EL Rincón de Yanka: PRADA

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martes, 31 de marzo de 2026

EL ASESINATO DE ESTADO DE NOELIA CASTILLO: ☠💀 PRIMERO TE DESTROZAMOS LA VIDA Y LUEGO TE MATAMOS COMPASIVAMENTE por JUAN MANUEL DE PRADA

 

PRIMERO TE DESTROZAMOS LA VIDA 
Y LUEGO TE MATAMOS COMPASIVAMENTE

El Leviatán ha recetado a Noelia una muerte dulce 
para combatir su depresión y envuelve su crimen 
en repulsivos ternurismos eméticos

☠💀
Convendría que reparásemos en las vicisitudes de la existencia de Noelia, esa joven recientemente asesinada por el Leviatán. Según nos relatan los cronistas sistémicos, Noelia padeció una infancia horrenda, con padres endeudados o alcohólicos o ambas cosas a la vez, que no la atendieron como merecía o descuidaron su crianza. No dudo que fuese la suya una infancia sufriente y que la actitud de los padres le dejase muy hondas heridas. Pero seguramente no fueron heridas tan hondas como las que sufrió Beethoven, cuyo padre alcohólico le propinaba bestiales palizas y lo encerraba en un sótano durante días enteros. O como las que padeció Dickens, que tuvo que ponerse a trabajar con apenas 12 años en una fábrica de betún, después de que su padre fuese encarcelado por deudas, condenando a su familia a la mendicidad. O, en fin, como las heridas sufridas por Chaplin, cuyo padre alcohólico abandonó a la familia antes de morir cirrótico perdido, dejando a los hijos en manos de una madre inquilina asidua del manicomio.

Para fortuna de Beethoven, Dickens o Chaplin, no existía un Leviatán 'protector' que se hiciese cargo de ellos; y el sufrimiento que amasó sus días infantiles fue fecundo y los convirtió en genios. Para desgracia de Noelia, la Generalitat de Cataluña decidió  «evitar sus sufrimientos», para lo cual retiró la custodia a sus padres endeudados o alcohólicos o ambas cosas a la vez y la internó en un centro de menores, erigiéndose en su «protectora». La idiotez imperante tiende a considerar que las instituciones públicas son nuestros ángeles custodios; pero se trata de una premisa por completo errónea, una distorsión cognitiva grave. Las instituciones públicas, en un régimen político inicuo como el que sufrimos, están al servicio del Leviatán; y su propósito primordial es convertir la familia en un campo de Agramante. El Leviatán moderno odia la familia porque sabe que es un bastión de resistencia contra sus injerencias (de ahí que haya adelgazado la protección del matrimonio y fomentado el divorcio, de ahí que haya alentado la competencia entre los sexos y la ruptura entre las generaciones, de ahí que haya exaltado las formas más caprichosas de convivencia y encumbrado el aborto como derecho); y odia muy especialmente la patria potestad, porque le impide ejercer una tutela completa sobre los niños (de ahí que repitan con monomanía psicopática que «los hijos no son de los padres»).

Situaciones familiares como la que sufría Noelia, tan desgraciadamente habituales en las sociedades que previamente han sido hechas puré por el Leviatán, son tan sólo la excusa que el Leviatán emplea para asegurarse la destrucción de vidas. El Leviatán desea corromper a nuestros hijos, desea destruir su inocencia, desea envilecer sus almas con ideaciones aberrantes y disfóricas; y en los hijos de padres conflictivos ve una ocasión pintiparada para ejecutar sus designios.

Noelia fue una víctima del Leviatán, que propició que fuese violada en diversas ocasiones; hasta que, hundida en la depresión, saltó desde un quinto piso para quitarse la vida, quedando maltrecha para siempre, con dolores físicos al parecer muy intensos, pero seguramente menos que su dolor moral. Así es como Noelia decidió solicitar la eutanasia al Leviatán que primeramente la apartó de su familia y la recluyó en un centro de menores, que jamás le brindó una tutela efectiva, que no le brindó los tratamientos adecuados para combatir su dolor. Si Noelia no hubiese estado gravemente ofuscada por el dolor, si no hubiese padecido trastornos muy aflictivos, no habría recurrido al Leviatán, causante de todos ellos; pero Noelia estaba para entonces hecha cisco, la habían convertido en un despojo, y recurrió absurdamente al sacamantecas responsable de su desgracia, que por supuesto le concedió la eutanasia, fingiéndose compasivo con sus padecimientos. Pero, en realidad, estaba borrando las pruebas de su crimen.

El Leviatán privó primero a Noelia de una vida familiar digna de tal nombre, fomentando formas de vida disolventes y brindando a sus padres todos los instrumentos para convertir la existencia de su hija en un infierno anticipado. Después, una vez privada de los vínculos comunitarios naturales, el Leviatán obsequió a Noelia con una vida de soledad y abandono, convirtiéndola en carne triste, huérfana de amor y fácil presa de abusos, dejando que un enjambre de trastornos mentales y pensamientos turbios la colonizase, hasta empujarla al suicidio. Pero Noelia no logró matarse, sino que quedó medio tullida, convertida en carne desahuciada, chatarra humana a la que el Leviatán imbuyó pérfidamente la idea de tomar el control de su destino. Puesto que el Leviatán no podía brindarle una cura a los daños que previamente le había infligido, brindó a Noelia la posibilidad de acabar con ellos acabando consigo misma. Muerto el perro se acabó la rabia, es el lema del Leviatán eutanásico.

Al suministrar una muerte dulce a quien sufre, el Leviatán destroza la alianza última del ser humano consigo mismo, con la comunidad humana y con Dios. «No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía», le dice el buen Sancho a don Quijote, poniendo voz a nuestra humanidad. El Leviatán moderno niega nuestra humanidad, quiebra esa noción inscrita en nuestras almas, fundante de la civilización, que nos enseña que la vida es un bien que debemos custodiar, especialmente cuando se vuelve débil y vulnerable. Y, sirviéndose de nuestra fragilidad, nos convence de que el sufrimiento es algo insoportable, algo que hay que erradicar a toda costa; erradicándonos a nosotros mismos, si fuera necesario.

El Leviatán ha recetado a Noelia una muerte dulce para combatir su depresión (método infalible para acabar con las listas de espera), después de haberle infligido los daños que se la causaron; y envuelve su crimen en repulsivas palabras compasivas y ternurismos eméticos. Es el lenguaje del Leviatán, que ya ni siquiera necesita ejercer violencia porque ha aprendido a justificarla; el lenguaje de una época enferma que en el crimen encuentra la única forma de piedad posible.

Es la barbarie legalizada.

Juan Manuel de Prada


Primero, eutanasia para enfermos terminales que sufren. 
Después, eutanasia para enfermos crónicos. 
Luego, para enfermos en general. 
De ahí, irán a por ancianos sin recursos, 
después ancianos en general. 
Después, a pobres. 
Eliminar gasto, crear ingresos. Negocio de la muerte.

ESPAÑICIDIO

MAFIA 


Noelia Castillo pidió aplazar la eutanasia, pero se le negó. Según el estado, pidió el aplazamiento “sin ser consciente” y bajo presión. A Noelia Castillo no le concedieron la eutanasia: la sentenciaron a muerte. Nunca tuvo voz ni voto en ello.
Entonces: alguien hizo firmar a Noelia un texto en el que pedía aplazar la eutanasia. Firmó el documento "influenciada" y sin saber lo que firmaba. Ergo Noelia era influenciable Ergo Noelia no estaba en condiciones psicológicas de solicitar la eutanasia.
Han encontrado una forma legal de extraer órganos: mediante la eutanasia.
Desde que entró en vigor la ley inicua de la eutanasia en España (marzo de 2021) ya ha sido ejecutada en más de 1.100 ocasiones. En Holanda ya van por las 10.000 anuales con un 40% de población menos. Tras la devastación moral viene la devastación poblacional.
OJO con los Hospitales de Barcelona donde "DESAPARECEN" los órganos como le pasó a un albanés fallecido, que le desapareció el CORAZÓN Cataluña es una zona NO SEGURA y aún menos sus Hospitales.
Se alegran de la muerte de Noelia Justifican a ETA o Hamás Disfrutaron del asesinato de Charlie Kirk Callaron con el asesinato de Irina Zarutska Blanquean las matanzas de Stalin, Mao, Pol Pot Apoyan a dictaduras comunistas como Cuba o Corea del Norte
La izquierda es una mierda.
Soros financia las asociaciones pro eutanasia que han terminado con la vida de Noelia.
Eutanasia para Noelia y la izquierda lo celebra. Eutanasia para Excalibur y la izquierda protesta. Tremendo.


EL ROSTRO DE LOS MALDITOS ASESINOS 
DE NOELIA CASTILLO RAMOS 

Debemos hacer una lista con nombres y apellidos, ir a lo concreto. Donde hay un asesinato, hay asesinos. He elaborado una lista de las personas y grupos responsables de lo sucedido a Noelia Castillo Ramos. 
¡Todos los mencionados a continuación deben comparecer ante la justicia! Ninguno de ellos debería sentirse cómodo mostrando su rostro en público. - Comisión Catalana de Garantía y Evaluación: el organismo regional que revisó y aprobó por unanimidad la solicitud de eutanasia en julio de 2024 (tras la evaluación de dos médicos "independientes"). Este es el principal organismo regulador según la legislación española.

 • Albert Tuca: Presidente de la comisión. 
• Francesc José María: vicepresidente de la comisión. ¡Por unanimidad! ¿Puedes creerlo? Pura maldad. 
- Eva Moltó Guardiola: Magistrada del Juzgado de lo Contencioso de Barcelona. El 26 de marzo dictó la resolución prejudicial definitiva denegando la última medida cautelar solicitada por los abogados del padre. 
- Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC): Tramitó y rechazó los recursos de apelación en primera instancia. 
- Dos médicos "independientes", cuyos nombres no se mencionan (protocolo estándar: 
un médico tratante/recomendante + un evaluador externo), evaluaron inicialmente su caso. 
- Equipo médico anónimo de la Residencia/Hospital Sant Camil (Sant Pere de Ribes, Barcelona) que realizó el procedimiento el 26 de marzo de 2026 a las 18:00 hora local. 
- Tribunal Supremo: Rechazó los recursos del padre. 
- Tribunal Constitucional: También rechazó sus apelaciones. 
- Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH / Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo): Rechazó la medida cautelar/orden judicial definitiva solicitada por el equipo del padre en marzo de 2026, allanando el camino. 
- Sistema de protección infantil del Gobierno catalán (probablemente a través de la Direcció General d'Atenció a la Infància): 
Noelia fue puesta bajo tutela cuando tenía 13 años debido a negligencia/separación parental. En la información sobre el caso, no se mencionan públicamente los nombres de trabajadores sociales, personal de albergues ni centros específicos. 
- Monserrat Colominas: Portavoz de Derecho a Morir Dignamente, un grupo a favor de la eutanasia que se pronunció públicamente en apoyo de la muerte de Noelia. 
¡TODOS ELLOS DEBEN RENDIR CUENTAS ANTE LOS HOMBRES Y ANTE DIOS! ¡LA ESTRUCTURA QUE PERMITIÓ ESTO DEBE SER DESTRUIDA HASTA LOS CIMIENTOS!



LOS OBISPOS ESPAÑOLES Y LA ORDEN DE LOS CAMILOS, PROPIETARIOS DEL HOSPITAL DONDE SE ASESINÓ A NOELIA CASTILLO RAMOS, PARTICIPARON DEL ASESINATO. 

 Hay gente intentando tapar la culpa de la Conferencia Episcopal Española y la Orden de San Camilo de Lelis en el asesinato de Noelia Castillo Ramos.

El Hospital-Residencia «Sant Camil», donde fue asesinada Noelia Castillo Ramos, es propiedad de los Camilos, que a su vez están bajo la autoridad de la Conferencia Episcopal Española, al ser católicos. 

¿QUÉ DEBIERON HABER HECHO LOS CAMILOS Y LOS OBISPOS?

- Declarar públicamente que el Hospital Sant Camil ya no es un centro católico mientras permita la eutanasia.  

- Imponer interdicto o prohibición de celebrar sacramentos o misa en el centro mientras se practique el homicidio.  

- Exigir a la Orden de los Camilos (bajo obediencia religiosa) que cese inmediatamente la colaboración con la ley de eutanasia o retire el nombre "Sant Camil".  

- Aplicar censuras canónicas (excomunión latae o ferendae sententiae) a los religiosos, médicos o directivos católicos que participen directamente en la ejecución.  

- Convocar una jornada de reparación pública y ayuno en toda España por el sacrilegio cometido en un centro de la Iglesia.  

- Retirar la calificación de "católico" a la Fundación y al hospital ante la Santa Sede y el Registro de Fundaciones.

- Hacer un llamamiento masivo a los católicos a acudir al hospital a impedirlo. Dios antes que los hombres.

- Al no hacer nada, fue cooperación en un pecado mortal contra el quinto mandamiento, que por ser autoridades, conlleva, de entrada, la excomunión automática, para los obispos y la orden religiosa.

CONFERENCIA EPISCOPAL Y LOS CAMILOS, ASESINOS.

TRAIDORES A CRISTO.

CAIGA SOBRE VOSOTROS LA SANTA IRA DEL SEÑOR.


La joven #Noelia pidió aplazar la #eutanasia debido al estado de confusión en que se encontraba.
Pero este Estado criminal, en manos de psicópatas, ya había decidido su muerte, quisiera ella o no.
Otro asesinato más en la cuenta de esta gentuza inmunda.

VER+:



Derecho a la Vida. 
La muerte no es un derecho ni un deber: 
La vida es el derecho fundamental, 
y la muerte es la negación de este. 

Aquí estamos para vivir, no para morir. 
 Se muere en la muerte no en la vida". 
 Julia de Burgos (Poeta Puertorriqueña)

Cuando se orillan los cuidados paliativos, que sí deberían ser un derecho, y se apuesta por la eutanasia, el Estado inocula en la sociedad un mensaje tóxico y propicia la indefensión del más débil.
Es difícil entender el entusiasmo con el que se aplaudió por una parte de la bancada del Congreso la aprobación del proyecto de ley de Eutanasia. Será una ley que permita una nueva modalidad de muerte voluntaria, junto con la del aborto. No son leyes que merezcan el aplauso, porque sus saldos se miden por muertos, salvo que su aprobación se considere una victoria ideológica de aquellos grupos políticos que quieren imponer un sistema de valores, o desvalores, en la sociedad. Con esta perspectiva, sí se entiende el entusiasmo de los partidos que votaron a favor del proyecto de ley de Eutanasia, aunque algo menos el de Ciudadanos, que tiene difícil conciliar su liberalismo con una ley tan intervencionista como esta.

Define claramente la situación y las prioridades de los partidos que han apoyado esta inmersión en la «cultura de la muerte» que España vaya a estar a la cabeza de Europa en eutanasia mientras sigue a la cola en cuidados paliativos, que son, según el Comité de Bioética y los colegios de médicos, una alternativa a ese acabar con la vida y que sí deberían constituir un derecho de los ciudadanos. Hoy, seis de cada diez pacientes no acceden a estos cuidados que, según los paliativistas, aumentan la supervivencia, mejoran la calidad de vida del enfermo e, incluso, a la larga suponen un ahorro para el Sistema Nacional de Salud. ABC ofrece hoy una radiografía del estado de la medicina paliativa que deja a España en muy mal lugar. Un sistema nacional eficiente de cuidados paliativos es una alternativa ética factible que el Gobierno y sus socios han preferido olvidar al optar por el atajo de la eutanasia.

Porque hay leyes que significan mucho más que lo que llevan escrito. El proyecto de ley de Eutanasia es un cúmulo de literatura legalista, con una cascada de garantías que van de más a menos y que acaba abriendo tanto las posibilidades de su aplicación que llegará a irse de las manos de aquellos que están obligados a ejecutarla, como ya sucede en otros países. Calificar la eutanasia como un derecho es una gran mentira. La muerte, en cualquiera de sus variantes, nunca puede ser un derecho. Es la negación de cualquier derecho fundamental, empezando por el derecho a la vida, que sí está consagrado en la Constitución como fundamental del ciudadano. Se ha debilitado tanto el concepto de derecho subjetivo que ahora se asocia a cualquier aspiración individual. Y en la muerte voluntaria no hay progreso. Es una solución primitiva, como ocurre con el aborto, para situaciones que, por muy problemáticas que lleguen a ser, habrían de encontrar respuestas más positivas en unas sociedades modernas, desarrolladas, asistenciales y de servicios como la española. Llevar a la ley como derechos matar al feto y dejar morir -cuando no matar- al enfermo o al anciano no es progreso, es un homenaje a la incivilización.

Esta futura ley inocula además en la sociedad un mensaje tóxico. La referencia a los cuidados paliativos está metida de refilón en el proyecto de ley y sólo para que sus defensores puedan decir que también se ofrece a los pacientes. Por mucho que se insista en la voluntariedad de la eutanasia, siempre habrá casos en los que el consentimiento del paciente no sea libre y siempre habrá casos en los que el anciano enfermo se sienta invitado a dejar de «molestar» a su familia. Estas leyes no regulan derechos, sino que propician desde el Estado el desaliento y la indefensión de los más débiles. Se ha abierto una puerta siniestra, que dará acceso incontrolado a prácticas homicidas -en el sentido más etimológico del término- que sólo podrán ser contenidas si el Tribunal Constitucional refuerza el derecho a la vida.

lunes, 15 de septiembre de 2025

HISPANIDAD O 'HISPANCHIDAD' ('HISPANCHISMO') por JUAN MANUEL DE PRADA y por HUGHES

 


HISPANIDAD O ‘HISPANCHIDAD’


Entre las generaciones más jóvenes aflora un malestar que se desagua de las formas más variopintas, desde la flojera y pesadumbre de vivir hasta la rabia más feroz; expresiones todas ellas propias de pueblos sin futuro. Y entre estas expresiones se cuenta un rechazo creciente a los «panchitos», que es como ahora llaman a las gentes procedentes de la América hispánica. En ese rechazo se entremezclan en zurriburri todos los detritos del pensamiento antiespañol y anticatólico, desde el «supremacismo» racial más abyecto hasta el europeísmo más servil; y, para denigrar el concepto de Hispanidad, se ha acuñado el parónimo burlesco de «Hispanchidad». Curiosamente, este rechazo a los «panchitos» está aflorando sobre todo en ámbitos derechoides, donde en apariencia más se promueve la idea de Hispanidad. ¿O será que en realidad se promueven sucedáneos?

Hace algún tiempo un líder de la derecha autóctona, invitado por un lobi gringo, remató su lamentable discurso con un grotesco «God bless America and Hispanicity». Donde por «America» no se refería al continente americano, sino a los Estados Unidos, según la abusiva sinécdoque que los yanquis han convertido en lema de su imperialismo rapaz. Pero pedir a Dios que bendiga de una tacada a Estados Unidos y a la Hispanidad es tan delirante (y maligno) como pedir que bendiga a la vez la gonorrea y el amor conyugal. Esta misma confusión se ha naturalizado en Madrid, donde se engalanan las calles y se disponen recursos públicos para que diversas comunidades hispanoamericanas celebren ignominiosamente las «independencias» de sus respectivos países. Permitir que se celebren esas festividades antiespañolas (sufragándolas, para más inri, a costa del erario) nada tiene que ver con la Hispanidad; como tampoco tiene nada que ver con la Hispanidad contratar por cifras millonarias a cantantes «latinas» más viejas que la Tana que han probado su servilismo a los Estados Unidos. Desde la derecha se está promoviendo desnortadamente una «Hispanchidad» que acabará convirtiendo nuestras capitales en imitaciones casposas de la muy casposa Miami, donde las sectas protestantes hacen su agosto entre los hispanoamericanos más pobres, mientras los más ricos acaparan los pisos de los barrios pijos, inflando el mercado inmobiliario, y nos advierten de los peligros de las dictaduras bolivarianas fumándose un puro. La derecha española, en fin, está promoviendo una «Hispanchidad» colonizada mentalmente por los Estados Unidos que es la antítesis de la Hispanidad. Frente a la unidad civilizadora y orgánica de la Hispanidad, bajo el fundente de una fe común, se promueve la unidad de hormiguero que interesa al mundialismo, con pueblos hispánicos convertidos en masa colectánea degradada por los subproductos culturales gringos.

Y esa «Hispanchidad», en una sociedad desnortada, está engendrando rechazo hacia los pueblos de la América hispánica, que es la mayor vileza en la que un español puede incurrir.


HISPANCHISMO

Ahora resulta que la culpa de que en Madrid en verano sólo haya ancianos solitarios e hispanoamericanos currando y que al poner un café alguien diga «preciosura» no es de la política inmigratoria del PSOE o del peperismo «de todos los acentos» o de la natalidad por los suelos; la culpa es de la Hispanidad.
O como dicen algunos: de la hispanchidad o del hispanchismo, jugando con lo de «panchos» (Internet está dando un Losantos Colectivo igual de desorientador).

Ya sabíamos que muchos españoles no entendían «la idea de España»; no debe extrañarnos que a muchos, algún amigo entre ellos, no les entre fácilmente la «idea de Hispanidad».
Algunos la rechazan porque se quedan en la raza. Son etnonacionalistas, o algo así, que ignoran la importancia de la lengua española y cuyo etnicismo, al final del día, no distingue entre un marroquí y uno de Caracas.
Son «basados». Bros que miran la ventana de Overton como Bin Laden las Torres Gemelas. Pero ¿por qué se quedan ahí, en lo de «panchitos»? Yo extendería la exigencia al producto nacional y pediría certificados de limpieza de sangre, acreditación de hidalguía (basta con ver el semblante) y un CI superior a 120. Los que no, a nadar al mar, ¡que están sobrando!

Estas personas han amenizado el verano ignorando o queriendo ignorar que lo que llaman hispanchidad lo pensaron Zacarías de Vizcarra, el párroco vasco que escribiera Vasconia españolísima, Ramiro de Maeztu, mártir del nacionalismo español, Francisco Franco o Blas Piñar, que ahora serían unos boomers, unos masonazos, disidencia controlada o incluso juguetes del sionismo.
Entre los moderados de la prensa tradicional y los inmoderados del Interné la verdad es que estamos apañaos…
Esto de arremeter contra la hispanidad se parece un poco a aquello de «que se vayan los catalanes» y tras el error se adivina también un comprensible hartazgo y algunas razones.

Porque no se puede disculpar el impacto en el precio de la vivienda, por poner un ejemplo, con el camelo cateto de convertirnos en Miami; la Hispanidad tampoco deja de tener un aire elitista e intelectual que nada consuela al que ve empeorar sus condiciones de vida (en servicios, salario, vivienda o seguridad, que hay donde elegir) y no pocas veces se presenta como una forma de escapismo persiguiendo los molinos de la Leyenda Negra; adopta ahora la hispanidad, para colmo, una forma nueva e izquierdista que pretende «derrotar al anglo» con una geopolítica como de película de Tony Leblanc.

La hispanidad tiene, por su misma definición y catolicidad, un ecumenismo, un universalismo que a veces puede ignorar la estricta y amenazada españolidad. Pero decía Morente que España sin hispanidad sería el hueco, la tumba de España, y es verdad que la hispanidad parece la idealidad o sustancia de lo español, lo superespañol o lo que siendo español ya no sólo le pertenece a España; su herencia y proyección.

Esto del hispanchismo, mezclar las churras de la hispanidad con las merinas de la inmigración, lleva una clara intención política, aunque guiado por la buena fe (que no es el caso) podría conducir a una discusión sobre los límites, impactos y maneras de la inmigración legal. Asunto que algunos países ya juzgan con la pesarosa sensación de haber llegado tarde. Un debate pertinente que exige realismo y pluralidad de enfoques y que se hará mejor (suicida sería lo contrario) con la óptica de la hispanidad que sin ella.

viernes, 8 de agosto de 2025

"HABLEMOS EN SERIO DE INMIGRACIÓN" por JUAN MANUEL DE PRADA


Hablemos en serio de inmigración

«La izquierda caniche denuncia el auge del racismo y la islamofobia, mientras insiste en su política de fronteras abiertas; o sea, en su defensa del libre tráfico de esclavos. La derechita valiente reclama 'deportaciones masivas', pero se olvida siempre de denunciar un orden económico ávido de mano de obra barata»
Las revueltas recientes en Torre Pacheco han presentado elementos inconfundibles de operación de falsa bandera –¡esos agitadores «ultras» venidos de otras regiones!– y han sido mediáticamente engordadas por orden monclovita, para hacer olvidar a las masas cretinizadas los oprobiosos vínculos del doctor Sánchez con el proxenetismo. Pero, dejando aparte estos extremos, han vuelto a mostrarnos cómo la izquierda caniche y la derechita valiente se retroalimentan, bajo la mirada complaciente del partido de Estado. La izquierda caniche denuncia el auge del racismo y la islamofobia, mientras insiste en su política de fronteras abiertas; o sea, en su defensa del libre tráfico de esclavos, que es lo que interesa a la plutocracia a la que sirve. En cuanto a la derechita valiente, reclama «deportaciones masivas» y mete a los «menas» en todos los guisos, pero se olvida siempre de denunciar un orden económico ávido de mano de obra barata. Y, ¡vaya por Dios!, también se olvida de mencionar que Mujamé, responsable de desviar alevosamente hacia España la purrela de indeseables que no quiere en su país, es el niño mimado e intocable de Israel, faro moral de nuestra derechita valiente.

En realidad, a la izquierda caniche y a la derechita valiente sólo los mueve el común afán por pescar votos en río revuelto, fingiendo antagonismos mientras sirven al mismo amo. Para poner freno a la inmigración inmoderada haría falta, en primer lugar, devolver la dignidad a los oficios manuales, creando las condiciones para que los trabajos en el campo, en la hostelería o en la industria estén dignamente remunerados y resulten apetecibles para la población autóctona. Y, por supuesto, habría que acabar paralelamente con un sistema educativo mórbido, dopado de becas y saturado de universidades de la señorita Pepis, que es el refugio de toda la vagancia juvenil autóctona y la fábrica de una muchedumbre de zoquetes con titulitis que prefieren amueblar el paro juvenil antes que remangarse y doblar el espinazo. Pero las fallidas economías europeas (con la española a la cabeza) prefieren abastecerse de una mano de obra siempre más barata; y así las avalanchas inmigratorias y el paro juvenil no harán sino hipertrofiarse, hasta la metástasis final.

Sin embargo, para combatir las avalanchas inmigratorias no bastaría con una reforma económica copernicana como la que acabamos de describir (reforma que, misteriosamente, ni la izquierda caniche ni la derechita valiente mencionan en sus soflamas). Según un estudio reciente de Eurostat, sólo el 23,6 por ciento de los hogares del pudridero europeo cuenta entre sus ocupantes con menores de edad (y casi la mitad de ese exiguo porcentaje cuenta sólo con un único menor de edad). En el 76,4 por ciento de los hogares europeos, pues, sólo viven adultos (muchos de ellos, por cierto, completamente solos). Nos hallamos, pues, ante una sociedad atrincherada en los sótanos más inmundos de la infecundidad, sumida en la más cenagosa bancarrota demográfica y moral. La tasa de fertilidad entre las mujeres españolas, por ejemplo, se halla en un exiguo 1,12 (muy lejos de la tasa mínima de reemplazo generacional, que se sitúa en el 2,1), un mínimo histórico que sitúa a España como uno de los países con menor fecundidad del pudridero europeo, sólo por encima de Malta. Y esa cifra no hace sino descender año tras año, pues nuestra población joven ha sido formada en esa religión avizorada por Chesterton, que a la vez que exalta la lujuria prohíbe la fecundidad; y, en consecuencia, se aferra a la promiscuidad y a los derechos de bragueta, toma anticonceptivos como si fuesen gominolas, rehúye los compromisos fuertes y abomina de la institución familiar. Y, en caso de que algún joven no haya sido moldeado en esta religión proterva, el Régimen del 78 se encarga de dificultarle al máximo el acceso a la vivienda y de condenarlo a la precariedad laboral. Y es que la reducción de la natalidad es un plan sistémico puesto en marcha hace muchas décadas, en obediencia a las consignas plutocráticas.

Entretanto, las mujeres marroquíes residentes en España tienen casi tres veces más hijos que las autóctonas. En apenas dos o tres décadas, los 'españoles viejos' sólo seremos mayoría en los arrabales de la senectud, convirtiéndonos en una carga insoportable para el Estado, que no podrá pagar jubilaciones con las cotizaciones exiguas de los inmigrantes que han trabajado por sueldos ínfimos; y que tal vez tenga que ofertar suicidio asistido a todo quisque, como antes ofertaba viajes del Imserso. ¿Cómo evitar este futuro que nos aguarda a la vuelta de la esquina? Las 'ayudas a la natalidad' se han probado casi inútiles y de un coste exagerado allá donde se han arbitrado, porque las generaciones que han sido moldeadas en el culto a la religión avizorada por Chesterton no cambian su mentalidad hedonista a cambio de una limosna. Para evitar ese futuro previsible, tendría que producirse una completa 'metanoia' social que hiciese abominar a las generaciones futuras de las monstruosas ideas heredadas de sus padres. Sólo si esa radical 'metanoia' –que, en último término, es de naturaleza religiosa– se produce sería posible una reconstrucción política, económica y social y podría abordarse el problema inmigratorio seriamente.

De lo contrario, la izquierda caniche y la derechista valiente nos seguirán aturdiendo con sus impiedades desgañitadas y sus utopías malsanas, azuzando los bajos instintos de una población tan rabiosa como yerma, mientras los timoneles del pudridero europeo –aquí el partido de Estado, con los tontos útiles peperos poniendo parches cuando los estropicios lo exigen– nos llevan al barranco. Recordemos aquella lúcida afirmación de Will Durant: «Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro»..

Juan Manuel de Prada

lunes, 21 de julio de 2025

"LA VERDAD SOBRE LA CORRUPCIÓN" por JUAN MANUEL DE PRADA

LA VERDAD SOBRE 
LA CORRUPCIÓN

Donoso Cortés afirma que detrás de todo problema político subyace un problema teológico. Es una verdad muy profunda que sistemáticamente se ignora, con la consiguiente adopción de remedios por completo inanes, cuando no catastróficos, en la solución de los problemas políticos. Ocurre así, por ejemplo, con el problema de la corrupción, que ahora florece en las filas socialistas; pero que en puridad es un problema endémico (y constitutivo) del Régimen del 78.

Siempre que estalla un escándalo de corrupción en el seno de tal o cual partido político, aparece su líder haciendo pucheros y sosteniendo que, frente a unos pocos corruptos, militan en su partido muchísimas más personas honradas que trabajan abnegadamente en beneficio de «la ciudadanía» (cada vez que se utiliza esta expresión hay que echarse a temblar). Pero lo cierto es que la corrupción en el régimen político vigente es sistémica, con independencia de que en los partidos haya más o menos militantes honrados o corruptos, por la sencilla razón de que existe un marco filosófico, jurídico y político concebido para favorecer la corrupción, que es el marco liberal.

El liberalismo, por decirlo sucinta y brutalmente, es la santificación del pecado original. Quizá no haya evidencia teológica más abrumadora que la del pecado original; pero las ideologías modernas, hijas todas del liberalismo, se han dedicado maniáticamente a negarla, a veces proclamando eufóricamente que el hombre es bueno por naturaleza y que le basta dejarse conducir por su naturaleza para comportarse con rectitud, a veces afirmando aciagamente que la naturaleza humana está irremisiblemente corrompida y que al hombre no le queda otro remedio sino sobrevivir como una alimaña en medio de alimañas. Inevitablemente, si el hombre no está dañado por el mal, o está dañado irremisiblemente, puede dedicarse a la acumulación de riquezas, algo sobre lo que nos alertaba la moral clásica, y hasta hacer de dicha acumulación un signo de salvación, tal como proclamaba el calvinismo. Pronto, esta nueva moral del dinero se haría doctrina política y económica, exaltando el individualismo y corrompiendo el fin último de una política digna de tal nombre, que es el bien común, destruyendo los frenos morales que la conciencia del pecado original introducía en toda vida que aspiraba a ser virtuosa. El afán de lucro, a la postre, es una forma monstruosa de espiritualidad, más que una concupiscencia material.

Y este afán de lucro, que oscurece el orden moral objetivo, crea una mentalidad depravada, obsesionada por satisfacer intereses particulares, gangrenada de envidia social, que genera una corrupción social generalizada. 
El capitalismo, en contra de lo que piensan los ilusos, no es tan solo una doctrina económica, sino una visión antropológica y ontológica disolvente, un sucedáneo religioso en el que el dinero ocupa el lugar de Dios. Sobre esta base corrupta y corruptora crece, además, el moho del sistema partitocrático, que promueve la adhesión partidista como forma de medro personal y que acaba parasitando a la comunidad política, colonizando y vampirizando todas las instituciones sociales, del municipio a la corporación, de la universidad a las cajas de ahorros. 
La partitocracia destruye la comunidad política y fomenta un ethos social corruptor, favoreciendo por un lado la demogresca (de tal modo que a las masas cretinizadas sólo indigne la corrupción del partido con el que no simpatizan) y promoviendo, paralelamente, la demolición de las virtudes privadas y públicas, hasta lograr que la sociedad chapotee en un lodazal, mientras la clase dirigente se dedica al trinque y al mangoneo.

La partitocracia, sobre la base de la santificación del pecado original promovida por el liberalismo y el afán de lucro canonizado por el capitalismo, es una fábrica de hombres depravados y un régimen constitutivamente corrupto que garantiza el carácter sistémico e irrestricto de la corrupción y favorece su impunidad. 
Este es el régimen corrupto que-nos-hemos-dado; y ni todos los juristas del mundo, haciendo uso de las leyes más severas y refinadas, podrían combatirlo. Sólo aceptando el problema teológico subyacente se puede combatir la corrupción; mientras se haga omisión de una realidad humana y teológica tan incontestable, todo será como arar en el mar. Y, entretanto, como nos enseña Vázquez de Mella, seremos tiranizados: 
«La tiranía es una planta que sólo arraiga en el estiércol de la corrupción. Es una ley histórica que no ha tropezado con una excepción. En un pueblo moral, la atmósfera de virtud seca esa planta al brotar. Ningún pueblo moral ha tenido tiranos y ninguno corrompido ha dejado de tenerlos».
La corrupción política.Lágrimas en la lluvia (20 Enero 2013) coloquio completo


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domingo, 20 de julio de 2025

"GROTESCOS DEBATES PROGRES": ESTOS REPORTEROS SON PERSEGUIDOS PORQUE CANTAN LAS VERDADES por JUAN MANUEL DE PRADA

 

GROTESCOS DEBATES PROGRES

Juan Manuel de Prada

Estos reporteros son perseguidos porque cantan las verdades del barquero a la patulea que nos gobierna
Aceptar las premisas del enemigo condu­ce siempre a la derrota; pero, tristemente, es la afición vergonzante de la derecha fel­pudo. Así está ocurriendo ahora con el de­bate intestino que los progres se han montado en torno a una reforma del reglamento del Congreso que impide el acceso al antro de «seudoperiodistas financiados por la ultraderecha». Al parecer, un pe­riodista progre pero no desquiciado ha alertado so­bre el peligro latente de que tal reforma ampare en el futuro una deriva autoritaria; y enseguida otros periodistas progres y completamente desquiciados han salido en tromba a demonizarlo.

De inmediato.la derecha felpudo se hasumado al debate. haciendo pandilla con el periodista pro­gre pero no desquiciado.aceptando la premisa de que los reporteros a quienes la reforma de marras pretende silenciar son «seudoperiodistas financiados por la ultraderecha». Pero, aun aceptándola, la derecha felpudo alerta sobre el peligro de que ma­ñana el doctor Sánchez amplíe la prohibición: y de que para entonces no haya nadie que pueda defendernos de los abusos del poder, si ahora no se de­ fiende a los «seudoperiodistas financiados por la ul­traderecha», aunque sea tapándonos las narices.

Ignoro quién financia a esos reporteros que se atreven a hacer las preguntas impertinentes que la prensa lamerona y generosamente untada no hace; pero, viéndolos tan menesterosos y con sus micró­fonos descangallados, debe de ser un financiador muy rácano. En este rincón de papel y tinta somos firmes detractores de la llamada «libertad de expre­sión», como en general de toda libertad a la que no se le añade un «para qué»; pues, desprovista de una finalidad legítima la libertad se convierte en un ins­trumento nihilista: libertad para sembrar el odio y extender la mentira, libertad para envilecer los es­píritus e inclinarlos al mal. Estos reporteros no son perseguidos porque ejerzan la «libertad de expre­sión» que a liberales y progres tanto gusta; son per­seguidos porque cantan las verdades del barquero a la patulea criminal que nos gobierna, porque la asaltan en los pasillos del Congreso para rebozarle por sus morros ahítos lo que la prensa lamerona y rumbosamente untada oculta servilmente: que son puteros, que son ladrones, que son yernos de rufia­nes, que son una chusma vil que merece, además de un castigo severísimo, el escarnio público. Los per­siguen porque son el niño de la fábula que se atreve a decir que el rey va desnudo, mientras la prensa la­merona y rumbosamente untada se dedica a describirnos sus imaginarios ropajes.

A estos reporteros menesterosos los persiguen porque, a su modo cachondo y expeditivo, procla­man las fechorías que la organización criminal go­bernante desea silenciar. Basta ya de hacer el caldo gordo en grotescos debates progres sobre los «límites» de la esa «libertad de expresión» que el progre­sismo siempre ha utilizado para sembrar el odio y extender la mentira, para envilecer los espíritus e inclinarlos al mal.



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sábado, 19 de julio de 2025

"LA OPINIÓN DE LOS HOMBRES" por JUAN MANUEL DE PRADA 💬

LA OPINIÓN DE LOS HOMBRES

Son muchas las personas que me escriben o me preguntan la razón por la que he dejado de intervenir en 'tertulias' radiofónicas o televisivas. Sin duda, se trata de personas cándidas que viven en Babia.

En un pasaje especialmente abyecto de su Contrato social, Rousseau se refiere sin empacho a la necesidad de conformar la 'opinión pública' de forma inducida: «La voluntad es siempre recta, pero el juicio que la guía no siempre es esclarecido. Hay que hacerle ver los objetos tal cual son. Todos tienen igualmente necesidad de guías. Hay que obligar a unos a conformar sus voluntades a su razón; hay que enseñar a otros a reconocer lo que quieren». Y, un poco más adelante, Rousseau apuntala esta visión ignominiosa del ser humano con un apotegma maligno: «Corregid las opiniones de los hombres y sus costumbres se depurarán por sí mismas».

Para coronar un ejercicio de ingeniería social que cambie las costumbres de los hombres, convirtiéndolos en un rebaño fácilmente manipulable, hay primero que corregir sus 'opiniones'. ¿Y cómo se 'corrigen' las opiniones de los hombres? En los regímenes totalitarios antañones, la fórmula era muy sencilla: se recurría a la técnica del martillo pilón, que golpeaba machaconamente las meninges de la pobre gente sometida, hasta molturar sus almas: los comisarios políticos repetían como papagayos la doctrina de obligado cumplimiento; la propaganda oficial ubicua se preocupaba de recordarla a cada instante; y las cachiporras se encargaban de aleccionar a los disidentes. Pero este método, propio de regímenes totalitarios, no resulta presentable en los regímenes democráticos, que proclaman una fingida 'libertad de opinión'; y tampoco resulta eficaz y operativa, pues la doctrina que se impone con violencia o siquiera obligatoriamente acaba siendo detectada incluso por las personas más lerdas, que procuran zafarse de su influjo (porque a nadie le gusta que le den la tabarra y le digan lo que tiene que pensar). Así que los regímenes democráticos han probado otros sistemas más sofisticados para corregir las opiniones de los hombres.

Para ello, hay que crear lo que Marcuse denominaba una «dimensión única de pensamiento», infundiendo en los hombres la creencia ilusoria de que piensan por sí solos, cuando en realidad están siendo dirigidos por otros. Tal ilusión se genera consiguiendo que los individuos «internalicen» o hagan suyos una serie de paradigmas culturales que el sistema les impone, para convertirlos en seres pasivos, conformistas y gregarios, sometidos a consignas que confunden con expresiones emanadas de su voluntad (esa voluntad que el bellaco de Rousseau consideraba siempre «recta», aunque necesitase «guías» que encarrilasen su «juicio»). Para lograr esta «dimensión única de pensamiento» manteniendo el espejismo de que existe una sacrosanta pluralidad, los regímenes democráticos limitan las ideas que pueden ser sometidas a discusión o controversia, mediante la imposición de unas premisas fundamentales que permanecen tácitas o inexpresadas. 

Se otorga la voz a personas que comparten unas mismas premisas que sin embargo nunca se enuncian; y se las pone a 'debatir' fingidamente en representación en representación de los negociados ideológicos en liza, siempre sobre cuestiones menores (aunque presentadas con mucha grandilocuencia tremebunda, para que parezca que son cuestiones primordiales), con un ardor tan enconado y una apariencia de disentimiento tan aspaventera y chirriante que la gente ingenua piensa que defienden posiciones contrarias (cuando en realidad están de acuerdo en lo fundamental). Como ha señalado Noam Chomsky, «la forma inteligente de mantener a las personas pasivas y obedientes es limitar estrictamente el espectro de la opinión aceptable, pero permitir un airado debate dentro de este espectro (incluso fomentando puntos de vista críticos y disidentes). Esto les brinda a las personas la sensación de que hay un libre pensamiento aconteciendo, pese a que todo el tiempo los presupuestos del sistema están siendo reforzados por los límites impuestos en el espectro del debate».

Cualquier opinión que contradiga las premisas fundamentales sobre las que se sostiene el sistema, cualquier pensamiento que se salte los límites impuestos al debate, acaba siendo silenciado. Durante algún tiempo, en mi participación en estos cochambrosos lodazales mediáticos donde se representa una apariencia de debate, logré camuflar mis pensamientos disolventes de las ideologías en liza mediante el uso de la prudencia y hasta de la disciplina del arcano. Pero tarde o temprano te calan, descubren que eres un elemento peligroso y te expulsan. That´s all, folkes. ▄


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La DURÍSIMA Crítica de Juan Manuel de Prada a Los Medios de Comunicación


viernes, 18 de julio de 2025

"UN FALSO DILEMA": MONARQUÍA REPUBLICANA por JUAN MANUEL DE PRADA


Un falso dilema

Observa Gustave Thibon que, en las sociedades fuertes y sanas, las instituciones estaban por encima de los individuos que las representaban: el matrimonio estaba por encima de los contrayentes, la monarquía estaba por encima del rey, el Papado estaba por encima del papa, etcétera. 
«Entonces –escribe Thibon– se podía uno permitir el lujo de criticar a tal rey o tal papa sin que el principio mismo de la monarquía o de la autoridad pontificia se inmutasen». 
Y esto ocurría porque las instituciones eran amadas por encima de las personas concretas que coyunturalmente las representaban; y la invectiva dirigida contra una de estas personas específicas en nada afectaba a la institución. 
En las sociedades decadentes ocurre exactamente lo contrario: sólo se aceptan las instituciones a través de las personas que las representan, a las que se ensalza hipócritamente hasta extremos grotescos; pero tal adulación discurre paralela al creciente deterioro de las instituciones, que entretanto han extraviado su naturaleza.

El principio monárquico es consustancial 
a la formación misma de España

Siempre me ha resultado enternecedora esa gente ingenua que se desgañita, proclamándose contraria a la monarquía y defensora de la república, como si la monarquía vigente en España no fuese en puridad una república coronada que acata todos los principios republicanos. 
Por lo demás, si olvidamos los principios (como gusta hacer nuestra época), concluiremos que lo importante no es tanto quién ejerce el gobierno como el propósito con que lo ejerce. Aristóteles distinguía dos tipos de gobiernos: 
los que atienden al bien común y los que atienden intereses particulares. Y, parafraseando a Aristóteles, podríamos afirmar que sólo existen dos tipos de gobernantes: 
los que defienden al pueblo del Dinero y los que defienden al Dinero del pueblo. La monarquía se creó, precisamente, para defender al pueblo del Dinero, encumbrando a un hombre tan alto que pudiera mirar a los dueños del Dinero por encima del hombro, como si fuesen alfeñiques. Pero, al convertirse en repúblicas coronadas, las monarquías han pasado a servir al Dinero, como cualquier república presidida por Trump o Macron o cualquier otro chisgarabís lacayo del Dinero. La gente ingenua partidaria de la república cultiva la ilusión de que pone y quita gobernantes con su voto; en cambio, nunca se pregunta por qué todos los gobernantes que pone y quita son igualmente lacayos del Dinero.

El principio monárquico es consustancial a la formación misma de España y a su organización política; y ha sido desde tiempos inmemoriales el principio de legitimación última de cualquier régimen que haya aspirado al establecimiento de un mínimo de convivencia entre españoles. Desde la época visigótica, los pueblos hispánicos han marchado por la senda de la monarquía; una monarquía que, en la tradición española, no fue absoluta, sino con los diversos estamentos debidamente representados en cortes o estados generales, y con el rey jurando el fuero de sus súbditos. 
Que el principio monárquico es consustancial a España lo demuestra, por ejemplo, que el general Prim, tras la Revolución de 1868, estableciera como forma de gobierno una parodia de monarquía, importando un rey extranjero, Amadeo de Saboya, y tratando de fundar una nueva dinastía. Se trataba, por supuesto, de una tramoya que, como otras posteriores, desvirtuaba la naturaleza de la institución monárquica, convirtiéndola disimuladamente en república coronada. José María Pemán lo explicaba con palabras tan clarividentes como demoledoras en ABC, allá por 1964: 
«Creo que todo el dilema está planteado entre una monarquía de tipo tradicional, social y representativa, y una fórmula incógnita, indefinida e innominada que, perfílese como se perfile, tendría sustancia republicana. 
De esos dos términos, uno de ellos (la monarquía tradicional) tiene perfil claro y definido. El otro es vago y confuso. Tan confuso que yo incluiría en él, por definición excluyente, todo lo que 'no es' monarquía tradicional, todo lo que tiene 'sustancia republicana': 
desde la República democrática, pasando por el 'presidencialismo', hasta la propia monarquía liberal y parlamentaria, que, entre nosotros, ya ha demostrado ser un principio de República. Sospecho que si alguien la defiende hoy en España es con intención –o al menos con riesgo grave– de que sirva de puerta y preámbulo para la República. Es la monarquía de los republicanos; y me parece lícito incluirla en el segundo término del dilema».
Incluiría en el primero en un falso dilema que se alimenta para engañar a la gente y fomentar el desprestigio de la institución monárquica.