ALLÁ
EN EL RANCHO GRANDE
(1949)
Al morir su madre, los hermanos José Francisco y Eulalia, junto con la huerfanita Cruz, pasan a ser cuidados por la lavandera Ángela y el borrachín Florentino. José Francisco crece junto a Felipe, el hijo de don Rosendo, patrón del Rancho Grande y cuando éste muere, José Francisco es nombrado capataz por su amigo Felipe. La unión entre ambos se refuerza cuando José Francisco es herido de un balazo al tratar de salvarle la vida a Felipe y éste, a su vez, dona sangre para una transfusión a la que se debe someter su amigo y salvador. Sólo una cosa amenaza a su amistad: José Francisco se ha enamorado de Cruz y Ángela está dispuesta a venderle a Felipe la honra de la joven para obtener el dinero preciso para celebrar el matrimonio de Eulalia.
El éxito de la película la llevó a convertirse en la primera película mexicana en lanzarse a Estados Unidos con subtítulos en inglés. En estos años la producción cinematográfica estadounidense se vio bastante reducida por los conflictos bélicos y fue una época en la que los trabajos mexicanos comenzaron a tener renombre. También fue una espada de doble filo para la industria, que llevaba desde principios de siglo intentando desligarse la “imagen mexicana” del mariachi y los sombreros charros, y la película ayudó a extender justo este estereotipo en el mercado estadounidense.
A pesar de que adquirió su fama gracias al film y escrita para una obra teatral en los años ’20, la canción ya formaba parte de la tradición popular mexicana. Se suele otorgar su autoría a Juan Díaz del Moral y Emilio Uranga D., entre los primeros en escribirla y comercializarla. El dúo registró la canción en 1927. Pero cómo ocurre con muchos de los grandes clásicos, los derechos de autor sobre este tema han generado litigios que se han mantenido durante décadas.
En la película fue interpretada por Federico Arturo Guízar Tolentino, que pasaría a la historia como Tito Guízar. El actor y cantante se convirtió gracias a esta cinta en el primer charro del cine mexicano. La cinta supuso el salto a Hollywood de Guízar y se convirtió en uno de los primeros galanes mexicanos. Su actuación de 1936 le persiguió, de buena manera, a través de sus carrera y se convirtió en uno de sus grandes sellos. También interpretó otros grandes clásicos de la música folclórica mexicana como la “Cucaracha” o “Cielito Lindo”.
Tras el éxito artístico y de público cosechado por Fernando de Fuentes en 1936 con "Allá en el Rancho Grande", donde inicia una forma novedosa de hacer cine en México alternando drama y folclore, trece años después repetía argumento y título ahora con Jorge Negrete como gran atractivo musical.
Lo que no es tan conocido es que en ambos casos sigue casi al pie de la letra la trama de la "Nobleza baturra" de Florián Rey, estrenada en 1935 con Imperio Argentina, Manuel Luna y Miguel Ligero. Otro drama rural salpicado de populares jotas.
Otra vez la honra de la mujer anda en voces y coplas por el pueblo a cuenta de la calumnia y la envidia, "Con la mujer que uno quiere, no hay que hacer combinación, que la Cruz de mi pasión, no se la cambio al patrón". Así canta en plan de reto un resentido contra Crucita (del Valle), una auténtica Cenicienta, como las jotas aragonesas de picadillo proclamaban en la ronda nocturna, "Dicen que han visto saltar, a eso de la media noche, a un hombre por la ventana, de María del Pilar".
Una historia de honor y de nobleza, "nobleza charra", salpicada de conocidas canciones mexicanas y de las bromas del borrachín Florentino (Soto).
Correctos tanto el guion como la realización, volcada en este caso sobre Negrete y sus canciones. Ya se aprecia en el cartel. Los personajes quedan por eso un tanto desdibujados.
Cinta interesante la de esta "nobleza charra", sobre todo por las similitudes que guarda con nuestra "Nobleza baturra".
México Tenía la Industria Cinematográfica Perfecta en 1947 —
Hasta que 3 Decisiones la Debilitaron.
En 1947, México vivía el punto más alto de su historia cinematográfica. Estudios llenos, directores respetados, actores reconocidos en toda América Latina y una industria capaz de producir películas de forma constante, con identidad propia y proyección internacional.
Durante la llamada Época de Oro, el cine mexicano no solo entretenía: definía cultura, lenguaje y memoria colectiva.
Todo parecía indicar que México estaba destinado a convertirse en una potencia cinematográfica duradera. Pero ese equilibrio era frágil. Tres decisiones —políticas, económicas e industriales— comenzaron a debilitar lentamente lo que parecía una industria perfecta.
No fue un colapso inmediato, sino un desgaste silencioso que, con el tiempo, cambió el rumbo del cine nacional.
Este documental recorre ese momento clave, las decisiones que marcaron un antes y un después, y cómo una de las industrias culturales más fuertes de México fue perdiendo el lugar que había conquistado.
No es solo una historia de cine. Es una historia de oportunidades, decisiones y un legado que aún resuena en la pantalla.


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