La codicia y el odio en el confort del horror
"Los hermanos siniestros" es una impactante novela inspirada en los acontecimientos y personajes que han devastado a Venezuela en los últimos tiempos; es el rostro dantesco de torturadores, dictadores, violadores, pillos y canallas que operan desde el confort del horror como parte de un ecosistema nunca imaginado en ese país. Es un thriller inspirado en hechos reales en el que página a página el lector es llevado de la mano por la sagaz escritora especializada en investigación, Ibéyise Pacheco, para mostrarle el espanto de la cotidianidad venezolana que, al ser desvelado, ayuda a entender la inmensa y prolongada pesadilla. Con este libro la autora rinde homenaje a la honestidad y al coraje de quienes han entregado su vida y libertad en una lucha que ya lleva veintiún años. Pacheco ha destacado por abordar en sus novelas casos que han estremecido a la sociedad venezolana. Es autora de Sangre en el diván (Random House Mondadori, Editorial Planeta, 2010), uno de los libros más vendidos de Venezuela en la última década, con versiones para teatro y para la televisión de Estados Unidos; Bajo la sotana (Libros El Nacional, 2006), El grito ignorado (Editorial Planeta, 2017) y Las muñecas de la corona (Samarcanda editorial, España, 2019).
Allí nos pusimos, y desde aquel punto vimos en el foso unas gentes sumergidas en un estiércol, que parecía salir de las letrinas humanas; … —Procura adelantar un poco la cabeza, a fin de que tus miradas alcancen las facciones de aquella sucia esclava desmelenada, que se desgarra las carnes con sus uñas llenas de inmundicia, y que tan pronto se encoge como se estira. Esa es Thais, la prostituta, que cuando su amante le preguntó: —¿Tengo grandes méritos a tus ojos? ella le contestó: —Sí, maravillosos. (Dante Alighieri, La Divina Comedia, El Infierno, Canto XVIII).¡Oh gentes malditas sobre todas las demás, que estáis en el sitio del que me es tan duro hablar; más os valiera haber sido convertidas en ovejas o cabras! … Cuando hube examinado algún tiempo en torno mío, miré a mis pies, y vi dos sombras tan estrechamente unidas, que sus cabellos se mezclaban… Ninguna grapa unió jamás tan fuertemente dos trozos de madera; por lo cual ambos condenados se entrechocaron como dos carneros: tanta fue la ira que los dominó (Ídem, Canto XXXI). Traducción de Manuel Aranda y San Juan (Barcelona, 1871) Nota: En la edición italiana (Milano, 1922), el párrafo xxxi corresponde al XXXII
Los últimos años en Venezuela han inspirado este libro, en el que eventos y personajes existen, aun cuando algunos han sido modificados y presentados en circunstancias distintas. Por eso es relevante precisar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Los hermanos siniestros es el retrato del estiércol, el viaje al infierno. Ese rostro dantesco que no habíamos imaginado como parte de nuestro ecosistema. Torturadores, dictadores, violadores, pillos, canallas. Bestias insensibles y amorales que con su maldad han activado el rostro oscuro de los venezolanos. Este libro lo escribí porque soy de las convencidas de que a esa inmundicia hay que mantenerla en el registro de los capítulos de lo aborrecible que nunca más se debería repetir.
Agradezco a mis amigos que me han apoyado con nobleza. Destaco la confianza y valentía de incontables e inimaginables informantes. Sin su ayuda este libro no habría sido posible. Cuando regrese la libertad a mi país, el mundo podrá conocer sus nombres, si así lo desean.
En "Los hermanos siniestros" sobresale la portada, obra de Rayma Suprani, amiga genial, valiente, sensible, generosa. Sin ella este libro estaría incompleto. Gracias, Rayma.
Quisiera también rendir homenaje a la honestidad y el coraje de muchos que han entregado su vida en esta lucha que lleva veintiún años. Cada víctima muerta o que ha sobrevivido, permanece en mis pensamientos. Espero que las próximas generaciones se encarguen con éxito de que los culpables de tanto dolor paguen ante la justicia y jamás regresen al poder.
Ibéyise Pacheco Miami, 2020.
Epílogo
El sacrificio de niños es atestiguado por fuentes de antiguas culturas del mediterráneo, aunque no queda clara la frecuencia con la que ese rito se cumplía. Varios historiadores griegos documentan la ceremonia. Diodorus Sículu en relato sobre la República de Platón cuenta que había en la ciudad una estatua de Cronos con las manos extendidas y las palmas hacia arriba y unas cadenas que le deban movilidad a sus brazos. Es la imagen de Moloch, una deidad cananea mencionada varias veces en la Biblia, considerada símbolo del fuego purificante. Como resultado de una catástrofe, el espíritu de Moloch se transformó en oscuridad, Baal, el devorador de niños. Los sacrificios de su preferencia son de bebés. Los historiadores detallan cómo depositaban en las manos de la figura a pequeñas criaturas que terminaban siendo lanzadas hacia un vientre incandescente.
Moloch es representado como un cuerpo humano con cabeza de carnero o de becerro. Sentado en un trono, suele portar un distintivo de la realeza, bien sea una corona o un báculo. Los historiadores detallan que durante el sacrificio los sacerdotes hacían sonar tambores y trompetas para que no se escucharan los lamentos ni el llanto de los niños.
En su reciente viaje a Turquía, Betty había conseguido una hermosa réplica de Moloch. Una escultura en bronce de unos 40 cm (15 pulgadas). Betty sabía que era una imagen asociada a satanás, al que rendían culto sus amigos socios, banqueros y jerarcas de otros gobiernos. Algunos de ellos, consumidores de adrenocromo.
El viaje a Turquía había sido precedido por un sonoro incidente en España. Su gestión fue un fracaso. Las horas en Madrid resultaron humillantes y aún no estaba claro cuánto daño había infligido el incidente al gobierno aliado de Pedro Sánchez. Menos mal que se apareció el coronavirus, pensó Betty.
La mañana del lunes 19 de enero de 2020 la vicepresidenta Betty Ramírez abordó en la rampa 4 de Maiquetía el Falcon 900 alquilado a la empresa Sky Valet para volar a Madrid. Betty tenía dos misiones que cumplir para las cuales se sentía sobradamente capacitada.
La primera y urgente, era evitar que el presidente Pedro Sánchez recibiera a Juan Guaidó, a quien ya había reconocido como el presidente interino de Venezuela y que venía cumpliendo una exitosa gira por Europa reforzando su liderazgo.
La segunda, adelantar gestiones para intentar un nuevo mecanismo de diálogo que encabezara España, sumara a México y propusiera incorporar al Vaticano. El plan era maquillar de democracia la tiranía de Maduro.
Los movimientos habían sido acordados con Pablo Iglesias, socio del régimen desde la época en que Chávez estaba vivo. Correspondía a Iglesias pagar la deuda acumulada de favores, ahora que ocupaba la silla de vicepresidente segundo del gobierno español. Betty había exigido una reunión con el presidente Sánchez en la Moncloa como gesto contundente que definiera territorio frente a la inminente visita de Guaidó.
Iglesias le aseguró que Sánchez había aceptado recibirla. Iglesias se precipitó, musitó Betty. O tal vez Sánchez se arrepintió. Su amigo Zapatero le había advertido de algunas mañas que dificultaban acuerdos políticos estables con su compañero de partido y actual presidente de España. Zapatero solía comentar que Sánchez no era de fiar. Refería situaciones desconcertantes en las que cambiaba de posición con descaro. «Es caprichoso y narcisista. Es impaciente y eso lo hace cometer errores porque es impulsivo», repetía.
La vicepresidenta de Venezuela sobrevolaba el océano Atlántico a velocidad de crucero cuando la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, fue informada por protocolo de la visita de Betty Ramírez. No había lugar a confusión. La embajada de Venezuela en España en voz de Mario Isea lo había notificado. Arancha comunicó a Pablo Iglesias lo inconveniente de esta visita, pero ya era tarde para evitar su arribo. Iglesias se dio cuenta al intentar contacto telefónico. Betty viajaba acompañada de su novio, Yulke Najim, y del ministro de Turismo Félix Plasencia, quien pensaba quedarse en Madrid para Fitur.
La presencia de Plasencia fue vista como una oportunidad. Un importante miembro del gabinete y ficha de relevancia en el PSOE, el ministro de Transportes José Luis Ábalos lo conocía bastante bien. Con ese puente, se intentaría convencer a Betty para que siguiera su camino hacia Turquía, tal como estaba planteado en el plan de vuelo.
La ministra de Exteriores tenía razón en preocuparse. La presencia de Betty violaba el acuerdo adoptado en Bruselas en noviembre de 2017, que le impedía acceder al llamado espacio Schengen, el territorio de veintiséis países europeos que han abolido los controles fronterizos y que acatan decisiones sancionatorias que señalan a Betty por usurpación de competencias del parlamento venezolano, por atacar a la oposición y violación de los Derechos Humanos.
Esa noche el ministro Ábalos no visualizó la pesadilla prolongada que le esperaba cuando acompañado de su asistente Koldo García Izaguirre se trasladó al aeropuerto Barajas.
El tiempo de alertar a Portugal respecto a que una sancionada cruzaba en la vertical del área metropolitana de Lisboa había pasado. Eran las 23:25. Ya no se sabría si los portugueses hubiesen negado el permiso para sobrevolar su territorio para no contravenir la prohibición impuesta por Bruselas a dirigentes chavistas. Nada obligaba a España a informar, pero sí parecía poco gentil entre socios comunitarios ocultar que se estaba violando una normativa aprobada por la Unión Europea. Si el argumento era aprovisionarse de combustible porque el avión seguía hacia Turquía —excusa acordada para ser transmitida a la opinión pública— la aeronave podría haber hecho escala en Marruecos.
Cuando Betty aterrizó en Barajas acababa de comenzar en España el día 20 de febrero. El personal del aeropuerto se percató de inmediato de que algo extraordinario sucedía. Un testigo observó muchos vehículos policiales no habituales en el lugar. En total, entre 15 y 20 policías nacionales y entre 6 y 8 guardias civiles. Los funcionarios no sabían de quién se trataba, pero sí estaban claros de que esa persona no podía acceder a territorio nacional.
Entre la medianoche y las 00:15, el ministro Ábalos cruzó el arco detector con su asistente. Intentó acceder a la zona restringida, pero ya habían sido bloqueadas las puertas de acceso a la pista. A las 00:25 uno de los comisarios comunicó que el ministro y otras tres personas habían sido autorizados a entrar a la zona de pistas sin pasar ninguna medida de seguridad. También subiría al avión.
Le tocaba a Ábalos convencer a la vicepresidenta de Venezuela para que continuara hacia otro destino. El ministro no avanzó más de una frase después de los saludos. Betty no le permitió argumentar. Los insultos y los gritos fueron violentos. Es probable que para el ministro de Transporte el rato con Betty esté entre los más desagradables de su vida política. En la discusión se presentó un problema adicional. La tripulación estaba obligada a descansar después de nueve horas de vuelo. Tendrían que pasar la noche en Madrid. El castigo se prorrogaba. Betty sería alojada evadiendo los controles de inmigración.
Betty había insistido en que no se movería sin conversar vía telefónica con Pedro Sánchez. Y lo logró. La intemperancia de la vicepresidenta venezolana le anunció a Sánchez futuros dolores de cabeza.
Funcionarios de inmigración habían tratado de impedir el ingreso de Betty, pero los de mayor jerarquía intervinieron luego de que el ministro del Interior Fernando Grande Marlaska se comunicó con el comisario del aeropuerto madrileño, Jesús María Gómez.
Guiada por policías de extranjería Betty recorrió varios pasillos hasta la zona VIP del aeropuerto. No presentó el pasaporte. Su pareja sí tuvo que hacerlo, aunque intentó evadirlo. La leyenda llegó a referir que ella bajó del avión ente 12 y 40 maletas. Parece improcedente, aunque para una compradora compulsiva, eso es nada. Lo que sí confirmó su entorno es que llevaba mucho dinero en efectivo.
Era la 1 y media de la madrugada cuando los visitantes fueron alojados en un espacio premium para visitantes de alto nivel. Ahí, Ábalos y Betty se volvieron a reunir. El registro total de las dos conversaciones es cercano a una hora y media.
A las 8:20 de la mañana Betty tomó junto a su novio un vuelo de Qatar Airways con destino a Doha, donde hizo escala para enlazar con otro vuelo que iba a Estambul. Tres días después apareció en Ankara en una reunión inexplicada con su homólogo turco, Fuatb Oktay. A las 14:42 el avión de Sky Valet partió con la tripulación hacia otro destino.
Para Ábalos, la jaqueca se prolongó. Los hechos trascendieron y su versión de lo sucedido abundó en falsedades y contradicciones. La oposición política golpeó. La gravedad del suceso colocó al ministro en la situación de tener que responderle a la justicia. El Partido Popular con Pablo Casado y Vox con Santiago Abascal, acusaron a Ábalos de prevaricación omisiva y desobediencia al no expulsar a una funcionaria sancionada por la Unión Europea. Ambos partidos exigieron videos y audios de la pista de aterrizaje y de la sala VIP del aeropuerto.
Ábalos sentía sobre sí la desgracia. Sus versiones tratando de reducir la responsabilidad fueron escalando en grados de torpeza. Se lamentaba de la desconsideración de Betty Ramírez y Nicolás Maduro que habían puesto al presidente Sánchez y a su partido en serios aprietos.
La reacción no solo fue interna. El representante de Estados Unidos para la crisis de Venezuela, Elliott Abrams, solicitó explicaciones al Ejecutivo español y opinó que todo indicaba que se habían violado las sanciones europeas.
Sin embargo, el alto representante de la Unión Europea, Joseph Borrell, ejerció la diplomacia y se aferró a formalismos que bajaron las aguas. «La comisión europea no puede iniciar un procedimiento de infracción contra España porque son los países los encargados de aplicar y verificar las sanciones en sus jurisdicciones».
El objetivo político de Betty no se vio completamente frustrado. Juan Guaidó no fue recibido por Pedro Sánchez. El viernes 25 de enero el joven presidente encargado solo logró reunirse con la representante de Asuntos Exteriores, aunque recibió honores de la dirigencia opositora española y reunió a miles de venezolanos en las calles de Madrid.
Para el 7 de febrero, Maduro junto a Jaime y Betty de anfitriones, recibieron en Miraflores al expresidente Zapatero, quien se reportó con sus socios o jefes. Su esfuerzo fue para que redujeran la presión que venían ejerciendo sobre su compañero de partido Pedro Sánchez. La sugerencia fue para esperar que la opinión pública se calmara y estar atentos ante cualquier posibilidad que pudiera ser aprovechada para reactivar un nuevo diálogo. Entretanto, el contacto con el Vaticano también había sido abortado.
—Ya me tienes nerviosa con tanto misterio —reclamó Raiza Romero. Luisa De la Rosa la había citado en un café bar en la estación zona rosa en Bogotá. Entraban en la hora de tomarse una copa. Ya iban por la segunda y Luisa no abordaba el tema que había anunciado como «inquietante».
—¿Has escuchado sobre el adrenocromo? —preguntó Luisa. Raiza tensó la espalda. —Lo poco que sé, me parece atroz. Lo vinculo con ritos satánicos. Un libro de Hunter S. Thompson, Miedo y exceso en Las Vegas, gira en torno al adrenocromo. Hubo una versión cinematográfica.
Creí que era un tema del submundo hasta que escuché a mis sobrinos comentar que Justin Bieber había denunciado de manera subliminal, a través del video de su tema «Yummy», abuso sexual sufrido por personajes de la industria y habría aludido a élites poderosas que consumen adrenocromo. Prefiero que tú me digas lo demás.
—Las glándulas suprarrenales producen la hormona adrenalina. El adrenocromo es el resultado de la oxidación de la adrenalina. El organismo utiliza esta hormona según el requerimiento de ciertas circunstancias. Puede activar tu cerebro haciéndote concentrado o sensible, advertirte de un peligro ante el miedo y hacerte reaccionar con astucia para salvar tu vida, o darte más energía y fuerza si eres un atleta, así como exacerbar tus sentidos en el aspecto sexual.
—Todas son razones para hacer de ese producto algo muy poderoso.
—Sí, la adrenalina es un disparador. Los rituales para su consumo vienen referidos desde tiempos remotos en citas de libros sagrados, textos de antropólogos, sociólogos, brujos, artistas, religiosos, donde a las deidades les son ofrecidas en sacrificio, vidas vegetales, animales y humanas. Mientras más compleja y difícil de cumplir sea la petición, más grande o importante ha de ser la entrega. Muchas veces han sido niños.
—Qué terrible —sentenció Raiza—. Me aterra imaginar hasta dónde me vas a llevar con esta narración.
—En esos rituales el clímax de la ofrenda es el momento en que la víctima está más aterrorizada y es cuando los oficiantes ingieren su sangre y disfrutan sus efectos lanzando después el cuerpo al horno de la figura adorada. Los métodos de tortura fueron avanzando. Los adictos asumieron que mientras más terror más efectividad. Las técnicas se volcaron en más atroces para elevar el nivel de adrenalina en las criaturas que debían estar vivas.
—Esto que me cuentas ya no sucede ¿verdad?
—Hay otros métodos. Extraen la adrenalina directamente de la glándula suprarrenal o de las arterias principales o de la médula espinal. Una red organizada se encarga de vender y distribuir clandestinamente el adrenocromo a millonarios o a sectas como Los Illuminati que, según conocedores del tema, están repartidos por el planeta.
—Que tengan dinero o sean famosos no los desvincula de costumbres tan primitivas como el canibalismo… Estamos en el siglo XXI y lo que me cuentas se parece a las historias de la tribu australiana Ngarrindjeri… Dicen que sus miembros mantenían a sus víctimas con vida mientras extraían las glándulas suprarrenales que estaban rebosantes de adrenalina.
—Realmente no sé como definirlo. Es un ritual, un crimen, un espanto. Significa aplicar la extrema crueldad de torturar a alguien para extraer adrenocromo por obtener un rato de éxtasis. El asunto del placer incluso puede ser más mito que realidad porque algunos que lo han consumido no le atribuyen el goce que alimenta la leyenda.
—Por todo lo que implica, es la droga más costosa del planeta —acotó Raiza, que se había especializado en acusar a narcotraficantes—. Creo recordar testimonios de funcionarios policiales que han seguido las pistas de consumidores, aunque he escuchado que sufren la dificultad de que es un mercado que se comunica a través de la compleja Deep Web.
—Así es. Las autoridades saben que son caprichos de una clase que maneja inmensas cantidades de dinero. Es gente de muchísimo poder.
—Pero ellos no participan en ritos con niños que son torturados para sacarles la sangre, ¿verdad?
—Si tú pagas por una droga que sabes ha sido obtenida con torturas, eres cómplice ¿no crees? —Luisa quería que Raiza se involucrara en el tema—. Entiendo que el adrenocromo ha sido sintetizado en una variación usada como tratamiento para sangrado capilar y muscular, sin ninguno de esos poderes mágicos que le atribuyen. Pero también he leído que un mercado ansioso de energía, de potenciar los poderes sexuales, sentir creatividad suprema y alcanzar la eterna juventud, compra frascos almacenados con sangre extraída en niños. O al menos así lo ofertan porque también —estoy segura— en ese mercado abundan los estafadores.
—¿Y cómo llegaste a este tema? —preguntó Raiza después de una extraña pausa entre las dos.
—Mildred. Nuestra astuta y tenaz Mildred.
—Y puntillosa. —Gran amiga, la Mildred. No sé si este tema tuvo que ver con su muerte.
—¿Sospechas que lo suyo no fue muerte natural? —reaccionó Raiza con sorpresa.
—Han podido matarla, cada vez tengo más sospechas. Míranos a ti y a mi, huyendo de las cabezas del chavismo que controlan Venezuela.
—¿Mildred documentó el tema del adrenocromo? Porque en el expediente que me dejó no tengo nada de eso —aseguró Raiza.
—Mildred sabía que Laura nos enlazaría para ensamblar información. Sucederá también con el resto de los cinco. Hemos de revisar bien papel por papel. Por eso te propongo en este encuentro, avanzar en la información que tiene mejor soporte. Por la atrocidad del adrenocromo, desearía que fuera uno de los primeros temas a considerar.
He pensado —continuó Luisa— que Mildred tuvo muy presente una revelación que le hice en una de nuestras reuniones de la cofradía. Yo había descubierto que Julio Valentín era un consumidor de sangre humana y que Jaime era quien se la suministraba a través de una red que controlaba. Tal vez era un tema más fácil de compartir entre nosotras como colegas médicos. Lo cierto es que ahora entiendo que ella no soltó el caso. Algo ha podido descubrir. Mildred estaba documentando que no solo Jotavé, sino también los hermanos Ramírez eran consumidores de sangre humana. Y sus sospechas apuntaban a que sería este tipo de sangre humana. Con su inclinación por gustos exóticos ¿qué les impide incorporarse a la élite exclusiva de millonarios que adquiere adrenocromo? Solo hazte esa pregunta.
"LA PRODUCCIÓN DEL #ADRENOCROMO 🩸
ES EL PEOR HORROR CONOCIDO" Jim Caviezel
Los.hermanos.siniestros_Pacheco.pdf by Bolboreta8


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