EL Rincón de Yanka: POEMA Y CORRIDO LLANERO "FLORENTINO Y EL DIABLO" 👤👿 por ALBERTO ARVELO TORREALBA, VENEZUELA

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viernes, 29 de mayo de 2026

POEMA Y CORRIDO LLANERO "FLORENTINO Y EL DIABLO" 👤👿 por ALBERTO ARVELO TORREALBA, VENEZUELA


FLORENTINO Y EL DIABLO



Presentación

Llano adentro dos hombres se enfrentan sin otra arma que el canto y la astucia. Uno de ellos, que llegó vestido de negro y cabalgando un caballo negro, retó al otro, coplero de cabello encendido que en virtud de un férreo código moral no puede negarse al combate. Cantan toda la noche en encarnizado contrapunteo, una competencia tradicional en la que ambos contendientes deben hacer uso de sus mejores habilidades como poetas y como improvisadores. El retador no es otro que el «Capitán de la Tiniebla», Satanás, y la prenda a disputar no es otra que el alma del «catire quitapesares», Florentino. Al final, entre invocaciones de entidades divinas y el advenimiento del alba, se impondrá el bien. 
El poeta venezolano Alberto Arvelo Torrealba publicó en 1940 la primera versión de Florentino y el Diablo. Luego, en 1950 y 1957, publicaría dos nuevas versiones que ampliaban la original. La conocida leyenda del Llano del hombre que venció al Diablo es la materia prima del autor, quien «la viste de octosílabo en estrofas de corrío», como escribiera el investigador Manuel Bermúdez (Enciclopedia de Venezuela, Editorial A. Bello, S.A., Caracas, 1973; tomo VII). 
De las versiones de Florentino y el Diablo escritas por Arvelo Torrealba la más conocida es la de 1950, que en 1965 fue grabada como obra musical con las voces de los reconocidos copleros Juan de los Santos Contreras, «el Carrao de Palmarito», representando al Diablo, y José Romero Bello en el papel de Florentino. La interpretación del poema, primero en acetato y luego en escena, le brindó tal popularidad que con el tiempo se convirtió en inspiración para otras obras en diversos formatos, como la Cantata criolla de Antonio Estévez o el largometraje del año 2000 dirigido por Michael New. En 1997, La BitBlioteca y Editorial Letralia publicaron conjuntamente la primera edición electrónica de este clásico de la literatura venezolana, en su versión de 1950. Se trata de un aporte invalorable al estudio de nuestra poesía. 
Florentino y el Diablo es un poema épico que con justicia ha sido equiparado a otros textos imprescindibles de Latinoamérica.

Jorge Gómez Jiménez. Editor


I

EL RETO

El coplero Florentino 
por el ancho terraplén 
caminos del Desamparo 
desanda a golpe de seis. 

Puntero en la soledad 
que enlutan llamas de ayer, 
macolla de tierra errante 
le nace bajo el corcel. 
Ojo ciego el lagunazo 
sin garza, junco ni grey, 
dura cuenca enterronada 
donde el casco da traspié. 
Los escuálidos espinos 
desnudan su amarillez, 
las chicharras atolondran 
el cenizo anochecer. 
Parece que para el mundo 
la palma sin un vaivén. 

El coplero solitario 
vive su grave altivez 
de ir caminando el erial 
como quien pisa vergel. 
En el caño de Las Ánimas 
se para muerto de sed. 
y en las patas del castaño 
ve lo claro del jagüey.

El cacho de beber tira, 
en agua lo oye caer; 
cuando lo va levantando 
se le salpican los pies, 
pero del cuerno vacío 
ni gota pudo beber. 
Vuelve a tirarlo y salpica 
el agua clara otra vez, 
mas sólo arena sus ojos 
en el turbio fondo ven. 

Soplo de quema el suspiro, 
paso llano el palafrén, 
mirada y rumbo el coplero 
pone para su caney, 
cuando con trote sombrío 
oye un jinete tras él. 

Negra se le ve la manta, 
negro el caballo también; 
bajo el negro pelo’e guama 
la cara no se le ve. 
Pasa cantando una copla 
sin la mirada volver: 

—Amigo, por si se atreve, 
aguárdeme en Santa Inés, 
que yo lo voy a buscar 
para cantar con usté.

 Mala sombra del espanto 
cruza por el terraplén. 
Vaqueros de lejanía 
la acompañan en tropel; 
la encobijan y la borran 
pajas del anochecer. 

Florentino taciturno 
coge el banco de través. 
Puntero en la soledad 
que enlutan llamas de ayer 
parece que va soñando 
con la sabana en la sien. 
En un verso largo y hondo 
se le estira el tono fiel: 

Sabana, sabana, tierra 
que hace sudar y querer, 
parada con tanto rumbo, 
con agua y muerta de sed, 
una con mi alma en lo sola, 
una con Dios en la fe; 
sobre tu pecho desnudo 
yo me paro a responder: 
sepa el cantador sombrío 
que yo cumplo con mi ley 
y como canté con todos 
tengo que cantar con él.

II 

LA PORFÍA

Noche de fiero chubasco 
por la enlutada llanura, 
y de encendidas chipolas 
que el rancho del peón alumbran. 
Adentro suena el capacho, 
afuera bate la lluvia; 
vena en corazón de cedro 
el bordón mana ternura; 
no lejos asoma el río pecho 
de sabana sucia; 
más allá coros errantes, 
ventarrón de negra furia, 
y mientras teje el joropo 
bandoleras amarguras 
el rayo a la palma sola 
le tira señeras puntas. 

Súbito un hombre en la puerta: 
indio de grave postura, 
ojos negros, pelo negro, 
frente dé cálida arruga, 
pelo de guama luciente 
que con el candil relumbra. 

Un golpe de viento guapo 
le pone a volar la blusa, 
y se le ve jeme y medio 
de puñal en la cintura.

Entra callado y se apuesta 
para el lado de la música. 

Oiga vale, ese es el Diablo. 
—la voz por la sala cruza. 

Mírelo cómo llegó 
con tanto barrial y lluvia, 
planchada y seca la ropa, 
sin cobija ni montura. 
Dicen que pasó temprano, 
como quien viene de Nutrias, 
con un oscuro bonguero 
por el paso de Las Brujas. 

Florentino está silbando 
sones de añeja bravura 
y su diestra echa a volar 
ansias que pisa la zurda, 
cuando el indio pico de oro 
con su canto lo saluda. 

El Diablo 

Catire quitapesares 
contésteme esta pregunta: 
¿Cuál es el gallo que siempre 
lleva ventaja en la lucha 
y aunque le den en el pico 
tiene picada segura? 

Florentino 

Tiene picada segura 
el gallo que se rebate 
y no se atraviesa nunca, 
bueno si tira de pie, 
mejor si pica en la pluma.

El Diablo 

Mejor si pica en la pluma. 
Si sabe tanto de todo diga 
cuál es la república 
donde el tesoro es botín 
sin dificultá ninguna. 

Florentino 

Sin dificultá ninguna, 
la colmena en el papayo 
que es palo de blanda pulpa: 
el que no carga machete 
saca la miel con las uñas. 

El Diablo 

Saca la miel con las uñas. 
Contésteme la tercera 
si respondió la segunda, 
y diga si anduvo tanta 
sabana sin sol ni luna 
quién es el que bebe arena 
en la noche más oscura. 

Florentino 

En la noche más oscura 
no quiero ocultar mi sombra 
ni me espanto de la suya. 
Lo malo no es el lanzazo 
sino quien no lo retruca: 
tiene que beber arena 
el que no bebe agua nunca.

El Diablo 

El que no bebe agua nunca. 
Así cualquiera responde 
barajando la pregunta. 
Si sabe dé su razón 
y si no, no dé ninguna: 
¿quién mitiga el fuego amargo 
en jagüey de arena pura, 
quién mata la sed sin agua 
en la soledad profunda? 

Florentino 

En la soledad profunda 
el pecho del medanal, 
el romance que lo arrulla, 
la conseja que lo abisma, 
el ánima que lo cruza, 
la noche que lo encobija, 
el soplo que lo desnuda, 
la palma que lo custodia, 
el lucero que lo alumbra. 
¿Qué culpa tengo, señores, 
si me encuentra el que me busca? 

El Diablo 

Si me encuentra el que me busca 
el susto lo descarea. 
Falta un cuarto pá’la 
una cuando el candil parpadea, 
cuando el espanto sin rumbo 
con su dolor sabanea, 
cuando Florentino calla 
porque se le va la idea, 
cuando canta la pavita, 
cuando el gallo menudea.

Florentino 

Cuando el gallo menudea 
la garganta se me afina 
y el juicio se me clarea. 
Yo soy como el espinito 
que en la sabana florea: 
le doy aroma al que pasa 
y espino al que me menea. 

El Diablo 

Espino al que me menea. 
No le envidio al espinito 
las galas de que alardea: 
cuando la candela pasa 
la pata se le negrea. 
Con plantaje y bulla de ala 
no se cobra la pelea. 
Vaya poniéndose alante 
pá’que en lo oscuro me vea. 

Florentino 

Pá’que en lo oscuro me vea. 
Amigo no arrime tanto 
que el bicho se le chacea. 
Atrás y alante es lo mismo 
pá’l que no carga manea. 
El que va atrás ve pá’lante 
y el que va alante voltea. 

El Diablo 

El que va alante voltea 
a contemplar lo que sube 
borrando lo que verdea: 
en invierno el aguazal, 
en verano la humarea. 
Me gusta cantar al raso 
de noche cuando ventea 
porque así es como se sabe 
quién mejor contrapuntea. 

Florentino 

Quien mejor contrapuntea 
hace sus tratos de día 
y trabaja por tarea. 
«¡Cójame ese trompo 
en la uña a ver si taratatea!». 
Ni que yo fuera lechuza 
en campanario de aldea 
para cantar en lo oscuro 
con esta noche tan fea. 

El Diablo 

Con esta noche tan fea 
una cosa piensa el burro 
y otra el que arriba lo arrea. 
¡Ay, catire Florentino! 
escuche a quien lo previene: 
déle tregua a la porfía 
pá’que tome y se serene 
si no quiere que le falle la voz 
cuando se condene. 

Florentino 

La voz cuando se condene. 
Mientras el cuatro me afine 
y la maraca resuene 
no hay espuela que me apure 
ni bozal que me sofrene, 
ni quien me obligue a beber 
en tapara que otro llene. 
Coplero que canta y toca 
su justa ventaja tiene: 
toca cuando le da gana, 
canta cuando le conviene. 

El Diablo 

Canta cuando le conviene. 
Si su destino es porfiar 
aunque llueva y aunque truene 
le voy a participar, 
amigo, que en este duelo 
yo no le vengo a brindar 
miel de aricas con buñuelo. 
Si se pone malicioso 
no me extraña su recelo, 
que al que lo mordió macagua 
bejuco le para el pelo. 

Florentino 

Bejuco le para el pelo. 
Contra un jiro atravesao 
yo mi pollo ni lo amuelo. 
Entre cantadores canto, 
entre machos me rebelo, 
entre mujeres me sobra 
muselina y terciopelo, 
cuando una me dice adiós 
a otra le pido consuelo. 
Desde cuando yo volaba 
paraparas del rayuelo 
vide con la noche oscura 
la Cruz de Mayo en el cielo.

El Diablo 

La Cruz de Mayo en el cielo. 
A mí no me espantan sombras 
ni con luces me desvelo: 
con el sol soy gavilán 
y en la oscuridá mochuelo, 
familia de alcaraván 
canto mejor cuando vuelo; 
también como la guabina 
si me agarra me le pelo, 
también soy caimán cebao 
que en boca’e caño lo velo. 

Florentino 

Que en boca’e caño lo velo. 
Me acordé de aquel corrío 
que me lo enseñó mi abuelo: 
velando al que nunca pasa 
el vivo se quedó lelo, 
para caimán el arpón 
para guabina el anzuelo, 
patiquín que estriba corto 
no corre caballo en pelo. 
¿Con qué se seca la cara 
el que no carga pañuelo? 
¿Pá’qué se limpia las patas 
el que va a dormí en el suelo? 

El Diablo 

El que va a dormí 
en el suelo pega 
en la tierra el oío: 
si tiene el sueño liviano 
nunca lo matan dormío. 
Los gallos están cantando, 
escúcheles los cantíos, 
los perros están aullando, 
recuerde lo convenío. 
«Zamuros de la Barrosa 
del alcornocal del Frío 
albricias pido, señores, 
que ya Florentino es mío». 

Florentino 

Que ya Florentino es mío. 
¡Ñéngueres de Banco Seco! 
¡taro-taros del Pionío! 
Si usté dice que soy suyo 
será que me le he vendío, 
si me le vendí me paga 
porque yo a nadie le fío. 
Yo no soy rancho veguero 
que le mete el agua el río, 
yo no soy pájaro bobo 
pá’estar calentando nío. 

El Diablo 

Pá’estar calentando nío. 
No sé si es pájaro bobo 
pero va por un tendío 
con la fatiga del remo 
en el golpe mal medío; 
y en la orilla del silencio 
se le anudará el tañío 
cuando yo mande a parar 
el trueno y el desafío. 

Florentino 

El trueno y el desafío. 
Me gusta escuchar el rayo 
aunque me deje aturdío, 
me gusta correr chubasco 
si el viento lleva tronío. 
Águila sobre la quema, 
reto del toro bravío. 
Cuando esas voces me llaman 
siempre les he respondío. 
¡Cómo me puede callar 
coplero recién vestío! 

El Diablo 

Coplero recién vestío, 
mano a mano y pecho a pecho 
ando atizándome el brío 
con el fuego del romance 
que es don de mi señorío. 
Relámpagos me alumbraron 
desde el horizonte ardío 
nariceando cimarrones 
y sangrando a los rendíos 
con la punta’e mi puñal 
que duele y da escalofrío. 

Florentino 

Que duele y da escalofrío... 
Dame campo pensamiento 
y dame rienda albedrío 
pá’enseñarle al que no sabe 
a rematar un corrío. 
Cimarrones hay que verlos, 
de mautes no le porfío; puñal, 
sáquelo si quiere a ver 
si repongo el mío. 
Duele lo que se perdió 
cuando no se ha defendío.

El Diablo 

Cuando no se ha defendío 
lo que se perdió no importa 
si está de pies el vencío, 
porque el orgullo indomable 
vale más que el bien perdío. 
Por eso es que me lo llevo 
con la nada por avío en bongo 
de veinte varas que tiene 
un golpe sombrío. 
Y vuelvo a cambiarle el pie 
a ver si topa el atajo. 

Florentino 

A ver si topa el atajo. 
Cuando se fajan me gusta 
porque yo también me fajo. 
«Zamuros de la Barrosa 
del alcornocal de abajo: 
ahora verán, señores, 
al Diablo pasar trabajo». 

El Diablo 

Al Diablo pasar trabajo. 
No miente al que no conoce 
ni finja ese desparpajo, 
mire que por esta tierra 
no es primera vez que viajo, 
y aquí saben los señores 
que cuando la punta encajo 
al mismo limón chiquito 
me lo chupo gajo a gajo.

Florentino 

Me lo chupo gajo a gajo. 
Usté que se alza el copete 
y yo que se lo rebajo. 
No se asusten compañeros, 
déjenlo que yo lo atajo, 
déjenlo que pare suertes, 
yo sabré si le barajo; 
déjenlo que suelte el bongo 
pá’que le coja agua abajo; 
antes que Dios amanezca 
se lo lleva quien lo trajo; 
alante el caballo fino, 
atrás el burro marrajo. 
¡Quién ha visto dorodoro 
cantando con arrendajo! 
Si me cambió el consonante 
yo se lo puedo cambiar. 

El Diablo 

Yo se lo puedo cambiar. 
Los graves y los agudos 
a mí lo mismo me dan, 
porque yo eché mi destino 
sobre el nunca y el jamás. 
¡Ay!, catire Florentino, 
cantor de pecho cabal, 
qué tenebroso el camino 
que nunca desandará, 
sin alante, sin arriba, 
sin orilla y sin atrás. 
Ya no valen su baquía, 
su fe ni su facultá 
catire quitapesares 
arrendajo y turupial.

Florentino 

Arrendajo y turupial. 
De andar solo esa vereda 
los pies se le han de secar, 
y se le hará más profunda 
la mala arruga en la faz; 
porque mientras llano 
y cielo me den de luz su caudal, 
mientras la voz se me escuche 
por sobre la tempestá, 
yo soy quien marco mi rumbo 
con el timón del cantar. 
Y si al dicho pido ayuda 
aplíquese esta verdá: 
que no manda marinero 
donde manda capitán. 

El Diablo 

Donde manda capitán 
usted es vela caída, 
yo altivo son de la mar. 
Ceniza será su voz, 
rescoldo de muerto 
afán sed será su última huella 
náufraga en el arenal, 
humo serán sus caminos, 
piedra sus sueños serán, 
carbón será su recuerdo, 
lo negro en la eternidá, 
para que no me responda 
ni se me resista más. 
Capitán de la Tiniebla 
es quien lo viene a buscar.

Florentino 

Es quien lo viene a buscar. 
Mucho gusto en conocerlo tengo, 
señor Satanás. 
Zamuros de la Barrosa 
salgan del Arcornocal 
que al Diablo lo cogió el día 
queriéndome atropellar. 
Sácame de aquí con Dios 
Virgen de la Soledá, 
Virgen del Carmen bendita, 
sagrada Virgen del Real, 
tierna Virgen del Socorro, 
dulce Virgen de la Paz, 
Virgen de la Coromoto, 
Virgen de Chiquinquirá, 
piadosa Virgen del Valle, 
santa Virgen del Pilar, 
Fiel Madre de los Dolores 
dame el fulgor que tú das, 
¡San Miguel!, dame tu escudo, 
tu rejón y tu puñal, 
Niño de Atocha bendito, 
Santísima Trinidá. 
(En compases de silencio 
negro bongo que echa a andar. 
¡Salud, señores! El alba 
bebiendo en el paso real).

Alberto Arvelo Torrealba 

Alberto Arvelo Torrealba nació el 30 de septiembre de 1905 en Barinas. Murió el 28 de marzo de 1971 en Caracas. Poeta, abogado, político, diplomático, educador y ensayista. 

En la Universidad Central de Venezuela obtuvo el grado de doctor en ciencias políticas (1935). Ejerció la docencia y desempeñó altos cargos públicos, entre ellos: presidente del Consejo Técnico de Educación en 1940, gobernador del estado Barinas entre 1941 y 1944, consejero de la Embajada de Francia, embajador extraordinario de Venezuela en Bolivia (1952), embajador en Italia, ministro de Agricultura y Cría (1953). En 1968 fue elegido individuo de número de la Academia de la Lengua. En 1966 obtuvo el premio Nacional de Literatura, mención Prosa, por su ensayo: Lazo Martí: vigencia en lejanía. Otras obras suyas fueron Música de cuatro (1928), Cantas (1932), Glosas al cancionero (1940), Florentino y el Diablo (1940/1957) y Caminos que andan (1952). 

Tras una aparente y engañosa ubicación dentro del criollismo y del nativismo, Alberto Arvelo Torrealba nos ofrece una poesía de gran fuerza lírica y épica, a la cual no son ajenas las reflexiones filosóficas y existenciales, aunque sin disminuir ni enajenar la intensidad estética. La gran popularidad de sus versos se explica por los temas sacados de la vida y del paisaje cotidiano del habitante de las llanuras venezolanas, y por el uso de formas métricas y estróficas de atractiva sonoridad y de larga tradición popular, heredada de nuestro pasado hispánico: el octosílabo, la copla, la décima o espinela, el romance... Pero sus imágenes son muchas veces herméticas, producto de una elaboración poética rica y compleja, con los recursos de una vasta cultura. 

Sus versos, además, responden a una vocación profundamente humana y universal. Un profundo contenido reflexivo, netamente existencial, que universaliza la angustia del poeta ante el mundo y la vida, y la expresión estética ricamente elaborada, trasvasada en imágenes de la más variada especie, aun sin dejar de apoyarse en un lenguaje a veces, pero no siempre, típicamente popular, y muy frecuentemente traducida en imágenes herméticas, cuya forma popular esconde la dificultad para captar plenamente su sentido. 
La riqueza creadora de Arvelo Torrealba es tal, en efecto, que es frecuente encontrar décimas, por ejemplo, en las cuales prácticamente todos sus versos contienen imágenes de hermosísima factura, aunque a menudo de difícil comprensión. 

La calificación de Arvelo Torrealba como «poeta nativista» nos parece hoy bastante discutible. No porque en su poesía no se cante, efectivamente, al paisaje y, en general, a la naturaleza venezolana, sino porque al lado de esto hay también en sus versos otros elementos, a nuestro juicio más importantes y definitorios, pero que la utilización, casi excluyente, del verso octosílabo, la cuarteta y otros recursos característicos de la poesía popular dominante en los llanos venezolanos, ha hecho que aquellos elementos pasen un tanto inadvertidos, incluso para críticos generalmente muy sagaces.

Alexis Márquez Rodríguez
En Arvelo Torrealba, Alberto. Obra poética.
Monte Ávila Editores. Caracas (Venezuela), 1999.

FLORENTINO Y EL DIABLO LEYENDA COMPLETA


AlbertoArveloTorrealba.pdf by Miguel Benitez