LA FALTA DE VALENTÍA (Y DE FE )
EXPLICA MUCHAS COSAS
La valentía es parte de la virtud cardinal de la fortaleza y una parte esencial. Decía San Juan Enrique Newman que, sin el valor, el resto de las virtudes no pueden subsistir por mucho tiempo. Para ser prudente, casto, justo, magnánimo o sobrio y para practicar cualquier otra virtud es necesaria una dosis abundante (a veces, sobreabundante) de valentía.Durante milenios, la valentía ha sido admirada en prácticamente todas las culturas y civilizaciones. Desgraciadamente, la nuestra parece ser una excepción, en la que los héroes han sido sustituidos por antihéroes, el bien por buenismo, las virtudes recias por valores light y el valor por la blandurronería o, directamente, por la cobardía.
Por desgracia, la Iglesia, que es la encargada de mantener las verdades que el mundo va olvidando, en este caso parece haberse contagiado del mismo mal. Y eso explica muchas cosas.
- Por esa falta de valentía la jerarquía lleva décadas tolerando lo intolerable y permitiendo que, en nombre de la Iglesia, se prediquen el rechazo a la fe católica y el odio a la propia Iglesia. A pesar de que se trata de una pseudotolerancia evidentemente suicida y que nos va destruyendo a marchas forzadas.
- Por esa falta de valentía se escriben innumerables documentos en los que no se dice nada, sabiendo que, cuando uno no dice nada, tampoco se expone a nada.
- Por esa falta de valentía se ha cambiado la evangelización y la conversión de los pueblos a la fe por el diálogo interreligioso, que no compromete a nada ni molesta a nadie. Ni sirve prácticamente de nada, pero al menos permite fingir que se está haciendo algo.
- Por esa falta de valentía, los obispos son incomparablemente más duros con los sacerdotes buenos y ortodoxos que con los que sacerdotes que odian la fe y no creen en nada, porque los primeros obedecen y callan, mientras que los segundos arman escándalos.
- Por esa falta de valentía, miles de clérigos, especialmente obispos, hicieron un papel tan lamentable durante la pandemia, dejando abandonados a muchísimos de sus hijos, que murieron solos y sin sacramentos. Y todo eso con la repugnante y transparente excusa de que se hacía por caridad y para proteger a los fieles. A pesar de que unas pocas diócesis valientes, a las que Dios premiará, decidieron continuar sus actividades y no pasó absolutamente nada
- Por esa falta de valentía, la inmensa mayoría de los obispos buenos se callaron vergonzosamente ante los patentes abusos contra la fe y la moral del pontificado anterior, a pesar de que bastaba con que hubieran hablado para que esos abusos no se hubieran producido, o al menos hubieran quedado desactivados, como muestra el caso de los obispos africanos y Fiducia supplicans. Porque los oponentes de la fe también son débiles y blanditos.
- Por esa falta de valentía, las autoridades eclesiásticas se desmayan y piden las sales ante el solo pensamiento de pronunciar la palabra “adulterio”, de negar la comunión a los pecadores públicos o de enseñar las verdades difíciles de la fe y la moral católicas, por si acaso alguien, en algún lugar, fuera a sentirse ofendido.
- Por esa falta de valentía, en los países antiguamente católicos campan a sus anchas el divorcio, el aborto, la eutanasia y otras inmoralidades, mientras los católicos y su clero, en el mejor de los casos, las rechazan de boquilla para no meterse en líos.
- Por esa falta de valentía, en lugar de que los católicos anuncien el evangelio hasta los confines del mundo, hoy vienen a España los inmigrantes de Hispanoamérica a perder la fe, mientras que a los que vienen de países musulmanes u orientales nadie les evangeliza, no sea que nos vayan a acusar de proselitismo, de creer en la verdad o de ser políticamente incorrectos.
- Por esa falta de valentía, como estaba claro desde el principio que iba a pasar, tras la ingrata cobardía de permitir que el gobierno forzara la exhumación de Francisco Franco, fundador de la abadía del Valle de los Caídos, vino la cobardía de sacrificar al prior de los benedictinos en un vano intento de congraciarse con los anticatólicos, seguida por la cobardía de colaborar con una humillante resignificación de la abadía y antes o después continuada, si Dios no lo remedia, por la dinamitación de la misma Cruz, el verdadero objeto de odio. Parece mentira que no hayamos aprendido aún que el único fruto de la cobardía es más cobardía y más desprecio por parte del mundo.
- Por esa falta de valentía, unida a la falta de fe, tantos padres no transmiten la fe a sus hijos, tantos colegios “católicos” son un semillero de ateísmo, tantas universidades “católicas” solo enseñan herejías y tantísimos “católicos” se han adaptado a la amoralidad del mundo y son indistinguibles de él.
- Por falta de valentía, la sal se ha vuelto sosa y solo sirve ya para tirarla al suelo y que la pisoteen las gentes. Mucho me temo que, al final, Dios tendrá que enviarnos una persecución para que despertemos. Luego nos quejaremos, pero nos lo hemos buscado. Miserere nobis, Domine, miserere nobis.
VER+:
Nosotros los católicos lo que esperamos de nuestros pastores es que nos faciliten y defiendan el derecho que como fieles tenemos a practicar el culto y a recibir los sacramentos.


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