EL Rincón de Yanka: PEREGRINACIÓN

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martes, 12 de agosto de 2025

LIBRO "ALEJANDRO Y EL COMANDANTE": LA HISTORIA HERÓICA DE LOS EMIGRANTES DE VENEZUELA por VIRGILIO VIVAS


ALEJANDRO Y
EL COMANDANTE

VIRGILIO VIVAS

Es una novela que mezcla aventura, realismo mágico y una profunda exploración del amor y el destino. Alejandro, un joven venezolano, emprende un peligroso viaje a través del Darién con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Sin embargo, el destino lo lleva a España, donde deberá reinventarse una vez más. A lo largo de su travesía, el amor se presenta en distintas formas: Desde la intensidad de la adolescencia hasta la serenidad de la madurez. 
Una historia de lucha, emigración y encuentros inesperados que cambian la vida.
*****
"Una historia de amor conmovedora enmarcada en un viaje heroico”.
Lucía Etxebarría

*****
“Un libro imprescindible para entender la Venezuela de hoy”.
David Placer

*****
"La barbarie nunca pudo vestirse de ideología; 
siempre una voz gritaría, que un rey estaba desnudo.
El fresco, directo y crudo mirar de Virgilio, ve secuestrar su nación 
y opone a la oscuridad, denuncia, amor, libertad y riesgosa migración".
Víctor Hugo Márquez

*****
“La sencillez sencilla de Virgilio Vivas, 
hace de esta crónica política una estilosa novela. 
Como en La Mascarada de Alberto Moravia, 
se relata el grotesco carnaval de una dictadura caribeña”.
Jaime Vilchis


Comenzó tocando en las calles de Madrid con 18 años. Virgilio Vivas, propietario de la cadena de restaurantes El Sur, de Madrid, se confiesa autodidacta. Aprendió a gestionar restaurantes y ahora los suyos figuran entre los 30 mejor valorados en Madrid en Google. Ahora lanza una novela para exponer el drama de la diáspora venezolana: “Alejandro y el Comandante”.


«La construcción de la memoria histórica venezolana es esencial para un cambio real en Venezuela. Debemos abrazar cada capítulo de nuestra causa democrática, por más doloroso que sea, con resiliencia y empatía. Dejar de soñar con la Venezuela que amamos no es una opción». —Lorent Saleh.

VENEZUELA, LLEVO TU CRUZ Y EL DOLOR EN MI PIEL

Llevo tu cruz y el dolor en mi piel y el duelo en el corazón.
Llevo en mi sangre, lagrimas de sal, y tu derrumbe en mis ojos.
Envidio el vuelo y el nido al turpial; soy como un hombre sin pies.
Siento tu ausencia, te vuelvo a querer, te perdí que voy a hacer?
Si el destierro, herida, muerte y horror, y al andar sangra mis venas.
Al clamor de un pueblo en el corazón que me desvela,
El país que quiero volverá a ser corazón, fuego y espuela.

Con el alma libre volveré a estar en Venezuela.
Con tu tristeza y mis sueños me fui por esos mundos de Dios.
Y tus recuerdos en cada amanecer me hacen mas duro el camino.
Entre tus calles quedo la verdad tendida al viento y al sol.
Balas y escudos, traición y valor, asesinos contra el honor.
De los montes quiero la claridad y del río toda sus fuerzas, pues por ti, tu hijos destrozaran estas cadenas.
Y si un día muere el monstruo falaz, siete estrellas nos esperan.
Volveremos juntos a construir a Venezuela.

A los que se han ido y a los que quedamos 
"¡VENEZUELA COMO DUELES!"

Yo no soy Diferente. Dedicado a toda la diáspora Venezolana por el mundo por GIAN MARCO

VER+:





El ex preso político venezolano, que padeció cuatro años de torturas en las prisiones del régimen y quiso quitarse la vida cuatro veces, analiza desde su exilio español los últimos movimientos de sus antiguos carceleros



Hoy, por la mañana me subieron
En ascensor
Acompañado de guardias y fusiles
De protocolos y señales
De miradas y preguntas
Tenía tiempo sin subir.
Hoy me llevaron a la superficie
Varios sótanos tuvimos que subir
Para ver el cielo
Para poder tomar con suerte
40 minutos de sol.
Hoy la realidad ha vuelto a cachetearme
Cínica
Política
Esquelética
Poética
Una realidad que ya es ajena
Que dejó de ser mía
La realidad de la física libertad que me han robado
Que los dueños del gobierno
Sumergidos en temores y arrogancia me han quitado.
En una muestra de debilidad
En una vulgar muestra de incapacidad para gobernar
Dieron órdenes a funcionarios de sembrar
Perseguir
Encerrar
A todo aquel que se atreviera al sistema criticar
A cuestionar
A denunciar
Y en muchos casos a tan sólo preguntar.
El cielo para mí hace más de un año y muchos días que dejó de ser azul
Mi cielo es blanco
De muy blanca luz
La brisa hace tiempo que dejó de existir en mi mundo
La corriente que tropieza conmigo es de aire
Aire frío y artificial
Uno acondicionado para este lugar
Un lugar que originalmente fue creado para espíritus quebrar.
Hoy me sentí ajeno más que nunca
Al mundo
A la calle
A lo normal
La libertad.
Hoy sentía extraño lo que para muchos es cotidiano
Casi imperceptible
El ruido de los carros
La gente y sus palabras
Los colores
El azul cielo y el sol.
Mi mundo se hizo celda y libros
Letras y encierro
Cámaras y micrófonos
Funcionarios de seguridad
De “Inteligencia Nacional”
Barrotes de acero y cubiertos plásticos
Aislamiento y soledad
Los amigos que no están
Los señalamientos despiadados
La indefensión
La mentira repetida
Las excusas rebuscadas
El sufrimiento familiar
La tragedia nacional
La incertidumbre permanente.
Las puertas blindadas y los vidrios de seguridad
Las despedidas en las visitas
El retorno del silencio
Una soledad sin intimidad.
Ni soy verdugo
Ni clemencia pido
Quienes saben, saben que no estoy preso por lo dicho o editado
Estoy bajo tierra por lo hecho y luchado
Por libremente pensar
Por el sistema criticar
Por dudar
Por cuestionar
Por salirme del corral
Mis ideales siguen firmes
Por eso sigo en este lugar
No seré complaciente con lo que considero una aberración gubernamental
Mi palestina sangre madre
Mi andina tierra y crianza
Mi valenciana formación
Fueron la materia de mi irreverencia contra el sistema y la opresión
Que se burlen no me importa
Los del sistema defensores
Los de oficio repetidores
Los de por salario agresores.
Soy humano y he llorado
En silencio
En mi celda
Bajo tierra
Sigo siendo humano
Irrenunciablemente humano
Hoy me subieron a la superficie
Regresé diferente
No logro identificar si es miedo o tristeza
El miedo a sentirme ajeno a la física libertad, a lo normal
La tristeza de regresar a los sótanos de un edificio de “Inteligencia Nacional”
Mientras la arrogancia y los miedos de quienes tienen el poder les impide
reflexionar.

Poesía-contra-la-Opresión-2021 by GALENAFM

POESÍA CONTRA LA OPRESIÓN


domingo, 29 de junio de 2025

LIBRO "EL SIGLO DEL MILAGRO": LA CONSAGRACIÓN DE COMPOSTELA por RODRIGO COSTOYA ★🌌

EL SIGLO DEL MILAGRO

La consagración de Compostela

RODRIGO COSTOYA

De milagros fantasiosos

Cuentan que Compostela nació cuando Paio, el eremita, fue guiado por unas luminarias misteriosas hasta la tumba del apóstol Santiago. De ahí el nombre de Campus Stellae. Y también que el rey Alfonso II fue el primer peregrino de la historia. Y que comenzó así una afluencia masiva de caminantes que no ha cesado hasta nuestros días. Una increíble sucesión de milagros, ¿verdad?
Pues lamento decir que todo esto es mentira. Una leyenda, nada más. Una fantasía.

La Compostela primigenia

En los primeros tiempos, en torno a un sepulcro sin identificar no había nada más que un burgo modesto y una pequeña iglesia. El propio Vaticano desmintió que esa pudiera ser la tumba de Iacobus, e incluso algún obispo llegó a ser excomulgado por defender esa tesis.

Un milagro tangible

Es en 1068 cuando nace Diego. Él hizo de Compostela una archidiócesis, y creó la catedral más fastuosa del mundo. Él coronó reyes y entronizó papas, ordenó escribir los códices más maravillosos y puso a la insignificante Compostela a la altura de Roma y de Jerusalén.

Él creó el Camino de Santiago, y en torno a él forjó Europa. Esta es su historia, y es real.
Esto es lo que construyó en el siglo del milagro.
Hasta ahora conocías la leyenda. Ahora descubrirás la verdad.

PREFACIO 

ARTÍFICE DEL MILAGRO 

Un santuario remoto entre colinas boscosas. Y un modesto poblado con cimientos de ceniza. Eso era Compostela en el año 1000. Todo había empezado en el siglo IX, cuando el obispo de la vieja Iria Flavia anunció el descubrimiento de un sepulcro. Siguiendo una vieja leyenda y sus propios intereses, Teodomiro identificó esa tumba como la del apóstol Iacob, el primo hermano de Cristo. El rey cristiano de la época, Alfonso II, suscribió con entusiasmo sus afirmaciones. Concordaban a la perfección con sus intereses políticos. 

El aval del monarca le dio un primer impulso al santuario, y empezaron a llegar fieles. Peregrinar hasta las tumbas de los santos era uno de los usos más extendidos en aquel tiempo. Sin embargo, pronto se alzaron las primeras voces críticas. Hombres sabios y doctores de la iglesia sostenían que aquella no podía ser la tumba de Iacobus. Que era imposible que el señor Sant Iago estuviera enterrado allí, y que el apóstol jamás había estado en Hispania. Ni vivo ni muerto. 
Sostener algo así era contravenir a la mismísima biblia. Había que acabar con aquel fraude. 

El obispo y el rey se reafirmaron en sus tesis. El dominio musulmán, tras un siglo de ocupación, amenazaba con expulsar a los pocos cristianos que quedaban en la Península. Que el mejor amigo de Jesús de Nazaret hubiera elegido aquel rincón de la Gallaecia para su descanso eterno era lo único que podía evitar la consumación definitiva del desastre. Y hubo quienes quisieron creerlo así. Por eso, al principio, la peregrinación a Compostela experimentó un cierto auge. 
Sin embargo, con el paso de las décadas, el fervor inicial se fue enfriando. 
El poblado que había surgido en torno al santuario no acababa de despegar, y empezaron a pesar más las dudas (y la dificultad de alcanzar el Finis Terrae) que esa leyenda incierta sobre el sepulcro del apóstol. La ciudad, todavía incipiente, empezó a languidecer. 
La puntilla llegó en el año 997, cuando Almanzor arrasó el lugar. Tras la razia, Compostela apenas fue capaz de resurgir de entre las brasas. Su santuario pasó a un plano muy secundario en el ideario colectivo de la Europa cristiana. También la sospechosa reliquia que contenía. Ese pudo ser el golpe definitivo. 

La ciudad pudo haber desaparecido igual que había nacido: como un milagro súbito entre la bruma. Sin embargo, justo ahí es cuando aparece nuestro protagonista. 
En 1068, año de su nacimiento, la ciudad era apenas un villorrio de adobe que se extendía por unas callejas cubiertas de lodo. Una iglesia pequeña y unas casas protegidas por una muralla frágil; un par de prioratos y un puñado de monjes. 
Eso era Compostela: un pueblo frío y húmedo en torno a un humilde santuario. Ni rastro de una catedral, ni sede de una diócesis. Un lugar olvidado en los confines de la tierra. 

Cómo un hombre logró convertirla en faro de la Cristiandad es lo que hallarás en estas páginas. Él hizo de ella la última Sede Apostólica de Occidente, y consiguió construir la más fastuosa catedral que jamás se había visto en todo el mundo. Nombró reyes y entronizó papas. 
Propició la creación de nuevos reinos, y robó las reliquias más sagradas. Instauró tributos que perduraron a lo largo de los siglos. 
Mandó escribir los códices más maravillosos de su época y creó la primera guía de viajes de la historia. 
Construyó una armada de guerra, algo nunca visto en los reinos hispánicos, y se convirtió en la figura más relevante de su tiempo. Tal vez el mayor genio político de cuantos hayan existido. 

Con todo eso, y mucho más, consiguió poner a la insignificante Compostela a la altura de Roma y de Jerusalén. Y todo lo consiguió en una vida plagada de prodigios. Una existencia desbordante de tesón y de talento. No se trataba de un conde, ni de un príncipe, sino del hijo de un soldado. Su nombre, Diego Gelmírez. El artífice del milagro.

Eran tiempos convulsos para los reinos cristianos. Tras la muerte de Fernando el magno, sus reinos fueron repartidos entre sus tres hijos: al mayor, Sancho, le correspondió Castilla; al segundo, Alfonso, el reino de León, y el más pequeño, García, sería rey de Galicia. Sin embargo, poco tardaría Alfonso en coronarse como único rey. Sancho sería asesinado en oscuras circunstancias, y él juraría ante el Cid que nada había tenido que ver con su muerte. Pese a ello, no dudaría en hacer prisionero a García para apoderarse de Galicia. 

Las luchas fratricidas incendiaban la cristiandad. Sin embargo, no estaban las aguas más tranquilas tras la frontera andalusí. Las taifas resultantes de la desintegración del califato de Córdoba se disputaban la hegemonía de los territorios islámicos, pagando generosas parias a los cristianos para que los defendieran de sus enemigos… y para que renunciasen, también, a conquistarlos. Hispania entera era un polvorín. Cualquier chispa podía desencadenar una hecatombe. Hasta la más inesperada.


domingo, 1 de junio de 2025

¡CAMINA A BELÉN!



Si la incomprensión te pesa, camina a Belén.
Si la soledad te acompaña, camina a Belén.
Si la tribulación y el dolor inundan tu corazón, camina a Belén.
Si te sientes derrotado y el mundo te ha traicionado, camina a Belén,
porque allí se encuentra el Niño que para ti ha nacido,
y desde Su pobre cuna te muestra que viene a derrotar toda tristeza,
y darte una vida nueva,
para que en tu corazón siempre florezca el amor y la paz verdadera.

¡Oh Belén que en todos los corazones Jesús te quiere poner!

Hoy quiero meditar estas palabras, frase por frase, en la Luz de la Navidad que Jesús quiere poner en nuestras almas, para mejor preparación de nuestro corazón a la Venida del Niño que tanto esperamos.

Si la incomprensión te pesa, camina a Belén.

María caminaba en silencio, incomprendida por el mundo, y sin poder explicarle a la gente cual era la realidad que realmente la llenaba de gozo, y de dolor. 
El gozo y el dolor eran como un ramo de hermosas rosas que perfumaban su alma, pero llenas de espinas que hacían difícil tomarlas con las manos sin lastimarse. 
¿Cómo borrar esa incomprensión sin decir que el Dios de lo alto había anidado en su Vientre? 
Las habladurías, las críticas de los familiares, las miradas esquivas, ¡cómo dolían en su alma! El silencio fue siempre el compañero fiel de María, por eso Ella caminó a Belén simplemente guardando estas cosas en su Corazón.

Si la soledad te acompaña, camina a Belén.

José y el burrito iban con Ella, y sin embargo la soledad la envolvía con más dureza que el frío del camino. 
José la miraba con palabras de consuelo, tratando de no mostrar el dolor que laceraba su interior. 
María estaba acompañada por la hermana soledad, esa amiga que se empeña en unirse a nosotros cuando más necesitaríamos el calor del mundo, las miradas comprensivas, los abrazos de bienvenida, el aceptar sin preguntar, el confiar sin saber. 
La hermana soledad nos llama entonces a cerrar los ojos y a ir de su mano por los estrechos senderos de nuestra alma, al encuentro del que nos espera en Su cuna de Belén.

Si la tribulación y el dolor inundan tu corazón, camina a Belén.

María, portadora en su vientre del más maravilloso Tesoro que jamás pudiera haber existido, fue rechazada como si fuera una molestia, un motivo de distracción para los que gozaban del calor de las posadas, de los hogares donde acudieron por ayuda. José estaba en su pueblo, en su Belén, y sin embargo no fue escuchado por sus propios familiares o amigos. 
¡Cuánto dolor y tristeza hizo nido en los corazones de estas purísimas almas! Pero María sabía que el sufrimiento, cuando es extremo, anuncia la cercanía de grandes Gracias. ¡Ella, Nuestra Señora de la Alta Gracia, la Gracia de ser Madre del Salvador!

Si te sientes derrotado y el mundo te ha traicionado, camina a Belén,
porque allí se encuentra el Niño que para ti ha nacido,
y desde Su pobre cuna te muestra que viene a derrotar toda tristeza,
y darte una vida nueva,
para que en tu corazón siempre florezca el amor y la paz verdadera.

El estallido de dolor ante la traición de los cercanos, y de los lejanos, y el fracaso ante los ojos del mundo, fue reemplazado por un estallido de Gloria. 
María vio esos Ojos que la miraban desde un montoncito de paja y polvo, y comprendió que todo había tenido sentido, como anticipando la Cruz que como espada iba a atravesar su Corazón, pero también viendo las puertas del Reino de Dios que se abrirían ante la reconciliación de Dios con Su Criatura. 
María vio como el camino a Belén derrotó los dolores del mundo e invitó a la Gloria de los ángeles que nos cantan a nosotros aún hoy sobre la paz a los hombres de buena voluntad, a los que verdaderamente aman al Señor.

¡Oh Belén que en todos los corazones Jesús te quiere poner!

Ayer, hoy y siempre, la humildad de Belén es puesta por Jesús en nuestro pesebre interior, nuestro corazón. Como lo hizo María, Él espera de nosotros obediencia heroica, humildad en el silencio, entrega en el dolor, aceptar sin comprender, caminar sin ver el camino, oración aún cuando duela, caminar aunque las piedras traspasen nuestros pies. Belén está delante de nosotros, fulgurante, majestuosa, aunque escondida a los ojos del mundo.

Ese es nuestro secreto, compartido con María. Belén, nuestra Belén Celestial, en la que el Niño por nacer nos espera. Hermano, hermana, no mires atrás.

¡Sólo camina a Belén!




Letra y Música: 
Antonio Alcalde
.
¿Por dónde se va a Belén?
Por cualquier camino del mundo
donde brota un amor profundo,
por allí se va a Belén.
.
Para llegar a Belén
no andes solo el camino,
pues junto a ti, peregrino,
camina el Niño Emmanuel.
.
Oveja, mula y rabel
van caminando contigo
buscando el rostro divino
del Dios nacido en Belén.
.
Donde brota una sonrisa,
donde se tiende una mano,
donde se escucha sin prisa
la palabra del hermano,
por allí se va a Belén.


VER+:




jueves, 1 de mayo de 2025

LIBRO "CAMINANDO CON SAM": UN PADRE Y UN HIJO NEOYORQUINOS, Y LA MAGIA DEL CAMINO DE SANTIAGO PARA ESTRECHAR SUS VÍNCULOS



Un padre y un hijo neoyorquinos, 
y la magia del Camino de Santiago 
para estrechar sus vínculos

Al tiempo que su primogénito empezaba a tantear la vida adulta, el neoyorquino Andrew McCarthy sintió la necesidad de desacelerar su ritmo de vida. En pos de reforzar los vínculos antes de que Sam abandonara el nido, y al mismo tiempo revivir el viaje que décadas atrás le había cambiado la vida, McCarthy propuso a su hijo recorrer juntos a pie los 800 kilómetros que separan Saint-Jean-Pied-de-Port de Santiago de Compostela por el Camino Francés.
Andrew McCarthy (Nueva Jersey, 1962) es un reputado escritor especializado en literatura de viajes. Ha sido colaborador asiduo de «National Geographic» y «The New York Times». Antes, en la década de 1980 sobresalió en el cine como joven promesa («St. Elmo, punto de encuentro», 1985; «Este muerto está muy vivo», 1989), carrera que ha proseguido de forma más espaciada («Cosas que nunca te dije», 1996; «Brats», 2024, documental como director). Vive en Nueva York. «Caminando con Sam» es su cuarto libro y el primero traducido al castellano.

En el transcurso de las cinco semanas de viaje a través de unos paisajes inolvidables, padre e hijo mantuvieron más charlas sinceras que las que habían tenido en dos décadas de convivencia. Conversaciones sobre las rupturas de pareja, las huellas que deja la escuela, la difícil relación de McCarthy con su propio padre, la fama o los Cheetos eran susceptibles de socavar la relación o de cimentarla. Caminando con Sam capta con maestría esta íntima, sincera y esperanzada aventura viajera de dos seres a través de España y en busca uno del otro.

«Para convertirse en un caminante 
hace falta una dispensa directa del Cielo».
 Henry David Thoreau

Prólogo

De muy joven, cuando triunfé en el cine por todo lo alto y en muy poco tiempo, se me metió en la cabeza que mis éxitos eran injustificados, que no me los había trabajado y que todo era un gran engaño, algo inmerecido. Esta percepción interna se igualó a la externa cuando una revista publicó un artículo donde se me vinculaba a un grupo de jóvenes actores bautizado como el Brat Pack, «la panda de los mocosos», todos con el mismo sambenito de niñatos mimados e interesados solo por la fama. Según esa semblanza, yo me caracterizaba por no profundizar nunca en las cosas, por aspirar a los premios habiéndome saltado los esfuerzos. Era un peso pluma. Se podrá discutir si era verdad o no. De lo que no cabe duda es de que ese dictamen caló tanto en mí que acabó configurando el modo en que me veía a mí mismo. 

Todo eso lo puso patas arriba hace un cuarto de siglo el Camino de Santiago. En ese viaje a pie no me había propuesto recuperar el relato de mi vida, al menos conscientemente, pero fue lo que pasó. Yo me había convertido en una persona reactiva, que huía de los ataques —o de lo que percibía como tales— y eludía el compromiso emocional mientras trataba de aferrarme a las pocas oportunidades —cada vez menos, en mi percepción— que se me presentaban. Mi paso por España plantó las semillas de otra manera de vivir las cosas, proporcionándome una base interna con la que seguir adelante. Y todo por el mero hecho de echarme a caminar. Caminé y caminé. Por todo un país. Cinco semanas; quinientas millas, u ochocientos kilómetros. Eso no había quien me lo quitase. Tampoco era fácil de subestimar, ni siquiera por mí. Crucé España por mis propios méritos. 

Cada día de camino me lo recordaban los campanarios, aunque no por lo que se podría pensar. Al peregrino que va por los trigales, rodeado de polvo, muy lejos de cualquier núcleo habitado, la primera señal de civilización que se le suele aparecer es un campanario despuntando sobre el horizonte, el punto más alto del pueblo. Verlos siempre me producía una mezcla de alivio y cansancio. 
«Pero cuánto falta aún, por Dios», pensaba siempre; aunque al final tardaba menos en llegar de lo que me había parecido, y con menos esfuerzo. Lo había conseguido. Yo solo, sin atajos. 

Pasados los años, cuando ya no me veía como un hombre superficial que trampeaba por la vida, cuando ya era una persona merecedora de sus éxitos y capaz de digerir sus fracasos, pude atribuirles a ellos, a los campanarios, la primera sensación de haberme ganado con mi esfuerzo lo que había conseguido, y aquello en lo que me había convertido. Caminar tenía algo que se me había clavado hasta la médula, cuajando en un saber indestructible. 

Después de tanto tiempo sintiéndome poco preparado, con algún tipo de carencia, y a menudo muy solo, tuvo que ser el Camino el que me enseñase mi solidez como persona. Fue el mayor de los muchos regalos que recibí de él. Ojalá lo hubiera aprendido mucho antes. Ahora ha llegado el momento de que el regalo cambie de manos, y por eso, veinticinco años después, vuelvo al norte de España. Y me traigo a mi hijo.


El neoyorquino que cruzó a pie España con su hijo adolescente 
para curarle el mal de amores: 
«El Camino de Santiago me dio el mayor lujo 
que puedes tener con un hijo adulto»


La primera ruptura de su hijo adolescente le recordó a Andrew cómo el Camino Francés le espabiló a él la vida más de 25 años atrás, cuando era un actor que descorchaba el éxito mano a mano con su síndrome del impostor. Al mal de amores, pies, 800 kilómetros de confidencias compartidas en el libro «Caminando con Sam». «Esa antigua frase en latín Solvitur ambulando (se soluciona andando) es absolutamente cierta», subraya el americano.

Su primer Camino le puso la vida patas arriba para hacerle tocar tierra y curarle la flojera mental que le causaron las primeras críticas que recibió como actor. Fue tan importante para él caminar que cuando vio a su hijo adolescente Sam venirse abajo tras su primera ruptura de pareja, Andrew se subió enseguida a la máquina del tiempo. Más de 25 años viajó atrás en minutos para recordar aquellas semanas en que había cruzado España 25 años más joven entre trigales y campanarios que eran para él un alivio, «una señal de civilización en el horizonte» cuando llevaba horas andando sin un alma a la vista.

«Sam, ¿te apetecería caminar?», le dijo Andrew a su hijo considerando la idea de patear juntos de Saint-Jean-Pied-de-Port a Compostela un día como otro recogiendo la cocina en su casa de Manhattan. «La verdad es que no mucho», fue lo primero que dijo Sam. Cuando su padre le concretó que no se trataba de ir «al súper a por papel de cocina», sino de convivir caminando unas cinco semanas en el Camino de Santiago, Sam cambió de idea y soltó un «vale».

Sam tenía un asunto pendiente que preocupaba mucho a su padre, un asunto que llevaba alargándose año y medio: la ruptura de golpe de la primera relación seria de pareja. Consciente de esa manera tan light con que suelen pedir ayuda los adolescentes y recordando ese empujón vital del primer Camino recorrido, Andrew no tardó en comprar dos billetes de avión para él y su hijo, que debutaba en ser «un corazón roto».

Andrew es Andrew MCCarthy, un actor que cuando empezó a triunfar en el cine en Estados Unidos se vio perseguido por el síndrome del impostor a raíz de una crítica que lo señalaba como parte de «una panda de mocosos» con más gana de fama que vocación y actitud de currárselo. Ante su inseguridad, fueron los pies los que pudieron darle un vuelco al malestar de su cabeza al recorrer los 800 kilómetros del Camino Francés.

Polvareda de recuerdos. «Yo siempre quise volver a hacer el Camino. La primera vez que lo hice me cambió la vida. Me reveló cuánto miedo había dominado mi vida hasta entonces...», dice este padre peregrino que da cuenta de los frutos de la marcha física y emocional compartida con su hijo en el libro Caminando con Sam, una crónica peregrina novelesca, llena de verdades, historias, anécdotas y guiños literarios. «Como Sam tenía 19 años y estaba comenzando a hacer su vida, sentí que nuestra relación había comenzado a decaer», revela Andrew, que no oculta las dificultades iniciales de tratar de acompasar el paso al singular ritmo con un adolescente.

Sam se sentía cansado ya a 779 kilómetros de Compostela, cuando arrancando la marcha en Saint-Jean-Pied-de-Port, una joya natural a los pies del puerto de Roncesvalles de 1.500 habitantes (sin contar los miles de peregrinos que hacen allí parada en primavera y otoño), su padre le explicó la importancia de seguir las flechas amarillas para acertar el Camino, la historia de Pelayo el ermitaño y le enseñó una de las cosas fundamentales de su día a día en ruta: saber pedir en español un «café con leche».

«Yo sabía desde el principio que el mayor desafío sería mantener a Sam en marcha hasta que el hiciera clic», cuenta Andrew. «El segundo día, Sam me preguntó: ‘‘¿Qué sentido tiene esta caminata?”, y el tercer día: “¿Hay un aeropuerto en Pamplona?”», detalla sobre las «piedrecitas» que el adolescente veía al comienzo en ruta.

Padre e hijo siguieron caminando, y la resistencia inicial de Sam fue cediendo. Empezar una cosa es haber hecho la mitad, dice el proverbio. Con un pie en Estella, llegó en la cabeza adolescente el ansiado clic mental. A esa altura, Sam le dijo a su padre: «No llamaría a esto divertido, pero es satisfactorio», y Andrew sintió ya que el paso se empezaba a acompasar.

LA MEJOR ETAPA

¿Cuál fue la mejor etapa juntos? 
«La entrada a Galicia, llegar a O Cebreiro y más allá. El impulso y la belleza de esa parte de España van ganando terreno conforme te acercas a Santiago. Estábamos en buena forma para caminar, los días parecían fáciles», responde Andrew. Ni la lluvia les aguó la marcha por Galicia, no les llovió. Alcanzado O Cebreiro, su manera de andar se volvió «más suelta, sustituyendo los andares chulescos que se habían impuesto en León», que sucedieron, relata Andrew en Caminando con Sam, «la determinación, a veces severa, de la Meseta», sustituta del impulso que les llevó hasta Burgos, «y este de la elasticidad de la fase riojana, que había disipado el nerviosismo» de los inicios en Roncesvalles.

Semanas antes de ganar la Compostela, Sam le dijo a su padre muchos «bro», le confesó que se sentía «narcisista», hablaron de la «Ex» (la primera ex merece la mayúscula), de esteroides, de botas y zapatillas, de padres con los que quedan reproches emboscados en silencio, de matrimonios fallidos y de padrastros y madrastras, entre coca-colas, tortillas, libros y referencias literarias y cinematográficas, como Hemingway (uno de los atractivos en Pamplona, ¡parada obligada en el café Iruña!) o El mago de Oz. «El Café Iruña, el favorito de Hemingway en Pamplona, fue el primer sitio de mi primer viaje por España donde me relajé», confiesa Andrew, que no esconde una de las «grandes verdades del Camino: los caminantes odian a los ciclistas, [porque] pedaleando se tarda menos de una semana en completar el recorrido» que yendo a pie.

Hacer por primera vez el Camino a Andrew, recuerda, lo convirtió, al fin, «en una persona capaz de terminar las cosas», algo que pensó que podía sucederle a Sam alcanzada la meta. La tensión de la relación de Andrew con su padre, el abuelo de Sam, fue una de las cuentas que sus pies ajustaron en ruta. A Sam se le aflojaron los cordones del nudo con su exnovia y se atrevió a preguntarle a su padre por qué habían roto su madre y él. «Para ser viejo y sabio hay que haber sido joven y tonto», le dice Sam a su padre (cambiando las tornas) a 528 kilómetros de su llegada a Santiago. Hacer el Camino pies con pies a este padre y su hijo les dejó varias enseñanzas. «Una de las cosas principales que aprendí fue que no tenía por qué tener respuestas. Tenía el máximo lujo que puedes tener con un hijo adulto: tiempo. Sabía que, simplemente, tenía que caminar a su lado y estar ahí. Que era suficiente con eso, el resto iría surgiendo», comparte este actor neoyorquino enamorado de Galicia.

¿Se parece hacer el Camino de Santiago a la paternidad? 
«Es un camino largo y complicado... Algunos días son buenos, otros días son difíciles, pero en general, es un viaje maravilloso. Como la vida», resuelve Andrew con paso ligero y seguro.
El Camino mejoró la relación padre-hijo «10 sobre 10». «Cuando somos niños, no solemos ver a nuestros padres como personas que viven sus vidas, sino como un reflejo de nosotros. Y tendemos a hacer una versión de lo mismo como padres. Creo que Sam llegó a ver quién soy, y yo he podido ver el hombre en que él se está convirtiendo, separado de su familia. Fue un privilegio», añade Andrew.

¿Qué fue más valioso en este Camino, los kilómetros recorridos con los pies o los acortados de distancia emocional gracias a las palabras? «¡Trabajan juntos! 
Esa antigua frase en latín Solvitur ambulando (‘Se soluciona andando') es absolutamente cierta», subraya.

Entonces, ¿el que camina... resuelve? «Amén», concede Andrew.

Compartir el Camino valió para hacer la transición de Sam a la edad adulta dejando el nido, y para aliviar esa primera ruptura de pareja del chico. «Sam todas las mañanas comenzaba a caminar y no hablaba. Algunos días me llevaba cinco minutos y otros días horas, pero finalmente Sam comenzaba a hablar sobre su ruptura y tenía mucho que sacar y procesar. Caminar hizo que todo fuera más fácil. Creo que hizo en cuatro semanas caminando lo que le llevaría un año procesar», opina su padre, que se manifiesta convencido de que «no hay otro lugar como Galicia cuando brilla el sol».

Fue en agosto del 2021 cuando llegaron a Compostela, y desde ese agosto de hace tres años, Sam ha hecho el Camino dos veces más. «¡Está enganchado! —revela su padre—. Creo que a mí aún me queda uno más, pero me estoy haciendo mayor, así que será mejor que nos atemos las botas pronto...».

Andrew McCarthy hizo el Camino de Santiago con su hijo Sam. 

Al tiempo que su primogénito empezaba a tantear la vida adulta, el neoyorquino Andrew McCarthy sintió la necesidad de desacelerar su ritmo de vida. En pos de reforzar los vínculos antes de que Sam abandonara el nido, y al mismo tiempo revivir el viaje que décadas atrás le había cambiado la vida, McCarthy propuso a su hijo recorrer juntos a pie los 800 kilómetros que separan Saint-Jean-Pied-de-Port de Santiago de Compostela por el Camino Francés.

viernes, 21 de junio de 2024

EL CAMINO DE SANTIAGO ES MUCHO MÁS QUE UNA RUTA DE PEREGRINACIÓN: ES UN VIAJE TIEMPO ESPACIAL EN COMUNIÓN TRASCENDENTE CON LA HISTORIA INICIÁTICA DE NUESTROS EPÍGONOS PEREGRINOS


El  Camino  de   Santiago:  
Una  ruta  que  va  más allá  
de  una  simple  caminata
 
En el corazón de Europa se despliega una red de senderos que atraviesa múltiples países, convergiendo todos en un mismo destino: Santiago de Compostela, en el noroeste de España. Esta ruta, conocida universalmente como el Camino de Santiago, ha sido durante siglos no solo un camino físico, sino también una travesía espiritual y emocional, entrelazada con leyendas, misterios y una profunda historia.
 
La historia del Camino de Santiago comienza alrededor del siglo IX, cuando se descubren los restos que pertenecen al Apóstol Santiago en Galicia, España. Este descubrimiento transformó rápidamente a la región en un punto de peregrinación cristiana de gran relevancia, a la altura de Jerusalén y Roma. Desde entonces, millones de personas de todo el mundo han recorrido estos caminos, cada una con sus propios motivos: espiritualidad, penitencia, aventura o incluso como una forma de encontrar respuestas a las preguntas fundamentales de la vida.
 
El Camino no es una sola ruta, sino un entramado de caminos. Entre ellos, el más famoso es el Camino Francés, que se extiende por casi 800 kilómetros desde Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia, hasta Santiago de Compostela. Pero también hay otros, como el Camino del Norte, la Vía de la Plata, el Camino Portugués, y muchos más, cada uno impregnado de su propia historia y leyendas.
 
A lo largo de estas rutas, los peregrinos atraviesan paisajes que son una mezcla de belleza natural e historia viva. Desde las majestuosas montañas de los Pirineos, pasando por los vastos campos de Castilla y León, hasta llegar a los verdes valles de Galicia, el Camino ofrece una diversidad geográfica asombrosa.
Además, los caminos están salpicados de monumentos históricos, como iglesias, monasterios y catedrales, muchos de los cuales datan de la Edad Media.
Pero el Camino de Santiago es mucho más que un recorrido histórico-cultural. Es un crisol de experiencias humanas. 
 
Los peregrinos, conocidos como "jacobeos", provienen de todos los rincones del mundo, cada uno con historias únicas. En el Camino, las diferencias sociales y culturales se desvanecen, creando un sentido de camaradería y comunidad entre los viajeros. Muchos relatan cómo esta experiencia les ha cambiado la vida, proporcionándoles claridad, paz interior y un sentido de conexión con algo más grande que ellos mismos.
 
Asimismo, el Camino está impregnado de misticismo y leyendas. Desde historias de milagros realizados por el Apóstol Santiago, pasando por relatos de fantasmas y apariciones, hasta leyendas de tesoros ocultos y seres míticos que habitan en los bosques y montañas del camino. Estas historias, transmitidas de generación en generación, añaden una capa de misterio y encanto a la peregrinación.
 
En resumen, el Camino de Santiago es mucho más que una simple ruta de peregrinación. Es un viaje que atraviesa el tiempo y el espacio, conectando a las personas no solo con la historia y la cultura, sino también con sus propias almas y con los demás. Es una experiencia que desafía el cuerpo, enriquece el espíritu y transforma la vida, envuelta en el misterio de leyendas y la belleza de un camino que ha sido recorrido por los pies de muchísimas personas a lo largo de los siglos.
 

“FOOTPRINTS IN THE SAND”

HUELLAS EN LA ARENA

Caminaste conmigo,

dejando huellas en la arena

y me ayudaste a entender a donde voy.

Caminaste conmigo,

cuando estaba completamente sola

con tantas cosas que no conozco y encuentro a lo largo del camino.

Entonces te oí decir:


Te prometo

que siempre estaré aquí

cuando tu corazón esté lleno de dolor y desesperación.

Te guiaré

cuando necesites un amigo

encontrarás mis huellas en la arena.


Veo mi vida cruzando el cielo

y me he sentido asustada muchas veces

y cuando creí que había perdido mi camino

me diste fuerzas para continuar,

fue entonces cuando te escuché decir

Te prometo

que siempre estaré aquí

cuando tu corazón esté lleno de dolor y desesperación.

Te guiaré

cuando necesites un amigo

encontrarás mis huellas en la arena.


Cuando estoy agotada

sé que estarás ahí

porque puedo sentirte diciendo.

Te prometo

que siempre estaré aquí

cuando tu corazón esté lleno de dolor y desesperación.

Te guiaré

cuando necesites un amigo

encontrarás mis huellas en la arena.


ORACIÓN DEL PEREGRINO
A SU LLEGADA A SANTIAGO


Aunque hubiera recorrido todos los caminos,Cruzado montañas y valles desde Oriente hasta Occidente, si no he descubierto la libertad de ser yo mismo no he llegado a ningún sitio.

Aunque hubiera compartido todos mis bienes con gentes de otra lengua y cultura, hecho amistad con peregrinos de mil senderos o compartido albergue con santos y príncipes, si no soy capaz de perdonar mañana a mi vecino, no he llegado a ningún sitio.

Aunque hubiera cargado mi mochila de principio a fin y esperado por cada peregrino necesitado de ánimo, o cedido mi cama a quien llegó después, y regalado mi botellín de agua a cambio de nada, si de regreso a mi casa y mi trabajo no soy capaz de crear fraternidad y poner alegría , paz y unidad, no he llegado a ningún sitio.

Aunque hubiera tenido comida y agua cada día, y disfrutado de techo y ducha todas las noches , o hubiera sido bien atendido de mis heridas si no he descubierto en todo ello el amor de Dios, no he llegado a ningún sitio.

Aunque hubiera visto todos los monumentos y contemplando las mejores puestas de sol; Aunque hubiera aprendido un saludo en cada idioma, o probado el agua limpia de todas las fuentes, si no he descubierto quién es el autor de tanta belleza gratuita y tanta paz no he llegado a ningún sitio.

Si a partir de hoy no sigo caminando en tus caminos buscando y viviendo según lo aprendido; Si a partir de hoy no veo en cada persona , amigo y enemigo , un compañero de camino; Si a partir de hoy no reconozco a Dios , el Dios de Jesús de Nazaret, como el único Dios de mi vida no he llegado a ningún sitio.

 
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