces de hacer esto descubrirán, además, que es una experiencia mutuamente compensatoria; aprenderán mucho sobre el funcionamiento de la mente humana, unos aspectos de la conducta humana únicos en nuestra existencia, y saldrán de ella enriquecidos y quizá con menos ansiedades sobre su propio final.

No me dejes pedir protección ante los peligros,
sino valor para afrontarlos.
No me dejes suplicar que se calme mi dolor,
sino que tenga ánimo para dominarlo.
No me dejes buscar aliados
en él campo de batalla de la vida,
como no sea mi propia fuerza.
No me dejes anhelar la salvación
lleno de miedo e inquietud,
sino desear la paciencia necesaria
para conquistar mi libertad.
Concédeme no ser un cobarde,
experimentar tu misericordia sólo en mi éxito;
pero déjame sentir que tu mano me sostiene en mi fracaso.



Los que tienen la fortaleza y el amor suficientes para sentarse junto a un paciente moribundo en el silencio que va más allá de las palabras sabrán que ese momento no es espantoso ni doloroso, sino el pacífico cese del funcionamiento del cuerpo. Observar la muerte pacífica de un ser humano nos recuerda la caída de una estrella; en un cielo inmenso, una de entre un millón de luces brilla sólo unos momentos y desaparece para siempre en la noche perpetua. Ser terapista de un paciente moribundo nos hace conscientes de la calidad de único que posee cada individuo en este vasto mar de la humanidad. Nos hace conscientes de nuestra finitud, de la limitación de nuestra vida. Pocos de nosotros viven más de setenta años, y no obstante, en ese breve tiempo, la mayoría creamos y vivimos una biografía única, y nos urdimos en la trama de la historia humana.

El agua en un vaso está llena de destellos; 
el agua del mar es oscura. 
La pequeña verdad tiene palabras claras; 
la gran verdad tiene un gran silencio. 
TAGORE, de Pájaros errantes, CLXXVI

VER+:


Elizabeth Kubler Ross - Sob... by Hector Quispe


Tagore La Cosecha by Laura Hernandez


sábado, 15 de febrero de 2025

LIBRO "RECUERDOS, SUEÑOS, PENSAMIENTOS": MEMORIAS por CARL GUSTAV JUNG y PSICOHEREJÍA 💬💭

 
RECUERDOS, SUEÑOS, PENSAMIENTOS: 
MEMORIAS


Un testamento vital para entender a una figura capital de la psicología y el pensamiento moderno del siglo XX.
En la primavera de 1957, cuando contaba ochenta y un años, Carl Gustav Jung emprendió el relato de su vida con la ayuda de su colega y amiga Aniela Jaffe. Pero en estas memorias las anécdotas se ponen al servicio exclusivo de su concepción del inconsciente y del hombre. No se recogen encuentros con otras celebridades ni se pronuncian discursos sobre el curso del mundo. En estas páginas conoceremos los años de formación, su ambivalente relación con Freud, los viajes y los descubrimientos, y la gestación de su religiosidad.

Citas extraídas del libro 
de C. G. Jung 

“Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente. Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo.” 

“La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de algo que vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece.” 

“Sin embargo los encuentros con la otra realidad, el choque con el inconsciente han marcado mi memoria de modo indeleble. En este aspecto hubo siempre plenitud y riqueza, y todo lo demás quedó eclipsado.” 

“...existen elementos anímicos arcaicos que pueden inculcarse en el alma individual sin que procedan de la tradición.” 

“Desde el principio se abrió paso en mí un sentimiento de confianza sin igual en el destino, como si estuviera dedicado a una vida que debía realizarse.” 

“El pasado es inmensamente real y actual y atrapa a todo aquel que no logra redimirse mediante una respuesta satisfactoria.” 

“Retrospectivamente veo en que medida mi desarrollo infantil anticipaba acontecimientos futuros y preparaba modos de adaptación a la ruptura religiosa de mi padre, así como para la trágica revelación de la actual imagen del mundo, que ciertamente tampoco ha surgido de ayer a hoy sino que ha proyectado largo tiempo sus sombras. A pesar de que somos hombres de nuestra propia vida personal somos también, por otra parte, en gran medida, representantes, víctimas y promotores de un espíritu colectivo, cuya vida equivale a siglos. Podemos ciertamente imaginar una vida a la medida de nuestros propios deseos y no descubrir nunca que fuimos en suma comparsas del teatro del mundo. Pero existen hechos que ciertamente ignoramos, pero que influyen en nuestra vida y ello tanto más cuanto más ignorados son. Así pues, por lo menos una parte de nuestro ser vive en los siglos, aquella parte que para mi uso privado he designado como la número 2.”

Psicoherejía, el legado de Carl Jung
El legado de C. G. Jung a la Iglesia


La abrumadora mayoría de cristianos probablemente nunca habrán oído hablar de C. G. Jung, pero su influencia en la iglesia es enorme y afecta a los sermones, libros y actividades, como en el prolífico empleo del Indicador de Tipo Myers-Briggs (MBTI) por parte de los seminarios y organizaciones misioneras. Un actual y popular ejemplo del legado de Jung se puede ver en el libro de Robert Hicks The Masculine Journey [El viaje masculino], que fue dado a cada uno de los 50.000 hombres asistentes a la conferencia de 1993 de los Promise Keepers. Los cristianos necesitan aprender lo suficiente acerca de Jung y sus enseñanzas para quedar advertidos y prevenidos.

El legado de Jung a la psicología cristiana es a la vez directo e indirecto.

Algunos profesantes cristianos, influidos por las enseñanzas de Jung, integran aspectos de la teoría jungiana en su propia práctica de la psicoterapia. Puede que incorporen sus conceptos acerca de los tipos de personalidad, del inconsciente personal, del análisis de los sueños y de varios arquetipos en su propio intento de comprender y aconsejar a sus clientes. Otros cristianos han sido influidos más indirectamente al implicarse en sanidad interior, en el seguimiento de programas de doce pasos, o al haber asumido el Indicador de Tipo Myers-Briggs, que está basado en los tipos de personalidad de Jung y que incorpora sus teorías de introversión y extroversión.

Jung y Freud

El legado de Jung no ha sido positivo para el cristianismo. Desde su principio, la psicoterapia ha minado las doctrinas del cristianismo. Las actitudes de Sigmund Freud hacia el cristianismo eran evidentemente hostiles, porque creía que las doctrinas religiosas son todas ilusorias, y designó a toda religión como neurosis obsesiva universal de la humanidad.(1)
Su seguidor durante un tiempo y colega Carl Jung, por otra parte, puede no ser tan evidente en su desdén del cristianismo. Sin embargo, sus teorías han disminuido desdeñosamente las doctrinas cristianas al situarlas al mismo nivel que las de todas las religiones.

Aunque Jung no llamó a la religión una neurosis obsesiva universal, sí que consideró a todas las religiones, incluyendo el cristianismo, mitologías colectivas no reales en esencia, pero ejerciendo un efecto verdadero sobre la personalidad humana. El doctor Szasz describe la diferencia entre las teorías psicoanalíticas de los dos hombres de esta manera: Así, en opinión de Jung las religiones son apoyos espirituales indispensables, mientras que en la de Freud son muletas ilusorias.(2)
En tanto que Freud argumentaba que las religiones son engañosas y por lo tanto malas, Jung mantenía que todas las religiones son cosa imaginaria pero buena. Ambas posturas son anticristianas: la una niega el cristianismo, y la otra lo mitologiza.

Tras haber leído La interpretación de los sueños de Freud, Jung contactó con Freud y se estableció una amistad de mutua admiración que persistió alrededor de ocho años. Aunque Jung sirvió durante cuatro años como primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, la rotura entre Jung y Freud fue total. Jung divergía de Freud en varios puntos, en particular acerca de la teoría de Freud acerca del sexo. Además, Jung había ido desarrollando su propia teoría y metodología, conocida como psicología analítica.

El inconsciente colectivo

Jung enseñaba que la psique se compone de varios sistemas, incluyendo el inconsciente personal con sus complejos y un inconsciente colectivo con sus arquetipos. La teoría de Jung de un inconsciente personal es muy similar a la creación freudiana de una región que contiene las experiencias reprimidas, olvidadas o ignoradas. Sin embargo, Jung consideraba el inconsciente personal como una capa mas o menos superficial del inconsciente.
Dentro del inconsciente personal se encuentran lo que él denominó complejos con tonos de sentimientos. Dijo que constituyen la faceta personal y privada de la vida psíquica.(3) Se trata de los sentimientos y de las percepciones que se organizan alrededor de personas significativas o acontecimientos relevantes en la vida de la persona.

Jung creía que había una capa más profunda y más significativa del inconsciente, que él designó como el inconsciente colectivo, y que identificaba como arquetipos, que consideraba como innatos, inconscientes y generalmente universales. El inconsciente colectivo de Jung ha sido descrito como un almacén de trazas de memorias latentes heredadas del pasado atávico del hombre, un pasado que incluye no sólo la historia racial del hombre como especie separada,sino también sus antepasados prehumanos o animales.(4)
Por tanto, la teoría de Jung incorpora la teoría de la evolución de Darwin así como la antigua mitología. Jung enseñó que este inconsciente colectivo es compartido por todas las personas, y que por tanto es universal. Sin embargo, por cuanto es inconsciente, no todas las personas son capaces de acceder al mismo. Jung contemplaba el inconsciente colectivo como la estructura fundamental de la personalidad, sobre las que se edifican el inconsciente personal y el ego. Debido a que creía que los fundamentos de la personalidad son ancestrales y universales, estudió las religiones, la mitología, los rituales, los símbolos, los sueños y las visiones. Dice él:

Todas las enseñanzas esotéricas tratan de aprehender los acontecimientos invisibles en la psique, y todas demandan una autoridad suprema para sí mismas. Lo que es cierto del folklore primitivo es cierto incluso en mayor grado de las religiones de influencia mundial. Contienen un conocimiento revelado que fue originalmente oculto, y exponen en gloriosas imágenes los secretos del alma.(5)

El concepto de Jung del cristianismo

Sin embargo, debido a que Jung dejó lugar para la religión, muchos cristianos se sintieron más cómodos con sus ideas. Por esto es importante considerar las actitudes de Jung hacia el cristianismo. El padre de Carl Jung fue un ministro protestante, y Jung experimentó aspectos de la fe cristiana mientras fue creciendo. Escribió lo siguiente acerca de su temprana experiencia con la Santa Comunión, que parece estar relacionada con sus ideas posteriores acerca de que las religiones son sólo mitos:
Lentamente llegué a comprender que esta comunión había sido una experiencia fatal para mí. Había resultado hueca; más aún, resultó ser una pérdida total. Sabía que nunca podría volver a participar en esta ceremonia. Bueno, esto no es religión en absoluto, pensé: Es la ausencia de Dios; la iglesia es un lugar al que no debería ir. Ahí no hay vida, sino muerte.(6)

En base de aquel significativo incidente, Jung pudo haber procedido a negar todas las religiones; pero no lo hizo. En lugar de ello, vio evidentemente que la religión era algo muy significativo para muchas personas y que las religiones podían ser útiles como mitos. Su decisión de considerar todas las religiones como mitos fue posteriormente influida por su perspectiva del psicoanálisis. Según Viktor von Weizsaecker, C. G. Jung fue el primero en comprender que el psicoanálisis pertenecía a la esfera de la religión.(7) Que las teorías de Jung constituyen una religión se puede ver en su consideración de Dios como el inconsciente colectivo, y por ello presente en el inconsciente de cada persona. Para él, las religiones revelaban aspectos del inconsciente y podían así acceder a la psique de la persona. También empleó los sueños como vías de entrada a la psique para la propia comprensión y autoexploración. La religión era sólo un instrumento para acceder al yo y si una persona quería emplear para ello símbolos cristianos, pues ya le estaba bien.

El espíritu guía de Jung

Debido a que Jung transformó el psicoanálisis en un tipo de religión, es también considerado como psicólogo transpersonal así como teórico del psicoanálisis. Se implicó profundamente en ocultismo, practicó la necromancia y tuvo contacto diario con espíritus descarnados, a los que designó como arquetipos. Mucho de lo que escribió fue inspirado por estas entidades. Jung tenía su propio espíritu familiar al que llamaba Filemón. Al principio pensaba que Filemón era parte de su propia psique, pero más adelante descubrió que Filemón era más que una expresión de su propio ser interior. Jung dice:

Filemón y otras figuras de mis fantasías me dieron a saber el conocimiento crucial de que hay cosas en la psique que yo no produzco, sino que se producen a sí mismas y tienen su propia vida. Filemón representaba una fuerza que no era yo mismo. En mis fantasías tuve conversaciones con él, y él dijo cosas que yo no había pensado de manera consciente. Porque observé con claridad que era él quien hablaba, y no yo. ...

Psicológicamente, Filemón representaba un conocimiento superior. Para mí era una figura misteriosa. En ocasiones me parecía muy real, como si fuera una personalidad viviente. Paseaba con él jardín arriba y abajo, y fue para mí lo que los indios llaman un gurú.(8)

Se puede comprender por qué Jung es tan popular entre los seguidores de la Nueva Era.
La meta de Jung para el psicoanálisis era que llegase a ser una religión integral.
La influencia de Jung sobre AA
Jung también abrió el camino para el desarrollo de Alcohólicos Anónimos. El cofundador Bill Wilson escribió lo siguiente en una carta a Jung en 1961:

Esta carta de inmenso agradecimiento ha estado pendiente durante mucho tiempo. ... Aunque seguramente habrá oído acerca de nosotros [AA], dudo que usted sea consciente de que una cierta conversación que tuvo una vez con uno de sus pacientes, un tal señor Roland H., en la década de los treinta, tuvo un papel crucial en la constitución de nuestra agrupación.(9)

Wilson prosiguió la carta recordando a Jung de lo que le había contado abiertamente [a Roland H.] de su situación desesperada, que estaba más allá de la ayuda que le pudiera ofrecer la medicina o la psiquiatría. Wilson escribió:

Esta declaración sincera y humilde de su parte fue indudablemente la primera piedra fundamental sobre la que nuestra agrupación ha sido entonces edificada. Cuando Roland H. preguntó a Jung si había alguna esperanza para él, Jung le dijo que podría haberla, siempre que pudiera pasar por una experiencia espiritual o religiosa: en resumen, una conversión genuina.

Wilson proseguía en su carta: Usted le recomendó que se situase en una atmósfera religiosa y que tuviera esperanza.(10) Por lo que respecta a Jung, no había necesidad de doctrina ni contenido de fe, sino sólo una experiencia.
Los cristianos se implican en la religión de Jung cuando integran sus conceptos acerca del hombre y de la deidad al asimilar sus teorías, terapias y conceptos.

Es importante observar que Jung no podía referirse a la conversión al cristianismo, porque por lo que respecta a Jung toda religión es simplemente mito una manera simbólica de interpretar la vida de la psique. Para Jung, la conversión significaba sencillamente una dramática experiencia total que alteraría profundamente la perspectiva de la persona acerca de la vida. Jung mismo había rechazado abiertamente el cristianismo y se había lanzado a la idolatría. Reemplazó a Dios por una miríada de arquetipos mitológicos.

La respuesta de Jung a la carta de Wilson incluía la siguiente afirmación acerca de Roland H.:

Su deseo por el alcohol era el equivalente, a un nivel bajo, de la sed espiritual de nuestro ser por la plenitud; expresándolo en lenguaje medieval: la unión con Dios.(11)

En su carta Jung menciona que en latín se emplea la misma palabra para alcohol que para la más elevada experiencia religiosa. También en inglés, lo mismo que en castellano, se hace referencia al alcohol como espíritu. Pero conocimiento la teología de Jung y sus intimidades con un espíritu familiar, se debe llegar a la conclusión de que el espíritu al que se refiere él no es el Espíritu Santo, y que el dios al que se refiere no es el Dios de la Biblia, sino un espíritu fraudulento que se presenta como ángel de luz y que lleva a muchos a destrucción.

La blasfemia de Jung

El neopaganismo de Jung y su deseo de reemplazar el cristianismo con su propio concepto de psicoanálisis se puede ver en una carta que escribió a Freud:

Me imagino una tarea mucho más delicada y integradora para [el psicoanálisis] que la alianza con una fraternidad ética. Creo que debemos darle tiempo para que se infiltre en personas de muchas procedencias, que avive entre los intelectuales un sentimiento hacia los símbolos y los mitos, para que muy gentilmente transforme a Cristo de vuelta al hechicero dios del vino, que era, y de esta manera absorber aquellas fuerzas extáticas instintivas en el cristianismo para el propósito único de hacer del culto y del mito sagrado lo que habían sido antes: una fiesta borracha de gozo donde el hombre recuperaba el carácter y la santidad de un animal.(12)

De esta manera, la meta de Jung para el psicoanálisis debía ser una religión global superior al cristianismo, reduciendo la verdad del cristianismo a mito y transformando a Cristo en un hechicero dios del vino. La respuesta de Dios a tal blasfemia se puede ver en el Salmo 2:

¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se levantarán los reyes de la tierra,
Y los príncipes consultarán unidos
Contra Yahvé y contra su ungido,
diciendo:

Rompamos sus ligaduras,
Y echemos de nosotros sus cuerdas.
El que mora en los cielos se reirá;
El Señor se burlará de ellos.
Luego hablará a ellos en su furor,
Y los turbará con su ira.

Los cristianos se implican en la religión de Jung cuando integran sus conceptos acerca del hombre y de la deidad al asimilar sus teorías, terapias y conceptos que se han filtrado a través de otras psicoterapias, a través de programas de doce pasos, a través de la curación interior, a través del análisis de los sueños, y a través de los tipos y pruebas de personalidad.

Notas

1. Sigmund Freud. The Future of an Illusion [El futuro de una ilusión], trad. al inglés y editado por James Strachey. New York: W. W. Norton and Company, Inc., 1961, p. 43. Vuelve al texto
2. Thomas Szasz. The Myth of Psychotherapy, Garden City: Doubleday/Anchor Press, 1978, p. 173. Vuelve al texto
3. C. G. Jung. The Archetypes and the Collective Unconscious, 2(a) Ed., trad. al inglés por R. F. C. Hull. Princeton: Princeton University Press, 1969, p. 4. Vuelve al texto
4. Calvin S. Hall y Gardner Lindzey. Theories of Personality. New York: John Wiley & Sons, Inc., 1957, p. 80. Vuelve al texto
5. Jung, The Archetypes and the Collective Unconscious, op. cit., p. 7. Vuelve al texto
6. C. G. Jung. Memories, Dreams, Reflections, ed. por Aniela Jaffe, tradu. por Richard y Clara Winston. New York: Pantheon, 1963, p. 55. Vuelve al texto
7. Viktor von Weizsaecker,  Freud and the Twentieth Century, B. Nelson, ed. New York: Meridian, 1957, p. 72. Vuelve al texto
8. Jung, Memories, Dreams, Reflections, op. cit., p. 183. Vuelve al texto
9. Parabola, Vol. XII, N(o) 2, mayo 1987, pág. 68. Vuelve al texto
10. Ibid., p. 69. Vuelve al texto

11. Ibid., p. 71. Vuelve al texto
12. C. G. Jung citado por Richard Noll. The Jung Cult. Princeton University Press, 1994, p. 188

martes, 31 de diciembre de 2024

LIBRO "TODO LO QUE TIENES QUE SABER SOBRE LA VIDA": 10 CONSEJOS PARA SER FELIZ por ENRIQUE ROJAS 😀

Todo lo que tienes que 
saber sobre la vida

Una guía para conocerte a ti mismo 
y definir tu propio camino hacia la felicidad.
En una sociedad en la que se ha ido abandonando poco a poco la educación sentimental para convertir en auténticos valores el dinero, la competitividad o la urgencia por vivir deprisa, tratar lo que es y lo que significa la madurez afectiva es más esencial que nunca, pues es el mayor impedimento en el camino hacia la felicidad.
En Todo lo que tienes que saber sobre la vida, Enrique Rojas trata en profundidad la importancia de alcanzar la madurez psicológica para conseguir un desarrollo personal pleno, y cómo afecta a los diferentes aspectos de la vida, tanto a la hora de relacionarse con las personas que tenemos a nuestro alrededor, como para enfrentarse a las adversidades o superar los traumas.
La claridad de las explicaciones del autor, su profundo conocimiento del tema, su larga experiencia y su tono divulgativo y práctico se ponen al servicio del lector para ayudarle en su proceso de autoconocimiento, pues no hay madurez psicológica sin conocimiento propio. Y no hay conocimiento propio sin reflexión.
PRÓLOGO

La madurez es un tema poliédrico. Tiene muchas laderas y modos de aproximación. La mencionamos con mucha frecuencia de forma rápida, fugaz, como comentario ante ciertas personas, pero la verdad es que pocas veces nos detenemos para apresar su contenido y fijar las principales claves que la definen. Los psicólogos y los psiquiatras nos dedicamos a la ingeniería de la conducta. Bajamos al sótano de la personalidad para descubrir los principales mecanismos del comportamiento y buscar leyes que nos acerquen a este concepto tan complejo, rico, variado, repleto de matices, donde las ideas estallan en el escenario psicológico y uno se ve perdido en la espesa selva de todos los registros que se arremolinan aquí. El lector podrá encontrar en este libro mucho material para bucear en lo que es y significa la madurez. El libro consta de cuatro índices: el general, al principio del texto y luego, al final, de tres más: bibliográfico, de autores y de materias. Este último lo he cuidado mucho para que se pueda explorar mejor su contenido y sacarle un mayor partido. No hay madurez psicológica sin conocimiento propio. Y no hay conocimiento propio sin reflexión.

Enrique Rojas 
22 de diciembre de 2019

INTRODUCCIÓN: 
¿QUIÉN ES EL SER HUMANO?

Gran pregunta. El ser humano es una realidad compuesta de cuerpo, alma y psicología. Y es fundamental conseguir una buena articulación entre estos tres principios que se hospedan en su interior. Para Platón, la relación entre el alma y el cuerpo es como el marino respecto a la nave. Los clásicos repetían una expresión latina, sema soma, «el cuerpo como cárcel del alma». Descartes, partiendo del cogito ergo sum, viene a decir que el hombre es un ser pensante. Los griegos lo nombraban como zoon logikón: «animal racional». Definir es limitar. Es expresar la esencia de una realidad. El ser humano comparte un cuerpo como el animal, pero tiene cuatro notas en su interior que son claves: inteligencia, afectividad, voluntad y espiritualidad. Estas le diferencian claramente del resto del mundo animal. Voy a dar una pincelada de cada una de ellas. Inteligencia es la capacidad para captar la realidad en su complejidad y en sus conexiones. Inteligencia es capacidad de síntesis. Es saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Es el arte de reducir lo complejo a sencillo. Es claridad de pensamiento. La sencillez es una virtud intelectual; es la virtud de la infancia. Hoy sabemos que existen muchas variedades y por eso debemos hablar de inteligencias en plural[1]. 

Aun así, debo subrayar que a la razón le corresponde la búsqueda de la verdad. La verdad es la conformidad entre la realidad y el pensamiento. Hay una verdad teórica y otra práctica. La afectividad está constituida por un conjunto de fenómenos de naturaleza subjetiva diferentes de lo que es el puro conocimiento, que suelen ser difíciles de verbalizar y que provocan un cambio interior. La vía regia de la afectividad son los sentimientos: el modo habitual de vivir el mundo emocional[2]. Todos los sentimientos tienen dos caras contrapuestas: alegría-tristeza, paz-ansiedad, amor-desamor, felicidad-infortunio, etc. 

A la afectividad le corresponde la búsqueda de la belleza, o dicho de otro modo, del equilibrio, de la armonía subjetiva. La voluntad es la tendencia para alcanzar un objetivo que descubrimos como valioso. Es un apetito racional que nos impulsa hacia una meta. Es un propósito que se va haciendo realidad gracias al trabajo esforzado. La iniciativa para lograr algo valioso, que cuesta. Voluntad es querer y querer es determinación[3]. A la voluntad le corresponde la búsqueda del bien. Voy a tratar de delimitar esto. ¿Qué es el bien? El bien es lo que todos apetecen. O dicho de otra manera: aquello que es capaz de saciar la más profunda sed del hombre. 

Expresado de otro modo: el bien es la inclinación a la propia plenitud, que significa autorrealización. De este modo aparecen tres ideas claves: la inteligencia busca la verdad; la afectividad, la belleza; y la voluntad, el bien. Son los trascendentales de los clásicos: verdad, belleza y bien. La cuarta característica que he apuntado al principio es la espiritualidad, que significa pasar de la inmanencia a la trascendencia, de lo natural a lo sobrenatural, descubrir algo que va más allá de lo que vemos y tocamos. Vamos, de la visión horizontal a la vertical: es captar el sentido profundo de la vida[4]. 

Toda filosofía nace a orillas de la muerte. Como diría Ortega: «Dios a la vista». Tener un sentido espiritual de la vida es haber encontrado las respuestas esenciales de la misma: de dónde venimos, a dónde vamos, qué significa la muerte. Para los cristianos lo definitivo no es una doctrina, ni un libro (el Evangelio), sino conocer a una persona, que es Cristo. Encuentro, diálogo y confianza. Y la ley natural o naturaleza, que no es una esclavitud, sino expresión de lo que somos, de nuestro ser en profundidad; es la gramática profunda de lo que somos… Negarlo es un error grave. 

Soy un gran aficionado a la música clásica. Beethoven, Mozart, Brahms, Tchaikovsky, Falla, Granados… Cuando veo en directo un buen concierto me impresiona ver a los profesores tocando cada uno un instrumento concreto y asoman el piano, el violín, el violonchelo, la trompa, los platillos, el clarinete… Extrapolando esto al terreno de la personalidad, estos instrumentos son la percepción, la memoria, el pensamiento, la inteligencia, la conciencia, etc. Y el director de la orquesta es la persona que consigue aunar todo eso para dar lugar a la conducta. Los psiquiatras somos perforadores de superficies psicológicas. Bajamos al sótano de la personalidad a poner orden y concierto. 

Es más, hoy somos capaces de hablar de los trastornos de la personalidad, que son desajustes en su funcionamiento y que dan lugar a llevarse uno mal consigo mismo y a choques frecuentes con los demás. Generalmente estos pasan desapercibidos en las relaciones superficiales y, por el contrario, se observan con bastante nitidez en las relaciones profundas (en la familia especialmente y en las amistades íntimas). La Psicología es la ciencia que tiene a la conducta como objeto, a la observación como medio y a la felicidad como destino. La cuestión de la felicidad es la vida buena y eso es sabiduría. Muchas veces mis pacientes me dicen que debería existir la pastilla de la felicidad y tomarnos una por la mañana para sentir que todo marcha, que las cosas de uno van bien… 

¿Qué nos falta para ser felices cuando uno lo tiene casi todo y no lo es? Lo que nos falta es saber vivir. Y eso es arte y oficio. Aprendizaje para manejar con artesanía estas cuatro dimensiones que he mencionado: inteligencia, afectividad, voluntad y espiritualidad. La puerta de entrada al castillo de la felicidad consiste en tener una personalidad madura, que no es otra cosa que una mezcla de conocimiento de uno mismo, equilibrio, buena armonía entre corazón y cabeza, saber gestionar bien los grandes asuntos de la vida, superación de las heridas y traumas del pasado, etc. Vuelve aquí el tema de la felicidad. En definitiva, una vida lograda, que no es otra cosa que una felicidad razonable. No pedirle a la vida lo que no nos puede dar. 

Mi fórmula es: logros partido por expectativas. Moderar las ambiciones. Italia fue la cuna del Renacimiento; España, del Barroco; Francia, de la Ilustración; Alemania, del Romanticismo. Inglaterra aportó la Revolución Británica (1642-1689). Estados Unidos nos trajo una Constitución que ha sido un referente. Fue en Francia cuando por primera vez se habló de la felicidad en un sentido más preciso, en el siglo XVIII, con la Enciclopedia. Aunque ya en Grecia y en Roma se habló de ella de un modo más genérico. Pero ha sido en el siglo XX cuando la felicidad ha sido la meta, el punto de mira, la estación de llegada. 

Hoy la medimos: existen escalas de evaluación de conducta diseñadas por psicólogos y psiquiatras que, mediante un cuestionario bien elaborado y validado, pesan y cuantifican el grado de felicidad que alguien tiene según la concepción de su autor. La felicidad consiste en conseguir la mejor realización de nuestro proyecto personal y la coherencia de vida, que es el puente levadizo que nos conduce finalmente al castillo de la felicidad. Porque la vida es arte y oficio, corazón y cabeza, afectividad e inteligencia. Sabio es el conocedor de la vida. 

A lo largo de estas páginas voy a ir buceando en qué es y en qué consiste la madurez psicológica, que no es otra cosa que una cierta plenitud del desarrollo personal. Esto requiere que seamos capaces de sistematizar la construcción de lo que es la madurez, variables individuales y otras del contexto de esa persona. Espero que dentro de la dificultad del tema podamos adentrarnos en la selva espesa de este concepto.

lección 12.ª
Diez consejos para ser feliz [89]

En el capítulo anterior he ido dando una serie de pinceladas sobre la felicidad[90] pues son muchos los matices y recovecos que se dan en ella. A la felicidad se la puede nombrar de muchas maneras pues tiene que ver con muchas cosas. Es una realidad difícil de aprehender, vaporosa, etérea, desdibujada, de perfiles borrosos. Ahora, en este capítulo, quiero resumirlo haciendo un decálogo (a los que soy tan aficionado) con el fin de que el lector pueda ver una lista concreta con la que conecte o critique, o él mismo la cambie y la mejore. Voy con ella. 

1. La felicidad consiste en ser capaz de cerrar las heridas del pasado. Necesitamos reconciliarnos con nuestro pasado. Superar traumas, impactos negativos, reveses, fracasos y un largo etcétera en esa misma dirección. El catálogo de hechos que pueden sucedernos en malo es un pozo sin fondo y es importante que sepamos saltar por encima de ellos. Hay una ecuación temporal de la persona equilibrada que podría resumirse de este modo: haber sido capaz de cerrar las heridas del pasado con todo lo que eso significa, aceptando la complejidad y las dificultades de cualquier existencia; vivir instalado en el presente sabiendo sacarle el máximo partido, es el célebre carpe diem de los clásicos: aprovecha el momento, vive el instante… a pesar de su fugacidad; y, sobre todo, vive empapado de futuro, que es la dimensión más prometedora, lo que está por llegar, el porvenir… 

Siempre esperamos lo mejor, a pesar de los pesares. Lo he dicho de otro modo: la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Los psicólogos y los psiquiatras sabemos lo importante que es ayudar a nuestros pacientes a hacer la cirugía estética del pasado, cerrando heridas de forma definitiva y sabiendo encajarlas de forma adecuada en el organigrama de nuestra biografía. Cuando esto no sucede porque esa persona es incapaz de olvidarse de verdad de esa colección de hechos nefastos, corre el riesgo de convertirse en una persona agria, amargada, dolida, resentida[91] y echada a perder. 

En términos psiquiátricos, se convierte en neurótica por esa rampa deslizante y se va viendo invadida de conflictos no resueltos que, antes o después, asoman y la dañan y la vuelven tóxica. El rencor deteriora por dentro. Y el que alienta traiciones, las hace. 
La felicidad es el sufrimiento superado, así de claro[92]. Son muchos los ejemplos que vienen a mi cabeza de personajes por los que siento mucha estima: desde Tomás Moro a Aleksandr Solzhenitsyn, pasando por Nelson Mandela o Vaclav Havel; o casos menos conocidos como Walter Ciszek o Van Thuan[93]. En muchos de ellos todo ha sucedido de forma terrible y brutal. Amar es afirmar al otro y amar es perdonar y luchar por olvidar los agravios recibidos, y eso requiere generosidad y esfuerzo. 

2. Aprender a tener una visión positiva de la vida. Esto hay que aprenderlo, como casi todo en esta vida. De uno mismo y de nuestro entorno. El optimismo es una forma positiva de captar la realidad. Y eso requiere una educación de la mirada para ser capaces de, además de ver lo negativo, poder captar el ángulo positivo que muchas veces permanece escondido o camuflado y que es necesario ir detrás de él. Es sorprendente cómo hay personas inmunes al desánimo y que se crecen ante las dificultades… Y, al mismo tiempo, otras son demasiado débiles y se derrumban ante contratiempos relativamente pequeños del día a día u otros de mediana intensidad y se vienen abajo. 

¿Se nace optimista? ¿Puede un pesimista dejar de serlo? La clave está en el esfuerzo psicológico, un trabajo de artesanía personal mediante el cual vamos siendo capaces de descubrir la dimensión más positiva de la realidad, ese segmento que se esconde en el fondo de los hechos y que tiene unas notas positivas que es bueno descubrir porque nos pueden enseñar lecciones muy sabias. Traigo aquí el caso de Boris Cyrulnik, judío sefardita francés, que vio morir en las cámaras de gas del campo de concentración de Auschwitz a sus padres y a dos hermanos. Logró escapar por debajo de una verja, siendo él un manojo de huesos, y estuvo deambulando por las cercanías del campo. Quería tres cosas: que una familia lo acogiera, estudiar la carrera de Medicina y ser psiquiatra. Y consiguió las tres. 

Es uno de los padres del movimiento psicológico llamado resiliencia, definido como una corriente psicológica que enseña a soportar situaciones adversas de modo que esa persona se dobla como los metales pero sin romperse. Así uno se hace sólido, resistente, fuerte, tenaz, robusto, poderoso, casi invencible. La resiliencia habla de la capacidad para sacar fuerzas de una experiencia traumática y darle la vuelta y de ese modo ser capaz de ser inexpugnable, pétreo, inalterable, blindado… con un vigor propio de una persona superior. La resiliencia es todo arte y significa adquirir una fortaleza extraordinaria para lograr la superación. 

Quiero contar el caso de Joshua Bishop, que, con pocos estudios y escasa cultura, dio una lección sonada: Cuando tenía diecinueve años, él y un compañero de fechorías llamado Max Braxley, de treinta y seis años, mataron brutalmente a un hombre con el que habían estado bebiendo hasta la madrugada en el condado de Baldwing (Georgia, Estados Unidos). Querían robarle el coche mientras él dormía la borrachera, pero el hombre, llamado Leverrett Morrison (de cuarenta y cuatro años), se despertó y se produjo una pelea. Joshua lo mató con una barra de madera golpeándole en la cabeza; luego metieron el cadáver en el maletero de un coche, le prendieron fuego, abandonándolo después en un terreno perdido y procurando borrar todas las huellas del crimen. 

El cuerpo fue hallado horas más tarde y los dos autores fueron detenidos. Joshua confesó el asesinato y lo condenaron a muerte mientras que a su cómplice lo sentenciaron a cadena perpetua. Pasó veinte años en el corredor de la muerte y fue ejecutado a los cuarenta y cuatro años de edad. El caso habría pasado desapercibido de no ser por un largo artículo que apareció en el diario The Telegraph de Macon y que más tarde fue recogido por The Guardian en marzo del 2016. En él se cuenta la dura infancia de Joshua y la profunda transformación positiva que experimentó en sus dos décadas de estancia en la cárcel. Su infancia fue digna de una historia de Dickens, pues la pasó viviendo bajo los puentes, en residencias para niños abandonados o en casas de acogida, siempre asustado, hambriento y solo, vagabundeando de aquí para allá. Su abogada fue Sarah Gerwig-Moore, que escribió su nota necrológica y nos dejó escrito lo siguiente: 

«Sus últimas palabras fueron de arrepentimiento y amor… Describía sin amargura su infancia y los días de su pubertad y adolescencia, cuando pescaba o iba a recoger basura para comer o freía tomates verdes que recogía de las sobras… Era un muchacho dulce, siempre dispuesto a ayudar a los demás y que adoraba a su madre, una prostituta de buen corazón que nunca supo decirle quién era su padre. Las drogas y el alcohol las consumió desde pequeño (de hecho, cometió el crimen bajo los efectos de la cocaína) y le hicieron llevar una vida errática». 

«En el sombrío corredor de la muerte —sigue diciendo su abogada— descubrió que podía ser amado por los demás y por Dios y entonces floreció como artista y como hombre». En los años de cárcel se consagró a la pintura y conoció a una familia, los Shetenlieb, que empezaron a visitarle y se hicieron amigos suyos; procuraron ayudarle, transmitiéndole que nadie está fuera del perdón si de verdad se arrepiente y que la voluntad lo puede todo si uno se propone realmente cambiar. 

Conectó con el capellán de la prisión, se bautizó y se convirtió al catolicismo. Tras su conversión multiplicó su actividad en la cárcel hablándole a la gente de Dios y, además de pintar, se aficionó a la lectura (él nunca había leído nada). 
Su libro de cabecera fue El diario de Anna Frank, que le ayudó a cambiar y a fortalecer su voluntad. También empezó a conocer gente de fuera de la cárcel que venía a verle y a hablar con él. Eso le ayudó a implicarse en obras sociales y de solidaridad. En los últimos años de su vida trabajó en la escuela jurídica Mercer University enseñando lecciones sobre la justicia. 

Su abogada contó «que había pedido perdón con humildad a los familiares de sus víctimas y quedó confortado con la gracia de haberlo conseguido. Una religiosa que trabajaba ayudando a los presos, la hermana Morrison, pidió su indulto por el buen comportamiento que había tenido en esos años dentro de la prisión, pidió que le conmutaran la pena de muerte por cadena perpetua». 

En sus últimas horas, cuenta su abogada, «confortó a sus amigos, rezó por ellos, pidió perdón a todo el mundo y dijo que cuidáramos mucho a los presos, pues muchos de ellos venían de un mundo de grandes carencias y privaciones. Cantó el célebre Amazing Grace, diciendo que él moría porque lo había merecido». 

Su abogada, Sarah Gerwing-Moore, llegó a ser su amiga y confesó que escribió la historia de Joshua llorando, con momentos de mucha tristeza: 

«Fue mi amigo y me enseñó tanto que con él cambio mi vida… le debo mucho. Él me dio permiso para contar su historia de forma que resultase positiva y pudiera ayudar a otros chicos con problemas como el suyo. Murió besando el rosario que le regaló el capellán de la cárcel». Su misa de funeral se celebró en la iglesia de San Pío X en Conyers (Georgia, Estados Unidos) y fue multitudinaria. 

Está claro que hablamos de un caso excepcional. Es una historia ejemplar. Pero, insisto, la capacidad para descubrir el ángulo positivo de la realidad cambia la perspectiva de ti mismo y de tu entorno. Aquí se mezclan muchas cosas a la vez: por una parte, superar las heridas antiguas y, por otra, la capacidad para descubrir lo positivo que en toda vida se encierra. También se mezclan elementos a los que me voy a referir enseguida: una voluntad rocosa que ha sido labrada poco a poco y que ha llegado a convertirse en parte esencial de esa persona. 

3. Tener una voluntad de hierro. Fuerte, compacta, recia, robusta, resistente al desaliento, como las raíces de un olivo centenario[94]. Y esta necesita ser educada desde los primeros años de la vida. Es una pieza clave en la psicología que, si es sólida, consigue que nuestros objetivos y metas lleguen a buen puerto. Toda educación empieza y termina por la voluntad. Sirve nada más y nada menos que para conseguir el adecuado desarrollo del proyecto personal. Tener una voluntad firme es uno de los más claros indicadores de madurez de la personalidad. La voluntad es la joya de la conducta. Con ella somos enanos a hombros de gigantes. 

4. Tener un buen equilibrio entre corazón y cabeza. Los dos grandes componentes de nuestra psicología son el mundo de la afectividad y el de la inteligencia. No digo que las otras herramientas que hay dentro de ellas sean menos importantes; lo que quiero significar es que estas dos deciden el comportamiento. No ser ni demasiado sensibles, rozando la susceptibilidad, ni demasiado fríos y racionales. La clave está en buscar una buena armonía entre ellas. Decía Pascal: 

«El corazón tiene razones que la razón desconoce». No perdamos de vista que nuestro primer contacto con la realidad es emocional: me gustó esa persona, me cae bien, me agradó mucho aquella gente… Amor e inteligencia forman un bloque bien armado. Tener una afectividad sana significa mover bien los hilos de las relaciones con los demás cargándolas de sentimientos verdaderos, auténticos, sin doblez, descubriendo que lo afectivo es lo efectivo. Y a la vez saber utilizar bien los instrumentos de la razón: la lógica, el análisis, la síntesis, el discernimiento. Ser capaces de respirar por estos dos pulmones a la vez. Los padres y los educadores tienen aquí un papel central. 

5. Para ser feliz es necesario tener un proyecto de vida coherente y realista. Lo he mencionado en diversos momentos en las páginas este libro. Y este debe albergar en su seno cuatro grandes argumentos: amor, trabajo, cultura y amistad. Hay dos notas que se cuelan en sus entresijos: debe ser coherente, lo que significa tener en su interior el menor número de contradicciones posibles… Buena relación entre la teoría y la práctica, acorde entre sus partes, congruente. La otra nota es que debe ser realista: tener los pies en la tierra, ajustarse a los hechos de la vida personal y del entorno… aunque con ilusión. Cada uno de ellos se abre, en abanico. 

No hay felicidad sin amor. Este debe ser uno de los argumentos principales. Pero no solo eso, sino que debe ser trabajado con esmero, con dedicación… Hay muchas formas de amor[95] y debemos conocerlas. También para ser feliz es fundamental tener un trabajo que agrade y que saque lo mejor de uno mismo. Amor y trabajo son dos goznes clave de la felicidad razonable. Uno y otro se retroalimentan. 

La cultura es libertad: te da alas, plenitud, abundancia de conocimiento… Un sendero abonado que lleva a la felicidad. Una persona culta tiene criterio, sabe a qué atenerse, tiene respuestas a las grandes preguntas de la existencia y por eso es difícil de manipular… 
La cultura es una de las puertas de entrada al castillo de la felicidad. Y, finalmente, la amistad: afinidad, donación y confidencia; la necesitamos como parte de la vida misma, como compañía y ayuda en las variadas circunstancias de la vida. 

6. Poner los medios adecuados para hacer felices a otras personas. Cuando uno está intentando hacer esto se olvida de sí mismo, olvida sus problemas y dificultades y eso le lleva a cambiar la dirección de sus acciones. Preguntarse uno con cierta frecuencia: 

«¿Qué puedo hacer para dar unas gotas de felicidad a los que me rodean?». Y esto descansa en un principio que está recogido en muchos autores que han trabajado sobre este tema: hay más alegría en dar que en recibir. Son muchos los que han hablado de esto, de una u otra forma[96]. 

Los psicólogos y los psiquiatras sabemos bien esto. Cambiar el foco de atención y volcarnos con los demás intentando darles alegría es de una gran eficacia. Un psicólogo americano ha sido uno de los padres de este pensamiento, la llamada Psicología positiva, Martín Seligman, que ha desarrollado un amplio campo de trabajo centrado en esto[97], lo que conduce a un modo de aprendizaje que requiere una cierta maestría para no quedarse atrapado en la negatividad. 

Tengo la experiencia de muchos pacientes a los que nuestro equipo les recomendó actividades de solidaridad y eso les cambió. Cuesta a veces que sigan esta indicación, de entrada, pero, si lo logramos, la efectividad suele ser muy positiva.

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[1]. Está claro que no es igual la inteligencia de un arquitecto que la de un corredor de motos profesional, la de un psiquiatra, la de un obrero de la construcción o la de un decorador de interiores. Enumero una cascada de inteligencias solo de pasada: teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, matemática, musical, emocional, auxiliar… o inteligencia para la vida. En cada una de ellas laten en su fondo unas notas muy particulares que la diferencian de las otras.
[2]. Son cuatro los principales modos de vivir la afectividad: sentimientos, emociones, pasiones y motivaciones. Cada una tiene su nota distintiva, pero el modo común de percibir la afectividad son los sentimientos, que voy a definir de la siguiente manera: son estados de ánimo positivos o negativos que nos acercan o nos alejan de aquella persona o hecho que aparece delante de nosotros. No hay sentimientos neutros en sentido estricto; pensemos en el aburrimiento, que está más próximo de la tristeza y del desencanto que de una banda media afectiva.
[3]. Hoy en día, en la Psicología moderna, se considera que la voluntad es más importante que la inteligencia. Es superior porque actúa de palanca para alcanzar objetivos concretos
[4]. La espiritualidad puede ser definida como la dimensión trascendente de la vida, que no se queda en lo puramente material, lo que se toca y se ve, sino que va más allá. En nuestra cultura europea son tres las más destacadas: la judía, la cristiana y la musulmana. Cada una de ellas tiene un libro que la define: la Torah, el Evangelio y el Corán. Pero el cristianismo no es una doctrina que viene en un libro sino que se basa en una persona, Cristo: Él es el referente, el sentido, la esencia de este modo de entender la existencia.
[89] Conferencia pronunciada en el Club Siglo XXI de Madrid el 13 de abril de 2017.
[90] Tema interminable. La bibliografía es un mar sin orillas, es fácil naufragar ante tanta información y tan diversa. Ha sido para mí una tarea de síntesis difícil, tratando de espigar lo que era esencial desde mi óptica personal.
[91]. La palabra resentimiento significa literalmente sentirse dolido y no olvidar. En esa travesía asoma el rencor, que es una reacción de los débiles y que vuelve esclavo al que ahí se instala. Nietzsche, en su libro Genealogía de la moral, dice que «es la rebelión de los esclavos». Es mejor el perdón y, si se puede, la misericordia, que tiene un mayor grado de superioridad.
[92]. Lo que pierde a una persona es el desaliento.
[93]. Conozco la vida y milagros de cada uno de ellos y me parece digna de ser imitada. Al final del libro, en la bibliografía, los mencionaré para los lectores más ávidos de conocimiento.
[94]. Véase la 10.ª lección: La educación de la voluntad (pág. y ss.)
[95]. Lo he explicado de cierto detalle en la 2.ª lección. La exploración de los sentimientos, y en la 3.ª lección: La madurez de los sentimientos. Donde el amor se ve más nítido es en el amor de la pareja, un auténtico mar sin orillas. Allí nos sumergimos en una oceanografía en donde hay que poner nombre a cada afecto y saberlo delimitar y precisarlo. No quiero dejar de decir que el relativismo se ha convertido en una auténtica religión del hombre contemporáneo.
[96]. Lo dice el texto clásico: beatius est magis dare quam accipere (Hech 20, 35). Esto lo saben las madres de familia y aquellas personas que han dedicado su vida a hacer el bien a los demás. Pero quiero hacer algunas consideraciones sobre la felicidad que me parecen interesantes llegados a este punto. Desde el ya clásico de Fernando Savater, El contenido de la felicidad, Ediciones El País, Madrid, 1986, en donde menciona la felicidad como anhelo y como ideal arrogante. O el libro de Eduardo Punset, El viaje a la felicidad, Destino, Barcelona, 2005, que mezcla los flujos hormonales, la bioquímica y el mundo de los sentimientos. Pasando por Emilio Lledó, Elogio de la infelicidad, Cuatro Ediciones, Madrid, 2005, en donde el autor ve la felicidad como una aspiración medio perdida en el horizonte de los sueños, deseos, utopías y amenazas porque el ser humano está siempre insatisfecho. O el trabajo de Victoria Camps, La búsqueda de la felicidad, Arpa & Alfil Editores, Madrid, 2019, en donde la autora se plantea la felicidad como una búsqueda a lo largo de la vida y que no es otra cosa que el anhelo de una vida plena. He participado en la Universidad de Harvard en los cursos sobre felicidad dirigidos por el psicólogo Tal BenShahar, que desde hace algunos años imparte una serie de clases dedicadas exclusivamente a este tema interminable. En ellas este autor se centra en la reconciliación con uno mismo y en saber gestionar las emociones de forma positiva. Su libro es Happier, McGraw-Hill, Nueva York, 2017. Me ha sorprendido la participación de tantos estudiantes con preguntas incisivas que nos ayudan a pensar a los que hemos trabajado en estos temas. Insisto en lo que he dicho al comienzo de este capítulo: la bibliografía es tal que es fácil ahogarse en tantos y tan diversos textos. Comento alguno más que me ha parecido interesante. Cynthia Leppaniemi, Tu felicidad depende de tu actitud, Planeta Mexicana, México, 2012; Helena Béjar, Felicidad: la salvación moderna, Tecnos, Madrid, 2018; Carmen Serrat y Alexia Diéguez: Tú puedes aprender a ser feliz, Aguilar, Madrid, 2010. Una mención final al Reporte Mundial sobre la felicidad, McGraw-Hill, Nueva York, 2017, de John Helliwell, Richard Layard y Jeffrey Sachs: buscan un equilibrio entre factores personales, económicos, ambientales y sociales, rastreando indicadores objetivos de felicidad… Al final, bienestar, nivel de vida y seguridad. La lista queda aquí, por ahora.
[97]. M. Seligman, Authentic happiness, Free Press, Nueva York, 2018, habla de la importancia de aprender de la situaciones de desamparo y darles la vuelta y descubrir las vertientes positivas que están escondidas.

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"Todo lo que tienes que saber sobre la Vida" con D.Enrique Rojas