EL Rincón de Yanka: ¿LOS HOMBROS DE AMÉRICA O NUESTROS PROPIOS HOMBROS?: 💪🎭 DRAMA-COMEDIA SOBRE LA INMIGRACIÓN Y LA EMIGRACIÓN: ESPAÑA Y VENEZUELA

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domingo, 31 de mayo de 2026

¿LOS HOMBROS DE AMÉRICA O NUESTROS PROPIOS HOMBROS?: 💪🎭 DRAMA-COMEDIA SOBRE LA INMIGRACIÓN Y LA EMIGRACIÓN: ESPAÑA Y VENEZUELA

Primer montaje de "Los Hombros de América" 
de Fausto Verdial 
con dirección de Cabrujas. 
Fue en el Teatro Las Palmas. 

🎭

¿Los hombros de América 
o nuestros propios hombros?
"Los Hombros de América" nos ofrece una mirada al pasado, nos conecta con las experiencias de los inmigrantes con los desafíos contemporáneos del desarraigo de los emigrantes. Es una obra de resistencia, como la misma idea del teatro, que busca cuestionar el mundo en el que vivimos (convivimos) y reflexionar sobre los que se fueron y los que todavía luchan por un cambio. Héctor Manrique, en su discurso, expresó su deseo de que la obra sirviera de impulso para transformar la realidad, una esperanza que se mantiene viva a pesar de las adversidades".
LOS HOMBROS DE AMÉRICA es un canto a la memoria y la cultura, por los afectos que se fueron y los que se quedaron. Porque la Patria son todas aquellas personas que forman parte de tu historia.
Los hombros de América es una célebre pieza teatral escrita por el dramaturgo Fausto Verdial. Es una conmovedora comedia costumbrista sobre el exilio, la inmigración y el desarraigo.
La obra retrata la historia de dos familias españolas asentadas en Caracas en las décadas de 1950 y 1970. Su dinámica explora los contrastes entre quienes decidieron echar raíces en el país de acogida y quienes vivían esperando la muerte del dictador Francisco Franco para regresar a España.
En esta obra que narra la visión de dos españoles republicanos exiliados. Javier, un exilado republicano español que en noviembre de 1975 aguarda en Caracas la muerte de Francisco Franco para regresar a la madre patria y Manuel, también republicano exiliado que ha logrado insertarse en Venezuela, entendiendo que ésta es ahora su patria también. Así vemos confrontada estas dos visiones del exilio: aquel que sueña regresar y el que decide adoptar una segunda patria.

Es una comedia sobre costumbres de familias españolas que emigraron a Venezuela entre los años 50 y 60, pero profundamente conmovedora en la actualidad por el tema central y universal que es la inmigración y el desarraigo; sobre la gente que se va de su país y cómo hay unos que asumen como suyo la nación donde llegan y cómo otros viven siempre soñando con regresar de donde vinieron. En la trama, un español se ancla al país y se casa con una venezolana (Manrique) y el otro (Sciamanna) vino casado con una española esperando que Franco muera para regresar a su patria. Cuando eso sucede, tras ver la tragicomedia a la que se somete el personaje que añora regresar a España para poner las cosas en su punto y hacer justicia, a los 6 años se va y consigue un país totalmente distinto donde no se haya, termina siendo un hombre desarraigado en su propio país y, por ende, retorna a Venezuela.

Héctor Manrique señala que esta pieza de Verdial siempre tiene algo que decirle al país en distintos contextos y recalca la vigencia de la misma: “Cuando estrenamos en 1991 lo llamativo era lo pintoresco y picaresco del español de aquel entonces, pero ahora cuando ya un grupo numeroso de venezolanos ha emigrado, además de su contenido irónico y chispeante, la obra empieza a tener una conexión más profunda y conmovedora con el espectador, ya que eso que le sucedía a los españoles, portugueses e italianos, ahora es la tragedia que vivimos los venezolanos, ¿quién no tiene un amigo a familiar que se ha ido? Por eso creo que esta obra que escribió Fausto como un reglo a Venezuela en los 90, ahora tiene mayor vigencia en su contenido, antes era una obra de españoles para españoles, ahora es de un español para los venezolanos y eso la hace muy necesaria actualmente”.

Cabe destacar que se estrenó hace 33 años en el Teatro Las Palmas con Fausto Verdial, Tania Sarabia, Marisela Berti, Orlando Urdaneta, Martha Estrada y Héctor Manrique, con la dirección de José Ignacio Cabrujas y desde ese entonces se ha remontado con varios elencos en distintas etapas de Venezuela y con una entusiasta acogida del público.


Más de una vez he comentado cuánto me impresionó aquel comentario sobre la poca eficacia y compromiso del teatro en Venezuela, realizado por el director teatral Enrique León cuando tuve la oportunidad de estudiar con él.
Su señalamiento se refería a que no entendía por qué los directores en nuestro país se empeñaban en montar a los grandes clásicos u obras de autores que nos mostraban el invierno, las bajas temperaturas de sus países, los vestuarios de pieles y abrigos, las salas con chimeneas, los colores oscuros o los grises.
Con ello se dejaba al margen del escenario el colorido, producto del sol brillante que tenemos, lo cual habla no sólo de esa luz especial, sino de lo particulares que podemos ser.

Creo que aquella clase marcó no solo mi dramaturgia, sino la capacidad de ver nuestro país desde todo aquello que define lo que somos.
Esta reflexión, sobre la que insisto cada vez que tengo oportunidad, me sirve para explicar con certeza por qué la pieza teatral Los hombros de América de Fausto Verdial logra una conexión emocional con el espectador que va más allá de la risa fácil o del aplauso de pie del que suele abusar el público caraqueño.

El valor de esta obra, estrenada por primera vez en 1991 y cuya vigencia se mantiene intacta, es que todo cuanto hay en ella nos pertenece. Todo cuanto expresan estos personajes contiene la luz de nuestro sol, pero por si eso fuera poco, reconoce el encuentro de dos mundos que tanta fuerza tiene en nuestra sociedad. Un encuentro que desde el primer momento construye nuestra riqueza estructural como sociedad. 
¿Qué hubiera sido de nosotros, no sólo sin ese mestizaje originario, sino sin la fuerza migratoria que caracterizó los años 50 y que contribuyó de forma relevante a nuestro desarrollo con perspectivas y reconocimiento al compromiso y al trabajo?

He leído algunas opiniones de espectadores sobre este trabajo que se muestra en el Trasnocho Cultural de la mano de Héctor Manrique, quienes dicen que ver la obra en la actualidad te permite conectar con ella de manera diferente a cuando fue presentada por el nuevo grupo porque hemos pasado por un proceso de emigración. Hay algo de razón en ello, pero creo que en esa conexión existe el reconocimiento a la autenticidad de unos personajes que, en medio de sus sueños, ambiciones y desencuentros, nos hablan de lo que nos caracteriza y de las realidades que preñan el exilio.

Los hombres y mujeres que llegaron a nuestro país para el momento en el que nos ubica la obra tenían conciencia de las bondades del país que los acogía y su compromiso esencial tenía que ver con trabajar para ganar el dinero suficiente que les permitiera ahorrar y para dar a sus hijos la educación que consideraban necesaria. Javier, el personaje interpretado magníficamente por Luigi Sciamanna, nos habla de ello, del acento que te conecta con el lenguaje materno, con la tierra de origen, la inquietud ideológica, las ansias de superación para mejorar las condiciones familiares, pero también te habla de cómo tus angustias, prejuicios, creencias y posiciones radicales viajan con cada uno en su maleta y no importa a dónde vayas si no eres capaz de desprenderte de toda esa carga. Si no lo haces, no podrás iniciar una nueva vida en paz. Ese es un duro mensaje en el trasfondo de este personaje. El que no logra soltar las amarras y se mantiene sujeto al pasado, añorando lo que dejó, terminará por ser un desterrado emocional. Tal es el caso de Javier y su esposa, quienes cuando logran cumplir el sueño de regresar a España, descubren que ese no es el país que han tenido siempre en su pensamiento y deciden regresar a Venezuela.

Por el contrario, el personaje que interpreta Héctor Manrique (Manuel) nos habla de quien se va de su país consciente de la decisión que tomó y del reto que tiene por delante, conformado por el desprendimiento y, por otro lado, por la inserción en la sociedad que te acoge y te hace parte de ella. La tolerancia y el agradecimiento.
Si más allá de la risa que generan las diversas situaciones desmenuzamos el mensaje de la pieza, el mismo es para pensar.
Manuel y su familia esperan a sus viejos amigos con la certeza que les da la seguridad de haber elegido el camino correcto, lo cual abre el camino hacia eso que los seres humanos entendemos como felicidad.
Juntas ambas familias verán como nace una nueva generación que unirá las dos posiciones encontradas para seguir adelante.

Sin duda, este es un trabajo para no dejar de ver. El trabajo de dirección marca un elemento muy importante que es el trabajo de los personajes, tan bien construidos por el propio Manrique, Sciamanna, Nerea Fernández, Marielena González, Claudia Rojas y Pedro Borgo que terminan por ser totalmente creíbles.
La obra, resuelta a través de una puesta en escena bastante natural, nos permite entrar como curiosos a la casa de Manuel y su familia, en la que se desarrolla la mayor parte de la trama. La música de referencia de la época, el vestuario, los accesorios, nos ubican en la típica casa o apartamento de los emigrantes de esa época que poblaron diversas zonas de Caracas, en las que no había lujos, pero sí lo necesario para vivir con comodidad.

Regreso al comienzo de esta reseña: lo visto en el teatro del Trasnocho y la reacción del público no hacen más que confirmar aquella teoría de nuestras particularidades. No se quede al margen de reconocerse en ese escenario o en cualquier otro que apoye la dramaturgia venezolana, porque además nos ha tocado vivir etapas donde buscar las referencias para construir memoria es algo fundamental para alcanzar un futuro cónsono con lo que somos.

Fausto Verdial - Los Hombros De América by Gabriel Sulbarán