EL Rincón de Yanka

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lunes, 13 de agosto de 2018

EL VIENTRE, NUESTRO SEGUNDO CEREBRO: LOS PSICOBIÓTICOS


Los científicos consideran que nuestro vientre, que alberga millones de neuronas y billones de bacterias, funciona como un segundo cerebro, con un sistema nervioso entérico estrechamente relacionado con el sistema nervioso central, que influye en lo que somos y en nuestro comportamiento.
Los científicos de ahora creen que el intestino funciona como un segundo cerebro. Pero esto no quiere decir necesariamente que te ayudará a estudiar para un examen o conseguir un mejor puesto en el trabajo, tu intestino puede influir en la química de tu estado de ánimo, emociones, sistema inmunológico y salud a largo plazo. La investigación sugiere incluso que el intestino puede “aprender” nuevos trucos a través de acondicionamiento. Estas conexiones de gran alcance, son parte de un campo emergente de la ciencia llamada neurogastroenterología, diseñada para estudiar el enlace intestino-cerebro.

Todas nuestras emociones, sensaciones de bienestar se generan en nuestros intestinos. El 90% de la serotonina, la hormona del bienestar, la producimos en el intestino. Poseemos un verdadero cerebro dentro de nuestras entrañas, y su función neuronal es muy parecida a la actividad cerebral de la cabeza. Ahora te dejamos 10 datos sobre la inteligencia del intestino que no sabías. 

El intestino es el único órgano del sistema que puede llevar a cabo sus funciones sin la supervisión del cerebro.

Hay más de 100 millones de células cerebrales en tu intestino. El poder de tu intestino de pensar por sí mismo no es ninguna sorpresa; hay millones de células cerebrales o neuronas, en sus largos ductos (9 metros de intestinos, desde el esófago hasta el ano). Y son más neuronas que las que se encuentran en la médula espinal o sistema nervioso periférico.



El intestino envía señales emocionales al cerebro, lo que sugiere que “sentimos” primero con nuestros intestinos Hay un nervio visceral grande, encajado en el intestino, el nervio vago. Investigaciones han revelado que hasta el 90% de sus fibras llevan información desde el intestino al cerebro, en lugar de que sea al revés. En otras palabras, el cerebro interpreta las señales del intestino como las emociones. Así que a veces realmente debes confiar en tus intestinos.

Un intestino saludable puede proteger tus huesos En un estudio de la relación serotonina-intestinos, los científicos descubrieron un vínculo inesperado entre el intestino y los huesos. Inhibir la liberación de la serotonina en el intestino había contrarrestado la reducción de la densidad ósea de la osteoporosis. 

Tu intestino es tu mejor amigo en la temporada de resfríos y gripe. Tu intestino no solo tiene muchas de las células cerebrales, sino también alberga la mayor parte de las células inmunes, el 70%, y estas se presentan en forma de tejido linfoide asociado al intestino, o TLAI, que desempeña un papel enorme en la defensa, matando y expulsando a los invasores extranjeros de enfermedades. El TLAI y tu microbioma intestinal, que son los billones de bacterias que viven como un inmenso universo microbiano en tu intestino, trabajan duro para ayudarte a deshacer de lo que más te aqueja. Es razón de más para tener cuidado con el uso de antibióticos, ya que estos acaban con las bacterias beneficiosas junto con las malas.  

Esta historia comienza en la universidad de Columbia de Nueva York, cuando Michael Gershon se atrevió a proclamar que tenemos en el vientre un órgano sensible e inteligente. Es fundamental llamar la atención sobre la tripa para explicar al mundo la importancia que tiene. No se trata de algo asqueroso y repugnante que parece una serpiente, sino de la línea de vida y energía de nuestra salud. Vivíamos en una época oscura que desconocía la existencia de un segundo cerebro, que he contribuido a descubrir. Es como una especie de Renacimiento así que soy el Leonardo da Vinci de nuestras entrañas. Si Leonardo da Vinci hubiera tenido el microscopio de Michael Gershon habría observado estas neuronas. 

200 millones de neuronas tapizan la pared del intestino. Repartidas a lo largo del tubo digestivo, nos permiten digerir. Digerir es muy complicado. Requiere unos procesos que son muy difíciles de reproducir en el laboratorio. Como descomponer la comida en moléculas minúsculas que el organismo pueda absorber y utilizar para funcionar y para ello se necesita una gran potencia nerviosa. 

Nuestros dos cerebros se parecen como hermanos. Sistema nervioso central para el cerebro de arriba. Sistema nervioso entérico para el cerebro de abajo, hasta sus nombres científicos se parecen. ¿Pero era necesario que la evolución nos dotase de dos cerebros separados? La razón por la que la evolución ha descentralizado el cerebro, es semejante a la razón por la que tenemos ordenadores personales en el despacho. Trasladar el trabajo al intestino es más eficaz. De este modo, el cerebro no tiene que estar conectado al intestino con cables gigantes, ni tiene que aumentar de tamaño para alojar a cientos de millones de neuronas adicionales. 

“Lo que somos” no está determinado únicamente por lo humano que hay en nosotros. Nos influyen las bacterias, nuestros antepasados que llegaron a la Tierra miles de millones de años antes que nosotros. Adquirieron un repertorio genético mucho mayor que el nuestro. Y hoy descubrimos que influyen en quiénes somos y cómo somos.

Stephen Collins investiga el funcionamiento de este ecosistema organizado al que los investigadores denominan "microbiota". Cada uno de nosotros llevamos dentro entre 1 y 2 kilos e bacterias, que generan aproximadamente el 30% de nuestras calorías. Como no podemos digerir gran parte de los alimentos que comemos, las bacterias lo hacen por nosotros y así obtenemos energía. Nosotros ofrecemos a las bacterias alojamiento y comida, ellas a cambio transforman nuestra comida en energía. Nos ayudan a determinar lo que es o no tóxico para nuestro cuerpo. Es difícil sobrevivir sin bacterias. El mayor sistema inmunitario de nuestro cuerpo está localizado en el intestino y está educado por bacterias que le informan de los posibles peligros. El sistema inmunitario es eficaz porque está expuesto a multitud de bacterias. Ya que son cruciales para nuestra salud, es de vital importancia comprender los mecanismos que utilizan los microbios para colonizarnos.

El bebé, estéril en el vientre de su madre, será colonizado por cientos de miles de millones de microbios en su primer día de vida. Las primeras bacterias que se instalen en el interior del intestino seleccionarán a las siguientes en llegar, hasta estabilizarse y componer una firma personal, como una especie de huella digital. La toma de antibióticos por parte de la madre o del bebé, el nacimiento por cesaría, el biberón en vez del pecho y un exceso de higiene son factores que reducen el contacto con las bacterias y empobrecen la microbiota del niño.

La demostración de Collins ha dado la vuelta al mundo.

En Europa, otros científicos hacen a los ratones más aventureros sólo haciéndoles comer bacterias. Ya conocíamos elementos de este tipo con cierto número de parásitos, no se trata de bacterias sino pequeños eucariotes que viven en organismos y modifican el comportamiento de estos sirviendo mejor a sus intereses.

El ejemplo de la toxoplasmosis es divertido porque estos pequeños parásitos cuando están en los ratones hacen que ya no tengan miedo de los gatos. E incluso, según algunos estudios, da la impresión de que los ratones se sienten atraídos sexualmente por los gatos. El resultado es que se los come el gato. Y eso es lo que quiere el toxoplasma, porque donde se desarrolla bien es en el gato. Como este ejemplo hay muchos. Pueden comprobar que las modificaciones del comportamiento a partir de parásitos, que viven en el vientre de organismos es algo muy corriente y que muestran hasta qué punto hay interacciones entre lo que ocurre en el vientre de un individuo y lo que después le pide su cerebro que haga. 

Antes de concluir que las bacterias nos manipulan, primero habría que demostrar que es posible trasladar a los humanos lo que sucede en los ratones. Para modificar la flora intestinal humana disponemos de dos herramientas: los antibióticos para matar a las bacterias malas y los probióticos para desarrollar las buenas.

Los probióticos son levaduras y bacterias vivas que se supone que son beneficiosas para la salud.

Podemos encontrarlas en los yogures, por ejemplo. Todavía hay dudas acerca de su eficacia real, por el hecho de que las investigaciones son en parte financiadas por quienes los comercializan.


En Europa, los grupos agroalimentarios han tenido que retirar la declaración de propiedades saludables de la etiqueta de sus productos lácteos enriquecidos o probióticos. Por si fuera poco, evaluar la eficacia de los probióticos no es una labor fácil. La vida no es sencilla, ni siquiera para las bacterias. Una bacteria sola es una fábrica que produce miles de moléculas. Y para complicarlo más, generalmente en un preparado de bacterias probióticas se ponen varias bacterias aumentando la complejidad. Así que estamos muy lejos del esquema clásico, es decir, una molécula, una acción. No somos capaces de acabar de comprender cómo funcionan. Lo único que sabemos hacer es matar a los malos con antibióticos y tratar de favorecer a los buenos con probióticos, pero de momento, no lo entendemos muy bien.

Kirsten Tillisch del Centro de Neurobiología del Estrés, en los Ángeles, también era escéptica. ¿Cómo iba a tener la toma de probióticos algún efecto sobre la respuesta al estrés? Para averiguarlo, Kirsten y su equipo comprobaron el efecto de los probióticos en el cerebro de mujeres sanas.
Decidimos estudiar a mujeres sanas, sin dolor intestinal, sin molestias gástricas, sin ansiedad, ni depresión. El test que les mostramos se utiliza corrientemente para ver la respuesta de la gente a imágenes emocionalmente negativas. Queríamos ver si modificando algo en el vientre cambiaría la respuesta ante estas imágenes. Los investigadores administraron a un grupo de 60 mujeres totalmente sanas, yogures con y sin probióticos, durante dos semanas, si sus cerebros reaccionaban de forma diferente al estrés. Observamos que las mujeres que habían tomado probióticos presentaban una red de regiones del cerebro menos activa. Es decir, las que habían tomado probióticos eran menos reactivas a estas imágenes. En su cerebro, se había modificado la respuesta al entorno. Frente a imágenes negativas potencialmente amenazadoras. Es el primer estudio que muestra que la administración de un prebiótico modifica algo en el cerebro. 

Para nosotros es muy estimulante que con un simple alimento que puedo encontrar en el supermercado, pueda cambiar algo en mi cerebro. Hasta los investigadores más entusiastas recomiendan prudencia con respecto a las recientes investigaciones, especialmente porque todavía no se conocen muy bien los efectos secundarios de las bacterias en nuestro cuerpo. Pero todos coinciden en que se ha demostrado, que tienen efectos sobre nuestra salud y nuestro cerebro. A partir de ahora debemos reconocer que un componente de nuestro cerebro proviene de las bacterias. Eso no significa que estemos controlados por ellas, sino que tienen una influencia en lo que somos, en nuestro comportamiento y en nuestras reacciones. Yo creo que, a partir de hora, deberíamos considerar que tenemos un tercer cerebro. Está el gran cerebro, el pequeño cerebro y ahora también la inteligencia de las bacterias. 

En ciencia, no sólo se avanza haciendo descubrimientos, sino también cambiando los modelos, los paradigmas. Lo que somos está ligado a una historia y a nuestros entornos. Es fabuloso que estos entornos sean externos y ahora, hemos descubierto que también internos. Tendemos a pensar que estamos aquí, somos humanos, estamos mirando nuestra pantalla y tenemos una individualidad fuerte. Los ecosistemas están fuera, en los bosques, en los campos, en la selva amazónica, pero no en nosotros. Y las cosas no son así. Dentro de nosotros está la flora bacteriana que existe también fuera de nosotros. 

En realidad, nos bañamos en un ecosistema bacteriano que nos penetra y forma parte de nosotros. Ya no existe la separación entre el “yo” y el exterior, entre los demás y "yo", hay una continuidad biológica extraordinaria. La visión que tienen los científicos de nuestro cuerpo ha cambiado. Lo que tomamos como último fundamento de la realidad, "nuestra individualidad", sin duda no es más que el reflejo de una realidad más compleja, hecha fundamentalmente por mensajes, redes y conexiones que todavía son un misterio. Somos miles de genes, miles de millones de neuronas y cientos de miles de millones de bacterias. Somos una multitud de uniones e informaciones cuya complejidad nos sigue superando.



CUIDA TU FLORA BACTERIANA

Psicobióticos: 

bacterias que curan el estrés, 
la depresión y los desequilibrios mentales

Algunos probióticos y prebióticos provocan cambios en nuestro comportamiento, hasta el punto de funcionar como psicofármacos. ¿Sabes cuáles son?

Los psicobióticos son considerados como drogas neuroquímicas naturalesporque se ha comprobado que sus efectos consiguen equilibrar alteraciones emocionales o mentales.



La flora bacteriana marca tus emociones



Cuando la flora se altera, también se pueden producir alteraciones de las emociones y el comportamiento.
La relación entre la alimentación y la flora bacteriana es bidireccional. Cuando se modifica la composición bacteriana, se produce un cambio en las preferencias por unos u otros alimentos. Y también pasa lo contrario. Los cambios en la dieta modifican nuestra flora.
La forma más fácil de cambiar la flora bacteriana es tomando alimentos probióticos que contienen los microorganismos vivos que la forman. Los encontramos en pepinillos, aceitunas aliñadas, miso, chucrut, higos o kéfir de agua y kombucha...

También se puede actuar sobre la flora tomando prebióticos que contienen nutrientes no digeribles, pero que alimentan a los microorganismos de la flora intestinal. Entre otros, están en cereales integrales, calabacín, coliflor, cebolla, plátano y ciruela.

Estos probióticos (Bifidobacterium infantis, Bacillus o Streptococcus...), tomando las cantidades adecuadas de alimentos o suplementos producen un beneficio en pacientes afectados por alteraciones mentales o emocionales, ya que generan sustancias como la serotonina, con efectos ansiolíticos y antidepresivos.

También se ha comprobado en ensayos clínicos que los suplementos de probióticos en voluntarios sanos mejoraban los niveles de estrés psicológico, la ira y hostilidad, la ansiedad y la depresión.

9 alimentos psicobióticos: equilibra tu flora

Pero no todos los probióticos y prebióticos son iguales, y la mayoría no muestra unos efectos psicobióticos claros y activos. Unos y otros se han de tomar con mesura y dentro de una dieta equilibrada, puesto que una dosis excesiva de prebióticos, por ejemplo, puede producir ansiedad.

1. Plátanos y manzanas
Microbiólogos de la Universidad de Yale (EE. UU.) demostraron que los plátanos, las manzanas y las pasas pueden aumentar una variedad de la flora, la ácido láctica.

2. El kéfir
No es un yogur más. La principal diferencia es que, entre otras bacterias saludables, también cuenta con Lactobacillus kefiranofaciens, que aumentará los niveles de triptófano y serotonina, los transmisores del bienestar.

3. Cúrcuma
La dieta occidental (alta en grasas, baja en fibra) produce un aumento de unas toxinas, los lipopolisacáridos (LPS), que pueden provocar ansiedad, síntomas depresivos o pérdida de memoria. Los alimentos que tienen un efecto beneficioso sobre la microbiota y los LPS son: el chocolate, el café, el té verde, las fresas y especialmente la cúrcuma.

4. Cereales integrales
La salud intestinal depende en gran medida del aporte de fibra, que es quien nutre la flora. La encontraremos principalmente en los cereales integrales, además de en frutas y verduras.

5. Kombucha
Esta bebida, que se prepara a partir del fermentado de un hongo, contiene una cepa probiótica, el Gluconacetobacter xylinus, que ayuda a producir una gran cantidad de aminoácidos y enzimas muy útiles para el buen funcionamiento de todo el sistema.

6. La sopa de miso
Es un alimento básico de la cocina japonesa. Esta pasta elaborada con soja fermentada se encuentra dentro de los alimentos probióticos claves.

7. Chucrut
Esta col fermentada posee grandes cantidades de bacterias probióticas, como Lactobacillus y Bifidobacterium, que restablecen el pH intestinal y mejoran la absorción de nutrientes.

8. Higos, uvas y ciruelas
Son ricas en elementos fermentativos a partir de sus propios microorganismos.

9. La leche materna
Es un excelente probiótico, repleto de una gran variedad bacteriológica. Posee un probado efecto sobre la maduración del sistema inmune del bebé y el desarrollo neuronal y cognitivo a largo plazo de la persona.

Suplementos: uno para cada problema

Prescribir suplementos o alimentos ricos en psicobióticos específicos es una vía médica más natural de abordar algunos trastornos.

Lactobacillus rhamnosus. De efecto tranquilizante, para casos de ansiedad, estrés agudo y dolor.
Lactobacillus casei. Se ha visto que es beneficioso en el tratamiento de la fatiga crónica.
Bifidobacterium infantis. Ayuda a normalizar los cambios del comportamiento y puede ser útil en casos de depresión.
Bacillus. Producen dopamina, cuya falta se asocia con casos de fatiga y deficiencia de atención.
Lactobacillus acidophilus. Destaca por su excelente acción analgésica.

5 enemigos de la microbiota

Algunos hábitos pueden perjudicar la flora y acabar afectando a nuestro equilibrio emocional.
  1. El exceso de azúcar. Provoca una excesiva fermentación de los hidratos de carbono y causa ansiedad e irritabilidad.
  2. Los aditivos alimentarios. Al igual que otros componentes de los alimentos procesados, tienen un efecto “detergente” y alteran la relación entre el moco intestinal y las bacterias, con el riesgo de provocar inflamación y obesidad.
  3. El estrés. Altera los microbios intestinales. Además, igual que los antiácidos, reduce la acidez gástrica, que posee efectos sobre la salud mental. El jengibre, la canela y el regaliz contribuyen de forma natural a equilibrar esos niveles.
  4. El estreñimiento. Produce a partir del tercer día una disminución en la concentración de Lactobacillus y Bifidobacterium, y un aumento de la ansiedad y síntomas depresivos.
  5. Los antibióticos. Si no nos vemos obligados a tomarlos, hay bactericidas naturales que no perjudican la flora, como son el aceite de orégano, el del árbol del té, la hoja de olivo y el ajo, entre otros.
VER+:

ENCONTRAR EL EQUILIBRIO
No solo pensamos y sentimos con la cabeza. También tenemos neuronas en el corazón y el estómago. Nuestro cuerpo es un todo que debemos cuidar parte a parte.

SALUD MENTAL
Numerosos factores ambientales actúan como impulsores del proceso inflamatorio, que está estrecha y bidireccionalmente vinculado con la depresión.

Las inyecciones de la bacteria mycobacterium vaccae, que vive naturalmente en el suelo, ayudan a recuperarse del estrés y mejoran la conducta en ratones, según un nuevo estudio publicado en la revista Proceedings de la Academina Nacional de Ciencias de EEUU, informa Efe.



descubre cómo se comunican y funcionan

Dos están compuestos por células humanas (neuronas) y otros dos por células bacterianas. Todos están interrelacionados y determinan nuestro estado de ánimo.

Lo teníamos claro: tenemos un cerebro, en la cabeza. Después, vino el descubrimiento del segundo cerebro, una red de neuronas localizadas en el intestino, también conocido como sistema nervioso entérico. Pero existen dos nuevos conceptos aún más novedosos: la existencia de un tercer cerebro y de un cuarto cerebro.

Las bacterias que piensan por ti
Si el concepto de un segundo cerebro localizado en el intestino ha sido ámpliamente reconocido y su alcance sigue siendo investigado por la comunidad médica científica internacional, el descubrimiento de dos nuevos cerebros no humanos que están en nuestro cuerpo y que están formados por bacterias, nos ha sorprendido todavía más. Son bacterias que influyen en tu estado de ánimo, que piensan por ti. ¿Cómo son y dónde se sitúan? ¿Cuál es su función?







domingo, 12 de agosto de 2018

INGENIERÍA COMUNISTA POPULISTA VS LIBERTARIO DEMÓCRATA

COMO SE CREA UNA INGENIERÍA SOCIAL 

PASO A PASO


Desconocida para el gran público, la Ingeniería Social es una ciencia a caballo entre la psicología de masas, sociología, antropología, semiótica y los medios de comunicación, cuyo objetivo es generar tendencias que cambien la opinión pública sobre un determinado tema.
La principal técnica que se utiliza es la llamada "ventana de Overton" y que consiste en una secuencia concreta de acciones con el fin de conseguir el resultado deseado.

Un ejemplo radical sería el como convertir en aceptable la idea de legalizar la dictadura comunista castrochavista paso a paso. Desde la fase en la que se considera una acción repugnante e impensable, completamente ajena a la moral pública, hasta convertirse en una realidad aceptada por la conciencia de masas y la ley.
Eso no se consigue mediante un lavado de cerebro directo, sino a través de técnicas más sofisticadas que son efectivas gracias a su aplicación coherente y sistemática evitando que la sociedad tome conciencia del proceso.

TOTALITARISMO Y COMUNISMO 
Marxismo, lo político, antagonismos 
y la forma embrionaria del totalitarismo 

Si bien las razones para la prohibición del comunismo y otras ideas totalitarias se amontonan y fluyen ensangrentadas por los causes evidentes de la barbarie criminal, jamás estará demás dirigir el clamor libertario que busca justicia, hacia la indecorosa, ingenua y artera moral que ambiciona en sostener en el terreno de deliberación pública y la legítima aspiración al poder democrático, a un corpus doctrinario ruin que aglutina en su columna vertebral valórica y pragmática la descarada adulación de la violencia y el odio entre ciudadanos. 

El socialismo marxista-leninista, como soporte doctrinal de la revolución bolivariana, es fundamentalmente totalitario. Cuando nos referimos al “totalitarismo”, este es, tomando la definición del teórico Giovanni Sartori, 
“el encapsulamiento de toda la vida colectiva dentro del Estado, el dominio omnipresente del poder político en toda la vida extrapolítica del hombre (…) la destrucción de todo lo que es espontáneo, independiente, diferenciado y autónomo en la vida de las colectividades humanas. En suma, al gran cuartel político que engulle la sociedad dentro del Estado”. Sartori, Giovanni. “¿Qué es la democracia?”. España: Taurus, 2007, p. 155.
Los seis elementos estructurales de un régimen totalitario según el modelo clásico son los siguientes: 

1) Una ideología oficial centrada y proyectada hacia un estado final de la humanidad; 
2) Un partido único liderado y guiado por un dictador acompañado por una élite política ideológicamente motivada; 
3) Un cuerpo armado terrorista con la función de neutralizar, liquidar y amedrentar no solo a los adversarios del régimen sino también a movimientos y categorías sociales enteras arbitrariamente seleccionadas; 
4) Un monopolio de medios de comunicación de masas; 
5) Control absoluto y monopólico de los medios de coerción; 
y 6) Una estructura burocrática encargada de controlar centralizadamente la economía del territorio donde se asienta su poder. (Este es el modelo clásico de Friedrich y Brzezinski en “Totalitarian Dictatoship and Autocracy (1965)” tomado de Pellicani, Luciano. “Lenin y Hitler. Los dos rostros del totalitarismo”. Madrid: Unión Editorial, 2011, p. 37).

En la búsqueda del totalitarismo de la dominación total, Hannah Arendt, en su magnum opus sobre el totalitarismo, afirmó que éste “aspira a organizar la infinita pluralidad y la diferenciación de los seres humanos como si la Humanidad fuese justamente un individuo”, y esto, solo podría ser posible “si todas y cada una de las personas pudieran ser reducidas a una identidad nunca cambiante de reacciones”. Es por ello que el totalitarismo busca fabricar algo que no existe, es decir: “un tipo de especie humana que se parezca a otras especies animales, cuya única “libertad” consistiría en preservar la especie”. Arendt, Hannah., op. cit., p. 533
El poder ilimitado al comunismo o al nazismo le es vital para su propósito. Y sólo así, con semejante poder, “sólo puede ser afirmado si literalmente todos los hombres, sin una sola excepción son fiablemente dominados en cada aspecto de su vida”.
Por ello que irrumpir hasta el espacio más recóndito de la Libertad y la intimidad humanas, hace del totalitarismo su principal característica. Lo político, entendido como “la actividad de una sociedad dirigida a organizar sus diversidades” (Oakeshott, Michael. “Lecciones de historia del pensamiento político”. Vol. I, Madrid: Unión Editorial, p. 43), le es ajeno a cualquier doctrina que tenga una visión, intención y proyecto totalitario. Lo político gravita en dos polos que se caracterizan en “lucha por el poder e intento de construir un orden de paz, estabilidad, libertad y prosperidad en el que se desarrolle la convivencia de la comunidad” (Romero, Aníbal. “Aproximación a la Política”. Caracas: Universidad Simón Bolívar, Instituto de Altos Estudios de América Latina, 1994, p. 5. Lo ambivalente de la política estriba precisamente en estas características: pivota entre el consenso y el conflicto, entre la tensión y el orden predecible entre los diversos. Como bien explica Angelo Panebianco, esta ambigüedad “consiste en que alimenta conflictos, y por tanto desorden (imposibilidad de prever los comportamientos y posibilidad de violencia), pero, al mismo tiempo, crea orden (estabilización/previsibilidad de las relaciones sociales y suspensión de la violencia). Se nutre de divisiones y conflictos pero también crea orden, poniendo así las bases de la cooperación”.

La admisión de la divergencia y la diferencia son rasgos fundamentales de una comunidad política. Por lo tanto, “en una sociedad sin diversidades es imposible la política”. Entonces, en la base y práctica de la revolución bolivariana al establecer un conflicto existencial por necesidad de su lógica histórica lo diverso es sinonimia de enemistad irreconciliable. Si la revolución bolivariana pretende hablar de lo político no sería más allá de la tesis de Mao Tse Tung quien afirmaba que “la política es una guerra no sangrienta y la guerra es una política sangrienta”.

Marxismo-leninismo, 
el partido totalitario y el PSUV 

El Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se construyen con base a las premisas teóricas del marxismo y su violencia revolucionaria y totalitaria. Pero su forma organizativa será heredada de la teoría del partido de masas de Lenin. Éste, fanatizado por los escritos de Marx, no escatimará el llevar a la práctica lo dicho por el profeta, pero en sus propios términos para la conquista del poder y la organización totalitaria dirigida por una vanguardia. Será en su famoso “¿Qué hacer?” donde proporcionará la fase fundamental de la implementación del totalitarismo comunista. 

Resumiremos la teoría del partido de Lenin de la siguiente manera: 

1) El partido posee un singular conocimiento y penetración del marxismo, con el único método de gran fuerza y utilidad, la dialéctica. Es un partido para conservar la pureza del marxismo según la interpretación fidedigna de Lenin. Al ser una especie de “sacerdocio” marxista, “exige de sus miembros la correspondiente sumisión de juicio y una sujeción total de los fines privados a los fines de la organización”. Lo que después llamarían el “hombre-partido”. 
2) Está organizado por una élite sectaria sumamente disciplinada y seleccionada configurando una clara superioridad intelectual con dedicación absoluta a la revolución y a la construcción de la sociedad comunista. 3) Es una organización sumamente centralizada, jerárquica con una alineación cuasi militar sometidas a reglas estrictas de obediencia para los fines del partido. 4) Una organización que cuenta con una red organizativa que abarque todo el mapa político y administrativo del país, pero también con el objetivo de penetrar en las organizaciones sindicales, estudiantiles, en los distintos gremios donde la voluntad del partido es la que domine y predomine sobre la masa.

La concatenación del credo marxista más una organización de tal calibre que tenga como objetivo liderar una revolución abierta, violenta y organizada dirigida por el partido y sus milicias figura como consecuencia al aspecto mesiánico de la concepción de la doctrina marxista junto la psiquis totalitaria de Lenin. 
Cuando el partido llega al poder a partir de 1917, en Rusia emergió el peor totalitarismo jamás visto. La pulsión de Lenin en recrear la sociedad ex novo para la concreción de la revolución, le llevó a perpetrar el terror contra la disidencia sin contemplaciones. Para noviembre del mismo año, por ejemplo, el Comité Militar Revolucionario de Petrogrado (CMRP) introdujo dos mociones para el control totalitario de la disidencia: el “enemigo del pueblo” y la del “sospechoso”.

Trotsky, quien sería el organizador del ejército rojo, decía en el verano de 1917: “os digo que las cabezas tienen que rodar y la sangre tiene que correr (…) la fuerza de la revolución francesa estaba en la máquina que rebajaba en una cabeza la altura de los enemigos del pueblo. Era una máquina estupenda. Debemos tener una en cada ciudad.” 
Un credo que en la teoría y en la práctica es apologista de la violencia y la muerte. Desde otoño de 1917 “millares de grandes propiedades rústicas habían sido saqueada por los campesinos encolerizados, y centenares de grandes propietarios habían sido asesinados. En la Rusia del verano del 1917, la violencia era omnipresente”.

Citar a Lenin y su odio criminal típico de un genocida puede ser una tarea interminable. A efectos del presente, vale citar en extenso lo que diría quien es fuente religiosa de los militantes comunistas del PSUV y el PCV: “solo la colaboración voluntaria y consciente de las masas de obreros y campesinos, realizada con entusiasmo revolucionario, en el inventario y el control de los ricos, de los golfos, de los parásitos, de los gamberros puede superar estas supervivencias de la maldita sociedad capitalista, estos desechos de la humanidad, estos cancerosos y putrefactos de la sociedad, este contagio, esta peste, esta plaga que el capitalismo ha dejado en herencia al socialismo”. 
O también lo enviado en una misiva el 11 de agosto de 1918 a los comunistas de Penza ordenando lo siguiente: “¡Camaradas! La rebelión de los cinco distritos de kulaks debe ser suprimida sin misericordia. El interés de la revolución y su conjunto lo exige, porque la batalla final decisiva con los kulaks se está desarrollando por todas partes. Necesitamos estatuir un ejemplo. 

1) Ahorquen (ahorquen de una manera que la gente lo vea) no menos de 100 kulaks conocidos, hombres ricos, chupasangres. 
2) Publiquen sus nombres 
3) Quítenles todo su grano. 
4) Designen rehenes – de acuerdo al telegrama de ayer. Háganlo de manera tal que la gente, a centenares de verstas a la redonda a la redonda, vea, tiemble, sepa, grite: están estrangulando y estrangularán hasta la muerte a los kulaks chupasangres. Telegrafíen acuso, recibo y ejecución. Suyo, Lenin Busquen gente verdaderamente dura.” 
Al ser estos los referentes morales y políticos del PCV y del PSUV, entendemos lo que motiva aquella naturaleza criminal del totalitarismo chavista y cuál es el peligro que estén insertos en el juego democrático cuando son fervientes aduladores del genocidio; pero, y más relevante aún, cuál fue el motivo desde siempre de la élite comunista en llegar al poder. 

Al constatar que los genocidas comunistas son los referentes del chavismo, encontramos titulares en su prensa digital que rezan lemas como “Lenin: El excepcional líder político con espíritu revolucionario socialista”, o aceptar públicamente que en la “revolución bolivariana, la herencia teórico-práctica de Lenin es fundamental para avanzar en su profundización, en la conducción del mismo hacia el horizonte socialista.”

Su objetivo es la confrontación. En su macabro Libro Rojo (del PSUV), además de exaltar a Lenin, Mao y al Ché Guevara como inspiración de la constitución totalitaria del partido y la táctica política, revelaran públicamente y ante los ojos despistados de los ingenuos que los tres objetivos de la revolución bolivariana: la “democracia participativa y protagónica”, la “derrota del imperialismo” y la “construcción del socialismo bolivariano” se “relacionan y condicionan recíprocamente y tiene por base la lucha de clases”.

La “democracia” para el socialismo, no es más que un eufemismo para ocultar el verdadero destino de la revolución: la dictadura, del partido y sus dirigentes. Indagar en los orígenes ideológicos genocidas de la dirigencia chavista no requiere de un esfuerzo arduo. Los autores de la revolución cubana -como lo son el Ché Guevara y Fidel Castro- son diariamente elogiados por el PSUV, su militancia y simpatizantes, cuando en su haber pesan más de 7.000 muertos. 

El Ché Guevara, héroe de los líderes totalitarios socialistas, elogiará al odio existencial como especie de virtud revolucionaria. Por ejemplo (y entre muchas otras ocasiones) en su «Mensaje a la Tricontinental» en abril de 1967 afirmará: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.” 

El número de asesinatos por el comunismo en el siglo XX resulta ser escalofriante. Stephane Courtois, en “El libro negro del comunismo” nos proporciona la información más cercana de la exorbitante cantidad: 

- En la URSS, 20 millones de muertos. 
- En China, 65 millones de muertos. 
- En Vietnam, 1 millón de muertos. 
- En Corea del Norte, 2 millones de muertos. 
- En África, 1.7 millones de muertos. 
- En América Latina, 150.000 muertos. 
- En Camboya, 2 millones de muertos. 
- En Europa Continental, 1 millón de muertos. 
- Afganistán, 1,5 millones de muertos. 
- Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder, una decena de millares de muertos.
La cifra total es casi 100 millones de muertos por obra de una doctrina totalitaria y genocida que enarbola las banderas del silencio sepulcral, la muerte y el odio carente de contemplaciones. La psiquis totalitaria de Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Fidel Castro, el Ché Guevara, Hugo Chávez, Diosdado Cabello, Nicolás Maduro, entre otros; arrastran tras sí la responsabilidad de una orgía de muerte que, como mostramos al inicio, recoge su basamento criminal en el marxismoleninismo. 
El balance global que los autores de la obra previamente citada realizan sobre los múltiples crímenes del comunismo en el siglo XX, demuestran el nivel de vileza mortal cuando la lucha de clases, el odio y la justificación de los asesinatos se hace con el aparato estatal. Matar de hambre es una herramienta crucial, tal como la vivimos hoy en día en Venezuela. 

El balance global que los autores describen, es el siguiente: 

- Fusilamiento de decenas de miles de rehenes o de personas confinadas en prisión sin juicio, y asesinato de centenares de miles de obreros y campesinos rebeldes, entre 1928 y 1922. 
- Hambruna de 1922 que provocó la muerte de cinco millones de personas. 
- Liquidación y deportación de los cosacos del Don en 1920. 
- Asesinatos de decenas de miles de personas en los campos de concentración entre 1918- 1938. 
- Deportación de dos millones de kulaks (o de gente a la que se calificó como tales) en 1930-1932. 
- Destrucción por el hambre y no auxiliado de seis millones de ucranianos en 1932-1933. 
- Deportación de centenares de miles de personas procedentes de Polonia, Ucrania, lo países bálticos, Moldavia, Besarabia en 1939-1941 y, después, en 1944-1945. 
- Deportaciones de los alemanes del Volga en 1941. 
- Deportación- abandono de los tártaros de Crimea en 1943. 
- Deportación- abandono de los chechenos en 1944. 
- Deportación- abandono de los ingushes en 1944. 
- Deportación- liquidación de las poblaciones urbanas de Camboya entre 1975 y 1978. 
- Lenta destrucción de los tibetanos por los chinos desde 1950.

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV), quieren mostrar a los responsables de estos genocidios como ídolos de la justicia social. Hacen propagandas con sus caras, recitan la ortodoxia criminal de los intelectuales marxistas y leninistas, infiltran las Fuerzas Armadas, los colegios, liceos y universidades promoviendo el credo del genocidio como paradigma político para moldear nuestra sociedad. 

En el empeño de concretar la táctica leninista del control total y asegurarse de la conservación del partido en el poder, armar a grupos civiles organizados le ha sido fundamental a la revolución bolivariana. Datos extraoficiales publicados en la página del Observatorio Venezolano de Violencia, aseveran que en el país existen de 13 a 29 millones de armas -en significativa mayoría ilegales- en manos de cuerpos organizados del terror comunista. 

Por otro lado, “El Gran Polo Patriótico, creado en 2011 e integrado por 28 Consejos Patrióticos Sectoriales, cuenta con 10.810 colectivos y movimientos sociales compuestos por 35.543 personas” según Franz von Bergen. 

Estos grupos, como es de amplio conocimiento para todos los venezolanos están fuertemente armados y abocados al asesinato, secuestro y amedrentamiento del disidente al totalitarismo chavista. Además, de manera fraudulenta, trabajan en coordinación con los cuerpos de seguridad del Estado para fulminar por medio de criminales orgías sangrientas cualquier foco de protesta que ponga en peligro la estabilidad de la narcodictadura. 

Dos trágicos ejemplos importantes de lo anterior, son los 43 asesinados y acribillados por los brazos criminales de la narcodictadura comunista de Maduro en febrero de 201451 y los 157 igualmente asesinados y acribillados en el transcurso de 2017.52 Como también agregar la interminable lista de privados de libertad por protestas pacíficas y torturados en las cárceles venezolanas.

El totalitarismo comunista chavista no sólo se ha convertido en un peligro para los venezolanos y países vecinos, sino también para el mundo. No sólo son conocidos los vínculos que la dictadura totalitaria ha establecido con el terrorismo islámico sino también ha transformado a la República en un peligroso cartel de drogas. 
El comunismo chavista no es únicamente totalitario que viola los derechos humanos sistemáticamente, sino que también es un régimen terrorista y narcotraficante. La violencia y el crimen en todo orden es el combustible de la revolución bolivariana. En el 2017 las criminales milicias armadas por el estado con el lema “fusil garantizado” ascendió a 500.000 milicianos. Este cuerpo paraestatal también funge organización violenta para sostener a la narcodictadura en el poder.

Según el Observatorio Venezolano de Violencia, en 2017 cerró con 26.616 muertes violentas. EL 60% de las víctimas tenían entre 12 y 29 años de edad. Venezuela incluso llega a acumular una tasa de homicidios de 89 por cada 100.000 habitantes, la más alta del mundo. Para tener un ejemplo comparativo: mientras que en Venezuela es 89 la tasa en Chile es apenas 3,3 por cada 100.000 habitantes; en Ecuador 5,8 y en Argentina 6.58 

La cifra de homicidios en Venezuela ha aumentado vertiginosamente: en 1998 la cifra fue 4.550 muertes violentas. Esto representa una cifra de aumento de 484,9% en el período 1999-2017, sumando un total de 314.542 muertes violentas. Estos son crímenes que, se lo podemos atribuir directamente al comunismo, y con mayor fuerza desde el 2005, cuando en febrero de ese año el líder totalitario de la narcodictadura asume y declara al socialismo del siglo XXI como el rumbo que tomaría la República. 

La paradoja de la tolerancia 
Lo que resulta ser aún también grave, es permitir que tales organizaciones promotoras del enfrentamiento y la violencia participen en la política nacional y los escenarios electorales cuando alaban dictaduras, totalitarismos y doctrinas enemigas del hombre libre. Han disfrutado desde su legalización en Venezuela con el primer gobierno de Rafael Caldera (1969-1974) de carta abierta para penetrar la cultura y la política libremente. Rómulo Betancourt, quien con perspicacia logró advertir el peligro de los Comunistas en la política, no incluiría al PCV en el pacto de gobernabilidad promovido a partir de 1958 y éstos –los comunistas- se excluyeron, junto al MIR (primera división de Acción Democrática) del camino electoral y se inspiraron en las armas y la violencia para intentar derrocar el poder recién constituido. Además que la historia de la prohibición del comunismo en Venezuela no es nueva. En 1928 en medio de una Reforma Constitucional en tiempos de Juan Vicente Gómez, el intelectual positivista y ministro Pedro Manuel Arcaya le propuso a Gómez detener el auge de la influencia, organización y fuerza de las doctrinas comunistas en el país. Se incorpora en el artículo 32 el Inciso Sexto donde se prohíbe la difusión de la propaganda comunista en el país. Este inciso se modificará en 1936 estando Eleazar López Contreras en la primera magistratura agregando la penalización no sólo a la propaganda comunista sino también a la anarquista. 

Sería en 1945 en tiempos de Medina Angarita y su Reforma Constitucional en el cual le legalizarán los partidos políticos opositores y se eliminarán las restricciones a la propaganda comunista y anarquista. En la dictadura de Marcos Pérez Jiménez serían ilegalizados cualquier foco de disidencia real: comunistas y socialdemócratas principalmente. Desde las distintas posturas conservadoras, militaristas y socialdemócratas, los partidos comunistas y su propaganda han intentado ser prohibidos o desplazados del escenario político. En las primeras décadas del siglo XX se prohibió como reacción a una modernidad política doctrinaria que se alimentaba de un radicalismo violento intentado en algunos países europeos; a mediados de siglo por una dictadura y luego por una democracia: en el segundo caso, por ser un régimen contrario a la vida política que se engendra desde los partidos políticos; y en el tercero, por la suspicacia y peligro que levantaban organizaciones que veían en la lucha de clases o en la conquista del poder democrático para luego destruirlo una amenaza seria para la estabilidad de la república. Ese era el miedo de Rómulo Betancourt. En su discurso ante el congreso el 13 de febrero de 1959 expresará: “De este pacto [el de gobernabilidad de 1958] fue excluido el Partido Comunista, por decisión razonada de las organizaciones que lo firmaron. 

En el transcurso de mi campaña electoral fue explícito en el sentido de que no consultaría al Partido Comunista para la integración del gobierno y en el de que, respetando el derecho de este partido a actuar como colectividad organizada en el país, miembros suyos no serán llamados por mi parte para desempeñar cargos administrativos en los cuales se influyera sobre los rumbos de la política nacional e internacional de Venezuela. Esta posición es bien conocida de los venezolanos; y la fundamentaron los tres grandes partidos nacionales en el hecho de que la filosofía comunista no se compagina con la estructura democrática del Estado venezolano, ni en el enjuiciamiento por ese partido de la política internacional que debe seguir Venezuela concuerda con los mejores intereses del país”.

Un miedo latente para políticos e intelectuales de la época y con más énfasis a partir del fin de la segunda guerra mundial. El filósofo de la ciencia más importante del siglo XX, Karl Popper, ilustró este miedo y advertencia con base en permitir que organizaciones intolerantes ya sean políticas, religiosas o de otra índole, en el abierto y permisivo entorno de tolerancia típico de la sociedad occidental, minaran y destruyeran la tolerancia misma por haber tolerado su participación libre sin advertir sus consecuencias. En su obra filosófico-política más importante “La sociedad abierta y sus enemigos (1945)”, llamaría a este peligro la “paradoja de la tolerancia”. Citando en extenso a Popper: 

“Menos conocida es la paradoja de la tolerancia: la tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aún a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia. Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de filosofías intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente. Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen a acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que presten oídos a los argumentos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñen a responder a los argumentos mediante el uso de puños o las armas. Debemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. 

Debemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos.” 

En resumen: se incurre en esta paradoja cuando en nombre de la tolerancia se toleran a los intolerantes poniendo en peligro la tolerancia misma y a los tolerantes. Es decir, cuando se permite que los intolerantes participen en la dinámica pacífica y consensual de la política donde la coexistencia y la aceptación son pilares constitutivos, se arriesga la permanencia de la actividad política en términos de convivencia. Por este camino, y al hacerse con el poder los intolerantes, destruyen la tolerancia, y, con ellas, la Libertad y la democracia. Esta postura no sólo resultará de un liberal en defensa de los valores universales característicos de occidente, sino también (y paradójicamente) de la izquierda neomarxista de la Escuela de Frankfurt por uno de sus más destacados miembros, el filósofo Herbert Marcuse. En su “Crítica a la tolerancia pura (1965)” manifestará la misma advertencia y sugerencia que Popper: no se puede ni debe permitir la diseminación de pensamientos, movimientos y agrupaciones que promuevan orientaciones políticas intolerantes y agresivas debido a que en nombre de la tolerancia terminan destruyéndola. 

Más allá de las ideologías y doctrinas políticas, sacar del juego político institucional a los promotores de la intolerancia es la mejor manera de proteger la tolerancia misma y a los tolerantes. Si bien la política tiene como elemento el conflicto y la aspiración al poder, también está constituida por su dimensión consensual donde la coexistencia y la disputa por el poder político y la organización social se llevan bajo reglas claras en el respeto de los derechos y la integridad de los participantes. El comunismo, por su programa, doctrina e ideología funda su rasgo distintivo en la lucha existencial, en la violencia como motor de la historia y en su visión maniquea donde la diversidad debe ser erradicada. Incluso, nuestra iniciativa no es nueva. En el mundo, en más de 115 países el comunismo y su simbología ha sido prohibidos desde la creación de los primeros partidos comunistas europeos, donde en algunos lugares se legalizaron y en otros no. Resulta tan evidente la falta de acusación del comunismo como lo que es: un sistema totalitario, que usuarios de la Real Academia Española por medio de la red social Twitter con la etiqueta #RAEComunismoEsTotalitario, exigieron a la institución modificar la definición y agregar que el comunismo es totalitario tal como han definido al nacionalsocialismo y al fascismo. 
Si pretender caer en la falacia ad populum, resulta patente la razón con que lo hacen ciudadanos de distintas partes del mundo al constatar los crímenes del comunismo tanto en el siglo XX como en el XXI con los casos de Venezuela, Cuba y Corea del Norte. 

Ya desde el inicio de la presente propuesta, demostramos que el comunismo no podría ser otra cosa que totalitario. En su teoría y su práctica la apología y concreción de la división existencial, la guerra civil, el enfrentamiento y la excitación desmesurada de los antagonismos entre seres humanos es la columna vertebral de su credo doctrinario. Al ser el mayor movimiento político genocida que ha conocido la historia y, en nuestro caso específico, Venezuela y su historia como República independiente desde 1830, sugerimos su prohibición por el bien de Venezuela, de Latinoamérica y la humanidad en general. 






¿Cómo la izquierda destruyó Venezuela?

Castrochavismo - Maldito socialismo 
 Azabache: Te lo digo o no te lo digo

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Ingeniería social Vs Ser radical


LA VENTANA DE ÓVERTON

viernes, 10 de agosto de 2018

👥 EL GRAN ESCÁNDALO DE PEDERASTIA CLERICAL Y SU PECADO DE OMISIÓN



Cuatro medidas para acabar 
con los abusos sexuales de clérigos

Después de estas últimas semanas es ya imposible pretender que hemos dejado atrás el problema de encubrimiento por parte de la jerarquía de los abusos clericales. Tras el tsunami iniciado por el Boston Globe y que ensombreció los últimos años del pontificado de San Juan Pablo II, Benedicto XVI emprendió una valiente purga y elaboró nuevas normas, y su sucesor, Francisco, inició su papado comprometiéndose con una política de ‘tolerancia cero’.
Pero los sucesos de estas semanas en Estados Unidos y Chile deben disipar por completo la ilusión de que hemos superado el terrible problema. He aquí dos casos que no solo se producen después de todo lo que se vivió y se prometió; incluso el Cardenal McCarrick tuvo palabras durísimas para aquellos sacerdotes que actuaban como él seguía actuando, y contra quienes les encubrían como le estaban encubriendo a él.

Nunca podremos contabilizar, no en esta vida, el daño que estos escándalos generalizados -nada de ‘manzanas podridas’ aquí- han podido causar a los fieles y a su salvación eterna, a cuántos ha podido desanimar o llevar a la apostasía, pero sí podemos tener la certeza de que ha sido demoledor.
Este problema debe ser atajado, arrancado de raíz como una mala hierba, y queremos sugerir medios para resolverlo. El mal no puede atajarse por completo, pero sí se puede terminar con lo que lo convierte en epidemia.
Obviaré lo evidente, es decir, aquellas soluciones que, en realidad, sirven para esta crisis como para cualquier otra de la Iglesia, desde rezar por los sacerdotes, asistirles, procurar que no estén solos; a llevar una vida más cercana a Cristo, porque los laicos no somos cristianos de segunda.
También me saltaré acciones específicas, algunas de las cuales son necesarias -una gran purga, para empezar- y otras, meramente efectistas. No es en absoluto nuestro cometido y, en cualquier caso, estamos convencidos de que solo actuarán positivamente a largo plazo si hay un cambio radical que las acompañe.

Por último, ignoraré ‘soluciones’ que no son tales, como seguir confiando la vigilancia al vigilante (comisiones de prelados y similares), abolir el celibato -la abrumadora mayoría de los abusos son de carácter homosexual- o la llamada ‘solución biológica’: esperar a que varias generaciones de sacerdotes y obispos formados en la confusión postconciliar pasen a mejor (o peor) vida. Las crisis espirituales no pueden tener una solución meramente biológica, y esa esperanza, por lo demás, impulsa a la pasividad, algo fatal en este asunto.

Propongo cuatro medidas.
Aplicar en serio las instrucciones de Benedicto XVI para que no se ordene a personas con tendencias homosexuales persistentes
Parece cruel, e incluso ha sido fuertemente contestada esta postura por sacerdotes como el jesuita Padre James Martin. Después de todo, el celibato rige tanto para heterosexuales como para homosexuales, y los segundos, que cargan con la cruz añadida de una tendencia que la Iglesia considera en su Catecismo como “intrínsecamente desordenada”, puede convertir su lucha particular en un medio de hacerse santos, algo que se espera de todos y más de un sacerdote.
Pero es inocultable, por otra parte, que en la abrumadora mayoría de los escándalos que hemos tenido que reseñar -desde los del Padre Karadima en Chile a los de McCarrick en Estados Unidos- estamos ante conductas homosexuales, y no meramente abusos genéricos.

Ser sacerdote no es un ‘derecho’, como parecen creer las feministas que exigen el sacerdocio femenino, sino una vocación, al servicio de los fieles. Hay otras condiciones, involuntarias para el sujeto y sin ninguna carga moral, que impiden ingresar en un seminario.
De hecho y tras el gran escándalo de principios de siglo, Benedicto XVI renovó las instrucciones para que los seminarios rechazaran a quienes muestras inclinaciones homosexuales persistentes, ante la evidencia proporcionada por los escándalos.
Pero la homosexualidad en los sacerdotes plantea, además, un problema adicional, aparte de la lucha personal del sujeto con sus inclinaciones y es el efecto de lo que los anglohablantes llaman ‘crowding out’: los homosexuales tienden a crear redes, a ejercer cierto ‘efecto llamada’ y a promocionarse mutuamente.

Eso hace que algunos seminarios resulten hostiles para un heterosexual que sienta la vocación, y también que en no pocos casos de encubrimiento se diera cierta medida de complicidad.
El sacerdocio no existe para que ‘te realices’, no es un derecho: existe para los demás, para la Iglesia. Todo lenguaje sobre ‘no discriminación’ es inaplicable aquí.

Superar el clericalismo

El Cardenal McCarrick pedía a ‘James’, el sujeto del que abusó durante veinte años, desde los 11, que le llamara ‘Tío Ted’, y la víctima fue incapaz de contar a los suyos lo que estaba pasando porque no le creerían: era un sacerdote.
Este esquema se ha repetido en infinidad de casos, y refleja una mentalidad no solo totalmente errónea para un cristiano, sino ideal para que se enquisten este tipo de escándalos hasta el infinito.

Me refiero a la vaga idea de que la Iglesia es cosa de los curas, que los laicos estamos en todo para obedecer y callar (y pagar), y que poner en duda la palabra de un sacerdote o acusarle de un comportamiento escandaloso perjudica a la Iglesia.
Curiosamente, se habla mucho de ‘la hora del laicado’; yo, que no soy exactamente joven, llevo toda la vida oyéndolo, y muy a menudo en boca de los mismos clérigos. Pero, como vemos, nunca llega.

Es hasta cierto punto inevitable que la Iglesia se convierta en una estructura de poder, y que los sacerdotes acaben viendo su misión como una carrera profesional. Pero la Iglesia no es solo ni principalmente una estructura de poder, ni podemos dejar que en ella medren las peores consecuencias de esa situación, y mucho menos permitir que los sacerdotes se conviertan en ‘burócratas de la fe’.

Los sacerdotes son, esencialmente, los administradores exclusivos de los sacramentos. Todo lo demás es un añadido; útil en algunos casos, inevitable, en otros, pero también nocivo en muchos otros. Los laicos no debemos esperar a que los curas y los obispos nos den ‘permiso’; tenemos que entrar en la Iglesia, ocuparnos de las cosas de la Iglesia, sin necesidad de salir de nuestro estado, pero también sin complejos. Es tan nuestra como suya.

‘Empobrecer’ a la Iglesia

No creo que haga falta ser Sherlock Holmes para deducir que tanto el clérigo que comete estos abusos como los superiores que lo encubren no se están tomando demasiado en serio su misión. En los primeros, cuando se trata -como suele ser el caso- de un pecado de actividad, repetido, parece razonable pensar que su vida de piedad, su sentido de misión y su fe no están en condiciones óptimas.
En el caso de los segundos, sobre la solicitud por su grey que debería dominar en un pastor se impone el carrerismo, la ambición y el miedo a perder una posición. Un seminarista que denuncia a sus compañeros puede verse expulsado del seminario; un sacerdote que hace otro tanto con un superior puede verse permanentemente apartado en la parroquia más remota. No es un destino que deba asustar a un sacerdote santo; pero sí a un adocenado burócrata de la fe.

Es el aburguesamiento, la comodidad, la posición. Exactamente lo que se acabaría si la Iglesia fuera pobre como dice desearla Su Santidad, una ‘Iglesia pobre para los pobres’.
Por eso creo que empobrecer a la Iglesia es alejar a una mayoría de carreristas comodones; es atraer de nuevo a sacerdotes santos, es impedir que el sacerdocio siga siendo una ‘opción profesional’ como otra cualquiera.

Las incontables obras de caridad de que se ocupa la Iglesia o la evidencia de que los sacerdotes tienen que comer no pueden ser una excusa para evitar este camino. Es perfectamente posible colaborar con obras de caridad concreta o, aún mejor, participar en ellas con el tiempo y el esfuerzo propios. Repito: los laicos somo Iglesia, es nuestra responsabilidad.
Pero en una Iglesia verdaderamente pobre no tendrían el mismo sentido las luchas de poder o los temores a perder la propia posición. Por lo hablar de que, conforme a las leyes del mercado, se podría castigar económicamente a los prelados tibios y premiar a los celosos.

Una prensa católica verdaderamente profesional

He perdido la cuenta de las veces que nos han dicho desde las filas más ortodoxas que no somos una publicación católica, que somos el enemigo, que solo buscamos hacer daño, solo por exponer los escándalos en la Iglesia.
Pero hay en todo esto pocos datos tan reveladores como el hecho de que, de todos los escándalos hasta la fecha, ni uno solo, ni uno, ha venido por la exclusiva de un medio confesional. Para nuestra vergüenza, han tenido que ser los tribunales civiles los que han sacado a la luz el comportamiento delictivo de nuestros pastores, y los medios seculares los que han informado de los escándalos, medida necesaria para corregirlos.

No, ‘los trapos sucios se lavan en casa’ es un refrán, no una frase evangélica; la frase evangélica es “la verdad os hará libres”. Pero demasiadas publicaciones católicas funcionan como órganos de propaganda a mayor gloria de los pastores, colaborando consciente o inconscientemente con sus desmanes.
No, denunciar los abusos no es ‘sembrar el escándalo’. El escándalo se siembra tapando estas conductas que claman al cielo y permitiendo así que se perpetúen y se enquisten, haciendo que cuando al fin estalla -y siempre acaba estallando- el escándalo sea de magnitud mucho mayor y de mayor gravedad.

La prensa católica debería ser específicamente católica solo en su finalidad última y en su temática; pero en todo lo demás debe ser, sobre todo, periodística, sin más. Debe informar de lo que pasa con la mayor objetividad posible, y solo con eso ya estará prestando un enorme servicio a la Iglesia.

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SACERDOTES PECADORES DE OMISIÓN 
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El pecado de omisión es el pecado que hace condenar más sacerdotes. En el del juicio, dice san Bernardo, se levantará un grande clamoreo que dirá: Señor, somos condenados, lo conocemos, pero los sacerdotes tienen la culpa, ellos no nos avisaron, no nos corrigieron. Pero la voz más imponente, las palabras más aterradoras serán las del mismo Jesucristo, quien les dirá que no han distribuido el pan de la divina palabra, que no han vestido al desnudo con la estola nupcial de la gracia por medio de los sacramentos… ¡Cuántos sacerdotes que podrían, catequizando, predicando, confesando, misionando, socorrer las necesidades espirituales del prójimo! No lo hacen, y los dejan perecer y condenar, ¡ay de ellos!  San Antonio María Claret: SERMONES DE MISIÓN tomo I pagina 9
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El Gran Escándalo de pederastia clerical, 
Segunda Parte

Como en las secuelas de películas de terror, vuelve la pesadilla quince años después. Porque ni entonces ni ahora se aborda el verdadero problema detrás de los escándalos de pederastia clerical
Recuerdo como si fuera ayer cuando las Puertas del Infierno se abrieron en 2002 sobre la Iglesia y los católicos descubrimos a esos obispos y cardenales que llevaban décadas encubriendo a sacerdotes pederastas.
Lo recuerdo, y recuerdo que, como muchísimos católicos, al principio no quise creerlo. Pensé que era una de tantas infamias como se han vertido contra la Iglesia por sus muchos enemigos, un caso más de ‘persecución por causa de la justicia’. Solo poco a poco, ya con el caso del fundador de los Legionarios de Cristo abierto en canal como un cadáver podrido en los medios de comunicación, la dolorosa verdad se impuso.

Las consecuencias fueron aterradoras. La descristianización iniciada en el postconcilio, que se había ralentizado con la llegada al Papado de Juan Pablo II, adquirió de nuevo un ritmo desolador. Todos los ‘marcadores’ -asistencia a misa, frecuencia de los sacramentos, ordenaciones- cayeron en picado.
La jeraquía acabó pareciendo que reaccionaba, hubo muchos golpes de pecho, nuevas directrices, la ‘Carta de Dallas’ en Estados Unidos, un colectivo ‘Nunca Más’ por parte de nuestros pastores que, como estamos viendo este verano, fue solo ‘Hasta la Próxima’.
Chile, otra vez Estados Unidos, Honduras… Otra vez, y otra vez asuntos que se arrastran desde hace años, que los obispos han tapado, que el Vaticano conocía -siquiera como acusación-, que la prensa católica no ha denunciado…

Otra vez.

¿Cómo es posible? ¿Cómo pudo no escarmentar la jerarquía eclesiástica después de aquel escándalo y aquella sangría? ¿Cómo pudo volver a ocurrir, no un caso aislado y puntual, sino un escándalo masivo de la misma naturaleza?
La respuesta corta es que no se hizo nada. Es decir, sí, se tomaron ‘medidas’, las justas para que la ‘purga’ clerical no se extendiese demasiado, pero no se entró a fondo en el asunto.
Benedicto lo intentó. Discretamente ‘retiró’ a decenas de obispos, y dio estrictas instrucciones para que no se ordenara a seminaristas con ‘persistentes tendencias homosexuales’.
Pero Benedicto XVI abdicó y, por estudios como los del polaco padre Oko y abundante información personal, no parece que las cosas hayan cambiado mucho en un aspecto esencial.

La Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha hecho pública una nota en la que los obispos americanos piden perdón, confiesan su culpa colectiva, se comprometen a enmendarse… Pero sin que pague uno solo de ellos, sin que pague nadie. Por lo demás, es revelador que en la nota se hable de ‘abusos’, pero esté conspicuamente ausente una palabra clave: homosexualidad.
Aunque se hable constantemente de ‘pedofilia’, hay que aclarar que, en la abrumadora mayoría de los casos, no se trata de niños, sino de adolescentes; y casi siempre varones. Y mientras no se reconozca eso, mientras no se encare con decisión el problema de la infiltración homosexual en la jerarquía eclesiástica, no se conseguirá nada.
¿Animar a denunciar? Observen el caso hondureño. Una cincuentena de seminaristas del seminario mayor de Tegucigalpa -más o menos, una cuarta parte- ha dirigido una humilde, respetuosa y devota denuncia pública advirtiendo de la presión que estaba ejerciéndose entre los futuros sacerdotes por parte de profesores y compañeros homosexuales.
¿Y cuál ha sido la respuesta? El Arzobispo de Tegucigalpa, Óscar Rodríguez Maradiaga, mano derecha de Su Santidad en Latinoamérica y en asuntos relativos a la tan anunciada ‘renovación’ eclesial y miembro del exclusivo C9, lejos de animarles a que denuncien públicamente o de abrir una investigación, les ha acusado de ‘mentirosos’ y de representar la ‘antiIglesia’.
¿Quién va a atreverse a denunciar? ¿Qué puede hacer un pobre seminarista, en el país más atrasado de la América Hispana, frente a un poderoso cardenal que goza de la amistad personal del Papa?
En cuanto al escándalo de la homosexualidad en el clero, lejos de convertirse en una prioridad, parece ir a contrapelo de lo que se percibe hoy en la Iglesia. Que el orador estrella del Encuentro Mundial de las Familias que ahora se inaugura en Dublín sea el jesuita padre James Martin, autodenominado ‘apostol’ de los LGBTI, no parece indicar que vaya a haber un cambio en la progresiva ‘LGBTIización’ del clero.
En medio de la tormenta, el Papa ha aprovechado para cambiar el Catecismo de la Iglesia Católica, contradiciendo la doctrina anterior sobre la pena de muerte, que califica ahora de ‘inadmisible’ en cualquier caso. Sí, es el Papa: exactamente como eran Papas los que juzgaron lícita esa medida.
Y la sensación, cuando las prioridades de los fieles parecen estar en otras cuestiones, es la de un político que aprueba una medida polémica para distraer la atención de los escándalos de su gobierno.

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