EL Rincón de Yanka: LA MÍSTICA DE LOS OJOS ABIERTOS CON LOS OJOS DEL RESUCITADO

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jueves, 8 de junio de 2017

LA MÍSTICA DE LOS OJOS ABIERTOS CON LOS OJOS DEL RESUCITADO

BENJAMÍN GONZÁLEZ BUELTA

"El siglo XXI o será místico 
o no será". A. Malraux

"Balaam vio que a Dios le gustaba bendecir a Israel, de manera que no fue como las otras veces en busca de señales, sino que se volvió de cara al desierto. Cuando Balaam levantó la vista, vio a Israel agrupado por tribus; entonces el espíritu de Dios se apoderó de él. Y proclamó así su poema: 
"Palabra de Balaam, hijo de Beor, palabra del hombre que traspasa el misterio, oráculo del que escucha las palabras de Dios, que ve lo que el Dios de la Estepa le da a ver, que se postra, y Dios le abre los ojos. 

¡Qué hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus moradas, oh Israel! Se estiran como valles, como jardines a orillas de un río, como áloes que ha plantado Yavé, como cedros a orillas de un curso de agua. Se rebalsa el agua de sus dos baldes, su simiente está bien regada, su rey es más poderoso que Agag, y su reino crece todavía! ¡Dios lo hace salir de Egipto, y le da cuernos de búfalo! Devora a las naciones enemigas, les quiebra los huesos, las atraviesa con sus flechas. Se agacha, se acuesta como un león, como una leona: 
¿quién lo hará levantarse? Benditos sean los que te bendicen, malditos sean los que te maldicen". Se enojó Balac con Balaam; golpeó las manos, y le dijo: 
"¡Te hice venir para que maldijeras a mis enemigos, y tú, en cambio, los has bendecido tres veces! Ahora lárgate a tu tierra. Yo había prometido colmarte de honores, pero Yavé te dejó sin nada." Balaam respondió a Balac: 
"Dije algo a los hombres que tú me mandaste; les dije: 
Aunque Balac me dé su casa llena de plata y de oro, no desobedeceré la orden de Yavé. Bien o mal, no haré nada por mi mismo, sino que diré lo que diga Yavé. Ahora me regreso a mi tierra. Pero déjame decirte lo que ese pueblo hará a tu pueblo en los días venideros". 
Entonces proclamó su poema: 
"Palabra de Balaam, hijo de Beor, palabra del hombre que atraviesa el misterio, oráculo del que escucha las palabras de Dios y que posee la ciencia del Altísimo, que ve lo que el Dios de la Estepa le deja ver, que se postra, y Dios le abre los ojos. Lo veo; pero no por ahora, lo contemplo, pero no de cerca: un astro se levanta a desde Jacob, un cetro se yergue en Israel. Le pega a Moab en las sienes, y en el cráneo a todos los hijos de Set. Edom se convierte en su conquista, le quita Seír a sus enemigos, Israel hace grandes cosas, Jacob impone su fuerza y hace que perezcan los sobrevivientes de Ar". Balaam vio a Amalec y dijo su poema: "¡Amalec, la primera de las naciones, tu posteridad desaparecerá!" Al ver a los cenitas, dijo su poema: 
"Sólida es tu morada, tu nido está instalado en una roca! Sin embargo, el fuego devorará a Kayin, y al final el asirio lo llevará cautivo". Y proclamó además este poema: 
"¡Ay! ¿quién estará allí cuando Dios lo decida? Vienen naves desde Quitim, someten al asirio, someten al hebreo, pero ellos también correrán a la ruina". Balaam se puso en camino para volver a su casa, y Balac se fue también por su camino". Núm 24, 1-25


MÍSTICA DE LOS OJOS CERRADOS
BÚSCATE EN MÍ 
Santa Teresa de Jesús

Alma, búscate en Mí, 
y a Mí búscame en ti. 


De tal suerte pudo amor, 
alma, en Mí te retratar, 
que ningún sabio pintor 
supiera con tal primor 
tal imagen estampar. 

Fuiste por amor criada 
hermosa, bella y así 
en mis entrañas pintada; 
si te perdieres, mi amada, 
alma, búscate en Mí. 

Que yo sé que te hallarás 
en mi pecho retratada, 
y tan al vivo sacada, 
que si te ves, te holgarás, 
viéndote tan bien pintada. 

Y si acaso no supieres dónde 
me hallarás a Mí, 
no andes de aquí para allí. 
Si no, si hallarme quisieres, 
a Mí búscame en ti. 

Porque tú eres mi aposento, 
eres mi casa y morada, 
y así llamo en cualquier tiempo, 
si hallo en tu pensamiento 
estar la puerta cerrada. 

Fuera de ti no hay buscarme, 
porque para hallarme a Mí 
bastará sólo llamarme; 
que a ti iré sin tardarme, 
a Mí búscame en ti.



LA MÍSTICA DE LOS OJOS ABIERTOS

¿Cuándo te vimos, Señor?


BUSCAR Y HALLAR A DIOS EN LA REALIDAD DE LA VIDA CON LOS OJOS DEL RESUCITADO 


La mística, como experiencia de lo divino, no puede ser un proyecto aplazado por la cultura. Sus producciones, su mentalidad, la investigación y la innovación, sus concepciones filosóficas y políticas del tiempo presente no pueden estar al margen de la sabiduría que el hombre solo puede alcanzar cuando se abre a la trascendencia. En términos cristianos fue el teólogo alemán K. Rahner quien señaló la mística como el camino que debía seguir el bautizado en el presente siglo “El hombre religioso de mañana será un místico, una persona que ha experimentado algo, o no podrá seguir siendo cristiano... 
«No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas como se puede discernir si su alma ha permanecido en el fuego del amor de Dios». Simone Weil
Ver la realidad a la luz de Dios, es una de las experiencias fundantes para San Ignacio, como una mística de vuelta al mundo. Es la mística que J. B. Metz ha bautizado como una “mística de los ojos abiertos”, la mística de quien encuentra a Dios y es interpelado por Dios en el sufrimiento del mundo. Que también es críticamente consciente de su parte y responsabilidad con estos “crucificados” y que, por tanto, se aproxima a su realidad desde abajo y humildemente. En este seminario recorreremos el libro de Benjamin G. Buelta, haciendo referencias al texto original de J.B. Metz y a la “mística ignaciana” de encontrar a Dios en el día a día.

La mística tiene que ver con el desplegarse de todos los sentidos en una creciente captación y entrega a lo real. Por ello no deja de ser una redundancia hablar de una mística de los ojos abiertos, porque una mística que los cerrara y que llevara al retraimiento no sería ningún camino verdadero. Pero también es cierto que comprendemos lo que se desea acentuar cuando así se especifica, porque no todas las místicas tienen la misma orientación.

Johann Baptist Metz presentó precisamente su último libro bajo este título: Por una mística de los ojos abiertos (Herder, 2013). En esta obra recoge cuanto podía esperarse de una voz que durante décadas ha recordado lo ineludible del compromiso histórico, particularmente con los más desfavorecidos, para quien quiera seguir el camino cristiano. En las últimas décadas son muchos los que han encarnado y siguen encarnando un modo de estar presentes en la realidad política y social nutrida por la mirada interior: Gandhi se entregó a la lucha no-violenta por la emancipación de su país y de los descastados; Dag Hammarskjöld creó una nueva conciencia en la cooperación internacional desde su cargo como Secretario General de las Naciones Unidas; Martin Luther King dio su vida por lograr la igualdad de derechos entre blancos y negros norteamericanos...
“A ellos les sucede cierto día que tropiezan con la realidad desnuda, una visión cualquiera, o una voz los arranca de su sueño que se llama yo, contemplan el rostro de la vida, su horrible y maravillosa grandeza, su inmensa plétora de dolor, aflicción, amor irredento y anhelo equivocado. Y ellos responden a la vista del abismo con el único sacrificio omnivalente y definitivo, con el sacrificio de su propia persona. Se ofrendan a los hambrientos, a los enfermos, a los viciosos, no importa quién, ellos se dejan atraer, succionar y devorar por toda deficiencia, toda desnudez, todo dolor. Éstos son los verdaderos amantes, los santos. Hacia ellos tiende toda la humanidad que aspira más que a la norma y a la rutina, ganados por su sacrificio. Todo otro sacrificio pequeño adquiere valor y sentido, en ellos se cumple y justifica todo el problema de los solitarios, de los superdotados, de los difíciles y a menudo desesperados. Pues el genio es amor, es anhelo de abnegación y no se satisface sino en este último y total holocausto". Hermann Hesse, en una carta dirigida a un joven de 18 años; Montagnola (Suiza), 28 de febrero de 1950.

“Descubrir la presencia activa de Dios” en el mundo de hoy, aterrizándolo en una realidad política, económica y social de un mundo globalizado, que presenta grandes desafíos al reconocimiento de la dignidad humana. Nos presenta una experiencia de Dios enraizada en el dolor cotidiano, maquillado con el barniz mercantilista de “sensaciones seducidas”, frente a las cuales la vivencia de la dimensión espiritual no puede ser ajena. Así mismo, en la Mística de Ojos abiertos la oración es también acción en medio de la cotidianidad, es importante superar la idea de que la única forma de tener una experiencia de Dios es a través de una oración contemplativa en la soledad y el recogimiento, aunque como veremos más adelante sea indispensable para tener una auténtica experiencia de Dios. También es posible encontrar a Dios en el transcurrir diario de la historia y podemos mirarlo en los seres humanos que sortean una existencia entre dichas y desgracias “dando vida y libertad”. La experiencia de Dios en esta perspectiva es accesible a cualquier persona, ya que esta no está reservada únicamente para seres súper extraordinarios, con dones excepcionales o como diría Grün “como si solamente pudieran llegar a ser místicos algunos seres especialmente tocados por la gracia”. 

Benjamín González coincide con Grün en este aspecto, aunque sí reconoce que algunas personas logran mayor “consciencia” de que su existencia es de por sí “un estar en relación con Dios”. Necesitamos aprender a identificarnos con la figura de Jesús y asumir su mirada, que es la “mirada de Dios”, es necesario hacerla mirada propia, tener unos “ojos bien abiertos”, para ver de la misma forma que lo hacía Jesús, en la profundidad, descubriendo en la realidad “dimensiones que los demás no son capaces de ver”. Una perspectiva en la que priman las personas, especialmente aquellas que están en desventaja, que sufren o que son excluidas, “con un espíritu contemplativo de escucha para poder ayudarlas desde su realidad”. 

La mirada de Jesús es la mirada de la Mística de Ojos abiertos, valiente, sensible y comprometida, no esquiva el dolor ni el sufrimiento de su pueblo, mira detenidamente una y otra vez, para llegar a lo más profundo, mostrándonos cómo nace de esta mirada la compasión, un aspecto fundamental en la experiencia de Dios, tal y como lo veremos más adelante. 

Esta mirada que propone no se queda únicamente en la desgracia como tal, sino que también busca ver cómo la magnificencia de la experiencia de Dios se abre camino en las peores situaciones de injusticia y opresión, que no logran contener la fuerza de su presencia amorosa. 
Tal vez en las personas y situaciones que no prometen nada, que parecieran perdidas y frente a los cuales no se tiene ninguna esperanza, podamos encontrar la profundidad de lo divino, pero únicamente si estamos muy atentos, con una mirada limpia y libre.

Una de las características de nuestra época es el incesante afán por optimizar el tiempo en función de metas y objetivos que muchas veces no son propios. El tiempo se vuelve un recurso muy valioso pero a la vez muy escaso, para poder rendir con la rapidez que el mundo ha impuesto. En ese grado de aceleramiento y bajo los imperativos de eficacia y eficiencia, el ser humano parece perderse de sí mismo y del contacto real con los demás. 

detenerse sin el sentimiento de culpa o preocupación por perder momentos preciados de su tiempo y el silenciarse en medio de un bombardeo de informaciones, conexiones virtuales y un vendaval de preocupaciones que llenan de voces su mente y le enfocan su mirada a todos lados menos hacia la presencia divina que habita en él mismo. La mística de corte más intimista que propone Anselm Grün, nos plantea este reto, detenerse para meditar, quietud y silencio, siendo la meditación el “camino hacia el centro de la persona, al espacio interior del silencio donde mora Dios”.

Es así como nos encontramos con una experiencia en la que la respiración, la concentración y la asociación con una frase o imagen, llevan a un estado de sosiego en el que se puede dar una experiencia de Dios, si se corre con esa suerte, pero que ante todo da la posibilidad para observarnos a nosotros mismos de forma auténtica, confrontándonos con la propia realidad de nuestros pensamientos, emociones y pasiones sin identificarse con ellos; por el contrario, buscando saber realmente ¿Quiénes somos? Pues “donde está el verdadero yo, está también Dios”. 

Así mismo, la oración parece también tener un lugar importante, sin que eso signifique la simple repetición sin sentido de una frase o un texto, al respecto Grün explica que cuando en la oración se pone de manifiesto ese deseo de encontrar a Dios ya se empieza a tener una experiencia de Dios y puede ocurrir que alguna palabra o en medio del silencio, se genere de forma imprevista una especie de Insight, que lleve al orante a sentirse interpelado o “tocado” por el “misterio Divino”, percibiendo aunque sea por un instante que se está en unidad con El y que la grandeza de su amor existe. Se podría afirmar que el detenerse se convierte así en un factor inicial indispensable en el sendero de la mística y la meditación en un espacio que cultiva una actitud serena, que como veremos más adelante no solo favorece descubrir a Dios en el interior de la persona sino que podría ser crucial en el despertar de la sensibilidad frente a lo que sucede con los demás; así también permitiría procesos de transformación personal que solo son posibles si tenemos el coraje de vernos tal y cuál somos, confrontarnos y detectar aquellos aspectos que necesitamos depurar, heridas que urgen sanar y cadenas que necesitamos romper...


Parábola del pueblo oprimido

“En los campos de la República Dominicana crece una hierba que los campesinos llaman ‘junquillo’. Tiene media docena de hojas alargadas. Por debajo de la tierra se van extendiendo sus raíces en todas direcciones, de tal manera que, cuando se arranca una planta, a los pocos días nace otra al lado. Es imposible eliminarla.

Un día vi echar una capa de asfalto en el patio de una casa para acabar con todo el junquillo. Pero, unos días después, unas hojas pequeñas empezaron a sacar sus cabezas verdes a través del asfalto negro.

¿Cómo unas hojas tan frágiles pueden atravesar un asfalto tan duro? ¿Cómo se incuba en el misterio de la tierra esta vida tan fuerte?

Cuando nos insertamos entre los hombres oprimidos por estructuras duras como el asfalto, no solo encontramos la muerte, sino también una sed de vida, de resistencia, de organización, de solidaridad, que la opresión no ha podido eliminar.

Caminamos hacia el encuentro de los oprimidos, e inseparablemente caminamos, con los mismos pasos, hacia el encuentro con Dios oprimido bajo el asfalto. Dios crea inagotablemente vida y libertad en el secreto de esta tierra fecunda hasta que llegue la hora y brote la justicia”.

“Parábola del pueblo oprimido” tomada del libro “Bajar al encuentro con Dios” escrito por Benjamín González Buelta, S.J. y publicado por Editorial Sal Terrae en 1988.

"Resucitamos desde la misma profundidad 
en que morimos". 
Benjamín González Buelta

"No hay nada profano para el que sabe ver". 
Teilhard de Chardín
“Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y ahí dentro está Dios. A veces me es accesible. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo. Me imagino que hay gente que reza con los ojos dirigidos hacia arriba. Ellos buscan a Dios fuera de sí mismos. También hay otras personas que agachan la cabeza profundamente y que la esconden entre sus manos; creo que esa gente busca a Dios dentro de sí misma”. Etty Hillesum (26 de agosto de 1941) 


Oración desde un campo 
de concentración

Dios mío: no tienes que rendirnos cuentas por este absurdo sin sentido que estamos viviendo. 
Somos nosotros los que tenemos esta deuda de dar cuentas.

Yo he muerto ya mil muertes en mis campos de concentración. Estoy bien informada y nuevas noticias no me inquietan. 

De una manera o de otra soy consciente de todo. 

Y sin embargo encuentro la vida bella y con sentido en cada uno de sus minutos. Y yo creo en Dios, aunque dentro de poco los piojos me devorarán en Polonia...

Dios mío, amo tanto a los hombres porque en cada uno de ellos amo una parte de Ti...

No lucho contra Ti, Dios mío. 

Mi vida es un gran diálogo continuo. Si, Dios mío, te soy fiel y no sucumbiré. Yo sigo creyendo aún en el sentido profundo de esta vida y sé que debo seguir viviendo. Siento una gran seguridad en mí. Julio también la sentía... Puede parecer imposible, pero encuentro la vida bella y soy feliz.

Vivo un día y otro cerca de los campos de batalla; o mejor, de los campos de «masacre». A veces se me impone como una visión de unos campos de color verde, pero verde del veneno que lo llena todo. Estoy en medio de hambrientos, torturados, moribundos. Así un día y otro. Pero también estoy cerca del trozo de cielo que veo por la ventana de mi celda. 

En la vida hay lugar para todo: para una fe en Dios y para una muerte miserable...

Que un pequeño corazón como el humano pueda experimentar tantas cosas, Dios mío, pueda sufrir tanto y amar tanto... Te estoy muy agradecida, Señor, porque Tú has elegido mi corazón en este tiempo para experimentar todo lo experimentable... Cuando pienso en los rostros de los soldados que escoltan los trenes de los deportados... 

¡Dios mío, qué rostros! Los he examinado uno a uno apostada en la ventana de mi celda. Nunca jamás nada me ha espantado tanto. Me he planteado preguntas sobre esas palabras bíblicas que son el hilo conductor de mi vida: Dios creó al hombre a su imagen. Sí, esta Palabra ha tenido en mí una mañana difícil...

Mi sensación permanente es la de estar en tus brazos, Dios mío, protegida, cobijada, impregnada de un sentimiento de eternidad...

Quiero ayudarte, Dios mío, para que no me abandones, para que no te extingas en mí. Pero no puedo garantizar nada. Sólo una cosa se me hace cada vez más clara: que Tú no puedes ayudarnos, sino que nosotros debemos ayudarte a Ti, y así es como en definitiva nos ayudamos a nosotros mismos. Es de lo único que se trata: salvar una parte de Ti en nosotros. Y quizá así podamos colaborar a que resucites en los corazones atormentados y desgarrados de los otros hombres.


ORACIÓN
Padre Roberto Álvarez



Ven Espíritu Santo.
 que eres como un viento divino,
dame la gracia de superar toda timidez
y toda cobardía ante la vida.

Lléname de arrojo, de tu impulso,
de tu valentía, de tu santo empuje.

Ayúdame a vivir con ganas las horas de este día,
con una esperanza siempre renovada,
abierto al misterio de cada jornada.

Porque cuando logras entrar en un corazón,
no lo dejas dormido, quieto, inactivo.

Siempre nos mueves a la vida,
a la lucha, a salir adelante con confianza,
a buscar un nuevo encanto y a correr detrás
de un sueño que valga la pena.

Sácame de la apatía para que no
me encierre en mis problemas.

Derrámate en mí con todo tu empuje 
y entusiasmo.

Tú sabes que algunas veces me gusta
quedarme anclado en mis comodidades
y que le tengo miedo a los desafíos.

Quema con tu fuego toda cobardía
y todo cansancio.
Lánzame a la aventura de cada día.
Amén




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