EL Rincón de Yanka

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jueves, 26 de octubre de 2023

LIBRO "LA REVOLUCIÓN DEL CO²": UNA FARSA PARA UN IMPUESTO por JUAN ANTONIO DE LA RICA

La  revolución  del  CO²:
Una  farsa  para  un  impuesto

El anhídrido carbónico es un gas muy escaso –y valioso– en la atmósfera: sólo el 0,038% de ésta es CO², mientras que el oxígeno representa el 20,86%, casi 550 veces más. Los seres humanos producimos cuarenta mil millones de toneladas de CO2 cada año, pero las plantas necesitan cincuenta mil millones al año. Es decir, devolvemos a la atmósfera menos CO² del que las plantas necesitan para sobrevivir.
Si nuestra producción de CO² se ajustara a la política de “cero emisiones” –meta propuesta por los ecologistas–, todos los bosques de la Tierra desaparecerían por falta de CO²: los árboles y las plantas simplemente no tendrían qué respirar. Cobrar un impuesto por comprar gasolina o gasoil, y otro por producir CO², es como cobrar un impuesto por comprar pan, y otro por comerlo: un auténtico disparate.
Prefacio

En elaño 1957 tuvo lugar el Año Geofísico Internacional, que significó un importante esfuerzo internacional de inversión econó­mica y de trabajo científico y en el que participaron miles de investigadores de las distintas ramas de la geofísica. El resultado fue un notable impulso en el conocimiento físico de nuestro planeta en su conjunto y de la atmósfera y el clima en particular. Res­pecto a este, una de las conclusiones de los estudios realizados a lo largo de ese año fue que el clima de la Tierra está histórica­mente en permanente cambio, oscilando entre épocas cálidas y frías (glaciaciones), pero con una lenta tendencia general hacia el enfriamiento. Se determinó con precisión que en ese momento, año 1957, climatológicamente vivíamos un período interglaciar de calentamiento de la atmósfera iniciado hacía 10.000 años cuando los hielos comenzaron a retroceder de forma muy rápida en todo el mundo y el nivel del mar comenzó a subir también muy rápidamente. Ese cambio no fue continuo a lo largo de esos 10.000 años en que el nivel del mar ascendió 120 metros, sino que el mar ha ascendido 6 metros en los últimos 6.000 años, a razón de 10 cm por siglo, y 114 metros en los 4.000 años anteriores, a razón de 285 cm por siglo, lo que significa un crecimiento casi treinta veces más rápido que el actual.

Los geofísicos que estudiaron el clima y su constante cambio histórico consideraron que el actual proceso de cambio de nuestra atmósfera era absolutamente natural, pero que sería necesario estudiar más a fondo la posible influencia en el mismo de dos fenó­menos causados por el hombre: el incremento de partículas sólidas en el aire como más importante, y el incremento de CO² y su efecto invernadero como de menor impacto.

El polvo en la atmósfera es reforzado por el humo causado por la actividad humana y su presencia haría que llegara menos radia­ción solar al suelo, con lo que este se calentaría menos, mientas que ese polvo se calentaría más y calentaría a la propia atmósfera elevando la temperatura del aire. Sobre este posible problema se llamó la atención de forma importante, y con menos importancia se trató del tema del CO².

En este segundo caso, la influencia sobre el clima estaría producida por el efecto invernadero que tiene este gas, al hacer rebotar la radiación infrarroja procedente del suelo al enfriarse este durante las noches, radiación que en lugar de escapar al espacio exterior, regresaría al suelo.

Debido al extraordinario interés que tiene la predicción meteorológica y a su enorme importancia económica, el estudio del clima recibió un fenomenal impulso graáas al Año Geofísico Internacional. El tema del CO² y su posible incidencia en la evolución de un clima cambiante y con una continuada tendencia al calentamiento, llamó poderosamente la atención de muchos geofísicos alarmistas que predijeron con un gran oportunismo profesional, que al final del milenio, es decir hacia el año 2000, los niveles de CO² en la atmósfera habrían aumentado en un 25%. La alarma llama la atención y despierta el interés de la gente de la calle,y esto canaliza el dinero destinado a la investigación, con lo que ayudas, subvenciones, encargos, publicaciones, cátedras, etc. fueron a parar a las manos de los físicos alarmistas, cuyo objetivo pasó a ser, no el investigar desapasionadamente el comportamiento del CO², sino el demostrar la maldad del anhídrido carbónico como causante del calentamiento del clima. 

Por otra parte, este falso mensaje, lanzado durante los años sesenta del Siglo XX, fue tomado con entusiasmo por los ecologistas, que ansiosos de salvar al mundo, vieron en el CO² el instrumento perfecto para hacer realidad sus sueños antidesarrollistas, con lo que este gas cambió de manos y pasó de las de los científicos a las de los políticos de izquierdas, con todas las consecuencias negativas que esto implica. A finales de los setenta y principios de los ochenta, la idea de asociar el calentamiento continuo desde hace 10.000 años de nuestra atmósfera, con el CO² producido por la industria y el transporte, fue ganando partidarios y convirtiéndose poco a poco en uno de los dogmas de la ecología, y todo ello a pesar de que climáticamente entre los años 1945 y 1975 existió una ligera tendencia hacia el enfriamiento. Pero no importa, el dogma se estableció y en adelante se aceptó como tal por los ecologistas y la izquierda progresista.

Este cambio quedó curiosamente reflejado en un cambio semántico, y de esta forma el "cambio del clima" estudiado por los geofí­sicos, pasó a ser "cambio climático" impuesto por los políticos y a continuación gestionado y administrado por ellos. Climático, significa perteneciente o relativo al clima, cambio climático no es por tanto cambio del clima, sino cambio de lo relativo al clima. La forma de vida, la salud, la economía, la agricultura, están relacionadas con el clima, y esas son las cosas que van a cambiar, es decir lo que a nosotros nos afecta del clima, y van a cambiar por culpa del CO², un CO² que produce un sector de la sociedad, los egoístas, los insolidarios,los industriales, los trabajadores. Los ecologistas y los políticos de izquierdas, no, ellos no generan CO² y en todo caso el que producen es bueno porque lo hacen por nuestro bien, por eso ellos van a cobrar por el CO² creado, y los egoís­tas, los insolidarios, los no ecologistas, van a pagar.

De este modo, el cambio del clima, que es un fenómeno natural y una realidad constante en la historia de la Tierra, pues el clima nunca ha permanecido estable y no tiene ningún sentido esperar que deje de cambiar cuando a nosotros nos conviene, ha pasado a ser una amenaza para la humanidad: amenaza de la que nos van a salvar los ecologistas (que son gente muy noble y al mismo tiempo muy práctica), cobrando un impuesto por producir CO², con lo que la sociedad producirá menos CO², lo que a su vez ac­tuará como freno a un desarrollo ecológicamente destructivo. Con menos energía habrá menos fábricas, menos industrias, menos explotaciones nlÍneras, etc. lo cual es magnífico desde un punto de vista ecológico, porque habrá menos contaminación, aunque por supuesto también habrá menos trabajo, más miseria y más hambre en el mundo, pero eso no tiene demasiada importancia.

El establecimiento de un impuesto por producir CO² es una idea genial para la izquierda ecologista y progresista, porque las industrias que lo produzcan en gran cantidad aliviaran sus conciencias asumiendo la penitencia de su pago, y los ecologistas y los go­biernos de izquierdas que los sostienen obtendrán una fabulosa cantidad de dinero, lo que les permitirá aumentar su influencia en la sociedad y al mismo tiempo costear una metódica campaña propagandística para cuyo mantenimiento es necesario comprar la voluntad de miles y miles de periodistas y garantizar la prosperidad de sus medios. Ese impuesto servirá además para financiar es­ tudios interesados, comprar voluntades, promocionar a los amigos y silenciar a los enemigos, en fin, para hacer todo aquello que los políticos de izquierdas hacen con toda naturalidad en beneficio propio pero con el dinero de los demás.

El único requisito, además previo, para que todo este fenomenal montaje funcione, es que el CO² sea efectivamente un gas conta­minante, pero esto también se puede hacer por decreto como tanto les gusta a ciertos políticos, y de esta forma la Organización de las Naciones Unidas, que es elorganismo en donde nació esta idea, definió el cambio climático en el año 1988 de esta manera:

"El cambio climático hace referencia a los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos. Estos cambios pueden ser naturales, pero desde el siglo XIX, las actividades humanas han sido el principal motor del cambio climático, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, lo que produce gases que atrapan el calor".

En la definición se dice que los cambios "pueden" ser naturales, pero a continuación establece que desde el siglo XIX no es así y la causa es la que a la ONU le interesa; sin más. Intelectualmente es una definición vergonzosa, es demagogia en estado puro.
Pero es demagogia activa, porque al mismo tiempo la ONU pone en marcha un organismo creado a partir del Programa de la Na­ciones Unidas para el Medio Ambiente (reducto ecologista-izquierdista), denominado Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, PICC, cuyo objetivo fundacional es, textualmente:

"Concentrar la información científica disponible sobre el cambio climático, determinar las consecuencias ambientales y socio­ polítícas del calentamiento y formular estrategias de respuesta al mismo".

Esta declaración es otro monumento a la demagogia, primero porque la ONU decide que existe un "cambio climático"y lo define a su conveniencia y a continuación crea un organismo para demostrar que existe. 
¿Qué significado tiene la frase: "concentrar la in­formación científica disponible sobre el cambio climático"? ¿Qué sucede con la información científica desfavorable al objetivo que se persigue?
De hecho, la propia creación de PICC es un acto de total manipulación política de la ciencia y de falsificación interesada de la infor­mación. Si no existiese "cambio climático" sino simplemente "cambio de clima", la existencia del PICC sería un absurdo, así que lo primero es demostrar el "cambio climático" y esto se hace primero por decreto y luego pagando a 2.000 científicos para que "sostengan" esa afirmación. Sin embargo, una verdad científica no tiene que ser sostenida por nadie, se sostiene a sí misma, lo que es necesario sostener es la falsedad, elengaño, el fraude.

Con todo esto, el cambio delclima pasó a ser cambio climático, y el calentamiento de la atmósfera pasó a ser producido por el hom­bre, no porque el clima se encuentre en un proceso de calentamiento interglaciar, sino por la maldad de unos pocos. Es inaceptable culturalmente que un tema tan tremendamente complejo como el cambio del clima en la historia de la Tierra, que llevaba relativa­mente pocos años estudiándose y en el que intervienen numerosos factores geofísicos, e incluso astronómicos de gran importan­cia, y del que se han obtenido resultados contradictorios, la ONU decida por su cuenta e imponga ante la opinión pública por su peso, que es causado por la actividad humana a partir del siglo XIX.
¿Cómo es posible tal atropello intelectual? La respuesta es muy sencilla: la ONU y el PICC, son organismos políticos,y los políticos deciden cómo ha de ser la realidad q¡ue les interesa. Una vez establecida la misma, se contrata a los científicos necesarios para "sos­tenerla". Esto significa politizar la ciencia, algo aberrante desde un punto de vista científico, pero natural en la izquierda que pretende politizarlo absolutamente todo, la educación, el derecho, la cultura, la forma de vida, todo.
El resumen es sencillo: el mundo científico sabe que el clima está en un proceso de calentamiento, pero la gran masa de la pobla­ción, no. Entonces interviene la ONU y lanza al mundo un aviso: El clima se está calentando por culpa del CO² producido por la in­ dustria y el transporte. Como la masa de la población comprueba que es verdad que el clima se calienta, acepta también como ver­dad que la causa es el CO², y lo que es más grave: acepta el pago de un impuesto absolutamente demagógico.
•••

En el año 2007 yo trabajaba desde hacía 25 años como periodista especializado en el mundo del motor y el tema de la contamina­ción producida por los automóviles me interesaba extraordinariamente. Desde mi postura de observador e informador, fui a lo largo de esos años comprobando como poco a poco el anhídrido carbónico, el gas más importante de toda la atmósfera para la Naturaleza, se iba convirtiendo primero en un posible contaminante, después en un probable contaminante y luego en un absoluto contaminante. Sin embargo, esto último chocaba frontalmente con mis conocimientos de química, biología y geofísica.

La vida animal consiste químicamente en un proceso de oxidación de materia orgánica, nuestros alimentos, gracias al oxígeno presente en la atmósfera, con lo que se obtiene calor por una parte y un residuo gaseoso (CO² o anhídrido carbónico) por otra. Que el gas que producimos los seres humanos (y el conjunto de todos los animales de la Tierra) al respirar sea un contaminante está fuera de toda lógica y suena sencillamente como un disparate.
Por otra parte el propio origen de la vida sobre nuestro planeta reside en el CO². Si no hubiera existido abundante CO² en la atmós­ fera primitiva de la Tierra hace 3.800 millones de años, la vida no hubiera aparecido tal como la conocemos. Básicamente la vida consiste en la creación de materia orgánica a partir del CO² atmosférico, del agua y de la energía de la radiación solar. Ese proceso se inició en un pasado remoto y continúa en la actualidad y son las plantas las que lo llevan a cabo tomando CO² del aire (respi­rando CO²), creando materia orgánica (de la que los animales se alimentan), y produciendo como residuo oxígeno. Que un gas esencial en el proceso de la vida, que el gas que respiran las plantas creadoras de vida, sea un contaminante, me resulta desde un punto de vista naturalista, un disparate absurdo.

Finalmente, aunque mis conocimientos de geofísica no sean muy grandes, soy consciente de que la cantidad de CO² presente en la atmósfera, la cantidad del gas más importante para la Naturaleza, es muy pequeña. El CO² es un gas no solamente valioso en el proceso de la vida, sino a demás escaso, porque únicamente el 0,038% de la atmósfera en peso está compuesto por este gas. Si las plantas y los árboles de la Tierra siguen tomando CO² del aire y fijándolo en el suelo, esta cifra se hará cada vez más pequeña en un futuro a largo plazo y la vida vegetal se paralizará por falta de CO² para respirar, los bosques desaparecerán. 
El CO² que hoy produ­cimos los seres humanos debido a nuestra industriosidad (por otra parte tan natural como el que los leones se coman a los ñus), formaba parte hace millones de años de una atmósfera más rica en anhídrido carbónico. A lo largo de todo ese dilatado tiempo las plantas fueron extrayendo CO² del aire para crear materia orgánica y pasando luego al suelo el carbono de la misma. Quemar com­bustibles es devolver ese CO² a su lugar de origen y al mismo tiempo es enriquecer la atmósfera con el gas del que se alimentan los árboles, por lo que cuanto más coz exista en esta, mejor y más rápido crecerán los últimos con lo que los bosques en lugar de des­ aparecer poco a poco, como sucede en estos momentos, ganarán en extensión de forma natural. ¿Es malo el CO² para la Natura­leza? ¿Es un contaminante? Pensarlo siquiera resulta ridículo.

Las anteriores consideraciones me llevaron a investigar más a fondo la relación entre automóvil y CO² y las causas o los motivos existentes para que el mundo ecologista colgara al CO² la etiqueta de "contaminante". Por otra parte, si un pequeñísimo incre­mento de CO² en el aire pudiera ser ligerísimamente perjudicial para las sociedades humanas, ese pequeño incremento resultaría beneficioso para todos los bosques del planeta. Hay que tener en cuenta que se calcula que en el mundo hay entre 100 y 150 árbo­les por cada ser humano. En beneficio de esos árboles perfectamente se puede asumir un pequeño perjuicio para nosotros, pero es que ni siquiera sería tal, porque los beneficios que esos 100 o 150 árboles nos devolverán lo compensa con creces.

Todas estas ideas las plasmé a lo largo de los años 2007 y 2008 en un libro sobre el CO² y el automóvil que se publicó el 2009. Tengo que decir que el libro, con gran dolor de mi corazón, fue un absoluto desastre editorial. Lógico, los resultados y conclusiones del mismo no coincidieron para nada con la doctrina oficial ecologista e izquierdista, y en esos momentos, en el año 2009, la socie­dad estaba entregada en los brazos de los ecologistas a los que había firmado un cheque en blanco. A nadie le gusta que le corrijan o que le lleven la contraria, menos aún que le cuenten cosas desagradables, y muchísimo menos que encima le digan que le están engañando y tomando el pelo, y, para colmo, timando.
Como dato curioso acerca de la postura de la sociedad en esos momentos, de mis compañeros periodistas en prensa escrita, radio o televisión, no hubo ni uno, que publicara una reseña del libro. Pero las cosas cambian y las sociedades también. Hoy percibo a mi alrededor un ambiente de cansancio, de falsedad, de hastío incluso frente a la marea ecologista, por lo que he decidido insistir nuevamente con mi libro que a continuación presento casi tal cual como se escribió hace 14 años. Se podría pensar que en este tiempo se ha quedado desfasado, pero no es así en absoluto, e incluso hoy resulta mucho más interesante aún porque pone en evidencia como nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestra economía, pueden ser manipuladas y estafadas.

Introducción

La proporción de anhídrido carbónico en la atmósfera en relación con el resto de los demás gases es del 0,038%. En realidad, hay poquísimo CO² y este es un gas francamente escaso. Tan escaso como valioso. Nosotros, los animales llamados superiores, respira ­mos oxígeno, pero en nuestra atmósfera el 20,86% de la misma lo forma este gas. Tenemos mucho oxígeno, más de la quinta parte del aire que nos rodea es oxígeno y sin embargo solo tres con ocho diez milésimas partes son de CO².

¿Qué tiene esto de particular?
Pues en primer lugar,que todo ese oxígeno que hoy respiramos los humanos estaba en el pasado combinado con el carbono, for­maba parte del CO² primitivo, y las plantas lo han liberado. En segundo, que nosotros, los animales superiores que respiramos oxí­geno, somos en realidad parásitos. Somos seres vivos, sí, pero no creadores de vida, la vida la crean las plantas y estas dependen de ese valioso y escaso gas. Las plantas respiran anhídrido carbónico (CO²), y sin este gas no habría plantas y sin plantas no habría animales, y, por supuesto, no existiríamos nosotros, que somos auténticos y genuinos animales. Por eso, porque somos animales que respiran oxígeno, nos encantaría y nos resultar: a muy cómodo que en nuestra atmósfera hubiera más oxígeno y menos CO². Claro que, en ese caso, los árboles vivirían mucho peor. Sí, que lástima, pero no tendríamos que vivir bajo la terrible amenaza del cambio climático.
El CO², mucho o poco, puede ser bueno o malo para nosotros, los seres humanos, pero de lo no cabe la más mínima duda, es de que es maravilloso para la Naturaleza. Esto no es una afirmación, es simplemente una constatación de la realidad, y como tal ni si­ quiera se puede poner en duda. La vida en nuestro planeta tiene más de tres mil millones de años de antigüedad y comenzó gracias al CO² y a la energía de la luz solar. Sin esas dos cosas, no existiría la vida tal como la conocemos.

Tres mil millones de años, son muchos años, sobre todo teniendo en cuenta que nuestra propia historia no abarca mucho más de medio millón. Somos unos recién llegados, pero nos sentimos con derecho a llevarle la contraria a nuestra propia madre Natu­raleza, y disputar a sus criaturas, los árboles por ejemplo, el gas que respiran. Los árboles, sí, los verdaderos dueños de nuestro mundo, porque hay aproximadamente 140 árboles por cada ser humano, y porque colonizaron la Tierra hace aproximadamente cuatrocientos millones de años, y porque además son los que han creado el suelo fértil del que vivimos. Unos árboles que, por cierto, de no haber existido, tampoco habríamos existido nosotros, dado que nuestra evolución dependió de ellos.
Realmente, se hace difícil aceptar que el gas que respiran los árboles, el gas del que dependen, el gas del que nació la vida, el que producimos nosotros mismos al respirar y devolvemos por ello a la atmósfera (tremendamente importante este concepto de devo­lución) sea un contaminante, pero así nos lo está contando desde hace veinte años (por increíble que parezca) el Panel Interguber­namental para el Cambio Climático (PICC), auspiciado por la ONU y avalado por cientos o miles de firmas de científicos compro­metidos. Lo que no está muy claro es si se trata de científicos comprometidos con la ciencia, comprometidos con los intereses del PICC, o comprometidos con la divulgación de ideas políticas de izquierdas.

El CO², el anhídrido carbónico tan denostado y parece ser que tan peligroso, es muy importante en nuestras vidas y en toda la vida vegetal que nos rodea y nos soporta. Merece la pena examinar con decisión, con toda tranquilidad y sin ningún pudor, nues­ tra relación con este gas en el día a día, incluso haciéndolo desde el punto de vista más desfavorable; o, si se quiere, más criticable (aunque sería mejor decir que más criticado), precisamente por ese colectivo de cientos y cientos de científicos al servicio del PICC; el automóvil.
Cada vez que ponemos en marcha el motor de nuestro vehículo, sea de gasolina o diésel, lo que literalmente estamos haciendo es encender una hoguera. Los motores de combustión interna de nuestros vehículos queman combustible y utilizan la energía calo­rífica del mismo para transformarla en energía mecánica con la que crear movimiento. Lo que hacemos al arrancar el motor de un coche es algo muy parecido a lo que hacían nuestros antepasados cuando para combatir el frío se acercaban a una hoguera para aprovechar en beneficio propio una parte del calor generado por la madera de la misma al quemarse. Lo que sucede en nuestro caso, es que como conductores no somos muy conscientes de la cantidad de madera que quemamos. 

Para un automóvil de tipo medio, con un motor de alrededor de 100 CV y que produce una cantidad de CO² de 180 gramos por kilómetro, la cantidad de leña equivalente que se consume circulando a 120 km/h es de bastante más de medio kilo por minuto. Nuestra hoguera no es simple­mente un pequeño fuego, no, es una hoguera importante que en un viaje de cuatro horas quema más de 120 kilos de leña, lo que por su parte significa que en ese mismo tiempo producimos 86,4 kilos de anhídrido carbónico que pasa a la atmósfera. Ese es más que producen CO² al hacerlo como gas residual, y que añaden ese CO² a una atmósfera que los ecologistas apriorísticamente supo­nen saturada del mismo, es de 2.000 millones. No es una cantidad empleada ocasionalmente por un comentarista, me ha llamado la atención el que es sistemáticamente repetida y aceptada como cierta y que cuenta con lo que podríamos llamar "el aval ecolo­gísta". 

Soy periodista del motor desde hace muchos años, y tengo un especial interés por su historia. Conozco las cifras de produc­ ción mundial de automóviles y esos 2.000 millones de automóviles circulando cada día me chirrían.
Según la publicación que para mí tiene más prestigio en cuanto seriedad y objetividad en su información, la revista suiza "Revue Automóvil" que todos los años publica un catálogo estadístico que es la verdadera Biblia estadística de los periodistas del motor del mundo entero, la cantidad total de automóviles que se han fabricado en toda la historia de la automoción desde que el señor Benz solicitó la patente de su primer vehículo y lo condujo su mujer una vez construido, hasta el año 2008 en que se escriben estas líneas es de 1.583 millones de automóviles, lo que significa 417 millones menos de los que supuestamente circulan cada día por las carreteras y caminos de todo el planeta. Evidentemente, de esos 1.583 millones de automóviles fabricados, es lógico pensar (más bien es evidente) que únicamente una parte sigue en circulación, porque pensar en que todos los coches de los años, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, e incluso sesenta y setenta, sigan funcionando, es sencillamente absurdo.

Como dato interesante, en el año 1999 la misma revista suiza calculó que el parque mundial de vehículos de turismo, breaks y minivans, con capacidad de funcionar en ese momento (lo que no significa que se muevan todos los días, sino que simplemente eran capaces de moverse, que es algo que haría solo una fracción de los mismos), habría alcanzado la cifra de 500 millones de uni­dades, aunque la cifra real del número de los que lo hicieran a diario sería muy inferior. Personalmente he realizado el cálculo del número de turismos que podían estar circulando en el año 2007 con una media anual de 10.000 kilómetros recorridos, y la cifra que he obtenido (que no creo que tenga más de un 10% de error en más o menos) es de 600 millones de unidades, de los que diaria­ mente solo circularían un tercio, es decir 200 millones de unidades, lo que significa la décima parte de la cifra avalada por el colec­ tivo ecologista.
La diferencia entre los datos (del año 2008) muy fiables que estoy manejando,y los suministrados por este colectivo, es de nada menos que de 1.800 millones de vehículos. A la vista de los mismos una cosa me queda perfectamente clara: las fuentes de infor­mación comprometidas con el movimiento ecologista no me resultan fiables, utilizan cifras falsas y manipuladas interesada­mente. El problema del anhídrido carbónico emitido por los tubos de escape de los automóviles que circulan por el mundo entero, me parece enormemente serio y no puedo considerarlo fríamente dando por buenos datos como los que he comentado anterior­mente. Para ver el panorama que me interesa, tengo que mirar por otras ventanas y esto me lleva a una reflexión más profunda.
(...)

Juan Antonio de la Rica, autor del libro “La revolución del CO2”, 
sobre la real necesidad del CO2 y el fraude genocida climático.

Juan Antonio de la Rica presenta 'La revolución del CO2' en Dando Caña

¡PROGRESÍA! LA NUEVA CANCIÓN DEL VERANO

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miércoles, 25 de octubre de 2023

CUENTO "EL DEMONIO DE LA PERVERSIDAD" por EDGAR ALLAN POE y COMENTARIO DE JUAN MANUEL DE PRADA 👥 👿💀 y TEOLOGÍA "TRANS"

EL DEMONIO DE LA PERVERSIDAD

Siempre me ha impresionado mucho cierto pasaje de "El demonio de la perversidad", una de las 'narraciones extraordinarias' de Edgar Allan Poe que acaso no se cuente entre las más memorables literariamente hablando; pero que, desde luego, nos ofrece un diagnóstico escalofriante sobre la enfermedad que gangrena nuestra época, que no es otra sino el apetito autodestructivo. Permítaseme reproducir por extenso a Poe: 

«Nos hallamos al borde de un precipicio. Contemplamos el abismo. Sentimos vértigo y malestar. Nuestra primera intención es retroceder ante el riesgo. Pero, inexplicablemente, no nos movemos de allí. Paulatinamente, el malestar, el vértigo y el horror se confunden en un nebuloso e indefinible sentimiento. De forma gradual, [...] adquiere forma un sentimiento que hiela hasta la propia médula de nuestros huesos y les inculca la feroz delicia del horror. Nos asalta esta idea: ¿cuáles serán nuestras sensaciones durante el transcurso de una caída verificada desde tal altura? Y por la sencilla razón de que esta caída implica la más horrible, la más odiosa de cuantas odiosas y horribles imágenes de la muerte y del sufrimiento puede nuestra mente haber concebido, por esta sencilla razón, la deseamos con mayor intensidad. Y porque nuestro raciocinio nos aleja violentamente de la orilla, por esta misma razón nos acercamos a ella con mayor ímpetu. En la Naturaleza no hay pasión más diabólicamente impaciente que la del hombre que, temblando ante el borde de un precipicio, piensa arrojarse a él. Permitírselo, intentar pensarlo un solo momento, es, inevitablemente, perderse, porque la reflexión nos ordena que nos abstengamos de ellos, y por esto mismo, repito, no nos es posible».

Poe no está hablando de la pulsión suicida propia del desesperado, ni tampoco del trastorno propio de quien considera placentero o regocijante arrojarse al abismo. Se refiere a un impulso mucho más monstruoso que, sin interferencia de la angustia ni embotamiento alguno del discernimiento, nos impulsa a anhelar nuestro mal, a sabiendas del daño que nos va a ocasionar, a sabiendas del horror y la desdicha que traerá a nuestras vidas. Cuando se habla de posesiones demoníacas (no digamos cuando tales posesiones se representan en el cine) solemos recurrir a parafernalias de espumarajos, contorsiones y otros efectismos grimosos. Poe, mucho más lúcidamente, nos habla de la «delicia del horror» que paraliza nuestro raciocinio, nuestra voluntad, incluso nuestro instinto de supervivencia; y que finalmente nos empuja a arrojarnos al abismo. Creo que es ahí, exactamente ahí, donde nos hallamos, tanto a nivel personal como colectivo. 

Es como si la conciencia humana hubiese resuelto monstruosamente anhelar y codiciar el mal; pero no un mal que se confunde con el bien, sino un mal cuyas consecuencias asumimos con esa «pasión diabólicamente impaciente» a la que se refiere Poe. Sólo así se explican muchos de los fenómenos que se desenvuelven ante nuestros ojos: desde la paulatina 'normalización' de las drogas al belicismo frenético, desde la quimera 'trans' hasta la aceptación estólida de amnistías que ponen la supervivencia de la comunidad política en manos de sus más enconados enemigos, desde la adopción sumisa de religiones cientifistas que acabarán convirtiéndonos en esclavos hasta el harakiri insensato que se están haciendo urbi et orbi instituciones milenarias como la Iglesia católica.

Es como si una Humanidad descentrada, hastiada de vivir, devorada por un apetito nihilista, hubiese decidido adelantar el final de la Historia. Desde luego, en otras épocas se han repetido estos arrebatos autodestructivos; pero estaban causados por la angustia de situaciones extremas. Ahora nos hallamos ante la apoteosis de ese demonio de la perversidad que describía Poe: estamos tranquilos y somos conscientes del mal que nos aguarda si no nos detenemos; pero hemos decidido entregarnos a él, embriagados por el abismo de horror y muerte que se abre a nuestros pies, deseosos de saborear esa experiencia última de la aniquilación personal y colectiva, en volandas del demonio de la perversidad. «Bajo su influjo –volvemos a citar a Poe–, obramos sin una finalidad inteligible, por la simple razón de que no deberíamos hacerlo. Teóricamente, no puede existir una razón más irrazonable; pero, en realidad, no hay otra más poderosa. En condiciones determinadas, llega a ser absolutamente irresistible para ciertos espíritus. La seguridad del error que trae consigo un acto cualquiera es, frecuentemente, la única fuerza invencible que nos impulsa a ejecutarlo».
Estamos endemoniados. Y, si Dios no lo impide, vamos a consumar nuestra autodestrucción, a sabiendas de lo que nos aguarda.


Teología 'trans'

No hay anhelo más humano que el de abandonar este cuerpo que la naturaleza nos asignó, cambiándolo por otro más hermoso o idóneo. Este anhelo nace de nuestra nostalgia de divinidad, pues –aunque nuestra razón se resista a aceptarlo, o incluso lo niegue furiosamente– nuestra alma sabe (al modo de una 'memoria genética') que nos aguarda una existencia eterna y 'transhumanada', una metamorfosis misteriosa que nos hará resplandecientes e inmortales, sin renunciar a nuestros cuerpos.
En el fondo de la ideología 'trans' subyace la vieja y errónea idea de considerar el cuerpo una cárcel que debe ser descerrajada
Esta vocación plenamente humana, alimentada de promesas divinas, encontró su parodia en aquella otra promesa que la antigua serpiente hizo a Eva en el Edén: «Seréis como dioses». Es decir, podréis rebelaros contra el acto creador de Dios, rechazar los beneficios de la Redención y anticipar el disfrute de una naturaleza gloriosa. Todas las triquiñuelas de la antigua serpiente se resumen, a la postre, en la promesa de un Paraíso en la Tierra que anticipe los gozos ultraterrenos y glorifique nuestra carne mortal. Y entre todas estas triquiñuelas ninguna tan sugestiva como 'hacernos como dioses', desembarazándonos de los límites biológicos de nuestra naturaleza. Así, el hombre deja de ser criatura, para convertirse en creador de sí mismo.

Fue Dante Alighieri en el canto primero del Paraíso quien primero habló de 'transhumanarse' para referirse a la meta última del hombre, que no es otra sino alcanzar tras la muerte la plenitud del ser, pasando de la condición de gusano a la de mariposa (como también leemos en el canto décimo del Purgatorio). Este concepto empleado por Dante lo rescataría muchos siglos después, en un sentido radicalmente contrario, el biólogo y eugenista Julian Huxley, hermano del célebre escritor, quien en un texto titulado significativamente Religion Without Revelation escribía: «La especie humana puede, si lo desea, trascenderse –no sólo esporádicamente, un individuo aquí de una manera, otro allí de otra forma– sino en su totalidad, como humanidad. Necesitamos un nombre para esta nueva creencia. Quizás Transhumanismo pueda servir: el hombre sigue siendo hombre, pero transcendiéndose, a través de la realización de nuevas posibilidades».

Huxley se inspira en el término de Dante para convertirlo en una parodia perversa, como la antigua serpiente convierte también en parodia perversa la alianza de Dios con los hombres, prometiéndoles ser como dioses mientras dure su andadura terrenal. La 'transhumanación' deja de ser una recompensa divina que permite al hombre dejar atrás las infelicidades y padecimientos propios de su vida mortal; y se convierte en una obra meramente humana, que puede superar las limitaciones de su naturaleza a través de la química, de la cirugía o de la tecnología, convertidas en sucedáneos chuscos de la Redención, atajos a través de los cuales se puede alcanzar en esta vida la metamorfosis en cuerpo glorioso. Se trataría, en definitiva, de parodiar grotescamente el acto creador de Dios, los beneficios de la Redención y las promesas de una vida futura de una tacada, en una compota teológica lograda a través de hormonas y bisturíes.

Pero esta parodia grotesca está más vista que el tebeo. Ya en sus Conclusiones filosóficas, cabalísticas y teológicas (1486), Pico della Mirandola escribe, poniendo sus palabras en la boca del mismísimo Dios (pero dando voz, en realidad, a la antigua serpiente): «No te he dado una forma ni una función específica, Adán. Por tal motivo, tendrás la forma y función que desees. La naturaleza de las demás criaturas la he dado de acuerdo a mi deseo. Pero tú no tendrás límites. Tú definirás tus propias limitaciones de acuerdo con tu libre albedrío. Te colocaré en el centro del universo, de manera que te sea más fácil dominar tus alrededores. No te he hecho mortal, ni inmortal; ni de la tierra, ni del cielo. De tal manera que podrás transformarte a ti mismo en lo que desees. Podrás descender a la forma más baja de existencia como si fueras una bestia o podrás, en cambio, renacer más allá del juicio de tu propia alma». Leyendo este pasaje, precursor de la ideología 'trans', advertimos que lo que nuestra época llama ideas nuevas no son más que las viejas herejías de siempre, convenientemente reformuladas.

En el fondo de la ideología 'trans' subyace la vieja y errónea idea de considerar el cuerpo una cárcel que debe ser descerrajada, para que nuestra humanidad alcance su plenitud. Contra esta vieja herejía, que ha destruido tantas vidas prometiendo mejorarlas, sólo se alza la nueva idea cristiana, más escandalosa y subversiva hoy que nunca: nuestro cuerpo, acechado por la decrepitud y la muerte, será 'transhumanado' a la vuelta de la esquina y para siempre. 



En la consideración de las facultades e impulsos de los prima mobilia del alma humana los frenólogos han olvidado una tendencia que, aunque evidentemente existe como un sentimiento radical, primitivo, irreductible, los moralistas que los precedieron también habían pasado por alto. Con la perfecta arrogancia de la razón, todos la hemos pasado por alto. Hemos permitido que su existencia escapara a nuestro conocimiento tan sólo por falta de creencia, de fe, sea fe en la Revelación o fe en la Cábala. Nunca se nos ha ocurrido pensar en ella, simplemente por su gratuidad. No creímos que esa tendencia tuviera necesidad de un impulso. No podíamos percibir su necesidad. No podíamos entender, es decir, aunque la noción de este primum mobile se hubiese introducido por sí misma, no podíamos entender de qué modo era capaz de actuar para mover las cosas humanas, ya temporales, ya eternas. No es posible negar que la frenología, y en gran medida toda la metafísica, han sido elaboradas a priori. El metafísico y el lógico, más que el hombre que piensa o el que observa, se ponen a imaginar designios de Dios, a dictare propósitos. Habiendo sondeado de esta manera, a gusto, las intenciones de Jehová, construyen sobre estas intenciones sus innumerables sistemas mentales. En materia de frenología, por ejemplo, hemos determinado, primero (por lo demás era bastante natural hacerlo), que, entre los designios de la Divinidad se contaba el de que el hombre comiera. Asignamos, pues, a éste un órgano de la alimentividad para alimentarse, y este órgano es el acicate con el cual la Deidad fuerza al hombre, quieras que no, a comer. En segundo lugar, habiendo decidido que la voluntad de Dios quiere que el hombre propague la especie, descubrimos inmediatamente un órgano de la amatividad. Y lo mismo hicimos con la combatividad, la idealidad, la casualidad, la constructividad, en una palabra, con todos los órganos que representaran una tendencia, un sentimiento moral o una facultad del puro intelecto. Y en este ordenamiento de los principios de la acción humana, los spurzheimistas, con razón o sin ella, en parte o en su totalidad, no han' hecho sino seguir en principio los pasos de sus predecesores, deduciendo y estableciendo cada cosa a partir del destino preconcebido del hombre y tomando como fundamento los propósitos de su Creador.

Hubiera sido más prudente, hubiera sido más seguro fundar nuestra clasificación (puesto que debemos hacerla) en lo que el hombre habitual u ocasionalmente hace, y en lo que siempre hace ocasionalmente, en cambio de fundarla en la hipótesis de lo que Dios pretende obligarle a hacer: Si no podemos comprender a Dios en sus obras visibles, ¿cómo lo comprenderíamos en los inconcebibles pensamientos que dan vida a sus obras? Si no podemos entenderlo en sus criaturas objetivas, ¿cómo hemos de comprenderlo en sus tendencias esenciales y en las fases de la creación?

La inducción a posteriori hubiera llevado a la frenología a admitir, como principio innato y primitivo de la acción humana, algo paradójico que podemos llamar perversidad a falta de un término más característico. En el sentido que le doy es, en realidad, un móvil sin motivo, un motivo no motivado. Bajo sus incitaciones actuamos sin objeto comprensible, o, si esto se considera una contradicción en los términos, podemos llegar a modificar la proposición y decir que bajo sus incitaciones actuamos por la razón de que no deberíamos actuar. En teoría ninguna razón puede ser más irrazonable; pero, de hecho, no hay ninguna más fuerte. Para ciertos espíritus, en ciertas condiciones llega a ser absolutamente irresistible. Tan seguro como que respiro sé que en la seguridad de la equivocación o el error de una acción cualquiera reside con frecuencia la fuerza irresistible, la única que nos impele a su prosecución. Esta invencible tendencia a hacer el mal por el mal mismo no admitirá análisis o resolución en ulteriores elementos. Es un impulso radical, primitivo, elemental.

Se dirá, lo sé, que cuando persistimos en nuestros actos porque sabemos que no deberíamos hacerlo, nuestra conducta no es sino una modificación de la que comúnmente provoca la combatividad de la frenología. Pero una mirada mostrará la falacia de esta idea. La combatividad, a la cual se refiere la frenología, tiene por esencia la necesidad de autodefensa. Es nuestra salvaguardia contra todo daño. Su principio concierne a nuestro bienestar, y así el deseo de estar bien es excitado al mismo tiempo que su desarrollo. Se sigue que el deseo de estar bien debe ser excitado al mismo tiempo por algún principio que será una simple modificación de la combatividad, pero en el caso de esto que llamamos perversidad el deseo de estar bien no sólo no se manifiesta, sino que existe un sentimiento fuertemente antagónico.

Si se apela al propio corazón, se hallará, después de todo, la mejor réplica a la sofistería que acaba de señalarse. Nadie que consulte con sinceridad su alma y la someta a todas las preguntas estará dispuesto a negar que esa tendencia es absolutamente radical. No es más incomprensible que característica. No hay hombre viviente a quien en algún período no lo haya atormentado, por ejemplo, un vehemente deseo de torturar a su interlocutor con circunloquios. El que habla advierte el desagrado que causa; tiene toda la intención de agradar; por lo demás, es breve, preciso y claro; el lenguaje más lacónico y más luminoso lucha por brotar de su boca; sólo con dificultad refrena su curso; teme y lamenta la cólera de aquel a quien se dirige; sin embargo, se le ocurre la idea de que puede engendrar esa cólera con ciertos incisos y ciertos paréntesis. Este solo pensamiento es suficiente. El impulso crece hasta el deseo, el deseo hasta el anhelo, el anhelo hasta un ansia incontrolable y el ansia (con gran pesar y mortificación del que habla y desafiando todas las consecuencias) es consentida.

Tenemos ante nosotros una tarea que debe ser cumplida velozmente. Sabemos que la demora será ruinosa. La crisis más importante de nuestra vida exige, a grandes voces, energía y acción inmediatas. Ardemos, nos consumimos de ansiedad por comenzar la tarea, y en la anticipación de su magnífico resultado nuestra alma se enardece. Debe, tiene que ser emprendida hoy y, sin embargo, la dejamos para anhelo hasta un ansia incontrolable y el ansia (con gran pesar y mortificación del que habla y desafiando todas las consecuencias) es consentida.

Tenemos ante nosotros una tarea que debe ser cumplida velozmente. Sabemos que la demora será ruinosa. La crisis más importante de nuestra vida exige, a grandes voces, energía y acción inmediatas. Ardemos, nos consumimos de ansiedad por comenzar la tarea, y en la anticipación de su magnífico resultado nuestra alma se enardece. Debe, tiene que ser emprendida hoy y, sin embargo, la dejamos para mañana; ¿y por qué? No hay respuesta, salvo que sentimos esa actitud perversa, usando la palabra sin comprensión del principio. El día siguiente llega, y con él una ansiedad más impaciente por cumplir con nuestro deber, pero con este verdadero aumento de ansiedad llega también un indecible anhelo de postergación realmente espantosa por lo insondable. Este anhelo cobra fuerzas a medida que pasa el tiempo. La última hora para la acción está al alcance de nuestra mano. Nos estremece la violencia del conflicto interior, de lo definido con lo indefinido, de la sustancia con la sombra. Pero si la contienda ha llegado tan lejos, la sombra es la que vence, luchamos en vano. Suena la hora y doblan a muerto por nuestra felicidad. Al mismo tiempo es el canto del gallo para el fantasma que nos había atemorizado. Vuela, desaparece, somos libres. La antigua energía retorna. Trabajaremos ahora. ¡Ay, es demasiado tarde! desaparece, somos libres. La antigua energía retorna. Trabajaremos ahora. ¡Ay, es demasiado tarde!

Estamos al borde de un precipicio. Miramos el abismo, sentimos malestar y vértigo. Nuestro primer impulso es retroceder ante el peligro. Inexplicablemente, nos quedamos. En lenta graduación, nuestro malestar y nuestro vértigo se confunden en una nube de sentimientos inefables. Por grados aún más imperceptibles esta nube cobra forma, como el vapor de la botella de donde surgió el genio en Las mil y una noches. Pero en esa nube nuestra al borde del precipicio, adquiere consistencia una forma mucho más terrible que cualquier genio o demonio de leyenda, y, sin embargo, es sólo un pensamiento, aunque temible, de esos que hielan hasta la médula de los huesos con la feroz delicia de su horror. Es simplemente la idea de lo que serían nuestras sensaciones durante la veloz caída desde semejante altura. Y esta caída, esta fulminante aniquilación, por la simple razón de que implica la más espantosa y la más abominable entre las más espantosas y abominables imágenes de la muerte y el sufrimiento que jamás se hayan presentado a nuestra imaginación, por esta simple razón la deseamos con más fuerza. Y porque nuestra razón nos aparta violentamente del abismo, por eso nos acercamos a él con más ímpetu. No hay en la naturaleza pasión de una impaciencia tan demoniaca como la del que, estremecido al borde de un precipicio, piensa arrojarse en él. Aceptar por un instante cualquier atisbo de pensamiento significa la perdición inevitable, pues la reflexión no hace sino apremiarnos para que no lo hagamos, y justamente por eso, digo, no podemos hacerlo. Si no hay allí un brazo amigo que nos detenga, o si fallamos en el súbito esfuerzo de echarnos atrás, nos arrojamos, nos destruimos.

Examinemos estas acciones y otras similares: encontraremos que resultan sólo del espíritu de perversidad. Las perpetramos simplemente porque sentimos que no deberíamos hacerlo. Más acá o más allá de esto no hay principio inteligible; y podríamos en verdad considerar su perversidad como una instigación directa del demonio sí no supiéramos que a veces actúa en fomento del bien.
He hablado tanto que en cierta medida puedo responder a vuestra pregunta, puedo explicaron por qué estoy aquí, puedo mostraron algo que tendrá, por lo menos, una débil apariencia de justificación de estos grillos y esta celda de condenado que ocupo. Si no hubiera sido tan prolijo, o no me hubiérais comprendido, o, como la chusma, me hubiérais considerado loco. Ahora advertiréis fácilmente que soy una de las innumerables víctimas del demonio de la perversidad.

Es imposible que acción alguna haya sido preparada con más perfecta deliberación. Semanas, meses enteros medité en los medios del asesinato. Rechacé mil planes porque su realización implicaba una chance de ser descubierto. Por fin, leyendo algunas memorias francesas, encontré el relato de una enfermedad casi fatal sobrevenida a madame Pilau por obra de una vela accidentalmente envenenada. La idea impresionó de inmediato mi imaginación. Sabía que mi víctima tenía la costumbre de leer en la cama. Sabía también que su habitación era pequeña y mal ventilada. Pero no necesito fatigaros con detalles impertinentes. No necesito describir los fáciles artificios mediante los cuales sustituí, en el candelero de, su dormitorio, la vela que allí encontré por otra de mi fabricación. A la mañana siguiente lo hallaron muerto en su lecho, y el veredicto del coroner fue: «Muerto por la voluntad de Dios».

Heredé su fortuna y todo anduvo bien durante varios años. Ni una sola vez cruzó por mi cerebro la idea de ser descubierto. Yo mismo hice desaparecer los restos de la bujía fatal. No dejé huella de una pista por la cual fuera posible acusarme o siquiera hacerme sospechoso del crimen. Es inconcebible el magnífico sentimiento de satisfacción que nacía en mi pecho cuando reflexionaba en mi absoluta seguridad. Durante un período muy largo me acostumbré a deleitarme en este sentimiento. Me proporcionaba un placer más real que las ventajas simplemente materiales derivadas de mi crimen. Pero le sucedió, por fin, una época en que el sentimiento agradable llegó, en gradación casi imperceptible, a convertirse en una idea obsesiva, torturante. Torturante por lo obsesiva. Apenas podía librarme de ella por momentos. Es harto común que nos fastidie el oído, o más bien la memoria, el machacón estribillo de una canción vulgar o algunos compases triviales de una ópera. El martirio no sería menor si la canción en sí misma fuera buena y el aria de ópera meritoria. Así es como, al fin, me descubría permanentemente pensando en mi seguridad y repitiendo en voz baja la frase: «Estoy a salvo».

Un día, mientras vagabundeaba por las calles, me sorprendí en el momento de murmurar, casi en voz alta, las palabras acostumbradas. En un acceso de petulancia les di esta nueva forma: «Estoy a salvo, estoy a salvo si no soy lo bastante tonto para confesar abiertamente.»
No bien pronuncié estas palabras, sentí que un frío de hielo penetraba hasta mi corazón. Tenía ya alguna experiencia de estos accesos de perversidad (cuya naturaleza he explicado no sin cierto esfuerzo) y recordaba que en ningún caso había resistido con éxito sus embates. Y ahora, la casual insinuación de que podía ser lo bastante tonto para confesar el asesinato del cual era culpable se enfrentaba conmigo como la verdadera sombra de mi asesinado y me llamaba a la muerte.

Al principio hice un esfuerzo para sacudir esta pesadilla de mi alma. Caminé vigorosamente, más rápido, cada vez más rápido, para terminar corriendo. Sentía un deseo enloquecedor de gritar con todas mis fuerzas. Cada ola sucesiva de mi pensamiento me abrumaba de terror, pues, ay, yo sabía bien, demasiado bien, que pensar, en mi situación, era estar perdido. Aceleré aún más el paso. Salté como un loco por las calles atestadas. Al fin, el populacho se alarmó y me persiguió. Sentí entonces la consumación de mi destino. Si hubiera podido arrancarme la lengua lo habría hecho, pero una voz ruda resonó en mis oídos, una mano más ruda me aferró por el hombro. Me volví, abrí la boca para respirar. Por un momento experimenté todas las angustias del ahogo: estaba ciego, sordo, aturdido; y entonces algún demonio invisible -pensé- me golpeó con su ancha palma en la espalda. El secreto, largo tiempo prisionero, irrumpió de mi alma.

Dicen que hablé con una articulación clara, pero con marcado énfasis y apasionada prisa, como si temiera una interrupción antes de concluir las breves pero densas frases que me entregaban al verdugo y al infierno.
Después de relatar todo lo necesario para la plena acusación judicial, caí por tierra desmayado.
Pero, ¿para qué diré más? ¡Hoy tengo estas cadenas y estoy aquí! ¡Mañana estaré libre! Pero, ¿dónde?

martes, 24 de octubre de 2023

EL LOBBY LGTB ES PUNTA DE LANZA DEL TOTALITARISMO MARXISTA Y AHORA TAMBIÉN, ASUMIDA Y PROMOCIONADA POR EL GLOBALISMO 👥



El  lobby  LGTB  es  punta  de  lanza 
del  totalitarismo  "neocapitalista"  (GLOBALISTA).


¿Qué es el lobby LGTB? Obviamente, un conjunto de intereses fácticos que dicen defender los derechos de los ciudadanos homosexuales, que se presentan románticamente, como casi luchadores sociales. Pero en el fondo lo único que les importa son dos aspectos. El primero es defender los fueros de su ideología que es el socialismo. Una curiosidad histórica es que en las dictaduras socialistas se haya perseguido y asesinado a homosexuales. Ernesto Guevara despreciaba y mataba a gays: pero ahora en algunas marchas salen gays con polos con el rostro de Guevara.
El segundo aspecto es la manutención de los “chiringuitos”, que es como se llama en España a los organismos que existen en el Estado, obviamente con presupuesto estatal, pero que en el fondo no tienen utilidad ya que solo contratan a los militantes, movilizadores políticos o simpatizantes del partido político gobernante. 

Muy relacionada al tristemente célebre lobby LGTB está la ideología de género, que es una conceptualización política (valga la redundancia) totalmente acientífica, porque cree que superior a la existencia de los dos sexos (mujeres y varones) que se demuestra biológica y genéticamente, es la “autopercepción” de las personas. Es decir, si un varón se “autopercibe” como mujer, todos debemos tratarlo así, a pesar que biológica y genéticamente sigue siendo varón.
En los países donde se implementa la ideología de género, el Estado coacciona a todo ciudadano para que “entienda” cómo otros ciudadanos se “autoperciben”. ¡Qué tal sin sentido común! Para la ideología de género, lo vital es que la construcción de una sexualidad no es un tema de la naturaleza humana (que ninguna operación ni mil inyecciones harán cambiar) sino cultural o psicológico, en base del maniqueísmo de la auto percepción.
Confío en que este breve artículo nos lleve a un mayor debate académico. Invito a leer “El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural” de autoría de los intelectuales argentinos Agustín Laje y Nicolas Márquez, y el libro "El inicio de la nueva izquierda y la Escuela de Frankfurt" por Cristian Rodrigo Iturralde.

A LA SOCIEDAD LES HAN HECHO CREER 
QUE SON DERECHOS SOCIALES 
PARA IRLES SUPRIMIENDO SUTILMENTE 
DE FORMA VOLUNTARIA LOS DERECHOS FUNDAMENTALES 
DE LA LIBERTAD Y DE LA INDIVIDUALIDAD
Estos son los signos de los tiempos que corren. Un tiempo indigente, catastrófico y perverso que como no tiene nada real que ofertar en reemplazo de lo que ataca se complace en llenar la mente de las desvalidas masas occidentales con utopías absurdas y con odios negadores. Es la Rebelión de la Nada. Todas sus potestades y dominaciones son tan estériles e impotentes para crear y construir algo nuevo que sirva al hombre que hasta sus “críticas” tienen que envolverlas con las viejas palabras que acuñara nuestra derrotada civilización. Palabras equívocas y engañadoras a las que se les ha hecho perder todo su significado. Orgullo de nuestra civilización fue el concepto del libre albedrío. La decadencia de la libertad es hoy tan enorme, que esa voz sólo suena en los altoparlantes mundiales con dos sentidos que le son contradictorios. Uno de ellos es el de “liberación”, que usan las termitas de la “Revolución Cultural” para arremeter contra los resabios de la dignidad humana.
Un ideólogo es alguien que reduce, contamina y falsifica la realidad.
La esencia más intima de la Ideología es la subversión de lo accidental contra lo substancial, de lo múltiple contra lo uno, de lo contingente contra lo necesario, de la cantidad contra la calidad, de lo inferior contra lo superior, de la NADA contra EL SER.
Por si puede serles de utilidad debo decirles que hoy, en gran medida, estamos sufriendo en España una gran parte de las conclusiones y consecuencias que determinó aquella ideología izquierdista. Se llamaba Herbert Marcuse. Cuando se derrotó la revolución por parte del conservadurismo francés y la habilidad del presidente De Gaulle, Marcuse lo dejó muy claro.
Las revoluciones ya no podían ganarse con tonterías como “la lucha de clases”, “acabar con el capitalismo” o “terminar con la burguesía”. Los obreros vivían ya muy bien en las democracias occidentales. Había que encontrar otra fórmula más imaginativa, más sibilina, mucho más eficaz.

¿Cuál podía ser para Marcuse y sus seguidores? Apoyar y atraerse a todas las organizaciones contestatarias que aparecieran sobre la faz de la Tierra: feministas, ecologistas, homosexuales, proabortistas, proinmigrantes ilegales, pacifistas, etc.
Esta ideología no la descartó el felipismo en España a partir de 1982 hasta 1996. Sólo basta recordar las campañas de “ponerse al loro”, “póntelo, pónselo”, pornografía a discreción, leyes educativas socialistas en exclusiva, etc. Y culminó con el zapaterismo y continuaría con el sanchismo.
Por tanto, desde el año 2004 el apoyo del PSOE a estas nada despreciables minorías, a base de suculentas subvenciones a nivel estatal, autonómico y local, ha sido enorme. Saquen las cuentas los avispados economistas de ambos partidos, PP y Ciudadanos.

Estas nada despreciables minorías están influenciadas por la ideología izquierdista hasta el tuétano. La consecución de la defensa de sus inviolables “derechos” se ha plasmado en leyes y decretos presentados, la inmensa mayoría de ellos, por las izquierdas. Y en este caso por el PSOE. Por tanto, el apoyo a la “revolución socialista e izquierdista”, en general, ha quedado asegurado. Con dos premisas fundamentales: sólo las izquierdas tienen derecho a gobernar y sus leyes deben ser acatadas sin rechistar por muy anticonstitucionales o totalitarias que pudieran ser. Fue la fórmula de Marcuse.
A esta revolución tanto el PP como Ciudadanos llegaron tarde. Pero se han sumado a ella, en especial en relación con los homosexuales, con el poderoso lobby gay. Y se han pretendido sumar debido a sus complejos y pensando que sumándose a leyes y a actuaciones aberrantes iban a ganar adeptos, esto es, votos.
¿Creían que así podrían ganar adeptos en el más que ideologizado DÍA DEL ORGULLO, como lo llaman ahora? Fíjense: ya no es el día del orgullo gay. Ya sólo es el día del orgullo. Ya han ganado también esa partida dialéctica. A parecer, ya no existe más orgullo que ser homosexual. Ni orgullo de ser español, de nuestra Historia, de nuestros descubrimientos pasados y presentes… Nada. Aquí el único orgullo que existe es ser homosexual, transexual, etc.
LA NECESIDAD DE REINVENTAR EL MARXISMO

Es donde toman protagonismo Antonio Gramsci en Italia y Georg Lukács en Hungría que llegan a la misma conclusión: el fracaso del marxismo no se debía a lo imposible de sus ideas sino a las bases de la cultura occidental y del cristianismo, el enemigo ya no era Wall Street, ahora apuntaban al Vaticano.
Y Lukács decía al respecto:
…este cambio mundial de valores sólo puede llevarse a cabo mediante la aniquilación de los viejos y la creación de otros nuevos por los revolucionarios.
Por su lado Gramsci apuntaba que los trabajadores no entenderían sus verdaderos intereses hasta que se liberen de la cultura occidental y del yugo de la religión cristiana, fortaleciendo aquella famosa frase de Marx: “Die Religion sie ist das Opium des Volkes”. Dando a entender que el comunismo los liberaría de tal enceguecimiento revelándoles sus verdaderos intereses.

Si bien en la actualidad existen posturas que niegan la existencia del Marxismo Cultural, no es necesario ver mucho más allá de nuestra realidad para encontrarnos con pruebas de su existencia y alcance de sus ideas.
Cabe mencionar que si bien Marx creía necesaria la “reinvención” de la sociedad, él era un convencido de que la primera fase debería ser realizada de forma violenta y con los obreros muriendo en primera línea. Es Antonio Gramsci el gran cerebro detrás de toda esta ola de destrucción que de forma correcta debería llamarse Gramscismo Cultural.
Desde Marx y Engels que apuntaban a la destrucción de la familia para igualar a todos sus miembros a la simple calidad de obreros del Estado, previa toma del poder mediante una revolución armada, pasando por Gramsci y Lukács, que podríamos considerar los reinventores del marxismo, Fromm, Adorno, Horkheimer, llegando al célebre Marcusse y Habermas, la Escuela de Frankfurt nunca traicionó el proyecto con el que se había fundado.

Sus estudios como la “Teoría Critica”, el “Pensamiento Negativo”, la “Acción Afirmativa”, “La Dinámica de los Prejuicios”, “La Personalidad Autoritaria”, etc. Tenían como enemigo al capitalismo que tanto odiaban y culpaban de los males del mundo, y a toda la forma de vida que, gracias a este sistema económico, el hombre había alcanzado, que estos pensadores veían reflejada en la cultura occidental representada en la familia, en la iglesia y en los valores morales. La reivindicación de minorías supuestamente excluidas nunca fue un fin sino un medio para obtener lo que ellos anhelaban para sus propios intereses, al lograr hacer un frente común contra esos enemigos inventados: el hombre blanco primero y el individuo finalmente.

Vemos en la “Ideología de Género”, en la “Corrección Política”, y en olas que van creciendo como el ambientalismo o el animalismo corrientes que, sin que muchos se den cuenta, apuntan a destruir al capitalismo, al concepto del ser humano como ser superior, a la generación de riqueza como forma de protección de nuestras familias y de la especie, dando paso a un nuevo tipo de hombre mediocre, libertino, sin aspiraciones, sin metas, sin valores, sin responsabilidad pero muy obediente de entes superiores bien diseñados.
  • “Sólo se puede hablar con propiedad de revolución cultural si la protesta va dirigida al conjunto de la cultura, incluyendo los principios morales de la sociedad”.
  • “Podemos afirmar que la idea tradicional de revolución y la idea tradicional de la estrategia revolucionaria han terminado. Son ideas anticuadas. Lo que debemos llevar a cabo es una forma difusa y dispersa de desintegración del sistema cultural”.
  • “El mundo civilizado ha sido saturado de cristianismo durante dos mil años. Por ello, una tal cultura, basada en tal religión, sólo puede ser vencida desde dentro”. 
(Todas las citas anteriores de Antonio Gramsci)


Entre las estrategias de este pensador estaban la de crear un frente fuerte con grupos no necesariamente de izquierda como ser los ambientalistas, el feminismo radical, el lobby gay, de los cuales no le importaba sus exigencias pero si le eran muy necesarios para destruir la cultura occidental psicológicamente, promoviendo el odio a la raza, religión, nacionalidad, etc., aplicando incluso un nuevo lenguaje para crear una imagen favorable a sus interés en las mentes de las personas, como por ejemplo llamar progresistas a quienes comulgaran con sus ideas así no tenga nada de sentido. La resistencia al Marxismo Cultural decía, sería totalmente inútil. Y se encerraría a los posibles disidentes en una jaula de hierro. Construcción de la nueva realidad la llaman algunos sin sonrojarse.
Hasta aquí los antecedentes de la futura escuela de Frankfurt.

LA ESCUELA DE FRANKFURT: 
LA DESTRUCCIÓN DE LA CULTURA OCCIDENTAL 
Y EL ORIGEN DEL NEOMARXISMO

Es en 1923 e inicialmente llamado Institut für Sozialforschung para pasar luego a llamarse simplemente Escuela de Frankfurt que se funda al interior de la Universidad del mismo nombre con un fin concreto: el desarrollo de un nuevo marxismo, diferente al marxismo revisionista (parlamentario) de Eduard Bernstein y Jean Jaurès y al Marxismo revolucionario (modelo soviético). incorporando peligrosamente las teorías de Sigmund Freud.
  
Al inicio este THINK TANK (tanque de pensamiento), y teniendo como segundo presidente a Karl Grünenberg, continúa con una línea dirigida al estudio económico de índole marxista teniendo un relativo éxito que podríamos calificar como predecible.
En 1931 toma la dirección de la Escuela Max Horkheimer y retoma las ideas de Lukács dirigiendo sus esfuerzos ya no al campo económico y al proletariado, sino a destruir la cultura desde su interior, él tenía muy en claro que el marxismo era superado sin problemas por el capitalismo tanto teórica como prácticamente.
“El materialismo desde Hobbes había llevado a una actitud de dominancia manipulativa frente a la Naturaleza…” decía.

Es durante su dirección que se introducen con más fuerza las teorías del psicoanalista Sigmund Freud para argumentar que en la cultura occidental los individuos vivían bajo una represión psicológica y sexual y que estas eran las causas de su infelicidad, con tal análisis pusieron en marcha los planes de una dirigida educación sexual (experimento que intentó con un rotundo fracaso Lukács en Hungría siendo ministro de educación).
Un evento demasiado importante en esta primera etapa de la Escuela de Frankfurt es la entrada de Theodor Adorno y Erich Fromm, considerados por muchos como los miembros más brillantes de su época, y es que apoyados de las teorías freudianas darán fuerza a su política de liberación sexual. Fromm era conocido por su visión de que la masculinidad y feminidad no se debían a condiciones hormonales o genéticas, sino que derivan de los roles fijados por la sociedad, afirmando que el sexo es algo manipulable.
Es donde el proyecto inicial de Lukács empieza a tomar forma de lo que luego se convertiría en la dictadura de la corrección política, y a los trabajos de Fromm y Adorno se suman Bruno Bettelheim, psiquiatra infantil y Leo Lowenthal, especialista en medios de comunicación de masas.

Durante este periodo es necesario e importante mencionar a Walter Benjamín, Filósofo que crea las bases de la corrección política y es en sus estudios que se apoyan abiertamente otros posteriores como:
El “Post-estructuralismo” de Roland Barhes, las ‘Microestructuras del poder’ de Michel Foucault, el Deconstruccionismo” de Jacques Derrida y la ‘Semiótica’ de Umberto Eco.

LA ESCUELA DE FRANKFURT CRUZA EL OCÉANO ATLÁNTICO Y LOGRA SUS OBJETIVOS

En 1933 perseguidos por lo que ellos mismos denominan como fascismo, salen de Alemania con el objetivo puesto en los EEUU pero haciendo algunas escalas en otras capitales de Europa para esparcir la semilla de su pensamiento y es en una de estas escalas que Horkheimer y Fromm se plantean los beneficios para su causa que tendría romper el sistema patriarcal en favor de uno matriarcal, sentando las bases del famoso estudio sobre “La Personalidad Autoritaria”.
Recién llegados a USA fueron recibidos con los brazos abiertos por la Universidad de Columbia de línea abiertamente izquierdista y desde donde estos personajes comenzarían su ataque a la burguesía pero guardarían un silencio cómplice sobre los gulags, juicios, masacres, purgas, etc. llevados a cabo por bolcheviques y trotskistas.
Con la apertura de universidades como Princeton, Brandéis y Berkeley a las teorías de esta escuela, los pensadores francfortianos verían su proyecto lo bastante cimentado para ponerlo en marcha al otro lado del Atlántico. Sorprendentemente sus ideas fueron muy bien recibidas por un público abierto a nuevas teorías y empiezan sutilmente introduciendo un neo-lenguaje en el que se leían palabras como ”tolerancia”, o nuevos conceptos donde el llamado a ser el héroe que se enfrentaría a la “personalidad autoritaria” ya no sería el sujeto revolucionario sino el “demócrata”.

La idea era clara, hablar con términos diferentes para conquistar poco a poco a esa corriente tímidamente izquierdista norteamericana.

Como muestra de ese lavado de cerebro nos remitimos al libro escrito por Theodor Adorno –La Personalidad Autoritaria- ayudado por tres psicólogos de Berkeley que en una parte dice: 
“la gente en Estados Unidos tiene tics fascistas y que cualquiera que defienda la cultura americana -y por extensión la occidental toda-, está desequilibrado psicológicamente». No es necesario analizar a fondo esta frase para darnos cuenta que el lavado cerebral que intentaba el autor de este libro era frontal y arriesgado, con un lenguaje simple y directo, algo que pronto cambiaría el ala europea de la Escuela de Frankfurt.
La escuela y la prensa son los dos puntos de partida desde los que el mundo se deja renovar y refinar, sin sangre ni violencia. La escuela alimenta o envenena el alma del niño, tal como la prensa hace con el alma del adulto. Y he aquí que ambas instituciones se encuentran hoy en manos de una inteligencia no espiritual. Y que devolverlos a las manos del espíritu es la máxima tarea acometible por cualquier política idealista, de cualquier revolución idealista”.
Esta frase de Nikolaus Coudenhove-Kalergi resume muy bien el plan que estaban poniendo en marcha los miembros de la Escuela de Frankfurt que, como vimos, ya habían tomado varias universidades de USA y sus ideas estaban siendo muy bien recibidas por la población.

Para la realización de toda esta enredadera muy bien planificada por la Escuela ellos proponen esta suerte de catecismo frankfortiano:
  • Incluir en el Código Penal una nueva tipología de delitos y faltas calificables de homófobos, racistas y/o xenófobos.
  • Introducir la enseñanza sexual y de la homosexualidad en las escuelas.
  • Socavar la autoridad parental y profesoral.
  • Destruir la noción de las identidades nacionales a base de menosprecio y ridiculización de los conceptos de patria, heroísmo patriótico y de las respectivas Historias Nacionales y las gestas en ellas.
  • Complementariamente, impulsar la inmigración masiva.
  • Fomentar la tolerancia hacia el consumo de drogas y la ingesta de bebidas alcohólicas.
  • Vaciar los templos.
  • Poner en marcha un sistema legal arbitrario, muy garantista, con un sesgo favorable al infractor, por ende perjudicial para las víctimas.
  • Promover toda suerte de subsidios y beneficios estatales para grupos y personas con el objeto de crear un alto grado de dependencia por parte de los beneficiarios: material primero y políticamente después como consecuencia de la primera.
  • Control y ‘atontamiento’ mediático.
  • Denigrar y socavar la institución familiar.
  • Negar cualquier diferencia esencial entre hombres y mujeres.
  • Defender la idea de la liberación sexual y de la absoluta autonomía femenina en temas como la contracepción, el aborto y la maternidad, siendo esta última un mero residuo, es decir, lo que resulte tras la aplicación vigorosa de las dos primeras.


La lucha de clases marxista sustituida por la lucha de sexos por medio del lenguaje

El lenguaje, en fin, así manipulado, se convierte actualmente en un destructivo campo de batalla. Se blande como un arma. La lucha de clases de la dialéctica marxista se substituye, culturalmente, en nuestro tiempo, por una lucha sin cuartel entre los sexos y por una ideología radical de género, que buscan nuevos chivos expiatorios en su victimismo culpabilizador, y que despliegan toda una ingeniería social, tal como explica A. Barahona. Ya Stalin afirmó, en efecto:
De todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario.


Abuso de la manipulación del lenguaje en la ideología pro género

Pues bien, esta técnica manipuladora se ha trasladado e incrementado a través de su abuso en el lenguaje ideológico pro género. De acuerdo con ello, ya no es que el otro sexo se categorice directamente como violento y enemigo, sino que se descalifica del mismo modo a cualquier persona, con independencia de su sexo y orientación sexual, que no asuma como suyos los postulados de la ideología pro género.

Para realizar con éxito esta “cancelación” o descalificación, este ataque capaz de invalidarnos y destruirnos a cualquiera, el término clave es “fobia”. A partir de esta noción –que implica un rechazo hacia algo visceral, y así representa un rechazo irracional, injustificado, mecánico, instintivo, impulsivo, no argumentado- se elaboran expresiones construidas estratégicamente como “homó-fobo/a”, y hoy ya “trans-fóbico” y “LGTBI+-fóbico”. ¡Ay de todos aquellos a quienes se les aplique, hoy, esta etiqueta moral descalificadora! Enseguida, se verán excluidos y perseguidos, sin piedad ni medida, y no solo en las redes sociales y en los media, sino hasta en sus propios lugares de trabajo, en sus ámbitos de relación o entornos más cercanos.

Una vez más, como aquí hemos denunciado, ello supone una manipulación, manipulación que llega a la persecución, el hostigamiento y el acoso de las personas que no comulguen con los postulados más extremos de lo LGTBI+. Esto fue, por ejemplo, lo sufrido por la autora norteamericana del libro Un daño irreversible, quien denunció los daños ocasionados por los procesos de cambio de sexo morfológico en determinados casos (ella ni siquiera lo rechazaba para la disforia sexual). Pues bien, se la linchó en todos los sentidos a causa de ello.Ahora bien: ¿qué podemos hacer para evitarlo? Obviamente, antes de nada, desactivar la manipulación, como se ha intentado aquí, desvelando sus procedimientos técnicos y esquematismos. En definitiva: manifestar lo verdadero a este propósito, aunque ello rompa tales esquemas, pues, como explicó Orwell,
“en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Como para enunciar lo verdadero se requiere antes conocerlo, en este escenario de confusión generalizada, se precisa asimismo madurar en cuanto al criterio, desarrollar un juicio propio, un sentido crítico personal. Y, desde luego, formarnos en una “antropología” honda, fecunda y certera, que discierna adecuadamente nuestro ser y naturaleza, que promueva una relación entre los sexos integradora, del encuentro. Téngase en cuenta que un lenguaje manipulado, tal como se ha mostrado, promociona implícitamente una antropología ideologizada y, al emplearlo y verse generalizado, este gana la batalla cultural.
 
¿Cuándo se desvirtuó la psiquiatría?  

Para muchos, la psiquiatría cambió drásticamente en 1980, con la publicación de la tercera edición del DSM. A partir de ahí, la psiquiatría que conocíamos y entendíamos comenzó a transformarse en algo muy diferente, llevándonos hacia un enfoque más mecanicista y diagnóstico. 
🔍 El DSM, con sus ediciones sucesivas, no solo afectó la psiquiatría, sino también la psicología, la psicoterapia y, en última instancia, la comprensión de la mente humana.

Inteligencia Emocional e Inteligencia Racional
EL HOMBRE DE HOY SÓLO SIENTE: NO PIENSA
 
La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos en uno mismo y en los demás, y además saber "gestionarlos" en nuestra vida cotidiana o profesional. De acuerdo con los estudiosos de la materia, la inteligencia emocional se basa en cinco principios o competencias: el conocimiento de las propias emociones, la capacidad de controlarlas, la capacidad de motivación propia, la empatía o reconocimiento de las emociones ajenas y el control y la habilidad en la gestión de esas relaciones.

Entre el sentir y el pensar la emoción guía nuestras decisiones, excepto cuando éstas se desbordan y el cerebro emocional asume el control completo de la situación. En cierta manera, tenemos dos cerebros y dos tipos de inteligencia: la racional y la emocional, y al final, nuestra forma de proceder queda determinada por ambas.

A su vez la inteligencia racional se define como la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas. Este tipo de inteligencia parece estar ligada a otras funciones mentales como la percepción, o capacidad de recibir información, y la memoria, o capacidad de almacenarla.

¿Esto quiere decir que la emoción es más importante que la razón? Pues no. De hecho ambas se complementan. Saber gestionar nuestras emociones es importante, pero igual lo es tener un pensamiento lógico que nos permita plantearnos escenarios, hipótesis y soluciones.
 
Debemos afirmar los datos científicos y biológicos que hemos aprendido desde siempre, todos nacemos con un sexo biológico, no con un género. Incluso la neurociencias tienen estudios acerca de lo que han denominado cerebro masculino y cerebro femenino, los cuales vienen determinados por los marcadores genéticos. Sin embargo, eso sería otro tema a tratar a futuro.

Es cierto que ninguno de nosotros nació con conciencia de uno mismo como hombre o como mujer. Esto fue un proceso que se desarrolló con el tiempo y como todo proceso del desarrollo, pudo ser afectado por percepciones subjetivas o experiencias negativas de la infancia. Pero esto no puede conllevar a que se afirme, que si algún sujeto se identificó con el sexo contrario, esto sea un tercer sexo. Esa persona seguirá siendo hombre o mujer, biológicamente hablando. El que una persona tenga la sensación de ser del sexo opuesto, actualmente denominado disforia de género, por el Manual de Diagnósticos y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-V), implica un trastorno mental, psicológico; en ningún caso es un problema físico, por lo cual no puede ni debe ser tratado como tal.

El hecho de que a un niño o a un adolescente se le suprima la secreción de las hormonas propias, conlleva a grandes riesgos que son muy peligrosos para la salud de ese niño o adolescente. A estos púberes se les estaría inhibiendo el proceso de crecimiento y desarrollo, pudiéndose hasta ser afectada la fertilidad. Adicionalmente, una combinación de testosterona y estrógenos ha sido asociada a problemas cardiacos, hipertensión arterial, diabetes, entre otros.

Finalmente, la “ideología de género” es una corriente que aboga por un igualitarismo entre la mujer y el hombre, llegando a negar las diferencias biológicas (cromosómicas) de ambos, con consecuencias nocivas para la persona misma, e inclusivamente, para la sociedad al quitar relevancia y significado a la maternidad, paternidad y familia. Por tanto, es conveniente leer el estudio hecho por el Colegio Americano de Pediatras en torno al tema. Solo así podremos estar enterados, de muy buena fuente, de los peligros que se ciernen con esta corriente.

El Protocolo de Atención a Alumnos en Situación de Transexualidad del Gobierno de Navarra (España) incluye el siguiente texto: “Entonces: ¿qué es lo que hace que seas niña o niño? Eres niña o niño ¡porque sientes que lo eres! Es algo que tú sabes, sin más.Y eso sólo lo puedes saber tú. Eres niño o niña… porque lo eres”.

Género, un constructo, una ideología. A primera vista resulta evidente que el argumento es netamente subjetivo y emocional, no conteniendo ningún fundamento científico. Apela a un supuesto conocimiento común e indiscutible: “Es algo que tú sabes, sin más”. Tal premisa, es el resultado de un conjunto de ideas promovidas desde un sector concreto que se puede englobar en la palabra “género”.

Género, en este contexto, es la búsqueda de redefinir el concepto de identidad de las personas negando la naturaleza binaria de los seres vivos. Su principal premisa: separar el sexo biológico (representado en este caso por el sexo gonadal) de la “identidad de género” (introduciendo constructos como “sexo sentido”). Por esta separación se dice que la identidad sexual se reduce a un sentimiento de bienestar subjetivo, lo que finalmente se constituye en un concepto amplio, flexible y arbitrario que permite proponer una nueva taxonomía de “identidades”.

Se crean categorías variadas que generan confusión y abren una gama de conductas con un amplio abanico de posibilidades, descartando la práctica de la psicología que ha sido siempre contrastar entre la norma y lo excepcional para ayudar al ser humano. El nuevo principio es que nada puede ser calificado como nocivo o perjudicial.

El resultado: hay listas que incluyen, hasta el momento, 114 “identidades”de género. La única regla que sobrevive es la comodidad con lo que uno “se siente”, incluyendo la posibilidad de cambiar de opción si esos sentimientos se modifican. Se afirma, además, que el género es un “constructo” dinámico que puede, por tanto, ser modificado en el tiempo y dependiendo del contexto; entonces se entiende que la transexualidad es una de las posibles consecuencias de dicho proceso de cambio.

Quienes promueven estas inclusiones educativas aseguran que promover la transexualidad en los niños es algo científico, aunque no muestren estudios. Frente a ellos habría que preguntarse por qué el
DSM V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) tiene una categoría diagnóstica de Disforia de Género que se aplica solo a sujetos que expresan un malestar afectivo/ cognitivo por la incongruencia que viven entre el género experimentado o expresado y el género asignado o el sexo biológico. En otras palabras, se está hablando de personas que se encuentran en situación de transgénero la cual puede ser transitoria.(5)

Resulta interesante el término incongruencia que usa el DSM V para definir Disforia de Género. Cuando no hay congruencia difícilmente hay unidad, armonía, equilibrio. Lo que suele darse es confusión, malestar, ansiedad. Se dice que una persona coherente, congruente, tiene una cierta armonía en su vida, que está relacionada directamente con la salud. Lo que nos lleva a la pregunta ¿qué promueve realmente “el género”?

Por estos y otros elementos se afirma que el constructo “género” es una ideología, al ser un conjunto de ideas, sin fundamento científico, que buscan interpretar la realidad con fines relacionados con la manipulación social y política, según pensadores como Wilfried Fritz Paretoo Karl Mannheim, definen el concepto de ideología. De hecho esta ideología es un gran desafío para la ciencia y para la educación de nuestro tiempo.
 
La Ideología de Género (IG) se propaga mediante una extraordinaria confusión terminológica y conceptual. Algunas personas utilizan la palabra género como substituto erróneo del concepto de sexo, masculino y femenino.
Esta confusión “sexo=género” no es inocente. Surge de la necesidad de generar una nueva lengua, que predetermine el imaginario que se desea imponer. Y es que el género se refiere a la categoría gramatical de las palabras, mientras que el sexo define la condición de los seres vivos por la que se distingue el macho de la hembra. El trasfondo ideológico de la confusión es la eliminación del dato evidente de la naturaleza biológica o corporal del ser humano. Con ello además se niega que la propia naturaleza sexual binaria contiene, superado el dualismo filosófico que degradaba lo corporal en favor de lo espiritual, un mensaje moral inscrito: el sexo es el signo inequívoco de nuestra naturaleza solidaria, complementaria, sólo plenamente realizada en la complexión.

La cuestión de fondo es por qué nuestra cultura, que es técnica y científica, incurre sistemáticamente y de manera generalizada en tal error. Ello nos induce a pensar que el conocimiento se instrumentaliza al servicio de una ideología, y esta es una de sus connotaciones totalitarias.
La identidad de género constituye el núcleo fundamental de la teoría de género. La identidad de género se define como la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a sentirse hombre, mujer, o de uno de los muchos géneros no-binarios, y debe reconocerse como una identidad política portadora de derechos específicos, que comportan obligaciones de la sociedad y de las instituciones políticas hacia ellas.

La perspectiva de género se fundamenta, por lo tanto, en tres principios fundamentales:
1) la diferenciación entre género y sexo.
2) La primacía absoluta del género sobre el sexo, es decir de la identidad subjetiva sobre la objetiva.
3) Primacía de la cultura sobre la dimensión natural del ser humano.
Los postulados básicos de la IG han sido tomados de diversos autores, todos los cuales tienen en común la obsesión por liberar al hombre de cualquier determinismo y concebirlo como pura libertad. Podemos mencionar a los más importantes teóricos de la revolución sexual: Wilhem Reich y Herbert Marcuse; Marx y Engels, de quienes asumieron las categorías marxistas de lucha de clases; y a S. Freud, de quien tomaron una explicación pansexualista del hombre y su teoría sobre la lucha de sexos. Las feministas de género (2ª ola) también se apoyaron en algunos postestructuralistas sociales, como Jacques Derrida y sus teorías deconstruccionistas, que el mismo aplicó a la sexualidad en alguna de sus obras, y Michel Foucault, con su defensa del control sobre nuestros propios cuerpos, sobre nuestros deseos y pasiones.
La IG ha manipulado la legítima lucha de muchos colectivos contra su discriminación y marginación. La liberación de la mujer, el reconocimiento de la dignidad de cualquier persona independientemente de su orientación sexual, no son discutibles. La dignidad de todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, es inalienable. Sin embargo, el lobby LGTBiQ+ ha instrumentalizado estás reivindicaciones para convertirlas en instrumentos de agresión ideológica y generar una estructura político cultural represiva, reaccionaria y en muchos casos violenta.

Frente a la nueva esclavitud. ¿Por qué estas políticas y cultura colabora con el neocapitalismo (GLOBALISMO)?
  1. La Ideología de Género es una estructura cultural y política promovida por el GLOBALISMO desde sus centros de poder (empresas transacionales, organismos internacionales y supranacionales) para romper las estructuras solidarias más íntimas del ser humano como son la sexualidad, el matrimonio y la familia. El actual poder neocapitalista ha integrado diferentes elementos del liberalismo y del marxismo hasta construir una ideología cuyo objetivo fundamental es diseñar el individuo que el sistema necesita. Diseñado el individuo, las instituciones y estructuras sociales nacerán desde su propio seno. Es un totalitarismo a la inversa del tradicional nazi o comunista que conformaba al individuo desde el exterior. 
  2. Como tal, su objetivo no es otro que facilitar la explotación y la dominación patrocinando una antropología reduccionista, fundamentalmente materialista, es decir, eliminando la dimensión trascendente de la realidad; individualista, eliminando la dimensión comunitaria y solidaria del ser humano y estéril rompiendo el dinamismo unitivo y procreativo de la donación propia de la sexualidad humana. La Ideología de Género es un arma de destrucción masiva que genera miles de víctimas, muchas de ellas inconscientes.
  3. La Ideología de Genero es una bioideología que ha convertido el «género» en un constructo político para regularlo todo: la educación, la sanidad, la familia, en general todas las relaciones humanas. Como ideología tiene una consistencia filosófica muy débil incluso contradictoria pero su conexión con lo vital la hace muy persuasiva y penetrante. Se mueve más en el plano de las emociones y los sentimientos que en el de la razón. Aunque es de naturaleza totalitaria no tiende a ofrecer una cosmovisión global y coherente de la realidad. Es más bien fraccionaria, líquida, lo que facilita su asimilación masiva y su conexión con otras bioideologías. Tiende a funcionar mediante grupos de presión, lobbies, más que mediante partidos políticos.
  4. La Ideología de Género ha manipulado la legítima lucha de muchos colectivos contra su discriminación y marginación. La liberación de la mujer, el reconocimiento de la dignidad de cualquier persona independientemente de su orientación sexual, etc. no son discutibles. La dignidad de todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, es inalienable. Sin embargo el lobby LGTB ha instrumentalizado estás reivindicaciones para convertirlas en instrumentos de agresión ideológica.
  5. De esta manera la Ideología de Género es uno de los constituyentes fundamentales de la denominada cultura de muerte. La llamada salud reproductiva o los llamados derechos sexuales son eufemismos para encubrir el aborto, las esterilizaciones, o sea, el control de población cuantitativo (eliminación de empobrecidos, marginados sociales, etc) y también para encubrir el control cualitativo (eugenesia, selección embrionaria, programación genética) cuyo objetivo es la construcción de un individuo a la carta, sin referentes maternos y paternos consistentes y por tanto altamente vulnerable. Destruidas o debilitadas las estructuras solidarias del ser humano este queda sometido directamente a los arbitrios del poder político-económico del neocapitalismo.
  6. La actual revolución biotecnológica ha acrecentado el poder de agresión de esta ideología logrando un nivel de individuación y penetración sin precedentes. El control y manipulación de la información, la inteligencia artificial, etc. están acercando la instauración de un poder totalitario de dimensiones globales. Las grandes corporaciones tecnológicas se encuentran en el vértice de este poder.
  7. La ideología de género es una antropología antihumanista que está haciendo de puente entre las antropologías materialistas tradicionales (capitalistas liberales o colectivistas) y las nuevas antropologías antihumanistas de naturaleza tecnológica y radicalmente utilitaristas. (posthumanismo, transhumanismo). Estas nuevas antropologías se plantean abiertamente la posibilidad de transformar la naturaleza humana hasta conseguir un presunto mejoramiento incluso un cambio sustantivo de lo humano llegándose a concebir un ser posthumano. Estas antropologías son eugenésicas e eutanásicas y por tanto elitistas. Solo los que tengan recursos económicos elevados podrán acceder tanto a las nuevas tecnologías de «mejoramiento» humano, alargamiento vital y cuidados paliativos.
  8. La clave fundamental de la Ideología de Género como bioideología es el presupuesto falso de que la naturaleza humana no es un dato objetivo que lleva inscrito un mensaje ético. Por tanto la sexualidad tampoco es un dato objetivo con dimensión moral, sino que esta es algo relativo que depende de la subjetividad (deseo, opinión, opción,…) del individuo. Se relativiza lo objetivo, la sexualidad y se absolutiza lo relativo, el género lo cual es un sinsentido. El sexo biólogico, el género como rol social-cultural y la atracción u orientación sexual se combinan sin limitación alguna. Esta relativización de la sexualidad humana está generando muchos dramas sobre todo entre los jóvenes.
  9. Sin embargo este es uno de los puntos más débiles de esta ideología puesto que la contradicción factual es manifiesta. Si aceptamos el presupuesto de que la sexualidad y la orientación sexual es relativa, optativa y cambiante debe aceptarse en los dos sentidos. Sin embargo esto no es así. El paso de la heterosexualidad hacia otras «formas» de sexualidad se presenta como una demostración de la libertad, de pluralismo y de tolerancia democrática. Lo contrario, se estigmatiza, se difama, se persigue y finalmente se penaliza. Sin duda esta contradicción radical es la manifestación más palpable de la mentira que subyace detrás de la Ideología de Género.
  10. La estrategia de implementación de esta bioideología es compleja y tiene varios niveles. La manipulación del lenguaje, la hipervisibilidad promocionada desde el poder neocapitalista de los medios de comunicación que distorsiona la realidad, el emotivismo… Uno de ellos es la imposición de una serie de leyes que bajo la excusa de combatir la discriminación por orientación sexual introducen todo un programa de ingeniería social de naturaleza totalitaria. La lucha contra la discriminación de cualquier ser humano por razón sexual, racial, étnica, religiosa, política o económica está avalada por la Declaración de Universal de los Derechos Humanos de 1948. Inventar nuevos derechos para diluir los auténticos y utilizar torticeramente la lucha contra una discriminación particular para imponer una ideología es un mecanismo político y social perverso.
  11. Los campos de acción fundamentales de la estrategia del lobby LGTB son: 
  • Control del sistema educativo. Imponiendo una antropología sin el mínimo consenso filosófico y científico. 
  • Control del sistema sanitario. Imponiendo unas prácticas políticas antes que sanitarias. 
  • Control del sistema mediático. Imponiendo un opinión pública y censurando de hecho otras. 
  • Control del sistema político. Imponiendo leyes LGTB de naturaleza totalitaria.
 12. Como hemos dicho las leyes LGTB son una pieza fundamental de la estrategia del poder neocapitalista. Se intentan implementar verticalmente de arriba a abajo, del vértice del poder a la base de la sociedad y de afuera a dentro, es decir desde los poderes trasnacionales subordinando las legislaciones nacionales y regionales. Se impone un consenso establecido en convenciones internacionales mediante una serie de pseudoexpertos cooptados por el poder que elaboran programas, principios, memorándums, etc. que lógicamente se aprueban por «unanimidad» porque previamente se han quitado de en medio la posible disidencia. El control de los medios de comunicación es muy fuerte porque es fundamental crear una opinión pública que sostenga la mentira.
13. En el caso concreto de las leyes del lobby LGTB todo emana escrupulosamente de los principios elaborados en 2006 en la Conferencia Internacional de Yogyakarta (Indonesia). Los 29 principios[1] es un manual detallado para la aplicación de la ideología de género en todo el mundo. Se presentaron en la sede de la ONU en Ginebra en marzo de 2007. Su redacción está diseñada para ser directamente trasladada a las legislaciones nacionales. Los objetivos son claros y se ponen de manifiesto en todas las legislaciones LGTB:
  • Disolución de la identidad sexual. Promoción ideológica de la transexualidad y la intersexualidad.
  • Relativización de la conducta heterosexual por tanto del matrimonio, la maternidad, la paternidad y la familia.
  • Subordinación de los auténticos derechos humanos (libertad de expresión, de religión, de conciencia) a los nuevos pseudoderechos LGTB.
  • Imposición del concepto de matrimonio con derecho de adopción a las uniones homosexuales.
  • Promoción de privilegios sociales, políticos y económicos al colectivo LBTB a costa de las libertades de los demás.
La táctica más habitual de este neototalitarismo es la confusión:
  • Presunción de una falsa legitimidad. En este caso el aval es de Naciones Unidas lo que permite ejercer una presión indecente sobre las naciones especialmente sobre las más débiles y empobrecidas. Estas naciones son chantajeadas. Si quieren «ayuda al desarrollo» deben tragar las leyes LGTB
  • Manipulación de términos. Nuevos y viejos conceptos son reformulados para ocultar la realidad. Salud Reproductiva y Derechos Sexuales, Tolerancia, Diversidad, otros tipos de familia, matrimonio homosexual, género, empoderamiento, dividendo demográfico, …
  • Falsa pretensión de concordancia con el derecho internacional. En este sentido la degradación deliberada de los derechos humanos es evidente ya que se los subordina a los llamados nuevos derechos imponiendo una dictadura.
Los métodos de aplicación son:
  • Imposición supranacional sobre las naciones, especialmente sobre las más pobres, a través de los organismos internacionales, supranacionales, ONGs y los tratados. Se ha creado una auténtica red mundial para imponer la Ideología de Género.
  • Conseguir recursos financieros millonarios mediante la ONU, UE, Estados, Fundaciones privadas ( Rockefeller, Ford, Bill & Melinda Gates, etc) para las organizaciones pro LGTB. Más del 60% del presupuesto de la asociación Internacional de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales (ILGA) está financiada por la Comisión Europea complementada por contribuciones del multimillonario y especulador neocapitalista George Soros y otros grandes donantes[2].
  • Promulgar sanciones jurídica y sociales contra la oposición. Aquí juegan un papel fundamental el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal Europeo de Justicia.
1. Restricción de la libertad de contrato.
2. Restricción de la libertad de expresión.
3. Supresión de la información no compatible. Control de las investigaciones y terapias.
4. Criminalización de la oposición
Cambio en la mentalidad de la población.
1. Promoción de manifestaciones públicas, como el día del «orgullo»…
2. Influencia mediática unánime (lo que demuestra que es una ideología del poder)
3. Aplicación de la agenda LGTB en el sistema educativo donde todos los partidos parlamentarios han demostrado la obediencia al amo neocapitalista.
4. Formación de una burocracia adecuada a la agenda: policía. judicatura, funcionarios de prisiones, empleadores, trabajadores sociales, profesores…
El nuevo totalitarismo que se está promocionando desde los centros de poder del neocapitalismo global está atacando lo más profundo de la persona que es su auténtica vocación al Bien Común y para ello utiliza como punta de lanza al lobby LGTB, instrumentalizando la sexualidad humana, una de las dimensiones fundamentales del ser humano. La promoción y banalización de la pornografía constituye una de las armas sociales y políticas más destructivas de esta ideología y que afecta a cientos de miles de niños y jóvenes.
Desde PBC animamos, especialmente a los jóvenes, a que no se dejen engañar por la mentira de la parafernalia del «orgullo» y que vivan adecuadamente su sexualidad desde el amor y la vida y siempre como referencia el Bien Común.
Nunca como ahora ha sido necesaria una nueva Revolución Sexual por el Bien Común que plantee sin complejos modelos adecuados de vivencia de la sexualidad: masculinidad y feminidad adecuadas; maternidad y paternidad responsables; matrimonio y familia; familia de familias… amor, fidelidad, respeto…. Y todo para cuidar personalmente y defender políticamente a los más débiles, necesitados y oprimidos.
Carlos Llarandi

Profesionales por el Bien Común

 
¿CÓMO SABER SI TE HAN 
COMIDO EL COCO O CEREBRO?

Van a enseñar a niños desde los 9 años a masturbarse y tener sexo anal en más de 240 colegios del Reino Unido. Esto llegará a todo el mundo en poco tiempo. Para las cabezas huecas, que todavía no entienden que la perversa ideología de género se ha promocionado con el único objetivo de pervertir a nuestros hijos. Nada que ver con el respeto al que piensa o se siente diferente, ese es el argumento MIEL para atraer a las personas huecas y caer en su trampa. Todos aquellos funcionarios y legisladores que apoyen abiertamente esta peste ideológica deberán pagar por haber permitido que pervirtieran a nuestros hijos. Si en tu localidad ves en los medios a políticos que apoyan esta perversión, es hora de sacarlos de la función pública y mandarlos a sus casas, desde allí no podrán crear leyes o reglas para pervertir a nuestros hijos.
 

LOS NIÑOS NO SE TOCAN

VER+:











LA REBELIÓN DE LA NADA
POR ENRIQUE DÍAZ ARAUJO
 
Estos son los signos de los tiempos que corren. Un tiempo indigente, catastrófico y perverso que como no tiene nada real que ofertar en reemplazo de lo que ataca se complace en llenar la mente de las desvalidas masas occidentales con utopías absurdas y con odios negadores. Es la Rebelión de la Nada. Todas sus potestades y dominaciones son tan estériles e impotentes para crear y construir algo nuevo que sirva al hombre que hasta sus “críticas” tienen que envolverlas con las viejas palabras que acuñara nuestra derrotada civilización. Palabras equívocas y engañadoras a las que se les ha hecho perder todo su significado. Orgullo de nuestra civilización fue el concepto del libre albedrío. La decadencia de la libertad es hoy tan enorme, que esa voz sólo suena en los altoparlantes mundiales con dos sentidos que le son contradictorios. Uno de ellos es el de “liberación”, que usan las termitas de la “Revolución Cultural” para arremeter contra los resabios de la dignidad humana.
Un ideólogo es alguien que reduce, contamina y falsifica la realidad.
La esencia más intima de la Ideología es la subversión de lo accidental contra lo substancial, de lo múltiple contra lo uno, de lo contingente contra lo necesario, de la cantidad contra la calidad, de lo inferior contra lo superior, de la NADA contra EL SER. Su fórmula más terrible y más lógica es el non servíam de Satanás. La rebelión de la creatura contra el Creador y la entronización del hombre endemoniado en el sitio que sólo corresponde a Dios.
La ideología se enseñorea hoy en todo. En economía y en política, en la ciencia, en las costumbres, en la moral, en el arte y en la cultura. Todo parece querer llevar el signo de la rebelión de la nada.
Este libro es una declaración de guerra contra las principales ideologías dominantes. Una voz de alarma, un sarcasmo ilevantable ante tanta baratura intelectual, un guante arrojado al rostro de tantos embusteros, una invitación a desenmascararlos y a bregar sin desmayos para la restauración de la Verdad.
Porque no hay otro camino que el que sintetizó Gracián, "CONTRA MALICIA, MILICIA".

Los orígenes de la Escuela de Frankfurt


LA LAMENTABLE REALIDAD DEL HOMBRE
 
La ONU, busca legalizar la pedofilia, 
no debemos permitir esa aberración. 
La ONU, tiene que desaparecer.
 
EL CRIMEN DE LESA HUMANIDAD 
MÁS GRANDE DE LA HISTORIA: 
EL INFANTICIDIO
 
TAN DEGENERADOS SON LOS PEDOFILOS COMO LA BASURA 
DEL ORGULLO QUE TAMBIÉN SON PEDOFILOS

“No al LGTBI.” No es un derecho. Es un crimen social sobre la niñez, la juventud y la familia.

“No al CHIRINGUITO LGTBI”. No es un derecho. Es un crimen social sobre la niñez, la juventud y la familia.
Son nuevas fuerzas de choque, que empuja la izquierda y que acepta la derecha, en su afán irrenunciable de imponernos su régimen perverso.
“Soberanía Ciudadana” dice: NO AL LGTBI, y certifica programas políticos y jurídicos retroactivos, para saldar cuentas penales con los culpables.


VER+:









 
"¿Por qué los mismos que exigen que todos 'celebremos la diversidad', quieren limitar ahora la diversidad que no les gusta?”, les pregunta el editor de la revista ‘The European Conservative’, Alvino-Mario Fantini.