EL Rincón de Yanka: QUEBRANTAMIENTO

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domingo, 14 de enero de 2018

UN GRITO EN LAS TINIEBLAS: JESUCRISTO ABANDONADO, QUEBRANTADO Y MUERTO POR AMOR

Cristo Abandonado

“Cerca de la hora novena (15 hras.), Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”(Mat.27:46).
Es mediodía, y Jesús ha estado en la cruz durante tres horas llenas de dolor. De repente, la oscuridad cae sobre el Calvario y “sobre toda la tierra” (v. 45). Por un acto milagroso de Dios Todopoderoso, al mediodía se convierte en medianoche.

Esta oscuridad sobrenatural es un símbolo del juicio de Dios sobre el pecado. La oscuridad física señala una oscuridad más profunda y más temible.

El gran Sumo Sacerdote entra en el Lugar Santísimo del Gólgota sin amigos o enemigos. El Hijo de Dios es el único en la cruz durante tres horas finales, soportando lo que desafía nuestra imaginación. Experimentando todo el peso de la ira de su Padre, Jesús no puede permanecer en silencio. Él clama: “Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado?”

Esta frase representa el nadir, el punto más bajo, de los sufrimientos de Jesús. Aquí Jesús desciende a la esencia del infierno, el sufrimiento más extremo jamás experimentado. Es un momento tan compacto, tan infinito, tan horrendo que es incomprensible y, al parecer, insostenible.

El grito de Jesús de ninguna manera está disminuyendo Su deidad. Jesús no deja de ser Dios, antes, durante o después de esto. El grito de Jesús no divide a su naturaleza humana de su persona divina o destruye la Trinidad. Tampoco le separa del Espíritu Santo. El Hijo carece de los consuelos del Espíritu, pero no pierde la santidad del Espíritu. Y, por último, no le hacen renegar de Su misión. Tanto el Padre y el Hijo desde toda la eternidad sabían que Jesús se convirtió en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Hechos 15:18). Es impensable que el Hijo de Dios podría cuestionar lo que está sucediendo o estar perplejo cuando la presencia amorosa de Su Padre se aparte.

Jesús está expresando la agonía de súplica sin respuesta (Sal. 22:1-2). Sin respuesta, Jesús se siente olvidado de Dios. También esta expresando la agonía de presión insoportable. Es el tipo de “rugiente” que se menciona en el Salmo 22: el rugido de agonía desesperada sin rebelión. Es el grito infernal pronunciado cuando la ira de Dios sin diluir abruma el alma. Es el corazón traspasado, el cielo traspasado, y el infierno traspasado. Además, Jesús expresa la agonía del pecado sin paliativos. Todos los pecados de los elegidos, y el infierno que se merecen por toda la eternidad, se colocan sobre El. Y Jesús está expresando la agonía de la soledad sin ayuda. En su hora de mayor necesidad viene un dolor diferente a todo lo que el Hijo ha experimentado alguna vez: el abandono de su Padre. Cuando Jesús más necesitaba animo, ningún clamor vino desde el cielo “Este es mi Hijo amado.” Ningún ángel es enviado para fortalecerlo; ningún “Bien hecho, buen siervo y fiel” resuena en Sus oídos. Las mujeres que lo apoyaron están en silencio. Los discípulos, cobardes y aterrados, huyeron. Sintiéndose repudiado por todos, Jesús permanece el camino del sufrimiento solo, abandonado y dejado en la oscuridad total. ¡Cada detalle de este abandono terrible declara el carácter atroz de nuestros pecados!

Pero ¿por qué Dios heriría a Su propio Hijo (Isaías 53:10)? El Padre no es caprichoso, malicioso, o es meramente didáctico. El propósito real es penal, es el justo castigo por el pecado del pueblo de Cristo. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21.).

Cristo fue hecho pecado por nosotros, queridos creyentes. Entre todos los misterios de la salvación, la palabra “por” excede todo. Esta pequeña palabra ilumina nuestras tinieblas y une a Cristo Jesús con los pecadores. Cristo estaba actuando en nombre de Su pueblo como su representante y en su beneficio.

Con Jesús como nuestro sustituto, la ira de Dios está satisfecha y Dios puede justificar a aquellos que creen en Jesús (Rom. 3:26). El sufrimiento Penal de Cristo, por lo tanto, es vicario – Él sufrió por nosotros. Él no se limitó a compartir nuestro abandono, sino que Él nos salvó de ello. Él lo soportó por nosotros, no con nosotros. Eres inmune a la condenación (Rom. 8:1) y al anatema de Dios (Gal. 3:13) porque Cristo lo soportó por ti en la oscuridad exterior. El Gólgota asegura nuestra inmunidad, no una mera simpatía.

Esto explica las horas de oscuridad y el rugir de abandono. El pueblo de Dios experimenta sólo una muestra de ello cuando son llevados por el Espíritu Santo ante el Juez del cielo y de la tierra, sólo para experimentar que no se consumen por causa de Cristo. Salen de las tinieblas, confesando: “Debido a que Emmanuel ha descendido a las profundidades del Seol por nosotros, Dios está con nosotros en la oscuridad, bajo la oscuridad, a través de la oscuridad – y nosotros no hemos sido consumidos.”
¡Cuan grande es el amor de Dios! De hecho, nuestros corazones rebosan de amor que nosotros respondemos: “Nosotros le amamos, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Un grito en la oscuridad

He oído algunos gritos humanos. Como padre he oído a mis hijos expresar con gritos su dolor o su temor. Como pastor he recorrido pasillos de hospital y he escuchado los gritos de dolor tras puertas cerradas. Pero nunca he oído el ostensible terror total del grito del Gólgota: «Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?». Ese grito «con voz potente» (el griego pone fone megale, de donde deriva nuestra palabra «megáfono») no fue ningún gimoteo. Sin duda, como grito final suyo, fue un «grito agudo y atroz» (Sings of the time, 14 de abril de 1898).

¿Qué es este terror, procedente del centro la cruz, relacionado con el abandono de Dios? ¿Podría ser que Jesús capta en la oscuridad la aproximación silenciosa y escurridiza de la segunda muerte, esa muerte que es eterna, esa muerte de la que hasta ahora nadie ha sido testigo en lugar alguno del universo? Llamada muerte «segunda» en Apocalipsis 20:6 y muerte «eterna» en Romanos 6: 23 (como antítesis de «vida eterna»), ¿Era el terror anónimo de este enemigo sin nombre lo que desencadenó el ostensible grito de Cristo?

La fúnebre oscuridad sobrenatural que rodeó su cruz era evidencia de que la separación contra la que Jesús había rogado en el huerto se estaba produciendo ahora, «Dios mío, Dios mío» ahora no hay ningún «¡Abba, Padre!», se sentía solo, aquel con el que había compartido la eternidad pasada se había ido. «¿Por qué me has abandonado?». Pero ese grito no recibe respuesta alguna, salvo el silencio de la tumba en la oscuridad de la cruz. Ha sido cortado para siempre. Los prelados burlones y las chusmas tenían razón. «A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar» (Mat. 27: 42). Y esa es la verdad evangélica. Porque si se hubiese salvado a si mismo aquella tarde de viernes eso sería todo lo que se salvaba. Solo él es la incomprensible verdad del amor divino, el amor de Dios en Cristo, lo que impidió salvarse a sí mismo, llevándolo en lugar de ello a sacrificarse por los siglos de los siglos, solo por salvar a pecadores como tú y yo. Ni siquiera un grito en la oscuridad pudo hacerlo cambiar de opinión ni dar marcha atrás a su elección. El Dios que nos eligió al principio nos escogió al final, cuando para él todo acabó aquella tarde.





"(...) El Señor de gloria estaba muriendo en cruz, en rescate por la familia humana. Al entregar su preciosa vida, Cristo no fue sostenido por un gozo triunfante. Todo era lobreguez opresiva. No era el temor de la muerte lo que le agobiaba. No era el dolor ni la ignominia de la cruz lo que le causaba agonía inefable. Cristo era el príncipe de los dolientes. Pero su sufrimiento provenía del sentimiento de la malignidad del pecado, del conocimiento de que por la familiaridad con el mal, el hombre se había vuelto ciego a su enormidad. Cristo vio cuán terrible es el dominio del pecado sobre el corazón humano, y cuán pocos estarían dispuestos a desligarse de su poder. Sabía que sin la ayuda de Dios la humanidad tendría que perecer, y vio a las multitudes perecer teniendo a su alcance ayuda abundante. 

Sobre Cristo como substituto y garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación de la ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida, Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico. 
Con fieras tentaciones, Satanás torturaba el corazón de Jesús. El Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. Temía que el pecado fuese tan ofensivo para Dios que su separación resultase eterna. Sintió la angustia que el pecador sentirá cuando la misericordia no interceda más por la raza culpable. El sentido del pecado, que atraía la ira del Padre sobre él como substituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la copa que bebía el Hijo de Dios y quebró su corazón. 
Con asombro, los ángeles presenciaron la desesperada agonía del Salvador. Las huestes del cielo velaron sus rostros para no ver ese terrible espectáculo. La naturaleza inanimada expresó simpatía por su Autor insultado y moribundo. El sol se negó a mirar la terrible escena. Sus rayos brillantes iluminaban la tierra a mediodía, cuando de repente parecieron borrarse. Como fúnebre mortaja, una obscuridad completa rodeó la cruz. “Fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.” Estas tinieblas, que eran tan profundas como la medianoche sin luna ni estrellas, no se debía a ningún eclipse ni a otra causa natural. Era un testimonio milagroso dado por Dios para confirmar la fe de las generaciones ulteriores. 
En esa densa obscuridad, se ocultaba la presencia de Dios. El hace de las tinieblas su pabellón y oculta su gloria de los ojos humanos. Dios y sus santos ángeles estaban al lado de la cruz. El Padre estaba con su Hijo. Sin embargo, su presencia no se reveló. Si su gloria hubiese fulgurado de la nube, habría quedado destruido todo espectador humano. En aquella hora terrible, Cristo no fue consolado por la presencia del Padre. Pisó solo el lagar y del pueblo no hubo nadie con él. 
Con esa densa obscuridad, Dios veló la última agonía humana de su Hijo. Todos los que habían visto a Cristo sufrir estaban convencidos de su divinidad. Ese rostro, una vez contemplado por la humanidad, no sería jamás olvidado. Así como el rostro de Caín expresaba su culpabilidad de homicida, el rostro de Cristo revelaba inocencia, serenidad, benevolencia: la imagen de Dios. Pero sus acusadores no quisieron prestar atención al sello del cielo. Durante largas horas de agonía, Cristo había sido mirado por la multitud escarnecedora. Ahora le ocultó misericordiosamente el manto de Dios. 

Un silencio sepulcral parecía haber caído sobre el Calvario. Un terror sin nombre dominaba a la muchedumbre que estaba rodeando la cruz. Las maldiciones y los vilipendios quedaron a medio pronunciar. Hombres, mujeres y niños cayeron postrados al suelo. Rayos vívidos fulguraban ocasionalmente de la nube y dejaban ver la cruz y el Redentor crucificado. Sacerdotes, príncipes, escribas, verdugos y la turba, todos pensaron que había llegado su tiempo de retribución. Después de un rato, alguien murmuró que Jesús bajaría ahora de la cruz. Algunos intentaron regresar a tientas a la ciudad, golpeándose el pecho y llorando de miedo. 

A la hora nona, las tinieblas se elevaron de la gente, pero siguieron rodeando al Salvador. Eran un símbolo de la agonía y horror que pesaban sobre su corazón. Ningún ojo podía atravesar la lobreguez que rodeaba la cruz, y nadie podía penetrar la lobreguez más intensa que rodeaba el alma doliente de Cristo. Los airados rayos parecían lanzados contra él mientras pendía de la cruz. Entonces “exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani?” “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Cuando la lobreguez exterior se asentó en derredor del Salvador, muchas voces exclamaron: La venganza del cielo está sobre él. Son lanzados contra él los rayos de la ira de Dios, porque se declaró Hijo de Dios. Muchos que creían en él oyeron su clamor desesperado. La esperanza los abandonó. Si Dios había abandonado a Jesús, ¿en quién podían confiar sus seguidores? 

Cuando las tinieblas se alzaron del espíritu oprimido de Cristo, recrudeció su sentido de los sufrimientos físicos y dijo: “Sed tengo.” Uno de los soldados romanos, movido a compasión al mirar sus labios resecos, colocó una esponja en un tallo de hisopo y, sumergiéndola en un vaso de vinagre, se la ofreció a Jesús. Pero los sacerdotes se burlaron de su agonía. Cuando las tinieblas cubrieron la tierra, se habían llenado de temor; pero al disiparse su terror volvieron a temer que Jesús se les escapase todavía. Interpretaron mal sus palabras: “Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani?” Con amargo desprecio y escarnio dijeron: “A Elías llama éste.” Rechazaron la última oportunidad de aliviar sus sufrimientos. “Deja—dijeron,—veamos si viene Elías a librarle.” 

El inmaculado Hijo de Dios pendía de la cruz: su carne estaba lacerada por los azotes; aquellas manos que tantas veces se habían extendido para bendecir, estaban clavadas en el madero; aquellos pies tan incansables en los ministerios de amor estaban también clavados a la cruz; esa cabeza real estaba herida por la corona de espinas; aquellos labios temblorosos formulaban clamores de dolor. 
Y todo lo que sufrió: las gotas de sangre que cayeron de su cabeza, sus manos y sus pies, la agonía que torturó su cuerpo y la inefable angustia que llenó su alma al ocultarse el rostro de su Padre, habla a cada hijo de la humanidad y declara: Por ti consiente el Hijo de Dios en llevar esta carga de culpabilidad; por ti saquea el dominio de la muerte y abre las puertas del Paraíso. El que calmó las airadas ondas y anduvo sobre la cresta espumosa de las olas, el que hizo temblar a los demonios y huir a la enfermedad, el que abrió los ojos de los ciegos y devolvió la vida a los muertos, se ofrece como sacrificio en la cruz, y esto por amor a ti. El, el Expiador del pecado, soporta la ira de la justicia divina y por causa tuya se hizo pecado. 
En silencio, los espectadores miraron el fin de la terrible escena. El sol resplandecía; pero la cruz estaba todavía rodeada de tinieblas. Los sacerdotes y príncipes miraban hacia Jerusalén; y he aquí, la nube densa se había asentado sobre la ciudad y las llanuras de Judea. El sol de justicia, la luz del mundo, retiraba sus rayos de Jerusalén, la que una vez fuera la ciudad favorecida. Los fieros rayos de la ira de Dios iban dirigidos contra la ciudad condenada. 

De repente, la lobreguez se apartó de la cruz, y en tonos claros, como de trompeta, que parecían repercutir por toda la creación, Jesús exclamó: “Consumado es.” “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Una luz circuyó la cruz y el rostro del Salvador brilló con una gloria como la del sol. Inclinó entonces la cabeza sobre el pecho y murió. 
Entre las terribles tinieblas, aparentemente abandonado de Dios, Cristo había apurado las últimas heces de la copa de la desgracia humana. En esas terribles horas había confiado en la evidencia que antes recibiera de que era aceptado de su Padre. Conocía el carácter de su Padre; comprendía su justicia, su misericordia y su gran amor. Por la fe, confió en Aquel a quien había sido siempre su placer obedecer. Y mientras, sumiso, se confiaba a Dios, desapareció la sensación de haber perdido el favor de su Padre. Por la fe, Cristo venció. 


Nunca antes había presenciado la tierra una escena tal. La multitud permanecía paralizada, y con aliento en suspenso miraba al Salvador. Otra vez descendieron tinieblas sobre la tierra y se oyó un ronco rumor, como de un fuerte trueno. Se produjo un violento terremoto que hizo caer a la gente en racimos. Siguió la más frenética confusión y consternación. En las montañas circundantes se partieron rocas que bajaron con fragor a las llanuras. Se abrieron sepulcros y los muertos fueron arrojados de sus tumbas. La creación parecía estremecerse hasta los átomos. Príncipes, soldados, verdugos y pueblo yacían postrados en el suelo.(...)" 



sábado, 30 de septiembre de 2017

EL AVIVAMIENTO DE GALES


Dos testimonios del avivamiento en Gales 
(1904-1905)
Gales, 1904, sucede uno de los hechos más impactantes e inquietantes en la historia de la Iglesia. Por casi trece años un jovencito estuvo orando insistentemente por avivamiento, su vida consistía en buscar a Dios cada día, cuando los demás jóvenes de su edad se distraían en las cosas de esta tierra, él tenía su mente y corazón puestos en el cielo. Se llamaba Evan Roberts. Un día le dijo a su más cercano amigo: “Vamos a ver el avivamiento más poderoso que Gales haya conocido, y el Espíritu Santo está por venir ahora. Debemos estar listos, debemos ir por todo el país predicando ¡¿Crees que Dios puede darnos cien mil almas ahora?!” En seis meses cien mil almas vinieron a Cristo.
Al comienzo del siglo XX se sintió una necesidad de avivamiento. Un movimiento general de oración empezó, con reuniones especiales de oración en el Instituto Bíblico Moody, en las convenciones de Keswick en Inglaterra, y en lugares tan distantes como Melbourne (Australia), Wonsan (Corea), y Nilgiri Hills (India). 

Alrededor del mundo entero, creyentes estaban orando por otro gran avivamiento en el siglo XX.

En el avivamiento de 1905, se reportó que en la universidad de Yale, en 1905, 25% de los estudiantes estaban comprometidos con reuniones de oración y estudios Bíblicos.
Los ministros de Atlantic City reportaron que de una población de 50'000, solo 50 adultos quedaron sin convertirse.
En Portland, Oregon, 240 grandes tiendas cerraban de las 11 hasta las 2 cada día para que la gente pudiera asistir a las reuniones de oración, y firmaron un acuerdo para que ninguno estuviera abriendo su tienda.
En la iglesia bautista de Paducah, Kentucky, el pastor recibió a mil nuevos miembros dentro de dos meses.
Esto es lo que sucedió en los Estados Unidos en 1905. Pero ¿cómo empezó?

El avivamiento de Gales empezó en 1904. Comenzó como un movimiento de oración.

Seth Joshua, un evagelista presbiteriano, llegó al colegio Emlyn en Newcastle (Inglaterra). En este colegio estudiaba un minero, Evan Roberts, de 26 años de edad, para entrar al ministerio. Los estudiantes estaban tan conmovidos que pidieron asistir a la siguiente campaña de Joshua. Entonces se suspendieron las clases para ir a Blaenerch, donde Seth Joshua oró en público: "Oh Dios, dobléganos."

Evan Roberts se fue adelante y oró con gran agonía: "Oh Dios, doblégame."

Cuando regresó, ya no pudo concentrarse en sus estudios. Se fue al director del colegio y le explicó: "Sigo escuchando una voz que me dice que tengo que ir a casa y hablar a nuestros jóvenes en mi iglesia. ¿Es esta la voz del diablo o la voz del Espíritu?"
El director respondió sabiamente: "El diablo nunca da órdenes como esta. Ud. puede tomar una semana libre."
Entonces Evan se fue a su pueblo y dijo al pastor: "He venido para predicar."

El pastor no estaba muy convencido, pero preguntó: "¿Qué te parece hablar en la reunión de oración el lunes?"
Ni siquiera le dejó hablar en la reunión, sino dijo a los que asistieron: "Nuestro hermano joven, Evan Roberts, siente que tiene un mensaje para ustedes si desean quedarse al final."

Diecisiete personas se quedaron, y fueron impresionados con la manera directa de hablar del joven.

Evan Roberts les dijo: "Tengo un mensaje de Dios para ustedes:

Ustedes tienen que confesar ante Dios cada pecado del cual estén conscientes, y tienen que arreglar todo mal que han hecho a otros.
Segundo, tienen que despojarse de todo hábito dudoso.
Tercero, tienen que obedecer al Espíritu prontamente.
Finalmente, tienen que confesar públicamente su fe en Cristo."

A las diez de la noche, todas las diecisiete personas habían respondido. El pastor estaba tan contento que pidió: "¿Qué te parece hablar en el culto de misiones mañana por la noche? ¿y el culto del miércoles de la noche?"

El predicó toda la semana, y le pidieron quedarse otra semana más. Entonces llegó la victoria.
De repente, las columnas eclesiásticas aburridas en los diarios cambiaron:
"Grandes multitudes de personas están siendo atraídas a Loughor."

La carretera principal donde se encontraba la iglesia, estaba repleta de gente que quería llegar a la iglesia. Los propietarios de tiendas las cerraban temprano para encontrar un asiento en la iglesia.
Un reportero fue enviado y describió vivamente lo que vio: una reunión extraña que duró hasta las 4:25 de la madrugada; y aun a esa hora la gente no quería ir a casa.

El movimiento pasó sobre Gales como una marea alta; en cinco meses se convirtieron cien mil personas en todo el país. Cinco años después, el Dr.J.V.Morgan escribió un libro para desprestigiar el avivamiento; su crítica principal fue que de estos cien mil convertidos, ¡después de cinco años "solo" setenta y cinco mil seguían siendo miembros de iglesias!

El impacto social fue asombroso. Por ejemplo, los jueces no tenían ningún caso a juzgar: no hubo robos, ni asaltos, ni violaciones, ni asesinatos, ni malversaciones, nada.
Los consejos distritales tuvieron asambleas de emergencia para discutir de qué hacer con la policía que ahora se quedó sin trabajo.

En cierto lugar, llamaron al sargento de la policía y le preguntaron: "¿Qué hace Ud. con su tiempo?" - El respondió: "Antes del avivamiento teníamos dos trabajos principales: prevenir delitos, y controlar multitudes como por ejemplo en partidos de fútbol. Desde que comenzó el avivamiento, prácticamente ya no hay delitos. Entonces simplemente nos quedamos con las multitudes." - Un miembro del consejo preguntó: "¿Qué significa esto?" - El sargento respondió: "Ud. sabe donde están las multitudes. Están llenando las iglesias." - "¿Pero cómo afecta esto a la policía?" - "Tenemos diecisiete policías en nuestro puesto. Tenemos tres cuartetos, y si alguna iglesia desea que cante un cuarteto, entonces nos llaman al puesto."

Mientras el avivamiento pasó por Gales, el alcoholismo se redujo a la mitad. Hubo una ola de bancarrotas - casi todas cantinas. Hubo también cierta atraso en las minas, porque muchos mineros se convirtieron y dejaron de hablar groserías; entonces sus caballos que jalaban las carretas de carbones en las minas, ya no podían comprender lo que les dijeron.

El avivamiento afectó también la moral sexual. En los números provistos por los expertos del gobierno británico, se notó que en dos condados el número de nacimientos ilegítimos había bajado en 44% dentro de un año después del comienzo del avivamiento.
El avivamiento pasó por Gran Bretaña, Escandinavia, Alemania, Norteamérica, Asia Austral, Africa, Brasil, México y Chile.
Como siempre, comenzó con un movimiento de oración.

"Evan Roberts, la oración, y el avivamiento de Gales"

Las semillas de avivamiento se cultivan siempre en los corazones de los humildes. Y así fue con el gran avivamiento de Gales en 1904. Fue en un joven minero, Evan Roberts, que Dios impartió una visión ardiente por un avivamiento espiritual. Evan Roberts no tenía los dones de un gran intelecto, ni era un orador elocuente, pero tenía una pasión ardiente por Jesús. Mientras otros jóvenes estaban paseando en sus veleros en la bahía, el joven Roberts asistía fielmente a las reuniones de oración.

Aunque tenía solamente 26 años, Evan Roberts no tenía tiempo para distracciones y placeres juveniles. Día y noche sin cesar oraba, lloraba y suspiraba por un gran avivamiento espiritual. El escribió: "Por diez u once años había orado por avivamiento. Podía quedarme despierto toda la noche para leer o hablar sobre avivamiento." - Finalmente fue desalojado de su cuarto alquilado, porque la propietaria pensaba que en su entusiasmo estaba poseído o un poco loco. Pasaba horas orando y predicando en su cuarto, hasta que la señora le tuvo miedo y le pidió marcharse.

El papel de Evan Roberts en el avivamiento no fue nada convencional. A menudo simplemente guiaba a la gente en oración o leía las Escrituras. En otras ocasión se quedaba sentado tranquilamente, mientras la gente, uno por uno, confesaban sus pecados o dieron testimonio de la victoria y del poder de Cristo. También había tiempos gloriosos de adoración que duraban horas. Roberts solo daba instrucciones humildes de vez en cuando, y dejaba que el Espíritu Santo hiciera el resto. El era un ejemplo constante, no de como predicar, pero de como dejarse guiar por el Espíritu.

El avivamiento galés fue una invasión poderosa del Espíritu; el reino de Dios se manifestó de manera radical en la tierra. Los ingresos de los trabajadores, en vez de malgastarse en bebidas y vicios, traían ahora gran alegría a sus familias. Grandes deudas fueron pagadas por miles de nuevos convertidos. Hacer restitución fue la orden del día. Los negocios de juegos y alcohol perdieron su trabajo, y los teatros cerraron. El fútbol fue olvidado tanto por los jugadores como por los espectadores, aunque no se dijo nada acerca de ello desde los púlpitos. La gente tenía nuevas vidas y nuevos intereses. Las reuniones políticas fueron suspendidas o abandonadas; nadie estaba interesado. Los líderes políticos del parlamento en Londres se dedicaron ellos mismos a las reuniones de avivamiento. Las barreras denominacionales, hechas por los hombres, colapsaron completamente cuando creyentes y pastores adoraban juntos a su Señor majestuoso."

Una de las características sobresalientes del avivamiento fue la confesión de pecados, no solo entre los incrédulos, sino entre los cristianos. Todos fueron quebrantados y se derritieron ante la cruz de Cristo.

Durante todo el avivamiento, Evan Roberts enfatizaba constantemente la necesidad de tratar honestamente con el pecado, la obediencia completa hacia el Espíritu Santo, y la preeminencia del Señor Jesucristo. Evan Roberts fue un instrumento para traer sanidad a un país entero, porque se preocupaba y lloraba y oraba. El abrazó el corazón quebrantado de Dios y se lo volvió a ofrecer por medio de la oración y la intercesión. Como resultado, dondequiera que iba, los corazones se encendieron con el amor de Dios.
“Casi siempre el avivamiento comienza entre los laicos. Los líderes eclesiásticos rara vez reciben bien una reforma. La historia se repite. Los líderes actuales están, en general, demasiado cómodamente instalados como para desear innovaciones que pudieran requerir sacrificios de su parte. Y el fuego de Dios solo cae sobre los sacrificios. Un altar vacío no recibe fuego. Tanto el frío intelectualismo como el eclesiasticismo formal y la dominación sacerdotal están fuera del genio del evangelio.” (Frank Bartleman – Azusa Street)
 






miércoles, 2 de febrero de 2011

HOY TE RINDO MI SER PORQUE HOY ES TIEMPO FUI CREADO PARA TI







miércoles, 24 de junio de 2009

CUANDO LEVANTO LAS MANOS

http://elrincondeyanka.blogspot.com/2008/04/cuando-levanto-mis-manos.html



domingo, 21 de junio de 2009

ORACIÓN QUE CAUSÓ CONTROVERSIA Y ESCÁNDALO





Oración de apertura en el senado de Kansas



Tal vez quieras leer esta oración que fue hecha en Kansas enla sesión de inauguración de la "Kansas House of Representatives".


Parece que esta oración molestó a algunas personas...

Cuando se le pidió al pastor Joe Wright que hiciera oración de apertura en el senado de Kansas, todo el mundo esperaba una oración ordinaria, pero esto es lo que ellos escucharon:



Señor, venimos delante de Ti este día, para pedirte perdón y para pedir tu dirección.

Sabemos que tu Palabra dice: 'Maldición a aquellos que llaman bien lo que está mal' y es exactamente lo que hemos hecho..

Hemos perdido el equilibrio espiritual y hemos cambiado nuestros valores.

Hemos explotado al pobre y hemos llamado a eso 'suerte'.

Hemos recompensado la pereza y la hemos llamado 'ayuda social'.

Hemos matado a nuestros hijos que aún no han nacido y lo hemos llamado ''la libre elección'.

Hemos abatido a nuestros condenados y lo hemos llamado 'justicia'.

Hemos sido negligentes al disciplinar a nuestros hijos y lo hemos llamado ''desarrollar su autoestima'.

Hemos abusado del poder y hemos llamado a eso: 'política'.

Hemos codiciado los bienes de nuestro vecino y a eso lo hemos llamado 'tener ambición'.

Hemos contaminado las ondas de radio y televisión con mucha grosería y pornografía y lo hemos llamado 'libertad de expresión'.

Hemos ridiculizado los valores establecidos desde hace mucho tiempo por nuestros ancestros y a esto lo hemos llamado 'obsoleto y pasado'.

Oh Dios, mira en lo profundo de nuestros corazones, purifícanos y líbranos de nuestros pecados.

Amén.



La reacción fue inmediata. Un parlamentario abandonó la sala durante la oración. Tres más criticaron la oración del pastor calificando la oración como 'un mensaje de intolerancia''.

Durante las seis semanas siguientes, la iglesia 'Central Christian Church' donde trabaja el pastor Wright recibió más de 5000 llamadas telefónicas de las cuales sólo 47 fueron desfavorables.

Esta iglesia recibe ahora peticiones del mundo entero, la India, África, Asia para que el pastor Wright ore por ellos.

EL comentarista Paul Harvey difundió esta oración en su emisión de radio ' The Rest of the Story ' (el resto de la historia) y ha recibido una acogida mucho más favorable por esta emisión, que por cualquier otra.

Con la ayuda de Dios, quisiéramos que esta oración se derrame sobre nuestra nación, por tanta semejanza con lo que está ocurriendo en México y que nazca en nuestros corazones el deseo de llegar a ser una ''nación bajo la mirada de Dios'.

Si puedes hacerlo, envía esta oración a tus amigos .En un espacio de 30 días el mundo entero la habrá leído.

Si no tenemos el valor de mantenernos firmes en nuestras convicciones, entonces caeremos delante de cualquier otro argumento...




sábado, 20 de junio de 2009

BROKEN THINGS (COSAS ROTAS)




Cosas rotas:

Tú puedes tener mi corazón
Aunque no está nuevo.
Ha sido usado y roto
Y sólo viene en color azul.
.
Ha sido un largo recorrido.
Y lo manché por el camino.
¿Si te lo doy para limpiar?
Y lavar la vergüenza de la distancia.
Tú puedes tener mi corazón
Si a ti no te importa las cosas rotas.
.
Puedes hacer que a mi vida no le importe estas lágrimas.
Así que he escuchado que haces nuevo, las cosas viejas.
Por eso te doy todos estos pedazos.
.
Sí Tú lo deseas, renueva mi corazón,
más allá de la reparación,
porque nada podía hacer.
Traté de arreglarlo yo mismo,
pero fue peor hasta que llegué a lo más
oscuro de mi ser.
.
Y fue al hablarme con palabras tan dulces
como un niño.
Hasta que mis lágrimas cayeron congeladas a tus pies
Tú quieres poseer mi corazón
ya que no Te importa las cosas rotas.
.
Puedes hacer que a mi vida no le importe estas lágrimas.
Así que he escuchado que haces nuevo, las cosas viejas.
Por eso te doy todos estos pedazos
de mi corazón encendidamente estrellado,
que Tú quieres poseer.

=====================================================
Broken Things
.
You can have my heart
Though it isn't new
It's been used and broken
And only comes in blue
It's been down a long road
And it got dirty on the way
If I give it to you will you make it clean
And wash the shame away
You can have my heart
If you don't mind broken things

You can have my life if you don't mind these tears
Well I heard you that you make old things new
So I give these pieces all to you
If you want it you can have my heart
So beyond repair
Nothing I could do
I tried to fix it my self
.
But it was only worse when I got through
Then you walked right into my darkness
And speak words so sweet
And you hold like a child
Till my frozen tears fall at your feet
You can have my heart
If you don't mind broken things

You can have my life if you don't mind these tears
Well I heard that you make old things new
So I give these pieces all to you
If you want it you can have
my heartstarfire



domingo, 2 de marzo de 2008

¡QUE EL SEÑOR NOS QUEBRANTE!

"Yo habito en la altura y la santidad,
y con el quebrantado y humilde de espíritu.."
(Is. 57:15)

“Hay cosas que no se comprenden

hasta que no se está definitvamente derrotado”
Péguy

El quebrantamiento es una acción del Espíritu, perteneciente al don de inteligencia, por el que en un segundo, derrumbando creencias y certezas anteriores, hace ver, sentir y comprender algo referente a Dios. Es una revelación que suele ir acompañada de conmoción, lágrimas, compunción e iluminación. En algunos casos es gracia de conversión; en otros, de fuerte crecimiento. Ya en lo humano hay quebrantamientos que cambian vidas. Cuando el quebrantamiento es del Espíritu y cambia una vida de pecado no viene con culpabilidad sino con una gran compunción.

A lo largo de mi vida de creyente, luchando contra mis propias imperfecciones, he sido involuntario testigo y hasta partícipe de muchísimas oraciones mal hechas, ya sea por ansiedad, por ignorancia, por arrogancia o por cualquiera de esas cosas que nuestra carne, nos pone en la mente a la hora de comunicarnos con el Padre celestial. El resultado de esas oraciones, quizás le suene a usted bastante conocido: pedir, pedir y pedir. Una trilogía reiterada de una misma palabra que puede traducirse en otra: Inmadurez.

En aquellos años en que recién me había convertido y por esa simple causa no podía pasar del clásico: “-¡Señor! Bendíceme a mí, a mi familia, a mi casa y a mi perro-“, solía reunirme en el domicilio de otro creyente, con un grupo que estaba mucho más crecido que yo. O, al menos, tenían más horas-templo que yo. Y recuerdo que uno de ellos, cuando oraba, siempre solía pedirle al Señor que lo quebrantara. A mí, esa oración me parecía muy espiritual y muy madura y casi anhelaba poder tener esa valentía delante de Dios. Yo no me atrevía, tenía –lo confieso- mucho miedo, esa es la verdad, de orar por eso, pero a él se lo justificaba porque era uno de los que me había guiado a Cristo.

Con el correr del tiempo, ese joven comenzó a tener problemas en su familia. Primero con su suegra, factor que resultó incidente a que los extendiera a su esposa. Comenzó a sentirse muy mal, se enredó en pensamientos muy extraños, se le empezaron a desmoronar todas las cosas materiales y espirituales que había construido y, en un momento, hasta llegó a perder su legendaria línea de sobriedad, serenidad y aplomo. Fue exactamente allí cuando, en su congregación, apareció una joven que al enterarse de sus problemas comenzó a dialogar con él y a “comprenderlo” mucho. Obviamente; concluyeron encontrándose todos los días, a toda hora y en todo lugar y, finalmente cayeron en el más antiguo de los pecados de la carne y terminaron apartándose de la iglesia primero y del Camino mismo más adelante, con todo lo que eso significa y que solamente puede saberlo aquel que lo haya vivido.

Pasó mucho tiempo antes que yo me diera cuenta que el Señor había respondido a la oración, que comenzó a permitir algunas cosas en su vida con la intención de que él, si realmente deseaba un quebrantamiento tal cual lo pedía en oración, pudiera crecer batallándolas. El problema fue que él ni se acordó de aquella vieja oración repetitiva, no pensó ni por un instante en que eso que de pronto se metía en su vida era para que en el final se decretara la victoria que Dios y todos sus ángeles querían disfrutar y celebrar. No lo vio y, naturalmente, se vino abajo.

La pregunta que me hice durante mucho tiempo y que seguramente usted mismo se está haciendo en este momento al leer esto, fue: ¿Cómo pudo Dios permitir eso? ¿Cómo es que, si Dios sabía que lo que iba a suceder, lo dejó caerse así? Obviamente, aún yo no sabía absolutamente nada con respecto a la importancia del quebrantamiento y sus posteriores consecuencias y frutos. Lo que sí aprendí, fue que el quebrantamiento tiene pasos que necesariamente debemos cumplir, trasvasar y vencer, si es que realmente deseamos crecer y madurar.

Cualquier persona que sirva a Dios, habrá de descubrir tarde o temprano, que el gran obstáculo en su servicio no son los demás como en algún momento supone, sino él mismo. Descubrirá que su hombre exterior y su hombre interior. No están en armonía, porque los dos se inclinan en sentidos o direcciones opuestas. También se dan cuenta de la incapacidad de su hombre exterior, de someterse al control del Espíritu, lo que lo hace incapaz de obedecer a los designios más elevados de Dios. Rápidamente se dará cuenta que la mayor dificultad está en el hombre exterior, que le impide usar su espíritu.

Dijo alguien, alguna vez, que en nuestro interior conviven un león blanco y un león negro que están continuamente peleándose. El león blanco simbolizaba el espíritu y el negro la carne. Y remataba este hombre puntualizando que ganaba la batalla aquel león que estaba mejor alimentado. Bonito ejemplo. Sólo un problema: dentro nuestro no hay ningún león, ni blanco ni negro. Sólo hay un alma que no acepta sujetarse al Espíritu Santo que vive en nuestro espíritu humano. De todos modos, es importantísimo saber con qué se alimenta usted en mayor medida. ¿Ingerimos para el alma o para el espíritu?

Muchos siervos de Dios no son capaces de practicar, incuso las obras más elementales. De modo general, por el ejercicio de su espíritu, ellos deberían tener condiciones de conocer la Palabra de Dios, de discernir la condición espiritual de los demás, de transmitir los mensajes de Dios bajo su santa unción y de recibir las revelaciones de Dios. Sin embargo, debido a las distracciones del hombre exterior, nunca fue tratado. Por esta razón, el reavivamiento, el celo, las súplicas y las actividades son nada más que un desperdicio de tiempo. Como vemos, existe solamente un tratamiento básico que capacita al hombre para ser útil delante de Dios: el quebrantamiento.

CONOCIMIENTO DEL HOMBRE INTEROR Y EXTERIOR

Primero, Deberemos notar que la Biblia divide concreta y perfectamente al hombre interior (el espiritual) del hombre exterior, (el carnal). Estas tres escrituras que voy a incluir ahora, sustentan claramente lo que le estoy diciendo y dejan abiertas las puertas de un estudio mucho mayor que nos lleve, definitivamente, a conocernos primero, para saber quienes y como somos, pero esencialmente, hacia adonde vamos.

(Romanos 7: 22)= Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios. (La ley antigua, es hoy la Palabra, la Biblia. Es imposible deleitarse, disfrutar, gozar de la Biblia a través de nuestro hombre exterior. Se duerme, se aburre y se enoja. Sólo el interior lo puede entender.)

(Efesios 3: 16)= Para que os dé, conforma a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior, por su espíritu. (Dios fortalece con poder y por su Espíritu, nuestro hombre interior. El exterior, apenas puede fortalecerse con la temporalidad de un poder mundano, endeble y vulnerable)

(2 Corintios 4: 16)= Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior se renueva de día en día (Esto significa que: mientras nuestros cuerpos van envejeciendo y deteriorándose como parte de una ley natural inconmovible, nuestros espíritus van creciendo, madurando y creciendo a la estatura del varón perfecto. ¿Adónde está radicado su máximo interés? ¿Anhela crecimiento espiritual o combatir su vejez?)

Cuando Dios viene a habitar en nosotros por su Espíritu, vida y poder, él entra en nuestro espíritu humano al cual llamamos Hombre Interior. Por fuera de este hombre está el alma, donde funcionan nuestros pensamientos, emociones y voluntad. El hombre más exterior, es el cuerpo físico. Por lo tanto, hablaremos del hombre interior como el Espíritu, del hombre exterior como el Alma, y del hombre más exterior como el cuerpo físico.

Nunca podemos olvidarnos que el hombre interior es el espíritu humano, donde habita Dios, donde su Espíritu se une con nuestro espíritu. Así como cubrimos nuestro cuerpo con ropas, nuestro hombre interior “es vestido” por el hombre exterior: el espíritu “está vestido” por el alma. Del mismo modo el espíritu y el alma están “vestidos” por el cuerpo. Es evidente que los hombres en general están más conscientes del hombre exterior y del más exterior; difícilmente reconocen o entienden su espíritu.

Debemos saber que la persona que puede trabajar para el Señor es aquella cuyo hombre interior puede ser liberado. La dificultad fundamental de un siervo está en el fracaso de pasar el hombre interior por el hombre exterior. Por lo tanto, debemos reconocer delante de Dios que la primera dificultad de nuestro trabajo no está en los demás, sino en nosotros.

Nuestro espíritu parece estar cubierto por una cáscara de tal manera que él no puede soltarse fácilmente. Si no aprendemos a liberar nuestro hombre interior, haciéndolo salir a través del hombre exterior, no estaremos aptos para servir. Nada puede molestarnos tanto como el hombre exterior. Si nuestras realizaciones son fructíferas o no, depende de si nuestro hombre exterior ha sido quebrado por el Señor, para que el hombre interior pueda salir por aquella fisura. El Señor quiere quebrar nuestro hombre exterior para que el hombre interior tenga una manera de salir. Cuando el hombre interior es liberado, tanto incrédulos como cristianos, serán bendecidos.

¿CÓMO SE PRODUCE EL QUEBRANTAMIENTO?

(Juan 12: 24)= De cierto, de cierto os digo; que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

La vida está en el grano de trigo. Con todo, existe una cáscara, una cáscara muy dura por fuera. Mientras esa cáscara no sea partida, el trigo no puede crecer. Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere. ¿Qué es la muerte en este caso? Es la fisura en la cáscara hecha con la ayuda de la temperatura, de la humedad, etc. En la tierra. Una vez que la cáscara es partida, el trigo comienza a crecer. Por lo tanto, el problema no es si existe la vida dentro del grano, sino que la cáscara está quebrada.

(Verso 25)= El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

El Señor aquí nos muestra que la cáscara es nuestra propia vida (vida del alma), mientras que la vida interior es la vida eterna la cual Él nos ha dado. Para permitir que la vida interior salga, es imperativo que la vida exterior sea perdida. Si el exterior permanece sin ser quebrado, el interior jamás será capaz de salir.

Fijémonos en los creyentes, en los que poseen vida en el Señor. En ellos podemos encontrar dos condiciones diferentes: una, incluye a aquellos en los cuales la vida está limitada, restringida, aprisionada, e incapaz de salir; la otra incluye a aquellos en los cuales el Señor ha forjado un camino, y por lo tanto, la vida es liberada desde el interior de ellos.

Consecuentemente, el asunto no es cómo obtener vida, sino cómo permitir que esa vida sea liberada. Cuando decimos que necesitamos que el Señor nos quiebre, esto no es meramente un modo de hablar ni una doctrina. Es vital que seamos quebrados por el Señor. No es que la vida de Él no pueda recorrer la tierra; el problema es que SU vida es aprisionada por nosotros. No significa que el Señor no pueda bendecir la iglesia, sino que la vida del Señor está tan restringida dentro de nosotros que no puede fluir. Si el hombre exterior permanece intacto no podemos esperar que la palabra sea bendecida por Dios, por medio de nosotros.

UN VASO DE ALABASTRO DEBE SER QUEBRADO

Mc 14,3-9

La Biblia habla del nardo puro. Dios, en su Palabra, usa a propósito el término “puro” para mostrarnos que Él es verdaderamente espiritual. No obstante si el vaso de alabastro no es quebrado, el nardo puro no va a fluir. Es extraño decirlo, pero muchos aún están atesorando el vaso de alabastro pensando que su valor excede a su contenido, el bálsamo. Muchos piensan que su hombre exterior es más precioso que su hombre interior. Este, llega a ser un problema en la iglesia. Uno atesora su capacidad, pensando que es muy importante, otro atesora sus propias emociones, sintiéndose una persona muy importante. Otros, se estiman grandemente, sintiéndose que son mejores que los demás, que su elocuencia ultrapasa a los demás, que su rapidez de acción y exactitud al juzgar son superiores. Sin embargo, no somos coleccionistas de antigüedades, no somos admiradores de vasos; somos aquellos que desean sentir sólo la fragancia del bálsamo, del contenido del vaso. Sin quebrar el exterior, el interior no saldrá. Así, individualmente, no tenemos el fluir, ni la iglesia posee un camino vivo. Entonces, ¿Por qué debemos considerarnos tan preciosos, si nuestro exterior sólo aprisiona la fragancia, en lugar de liberarla?

El Espíritu Santo no paró de trabajar: un episodio tras otro, una cosa tras otra, vienen a nosotros. Toda obra disciplinadora del Espíritu Santo no tiene otro propósito que quebrar nuestro hombre exterior, para que el hombre interior sea liberado. No obstante aquí está nuestra dificultad: nos aborrecemos por cosas mínimas, murmuramos por pequeñas pérdidas. El Señor está preparando una manera de usarnos; con todo, apenas su mano nos toca, ya nos sentimos infelices, al punto de contender con Dios y ser negativos en nuestra actitud. Desde que fuimos salvos, muchas veces y de varias maneras hemos sido tocados por el Señor, con el único propósito de quebrar nuestro hombre exterior. Si estamos conscientes de este hecho o no, el propósito del Señor es uno: destruir ese hombre exterior.

A partir de la destrucción del hombre exterior de la que estamos hablando, descubrimos algo muy importante: que el tesoro está en vasos de barro, pero si el vaso de barro no es quebrado, ¿Quién puede ver el tesoro que está dentro de él? ¿Cuál es el objetivo final del Señor en nuestra vida? Es quebrar ese vaso de barro, quebrar nuestro vaso de alabastro; partir nuestra cáscara. El Señor anhela encontrar una manera de bendecir al mundo por medio de aquellos que le pertenecen. El quebrantamiento es el camino de la bendición, el camino de la fragancia, es el camino de la fructificación; sin embargo, también es una velada rociada de sangre. Sí, hay sangre de muchas heridas. Cuando nos ofrecemos al Señor para servirlo, no nos podemos permitir ser indulgentes para guardarnos. Debemos permitir que el Señor quiebre completamente nuestro hombre exterior para que Él pueda encontrar un camino para SU obra exterior.

Cada uno de nosotros debe descubrir por sí mismos cuál es el propósito del Señor en su vida. Es un hecho muy lamentable que muchos no conozcan la voluntad o la intención del Señor para su vida. Como ellos necesitan que el Señor abra sus ojos para que vean todo lo que sucede en su vida puede ser significativo. El Señor no ha desperdiciado nada. Para que podamos entender el propósito del Señor, es necesario que veamos bien claramente que Él tiene un único objetivo: destruir o quebrar el hombre exterior.

Sin embargo, antes que el Señor levante la mano, ya están perturbados. Debemos darnos cuenta que todas las experiencias, todos los problemas y pruebas que el Señor permite en nuestras vidas, son para nuestro provecho. No podemos esperar y mucho menos pedir, que el Señor nos dé mejores cosas por una simple razón: ¡Estas son sus mejores cosas! Si alguien llega al Señor y ora diciendo: “-¡Oh Señor! ¡Por favor! ¿Déjame elegir lo mejor!-“ Creo que el Señor le dirá: “Lo que te he dado es lo mejor; tus pruebas diarias son para tu mejor provecho.” Por lo tanto, el motivo detrás de todos los arreglos de Dios, es destruir nuestro hombre exterior. Una vez que esto sucede y el espíritu sale, comenzamos a ser capaces de ejercitar nuestro espíritu.

¿CUÁNTO DURA NUESTRO QUEBRANTAMIENTO?

El Señor utiliza dos maneras diferentes para destruir nuestro hombre exterior: una es gradual y la otra es repentina. En algunos casos, el Señor opera una destrucción repentina, seguida de una gradual. Para otros, Él permite que tengan pruebas constantes y diarias hasta que un día, Él causa una destrucción en gran escala. Si primero no viene la repentina y después la gradual, entonces viene la gradual seguida de la repentina. Parece que el Señor normalmente gasta varios años con nosotros antes que Él pueda completar esta obra de destrucción. El tiempo de duración está en su mano. No podemos abreviar el tiempo, aunque ciertamente podamos prolongarlo.

En algunas vidas, el Señor puede completar este trabajo en pocos años de tratamiento; en otros, es evidente que aún después de diez o veinte años, el trabajo aún no ha sido terminado. ¡¡Esto es muy serio!! Nada es más grave que desperdiciar el tiempo de Dios. ¡Frecuentemente la iglesia es atrasada! Podemos predicar usando nuestra mente y conmover a los demás usando nuestras emociones; no obstante, si no sabemos cómo usar nuestro espíritu, el Espíritu de Dios no puede tocar a las personas por nuestro intermedio. La pérdida es grande, si inútilmente prolongamos el tiempo.

Por lo tanto, si nunca nos hemos consagrado antes al Señor de una manera cabal e inteligente, entonces vamos a hacerlo ahora, diciendo:

“- Señor, por el futuro de la iglesia y del evangelio, y por tu camino y también por mi propia vida, me pongo en tus manos, sin restricciones y sin reservas. Señor; me regocijo en ofrecerme a ti, y me dispongo para que tengas pleno camino a través de mí.

EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ

Con frecuencia hemos oído de la cruz. Tal vez estemos bastante familiarizados con este término. Pero; ¿Qué es la cruz? Cuando realmente entendamos la cruz, veremos que ella significa el quebrar del hombre exterior. La cruz reduce a muerte al hombre exterior, (Nuestras opiniones, nuestras maneras, nuestra inteligencia, nuestro amor propio, nuestro todo) el camino está claro; en verdad, claro como el cristal.

Después que nuestro hombre exterior es destruido, nuestro espíritu puede salir fácilmente. Como ejemplo, tomemos a un hermano: todos los que lo conocen saben que él tiene una mente perspicaz, una voluntad fuerte y emociones profundas. Pero, en lugar de ser impresionados por esas características naturales de su alma, ellos se dan cuenta que contactaron su espíritu. Siempre que las personas tienen comunión con él, ellas encuentran un espíritu limpio.¿Por qué? Porque todo lo que es de su alma fue destruido.

Ahora, tomemos a una hermana como otro ejemplo. Aquellos que la conocen saben que ella tiene una disposición fantástica, (Es decir: rápida para pensar, rápida para hablar, rápida para confesar, rápida para escribir cartas y rápida para romper lo que escribió). Sin embargo, aquellos que se encuentran con ella no ven su rapidez, y sí su espíritu. Ella es alguien que fue totalmente destruida y llegó a ser transparente. Este asunto del hombre exterior es un asunto básico. No debemos apegarnos a las características débiles del alma, incluso exhalando el mismo olor, aún después de cinco o diez años de tratamiento del Señor. ¡No! Debemos permitir que el Señor abra un camino en nuestra vida.

RAZONES PARA NO SER DESTRUIDO

¿Por qué después de tantos años de tratamiento, algunos permanecen de la misma forma? Algunos individuos tienen una voluntad fuerte, algunos tienen emociones fuertes, otros tienen una mente fuerte. Ya que el Señor es capaz de destruirlas, ¿Por qué después de tantos años, todavía no ha cambiado? Se cree que existen dos razones principales.

En primer lugar, muchos viven en tinieblas, no están viendo la mano de Dios. Mientras, Dios está trabajando. Mientras, Dios está destruyendo. Y mientras todo eso ocurre, ellos no reconocen que todo eso proviene de Él; están desprovistos de luz, viendo sólo que los hombres se le oponen. Ellos suponen que su ambiente es demasiado difícil, las circunstancias tienen la culpa. Por lo tanto, ellos continúan en tinieblas y desespero.

Que Dios nos concede revelación para que veamos aquello que procede de SU mano para que nos postremos y le digamos: ¡Eres tú! Desde que seas tú, yo aceptaré. Por lo menos necesitamos saber de quién es la mano que trata con nosotros. No es una mano humana, ni de nuestra familia, ni de los hermanos o hermanas en la iglesia, sino de Dios. Necesitamos aprender a postrarnos y besar y amar la mano que trata con nosotros, así como Madame Guyón lo hacía. Necesitamos tener luz, para que podamos ver todo lo que el Señor ha hecho, lo aceptamos y creemos. ¡El Señor no se equivoca!

En segundo lugar, otro gran obstáculo para el trabajo de destrucción del hombre exterior es el amor propio. Debemos pedir a Dios que quite de nosotros el corazón de amor propio. Mientras el Señor nos trata en respuesta a nuestra oración, debemos adorarlo y decirle: ¡Oh Señor! ¡Si esta es TU mano, que la acepte de corazón! Recordemos que la única razón de todo malentendido, de toda irritación, de todo descontentamiento, es que secretamente nos amamos. Así planeamos una manera por la cual podamos escapar. Muchas veces, los problemas surgen debido a nuestra tentativa de escapar; de escapar del trabajo de la cruz. Aquel que va a la cruz y rechaza tomar el vinagre mezclado con hiel, es quien conoce al Señor.

Muchos van a la cruz muy alegres, pensando que pueden tomar vinagre con hiel para aliviar los dolores. Todo aquel que dice: La copa que el Padre me ha dado, ¿No la he de beber? No beberán la copa de vinagre mezclado con hiel. Ellos sólo pueden beber de una copa, no de dos. Tales personas no tienen amor propio. El amor propio es una dificultad básica. Que el Señor hable con nosotros hoy, para que podamos ser capaces de orar: “¡Oh Señor! ¡He visto que todas las cosas vienen de ti! ¡Todos mis caminos en estos cinco, diez o veinte años han venido de ti! ¡Tú has actuado de tal manera para alcanzar tu propósito, el cual no es ningún otro sino que tu vida pueda ser vivida por mí! Pero he sido un necio. No he visto nada; hice muchas cosas para librarme, atrasando así tu tiempo. Hoy veo tu mano. Estoy dispuesto a ofrecerme a ti. ¡Una vez más me pongo en tus manos!”

ESPERA VER HERIDAS

¡No existe persona más hermosa que aquella que está quebrada! Ser porfiado y el amor propio dan lugar a la belleza, en aquel que ha sido quebrado por Dios. En el Antiguo Testamento, vemos que Jacob, aún en el vientre de su madre, luchó con su hermano.

Él era sutil, lleno de mañas y engañador. Sin embargo, su vida fue llena de tristezas y desastres. Siendo joven, huyó de su casa. Durante veinte años fue engañado por Labán. La esposa amada de su corazón, Raquel, murió prematuramente. José, el hijo amado, fue vendido. Años después, Benjamín fue detenido en Egipto. Él fue continuamente tratado por Dios, encontrando infortunio tras infortunio. Fue herido por Dios una, dos veces; en verdad, toda su historia puede ser contada como la de alguien que fue constantemente herido por Dios.

Finalmente, después de tantos tratamientos el nombre de Jacob fue transformado. En los últimos años de su vida, él era casi transparente. ¡Cuan noble fue su respuesta a Faraón! ¡Cuán maravilloso fue su fin! ¡Cuán claras fueron sus bendiciones a sus descendientes! Después que leemos la última página de su historia, deseamos inclinar nuestra cabeza y adorar a Dios. Aquí está alguien que maduró, que conoció a Dios. Varias décadas de quebrantamiento resultaron en la destrucción del hombre exterior de Jacob. En la vejez, su figura es maravillosa.

Cada uno de nosotros tiene mucho de aquella naturaleza de Jacob. Nuestra única esperanza es que el Señor abra un camino destruyendo el hombre exterior, hasta el punto en que el hombre interior pueda salir y ser visto. Esto es precioso, y este es el camino de aquellos que sirven al Señor. Sólo así podemos servir, sólo así podemos conducir a las personas al Señor. El resto no tiene valor. Las doctrinas no tienen mucha utilidad, tampoco la teología. ¿Cuál es la utilidad de un conocimiento bíblico meramente mental, si el hombre exterior permanece sin ser quebrado? Solamente es útil la persona a través de la cual Dios puede salir.

Después que nuestro hombre exterior fue herido, tratado y conducido por varias pruebas, estaremos heridos, permitiendo así que el espíritu aparezca. Tememos encontrarnos con hermanos y hermanas cuyas vidas continúan intactas, sin que hayan sido tratados ni transformados. Que Dios tenga misericordia de nosotros, mostrándonos claramente este camino y revelándonos que éste es el única camino; que Él también nos muestre que en esto es desvendado el propósito de todos sus tratamientos, que nos han sido aplicados en estos pocos años, sean diez o veinte. Por lo tanto, nadie desprecie los tratamientos del Señor. Que Él verdaderamente nos revele lo que significa la destrucción del hombre exterior. Si el hombre exterior permanece intacto, todas las cosas estarán meramente en su mente; totalmente sin utilidad. Vamos a esperar que el Señor trate completamente con nosotros.

Quebrántame - Jesed

sábado, 21 de julio de 2007

ES HORA DE ABRIR TU CORAZÓN A DIOS...

ES HORA DE BUSCAR A DIOS

Cuando la vida pierde su brillo.
Cuando el tiempo deja de existir.
Cuando ya no queda esperanza.
Cuando no hay deseo de vivir, 
es hora de buscar a Dios.

Cuando las flores no te impresionan.
Cuando no ves la belleza 
de una mariposa al volar.
Cuando no oyes música 
en el piar de un pájaro.
Cuando el arco iris no te hace pensar, 
es hora de buscar a Dios.

Cuando el alborear no te habla.
Cuando el rayar del día no te hace sonreír.
Cuando el cantar del gallo no te anima.
Cuando el calor del sol 
no te hace mejor sentir 
es hora de buscar a Dios.

Si te preguntas el por qué.
Si buscas una explicación.
Si la vida no tiene sentido.
Si crees que nadie tiene razón, 
es hora de buscar a Dios.

Si el embarazo de una mujer 
no te dice nada.
Si el nacimiento de un niño 
no te hace llorar.
Si un “papá dame un beso” 
no te llega al alma.
Si un nieto no te hace soñar, 
es hora de buscar a Dios.

Si el firmamento no te pasma.
Si las estrellas no te vislumbran.
Si la luna no te mira.
Si el universo no te asombra, 
es hora de buscar a Dios.

~ Mónica Iznardo ~


Es hora de abrir tu corazón a Dios...



"SI HOY ESCUCHAS SU VOZ, NO ENDUREZCAS EL CORAZÓN" Sal 95 (94)